168 El criminal en serie que llevamos dentro

Acabamos de terminar de ver la película Seven, dirigida por David Fincher en 1995 y con las interpretaciones de Brad Pitt y Morgan Freeman. Antigua pero no ha perdido su potente mensaje. Me fascina saber por qué a Joaquina le gustan este tipo de películas.

Jon: Quizá es que te veo frágil y delicada, y muy espiritual como para que te gusten este tipo de películas. ¿Me estoy perdiendo algo?

Joaquina: Hace años que investigo las mentes criminales. Esas mentes cuya condición es hacer daño a los demás y a quitarles la vida. Me interesaban mucho sus comportamientos, porque me parece siempre muy difícil entender como una persona puede quitar una vida. Cuando tienes alguien a quien amas, y deja de respirar, se hace una laguna inmensa entre lo que había y lo que es, y quieres llorar sin darte todavía mucha cuenta de lo que has perdido. Desaparece en el tiempo la persona, dejando solo el recuerdo, y te das cuenta de que la persona no es un cuerpo, es algo mucho más que permanece y permanece… pero te gusta tener el cuerpo cerca.

Jon: Bueno, es un apego que tenemos a las personas que amamos, y a sus cuerpos.

Joaquina: Si, y eso me ha llevado a cómo puede quitar la vida una persona a otra. Esta sensación se agravó cuando empecé a analizar que las mentes criminales tenían varios focos: las personas mayores, los niños, y cierto tipo de personas…

Jon: ¿Hablas de criminales en serie?

Joaquina: Sí, esas personas que quitan la vida secuencialmente, con un comportamiento concreto.

Jon: ¿Y tus conclusiones?

Joaquina: Mi conclusión es que estos asesinos quieren liberar a las personas que matan de algo que han vivido ellos. Es decir, matan a los niños porque ellos de niños han sufrido y quieren que desaparezca ese dolor. O matan a personas que están significando violencia que ellos han vivido, y no pueden parar la secuencia, y necesitan matar y matar, y matarían a todas las personas en el mundo que les recuerdan eso. No matarían a quienes no se lo recuerdan. Únicamente a las personas que tienen esa clave de dolor interno.

Jon: Entonces me estás diciendo que estos asesinos lo hacen porque han sufrido un dolor interno que no han podido soportar.

Joaquina: Sí, y me planteo, ¿cuántas horas se pasa la humanidad analizando a personas que matan fuera y qué poco tiempo dedicamos a analizar cómo las personas nos matamos dentro. Debido a una circunstancia, que cada uno tenemos que analizar, hay una parte de la vida que se ha quedado bloqueada, y continuamente matamos esa parte de nuestra historia para no sufrir esa parte de la historia. Ese es el criminal en serie que llevamos dentro, el que no nos permite vivir la experiencia positiva de nuestro mayor valor.

Jon: Entonces es una parte de nosotros que intenta quitar un sufrimiento.

Joaquina: Imagínate… Hay un criminal en serie que tiene una persona que le cuida, un cuidador. Este cuidador no tiene en cuenta su sensibilidad y lo que hace es llegar a un punto de sometimiento que lo encierra en una habitación, y cuando la persona necesita hacer cualquier cosa, pues no le deja. De tal manera que deposita sus excrementos en una caja y los mete en un armario, porque no le permiten salir. Entonces hay un bloqueo de libertad y una… voy a llamarlo sodomización, la veja, no la deja ser ella misma. La persona encerrada va maquinando y construyendo una idea sobre sí mismo: “Si alguien me está haciendo esto, es que debo tener algo malo” Hasta el punto de que no puede soportar ese sentimiento de maldad. Aparece entonces un proceso de enajenación y la culpa que siente dentro la proyecta y culpabiliza, e inmediatamente quiere salvar a los niños de vivir esto. ¿A quién va a matar?

Jon: ¿A las niñeras?

Joaquina: Y las niñeras van a tener un niño al lado, lo cual quiere decir que se va a llevar a la niñera y al niño. Es decir, que necesita volver a vivir todo lo que vivió, pero al revés. Delante del niño necesita destruir a la niñera.

Jon: Es decir, siempre hay una vivencia donde hay un personaje que bloquea a la persona y la anula.

Joaquina: No importan los niveles, el ejemplo es un nivel fuerte, pero funciona exactamente igual dentro de nosotros. La única diferencia es que nosotros no matamos a alguien de fuera, sino a alguien de dentro. A nosotros mismos. El personaje de la historia va perdiendo la razón y pensando que es muy malo, muy malo, y en ese momento solo le quedan dos opciones: atacar o atacarse. Al ser un sentimiento tan malo, pierde la sensibilidad y empieza a destruir. Lo que destruye es a la persona que le hace daño, en el mismo escenario. Cambia la forma, pero el escenario tiene que ser el mismo: Debe haber una niñera y un niño. El se hace el salvador del niño, pero el niño tiene que ver lo mismo que vio él. Así funciona una mente criminal en serie.

Jon: Yo puedo comprender estados de enajenación inmediatos, donde no mides lo que puedes hacer, y se produce algo duro. Lo que a mi también me cuesta comprender es esa premeditación secuencial a las mismas personas y de la misma manera, perdiendo más y más la sensibilidad hacia el ser humano.

Joaquina: Lo que a mí me cuesta es entender a una persona que está todo el día contra sí misma. Eso me duele todavía mucho más. La diferencia es que no tenemos sangre para ver, vamos matando neuronas, vamos matando deducción, vamos matando expectativas… y vamos convirtiéndonos en seres anodinos y perdidos. Mira a un niño recién nacido, es la expresión de Dios hecha carne. Y nosotros somos morcillas caminado. ¿Dónde se quedó Dios? Es imposible que exista esta variable si no hay algo que lo provoca. Es imposible que un niño recién nacido exprese la mayor experiencia divina, y una persona mayor exprese la mayor experiencia de lo no divino.

Jon: Hablas casi constantemente de criminales y no de asesinos. ¿Cuál es la diferencia?

Joaquina: Son personas normales que un día detectan la llamada a superar las cosas que ellas vivieron. Son criminales y no asesinos porque no tienen conciencia de matar a una persona, quieren matar el mal, que para mí es muy diferente. El ejemplo que te he puesto es un caso real, que a mi me hace temblar por dos cosas: una, que las cuidadoras pasan a ser seres malévolos para esta persona, y dos, porque el niño vive el escenario de la mayor crueldad. Cuando una persona tiene un deterioro tal que no comprende lo que está haciendo, es parecido a lo que nos pasa a nosotros. Con estas explicaciones quiero que te des cuenta de cómo tú y todos configuramos nuestra mente cuando sobrepasamos los niveles de dolor en algo, y ahí empieza a construirse nuestro degradador, o nuestro anulador de la felicidad.

Jon: Entonces, hay una vivencia a la que nosotros damos un valor negativo. Y es una vivencia que se repite de continuo. Tiene dos características: Es una vivencia muy dolorosa para mi, y además no la comprendo. No comprendo como alguien que me tendría que estar queriendo me hace eso concreto que me está haciendo.

Joaquina: No hay ningún ánimo de disculpar al criminal en serie, sino de que comprendas lo inevitable que resulta para él. En este caso hay un cuidador, cuando revertamos el caso a nuestro interior habrá un papá y una mamá. Tenemos un bloqueo de libertad expresiva emocional, una situación donde no nos podemos expresar. Además de no poder expresarlo tenemos que pasar por una vejación. Por ejemplo, yo trabajo con niños que se han orinado o hecho caca en el colegio, o niños que les han dejado desnudos porque se han manchado, o sodomizaciones que han dejado a las personas colocadas en ese sitio. Esto el niño lo guarda dentro de su archivo porque no lo puede soportar. Y va teniendo comportamientos limitados hacia la sonrisa, hacia la alegría, o hacia otras cosas, y aparece un niño o una niña que tiene expresiones diferentes a otros niños. Se contiene más, habla menos, le provocan temor cosas, vive como un estado de excitación hacia el miedo o hacia el temor excesivo.

Jon: Sí, y lo que les solemos decir es que hablen, que sonrían, y conseguimos que se cierren todavía más, y que se queden todavía más bloqueados.

Joaquina: Vive entonces la culpa de “¿Qué tengo yo malo para que me hagan esto a mi?” “¿Qué ve esta persona en mi que no me ama?” A partir de ahí, como la culpa dentro no se puede soportar, escupe la culpa hacia el exterior. El criminal en serie busca la misma escena, pero cambiada. Al que le hacía daño es al que él le hace daño, y el que sufría el daño es el observador: “Vas a observar esto para que te des cuenta de que te estoy salvando” “Estoy matando a tu cuidadora, que no te quiere por mucho que te diga, que te maltrata, y tienes que verlo para que sepas que soy tu salvador”

Jon: El daño para el niño es tremendo.

Joaquina: Esta persona no matará al niño. Matará a la cuidadora, pero el niño vivirá el tiempo que considere esta situación de dolor.

Jon: ¿Qué busca esta persona?

Joaquina: Salvar al mundo de esta situación, y cree que solo se puede salvar desde un lugar de dolor. Volviendo al interior, hay un sedimento interno que nos lleva a polarizarnos. Hay una parte de nosotros que se convierte en destructivo y una parte de nosotros que es lo contrario, que es lo constructivo. Lo que sucede es que el constructivo acaba muerto, cansado por tanta destrucción.

