134 Tres ejercicios que cambiarán tu vida

No hay diálogo, únicamente haz los ejercicios. En profundidad.

EJERCICIO 1

Imagínate que vas a realizar un viaje. Es el viaje soñado por ti. Toda tu vida haciendo volar tu imaginación por esos parajes, y es tu única oportunidad de vivirlo. Llénate de luz e inunda tu espíritu de gozo.

Debido a lo extraño de esta experiencia tú no decides la compañía, ni el medio, todo es tan sorpresivo, tan inaudito… Tu alma viajera, aventurera y sedienta, se abre como nunca a todo…

Llegas al punto de encuentro, en el reparto de compañeros para el viaje, que durará muchas horas, y te adjudican a una persona que te resulta profundamente antipática, desagradable. Esa persona que nunca querrías tener cerca de ti, por su físico, su sentido del humor, su forma de hablar… en fin, por lo que sea para ti incómodo.

Pierdes la paz. Ahora tienes que decidir si continúas en el viaje o rompes tu sueño.

Antes, mira que es lo que te molesta, déjate llevar por la sensación de desagrado y anota qué es.

Descansa, relájate y busca dentro de ti eso mismo. No dudes que está.

Tu vida puede pararse o continuar en el disfrute de tu mundo dorado y lleno de alegría. Sólo tienes que acometer este momento, manejar esta situación y volar.

Si decides cambiarla, enfrentarte a ella, recréate en cómo hacerlo. No te asustes. Sólo tienes que darle lo que quieres recibir.

Sé valiente. Eres lo mejor y más fantástico que yo he encontrado en mi vida. Vívelo y disfruta de ti y todos.

 

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EJERCICIO 2

Estás en la cama. Estás agonizando. No tienes ningún dolor, nada físico te sucede, pero sabes que tu vida ha concluido.

Notas la paz de este momento.

Tu madre está a los pies de tu cama. Hay tanto por decir… Date cuenta de todo lo que te has callado, de todo lo que jamás la has dicho, de todos los pensamientos y sentimientos que nunca habéis compartido.

Esta es la mejor ocasión de tu vida para comprender a tu madre, y para que ella te escuche todo lo que tengas que decirla.

¡Háblala!  ¡Díselo!

 

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EJERCICIO 3

Estás en tu habitación. Delante todo un equipaje por hacer. Las cosas se amontonan, los libros, los trajes, las maletas…

En el dintel de la puerta está tu padre. Su mirada oscura, lejana… no parece estar, pero sabes que está ahí. No dice nada, pero sabes qué decir. ¡Habla! Dentro de ti se forma un nudo que sube a la garganta.

Cierra los ojos, es un instante, decide y abre tus labios.

¡Háblale! ¡Dile todo! Tus miedos, tus sensaciones, tus momentos de soledad… todo lo que hasta ahora has vivido y no has podido contarle.

Dentro de poco pasarás por esa puerta y ya no la volverás a cruzar igual. El está ahí. Está abierto. ¡Háblale! No dejes nada por decir. La vida, el movimiento de tu futuro está ahí ante los dos. Pasado y futuro mirándose. Habla. No calles.

¡Vacíate de todo el contenido!

133 En busca del niño interior

Vamos caminando por Martínez Campos y nos detenemos a observar a los niños saliendo en tropel del colegio. Los más pequeños son rápidamente retirados de la circulación por padres y personas de servicio. Remoloneando por irse a casa queda un grupito de niños de unos 12 años, con esa desproporción que tiene el crecimiento en estas edades y felices de estar juntos.

Joaquina: En la etapa de 12 a 18 años, la sombra empieza a salir al mundo exterior sin sentirse arropada por la familia. Es la etapa del “yo soy” donde, en el intento de ser igual o totalmente diferente a los valores familiares, el niño deambula grotescamente y a la deriva en un mundo desconocido.

Jon: ¿Por qué dices que deambula?

Joaquina: Deambula y va a la deriva porque es una época donde los adultos, tanto los padres como los maestros o personas cercanas, se sienten incapacitadas para dirigir al pequeño potrillo desbocado que tienen delante. La causa más importante de esta situación es la dificultad que presentan los adultos para reconocer esta etapa en ellos y enfrentarse a elaborarla sin tapujos y sin miedos. La primera pregunta y la más dolorosa de las respuestas nace en el primer instante de encuentro con la vida en el exterior ¿soy bueno o soy malo? Esa respuesta no viene dada por una realidad, ni tan siquiera por el interés del niño, sino únicamente por lo que le resulta más cómodo ante lo que tiene enfrente.

Jon: Explícate, por favor.

Joaquina: Si es un niño decidido hacia la acción, hacia ser operativo, mirará a los niños que van en esa misma dirección, sintiéndose cómodo con ellos hasta el momento en que entra en estado de competencia. Esto se produce cuando busca ser el mejor y el primero. Si no lo consigue, se buscará otros niños de peor nivel, se repetirá curso para no quedar en evidencia y ser el mejor de los nuevos. En fin, se maquinará con las posibilidades cayendo en algunos casos en situaciones no manejables, donde las drogas, el alcohol, el tabaco, etc., son estímulos que les hará perder el inicio de la situación, querrán ser aceptados en este grupo y el resultado es una pérdida de control y un olvido de la causa del cambio. Ya no recordarán su deseo de operatividad…, ni quienes eran, ni el por qué de todo. En este grupo hay dos tipos de sombra, el del que se situó en “bueno” y caminó por el pasillo del aula de la vida sin ahondar en otras facetas de su vida, y el que creyéndose el mejor ha ido cayendo en un pozo que no es el suyo y se olvidó de un segundo o tercer puesto que era válido para el.

Jon: ¿Qué ocurre cuando la decisión es ser malo, indolente, perezoso, y no ser operativo?

Joaquina: El niño va a buscar los personajes que le ayuden en esta situación presentándose dos posibilidades. Primera: que a él mismo le resulta insoportable el nivel de dejadez e indolencia que encuentra, porque en realidad el no es “tan malo como suponía”, lo que le llevará a buscar al grupo de los levemente operativos, no encontrándose con su verdadera sombra o dificultad hasta más tarde.  Segunda: que se deje arrastrar por su maldad y la maldad colectiva a través de comportamientos o estímulos que le ayuden a ello, con el fin de evitar posicionamientos de esfuerzo en un plano operativo y dejando en esta situación su alma sensible escondida en algún rincón donde nadie pueda encontrarla.

Jon: Se me ocurre un tercer caso: que el niño no tenga decisión sobre el bien o el mal.

Joaquina: Según su deseo de huida de una u otra responsabilidad irá mimetizando a los diferentes grupos. Este caso donde la ayuda a encontrarse es difícil y el ocultamiento del propio yo es sofisticado y complicado, aparece en los niños débiles, manipuladores y de fácil manipulación. Siempre en este proceso las situaciones perversas ganan y los atractivos sexuales, drogas, estímulos externos, acaban arrastrando al personaje sin que pueda mediar en su voluntad.

Jon: Y, ¿de dónde parten estas decisiones?

Joaquina: Siempre parten de una premisa: el niño ha aceptado sus raíces o no. Es decir, quiere seguir los dictados de su condición primaria (información familiar) o necesita demostrarse que es autónomo. En todo caso, de lo que huye es de la falta de integridad de sus padres, olvidando la relación edad – tiempo. Los padres hablan, pero no hacen lo que dicen, escondiéndose en la diferencia de edad. El niño de 12 a 18 años necesita pensar que ya es mayor, por lo tanto, basará su relación con el mundo más en lo que vio que en lo que oyó y, en muchos casos, alejándose de ambas cosas y no sabiendo poner límites porque cree que él lo maneja todo.

Jon: En esa época surgen un montón de preguntas: ¿Era bueno lo que me explicaron o hacían mis padres? ¿Es malo lo que me explicaron o hacían? ¿Qué es bueno? ¿Qué es malo?

Joaquina: Efectivamente, nota dentro de sí que vive los mismos conflictos que sus padres. Le apetece hacer algo, pero su interior le dice que no es bueno, y cuando lo hace se da la misma disculpa que los adultos. La sombra en este tiempo vive del deseo de la imagen y de la admiración de los terrenos decididos o elegidos. Realmente la cuestión es: ¿Soy mujer o soy hombre? ¿Soy valiente o soy débil? ¿Soy honesto o deshonesto? ¿Soy estudiante o maleante perezoso? ¿Amo la pureza o me atrae la perversión?

Jon: ¿Y no pasa que a veces elegimos una cosa y somos lo contrario de l elegido?

Joaquina: Detrás de lo que elegimos hay una cuestión a priori insalvable que se llama rencor a, léase entre líneas papá o mamá, y en el más doloroso de los casos, los dos. El niño llama la atención de sus progenitores para que le salven pero pareciendo que desea que le dejen en paz, o que es insalvable ya. La sociedad y los propios padres temen a estas pequeñas criaturas y por primera vez, y de forma insalvable, muestran su sombra. Y muestran su gran luz provocándoles un profundo miedo las dos y esperando que alguien les salve y les dirija.

Jon: La primera borrachera, el primer suspenso, la primera falta grave, los cambios de ropa, peso, formas de comer. ¡Cuánto diálogo soterrado hay detrás de todo ello!

