183 Álvaro y el compromiso

El compromiso se encuentra en el cuarto cerebro que se llama prefrontal y este cerebro es la innovación. Es el momento de desprenderte de todo lo que has aprendido y empezar a hacerlo todo diferente, todo nuevo. Debes ser un personaje renacido. Un personaje que tiene la capacidad de salir del hogar familiar e ir abandonado todo lo éste te daba y empezar un viaje que va desde lo conocido, ahí estás repitiendo los comportamientos de tus padres y ya lo tienes aprendido, a ver qué haces nuevo, qué sientes de forma diferente y qué piensas de manera distinta.

Joaquina: Álvaro es arquitecto, tiene 26 años y tiene una vida familiar muy enriquecida, le conozco desde que era niño, no sabía que venía y me ha hecho muy feliz. Álvaro vive en una familia maravillosa que se adoran con un respeto increíble, tiene dos hermanas y todo lo que ha vivido, yo lo conozco, ha sido bueno. Ha venido de una familia bien, con unos padres que están juntos, es muy parecido a lo que querríamos tener todos. Sin embargo, Álvaro tiene un riesgo, un riesgo que debe romper. Es creativo como su padre, y tiene lo maravilloso de su madre, la ternura, la empatía, la capacidad de cuidar, la capacidad de tener en cuenta a las demás personas.

Álvaro está viviendo una caterva de sensaciones y de emociones que tiene que saber controlar. Esta caterva de sensaciones es: puedo desprenderme del modelo de mi padre. Eso es lo que hay en su cabeza. Por un lado, sé que quiere desprenderse del modelo de su padre y por otro lado sé que para él eso significa no ser fiel a su padre. Puede desprenderse del modelo de mi madre, ese le resulta más fácil. Porque su madre es tan grande de corazón que jamás le recriminaría nada y él tiene un corazón igual de grande. Sin embargo, hay una dificultad. él tiene que saber si es su padre o es su madre.

Es decir, el valor que él tiene es el de su padre o el valor que él tiene genuino es el de su madre. Porque mientras él no sepa el valor genuino que tiene no va a poder dar el paso que le voy a pedir que de ya para que sea la persona más rica financieramente de todos los lugares y que se lo merece. Él ya ha trabajado los celos y la envidia.

Este es el valor genuino y este es el valor que aprender, lo primero que tiene que saber es dónde coloca lo que está dentro permanente y no tiene nada que hacer con ello, y dónde coloca lo que realmente tiene que aprender y tiene que incorporar.

Álvaro ha hecho algo extraordinario, ha cogido lo que no le gusta de su padre y lo ha sacado de su cabeza. No lo crítica pero no lo hace, y ha cogido lo negativo de su madre y tampoco lo hace. Mezcla lo positivo de los dos porque le espanta elegir a uno de ellos, y ése es el conflicto.

En un momento dado podías haber hecho un trabajo tan bueno… el trabajó conmigo desde hace mucho tiempo, y hace tiempo que no me necesita y que viene esporádicamente, pero de pequeño hemos trabajado juntos. Os quedarías alucinado de lo que puede decir un niño de trece años y como puede comprender, y te das cuenta de que son seres tocados para hacer un camino bonito.

Joaquina: Entonces, Álvaro ¿quién eres?

Álvaro: Una mezcla de los dos imagino.

Joaquina: Ya me imagino, yo también ¿y?

Álvaro: Mi padre.

Joaquina: ¿Y qué es lo que tienes de tu padre?

Álvaro: No que quiero aprender de mi padre.

Joaquina: ¿Eres tu madre? Tu padre es la creatividad. Y de tu madre pongo la empatía y la generosidad. Tu cualidad es la creatividad. Una creatividad en grado sumo, solamente que como compites con tu padre, te asusta. Te asusta ser mejor y que tu padre, en algún momento, no te deje crecer.  Yo creo que tu valor a aprender es una empatía que te permite pensar en tí mismo y no sólo en los demás. Es decir, creo que el aprendizaje es una empatía primero contigo mismo. Ya sabes que tienes que trabajar tu creatividad como la de tu padre.  Como lo tienes dentro va a ser un minuto, la traes dentro. El valor que tienes   que aprender es a pensar en ti no en tu padre, ¿Qué hace tu madre? Pensar en tu padre y no pensar en ella. Debes aprender a ser empático y generoso contigo. Vamos al compromiso. El compromiso es que tú tienes que ver cómo funciona tu padre y cómo funciona tu madre y hacer un quiebro innovador.

Álvaro: ¿Qué quiere decir que tengo que hacer un quiebro?

Joaquina: El compromiso es el “para qué” vas a hacer las cosas, y tú “para qué” es totalmente diferente al de tu padre. Si no te das cuenta de esto no harás este quiebro. Tienes que contestarte, Álvaro ¿para qué quieres la creatividad y esa generosidad tan grande que tienes?

Alvaro: para crecer, para sentirme cómodo.

Joaquina: ¿Tú crees que tu padre ha buscado esto?

Álvaro: No.

Joaquina: Tu padre se ha dedicado a la creatividad porque fue lo que le gustó. Tú estás haciendo una creatividad consciente. Mientras que creas que tu padre es perfecto y que lo hace todo perfecto es muy difícil que tú innoves. Pero lo que estás equivocando es el concepto, tu padre adquirió la creatividad para vivir económicamente mejor. Tú estás buscando otras cosas.

Tu madre es empática y generosa, probablemente para llevarse mejor con las personas, pero no para desarrollarse más. Tenéis que plantearte que tu “para qué” no es el “para qué” de ellos. Y siendo esto así, no puedes funcionar como ellos. El “para qué” es el que da sentido a tu vida. Si tú no comprendes “para qué” eres como eres, no vas a hacer la innovación. El compromiso es contigo no con ellos. Si comes, hablas o te relacionas como ellos, páralo rápidamente porque no estás en el compromiso. Cuando estés en el compromiso te darás cuenta de que dices las cosas de forma diferente. De 12 a 24 años queremos ser diferentes y ¿qué pasó después? Que repetimos el modelo.

Álvaro: ¿Por qué?

Joaquina: Porque entramos en la pereza. Te pido que cada vez que hagas algo, mires tu “para qué”. Eso no te va a llevar a separarte de tu padre ni de tu madre. Te va a llevar a hacer las cosas mucho mejor que ellos. Tu padre tiene 60 años y tú 26 si esta diferencia no te lleva hacer las cosas de forma diferente ¿Qué te va llevar a hacerlas? 34 años de diferencia han marcado un móvil, internet, redes, globalización, democracia… Todo esto te tiene que llevar algún sitio diferente. ¿De que nos vale que el hombre este en el mundo si el tiempo no nos vale para hacernos mejor? ¿A qué tienes miedo?

Álvaro: A defraudar.

Joaquina: Tienes miedo a hacerlo mejor que su padre. Todos los que no avanzamos es porque tenemos miedo a ser mejor que nuestros padres. Dios nos dice ya no es el tiempo de estar divirtiéndonos, es el tiempo de salvar al mundo, es el tiempo de que el mundo esté lleno de valores y de que tome consciencia. Entonces nos dice: “tú ya has aprendido de tu padre, de tu madre, el mundo que has recibido ya lo has aprendido, ahora tienes que hacer otra cosa, tienes que hacerlo mejor. Porque si no ¿qué sentido tiene tu vida?” En el mundo hay ahora mismo 85 países en guerra. Se trabaja por las armas y no por el amor, o cambiamos nuestro paradigma interno o el mundo no cambia.

Álvaro: ¿Es ese el compromiso?

Joaquina: El compromiso que tenemos que adquirir es respetar lo que hemos aprendido y darle la utilidad que tiene para nosotros. ¿Cuál es vuestro valor?

Álvaro: La creatividad.

Joaquina: ¿Cuál es tu aprendizaje?

Álvaro: La empatía.

Joaquina: Decide si te quieres comprometer hacer las cosas de forma diferente. Mira cuál es el defecto de los dos que estás repitiendo. Si no te desprendes del amor de tu madre o de tu padre no vas a avanzar. Ellos solo te van a querer si haces lo que ellos quieren.

¿Qué vas a hacer diferente de tus padres?

182 La pereza mental (II)

Jon: Me gustaría validar lo que entendí de la última conversación, respecto a como se aprende: Lo primero es que tengo un valor, y lo debo hacer operativo sin celos y sin envidia. Así voy corrigiendo la pereza. Puedo tener pereza, no pasa nada, pero el valor no puede tener celos ni envidia y decido qué tengo que aprender, y lo decido con toda la fuerza ¿Qué tengo que aprender de verdad?

Joaquina: Te propongo un ejercicio: lo primero, si tienes un modelo cercano, cierras tus ojos y vas viendo qué es lo que hace y cómo lo hace y qué propósito tiene cada vez que lo hace. Después buscas una película y empiezas a aprender a caminar como camina esa persona, a moverse como se mueve esa persona, a hablar como habla esa persona…

Jon: Es decir, modelar a la persona.

Joaquina: Modelar, no imitar. Aunque veas a una persona y veas que su fuerza está en las piernas y notas que su fuerza está en las piernas, tú lo que haces es llevar la gravedad a las piernas. Con eso trabajas la gravedad uno, la segunda y la tercera gravedad. La pereza mental se produce porque hay una pérdida de gravedad y una pérdida de equilibrio. Entonces, si yo estoy muy centrada en hacer voy a perder el sentimiento y la capacidad de pensar. Si yo estoy muy centrada en sentir voy a perder la capacidad de hacer y la capacidad de pensar. Si yo estoy centrada en pensar voy a perder la capacidad de hacer y la capacidad de sentir, tengo que tener un equilibrio.

Jon: Entonces, en el aprendizaje ¿qué pasa?

Joaquina: Que la mente disfruta porque cuando mueves tus piernas y te mueves como se mueve la persona y de pronto empiezas a moverte como se mueve la persona y además empiezas a darte cuenta cómo estructura… por ejemplo ves cómo se calla, ves cuando empieza hablar, ves cómo escucha… porque el propósito es entregarse a la comunicación en ese momento, en ese momento te estás dando cuenta de lo bueno que es.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque tú tienes que decidir lo que vas a aprender, para qué lo quieres aprender. Yo quiero aprender la entrega para estar con personas y participar del conocimiento humano. Eso es para lo que quiero la entrega. Así que buscas momentos donde puedas hacer aquello que hacían ellos, de la manera que lo hacían, para que empieces a darte cuenta de cómo se incorpora el aprendizaje a tu vida. Porque la mala noticia es que hemos nacido para hacer las cosas diferentes a nuestros maestros. Hemos venido para innovar a nuestro padre y a nuestra madre. Si una sola partícula nuestra se repite como ellos está vida no ha tenido sentido. De tal manera que si no les hemos aprendido no les podemos superar. Hemos venido a este mundo, y no estamos vivos hasta que no hemos superado el patrón de los maestros.

Jon: ¿Es ese nuestro compromiso?