Jon: En el mundo pasa lo mismo. Existen 4 o 5 estrellas que están dando luz y millones de seres que quieren que esa luz se apague. De esas luces permanecerán una o dos, pero las otras se habrán agotado.

Joaquina: Creo firmemente que todos somos la luz, y tenemos ese punto que debemos superar, que se llama el ego destructivo. En mayor o menor medida, el ego siempre es destructivo. Este ego destructivo es al que escuchamos cuando no queremos hacer nuestro propósito de vida. Cuando queda descubierto el criminal interno, nos damos cuenta de que está impidiendo que tengas lo mejor de ti mismo. En el ejemplo que te estoy contando, esa persona, si no fuera un criminal, tiene una sensibilidad hacia los niños que tienen pocas personas. Y esa sensibilidad la podría haber utilizado en ser un gran constructor de nuevos métodos de trabajo con los niños… pero cuando se encontró con ese compromiso, optó por la destrucción porque el compromiso le parecía demasiado fuerte para él.

Jon: Entonces, el trabajo que me propones tiene dos pasos: Darme cuenta de cómo funciona mi destructor y encontrar cómo se ha convertido en un criminal en serie.

Joaquina: Sí, pero no el destructor generalista, sino aquel que funciona de una manera concreta, en un tiempo concreto y con asuntos concretos. Está el destructor de nuestra felicidad afectiva, está el destructor de nuestra felicidad profesional, social…Tienes que detectar cómo funciona el destructor en un campo concreto. El objetivo es desnudar al asesino para poder decidir si quieres seguir matando una parte de ti, o quieres ser feliz. Esa es la disyuntiva. Una parte de ti es oscuridad y otra parte de ti es una claridad enorme. No puede estar mezclada tu oscuridad con tu luz porque se irá destruyendo. Si al finalizar el día me doy cuenta de que soy feliz cuando imparto algún curso, pero en otros momentos no, podré decir que soy feliz a ratos. Yo creo que la felicidad es permanente, y sin embargo cuando hago mi recurrente pregunta de “¿Eres feliz?”  la respuesta es: “a ratos, que no puede ser, que en momentos concretos…” Eso me generaba mucha tensión porque si les preguntaba qué querían en la vida, todos contestaban: “Ser felices” ¿Cómo puede ser que todos quieran algo que dicen que no pueden conseguir de manera continua? ¿Para qué estamos vivos? Si esta es la vida, no la quiero, pensaba yo de pequeña ante este conflicto. Y le decía a mi madre que no quería ser como los demás, que quería ser feliz y conseguirlo. El mecanismo de querer cosas y no poder, hace que muchos de nuestros niños vivan en un estado de no entender. Porque les decimos que le amamos, pero les quitamos a su padre o a su madre. Les decimos que le amamos, pero estamos continuamente hablando mal de la vida. Les decimos que le amamos, pero les dibujamos un panorama totalmente patético. Algo nos pasa. Esas contradicciones no pueden ser desde la luz. Tiene que haber algo dentro que nos lleva a algún sitio que tenemos que analizar. Estoy segura de que no hay ningún criminal en serie que hubiera querido empezar a matar. Y estoy segura de que nosotros no hemos decidido de forma consciente empezar a matarnos. Pero no hemos encontrado ningún otro recurso mas que anular la parte de nosotros que creemos que no se puede respetar.

167 Hiperactivo e hipoactivo

Estamos cocinando una ensalada. Es la comida habitual de muchos de nuestros. Pero esta ensalada es diferente, y la verdad, me gustan más otras. Pero todo tiene su sentido.

Joaquina: Hay una realidad que es nuestra única y exclusivamente, que es de la que tenemos que tomar conciencia. Hay un mundo con los demás donde compartimos las culpas, y hay un mundo dónde realmente actuamos, que es donde nos vengamos de los demás: el mundo de la toma de conciencia. Esto vale para los tres niveles, el del yo, el de los sentimientos y el de la materia. En cualquiera de los niveles hay una toma de conciencia que es solamente nuestra. Hay un compartir con la otra persona en el cual vemos en los otros lo que nosotros tenemos, y hay una venganza donde actuamos porque realmente no queremos tomar conciencia de que el problema es nuestro. En el nivel de la venganza se enferma. Debemos conjugar todos los conocimientos que tenemos para romper la tendencia que tenemos a hacernos daño, sea física, emocional o personal. Si tenemos una enfermedad física la desarrollamos somáticamente en el cuerpo; si es psíquica en la relación tenemos una enfermedad de comportamiento psicológico; si tenemos un conflicto en el tí mismo enfermamos en el nivel de conciencia, epilepsia, Parkinson…

Jon: Entonces, así es como se originan las enfermedades: desde no querer mirarme donde yo tengo la dificultad, miro en la otra persona con la que me relaciono, veo que esa persona tiene la culpa de lo que me está sucediendo y entonces inmediatamente me vengo. ¿No?

Joaquina: Te pongo un ejemplo. Una persona que tiene un comportamiento autoritario en la materia y no quiere darse cuenta de que ese es su conflicto, piensa que los demás no quieren compartir con él las cosas y a partir de ahí les castiga con pereza. El problema de esa persona es el autoritarismo, las cosas tienen que estar como dice, cuando dice, y en el momento que dice, pero no quiere darse cuenta de que ése es su problema. Entonces, lo que hace es lanzarlo contra los demás. Las personas con las que está, por ejemplo, la pareja, es una persona que no le deja las cosas, que se las quita, no comparten. Pero hay que fijarse en qué es lo que no comparten. Si por ejemplo fuese autoritario en la casa y no quiere compartir el dinero y el sexo, inmediatamente se va a vengar no trabajando. Aquí enfermará, y como es la pereza, enfermará del hígado y del estómago que son los órganos de la actuación.

Jon: Cada acción tiene su consecuencia. ¿Cómo se puede manejar para que el resultado no sea la enfermedad?

Joaquina: Lo primero es parar la acción, en el ejemplo anterior la persona tendría que dejar la pereza, e inmediatamente mirar qué es lo que ha dicho que esa persona no comparte y ver porqué no lo comparte.

Jon: Con eso ya se estaría mirando a sí misma.

Joaquina: Y entonces verá que no lo está compartiendo, porque las cosas tienen que ser como yo digo y cuando yo lo digo. Si no rompe el autoritarismo sigue enfermando, pero no será con enfermedades fuertes ni con dolores intensos. Por ejemplo, una mujer que tuviera este componente, si es una mujer tendría miomas y si es un hombre próstata. Esto significa que el mioma lo va a reflejar en la venganza. Si es una persona que tiene miomas será perezosa sexualmente, si es un hombre y tiene próstata, tendrá problemas de que no actúa sexualmente con libertad, o engaña, o es indolente en la sexualidad y a partir de ahí se le producirá la enfermedad.

Jon: Y el arreglo de la enfermedad es…

Joaquina: paro la pereza, miro qué es lo que yo no quiero darle a la persona e inmediatamente tomo conciencia de mí mismo. Para hacer un trabajo personal mucho mas rápido he dividido el cuerpo en tres partes. La cabeza sería la toma de conciencia, el tronco el mundo de las relaciones, y las piernas de la pelvis hasta abajo el mundo de la materia. La venganza siempre está abajo, en la materia.

Jon: Pero al contemplar el cuerpo como un sistema afectaría al resto de las partes ¿no?

Joaquina: Evidentemente, cuando nos estamos vengando se refleja en todo el cuerpo porque estaría en los tres planos: el cuerpo sería el plano de la materia, los sentimientos en el plano de los sentimientos, y la razón en el plano de toma de conciencia. A pesar de tener implicadas las tres partes del cuerpo, la toma de conciencia es la que está menos armónica respecto de las otras dos. La enfermedad física se va a reflejar en todo nuestro cuerpo, pero donde más acusada tengamos la enfermedad es donde más vamos a tener que mirarnos. Una persona que cambie constantemente la cara, que de pronto la veas bien, y luego mal, es una persona que tiene que hacer una toma de conciencia del ti mismo. Una persona que se le hincha mucho el abdomen, que de pronto siente que no puede respirar, tiene que tomar la conciencia con sus padres, con la relación de los sentimientos, con la vida familiar. Y una persona que tiene que tomar conciencia de la pareja, del mecanismo que tiene en la vida tiene que mirarse sus piernas principalmente.

Jon: Dame más ejemplos concretos, por favor.

Joaquina: Por ejemplo, todo lo que esté reflejado en las piernas es un no asumir el mundo de la materia, la pareja, lo cual no quiere decir que tengas un problema con la pareja, significa que no asumes el tener una pareja. Hay personas que deciden no tener una pareja e inmediatamente bloquean su parte de abajo. El cuello es no querer implicarte en el ti mismo, es decir, no quieres vencer la situación. El coxis es el punto donde vas a mirar a tus padres, pero reviertes en la pareja. Todas las personas que no quieren llegar a mirarse generarán la tensión importante abajo. Tendrán problemas de dinero, de sexo, todo lo que sea abajo, porque sino miraría a mis padres. Sin embargo, ahí no quiero estar al darme cuenta de que mis padres y yo tenemos mucho que ver, y ahí si que hay un gran problema.

Jon: El conflicto creo yo que está cuando pasamos al punto de crecer, el mundo de la materia, el mundo adulto, de padres, pareja… y por último nosotros. Casi todo el tiempo estamos con problemas con los padres y la pareja. Y no caminamos.

Joaquina: Así es, y en todo este proceso empleamos toda la vida. Vamos creciendo y el problema empieza en el colegio, sigue con los padres y nos lanzamos a la pareja a matar, culpándola de todo. Todo esto es el 90% de la vida de las personas. En este proceso lo único que queremos es recoger.

