144 El significado del otoño

Todavía no se deja ver en los árboles, pero dentro de dos días empieza el otoño. Es mi estación favorita del año, con sus hermosos y cambiantes colores, tu tranquilidad invitando a lo profundo y más cosas que me cuenta Joaquina mientras paseamos.

Jon: Me encanta el otoño, época de la cosecha. Se hace la última recolección de los frutos del verano. El suelo se cubre de hojas que se pudrirán y abonarán la tierra. El ritmo de la vida es más rápido y empezamos a comer alimentos más energéticos.

Joaquina: Es una etapa de gran desarrollo humano. En verano hacemos mucho desarrollo hacia fuera, hacia el exterior, con el otoño, esa actividad al aire libre es sustituida por otra, más subjetiva, soterrada e interior. Hay una mayor percepción consciente y objetiva del proceso de envejecimiento, nos lo muestran los árboles y las plantas.

Jon: Sí, el otro día leía esto de Jung: “…lo que la juventud encontró fuera; en el otoño de la vida, tanto el hombre como la mujer lo encontrarán dentro.”

Joaquina: Así es, este período realista lo caracteriza la objetividad, la crítica, el pensamiento y la conciencia. También aparecen una nueva seriedad y una actitud filosófica, y la percepción se convierte en un elemento de cohesión.

Jon: ¿Esto afecta de alguna manera a las personas que nacen en esta estación?

Joaquina: Enormemente. Son personas que dan muestras de habilidad para controlar su entorno, son selectivos y críticos, suelen ser introvertidos y reflexivos. Grandes controladores de sus sentimientos… Para ellos es muy importante la amistad las actividades de grupo y los trabajos que contribuyen al desarrollo de la sociedad, ya que tienen una gran conciencia de lo que sucede en su entorno. Es muy importante para ellos el conocimiento y el autocontrol.

Jon: Si conocemos a alguien nacido en otoño, ¿qué deberían hacer?

Joaquina: Deben expresar con mayor madurez y plenitud sus necesidades sociales, y a la vez necesitan tener relaciones serias y gratificantes.

Jon: Me gusta esto de la personalidad por cada estación. Entonces, ¿Cómo se debería relacionar el otoño con las personas de las otras estaciones para conseguir esas relaciones serias y gratificantes?

Joaquina: El escritor húngaro Frigyes Karinthy, decía “¿Cómo podrían comprenderse el hombre y la mujer? Ambos desean cosas diferentes: el hombre, a la mujer; y la mujer, al hombre”, bueno, pues a eso yo le añado las diferencias teniendo en cuenta la estación del año en la que nacemos. Pero respondiendo a tu pregunta, el lema del otoño en pareja es: integridad y desapego. En su relación con las personas nacidas en invierno, debería desapegarse de las experiencias personales. Mucho cuidado con la depresión, y debe evitar la protección económica a la pareja.

Jon: ¿Con las personas nacidas en primavera?

Joaquina: Libertad para vivir las diferencias. Cuidado con perderse. Y evitar la tristeza.

Jon: ¿Con los nacidos en verano?

Joaquina: Comunicación plena sin razonamientos. Cuidar no querer tener siempre la razón, y procurar evitar referencias espirituales, que a los “verano” no les atraen en absoluto. Con el largo verano: Escuchar las decisiones del otro. Cuidar la actitud entregada, y evitar la depresión.

Jon: ¿Y con las personas que nacieron en su misma estación?

Joaquina: Con los nacidos en el otoño, deben procurar vivir el presente. Cuidar la falta de escucha. Y evitar la avaricia.

Jon: Y los que no hemos nacido en otoño, ¿qué debeos tener en cuenta en esta época?

Joaquina: Aparece la tristeza como una transición momentánea que nos permite ver el mundo con desapego, viendo todo efímero y transitorio. También está la sensación de plenitud pues nos encaminamos hacia las puertas del misterio, del interior, de lo oscuro, del conocimiento antiguo. Hay muchos aspectos de la vida en la que influye el otoño, por ejemplo, en la sociedad. El otoño tiende a reflexionar sobre lo que le queda por hacer y la falta de tiempo para ello. La sociedad se relaciona feliz por el final de la jornada y un tanto triste por la llegada de la noche. Los negocios empiezan un nuevo curso y viven los últimos esfuerzos para cumplir metas y obtener resultados. La depresión por la despedida de las vacaciones, la dificultad para incorporarse al ritmo post vacacional es muy notorio. El mes de septiembre y octubre son los más lentos para este cambio, y hay como un examen de desapego de los disfrutes para volver a las obligaciones. Desconectar de la vida nocturna para acortar la jornada de placeres… mezcla de calor y frío, deseo de no hacer nada…

Jon: Tu que eres tan fan de la alimentación… ¿alguna sugerencia?

Joaquina: El otoño necesita de las proteínas que mantienen la estructura y permite que el cuerpo siga musculoso y fuerte, eso sí, hay que cuidar qué tipo de proteínas se ingieren. El intestino debe trabajar depurando alguno de los estragos estivales mientras que los pulmones necesitan aire puro…

Jon: ¿A qué te refieres con el tipo de proteína?

Joaquina: Bueno, las proteínas pueden ser de origen animal o vegetal. Todas ellas se absorben vía intestinal siendo aconsejable buscar aquellas que tienen pocas purinas y se purifican mas rápidamente. Debes evitar el cerdo, las carnes de caza y rojas. Elige preferentemente carnes blancas y pescados dentro de la proteína animal. De las proteínas vegetales están la soja, los hongos y champiñones y todos los extractos de ambos. Por la cadena de aminoácidos complejos que las forman, debes evitar la mezcla de varías proteínas y procura no mezclarlas nunca con hidratos de carbono. Evita en lo posible los picantes y los quesos cremosos, sobre todo de vaca.

Jon: Vale. Tú siempre has unido mucho la alimentación con las emociones y las actitudes…

Joaquina: La tendencia del otoño es cenar muy tarde y mucha cantidad. Les cuesta mucho trabajo desayunar y las comidas las valoran como de segundo orden. Tenderá a comer dulces de forma ciclotímica, desear comidas muy elaboradas, y el arroz será uno de sus platos preferidos, junto con el aguacate y los pimientos rojos. Le obsesionan los quesos grasos o cremosos y en algunos casos el pan con aceite.

Jon: Entonces, si nos atraen la soja, los hongos y setas, los huevos, el pescado, el puerro, la pera, y el melocotón, estamos en lo que tú llamas equilibrio constructivo. Y si lo que nos atrae es la carne roja, los animales de caza, frutos secos no salados, leche de vaca, quesos cremosos y mostaza, estamos en un desequilibrio destructivo.

Joaquina: Así es.

Jon: ¿Y la salud en estos meses?

Joaquina: El otoño propicia muchas enfermedades psíquicas. El sentido del deber no cumplido y el rechazo a lo que queda por hacer provoca que aparezca la tristeza y una posterior depresión a veces muy larvada. Es la estación más proclive a los problemas de: asma, crisis de piel, alergias y colon espástico. El otoño se encarga de purificar en un tiempo donde todo resulta un poco gris y nada esperanzador. La piel pierde su color y muestra sequedad, mala absorción y eliminación de agua. Hay un cansancio vital más que real que puede derivar en hipocondría no siempre leve. Es aconsejable hacer una limpieza de colon natural.

Jon: Dime un poco más de cómo son las personas nacidas en otoño

Joaquina: Una persona nacida en otoño, en positivo es: metódico, perspicaz, minucioso, adaptable, tranquilo, disciplinado, honrado, íntegro, y reservado. En negativo es ritualista, perfeccionista, austero, indiferente, estricto, dogmático, estoico y frío.

Jon: ¿Cuáles son sus expectativas?

Joaquina: La expectativa más alta del otoño es no envejecer, no morirse, no ser olvidado… y lo siente cuando no se porta adecuadamente, o no consigue los resultados que espera. Puede buscar la muerte, alegrarse con su envejecimiento y desear ser olvidado por una negación a su compromiso trascendente. A nivel personal necesita que se le respete y que se le considere trascendente. En la pareja necesita libertad, plenitud y perdón. Al otoño le gusta la definición, la estructura, la disciplina. Respeta la virtud, la discreción y la autoridad… Busca vivir de acuerdo con la razón y los principios; mantiene para sí y los demás los principios más elevados; venera la belleza, la ceremonia y el refinamiento.

Jon: ¿Cuáles son sus problemas típicos?

Joaquina: Indiferencia e inhibición; autoritario, estricto y puntilloso; formal, distante y poco natural; articulaciones y músculos rígidos, piel y cabello secos, respiración superficial, mala circulación. Por el bien de su salud necesitan compensar su racionalidad, autocontrol y meticulosidad con pasión, espontaneidad e implicación social. Las condiciones más profundas se su yo son: desapego, gran oyente, pleno, vive el presente, moral, generoso, caritativo, visionario, íntegro y entregado.