Joaquina: Así es. La innovación, hemos venido a limpiar el mundo. Así qué quitando la pereza mental, que es haber conseguido aprender totalmente de los dos o de quién quieras, el compromiso es romper todo este aprendizaje y hacerlo todavía muchísimo mejor. Prestas atención a la mirada de tu padre, y te das cuenta de que su forma de mirar la tienes. Debes ir dándote cuenta, y te tienes que garbar, y tienes que disfrutar de cómo lo vas aprendiendo.

Jon: Eso es teatro puro.

Joaquina: Sí, en casita todos los días 10-15 minutos hasta que el cuerpo y la mente hayan hecho “ya soy la totalidad de los dos” Si tenéis que aprender delicadeza, pues delicadeza. Si tenéis que aprender entrega, lo que sea. Lo que para ti sea entrega.

Jon: Recuerdo, hace tiempo, hiciste unos talleres sobre cuentos infantiles que estaban relacionados con esto.

Joaquina: Así es. De los tres cerditos, de cenicienta, de caperucita, es que el cuento también te da la posibilidad de ver qué tienes que cambiar: si eres una persona despistada, caperucita es tu cuento, para que sepas que no vas a llegar a nada y que te va comer el lobo. Si eres una persona sacrificada, que te sacrificas igual viene la cenicienta, el hada madrina, la carroza y de pronto el príncipe que está ahí genial pero que ya sabes que no te puedes poner los zapatos de tus hermanos porque se rompen, tienes que tener tu número de zapato, no poder ponerte el de al lado. Si eres de los tres cerditos ya sabes que, si haces casitas de paja, pues el lobo te va a comer; si haces casitas de barro, el lobo te va a comer; si las haces de ladrillo, empleas el tiempo, trabajas sobre ello, el lobo no te podrá hacer nada. Con los cuentos trabajas los celos, la envidia y la pereza. Siempre hay algo que superar. Siempre hay la victima cenicienta, tiene que hacerse grande salir y convertirse en la princesa. Caperucita tiene que acabar poniendo foco y saber que cuando va a llevar la cestita, tiene que llevar la cestita. La bella y la bestia… cualquiera de estos cuentos.

Jon: A mí me gustan más las películas, porque no me contaban cuentos, pero los cuentos ayudan muchísimo.

Joaquina: Hay libros maravillosos sobre cómo trabajar los cuentos, pero lo más maravilloso es trabajar el cine. Como visión de poder trabajar personajes es único. Ves la película y eliges una escena, no hace falta ver la película 500 veces, elige una escena.

Jon: ¿Puedes poner un ejemplo?

Joaquina: Hace tiempo que sé que no voy a encontrar la tierra prometida. Tengo claro que la tierra prometida no es para mí, y veo la película “Los 10 mandamientos”. La escena que veo continuamente es en la que Moisés está separándose de todos ya y él se queda, y no puede entrar en la tierra prometida, porque no hizo lo que tenía que hacer.

Jon: ¿Para qué ves esa escena?

Joaquina: Para darme cuenta de que, si no hago lo que tengo que hacer, nunca llegaré dónde quiero llegar. Esa escena la veo repetidamente. Entonces me quedo ahí, me pongo a mirar lo que tengo que mirar en la distancia, veo que la gente entra en la tierra prometida maravillosamente y que yo estoy ahí, y que me tengo que despedir de los seres queridos y te: “vete y no te preocupes. Guíales a todos que yo me quedo aquí que lo hecho fatal y no puedo entrar” y de pronto me digo: “qué feo, mi gente ahí y yo aquí, ¿qué tengo que cambiar?” y eso me anima.

Jon: Entonces cada película nos va a dar pistas. Hace unas semanas vi “El último Samurái” y lo relacioné con los valores. ¿Es importante la vida? No. ¿Es importante morir? No. Lo importante es que sean tus valores los que te rijan, son los que te guían, los que te llevan algún lugar.

Joaquina: Cada película tiene momentos maravillosos para que puedas ver y aprender.

Jon: Así que la pereza mental se arregla con teatro. 

Joaquina: No se arregla sin aprender el modelo que tienes que aprender. Porque la pereza mental es un tapón mental que hemos puesto. por ejemplo, si yo ahora camino y camino sintiendo que soy una persona importante voy a caminar de una manera concreta… no he caminado en mi vida así. Si quiero superar un complejo, voy a ver cómo caminar. Pero de pronto me doy cuenta de que hay gente que camina una manera y eso no es lo que yo quiero aprender. Pues vuelvo otra vez, me grabo, y sigo y veo que mi cuerpo o cualquier movimiento está mostrando algo que no es lo que busco. Pues lo vuelvo a corregir, porque yo camino con la cabeza, voy a arreglarlo, voy a coger la cabeza, voy a caminar; y al rato ¿qué hace la cabeza? te manda el mensaje y cuando te quieres agachar ya no te deja. Todo lo que hagas con el cuerpo lo recuerda la cabeza, porque si no se cambian los comportamientos no se consigue el cambio; así que vas a tener que cambiar los comportamientos para conseguir el cambio.

Jon: Primer paso se superan los celos. Segundo paso se supera la envidia. Tercer paso se supera la pereza.

Joaquina: Pues la conciencia es la suma de todos los aprendizajes. Hay un libro muy interesante que te regalé al poco tiempo de conocerte: “Autobiografía de un Yogui” de Paramahansa Yogananda.

Jon: Sí, fue uno de esos libros que cambiaron mi vida.

Joaquina: Yogananda hace una suma de Jesús y Buda. Él se da cuenta de que los budistas no aman. Tienen consciencia, pero no tienen amor. Y se da cuenta de que él tiene la conciencia y necesita aprender el amor y entonces incorpora la vida de Jesús como su aprendizaje, y suma al gran Buda con el gran Jesús, como dos maestros de aprendizaje. Y se da cuenta de que Oriente tiene que aprender de Jesús. Se da cuenta de que él tiene muy bien a Buda, pero necesita aprender de Jesús. En el libro se ve como incorpora a Jesús a su vida, y desde ahí consigue hacer la suma de una persona llena de amor que es Jesús, y de una persona llena de consciencia que es Buda. En el budismo no hay envidia, no hay celos, hay solo pereza mental y necesidad de tomar consciencia.

181 La pereza mental

Acaba de terminar un Curso y, mientras recojo el material audiovisual escucho los comentarios de algunas personas. Una en particular va comentando lo difícil que le resulta conocerse a sí misma e intenta por todos los medios justificarse. No pierdo la ocasión y abordo a Joaquina de vuelta a casa.

Jon: Cuando una persona dice es muy duro conocerse a uno mismo. ¿De qué está hablando?

Joaquina: Esta hablando de querer avanzar, de querer crecer. Está hablando de pereza, de desidia, de todo muchísimo menos que de estar en un camino espiritual. El camino espiritual empieza por saber quién es uno, y saber que es uno me emociona muchísimo porque lo que saben las personas casi siempre es lo que no funciona de ellas. Yo nunca pienso, cuando les miro, que son algo que no funciona, siempre miro lo que son desde lo que funciona. Cuando te miro a ti veo tus valores, y no tus no valores. Éstos últimos los trabajo cuando vienes a verme a consulta. Y me voy a centrar en que todo lo tienes bien menos lo que te estoy trabajando. Ahí, en ese despacho, miro lo que no funciona para que cambies y vayas a donde funciona. Tienes un valor y no lo tienes operativo, hay que trabajar sobre él.

Jon: No sólo espiritualmente, también trabajas el cuerpo.

Joaquina. Claro, porque tienes un hígado que no está funcionando hay que trabajar sobre él. Pero cuando salimos por la puerta, ni se me ocurre ver un defecto, ni en ti ni en nadie. Siempre pienso que tienen algo extraordinario que no tocan, algo extraordinario que no ven, algo extraordinario con lo que no trabajan.

Jon: Y ese algo extraordinario que no tocamos, ¿lo hacemos por miedo al compromiso?

Joaquina: Todos tenéis miedo al compromiso, es la piedra angular para hacer, o no, el propósito de vida. Todos los ángeles del cielo que existen, todos los arcángeles del cielo que también existen, nos están diciendo continuamente: “te estamos dando algo ¿porque no lo utilizas?, te estamos dando algo maravilloso ¿porque no lo utilizas? ¿Porque no eres capaz de utilizar la grandiosidad que tú tienes dentro si te estamos mandando cada día chispitas divinas de mil maneras para que tú puedas ver quién eres en forma de amigos, en forma de compañeros?” Te están mandando chispitas para que veas que eres lo mejor que hay en este mundo ¿Qué haces que no lo cambias?

Jon: En mi caso por pereza mental.

Joaquina: La pereza mental solo tiene un sistema de arreglo. Un sistema que debes tener muy claro para poder cambiar tu paradigma. La pereza mental solo se cambia por el aprendizaje.

La primera cosa importante no se puede aprender si hay celos. Para aprender necesitas tu valor, así que, si hay celos no aprendes, y si hay envidia ni te quiero contar.

Jon: Llevó su tiempo, pero esa parte está superada. Mi lucha ahora es con la pereza, con no querer pensar.

Joaquina: La pereza es la enfermedad más grave ahora mismo en el mundo, en España la envidia. Las personas no quieren pensar, quieren que les des las cosas hechas, masticadas, que todo sea fácil para ellos. Pereza mental es no querer aprender algo. Tienes y conoces tu valor, y para tu felicidad no hay que aprenderlo, lo traes totalmente aprendido. No hay nada de tu valor que tengas que aprender. Esta es una de las mayores alegrías que puedes tener. Has bebido de la fuente de tu valor toda la cantidad de líquido que necesitas para esta experiencia.  Para esta no para la experiencia de ahí.

Jon: Es decir que, si mi valor fuera la creatividad, mi creatividad es la mía y tengo todas las cualidades para mi creatividad.

Joaquina: Tu valor es incomparable, tiene todas las partículas, todo el segmento, todas las estructuras, tiene todo lo que necesitas para hacer algo extraordinario. Está completo, y lo más importante, cuando quitas los celos, quitas la envidia y quitas la pereza, todo el dinero del mundo que necesitas para hacer tu valor y para hacer tu aprendizaje el Señor te lo da. Todo el dinero del mundo, todo lo que necesites para tu experiencia te llega absolutamente y lo pierdes cuando bajas a los celos, o cuando bajas a la envidia o cuando no quieres hacer algo.

Jon: ¿Lo has vivido?

Joaquina: He empezado a ruinarme económicamente, lo que significa arruinarse económicamente en relación con mucho un poco menos en el mismo momento que entré en la pereza mental, y le dije al Señor: “esto no lo quiero hacer” y estamos en litigio. Anoche fue una noche con Él dura, dura. La conversación fue en este tono:

  • Me he encontrado mejor en el curso.
  • No me importa.
  • Creo que voy a hacer estás cosas.
  • No importa ¿Has hecho esto?
  • No.
  • Eso es lo único importante.

Entonces la noche fue un poco árida porque, en realidad solo vale lo que has venido hacer. Y lo que has venido hacer está en consonancia con la suma de tu valor y tu aprendizaje en estado totalmente activo y yo estoy un poco en pereza mental, pidiendo perdón todas las noches y volviendo a cometer el mismo error por las mañanas. Cuando acabe hoy a las 14, ya habré tomado medidas para cambiarlo.

