28 Potencial y aprendizaje en pareja

Estamos en la estufa de Las Palmas, un invernadero del XIX en la Jardín Botánico. Un espacio mágico, húmedo y acristalado repleto de plantas tropicales, helechos, musgos y flores acuáticas. El ambiente exuberante de este vetusto edificio nos acoge a nosotros y a una pareja que, mirándose, parecen haber conseguido detener el tiempo.

Joaquina: ¿Has analizado alguna vez la descompensación tan profunda que existe hoy entre la mujer y el hombre?

Jon: ¿A qué te refieres?

Joaquina: La mujer va de libre: “No, a mi no me importa. Yo tengo la relación, no pasa nada…”. No acaba de levantarse de la cama y ya está: “No, ¿por qué tenemos que dejarlo hoy?”. Las mujeres, en general, somos seres muy afectivos y nos vinculamos y, sin embargo, vamos de libres: “No, yo no quiero nada. Solo quiero pasarlo bien hoy”. Y esto lo escucho con frecuencia: “Yo voy a hacerte cambiar”. No hacemos cambiar a nadie, y si queremos hacerlo, lo único que conseguimos es destruir a la otra persona.

Jon: ¿Y por eso el amor, la atención y la sensibilidad hacia el otro va decayendo en muchas parejas con el tiempo?

Joaquina: Todo va decayendo únicamente si se esperaba todo, y no se daba nada.

Jon: Explícate, por favor.

Joaquina: Los dos están esperando que haya un cambio en el otro. El otro día tuve un momento maravilloso en mi profesión. Se enamoran dos chicos, y hago coaching a uno de ellos. Se enamora de un chico locamente, ya sabes, de esos amores muy rápidos. Como se enamoraron muy rápido, tuvieron con la misma celeridad la primera discusión. Entonces, mensaje de uno: “Joaquina, ya no le voy a ver nunca más”. Mensaje del otro: “Joaquina, seguro que te llama pero yo no le voy a ver nunca más”. Conclusión, llamo a uno, llamo al oro, y los siento en mi despacho.

Jon: Muy en tu línea.

Joaquina: Me siento delante de ellos: “¿Qué es eso de que no vais a veros más?. ¿No erais la pareja eterna hace exactamente 24 horas?. ¿Qué es lo que ha pasado?”. Me contesta uno de ellos: “Es que estamos en diferentes ligas”. Yo pienso que esto debe ser algo futbolístico, y sigo la metáfora. “Ah, genial, ¿dónde está él y dónde estás tú?. ¿Estás bajando?. Bien, pues piensa qué tienes que aprender tú para ponerte en situación. ¿Tienes que jugar cuatro partidos, y aprender cuatro cosas?. ¿Cuál es el problema?”. Inmediatamente les dije que no iban a hablar de nada. Que lo pasaran muy bien, que se tocaran todo lo que les apeteciera, pero que íbamos a trabajar lo que les había separado. “Tenéis un montón de cosas maravillosas juntos, que son en las que os habéis fijado nada más veros, y ahora estáis viendo vuestra miseria. Trabajar vuestra miseria. Decidir qué tenéis que aprender de vuestra miseria vosotros. Trabajarlo por separado, no rompáis una pareja que hace 24 horas era para toda la vida”.

Jon: Y, ¿qué pasó?

Joaquina: Claro que encontraron lo que uno necesitaba del otro. Seguro. Pero también tienen los dos cosas maravillosas y alucinantes. ¿Para qué tienen que romper una pareja, porque de pronto se han visto el grano?. Sanar el grano, esa es la cuestión.

Jon: Si todo en lo que nos fijamos de la pareja tiene que ver son las deficiencias, la decrepitud el envejecimiento y el paso del tiempo va a estar ahí nos guste o no.

Joaquina: Por eso debe haber algo más profundo. Si no, las relaciones llegan a la pérdida de alegría, felicidad, y de todo lo que tiene que ser…

Jon: ¿Qué se puede hacer?

Joaquina: Plantéate, de una manera suave, qué tienes extraordinario, que realmente es con lo que tienes que salir. Y qué debilidad tienes, y ponte a aprenderla sin necesidad de compartirla. Lo que tienes que aprender no necesitas compartirlo, no necesitas sacar las miserias todo el día. No necesitas enfrentarte a la relación sacando el grano.

Jon: Es decir, curo el grano aparte y trabajo todo el día con el potencial.

Joaquina: Así es, y si sabes lo que has venido a aprender, no te vas a relacionar con la persona desde lo negativo. Sabes que lo tienes que aprender. Si sales a la calle pensando lo que es positivo, y lo que veas débil en ti, ponte e aprenderlo, la relación que vas a hacer con la otra persona va a ser positiva. Conocí una pareja en la que uno era de extrema izquierda y otro de extrema derecha. Pues el de derechas tendrá que ir a los mítines de izquierdas y viceversa, porque algo de lo que no son lo tiene su pareja así que lo tienen que aprender.

Jon: Pero acabarán discutiendo al tener esos puntos de vista tan radicalmente opuestos.

Joaquina: Si, pero acaban discutiendo y llenándose de conocimiento. Ya pueden argumentar lo uno y lo otro desde un código de respeto: no pueden criticar a la persona o al político con el que no están de acuerdo. Lo que tienen que hacer es sentarse a hablar de las cosas. Sentarse a ver qué hay en común, porque siempre hay algo en común. Y si no, ¿por qué se han encontrado?. El de derechas sabe que tiene que ir un poco a la izquierda, y el otro lo mismo. Deben ser Aristotélicos, buscar el punto medio, un equilibrio en sus ideologías opuestas.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque debes plantearte que si estás con una persona que cree totalmente en Dios y tú no crees en Dios, ¿para qué has elegido a esa persona cuyas conversaciones van a ser espirituales, su forma de estar va a ser de una manera…?. O te planteas para qué has elegido eso, qué hay dentro de ti que lo necesita, o estás perdido. En el ejemplo de los radicales de izquierda y derecha, no se han encontrado para hablar de política, sino para compartir la tolerancia. Son dos intolerantes que tienen que aprender juntos la tolerancia. “¿Funcionáis bien en la cama?”, les pregunto. “Si, si, en la cama no hay problema”. ¿Ves?, siempre hay algún sitio donde la derecha y la izquierda no tienen problemas.

Jon: Genial, acostemos a la derecha y a la izquierda en la cama. Hagamos lo que tenemos que hacer.

Joaquina: Si conseguimos llevar a que la derecha escuche a la izquierda y no la critique, sino que vea lo aprovechable y después construya el diálogo; y la izquierda hiciera lo mismo, estaríamos en otra forma de estar.

Jon: Pasas con facilidad de la política a la pareja, pero es cierto, elegimos siempre los extremos.

Joaquina: El extremo de lo que necesitamos aprender puesto enfrente de nosotros. Esa es la cuestión.

Jon: Así ha sido mi vida en pareja. En realidad se pueden clasificar en dos categorías radicales y radicalmente opuestas: Parejas serias, inteligentes, responsables, trabajadoras, honestas… O parejas alegres, divertidas, muy activas socialmente, emocionales y un poco viva la vida. No he aprendido mucho ni de unas ni de otras y por ello he ido alternando los dos modelos: El primer grupo refleja la personalidad de mi padre y el segundo las características de mi madre. Solo ahora creo que he aprendido el equilibrio al encontrar una pareja que es responsable y divertida, trabajadora y socialmente activa, inteligente y alegre…

Joaquina: Tendemos a pensar que tenemos que ser de alguna manera, en lugar de pensar que tenemos que vivir las cosas. Vivir las cosas no nos separa de nadie. Vivirlas, disfrutarlas, “esto es lo que me gusta, pero lo que te gusta a ti también me gusta, porque se sacarle partido…” Esa es la realidad que tenemos que construir: Todo suma, y lo que no suma no hay que tocarlo. Porque, cuando tocamos lo que no suma, nos acabamos convirtiendo en personas negativas y dolientes.

Jon: ¿Qué conclusiones puedo sacar de todo esto?

Joaquina: Primero: no te plantees tener relaciones eternas si no estás focalizado en tu potencial. Eso es así porque estarás viendo lo negativo tuyo y lo negativo de la otra persona. Y si no estás enfocado a tu aprendizaje sin que nadie te lo demuestre, no habrá relación.

Jon: Así que lo primero es saber cuál es mi potencial y cuál es el aprendizaje que tengo que hacer.

