44 Visión y Misión

Llego a la oficina después de haber estado toda la mañana haciendo formación en una gran empresa. Trabajé el tema de la diferencia que existía entre la misión y visión que vienen escritas en su página web (como en la de casi todas las empresas), y la diferencia con la realidad que viven en el día a día.

Jon: He estado trabajando la visión y misión con una empresa, ¿qué piensas tú del tema?

Joaquina: Mi petición al mundo es que sepan defender su visión y que tengan clara su misión. Misión une dos cosas: la misión que tienes (lo que quieres en la vida), y el proceso para conseguirlo. Visión son los valores que tenemos y Misión son las creencias para poder llegar a cumplir nuestra visión. Si en la visión tengo mis ideales puestos no me la puede cambiar nadie y si en la misión tengo mis creencias aquí es donde puedo trabajar con los demás. Cuando hablo de ideales me refiero a la visión que tengo del mundo, y cuando hablo de misión, de las creencias para poder llevarlo a término.

Jon: Decía Bertolt Brecht: “hay hombres que luchan un día y son buenos, hay otros que luchan un año y son mejores, hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay los que luchan toda la vida estos son los imprescindibles”.

Joaquina: No vamos a luchar nada si no tenemos una visión, si no sabemos hacia donde vamos. La visión centra nuestros ideales.

Jon: ¿Puedes ponerme un ejemplo?

Joaquina: Tú, por ejemplo, tu visión es que la inteligencia es lo único que puede cambiar el mundo y que hay que matar las emociones y todo aquello que es sensible. Eres el guerrero de la inteligencia sin condicionantes.

Jon: Tampoco te pases, pero vale, un poco así sí es.

Joaquina: Por otro lado tienes la creencia de que las emociones anulan la inteligencia. Entonces, cuando viene una emoción la avasallas y la pisoteas y dices “aquí no entras, aquí solo está la inteligencia”, y eso haces con toda la gente que es emocional. En medio de estos dos polos tienes: “no hay que aprender de nadie porque todo lo sé yo”.

Jon: Sí, es cierto que pienso que las emociones no cambian el mundo, pero la inteligencia sí lo cambia.

Joaquina: Claro, y por eso quieres anular las emociones en el mundo, y para no emocionarte lo que haces es no relacionarte con personas, y ahí surge tu contravalor: “Si estoy solo, y yo solo sé, no pasará nada”. La misión siempre es cómo tienes la visión y cómo tienes el contra valor.

Jon: Si digo sí a la inteligencia, digo no a aprender de los demás, y niego las emociones, ¿como construyo entonces mi visión?.

Joaquina: Todo esto te lleva a ir construyendo tu visión, que es lo que ves, y tu misión, como cumples lo que ves. No existen creencias limitadoras en la misión, son el resultado de las creencias limitadoras de la visión.

Jon. Es decir, que mi Visión de la vida es que el mundo sólo necesita la inteligencia para el cambio. Mi contravalor es que no necesito a nadie para aprender, y mi creencia limitadora es que las emociones no sirven para cambiar el mundo.

Joaquina: ¿Cómo te sientes cuando tienes emociones?.

Jon: Poco inteligente.

Joaquina: ¿Quién te dijo que eras torpe?.

Jon: Uno de mis padres cuando expresé una emoción.

Joaquina: Nunca en la vida perderías tu capacidad si alguien no te hubiera dicho en la misión que eso no es correcto. Y nunca hubieras caído en la baja autoestima, lo cual quiere decir que aquí está tu visión, y en la creencia limitadora tu misión, que se cumple con tu familia, la cual no coincide contigo. La creencia limitadora siempre es una castración familiar: alguien nos dijo: “no vales, no puedes”, y para no llegar a ese punto generas el contra valor.

Jon: Eso quiere decir que desde que nacemos nos van limitando nuestras posibilidades.

Joaquina: Nacemos en un mundo de macro posibilidades que vamos consumiendo y tenemos un eje central, que es la llamada que llevamos interiormente, y que va haciendo que situaciones positivas o negativas nos vayan metiendo en el embudo. Pero cada una de nuestras situaciones está pidiendo que se cumpla lo que para nosotros es nuestra visión, que hemos tenido desde pequeños, de nosotros mismos. En la medida que vamos cumpliendo años, contra nuestra visión vamos recibiendo golpes duros que son rupturas, ruinas, hijos que nos desobedecen, perdidas de trabajo… la vida nos va metiendo en el embudo. Si llegamos a un punto donde la visión no se ha cumplido viene la crisis vital que siempre nos hace enfermar gravemente (emocionalmente, psicológicamente, a nivel físico) de lo que es nuestra visión.

Jon: ¿Qué tienen que ver las enfermedades con esto?.

Joaquina: Todas las enfermedades son avisos a una llamada para entrar en nuestra visión porque está por encima del mundo, de las parejas, de los padres… Y esta visión está continuamente llamándonos a su cumplimiento, y si no le hacemos caso nos va acorralando e iremos viviendo experiencias cada día más dolorosas que nos piden que salgamos del contravalor. Tú tienes una visión de ti mismo y no haces un plan de recorrido. No hay ninguna persona que no pueda conseguir su visión, como tampoco hay ninguna persona que no tenga un contravalor por miedo a que le dejen de querer.

Jon: ¿Qué nos lleva al contravalor?.

Joaquina: Hay dos cosas: el miedo a que no nos reconozcan y el miedo a que no nos quieran. No decimos “si” o “no” porque no sabemos, sino porque tenemos un problema grave de sentimiento de que no nos van a querer. En la medida que cumples tu misión y penetras en ella, eres mucho más capaz de encontrar tu visión, tu camino de desarrollo.

Jon: Entonces el círculo que cierro es que mi misión no se cumple porque no encuentro la solución , y no la encuentro debido a que estoy en el contravalor. Antes has dicho que ni el contra valor ni el valor se pueden tocar, ¿dónde empiezo a trabajar?.

Joaquina: En el terreno de las creencias, descubriendo la verdadera creencia que hay detrás y que apoya esa creencia. ¿Puedes luchar contra el ideal de que la inteligencia es lo más importante?.

Jon: No.

Joaquina: Entonces no te voy a poder convencer de otra cosa, así que no voy a tocar eso. El valor no lo voy a tocar, solo voy a reconocerlo y a disfrutarlo para afianzarlo. El contra valor solo lo puedo reconocer y aceptar. No se puede tocar ni permitir que nadie lo toque. ¿Cuál era tu creencia?.

Jon: Que, si estoy emocional, soy torpe.

Joaquina: Es evidente que no estoy de acuerdo contigo, pero para trabajar esto no puedo hablar desde el conflicto, sino desde la solución. Lo que tengo que conseguir es que tú trabajes, que razones lo tuyo, no lo que yo pienso. Que trabajes en tu terreno. No estoy de acuerdo con lo que dices pero voy a dar la vida para que lo expreses. Jon, esa conclusión a la que has llegado es buenísima. Seguramente has decidido no combatir con las cosas que no podías y en tu camino de búsqueda te has dado cuenta que las emociones no son tu camino. Quiero que me cuentes cómo has llegado a esa conclusión porque para mi es importantísima.

Jon: Ahora es cuando te lo cuento.

Joaquina: No hace falta. Solo quería mostrarte como se hace. Este es el camino: Todo aquello que tenemos cerca y que creemos que es diferente hay que escucharlo hasta el final. No has llegado ahí porque decidiste no combatir contra la gente que decía que las emociones son malas, sino porque en tu camino de búsqueda has encontrado esa solución. Has llegado ahí porque necesitas decir al mundo porqué hay que excluir las emociones. Aunque no esté de acuerdo te voy a escuchar y te daré la opción de que lo digas, ya que tú encontrarás el camino de tu solución, no yo. Llegaste porque te cansaste de combatir contra lo que no podías en tu camino de búsqueda. Y con tus ojos tapados ésta fue la única solución que encontraste, y doy mi vida por llegar a escuchar lo que no haces como yo, y no piensas como yo. Pero no intentaré cambiar tu misión porque lo más que voy a conseguir es perderme el porqué y para qué llegaste ahí.

Jon: Gracias.

Joaquina: En tu camino de lucha has construido una personalidad que es tuya y de nadie más, y está dentro de tu corazón y no la van a poder sacar hagan lo que hagan los demás. Las incoherencias sólo se resuelven escuchándolas. Si el mundo entero escuchara las incoherencias éstas se habrían ido. Existen porque nos gritamos los unos a los otros, porque queremos convencer con nuestras ideas al otro. Yo no quiero convencerte de lo que tienes que hacer, quiero escucharte lo que haces.