Jon: Entonces el trabajo es mirar cuál es mi valor y mirar que tengo que aprender. Luego, entrar al compromiso de crecer como persona.

Joaquina: En realidad es tan sencillo como esto. Tienes un padre que has nacido como él y una madre que tienes que aprender de ella. Como en realidad no somos capaces de aceptar que hemos traído el aprendizaje metido en vena y nos cuesta mucho reconocer que esos dos sabios tienen verdaderas cualidades. Mi padre es el observador y mi madre es la entrega, entonces mi aprendizaje es la entrega y mi valor es el conocimiento del ser humano, la observación. Esas dos cosas son con las que yo me he comprometido.

Jon: En mi caso, mi padre tiene la creatividad conceptual y mi madre la entrega.

Joaquina: No pienses que esto es tan fácil, porque hay un truco: yo me entrego desde que soy pequeña, pero no a conocer al ser humano, eso ha sido por obligación y sigue siendo así. Es decir, de forma natural yo no hubiera hecho esto aplicado a mi vida.  El valor tiene que estar aplicado a tu trabajo siempre. Si no está siendo aplicado a tu trabajo ese valor no está siendo operativo.

Jon: Es decir que mi creatividad conceptual tiene que estar aplicada a mi trabajo

Joaquina: Lo importante es que esa cualidad aplicada a tus conocimientos son los que te dan el éxito. Mira a cualquier sabio y mira cuál es su valor. Miras a Mandela y su consenso es lo que le llevó al éxito, miras a Gandhi y su no violencia es lo que le llevó al éxito. Cualquiera de las personas importantes del mundo su cualidad es lo que los llevo a conseguir lo que querían. La alegría ha llevado a cambiar el mundo a mucha gente. Julie Andrews, por ejemplo, su alegría y su voz dieron vida a las películas más extraordinarias de esperanza, de amor y de vida. Sonrisas y lágrimas es una película para ver sobre la capacidad de tener disciplina, de tener empatía. Esa conjunción de un maestro que tiene la capacidad de enseñarte con disciplina y con amor. Es una de las películas más extraordinaria para un maestro. Ella expresa en estado puro, su voz, su alegría, toda esa capacidad que ella tiene. Eso es lo que tenemos que darnos cuenta: cualquier valor es válido.

Jon: ¿En qué momento de la vida llega el aprendizaje?

Joaquina: Tú ya tienes la partícula del aprendizaje desde la infancia, por eso, si lo vemos desde nuestros padres es mucho más fácil. Extraes lo mejor de tu padre y de tu madre, sin contaminarlo, y a partir de ahí ya tienes donde empieza el aprendizaje. Para ello tienes que modelar al maestro, y hacerte estas tres preguntas: ¿Qué hacía? ¿Cómo lo hacía? ¿Para qué lo hacía? Haz un video mental de la persona de la que vas a aprender. Y luego buscar una película y una escena de una película donde eso esté totalmente representado.

Jon: Para la entrega se me ocurre la película de 12 hombres sin piedad, donde Henry Fonda, desde que empieza hasta que acaba no le importa lo que está pasando fuera, no importa lo que le digan, lo que le ataquen, no importa lo que pase, él va a estar haciendo lo tiene que hacer. 

Joaquina: Esa película la he visto muchas veces, porque esa es mi madre, es mi padre comunicándose y es mi madre totalmente en el escenario. La película recoge la capacidad de conocer a un ser humano y la capacidad de entregarse sin ningún tipo de rencor, es la suma de los dos. Entonces, ese estar ahí, cuando miro a mi padre, que era ese hombre que enseñaba y no se cansaba de enseñar bajo ningún concepto, siempre recuerdo Mr. Higgins en My Fair Lady.

Jon: ¿Cómo puede ir uno viendo si va creciendo en los aprendizajes?

Joaquina: Las películas también sirven para eso. Sirve para ir viendo lo bueno que es lo que eres y lo que tienes que aprender, dónde tienes que llegar y cómo debes llegar. Porque para aprender necesitas que tu cuerpo muestre el aprendizaje. Si el aprendizaje no se muestra en el cuerpo no hay aprendizaje. Es decir, que tu valor se vea, se ve por cómo miras, por cómo estás. Por ejemplo, sé que cualquiera persona diría que con mi mirada penetro en un lugar diferente a otras personas cuando miran. Así que mi valor personal lo demuestra mi mirada, que es el conocimiento.

Jon: Sí, y las personas que te conocemos vemos que tu forma de estar, tu forma de plantearte el reto, el no cansancio el estar ahí para lo que te pidamos lo muestras también en tu forma de moverte.

Joaquina: Si consigues que tu valor y tu aprendizaje no pase por el cuerpo, tienes que ir a los celos o a la envidia, porque quiere decir que tu imagen está contaminada de los otros, está contaminada de tu padre, de tu madre, está contaminada de quien sea. Debes entonces liberarte del, porque la pereza mental siempre lleva a que el cuerpo muestre la situación.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque la pereza es no pensar y en quién no piensas, en ti. Sino piensas en ti tu cuerpo no se customiza contigo, no estás tú, esta otra persona. No sabemos quién, pero hay otra persona en tu cuerpo. Los valores que son de hacer tienen que ver con las piernas. Los valores que son de sentir tienen que ver con el tronco. Y los valores que tienen que ser de pensar tienen que ver con el rostro. Debes saber incorporar el valor que estés diciendo.

180 Cómo perdonar a los demás (II)

Joaquina: Una persona no es una materia de actuación. Llega a ello porque hay algún aprendizaje que no ha conseguido hacer. Hay algo que ha pasado en su persona, y esa experiencia es suya, no es tuya. Ese comportamiento es de él. No es tuyo. Tú has aprendido a un ritmo y la otra persona ha aprendido a otro ritmo. La descripción tiene que empezar por ti, no tiene que empezar por la otra persona. Mi descripción del amor es que me cojas la mano 10 veces al día. ¿Cuál es tu descripción del amor?

Jon: Pues… cogerte la mano 10 veces, no creo.

Joaquina: Exacto. Cuando se lo dices a la persona, cuando le preguntas cuál es su descripción del amor, no entras en el ruido, le dices la tuya y le dices que te gustaría conocer su descripción. Y cuando a la persona le dices cuál es tu descripción del amor ella te dirá tranquilamente la suya. El amor no se comparte, se vive. Si la otra persona no lo vive, no lo puede sentir.

Jon: Entonces, la otra persona no siente mi amor, siente el suyo, y si no tiene amor, no lo sentirá.

Joaquina: Exacto, y no te debes esforzar, el amor no se puede compartir, no se puede romper, no se puede hacer nada con él. Solo se puede experimentar. Cuando quieres agarrar el amor del otro, a través del personalismo del amor, lo que haces es la pérdida del amor.

Jon: Entonces pasa igual que con el tiempo. Es personal. Decimos que existen 24 horas, pero en realidad son tan diferentes dependiendo de cómo estés, lo cual quiere decir que la temporalidad es un estado emocional.

Joaquina: En el aprendizaje no hay tiempo. Es atemporal. En un instante puedes aprender lo que otra persona puede tardar una vida.

Jon: ¿Qué ejercicio necesitaría hacer?

Joaquina: Has visto que la parte del ser, que es la parte de tu aprendizaje, y la parte de la expresión es tuya y no la puedes compartir, por lo tanto, no hay nada que hacer ahí, porque no culpas a los demás. Lo que hacemos para culpar a los demás es estar diciendo permanentemente que hacen cosas, pero en lugar de decir que las hacen, decimos que ellos son las cosas que hacen.

Jon: Sí, cuando una persona emplea en una tarea un tiempo superior al mío, le llamo lento, en lugar de darme cuenta de que simplemente emplea otro tiempo.

Joaquina: Si una persona tiene una tendencia a hablar de si misma, no decimos que tiene una tendencia a hablar de sí misma, sino que directamente le llamamos egocéntrico. Si una persona no ha comprendido el comportamiento de la generosidad y el agradecimiento, la tachamos de poco agradecida, etc. Entonces el ejercicio que tienes que hacer es ver aquello que te crispa por encima de todas las cosas, y además de crisparte, utilizas el personalismo de una manera mucho más radical.

Jon: Es decir, ver las etiquetas que más pongo en la sociedad.

Joaquina: Sí, las cosas que más te molestan de los demás, donde pierdes el contacto con la persona para llamarla lo que estás diciendo. Lo que busco es darte una fórmula que deje la culpa fuera y, sobre todo, el daño que haces a los demás. Lo que más nos duele es lo que menos sabemos describir, casi siempre. Cuando tenemos una persona delante y la llamamos poco generosa, que es egoísta, a veces nos cuenta mucho trabajo describir porque ya hemos puesto la palabra egoísmo. No hemos dicho cuál es nuestra necesidad, que es lo que hace que se produzca el egoísmo. Al final, quien llama egoísta a otro es porque es egoísta él. El ejercicio es para ver qué parte de nosotros mismos es la que más proyectamos fuera.

Jon: Me acuerdo de que dijiste antes que la culpa es el ejercicio de mayor ligereza para poder eliminarlo.

Joaquina:  Imagínate que yo tengo el concepto de la intolerancia. Soy intolerante. Como no soporto la culpa de la intolerancia porque me hace mucho daño interior. Lo que hago es lanzarla inmediatamente fuera. Digo: “Esta persona no me acepta, es intolerante conmigo, es exigente, es rígido…” un montón de cosas en lugar de decir: “En mi intolerancia, o en mi deseo de algo, es lo que estoy proyectando sobre la otra persona que no me está dando lo que yo estoy pidiendo. Sea en tiempos o en forma, o en lo que sea.

Jon: Entonces el trabajo es ver de manera profunda qué etiqueta ponemos a las personas y con qué rapidez la ponemos

Joaquina: Sí, porque lo más importante, en el momento que ponemos la etiqueta y empezamos a personalizar sobre esa persona todos los errores, nuestra capacidad de aprender sobre ese error concretamente cada día es más limitado.

Jon: ¿Y qué hago?

Joaquina: En el momento que lo sientes, en el momento que te da dentro de ti, dices: “Yo estoy teniendo esta necesidad, que es de esta manera, y yo estoy pensando que no la estoy recibiendo” No es que el otro no te da, no es que el otro no ha hecho, etc. En el personalismo la descripción es imposible. Así que busca qué cosa te cuesta trabajo describir, y en qué cosa pones más hincapié en culpar a los demás de que te están haciendo algo.

Jon: ¿Y una vez localizado?

Joaquina: Empezando siempre por ti, tienes que ir a la descripción del hecho. Empiezas por describir la acción que tú en ese momento estás viviendo, imagínate, la intolerancia a que el otro esté haciendo algo que a ti no te gusta. En tu escala de valor está compartir las cosas que se tienen. En este momento estoy necesitando compartir esto, y en lugar de compartirlo estoy pidiendo que lo compartas tú. Si te gusta compartir, comparte. No pidas que el otro comparta. Por ejemplo: Yo quiero que me ames, y tiene que ser de esta manera. Cuando pones en el amor, o en cualquier otra cosa, cómo tiene que ser, lo que haces es: “Tú eres una bellaca que no me lo estás dando” Salir del personalismo exige que te mires a ti mismo para darte cuenta de que no estás haciendo lo que pides a la otra persona.