Joaquina: Sobre esto, mira a tu pareja y descubre su potencial, y respeta lo que la persona decida que tiene que aprender. En ningún momento eres tú quien lo decide. Casi todos cuando empezamos una relación no la iniciamos desde nuestro potencial, sino que tenemos los ojos abiertos desde el aprendizaje. Y lo que hacemos es mirar el potencial del otro. En general somos ignorantes de nuestro aprendizaje, y muchas veces incluso del potencial. Tenemos claras las debilidades pero no lo que hemos venido a aprender. Son cosas diferentes. Hablamos de debilidades con mucha ligereza: “Es que a mi me falta no se qué, o no sé cuantos…“. Miramos a la persona desde nuestro aprendizaje, que está en el inconsciente, y vemos su potencial. Cuando llevamos un tiempo, empieza a emerger nuestro potencial, y, sin respetar lo que tiene que aprender el otro, decidimos decírselo nosotros. Ahí empieza el deterioro de la relación. Nos convertimos en directores de orquesta de otra persona.

Jon: ¿Cómo se puede cambiar esta tendencia?

Joaquina: Lo primero es entender que aprender no quiere decir que tengamos una debilidad, sino que tenemos un área de mejora, y eso es diferente. Tienes un poco de algo y para tu mejora necesitas potenciarlo y ampliarlo. Es decir, que no partes en negativo, sino que partes para ir a más. Todas las cosas que digas que no puedes cambiar, esas no son las cosas que tienes que aprender. El proceso de aprendizaje es uno, es claro, y es determinante. Solo vas a ser capaz de verlo con claridad si pones la mirada en tu potencial. Si la mirada no está en el potencial, en vez de aprendizaje, encontraremos debilidades. El aprendizaje es un área de mejora, algo que te haría mucho más feliz si lo consiguieras. Si no, cuando pase un tiempo, te sentirás tan acomplejado que empezarás a ver lo que el otro hace mal. Pero no ves lo que el otro hace mal que quiera aprender, sino lo que el otro hace mal y que a ti no te gusta que lo haga. Lo que ves no es su aprendizaje, que le vendría genial, sino sus debilidades.

Jon: Soy un ser completo que estoy disfrutando de aprender cosas para incorporar a mi vida. No me falta nada, pero necesito incorporar cosas porque me apetece. He venido a aprender. No es que quiera cambiar mi intolerancia a tolerancia, es que soy tolerante y quiero serlo más. Tengo paciencia pero quiero más. Dibujo bien pero quiero dibujar mucho mejor.

Paseando hacia la salida, pasamos cerca de un naranjo chino y Joaquina se acerca para coger una. Un cartel avisa de que está prohibido hacerlo y me interpongo para impedírselo. Con sonrisa de niña pequeña me intenta esquivar para alcanzar el fruto prohibido. Nos reímos, coge la fruta pero no la arranca.

27 Cómo te relacionas con los demás

Joaquina: Cuando sales de ti para mirar a otra persona, lo que estás intentando es cubrir un espacio que parece que no tienes cubierto. Buscas algo, y ese algo tiene que cubrir unas expectativas. Cuando conocemos a una posible pareja, ni siquiera nos planteamos qué estamos eligiendo. Lo que tenemos es una llamada intuitiva: “esta es la persona de mi vida”… y casi siempre nos equivocamos.

Jon: ¿Casi siempre?

Joaquina: Si, porque si no fuera así, las relaciones serían eternas en el amor, eternas en el encuentro. Estoy convencida de que si cada día aprendemos una cosa nueva, lo normal es cada día seamos personas diferentes, y nuestra relación de pareja debería ser eterna. Sucedería si supiéramos que estamos cambiando todos los días, que somos seres que aprendemos y que cambiamos.

Jon: ¿Por qué te gusta ese tema?

Joaquina: Porque cada vez que miramos a alguien nos distanciamos muchísimo mas de creer el las personas y de poder encontrar pareja. Y pareja no me refiero a una persona con la que te acuestes o con la que puedas tener una vida plena. Me refiero a esa persona con la que puedes estar hablando, con la que puedes llegar a tener tal nivel de complicidad que todo tu sistema interno se abre y se llena. La mayoría de nosotros hacemos relaciones por eliminación. Otros hacen relaciones por pasión, o por vínculos. En cualquier caso, lo que estamos haciendo siempre es cubrir un espacio de insatisfacción.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque no tenemos ni la mínima idea de lo que es una relación. Lo que significa una relación es que compartamos todo lo que somos. Cuando nos miramos en otra persona, lo normal es que estemos buscando en esa mirada algo que nos falta. Por un lado nos sentimos especiales y completitos, y ni siquiera nos planteamos si eso es verdad. Sin embargo, nuestra mirada es hacia una persona que es especial, y que tiene algo mejor que nosotros aunque no lo reconocemos.

Jon: ¿Es por eso que la encontramos?.

Joaquina: Si, porque tiene algo que tú no tienes. Y entonces la relación se acaba convirtiendo en una mirada que no penetra en tu “yo” sino que mira lo de fuera. Y si no quieres mirar dentro de ti, y estás mirando todo el día fuera, creas dos mundos: Un mundo en el que criticas, y uno en el que te complaces.

Jon: Estoy haciendo una separación.

Joaquina: Si, estás diciendo que hay un mundo que te gusta y otro que no. Pero el mundo que te gusta es el que necesitas, y el mundo que no te gusta eres tú.

Jon: Pero yo creo que hago todo lo contrario, que estoy mirando a la gente que me gusta.

Joaquina: Lo que haces es criticarte a ti sin darte cuenta, porque lo que te complace, lo que te gusta, es lo que estás necesitando. ¿Qué pasaría si hicieras una revisión completa de ti, y te dieras cuenta de las cosas maravillosas que tienes? . Y, ¿qué pasaría si de esas cosas maravillosas quisieras construir otras más grandes?. Imagínate que tienes un reino y desde lo que tienes lo puedes hacer mayor. Y lo que no tienes no lo puedes meter en tu reino. Pero no haces esto sino todo lo contrario. Estás buscando continuamente personas que crees que son como tú, pero son todo lo contrario.

Jon: ¿Y?

Joaquina: Pues que cuando pasa un tiempo empieza tu gran guerra: “Es que no haces esto como yo”. Normal, es que no la elegiste como tú. La elegiste como tú en lo malo, pero no en lo bueno. Como lo que haces mal no lo ves, empiezas a decirle a tu pareja que hace algo mal porque no lo hace como tú. Esta manera de tener relaciones hace que te vincules apasionadamente durante un tiempo, y empieces a vivir desapasionadamente y con dolor otro tiempo. Esto necesitas romperlo, porque no eres especial, y los demás tampoco. Lo que necesitas es verte como a un ser completo, y a los demás también.

Jon: ¿Por qué me cuentas todo esto?

Joaquina: Me está doliendo en general la lucha que tenemos todos por decir que lo nuestro es lo mejor. Se nos enturbia tanto la mente que, al final, solo lo que nos gusta a nosotros es lo válido. No nos planteamos sumar entre lo que noa gusta a nosotros y lo que le gusta a nuestra pareja.

Jon: Si, lo típico: “Si no te gusta lo que me gusta a mi, es que no tienes criterio”.

Joaquina: Solo te vas a sentir completo cuando veas lo que funciona en ti, y no cuando te enfocas en lo que no funciona. No va a ser posible que mirando lo que no funciona en ti, y lo haces de forma inconsciente pero lo haces, te sientas completo. Y es por eso que buscas el complementario.

Jon: Lo que tiene sentido entonces es: Qué sabes hacer tú, qué se hacer yo… vamos juntos.

Joaquina: Y lo que no sabes hacer, no te sientas incapacitado, simplemente piensa que no sentirte especial significa entender que has venido a aprender algo. Mientras que crees que tu no has venido a aprender algo y es el otro el que ha venido a aprenderlo, nunca dejarás de sentirte especial. Nunca dejarás de sentir que tú eres la pera limonera, aunque no lo reconozcas. Al final las elecciones siempre son para sentir que alguien te da algo. Para sentir que tú eres importante para ese alguien.

Jon: ¿Y cuando las personas piensan que han venido a ayudar a otros? Eso te hace sentirte bastante especial.

Joaquina: ¿Ayudar a otros? ¿Qué les hace pensar que los otros necesitan de su ayuda?. ¿Dónde les han visto tan débiles?. Pueden haber venido a compartir lo que ellos miran en un mundo de personas que miran otras cosas. Pero no han venido a ayudar a nadie. Han venido a colaborar, a movilizarse, a movilizar, a compartir… pero en ningún momento a ayudar. No eres un ayudante de nadie y nadie es tu ayudante. Las personas colaboran, y en la medida que se ven completas, una vez estará uno, otra vez otro, y a veces juntos.

Jon: Entonces, mientras estemos pensando: “Como yo no me comunico, que se comunique ella, como no me motivo que me motive ella, como yo no tengo ideas que las tenga ella…”, cuando me quiero dar cuenta en un tiempo estaré muy lejos porque me voy dando cuenta que no comunico, que no me motivo y que sigo sin tener ideas, lo que me llevará a pensar que no soy inteligente ni creativo.

Joaquina: E inmediatamente acusarás a la persona de haberte destrozado la vida: “No me has dejado crecer. Por tu culpa no me desarrollé”. Esto es lo que no vale.