Joaquina: Lo único que el niño busca, como siempre es conseguir llamar la atención, ser aceptado por alguien desconocido, y sabe que, si no lleva atributos de identificación, nunca va a ser aceptado en la tribu. Hay dos tribus, la del bien y la del mal. Son enemigos irreconciliables con normas y códigos de una fuerza tremenda, y los que peor viven en ella son los que son del terreno de nadie.

Jon: ¿Qué hace el niño para poder vivir en cualquiera de las tribus?

Joaquina: Divide su ser en dos partes: la mala y la buena. Si ha decidido ser malo, la buena quedará escondida para siempre, y lo contrario si ha decidido ser bueno. Imagínate un niño que ha decidido escoger lo malo porque es muy perezoso, y se encuentra con que es muy cobarde, y en el mundo de los malos hay mucha violencia. Buscará aspectos de su oscuridad con los que pueda ser aceptado, y con los que él se encontrará cómodo, aunque desgraciadamente nunca será su realidad. Intentará ser el que más bebe, el que más se droga, el que más perversiones sexuales hace, etc. Cuando pasa un tiempo el niño no se acordará que su problema era la pereza y creerá que todo lo que ha hecho es su realidad. Cuando se haga adulto, esta parte la llevará a la sombra y vivirá ocultándose. Creo que sería eterno desarrollar el mundo funcional de esta etapa, pero lo que es cierto es que es la etapa más maravillosa y conflictiva del ser humano. Me entristece comprobar que los padres han olvidado esta etapa de su propia experiencia y no quieren ver en sus hijos lo que no se han permitido a sí mismos.

¿Y tú? ¿Dónde estabas a los 12 años? Te invito a que descorras los velos de tu propio niño interior, para que puedas entender a todos los niños de 12 a 18 años, estén o no en tu tiempo.

132 Inteligencia emocional aplicada III

Jon: Me he equivocado muchas veces.

Joaquina: La sombra es la oscuridad de tus defectos, no tiene nada que ver con que te equivoques. La sombra es no querer ver lo que uno es en negativo. E incluso en positivo. Sombra es ver que tienes un defecto, y como no quieres que yo lo saque entonces te lo guardas. Eso es sombra. Equivocarse es luz. Cuando a un niño no se le ha enseñado a sobrevivir, él entra en la oscuridad de su vida. En el momento en que al niño se le da todo solucionado se ha destruido su primera parte: el autoconocimiento. ¿Dónde se construyó el mundo de las sensaciones? En el cerebro reptil. Si no se le enseña a sobrevivir no estará sano. ¿Has puesto a un niño a dirigir la casa? ¿Has puesto a un empleado a dirigir la empresa? Cualquier cosa de estas les hace pensar que tú piensas que ellos pueden. Si no se les enseña a los niños el “yo puedo”, no tendrán confianza en sí mismos.

Jon: Me gusta la relación que haces entre niños y empleados.

Joaquina: Las familias se arruinan para generar otra vez espacios de crecimiento. Los fracasos profesionales se originan para crear otra vez espacios de conocimiento. Cuando más arriba está un padre, más fracasado es un hijo. En la medida que lo conviertes en todo lo contrario, lo conviertes en alguien que tiene que hacer tu mismo proceso, aparecen dos ganadores.

Jon: Ciertamente, los hijos no son meros espectadores de la vida. Tienen que aprender a vivir, sentir y pensar. Y esta es la mayor empatía posible. Empezar a que él viva por su cuenta. Los padres no empatizan para ponernos en el lugar del hijo y dedicarnos a enseñarle los pasos.

Joaquina: Desde el momento que quieres ser como alguien estás perdido. La empatía máxima es dejar que el niño tenga su propio proceso, recordando que tiene un 50% tuyo y un 50% de tu pareja. Y no olvidando que tu proceso no es el mismo que el de tu pareja. El proceso del niño es una mezcla de dos procesos totalmente diferentes. Permítele su evolución y su tiempo.

Jon: Además de los niños, y en este tema de inteligencia emocional, me parece muy importante que me cuentes sobre la pareja.

Joaquina: La relación de pareja se da a diferentes niveles. La empatía es igual de obligada en todos los casos. Lo que cambia es la expectativa.

Jon: ¿Cómo podemos conseguir tener una empatía con el otro?

Joaquina: Es obligatorio que no salgas nunca de tus zapatos, de tu poder. Posicionarte en que el otro también existe. Y es importante no proyectar tus necesidades en el otro. Es imposible que te relaciones con el otro adecuadamente si no valoras que tiene una individuación propia. Somos seres totalmente diferentes en cuestión de necesidades, de búsqueda…de todo. Hay que consensuar, que llegar a acuerdos, si no la relación es imposible. La mayoría de los problemas de pareja surgen de no darnos cuenta de que el otro es un ser totalmente diferente. Y la empatía es consensuar. La empatía es entender al otro y entenderse a si mismo. Ponerse en los zapatos del otro sin perder los propios. Por eso es fundamental consensuar.

Jon: Una vez propusiste el ejercicio de elaborar una lista con las 10 cosas más importantes para nosotros y las 10 cosas que hay que consensuar.

Joaquina: Es necesario llegar a un consenso comunicado. Es imprescindible la comunicación entre dos personas. Entre dos incomunicativos hay que buscar espacios para hablar. Si se está en una relación de introvertidos, uno de ellos se convierte en extravertido. Uno de los dos habla porque, si no, no habría relación. Lo que no se puede es obligar a la otra persona a que hable, porque acabará transformándose la relación en un coste excesivo.

Jon: ¿A qué te refieres con cuidar la comunicación?

Joaquina: Cuidar la comunicación es cuidar qué, cómo, por qué y para qué vas a decir lo que vas a decir. Que lo que vayáis a decir tenga un sentido. Comunicar de manera transparente lo que es válido para los dos. Comunicar es diferente a hablar. Comunicar es transmitir aquello que es válido para la relación, no los chismes. La comunicación es un ejercicio de salud mental, no surge de una solución problemática en la pareja.

Jon: ¿Y cuándo uno de los dos es introvertido?

Joaquina: El introvertido no soporta que se cuenten sus cosas. El puede aprender a contarlas, pero no se te ocurra contarlas tú. El introvertido es una persona que cuida mucho su privacidad, lo que necesita de sí mismo, porque mira permanentemente hacia él. Lo que tienes que ver en Inteligencia Emocional es que: el punto de fricción en la relación es romper el área de confort del otro y meterle en el área de disconfort. Romperle el área de confort es bueno, porque así trabaja. Pero meterle en el área de disconfort no, porque le violenta. Cada vez que haya problemas volverá el introvertido a meterse en sí mismo. Y el extrovertido a sacarlo fuera.

Jon: Entonces, el ejercicio de estar juntos nos va a violentar.

Joaquina: Es normal. Pero es fundamental que esto no nos saque de nuestro eje y nos meta en nuestra área de disconfort, porque ahí la relación se rompe. Las relaciones de pareja son un acoplamiento de expectativas. La relación ha de ser algo que se convierta en posible.

Jon: También están las relaciones sociales

Joaquina: Son aquellas relaciones donde no pierdes nunca tu ética ni tu responsabilidad. Cuando te hacen perder tu ética o tu responsabilidad esto se convierte en libertinaje, no en relaciones sociales. Y esto hay que transmitírselo a los niños. Cuando estos están siempre queriendo jugar con sus amigos, están entrando en una relación de libertinaje. La responsabilidad y la ética son previas a la relación y se han de mantener cuando entramos en contacto con el otro.

131 Inteligencia emocional aplicada II

Joaquina: Ya tenemos “que somos”, que es el conocimiento, y tenemos el “como somos”, que es la aceptación. Ahora viene la parte más importante del hombre: la motivación. ¿Qué sentido tiene mi existencia? El “porque” de mis motivaciones. ¿Qué busco en la vida? ¿Cómo lo busco? ¿Por qué busco eso y no otra cosa? Esto se llama automotivación.

Jon: Pienso que la mayor parte de los problemas de pareja, de familia, de trabajo… surgen precisamente porque no sabemos lo que buscamos, no sabemos como lograrlo y, lo que es peor: no sabemos por qué eso y no otra cosa.

Joaquina: La desmotivación surge de no acudir a una respuesta cognitiva interna de que es lo que realmente se necesita. ¿Qué sentido tiene mi vida aquí? ¿Por qué existo yo y no existe otra persona? Si uno no conoce su propósito vital está perdido. Si no encontramos el sentido de nuestra existencia no encontramos el sentido de nuestra convivencia, porque desde la motivación ya nos relacionamos con el otro. Si yo encuentro una motivación es cuando miro al otro.

Jon: Ese sería el sentido trascendente de la vida es: “yo he venido al mundo a hacer algo que nadie más puede hacer”. Mi sitio no puede ser ocupado por otra persona.

Joaquina: Así es. El “que busco” tiene que estar definido por un sentido trascendente de si mismo. Lo que busco no es solo para mí, porque si lo busco solo para mi entonces me pierdo. Lo que busco debe tener un sentido que me rebase a mí mismo. Aunque sea algo como ser feliz, ya me rebasa a mí mismo. ¿Cómo lo logro? Y justificación de porque eso y no otra cosa. La motivación es igual a necesidad ¿Qué necesitas tú? Se trata de descubrir qué necesidad tenemos. Esa necesidad es lo que buscamos. Vamos a buscar la necesidad que tenemos cubierta, no la que tenemos que cubrir. Me tengo que centrar en lo que tengo.

