63 Contraideales

Jon: Se habla mucho de tener ideales. El otro día me quedé pensando cuando hablaste del peligro de los contraideales, pero ¿qué son?

Joaquina: Los contraideales son una suerte de dragón interior que nos van consumiendo, y aprender a controlarlos depende de nosotros mismo. La mayor parte de las cosas que hacemos es porque las queremos, y eso incluye no sólo conductas positivas, sino también destructivas. Quien despilfarra, quien se droga, quien come hasta convertirse en un obeso mórbido: la mayor parte de estas personas no dejan lo que les destruye porque en el fondo no quieren. Por tanto, es inútil ir contra esas conductas, porque un alto porcentaje de esas personas no desean en el fondo cambiar nada.  Y, lo mejor que podemos hacer es mostrarnos tolerantes. Esas personas, si en algún momento lo desean, podrán cambiar lo que le destruye

Jon: ¿Qué hay detrás del contraideal?

Joaquina: Un profundo deseo de libertad. De ser libres de aquello que nuestros progenitores nos han impuesto, y que además nosotros hemos aprendido, pues nos guste o no, ellos son nuestros modelos, y lo que somos se lo debemos a ello. Es por esta lógica por lo que no es en absoluto extraño que cuanto más rígida sea una madre más disoluto se puede convertir su hijo, que cuanta más pureza haya en la casa más perversión puede aparecer, que cuanto más paciencia aparezca muchísima más tensión, y un largo etcétera.

Jon: Es decir, que cuanto más haya de algo, más va a haber también de su contrario.

Joaquina: De qué adolecemos cada uno de nosotros ha dependido de estos desequilibrios, y si no lo arreglamos, vamos a reproducirlos con nuestras parejas. Para que puedas comprobar que esto que digo no es una afirmación baladí, podemos hacer el siguiente ejercicio. Toma un bolígrafo y un cuaderno, y apunta qué es lo que intentas todo el tiempo que tu pareja modifique, y que no lo logras (y que además cada día va a peor). Si no tienes pareja en la actualidad, piensa en alguna de tus parejas del pasado.

Jon: ¿Por qué pones el ejercicio con la pareja?

Joaquina: Los ideales y los contraideales son la causa de que muchas parejas terminen rompiendo, pues esa lucha cotidiana contra los ideales o los contraideales del otro termina haciendo que la situación se torne insoportable.  También es la causa de muchas de las malas relaciones de trabajo. Hay muchos directivos de empresa que se machacan contra un compañero de trabajo porque no lleva el ritmo de trabajo que él considera adecuado, porque no hace las cosas como él, porque guarda informes en lugar de tirarlos, porque guarda papeles, porque no dice la verdad…

Jon: Entonces, hay que encontrar nuestro contraideal para poder empezar a cambiar, y sería además buenísimo que todas nuestras relaciones las empezáramos diciéndole al otro: “Mira, este es mi contraideal; te pido por favor que no trates de cambiarlo, porque no vas a poder. Si no te gusta, aguántate”.  Esto nos ahorraría infinidad de problemas.

Joaquina: Mi madre tenía para mí un contravalor muy grande cuando yo era pequeña. Yo pensaba que la mujer jamás tendría que estar cuidando a un hombre. Me parecía que yo era un ser sublime, y que no había nacido para cuidar a un hombre: hacerle la comida, lavarle la ropa, etc… Me parecía que los hombres se debían aprender a cuidar solos. Estas eran las cosas con las que yo fabulaba de pequeña mientras mi madre se consagraba de la mañana a la noche a cuidar a mi padre. Yo detestaba que las mujeres tuviéramos que ser esclavas de los hombres.  Llegó un día en el que tuvimos un gran enfrentamiento debido a que ella me argumentó que para qué iba a estudiar si mi vida iba a ser cocinar, limpiar y cuidar a un hombre. Yo le respondí que antes prefería estar muerta que, si yo había nacido para cocinar y fregar como ella, prefería no vivir. Al final, lo que nos dice nuestro entorno y nuestra familia se acaba convirtiendo en nuestra ley, y es urgente que lo localicemos para poder cambiarlo, por lo que deberías de nuevo tomar el boli y el cuaderno y hacer una lista de las cosas que se han establecido en tu vida porque así lo aprendiste de tus padres, y no eres capaz de quitártelo. Encontrar esos contraideales es muy importante, porque son los que no nos permite ser firmes ni flexibles.

Jon: ¿Son lo mismo que las creencias?

Joaquina: Los ideales y los contraideales no tienen que ver con lo que hacemos, sino con lo que somos. Están antes de la acción, y no son creencias, pues las creencias se pueden modificar. Por ejemplo, mi ideal es el autoconocimiento, y mi contraideal es que yo no tengo poder, y eso, aunque lo parezca, no es una creencia en la medida en que no puedo cambiarlo, puesto que soy esos valores. De nada serviría que alguien me argumentase en contra de ello. Los ideales es lo que somos; las creencias son lo que creemos. Las creencias mutan; podemos discutirlas y argumentar a favor o en contra. Los ideales permanecen inalterables.

Jon: Si tienen que ver con lo que somos, entonces tienen mucha relación con nuestra autoestima, valores…

Joaquina: Para poder llegar a decir “sí” o “no” con libertad, para tener autoestima, necesitas saber cuál es el detractor de tu éxito, un detractor que está dentro de ti. También debes averiguar qué es lo que te ayuda a llegar al éxito, y que también lo llevas dentro. Si te permites conocer tu interior en profundidad y te das cuenta de que tienes algo que nunca te ha permitido respirar, que no te deja ser de otra manera a pesar de que te está haciendo daño, no avanzarás, pues estarás cometiendo una y otra vez el mismo error.  Si además tratas de abordar tu contraideal como si fuera una creencia nunca lo vas a superar.  Necesitas trabajarlo como un ideal que has adquirido para no avanzar en tu vida.

Jon: Es como si llevásemos dos personas dentro.

Joaquina: En realidad, llevas en la vida dos parejas: la persona interna, el yo interno que te hace crecer, y el yo interno que no te deja crecer. Esos dos yo están contigo. El que te deja avanzar y el que no te deja hacer. Es imprescindible para aprender a decir si y a decir no que conozcas cuál es la parte de ti que no vas a poder tocar.  Si no eres capaz de descubrirla y trabajarla, el día menos pensado tu detractor estará en tus hijos y en tus parejas. Esto es así porque tanto los ideales como los contraideales se generan en la familia, y si no se trabajan, se reproducen en la familia que nosotros formamos.  Por ello, en el momento en que trabajas la familia y la herencia familiar de una manera concreta, logras avanzar.  Y es que, cuando hablo de familia, hablo de autoestima.  El niño de 0 a 12 años tiene que crear su autoestima a partir de lo que aprende de sus padres. Cuando no la genera, luego hay que trabajarla desde la conciencia.

Jon: Pues si miro dentro, me encuentro con unos cuantos contraideales.

Joaquina: Si cuando analizamos nuestros contraideales nos topamos con varios, eso quiere decir que no estamos mirando al contraideal, ya que sólo hay uno, sino a nuestras creencias. El contraideal es aquello que en cualquier circunstancia surge como una forma de separación de los demás y de nosotros mismos. Además, mientras que las creencias cambian, el contravalor permanece. La creencia la podemos cambiar porque ha habido una situación donde se ha dado en positivo, pero el contravalor no se ha dado nunca en positivo.

Jon: Contravalor y contraideal supongo que es lo mismo.

Joaquina: Sí. El contravalor lo vas superando en la medida que vas entendiéndolo, pero no en la medida en que lo estás contraviniendo.  Una cosa que debes tener en cuenta es que al contravalor no se le puede contradecir. Si luchas contra él, tu contravalor encontrará otras formas de atacarte.  Y los valores, estén en positivo o negativo, no pueden ser objeto de una conversación, pues no atienden a razones.   Nunca podrás hablar de ellos para luchar contra ellos; puedes hablar sobre ellos para enseñarlos. Y recuerda: siempre que luches contra el ideal de alguien, estarás luchando contra su persona.  Tengo un amigo musulmán que a las siete menos cuarto se levanta y hace su rezo esté donde esté; para quien no sea musulmán, le será difícil pensar en dicha práctica sin considerarla una tontería, y sin embargo no tendrá ningún sentido que le argumentemos en contra.