Jon: Al final, si estuviéramos describiendo nuestros hechos, no habría ninguna tensión.

Joaquina: La primera cosa para aprender a salir de la culpa es que la descripción tiene que ser en el momento en el que tienes el pensamiento. No puedes dejar que el pensamiento entre en el razonamiento. Si razonas ya estás perdido, porque el cerebro no acepta que tu razonamiento es ajeno a ti. Somos un montón de cosas porque en lugar de describir los hechos, los analizamos. En las peores cuestiones que haga un ser humano, nosotros no somos partícipes de analizarlas porque no somos esa persona.

179 Cómo perdonar a los demás

El gesto fue breve, pero llegó hondo. La cara de desprecio que fugazmente asomó en el rostro de la mujer no pasó desapercibida para el camarero que acababa de derramar cerveza sobre su precioso vestido rosa. Tampoco para nosotros.

Jon: Y… ¿Cómo perdonamos a los demás?

Joaquina: Independiente mente de que yo vea a todas las personas perfectas, tengo claro que el mundo entero rezuma mucha culpabilidad, dolor y malestar. Sitúate en el primer día de una persona a la que hayas amado profundamente. No importa que ha pasado luego con el amor, piensa en el primer día. Lo que viste ese primer día fue un maestro. Un maestro lleno de luz, lo cual no quiere decir que esa persona fuera perfecta. Quiere decir que lo que tú estés pidiendo de aprendizaje en ese momento, esa persona tiene las cualidades de ser tu maestro. No analices lo que la persona es, porque la persona no es, es lo que tú has puesto sobre ella.

Jon: Es cuando noté que la persona tenía unas características que yo necesitaba para crecer.

Joaquina: Sí, y ten en cuenta que cada uno crece como quiere. Unos crecen sufriendo mucho y otros divirtiéndose. Es tu decisión de crecimiento. Lo que es cierto es que esa persona, ante tus ojos, tenía unas características absolutamente maravillosas.

Jon: Así es.

Joaquina: Pero esa persona tiene su vida, que no es la tuya. Esa vida tiene comportamientos que están unidos a su vida personal. Unidos a su padre, a su madre, dónde pone y no las culpas… qué pasa en su vida. Cuando esa persona tiene comportamientos, tú te olvidas de la persona y le colocas el nombre de los comportamientos. Los personalizas. Es decir, te olvidas de diferenciar persona de comportamiento. La persona sigue siendo la misma, los comportamientos son los suyos. Cuando pasa un poco de tiempo, puede ser un mes, un día, o unas horas, empiezas a llamar a la persona por sus comportamientos: impaciente, egoísta, egocéntrico, no me quiere, no me hace caso, etc.

Jon: Efectivamente, no estamos hablando de la persona sino de sus comportamientos.

Joaquina:  Y, los comportamientos son universales, lo cual quiere decir que estás hablando de ti mismo.

Jon: Quieres decir que cada vez que personalizo en el otro, y digo que es impaciente, en realidad estoy hablando de que yo soy impaciente.

Joaquina: Y lo que estás haciendo con ello es echar fuera la culpa. Así que para liberar de la culpa a todas las personas que tienes cerca, solo lo puedes hacer aprendiendo la diferencia entre un pensamiento descriptivo, y un pensamiento personalista. Ahora tienes que descubrir cuál es el comportamiento que personalizas permanentemente. Cuál es el comportamiento que lanzas fuera continuamente, cuál es el comportamiento que aquella persona maravillosa, cuando lo tuvo, lo echaste fuera. Cuál es ese comportamiento con el que etiquetaste a la persona y en vez de respetarla, la llamaste con la etiqueta que tú llevas colgada en la espalda.

Jon: Me cuesta mucho aguantar el ritmo de los demás. O son demasiado lentos o alocados.

Joaquina: Te he visto conducir, y estás continuamente juzgando la pachorra de los que van delante. Pero ese es un comportamiento, la persona al volante es una persona. Los comportamientos son actitudes que tienen que ver con el devenir de nuestras propias actuaciones. Esa persona no es lenta, es lenta ¿comparada con quién? Haces todo el rato valoraciones personalistas de lo que deberías estar describiendo. Si a tu pareja le dijeses: “Yo hago las cosas en este ritmo, y cuando estoy contigo pienso que las hago más lentas, y a veces me enfado” no habría ninguna posibilidad de enfado.

Jon: Sin embargo, lo que hacemos es ir metiendo y metiendo, y un día saltamos: “Eres una lenta, una pachorra…”

Joaquina: Así acabas de convertir actuaciones en “ser”. Y el “ser” nunca actúa, el “ser” es. Esa es la diferencia. El amor no actúa, el amor es. Y cuando creemos que el amor tiene que hacer cosas concretas, estamos hablando de nuestras necesidades. El amor es amor y no está nunca fuera. La culpa es porque creemos que el amor está fuera. O lo tenemos nosotros o el que tienen los demás no lo podemos pulsar. No tiene materia, no tiene cuerpo, es absolutamente intangible, es espiritual, no se puede hacer cuerpo. Cada vez que queremos que nos amen de alguna manera estamos destruyendo el amor, porque estamos pidiendo algo que se llama comportamiento.

Jon: Sí, la persona se comporta a través de lo que siente, y no a través de lo que yo quiero que sea.

Joaquina: Estamos destruyendo el mundo porque no miramos ni por un instante lo que hay dentro de nosotros. Qué amor hay dentro de nosotros, y estamos todo el día que si nos quieren, que si no nos quieren, que si me hacen, que si no me hace… Haz tú lo que sientes. El amor no se puede compartir, solo se puede vivir. La experiencia de Dios no se puede compartir, solo se puede vivir. Puedes hablar de ella si quieres, pero el otro nunca la va a sentir como tú.

Jon: Pero es un poco frustrante no poder hablar de ello.

Joaquina: Puedes hablar de ello si quieres, pero el otro nunca la puede sentir como tú. Si buscas el amor dentro, y lo describes como tu lo entiendes está bien, pero no busques que el otro haga las cosas como tú estás esperando. Porque la forma de amarnos nuestro padre y nuestra madre, la forma de vivir nuestro entorno y nuestra vida no tiene nada que ver con la del otro. Te invito a que hagas una reflexión, con mucha humildad, para ver cómo quieres que el otro te quiera, cómo quieres que el otro se comporte contigo.

Jon: Me doy cuenta de que estoy poniendo tanta intención en que la pareja no sea ella, que es imposible que la pueda amar. Ha dejado de ser ella en aras de dar algo que no es suyo, que no es su estilo, ni su forma…

Joaquina: El caso es que vamos dando consejos a los demás, que además no nos aplicamos nosotros, de cómo vivir, comer, respirar… Y si no nos hace caso volvemos otra vez a personalizar: “Ésta es un poco torpe, no se entera de lo que tiene que hacer” Consejos que aplicamos siempre al otro y nunca a nosotros.

Jon: Entonces…

Joaquina: Entonces debemos hacer dos miradas profundas: Una para comprobar cuál es el comportamiento que nos pone de los pelos y, viendo que es nuestro, trabajar en cómo podemos hablar con las personas desde la descripción y no desde el personalismo. Así comprobarás que la culpa se va en horas. Luego ver a la persona, no familiar, a la que más culpas, para que te des cuenta de que estás lanzando un concepto personalista cuando debería ser descriptivo. Por ejemplo, la persona que te dejó, el jefe que no te atendió, el cliente que te robó… lo que sea. Si describes nada mas vivirlo nunca habrá culpa, si lo describes 5 minutos después ya habrá culpa.

Jon: Entonces en el momento que la cabeza empiece a pensar algo de alguien debo describirlo.

Joaquina: Sí, porque cuando piensas algo de alguien estás pensando algo de ti. Cuando lo sacas y lo describes, tu cabeza queda limpia. Busca cuál es la cualidad de la que más trabajo te cuesta describir.

Jon: Por ejemplo, mi impaciencia. Me cuesta mucho aceptar el ritmo de los demás. Pienso en la persona más lenta y soy incapaz de sacar la descripción de su persona.

Joaquina: Comprueba que si dices en el momento las cosas y las describes, no habrá posibilidad de rencor. Si la guardas, no hay posibilidad de perdón. Lo que hay en la cabeza, el cerebro piensa que es para ti, y cuanto más daño te haces a ti más crees que te lo ha hecho el otro. Es tan bonito, cuando describes, la cantidad de belleza que hay a tu alrededor, y sin embargo cuando personalizas la cantidad de miseria que ves es enorme. Es tan diferente la situación. Los estados descriptivos aíslan a la persona de hacer algo bueno o malo.

Jon: ¿Y en algo tan duro como una violación? ¿Cómo lo describes?

Joaquina: Puedes decir que esta persona ha hecho un acto de violación de la fuerza de otra persona. Le llamas violador, y tu cerebro adquiere la forma de un violador a los dos segundos. El cerebro no entiende que hables de algo que no eres. Cuando personalizas, el cerebro te llevará a que reconozcas que has violentado a alguien, de una manera diferente. Porque tampoco entiende de cuerpo, de emoción… Solo entiende de razón, es decir, de aprendizaje, y de expresión. Lo que dices cree que lo has aprendido. La dificultad es que creemos que somos cuerpo y emoción, pero no lo somos. El cuerpo es la vasija y la emoción es el movimiento de nuestra presencia divina. Ni el cuerpo ni el movimiento son divinos, son lo que yo utilizo para estar aquí. La voz, el movimiento y el cuerpo forman parte de la experiencia para estar con personas, mientras que la “mirada” forma parte de la experiencia para estar con Dios. Esa es la gran diferencia. A partir de ahí te das cuenta de la diferencia que existe entre estar mirando y aprendiendo, a estar mirando y personalizando. Has decidido que el comportamiento de una persona, que es algo físico, que es algo actitudinal, se convierta en el espíritu de la persona. Eso es inviable.

178 Liberarse de la culpa (II)

Joaquina: No hay ninguna persona en este mundo que, decidiendo algo físicamente, cuando lo rompe no se sienta culpable. “Debería no haber comido esto” lo como y en el interior hay culpabilidad. No hay nadie que no se sienta culpable cuando está criticando a una persona, criticándola a la espalda, cebándose en ella. También se siente culpable aquella persona que ha perdido su vida, no ha querido estudiar, y cuando ve a otras personas que lo han hecho y están en el éxito. Independientemente de que la culpa hay que trabajarla, debemos ver antes dónde hemos puesto la mediocridad de nuestro pensamiento. Dónde hemos dicho: “Dios no nos tocó” Dónde nos hemos recreado diciendo que nos falta algo. No es verdad, pero lo hemos pensado. De eso que nos falta, culpamos al mundo entero.

Jon: Así es, no de lo que tenemos, sino de lo que nos falta.

Joaquina: Tienes que ver de qué culpas al mundo entero, que crees que el mundo tiene y tu no estás lleno de ello, para que te des cuenta de que previamente tienes que ir a mirar dentro de ti qué ha pasado con esa cuestión. Y debes darte cuenta de que esa cuestión es tuya y no es de nadie.