Para disolver, adelantando tu siguiente pregunta, esta situación podemos usar la ley de los 5 elementos, para así destruir la enfermedad. Ahí vas a ver que la tolerancia y la paciencia se nutren de la grasa, la conciencia y la creatividad de las vitaminas, la acción de los hidratos, el desapego y la liberación se nutren de las proteínas y la confianza de las sales.

Jon: Lo cual quiere decir que para que podamos corregir cualquier patología o comportamiento, tenemos que recurrir a la forma de alimentar la situación y que se pueda resolver.

Joaquina: Con el ejemplo de la pereza, esta persona estaría en la acción que significa que actúa mucho o actúa muy poco. Una acción equilibrada es aquella que le permite a la persona nutrirse del movimiento y del descanso. Cuando no hay un movimiento del nutriente y del descanso es cuando surge la patología en la acción, y cuando hay una patología en la acción, hay una patología en el estómago y en el bazo-páncreas. Es decir, que las personas que están hiperactivas y lo hacen para algo estarán enfermando. Un exceso o defecto de acción las va a llevar a desconfiar de lo que hacen. Desde no tener confianza en sí mismas van a perder su creatividad y desde ahí se van a apegar a las cosas donde pasarán a expresar la intolerancia y la impaciencia.

Jon: Es decir, la hipoacción y la hiperacción son lo mismo: pereza, problemas en la acción. El hipoactivo contiene y su pereza la mostrará con intolerancia lo que le hará apegarse a las cosas y ser rencoroso. Desde ahí no tendrá creatividad y pasará a la desconfianza expresada con autoritarismo. Como no hace nada necesita estar intolerante, impaciente, para que no se note que no está haciendo nada.

Joaquina: Necesita grasa mientras que el hiperactivo la grasa llega al final del todo y no la necesita. Para la acción se necesita grasa (aceite de oliva y aceitunas). Tendrá problemas de próstata, de vejiga, de riñón. La persona hiperactiva necesita mucha sal y agua, tendría que nutrirse con cosas que llevaran sal, verdura, etc. Lo que necesita para que se mueva el hidrato es que estén lubricados todos los órganos. Aunque coma hidratos y tengan grasa no hay problema porque los está consumiendo constantemente. Para solucionarlo hay que darle agua fuera de las comidas, tomar muchas vitaminas en forma de frutas, verduras y hortalizas. Tiene que conseguir desapegarse a costa de comer proteínas muy ligeras como pescados, y eliminar las carnes. Para solucionarlo, el hipoactivo debe empezar a mover un poco su tolerancia, un poco liberarse de cosas, un poco la creatividad (creatividad conceptual), hacer ejercicios de paciencia y desapego y liberando rencores llega a la desconfianza casi sin existir. La trampa es el hidrato, comer hidratos le paralizará siempre.

Jon: Es un trabajo personal duro.

Joaquina: Un trabajo personal lo que hace es buscar la solución donde no nos sentimos agredidos. Lo que notes como el punto mas fuerte de tu situación nunca intentes cambiarlo a la fuerza, porque eso es lo que buscas para detener todo un proceso. Debes darte cuenta de que el esfuerzo del trabajo personal es que es un trabajo de encuentro contigo mismo, un trabajo de mirarte a ti mismo donde tienes un punto de fricción constante, dándote cuenta de que no se equivocan los demás, te equivocas tu. Los hemisferios son una parte importante en la curación. La persona que hipoactúa tiene que estar todo el tiempo hablando en detalle, viendo el detalle y haciendo figuras geométricas para potenciar el hemisferio izquierdo. Y una persona que hiperactúa tiene que estar continuamente viendo lo analógico, lo holístico, lo inconcreto para potenciar el hemisferio derecho.

En ambos casos, deberían seguir este orden:

  1. Alimentación
  2. Manejar los hemisferios
  3. Posturas corporales. Para corregir los meridianos
  4. Tomar conciencia del movimiento
  5. No imponer algo que quieran hacer. No manipulación
  6. No aceptar nada que los demás les quieran obligar a hacer si va a través de la manipulación
  7. Comer alimentos amargos para aumentar la consciencia: apio, pomelo, endivia.
  8. Tener cerca personas creativas (conceptual uno y artísticas la otra)
  9. Cantar
  10. Andar descalzos todos los días, sobre madera o piedra, y masajearlos con aceite de oliva

Como plus, una receta de ensalada amarga para elevar la conciencia y potencia el Yang

(Cambiando el pomelo por queso de Burgos se convierte en cena)

RECETA para ensalada con el máximo nivel de hierro:

  • Granada
  • Pomelo
  • Cogollos
  • Apio
  • Berro
  • Perejil

Salsa:

Aceite de oliva con granada, pomelo y apio.

No es recomendable para personas con la conciencia muy excitada, o personas que hablan, pero no viven lo que dicen. Siempre tenemos que ver dónde estamos situados, y dependiendo de ello tendremos una respuesta de lo que deberemos comer. Por ejemplo, una persona que esté en exceso de tolerancia no puede tocar las grasas, ni el aceite. Debemos hacer una digestión donde por el estómago pasen los alimentos muy rápido. La digestión de las proteínas es en el estómago, la de los hidratos en el duodeno y la digestión hepática está en el duodeno junto con el hígado y el páncreas. Luego está la digestión intestinal que es la más importante.

Lo que hemos hecho con estas dos personas (hiperactivo e hipoactivo) Lo que conseguimos es una depuración para anular la venganza y no enfermar. Trabajar la venganza: la tensión uno y la pereza el otro.

166 ¿Deseas vivir?

Me encuentro en mi despacho pensativo y cabizbajo cuando a mis espaldas oigo la siguiente pregunta…

Joaquina: ¿Deseas vivir?

Jon: ¿Y esa pregunta?

Joaquina: La sexualidad está relacionada con la vida en la Tierra, que se desarrolla plenamente por la interacción de dos energías básicas: la energía telúrica y la energía cósmica. La energía telúrica (de la Tierra) tiene la capacidad de matar, pues en ella, cuando no está bien canalizada, se origina la enfermedad. El hombre ha de aprender a manejarla utilizando los centros de transmutación del cuerpo. Vivir es la capacidad de instrumentar tu vida. La energía telúrica solo se activa si deseamos vivir. En caso contrario, la energía no solo no se activa, sino que se bloquea, provocando que vivamos por inercia y no por energía.

Jon: Pero yo sí quiero vivir, solo estoy un poco cansado.

Joaquina: Querer vivir es querer pensar, querer sentir y querer hacer. La negación a cualquiera de ellas significa que no queremos vivir. Por el contrario, cuando permitimos que fluya, la energía tiene una enorme fuerza que nos estimula a pensar, sentir y hacer plenamente.

Jon: ¿Cómo la activo?

Joaquina: La energía entra en el hacer. En este contexto, ‘hacer’ significa ejecutar algo que nosotros sentimos que hemos construido. Pensar es llevar el razonamiento de la mente a un clímax desde el cual poder llegar a unas conclusiones. Si éste no está estimulado por el pensamiento, la energía se bloquea y vuelve de nuevo a la tierra. Es decir, unos hechos que no surgen de un pensamiento provocan la pérdida de la energía. De modo similar, cuando entra la energía en nuestro cuerpo y no queremos pensar nos convertimos en animales sexuales: comedores compulsivos, bebedores, anoréxicos, bulímicos, nuestra sexualidad se limita a la genitalidad.

Jon: Ahora no estoy ni para eso. Creo que solo debería identificar qué no quiero hacer en la vida, a qué me estoy negando, y la energía volvería a fluir.

Joaquina: La Tierra tiene una energía que nos llena siempre de una fuerza negativa. Entra con una fuerza brutal en el punto entre las dos piernas, y de ahí sube al resto del cuerpo. Una persona sana moverá la energía por todo el cuerpo, atravesando los siete centros energéticos (pelvis, ombligo, espacio baja las costillas, punto medio del pecho, garganta, ‘tercer ojo’, sobre la cabeza) y completando un recorrido formado por energías que se enlazan formando una trayectoria ascendente y descendente. Estos centros, centros de transformación de la energía, están maduros a los 10 años. Un niño recoge tan solo el 0.01% de energía telúrica en la primera etapa de su vida, que es cuando su función es incorporar su ser al cuerpo de la Tierra. De ahí la importancia de que el niño, durante su primer año de vida, gatee y no se ponga jamás de pié, pues no está preparado para el impacto directo de la energía en su pelvis.

Jon: Estás hablando de una especie de ciclo…

Joaquina: Así es. Transcurren 12 años hasta que la energía de la Tierra queda totalmente incorporada en nosotros. El ciclo se completa a los 24 años. El siguiente ciclo, el ciclo del dinero, tiene por objeto la incorporación de la energía cósmica. Es necesario haber completado correctamente el ciclo del sexo para que la energía cósmica fluya en nosotros. De ahí la importancia de deshacer los bloqueos que se hayan producido en este primer ciclo. A los 0 años se establece el inicio de la recogida de energía, que culmina a los 12 años. A partir de los 12 años la energía recogida baja en forma de fantasías hasta completar el ciclo a los 24 años. Las fantasías que se viven en esta segunda parte del ciclo están conectadas a las etapas de la primera parte, evidenciando los bloqueos que se han producido de 0 a 12 años.