El daño que se hace en coaching y otros sitios es que queremos que el otro piense de forma diferente a cómo llegó a sus conclusiones. Tengamos la capacidad y el oído para escuchar lo que no nos gusta, para escuchar un mundo que se contradice, y demos nuestra vida por aquellos que dicen lo contrario de lo que nosotros pensamos. Yo quiero escuchar al que mata para no matar yo, al que miente para no mentir yo, al que flagela al niño para no hacerlo yo jamás, porque si no entiendo al que lo hace, lo haré yo también. Quiero un mundo donde nos escuchemos lo que realmente creemos que no vamos a hacer, porque lo que vamos a elegir es a la persona que hace lo que nosotros creemos que no vamos a hacer y al final acabamos cediendo al lado de la persona que creemos que no va a hacer lo que nosotros no vamos a hacer y convertimos las relaciones en una auténtica basura. Si tuviéramos una visión antes de tener pareja, antes de tener un hijo, si cumpliéramos nuestra misión no habría nadie que estuviera mal.

No intentes tener la razón, todo el mundo tiene una experiencia que necesita ser escuchada y desde ahí aprenderás a decir “si” y a decir “no”, que solo se lo tienes que decir a tu yo interior. Si no escuchas lo que eres, al final se convertirá en un autentico ruido que hará que te sientas infeliz.

43 Firmeza y flexibilidad

Joaquina no es muy de animales (“Estando los seres humanos, ¿para qué voy a prestar atención a los animales?). Sin embargo observamos un gato atigrado. Su elegancia e increíble flexibilidad se transforma en un instante en pura firmeza, pura fuerza.

Jon: Me imagino que ya estás trasladando lo que hace el gato a algún aprendizaje humano.

Joaquina: Firmeza y flexibilidad hablan de tolerancia, tener un grado correcto y equilibrado de tolerancia para poder vivir de acuerdo con nuestros deseos e intenciones. Equilibrio entre ambas, saber medirla en consonancia con lo que queremos vivir. Tolerancia como la capacidad de aceptación y adaptación de las situaciones que están fuera de nosotros y no podemos manejar. Yo soy firme en relación a algo que yo creo y soy flexible en relación a algo que cree otro, aquí hablaríamos de tolerancia.

Jon: Ya me parecía que lo de mirar al gato no era puro entretenimiento… Locke decía en una carta que las leyes tanto en los gobiernos como en las religiones eran un foco de total intolerancia y planteó que ésta, o lo que es igual nuestra rigidez para plantearnos nuestros si o no, partía de ideales que no éramos capaces de compartir con los demás.

Joaquina: Lo que nos plantea es que realmente la falta de firmeza o flexibilidad, o la dificultad para decir si o no, tiene su origen claro y determinante en que las personas ante unos ideales no aceptan otros que no sean los suyos, y planteaba que las religiones y los estados de poder fácticos eran los que imponían ese grado de intolerancia y que había que cuestionarse esos poderes.

Jon: Sí, pero pasando primero por discutir los ideales dentro de nosotros. Por lo tanto el primer punto imprescindible es plantearnos que el principio de decisión primera antes de que haya una discusión exterior es poder comprobar que nuestros ideales son reales.

Joaquina: Yo me planteo la firmeza y la flexibilidad como la capacidad de poder decir sí y no, es decir, cuándo realmente la persona tiene que decir sí, y cuándo tiene que decir no. Tendríamos que decir no a todo aquello que rompe nuestros ideales.

Jon: ¿A qué te refieres concretamente con ideales?

Joaquina: Los ideales son los valores aprendidos por la persona para su desarrollo y crecimiento. Y los contra ideales cuando pones a la persona en medio para no ser abocado a lo que te han enseñado. Es lo que he aprendido que sé que no es bueno pero que lo hago como represalia.

Jon: Entonces valores y contra valores se pelean dentro, pero repercuten fuera, en nuestras relaciones…

Joaquina: Imagínate que uno de tus padres te ha enseñado a cuidar mucho el dinero, y el otro a gastarlo. Y resulta que a ti te es mucho más cómodo gastarlo que guardarlo. Conoces a una persona, a la que su padre le ha enseñado severísimamente que el dinero hay que organizarlo muy bien, y hacéis pareja. Los primero meses serán únicos porque no se atreverá a decirte que no gastes dinero porque os lo pasáis muy bien, y que es en el fondo lo que le apetece pero no se lo permite, y piensa que ya cambiarás. Entonces os casáis y empezáis a caminar y empieza a decirte que tienes que gastar menos, y tú le dices que lo vas a intentar, pero sigues gastando y gastando. ¿En quién se va a convertir? En el padre que te decía que no podías gastar y en la sensación que tenías de mi madre que no la dejaba y entonces se convierte en el enemigo que no me deja vivir, que no me da libertades…. Terminando amargándonos la vida.

Jon: ¿Y entonces no se puede cambiar?. Porque Locke también decía que traemos una información interna que no puede corregirnos nadie de fuera, solo la puede corregir el aprendizaje personal.

 

Joaquina: En las relaciones siempre va a existir el ideal y el contra ideal son dos cosas que en el otro no puede tocar ni cambiar, batallando jamás, consensuando si. Piensa cuál es el contra ideal que tienes en tu vida, aquello que no puedes dejar de hacer pero que sabes que te hace daño y que va contra ti.

Jon: Tú siempre dando puntada con hilo.

Joaquina: Nunca luches por lo que no se puede cambiar. Los ideales de una persona y los contra ideales nunca lo vas a cambiar tu, los tiene que cambiar la persona y solo desde la tolerancia. Es importante saber qué hay detrás del ideal hay un deseo de libertad profundo. Cuanto más rígida sea una madre, más disoluto se puede convertir su hijo. Cuanta más pureza haya en la casa, más perversión puede aparecer. Cuanto más haya de algo más puede haber del otro lado.

Jon: Sí, puedo pensar en parejas donde he estado luchando para cambiar algo y cada día ha ido a peor.

Joaquina: Es la causa de que el 50% de parejas se rompan, por estar luchando por un cambio que no se va a producir nunca , ya que el otro tiene toda la información de su familia. Sería muy bueno que en las relaciones empezásemos diciendo: esto es aquello que te pido, por favor no te metas con ello. Por ejemplo, y hablando en genérico, el contra ideal de la persona femenina es que cree que no puede tener el poder. Por mucho que le digas a una mujer “no te sometas”, tiene un contra ideal que es: “si ejerzo mi poder me deja de querer”.

Jon: Entonces, ¿los contra ideales tienen que ver con las cosas que hacemos?

Joaquina: Los contra ideales o contra valores no tienen nada que ver con hacer cosas, sino con ser cosas. Poe ejemplo: Si piensas que ser feliz es incompatible con trabajar, te tendrás que plantear que nunca lo has hecho: ser feliz trabajando. Ahora va llegando la felicidad, y la destruyes la tuya y la de al lado. Si eso es lo que haces no es una creencia, es un contra valor.

Jon: ¿Cómo lo notas?

Joaquina: Porque llega lo contrario y lo ves, y no vas hacia ello en ningún momento. Eres “no poder”, no es que creas que no tienes poder. Los ideales es: “yo soy”, las creencias es “yo creo que soy”, que es la gran diferencia. Las creencias se permutan y se transforman, los ideales no.

Jon: ¿Algún ejemplo?.

Joaquina: Un ludópata puedes hacer lo que quieras no va a dejar de ser ludópata porque cree que el juego es vida. Un alcohólico cree que el alcohol es él. Un hipocondriaco piensa que la enfermedad está con él, no es que crea que va a enfermar es que está enfermo. Si no conocemos nuestro interior en profundidad y no nos damos cuenta de qué subyace ahí, no avanzamos y forma parte de nuestro temperamento de nuestro ADN. Una y otra vez cometo el mismo error. Si lo trabajas como una creencia nunca lo vas a superar. Necesitas trabajarlo como un ideal que has adquirido para no avanzar en tu vida.

Jon: ¿Qué se necesita para trabajarlo?.

Joaquina: Lo primero que necesitas tener es voluntad y lo segundo es la capacidad de la tolerancia. La capacidad de decirte sí y no, es la capacidad de dar el paso hacia delante sabiendo hacia donde lo das. Para ello es imprescindible conocerte. “Yo no puedo ser delicado, porque si lo soy no existo”, es una persona que se va destruyendo a sí mismo. Pero le digas lo que le digas, si ese es su contra valor, lo va a seguir utilizando hasta que no entienda que lo está utilizando para no tener auto estima. Tenemos a alguien que nos da autoestima y alguien que nos la destruye y ese alguien está dentro y le hemos dado el poder de destruirnos y necesitamos encontrarlo, porque si no, no encontramos la forma de ser tolerantes fuera.