Jon: Lo que si puedo es iniciar un diálogo con el otro en el momento en el que me doy cuenta de que mis ideales son los regentes de mis ideas, y eso es lo que hace que piense de una determinada manera y no de otra. Desde ahí me daré cuenta de que mis ideales son solo míos y de que el otro tiene los suyos y está determinado por ellos. Si yo soy creyente y mi interlocutor no lo es, escucharé lo que piensa, pero no entraré en discusiones, pues es una pérdida de tiempo discutir con el ideal.  Y lo mismo ocurre con el tema del aborto, o con otros asuntos que tienen como base un ideal, y no una mera creencia.

Joaquina: Lo único que puedes hacer con todas aquellas cosas que vienen de tus ideales es compartir tus puntos de vista y que el otro haga lo que quiera con ellos. Los ideales son la vida, y aquí no podemos entrar a discutir, pues nos mataríamos. Los ideales nos hacen radicales en la medida en que estamos hablando de nosotros mismos, de lo que es nuestro fundamento de vida. Si hablamos de ello en un terreno de opinión terminaremos creyendo que nuestra opinión es la verdad, y lo único que vamos a conseguir es la guerra.

Jon: ¿Qué me aconsejas?

Joaquina: Que seas capaz de conocer tus ideales y tus contraideales para entrar en el terreno del consenso y del aprendizaje, pues ahí vas a poder crecer.

Jon: Gracias.

62 Firmeza y flexibilidad

Son las nueve de la mañana y, caminando por la calle pasamos cerca de un colegio en el momento en que van entrando los niños. Las caritas son de que eso no es lo que más les puede apetecer. Nos fijamos en un padre que regaña duramente a su hijo por algún motivo que no acertamos a entender.

Jon: Me imagino que a veces, la firmeza en la educación de los hijos es fundamental, aunque no sé si ese padre se está pasando un poco. No debe tener más de 7 años ese niño.

Joaquina: La firmeza es muy dura siempre que no vaya acompañada de dosis de flexibilidad. Estas dos actitudes son con frecuencia tratadas por separado, o como si fueran absolutamente contrarias, es decir, como si no hubiera relación alguna entre ellas.

Jon: Sí, y se entiende que la firmeza es una cualidad positiva, que creo que lo es, y que la flexibilidad es una cualidad negativa, que pienso que no lo es.

Joaquina: El buen manejo de la firmeza y la flexibilidad es un baile entre dos modos de funcionar que se copertenecen. O, dicho de otro modo, desde mi punto de vista, no hay firmeza sin flexibilidad, ni flexibilidad sin establecer ciertos límites.

Jon: Hasta donde yo sé, la firmeza es la capacidad para permanecer estable, fuerte y constante, y la flexibilidad es la cualidad que permite no sujetarse a normas estrictas y adaptarse a las circunstancias.

Joaquina: Exacto. Una persona es firme con relación a sus propios valores y creencias, elementos ambos que constituyen su columna vertebral. Y es flexible con los valores y creencias del otro, y también en la adaptación a situaciones que están fuera de ella y que no sabe manejar. La firmeza y la flexibilidad, concebidas así, se entienden a través de una tercera actitud, que es la tolerancia si pretendemos que la firmeza y la flexibilidad sean tales, y no se conviertan en rigidez y en flojedad. Hay que tener un grado correcto y equilibrado de tolerancia para poder vivir de acuerdo con nuestros deseos e intenciones respetando los deseos y las intenciones de los demás.

Jon: Entonces, es necesario que hay aun equilibrio entre la firmeza y la flexibilidad, entre, por ejemplo, saber decir no y saber decir sí.

Joaquina: Añadiéndole la noción de “tolerancia”, firmeza y la flexibilidad es la capacidad de aceptación y adaptación a las situaciones que están fuera de nosotros y no podemos manejar. Somos firmes con relación a algo que creemos, y flexibles con relación a algo que cree el otro, y aquí hablaríamos de tolerancia. Hemos de tener firmeza para lo que creemos, y flexibilidad para lo que creen los demás.

Jon: Yo, en muchas ocasiones, no me siento libre para decir “si” o “no” siempre que lo deseo. Estoy más condicionado por el entorno, la persona con la que estoy, mi estado de ánimo…

Joaquina: Casi todos pecamos de una falta de tolerancia hacia lo que convive con nosotros, sea nuestra familia o nuestros amigos, y esta intolerancia se debe a un conflicto de ideales e intereses.  Tal vez estos conflictos se evitarían si te dieras cuenta de que la falta de tolerancia no es más que la falta de respeto a ideales e intereses que no son los tuyos.

Jon: Locke decía eso mismo. En su libro “Carta sobre la tolerancia”, viene a decir que los gobiernos, las leyes y las religiones son focos de intolerancia, o lo que es lo mismo, de rigidez, en la medida en que responden a unos ideales sin plantearse que pueda haber la posibilidad de tener otros. Las religiones y los poderes fácticos imponen esos ideales, y llevan a que los sujetos que nacen en el seno de sus sociedades se conviertan en individuos inflexibles, esto es, incapaces de convivir con otros individuos que tengan ideales y creencias distintas a las suyas.

Joaquina: Pues entonces, lo primero que hay que hacer es cuestionarnos nuestros propios ideales. Es decir, que antes de que comencemos a discutir con el exterior, conviene que comprobemos si nuestros ideales son reales. Una vez que lo hayamos comprobado, debemos darnos cuenta de que el “no” correcto, es decir, el ejercer una firmeza justa, significa saber decir “no” a todo aquello que rompe nuestros ideales. Y la flexibilidad debería producirse, como ya hemos apuntado, cada vez que nos acercamos a alguien que tenga ideales que no coincidan con los nuestros, pero sin que esa creencia del otro modifique la nuestra.

Jon: ¿El ideal, está sujeto a una circunstancia temporal?

Joaquina: El ideal no está sujeto a una circunstancia temporal, sino a tu vida entera. Los ideales se forman en el tiempo, y no en el presente. Se han constituido en tu crecimiento familiar, en tu desarrollo.  Por tanto, no todo sirve como ideal.  Si me dices que tu ideal es, por ejemplo, acabar tu máster, estarías confundiendo el ideal con el objetivo.  Lo que tendríamos que decir es que tu ideal es acabar las cosas que se empiezan. Y para comprobar si eres firme con tus ideales basta con probar hasta dónde eres capaz de mantenerlos. Continuando con el ejemplo anterior, si tu ideal es acabar las cosas que empiezas, y dejas tus estudios porque tu pareja te propone un viaje al Caribe, entonces es que no está siendo firme, y esa falta de firmeza al final le pasará factura.  Todas las pruebas de la vida están siempre en los ideales.

Jon: Has dicho que la flexibilidad es la capacidad para decir “sí” aun cuando nuestra creencia sea otra, y sin que ello suponga una ruptura de nuestros ideales.

Joaquina: La flexibilidad es aceptación y tolerancia, y es muy fácil alcanzarla cuando no choca con nuestros ideales. Lo interesante aquí es averiguar hasta dónde podemos llegar a tocar el terreno en el que están los ideales de los demás sin mostrarnos rígidos o laxos.  Asimismo, conviene que reconozcas cuál es tu tendencia. ¿Piensas que es mucho mejor no ceder, aguantar hasta el final, y que los demás te cuiden, o por el contrario tenemos tendencia a ser flexible? Y en este último caso, ¿has aguantado más carga de la que podías porque no has sabido decir “no”?

Jon: Sí, lo último. Locke también decía que dejar de luchar y de discutir por lo que no se puede cambiar es la llave para comenzar a solucionar ciertos conflictos.  No se si es una excusa, pero pienso que a veces es mejor una guerra perdida, pues tratar de ganar lo que de ninguna manera puedo ganar es una empresa absurda. No se puede luchar contra circunstancias contra las que nada podemos, ni tampoco contra creencias inamovibles.

Joaquina: Te propongo que localices aquello en lo que no cedes para dejar de luchar contra ello, puesto que nunca vas a ganar la batalla.

Jon: Porque te conozco, si no pensaría que estás siendo irónica.