Jon: ¿Qué dirías tú que es lo que más necesitan?

Joaquina: Pureza, consolidar los aprendido, desarrollar los proyectos y terminarlos, y vivir el presente. Se deprimen por estancamiento, abandono, envejecimiento, pobreza o falta de actitud filosófica en el entorno.

Jon: Tirando un poco de Google, veo que en otoño han nacido grandes visionarios: H. G. Wells, Stephen King, Cervantes, Almodóvar, Nietzsche, John Lennon, Walt Disney, Beethoven, Flaubert, Dostoyevsky, Bruce Lee…  y mis favoritos, Groucho Marx y Gandhi, que nacieron el mismo día que tú, el 2 de octubre.

Alrededor nuestro, en la naturaleza, la vida se despliega siguiendo ciertos designios internos…. ¿Es irrazonable suponer que los seres humanos compartimos esta cualidad con el resto de la creación, y que también nosotros nos desplegamos de acuerdo con un plan interno?

Howard Sasportas

143 La seducción (II)

Jon: Estábamos en que los deseos son efímeros, los entusiasmos duran más, y si se trabajan pueden ser eternos.

Joaquina: El entusiasmo es contagioso, sin embargo, el deseo no lo podemos compartir ya que nos sentimos carentes y lo que queremos es tener, no compartir. El entusiasmo es dativo, lo puedes compartir, siempre estás hacia fuera, lo vives, eres feliz.

Jon: Entonces, lo ideal es que las personas estemos seduciendo siempre, y para hacerlo debemos estar en el entusiasmo.

Joaquina: Pero el juego de la seducción es el deseo. De lo que se trata es de la autenticidad de la seducción. Que puedas hablar de lo que quieres, que el otro sea tan importante como para poder escucharle, y que lo tuyo sea tan importante como para poder hablarlo. Tiene que haber un juego permanente de escucha porque al final la seducción ¿qué es sino una escucha, un compartir, un estar?

Jon: Sí, y cuando jugamos al roll de hablar solo de lo que le interesa al otro, al final entra el aburrimiento, la ruptura de intereses, la desnaturalización.

Joaquina: Mas allá de cualquier pretensión, vivir en el entusiasmo te hace permear la sociedad más allá de tus intereses y poder vivir los intereses del otro. En el mundo no hay solo un 5% de seductores, lo que hay es un 5% de defensores de su entusiasmo, y el resto no. El resto impone o declina su entusiasmo. Si hay una lucha de poder ya no puede haber seducción, de la misma manera que si hay dependencias. Son juegos de rol que al final acabarán haciendo daño a alguien.

Jon: Todos nos dejamos seducir por aquello que creemos que nos va a dar el amor que nos falta. Cuando nos dejamos seducir, hay un recuerdo escondido dentro de una mirada, un momento o algo que nos ha seducido. Toda persona que tiene el halo de seducido cae en la trampa de seductores no positivos. Hay que determinar si estamos en el entusiasmo o en el deseo. ¿Qué hacemos en esta vida si estamos avocados a lo que quiere el otro?

Joaquina: Seducir exige un esfuerzo de observación y de empatía muy elevado. El que es seducido no observa, solo quiere recibir. El seductor mira, observa, ve lo que quiere el otro, y se lo da. Los participantes de la seducción se movilizan por el entusiasmo o por el deseo. La dificultad es coincidir las expectativas de los coautores de la seducción. El seductor requiere de un permanente y estimulante movimiento que le conmueva como si estuviera enamorado permanentemente. El enemigo de la seducción es el apego, que siempre se produce por la parte seducida.

Jon: Eso quiere decir que no ser seductores es la muerte de la motivación

Joaquina: El ser que vive en la contra-seducción vive desmotivado, vive apático y dañado por la situación. El seductor está seducido por el objeto que seduce y, cuando se da cuenta que pierde el entusiasmo, siempre quiere cambiar al otro. Un seductor odia a las personas que buscan el amor, ya que sabe que el amor no está dentro. Las palabras en la seducción no tienen relevancia. Lo que sí tiene relevancia son los movimientos.

Jon: ¿Y que pasa cuando alguien no es seductor?

Joaquina: Cuando un ser no es seductor, los dos órganos que se resienten son el hígado y el bazo-páncreas. Cuando una persona no es seductora se tira todo el día tomando dulces y grasa. Cuando una persona mata a su seductor dentro, porque le han hecho daño y porque cree que le han engañado, no se ha dado cuenta de que ella estaba seducida y por lo tanto el seductor se agotó (de su negatividad o de su estar quieta). Lo que la persona hace entonces es paralizar totalmente los movimientos del corazón, los movimientos del entusiasmo. Entonces cuando nota que se entusiasma, cree que no lo va a conseguir, cree que va a sufrir, cree que no va a poder y entonces lo vuelve a aplacar otra vez. Aplaca el entusiasmo, la aceptación, situándose contra el mundo del seductor.

Jon: Y creerá que la manipulan, que hay algo por en medio que no es real.

Joaquina: En su cabeza está siempre el asesino del seductor. Lo que realmente sucede es que al único seductor que está matando es a su seductor interno, al que le acaricia el alma todos los días para que salga, al que le permite compartir, pero ella le mata por miedo al daño; no puedes salir porque te van a cortar quien eres. Lo que va haciendo es matar una y otra vez a su seductor y vive seducida.

Jon: La seducción de la que hablas es la de estar sanos, la de vivir con entusiasmo todo el tiempo.

142 La seducción (I)

Hemos estado revisando películas para hacer un Cineforum y, aunque no ha sido la que finalmente hemos elegido, “El Manantial”, sigue siendo un peliculón, y Gary Cooper uno de los grandes seductores de la historia del cine.

Jon: ¿Qué piensas que es seducir? Conquistar, atraer, gustar, influir, persuadir…

Joaquina: Sí, seducir es embriagador, una sensación que va mucho más allá que el bienestar. El problema es que a veces para la seducción buscamos elementos muy ajenos a lo que es la seducción, buscamos elementos muy externos.

Jon: Bueno, hay que diferenciar entre una actitud de seducción, a ser una persona que seduce.

Joaquina: Lo cierto es que la seducción es imprescindible en nuestras vidas. La primera seducción es a nosotros mismos, y después a los demás.

Jon: Sin embargo, en la seducción hay algo de manipulación, es un engaño, es una perversión del poder y de la fuerza.

Joaquina: Ese es precisamente el pensamiento que quiero limpiar. La contraseducción es: reivindicar el espacio propio, confrontar al otro, generar una batalla campal, posicionamiento de ataque, agresividad, invadir con la voz. Muchas personas no se dan cuenta de que están agrediendo constantemente al ejercer una contraseducción. Esto es debido a un miedo a manipular, a la delicadeza, a pensar que si son delicados puede que no sean naturales y sinceros. Hay dos conceptos que tenemos que eliminar. Uno: que las buenas formas son manipulación. Y dos: Que las malas formas son sinceridad.

Jon: Ciertamente hay una creencia en que si estoy claro y fuerte quiere decir que soy sincero, y si por el contrario estoy delicado es que soy manipulador y poco auténtico.

Joaquina: Para quitarnos la idea de que seducir es engañar, debemos darnos cuenta de que casi todas las personas que son bruscas y poco delicadas han surgido de un engaño de seducción. Creen que alguien les sedujo y les engañó. Sin embargo, lo que sucedió es todo lo contrario. Esas personas tenían una expectativa que no se cumplió, un interés que no se cumplió. Y no tiene nada que ver con el otro.

Jon: Entonces, lo primero que hay que quitar de la cabeza es que se puede seducir mintiendo.

Joaquina: Se puede engañar, y puede durar un tiempo, pero no se puede seducir mintiendo. Generamos un lenguaje de antiseducción cuando hemos sido seducidos en el pasado por alguien que nos engañó. Nos engañaron otros o nos engañamos nosotros mismos, no importa, pero abrirnos a estar en disposición de ser seducidos o seducir, supone un riesgo que no queremos acometer.

Jon: ¿Qué es lo que ha pasado dentro de nosotros que no sabemos manejar la lejanía y la distancia personal?

Joaquina: La seducción es una energía que nosotros lanzamos fuera. No es solamente una energía que el otro ve. Hay tres reglas:  Se influye en los demás con la mirada. Se les capta a los demás con las manos. Y se les deja para siempre prendidos de nosotros con el movimiento. Seducir es estar enamorados de la vida, del momento, de lo que somos. La seducción auténtica tiene que ver con nuestras cualidades innatas.

Jon: Para eso hay que aprender a seducir de dentro a fuera.

Joaquina: Para ello, la primera pregunta que te tienes que hacer es: ¿Qué tipo de interés o motivación tienes en tu vida?