Jon: Creo que tengo varios contra ideales

Joaquina: Puede haber varios contra ideales pero no son verdad. Eso son creencias, el contra ideal es aquello que surge como una forma de separación de los demás y de ti mismo. El contra valor lo vas superando en la medida que vas entendiéndole pero no en la medida que lo estas contraviniendo.

Jon: Si lo voy entendiendo, todo lo que son ideales sea en positivo o negativo están fuera de la posibilidad de la conversación. Nunca podré hablar de ellos para luchar contra ellos, pero sí para enseñarlos, para participar. Siempre que luche contra el ideal de alguien estaré luchando contra su persona.

Joaquina: En el momento que te das cuentas de que tus ideales son el regente de las ideas, que son los que hacen que pienses de una manera concreta, te vas a dar cuenta de que éste es el área de poder hablar con el otro. Con mis ideales lo único que puedo hacer es compartir mis puntos de vista y que el otro haga lo que quiere con ellos. Los ideales son la vida, nos hacen radicales, estamos hablando de nosotros mismos, lo que es nuestro fundamento y si hablamos de ello en un terreno de opinión terminaremos creyendo que nuestra opinión es la verdad y lo único que vamos a conseguir es la guerra.

Jon: Tengo entonces que ser capaz de conocer mis ideales y mis contra ideales para entrar en el terreno del consenso y del aprendizaje. Así aprenderé donde decir no a cualquier persona que quiera tocar mis ideales. ¿Me puedes poner un ejemplo? Me encantan los ejemplos.

Joaquina: Imagínate que eres de una familia con 5 hijos, y eres el último. En casa no eres nadie, la condición económica es bastante baja, pero tienes una inteligencia bastante interesante y en un colegio de pago en Madrid te han dado una beca. En el colegio, los demás se dan cuenta de que no eres de su nivel y empiezan las risitas. De pronto piensas que tienes que vencer todo esto y empiezas a batallar y consigues que se te escuche, y ser el mejor, y batallas. Y consigues pensar que estás solo, que solo tienes que ser tú y que nadie te va a dar nada. Que la gente va a ir contra ti y que eres el único que puedes conseguir el mundo. Acabas tu carrera de económicas y vas al mundo de la empresa.

Jon: ¿Qué va a pasar?

Joaquina: Te va a creer el mejor, vas a luchar, vas a triunfar y cuando estés arriba pensarás que los de atrás van a hacer lo mismo que hacías tú. Pensarás: A mi lado hay otra persona que no ha pensado que tenga que luchar con nadie y yo que soy jefe superior a esta persona, que ha llegado con tranquilidad y serenidad, le dan el puesto debajo de mí. ¿Qué piensas que harás con esa persona que creo que le ha sido todo muy fácil y me va a quitar el puesto?: Destruirle. ¿Qué va a pensar la otra persona de mi? Que soy una trepa…etc.

Jon: Ninguno de los dos recordaremos que nos hemos hecho a nosotros mismos.

Joaquina: Cada vez que pensamos en una persona, es imprescindible que pensemos en su recorrido. No hay nadie malo en el mundo. Hay persona que han crecido de una manera que les ha llevado a un lugar que realmente no es productivo, ni para ellos ni para los demás. Si queremos cambiar el mundo no es tocando los ideales de los demás, es enseñando a compartir cosas diferentes. Respetar el camino de todo el mundo, porque todo el mundo ha llegado ahí por algo. Por una estructura que se formó de 0 a 12 años, y que no fue capaz de hacer de otra manera. Y esa manera es la que necesitamos que cambie desde que lo aprenda, no desde que lo consideremos ni malo ni equivocado.

 

Yo estoy dándole vueltas a todo esto mientras el gato, que parece que sí lo ha entendido, desaparece tras una tapia.

 

42 La bidireccionalidad de los sentimientos

Acompaño a Joaquina, como muchos días, desde la puerta de su consulta a la puerta de su casa. Es un camino corto ya que literalmente vive a la vuelta de la esquina. Algunas veces, cuando el tiempo acompaña, nos sentamos en un banco y charlamos un rato.

Jon: Alguna vez has hablado de la bidireccionalidad de los sentimientos. Algo así como que yo condiciono mis sentimientos a los tuyos. Que si tu no me amas, yo no te voy a amar a ti, no vaya a ser que no exista esa bidireccionalidad. ¿Qué nos hace no ser libres para sentir, independientemente de lo que sienta el otro?.

Joaquina: No me hagas preguntas que te puedes contestar tú. ¿Qué te hace no ser libre para expresar tus sentimientos, independientemente de los del otro?

Jon: Pues, si lo supiera no te lo preguntaría. Me cuesta entender los sentimientos propios como para entenderlos en relación con otras personas.

Joaquina: Lo que realmente te va a hacer grandioso y único es entender la bidireccionalidad de los sentimientos. Que el sentimiento es tan libre para odiar como para amar. Que el amor que tú tienes no tiene que ser un amor condescendiente, ni tiene porqué ser un amor frío. Que si tú tienes la razón, al lado hay otra razón tan libre como la tuya. Que si tú tienes dolor, al lado hay otro dolor tan increíble o máximo como el tuyo. En la medida en la que piensas que tu dolor es el máximo, que tu capacidad es la máxima y que lo que te mereces el otro no se lo merece, es imposible hacer una vida o tener una vida de iguales. Y si no es una vida de iguales, es una vida que tiene demasiados errores y demasiadas vinculaciones no posibles.

Jon: Si, ese amor incondicional e independiente respecto a lo que piensa el otro es muy difícil. Quizá no en sentirlo, pero sí en expresarlo. En plan: “lo siento dentro pero no te lo digo para por si acaso no me siento correspondido”. ¿Tú lo has vivido alguna vez?.

Joaquina: Mira, yo me pongo de rodillas delante de todas las personas que acuden a mis cursos y les digo que las amo profundamente, pero eso no vincula en ningún momento la posibilidad de que ellos me amen a mí. Solamente amo lo que yo siento. Y eso que yo siento, me vincula a mí con lo que yo siento, no les vincula a ellos con mi sentimiento. A ellos les tiene que dar total libertad lo que yo siento. A mí me tiene que permitir que ellos sean totalmente libres con lo que sienten, porque si no hay esa libertad alguien hipoteca el camino. Y esa hipoteca es la que está anulando toda nuestra existencia. Si no hay libertad para sentir, porque si siento y tú no sientes me odio, no hay libertad para amar. Mis sentimientos no hipotecan a nadie en mis sentimientos. Mi amor no hipoteca a nadie en mi amor. Mi camino no hipoteca a nadie en mi camino. Porque si yo hipoteco al otro en mi camino, lo que estoy diciendo es que existe un solo camino, el mío, y el del otro no existe. Y si el camino del otro no existe, es que he cortado el circuito del camino, porque me he convertido en un ser en solitario.

Jon: Esto nos lleva a que en realidad todos somos iguales, todos somos uno. Nos lleva entonces a hablar de Dios.

Joaquina: No sé si existe Dios, porque en los peores momentos de mi vida, cuando busco más allá de mí, siempre hay algo que me hace buscar más, por lo tanto, a ese más, lo llamo Búsqueda. Pero es la única acepción que se puede permitir de ser único, ese Dios, del que se habla, o esa Búsqueda de la que se habla, o ese punto inexplorado al que se quiere llegar. Los demás, somos iguales y estamos aquí. Como yo todavía no me he enamorado de ningún Dios, ni he querido a ningún Dios que esté en mi misma corporalidad, el planteamiento es que en la medida en que nos sentimos dioses para dar y al otro le convertimos en vasallo para dar…

Jon: Es decir: “yo doy lo que yo quiero y tú das lo que yo te pido”.

Joaquina: Si, hay algo que no está correcto, hay algo que hay que analizar si queremos romper los lazos del rencor, del dolor, de la miseria, del abandono, de sentirnos todo el rato marginados por un concepto que es “lo que yo hago y lo que yo digo es perfecto, y lo que tú dices y tú haces está hipotecado por mi perfección”.

Jon: Aquello de: “si yo lo veo perfecto, es perfecto y si lo veo imperfecto, es imperfecto”.

Joaquina: Independientemente de lo que nos haya enseñado la religión católica, independientemente de quién nos lo haya enseñado, la única verdad que existe es que todos somos iguales, con la misma capacidad de dar y de recibir y con la misma capacidad de ser culpables o no ser culpables.

Jon: Es complejo. Es difícil aceptar el sentimiento de que todos somos iguales. Y me refiero a aceptarlo dentro, intelectualmente es muy fácil. Pero sentirlo de verdad se me hace mucho más difícil. Por otro lado si me considero único, estoy solo, no hay nadie que me pueda amar.