Jon: ¿entonces?

Joaquina: Si tu haces una mirada profunda sobre ti mismo y notas lo que tienes que aprender, cuando estás al lado de una persona no la eliges para que te enseñe, porque tú ya aprendes. Y no la eliges siquiera, estáis juntos porque lo que está sucediendo es que estáis plenos para compartir y hacer crecer todo lo que os rodea. Cuando estamos todo el día dividiendo, haciendo corpúsculos pequeños, lo que se hace es desmembrar totalmente la posibilidad de crecimiento. No hay nadie en este mundo que no tenga algo extraordinario, nadie.

Jon: Estoy de acuerdo, y cuando aprovechas lo extraordinario eres capaz de crecer.

Joaquina: Pero cuando solo aprovechas lo extraordinario que te interesa, y lo demás tiene defectos, entonces tienes un gran problema, porque entonces no aprendes. Claro que te encanta estar al lado de una persona que es divertida. Pero si no te diviertes a su lado dejarás de estar. Porque lo que no quieres dejar que pase es que ella se divierta y tú contemplar su diversión. Tu querrás divertirte también, y querrás que tu forma de divertirte sea válida para ella. Porque si esto no ocurre, no querrás estar. No quieres vivir su diversión, querrás vivir la diversión. Con dos formas diferentes de verla, dos formas diferentes de palparla, dos formas diferentes de sentirla, pero la diversión. Y tu comunicación igual no es como la de ella, igual es lenta y tarda en llegar. Pero querrás que tenga la paciencia de esperar a que tu hables, que no cubra tus silencios porque tus silencios son tuyos, no de ella. Y si no tienes ideas para salir y divertirte, no quieres que las cubra ella, quieres que se siente contigo y te espere diciendo: “Me encantaría escuchar tus ideas, porque son tan bonitas para mi”. Y que no se enfade, ya llegarán tus ideas. Seguramente menos divertidas, pero son tus ideas. Y así construiréis dos mundos donde tus ideas serán completas y las de ella también.

Jon: Entonces parece imprescindible que para acometer el especialismo limpiemos nuestras relaciones de pareja.

Joaquina: Y que te des cuenta de que no ha habido ningún problema en la pareja, que no ha existido ninguna relación rota. Solo hay un darse cuenta de que has elegido equivocadamente. Pero no eliges a la otra persona porque sea incorrecta, sino que nos elegimos a nosotros de forma equivocada. Que no éramos el personaje que estábamos diciendo. Buscaste alguien que se comunicase, porque tú no te comunicabas. Elegiste a alguien que se comunicase para no hacer comunicación, para no aprender comunicación.

Jon: ¿Qué puedo hacer?

Joaquina: Primero darte cuenta cuál es la debilidad que no estás dispuesto a asumir. Y segundo, ver cuál es tu fortaleza que no estás dispuesto a compartir. Eso es lo que hace que las relaciones se conviertan en especiales: tú no estás dispuesto a compartir tu gran fortaleza y no estás dispuesto a superar tu gran debilidad. Si no sabes bailar, antes de buscar pareja, vete a clases de baile. Si lo que te llama la atención es gente que ríe, antes de buscar pareja vete a risoterapia. Si lo que te parece interesante es la riqueza, hazte rico tú… Lo que te parezca interesante, hazlo tú antes. Mira qué estás buscando, qué necesitas aprender y hazte un plan de desarrollo. Profundo. Si ves a alguien que te gusta para y piensa: “Me está gustando porque seguro que no quiero aprender algo”.

26 El deseo de ser especial (III)

Joaquina: Te vuelvo a preguntar: ¿Qué parte de ti sientes totalmente especial: Tu cuerpo, tu emoción, tu razón, tu mente o tu espíritu?. ¿Con qué parte te comparas más?: ¿Con tu cuerpo que es mejor o peor que el de otro?, ¿con que tienes una emoción más intensa o menos intensa?, ¿con que tienes una inteligencia mayor o menor?, ¿con que tienes una capacidad de tomar decisiones que son mejores que las de los demás?, ¿o es que estás ya tan trascendido que el espíritu te ha tocado?.

Jon: La razón. Creo que esa es la parte con la que me separo de los demás.

Joaquina: Tu unidad personal son todos esos campos juntos. No solo haces y hacemos separaciones de los demás. También haces y hacemos separaciones de tu propia personalidad. Por ejemplo, cuando comparamos nuestras emociones: “me quieres, no me quieres… “, eso está dentro, y no fuera. Cuando atacas la emoción y la comparas, la estás debilitando, la estás dejando ninguneada y se estará perdiendo totalmente. ¿Te das cuenta de eso?, es muy fuerte.

Jon: Sí, en mi caso va más por la inteligencia…

Joaquina: Pues cada vez que atacamos o nos atacamos en uno de estos campos, vamos destrozando partes de nuestro cuerpo. Desde el ataque al cuerpo dañamos el riñón, los huesos y el pelo. Desde la emoción castigamos el hígado, los músculos y las uñas. Desde la razón, el cerebro, la garganta, el sistema nervioso y la tiroides. Si te consideras más inteligente que los demás esto es lo que hay.

Jon: ¿Y para los que se consideran más torpes que los demás?

Joaquina: Enferman exactamente de lo mismo.

Jon: Perdón, te interrumpí. Estábamos con los que van sobrados desde la mente.

Joaquina: Para los que tienen problemas con la toma de decisiones tanto por si son muy rápidas o muy lentas, castigan el bazo páncreas. El cáncer de páncreas se produce por tener demasiadas ideas y no llevarlas a término. Las personas que son geniales, que tienen una imaginación desbordada, pero son indecisas, acaban con cáncer de páncreas.

Jon: Como Steve Jobs

Joaquina: Si. No importa si tienes la capacidad de tomar decisiones o no, pero si tienes ideas, ponlas en término. No juegues todo el rato con las ideas. El bazo páncreas es la parte del cuerpo que hace operativas las cosas, que se encarga de actuar sobre ellas. Si las ideas no se llevan a término, el páncreas está segregando continuamente azúcar y elementos que destruyen la grasa y los hidratos de carbono. A partir de ahí se producen unas carencias que generan la enfermedad.

Jon: Al final lo que me doy cuenta es de que estoy separado de mi mismo. Mi inteligencia ignora mis emociones y está separada de mi cuerpo… Me siento inferior con mis emociones pero por otro lado muy inteligente. Como queriendo compensar unas cosas con otras en vez de buscar el equilibrio de todas.

Joaquina: Todo lo que tienes, desde el cuerpo hasta el espíritu es todo igual de válido, de necesario y de útil. En la medida en la que cambias tu comportamiento, tu actitud y tu forma de pensar, todo lo demás se equilibra y empiezas a ser bellísimo. ¿Has visto algo más hermoso que una mujer el día que se casa?. El día anterior era horrible, pero ese día ha conseguido el amor, y eso se refleja en todo su ser. Te invito a que te hagas un selfie justo después de haber hecho el amor de verdad con la persona que amas. No verás belleza más grande que en ese momento. Se ve un respeto a ese deseo, a ese crecimiento sexual, ese respeto a las dos partes en la consumación de un amor de verdad. La experiencia de esa dilatación celular donde se olvida el cuerpo, se olvida la comparación, y solo existe la compenetración. En ese momento que existe la compenetración existe el estallido, y ese estallido es la conjunción de todas las células diciendo: “yo amo”. Y cuando hay ese amor a la totalidad de tu ser, la explosión de amor es infinita.

Jon: Precioso.

Joaquina: Volviendo al bazo páncreas, que es el azúcar de tu cuerpo, que es lo que expresa el gusto a nuestra vida, se pone bien cuando tomamos decisiones. Si no lo hacemos, detrás del bazo-páncreas enferma el estómago, que va teniendo pequeñas enfermedades: un poco de acidosis, ahora tengo reflujo, una úlcera, una gastritis… eso son los desajustes cada vez que tienes que tomar decisiones que no te atreves a tomar.

Jon: ¿Y cuando tenemos complejos con el espíritu, o creemos que estar conectados al espíritu es algo malo, o creemos que la vida espiritual la tenemos que ocultar?.

Joaquina: Prepárate, porque ahora vas a saber por qué el mundo está tan enfermo: Pulmón, intestino grueso y piel. Cuando creemos que no somos seres espirituales, cuando estamos pendientes de resultados, o pendientes de nosotros sintiendo que somos malos, que no nos merecemos a Dios, estos órganos enferman. Entonces tienes que hacer una revisión muy honesta. Si tienes mal el riñón, los huesos o el pelo, hay algo del cuerpo que no te gusta. Si tienes problemas musculares, de tensiones… es tu emoción reprimida, bloqueada, mal manifestada la que está llamando. Tienes dolores de cabeza, notas que la garganta se pone mal, notas que el sistema nervioso está disparado, la tiroides se ha alterado… tienes problemas con la inteligencia. Te crees superior o te crees muy inferior.