Jon: Como siempre, esos intereses están en los cinco planos: Intereses físicos: Lo que está fuera, lo que es tangible, lo que plausible, lo que medible, los valores, las cosas que se pueden ver, la belleza, el poder. Cosas inmanentes y tangibles. Intereses emotivos. Cosas con glamur, interés color, prestigio, cosas atractivas, elegancia, formas, el movimiento. Interés por el conocimiento. Queremos saber y mover el conocimiento y nos resultan atractivas las personas que lo tienen. Intereses por movilizar a la acción. Y por último, intereses en el poder espiritual.

Joaquina: La seducción es el arte de compartir. La seducción es con personas y es un bienestar, pero también es una tensión de qué va a pasar ahora. Esa tensión es importante que permanezca en el tiempo. Si no te gusta compartir tienes un problema con la seducción.

Jon: Como la clave de la seducción es el deseo, ¿aquello que deseemos es lo que nos va a seducir?

Joaquina: Lo que tu deseas te seduce a ti. Lo que a ti te entusiasma (lo que vives, lo que está en ti de verdad) seduce al otro. El deseo te hace caer en la trampa del otro y el entusiasmo hace que los demás caigan en la tuya.

Jon: ¿Cuál sería el proceso?

Joaquina: Deseas algo; luego te sientes carente de ese algo que deseas. El deseo se produce porque tú no tienes. El deseo es el que convierte la seducción en una falacia, pero en ningún momento la propia seducción es una falacia. La solución es vivir desde el entusiasmo y no desde el deseo.

Jon: ¿Qué necesitamos para vivir la seducción sanamente?

Joaquina: Amarnos a nosotros mismos. Entusiasmarnos con lo que somos y no pretender acercarnos al otro desde él y no desde nosotros. El poder de la seducción está en la autenticidad. El problema de la seducción está en el movimiento expectante: me muevo para esperar algo que en realidad no voy a lograr nunca. La separación entre el seductor y el seducido es que nos entusiasmamos con lo que es el otro, no con lo que somos nosotros.

Jon: Casi todos trabajamos desde el deseo y no desde el entusiasmo, de tal manera que la relación nos dura hasta que la otra persona se da cuenta de que ha sido engañada. Empiezan las pequeñas discusiones, las pequeñas evidencias y a partir de ahí el desencanto.

Joaquina: Si ha habido tiempo para el apego se producirá una relación no rota que permanecerá por el apego, pero no estará funcionando. Si no ha habido tiempo para el apego empezará a perderse el deseo, el entusiasmo y se empezará a romper toda la relación. Debemos aprender a trabajar desde el entusiasmo, no desde el deseo. Entendiendo que el deseo lo mostramos y que la persona nos va a dar aquello que nosotros mostramos que deseamos. Con el deseo, al estar fuera de ti, destruyes el entusiasmo. Lo importante es que tanto el deseo como el entusiasmo estén dentro, y que tu ames tu seducción.

Jon: Es decir, que hay un deseo que nos lleva al entusiasmo y, desde ahí, deberíamos amarnos.

Joaquina: Sí, sin embargo, lo que ocurre es que el deseo lo ponemos fuera. El entusiasmo es nuestro, por conseguir eso, o porque nos hagan caso. De tal manera que siempre estamos fuera de nosotros, buscando algo que nos tiene que dar alguien.

Jon: Y ese estado de ser seducido por lo que me tienen que dar es lo que me destruye.

Joaquina: De los interesas en los cinco planos nacen los 5 deseos: Deseo de poder. Deseos de una vida emocional muy completa. Deseos de saber y conocimiento. Deseo de liderar vuestra vida y la de otros. Y, deseo de vida trascendente. El deseo siempre está fuera “Yo deseo tener algo” ya que lo que tienes no lo deseas. Si te sintieras completo no estarías buscando cosas fuera.

Jon: Las relaciones fuera del entusiasmo están avocadas al fracaso. Si las dos personas están fuera de su entusiasmo, la relación va a estallar.

Joaquina: Las relaciones por deseo duran dos meses, tres como mucho; el entusiasmo dura 10 meses, 12 como mucho. A partir de ahí aparece el apego, y el apego es la destrucción de la relación: Me apego a lo que yo soy. Quiero que tu cambies. Empiezan las discusiones. Vamos a estar aquí porque tenemos costumbre. El seductor está en el entusiasmo, el seducido en el deseo. Hay que ir hacia ser uno suavemente, para que no se rompa el encantamiento.

141 El hígado y la tolerancia

Se acerca el camarero y amablemente pedimos una ensalada de la casa sin aliñar, y que nos traiga aparte el aceite, y una lubina a la sal para dos, y que en vez de patatas nos pongan un poco más de ensalada. Para beber, se me ocurre la insensatez de pedir agua mineral con gas y un poco de limón.

Joaquina: El agua con gas no es buena para el hígado.

Jon: ¿Y eso?

Joaquina: Al hígado no le gustan las bebidas con gas ni que estén muy frías. Ya tiene bastante trabajo debido a la ingesta excesiva de alimentos que hacemos habitualmente, y más aún en verano.

Jon: Pero necesitamos nutrirnos.

Joaquina: Así es, necesitamos ingerir todos los nutrientes necesarios y que forman parte de un alimento para mantener una doble función en el organismo: Primero, producir la suficiente energía para que podamos desarrollar una actividad normal, y atender a la reconstrucción celular y al crecimiento.

Jon: ¿Y qué tiene que ver comer más de la cuenta, con el agua con gas?

Joaquina: Ingerir más nutrientes de los necesarios hará que estos sean difícilmente absorbidos en el proceso digestivo, produciéndose multitud de alteraciones, siendo las más importantes las que se producen en el hígado. Si además le añades cualquier líquido durante la comida, esto se complica. Súmale el gas y el frío y la cosa se pone dura. Mira, el hígado se encarga de muchas cosas.

Jon: Sí, te oí decir en un curso que se encargaba del crecimiento del organismo y de la eliminación de los nutrientes residuales.

Joaquina: Así es. El hígado fabrica glucosa y produce energía. Si la ingestión de los nutrientes es excesiva se produce un profundo desequilibrio en su distribución por todo el cuerpo. Además, transforma en grasa los hidratos de carbono y son almacenados en diversos depósitos distribuidos por todo el cuerpo. También elimina tanto las toxinas producidas a través de la alimentación como las ajenas a ella (respiración, proceso psíquico). Son hidrolizadas en el hígado para ser eliminadas a través de los riñones. En este aspecto el hígado también sintetiza la urea, elemento de desecho digestivo, que es asimismo eliminada a través de los riñones.

Jon: Los humanos nos pasamos tres pueblos con la comida, y las consecuencias saltan a la vista en cualquier playa.

Joaquina: Desde el punto de vista somático, una nutrición excesiva va a ocasionar un gasto de energía extra en los procesos digestivos, energía que el organismo podría invertir en otros menesteres. Así mismo, los nutrientes excesivos, acumulados y no bien asimilados, acostumbran a no eliminarse correctamente y pueden ser transportados por la sangre e implantarse en las células de manera muy comprimida, lo que en naturismo se denomina “calcificación”. La acumulación exige al organismo la ingestión de grandes cantidades de agua, porque tanto el exceso de grasas como de hidratos de carbono producen calor, que deberá ser refrigerado de forma inmediata. El agua actúa como reactivo y es la responsable de la dilatación celular y de la acumulación de líquidos en diversas partes del cuerpo. De esta forma aparece la obesidad que puede encontrarse en todo el cuerpo o en partes de este. De ello dependen síntomas extraños como la celulitis, las estrías y otras muchas deformaciones corporales. También la falta de movilidad es una aportación importante a todas estas deformaciones.

Jon: Yo lo que he comprobado es que, en los animales en libertad, moviéndose a sus anchas y sin nadie que les controle, comen mucho menos que los sujetos a control.

Joaquina: El ser humano, como el animal, tiende por naturaleza a estar libre. En el momento en que esa libertad es contrarrestada, se produce un estado de ansiedad que se neutraliza comiendo. Si, además, la comida que ingiere está artificialmente preparada, con hormonas añadidas y una cantidad de agua extra, empezará a engordar gradualmente, hasta transformarse en un fenómeno; su capacidad animal degenerará y aparecerá en él, el síntoma de la enfermedad. Las personas entramos en esta dinámica: nuestros órganos digestivos no tienen capacidad de absorción y, sobre todo, de eliminación de los productos extras, por lo cual, poco a poco, vamos perdiendo nuestra vitalidad.

Jon: ¿Cuáles serían los síntomas agudos de un hígado en mal estad?

Joaquina: Temperatura alta por la noche y baja por la mañana. Dolor de cabeza, confusión. Depósitos de colesterol. Sobrepeso. Acidosis en la sangre, alto contenido de urea. Fuerte concentración de metales en el hígado. Ictericia. Problemas con el pigmento de la piel. Dolor debajo del hombro derecho. Diarrea. Sudores calientes y fríos.

Jon: ¿Y los síntomas de daño crónico?