Joaquina: Se supone que si somos únicos, entonces somos dioses, y por lo tanto seríamos la encarnación del amor. En consecuencia no estaríamos esperando amor, porque somos amor. Vamos a seguir planteándonos esta divinidad que tenemos tan extraña. Si somos dioses, ¿por qué no tenemos el amor supremo, sino que esperamos que nos amen “supremamente”?.

Jon: Tenemos que ver entonces qué tipo de entramado hemos decidido hacer con nuestras creencias para llegar a un punto donde estamos prisioneros.

Joaquina: Tenemos que romper ese entramado entendiendo de dónde viene. ¿Por qué hemos decidido la divinidad por encima de la sabiduría? ¿Por qué no hemos decidido que nuestro maestro era sabio, simplemente?¿Qué beneficio tenía el decir que era Dios? Que nosotros somos únicos, somos indiscutibles, somos la panacea del bien y el mal, los únicos que existen. Ahora imagínate que el legado es de sabiduría, que el legado es: “ama al prójimo como a ti mismo, y no hay nada más”. El concepto cambia totalmente. Si yo voy a este concepto, en el ti mismo eres amor y el otro es amor. Es imposible que una persona no se ame a sí misma. Quien piense que nos se ama más a sí mismo que a los demás, está en el primer sacrilegio del entendimiento humano. Lo fácil que es cortarle la pierna al amigo cuando está mal, pero lo difícil que es cortarte la tuya.

Jon: ¿Entonces somos amor, o no somos amor?

Joaquina: Nosotros somos amor, indiscutiblemente, a nosotros mismos, indiscutiblemente. Luego podremos tener problemas de cómo nos tratamos, que podemos tener complejos de inferioridad, etc. Pero que el amor que nos tenemos a nosotros mismos está por encima del amor a cualquier persona, es una realidad incuestionable.

Jon: “Ama como a ti mismo”, es entonces igual a amor + amor, y no hay que cuestionase más.

Joaquina: Tienes muchos problemas, no tienes ni idea, eres bastante erudito, te cuesta entender que 2 y 2 son 4, pero mirar lo que te amas y pasárselo al otro no tiene que costarte nada, no es ningún logaritmo, no tienes que ser ni socrático, ni presocrático, ni aristotélico, no tienes que hacer nada, simplemente ponerte en disposición de ver cómo te amas y pasárselo al otro. Es decir, que si yo voy a cogerte el brazo y te voy a trabajar tu muñeca, y antes veo el movimiento que voy a hacer para saber lo que duele en la mía, casi seguro que cuando toco la tuya tengo claro hasta dónde puedo llegar sin que haya dolor y voy a ser muy cuidadosa. Pero si se me olvida mi muñeca, cojo la tuya y soy más brusca. Pero, de pronto, se me olvida y te digo que me arregles mi muñeca. Y si no lo haces bien te grito: “no seas bruto”. ¿Qué pasó ahí? En el momento en que tú eres consciente todo el tiempo del amor que te tienes a ti mismo, eres incapaz de hacerle algo al otro que no sea con amor. Pero tienes que ser consciente del amor a ti mismo, no jugar al juego de que no te amas, que esa es la mayor barbarie de lo que hacemos.

Jon: ¿Qué pasa entonces con los complejos de inferioridad?

Joaquina: Todos pensamos que tenemos complejos de inferioridad, que no nos valoramos lo suficiente… hasta que llega el otro y se equivoca. El otro sabe menos que tú, siempre. ¿Por qué hemos decidido, cuando estamos en pareja, vivir en la cruz y no vivir el amor?. “Te amo como a mí misma, te doy la libertad para amarme y no amarme como me la doy a mí misma para amarte y no amarte”. Ése sería el matrimonio.

Jon: En la ceremonia del matrimonio repetimos: “¿quieres como legítima esposa a … para acompañarla en las alegrías y en las tristezas… hasta que la muerte os separe?”

Joaquina: Qué bonito sería decir: “Te amo para que tú seas libre de amarme o de no amarme, de darme o de no darme, de entregarte o no entregarte, este amor sólo nos vincula a tu absoluta libertad que es la misma que yo quiero tener en este amor”. ¿A que suena diferente?. No es eso de “me amarás hasta el día en que te mueras, me amarás haga yo lo que haga, me amarás con el hambre, con todo lo que nos pase”. Ese no es el amor que estamos esperando, y eso no quiere decir que estemos planteándonos separarnos, eso quiere decir, simplemente, que le das a la persona la libertad absoluta de que viva aquello que necesita mientras está contigo, en total libertad.

Cuando te encuentras con una persona, sea quien fuere, tu amor, que no está fuera, no es que ames a la persona, sino que es tu amor proyectado fuera con la capacidad de permear al otro. La capacidad de que el otro haga lo que quiera en cada momento, sin que tenga que justificarse ante ti. Ése sería el amor infinito, porque tiene que estar libre de miedo, tiene que estar libre de no aceptación, tiene que estar libre de dogmatismo. Pero jugar al juego de pensar que el otro te hace lo que tú le estás haciendo a él. Jugar al hecho de que el otro decida que su vida es mucho mejor sin ti, o jugar al hecho de que el otro no trabaje y te deje toda la carga de trabajo a ti, juega a lo que estás haciendo y te darás cuenta de que es insoportable. Y ése es el punto donde tienes que ver que lo que es insoportable para ti es exactamente igual de insoportable para el otro. Con esta necesidad de ser únicos, nos encontramos aislados de ese amor.

 

Nos levantamos y caminamos los pocos metros que nos separan de Martínez Campos 51. Nos despedimos hasta el día siguiente y, con las manos en los bolsillos, me dirijo calle arriba hasta mi casa.

41 La cruz, la culpa y la resurrección

Paseamos bajo el cabildo de columnas toscanas de la iglesia de Santa María, en Luanco. Su sobriedad exterior, volcada sobre el Cantábrico nos agrada y el recurrente tema religioso invade nuestra conversación.

Jon: ¿Tu crees en todo esto del pecado y la resurrección?

Joaquina: Independientemente de si creo o no, creo en su utilización como mito. El mito de que hay un camino. Hemos llegado a un punto, aquí sucedió algo, hacemos un camino, vivimos unas circunstancias y a partir de allí estamos libres de esa situación. Para mí esto es aprendizaje, y el aprendizaje puede ser más o menos doloroso. Lo que sí es cierto es que todos cometemos errores. El error lo cometemos y vivimos en el error, vamos caminando desde el error. Llega un punto donde el error es tan grave para nosotros, es tan fuerte que en la toma de conciencia, que se llama aprendizaje, tomamos una actitud diferente. El tema es que esto lo convertimos en una culpa de la cual alguien o algo tiene que satisfacerse castigándonos.

Jon: . ¿Qué nos hace a los seres humanos estar permanentemente pensando que necesitamos una cruz y que, además, después de haber vivido esa cruz necesitamos todavía sentirnos culpables o castigar a alguien?

Joaquina: . Es para mí totalmente incomprensible. No puedo comprender cómo una civilización tan progresista, un mundo tan diferenciador, se llena en Semana Santa de fiestas y de dolor para celebrar la liberación de la culpa. Imagínate que se muere alguien, y le estás en el tanatorio, contemplándole en la caja. Todos sus seres queridos están ahí, y de repente, se levanta y dice: “hola, no estoy muerto, estoy vivo”. Si eso sucediera convertiríamos ese día en el gran día para recordar que murió alguien que no se murió. Tiene que haber algo detrás de todo esto. Yo creo que en esa fiesta, en esa macrofiesta de la cruz, tiene que haber una inmolación permanente de algo que nosotros consideramos que es castigable, o de algo que consideramos que se merece todo ese dolor.

Jon: Nosotros celebramos el discurso humano de Jesús, y llega un punto en el que decide que su vida tiene sentido porque va a salvar al hombre, y propicia su muerte en la cruz…

Joaquina: Muere en la cruz porque va a resucitar, creando así el mito de esta civilización, independientemente de que creamos en Jesús o no creamos en Jesús. Si nosotros tenemos el mito de la muerte, tenemos el mito, también, de la resurrección. ¿Qué nos hace a los seres humanos estar durante miles de años hablando de la muerte de Jesús, cuando dice que resucitó?.

Jon: ¿Qué lo matamos nosotros?.

Joaquina: No sé, pero lo que sí me planteo es que esa es la vivencia cotidiana de casi todos nosotros: yo he hecho algo hoy y vivo en la cruz de la culpa permanentemente. Es imposible que, si me siento culpable, no piense que me van a castigar. Lo que yo estoy buscando es mi cruz personal, y no tengo tan claro que vaya a resucitar.

Jon: Creo que, en parte, somos fruto de nuestras creencias. Desde que nacemos nos han explicado que si haces algo mal, te tienes que culpar por ello. Por lo menos en esta cultura judeocristiana.