Joaquina: No, hablo en serio, sería recomendable que tomaras conciencia de cuánta inflexibilidad o falta de conceptos positivos hacia ti mismo tienes.  Si te das cuenta de que no puedes cambiar algo y sigues luchando, es probable que eso se deba a que, en el fondo, deseas ser vencido. Aquí doy paso ya a otro concepto, que es el contraideal. Al igual que tenemos ideales, tenemos también en nosotros contraideales. Los ideales son aquello que nos nutre para el desarrollo y el crecimiento, y los contraideales son todos los elementos con los que nos boicoteamos para no cumplir nuestros ideales.  Lo que nosotros mismos usamos contra nosotros como represalia, y que es la consecuencia de tener una creencia negativa sobre nuestro ideal, creencia que también hemos heredado.

Jon: Vas a la idea de que todo lo que somos lo hemos aprendido de nuestros padres, que son nuestros modelos.

Joaquina: Tomemos como ejemplo una situación en la que un padre nos ha enseñado a tener mucho cuidado con el dinero mientras que el otro nos ha enseñado a gastarlo sin miramientos.  Imagínate que has copiado al progenitor que no lo gastaba, es decir, que has convertido esta conducta en uno de tus ideales (“Lo mío es administrar bien el dinero”).  Imagina a continuación que te emparejas con una persona cuyo ideal es que el dinero hay que gastarlo sin miramientos. Los primero meses serán, como en casi todas las parejas, estupendos, pues no te atreverás a recriminarle al otro nada, y pensarás que ya cambiará con el tiempo. Sin embargo, pasa el tiempo, se celebra la boda, y un día le recriminas su comportamiento con el dinero. El otro nos dice que lo va a intentar, pero sigue gastando. ¿En quién te vas a convertir?

Jon: En el padre que me enseñó que no podía gastar y que se pasaba el día discutiendo con el otro padre, que sí gastaba.

Joaquina: Acabarás asumiendo ya no sólo el ideal de tu padre, sino también su papel de represor, y haciendo de la convivencia con tu pareja un sinvivir. Y es por tanto altamente probable que acabes arruinado y amargado, a no ser que aprendas que no vas a conseguir cambiar el hábito de gastar de tu cónyuge. Tal vez entonces, también te arruines económicamente, pero conseguirás sin embargo no amargarte como pareja.

Jon: Y para no acabar de manera tan desastrosa…

Joaquina: Tienes que darte cuenta de que traes una información interna que has aprendido en tu familia, y que no puede corregirnos nadie de fuera.  Solo la puede corregir el aprendizaje personal. Por otra parte, en tu interior libras una batalla entre tus ideales y tus contraideales.

Jon: ¿Me puedes poner un ejemplo de contraideal?

Joaquina: Claro. Sabes que la hipocondría no es buena, pero de vez en cuando das rienda suelta a tus obsesiones hipocondriacas para no llevar a cabo tus ideales, sean los que sean. Pues la hipocondría te obliga a estar obsesionado todo el día con las enfermedades y los médicos.

Jon: Entonces, lo primero es modificar los contraideales.

Joaquina: Ni los ideales ni los contraideales pueden modificarse. Es inútil que luchemos contra ellos, ni contra los tuyos no contra los de los demás. Pero lo que sí puedes hacer es consensuar para que la rigidez y la laxitud no se apoderen de ti. Para que seas firme y flexible, debes conocer tanto tus ideales como tus contraideales. A tal fin, debes analizar qué es aquello que no puedes dejar de hacer a pesar de que sabes que no es positivo para ti. Por ejemplo, pensar que debes proteger a nuestra pareja porque si no lo haces crees que te va a dejar de querer.

Jon: ¿Por qué dices que esto es un contraideal?

Joaquina: Porque, en realidad, parte de algo negativo, de un miedo, que te impulsa a hacer algo que tu pareja no necesita, y que es que estés todo el día protegiéndola sin necesidad. Ahí no sólo estás haciendo algo inútil, sino que además tienes todas las papeletas para que te deje de querer por pesado.

Vuelvo la mirada hacia los niños rezagados y, la verdad, no me gustaría volver a esa edad y tener que recorrer todo este camino de nuevo.

61 Escucha activa

Jon: Joaquina, mira, he encontrado esta prueba para valorar la capacidad de escucha activa que tenemos. Te he oído decir muchas veces que una de los principios más importantes y difíciles de todo el proceso comunicativo es el saber escuchar.

  Preguntas SI NO
1 Si me doy cuenta de lo que el otro está por preguntar, me anticipo y le contesto directamente, para ahorrar tiempo…    
2 Mientras escucho a otra persona, me adelanto en el tiempo y me pongo a pensar en lo que le voy a responder    
3 En general procuro centrarme en que está diciendo el otro, sin considerar cómo lo está diciendo…    
4 Mientras estoy escuchando, digo cosas como: ¡Ajá! Hum… Entiendo… para hecer saber a la otra persona que le estoy prestando atención…    
5 Creo que a la mayoría de las personas no le importa que las interrumpa… siempre que las ayude en sus problemas…    
6 Cuando escucho a algunas personas, mentalmente me pregunto ¿por qué les resultará tan difícil ir directamente al grano?    
7 Cuando una persona realmente enojada expresa su bronca, yo simplemente dejo que lo que dice “me entre por un oído y me salga por el otro”    
8 Si no comprendo lo que una persona está diciendo, hago las preguntas necesarias hasta entenderla…    
9 Solamente discuto con una persona cuando sé positivamente que estoy en lo cierto…    
10 Dado que he escuchado las mismas quejas y protestas infinidad de veces, generalmente me dedico mentalmente a otra cosa mientras escucho…    
11 El tono de la voz de una persona me dice, generalmente, mucho más que las palabras mismas…    
12 Si una persona tiene dificultades en decirme algo, generalmente la ayudo a expresarse…    
13 ¡SI no interrumpiera a las personas de vez en cuando, terminaría hablándome durante horas!    
14 Cuando una persona me dice tantas cosas juntas que siento superada mi capacidad para retenerlas, trato de poner mi mente en otra cosa para no alterarme…    
15 Si una persona está muy enojada, lo mejor que puedo hacer escucharla hasta que descargue toda la presión…    
16 Si entiendo lo que una persona me acaba de decir, me parece redundante volver a preguntarle para verificar…    
17 Cuando una persona está equivocada acerca de algún punto de su problema, es importante interrumpirla y hacer que replantee ese punto de manera correcta…    
18 Cuando he tenido un contacto negativo con una persona (discusión, pelea…) no puedo evitar seguir pensando en ese episodio… aún después de haber iniciado un contacto con otra persona…    
19 Cuando le respondo a las personas, lo hago en función de la manera en que percibo cómo ellas se sienten.    
20 Si una persona no puede decirme exactamente que quiere de mí, no hay nada que yo pueda hacer…    

(La evaluación de la prueba, al final del post)

Joaquina: La falta de comunicación que se sufre hoy día se debe en gran parte a que no se sabe escuchar a los demás. Se está más tiempo pendiente de las propias emisiones, y en esta necesidad propia de comunicar, se pierde la esencia de la comunicación, es decir, poner en común, compartir con los demás. Existe la creencia errónea de que se escucha de forma automática, pero no es así. Escuchar requiere un esfuerzo superior al que se hace al hablar y también del que se ejerce al escuchar sin interpretar lo que se oye.

Jon: Pero ¿qué es realmente la escucha activa?

Joaquina: La escucha activa significa escuchar y entender la comunicación desde el punto de vista del que habla.

Jon: ¿Y la diferencia entre oír y escuchar?

Joaquina: Existen grandes diferencias. El oír es simplemente percibir vibraciones de sonido. Mientras que escuchar es entender, comprender o dar sentido a lo que se oye. La escucha efectiva tiene que ser necesariamente activa por encima de lo pasivo. La escucha activa se refiere a la habilidad de escuchar no sólo lo que la persona está expresando directamente, sino también los sentimientos, ideas o pensamientos que subyace a lo que se está diciendo. Para llegar a entender a alguien se precisa asimismo cierta empatía, es decir, saber ponerse en el lugar de la otra persona.

Jon: Entiendo entonces que hay que prepararse internamente para escuchar, además de observar al otro para identificar el contenido de lo que dice, los objetivos, los sentimientos…

Joaquina: Y, además, expresar que le estamos escuchando a través de nuestra comunicación verbal y no verbal: contacto visual, gestos, inclinación del cuerpo…

Jon: ¿Hay elementos que debeos evitar a toda costa?