Jon: ¿Cuál es la diferencia?

Joaquina: La diferencia entre necesidad cubierta y necesidad expectante es que la necesidad expectante te quita la necesidad y la cubierta te la da. Si yo me pongo a mirar lo que tengo, estoy cubriendo algo maravilloso que es: Que soy, cómo soy y por qué soy así. Este es el sentido de la vida. El resultado es un incremento de la inteligencia transpersonal, es el conocimiento del yo. Tengo que saber: Quién soy, cómo soy y qué quiero, qué necesidad tengo. Y con estas tres cosas: autoconocimiento, autoaceptación y automotivación personal, tengo mi yo personal cubierto. Una vez que mi yo personal está cubierto, lo que estoy buscando es mi yo social, que se llama yo interpersonal.

Jon: ¿Y si eres una persona que simplemente vives la vida sin buscar nada de esto?

Joaquina: Cuando una persona no busca es que no existe ni para ella misma. Hay muchas personas que se quedan paralizadas en el “yo me conozco”, otras en el “yo me acepto”. Y muchísimas otras que no se plantean que tienen que vivir sus propias motivaciones. Si yo no vivo mis motivaciones entonces yo no existo. El sentido trascendente de esta vida es desarrollarme como persona individualmente, aunque se muriera el mundo que me rodea.

Jon: Suponiendo entonces que mi yo personal está cubierto, llega el interpersonal.

Joaquina: El proceso más inquieto del mundo es la relación entre yo y el otro. Hay tres relaciones interpersonales: Relaciones de familia. Relaciones de pareja. Y relaciones sociales

Jon: Conociéndote, las más importantes serán las relaciones de familia, tanto los padres con los hijos como los hijos con los padres.

Joaquina: Las relaciones de familia significan una sola cosa: la unión de dos materias diferentes en una sola cosa. El niño necesita tener 50% de  un padre y 50% del otro. Necesita tener y lo tiene. En el momento en que un niño siente que una parte de lo que él es se siente rechazada por la otra parte, esa parte la esconde. Y es aquí donde se genera la sombra de la familia. Lo que hacemos es formularnos dependiendo de lo que sentimos. Cuando un niño formula una receta que no es la adecuada, formula su enfermedad familiar: me siento rechazado. Entonces hay una parte de mi que anulo.

Jon: Según lo que has dicho antes, deduzco que una conformación familiar tiene 3 elementos: El conocimiento del padre y de la madre. La aceptación del padre y de la madre. Y la motivación del padre y de la madre.

Joaquina: Imagínate lo complicada que es una relación familiar. El niño es el yo de su padre y el yo de su madre. Y luego vive la unión de los dos. Si el niño hiciese la abstracción y mirase a sus padres por separado no tendría problema. Lo que los niños ven son los conflictos de la combustión de estas dos cosas juntas. Lo importante es que el niño vea a sus padres como dos entes independientes. Cuando el niño mira a sus padres, ve a ella rechazándole a él y él rechazándole a ella, aunque se lleven estupendamente. El niño se da cuenta de que se produce un acoplamiento. De que papa cambia cosas. Y mama cambia cosas. Cuando se provocan estas combustiones, el niño va perdiendo el contacto de “quién es” y empieza a plantearse “quién quiere ser”. El “quién quiere ser” viene determinado por las relaciones entre ambos.

Jon: ¿Cómo ocurre exactamente?

Joaquina: Si yo soy como él y escucho a mama decir que eso no lo acepta, lo que hago es romper mi personalidad, convirtiéndome en alguien difuso que no muestra quien soy. Esto se guarda en la sombra. No quiere decir que no lo tenga, sino que lo guarda dentro y muestra lo que el otro está esperando. El niño convierte en sombra parte del padre, parte de la madre y parte de la relación de ellos dos. Sale a la calle limitado por el “no me siento aceptado”.

Jon: ¿Cómo se resuelve una relación familiar con un hijo?

Joaquina: Mirando la luz del padre y la luz de la madre. Un niño es feliz cuando el padre y la madre le miran desde la luz de ellos, no desde su sombra. Se trata de hacer un trabajo para identificar quién eres en positivo y mostrar esa referencia a tus hijos.

Jon: De esta manera, aseguro al niño que si manifiesta A o B no le va a pasar nada.

Joaquina: Cuando tú te miras desde la luz no estás escondiendo tu sombra. Estás mirando tu luz, la sombra no existe. Cuando tú tienes una sombra escondida no estás mirando tu luz. El niño oculta lo que es. Si tú pones el foco en trabajarte todos los días tus fortalezas, el niño va a identificarse con ello. Si yo me fijo en mi fortaleza, mi debilidad se va superando. Se trata de ver lo que se tiene en positivo y aquello que se tiene que trabajar. Siempre que se conecta con lo positivo se sabe decir que si y que no. Cuando yo quiero hacer un plan de familia, tengo que centrarme en aquello que da la paz a las dos personas.

Jon: Me doy cuenta de que, en la actualidad, en la general, hemos pasado de una familia autocrática, de unos padres autoritarios y represivos, a unos padres totalmente laxos, en aras de superar lo anterior. No es bueno ser totalmente laxo ni totalmente autoritario. Cuando los padres eran autocráticos había una sobredimensión de la responsabilidad y de lo que había que hacer. Cuando los padres son flojos, hay una falta de dimensión sobre lo que hay que hacer.

Joaquina: Para hacer un trabajo de inteligencia emocional con tu hijo debes sentarte con él o ella y ver si se conoce, si se ha aceptado, y qué motivaciones tiene. Si tú le preguntas al niño “¿para qué ha venido al mundo?” y no sabe contestar, es porque tú no le has dado significados. Si tú no le has dado significados al niño es que escondes el significado de por qué estás aquí. Y uno no puede ser feliz si no sabe que ha venido a algo concreto. Necesita la concreción de “para qué” ha venido aquí.

130 Inteligencia emocional aplicada

Hay mucha crispación en la prensa, en las redes sociales, en la calle… Como dice mi amiga Carolina: “estamos con la piel muy fina” En mi paseo con Joaquina quiero indagar en ese mundo emocional tan complejo y abrupto.

Jon: ¿Qué es lo que sucede para que el hombre pierda el contacto con lo que es y con lo que quiere ser cuando una emoción aparece? Y da igual si es una emoción de éxito o una emoción de fracaso. Tenemos los mismos problemas de desbordamiento con el fracaso que con el éxito. Quizá lo que te quiero preguntar es ¿por qué las personas tenemos problemas con las emociones? Y ¿qué podemos hacer para descubrir la diferencia entre una persona ordenada emocionalmente y una persona desordenada emocionalmente?

Joaquina: Cuando eres niño, tienes el cuerpo lleno de sensaciones. Tus sentidos están totalmente disparados. Y permanece así casi toda la vida, sobre todo los varones. Las emociones se empiezan a desarrollar en la época juvenil. Los jóvenes tienen las emociones desbordadas, creen que las cosas son de una manera y las defienden a muerte. A tu edad deberías ya manejar sentimientos. Lo que sucede es que está pasando algo dentro de ti que en este momento te está desajustando. Sería ponerle pensamiento a las emociones. Eso es Inteligencia Emocional.

Jon: Entonces puedo decir que la Inteligencia Emocional siempre es un buen manejo de las relaciones humanas, ya que es la relación humana la que nos hace perder o ganar en inteligencia.

Joaquina: El primer elemento por el que la Inteligencia Emocional es imprescindible es porque cuando una persona se relaciona con otra persona se encuentra con la lucha de intereses, y ahí es cuando, de alguna manera, pierde su inteligencia. Cuando la Inteligencia Emocional se pierde es cuando tenemos expectativas que no cubrimos. Esas expectativas están posicionadas en 3 bandos: La expectativa que tengo sobre mí; La expectativa que tengo sobre ti; Y la expectativa que tengo, sobre todo. Las tres preguntas que te tienes que hace r son:

  • ¿Qué expectativa tengo yo con respecto a mi propia Inteligencia Emocional?
  • ¿Qué expectativa tengo yo con respecto a las personas más cercanas a mí (mi pareja, mi madre)? Las personas con las que tengo un vínculo con una expectativa direccional e inmediata.
  • Y ¿qué expectativa tengo yo con respecto a la sociedad? que es más lejana, pero con la que me tengo que enfrentar.

Jon: Las expectativas, entonces, son las que nos dicen si tenemos problemas con la Inteligencia Emocional. La primera pregunta se podría formular como: ¿Qué estoy esperando yo de mi mismo en relación con mi vida? ¿Qué estoy esperando de mi mismo en relación con mi desarrollo físico, emocional e intelectual?