Jon: Según Jung, Erickson… las fantasías están en nuestro inconsciente

Joaquina: Existen 3 niveles de conciencia: Consciente, en el que vivimos lo tangible. Subconsciente, en el que vivimos la imaginación. Inconsciente, en el que se sitúa lo intangible. En el nivel del inconsciente está la capacidad de aprender. Un inconsciente enfermo repite errores, no nos permite cambiar, nos mantiene bloqueados. El nivel del subconsciente, cuando enferma, nos mantiene atrapados en las fantasías. El nivel consciente bloqueado se manifiesta en bloqueos en el sexo, en el dinero, en el éxito, en el poder.

Jon: Entonces, si voy entendiendo, el consciente sexual se alimenta de los sentidos, de lo que tocamos, olemos y sentimos. El subconsciente sexual contiene las fantasías sexuales que, si no se verbalizan, nos lleva a ocultarlas, por ejemplo, a la pareja, y a entrar en la culpa. ¿Y el inconsciente sexual?

Joaquina: El inconsciente sexual es la relación sexual con nuestra personalidad. Es la capacidad de relacionarnos con nuestro padre, con la madre, con el hermano. La envidia al hermano impide una relación sexual generosa, como en el caso de la eyaculación precoz. Los celos del hermano nos llevarán a vivir la relación sexual con la idea de que nuestra pareja tiene a otra persona en su mente. En la relación de pareja, un bloqueo en el inconsciente sexual nos lleva a la necesidad de cambiar tarde o temprano. A los tres años de relación (hoy día el inconsciente colectivo demanda cambios mucho mas frecuentes que hace 50 años, cambios incluso a los 3 meses) se agota el atractivo sexual que sentimos hacia el otro y aparece la búsqueda de una relación sustitutoria.

Jon: Eso no suena a una buena solución…

Joaquina: Efectivamente, la solución no proviene de la sustitución de la otra persona, sino de la superación de los bloqueos del inconsciente. La mujer sufre especialmente el desencanto que sobreviene a esta crisis de la decadencia sexual. En los tres primeros años de relación, una pareja atraviesa etapas sucesivas en las que se reviven los problemas en la relación con la madre (1er. año), con el padre (2º año) y con el hermano (3er. año); y puesto que la relación con el hermano siempre ha sido problemática, este tercer año de la relación suele ser muy conflictivo.

Jon: Lo cual quiere decir que casi todos tenemos relaciones sexuales un poco desastrosas.

Joaquina: Lo que sucede habitualmente es que tras la relación sexual reconocemos en el otro al padre, la madre o el hermano. Si la relación con ellos ha sido buena, la relación sexual nos habrá parecido maravillosa; si la relación ha sido mala, nos habrá parecido desastrosa. El problema aparece cuando cada uno la vive de modo diferente: uno querrá escapar de la relación, mientras el otro quedará enganchando. No se debe por tanto llegar a la relación sexual con el otro sin haber dejado transcurrir tres meses. Más aún, se debería esperar a tener desbloqueadas la relación con madre, padre y hermano.

Jon: Pero hoy la vida pasa más rápido, eso suena a relaciones de cuando yo tenía 20 años. Dudo que los chavales de 20 años de hoy en día esperen tanto tiempo, estén o nmo preparados. Quizá por eso duran tan poco las relaciones.

Joaquina: La relación sexual plena solo tiene lugar cuando los tres cerebros (reptil, límbico y neocórtex) están funcionado integrados. El cerebro Reptil, que se forma de los 0 a los 4 años, es el responsable de la superviviencia en la Tierra, es el que utilizamos para vivir. El cerebro Límbico se forma de 4 a 6 años, y es el responsable de las emociones, de la imaginación, de la sensibilidad. En esta etapa se gestan los manipuladores. Un niño que percibe un pensamiento manipulador en el padre o la madre que le lleva a actuar o expresar de manera contraria a como piensan, es un niño que aprende a manipular sus sentimientos. Cuanto mayor sea la distancia entre el contenido del pensamiento de los padres y la expresión de ese pensamiento, mayor será la manipulación que incorporará el hijo. El cerebro Neocórtex se activa a los 6 años y es el responsable de la intelectualidad, la creatividad y la lógica. Solo cuando estos tres cerebros están operativos, la relación sexual está consolidada sobre unas bases que la hacen eterna. Eso no sucede si llegamos a ella en las fases iniciales de la relación, cuando ésta atraviesa la etapa primera, de pura atracción sexual, o la siguiente de enorme apasionamiento sentimental.

Es a través del conocimiento profundo de la persona como llegamos a incorporar el cerebro neocórtex. Solo en este momento la relación sexual se construye sobre pilares duraderos. Necesitamos entonces un fundamento para la relación, una coincidencia en la idea, una unión para compartir la vida del otro.

Jon: Entonces podríamos identificar en qué estado está nuestra relación de la siguiente manera: Si está en el estado reptil, deseamos tocar, deseamos dinero, poder. En el estado límbico, deseamos sentir, deseamos emocionarnos. Y en el neocortex, la relación está en la mente y el otro está siempre presente en nosotros, le veamos o no.

Joaquina: El síntoma inequívoco de una relación que se rompe es la aparición de los disgustos. Los disgustos aparecen siempre que se ha llegado a la relación sexual cuando el nivel de intercambio entre las personas aun se mantenía en el estadio del cerebro reptil. La relación ha de construirse en los tres niveles antes de llegar a la relación sexual plena; si no se llega a completar el proceso la relación queda detenida en el nivel reptil o en el nivel límbico y es imposible evitar la ruptura; se ha destruido la posibilidad de elevar la relación al neocórtex. Los códigos de conducta están incorporados en los cerebros de las dos personas y por ello el cambio de esta situación se realiza siempre desde la persona y nunca desde la relación. En la etapa infantil, nos hacemos personas de 8 a 12 años. El objetivo de esta etapa es la unión de los tres cerebros. La meta es pensar, sentir y hacer con lógica, algo que requiere la obediencia a uno mismo. Es a los 10 años cuando el niño es capaz de incorporar la cualidad de la obediencia. Si en este proceso algo falla nos encontraremos, tiempo después, con que nos acercamos a las relaciones en estado de supervivencia, lo que nos llevará a la relación sexual por miedo a perder el amor del otro. Si no hemos sabido decir “no” a la madre, no sabremos decir “no” a una relación sexual. Si hemos sido obligados por el padre a obedecer, iremos obligados a la relación sexual.

165 El amor

Estamos sentados en el banco de un jardín, a los pies de una iglesia observando a los invitados de la boda a la que acabamos de asistir que bajan las escaleras de. Sonrisas cómplices, trajes elegantes, amigos emocionados y madres un poco llorosas conforman este irreal y a la vez familiar escenario. Una novia preciosa y un novio exultante bajan raudos los peldaños, con sus manos entrelazadas  y con la libre sobre la cabeza intentan entre risas protegerse de la lluvia de arroz. Van todos desapareciendo en sus coches y nosotros nos quedamos un rato más disfrutando del olor a flores de esta tarde de mayo.

Jugando un poco a ser fariseo, como en el evangelio de Mateo (19, 3-6), tanteo a Joaquina:

Jon: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”  ¿Dónde queda hoy la promesa de fidelidad en la prosperidad, la adversidad, la salud, la enfermedad, amándola y respetándola durante toda la vida?

Joaquina: Fíjate, si en vez de esas gastadas palabras hubieran dicho estas: Te amo para que tú seas libre de amarme o de no amarme, de darme o de no darme, de entregarte o no entregarte. Éste amor sólo nos vincula a tu absoluta libertad que es la misma que yo quiero tener en este amor.

Jon: Suena muy diferente

Joaquina: No es eso de “me amarás hasta el día en que te mueras, me amarás haga yo lo que haga, me amarás con el hambre, con todo lo que nos pase”… Ese no es el amor que estamos esperando, y eso no quiere decir que estemos planteándonos separarnos. Eso quiere decir, simplemente, que le das a la persona la libertad absoluta de que viva aquello que necesita mientras está contigo, en total libertad.

Cuando te encuentras con una persona, sea quien fuere, tu amor, que no está fuera, no es que ames a la persona, sino que es tu amor proyectado fuera, tenga la capacidad de permear al otro. La capacidad de que el otro haga lo que quiera en cada momento, sin que tenga que justificarse ante nosotros. Ése sería el amor infinito, porque tiene que estar libre de miedo, tiene que estar libre de no aceptación, tiene que estar libre de dogmatismo. Pero jugar al juego de pensar que el otro te hace lo que tu le estás haciendo a él. Jugar al hecho de que el otro decida que su vida es mucho mejor sin nosotros, o jugar al hecho de que el otro no trabaje y nos deje toda la carga de trabajo a nosotros, es insoportable. Que lo que es insoportable para nosotros es exactamente igual de insoportable para el otro.

Jon: No conozco a ninguna persona que amando entienda que el otro no le ame, no conozco a nadie. Es decir, en el momento en que estás diciéndole al otro  “te amo”, ya ha hipotecado al otro en que le tiene que amar.

Joaquina: Lo que realmente nos va a hacer grandiosos y únicos es entender la bidireccionalidad de los sentimientos. Que el sentimiento es tan libre para odiar como para amar. Que el amor que tú tienes no tiene que ser un amor condescendiente, ni tiene porqué ser un amor frío. Que si tú tienes la razón, al lado hay otra razón tan libre como la tuya. Que si tú tienes dolor, al lado hay otro dolor tan increíble como el tuyo. En la medida en la que pensamos que nuestro dolor es el máximo, que nuestra capacidad es la máxima y que lo que nosotros nos merecemos el otro no se lo merece, es imposible hacer una vida o tener una vida de iguales.  Y si no es una vida de iguales, es una vida que tiene demasiados errores y demasiadas vinculaciones no posibles.