Joaquina: Bien, tú eres cristiano, ¿cuántas veces has oído que no mientas, porque vas al infierno?

Jon: Muchas.

Joaquina: Como alguna vez habrás dicho alguna mentira, quiere decir, que te tomas lo que dicen los cristianos a tu gusto y manera. ¿Y te dijeron no te acostases porque era impuro?. Pero te acostaste.

Jon: Si, lo superé.

Joaquina: Lo cual quiere decir que estás cogiendo la situación a tu gusto. Quiero que te des cuenta de que mientes, te acuestas… y fantástico, sin embargo, la cruz no sale de tu vida. Me acuerdo que Sor Inés nos decía “si besas en los labios te quedarás embarazada”. Mi conclusión, te la puedes imaginar, yo veía que mi padre y mi madre se besaban y no nacía nadie, o sea que aquella cosa no funcionaba. “Estos dos son estériles, pero seguro que si yo beso, me quedo embarazada”. El caso es que todas las cosas que te dicen, te las vas planteando y las vas eliminando, pero esta no la eliminamos. El mundo entero sigue celebrando la Semana Santa y no se celebra la resurrección.

Jon: ¿Para qué está siendo útil este mito de “yo tengo que ser castigado con la muerte cada vez que hago algo mal”?

Joaquina: Tu lectura nos lleva a una doble visión: : ¿para qué necesito crucificar a todos aquellos que me han hecho daño y, además, no los resucito? Eso es lo fuerte, no hay ninguna persona que se precie como persona, que realmente haya conseguido olvidar de una forma absolutamente intencionada y liberadora el daño que otro le ha hecho. De una forma liberadora, de una forma absolutamente entregada. ¿Te permites aceptar que alguien no te ame?. Tu todo inundado de amor, y entiendes que esa persona no te ame. Ante una ofensa, ¿te planteas que ha sido un error y que en realidad no querían hacerte daño?. ¿Aceptas la envidia, la agresión, el abandono, la ruina, sintiendo que son pruebas de la vida y no más?.

Jon: Me estás diciendo que en realidad no es que nos culpemos sino que no queremos dejar a los demás impunes de castigo ante lo que osan hacernos. Y lo que vamos haciendo es acumular odio. ¿Qué nos lleva a no liberarnos del odio?.

Joaquina: En realidad es porque nos sentimos dioses. Dioses en un reino o en un cielo equivocado, pero si no permitimos que alguien no nos ame, porque pensamos que nos lo merecemos, si no permitimos que nos abandonen, porque pensamos que las cosas tienen que estar donde nosotros queremos, es porque hay algo mucho más oscuro de lo que podemos pensar, tenemos que saber qué es. Tenemos que encontrarlo. No tiene sentido que en el principio y en el final de las circunstancias, lo que nos encontremos es que el hombre está paralizado, que no sabe perdonar, y el perdón es la resurrección. La resurrección absoluta a cualquier situación. ¿Qué nos hace a las personas vivir permanentemente en el rencor, en el resentimiento, en la paralización, en el no crecimiento?.

Jon: Me suena de algún curso que hablaste de cinco supuestos…

Joaquina: El hombre, lo primero que quiere tener es confianza y para tener confianza busca un poder. Si tengo poder, tengo confianza. Independientemente de que creas que es una palabra ajena a ti, el hombre tiene confianza cuando tiene poder, el poder que sea: el de decisión, el poder de hacer lo que quiere, poder económico, poder fáctico, el poder de decidir… El hombre, cuando realmente tiene confianza y tiene poder, ha hecho su primer paso en la vida. Puedes llegar a la conclusión de que “yo no perdono cuando me quitan el poder”. Para mí es muy importante sentir el poder, sentir que puedo hacer lo que quiero. Cuando me lo quitan odio.

Jon: El segundo supuesto…

Joaquina: Además de tener la confianza y de tener el poder, lo que necesita, inmediatamente, es la aceptación de los demás, que es el prestigio. Yo no solamente quiero que me quieran y tener la confianza, además, quiero la confirmación, la condescendencia de los demás hacia quien yo soy. Yo quiero tener el poder, pero, además, quiero tener el prestigio. No quiero tener sólo poder, que es mío, sino que quiero que me lo reconozcas. Y quiero estar ahí, y que me lo compartas. Y quiero jugar contigo al mismo juego y que nuestra relación sea compartida. En el poder estoy yo y en el prestigio estamos nosotros.

Jon: El tercer supuesto…

Joaquina: Además de tener prestigio, el hombre quiere tener conocimiento. Y además de tener conocimiento, lo que quiere es que ese conocimiento que está planteado, haga cambiar la conciencia de los demás. Quiere ser elevador de las conciencias. Mi conocimiento le tiene que servir al otro, porque mi conocimiento es muy bueno. Es decir, no sólo tienes conocimiento, sino que quieres que los demás aprendan de tu conocimiento. Quieres ser cambiador del mundo y cambiador de las circunstancias del mundo. Cuando te levantas a decir lo que sabes quieres que, además, el otro se sume a ello.

Jon: El cuarto supuesto…

Joaquina: El hombre necesita tener una expresión movilizadora, quiere que lo que él expresa, haga que las masas se muevan hacia donde él está. Es un poco como ser líderes. Ya no solamente es que sé, sino que, además, yo te lidero y te vienes conmigo.

Jon: El quinto…

Joaquina: El hombre necesita, por encima de todas las cosas, la libertad. La libertad para recibir todo lo que él quiere. La libertad de los éxitos. Una persona que no tiene éxito, no tiene libertad. La libertad de que todo lo que yo necesito, lo tengo, y que el resultado es óptimo para mí. La libertad de los resultados.

Jon: Entonces el camino es que te vas quedando, desde tu soledad máxima de poder en exclusiva, hasta darte cuenta de que los demás no te quieren como te gustaría, hasta después encontrarte con que tu conocimiento no es válido, no vale lo que opinas, tu opinión no es la única sino que hay opiniones compartidas. Que te expresas pero que el otro no se mueve, no va detrás de ti. Hasta el punto máximo de que no tienes libertad cuando no has conseguido las cosas anteriores. Esta libertad está hipotecada por cualquiera de las otras cosas que has visto anteriormente.

Joaquina: El caso es que si te falta cualquiera de estas cosas, o te sentimos agredido en ellas, inmediatamente estás maniatado por el rencor. No tengo poder, porque me lo quitan, no tengo prestigio porque no me aceptan, mis conocimientos no son válidos porque el otro tiene la razón, no me puedo expresar porque me bloqueo, en realidad no tengo libertad porque los demás no me dan la libertad, me poseen, no me dejan hacer lo que yo quiero.

Jon: Un punto de vista un tanto egocéntrico.

Joaquina. Claro, porque si miras esto desde un lado, tienes que mirarlo desde el otro lado. ¿A quién le quitas el poder?. ¿A quién no le das el prestigio que merece?. ¿A quién no le das la cualidad de que su conocimiento sea válido para ti?. ¿Qué persona se expresa y no vas tras ella?. Porque, te guste o no, piensas que esto, tú tienes derecho a ello y, al otro, se lo concedes si quieres. Quieres recibir sin dar. Y ahí se genera el primer espacio de conflicto. Si te planteas por un instante ¿qué te lleva a estar en el rencor o en la cruz o en el dolor, o en la culpa?: Casi seguro que llegas al convencimiento de que estás esperando algo de los demás que ni siquiera sabemos cómo entregarle al otro. Cómo darle la libertad al otro, para lo que necesita, cómo permitirle que sea libre.

 

Una vez más lo que está dentro está fuera y lo que espero del otro no lo entrego yo. Hemos pasado al interior de la iglesia. Como suele pasar, bajo la bóveda de crucería el interior es más barroco, con un retablo del XVIII mucho más retorcido que esa elegancia de la piedra cruda que muestra la fachada.

40 Encontrar el sentido

El libro de Viktor Frankl, Un hombre en busca de sentido, nos mira desde la mesa y empieza a disfrutar de la manera en la que Joaquina desgrana su contenido.

Jon: A veces ocupo mi cabeza con un problema, que llega a convertirse en una obsesión, desequilibra mi motivación y las cosas como que no funcionan.

Joaquina: Eso puede llevarte a preguntarte qué haces aquí, en el mundo, y que busques hacer cosas diferentes ajenas a tu realidad, y a una búsqueda de algo externo que te resuelva poder llegar a cumplir tu destino.

Jon: Y entonces entro en una gran frustración, bien porque no le encuentro sentido, o porque ya me he equivocado en la forma de encontrarle sentido, y las cosas en el camino que me he puesto no están funcionando como pensaba.