Jon: Y si cambiamos la actitud, ¿esto se puede revertir?

Joaquina: Eso es lo bonito de todo esto, si cambias la actitud el órgano se sana. Si no has llegado a ponerle en estado grave, se puede sanar. Si tienes este mapa, si te das cuenta de que tu estómago no digiere bien, o que padeces del pulmón… es porque has decidido que o bien estás demasiado pendiente de los resultados, o porque crees que eres el ser más pernicioso y más malo que hay, y no te mereces tener una vida espiritual. Si ves que tienes de todo pregúntate: ¿Cómo te puedes sentir tan castigado por Dios como para creer que eres todo malo?. Hay personas que piensan que su cuerpo no es bueno, que sus emociones no son las mejores, que la inteligencia que tienen es un castigo, que la toma de decisiones es un calvario y que son una reencarnación del diablo aquí en la Tierra. Cuando alguien decide vivir ese Apocalipsis, ha decidido vivir pensando que todo lo que tiene es malo, no tiene ninguna opción de recuperarse si no decide cuál de todas estas cosas es la que va a utilizar para empezar a cambiar.

Jon: Creo que lo que me pasa es que machaco una parte y optimizo otra.

Joaquina. Eso es lo normal. Por ejemplo, pensar que eres muy inferior en el cuerpo pero muy superior con la mente. O que eres muy superior emocionalmente pero poco inteligente. Es decir, hay una tendencia a la descalificación.

Jon: ¿Quieres decir que hay que ser perfecto?

Joaquina: No, quiero decir que hay unas cosas que puedes utilizar para aprender muy bien de las otras. No está la perfección, está el aprendizaje.

Jon: ¿Como deshacemos la comparación para evitar todo esto?

Joaquina: No se puede deshacer nunca si no conoces cómo la has hecho. Si no te das cuenta cuál es la fabricación que estás haciendo, no puedes deshacerla. Te tienes que dar cuenta de que atacas a personas con tu inteligencia, y ellas te atacan a ti con su emoción. Al final estás todo el día en una batalla campal. Todo el día los órganos alterados porque no pueden vivir en un espacio donde no hay paz, donde no hay aceptación de la diversidad. El especialismo es la muerte de la especialidad, entendida ésta como diversidad. Todos tenemos algo en lo que hemos puesto el foco y eso es lo que hace que seamos expertos en algo. Pero ser experto no es ser especial, es haber cogido una parte del conocimiento y haberla puesto al servicio. De toda la totalidad que hay, hemos recogido un trozo, y en ese trozo nos hemos especializado. Pero si lo comparas con otro trozo, de lo mismo, y con otro, y con otro, todos ellos formarán una unidad de experiencia, pero no una unidad de especialidad.

Jon: Entonces, lo que hacemos es experimentar con trozos de nuestra experiencia, con trozos de nuestra vida en los que nos hacemos expertos…

Joaquina: Pero no especiales. Hay una diferencia muy grande entre que tú utilices la parte de la inteligencia para estar en el mundo, y que seas especial por ello. Cuando te planteas que eres más inteligente, porque razonas mejor, no te das cuenta de que acabas de generar una separación, y en esa separación está la enfermedad.

Jon: ¿Solución?

Joaquina: Como no se puede dar una solución sin un diagnóstico, lo primero es saber dónde tienes el complejo de superioridad y dónde el de inferioridad, y cuál es el activo. Si sales con uno o con otro. Porque son dos formas diferentes de salir, dos formas diferentes de vivir y dos formas diferentes de machacarnos la vida. Si sales con el complejo de inferioridad, lo que eres es una víctima del mundo. Si sales con complejo de superioridad, eres un victimizador del mundo. En ambos casos, un desastre. Parece que ser víctima es mejor, pero solo hay victimizadores porque hay víctimas. No es malo que seas más inteligente que los demás, lo que es horrible es que lo expongas como una herramienta de ataque. Es importante que no seamos personas que atacamos con nuestros complejos. El que tiene complejo de inferioridad se escuda en: “Todos son malos, menos yo”. El que tiene complejo de superioridad piensa: “Todos son tontos y débiles, menos yo”.

Jon: Ambas cosas son incorrectas

Joaquina: El que vive pensando que todo el mundo es malo, no vive ni un momento feliz. Y el que vive pensando que todo el mundo es torpe, siempre pensará que el otro no va a hacer cosas, que no va a cumplir. Y desgraciadamente, todos sacamos el complejo de superioridad con una parte de nosotros, y el de inferioridad con otra parte. Salimos primero con una, pero todos tenemos las dos cosas. El plato fuerte: Tal como salimos, encontramos la pareja. Nunca una víctima está con una víctima. Una víctima siempre está con un victimizador. Podrá ser más o menos fuerte. Podrá ser una persona que no te acabe castigando porque pese más lo mucho que te quiere, pero toda persona que es víctima, acabará encontrando de una manera o de otra a alguien que le victimiza.

Jon: ¿Qué podemos hacer para que no ocurra con la pareja?

Joaquina: Sentarte con ella y decir: “Yo tengo este complejo de inferioridad y tengo este complejo de superioridad. Te pido tu apoyo para que cuando yo esté exhibiendo mi complejo de superioridad me ayudes, y cuando estoy mostrando mi complejo de inferioridad me apoyes. Porque me encantaría hacer lo mismo contigo. Esta es mi parte. Te estoy dando mi corazón y como me amas, te pido por favor que lo respetes. Se que mi cualidad peor es que me considero de esta manera, y lo que te pido es que no abuses de ello. Lo que te pido es que no me dejes abusar de ti”.

25 El deseo de ser especial (II)

Joaquina: La comparación se acaba cuando rompes el maniqueo de sentirte diferente a los demás y dejas de creer que tu particularidad te hace ser mejor que el otro. Porque, si eres mejor que el otro, ¿para qué te comparas?. Si crees que eres Dios, ¿qué haces comparándote con los demás?. Qué cosa más absurda, si te crees mejor que alguien, ¿para qué esa comparación?. Enséñale a ese alguien a ser bueno, no le enseñes a ser peor que tú.

Jon: ¿Quieres decir que cuando me comparo, le estoy enseñando al otro a ser peor que yo?

Joaquina: Mucho peor que tú. Si tienes un hermano, disfruta del hermano. No te compares con él. Disfruta de que él ha elegido unas características de aprendizaje. Nada especial. Tu hermano no es especial, ha elegido una parte de experiencia. Imagínate que ha decidido el camino de los deportes, y tú por el camino de los libros. No tiene nada que ver una cosa con la otra. Si tú hablas mejor que tu hermano, no tiene nada que ver con que él no hable. A él no le apetecieron los conceptos y el argumento, y prefirió estar en silencio. Si escuchas mejor que otras personas, o así lo crees, plantéate simplemente que tú has decidido que tus gotas estén penetrando en los oídos. Si ves mejor que alguien, tus gotas se han hecho ojos. Pero nada más. Y si tus gotas se han hecho ojos, enseña a los demás a mirar.

Jon: ¿Y una explicación un poco más conceptual?.

Joaquina: Imagínate un sitio donde está el Amor. Y todas las personas quieren ir a ese sitio. Ese Amor que nos hace totalmente cascada, totalmente valle, totalmente sol… nos hace totalmente una unidad. Pero dudamos del Amor. No hay ninguna persona que no esté cuestionando continuamente el Amor

Jon: ¿El amor a sí mismo o el amor a los demás?

Joaquina: El Amor es lo único que está siendo cuestionado. Esta duda sobre el Amor, no está en que los demás nos puedan amar, pues no podemos cuestionar el amor de nadie. Cuando estoy cuestionando el Amor es porque una de las letras que componen la palabra, no está dentro de mi. Me noto ausente: Qué bien practiqué la “A”, la “M”, la “O”… pero la “R”, la tengo suspensa. Esto es mío, no es de nadie. Mientras yo esté cuestionando el amor de alguien, en realidad estoy queriendo volver al amor. Cuando cuestiono el amor de alguien es porque vivo la culpa de mi falta de amor.

Jon: ¿Nos cuestionamos entonces el amor de los demás porque en el fondo estamos vacíos de amor?.

Joaquina: Cuando una persona siente dentro Amor, lo que hace es sacarlo fuera. Está tan rebosante de amor que no necesita que nadie le rellene.

Jon: Lo que hace es amar.

Joaquina: Cuando no es así, en el lugar del amor se encuentra la culpa. Y todas nuestras relaciones están cuestionando el amor de los demás: Me quieres, no me quieres; me has hecho caso, no me has hecho caso… Cuando estás lleno de amor, no les preguntas a los demás. Profundizando, de lo que trata todo esto es de que no hemos sentido el Amor de Dios, porque no nos ha hecho únicos. Y el recuerdo de querer ser únicos es el que nos hace querer ser especiales. El recuerdo de querer ser únicos es lo que está haciendo que nuestra vida esté siendo una miseria. Porque somos únicos, pero no nos damos cuenta.