¿Se ha puesto alguna vez alguien de rodillas ante ti y has pensado que esa persona no merecía tu amor? No hace falta que me contestes. ¿Te has puesto alguna vez de rodillas ante alguien, has permitido que piensen lo mismo?

Jon: mmmmm…

Joaquina: Pues yo me pongo de rodillas delante de todas las personas y les digo que les amo profundamente, pero eso no vincula en ningún momento, la posibilidad de que ellos me amen a mí. Solamente amo lo que yo siento. Y eso que yo siento, me vincula a mí con lo que yo siento, no les vincula a ellos o a ti con lo que yo siento. A ellos les tiene que dar total libertad lo que yo siento, y a mí me tiene que permitir que ellos sean totalmente libres con lo que sienten. Si no hay esa libertad alguien la hipoteca en este camino. Y esa hipoteca es la que, en realidad, está anulando toda nuestra existencia. Si no hay libertad para sentir, porque si siento y tú no sientes me odio, no hay libertad para amar. Mis sentimientos no hipotecan a nadie en mis sentimientos. Mi amor no hipoteca a nadie en mi amor. Mi camino no hipoteca a nadie en mi camino. Porque si yo hipoteco al otro en mi camino, lo que estoy diciendo es que existe un solo camino, el mío, y el del otro no existe. Y si el camino del otro no existe, es que he cortado el circuito del camino, convirtiéndome en un ser en solitario.

Jon: Implícito en lo que dices está el paso previo del amor a uno mismo antes de buscarlo fuera. Como decía Pablo en la carta que nos han leído: “El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida”

Joaquina: Nosotros somos amor, indiscutiblemente, a nosotros mismos, indiscutiblemente. Luego podremos tener problemas de cómo nos tratamos, podemos tener complejos de inferioridad, etc., pero que el amor que nos tenemos a nosotros mismos está por encima del amor a cualquier persona, es una realidad incuestionable. Tienes muchos  problemas, no tienes ni idea, eres bastante erudito, te cuesta entender que 2 + 2 son 4, pero mirar lo que te amas y pasárselo al otro no tiene que costarte nada. No es ningún logaritmo, no tienes que ser ni socrático, ni presocrático, ni aristotélico, no tienes que hacer nada, simplemente ponerte en disposición de ver cómo te amas y pasárselo al otro.

Es decir, que si yo voy a cogerte el brazo, Jon, y te voy a trabajar tu muñeca y antes veo el movimiento que voy a hacer para saber lo que duele en la mía, casi seguro que cuando toco tu muñeca tengo claro hasta dónde puedo llegar sin que haya dolor y voy a ser muy cuidadosa. Pero si se me olvida mi muñeca, cogeré la tuya y seré más brusca. Con lo quejica que eres no tardaré en escuchar tu grito y tu reproche. ¿Qué pasó ahí? En el momento en que tú eres consciente todo el tiempo del amor que te tienes a ti mismo, eres incapaz de hacerle algo al otro que no sea con amor. Pero tienes que ser consciente del amor a ti mismo, no jugar al juego de que no te amas, que esa es la mayor barbarie de lo que hacemos.

Jon: De ahí: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”

Joaquina: Si, pero hay un grave problema que arrastramos desde el catolicismo: Lo que hemos perdido con la cruz es la conciencia del Amor. Porque quien nos dijo “ama al prójimo como a ti mismo” nos está queriendo en la cruz todo el tiempo, porque el se amó y se dio en la cruz. ¿Qué nos está pidiendo realmente? Ama a tu prójimo como a ti mismo, quiere decir que me inmole totalmente en la cruz. Si te amo a ti como a mí mismo, me voy a la cruz. Sin embargo se nos olvida que él también nos entregó la resurrección. ¿Con qué nos hemos querido quedar? Nos regaló la resurrección para que supiéramos, como concepto, que no teníamos que morir y que no teníamos que sufrir, sin embargo, nos quedamos con la cruz. Y ése es el planteamiento que nos tenemos que hacer y que nos tenemos que cuestionar.

Jon: ¿Por qué hemos decidido cuando estamos en pareja vivir en la cruz y no vivir el amor?

Joaquina: Te amo como a  mí misma, te doy la libertad para amarme y no amarme como me la doy a mí misma para amarte y no amarte. Ése sería el matrimonio. Y el primer matrimonio es el interior. Te tienes que amar a ti mismo, con la consecuencia de tener dos formas dentro de ti: una que te gusta más y otra que te gusta menos. La que te gusta, disfrútala y la que no te gusta, cámbiala. Si quieres vivir un amor eterno, y existe el amor eterno, la única posibilidad es que conviertas en amor total lo que tú eres. Porque cada vez que sales fuera buscando amor, vas buscando el amor que te faltó en tu infancia, esa parte de ti que no se completó. Y eso es lo que nos hace estar permanentemente en la cruz, permanentemente en la culpa, permanentemente en el desamor, permanentemente en la soledad. Tienes que conseguir el amor a las dos partes de tu conformación, es lo que te sacará de la culpa. Si no lo haces así será muy difícil, porque en el de al lado siempre verás el error de aquel padre al que no amas.

Jon: Vamos buscando la pareja compensatoria

Joaquina: Hay una creencia generalizada que el amor es una cualidad que emerge de pronto ante la imagen de una persona, y que es en ése momento donde se culmina el mayor nivel de éxtasis personal. Sin embargo, las cualidades no están sujetas a momentos, a necesidades o a expectativas concretas. Si tu valor primordial es el amor estará presente en ti en todo momento y no será alguien ajeno a ti quien te lo inspire.

Si tu sientes amor ahora mismo por la última persona que se ha acercado a ti, o por aquella persona que ha movilizado en tu interior sensaciones antes no descritas. No estás hablando de amor. Estas conectando con una pasión, con un deseo, con una alteración o simplemente con un capricho al que le exiges una respuesta idéntica.

La propuesta que te hago es que sólo se tiene poder cuando el amor está dentro y no está fuera; que sólo se tiene prestigio cuando el amor está dentro y no está fuera; que eres capaz de conocer solamente tu amor, el amor del otro nunca lo podrás conocer; que eres capaz de expresar tu amor, nunca podrás expresar tu amor en la palabra del otro y, lo que es mucho más importante, la libertad sólo la tendrás cuando ames libremente al que está enfrente.

164 Culpar IV

Joaquina: No hay nada más bello que liberarse de la culpa. No hay posibilidad de que mires a nadie, no hay disculpas, porque no hay culpable, porque no te estás culpando a tí, estás empezando a quererte y te dices las palabras más hermosas: “hoy has hecho, Joaquina, lo mejor que podías hacer hoy”

Jon: La revisión implica analizar qué puedes mejorar para mañana.

Joaquina: Y lo haces mejor. Y te preguntas: ¿Qué ha pasado con esa gran divergencia entre el gozo y el placer? ¿En qué te has extasiado? ¿En qué placer te has detenido? ¿Qué placer has querido? Te voy a pedir que, con un estado de amor muy profundo hacia tí mismo, pienses en ese error que cometes constantemente para vivir en el placer de no ejercer la voluntad, porque el placer siempre es para no ejercer la voluntad. La culpa sólo tiene un amigo: no ejercer la voluntad. Cuando ejercemos nuestra voluntad no hay culpa. Cuando entendemos lo que hemos hecho nosotros desde nuestra voluntad, lo positivo o lo negativo, ya no hay culpa.

Jon: Entonces, sabiendo la cualidad que no ejercemos diariamente, y que la repetimos constantemente, habremos encontrado la culpa.

Joaquina: En realidad, la culpa siempre es una negación a un cambio, que como no se soporta dentro lo que hacemos es liberarlo hacia fuera. Todo este juego diabólico que planteo es para que te des cuenta de que, en nuestro ejercicio de sentirnos simbólicamente separados de Dios, hemos accedido a querer cambiar algo y ver cómo funciona ese algo. Unos quieren trabajar la tolerancia, otros la paciencia, otros quieren trabajar el amor incondicional… lo que sea. Entonces, cuando te das cuenta de que esto es algo que te quema, empiezas a decir que no lo aprendes porque está fuera. Cuando te das cuenta de que es tuyo, de que en realidad es un ejercicio personal, desaparece la culpa inmediatamente porque no podemos eludir nuestra realidad. Todo lo que hacemos en todo momento es lo mejor que podemos hacer.

Jon: ¿Qué ocurre cuando ves en los demás ira, intolerancia, mal humor…?

Joaquina: Cuando estás viendo eso en los demás te conviertes en hacedor de esa historia. No existen historias, nosotros no formamos parte de la historia de nadie. La historia de un ser humano se acaba con Dios, se acaba consigo mismo, con sus padres y con sus amigos, ahí se acabó la historia. Todo lo demás son sustituciones. Cada vez que yo me encuentro con alguien nos hacemos sustituciones. Cuando un padre no me ha entendido busco a alguien que me entienda. Lo que estoy haciendo es huir de que no he comprendido la historia de mi padre tampoco.

Jon: Entonces, cada relación que tenemos, cada historia que vivimos en realidad va enriqueciéndote o empobreciéndote, dependiendo de que hayamos liberado culpa o de que hayamos echado culpa. Si hemos liberado culpa la historia se enriquece, si estamos más empobrecidos porque sentimos más culpa, la historia se enrarece muchísimo más.