Joaquina: Eso te ocurre cuando no soportas conocerte, porque nos conocemos a través de cómo resolvemos nuestros problemas y cómo gestionamos nuestras alegrías. Una emoción resuelta, una motivación activada y un liderazgo comprometido, te llevan al sentido de tu vida.

Jon: ¿Que nos lleva a no querer encontrar una solución a nuestros problemas y si al de los demás?.

Joaquina: No soportamos ser normales. El problema nos alimenta, y el sentido del hombre es el problema, no es la solución. Porque le hace existir, porque el hombre que no tiene problemas no existe para los demás.

Jon: Si, muchas veces pensamos en negativo para pensar que existimos.

Joaquina: El sentido de la vida del hombre es resolver el problema que genera cada día por su existencia, no tiene otro. Por ejemplo: si hoy he enfermado, el sentido de mi vida hoy es curarme, no estar sano. Cuando pienso en estar sano no asumo que estoy enfermo, y asumir que estoy enfermo no es negativo es decidir implicar mi fuerza sobre lo que hoy tengo viéndome sano, pero sobre lo que hoy tengo. El sentido de la vida es que el problema esté en el presente, se le dé el cuerpo en el presente, y se resuelva en el presente. Cuando se hace en el futuro, se acaba de pasar al tiempo el problema y no la solución. El sentido de la vida es un problema que necesita solución ahora., y si no se conoce, el sentido de la vida es conocer nuestro problema.

Jon: ¿Qué necesito para resolver el problema? Seguridad, saber tomar decisiones…

Joaquina: Lo que hacemos con los problemas es enmarañar el verdadero sentido del problema. ¿Cuál es el sentido del problema? Hipotecar nuestra realidad, lo que somos, en aras de lo que creemos que tenemos que ser. Tenemos que conocernos a nosotros mismos para saber qué herramientas tenemos para llegar a donde queremos. Hemos pospuesto la solución de nuestros problemas, y vamos deshabilitándonos. Tenemos que saber quienes somos, y liderar lo que hacemos en el camino.

Jon: ¿Para qué queremos trabajar la búsqueda de sentido?.

Joaquina: Principalmente porque queremos hacer un cambio de mente. ¿Qué te gustaría cambiar?.

Jon: La pereza mental que me arrolla a veces sería una buena cosa a cambiar.

Joaquina: Pereza mental es hacer ¿Qué haces con ella? ¿Qué tiene de malo?.

Jon: Quiero hacer lo que me gusta y lo que me resulta fácil.

Joaquina: Eso está genial. Si hoy has decidido estar enfermo, mira qué beneficios te da estar enfermo. Sácale partido a todo lo que significa estar enfermo y te curarás,. Mientras que pienses en salud, y que la realidad no es tuya y que ha venido por la ciencia infusa , y que tu sentido es la salud, habrás equivocado el sentido de tu vida. Me duele la espalda ¿Por qué estas aquí? ¿Qué estoy evitando contigo? ¿Qué estoy consiguiendo? Y deja de doler, porque ya le he encontrado toda la utilidad ha dejado de tener sentido el dolor, pero mientras que me duele sé que tiene todo el sentido ese dolor.

Jon: Es como tomar la autoría del problema. Lo he decidido yo.

Joaquina: Plantéate que este problema es tu vida, y que es de verdad, que es lo que has decidido, y que es bueno. El sentido de tu vida es aceptar la realidad, hay que optimizarla, para cambiar el sentido de la vida hay que aceptar que el sentido de tu vida es lo que tienes hoy. Todo tiene sentido. Nadie se busca nada que no necesite o que no tenga sentido.

Jon: ¿Todo pasa por aceptar que el problema es el sentido de la vida?.

Joaquina: Aquí está el verdadero problema. Esto es lo que tienes que aceptar: Tu problema es el sentido de tu vida, sea una enfermedad, sea la pérdida de un padre, sea un problema con el trabajo, sea lo que sea….

Jon: Pero me surgen mil preguntas: ¿Cómo darle el sentido al problema, que sentido tiene para mí?. ¿Cuál es el sentido de mi problema?. ¿Qué me reporta? ¿Cuántas cosas consigo con este sentido? . ¿Para qué me sirve la obsesión?. ¿Para qué la desmotivación?. ¿Para qué no ser líder?.

Joaquina: Para no hacer algo, y tienes que aceptar no hacerlo.

Jon: Tengo que encontrar el beneficio máximo del problema, encontrarle sentido.

Joaquina; El ejercicio es muy fácil. Primero, tipifica el problema claramente, sin divagación, con nombre propio.

Jon: Pereza mental.

Joaquina: Contéstate a las siguientes preguntas: ¿Cómo estarías sin ese problema?. ¿Qué beneficios te aporta tenerlo?. ¿Qué beneficios te aportaría no tenerlo?. ¿Con cuál de las dos situaciones te encuentras mejor?. Es imposible que una persona no esté viviendo lo correcto. Ahora tienes que encontrarle la corrección a eso que vives, para qué lo necesitas, qué utilidad te da.

Jon: Estás diciendo que si hoy se que el sentido de mi vida es un problema y no quiero vivirlo, encontraré el sentido de mi vida, que será resolverlo. ¿Pero, voy a poder vivir sin problemas?.

Joaquina: No, y como no vas a poder vivir sin problemas, has de darte cuenta de que el sentido a tu problema todos los días: encontrar la vida, estar pleno, ser consciente, tener una conciencia de realidad, que es que lo que yo me fabrico es porque lo necesito, y es difícil darse cuenta de que fabricas algo que necesitas y que encima es malo. Es complicadísimo.

Jon: ¿Qué hace que las personas se curen?.

Joaquina: Encontrar el sentido de su enfermedad. ¿Para qué la quiero?. Aprenden y la enfermedad se va. Cuando aceptas tu problema ya no hay problema, hay situaciones a resolver, pero hay que descuartizar las situaciones. Lo que no puedes hacer es pensar: mañana lo resolveré. Esto significa hoy no puedes resolverlo, porque no encuentras las herramientas. ¿Para que no encuentro las herramientas?: para sentir que el problema hoy no lo quiero resolver, mañana es su día., ya está, ya no pasa nada, has encontrado que el sentido de tu vida hoy es que ya lo resolverás mañana, y no que eres un inútil hoy. Hoy simplemente no lo quieres resolver, y aquí es donde está el ejercicio: encontrarle el sentido a todo lo que vivimos, porque el hombre en busca de sentido, lo único que hace es perder el sentido de su realidad, y es que todo está resuelto, solo tienes que mirarlo.

Jon: Y cuando el problema viene del exterior?.

Joaquina: Nadie puede generarse un problema que dependa del exterior. ¿Para que quiero pensar que la solución viene de fuera?: Para no implicarme yo en el problema, estupendo: yo soy una persona que no me implico en el problema, y ya estás tranquilo.

 

Creo que voy a darle una segunda lectura al libro. Se me escaparon demasiadas cosas en la primera.

39 Materializar los sueños

Hemos terminado de cenar y estamos en una terraza acompañados por la luna. No somos de tomar nada, pero si nos gusta charlar después de una buena cena, especialmente si el lugar es tranquilo.

Jon: La noche, unida siempre a los sueños, y éstos utilizados como metáfora de lo inalcanzable que queremos conseguir. Y con ellos los tópicos: vive tus sueños, no dejes que nadie te los quite… Eso puede ser ilusionante pero, ¿no crea frustración a largo plazo si no se consiguen?.

Joaquina: El conseguirlos no depende tanto del sueño en si, sino de una buena estrategia para conseguirlo.

Jon: De cómo tangibilizarlo y hacerlo real.

Joaquina: Es muy normal tener un sueño y buscar cosas externas que nos ayuden a conseguirlo.

Jon: Y falta la mitad del recorrido.

Joaquina: Así es. Hay que diferenciar entre el mundo externo y el mundo interno, y hacer las preguntas adecuadas a cada uno de estos mundos.

Jon: Preguntas como, ¿cuál es mi objetivo?, ¿qué quiero conseguir?…

Joaquina: Las preguntas son una vez que tienes el sueño claro. En el mundo exterior: ¿Qué es lo que me aporta?, ¿qué es lo que me amenaza?. Pero lo más importante son las preguntas para el mundo interior: ¿Qué es lo que soy yo?, ¿Qué es lo que me falta?.

Jon: ¿Y desde ahí se empiezan a tener respuestas?

Joaquina: Nosotros tenemos dos partes en nuestra vida: luz y oscuridad, fortalezas y debilidades. Las fortalezas son intrínsecas. Las oportunidades son externas. Todo lo que es oscuro tiene que ver con las debilidades nuestras y con las amenazas que existen fuera. La persona es un todo, y en ese todo muestra las dos partes. Aquello que se muestra como luz esconde sus limitaciones internas. Si tu eres consciente de que el mundo son luces y sombras permanentemente, tanto para aprender como para enseñar, te va a ser más fácil acceder a ello permanentemente.