Jon: ¿Entonces somos o no somos únicos?.

Joaquina: Somos las letras de un libro que juegan a no construir las frases que hacen el libro.

Jon: Eso es patético.

Joaquina: Somos el libro de la experiencia del amor encarnados en esta experiencia terrena. Eso es lo que somos. No somos ninguna otra cosa. Entonces no importa si somos la “A”, la “M”, la “O”, la “R”… Estamos todos intentando escribir este libro, el libro del Amor supremo, empezando por nuestra individualidad.

Jon: Que es nuestra creencia de ser únicos.

Joaquina: Empecemos por amarnos tanto que no nos comparemos con nadie. Empecemos por reconocer tantísimo nuestra divinidad que no necesitemos estar respaldándola con el de al lado. Reconozcamos nuestra grandiosidad, porque al hacerlo, ya podemos permitirnos sentirnos únicos, pero no especiales.

Jon: ¿Es muy diferente?

Joaquina: Hay una gran diferencia entre tener una experiencia única a ser especial. Nadie puede tener una experiencia compartida en lo divino. La experiencia es personal, pero la existencia es universal.

Jon: Entonces deberíamos escribir el libro del Amor y dejar que cada cuál escriba el libro del Amor.

Joaquina: Imagínate de una forma grande que la “A” es tu capacidad de tener el ánimo de vivir. El Amor necesita el ánimo de vivir, la experiencia en la vida. ¿Tienes el ánimo abierto?.

Jon: Lo había perdido y hace un par de meses lo he recuperado. ¿Quiere decir eso que con el ánimo cerrado no se puede formar parte del libro?.

Joaquina: Claro que se puede formar parte de este libro. Hay personas que forman parte del ánimo siendo alegres y cantarinas. Otras tienen un ánimo más lento y sosegado. Pero todas son la cascada.

Jon: ¿Vas a ir letra por letra de: “A-M-O-R”?

Joaquina: Luego está la mismidad. Son esas gotas que parece que se recrean en si mismas. Están en si mismos, analizan, están todo el rato mirando. La “O” son los que objetan todo y se dejan ir. Las personas que tiran son las que están animadas, las que analizan dan las respuestas, y otras simplemente tienen el alma tan abierta que se dejan llevar y se olvidan de la existencia. Estos son los que están en las ermitas, todo el día rezando… Se olvidan de la vida, están continuamente en un estado de acompasar, de estar. Se olvidan de que están vivos, son vida. La “O” es la vida, es el olvido de para qué estás aquí. Simplemente estás entregado totalmente.

Jon: ¿Qué es la “R”?

Joaquina: La Revolución. Vivimos constantemente en una necesidad de avanzar, y avanzar… Empiezan a animarse, están los que miran dentro de sí; están los que se olvidan de que estamos en la vida, y están los que hacen la revolución. Los olvidadizos nos desesperan, los que están muy animados nos ponen de los pelos, los que están dentro de ellos son fatal; y los revolucionarios nos llevan con la lengua fuera porque no les gusta nada de que hacemos… Todas esas partículas son amor. En todas sus formas. Cuando entramos en la fase Amor, todo se convierte en una misma cosa: Todos participamos del ánimo, todos participamos de la mismidad de Dios, todos participamos en que vivir es vivir y no hacer que vivimos. Y todos participamos de la gran revolución, que es el amor a nosotros mismos para fundirnos plenamente en el amor a Dios. Esa es la revolución que necesitamos hacer, la que necesitamos plantear en el mundo: La revolución de volver todos al Padre. De volver todos a ser lo mismo. Necesitamos hacer esta revolución para matar al AMO (R), el que nos dirige porque está animado y nos lleva a todas partes. El que cree que existe solo él: El que se olvida totalmente de que somos una vida. Y cuando hacemos la experiencia del amor, en vez de haber un AMO, hay una experiencia absolutamente divina.

Jon: Entonces hasta que no juntamos el AMOR completo, estamos segregados.

Joaquina: Hasta que no hacemos la revolución del amor profundo a nosotros mismos estaremos totalmente separados. En el mismo libro, pero separados.

24 El deseo de ser especial

Joaquina: Si miras a otro, encontrarás grandes diferencias físicas: más guapo o más feo, ojos grandes o pequeños… y todo tiene que ver con esa percepción de lo que tienes delante. Pero si quitas el cuerpo, desgraciadamente, somos todos idénticos.

Jon: Pero hay muchas cualidades, muchas formas de vivir…

Joaquina: Si, pero nosotros de eso recogemos lo que nos interesa para cumplir con esa situación que creemos que es diferente a la de los demás. El concepto de especial solo lo puedes reconocer porque estás mirando los cuerpos. Especial no quiere decir que te sientas mejor o peor que otro, aunque mirando los cuerpos suelen aparecer bastantes complejos de inferioridad, la verdad. Es el punto donde más se nota que uno es frágil.

Jon: Pero las emociones también nos hacen diferentes, ¿no?

Joaquina: Ese es el siguiente punto. Y también notamos diferencias en la razón, pero más por la forma de expresarnos que por lo que hay dentro. Caminando un poco más, la mente también parece especial. Cuando finalmente llegamos al espíritu es cuando se puede decir que somos todos iguales. Pero en realidad, todas las dificultades están en el cuerpo y en la emoción. Lo que ocurre es que vemos la forma y no nos quedamos en el mundo de la realidad. Si fueras a la esencia del cuerpo o fueras a lo que realmente eres, te darías cuenta que todo es lo mismo, que todo funciona de la misma manera. Lo único que tienes es la libertad de apropiarte de la diferencia, como una diferencia de participación. Es decir, la única diferencia es la capacidad de participar de ello a tu gusto. No hay diferencia entre un hígado y otro, pero sí existe la capacidad que tienes de tratar a ese hígado de una forma o de otra.

Jon: Los ojos son los ojos, pero nuestra visión la podemos emplear de distintas maneras. Entendido.

Joaquina: Cuando miras la forma, entras en el elemento más doloroso que hay: la comparación. Esa comparación es para sentirte especial, aunque sea en negativo. Es una necesidad constante de estar comparando algo con otro algo. Y si no lo puedo hacer en lo perfecto, lo comparo en lo imperfecto. La disolución de la especialidad consiste en detectar en qué parte te sientes especial. Tienes que analizar en cuál de las cinco partes te sientes especial: Cuerpo, emoción, razón, mente o espíritu.

Jon: Razón, ya te contesto antes de que me preguntes.

Joaquina: Estamos continuamente fuera de nosotros mismos para apreciarnos diferentes, para apreciarnos equivocados, para apreciarnos perdidos, para apreciarnos disconformes. Porque si estuvieras conforme, tendrías tal nivel de paz que pensarías que ya no tienes que vivir. En la pérdida de paz está la vida. Eso es lo más triste. En la pulsión con el amor está la vida, en la pulsión con la enfermedad… vivimos continuamente a través de sentirnos especiales. Cuando no te sientes especial, no tienes la necesidad de vivir, eres vida. Esa es la diferencia entre ser vida y estar viviendo.

Jon: Cuando estoy viviendo siento constantemente que tengo que estar haciendo algo para sentirme vivo. Cuando soy vida, no hago nada para sentirme vivo.

Joaquina: El sol, la luna, el mar… no hacen nada para ponerse ahí. Sin embargo, el ser humano cree que si está en paz, no está vivo. Si el amor está en un estado continuo, en un estado de tranquilidad, pensamos que eso no es amor, que es otra cosa.

Jon: Sí, ahí es cuando necesitamos pulsar para ver si nos quieren, si somos los mejores, los más guapos…

Joaquina: Todo el día con el debe y el haber: “no me hablaste hoy, no me tocaste hoy, ayer no me dijiste…” Tenemos constantemente y numéricamente todo el día una apreciación sobre lo que nos han dado y lo que no nos han dado, lo que tenemos y lo que no tenemos… Eso es lo que se necesita resolver.

Jon: Pero todo esto parece que en realidad está unido al pasado.

Joaquina: Es lo más espantoso de todo. En el pasado están las comparaciones, el dolor, el deseo de ser especial… En el pasado está la miseria del ser humano. Quien vive el presente auténtico, ni tiene comparación porque no hay otra cosa mas que la que hay ahora, ni padece enfermedad, porque está viviendo lo que tiene que vivir ahora mismo.

Jon: ¿Eso quiere decir que no tendría enfermedad, ni desamor, ni pérdida, si me planteo vivir el instante?