Joaquina: Frío, pérdida de peso, hematomas con facilidad, baja inmunidad, las heridas se curan pobremente, pobre o falta de digestión / absorción de las grasas, heces y orina pálidas, hipoglucemia, fatiga, desmayos, dolores con el hambre, venillas en la cara, pérdida de apetito sexual, estreñimiento, anemia, lengua con una película opaca, y también problemas de valoración personal.

Jon: Problemas de valoración personal… ¿Qué emociones guarda?

Joaquina: El hígado está en el elemento madera de la medicina china. Es el órgano de aceptarse, crecer, y reconocer que uno tiene que cambiar. Los conflictos con este órgano generan intolerancia, impaciencia, agresividad, miedo a ser dañado. Para neutralizar la tensión necesitará mayor cantidad de aceite y grasa de lo normal. Todos los productos aceitosos serán el objetivo deseado, pan con aceite, fritos, queso, mantecas, margarinas, lácteos … y para neutralizar la acción ácida de estas grasas, la persona necesitará suavizantes como el alcohol (que en el organismo se trasforma en grasa) o el chocolate.

Jon: Pregunta obligada: una vez constatado que tenemos el hígado hecho polvo, ¿qué hacemos?

Joaquina: La curación del hígado está en trabajar la paciencia y tolerancia, que nos permiten ver, y sin las que es imposible crecer y aceptar. Aceptar cambiar, aceptar aprender.

Jon: ¿Podemos ayudar con algo externo…?

Joaquina: Sí, pero es una ayuda temporal, si no se trabaja cada día un aspecto donde nos mostremos intolerantes, hacer un propósito de crecimiento y conciencia, el alivio será solo temporal.

  • Tomar 1g./día de vitamina C
  • Tomar complementos a base de aceite de salmón y de borraja, junto con un suplemento extra de vitamina E, que evita la oxidación de estos aceites en el interior del organismo
  • Tomar algún complejo de bioflavonoides, junto con vitamina C
  • Tomar perlas de aceite de ajo y de aceite de salmón

Haciendo un poco de trampa y rebuscando en los apuntes, añado una lista de alimentos que hacen daño al hígado:

  • leche: excepto derivados lácteos
  • nata
  • helados
  • café y descafeinados
  • cacaos y chocolates
  • alimentos o bebidas muy frías o muy calientes
  • bebidas gasificadas incluído el agua, coca-cola, pepsi-cola, etc.
  • alcohol incluído cerveza y vino
  • harinas pastas, bollos, panes, incluída la harina integral
  • embutidos
  • conservas
  • fritos
  • pimientos rojos
  • espinacas, coles coles de bruselas, repollo, col, lombarda, berza
  • quesos curados sobre todo los azules. nunca comer roquefort, cabrales, etc.
  • casquería
  • mariscos sobre todo las ostras
  • plátanos
  • melón
  • naranja como fruta. lanaranja se toma en zumo con un poco de zumo de limón.
  • aguacate
  • higos
  • dátiles
  • castañas
  • frutos secos tostados o salados
  • mermeladas dulces

Si después de leer la lista tu pregunta es: “¿Entonces qué como?” tienes el hígado para tirarlo.

140 Dios existe

Había acabado la clase de matemáticas y Don José, el profesor de religión cruzó el aula con un aire desgarbado nada propio para una persona de unos 35 años, parecieron años viejos y muy vividos. La clase de niñas entre 12 y 13 años se entretenía en una animada charla de una compañera con otra.

En la cuarta mesa a la derecha, pegada a la pared de gotelé blanco, una de ellas parecía absorta mirando un libro. Hacía tiempo que la muchachita disentía de aquellas explicaciones tan dogmáticas sobre la existencia de Dios. Durante bastante tiempo Jesús, María y las bellas historias de sus vidas, la habían sobrecogido. Ahora, detrás de un aire contestatario y nada fácil, buscaba infructuosamente respuestas sobre el qué y por qué de la vida.

El silencio la trajo a la escena inicial y levantando sus ojos negros topó con la mirada del cura que en aquel momento advertía sobre la grandiosidad de la creación del hombre, ratificando que el hecho era indiscutiblemente una gracia de Dios, quien creó al hombre a su imagen y semejanza.

Las últimas palabras provocaron un deseo de rebelión que la envolvía en una mezcolanza de lucha y derrota ante lo ignoto que para ella representaba la creación del hombre. Cuanto más investigaba más alejada se sentía de aquellas aseveraciones, tan rotundas y poco comprobadas, que decía aquel cura.

¿Investigaba sobre lo que exponía? ¿Apostillaba aquellos principios por convencimiento o simplemente leía y repetía? Era tan dudosa la fe para ella que difícilmente podía concebirla en alguien por muy docto que resultara su planteamiento, cuanto menos cuando se hablaba de religión o de todo lo que concernía al hombre y su sentido trascendente en la tierra.

Luis la había regalado Prologium de San Anselmo de Canterbury. Últimamente estaba muy interesada por los escolásticos y el discurso de este santo le pareció inquietante.

Se había atascado en el capítulo II “que Dios existe verdaderamente” volvió a sentir aquel mordisco de inquietud de antaño.

¿Conoce a Darwin? ¿Ha leído “El origen de las especies”? En él se recogen procesos de investigación, deducciones soportadas y sólidas. Yo creo que sí hay que investigar sobre la procedencia del hombre. Indiscutible no hay nada cuando se trata de dónde viene el ser humano y cuál es su sentido en la tierra.

Si Dios creó al hombre a su imagen y semejanza ¿cuál es el motivo de las grandes variaciones externas y de comprensión que el hombre ha vivido desde sus orígenes?  ¿Por qué este gran parecido al primate? ¿Somos una mutación ordenada de alguna de estas especies? ¿Vive Dios esas variaciones y las refleja en su creación?

Las palabras se atropellaban dentro de sus labios núbiles. No buscaba respuestas. Sabía que Don José no contestaría a ninguna de esas grandes cuestiones, ni tampoco sería aceptada su intromisión. El alma punitiva de la enseñanza estaba próxima a extender su dedo acusador y ella sólo deseaba vaciarse de contenido hasta llenar las paredes en busca de alguna respuesta que no sabía de donde procedería, pero que no dudaba que en algún momento tenía que llegar.

Darwin decía: “He recapitulado ahora los hechos y considero que me han convencido completamente de que las especies se han modificado durante una larga serie de generaciones”

El trabajo metódico y lleno de casos comprobados que apoyaban la tesis de este investigador había abierto una zanja de dudosa reconstrucción sobre la existencia del padre creador para ella.

  • No puedo creer que un padre amoroso haya creado a sus hijos limitados, feos y hasta groseros, si realmente les ama y protege, y además sus cualidades de omnipotencia y omnipresencia son reales.

El cura había llegado a su punto máximo de resistencia. No pudo saber si en el fondo todo aquello no le provocaba una cierta complacencia y por ello había dilatado el grito de:

  • ¡De rodillas y silencio!

Aquel había sido el recurso de otros muchos días como este, donde la indagación sobre el sentido de la paternidad divina había provocado tensión y falta de réplica.

Se puso de rodillas, y sin embargo no pudo dejar de preguntar reiteradamente sobre lo que parecía no explícito.

  • ¡Fuera de la clase!

Aquel punto era la determinación de un final que sólo dejaba una puerta abierta al nuevo día en el que todo propiciara seguir debatiendo en el sin sentido del todo indiscutible.

 “Así pues, Señor tú que das la inteligencia de la fe, concédeme en la medida en que sabes lo que me conviene, que entienda que existes como lo creemos y que eres lo que creemos”

Al menos San Anselmo se refería a Dios con la duda y la búsqueda de una certeza que necesitaba. Yo me siento en un frenesí dubitativo y quizá por ello el recuerdo de la niñez y aquellas disquisiciones tan profundas y a la vez tan irresponsables en relación con los oyentes, me haya llevado a frenar la locura con la que quería retomar mis diálogos con Vanessa.

La miré. Su pelo rizoso negro, sus pequeños ojos detrás de las gafas de bordes metálicos. Sus muchos pocos años y mi gran madurez. Todo un reto para seguir o quizá para parar.

Es una gran cuestión para los que hemos pasado el tiempo de juventud y la madurez nos enfrenta a las grandes preguntas de la historia, con quién y cómo hacer la indagación. Pensé que quizá ella y no Don José, me echará ahora de clase asustada. Porque, qué difícil es hablar de Dios cuando ya no dudas de su existencia.

Como decía Ortega y Gasset: Nada de lo que hacemos sería nuestra vida si no nos diésemos cuenta de ello… Todo vivir es vivirse, sentirse vivir saber existiendo.

Hoy creo que Dios aparte de un concepto, de una investigación es, por encima de todo, una experiencia personal.