Jon: Parece obvio pensar que tenemos cosas que funcionan bien y otras que no tanto.

Joaquina: Las personas tenemos algo que funciona muy bien y algo que no va a funcionar. El mundo de posibilidades y oportunidades siempre surgen desde la parte luminosa. Los miedos siempre surgen de la oscuridad.

Jon: Donde veo una dificultad es que los sueños más ilusionantes los tenemos de jóvenes, y es cuando nos conocemos menos y quizá tenemos más miedos. Según vamos cumpliendo años, nos vamos desencantando de la vida y de los sueños, y sin embargo conocemos mejor nuestras luces y sombras.

Joaquina: La persona cuando realmente es consciente de que puede desarrollarse es de 24 a 36 años. De 0 a 12 años no es consciente de tener oportunidades y fortalezas, sino que están fuera de él, son familiares. Y de 12 a 24 son de los amigos. Cuando realmente nos damos cuenta de que tenemos todo un mundo por recorrer es de 24 a 36 años. Anteriormente la culpa siempre está fuera.

Jon: Es decir, el momento en el que podemos determinar que nuestras fortalezas son nuestras, así como las debilidades.

Joaquina: De 36 a 48 años el hombre tiene su paradigma completo: cómo era su familia, cómo eran sus relaciones de joven…y ahí puede tomar unas medidas muy claras de transformación. El ser humano, cuando realmente hace una intervención profunda de cambio, es de 36 a 48 años. Es cuando suma la confianza y la seguridad.

Jon: ¿Cuál es la diferencia?

Joaquina: La confianza contesta al “qué”, y la seguridad al “para qué”. Por ejemplo, para hablar en público, la confianza nos la dar saber de qué vamos a hablar y la seguridad nos la dará comprender para qué vamos a hablar de eso.

Jon: Es decir el conocimiento nos da confianza y encontrarle un “para qué” le da utilidad.

Joaquina: Así es. Cuando te encuentres con alguien que te diga que tiene un problema de confianza y que no se atreve a expresarse, está hablando de falta de seguridad, y no de falta de confianza. La confianza se genera en el espacio de aprendizaje personal, de lo que yo aprendo por mi mismo. Y la seguridad: lo que yo soy capaz de expresar. Cuando yo le encuentro un sentido a lo que voy a decir. En el Autoconcepto está la confianza, en la transmisión está la seguridad. En lo intrapersonal está la confianza y en lo interpersonal está la seguridad.

Jon: Volviendo a los sueños, ¿esos sueños se sienten, o son más racionales?.

Joaquina: El hombre vive de hacer, sentir y pensar. En el sentir hay 3 partes: Las sensaciones: cuando la persona necesita tocar, oler…cuando los sentidos son los que la manejan. Las emociones: cuando la manejan las percepciones. Y por último los sentimientos: cuando piensa los sentimientos. Buda es un mensajero de pensar. Jesús es un mensajero de sentir. Mahoma es un mensajero de hacer.

Jon: Como siempre el punto importante es saber dónde estamos.

Joaquina: Sentir desbordados es sentir percepciones que tú no manejas. Sentir atrapados es que estás atrapado en los deseos. Las emociones son los placeres, y los sentimientos son los gozos.

Jon: ¿Diferencia?

Joaquina: El deseo es que quieres tener algo. El placer es que quieres disfrutar algo. Y el gozo es que quieres eternamente sentir algo.

Jon: ¿Está esto conectado a la sensaciones, emociones y sentimientos?

Joaquina: Las Sensaciones están conectadas a los sentidos. Las emociones están sujetas a percepciones, a cosa que no son reales. Y los sentimiento los puedes razonar, lo puedes justificar.

Jon: Entonces cuando una persona te dice que te ama, ¿desde dónde lo hace?

Joaquina: Si te justifica por qué te ama, está en el sentimiento. La diferencia importante es que los sentidos te atrapan, las emociones te desbordan y los sentimientos te construyen. Los hombres son más de sensaciones, las mujeres más de emociones y los dos pueden ser más de sentimientos.

Jon: Me imagino que todo esto es construir el andamiaje donde me subo para ver mi sueño. ¿No?.

Joaquina: Vamos a hacerlo más práctico. Pídele un papel y un bolígrafo al camarero.

Jon: ¿Por qué vamos a dibujar?.

Joaquina: Para pasar tus ideas a un plano más emocional. Vas a dibujar un cuadrado perspectivas. De lo que piensas y a dónde vas.

Jon: Dicen los conocedores del cerebro que cuando el hombre se imagina en un sitio, o llegando a un lugar, es mucho más capaz de lograrlo.

Joaquina: Ya tienes el papel. Divídelo en cuatro cuadrantes iguales. Volviendo a para qué dibujar, en el momento que te pones a dibujar hay una parte del cerebro a la que vas a acudir. Esa parte del cerebro es la parte diseñadora, la parte que te materializa los sueños. Hay personas que esa parte no la han tocado nunca. No saben dibujar, no saben vivir en el mundo de los sueños.

Jon: De ahí la importancia del pensamiento visual, el design thinking y esas formas que me encantan de exponer ideas.

Joaquina: Si, pero vamos con el ejercicio. En el cuadrante de arriba de la derecha es donde estás hoy, que eres hoy, como te ves hoy. El presente más fuerte que tengas en vuestra vida.

Jon: ¿Lo dibujo?.

Joaquina: Si, intenta no utilizar palabras, solo dibujos. El mundo emocional se descubre muy potentemente de 12 a 24 años. Abajo a la derecha es donde vas a dibujar cómo eras de 12 a 24 años. Como te sentías, como te vivías.

Jon: Vale.

Joaquina: Abajo a la izquierda: aquello que soñabas de 12 a 24 años, tu gran sueño. El sueño que nunca has tocado pero que sabes que tienes dentro la capacidad de hacerlo realidad. Las quimeras que hoy son realizables.

Jon: Voy a necesitar un poco más de tiempo para éste.

Joaquina: Arriba a la izquierda, cómo te ves dentro de 2 a 5 años.

Jon: Me ha encantado, gracias.

Joaquina: Se trata de que materialices un sueño que está dentro de ti y que no te lo estás apropiando. Lo importante es que veas donde queréis llegar, y qué tienes para conseguirlo.

Se acaba el viaje interno y externamente nos levantamos, pagamos la cuenta y después de agradecer el servicio caminamos haciendo ya planes para mañana, aunque en mi cabeza sigo impresionado por el dibujo del cuadrante superior izquierdo.

38 Carencia económica

Me siento con cierta pesadez al lado de la mesa donde está comiendo Joaquina. Me he acercado en la moto para estar un rato con ella. Es final de marzo y la declaración del IVA acecha como cada trimestre.

Joaquina: ¿pasa algo?

Jon: Nada, el marrón de la declaración del IVA, que todavía no la he hecho.

Joaquina: ¿Y resoplas por tener que hacerla o por tener que pagar?.

Jon: ¿Tu que crees?.

Joaquina: Seguro que por las dos cosas. El dinero siempre nos revuelve un poco. O mejor dicho la carencia de dinero. Quizá tienes que plantearte cambiar a un trabajo donde te paguen más, o al que dediques menos tiempo. Hace poco vino a ver a una persona que quería cambiar radicalmente de trabajo, precisamente por dinero.

Jon: ¿Que le dijiste?.

Joaquina: Que la carencia económica casi siempre está provocando tiempo de dedicación al trabajo por encima del deseo, y lo que es muchísimo más importante no está donde quisiera. Son dos cosas que a plantearse. Si yo en este momento tengo una carencia económica, muy probablemente lo que voy hacer es hacer una elección profesional que no es la adecuada, pero no una elección profesional para sustituir el dinero que me falta, sino para sentir que trabajo y para sentir que estoy recuperando el dinero que me falta. Y eso lo que hace es que desvincula totalmente de tus valores reales. Valores por los que tú crees: que ese dinero tiene que venir por hacer lo que te gusta, y la creencia de que eres una persona que se merece trabajar en lo que te gusta.

Jon: ¿Y ese valor lo tenemos todos? .

Joaquina: Sí, ese valor lo tenemos los dos. Lo tienen tanto las personas que tienen carencia como las que no la tienen. El valor de que han venido a este mundo a trabajar en lo que les gusta y para hacer una realización personal lo tenemos metidos todos en nuestra vena.

Jon: ¿Por qué? .