Joaquina: Lo primero que tienes que saber es si en el yo has puesto ese ejercicio de conocerte, de aceptarte y de motivarte: ¿Estoy viviendo conmigo perfectamente? ¿Hay cosas de mí que no conozco? Si no me conozco ¿Cómo me voy a poder relacionar bien con el otro? ¿Me acepto o soy una persona que me critico? Y si me critico, ¿cómo me voy a poder relacionar bien con los demás? ¿Tengo una motivación y la vivo? Si no tengo mi motivación, ¿cómo voy a intentar que los otros acepten mis motivaciones? Estas son las preguntas tienes que hacerte para descubrir tu inteligencia intrapersonal, es decir, donde estás en relación con el mundo.

Jon: En el conocimiento del yo. La primera cosa que me pregunto es: ¿qué conozco de mi mismo para estar preparado para cualquier cosa que pueda suceder? Para analizar lo que está fundamentando mi yo, tengo que preguntar en 3 niveles: ¿Quién soy? ¿Cómo soy? ¿Por qué soy?

Joaquina: Así es. Te pongo un ejemplo conmigo misma: ¿Quién soy yo? En relación conmigo, no en relación con nadie. ¿Quién soy yo aquí y en el ahora?: Una experta en Inteligencia Emocional. ¿Cómo soy como experta en Inteligencia Emocional?: Una experta que busca el cambio de cualquier persona que le esté escuchando. ¿Por qué?: Porque pienso que, si no hay un cambio permanente en la persona, la persona no es feliz. Si no tienes la capacidad de hacerte y contestarte estas preguntas, te provocará que el “quién soy yo” enrarezca el “cómo soy yo”. Soy alguien que no me acepto y, por lo tanto, no me encuentro bien conmigo mismo.

Jon: Tengo la sensación de que el “¿quién soy yo?”, “¿cómo soy yo?” y “¿por qué soy así?” es una unidad.

Joaquina: Además, el conocimiento del yo te dice para que estas aquí. Cuando vas haciendo tu estructura, lo que vas rellenando te va dando una identidad que te hace ser único. En el momento en el que sientes que lo que eres es bueno, que te gusta lo que eres, lo que va sucediendo es bonito. En el momento en que te das cuenta de que el “qué soy” no te gusta, ya todo lo demás te empieza a dar problemas. El conocimiento del yo es conocer todas las facetas donde puedes llenarte de tu yo.

Jon: Se podría hacer un diario de conocimiento, descubriendo todas las facetas que tengo y puedo aprovechar. ¿Y ahora?

Joaquina: Ahora viene la aceptación. ¿Qué aceptas de ti? ¿Qué es en lo que piensas de ti y dices “Soy lo mejor”?

Jon: ¿Y si acepto todo?

Joaquina: Por muy de Bilbao que seas Vamos a ver esto para darnos cuenta de que tenemos, tienes una parte que no aceptas. En la parte que aceptas te sientes muy bien. En la parte que no aceptas te sientes muy mal. ¿Qué aceptas y como expresas eso que aceptas? Porque hay personas que aceptan de sí cosas, pero no las expresan. Difícilmente aceptamos la tensión que provoca mirarnos. Cuando nos confrontamos con algo lo pasamos un poco mal, de momento… pero nos cambia la vida.

Jon: Bueno, aceptamos una confrontación cuando no nos toca. Y cuando nos toca queremos que el proceso se haga más delicadamente, mas largo.

Joaquina: Este es el problema más grave de la Inteligencia Emocional: la falta de aceptación de nuestra realidad. Si no aceptas tu realidad, la que es de verdad, tarde o temprano te va a pillar tan desprevenido que te va a destruir. Porque la realidad de la vida es que hay enfermedades, la realidad de la vida es que hay finales de relación, la realidad de la vida es que hay amor que no es eterno, la realidad de la vida es que hay riqueza, hay pobreza… Si no tienes conciencia de lo que tienes fuerte para luchar contra lo que la realidad de la vida te va a deparar, te va a pillar desprevenido. Pero si te ves fuerte en algo, te va a pillar mucho menos desprevenido. Busca lo que tienes muy bueno para hacer frente a la realidad. Lo que no tan bueno también lo puedes mirar, pero no es tan necesario que lo mires todo el día. Porque si todo el día estás mirando la luz, la luz apaga la sombra. Si miras la sombra, no voy a tener nunca luz. La luz no tiene sombra. La sombra jamás tiene luz.

Jon: Efectivamente, lo que tengo fuerte es lo que debo expresar, porque es mi valor, y es en mi donde tengo que trabajar lo positivo. Viene a ser la autoaceptación que me va a permitir vivir en equilibrio conmigo mismo

Joaquina: Si no tienes la cualidad sobre la que nutrir tu Inteligencia Emocional individualmente, no serás nada en la vida. Eso te va a sacar de cualquier situación: de una enfermedad, de una pérdida…porque eso es lo que te da la luz. Lo que más acepto de mí es aquello que me permite tener la luz de mi misma. El único ser que te conoce eres tú mismo. El que el otro te diga que eres estupendo no va a provocar nada. Pero si tú eres capaz de decir: “Esto es lo que yo soy y lo acepto” tendrás las emociones ordenadas.

Jon: ¿Qué es lo que nos hace vivir en las emociones desbordadas?

Joaquina: La falta de aceptación personal, que nos lleva a la falta de aceptación de lo que pasa en el mundo. Yo elijo ser algo porque ante cualquier situación me encuentro conmigo misma, me permite permanecer autentica. Cualquiera puede ser algo, por ejemplo, directo, honesto… Si lo expreso empieza a hacerme individual. Y a mi en particular, porque lo elijo, me conforma. Lo elijo porque soy yo en cualquier medio y cualquier lugar. Me permite permanecer autentica. ¿Notas la diferencia de utilizar la mente a utilizar la emoción?

129 Enfermedad y conciencia

El hombre en su huida del Sí Mismo y con el deseo de sentirse separado de todos los demás, da prioridad a su cuerpo constituyéndole como la base de su existencia. El cuerpo es el campo de operaciones donde el ego se fortalece y produce mayor dificultad de encuentro, no ya sólo con los otros egos, sino también con su propio ser.

Jon: Esto lo tenía escrito en el cuaderno de apuntes de uno de tus cursos. Recuerdo que cuando te conocí me curaste un esguince bastante serio en mi tobillo izquierdo

Joaquina: La somatización es una huida a través de la enfermedad, del enfrentamiento a los conflictos. El enfermo no tiene fuera de él a ningún agresor o enemigo, de haberlo éste está dentro de él mismo. Las manifestaciones físicas son un mensaje del ego para localizar a través de los síntomas la clave del problema.

Jon: Entonces los síntomas son un mensaje…

Joaquina: La sintomatología puedes verla de forma localizada o tipificada en relación con una enfermedad ya conocida, o designada por medios tradicionales, o referirnos a un aparato u órgano en general que nos acercará más al concepto holístico de la persona. Por ejemplo, la alergia y su advertencia de nuestra tendencia a la intolerancia, o de la alergia alimentaria, a pólenes, polvo, etc., donde la intolerancia se particulariza, lo que conlleva ver una parte del problema y no su totalidad.

Jon: Eso puede ser porque en las múltiples divisiones físicas que realizamos cada día al hablar de nuestro cuerpo nos olvidamos del ser humano y su entidad mental.

Joaquina: Eso es lo que es lo que pretende el ego, porque desde ahí, desde la gran separación de nuestro propio ser, consigue que permanezcamos separados unos de otros. Salud y enfermedad son conceptos que hablan del mal estado del ser humano, no de sus órganos o aparatos. Síntomas puede haber muchos, pero todos ellos hablan de una sola cosa: enfermedad. Últimamente la medicina tradicional acepta que algunos de los problemas son psíquicos. Yo creo que todos los problemas nacen en la mente y se expresan en el cuerpo. Por tanto, hay que estar atento y observar cómo habla el cuerpo, su física, la química y aquellas conexiones con las emociones para trabajar profundamente lo mecánico, fortaleciendo nuestra voluntad. Debes recordar el mundo manifestado y el no manifestado. Si estás manifestando enfermedad, en lo no manifestado estará esperándote la salud.

Jon: ¿Cómo puedo hacer para poder manejar las leyes del cuerpo?

Joaquina: Las leyes del cuerpo no son otras que las de tu mente, debes pasar por el conocimiento de la función de cada hemisferio, de la carga y descarga, el concepto dador y receptor, activo y pasivo, y desde ahí perder este punto de referencia para que todo se convierta en una sola cosa un “yo” dentro de un “todo” único y perfecto.

Jon: ¿Por qué son tan complicados los mensajes que nos da el cuerpo?

Joaquina: Podría decirte que la falta de sinceridad del hombre le lleva a abrirse ante los demás a través de los síntomas, eligiendo este sistema como la forma de expresar a la Unidad su ruptura con ella. Por ello hay que mirar siempre las causas (intolerancia) aunque para entenderlas miremos los efectos, que serían los síntomas (alergia).

Jon: Según estos puntos de vista, ¿cómo na ce la enfermedad?

Joaquina: La enfermedad nace como consecuencia de un hecho del que te culpabilizas y necesitas sentirte inocente. Alguien, en este caso el cuerpo es el culpable y tu serás absuelto, una inocencia que no es gratuita, y te cuesta dolor y sufrimiento.