Joaquina: Imagínate esta historia, ¿de acuerdo? Imagínala con un amor infinito. Laura, que ha encontrado un hombre que no desprecia a nadie, por fin, está con Javier, que es una persona amable y la va a fortalecer el amor. Entonce él la ama profundamente y nace Rebeca. Laura tiene su historia personal, y Javier tiene su historia personal. Esto quiere decir que Rebeca, cuando nace, trae dos historias que están ahí. Y además trae su propia historia, porque todo ser humano trae su historia: los velos que ha roto para entrar en este mundo. Javier es una persona muy inteligente, muy intelectual; Laura es una mujer inteligente, pero le atraen más otras cosas. Javier es una persona muy profunda y que estudia; a Laura le gusta salir y pasárselo bien, y han llegado a un acuerdo en el que Laura se va de marcha y lo pasa muy bien y Javier estudia tranquilamente. Entonces la pequeña Rebeca empieza a darse cuenta de que a ella le cuesta muchísimo trabajo deducir las cosas como las deduce su padre, y lo que le apetece es irse a la calle con sus amigas. Eso la haría ser como su madre. Se da cuenta de que le gustaría tener el cerebro de su padre. Pero para tener el cerebro de su padre a cambio debe quedarse en casa y no salir con las amigas. Debe quedarse al lado de él. Entonces, de pronto, se va con las amigas y empieza a a decir: “papá no me pasó su inteligencia”, “a papá le pasaron su inteligencia, él la traía ya” Él siempre está con libros, siempre estudiando… y a ella eso le parece absurdo. Cuando Rebeca sale al mundo, ¿qué tipo de hombre va a buscar?

Jon: A su padre, pensando que el intelectual se lo va a pasar…

Joaquina: Pero cuando se dé cuenta de que el intelectual se queda en casa y que ella quiere seguir saliendo, ¿qué va a pasar? que va a seguir saliendo y pensando que el intelectual es un muermo, “¡qué horror! Mi padre era divertidísimo, este otro es un plasta” y ¿qué va a pasar? va a dejar a ese intelectual y va a buscar uno como ella. Pero ese otro tan divertido es infiel, y le gusta la marcha, y la deja colgando porque es más divertido que ella todavía, porque ella también tiene lo del padre. Entonces ¿qué va a buscar después?

Jon: A otro intelectual.

Joaquina: Pero no creas que tiene algo que ver con Rebeca, tiene que ver con esta historia, no con ella. Esto es lo que es importante, aquí es donde tienes que encontrar la base de tu conflicto. Donde hayas puesto el ejercicio de competitividad, donde hayas puesto el ejercicio de revisión, donde hayas decidido que alguien no te da algo, donde hayas decidido que uno de tus padres no te pasó algo. Ahí está la clave, y mirando tus relaciones encontrarás la siguiente clave. Coge tus relaciones y rómpelas en canal, y te darás cuenta de que estabas de aquí para allá.

Jon: Entonces, Rebeca, cuando mira a su padre cree que está mirando a Javier, pero no, no está mirando a Javier, está mirando los cientos de personas o la persona clave de su vida.

Joaquina: Javier no existe en su vida, porque no existe nada en nuestra vida, sólo existe la experiencia, nada más, lo demás son metáforas de aprendizaje y ahí es donde tenemos que aprender. Lo que está aquí es nuestro aprendizaje; Rebeca es la que tiene que pararse y decidir: “yo quiero trabajar lo que es mi padre, y lo quiero trabajar, no lo voy a buscar fuera, voy a buscar mi completud dentro. Ya tengo la maravilla de mi madre, quiero tener la maravilla de mi padre” Lo tiene que trabajar ella y nadie más. Si está con un intelectual tiene que darse cuenta de que el intelectual hace lo que su padre: no sale, entonces no le tiene que echar la culpa “te estoy buscando a ti porque no hice el trabajo aquí”, en esta relación siempre va a ser el esfuerzo, “¿pero necesito ser intelectual?, estas dos personas no tienen nada que ver conmigo, en realidad la vida es ella consigo misma, es ella con lo que ella tiene que aprender.

Todas las cosas que al lado tienen dolor son oscuridad; todas las cosas que al lado tienen una expansión de amor, son luz; y eso es lo que hay que buscar, ella tiene que buscar lo que le da gozo, porque cada vez que busque lo que le da placer se va a encontrar que es efímero. El placer es efímero, el gozo es eterno, y cuando busque lo que le da gozo se dará cuenta de que igual no quiere ser ni como ella ni como él, igual lo que quiere ser claramente es ella con otra esencia diferente, y entonces cuando los mire recogerá lo mejor de los dos.

Desnudemos nuestra relación de nuestros propios padres, desnudemos nuestra relación de cualquier cosa que no sea una mirada hacia lo que queremos realmente conseguir, y puestos ahí nuestra historia personal es otra.

163 Culpar III

Jon: Retomando lo de la culpa, ¿cómo funciona con los padres?

Joaquina: Con los padres funciona de una manera un poco más retorcida y muy diferente. Cuando entramos en el mundo de los padres lo que sentimos es la “carencia”, la carencia y la injusticia, es decir: ¿como es possible que un padre no me haya dado a mí todo lo que me tendría que dar y se lo ha dado a otros o lo tiene él y a mí no me ha llegado? Con los padres el mayor problema es la inteligencia, porque creemos que los padres deberían habernos transmitido la inteligencia, la creatividad… cuando nos comparamos entre hermanos o los comparamos entre ellos…

Jon: Por ejemplo, si me doy cuenta de que mi padre tiene una inteligencia que yo no tengo, que me parezco más a mi madre; ese sentimiento de comparación con mi padre, siempre el problema es la comparación.

Joaquina: Ese sentimiento de comparación siempre es para no hacer el trabajo. Puede ser para vivir en el placer, para no hacer el esfuerzo. Porque aquello que miras, aquello que emulas, aquello que te gusta, aquello que te parece que es maravilloso, solo te tienes que plantear trabajar hacie ello y conseguirlo. Sin embargo, piensas: “me lo tedríían que haber dado de forma natural, porque yo no lo tengo”

Jon: Cuando tenemos hermanos pasa mucho.

Joaquina: Gracias a Dios pasa de una manera muy extraña: tú quieres lo de tu hermano y tu hermano quiere lo tuyo, al final te das cuenta de que nunca nada es bueno, porque si fuera así, pues yo quiero ser como mi padre y mi hermano quiere ser como mi madre y entonces yo no quiero ser como mi madre… y entonces, al final, todo es un juego, un juego de inconformismo.

Jon: ¿Cómo debería pasar?

Joaquina: Tendría que haber un encuentro con nuestro yo más profundo, que tiene que ver con el placer contra el gozo divino, el placer de hacer la cosas que realmente nos apetecen, que nadie nos las dice, etc. Con los padres realmente es un sentimiento de que han sido injustos, de que a un hijo le han transmitido algo, y al otro no.

Jon: ¿En el caso de los hijos únicos?

Joaquina: Se compara porque ve que es igual que un padre pero que no es igual que el otro, entonces entra en un proceso de decir: ¿y yo por qué no soy de esta manera? ¿por qué no tengo esto? Esa comparación en realidad siempre está eludiendo el esfuerzo de salud de esa persona, del crecimiento, del trabajo que uno tiene y que ha debidono hacer.

Jon: También mencionaste la culpa en las relaciones…

Joaquina: Bajamos a las relaciones y el conflicto es: “nunca me das lo que yo te pido” Siempre tiene que ver con dar y recibir. Lo que esperamos de la otra persona es que haga el trabajo divino por nosotros. Esperamos directamente que se convierta en ese ser que nosotros nos imaginamos; queremos que subsane la carencia que tenemos aquí, y que sea gozoso y divino en la parte que le toca. Que ni se le plantee a la otra persona cometer los errores que nosotros cometemos. Que ni se le plantee no darnos lo que nosotros pensamos que nos tiene que dar. De repente se convierte en el padre que no nos dió, en el Dios que nos castigó, en la manzana… se convierte en todo, y si tarda mucho tiempo, diez minutos, en decirnos que somos maravillosos, vamos a ponernos nerviosos. Tiene diez minutos o quince para decirnos todo lo que nosotros necesitamos. Si son quince minutos ya está retrasándose la cosa. Entonces, aquí es un ejercicio de que queremos que la otra persona nos dé todo lo que nosotros no tenemos; aquí es un ejercicio de competitividad con el hermano o con lo que alguien tiene, y aquí es una negación, es no saber vivir el gozo porque lo que queremos es vivir en los placeres.

Jon: Epicuro lo decía muy bien, solo que nos hemos equivocado de camino. Una cosa es vivir en la felicidad de estar en el mundo y aprovechar lo mejor que hay en él, y otra cosa es no trabajar la potestad de lo bello, de lo maravilloso, que es el buen pensamiento, las buenas prácticas, el buen hacer.

Joaquina: Nos quejamos aquí, nos quejamos aquí y nos quejemos aquí. La culpa tiene un traje que se llama “queja”. Cuanto más nos quejemos de algo, más culpables serán siempre los que nos rodean. Cuanto más aceptemos lo que nos rodea, más libres de culpa estarán los demás y estaremos nostros. No hay dos vidas iguales, no hay dos caminos iguales; y lo más importante de la culpa es la disculpa con la que justificamos nuestros errores. Tenemos siempre una disculpa para nuestros errores, aunque digamos lo contrario, tenemos que dejar de ser falseros.