Joaquina: Porque hemos tenido padres que no lo han hecho, o porque hemos tenido padres que lo han hecho. Si hemos tenido padres que no lo han hecho, nosotros hemos decidido que eso no lo queremos vivir. Y si hemos tenido padres que lo han hecho, nosotros hemos decido que queremos emularles. Pero cuando nuestros padres han trabajado como bestias, no han tenido tiempo para disfrutar, no nos han podido ver etc., en nuestra cabeza hemos fabricado de una manera o de otra un estímulo a tener libertad, a poder tener nuestro tiempo, a poder viajar, a vivir de una manera diferente. Eso es una realidad. Y cuando hemos tenido padres sobresalientes con respecto a que hacían lo que les gustaba, nosotros querríamos vivir esa misma situación. Así que independientemente a que si había dinero en la casa o no lo había, esa necesidad de trabajar en lo que a uno le gusta y esa necesidad de cubrir una experiencia personal positiva la llevamos todos dentro de la maleta.

Jon: Entonces, ¿es el propio dinero el que nos aleja de esto?.

Joaquina: Si, y cuando trabajamos por dinero nos aleja del tiempo también. Cuando trabajamos por ilusión, cuando empleamos el tiempo en lo que nos gusta, no pasa lo mismo.

Jon: ¿Y como se trabaja eso?

Joaquina: Lo primero que tienes que plantearte es que tienes cuotas económicas que tienen que estar cubiertas. Tienes una cuota para vivir y el valor que le pones a vivir no puedes cambiarlo. Tienes que pensar en el dinero que para ti representa la vida esencial, la más pequeña, la más normal, donde no hay ni un solo capricho, pero tienes que plantearte que ése es el dinero que necesitas.

Jon: Buff, ¿y puesto en cifras?

Joaquina: 1.000 euros es lo que una persona necesita para vivir sin nada más. Esa sería una cantidad para una persona sola. Cuando en pareja, tenemos que dividir y perdemos muchísimas posibilidades de sentirnos fuertes. No se trata de que tengo 1.000 por que uno trae 500€ y yo 500€. Se trata de que si somos dos son 2.000€, si somos 3 son 3.000€ y si somos cuatro 4.000€. Si hay niños se añade proporcionalmente entre 300 y 400€ por niño. Entonces esa es la cantidad mínima que deberíamos permitirnos todas las personas. Normalmente las personas para vivir no se sienten carentes.

Joaquina: Luego está el dinero para el prestigio o el ocio, cuando una persona no puede hacer el ocio que quiere siempre se siente carente. Para el prestigio lo mínimo son 600€ euros más, y a partir de ahí todo lo que se quiere. Una persona que tiene 1.000€ tiene que tener 1.600€, de cara a su prestigio, de cara a su realidad. Esos 600€ solo nos permiten salir a cenar una vez a la semana, tener una vez al mes el criterio de ir a un teatro más interesante, algún concierto que nos apasione, comprarnos una ropa en zara, no más. Darnos una vueltita en algún sitio igual hasta Toledo no más.

Jon: Proporcionalmente no está tan mal

Joaquina: Esto es para no sentirse carente, para que venga la idea y la disfrutes. Estoy poniendo valores, para mí 1.000€, para vivir nos existe, necesito mucho más poder vivir, pero podría vivir con mucho menos. A lo que me refiero es que yo no tenga en mi cabeza el sentimiento de no puedo hacer algo, esa es la cuestión. A partir de aquí tendrías que gestionar tu economía, no la economía te gestiona a tí. Yo gestiono la economía quiere decir que yo tengo la calidad y la cualidad para decir, esto lo ahorro, esto lo decido para una gran compra…, todo lo que yo quiero hacer.

Jon: ¿Cuánto se necesita en términos generales para no sentirte carente?

Joaquina: De 3.000 a 6.000 la persona no se siente carente. Yo con 3.000 a 6.000 me puedo sentir súper carente, hablo en general. Ahí empiezas a poder gestionar, empiezas a sentirte con capacidad de gestión. A partir de los 6.000 de forma ilimitada, la persona empieza a ser un gestor económico. Esa es una persona que realmente tiene la cualidad más importante: liderar su vida.

Jon: Lo de sentirse carente es incómodo, pero ¿es realmente tan grave?.

Joaquina: Bueno, dicen los estudios que un minuto de carencia son cientos de horas de incapacidad personal. Es decir, un minuto con carencia de desmotivación profunda de pensar no puedo, no valgo, no tengo nada en este momento, te lleva a un desequilibrio emocional importante del que se tardan muchas horas en salir. Es igual que si fueras en un coche, conduces muy bien, estás muy seguro y de pronto tienes un accidente. El cerebro ya ha quedado con el accidente y seguirás conduciendo, pero te irá recordando el accidente todo el tiempo, sobre todo si el accidente ha sido importante. Las crisis económicas son accidentes. Entonces cuando tienes ese sentimiento de carencia, sobre algo que para ti tiene un valor importante, de inmediato empiezas a sentir como una falta de capacitación, una falta de sentirte, y empieza a bajar tu autoestima: “no sé si lo voy a conseguir”, y va apareciendo de una manera absurda, porque va apareciendo de forma latente y nos hace de alguna manera tomar decisiones a veces alocadas. Decisiones de cambio profesional, decisiones de trabajo, decisiones que nos son las nuestras. Es muy triste que las personas no trabajemos en nuestra ilusión, y es muy triste que una persona no haga lo que le gusta, para mí muy triste.

Jon: Entonces, ¿qué sucede con esto?.

Joaquina: Que en realidad hemos entrado en la carencia y al entrar en la carencia lo que hemos decidido son alternativas de recuerdos negativos. Todas las personas que son empleadas necesitan seguridad. Se meten en un trabajo porque necesitan seguridad y la búsqueda de la seguridad siempre es sentirte carente. No hay ningún trabajo por cuenta ajena que cumpla las necesidades de una persona. Ni el director general de una compañía piensa que está bien pagado. Debido que en muchos casos ellos llevan la compañía y el dinero se lo lleva el otro, y esas cuestiones generan un estado de carencia. Es decir, yo acabo de hacerte la gran operación, tú te has ganado 100 millones, pero yo me llevo mi salario de todos los meses. De hecho yo trabajo con alta dirección y la alta dirección que trabaja en empresa, cuando tiene la posibilidad de que les vayan a despedir entra en crisis total, porque aunque ganen 30.000 euros se sienten carentes.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque son personas que necesitan ser lideradas. Y nunca hay seguridad al estar empleado. Te pueden despedir en cualquier momento.

Jon: Entonces, ¿lo ideal es ser auto empleado?

Joaquina: El auto empleado lo que quiere es libertad. Libertad que nunca consigue, ni la va conseguir. Porque como es auto empleado lo que está haciendo constantemente es trabajar y trabajar, porque, si no trabaja, no hace nada. Si un abogado es un auto empleado busca la libertad, pero si no está trabajando no lo consigue. Entonces, esta libertad es muy relativa. Ahora bien, es cierto que tiene una libertad para hacer lo que él quiere, al menos en un primer momento. Luego lo que le va suceder es que va estar todo el tiempo pensando que igual le falla la clientela, o le falla algo, y va sentir la carencia que de verdad depende de los demás.

Jon: Vale, vamos mejor hacia ser empresario para vivir sin carencia.

Joaquina: Si, si hablamos de un empresario que tiene muchos empleados y que el negocio le permite tener ingresos pasivos. Pero lo importante es que el empresario lo que quiere es liderar su vida, quiere liderar sus decisiones, quiere ser el que se arruina o no se arruina, el que decide que hace la compañía o el que decide que no se hace. Tiene la capacidad de liderar, tiene la capacidad de tomar decisiones. Para ello, tienes que tener la mente muy limpia, tienes que tener la mente donde no existe la carencia, porque si tu mente tiene la carencia estás perdido.

Jon: Ya solo nos queda ser inversor

Joaquina: El inversor es una persona que no necesita libertad, que no necesita seguridad que lo que quiere son resultados, pero resultados que nunca surgen de su esfuerzo, sino que surgen de su intuición o de su inteligencia para invertir. Lo cual quiere decir que estos resultados siempre son pasivos, no son de trabajar. Lo importante es hacer lo que esté en nuestra condición. Si tu condición no es la seguridad pero vas a ella forzado por la carencia, empezarás a vivir una gran desmotivación y una pérdida de contacto con tu genialidad, con tu creatividad y con todo lo demás. Lo que sucede normalmente es que tenemos nuestra mente muy cerrada a opciones múltiples, tenemos nuestra mente muy cerrada a que existen muchas posibilidades para poder resolver esto.

Me levanto y me dirijo hacia el ordenador: www:agenciatributaria.es

 

(He decidido cancelar el homenaje a Joaquina que os estaba anunciando ya que sus hijas están organizando uno el día 1 en el hotel Intercontinental, y no me parecía correcto dividir. Gracias por los mensajes solidarios de apoyo.)