¿Puedo discutir la existencia de Dios? No dudo de su existencia por varios motivos, cada uno de ellos necesita desarrollarse independiente del otro. Quizá de lo único que me gustaría conversar es sobre la identificación y valoración que cada uno da a esa divinidad existente o no dentro de cada uno y discutible o no dentro de los deseos que tenga cada cual en llegar al final de la cuestión.

¿Hay algo por encima de todo lo algo existente que se pueda suponer? ¿Y por encima de ese algo hay algo más? Y agotando todo lo previsible que existe, ¿podríamos decir que hay algo más? Porque si hay algo más previsible podríamos decir que existe algo imprevisible que nos acomete la duda de qué y qué hace dónde y por qué está.

¿Y me asustaría esa existencia si realmente no le concediera valores o poderes que me sobrecogen y me conmueven por el compromiso de decidir que algo está por encima de mi misma y todo lo sabido?

¿Por qué si ese algo existe, y está por encima de todo lo conocido, más allá de todo lo explorado y encierra en sí mismo las posibilidades miles supuestas o no por mí, no estoy reconociendo que sus atributos deben ser plenos exentos de la dualidad y por tanto no le doy así mismo la cualidad de todo poderoso sin acepciones ni límites?

¿Y por qué ese miedo pavoroso a llamarle DIOS MIO y decirle que sé que existe? ¿Hay en mi interior un revuelo caprichoso que supone que este reconocimiento me encierra en un calabozo del honor al que no quiero llegar, aunque en realidad sea mi propósito?

O quizás, como todos, tenga miedo de Dios y su aceptación por lo que de fe lleva, por lo que de imposible de mostrar tiene y porque el discurso piadoso me parece burlesco fuera de tono y al desuso.

Sin embargo, no puedo dudar que el resultado real es que su existencia no modifica ni amplía mi existencia. No hace de mi algo más bueno o malo, más piadoso o comprensivo, ni más o menos poderoso. Dios para mi no es una necesidad, ni siquiera un modo de vivir más completo. Los ritos no forman parte del Dios que asumo, ni tan siquiera rezarle o solicitarle cosa alguna está dentro de mis planes.

Su omnipotencia, si la tuviera, no compromete a mis limitaciones o necesidades más perentorias o superficiales. En ese algo existente por encima de todo lo conocido no he podido situar qué y cómo se relaciona con lo que para mí es necesario o imprescindible. Más si llegara a poder determinar lo existente en ese plano imponderable, siempre supondría que no es mi petición la que me hace acceder a su dádiva, sino la excelsa visión facilitaría aquello que me fuera útil.

Porque, ¿acepto a un “más allá de los límites” o al “todo y nada” buscando la petición constante, la adoración y requerimiento de los más nimios detalles de mi pequeña o gran existencia? No, realmente este “Dios” no es el mío.

Y no es el mío porque siento en mi interior la capacidad de acceder a lo necesario, lo completo simplemente si me abro a mi propia divinidad, a mi más excelsa actuación.

Ninguna acepción de Dios puede ser limitada a un reyezuelo en el trono de señor todopoderoso que sabiendo que su creación necesita algo lo guarda a su solicitud o su súplica más desgarrada.

La postura del poder supremo que da porque le piden y adoran, escapa de los cauces de mi percepción. Dios no aporta nada a mi vida. No es una necesidad. Es una claridad que va más allá de lo imaginado y sigue más allá de lo establecido. Y aún a pesar de los miles de eones vividos, siempre la exploración del más allá me lleva a un algo supuesto llamado inexistente, que sé que existe, porque como dice San Anselmo no puedo pensar que no existe.

Si es imprevisible y no está porque es todo y nada a la vez, yo formo parte de esa totalidad ausente de sí misma y por lo tanto lo que vivo es una percepción de algo que yo imagino y lo modificaré tal como me modifique en mi misma percepción.

Dios existe. El reino de Dios no es de este mundo, decía Jesús.

En las confesiones de San Agustín dice:

“Incluso a ti, vida de mi vida, te imaginaba como un ser grande que se extendía por todas partes, y que a través del espacio infinito penetraba la mole del universo en todas las direcciones más allá de todo límite” (Libro VII párrafo V)

138 Recuperar los recursos personales

Jon: Todos tenemos una duda universal que nos induce a pensar que no somos únicos, que siempre habrá alguien mejor que nosotros, alguien que sepa hacer algo que nosotros no. Esta duda puede generar diversas actitudes como, por ejemplo, la desconfianza.

Joaquina: La causa más importante de dolor para alguien con este problema está en que esa persona sabe que hay alguien mejor, y seguramente sea así. Hay alguien mejor, pero ¿en qué? Podrías buscar dentro de ti y aprender de esa persona que te supera, pero en ese momento decides que tu patrón de comportamiento será la desconfianza, y eso hace muchísimo daño.

Jon: ¿Cuáles son los pasos?

Joaquina: El pensamiento te dice que hay alguien mejor. Este pensamiento genera una actitud, la desconfianza y esta, a su vez, induce a un comportamiento, en este caso, la huida. Este comportamiento tiene unos indicadores, unos movimientos. Por ejemplo, cuando te encuentras en una situación de huida, dejas de mirar, dejas de hablar, te alejas de las personas. De la misma forma, cuando desconfías elaboras un indicador para que el otro lleve a cabo y te permita liberarte de la culpa. Lo lanzas para que las personas hagan lo que tú crees y, entonces, puedas proyectar la culpa en ellos.

Jon: Te he oído decir que la culpa se genera porque nosotros estamos reflejando, creando espejos de nuestra propia debilidad.

Joaquina: Llega un momento en el que es tu deber darte cuenta de que toda tu vida, desde la desconfianza, has estado testando a personas para poder confiar en ellas o desecharlas. Y eso seguirá siendo así hasta el momento en el que recojas los indicadores, te atrevas a mirar, a hablar, a estar, aunque desconfíes, rompas esa debilidad y te sitúes, por fin, en la confianza. El error que cometen muchas personas es el de trabajar en ser buenos fuera de su cualidad, salirse del cuadro de trabajo y marcar otros hitos de desarrollo para justificar y disculpar el ser malos en esa cualidad. Mientras no entres en la caja del verdadero trabajo, todo lo demás serán pruebas de dolor.

Jon: Me estás diciendo que podemos haber hecho los méritos más impresionantes, pero si estamos fuera de la línea de trabajo, estas pruebas solo nos harán llenarnos de desconfianza, no habremos hecho nada en nuestra vida. Entonces, no importa que trabajemos, que estemos haciendo cosas permanentemente.

Joaquina: Así es. Si no trabajas la causa concreta de la duda, todos esos esfuerzos no valdrán de nada. Las pruebas seguirán siendo durísimas si no eres capaz de darte cuenta de que estás aquí únicamente para salir de la duda. Lo demás es accesorio.

Jon: Las pruebas de la vida me llevan a estar continuamente pensando que el sistema es injusto.

Joaquina: Pero nuestro sistema es justo, sencillo y razonable. En el camino para vencer la desconfianza existen muchos matices de trabajo: aceptación, conciencia, decisión, seguridad… Si, cada vez que siente esa desconfianza, la persona se da cuenta de que le ocurre porque no está trabajando en su línea de acción y decide actuar en consecuencia, tendrá una liberación absoluta del problema. Sin embargo, si lanza la culpa a la otra persona, si se estanca en el pensamiento de que la otra persona huyó de ella, no la quiere, estará proyectando sus propias inseguridades.

Jon: Necesita darse cuenta de lo que ha venido a aprender: la superación de su desconfianza.

Joaquina: Dios pone a nuestro servicio todas las herramientas de amor para vencer la duda, y todas las herramientas de desamor que encontramos son porque hemos salido del camino. No las pone Dios. Imagínate una mujer, que mira a la persona que tiene delante y le reprocha que no la ama porque está rehuyendo su mirada, porque no está hablando. Si le culpa por no amarla como se merece, estará cometiendo el mayor fraude. Estará diciendo al otro que no tiene derecho a hacer lo que ella hace. Cada vez que lanzamos un dardo contra otra persona debido a nuestra desconfianza, el mundo nos lanza las pruebas más duras para que podamos darnos cuenta de que nos hemos salido del espacio de trabajo y podamos volver de nuevo al redil.

Jon: ¿Qué quieres decir con que las pruebas serán terribles?

Joaquina: Todo lo que pasa a tu alrededor que no es aprovechable para el cambio, para la salud, para el camino, que no te da la riqueza, que no te aporta prosperidad y no te facilita la vida que persigues, todo eso se debe a que has lanzado la culpabilidad contra otras personas.

Jon: ¿Cuál es el método de trabajo?

Joaquina: Para vencer el miedo debes “matar” a tu persona. Convertirte en la profunda desconfianza para poder resurgir y llegar a la confianza absoluta. El gran asesino de esta línea de trabajo, el asesino de la culpa, se llama disculpa.