Jon: Si entiendo bien, el proceso es primero descubrir dónde estoy, luego a ver cómo lo trabajo y después cómo se quita la culpa de los demás.

Joaquina: Si solo fuera… pero la culpa nos impide el crecimiento, nos impide el desarrollo, porque estamos culpando a alguien, y al estar culpando a alguien no estamos tomando medidas sobre nuestra vida. Eso es lo que nos aleja de Dios, cuando estamos todo el día comparándonos y preguntándonos por qué este gana lo que gano y yo no.

Jon: ¿Dónde nace la culpa?

Joaquina: En estar mirando fuera de nosotros. En valorarnos sobre cosas que no nos interesan. No me interesa la vida de mi hermano. Yo no quiero ser mi hermano. Me he dado cuenta tarde, pero me he dado cuenta. También me he dado cuenta de que no quiero ser ni mi madre ni mi padre, que quiero ser lo mejor de los dos, y me he estado fijando siempre en lo peor de los dos. A uno le culpaba de una cosa y al otro de otra.

Jon: Lo que estás diciendo es que la primera cosa para dejar la culpa es salir de la vida de los demás y empezar a mirar nuestra propia vida.

Joaquina: Sí, y eso se lo deberíamos transmitir a nuestros hijos, viéndolos como individuos separados, sin compararles con nadie, ni con vosotros no con nadie. Mira cuál es tu mayor fortaleza, hazla crecer y comunícasela a tu hija. Mira a ver cuál es la mayor fortaleza de su madre, estés con ella o no, y que se desarrolle en ella. Y si tiene hermanos, haga las cosas mejor o peor, nunca lo compares con él porque le destrozas la vida. Mira cómo lo haces tú, mira como eres tú, piensa como lo haces tú. Piensa cómo eres tú, cómo de grande eres tú. Cómo de grandioso eres. Porque, en realidad, el ejercicio es que te des cuenta de que si tienes una cosa, si eres listo es porque quieres llegar a ser inteligente. Es un camino. Si eres inteligente es porque quieres llegar a ser sabio.

Jon: ¿Me lo puedes explicar con el ejemplo de la inteligencia y la listeza?

Joaquina: Si eres inteligente, ya has pasado de lo de listo. El concepto de listo es un concepto de viveza. El concepto de inteligencia es la aplicación de la viveza. Un gitano es más listo que yo, para algunas cosas, para otras igual no. Pero él necesita una serie de cosas para vivir y yo necesito otras. Yo no necesito la listeza de un gitano para vivir, porque no he nacido gitana. Necesito la listeza de un ser humano que tiene la inteligencia aplicada a un concepto de vida. Y cuando he superado la listeza empiezo a entender lo que es la inteligencia. La aplicación de la inteligencia te hace sabio. Si tienes un 6 de inteligencia y la aplicas, tienes un 6 en sabiduría. No tienes que tener la sabiduría de Einstein ni de nadie, tienes que tener la tuya propia. Y eso configura tu nivel racional. Pero cuando tienes soberbia, cuando quieres saberlo todo, cuando el concepto de aprender está por debajo del concepto del saber, no puedes salir de la culpa.

Jon: Entonces para salir de mi culpa racional, el concepto que debo tener en la cabeza es el de aprendizaje continuo.

Joaquina: Sí, y no importa el parámetro del que partas. 0,1 te vale para empezar a salir de la culpa. Cuando el cerebro está utilizado hacia el aprendizaje, no te permite sentirte culpable. La culpa anula la serotonina, que es lo que te permite aprender, disfrutar haciéndolo… Con que pongas un 1% de aprendizaje sobre algo que te interese, y no importa qué, únicamente no te tienes que comparar con lo que le interesa al otro. Cuando el aprendizaje sea personal y no transferible, cuando aceptes que hay maestros que saben más y que hay personas que saben menos que tú, la culpa racional desaparecerá.

Jon: Y esta dijiste que era la culpa que más nos separaba de Dios.

Joaquina: Sí, porque en vez de utilizar nuestro cerebro para el bien, lo utilizamos para el mal, para destruir el bien que tienen los demás. La envidia está en el mundo racional. Esta es la mayor envidia, la inteligencia, la capacidad, la estrategia que tienen otros… Luego, en el campo Expresivo es aplicar lo que hemos aprendido en acciones. Lo que vamos aprendiendo nos permita tomar decisiones, y que lo vayamos comunicando.

Jon: Quiere esto decir que si lo que aprendemos no lo ponemos en acciones ¿no saldremos de la culpa?

Joaquina: Si cuando tenemos acciones no las analizamos para llegar a decisiones, no vamos a salir de la culpa, porque hemos tenido experiencias equivocadas y seguimos cometiendo los mismos errores. Cuando tenemos muchos conocimientos, o muchas experiencias, o mucho de algo, y no lo compartimos, no lo comunicamos, nos vamos a sentir culpables. Porque hay una llamada interior a compartir y colaborar con los demás. El ejercicio de salir de la culpa del campo racional y expresivo es muy fácil, ya que por naturaleza somos seres racionales y expresivos. Eso sería llegar a nuestra plenitud personal, y esto solo se puede liberar con una decisión clara de hacer un plan de aprendizaje: Qué grado de listeza tengo hoy, qué grado de inteligencia quiero tener mañana, y qué grado de sabiduría.

Jon: ¿Y es algo que hay que hacer a diario?

Joaquina: ¿Qué te cuesta preguntarte cada día en qué eres listo, en qué inteligente y en qué sabio? Eso es estar conectando continuamente con la experiencia de lo que tenemos y de lo que somos, no de lo que queremos tener o de lo que pueda tener otra persona.

Jon: Entonces la culpa en el plano expresivo ya está fuera, ya la hemos lanzado a los demás. Y la culpa en el plano racional que está dentro y no se la podemos lanzar a nadie. Es decir, aunque estoy mirando a otra persona porque la veo más inteligente, no puedo salir de mi.

Joaquina: La inteligencia es común al ser humano, cuando estoy hablando de otro, estoy hablando de mi. Yo ya se perfectamente que si no soy inteligente es porque no estoy aprendiendo, porque yo no quiero aprender. La conciencia del aprendizaje está en mi. Lo mismo que si no estoy cambiando es porque no quiero. Lo racional y lo expresivo es nuestro, no es de nadie, y no lo podemos transmitir a otros. No podemos pasar la culpa de no estar aprendiendo a otra persona. Podemos sentarnos y decir: “Yo no soy tan inteligente como mi padre, así es mi hermano. Yo soy como mi madre” Pero antes de acabar de decirlo, ya tengo la respuesta: “Mi hermano empleó el tiempo en aprender de los conceptos de mi padre. Yo no” Lo cual quiere decir que no es que no tenga la inteligencia de mi padre, es que yo no he querido aprender de la inteligencia de mi padre, porque requería un esfuerzo que no me interesaba.

Jon: Entonces cada vez que hablamos de la inteligencia o de cualquiera de los valores, comparándonos con un padre o el otro, debo comprender que, si hubiese querido aplicar lo que hacía uno, hoy estaría en otro lugar.

Joaquina: Eres totalmente responsable de hasta donde has llegado. El aprendizaje no exige inteligencia, exige observación, solo observación. Dios nos ha dado la capacidad de observar y si no la hemos empleado es porque no hemos querido. La inteligencia no tiene nada que ver con Coeficiente Intelectual, el cerebro de todos los seres humanos es igual. Tienen estímulos diferentes, pero no son diferentes. Si pones el foco en aprender algo te quedarás maravillado de lo rápido que lo haces simplemente con que observes. Por pura observación. Eso es lo importante, que observáramos nuestras cualidades, que observáramos lo grandes que somos, la capacidad que tenemos de conectar las cosas, la capacidad de hacerlas, que no estuviéramos todo el tiempo pensando lo que no somos.

Jon: Para salir de la culpa, tengo que valorar mi nivel de listeza hoy, y ponerme un nivel de aprendizaje para llenar de inteligencia. Y te aseguro que en muy poco tiempo habrás aprendido cosas que parecen increíbles.

Joaquina: Sí, pero no se aprende de los libros, se aprende de la vida y se confirma en los libros. El libro lo escribió alguien que lo vivió. Si vamos mirando la experiencia, luego la podemos escribir. Si estamos aprendiendo de la experiencia, la podemos escribir. El mayor aprendizaje es sobre nuestra propia existencia, sobre nuestra propia capacidad. Cuando abrimos nuestros ojos a la capacidad, los abrimos a llegar más allá. La primera comparación cerró el cerebro. Una persona triste no puede aprender. Estas dos condiciones exigen alegría. Una alegría interior profunda: la alegría de creer en nosotros mismos. La alegría de conectar con nuestra alma limpia con nuestra alma pura. No es la alegría de reírnos, de tomarnos unas copas o hacer unos chistes. Es la alegría de dentro, cuando tienes la sensación de haber cumplido lo que debes cumplir.

Jon: Entonces, abro la espita del aprendizaje, surge la alegría, y el aprendizaje se hace de inmediato, fluyo, me siento bien, noto que cambio, que aprendo…

Joaquina: Sí, eso es lo que es grandioso.

177 Liberarse de la culpa

Joaquina: El sueño de las personas que queremos avanzar es no estar todos los días dándole vueltas a cosas que no tienen solución. La culpa es una de esas cosas que miramos sin darle una solución.

Jon: Recuerdo del taller de Las Culpas que el primer problema con la culpa es con Dios, es decir nosotros mismos, el segundo con los padres, es decir, con nosotros mismos, y el tercero con los hermanos, es decir, también con nosotros mismos.

(Ver posts de 160, 161, 163 y 164 “Culpar”)

Joaquina: Imagínate un cuadro donde, en la parte superior está el Amor. Justo debajo está la gran duda sobre el amor de Dios.

Jon: ¿Dudamos de si Dios nos ama o de si nosotros amamos a Dios?

Joaquina: Ambas cosas. De lo que culpamos a Dios es de la experiencia corporal. Ahí está la culpa que compartimos con Dios y con nosotros. Por un lado, le echamos la culpa a Él, pero nos damos cuenta de que los que hemos dudado hemos sido nosotros. Como la culpa es insoportable, siempre necesitamos sacarla fuera, necesitamos buscar una justificación.

Jon: Una dis-culpa.

Joaquina: Entonces llegamos a la conclusión de que hemos sido encarnados porque nuestros padres nos han hecho. La culpa es de nuestros padres, y solemos balancear la culpa más a uno que a otro. Generalmente a uno le disculpamos, que es lo mismo que culparle, pero no lo parece, y al otro le culpamos directamente. A uno le tenemos inquina y a otro un poco menos.

Jon: Claro, pero a nada que miremos nos damos cuenta de que el follón lo estamos organizando nosotros…

Joaquina: Por eso, abrimos otra vez la puerta y decimos: “la culpa, en realidad, es de todos los demás” y lo centramos en los hermanos. Pero es muy paradójico, porque como crees que un padre es más culpable que el otro, al hermano que se parece a ese padre le tenemos crucificado ya totalmente.

Jon: Y los hermanos son como las parejas ¿no? Vale, y para librarnos de todo este batiburrillo ¿qué tenemos que hacer?