Joaquina: Unos pocos: Lo primero, no distraernos, porque distraerse es fácil en determinados momentos. La curva de la atención se inicia en un punto muy alto, disminuye a medida que el mensaje continúa y vuelve a ascender hacia el final del mensaje. Hay que tratar de combatir esta tendencia haciendo un esfuerzo especial hacia la mitad del mensaje con objeto de que nuestra atención no decaiga. Es también importante no interrumpir al que habla, no juzgar, no ofrecer ayuda o soluciones prematuras, no rechazar lo que el otro esté sintiendo, por ejemplo: “no te preocupes, eso no es nada”. Tampoco es bueno contar “tu historia” cuando el otro necesita hablarte. No contra argumentar, por ejemplo: el otro dice “me siento mal” y tú respondes “y yo también”. Por último, evitar el “síndrome del experto”: ya tienes las respuestas al problema de la otra persona, antes incluso de que te haya contado la mitad.

Jon: Muchos “no” ¿alguna habilidad para tener también “sí”?

Joaquina: Como ya te he dicho lo primero es mostrar empatía: Escuchar activamente las emociones de los demás es tratar de “meternos en su pellejo” y entender sus motivos. Es escuchar sus sentimientos y hacerle saber que “nos hacemos cargo”, intentar entender lo que siente esa persona. No se trata de mostrar alegría, si siquiera de ser simpáticos. Simplemente, que somos capaces de ponernos en su lugar. Sin embargo, no significa aceptar ni estar de acuerdo con la posición del otro. Para demostrar esa actitud, usaremos frases como: “entiendo lo que sientes”, “noto que…”.

Es importante parafrasear. Este concepto significa verificar o decir con las propias palabras lo que parece que el emisor acaba de decir. Es muy importante en el proceso de escucha ya que ayuda a comprender lo que el otro está diciendo y permite verificar si realmente se está entendiendo y no malinterpretando lo que se dice.

Jon: Un ejemplo de parafrasear puede ser: “Entonces, según veo, lo que pasaba era que…”, “¿Quieres decir que te sentiste…?”.

Joaquina: Sí, luego está emitir palabras de refuerzo o cumplidos. Pueden definirse como verbalizaciones que suponen un halago para la otra persona o refuerzan su discurso al transmitir que uno aprueba, está de acuerdo o comprende lo que se acaba de decir. Finalmente, resumir: Mediante esta habilidad informamos a la otra persona de nuestro grado de comprensión o de la necesidad de mayor aclaración.

 

Evaluación

A través de las respuestas evaluaremos nuestra capacidad para

1) Escuchar sin interrumpir

2) Escuchar prestando 100% de atención

3) Escuchar más allá de las palabras

4) Escuchar incentivando al otro a profundizar

  1. Escuchar sin interrumpir … y menos contradecir…!

Preguntas 1,5,9,13,17 – 1 punto por cada NO

5 puntos Ud sabe escuchar sin interrumpir. Su paciencia le permitirá generar muy buenas relaciones.
3-4 A veces Ud. se pone a hablar encima de la otra persona… Si Ud. permitiera que las personas terminen antes de comenzar a hablar, sus contactos con ellas serán más simples y satisfactorios
0-2 Ud. parece estar tan ansioso por hablar que no puede escuchar… ¿Cómo puede relacionarse con las personas si no las escucha?
  1. Escuchar prestando 100% de atención

Preguntas 2,6,10,14,18 – 1 punto por cada NO

5 puntos Ud. tiene la disciplina y serenidad para prestar a las personas la atención que merecen. Esto le permitirá desarrollar excelentes relaciones interpersonales. ¡Felicitaciones!
3-4 Si lograra no desconcentrarse, Ud. lograría contactos personales más duraderos y satisfactorios
0-2 Seguramente Ud. con frecuencia se encuentra diciendo… ¿Qué? ¿Cómo? ¿Qué dijo? Reconozca que entender a las personas requiere el 100% de su atención…!!!
  1. Escuchar más allá de las palabras

Preguntas 3,7 – 1 punto por cada NO

Preguntas 11,15,19 –1 punto por cada SI

5 puntos Ud. es un oyente empático… logra percibir cómo se sienten las personas con que habla… Ud. tiene la capacidad para entender y ayudar a las personas…
3-4 Ud. se da cuenta de cómo se sienten las personas… pero le da más peso al mensaje explícito…
0-2 Ud. no parece darse cuenta de cómo se sienten las personas con que habla.
  1. Escuchar incentivando al otro a profundizar

Preguntas 4,8,12 – 1 punto por cada SI

Preguntas 16, 20 – 1 punto por cada NO

5 puntos Ud. hace todo lo necesario para que la otra persona se pueda expresar… Ud. logrará contactos muy satisfactorios…
3-4 Ud. es un oyente activo… pero no está haciendo todo lo posible…
0-2 Ud parece no querer involucrarse demasiado en sus contactos…

 

60 La necesidad de tener objetivos

Caminamos por la calle Fuencarral en dirección al cine Proyecciones. Hay mucho bullicio, personas, niños, perros… todo se entremezcla en un maremágnum que seguramente visto desde arriba no tiene mucho sentido.

Jon: En realidad, todas estas personas se mueven por un objetivo, a corto o medio plaza: llegar al cine como nosotros, pasear al perro, airear a los niños… Todo tiene un porqué en el corto plazo. Parece que debería ser también bueno tener un objetivo más amplio, un objetivo profesional, un objetivo de vida…

Joaquina: Vivir implica reconocer nuestras necesidades e involucrarnos de manera proactiva en lograr aquello que necesito hacer realidad. Plantearnos un objetivo nos da la posibilidad de contactar con la vida, con lo que necesito y que actualmente carezco pero que estoy dispuesto a trabajar para lograrlo. Un objetivo es una quimera que quiero hacer realidad. Lo más importante que tenemos que tener en cuenta al plantearnos un objetivo, es la quimera y la percepción del tiempo en la que queremos hacerla realidad. Un objetivo no puede plantearse conceptualmente. Es necesario plantearlo físicamente, y conseguirlo a través de la emoción, de la razón y de la mente.

Jon: Sin embargo, en muchas ocasiones nos cuesta fijarlo, encontrarlo con la suficiente nitidez como para que motive al movimiento.

Joaquina: El planteamiento de un objetivo requiere pasar por estas cuatro preguntas: ¿Qué objetivo tengo? La respuesta debe ser algo vital. La segunda pregunta es: ¿cómo lo quiero lograr? La respuesta debe provocar bienestar. La tercera pregunta es: ¿por qué lo quiero lograr? La respuesta debe tener una justificación intelectual. Por último, ¿para qué lo quiero lograr?  La respuesta requiere que provoque un cambio en el mundo.

Jon: ¿Podemos caminar un poco por cada una de esas preguntas? ¿Empezamos por el “qué”?

Joaquina: El objetivo necesita surgir del interior de la persona, ser vital para poder conectar con la voluntad, ya que ésta es una fuerza interna. El contacto con la voluntad nos permite avanzar y ver qué se requiere para cumplirse sin que exista la posibilidad de que el objetivo se pierda en el tiempo. El objetivo necesita ser consustancial a nuestro cuerpo, que nos vertebre. En la firmeza o la falta de firmeza del cuerpo, así como en la comunicación verbal y no verbal de la persona puede observarse el planteamiento de un objetivo que es real y el grado de compromiso con la meta. El plano físico implica llevarlo al cuerpo, esto es, el objetivo podrá conseguirse porque somos capaces de sentirlo, vivirlo, respirarlo. Lejos de ser un objetivo conceptual, necesita ser informativo y comprender datos exactos y nítidos de lo que queremos lograr. Un objetivo necesita ser real, algo que esté dentro de nuestro marco, de nuestras posibilidades, porque el solo hecho de plantear algo imposible habla de que no queremos tener éxito.

Jon: Noto que muchas veces los objetivos los tomo como obligaciones, casi imposiciones desde fuera, de la sociedad, la familia, el contexto…

Joaquina: La mayoría de los objetivos que no cumplimos es porque vienen impuestos por situaciones que, no resueltas, lejos de convertirse en objetivos, se convierten en obligaciones. Los objetivos pueden ser imposiciones nuestras o de otros, no son obligaciones ni algo que nos hace daño. Por el contrario, son quimeras, son ilusiones, son expectativas, son algo que nos ilusiona y que repercute en nuestro bienestar. Si nuestros objetivos van contra nosotros y parten de responsabilidades, compromisos alineados, dolor, de algo que nos mandan, se convierten en claudicaciones de éxito y en un proceso doloroso y no podemos soñar en que funcionen.