Jon: Vuelves a lo que has dicho antes: “muchos de nosotros trabajamos fuera de nuestra cualidad para poder justificarnos, disculparnos”

Joaquina: Para seguir este método debes, en primer lugar, encontrar tu cualidad, que marcará la línea de trabajo. Eres extremadamente “algo” y extremadamente “desalgo”. Esto quiere decir que algunas veces utilizas la cualidad muy bien y otras muy mal, dependiendo de con quién estés o la materia en la que estés ocupado en cada momento. Por ejemplo, una persona será muy confiada con algunos conocidos y muy desconfiada con otros. De la misma manera, alguien puede ser muy paciente con los asuntos que le interesan y muy impaciente con los que no.

Jon: El equilibrio está en el centro.

Joaquina: No debes, por tanto, estancarte en la certeza, en el pensamiento de que alguien es mejor que tú. El pensamiento real al que debes llegar, y que tu vida te va a pedir que elabores, es  que debes convertirte en alumno aventajado de la persona que tiene la cualidad que tú crees que no tienes. Si hay alguien mejor que tú en, por ejemplo, la constancia, todo tu trabajo deberá centrarse en conseguir aprender ese tesón. No trabajarás en la constancia, pues de entrada careces de ella, sino que la aprenderás para superar la desconfianza, tu verdadera cualidad, en la que puedes ser realmente brillante.

Jon: Me he dado cuenta de que, de la misma manera, esas personas de las que tengo que aprender tienen una cualidad negativa de lo que yo tengo en positivo. Así que tendrán algo que aprender de mi, igual que yo debo aprender de ellos.

Joaquina: El método de trabajo, es, aprender esa cualidad de la que careces con el objetivo de trabajar aquella que sí tienes. Debes penetrar en la culpa para que se disuelva, saber qué es lo que te falta y qué es lo que genera tus problemas. En este caso, la constancia es lo que da sentido a que trabajes tu desconfianza.

Jon: Me he fijado que las personas que encuentran cualidades que les faltan tienden a pensar que Dios les ha hecho incompletas, y eso es lo que genera desconfianza, el pensamiento de que hay alguien mejor.

Joaquina: Si nos damos cuenta de que no debemos tener envidia ni desconfiar, sino aprender, lograremos superar el verdadero problema. Esto se explica bien con un ejemplo: en una relación de pareja en la que él le da todo a ella menos una cosa, hay una conversación frecuente. “Pero te lo estoy dando todo”, dice él. Y ella contesta: “sí, menos esto”. No hay relación en el mundo que soporte esta afirmación, y es precisamente eso lo que llevamos dentro. Podemos darlo todo, hacer las cosas más impresionantes, pero nuestro ser nos dice, “sí, menos confianza”. Este es el camino. No podemos permitir que nada que nos aleje de lo que hemos venido a aprender. Siguiendo con el ejemplo, la plenitud en tu confianza no la vas a tener hasta que no seas constante. Verás la plenitud, pero si no está unida a eso que falta, hasta que no lo aprendas, no la conseguirás completamente.

Jon: Es grandioso, porque Dios nos permite que nos separemos de ahí, nos permite aprender lo que nos falta y alcanzar la plenitud en nuestra cualidad.

Joaquina: Lo que no nos permite es odiar a sus hijos, y el principal de ellos somos nosotros mismos. Cuando nos hace bajar hasta el fondo de nuestro problema, hasta nuestra mayor desconfianza, también envía un mensajero que nos indica el camino para volver. Si sabes que tienes algo y crees que hay algo que no tienes, apréndelo. Ponte en disposición de aprender. No tienes por qué no tenerlo. No puedes sentirte incompleto. Recuerda: toda palabra que implica que otros nos hacen algo está fuera de la línea de trabajo. Cuando crees que los demás hacen algo contra ti, les estás culpando. Tienes que hablar de ti mismo; si no, estarás lanzando la culpa fuera. Por ejemplo: “no soy emocional porque no me han tratado bien”, “no me puedo desapegar porque me abandonaron”. Esto son disculpas, discursos que no valen.

La impaciencia es falta de paz, y la paz en sí misma es una cualidad. La paz, la tolerancia, la conciencia… son cualidades originarias en sí mismas. Una de las cualidades del amor es la paz; esa paz que te permite respetar el tiempo y el ritmo de todos los demás.

137 Relaciones de familia

En un arrebato de insensatez nos acercamos un sábado por la mañana a una gran superficie para comprar unas herramientas. Hay muchos padres con sus hijos gritando como posesos por los pasillos con la vana intención de que su progenitor despegue los ojos de la pantalla del móvil y le presten atención. Cuanta menos atención, más gritos. Cuanto más grito, menos atención.

Jon: En las relaciones personales, el proceso que me parece más inquieto del mundo es la relación entre yo y el otro. En dos segundos he pasado de no soportar al niño, a odiar al padre.

Joaquina: Los problemas en las relaciones se producen por la falta de empatía. Tú no empatizas con el pare, el padre no empatiza ni con su hijo ni con el resto de nosotros que tenemos que soportar los gritos, el niño no empatiza con nadie…

Jon: Y la cara que pone la madre me hace pensar que las relaciones de familia son las más complicadas de todas.

Joaquina: Las relaciones de familia significan una sola cosa: la unión de dos materias diferentes en una sola cosa. El niño necesita tener 50% de  un padre y 50% del otro. Necesita tener y lo tiene. En el momento en que un niño siente que una parte de lo que él es se siente rechazada por la otra parte, esa parte la esconde. Y es aquí donde se genera la sombra de la familia. Lo que hacemos es formularnos dependiendo de lo que sentimos. Cuando un niño formula una receta que no es la adecuada, formula su enfermedad familiar: me siento rechazado. Entonces hay una parte de mí que anulo.

Jon: Que es lo que siente ese niño en este momento.

Joaquina: Una conformación familiar tiene 3 elementos: El conocimiento del padre y de la madre. La aceptación del padre y de la madre. La motivación del padre y de la madre.

Jon: Lo que te decía: una relación familiar es complicada.

Joaquina: El niño es el yo de su padre y el yo de su madre. Y luego vive la unión de los dos. Si el niño hiciese la abstracción y mirase a sus padres por separado no tendría problema. Lo que los niños ven son los conflictos de la combustión de estas dos cosas juntas. Lo importante es que el niño vea a sus padres como dos entes independientes. Cuando el niño mira a sus padres, ve a ella rechazándole a él y él rechazándole a ella, aunque se lleven estupendamente. El niño se da cuenta de que se produce un acoplamiento. De que papá cambia cosas. Y mamá cambia cosas. Cuando se provocan estas combustiones, el niño va perdiendo el contacto de “quién es” y empieza a plantearse “quién quiere ser”. El “quién quiere ser” viene determinado por las relaciones entre ambos.

Jon: Entonces, si yo soy como mi padre, y escucho a mi madre decir que eso no lo acepta, lo que hago es romper mi personalidad, convirtiéndome en alguien difuso que no muestra quién soy.

Joaquina: Sí, y esto se guarda en la sombra. No quiere decir que no lo tengas, sino que lo guardas dentro y muestras lo que el otro está esperando. El niño convierte en sombra parte del padre, parte de la madre y parte de la relación de ellos dos. El niño sale a la calle limitado por: “no me siento aceptado”.

Jon: ¿Cómo se resuelve una relación familiar?

Joaquina: Mirando la luz del padre y la luz de la madre. Un niño es feliz cuando el padre y la madre le miran desde la luz de ellos, no desde su sombra. Se trata de hacer un trabajo para identificar quién eres en positivo y mostrar esa referencia a tus hijos. Para asegurar al niño que si manifiesta A o B no le va a pasar nada.

Jon: Cuando me miro desde la luz no estoy escondiendo mi sombra. Estoy mirando mi luz, y la sombra no existe. Por el contrario, cuando tengo una sombra escondida no estoy mirando tu luz. Oculto lo que soy.

Joaquina: Si pones el foco en trabajarte todos los días tus fortalezas, el niño va a identificarse con ello. Si yo me fijo en mi fortaleza, mi debilidad se va superando. Se trata de ver lo que se tiene en positivo y aquello que se tiene que trabajar. Siempre que se conecta con lo positivo se sabe decir que sí y decir que no. Cuando yo quiero hacer un plan de familia, tengo que centrarme en aquello que da la paz a las dos personas.

Jon: ¿Qué pasa ahora, con estos padres tan diferentes a los que nos criaron a nosotros?

Joaquina: En la actualidad en la sociedad hemos pasado de una familia autocrática, de unos padres autoritarios y represivos, a unos padres totalmente laxos, en aras de superar lo anterior. No es bueno ser totalmente laxo ni totalmente autoritario. Cuando los padres eran autocráticos había una sobredimensión de la responsabilidad y de lo que había que hacer. Cuando los padres son flojos, hay una falta de dimensión sobre lo que hay que hacer.

Jon: Los padres que quieran hacer un trabajo de inteligencia emocional con sus hijos ¿cómo lo tienen que hacer?

