148 El liderazgo inconsciente (IV)

Jon: ¿Vamos con el segundo paso?

Joaquina: Cuando empiezo a hacer el camino del autoconocimiento, la primera cosa que tengo que aceptar es que los viajeros que viajan conmigo son diversos, y que no voy a encontrar a todas las personas que les agrade mi movimiento. Voy a encontrarme con que posiblemente odien mi movimiento y si es así, tengo que permanecer en mi movimiento. Por eso es importante aceptar la diversidad, la diversidad de ideas, la diversidad de movimientos… pero sobre todo la diversidad de las infinitas reacciones que voy a encontrar a mi alrededor.

Jon: ¿Por que?

Joaquina: Porque el único medio para lograr nuestros objetivos es caminar con los viajeros que tenemos. Conseguir lo que uno quiere requiere una estrategia, requiere un trabajo, requiere un momento donde los demás pueden no coincidir con mi camino. Y tengo que aceptar el rechazo de los demás, la falta de querencia, la falta de amor. Debo aceptar esa diversidad por encima de todo. El líder nunca necesita enemigos, necesita personas que no coincidan con él. Te tienes que permitir que la gente no coincida contigo, decirle a alguien que no piensas como él y que no pasa nada. Cuando lo hagas, vas a comenzar a extralimitarte, vas a empezar a ser mucho mas agresivo con la gente que te perdona y mucho más sumiso con la gente que no te perdona. Así mataras a tu líder y acabarás encogido, tirado en el suelo, arrodillado ante la gente que no vale la pena habiendo perdido a toda la gente que merece la pena, que es la que te ama, que es la que realmente va a hacer el camino contigo.

Jon: ¿Cuál es entonces el problema?

Joaquina: Que tú no aceptas la diversidad. El camino es que te hagas un plan de acción donde jamás muestres tu agresividad en el terreno donde te lo permiten, jamás. Ejerce tu voluntad para que desde hoy todas las personas que te permiten la agresividad, y tú te la permites con ellos, no la vuelvan a vivir. Eso te va a llevar a que la empieces a sacar. Nunca serás agresivo, nunca, pero tienes que saber qué nivel de agresividad tienes para que realmente no te de miedo. Para poder fijar cómo alcanzar tu destino, la primera cosa que tienes que saber es que hay gente que no te quiere, y es aceptar gente que no te quiere lo mismo que aceptar gente que te quiere. Debes aceptar la diversidad, el amor y el desamor de la gente que te rodea y ahí empieza a poner la voluntad al servicio de no volver a expresar tu agresividad donde nunca será necesaria, que es donde estás haciendo tu camino.  Para cumplir tus deseos tienes que saber quien te ama y quien no te ama, cómo enfrentarte a unos y cómo enfrentarte a otros. No conseguirás ser lideres si no eres auténtico y tu autocrítica te impide serlo.

Jon: Con esto llegamos al tercer paso.

Joaquina: Existencia. No podemos coger trozos de un ser humano y dividirlos: ahora estamos aquí y tu existencia es un Jon que tiene la capacidad de aprender, y la capacidad de ser agresivo. Si no entiendes la capacidad de esas dos existencias y de ese baile perfecto estamos perdidos. Y tú no bailas con la agresividad, la echas fuera del salón de baile, lo cual quiere decir que no entiendes el por qué de tu existencia. Y no eres capaz de comprometerte contigo hasta que no penetre en ti y entiendas el por qué de tu agresividad, no podrás llegar a ningún sitio.

Jon: Es decir, entender por qué he colocado en mi vida este dragón. ¿Qué sabiduría tiene para mi? ¿Qué me esta ensañando?

Joaquina: Y, sobre todo, qué camino te está diciendo que tienes que hacer. Eso es lo que quiere decir el compromiso. Y el propósito de nuestra existencia es vencer el dragón que hemos colocado como el tapón para no ser líderes. Porque el tapón que hemos puesto para no ser lideres es lo que hace que nuestra vida no tenga sentido, que tengas una agresividad que no te trabajas, que la tapes y que la ocultes y que la ejerces donde te aman y no la ejerzas donde no te aman. Es la mayor insensatez que puede tener un ser humano, sin embargo, no te comprometes con tu propósito si no estás comprometido contigo mismo.

Jon: Lo que quiero es entender por qué guardo la agresividad bajo 25 cadenas.

Joaquina: Lo que guardas es aquello que no quieres cambiar, lo defiendes y esta ahí detrás. ¿Para qué lo quieres dentro si tarde o temprano va a salir?

Jon: Creo que es porque no estoy dispuesto a perdonar a alguien que lo ejerció conmigo

Joaquina: En la vida no se puede estar sin perdonar, lo cual quiere decir que tarde o temprano harás lo que te hicieron para poder perdonarle al otro y entenderle, pero no perdonarte a ti mismo. El sentido de nuestra vida es no repetir el dragón que comió a otro antes que a nosotros, porque le vimos, porque le entendimos, porque lo podemos vencer, entonces, el sentido de tu vida donde tú has puesto la fuerza es, “yo no quiero perdonar la agresividad del mundo” y te conviertes en un contra-líder del mundo.