Joaquina: En el instante no hay recuerdos, en el instante no hay errores, en el instante no hay alguien que se equivocó y alguien que acertó, o alguien que me hizo y alguien que no me hizo. El deseo de ser especial te contamina de algo tan espantoso como es el miedo a no existir. Crees que si no eres especial, no existes. Si no eres especial, estás metido en la totalidad, y ya no eres Jon, eres el Uno. Somos todos lo mismo. La cascada no dice: “la gota uno”. La cascada es la totalidad de las gotas. Pero la humanidad no es la totalidad de las gotas, sino la diferenciación permanente de las gotas.

Jon: Si. Cuando miras una cascada, te das cuenta de que su belleza está en la suma de todas sus gotas, la luz de esa agua cayendo a la vez, su transparencia continua… Si fuéramos una humanidad en forma de cascada, estaríamos golpeándonos para que vieran las gotas separadas. No nos permitiríamos hacer una cascada de humanidad todos juntos. No hay más que leer el periódico, o ver cómo nos relacionamos con nuestros hermanos.

Joaquina: Sin embargo, estamos todos juntos. Somos una cascada de humanidad toda junta a pesar de estar reivindicando continuamente nuestro espacio. No nos planteamos que tú eres una manifestación de esa cascada que saltas de una manera diferente. Pero sigue siendo la cascada humana. Cuando te mueves en una dirección, la cascada sigue siendo la misma. De la misma manera que las gotas de la cascada no caen todas en el mismo sitio, en una roca, el la arena… pero no dejan de ser cascada. Son la experiencia de la cascada, sin dejar de ser cascada.

Jon: Si, odio que se me meta en la totalidad, que se me considere una parte de una tribu.

Joaquina: Y entonces hacemos tribus diferenciadas. Y lo hacemos por lo mismo: creemos que si formamos parte de la unidad, hemos dejado de existir. Y no hay nada más patético que todos nosotros diciendo que existimos como existimos, todo el día hechos una basura. Y esto se manifiesta con crudeza en la pareja. Recuerda la primera pareja que tuviste.

Jon: Yolanda

Joaquina: Seguro que el primer día caminabais y había 50 o 60 centímetros del suelo por donde no pisabais. Aleteabais y las miradas languidecían entre suspiros. El segundo día bajabais 5 centímetros. A los tres días, uno se da cuenta de que el suelo está demasiado cerca y empiezan los ratos y no ratos de tocar el suelo. Y de pronto viene la gran verdad: “Yo quiero estar contigo, pero que te enteres que no funciona”. “Eres lo más grande que conozco, pero duermes de una manera que no me convence”. “No te has dado cuenta de que no me gusta que me toques ese hombro, que el que me gusta es el otro”. “Ya no me acaricias la espalda como antes”…

Jon: Crónica de una muerte anunciada.

Joaquina: ¿Qué pasó desde el primer día que ibais a 50 centímetros del suelo, de la vida y de la experiencia?. Podíais pasar sin comer y casi sin respirar… ¿Qué ha pasado?. Simplemente que empezasteis a compararos. No ha pasado nada más. La relación sigue siendo extraordinaria, el momento sigue siendo increíble, la persona es la que quieres… Sin embargo, has empezado a darte cuenta de que igual es mejor que tú. Y casi seguro que empiezas a machacar: “Tu no haces lo que hacía mi pareja tal”. Y empiezas a comparar las parejas de atrás… El primer día eran todas horribles, luego empiezas a decir que no te hacen lo que hacía Pepita, o Juanita…

Jon: Nunca he salido con Pepitas ni Juanitas

Joaquina: Ya me entiendes, y tu tono de voz indica cierto grado de touché. Siempre que se rompe una relación es porque hemos empezado a comparar: Lo que teníamos solos, con lo que tenemos acompañado: “Es que me doy cuenta de que tengo una necesidad de espacio”. Esa no la tenías el primer día. Pasa con la pareja y también con el mejor amigo, o la mejor amiga, que tardas dos días en ver los errores que tienen y criticar lo que hacen.

Jon: ¿Y todo pasa por el miedo?

Joaquina: Por el miedo a no ser Dios. No ser Dios en un terreno de dioses, y eso es lo patético. Es patético que queremos ser Dios, y el otro el diablo, o como mucho uno de los ángeles. La primera semana un arcángel, la segunda un ángel, la tercera ya uno que está trabajando para ser ángel; y luego ya el demonio reencarnado. Y a demás piensas que Dios te lo ha puesto cerca para que tú te superes, y es el karma. “No te voy a dejar, porque eres mi karma y contigo voy a aprender”. Y las frases son: “Yo sé que es mío, pero ¿te has dado cuenta de lo que me has hecho?”

 

Jon: Antes has unido la especialidad a la enfermedad, ¿cómo va eso?

 

Joaquina: Las enfermedades son porque ponemos el foco en los distintos campos. Las físicas porque miramos lo físico; las emocionales porque comparamos nuestra capacidad de sentir o conectar; y las enfermedades cognitivas son porque nuestra inteligencia la ponemos constantemente en comparación con los demás. Esas son las tres enfermedades que se manifiestan, sin falta, a partir de los 36 años. Las anteriores enfermedades son de procesos de la vida, pero a partir de los 36 son las enfermedades de las que no vamos a poder eludirnos.

Jon: Entonces compararnos y vivir en el pasado son la causa de estas enfermedades.

Joaquina: No se pueden eludir: la enfermedad de la frustración, la de la decadencia, del envejecimiento… Cualquier tipo de enfermedad tiene que ver con un aprendizaje que no estás haciendo, y no tiene nada que ver con el karma ni con ninguno otra cosa extraña. La causa y el efecto ya se han separado hace muchísimo tiempo. No se trata de que yo he hecho algo y por eso me viene la enfermedad. Eso es causa y efecto, y no existe. Puedes romper rápidamente el efecto, si coges con la mano la causa. No existe el determinismo de la enfermedad, eso ya está roto. No hemos venido a sufrir. Nadie. Sin embargo la repetición continua de aquello que necesitas aprender te lleva, no a la causa y al efecto, sino a una llamada a aprender, que son cosas totalmente diferentes.

Jon: Entonces la enfermedad no es un castigo, sino un aviso de que vaya rápidamente a recomponer lo que no he sabido arreglar.

Joaquina: Como has hecho algo, y has tenido muchos avisos de cómo lo tendrías que resolver, y no lo has resuelto, aparecen esas pequeñas goteras, al principio poco significativas y después mucho. Esas goteras vienen con el dinero, con el sexo, con la casa, con el trabajo, con las relaciones sociales… vienen de 25.000 maneras. Y sólo se rompen cuando rompes el deseo de ser especial.

 

Yo y mi dolor de costilla nos quedamos pensando que estamos juntos para aprender algo.

23 Más allá de mi mismo

Joaquina: La faltad de amor a nosotros mismos es un ejercicio de sometimiento a otra persona, o de búsqueda de otra persona para no enfrentarnos a lo que nosotros podemos hacer en esta vida. El primer paso para el amor es darte cuenta de cuál es la formulación que estás haciendo para la vida. Es imposible que alguien que tiene vida gracias a una madre, que la ha tenido 9 meses en el vientre, que ha participado de su proyecto, que le ha dado una cultura, que ha cuidado su cuerpo… no esté agradecido. Sería interesante tomar una primera decisión: Voy a ir al único lugar del que puedo extraer la sabia de amor personal, y es a aquellos que me han enseñado lo mejor que yo tengo en mi vida: a vivir, a estar… Te han enseñado lo mejor y lo peor, todo.

Jon: ¿Eso quiere decir que los padres son maravillosos?.

Joaquina: No, no quiere decir eso. Quiere decir que dentro de la paternidad y de la maternidad hay una esencia positiva siempre, que nos permite caminar. Tienes que mirar a tu fuente de origen para que te des cuenta de que si la has maltratado, el resultado siempre será falta de amor a ti mismo.

Jon: Honrarás a tu padre y a tu madre.

Joaquina: Si, pero ese mandamiento no tiene nada que ver con tu padre y tu madre, sino contigo mismo: Qué honras de lo que tú te has llevado a tu maleta. Hay un mecanismo, algo que tienes que superar, que todos tenemos que superar, y no es otra cosa que los celos y la envidia. Cuando aparece el mecanismo de los celos en tu vida, empiezas a estropear todos los vínculos. Todos tenemos una ambición, un deseo de ser únicos… pero eso no te puede enturbiar el hecho de que la persona te ame, te quiera, te de todo lo que te da…

Jon: Y esto ¿cómo se une con la felicidad?.

Joaquina: Padre en positivo + Madre en positivo + Entorno Cercano en positivo + Entorno Lejano en positivo = Felicidad. Pero para poder simplemente llegar a vislumbrarla, hay que tener los dos primeros sumandos: Padre en positivo + Madre en positivo.

Jon: Entonces la felicidad depende del amor a mi mismo + el amor a otro + el amor incondicional.

Joaquina: Esa es la felicidad con mayúsculas, la que no se va. Qué es más fácil: ¿pensar bien o pensar mal?.