Podemos transformar el mundo a través de objetivos que son nuestra quimera, no nuestra obligación, no nuestro dolor, o no nuestra amargura, si no que al encontrar ese objetivo lo notamos dentro, se pulsa nuestro sistema y decimos: “esto es lo que yo quiero” y a partir de ahí todo nuestro sistema va a funcionar, nos dará tanta fuerza y energía, tanto posicionamiento que va a ser imparable. Es importante creer que nuestros objetivos, además de disfrutarlos siempre nos llevarán a un lugar maravilloso.

Jon: Me dices que es necesario hacer un ejercicio profundo de meditar cuál sería nuestro objetivo, que realmente esté alineado con nuestro deseo de vivir, con nuestro deseo de sentir, con nuestro deseo de saber y con nuestro deseo de realizar experiencias únicas, eso nos llevará a un lugar maravilloso. ¿Cómo?

Joaquina: Es importante que tengas en cuenta que todo objetivo tiene una información y también tiene un proceso, y el proceso tiene que estar en equilibrio con nuestro sistema de gozo. Es decir, que el proceso tiene que ser para nosotros gozoso. Cada persona necesita identificar que es lo que le provoca gozo en la consecución del objetivo, ya sea tener personas con las que hace sinergias, tener lo que quiera, etc. para que sepa, y quiera ir a por ellas.

Jon: ¿Eso tiene que ver con si las personas son físicas o emocionales?

Joaquina: Las personas físicas son prácticas y pueden con mayor facilidad plantearse el objetivo y moverse en él. A diferencia, las personas emocionales se conflictúan al establecer sus objetivos y perseguir sus logros, no quieren caminar hacia la practicidad y prefieren estar en el disfrute, no en el gozo, y esto es perder el tiempo.

Jon: ¿Y en el “por qué”?

Joaquina: Nunca en el “por qué” aparecen sentimientos, justificaciones o problemas. No puede estar basado en cuentas de todo lo que no funcionó. El “por qué” puede partir únicamente de los conocimientos que tenemos para lograr nuestro objetivo, a partir del “porque yo conozco o sé esto”. Parte de todo lo que tenemos para llegar a lograr nuestro objetivo, todo el potencial y la fuerza intelectual. “Porque soy una persona profesional”, “Porque he estado 20 años trabajando”, “Porque además tengo la capacidad de adaptarme”. etc. Todo lo que conozcas, físico, emocional, intelectual, racional y espiritual está incluido, todos los conocimientos, y nunca nada negativo.

Jon: Y llegamos a tu pregunta favorita: ¿Para qué todo esto?

Joaquina: El “para qué” siempre nos trasciende, siempre va más allá, nos va a beneficiar a nosotros, a nuestro entorno más cercano, a nuestro siguiente entorno y desde ahí se hace un objetivo realizable. Si un objetivo solamente sirve para nosotros, no será realizable, lo dejaremos a la mitad del camino, porque sentiremos que no hemos hecho nada.

Jon: entonces ya estamos listos para encontrar objetivos…

 Joaquina: Los objetivos son para sentirnos poderosos y nos permitan disfrutar. Busca algo que realmente sea factible, algo que cuando lo digas, sabrás que vas a encontrar la forma de gozar y desde ahí podrás caminar. Los objetivos tienen que ser algo que al ir cumpliéndolos cada día, te digas con alegría:  Yo puedo, yo me lo paso bien, ¡Que fantástico!, yo soy capaz, yo soy potente, yo me lo paso bien, yo soy única(o), yo lo consigo, yo soy mágica(o), yo aprendo, y además yo soy útil.

Jon: ¿Puede un objetivo, ser objetivo y resultado a la vez?

Joaquina: El objetivo no puede ser objetivo y resultado a la vez. Un objetivo tiene un resultado, pero el objetivo no puede ser el resultado. El resultado es algo tangible y el proceso es algo emotivo. Una persona plantea su objetivo de sentir un estado de ánimo positivo. No entrará al proceso de obtener el ánimo positivo, sino la condición del objetivo que la lleve a tener el ánimo positivo. El ánimo positivo es un resultado, no es un objetivo.

Entro tan absorto en la sala, que ni me he fijado en la película que vamos a ver. Se apagan las luces y aquí estoy, a punto de ver el resultado de un objetivo de alguien.

59 El amor desde el cerebro

Jon: En “El banquete”, de Platón, Aristófanes apuntaba que los hombres no valoramos adecuadamente el «poder» del amor. Este filósofo pensaba que, si fuéramos conscientes de ello, lo reconoceríamos y le daríamos el boato y festejo que se merece. (San Valentín se queda bastante corto). Aristófanes cuenta que al principio había tres géneros: el masculino, el femenino y el andrógino que participaba de los dos sexos. «La forma de cada individuo era en su totalidad redonda, su espalda y sus costados formaban un círculo; tenía cuatro brazos, piernas en número igual al de los brazos, dos rostros sobre un cuello circular, semejantes en todo, y sobre estos dos rostros, que estaban colocados en sentidos opuestos, una sola cabeza; además cuatro orejas, dos órganos sexuales y todo el resto era tal como se puede uno figurar por esta descripción.»

Según dice este filósofo, lo masculino procedía del sol, lo femenino de la tierra, y lo andrógino de la luna, porque este astro contiene a los otros dos. Era tal la fuerza y prepotencia que tenía el hombre en este tiempo, que atentó contra el Olimpo. Cuando Zeus, junto con los otros dioses, analizó la cuestión, decidió que el mayor castigo que podía conferir a este hombre circular y poderoso era cortarle en dos. Una vez sesgados, Apolo fue el encargado de darles la vuelta para que vieran su sección, formando el ombligo como recuerdo de este suceso. Este hecho generó la añoranza de un sexo por el otro, y a partir de ese instante trataron de ser uno solo. Para Aristófanes, el llamado amor es el anhelo de fundirse nuevamente una parte en la otra.

Joaquina: Muchos opináis que el amor nos hace sentirnos plenos. Como si algo que nos faltara nos fuera dado al sentir la aquiescencia del ser amado. Parece haber una carencia inherente en la soledad o el desamor.

Jon: Por otro lado, fue Platón quien habló de varios tipos de amor que recogen cada uno de los entramados del alma. Platón decía que el cielo se mueve por amor. La tierra también se agita por su falta. Amamos a la justicia, a los valores mas éticos y a las personas que nos rodean. Sentimos un deseo sexual y también una conmoción por la naturaleza que nos rodea. Acariciamos a un animal y vinculamos el afecto en esta relación.

Joaquina: Este tejido de amores y rupturas puede detallarnos qué parte de nosotros separó Zeus. Ganar a los dioses del Olimpo puede ser tan fácil como hallar las unidades del yo que andan perdidas para que podamos aprenderlas para siempre. De este modo, todos estaremos completos y será posible desligarnos de la carencia. Porque podemos sentimos deficientes en las relaciones de pareja donde el sexo y la dependencia física sean más notables. Pero también podemos estar sumidos de rencor y distancia de algún amigo o de nuestros padres y familiares. Y cómo olvidar el amor a los valores y la ética que nos conduce al respeto social tan desprovisto en la actualidad.

Jon: Sea como fuere, el amor fue un dios muy discutido y analizado por los grandes sabios en el año 400 a.C. Ahora, debido a las prisas y al poco tiempo, tan sólo en raras ocasiones nos sentamos a debatir sobre lo que es el amor, y cuán necesario es en nuestra sociedad.

Joaquina: Tú, como siempre, entre lo teórico y lo romántico. Lo más importante es que como no hemos conseguido superar lo físico y lo afectivo, destruimos el único atractivo que podemos tener para entablar una relación efectiva. Porque nosotros nunca vamos a ser diferentes ni por nuestro cuerpo ni por nuestra emoción. Por lo que vamos a ser totalmente diferentes es por nuestra forma de conocer y nuestra forma de aprender. Lo que va a propiciar que nuestra relación se haga absolutamente eterna es porque la conexión que tenemos con la otra persona sea una conexión que no es ni corporal, ni afectiva, ni mental. Sino que es integral. Tengo un cuerpo que es con el que te veo, tengo una emoción que es con la que te siento y tengo un cerebro que es con el que te escucho, con el que te aprendo, con el que estoy contigo, con el que crezco, que hace que cada día diferente y nos sintamos diferentes. Cuando el cerebro vive fuera de la obsesión, todos los días la relación con la otra persona es una relación distinta. Porque el cerebro está aprendiendo, porque el cerebro está incorporando cosas nuevas, porque el cerebro se ha hecho tan grande y tan maravilloso que es imposible que no esté continuamente en un proceso de crecimiento.