Jon: ¿Cómo lo cambiamos?

Joaquina: Párate un segundo a sentirte culpable de algo de verdad y verás cómo, por dentro, empieza a producirse el cambio. Cuando no eches la culpa fuera, cuando recojas tu verdadera realidad con todo amor infinito, el cambio se va a producir.

Jon: ¿Para qué queremos sentirnos culpables? ¿Qué beneficio tiene sentirte culpable?

Joaquina: No hay ninguna persona en el mundo que haya hecho algo peor de lo que hubiera podido hacer. La persona siempre ha hecho lo mejor que pudo en cada momento, por su información, por su experiencia, por todo… cada persona, incluida tú, en cada momento ha hecho lo mejor que podía en ese momento, no importa el instante después de la conciencia ni el que hubo antes. Si tú crees que lo podrías haber hecho más fácilmente, seguro, seguro, que te vas a ese lugar y no lo vas a hacer mejor, porque mientras estás en la culpa, sea esta culpa, lo único que vas a conseguir es estar. Si tienes el placer de ser víctima no vas a salir de ahí, pero tienes que reconocer que tienes el placer de ser víctima, tienes que reconocer que te gusta recrearte en la miseria de lo negativo. Si no te reconoces ahí, el placer de la miseria, el placer del dolor, el placer de que las cosas no pueden ir bien, ese es un placer que tiene muchísima gente, y ese placer hay que reconocerlo. Si estás en el gozo divino, lo anterior se fue; si estás en el placer de la maldad, en el placer de ver lo que no funciona.

Cada vez que he estado con personas que no sacan la culpa fuera, que la revisan dentro, la transformación es inmediata; yo trabajo con personas todos los días, en el momento que la persona no se vacía de contenido fuera de sí misma, sino que vive ese momento y lo hace suyo, y se da cuenta “esto es por esto”, el cambio es spectacular, pero cuando decimos dos palabras de disculpa el cambio ya no se produce, porque siempre hay un culpable fuera.

Jon: A veces lo que pasa es que miramos la situación, y no la culpa.

Joaquina: La culpa tiene un traje nada más. El traje de la culpa es la causa, la causa y el origen de lo que te está sucediendo ahora mismo, no tiene más. Lo tienes que ver tú, no hay nadie, ni está Dios ni está nadie, estás tú y tu mismidad. Cuando revivas eso es cuando decides: “quiero seguir por ello o quiero seguir de otra manera” Si queires seguir en la culpa vas a encontrar un culpable inmediato, sin darte cuenta.

162 Conversaciones III

Me permito hacer una pausa en las conversaciones para anunciaros que ya está disponible en Amazon el tercer volumen de “Conversaciones” Es una recopilación de todas las entradas del blog del año 2020.

Os agradezco vuestra fidelidad y el feedback que recibo, y especialmente a María y a Daniel, fieles en sus comentarios desde el inicio de los tiempos.

Nace como los anteriores con el ánimo de ser un libro de consulta en los distintos y variados temas que abordo en el blog. Espero que lo disfrutéis

Nos seguimos viendo los domingos.

161 Culpar II

Jon: es imposible soportar que tenemos la culpa, sin que nos demos cuenta de que hemos culpado, en dos segundos, al tiempo, al cielo, al infinito, a tu amiga, a tu madre, al teléfono, a la calle, al resbalón… Me caigo, y en vez de pensar que iba rápido digo que había algo en el suelo. La culpa es del Ayuntamiento.

Joaquina: La culpa no se puede soportar, por eso es tan importante que comprendas cómo se fabrica para que sepas cómo la vas echando fuera. Porque tenemos que cojer la patata caliente, quemarnos las manos y trabajar nuestra culpa honestamente, todos somos culpables en nuestro interior, porque nuestra esencia divina no está desde Dios en nuestro pensamiento, sino que la tenemos escondida y trabajamos con nuestro lado árido. Y pensamos que el mundo es así, pero la culpa la tenemos nosotros. No hay padres que tengan la culpa, no hay Dios, no hay nadie, no hay nisiquiera una estructura a la que podamos echarle la culpa positivamente.

Jon: ¿Sentirnos culpables no es una falta de amor a nosotros mismos, y si culpamos fuera una falta de amor al otro?

Joaquina: Para amar a los demás tienes que haber encontrado la esencia de tu amor personal, y la esencia de tu amor personal es lo mejor de tí mismo, nunca es lo peor. Sólo te puedes amar de verdad cuando te das cuenta de que el amor entra, de que el amor está llenándote, es una esencia que te inunda de tal manera que no puedes hacer otra cosa. Pero cuando no te amas a tí es imposible que lo enfoques hacia fuera, o cuando tu amor hacia tí es un amor pesimista, es un amor más ambicioso, es un amor que no se recrea en lo mejor de tí.

Jon: Pero a veces culparnos equivale a que hacemos algo mal, a que tenemos un defecto, o que somos malos…

Joaquina: ¿Qué beneficio encuentras en pensar que eres malo? Sin que sea comparativo, porque podríamos hacerlo, pero el ejercicio no es compararnos con otros. Pero ¿qué beneficio tiene? Mi amiga no me ama, no me quiere, ¿que beneficio tengo yo en pensar que es que yo tengo un defecto para que mi amiga no me ame? ¿qué beneficio hay en esto? Tengo una amiga a quien yo amo profundamente y siento que ella no me ama. No pienso: “ella no me ama, bueno, no pasa nada”, si no que pienso que yo tengo algo malo ¿Qué beneficio tenemos con esto?

Jon: Victimismo, no querer cambiar para ser amado, sentir que el mundo es malo conmigo… o simplemente no me ama por motivos ajemos a mi, o porque no lo merezco.

Joaquina: Si realmente tú piensas que no tienes algo que merece el amor, ¿qué estas buscando con esa creencia? ¿De qué te estás librando con esa creencia? Cuando piensas mal de tí, ¿de qué te estás librando? Puedes hacer culpable a ella o puedes culparte tú, pero el beneficio importante de ello ¿cuá es? Pues que no vas a trabajar hacia el amor porque has decidido que tu amiga ve algo malo en ti, que tú estás mal. Todos los movimientos de maldad interna son para evitar siempre hacer algo, pero con que te pusieras en disposición un minuto a pensar: “Dios no puede haber dejado mi reino de ninguna manera, donde algo maravilloso no puede morir”.

Jon: Entonces, para estar bien, debemos separar la expecttiva de ser perfectos para todo el mundo, ya que cada persona tiene una mirada y una forma de ser.

Joaquina: Entonces, llegamos otra vez a este lugar, donde vivimos en el reino de Dios, y dudamos de Dios, no importa si dudamos justa o injustamente, y salimos de ese terreno, nos sentimos separados, en realidad ¿qué hemos decidido? ¿hemos decidido encontrar nuestra luz o hemos decidido vivir nuestra sombra?

Jon: Vivir nuestra sombra.

Joaquina: ¿Y para qué queremos vivir nuestra sombra? ¿Para qué no queremos nuestra luz? ¿para qué realmente queremos vivir nuestra sombra? ¿qué beneficio tienes tú cuando tú estas culpando a todo el mundo?

Jon: Me eximo de la responsabilidad y el compromiso de mi salud.

Joaquina: ¿Para qué? Ya te lo digo yo: para poder vivir un placer que te conmueve por encima del gozo divino. Todos tenemos que encontrar en nuestro pensamiento cuál es el placer al que acudimos que rompe la estructura de amor personal y que nos impide encontrar la luz interior, porque esta es la causa de que todo lo demás se produzca: el placer de la culpa. Marca esto en tu mente: lo que te quita de hacer es la culpa, lo que te quita de trabajar en tu favor, lo que te hace permitirte estar enredando y enredando para caer y caer y caer cada vez más en tu propio placer.

Jon: Entonces lo primero es encontrar nuestra culpa, aquella parte de nosotros que nunca decimos a nadie que somos culpables de eso.

Joaquina: Así es. Con que encuentres una cosa basta, no es necesario encontrar cinco culpas con que encuentres una en la que no le puedes echar la culpa a nadie es suficiente. Ahora piensa, vamos a jugar con eso que tienes en tu inconsciente, bueno, con eso que tienes en el consciente pero que tú crees que es muy privado, y yo no lo voy a sacar a la luz. Reconoce ahora el placer que te provoca vivir en ello.

Jon: Vale, lo tengo.

Joaquina: Voy a hacerte una pregunta: cuando caes en esa culpa pura que tienes, ¿cuánto tardas en buscar a alguien para poder culparle de todo lo que ha pasado ahí?

Jon: Yo diría que segundos.

Joaquina: El placer supremo es pensar que los demás son tan malos como nosotros, es poder ver la maldad a tu alrededor. Si quitamos esa maldad, si consiguíeramos, por un instante, ver la bondad infinita que hay a nuestro alrededor… si te pusieras como yo estoy ahora mismo y te dieras cuenta de que todas las personas solo són luz pura y que yo soy la única que en este momento no soy luz, inmediatamente lo cambiarías. Pero lo que yo tardo en ver la impureza en otros para poder salir de mi interior y mi impureza, es un instante. Debes ir a esa cosa en la que no puedes echarle la culpa a nadie, que en realidad sabes que es tu esencia más primitiva, y te darás cuenta de que cuando te mueves en ello, instantáneamente buscas o hacer o provocar algo donde el culpable está fuera. El mayor placer del ser humano es convertir al otro en malo o en peor que uno mismo.