Jon: ¿Pero no sería en todo caso un problema mío y no del mundo?

Joaquina: Para mi el liderazgo es una unión. Es todos juntos. Has venido para limpiar la agresividad en el mundo. Tu liderazgo es entender la agresividad y superarla para ponerte al servicio de la tolerancia, del amor, del cariño, de la delicadeza desde la profundidad del ser.

Jon: Vamos con el cuarto paso, por favor.

Joaquina: Analizar para qué nos es útil el dragón. Para que nos es útil la agresividad. Qué está intentando evitar, en realidad, ese dragón. También para qué nos es útil la parte positiva. Entonces coges el aprender y el dragón y miras para qué te son útiles las dos cosas. Así empieza el líder a funcionar: analizo para qué me son útiles, decido qué hacer con ellos, y me pongo a la acción.

Jon: Pero mi agresividad no es útil para nadie.

Joaquina: Sin embargo, tu aprendizaje para muchos. El cuarto paso es entender la utilidad de ese dragón, que en realidad nos ha impedido llegar donde hemos querido llegar. Y nos lo ha impedido talmente. Le hemos dado tanta consistencia a ese dragón, ese dragón puede ser nuestra pareja, ese dragón pueden ser nuestros hijos, ese dragón puede ser un trabajo, ese dragón puede ser miedo a escribir, miedo al éxito, pero tienes que encontrar su utilidad y encontrársela definitivamente porque sino estás perdido. 

Jon: Llegamos así al quinto paso.

Joaquina: Es entregarse y dar servicio para bien social.

Jon: Entonces, toda la trampa es para no entregarse.

Joaquina:  El líder es aquel que se entrega a todos. Los pasos previos son para no llegar aquí. En realidad, el líder se destruyó el día en el que decidimos que nuestra madre y nuestro padre eran dos personas diferentes. Que uno era bueno y el otro era malo, que a uno se le sacaba a fuera y al otro no se le sacaba, y la parte mas rechazable de uno de los dos se convirtió en nuestro dragón. Puede ser nuestro padre nuestra madre, la sociedad la cultura, nuestra vida, nuestros amigos… puede ser quien sea. Un día dijimos que eso que era un valor negativo no se tenía que trabajar, se tenía que esconder, y nunca lo íbamos a repetir. Desde ahí fuimos construyendo el dragón que mata a nuestro líder, y no importa cómo ha sido, en el colegio, en la  calle… Donde haya sido decidimos que eso no lo podíamos repetir, que no era para nosotros. Si ahora piensas en esa cosa horrible que no quieres ser, entonces verás que la tiene tu padre, tu madre, tu abuelo, tu amigo, o el jefe que tuviste, o el maestro… alguien que te pareció tan espantoso que dijiste que tú no lo ibas a hacer, y en ese momento ya decidiste que ya lo eras. Porque sino no habría sido espantoso.

Jon: Tengo ahora mismo una sensación rara de que estás abriendo la caja de Pandora.

Joaquina: El dragón con todo su traje, el día que lo sacas, lo destruyes. A partir de ahí empieza el camino complicado, lo vas sacando en lugares, pero nunca donde sería horrible que lo vieran. El tema es que llegas a ser igual de cruel que fue la situación. Imagínate que el dragón fue tu abuelo y tu abuela, en esa intimidad, y tú respetas a todo el mundo, pero se lo haces a tu mujer. Ahí es donde tiene sentido. Que mas da que le grites a un señor en la mitad de la calle. Será malo, pero cuando es tremendo es donde se está cultivando el amor. Pero más donde están tus compañeros de viaje. Ahí es donde está. Ahí es donde se culmina, y si las personas hicieran este trabajo, se quedarían alucinados de los cambios en sus hijos. Si la pareja lo mira juntos, y ponen como meta que no se van a compensar, sino que van a trabajar lo que tienen de negativo, los niños, en muy poco tiempo, son otros. El niño, dentro de sí, odia la mezcla de esas dos energías que no soporta: una muy dulce y otra tensa, uno que habla y otro que calla, uno que ríe y otro que está serio, uno que es inteligente y el otro parece torpe, uno que parece que es trabajador y el otro es vago, uno que va deprisa y el otro que va despacio. Entonces, si son dos personalidades muy fuertes, el niño enloquece.  Ves los niños hiperactivos, bipolares… son niños que no soportan la desmezcla que tienen dentro de su espíritu. Hay madres a las que les cuesta trabajo querer a sus hijos principalmente porque no tienen nada suyo, o traen el dragón que creen que tiene su marido. Porque esto se retroalimenta: tu dragón está en lo positivo en el otro lado, y lo bueno del otro está en lo negativo de tu dragón. Permanentemente buscamos la compensación. Cuanto más agresivo soy yo, más dulce es la persona que tengo cerca. Cuanto más me comunico yo, menos lo hace el otro. Cuanto más tierno soy yo, menos es el otro. Eso es lo que hacemos, buscamos al dragón para poder solucionarlo.

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