Jon: Y como me contabas el otro día, para llegar a ese cerebro es imprescindible que haya un amor a nuestros valores y que haya un valor muy grande a nuestra propia afectividad. Si existe un fallo en esas dos partes llegaremos a nuestro pensamiento continuamente con obsesión, y si estamos obsesionados la relación se hace insoportable.

Joaquina: Nosotros tenemos que tener el amor dentro, los sentimientos y la empatía hacia nosotros dentro, para que en ningún momento tengamos problemas con lo que está pasando fuera. Si tú dentro no sientes amor no hay nadie que pueda llegar a darte amor. Si tú sigues sintiendo que el abrazo que estás esperando es un abrazo concreto de tu padre, un abrazo concreto de algo que te falta en tu memoria, es imposible que lo encuentres en la persona que está frente a ti. Pero si tú te has abrazado por dentro, cualquier abrazo que te den está lleno. El problema es que cualquier necesidad de reconocimiento corporal o cualquier necesidad que tengas de afectividad te va a llevar inmediatamente a perder el contacto con el cerebro y ya no vas a poder aprender, conocer, estar motivado y, por lo tanto, continuar en la relación.

Jon: ¿Y cómo conseguir que la motivación permanezca en el tiempo?

Joaquina: El cerebro neocortical es el que permite que la motivación permanezca en el tiempo, mas allá del momento. Permite que la relación tenga una consistencia y sea consustancial a variables continuas y diferentes. Si el cerebro está obsesionado con la repetición de palabras, con la repetición de hechos, esto provocará que la forma de hacer las cosas sea todos los días igual. Y eso no hay nadie que lo pueda soportar. En esta obsesión repetitiva la relación ya está rota, independientemente de que siga adelante. Ya no se nutre, ya nos quejamos, nos enfadamos… Pero si estamos aprendiendo constantemente, entonces la relación siempre es diferente. Aunque la otra persona no esté aprendiendo y aunque no aprendas de ella, como tú estás en tu aprendizaje tu relación te parece todos los días diferente. Toda persona que no encuentra los afectos es porque no quiere llegar en ningún momento a una motivación propositiva, porque sabe que perdería algo que no quiere perder: o comodidad, o queja…

Jon: Es decir, egoísmo.

Joaquina: Lo más triste es que el 90% de las personas enamoradas no están utilizando lo único que hace que la relación sea eterna, que es la profundidad del cerebro motivacional, que es el que mantiene la relación. Y el otro cerebro, el cerebro que integra a todos, del que no he querido hablar, es el que mantiene la movilización. Y la movilización es el que te lleva a construir, a liderar y a caminar. De esta manera es como se construyen las relaciones donde lo más importante es el disfrute de la parte humana.

Jon: La pregunta obligada es: ¿Cómo se soluciona esto para encontrar una pareja que se mantenga?

Joaquina: Que una pareja se mantenga en el tiempo solamente se puede conseguir a través de que vivamos nuestros valores con liderazgo, tengamos una empatía que compartamos con todos y colaboremos en un aprendizaje permanente. Si no, es imposible. Desde ahí surge la movilización de la otra persona hacia nosotros. Cuando tengo esos tres valores, la otra persona está movilizada hacia mí permanentemente porque yo estoy movilizado hacia mi propia persona. Y no necesito que nadie me complete en nada. La solución siempre es ser la naranja completa. No ser media naranja.

Jon: ¿Y si careces de alguno de los tres elementos?

Joaquina: Hay otra solución. Si no tienes confianza, por ejemplo, y viene alguien que tiene esa confianza, en lugar de esperar que te la dé, te debes poner en situación de aprender. Te posicionas como alumno, y entiendes que esa confianza tu pareja nunca te la va a poder dar. La vas a aprender de ella. En una relación que no es simétrica, sino que es complementaria, la única solución para que permanezca es plantearnos qué podemos aprender de la otra persona, que sé que nunca me lo va a poder dar. Ante esta asimetría sólo podemos aprender desde nosotros lo que nos ha llamado la atención de la pareja. Si nos planteamos que la otra persona nos tiene que dar ese algo que necesitamos, la relación se convierte en asimétrica y va a desaparecer. Siempre debemos sumar desde nuestro ser. Sumando desde lo que somos. Si a la otra persona le ha llamado la atención algo de mí, debe trabajarlo también por su cuenta. La solución es mi responsabilidad: voy a liderar mi vida, voy a ser empático conmigo, voy a colaborar conmigo y voy a liderar conmigo. Y lo más importante: cuando vaya a un grupo me daré cuenta de que lo que he ganado en mi relación conmigo lo he pasado al grupo.

Jon: Entonces hay dos soluciones, si te he entendido bien: o sentirme completo, y lo único que tengo que hacer es vivirme completo al lado de mi pareja sabiendo que no me falta nada y que lo que tiene la otra persona va a sumar a lo que yo tengo. O aprender, y para ello debería hacer un plan de aprendizaje.

Joaquina: Lo primero que yo haría es trabajarme el yo para pasar a trabajarme las relaciones interpersonales. Si no tienes pareja, empieza de esta manera. Si tienes pareja comienza por sentarte y preguntarte qué te llama la atención de tu pareja: que yo puedo aprender para, acto seguido, hacer un plan de aprendizaje. Porque si ya tienes la pareja tienes una oportunidad maravillosa de que esa relación se convierta en algo totalmente diferente. Si tienes un problema con la obsesión por gustar en el cuerpo, empieza a trabajar un proceso de reafirmación corporal, porque el tener deseo sexual y el cumplir con el deseo sexual nunca está en el cuerpo. Lo que estamos buscando con el cuerpo y la pasión corporal es satisfacer un complejo de inferioridad corporal. La fuerza sexual no está nunca en el cuerpo, está en la imaginación. Está en el poder de la trascendencia del pensamiento. Las que se llevan a cabo con la iniciativa del pensamiento son las relaciones sexuales que son de un calado extraordinario. Tener una relación como un animal no va a ningún sitio. Tener una relación como un animal un poco más superior donde hay mucho afecto tampoco va a ningún sitio. En las relaciones del cuerpo están los animales y en el cuerpo con afecto están los delfines. Y buena parte de nosotros nos hemos quedado ahí. Hay otra parte de la relación que es unir todo esto y convertir las relaciones en algo increíble, que es la posibilidad de tener una mirada global sobre la persona e ir al detalle de lo positivo, que eso es lo más grande que existe. Cuando tú vas al detalle de lo positivo de esa persona, construyes para siempre. Si no, lo que haces es destruir.

Lo importante es que tengas una relación donde la fantasía, la imaginación, el afecto y la corporalidad esté todo unido. Y eso es lo que dura eternamente. Donde más allá del deseo sexual está la integración absoluta de nuestra persona con nuestro cuerpo, nuestra emoción y todo lo que nosotros somos. Y eso es lo que hace que la relación sea eterna. Y que la relación no se pueda separar. Y que después de 30 años sigamos sintiendo las mariposas en el estómago cuando vemos a nuestra pareja, que sigamos queriendo estar con esa persona, y nos siga pareciendo alucinante verla, que todos los días necesitemos conectar con dónde está, cómo está, qué hace y qué no hace. Eso es lo importante, poder conseguir esa relación que dure para siempre.

Deberíamos contestarnos a cuestiones como: ¿cuántas horas dedicamos a nuestra relación? ¿Cuándo ha sido la última vez que hemos paseado de la mano sintiendo la piel del uno al lado del otro? ¿Cuántos días han pasado desde la última vez que hemos compartido un frenesí amoroso? ¿Qué han sido de aquellos días locos en los que los dos reíamos y soñábamos con nuestra vida en común? Seguramente ya no viajas por puro ocio. Posiblemente ya no hablas de cosas informarles, ni indagas en cómo se siente tu pareja más allá de lo que es obvio. Quizá la sexualidad ha quedado relegada a un intercambio fisiológico, apetente, pero sin chispa.

58 A cuatro días de San Valentín

“Llegaron hasta la tienda del viejo brujo de la tribu tomados de la mano Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Azul, una de las más hermosas mujeres e hija del jefe de la tribu.

 -Nos amamos…-empezó el joven.