Jon: Esto está simbolizado en Adán y Eva.

Joaquina: Efectivamente. Hay algo por lo que él duda y no lo hace él solo, no coges la manza y te vas, sino que necesitas que el otro esté contigo, que el otro haga como tú, que el otro funcione como tú. Porque realmente, cuando estás exento totalmente de echar la culpa a alguien, solo te queda mirate a tí y cambiar tú, y darte cuenta de todo lo que pasa a tu alrededor en realidad sale de ti, que nadie te miró mal, que nadie te atacó. Es tu deseo de ver la maldad más allá de ti lo que te hace ver el mundo como no es, porque en los estados peores, si te paras un minuto y observas cómo era esta persona hace un instante, antes de que pensaras así, encontrarás a la persona impresionante que está al otro lado.

Jon: La conclusión sería que tenemos que permitirnos encontrar el gozo divino independientemente de que no seamos perfectos, independientemente de que sepamos que tenemos una sombra, independientemente de que sepamos que estamos en un mundo donde la separación es un estado cualquiera.

Joaquina: El primer paso es reconocer que queremos vivir en el placer. Lo que es muy bonito es que te des cuenta de que es independiente una cosa de la otra, ¿de acuerdo? El primer ejercicio es que queremos vivir en el placer, para no vivir en el gozo de lo divino, porque el placer es poder cubrir unos deseos… hay cientos de miles, unos son el deseo de la pasión de lo sexual, otros son el dinero, otros son de la perfección… no importa. El placer de lo oscuro contra el placer del gozo de lo divino.

160 Culpar

Es Navidad y paseamos por el Parque Nacional Timanfaya, en Lanzarote. La similitud de las áridas arenas volcánicas de este paisaje lunar con la belleza y dureza de las relaciones familiares en esta época del año cautiva mi pensamiento. Me siento un poco como el divertido logotipo de este Parque: un demonio enarbolando un tridente en tono victorioso o amenazante, según nos sintamos al observarlo.

Jon: Me gustaría entender cómo fabricamos la culpa entender y cómo prodríamos llegar a liberarla. Creo que es la culpa es la responsable del enturbamiento de las relaciones familiares.

Joaquina: La culpa es un conflicto trascendente. Nos separamos de lo divino con una duda razonable. Esa duda razonable puede ser que Dios no nos lo da todo. Puede ser que sintamos que Dios es alguien que tiene como amores más queridos unos que otros. Puede ser muchas cosas, pero, en cualquier caso, yo lo voy a llamar el “árbol de la duda”. El “árbol de la duda” nos saca de ese momento divino y nos lleva a otro lugar en el que rápidamente nos damos cuenta de que hemos perdido algo.

Jon: ¿Dónde nace la culpa?

Joaquina: La culpa nace siempre de un reino que perdemos. El tema es ¿cuánto tiempo podemos aguantar que el reino lo hemos perdido por nosotros mismos? esa es la gran disyuntiva, cuántos estamos dispuestos a estar convencidos de que el reino lo hemos perdido por nosotros mismos. Independientemente de que nos demos cuenta o no, lo que surge es una separación, como la culpa es tan dura y larvada, rápidamente lo que hacemos es buscar un culpable. Y cuando buscamos un culpable, al primer culpable al que hemos dado sentido es a Dios.

Jon: Pero la culpa hacia Dios, en realidad, está muy contaminada de todo lo que hemos hecho nosotros.

Joaquina: Por eso, bajamos un escalón más y nos encontramos con nuestros padres. Aquí sería como no tener cuerpo. Sería nuestro lado intangible, el que está conectado con la parte más divina de nosotros, y bajamos al mundo emotivo. Los padres, aunque nos cueste creerlo, no tienen cuerpo para nosotros, los padres son una emoción, los padres son un calor, o un frío, interno. Entonces empezamos a sentir lo mismo que sentíamos por Dios, por uno de nuestros padres: un concepto de separación, un concepto de que no nos está dando algo que necesitaríamos recibir, y les culpamos a ellos.

Jon: Estás trabajando entonces, más con el concepto de culpar que con el de sentirnos culpables.

Joaquina: La culpa se hace tan fuerte dentro que rápidamente la tenemos que expulsar, porque dentro no la podemos soportar. Dura segundos dentro, pero segundos, y esos segundos se hacen tan intensos y tan duros que necesitamos respirar, nos quita la respiración. “Dios mío, ¿qué he hecho?”, y rápidamente necesitamos: “bueno, pero en realidad fue por…”, “si no hubiera sucedido tal…” Entonces, culpamos a nuestros padres de que realmente no seamos divinos, de que ellos no nos han hecho transmisión de lo mejor de sí mismos.

Jon: ¿Entonces culpamos a los dos?

Joaquina: Normalmente a uno lo consideramos más culpable que al otro, nos guste o no reconocerlo. Aquí empezamos a ser diferentes, un padre es más culpable que el otro de que nosotros estemos en las condiciones en las que estamos. Como acabamos entendiendo que nuestros padres y nosotros somos los mismo, en realidad, lo que acabamos viendo son relaciones. Bajamos al mundo de las ralciones, y en este mundo volvemos a hacer lo mismo. Volvemos a buscar a alguien a quien podamos culpar de lo que realmente estamos haciendo, que es perder nuestro mundo divino.

Jon: Éstas “bajadas” de las que hablas, en realidad no existen porque lo único que existe es un sentimiento de culpa interior que hemos eliminado para poder soportar la separación del campo de lo divino, del mundo de lo divino, o de ese lugar en el que podríamos estar fantásticos. ¿Puedes darme un ejemplo?

Joaquina: Imagínate un amor con una persona. Ese amor a primera vista, que te inunda, que te parece genial, que estás lleno absolutamente hasta que te estalla la ropa, estás casi rozando el infinito. En el momento en el que se te ocurre ver el error de esa persona has caido del espacio divino de amor para encontrarte en el espacio, no tan divino, de que te ha fallado esa persona. Te ha fallado el amor, te ha fallado algo. ¿Puedes reconocer ese sentimiento? ¿Podemos reconocer que siempre se te poduce cuando ves algo en la persona que no te gusta?

Jon: No digo “siempre” porque como coach está prohibido, pero muchas veces sí, tengo que reconocer.

Joaquina: Siempre. Ahora plantéate lo que has visto en la persona que no te gusta. En realidad, ¿no está escondiendo una expectativa de algo que quieres que te den y que tú no quieres que vea? Si ahora te plantearas, en el mundo de lo humano, en el mundo más cotidiano, cómo funciona, vas a poner aquí arriba la palabra “amor”. El amor que has sentido, aunque haya sido una fracción de segundo, un instante, ese amor incondicional donde las carnes se han abierto, donde la mirada se hacía tan profunda, tan virginal, tan maravillosa… ese momento, ese estado de éxtasis en realidad dura tanto o tan poco como nosotros le hemos puesto la palabra “expectativa” y “fallida”, es buscar que otro sea perfecto cuando nosotros no lo somos.

Jon: Entonce, en realidad lo que estamos pidiendo constantemente en nuestro estado interior es que el otro nos de algo que nosotros no nos damos a nosotros mismos y que es el amor incondicional, independientemente de que lo que vamos a intentar es a liberarnos de la culpa y entenderla.

Joaquina: Sí, pero no hablo de liberarme de la patata caliente para pasársela a otro. Hablo de que vayamos a la culpa, la culpa interna, a la culpa que de verdad es nuestra. No vamos a salir de la culpa mientras pensemos que alguien nos ha fallado, porque es imposible. Cuando nosotros pensemos que alguien nos falla, nuestro hijo, nuestra hija, nuestra pareja… cuando pienses que alguien te está fallando en algún punto, cada vez que estés analizando a alguien como que te ha fallado, es imposible que salgas de la culpa. Esa revisión es la que tienes que hacer. El lado divino nunca tiene nada negativo, cuando vemos la sombra ya no estamos en el lado divino y hemos bajado a otro lugar, del que tenemos que salir o al que tenemos que entender.

Jon: Bien, el amor se rompe por una expectativa fallida y esa expectativa fallida tenemos que reconocer cuál es. Entonces, ¿dónde nace la culpa?

Joaquina: De un estado de carencia personal que no somos capaces de asumir y que consideramos que la culpa de ello la tiene “alguien” Ese alguien, primero es la pareja, después son los padres, después es igual tu dios, pero al final acaba siempre, siempre siendo lo que está más allá de mí. Independientemente de los nombres, es el culpable de que yo esté aquí; por eso creo yo que es tan importante que sepamos que, en realidad, el único culpable es el pacto divino que nosotros hemos perdido. Esa parte maravillosa que sabemos que tenemos y que no estamos entendiendo. Y esa es únicamente la culpa, y esa es la forma de la culpa. Todos sabemos que la persona que amamos, cuando nos falla, es porque no está trabajando con la culpa, porque en su lado divino nadie nos puede fallar. Si hacemos culpable a la persona es porque sabemos que lo podría haber hecho bien, o al menos creemos que lo podría haber hecho bien.

159 El jardín

Te propongo un ejercicio que realizamos en algunos de los cursos de Joaquina, y lo encuentro muy apropiado para este momento de revisiones y buenas intenciones para el año que acaba de empezar. Se trata de limpiar los restos del antiguo jardín para poder cultivar uno nuevo.

Imprime los dibujos y los vas cumplimentando en papel. Las dos partes:

  1. Cómo está y qué hacer con el jardín actual
  2. Tu nuevo jardín