Jon: Es decir, un pasado (hecho) se lleva al presente (culpabilidad) para prolongarlo al futuro (miedo). De tal manera que todo acto tiene consecuencias obligadas que pueden ser activas o pasivas. La auto observación y el respeto a esta ley impedirían muchas enfermedades.

Joaquina: De lo que se trata es de vivir el presente después de haber extraído lo válido de un pasado, para acercarse al futuro lleno de paz y felicidad. Para eso, hay que analizar las bases mentales, emocionales y físicas con las que te ayudas para reconocerlas.

Jon: Y por otro lado tenemos el ego…

Joaquina: Efectivamente… vive un pasado tormentoso, lleno de dolor en el presente que se expande hasta el futuro. Si observas muy detenidamente la expresión física, química, emocional y mental, y las trabajas una a una, evitarás que algo pueda vencer tu camino hacia la Mente Recta.

Jon: La gravedad o intensidad de la enfermedad ¿tiene que ver con algo de esto?

Joaquina: Según las características del componente mental (cualidades inhibidoras) los órganos presentarán mas acusadas deficiencias cuando son la base de la expresión de estas. Sin embargo, no siempre van a estar en relación directa de importancia, porque habiendo golpeado la cadena en un punto, en la actualidad se estará expresando en otro muy diferente, que será lo que nos empeñaremos en trabajar para no acometer en profundidad la verdadera dificultad. Es importante que sepas que estamos trabajando dentro de los artilugios del ego, y dentro de nuestra conciencia separada. La realidad es que la superación de algo ha solucionado el resto.

Jon: ¿cómo?

Joaquina: Debes caminar muy lentamente hasta manejar todos los movimientos y las secuencias que el ego hace a través de la ilusión de su existencia, e ir desmitificando la fuerza que le has dado. Tus conflictos crónicos consumen la energía constantemente, provocando desmotivación, abulia, resignación, tristeza… Toda decisión libera este cuadro y saldrás fortalecido al haberte sabido enfrentar a un problema, y haber aprendido algo en él y por él mismo. Es decir, habiendo ganado conciencia.

128 Pensamiento y familia

Me gusta hablar con Joaquina de niños ya que siempre está una triple visión: El niño de afuera, el niño que fui, y el niño interior.

Jon: Joaquina, en alguna ocasión te he oído relacionar la inteligencia libre y la inteligencia cautiva con la familia. Si recuerdo bien, dijiste que la inteligencia cautiva está relacionada con la capacidad de supervivencia, de adaptación.

Joaquina: Así es, el niño debe adaptarse a su supervivencia, pero en primer lugar son los padres los que deben aprender a sobrevivir.

 Jon: Sí, siempre somos los padres los que tenemos que hacer el trabajo. También dijiste que la inteligencia libre está relacionada con la capacidad de innovación.

Joaquina: Cuando el niño tiene inteligencia libre, ya puede vivir procesos nuevos, experimentar cosas nuevas a través de la inteligencia, porque adquiere capacidad de adaptación. La Inteligencia cautiva está dañada cuando existen dificultades para sobrevivir, ya que una Inteligencia cautiva sana significa saber sobrevivir en cualquier medio. Todos estamos cautivos, puesto que todos los procesos de una persona le hacen cautivo de la necesidad de aprendizaje. Es importante saber qué es lo que nos cautiva, ver dónde existe el bloqueo. Para ello, debemos preguntarnos: “¿Somos libres? ¿Sabemos lo que necesitamos en cada momento?” La enfermedad de la inteligencia cautiva viene determinada por el tiempo de adaptación a una situación nueva. Cuanto mayor sea el tiempo de adaptación, más dañada estará la inteligencia cautiva. Cuando la inteligencia cautiva está dañada, proyectamos en los demás los bloqueos, impidiendo la fluidez, mientras que cuando la inteligencia cautiva está sana, la adaptación y rapidez nos llevan a la libertad. Por ello es fundamental preguntarse ¿Qué tengo que aceptar para liberarme del cautiverio?

Jon: Por ejemplo, ¿la acción de cocinar estaría conectada con la inteligencia cautiva, mientras que cocinar recetas originales, con la inteligencia libre? ¿Qué marca la capacidad de sobrevivir?

Joaquina: El país marca la capacidad de sobrevivir, es decir, en España, cualquiera que gane el sueldo base, tiene la capacidad de sobrevivir por sí mismo. Para la inteligencia cautiva es imprescindible medir límites, responsabilidades y riesgos: el ahorro de energía, de fuerza… Todos estamos cautivos, porque estar sanos en inteligencia cautiva supondría cumplir las rutinas: comida, sueño, higiene…y hoy en día eso es muy complicado.

Jon: ¿Y cómo ocurre en las etapas evolutivas?

Joaquina: De 0 a 4 años el niño está cautivo de los adultos, y a partir de los 12, el niño sobrevive. La inteligencia cautiva enferma supone no reconocerse o reconocerse demasiado con la capacidad de sobrevivir. La etapa de 0 a 1 año es muy importante, porque marca la etapa de 0 a 12 años. Es donde está todo el patrón de aprendizaje, ya que un niño cuando nace dice lo que tiene que aprender. Por ello hay que reconocerle al niño la capacidad de aprender, así como enseñarle rutinas. Lo que el niño no aprende de 0 a 1 año es lo que irá mostrando con bloqueos. El primer mes el niño no ve y no escucha, sólo oye. A los 15 días aparecen los cólicos, indicando que el niño no se siente aceptado, siente: “no he llegado al sitio adecuado…” Ese mismo sentimiento es el que tenemos cuando llegamos a un sitio nuevo, estamos cautivos de no haber llegado al sitio adecuado, necesitamos adaptarnos a un medio hostil. Por ello los primeros 15 días de vida marcan la capacidad comunicativa, reflejándose en los 15 primeros minutos de relación con los demás, marcando el éxito o el fracaso de la relación.

Jon: Entonces, siempre que empezamos algo nuevo, conectamos con esos 15 primeros días desde: “¿seré aceptado? ¿les gustará mi nuevo proyecto?”

Joaquina: La persona que busca reconocimiento quiere que se le vea porque no se ha sentido mirada los primeros 15 días, mientras que la persona que busca aceptación quiere gustar, porque no se ha sentido aceptada (querida).

Jon: Pues, para los profesores, sería interesante que dedicasen los 15 primeros minutos de la clase al posicionamiento de los alumnos, ya que es importante ver qué niño quiere ser reconocido y qué niño quiere ser aceptado para tratarlo sin hacerle daño. Tengo una amiga con un bebé que no para de llorar, ¿tiene que ver con algo de esto?

Joaquina: Un bebé que llora mucho no reclama atención, reclama que le dejemos aprender a él solo. A los niños hay que atenderlos, pero no resolverle sus problemas. El niño necesita un maestro al que mirar, debe ser él quien mire al maestro, y no al revés. Por eso no hay que acostumbrarle a ser el centro de atención, a que todos le miren, porque no aprenderá a estar solo y a mirar a su maestro. Cuando un bebé llora, muestra que no se reconoce como capaz. Los cólicos indican que le tensiona las nuevas situaciones. Hoy en día, los niños no reconocen la autoridad porque no se sienten reconocidos.

Jon: Entonces, todo ese barullo que se monta con los niños recién nacidos cuando llegan por primera vez a casa y se les dicen tonterías, y pasan de mano en mano…

Joaquina: El niño recién nacido necesita silencio y observación, ser escuchado. Lo más importante es mirarle con amor, porque el bebé siente ese amor. Cada vez que vamos a un sitio distinto, somos como un niño recién nacido, por eso es muy importante aprender a mirar al otro, para ver qué necesita. En los 15 primeros minutos de relación el otro está sumergido en su egocentrismo, por ello no debemos tenerlos en cuenta, sino considerarlos como observación.

Jon: Y volviendo a la inteligencia cautiva…

Joaquina: La inteligencia cautiva incluye los pensamientos predeterminados. Es importante analizar cuáles son nuestros pensamientos predeterminados, porque son los que les transmitiremos a los niños. El pensamiento predeterminado respecto al trabajo conecta con la relación con el padre, mientras que los afectos, la casa….dependen de la relación con la madre.

Jon: Te he oído decir muchas veces algo que te enseñó tu padre: “Todo el mundo te ve, no todos te aceptan, comunícate con todos”

Joaquina: Así es. Si nosotros nos vemos, los demás nos ven, pero el que nosotros nos aceptemos no implica que los demás nos acepten, sólo debemos conseguir que nos aprueben. A los niños hay que enseñarles primero a verse, a sentirse presentes y después a aceptarse.

Jon: ¿Y respecto al reconocimiento?

Joaquina: Si uno reconoce sus necesidades, reconoce sus límites, sus capacidades afectivas y económicas, sabrá quién es y lo que puede hacer o no. A los 3 años el niño busca reconocimiento, pero a medida que se acercan los 4 años, emergen los sentimientos que el niño no sabe manejar, por lo que a los 4 años lo que busca es aceptación. Me permito un consejo: no tratar al niño como un muñeco de feria, haciéndole carantoñas…Cuando un niño sonríe, no hay que tratar de poner la misma cara que él, sino recoger su sonrisa y devolverle la nuestra sin imitarle.