Joaquina: Deben sentarse con el hijo y ver si se conoce, si se acepta y qué motivación tiene. Si tú le preguntas al niño “para que ha venido al mundo” y no sabe contestar, es porque tú no le has dado significados. Si no le has dado significados al niño es que tú escondes el significado de por qué estás aquí. Y uno no puede ser feliz si no sabe qué ha venido a algo concreto. Necesita la concreción de “para qué” ha venido aquí. Por ejemplo, si tú piensas que ser responsable es el sentido de tu vida y de repente te das cuenta de que eso no es así, si tú lo cambias, él lo va a cambiar automáticamente.

Jon: Entonces, la sombra es la oscuridad de mis defectos, no tiene nada que ver con que me equivoque.

Joaquina: La sombra es no querer ver lo que uno es en negativo. E incluso en positivo. Sombra es ver que tienes un defecto, y como no quieres sacarlo, entonces te lo guardas. Eso es sombra. Equivocarse es luz. Cuando a un niño no se le ha enseñado a sobrevivir, entra en la oscuridad de su vida. En el momento en que al niño se le da todo solucionado se ha destruido su primera parte: el autoconocimiento. Si no se le enseña a sobrevivir no estará sano. ¿Has puesto a un niño a dirigir la casa? ¿Has puesto a un empleado a dirigir tu empresa? Cualquier cosa de estas les hace pensar que tú piensas que ellos pueden. Si no se les enseña a los niños el “yo puedo”, no tendrán confianza en sí mismos.

Jon: Porque se crea una falsa confianza donde el niño, y el empleado, internamente saben que no están a la altura de lo que les pedimos.

Joaquina: Las familias se arruinan para generar otra vez espacios de crecimiento. Los fracasos profesionales se originan para crear otra vez espacios de conocimiento. Cuando más arriba está un padre, más fracasado es un hijo. En la medida que lo conviertes en todo lo contrario, lo conviertes en alguien que tiene que hacer tu mismo proceso, y aparecen dos ganadores.

Jon: Así es, los hijos no son meros espectadores de la vida. Tienen que aprender a vivir, sentir y pensar. Y esta es la mayor empatía posible. Empezar a que él viva por su cuenta. Los padres no empatizamos para ponernos en el lugar del hijo y ponernos a enseñarle los pasos.

Joaquina: Desde el momento que quieres ser como alguien, estás perdido. La empatía máxima es dejar que el niño tenga su propio proceso, recordando que tiene un 50% tuyo y un 50% de su madre. Y no olvidando que tu proceso no es el mismo que el de su madre. El proceso del niño es una mezcla de dos procesos totalmente diferentes. Permitirle su evolución y su tiempo. Y saber que no va a hacer jamás lo que tú haces.

136 Aceptación

Termino de reescribir un artículo de hace unos meses que tenía guardado en el ordenador. Le doy a cerrar y me sale una ventanita que dice: “Esta acción actualizará el formato de archivo. Puede que el diseño del documento cambie, y dos opciones: “Cancelar” y “Aceptar”. Aceptar… que maravillosa palabra. ¿Qué acepto de mi? ¿Qué es lo que pienso de mi y digo “soy el mejor”?

Jon: Me estoy dando cuenta de que tengo una parte de mi que no acepto. En la parte que acepto me siento muy bien. En la parte que no acepto me siento fatal ¿Qué acepto y como expreso eso que acepto? ¿Hay personas que aceptan de sí cosas, pero no las expresan?

Joaquina: Difícilmente aceptamos la tensión que provoca mirarnos. Cuando nos confrontamos con algo lo pasamos un poco mal, de momento… pero nos cambia la vida. El hombre suele decir: “Mejor que no nos la cambie. Estoy tan bien mal… Aceptamos una confrontación cuando no nos toca. Y cuando nos toca queremos que el proceso se haga más delicadamente, mas largo. Este es el problema más grave de la Inteligencia Emocional: la falta de aceptación de nuestra realidad. Si alguien no acepta su realidad, la que es de verdad, tarde o temprano le va a pillar tan desprevenido que le va a destruir. Porque la realidad de la vida es que hay enfermedades, la realidad de la vida es que hay finales de relación, la realidad de la vida es que hay amor que no es eterno, la realidad de la vida es que hay riqueza, hay pobreza…

Jon: Hablas de tomar conciencia de la realidad de nuestra vida.

Joaquina: Si yo no tengo conciencia de lo que tengo fuerte para luchar contra lo que la realidad de la vida me va a deparar, me va a pillar desprevenido. Pero si yo me veo fuerte en algo, me va a pillar mucho menos desprevenido. Busca lo que tienes muy bueno para hacer frente a la realidad. Lo que no tan bueno también lo puedes mirar, pero no es tan necesario que lo mires todo el día. Porque si yo todo el día estoy mirando la luz, la luz apaga la sombra. Si miro la sombra, no voy a tener nunca luz. La luz no tiene sombra. La sombra jamás tiene luz.

Jon: Al estar en lo que la inteligencia emocional llama autoaceptación, si que me acepto con mis asuntos. ¿Por qué?

Joaquina: Porque los resuelvo en el momento. Si no, se me hace la vida muy costosa. Debes ver qué aceptas y si lo expresas. Si no lo aceptas, tienes que activarlo muy fuerte para que se exprese. Y así verás lo que te aporta. Lo que tienes fuerte lo tienes que estar expresando porque ese es tu valor. Es en mí donde tengo que trabajar lo positivo, no en el otro. Es eso que no cambio esté donde esté. Eso es lo que es importante: la autoaceptación que me permite vivir siempre en equilibrio conmigo mismo. Eso es lo que debes que agarrar continuamente. Si no tienes la cualidad sobre la que nutrir tu Inteligencia Emocional individualmente, no serás nada en la vida. Eso te va a sacar de cualquier situación: de una enfermedad, de una pérdida…porque eso es lo que te da la luz. Lo que más aceptas de tí es aquello que te permite tener la luz de ti mismo. Yo he pensado muchísimas veces como se sentían las personas cuando alguien se levantaba y decía: “Yo soy el hijo de Dios”. Como sentir cuando la eminencia te dice que no eres nada. Solamente la eminencia me puede decir que no soy nada para llevarme a ser una eminencia.

Jon: ¿Quién es la mayor eminencia que tenemos de nosotros?

Joaquina: El único ser que nos conoce somos nosotros. El que el otro nos diga que somos estupendos no va  a provocar nada. Pero si tú eres capaz de decir: “Esto es lo que yo soy y lo acepto” tendrás las emociones ordenadas.

Jon: ¿Qué es lo que nos hace vivir en las emociones desbordadas?

Joaquina: La falta de aceptación personal, que nos lleva a la falta de aceptación de lo que pasa en el mundo. Yo elijo ser algo porque ante cualquier situación me encuentro conmigo mismo, me permite permanecer auténtico. Cualquiera puede ser algo, por ejemplo, directo, honesto… Si lo expreso empieza a hacerme individual. Y a mi en particular porque lo elijo me conforma. Lo elijo porque soy yo en cualquier medio y cualquier lugar. Me permite permanecer autentico.

Jon: Estás utilizando la mente, en vez de la emoción.

Joaquina: Ya tienes “qué eres”, que es el conocimiento, y tienes el “cómo eres”, que es la aceptación. Ahora viene la parte más importante del hombre: la motivación. ¿Qué sentido tiene mi existencia? El “porque” de mis motivaciones. ¿Qué busco en la vida? ¿Cómo lo busco? ¿Por qué busco eso y no otra cosa? Esto se llama automotivación. La mayor parte de los problemas de pareja, de familia, de trabajo… surgen porque el hombre no sabe qué busca. No sabe cómo lograrlo y, lo que es peor: no sabe por qué eso y no otra cosa.

Jon: Lo que convierte la palabra no sé a la muerte de la motivación… y los niños y los jóvenes responden “no se” continuamente.

Joaquina: La desmotivación surge de no acudir a una respuesta cognitiva interna de qué es lo que realmente necesitan, qué están buscando en su vida. ¿Qué sentido tiene mi vida aquí? ¿Por qué existo yo y no existe otra persona? Si uno no conoce su propósito vital está perdido. Si no encuentras el sentido de tu existencia no encontrarás el sentido de tu convivencia porque, desde la motivación ya nos relacionamos con el otro. Si yo encuentro una motivación es cuando miro al otro.

Jon: El sentido trascendente de la vida es: “yo he venido al mundo a hacer algo que nadie más puede hacer”. Mi sitio no puede ser ocupado por otra persona.