 -Y nos vamos a casar…-dijo ella.

 -Y nos queremos tanto que tenemos miedo, necesitamos un hechizo, un conjuro, o un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que permaneceremos el uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.

 -Por favor -repitieron-, ¿hay algo que podamos hacer?

 El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados, y tan anhelantes esperando sus palabras…

 -Hay algo -dijo el viejo-, pero no sé… es una tarea muy difícil y sacrificada. Nube Azul, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, para cazar al halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, tráelo aquí con vida el tercer día después de la luna llena.

 ¿Comprendiste? Y tú, Toro Bravo -siguió el brujo-, has de escalar la montaña del trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más extraordinaria de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red la atraparás sin herirla y la traerás ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Azul. ¡Salgan ahora!

 Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.

 El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas.

 El viejo les pidió que, con mucho cuidado, las sacaran. Eran verdaderamente unos hermosos ejemplares.

 -Y ahora, ¿qué haremos? -preguntó el joven-, ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

 – No -dijo el viejo.

 – ¿Los cocinaremos y comeremos su carne? -propuso la joven.

 -No -repitió el viejo- harán lo que les digo: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres…

 El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo, pero sólo consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

 – Éste es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón. Si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que, además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro.”

 Jon: Ha caído esta historia en mis manos justo unos días antes de San Valentín, ¿qué te parece?

Joaquina: Los protagonistas de la historia, como muchos de nosotros, buscan recetas mágicas para mantener aquello que sólo precisa de sentido común. En el caso de los dos jóvenes entregarse a sus proyectos futuros con la misma intensidad y foco que a la encargada por el brujo. Dejemos libres a todas las personas que amamos. Muchos vivimos como estas dos hermosas aves, atados de pies y manos sin poder elevar el vuelo.

Jon: ¿Cómo sería?

Joaquina: Busca tu fuerza y tus valores y ofréceselos a la persona con la que quieras pasar tu vida. Dile que esas cualidades son las que te permitirán desarrollarte, crecer y ser independiente. Asegúrale que gracias a esas fortalezas podréis vivir un amor sano y fructífero para ambos. Los momentos más duros de una vida estarán marcados por los grilletes que no les dejan levantar el vuelo en la vida personal o profesional.

Jon: Siempre se dice que los niños no vienen con un manual para saber educarles. Me temo que la relación de pareja tampoco.

Joaquina: No tenemos idea de cómo formar una relación de pareja. En nuestro interior queremos continuamente buscar la media naranja. Necesitamos que alguien nos solucione el problema social que tenemos y no hemos resuelto. Nunca estaremos buscando a alguien que nos ayude a nosotros como persona individual, y nuestro problema personal no lo tocamos siquiera. Si lo tocáramos, con la cantidad de relaciones que hemos tenido, ya estaríamos curados. Normalmente no revisamos las relaciones con nosotros mismos, y cuando nos encontramos con los demás, se acrecientan las dificultades, porque no me atrevo a hablar, porque considero lo que el otro me hizo o no me hizo, porque creo que mi padre o que mi madre no me trató debidamente, etc. Y empiezo a encontrar millones de disculpas que justifiquen el fracaso de mis relaciones interpersonales. Cuando nos encontramos con estos problemas, es porque hemos introducido un código previo, que es “no quiero aprender, porque si tengo que aprender es que no soy buena persona”. No aprendo y noto que me falta algo. Entonces, lo que hago es buscar a alguien que va a suplir lo que a mí me falta. Entonces salimos al mercado de las relaciones de pareja siendo una mitad. Porque creemos que nos falta la otra parte complementaria. Y no nos damos cuenta de que no tiene por qué ser así.

Jon: Joaquina, a cuatro días de San Valentín y tú rompiendo el mito de la media naranja.

Joaquina: En una relación tienen que coexistir tres relaciones: una relación sexual, una relación afectiva y una relación de aprendizaje con la persona con la que estás. Por lo tanto, las relaciones se hacen en el cerebro al completo: buscamos tener una lucha con el otro, tener un afecto con el otro y poder hablar con el otro. Todo a la vez. El problema que tenemos es que no buscamos la relación desde esta totalidad. Lo que hemos buscado es una relación a la que le falta algo. Y la relación empieza a debilitarse cuando no se dan esos tres elementos.

Jon: Sí, ya hemos hablado alguna vez de las relaciones puramente físicas, de las afectivas y de las racionales. Las dificultades que entraña estar centrado únicamente en uno de los aspectos. Lo que me dices ahora es que hay que tener un equilibrio entre los tres para tener una relación plena y de larga duración. ¿Cuál es el origen de que decidamos tener solo un tipo de relación, o de que tengamos dificultades no sabiendo equilibrar las tres?

Joaquina: La valoración que hacemos de nuestro cuerpo, en las relaciones físicas, siempre tiene que ver con el vínculo con nuestra madre. Hablo principalmente de la mujer, que es a la que más he analizado. El hombre tiene menos problemas con estas cosas. Pero la mujer sufre mas por no haber sido aceptada físicamente por su madre. Su madre la ha visto delgada, la ha visto gorda, le ha dicho “no comes, sí comes”, etc. Desde ese parámetro empezamos a entrar en grandes complejos con el cuerpo y creemos que los demás nos tienen que saciar y nos tienen que ver. Si no lo hacen nos empezamos a encontrar muy mal. Además, se produce una especie de timidez a mostrar nuestro cuerpo. Por un lado quieres mostrarlo, y por otro te da mucha vergüenza porque hay partes de ese cuerpo que reconoces y que no aceptas.

Jon: Y entonces acabamos rompiendo la relación.

Joaquina: Los dos elementos que rompen la relación son: necesito tener un cuerpo que sea una satisfacción para el otro, y el que el otro me vea y me desee y entonces yo me siento muy estimulada. Y eso tiene que ver con que hay partes de mi cuerpo que yo no amo. Tendríamos que ver qué partes de nuestro físico son, desnudarnos frente a un espejo y ver qué parte de nuestro cuerpo no nos gusta. Esto es lo que destruye nuestra buena relación con el cuerpo o con la parte sexual. Si tú te miras en un espejo sabes en dos minutos dónde te estás machacando todos los días. Y si percibes esto, sabes dónde quieres que alguien te vea bello para tú paliar esa sensación de desagrado. También de esta manera puedes saber lo que te impide desnudarte porque no quieres que nadie te vea eso.

Jon: ¿Y en las relaciones afectivas?

Joaquina: Las relaciones que hacemos con los demás de búsqueda de afecto, derivan de la relación con nuestro padre. Los afectos tienen que ver con la falta de expresividad del padre, o con no habernos sentido parte de él. Cuando un padre no te toca en la piel o no te abraza, tú crees que hay algo tuyo que es malo. Piensas que hay algo que no funciona. El afecto tiene que ver con la parte masculina. Cuando tú no has sentido que tu padre te ha abrazado, te ha querido y te ha dado ese afecto desde ese lado tierno, cuando no nos hemos sentido totalmente aceptados y queridos, vamos siempre como buscando ese abrazo. Tanto la mujer como el hombre. Es inagotable la petición. Nos están abrazando y sentimos que falta algo y queremos más. Es como una insaciable necesidad de sentir un amor que nunca vamos a poder percibir fuera de nosotros. Lo tenemos que sentir dentro.

Jon: Lo pasamos fatal en los dos casos.

Joaquina: Hemos perdido la razón en los dos casos: en el del cuerpo y en el del afecto. Si estamos deseando que alguien nos mire el cuerpo, nos desee y nos satisfaga porque tenemos una merma con respecto a nuestro físico, vamos a estar deambulando por relaciones perdidas. Y si la tara es en relación con nuestros afectos, vamos a estar permanentemente pensando que nunca encontraremos lo suficiente.

Jon: ¿Por eso hay tantas personas que prefieren no tener ninguna relación?

Joaquina: Hay muchísimas personas que no tienen relaciones, pero que darían su vida por tenerlas. Eso también es un problema. Se trata de hallar la naturalidad de la relación. De propiciar un encuentro con el cuerpo de una manera natural y sencilla. Si no encuentras la pareja perfecta, es porque no confías en ti y estás buscando a alguien que te dé algo que tú no tienes, que es la confianza. Si tú lo que estás buscando son los afectos, es porque hay algo que no te gusta de ti, y en lugar de trabajarlo estás queriendo que los demás te lo den. Lo que no te guste de ti, estás buscando que te lo den continuamente. Y hay una insatisfacción. Mientras no te lo des tú, nunca encontrarás la persona que te dará eso. Nunca. No existe nadie de fuera que te puede dar lo que te falta a ti. Nadie.