Jon: Has hablado poco de la inteligencia libre…

Joaquina: El pensamiento predeterminado es el pensamiento práctico, que permite hacer, mientras que el pensamiento creativo es el que nos permite ser felices. Para conseguir que un niño aprenda a construir un pensamiento novedoso, cuando trate de contar la misma historia dos veces seguidas, dile que ya contó y pregúntale “¿querías añadir algo más?”, De esta manera va a ir construyendo la historia y no se produce la cadena de limitación creativa: los padres limitan al niño y el niño limita a los demás. La comunicación creativa es vida. ¿Papá y mamá te permitían repetir lo mismo o te ayudaban a construir la historia?

Algunas preguntas y una aseveración: ¿Necesito reconocimiento o aceptación? ¿Cuál es mi pensamiento predeterminado? ¿Quién me lo ha enseñado: mi padre o mi madre? ¿Me siento incompleto para vivir? La respuesta a esta última pregunta para todos es sí, y es porque nuestros padres no nos han visto capaces.

127 Farsa de comportamiento

Estamos en una gran superficie comprando algunas herramientas que necesito para hacer una chapucilla en casa. Mientras esperamos en la fila de la caja, con nuestros productos en la cesta, un padre con dos hijos se coloca justo detrás. Son dos niños de unos 7 y 9 años y lo de siempre, personalidades distintas, actitudes distintas y modos de llamar la atención diferentes. Les observamos un rato, yo con impaciencia y mirada recriminatoria al padre, Joaquina con la mirada del que comprende qué está pasando en realidad. Ya en el coche, la luz va entrando en mi cabeza.

Joaquina: Vivimos en un mundo donde cada uno de nosotros compite en el interior entre su lado intimista, que se oculta a los demás, y el otro que sale a la luz y se extiende mas o menos libremente. Esa misma separación y ese mismo ocultarse y fluir es nuestro espejo ante cada uno de los seres más próximos o lejanos que nos rodean.

Jon: Sí, a veces siento que en mi Yo existe una usurpación energética entre cada uno de mis lados haciendo, en muchos casos, inoperante mis decisiones y viviéndolas en una contradicción entre lo que pienso, digo y hago. ¿qué puedo hacer?

Joaquina: Ante todo esto nace un sistema de control que hemos aprendido en nuestra infancia para buscar en los otros aquello que nos negamos a nosotros. Esto nos hace vivir en un estado de incompleción que nos angustia y, decidimos resolverlo usurpando en los otros lo que creemos que nosotros no tenemos. Esta actitud la programamos repitiéndola una y otra vez, dándole el nombre de farsa. Le doy ese nombre porque es una representación de un guion que hemos desarrollado repitiendo la escena en nuestra vida cotidiana sin percatarnos de ello, y haciéndolo un hábito limitativo y cuantitativo que nos impide desarrollar otras escenas.

Jon: ¿Dices que nace en la infancia?

Joaquina: La farsa nacen en la infancia, en el seno de la familia, es algo que has decidido aprender para sobrevivir en ese núcleo familiar. De adulto es la muerte, pues nos escondemos y proyectamos de una forma patológica para que nos dejen en paz.

Jon: ¿Cómo ocurre?

Joaquina: Primero ves a tu madre, y para funcionar adoptas la farsa que necesites. Esta farsa se programará dentro de ti y no te das cuenta de cómo o cuándo empezaste. Eso te coloca en contradominancia, pues paras lo que eres. La realidad es que eres como ella, pero no lo puedes ser con ella delante. Luego ves a tu padre y sucede lo mismo. Mas adelante te encuentras con tus hermanos con los que harás lo contrario de lo que hacías con tus padres.

Jon: ¿Lo contrario?

Joaquina: Por ejemplo, si tu padre era intimidador contigo y tú ejercías de pobre de tí, harás de intimidador con tu hermano. Guardarás el rencor cuando no has podido sacar otra parte de tu ser ante tus hermanos. Esta farsa, en el fondo, es una paralización de tu ser que, en lugar de mirar dentro de si y obtener todo lo que desea para después extenderlo a los demás, se paraliza maniobrando por y para conseguir la atención y la energía de los demás.

Jon: Es decir, nos hacemos parásitos energéticos los unos de los otros.

Joaquina: Así es. Otro ejemplo, pienso en alguien de carácter reservado. Su manera de controlar personas y situaciones es crear en su mente esta farsa durante la cual él se aparta y parece misterioso y lleno de secretos. Se dice así mismo que obra de este modo por cautela, pero lo que realmente hace es confiar en que alguien será atraído por esa farsa e intentará deducir qué le ocurre. Cuando alguien lo intenta él sigue siendo impreciso, indefinido, forzando a la otra persona a insistir, a indagar, a escudriñar para distinguir cuales son sus verdaderos sentimientos.

Jon: Entonces, ¿hay infinitas farsas, una para cada uno de nosotros?

Joaquina: No. Hay 5 farsas de comportamiento en la interacción, y 4 farsas más determinantes en el mundo de la comunicación tácita y expresa. Las farsas de interacción son: Intolerancia que produce inseguridad. Inseguridad que motiva la desconfianza. Desconfianza que produce apatía e infelicidad. Apatía que produce paralización. Y paralización que lleva a la intolerancia. Cuando están en interdominancia funcionan de la siguiente manera: La intolerancia genera inseguridad, que genera desconfianza, la cual producirá apatía que generará paralización.

Jon: Y, en relación con la comunicación las farsas son…

Joaquina: El intimidador que origina el pobre de mí, u otro intimidador. El interrogador lleva al reservado. El reservado propicia el interrogador. Y el pobre de mí crea al intimidador. Cada una de estas farsas puede estar de una forma determinada dentro de nosotros pudiendo decir que nuestro comportamiento es siempre el mismo, o variar según las circunstancias que nos rodeen. Si estamos ante una persona intolerante podemos convertirnos en seres inseguros, o permanecer en nuestro estado de intolerancia y querer conseguir la inseguridad del otro, lo cual propiciará una tensión hasta que se adecuen ambas farsas. Lo importante en estos momentos es la necesidad de corregir nuestras farsas de comportamiento para poder participar de un mundo en extensión, liberado y en crecimiento, y alejarnos de estos estados de separación donde todos estamos perdiendo.

Jon: ¿Qué podemos hacer para no manipular con nuestras farsas?

Joaquina: El primer paso para resolver la situación es trasladar nuestra particular farsa a la plena conciencia. Nada adelantamos hasta que no nos miremos realmente a nosotros mismos y descubramos qué hemos estado haciendo para maniobrar en busca de atención. Debemos retroceder a nuestra vida familiar y poder determinar cómo y porqué se formó este hábito. Desde ahí nos será mucho más fácil ser conscientes de cambiar el deseo de controlar a los otros. El desarrollo de nuestras farsas particulares guarda siempre relación con nuestra familia. Sin embargo, una vez hayamos identificado la dinámica de la energía en la familia, podremos rebasar aquellas estrategias de control y ver lo que realmente pasaba. Toda persona debe interpretar su experiencia familiar desde un punto evolutivo, un punto de vista espiritual y descubrir quién es realmente. Una vez hecho esto, nuestra farsa de control desaparece y nuestra vida cambia de rumbo.

Jon: ¿Podrías darme algún ejemplo más de las farsas de comunicación?

Joaquina: Las personas reservadas motivan la interrogación, siendo los interrogadores los que consiguen que los otros sean reservados. Un pobre de mi necesita a su lado un intimidador, y un intimidador disfrutará de ese pobre de mi entregado a esa farsa. El interrogador, por ejemplo, es una persona que construye esta farsa en la que hace preguntas y sondea el mundo de otra persona con la intención específica de encontrar algo censurable. Cuando lo ha encontrado, critica este aspecto de la vida del otro. Si la estrategia funciona, la persona criticada es incorporada a la farsa. Luego, de súbito, dicha persona se siente cohibida, tímida; se mueve en torno al interrogador y presta atención a cuanto este hace y piensa, con objeto de no hacer algo malo que el interrogador pueda notar.

Jon: Y si, por ejemplo, alguien nos cuenta las cosas horribles que le ocurren dando a entender, quizá, que nosotros somos los responsables, y que si nos negamos a ayudarle continuarán ocurriéndole esas cosas horribles.

Joaquina: Entonces esa persona pretende controlarnos al nivel más pasivo, con lo que se califica de farsa del pobre de mí. Todo lo que esa persona dice o hace nos coloca en una posición en la que tenemos que defendernos contra la idea de que no estamos haciendo lo suficiente por dicha persona. El resultado es que nos sentimos culpables por el mero hecho de tenerla cerca.

Jon: Estos ejemplos nos hablan de la dependencia de atención, un tanto patógena, que en tenemos en nuestra infancia.

Joaquina: Somos seres que nos sentimos separados y con derecho a una totalidad que no tenemos y que deseamos obtener, no por la grandeza y generosidad del compartir, sino a través de la incomprensión de que los demás tengan derecho a lo mismo que nosotros. Por lo tanto, la revisión de estas farsas debe ser realizada principalmente en el seno familiar, con nuestros padres y hermanos. Actuaremos ante papá para conseguir acercarnos o distanciarnos buscando la atención de mamá, y que nos sienta únicos e irrepetibles. Una vez conocida nuestra farsa podremos ver qué yace detrás de estos trasiegos emocionales. Descubrir esa verdad puede dar renovado vigor a nuestra vida, porque nos dice quiénes somos, qué camino seguimos, y qué estamos haciendo en nuestra vida. Las farsas de comportamiento son siempre un deseo de obtención por lo que detrás de ellas subyace una aceptación de no ser completos. Cuando las vencemos caminamos a una unidad y a una plenitud. Que no paremos cada día en vencer nuestra inclinación a repetir nuestras farsas.