Joaquina: Lo primero es ir a la parte superior del cuadro, al Amor, y ver en qué fallamos en el Amor. Ver cuál es la partícula de nuestro amor que falla. Pero no hacia los demás, sino hacia nosotros mismos. Imagínate que donde fallas al Amor es “X”. Luego, con mucha tranquilidad dices que lo has aprendido de tus padres. Y les echas la culpa. Pero, en realidad, la culpa de todo esto la tiene este hermano, o esta pareja, o este amigo, o el gobierno… Trabaja en el Amor, ahí es donde está la solución. Me separo del Amor porque sentía que no era querido, no era completo, que alguien no te dio la sonrisa, no te dio la delgadez, la inteligencia, la dulzura… cualquier cosa por la que le reclamas a Dios no haberte hecho perfecto.

Jon: Así es ¿Por qué no puso la dosis de perfección en todos? ¿Por qué puso un trocito a cada uno?

Joaquina: Todo eso es lo que va construyendo la culpa y tenemos que quitarla de los tres planos, para lo cual simplemente nos tenemos que quedar en el Amor. El ejercicio es darnos cuenta de que toda la historia que tenemos con la culpa, en realidad es por no sentirnos plenos.

Jon: Por no serlo y por no ver a los demás que lo sean ¿no?

Joaquina: Piensa en los cuatro planos: El físico, el emotivo, el racional y el experiencial. La primera revisión es preguntarte en qué no te sientes pleno con tu cuerpo físico. Una palabra. Luego en qué no te sientes pleno en tu cuerpo emotivo. En qué no te sientes pleno en tu cuerpo racional, y en qué no te sientes pleno cuando te experimentas o te expresas. La primera parte tiene que ver con el “hacer” Te empiezas a dar cuenta de que hay personas que tienen una capacidad para hacer cosas, que les resulta fácil, y a otras personas les resulta más difícil.

Jon: Esta parte del hacer deberíamos considerarla en el plano del cuerpo.

Joaquina: También nos damos cuenta de que hay personas que tienen una capacidad innata de tener una economía rica. También en ese plano está todo lo que tiene que ver con la economía. Por último, vemos la complexión corporal: si somos altos, bajos, rubios o morenos.

Jon: Esta sería la primera parte de la culpa. Culpamos a personas que tiene facilidad para hacer cosas. No es mi caso, yo tengo una habilidad manual bastante desarrollada.

Joaquina: Sí, he visto tus maquetas. Luego está la fuerza, cuando somos pequeños, que de mayores es el dinero. Y esto empieza cuando somos pequeños y nos comparan con otros hermanos: eres más o menos fuerte, hábil, guapo… En ese momento miras a tus padres, ves el que es como tu hermano que hace bien las cosas, y le señalas culpándole de haber pasado algo a tu hermano y a ti no. Por último, en el plano físico, está la configuración corporal. Cuando tu cuerpo físico no funciona en una de estas tres cosas, mira a ver a quién culpas.

Jon: Pes seguro que si lo que no te gusta de tu cuerpo lo tiene uno de tus padres. A ése es al que culpamos de haberlo transmitido genéticamente.

Joaquina: Cuando hablamos de emociones, está la capacidad de mantener los sentidos despiertos. Tenemos que darnos cuenta de que, a veces, venimos con lesiones o dificultades, necesidad de gafas, sentido del oído mal… En segundo lugar, en este plano está la aceptación de las emociones, si las nuestras son o no más entendidas o reconocidas que las de otros. Por último, cómo se reparte el afecto en la familia: cómo tratas a uno o al otro.

Jon: ¿Podemos decir que en el plano físico es cómo hemos sido reconocidos y en el plano emotivo se refleja cómo hemos sido aceptados?

Joaquina: Así es. En el primero están los comportamientos, y en el segundo la marca personal. Muchísimos de nosotros no perdonamos que no tenemos el carisma de uno de nuestros padres. La realidad es que muchos de nosotros hemos perdido el carisma por compararnos con algo que nunca podríamos llegar a ser. Como adultos que somos debemos analizar si culpamos a los demás de comportamientos que hemos aprendido, o nos sentimos bajos de carisma y vemos que alguien de la familia lo tienen y nosotros no.

Jon: Me imagino que cuando hablas de carisma te refieres a la cualidad de conectar con la gente, de hacer rápidamente un montón de amigos, de relacionarse muy bien… Yo con mi timidez me costaba la vida hacer amigos y mi hermano tenía a patadas.

Joaquina: Pues el sentimiento de culpa con el carisma anula nuestro prestigio personal, con los celos, la comparación, ese estado continuo de estar mirándonos en las caras de los demás. Entrando ya en el plano racional el dilema está en el concepto de inteligencia que tenemos unos y otros. Si tenemos problemas de aprendizaje vamos a pensar que le han dado la inteligencia a uno y a otro no. Y hay tres niveles: listo, inteligente y sabio. Hay una gran diferencia entre ser listillo y ser inteligente. El concepto de sabio es interesante. Normalmente los chicos no se suelen liar con las tonterías con las que se lían las niñas. Las mujeres, en general, tenemos cosas muy buenas que nos cuesta mucho aplicarlas, que es aplicar lo que somos, y no estar todo el día revolviendo con lo que es otro. Los hombres suelen ser más prácticos y aplicar más lo que son. El hombre tiene más capacidad de ser más ligero en su razonamiento y no estar enredando en cosas como nosotras. Nuestra sabiduría se queda bastante limitada por esa necesidad de retorcer lo que no es posible retorcer más.

Jon: Ahí es donde echamos la culpa al padre más inteligente, y creemos que no nos ha pasado el virus de la inteligencia.

Joaquina: El último plano es el expresivo. Este campo tiene que ver con tres niveles de expresión: La expresión de acciones, la expresión de decisiones, y la expresión comunicativa.

Jon: ¿Es lo mismo hacer que actuar?

Joaquina: No, esto no es hacer, es tener un proyecto y actuar sobre él, tomar decisiones de gran contenido y la capacidad de comunicar lo que se piensa, de decirlo sin problemas. En el plano racional está la capacidad de aprendizaje y en este la capacidad de cambio.

Jon: ¿Para qué hacemos todo esto?

Joaquina: Para ser muy conscientes de que la culpa está soterrada en estas variables a las que hemos dado cuatrocientas vueltas para enredar y pensar que el Padre no nos ha dado las cosas que nos merecemos. Y tenemos que descubrir en qué lado de todos estos enredamos. De verdad, de verdad, enredamos en una sola cosa, las demás son aleatorias. La mayoría de la gente que yo trato enreda en la soberbia de querer ser inteligente pero no querer hacer el esfuerzo de la inteligencia. La inteligencia es la reflexión, es el estudio, es el análisis, es ir más allá de lo obvio, son muchísimas cosas. Pero la persona prefiere estar en las emociones que meterse en el mundo del análisis, y cuando ven a una persona que aplica, que tiene resultados más rápidos, aparece el desprecio personal. Estos dos campos son los más duros con los que me encuentro y en los que más e culpa a los padres por no haber hecho una transmisión de inteligencia, y de no haber dado el concepto de la seguridad personal, del poder expresarse, etc. ¿Cuál de los cuatro campos está destrozando tu vida?

176 Los luminares

Un luminar es alguien que sirve de ejemplo, encarnando lo mejor que se puede lograr. Nuestra madre nos da el primer modelo concreto del instructivo cuidado de uno mismo que significa la Luna, nuestro primer ejemplo de lo que es posible lograr. Pero la Luna, el luminar que nos enseña a cuidar de nosotros mismos de acuerdo con nuestras propias y peculiares necesidades, está en última instancia dentro de nosotros, y puede enseñarnos –si nuestra experiencia inicial no fue “suficientemente buena”- a sanar nuestras heridas, de modo que finalmente podamos confiar en la vida.

Hay algo dentro de nosotros que lucha contra la total dependencia y la fusión de la infancia, y que nos va guiando por el camino largo y espinoso que nos lleva a convertirnos en seres independientes con poder sobre nuestra vida. Pero la autonomía y la autenticidad son solitarias.

El Sol y la Luna simbolizan dos procesos psicológicos básicos, pero muy diferentes, que actúan dentro de todos nosotros. La luz lunar que nos seduce para hacernos volver a una fusión regresiva con la madre es también la luz que nos enseña a relacionarnos, a cuidar de nosotros mismos y de los demás, a pertenecer, a sentir compasión. La luz solar que nos conduce a la ansiedad, el peligro y la soledad es también la luz que nos instruye sobre nuestra divinidad oculta y sobre nuestro derecho a ser orgullosos cocreadores del universo de Dios. Encontrar el equilibrio viable entre estas dos luces, una conjunción alquímica que rinda honor a ambas, es el trabajo de toda una vida. La diferenciación del yo a partir de la fusión con el mundo de la madre, de la naturaleza y de lo colectivo nos permite alcanzar la razón, la voluntad, el poder y la capacidad de elegir.

El ciclo lunar, perpetuamente cambiante y sin embargo constante, ha servido para cristalizar a su alrededor un conjunto de mitos muy característico. Es muy frecuente que las deidades lunares, que son habitualmente femeninas, aparezcan formando tríadas, o con tres aspectos que reflejan las tres fases diferentes de la Luna: la nueva, la llena y la creciente.  Si jugamos con las imágenes que evocan estas tres fases, podremos ver cómo la Luna nueva, la traicionera Luna negra, estaba asociada con la muerte, la gestación, la hechicería, y con la diosa griega Hécate, que presidía los nacimientos y la magia negra.

Después de su oscurecimiento, aparece la Luna creciente, delicada, virginal y prometedora, con su apariencia de estar preparada para dejarse fecundar por algo. Tiene la forma de un tazón, abierto a aquello que pueda penetrarlo desde fuera. La Luna creciente se vinculaba con la diosa virgen Perséfone, que fue secuestrada por Hades. La Luna llena, en contraste, tiene cierto aire de embarazada; es redonda y jugosa, lozana y madura, y podría dar a luz en cualquier momento. Es la Luna en su máximo poder, la cúspide del ciclo lunar, y estaba asociada con Deméter, la diosa de la fertilidad, la madre de todas las cosas vivientes.

Después la Luna comienza a menguar, adelgazando y oscureciéndose, hasta que de pronto deja de estar ahí. Hécate, la vieja bruja, recupera una vez más el poder; oculta en el mundo subterráneo, urde hechizos y va devanando el futuro desde la oscuridad.

Las deidades lunares presidían el ciclo anual de la vegetación, y también el ciclo humano de nacimiento y muerte. Así, en el mito, la Lunas rige el ámbito orgánico del cuerpo y los instintos, y por eso estas deidades son generalmente femeninas: porque del cuerpo femenino nacemos todos, de él recibimos nuestro primer alimento. Vista a través de la Luna, la vida no es constante ni eterna. Todo está en un estado de fluencia, atado a la rueda de la Fortuna y del Tiempo.

Las personas con la visión a través de la lente lunar ven la seguridad, la firmeza y el calor del contacto humano mucho más relevante que cualquier búsqueda abstracta de significado, porque la vida está tan llena de fluencia que es preciso hacerle frente día a día. Estas personas están especialmente dotadas para mantener los pies en la tierra y tratar con sus circunstancias y con los demás de una manera sensata, tranquilizadora y compasiva. El problema estaría en quedarse atascado ahí y no poder mirar sus circunstancias personales inmediatas.