Esta conversación se extendió en el tiempo. Después de San Valentín, vendrá la segunda parte. Feliz día de San Valentín.

57 Relaciones sociales y pareja

No es frecuente que socialicemos Joaquina y yo. Como mucho vamos a cenas con alguna pareja amiga. Pocas. También hemos ido a un par de bodas, pero fiestas o reuniones sociales no recuerdo ninguna.

Joaquina: Si tenemos alguna merma en la interacción social, también la vamos a llevar a nuestra relación de pareja. Si no hemos sabido integrarnos en el grupo vamos a querer que nuestra relación de pareja supla nuestra necesidad de grupo.

Jon: Y me imagino que también es importante considerar nuestra relación con la sociedad, porque la pareja no la encontramos en alguien ajeno a un grupo, en alguien ajeno a la sociedad.

Joaquina: Cuando nosotros nos encontramos frente a un grupo, la primera cosa que nos tenemos que dar cuenta es que en las relaciones con los demás hay gente que consideramos igual que nosotros y hay personas que consideramos totalmente diferente a nosotros.

Jon: ¿Y eso está relacionado con la relación con nosotros mismos?

Joaquina: Cuando nosotros nos vamos a relacionar con los demás, lo primero que nos tenemos que dar cuenta es que ya no vale la relación que tenemos con nosotros mismos. La relación con nosotros mismos es el primer cimiento. Cuando nos encontramos con la primera persona, tenemos que tener en cuenta nuestro liderazgo. Si no hemos trabajado nuestro liderazgo, cuando entramos con las demás personas ya no ponemos nuestros cimientos en funcionamiento para propiciar el avance. Cuando interactúo con los demás, si yo lidero, lo que voy a hacer es sumar valores. Cuando salgo con las personas, si yo lidero mi vida, sumo al mío todos los valores que hay en esas relaciones.

Jon: Me imagino que cuando dices “liderar mi vida” te refieres a auto-liderarme, tener una visión clara y unos valores que ayuden a conseguirla. En resumen, tener un propósito.

Joaquina: Tengo que analizar que si salgo con los demás y no estoy correcto, y no lidero, pierdo mi autoridad. Si no me manejo bien en las habilidades sociales porque soy gregario, o quiero intentar caer bien, o no llevo mi propósito sino que acepto el propósito de otros, si no me siento seguro y no me expreso, si estoy en el grupo y lo mío lo callo, por todos estos motivos no estoy liderando.

Jon: ¿Cuál sería el punto de partida?

Joaquina: El punto de partida para salir y empezar a tener relaciones sociales de alta calidad consiste en no restar valores a los demás. Si entro en el grupo liderando nunca pondré en evidencia los valores de los demás. Los aprovecharé. Esa es la primera cualidad para tener relaciones en sociedad. Así nos damos cuenta de cómo realmente si sumamos a los demás podemos hacer sociedades que sean eternamente sostenibles. En este sentido lanzo una piedra a favor de los hombres.

Jon: ¿Y eso?

Joaquina: Los hombres tienen la cualidad de entrar en los grupos con sus amigos y sumar. Las mujeres tienen una tendencia a restar y eso les quita mucho liderazgo. Y hay que ser capaces de sumar todo lo que encontramos en los grupos sociales. Los valores de los demás suman. Cuando estamos con los demás se construyen edificios, y cada uno tiene una piedra que soporta el suyo, su valor. Cuando juzgamos a los demás despreciando sus valores, es porque no somos líderes.

Jon: Vale, además hablabas el otro día de la empatía…

Joaquina: La siguiente cosa que se nos plantea, efectivamente, es la empatía. Si hemos liderado sumando valores, vamos a tener empatía. En la empatía es donde nos damos cuenta de que todas las fortalezas juntas construyen un verdadero castillo. Todas las fortalezas que hay a nuestro alrededor construyen una relación totalmente auténtica entre todos, y además, de prestigio.

Jon: En algún curso has dicho que la confianza se veía en el cuerpo. Cuando entras en un grupo, eso es lo primero que se ve, ¿no?

Joaquina:  Cuando entras en un grupo lo que miran es tu cuerpo y ven si tú estás liderando o no estás liderando. Si entras al grupo con miedo y crees que te van a hacer algo, en pocos segundos el grupo te machaca. Pero cuando entras moviéndote con autenticidad, entras aceptando que en todo el grupo hay alguien que funciona contigo, y que tú puedes funcionar con la totalidad. La empatía no permite hacer grupos dentro del grupo. En la empatía funciona todo lo que hay. Llega uno y funciona, se acerca otro y funciona. Todas las personas valen.

Jon: ¿Y cómo sabemos si, aunque nosotros pensemos que sí, realmente hemos sido empáticos?

Joaquina: Con nuestra empatía dejamos marca en las personas. Cuando nos vamos la gente dice: “cuando vino esa persona hizo esto. Si no hemos dejado marca es porque no hemos entrado en sociedad con nuestras fortalezas, hemos entrado con nuestras debilidades. Con la empatía lo que sumamos es autenticidad y por lo tanto mucho prestigio. Así mismo podemos matar toda esta energía con la crítica. La muerte de la inteligencia social se produce al criticar las manifestaciones emocionales de los demás.

Jon: Entonces entramos en las relaciones sociales o liderando o criticando

Joaquina: Si no entramos liderando, vamos a entrar en la crítica. Hay que entrar en las relaciones sociales para colaborar, para apoyar, para estar siempre a disposición de hacer crecer el grupo. Con ideas, con la manera de estar, con lo que sea. Cuando nosotros entramos somos colaborativos, y todos detectan que ya viene una persona que va a participar, que va a hacer, que va a decir, que va a estar continuamente. Porque aprendemos a compartir.

Jon: Ese parece ser el objetivo último de las relaciones sociales: compartir.

Joaquina: Toda nuestra habilidad para relacionarnos se va a convertir en una movilización del grupo hacia nosotros. Nos vamos a dar cuenta de que en una parcela de ese grupo nosotros somos líderes. En simpatía o en lo que sea, nosotros somos tenidos en cuenta y formamos parte de una movilización hacia nosotros. Es difícil encontrar gente que suma valores. Normalmente las personas no están en proceso de liderazgo. Está en proceso de no sumar valores, y casi siempre restando. Por ejemplo, cuando alguien habla en público, las caras que le observan no suelen sumar, sino que el orador tiene que ir ganándose a la gente. Tiene que ir consiguiendo que la gente participe de lo que dice.

Jon: Sí, me he dado cuenta cuando das conferencias sobre todo en empresas.

Joaquina: Si todos nosotros fuéramos líderes y nuestros valores los pusiéramos a disposición en el momento en que nos encontramos con alguien, estaríamos siempre sumando, colaborando, movilizándonos y la sociedad dejaría de tener los problemas que tiene. El drama que vivimos con la empatía es tremendo. La baja empatía que existe es sobre todo grupal. Porque puedes tener empatía parcial con alguien, pero que de pronto entre alguien en un sitio y sienta la empatía por todo el mundo y que se acerque cualquier persona y hable con todos de igual manera nos encontraremos una o dos personas en general.

Jon: ¿Y qué tiene esto que ver con la pareja?

Joaquina: Pues que lo que no funciona en las relaciones sociales, se lo vas a exigir a la pareja. Si tenemos baja la autoestima, vamos a buscar a alguien que nos machaque más. Si tenemos nuestra empatía baja, vamos a buscar a alguien que sea tan empático que nos deje en la mayor de las evidencias. Si buscamos a alguien que sea muy expresivo, que comunique, que sea muy inteligente, nos vamos a bloquear delante de él. Lo que has perdido lo vas a buscar, a muerte, en una relación de pareja. Y así también construyes tu relación de pareja sobre lo que te ha pasado con tu hermano, con tu hermana, con tu padre y lo que te ha pasado en los grupos familiares, o lo que te ha pasado en las relaciones sociales, en los grupos del colegio, del trabajo, etc.

Miro alrededor y por la calle pasean muchas más parejas de las que uno pudiera pensar debido a lo complicado que parece todo. Sin embargo, es un trabajo mas de desarrollo personal, de tomar conciencia, de aceptar y tolerar.