126 Asertividad

Estamos sentados en un cómodo sofá en el salón de la casa de Joaquina. Me invitó a cenar y después a ver en la televisión un debate de los que se han puesto de moda. Políticos, periodistas, intelectuales… ¿comunicando? Eso es debatible.

Joaquina: La importancia de la comunicación radica en la capacidad de escuchar y hablar lo que cada uno piensa con el fin de conseguir intercambiar ideas que aporten sabia nueva a la relación interpersonal, profesional o cotidiana de los participantes. La habilidad que poseemos para expresar lo que realmente queremos en el tiempo y medio adecuado es importante para desarrollar una mejor relación con el entorno.

Jon: Ya sé que no te gusta cuando soy irónico, pero lo que estamos viendo aquí…

Joaquina: Una falta de fluidez para pedir algo, acaba generando malestar y a veces una baja autoestima de difícil resolución. Y esta situación se agrava cada vez que se repite la dificultad. Si te fijas, todos buscan obtener resultados.

Jon: Yo lo que veo es una falta total de asertividad. Defino esta como la capacidad de autoafirmar nuestra idea, sentimiento o nuestra ética frente a los demás sin agredir ni ser agredidos, aumentando nuestra capacidad de transmitir opiniones desde la claridad, concreción, con fuerza y flexibilidad llegando al fin que queremos sin pasar por encima de los demás. Es decir, nada de lo que estamos viendo en la televisión.

 Joaquina: El principio de la asertividad está en conseguir lo que se desea sin dañar el interés de los otros. La asertividad que construye, donde los datos quedan al aire y hay transparencia, es un medio de persuasión; la que destruye es manipulación y no queda nada claro.

Jon: Sí, como en la película de Wall Street. Michael Douglas es como estos, descalificador, destructor, nada asertivo. Tira abajo lo que no le gusta para conseguir lo que quiere

Joaquina: Para ser asertivo hay que ser consciente de tu individualidad y de los derechos de los demás. La asertividad es, por encima de todo, un medio de ser eficiente, resolviendo cualquier conflicto ante los demás, y consiguiendo resultados altamente positivos para todos. Es ser claro, concreto Y preciso, con amabilidad y fuerza para llegar al fin que se quiere. Con ello lo que se obtiene es más seguridad en uno mismo, resultados positivos y respeto a los derechos de los otros.

Jon: Vaya, es la que te hace encontrar un punto de luz para caminar sobre la comunicación.

Joaquina: Se puede ser íntegro siendo asertivo, pero no se tiene por qué ser asertivo siendo íntegro. Asertividad es la capacidad de transmitir lo que se es y lo que se piensa. Ser íntegro y aprender asertividad es todo un éxito. Ser no íntegro y querer ser asertivo es imposible. Un asertivo nunca compite y jamás dice lo obvio, nunca plantea un estado de discusión, sino de clarificación. En la asertividad es muy importante la autoafirmación, ya que está en uno mismo, y si eres asertivo nadie podrá quitarle tu idea.

Jon: Aquí si que me viene a la cabeza la escena de la película “Adivina quién viene esta noche” donde Sidney Poitier es totalmente asertivo en la conversación que mantiene con los padres de su prometida. Expone claramente lo que piensa y se posiciona con fuerza y seguridad con sus argumentos. Brillante diálogo.

Joaquina: Así es, Sidney Poitier tiene todas las cualidades de una persona asertiva: Activa, directa, clara y oportuna. Se comunica en el nivel verbal, emocional y simbólico. Acepta a las personas. Tiene autoridad, pero no abusa de ella. Defiende lo que desea respetando a los demás. Es responsable de si mismo, no de los otros. Y por último, sabe que se merece el respeto, no el afecto.

Jon: ¿Y ese último punto?

Joaquina: Una persona asertiva no puede buscar ser amada pues cambiará para ganarse el amor de los demás. A los asertivos solo los quieren una pequeña minoría, tienen ganado el respeto de los demás, pero no el cariño.

Jon: Entiendo como te sientes a veces. Yo quiero ser asertivo, ¿qué tengo que hacer?

Joaquina: Lo primero, escuchar al otro. Escuchar lo que dice, pero son que medie tu intención. Para eso debes aislarte de tus puntos de vista o tus circunstancias hasta que la persona termine con lo que va a decir.

Jon: Bien, ¿ahora ya puedo hablar yo?

Joaquina: Sí, pero debes decir exactamente lo que piensas. Expresar tus pensamientos sin pedir disculpas. Sobre todo, evita gritar lo que deseas ya que indicaría inseguridad. Cuando hables, define la acción a realizar. Indica clara y directamente qué acción deseas. Así no habrá problemas con la interpretación de los resultados. Y, como te conozco, no bromees ni insistas sobre ello.

Jon: ¿Cuándo sabré si es el momento adecuado para ser asertivo?

 Joaquina: No puedes saber si estás en el momento adecuado, con el oyente apropiado, o de la forma apropiada, si realmente no miras a quien te rodea. La asertividad es el segundo elemento para conseguir tener una conversación lucrativa y llena de éxitos. El primero es escuchar, el segundo es ser asertivo, decir lo que quieres en el tiempo y la forma adecuada. Eso es lo que hace crecer las relaciones interpersonales. No vale de nada generar un malestar en el otro o crear un estado de fricción. De lo que se trata es de que ambos estéis en el mismo bando y los dos os tenéis que lucrar. Así, en la asertividad se trata de que las dos partes ganéis y ninguna pierda. Un ser asertivo consigue crear en el otro una conciencia de progreso y éxito que le llevará a valorar la asertividad, la capacidad de trabajo y su función en esta vida.

Jon: Me imagino que todo esto está tiene una técnica y está regido por unas reglas.

Joaquina: Comprendida la idea, las técnicas son muy sencillas:

Persistencia: Repetir lo que se desea una y otra vez sin levantar la voz ni enfadarse. Obviar los intentos de derivar la cuestión.

Transparencia de datos: Comunicar los datos relativos a la cuestión abiertamente. Clarificar aspectos que no nos parezcan relevantes.

Automostrarse: Comentar datos que nos hayan ocurrido a nosotros mismos. Mostrar sentimientos cuando la situación lo requiera.

 Indefensión / Aceptar errores propios: No adoptar posturas defensivas ante la llamada de atención del interlocutor. El planteamiento no es de defensa sino de aportar datos. No se puede hablar asertivamente de aquello que se tiene que superar, pues todos tenemos un talón de Aquiles donde nos sentimos vulnerables y atacados. El sentirse atacado es darle la razón al interlocutor, y eso significa que hay algo que aprender. Lo que se aprende se integra y no hay que hablar de ello.

 Despersonalización: No poner resistencia ante las críticas de los otros comunicando con la verdad o con la posibilidad. Si no se aceptan las críticas no se puede volver a criticar a nadie. Ofrecer resistencia a las críticas es dar la razón. No responder en los términos poco respetuosos si existieran. No considerar que la molestia del interlocutor tenga que ver contigo.

Compromisos / Metas nobles: La meta noble es asumir la responsabilidad de viabilidad de lo que se desea como resultado. Si lo que se plantea no tiene esa viabilidad, no es asertivo. Es importante ponerse un 1% de metas.

Jon: También hay reglas…

Joaquina: Tener algo que decir. Capacidad de síntesis. Generosidad. No – competitividad. Valoración de ambas partes. Las dos deben beneficiarse del resultado. Diálogo constructivo y dinámico. Nunca tenso ni crispado. Respeto y escucha. Por último, desapego a los resultados.

 Jon: Tener algo que decir es tener algo dentro.

Joaquina: Aprende de lo que hablas y habla de lo que vives. La asertividad no mueve sentimientos, mueve realidades.

Los afortunados que hemos asistido a una clase o una conferencia de Joaquina, tenemos un magnífico ejemplo de alguien asertivo. Para los que no, os invito a ver el alegato final de Gary Cooper en la película “El Manantial” de King Vidor.

125 Juventud y adolescencia

Es un atardecer de viernes tranquilo. Pasamos por una plaza donde un nutrido grupo de adolescentes preparan lo que en un rato será un botellón. Alegres y ruidosos, discuten sobre quién ha pagado qué, sobre si van a tener suficiente de todo, o si vendrá tal o cuál amigo.

Jon: No me gustaría volver a esa edad… ¿Por qué te has convertido en una especialista en juventud, adolescencia e infancia? Más allá de que es en la infancia y juventud donde mejor se pueden atajar casi todos los problemas para que sus repercusiones no sean acarreadas a lo largo de la vida afectando no solo a la persona sino también a su entorno. ¿Por qué tomaste esta decisión?