GEA y DEMÉTER son antiquísimas diosas de la tierra, pero Gea es la mayor. Deméter es una versión más tardía y humanizada de la misma figura. La diosa de la tierra, o la tierra madre, es en realidad una imagen del principio de animación de la naturaleza, de la fuerza vital inteligente y determinada que late en el seno del universo material, y se la ha asociado desde tiempos remotísimos con la Luna. La madre tierra es, pues, un retrato mítico de nuestra experiencia de la vida corporal, que está más allá de nuestro control.

Como el cuerpo se autogobierna –no tenemos que preocuparnos por respirar, ni cuidarnos de si nos lata el corazón, ni pensar en digerir la comida -, a la mentalidad primitiva le parecía que era algo mágico. Y lo sigue siendo, porque, aunque ahora tengamos considerables conocimientos sobre cómo funcionan los diversos órganos, no estamos en modo alguno más cerca que hace seis mil años de comprender realmente la naturaleza del principio vital que nos anima. Eso sigue siendo un gran misterio. La complejidad y la inteligencia del cuerpo son extraordinarias.

A Gea y Deméter se las pinta en el mito como creadoras de los recipientes (cuerpos) necesarios para la continuidad física del mundo y les infunden vida. En el Antiguo Testamento es Eva, la primera mujer, cuyo nombre en hebreo significa “vida”. 

Deméter se representaba como una bella mujer de cabello dorado y vestida con una túnica azul, o como una matrona sentada. Se la veneraba como a una diosa madre, concretamente como madre de las cosechas y de la doncella Perséfone. La historia de Deméter y de Perséfone se centra en la respuesta de Deméter al rapto de Perséfone por el hermano de aquélla, Hades, dios del mundo subterráneo.

Como arquetipo es de la madre. Representa el instinto maternal, realizado a través del embarazo o mediante el suministro de alimente físico, psicológico o espiritual a los demás. Este poderoso arquetipo puede dictar el curso que tome la vida de una mujer, tener un impacto significativo sobre las demás personas de su vida o predisponerla hacia la depresión si lo rechaza o se frustra su necesidad de nutrir.

Ser madre es el rol más importante de su vida. Este arquetipo motiva a las mujeres a nutrir a los demás, a ser generosa y a dar, y a encontrar, satisfacción como cuidadoras y proveedoras. Abrazan profesiones de entrega y ayuda a los demás. Algunas proporcionan de manera natural alimentos tangibles y cuidados físicos, otras ofrecen apoyo emocional y psicológico, mientras que otras dan alimento espiritual. Alimentar a los demás constituye otra satisfacción. Le agrada preparar grandes comidas para la familia e invitados.

La persistencia maternal es otro de los atributos de Deméter. Tales madres se niegan a ceder cuando está en juego el bienestar de sus hijos. La obstinación, paciencia y perseverancia son cualidades de Deméter. Cuando el arquetipo de Deméter constituye una fuerza poderosa, y una mujer no puede realizarlo, más que encolerizarse o dirigirse de manera activa contra las personas a las que considera responsables, ella tiende a hundirse en la depresión. Se aflige y siente su vida carente de sentido y vacía.

El aspecto destructivo de Deméter se expresa reteniendo lo que otros necesitan. Con el recién nacido retiene el contacto físico y emocional, así como el alimento que necesita. Están gravemente deprimidas y presentan síntomas de hostilidad. Retener la aprobación, tan necesaria para la autoestima de un niño, también está conectado con la depresión. Ella vive la autonomía de un hijo como una pérdida emocional propia. Se siente menos necesitada y rechazada, y como resultado puede estar deprimida y enfadada.

En sus relaciones es nutridora y protectora, útil y generosa. Proporciona todo lo que se necesita. Los demás la describen como alguien que tiene los pies en la tierra, puesto que va haciendo lo que debe hacerse con una mezcla de calidez y de sentido práctico. Suele ser generosa, directa, altruista y leal a personas y principios, hasta el punto de que algunos pueden considerarla obstinada. Posee fuertes convicciones y es difícil hacerle cambiar de opinión.

De los hombres lo más común es que piensen que son como niños y posiblemente serán inmaduros e irresponsables, egoístas y desconsiderados. Su falta de consideración suele herirla y enfadarla, pero si en esas ocasiones él le dice que ella es la única persona de su vida que realmente se preocupa de él, todo es olvidado de nuevo.

Son capaces de ser unas madres estupendas o terribles, pero en cualquier caso absorbentes. Cuando sus hijos adultos le manifiestan resentimiento, se siente profundamente herida y confusa. Sólo es consciente de sus intenciones positivas, no de los elementos negativos que envenenaron su relación con ellos.

Sus años de la mitad de la vida son absolutamente cruciales, aunque ella puede no ser consciente de la importancia de organizar su propia vida para los años venideros. Sus hijos están creciendo, y a cada paso que dan para su independencia se pone a prueba su capacidad para renunciar a la dependencia que tienen de ella.

Durante los últimos años de su vida suelen entrar en una de estas dos categorías: Las que encuentran esta etapa muy gratificante. Son mujeres activas, ocupadas, que han aprendido de la vida y que son apreciadas por los demás por su sabiduría práctica y por su generosidad. Habrán aprendido a actuar de modo que las personas no se aten a ellas o se aprovechen. Tales mujeres han fortalecido su independencia y el respeto mutuo. Los hijos, nietos, clientes, estudiantes o pacientes, que abarcan varias generaciones, pueden quererlas y respetarlas.

El destino opuesto le sobreviene a la mujer Deméter que se considera a sí misma como una víctima. En estos últimos años se identificará con la Deméter atormentada, traicionada y colérica que se sentó en su templo sin permitir que creciera nada. Se dedicará a envejecer y amargarse cada vez más.

A lo largo de su vida debe aprender a expresar su cólera y salir de la depresión. Debe aprender a decir no cuando alguien requiere su atención o su ayuda y no dejar de reservarse un tiempo para ella misma. Al final el instinto de nutrir puede agotar a una mujer que se encuentra en una profesión asistencial y puede llegar a “quemarse” y a que se manifiesten síntomas de fatiga y apatía.

El cansancio, los dolores de cabeza y menstruales, los síntomas de úlcera, la subida de presión sanguínea y los dolores de espalda son corrientes en estas mujeres que no saben decir no, o expresar su enfado por excesivo trabajo. También constituyen expresiones de una pequeña depresión crónica, ella no puede protestar eficazmente, reprime su enfado y está resentida contra la situación producida por el proceder de Deméter.

Sanación de Démeter:

  • Preocuparse de su pareja como tal, no actuar como mujer protectora o madre.
  • Esforzarse por salir con su marido sin hijos.
  • Ser más femenina y sexy. Vivir sus encantos y un mundo intimista.
  • Respetar los ritmos de los demás y no organizarles su tiempo.
  • Dejar de controlarlo todo y estar convencida de que ella sabe más y mejor que nadie.
  • Aprender a expresar sus estados emocionales más primarios y no reprimirlos lo que la lleva a la depresión.
  • Reconocer sus estados defensivos e irritables contra las personas que ama.
  • Interiorizar en si desde si misma y no desde los otros.
  • Aprender a decir no para no sentirse martirizada.
  • Aprender a cuidarse a si misma, comer y vivir lo mejor sabiendo que se lo merece y participar de todo junto a su familia. Alejarse de los comportamientos de “criada”.
  • Buscar tiempo para actividades en solitario.
  • No hablar de sus hijos con otras personas. Ni los aspectos positivos o menos favorables.
  • Debe retornar al arquetipo que tenía en la juventud y transcender también desde él.
  • Dejar vivir y permitir la autoafirmación de los que la rodean.

Deméter puede emerger de un período de sufrimiento con una mayor sabiduría y comprensión espiritual. Una mujer así aprende que le es posible vivir superando cualquier hecho que le suceda.

¡FELIZ DÍA A TODAS LAS MADRES!

(Rompiendo el modelo diálogo en un especial reconocimiento a todas las madres, este texto proviene de dos fuentes: “Los luminares” seminarios de astrología psicológica de Liz Green y Howard Sasportas; y de “Las diosas de cada mujer” de Jean Shinoda Bolen)

175 Negociación y temperamentos (II)

Joaquina: sería muy interesante que te dieras cuenta de cómo es la voz del colérico. Su voz es metálica. La del sanguíneo es más suave. El colérico genera tensión y el sanguíneo la suaviza. En la negociación, los de enfrente piensan que al sanguíneo le van a ganar, porque él no tiene el poder. El poder está en el colérico y en el melancólico. Al sanguíneo y al flemático, como no tienen el poder no les pueden ganar. Lo que no puede saber tu contrario es que el sanguíneo y el flemático están anulados para tomar decisiones.

Jon: Entonces, cuando vas a una negociación ¿tienes que tener destruida totalmente la capacidad de decidir en el sanguíneo y en el flemático?

Joaquina: Sí. El flemático va a decidir demasiado rápido para quitarse de en medio el problema. Y al sanguíneo lo que menos le interesa es si gana o no gana, lo que le interesa es pasárselo bien. Y entonces va a ceder los millones que sean si el otro le cae bien. Sin embargo, para el colérico el colega está después del resultado.

Jon: ¿Y el melancólico?

Joaquina: El melancólico jamás va a hipotecar una negociación ni por relaciones ni por nada, porque él lo que quiere es la realidad, la va a defender, va a defender lo que es. Lo que es bueno es que ellos cuatro hagan una estrategia. No es que decidan por si mismos, sino que acaban y se reúnen. Él sanguíneo dice quién es el más agradable, el flemático hace el resumen, el melancólico dice lo mejor y lo peor, y el colérico dice: “nos estamos yendo, tenemos que cortarles la cabeza ya, esta negociación hay que acabarla…”

Jon: ¿Y cuando estás solo ante el peligro?

Joaquina: Piensa que eres los cuatro. Ten claro que en una negociación el foco está en la tarea, comunicación concreta, qué quiero decir, ni una palabra más. La negociación es para personas, ¿quien tiene que conciliar? Tu parte amable. La que sabe que la relación no es para ahora, porque debes hacer relaciones de largo recorrido. No intentes ganar pronto, gana relaciones. Las relaciones son lo importante. Y el sanguíneo lo sabe. Y le dice a tu colérico “es muy bueno que ganemos 15 millones, pero si eso nos va a llevar a no tener relaciones humanas ¿nos merece la pena?” El colérico dice que si, pero el sanguíneo dice que no.  Es muy difícil que en una negociación un sanguíneo sano se enfade con la gente. Su voz va a ser deliciosa, va a ser muy crítico, pero va a llegar a casa y va a varear a la mujer, la va a gritar, etc. pero en la negociación no. El sanguíneo se va a relajar tomando cuatro copas después o gritando a la parienta, porque los sanguíneos en casa son tela, pero fuera no. Fuera tu sanguíneo siempre va a conciliar.