Jon: “Piensa mal y acertarás”, así que eso debe ser lo más fácil.

Joaquina: Eso significa que estás fuera de tu realidad espiritual. Como ser espiritual, lo único que tienes capacidad de pensar es bien. Todo lo demás es una patraña. Tu espíritu jamás piensa mal, no tiene la capacidad. Quien piensa mal no es tu espíritu, sino tu experiencia breve y obtusa del ego. Así que si piensas que no puedes amarte a ti mismo o a los demás, estás tremendamente equivocado. El espíritu está en estado perfecto. Todo lo demás, es mentira.

Jon: Entonces me ahorro la toma de decisión y esas cosas… ¿Cómo lo puedo llegar a disfrutar?

Joaquina: El ego te hace pensar que el otro es diferente, que nos hace pensar que no nos han querido… Tu conciencia práctica es la que enreda de esta manera.

Jon: Entonces se trata de hacer callar al ego.

Joaquina: No se trata de hacer callar al ego, sino de conectar con tu espíritu, con tu mente. Cada vez que pienses que tu hermano es más importante que tú, dile a tu ego: “qué buena esta fabricación para no hacer nada en la vida”.

Jon: Entonces, es todo una fabulación. Soy yo el que quiero pensar que mi madre no me amó, que los demás son malos, que estoy en un universo donde todo el mundo me puede castigar.

Joaquina: Solo tienes que entender que eso es puro, puro ego. Y es la diferencia entre ser personas consecuentes o inconsecuentes.

Jon: Como el ego no puede desaparecer, ¿cómo voy a ir trabajando a mi favor y no a favor del ego?

Joaquina: Mira a tu padre y a tu madre en lo que necesitas. Lo que no necesitas es suyo. Mira a las personas en lo que necesitas, lo demás es suyo, en lo que es bueno para los dos. El ejercicio que tienes que hacer es ver qué no quieres aprender de los demás. Lo que tienes es un bloqueo absoluto a aprender algo que te deja en evidencia. Eso se nota mucho si criticas. La crítica a los demás es no querer aprender algo que te deja en evidencia. Tienes que encontrar esa cosa, que si te abres a aprender de los demás, la sensación es que lo tuyo no funciona.

Jon: Creo que es la capacidad de relacionarme socialmente. Mi hermano la tiene y yo no. Es simpático, conecta con todo el mundo…

Joaquina: Me dijiste el otro día que lo que tienes de tu padre es la inteligencia. ¿Qué te está quitando esa inteligencia?: Encanto, alegría, empatía. Pusiste el foco en ser inteligente y has perdido la cualidad de la conexión y de la sociabilidad. Eso te ha llevado a pensar…

Jon: Que las personas que sociabilizan y son divertidas son banales y poco inteligentes.

Joaquina: Te has tirado toda tu infancia pensando que tu hermano era poco inteligente, y que la inteligencia estaba solo concebida para tu cerebro tan especial y tan único. ¿Cuál es a la gente que más criticas?.

Jon: A las personas que considero superficiales.

Joaquina: Lo que te pasa es que no quieres abrir el corazón a que no eres perfecto. Tu ego te dice que eres perfecto y los demás no. Es una forma que tienes de salir a la sociedad amándote a ti mismo pero no sabiendo integrarte con los demás. Tarde o temprano culparás a los demás de muchas cosas y perderás la cualidad de aprender lo que te falta. El ego te dice que no tienes nada que aprender de los demás. Eres una persona capaz de amarte a ti misma denostando lo que te rodea, porque has puesto como parámetro que la inteligencia y tu familia son los perfectos.

Jon: Entonces tengo totalmente dañada la parte psíquica de mi persona.

Joaquina: Cuando has ido creciendo en tu autoestima y has ido teniendo dificultades, no has flagelado tu autoestima, sino que has pensado que los demás son malos. En algún momento aprenderás que no puedes culpar a todo el mundo eximiéndote tú. Es el problema por tener únicamente a un padre como referencia y entonces el amor a ti mismo no está y lo buscas fuera. Tienes que aprender que necesitas ser más completo y crecer en tu inteligencia emocional.

Jon: Voy a hacer todos los días un 1% de aceptación a las personas que sonríen, que conectan y sociabilizan.

Joaquina: Genial, porque si no haces eso, tarde o temprano dejarás de ser feliz, y además harás muy desgraciadas a las personas que son muy superficiales para ti, ya que hay una exigencia de inteligencia que no es la que la persona tiene.

Jon: ¿Qué pasa en el caso de que una persona no se sienta reconocida ni aceptada por ninguno de los dos padres?

Joaquina: Serían personas que no tienen autoestima y además no aceptan a nadie. Pero en realidad no es posible que eso se produzca. No existe la posibilidad de que un padre no tenga un sentimiento hacia su hijo. Aunque sea un padre negado a la paternidad. Si tu miras a tu hija, en el momento que te ves a ti en ella, se produce esa sensación. Voy a suponer que la madre de esa hija es divertida, superficial y social.

Jon: Que lo es.

Joaquina: Pues si la hija ha salido como tú, la adorarás, y si ha salido como ella, la adorará ella. No existe la posibilidad de que no salga como alguno de los dos. Dios ha creado un mundo perfecto y hacemos las relaciones por complemento. Hemos elegido un mundo perfecto, la dificultad está en que no lo vemos. Todo lo que hay enfrente es una manifestación de nuestra realidad, de nuestra personalidad. Y esa realidad está ahí. Tu percepción es tu exigencia para tu desarrollo personal. Tu desarrollo es entender que la felicidad está en saber reír, no en saber matemáticas. Las matemáticas te pueden dar un punto de fuerza, pero la capacidad de disfrutar de la vida no está en saber grandes cosas de matemáticas, es poder mirar tiernamente los ojos de una persona y encontrarte reflejado en ella. Es ver a alguien y sentir que todo tu ser se manifiesta en ese ser. Esa es la felicidad, lo otro es simplemente una patraña. Te puedes sentir muy feliz con matemáticas, literatura y mecánica cuántica… seguro. Pero al final, más allá del cuerpo físico, está un cuerpo emotivo que es químico y que hay una necesidad de cubrir. Está todo tan complejamente realizado que no hay ninguna posibilidad de que ningún ser se abstraiga de los cinco cuerpos. La química de nuestro cuerpo nos hace movernos por dentro. Puedes pararlo un tiempo. Pero tarde o temprano te acercarás a alguien con la necesidad de que esa química, que esa dopamina juegue un baile. Y ese baile te va a llevar a algún sitio que se llama más allá de ti mismo. Y eso no son matemáticas, eso es amor. Eso es vida. Tienes un cuerpo espiritual que necesita trascender la materia, un cuerpo mental que necesita expresarse en libertad y tomar decisiones, un cuerpo racional que te permite diferenciar un pensamiento de otro, un cuerpo emocional que necesita amor. Eres, somos, una esencia completa, y lo inteligente, lo sabio es reconocer que Dios ha hecho un mundo perfecto. Eres una manifestación de esa perfección y quedarte con un trozo y abstraerte del resto, es inútil. Tarde o temprano todos llegaremos al mismo sitio, a darnos cuenta de que el ego es una falacia.

Jon: Mi decisión hoy es trabajar la autodeterminación, la autoestima, mi concepto de mi mismo para amarme, y abrir mi corazón para aceptar la diversidad. No hay ninguna posibilidad de que nuestros padres no nos hayan amado con toda la fuerza de sus corazones. Mi percepción lo contamina. Es mi ego el que juega con la percepción maquiavélica que tengo de mis padres.

22 Autoestima y aceptación

Jon: ¿Cómo puedo aceptar mi personalidad tal como es?.

Joaquina: Cuando tienes un padre y una madre delante y no sientes que son tus padres, si no que sientes que son un padre y una madre que tienen un hijo cerca, tardarás pocos minutos en darte cuenta de que la madre o el padre acepta a aquél que se parece a él, y al otro pude tenerle una pequeña inquina.

Jon: Esto nos muestra la dificultad para aceptar la diversidad.

Joaquina: Nos hemos casado con una persona, que la queríamos, y de ahí sale un ser: un hijo. Y ese hijo manifiesta la mayor diversidad. Ya antes de crecer ha adquirido particularidades en su forma de expresarse, el sueño, la vida, la comida… Entonces escuchas a un padre o a una madre decir: “Es que eres igual que el otro”. Y sobre todo cuando hace algo mal: “Tu hijo ha suspendido”. Ahí te das cuenta de la falta de aceptación de la diversidad.

Jon: Claro, y cuando se tienen varios hermanos, alguno ha tenido la suerte de sentirse aceptado, por al menos uno de los padres.

Joaquina: Pero somos muy egoístas. Yo tengo clarísimo que mi padre me ha aceptado, pero quiero que me acepten los dos igual. De 12 a 24 años, todos los mecanismos de defensa emocional tienen como resorte el no haberse sentido aceptados.