Joaquina: Lo que es cierto es que la flexibilidad y ductilidad de los niños y jóvenes para corregir ciertas problemáticas es mucho mayor que en los adultos. Por otro lado, hay una importante labor de prevención que nos permite con ciertas técnicas propiciar que el joven resuelva en la raíz las desagradables consecuencias que originan la falta de confianza, seguridad o motivación tan presentes en la actualidad en el mundo de los jóvenes.

Jon: ¿Cómo empezó todo?

Joaquina: Mi trabajo como terapeuta empezó hace 17 años y fue precisamente el caso de un niño lo que me hizo dejar el trabajo que desarrollaba en una gran empresa, y que compaginaba con mis estudios y práctica terapéutica, para dedicarme en cuerpo y alma a esto último. A lo largo de los años me he ido encontrando con multitud de pacientes, pero han sido los niños y especialmente los adolescentes los que han movido dentro de mí el ánimo investigador. Poco a poco fui pasando del trabajo personal y específico en la consulta, a desarrollar programas aplicables a grupos de estudiantes en sus propios colegios, intentando transformar las actividades extraescolares tradicionales, judo, gimnasia, inglés, etc. en una serie de clases prácticas, participativas y muy divertidas donde el alumno se va encontrando poco a poco con quien es. Son los propios jóvenes quienes requieren habilidades para vencer sus miedos e inseguridades.

Jon: Y ahí empezó tu interés por la inteligencia emocional…

Joaquina: Llevo tiempo intentando que la inteligencia emocional se pueda ofrecer en los colegios como algo optativo a lo que puedan tener acceso los jóvenes y docentes. La inteligencia emocional abre un abanico de posibilidades para romper la injusta hegemonía de la inteligencia lógico-matemática que impera en nuestras instituciones. Los jóvenes deben saber que existen otras inteligencias en las que apoyarse para desarrollar su liderazgo personal. Gardner en su libro de Inteligencias Múltiples desarrolla ocho inteligencias como la Cinética, musical, espacial, intrapersonal e interpersonal…considerando igual de válidas cada una de ellas. Sería estupendo experimentar que, además de los valores tradicionales que todo padre y educador espera infundir a sus hijos, se estimularan una serie de competencias que harán de ese hijo o alumno una mejor persona y un individuo más preparado para afrontar lo que se espera de él cuando termine sus estudios. Competencias que van a determinar el modo de relacionarse con ellos mismos, como la motivación y la autorregulación; o el modo de relacionarse con los demás, como la empatía o la comunicación

Jon: Y estos chicos y chicas de la plaza, ¿qué problemas tienen hoy día?

Joaquina: Las dificultades que a mi me interesan y las que trato mayoritariamente, afectan a un gran número de jóvenes. Seguramente no son tan espectaculares como la drogadicción o el abuso del alcohol o del sexo, pero sí creo que pueden ser la causa que lleva a los jóvenes a estos últimos. Las dificultades que tiene la persona en su totalidad y el joven más concretamente en la etapa de 16 a 20 años, es la manifestación de su mundo emocional y sensitivo. El miedo a la debilidad, al rechazo de los otros o una necesidad de reconocimiento excesiva, acaban desarrollando bloqueos comunicativos y crisis de ansiedad graves. La gran campaña de exigencia escolar, los estándares físicos y una inadecuada educación para lograr las metas fijadas, desembocan en baja autoestima, poca seguridad en ellos mismos, combinado todo ello con una deficiente relación con la autoridad de los docentes o grupos de poder. Seguramente todo esto afecta menos a la sociedad como conjunto, pero son devastadores para una mente sensible como la de los jóvenes. Creo que el botellón se ataja desde la alternativa y no desde la represión.

Jon: ¿Cuáles son esas alternativas?

Joaquina: Las vías de resolución pasan por educar a los adultos en el sentido de reducir las expectativas puestas en los resultados escolares, aunque sean de gran importancia, y poner la intención en que el joven se reencuentre con la autoridad como un bien, una autoridad que estimula las realidades de cada joven, potenciando la confianza a través del fortalecimiento de sus habilidades, de sus deseos y de sus necesidades. Informando y documentando a los padres sobre el proceso evolutivo y cognitivo del joven y creo que ante todo dando a todas las partes el significado que en esta relación tienen.

Jon: Me encanta, te pido soluciones para los jóvenes y los que lo tenemos que trabajar somos los padres

Joaquina: Los padres sois medios para que el joven se realice, no inductores de logros para resolver fracasos personales o metas que no habéis podido alcanzar. Cada joven es el resultado de lo que ha aprendido y las conclusiones personales que para él tienen esos aprendizajes. Las circunstancias de hoy no son las pasadas y por lo tanto no pueden coincidir las miradas, los intereses de unos y otros. Satisfacer todo lo que el joven pide, creyendo que así se entregarán a lo que los padres deseáis, es sólo un error más. Los jóvenes necesitan estímulos personales, lograr sus deseos por ellos mismos y sobre todo que los objetivos sean propios. Quizá no sea estudiar una carrera, ser presidente de una compañía. Posiblemente pueda ser escribir una música, desarrollar un proceso creativo. Por qué no, vivir con menos medios y con más tranquilidad. En cualquier caso, enseñarles a ejercitar honestamente su libertad les hará elegir correctamente.

Jon: Entonces, ¿qué deberíamos hacer para ayudar a nuestros hijos?

Joaquina: Con frecuencia llegan a mí educadores, profesores y personal docente en contacto con niños y jóvenes, quejándose de una carencia en la educación de sus alumnos. El tipo de educación que creen debe dárseles en el ambiente familiar. Lo padres de alguna manera pretendéis que sea el sistema escolar el que tome las riendas de la educación que estos jóvenes necesitan. Así, los maestros se encuentran con la dificultad de la no aceptación de la autoridad, falta de escucha, indolencia, etc. Que dificultan considerablemente su labor docente. Para ayudar a hijos y alumnos, pienso que el primer paso es sin duda una toma de conciencia por parte de padres de vuestro papel educador. El niño evoluciona dentro de un seno familiar que son sus primeras referencias. Las actitudes y aptitudes de sus padres son su base de conocimiento personal sobre las que va a mirar el resto del mundo circundante, incluidos sus primeros maestros. Son el reconocimiento y aceptación de sus padres el soporte en el que el niño basará la confianza en si mismo y afianzará su mundo emocional. Toda expectativa que recae en el educador y sus posibilidades de modificar este primer sentimiento infantil, son de muy difícil realización.

Jon: Me acuerdo del Taller de Padres que hicimos hace unas cuantas primaveras en el Colegio de Médicos de Madrid, una amiga argentina nos comentaba al terminar la luz que la había aportado conocer el desarrollo cognitivo de 0 a 24 años que habías desarrollado, y su significado sobre su infancia. Recuerdo que insistía en la necesidad de instruir a los futuros padres en esta labor educadora tan compleja y en la que, a pesar de no desearlo, cometemos errores viejos y muy dolorosos.

Joaquina: Sí, el programa tuvo dos aspectos muy delimitados y entrelazados entre sí. Desarrollamos el ciclo evolutivo que va de 0 a 12 años en el que el niño vive como única referencia su entorno familiar y en un segundo tiempo la etapa de 12 a 24 años donde el significado está en el exterior y el joven inicia el desapego de su mundo conocido, para sumergirse en los grandes retos de la elección profesional.

Jon: Me gustaría que recordaras la experiencia piloto que realizamos en el IES María Zambrano de Leganés, a principios de año.

Joaquina: Me contactó la Jefa de Estudios del Centro por distintos problemas que tenían de violencia en las aulas. Organizamos una serie de tres conferencias dirigidas a los padres que fueron convocados por la APA y a las que asistieron unos 65 padres. La serie se titulaba “Padres e hijos, problemas cotidianos” y en ellas manejamos conceptos como el paso de la dependencia a la rebeldía, el miedo a ser rechazado por la pandilla, o el liderazgo y su coste. En el estudio de campo realizado al final de las tres sesiones, había una solicitud mayoritaria para que estos talleres se extendieran a los hijos y los docentes. Esto provocó que los propios hijos de estos padres quisieran asistir voluntariamente a tres talleres con nosotros, en horario extraescolar. Bajo el lema “confianza y seguridad”, los jóvenes de entre 14 y 17 años recibieron un poco de teoría acompañada de una serie de ejercicios que les llevaron a un grado de desbloqueo emocional, al conocimiento de la sensación de ridículo, a compartir, crear, desarrollarse. Recitaron poesía, cantaron, hicieron expresión corporal, pintaron con las manos y finalmente crearon, escenificaron e interpretaron una obra teatral.

Jon: Recuerdo a uno de los participantes, notorio por su gran éxito escolar, te comentó su timidez y su dificultad para expresarse en público.

Joaquina: Sí, le propuse participar en una sesión práctica del Master de Comunicación. Tendría que preparar una poesía, un baile y una canción que compartiría con los alumnos. El regalo de tenerle con nosotros se colmó cuando nos ofreció una poesía creada por él que hablaba de amor y de sueños de juventud. Todos nosotros evocamos aquellas largas noches de ensueño en las que el papel blanco recogía deseos y frustraciones. Al igual que él, nuestros pies y nuestras voces se habían quedado detenidos en el miedo al ridículo, a la crítica y todo ello estaba repercutiendo en una pobre presentación de nuestros retos profesionales.