Jon: Vamos a negociar con la pareja, con los amigos, con todo, teniendo todo esto dentro. Y me planteo: ¿Cómo lo tengo distribuido para la negociación? ¿Cuán lejos tengo al colérico? ¿Cuán lejos tengo al melancólico? ¿cuán lejos tengo al flemático? Así sabré cómo los tengo que sacar.

Joaquina: El melancólico y el colérico igual hacen una negociación solos. Y no ha salido el sanguíneo, porque no has pensado que se necesitas. Melancólico y colérico haciendo una negociación se rompe la relación, no es para largo recorrido. Sanguíneo y flemático no llegan nunca a hacer la negociación, o la negociación no sabemos para quien vale. Sería muy bueno que vieses que estas cuatro partes son un equipo de alto rendimiento, que es cómo acudir con la competencia práctica, la competencia psíquica, la competencia intelectual y la competencia verbal. Y luego juntas haces la integración que es la competencia social, que es lo mejor para nuestra sociedad y para nuestro equipo.

Jon: Mi amigo Pablo es de libro: Empieza con el sanguíneo, y coloca inmediatamente al melancólico que es el que sabe lo que vale y lo que no vale. Tiene una capacidad de meter al melancólico con el sanguíneo que yo he visto en muy poca gente. Del melancólico saca el analítico, el que le hace ver lo positivo y lo negativo a la vez, ahí puesto. Y luego el flemático, que tiene una paciencia ilimitada. Nunca le vi sacar el colérico, y que estoy seguro de que lo saca. Pero empieza con el sanguíneo, empieza cuidando la relación profundamente. No pierde el foco de lo que quiere, pero cuida la relación.

Joaquina: Ahora te pido que hagas una reflexión de cómo piensas que tienes tu sistema para negociar cualquier cosa. Esto es lo que te permite tener pareja, tener negocios de éxito… Ser capaces de tener buenas relaciones, mantener criterios de largo recorrido. Esto está dentro de nosotros siempre. Debes conocer estas cuatro posiciones para poder manejarlas en la negociación. Ver cuál es tu preferente y ver qué tienes que hacer con él para mantener la negociación.

El cuadro del equipo de alto rendimiento en la negociación es el siguiente:

174 Negociación y temperamentos

Estamos en un mercadillo de Tailandia. Observo unos cubiertos de madera y pregunto el precio. Inmediatamente Joaquina se adelanta, y sin perder un segundo su cálida sonrisa, empieza a negociar con la mujer que las vende. Cuando consigue el precio que quiere, me entrega los objetos, se vuelve y le da a la mujer 4 veces más de lo acordado. El placer de negociar se me escapa, yo habría pagado el dólar inicial y me habría ahorrado el tira y afloja.

Joaquina: Casi todas las personas pensamos que negociar tiene que ver con los negocios y no tiene que ver con vivir. Y la negociación es vida. Sólo aquella persona que sabe negociar llega a tener éxito en su vida personal. Porque negociar es estar permanentemente dispuesto a que la otra parte gane.

Jon: Siendo esto así, ¿qué implica negociar?

Joaquina: Negociar exige 4 cosas importantes: Tener claros los objetivos. Saber que los objetivos tuyos se encuentran con otros cientos de objetivos. Sólo aquel que conoce bien lo que quiere y lo que quiere el otro puede negociar. Por último, para negociar es necesario que movilices tu ser del espacio de confort al espacio de inseguridad.

Jon: A mí lo que me pasa es que negocio fatal pues me crea mucha inseguridad pensar que voy a perder y no conseguir lo que quiero.

Joaquina: Toda negociación va a generar un espacio de inseguridad. Ya sea una negociación fácil, una negociación difícil. Las negociaciones más duras que yo vivo, las que más trabajo me cuesta enseñar son las rupturas de pareja, sobre todo cuando hay hijos. Son en las que más sufro, en las que más daño colateral existe y por lo que me dedicaría a negociar todos los días de mi vida. Pero hay 4 imponderables, que se llaman ser colérico, sanguíneo, flemático o melancólico. Y estos imponderables están en una negociación nos guste o no.

Jon: Esos son los temperamentos.

Joaquina: Nosotros tenemos 5 competencias. La competencia práctica que nos permite hacer cosas. La competencia psíquica que nos permite relacionarnos con la persona que vamos a negociar. La competencia intelectual que nos permite hablar con el otro en un argot que podamos ser entendidos. La verbal que nos hace tener palabras de una elocuencia casi imparable. Por supuesto, la social que nos hace buscar colaboraciones.

Jon: ¿Qué pesa más en la negociación, la competencia o el temperamento?

Joaquina: Nuestro temperamento preferente va a marcar un antes y un después en la negociación. Y solamente conociendo nuestro temperamento vamos a poder tener éxito en una negociación. Porque un colérico no va a ceder sus intereses a nadie. Lo puede hacer mejor o peor, más amable o menos amable, pero no va a ceder sus intereses. Porque el colérico, por encima de todo está él, está la tarea y sus resultados. Un sanguíneo no va a ceder jamás la relación. Lo importante va a ser relacionarse con el otro, llevarse bien, hacer networking, colaborar, poder llegar a aproximaciones. Para un flemático la negociación es una muerte, “qué horror, y ahora tener que hablar otra vez, que fatal, no me ha dicho que si a la primera, esto no hay quien lo soporte” El flemático puede destruir la negociación porque no soporta el cansancio que le representa negociar. Pero, para un melancólico, la negociación es su vida, analiza, discute, se va, vuelve, ve lo malo, lo bueno, y puede estar negociando toda su vida.

Jon: Sí, todavía me acuerdo de aquel mercadillo de Tailandia ¿Quiénes son los que van a ir felices a negociar?

Joaquina: Los coléricos. Por lo tanto, son los que empiezan las negociaciones. El colérico está enfocado a la tarea, a presentar el objetivo. Al colérico le enseñamos que va a presentar el objetivo, no va a discutir, simplemente lo va a presentar. Son asépticos porque lo importante es la tarea, y estará pensando ya en el resultado que quieren. Por lo tanto, va a ir con foco. Y esto es lo que es vital, van a ir con foco.

Jon: Es decir, el primer paso de un equipo de alto rendimiento con la negociación es tener claro el objetivo y no perder el foco de lo que se quiere. ¿Cuál es el riesgo de un colérico?

Joaquina: Que se va a enfadar. Entonces le tenemos que decir rápidamente que llegue hasta un cierto punto. 

Jon: ¿Cuál es el segundo paso que hay que tener en cuenta en una negociación?

Joaquina: Las personas ¿Con quién voy a negociar? Lo primero es qué voy a negociar y después las personas. Aparecen las personas, que es con quien, dónde, cómo, los tiempos… Para mí, las negociaciones son una estrategia de tiempo. No te puedes imaginar el disfrute que yo puedo llegar a tener. La negociación requiere por encima de todo preparación.

Jon: ¿A quién vamos a mandar en el segundo término?

Joaquina: Al sanguíneo. Al sanguíneo nunca le vamos a hacer que presente el objetivo porque, si lo presenta, va a ser: “¿por qué no nos salimos a tomar unas copas que está muy rico?” y no se acuerda del objetivo. El sanguíneo lo que hace es empatizar.

Jon: Entonces yo, como flemático, mejor que no negocie…

Joaquina: El flemático tiene la paciencia de escuchar, de ver todo, de ver todas las partes, de ver lo que necesita cada uno, ver lo que pasó, quedarse quieto. Además, relacionarse muy bien con ello, es decir, relacionarse bien con la persona. El flemático no está ni a las tareas ni a las personas, va a estar a que pase todo. Entonces es el que se va a sentar un poco más lejos porque en realidad él va a hablar poco, pero va a dar mucha información a sus compañeros, de lo que ha pasado. Lo que debes hacer es no intervenir mucho, pero ocúpate de generar un clima maravilloso.

Jon: ¿Quién va a ser el que va a unir todas estas piezas?

Joaquina: El melancólico.

Jon: ¿Pero es el que la va a cerrar?

Joaquina: No. El que cierra es el colérico. Volvemos a la tarea, volvemos al ciclo. El ciclo es: el melancólico tiene todo, tiene las tareas, lo analiza todo, lo negocia por todos los sitios, ve lo positivo, lo negativo, etc. Pero cuando hay que cerrar el trato vamos a mandar al colérico. Se cierra el ciclo. Y si en el paso 1 se rompe la negociación, entonces cogemos al sanguíneo, para volver al flemático, luego al melancólico y volver al colérico. Si se vuelve a estropear este es el ciclo.

Jon: ¿Y si es una negociación donde estoy solo?

Joaquina: Pues deberías saber utilizar todos los temperamentos. Cuesta, porque lógicamente a un melancólico, sacar al sanguíneo le cuesta la vida. El melancólico está a la contra del sanguíneo y viceversa, y el colérico del flemático. Colérico y flemático no pueden estar juntos, no pueden ir nunca a la reunión juntos. Por ejemplo, yo como melancólica no tengo la capacidad de ser sanguínea. Irme ahora a tomar unas copas para convencerte no es mi historia, pero si tengo la capacidad de relacionarme con un colérico, estoy muy cómoda. En la mesa con el sanguíneo estoy muy incómoda. Colérico y sanguíneo están siempre muy felices, porque el colérico sabe que el sanguíneo le va a dar mercado, le va a llevar clientes, y como el colérico es tan interesado, esta relación le encanta, querría tener siempre un sanguíneo en la maleta. Un sanguíneo sano. El melancólico tiene como maravilla que integra, que recuerda el foco, y lo que es más importante, hace el diario de lo que ha pasado durante todo el camino, un diario que no cambia, fidedigno, claro, concreto. Y lo que hace después es decirte “aquí pasó esto y debería haber pasado esto otro”

Jon: Sintetizando:

  • Colérico: presenta el foco
  • Sanguíneo: confraterniza, hace mucho networking
  • Flemático: hace una especie de resumen, genera clima, trae para tomar algo, etc.
  • Melancólico: hace el registro de todo, pero con ese grado de hay que ponerse a la tarea, para que si entra el colérico después no haya problema.

Joaquina: El colérico habla solo el primer día. El segundo día el sanguíneo ya quedó con todos, llama y está pendiente, llega a acuerdos, les dejó la tarjeta, al salir ya les estaba contando algo. Lo que hace el sanguíneo es que no se rompa la negociación. El sanguíneo en una negociación de 15 millones de euros es mágico, porque este tipo de negociaciones se hacen normalmente por amistad. Y el colérico ve los 15 millones para él, y las operaciones que puede hacer con ellos. Y el que está en frente dice: “que señor más basto, qué burdo. Mientras que el sanguíneo dice: “Pudiéndonoslo pasar rico con 15 millones, hay que disfrutar, ya llegarán los 15 millones” En lugar de en euros está pensando en cómo se lo va a pasar. El flemático, lo que hace en la siguiente reunión no es analizar, sino resumir lo que ha pasado, cómo ha sido, sin analizar la situación. Y cuando llega el melancólico saca los puntos de conflicto y los puntos de aproximación para tener preparado cómo hacer toda la batería de trabajo. Y para cerrar el contrato es feliz el colérico firmando. Igual hay que enseñarle a que no son los 15 sino que son 12, pero que sigue siendo interesantísimo.