Joaquina: El “qué busco” tiene que estar definido por un sentido trascendente de si mismo. Lo que busco no es solo para mí, porque si lo busco solo para mi entonces me pierdo. Lo que busco tiene que tener un sentido que me rebase a mí mismo. Aunque sea algo como ser feliz, ya me rebasa a mí mismo. ¿Cómo lo logro? Y justificación de porque eso y no otra cosa. La motivación es igual a necesidad ¿Qué necesitas tú? Descubre que necesidad tienes. Esa necesidad es lo que buscas. Vas a buscar la necesidad que tienes cubierta, no la que tienes que cubrir. Te debes centrar en lo que tienes.

Jon: ¿Qué diferencia hay entre necesidad cubierta y necesidad expectante?

Joaquina: La diferencia entre necesidad cubierta y necesidad expectante es que la necesidad expectante te quita la necesidad y la cubierta te la da. Si yo me pongo a mirar lo que tengo, estoy cubriendo algo maravilloso que es: Qué soy, cómo soy, qué quiero, qué necesidad tengo. Este es el sentido de la vida. El resultado es un incremento de la inteligencia transpersonal, es el conocimiento del yo.

Jon: Estas tres cosas las define la inteligencia emocional como autoconocimiento, autoaceptación y automotivación personal. ¿Tengo con ellas cubierto mi yo personal?

Joaquina: Sí, y una vez que está cubierto, lo que has de buscar es tu yo social, que se llama yo interpersonal. Cuando una persona no busca es que no existe ni para ella misma. Hay muchas personas que se quedan paralizadas en el “yo me conozco”, otras en el “yo me acepto”. Y muchísimas otras que no se plantean que tienen que vivir sus propias motivaciones. Si yo no vivo mis motivaciones entonces yo no existo. El sentido trascendente de esta vida es desarrollarme como persona individualmente, aunque se muriera el mundo que me rodea.

135 No hay nada que hacer

Hay veces que más que conversar Joaquina susurra, y es cuando sale a la luz su lado más espiritual. Este es uno de esos momentos. Estamos disfrutando del frescor del atardecer en la galería porticada del mejor claustro gótico renacentista de Europa, en el Monasterio de San Zoilo.

Jon: Si nosotros queremos avivar nuestro camino, sentir que todo el proceso de esta vida es sencillo y delicado, ¿Qué tenemos que hacer?

Joaquina: Romper nuestro sueño, y vencer las pesadillas, parece un ejercicio doloroso para, al final, comprobar que nada es real. Que todo lo que hemos construido como una realidad desaparece con una dulzura y delicadeza maravillosa. Una construcción que nació de nuestro recuerdo, al que tenemos que acudir para liberarnos de su pesado lastre y abrirnos a la luz del presente, del aquí y ahora.

Jon: Sin embargo, todo aquello que para nosotros ha sido de gran significado hasta el presente, forma parte de nuestros hábitos y nos parece difícil y hasta imposible poder reducirlo a la sencillez de “no tengo que hacer nada”

Joaquina: Estas palabras, que en si mismas encierran una agresión a nuestra creencia constante de lo mucho que hacemos, del gran esfuerzo realizado, y que todos nos tienen que agradecer, a partir de este momento van a tener un significado de liberación y aceptación que nos resultará tan grato como el sonido mágico del violín, o los fragantes aromas de las flores en el jardín de nuestros sueños más dorados.

El Ser ha venido con una intención de aprendizaje que parece como una asignatura pendiente, sin aprobar, en algún tiempo desconocido, en una etapa anterior en la que en sí misma no se define como propia, pero que la has hecho tuya. Su única intención es aprender, y después de ese aprendizaje abrirse a la entrega. La condición de esa entrega está únicamente en la integridad, un elemento que nos parece terrible de conseguir y sin embargo sólo tiene la condición de pensar, sentir y hacer coherentemente lo que aprendemos. En sí mismos, los principios de lo normal se nos hacen abigarrados e insufribles y por lo tanto sumamos a nuestros esfuerzos diarios lo que es asequible de forma natural en la propia existencia.

Jon: Y si esto no es así, ¿generamos el sentimiento de culpabilidad?

Joaquina: El hombre se siente culpable de su separación y va fabricando nuevos culpables para liberarse de la limitación que él se pone a sí mismo. En esa andadura, va fortaleciendo su misión en la tierra con el orgullo, los complejos y los miles de deseos que alimenta y le alimentan como limitaciones donde surge el apego al cuerpo, al tener que hacer y a la complejidad de una existencia que en si misma es fácil y fluida, llena de elementos de felicidad, paz y serenidad.

Jon: ¿Cuál es, entonces, la dificultad?

Joaquina: Las dificultades para trascender y abrirnos a aprender son solo tres: La primera, el orgullo. Se rompe el Uno y aparece la separación. Pensamos que hemos venido con una limitación al observar que tenemos algo que aprender y que ese aprendizaje nos aporta una serie de dificultades que nacen mas de nuestra negación al aprendizaje que de cualquier posible limitación. Miramos a los demás sintiendo que ellos traen esa cualidad que nos falta y culpamos a Dios de ser un Padre Injusto y Castigador.

La segunda dificultad son los complejos. Al mirar a los demás hemos comparado las cualidades invadiéndonos de complejos y soberbia, con un sentimiento de inferioridad o superioridad ante los valores de los demás. Esto nos impide hacernos uno con el otro.

Jon: Cuando mencionas los complejos, ¿te refieres tanto al de superioridad como al de inferioridad?

Joaquina: Con el complejo de superioridad sientes que tienes una cualidad por encima de los demás, o al menos del otro más próximo, y con la que atacas para sentirte seguro y alejado de la posibilidad de sucumbir a la igualdad o unidad. Con el complejo de inferioridad, sientes que hay una cualidad que no tienes y te hace vivirte por debajo de los demás, o al menos del otro más próximo al que permites que te ataque con el fin de poder señalar un culpable y diluir en él tu disculpa, y así acentuar la separación.

Jon: Mencionaste una tercera dificultad.

Joaquina: Sí, los deseos. Ser uno separado de la Unidad, sentir que tienes valores por encima o debajo de los demás, te lleva a desear hacer, poseer, tener cosas o elementos que te refuercen en ese triste caminar hacia los apegos de los valores de la tierra.

Jon: Entonces, trabajar esto significa la aceptación de que todo lo que necesito para procesar mi aprendizaje en esta etapa está dentro de mí y convive de una forma armónica con mi vivir diario.

Joaquina: Imagínate un niño pequeño que llora desconsoladamente porque tiene que acudir al colegio. Su estado de ansiedad, su profunda alteración conmueve tanto a su mente no recta que acaba provocándole algún desajuste físico con el que justificar la ausencia.  La madre buscará la forma de aliviarle todo este proceso hasta conseguir que venza su rechazo a la responsabilidad. Posiblemente ambos creerán que han hecho algo. Simplemente ahora empieza un proceso que se alteró por la no aceptación de aprender.

Jon: Es decir, que mi espíritu, que es como un bebé que se niega a obedecer, va buscando disculpas para un proceso que, tarde o temprano tendrán que acometer.

Joaquina: Buscamos soluciones a un descenso provocado libremente por nosotros, comprometiéndonos en el inicio de este proceso a que nada de lo que vamos a hacer es real, que solo nuestra mente “no Uno” provocando una separación, tiene que restaurarse en su única verdad y desde ahí caminar. El miedo a enfrentarse a nuestra pequeñez, a lo sencillo de la felicidad y el logro de la paz, hace que todos nosotros deambulemos por la vida alejados de nuestro Padre que, siendo amoroso, lo miramos como un gran castigador, frío y desdeñoso que nos espera con un deseo de dañarnos y recriminarnos nuestra huida. Bendito sea el momento en que cerrando nuestros ojos dejemos fluir nuestro Ser hasta los brazos de nuestro amado Espíritu que reconvertirá esta situación en un Instante Santo donde cada uno de nosotros será un Uno grandioso y armónico.

Jon: ¿Qué solución hay?

Joaquina: Antes de plantearte hacer un trabajo innecesario, mira con suavidad a tu hermano, al que tienes en frente de ti, e intenta librarte de tu orgullo. Deja que todo tú vuele hasta la unidad. Un solo pensamiento, Dios. Una sola imagen: unirte a Él. Un solo maestro: El Espíritu Santo. Déjate ir. Nota cómo la fragilidad de tus ideas se hace cada vez más intensa. Nota como el ser es leve, sutil… no está. Nota como no tienes que hacer nada. No obstante, si no lo consigues, si ves que el orgullo te atenaza, quiere decir que te disculpas detrás de los complejos, y los deseos de especialidad te inundan. Vamos a buscar una formula para salir de todo ello y elevarnos a Él desde pensar que tenemos algo que hacer, desde nuestra pequeña pataleta a la puerta de la casa de Dios, sin querer entrar.

Empieza por los deseos. Lugar en que todos caemos en esa necesidad de rivalizar con nuestros cuerpos, con nuestra presencia por encima de los demás y de nosotros mismos.

Las ménsulas, columnas, capiteles, arcos, medallones, bustos, escudos, jarrones, florones… desaparecen de mi vista, y solo escucho…