Jon: ¿Es en esa edad cuando nos sentimos rechazados?

Joaquina: Puedes haberte sentido rechazado mucho antes, sobre todo de 4 a 8 años. Pero de 12 a 24 años, nuestra juventud puede haber sido muy dolorosa en relación con nuestros padres. Todo el poso de palabras en las que nos han dicho que no éramos adecuados para uno, es lo que ha hecho que en este tiempo salgamos al mundo y a las relaciones muy mermados en nuestro potencial.

Jon: Me decías el otro día que para llegar al amor a uno mismo era fundamental tener integrados al padre y a la madre. ¿Lo que estás haciendo ahora es ver dónde rompo el camino para llegar a la integración?.

Joaquina: Si no tienes autoestima y no tienes autoaceptación, el problema está en papá y mamá. Y las dos cosas vienen en la maleta, es decir, la autoestima y la autoaceptación son los dos primeros pasos para poder llegar a ser felices, y ya los traes de serie porque tienes un padre y una madre. La autoestima es la conexión con tu mundo interior, y la aceptación es tu conexión con tu mundo más cercano. Para trabajarlo: ¿Cuál sería tu propósito?.

Jon: Para trabajarlo… Amarme a mi mismo.

Joaquina: Te has dado cuenta de que tienes una debilidad en el amor a ti mismo. El reino que está dañado en la falta de amor a ti mismo es el familiar. El de origen. Ahí tienes que encontrar dos cosas importantes: por un lado tu grado de autoestima y por otro la aceptación que tenías de ti mismo para salir fuera. Lo primero es aceptarte para el reto de salir fuera. ¿Tuviste o tienes dificultades para salir de tu entorno más cercano?.

Jon: Si.

Joaquina: Eso habla de que, de alguna manera, la autoestima está fragilizada. Hay algo que tienes que resolver en ese momento familiar. Qué pasó ahí que no has sido capaz de adquirir el valor más grande. Es inviable que una persona sea tan poco práctica como para tener en su casa resortes y no utilizarlos. Es decir, te dan una familia para que puedas avanzar, para que puedas estar seguro, para que hagas el camino. Si dentro de tu familia, dentro de tu entorno, no estás encontrando la parte de poder caminar, quiere decir que no tienes la parte práctica. Porque esos resortes no los vas a encontrar en la familia del vecino. Seguro que es una familia maravillosa pero sus formas de concebir las cosas no son las tuyas, y no te aportará valor desde tu autoestima. Estar carente de autoestima es estar carente de realidad.

Jon: Si, la sensación es de que a la maleta con la que he venido le faltan cosas. Quiero otra.

Joaquina: Eso es una brutalidad. Tienes una hija, ¿piensas que no eres válido para ella?.

Jon: Creo que si lo soy. Aunque si le preguntaras a ella, no se lo que respondería.

Joaquina: Si como padre piensas que eres perfecto, y lo has hecho perfecto, tienes que tener en cuenta que tus padres han pensado lo mismo, y tus abuelos han pensado lo mismo y así sucesivamente. Todos pensamos que somos los mejores padres y que los equivocados son los hijos. Los patrones de autoestima de un niño se fijan de 0 a 12 meses: cómo crees en ellos para dormir, cómo crees en ellos para comer, para crecer… Esos son los primeros patrones, después se extienden de 0 a 12 años, y normalmente a esa edad no hay padre ni madre que piense que se está equivocando. ¿Qué parte positiva tienes de tu padre integrada en ti?

Jon: La inteligencia

Joaquina: ¿La inteligencia de tu padre te hace que te ames a ti mismo?

Jon: Si

Joaquina: ¿Qué parte positiva de tu madre tienes integrada en ti?

Jon: La creatividad

Joaquina: ¿La creatividad te hace amarte a ti mismo? Si no es así, busca otra cosa

Jon: Si, la creatividad vale.

Joaquina: Esos valores no los pierdes, los tienes siempre dentro. Entonces, si lo que quieres es amarte a ti mismo y tienes esos dos valores, y ahora no te amas, eso quiere decir que esos valores no están siendo operativos. Esta es la pregunta clave: ¿Cuál de los dos valores te ha favorecido tu autoestima?

Jon: La inteligencia

Joaquina: Acuérdate de tu infancia: ¿Cuál de los dos padres te provocaba autoestima?

Jon: Mi padre

Joaquina: ¿Cuál de los dos te aceptaba incondicionalmente?

Jon: Creo que ninguno

Joaquina: ¿Hay algún hermano que haya tenido la autoestima y la aceptación de alguno de tus padres?

Jon: Si, mi hermano mayor

Joaquina: Es inviable que, si has tenido únicamente la autoestima de tu padre y no has sentido la aceptación de ninguno de los dos, no estés necesitando la aceptación del otro lado. Cuando te encuentras de esta manera, eres una persona que buscará el amor siempre fuera. Es decir, vas a buscar que te quieran desde fuera, y desde ahí entrará el amor a ti mismo.

Jon: Si te he entendido bien, como he sentido la autoestima de uno de mis padres, pero la aceptación he visto que no me la han dado a mi sino a uno de mis hermanos, estaré buscando siempre el amor fuera.

Joaquina: Si, y te pasaría lo mismo si fuera uno solo de los padres el que te ha dado la autoestima y la aceptación, pero no lo has sentido del otro. Mientras no te des cuenta de este juego, es inviable que encuentres el amor a ti mismo. Lo que te tienes que dar cuenta es de que has puesto a tu hermano entre tu madre y tú. Si no estuviera tu hermano habrías encontrado aceptación y autoestima en tu madre. Desde que naces, como tienes un hermano mayor, este te impide ser el favorito de los dos, que es lo que en realidad te habría gustado. Si no eres capaz de entender que en una familia tú tienes todo lo que necesitas de tu padre, tu hermano pueda tener lo mismo de tu madre. El problema es que no sabes compartir.

Jon: Entonces, ¿Va a depender mi autoestima de que aprenda a compartir?

Joaquina: Esa sería la clave de tu autoestima. Necesitas, y necesitamos todos, sentir la aceptación y la autoestima en los dos padres. Si el problema esta en la autoestima no nos amaremos a nosotros mismos; si el problema está en la aceptación, no aceptaremos la diversidad. Si no hay ese sentimiento de los dos padres, cuando sales al mundo no te amas a ti mismo.

Jon: No deja de ser mi mirada y mi percepción del pasado. ¿Cómo lo puedo arreglar?

Joaquina: Has utilizado la palabra perfecta: percepción. Todo esto es irreal, es tu fabricación y depende de tu ambición. Si por el motivo que sea tú rechazabas a tu madre, la capacidad de percibir su aceptación era muy difícil. No tenías la capacidad de quererles a los dos, elegiste a uno y perdiste la capacidad de mirar al otro. Todos los problemas que tenemos de amor a nosotros mismos es una mirada sesgada a nuestro pasado. Pero el primer camino para llegar a ser felices es el autoamor, el segundo la autoaceptación y el tercero el amor infinito. ¿Tienes preferencias sobre tus padres, sobre tus hermanos?

Jon: Si, claro.

Joaquina: Si no les das a tus padres la grandeza de ser personas y poder ver las cosas desde sus ojos, de tal manera que amen a todos sus hijos aunque, igual que tu, tengan preferencia por alguno. Si no le das la grandeza de ser humano a tus padres, no se la darás a nadie. No hay ninguna posibilidad de avanzar en tu vida si tu conciencia práctica no está incorporada a tu sistema. Y esa conciencia práctica te dice que el amor a ti mismo es el primer peldaño para caminar a cualquier sitio. Si crees que puedes amar a alguien más que a ti, estás cometiendo un error. Puedes creerlo, pero ni a los hijos se les ama más que a uno mismo. Hay una entrega superior, hay un darse, pero el amor solo puede nacer de lo que más conoces, y lo que más conoces en la vida es a ti mismo.

Jon: ¿Qué tengo que hacer?

Joaquina: Lo primero es darte cuenta de que has colocado un virus y debes centrarte en ver la autoestima y la aceptación del padre del que no lo viste. En tu caso, de tu madre. Verlo en elementos totalmente tangibles, en actuaciones reales. Porque si vas hacia atrás verás actuaciones de amor infinito de tu madre hacia ti. Has puesto tus ojos en el no, no, no, en vez de ponerlos en el si. Haz una reflexión sobre todo lo que te ha dado tu madre y todo lo que ha visto en ti.

Jon: Muchas cosas si, me llevaba al colegio, se preocupaba por mi delgadez haciéndome comidas ricas, dándome vitaminas, cuidándome las heridas del fútbol… Muchas cosas, si.

Joaquina: Y ¿Qué te hace mejor, tus percepciones o quedarte con lo que has vivido y aprovecharlo?

Jon: Gracias