20 La aportación de valor como “Ser”

Joaquina: Tienes que encontrar esa cualidad que no cambia ante ningún ejercicio de tu vida, una cualidad que no cambia estés con quien estés. Eso es ser. Esa es la cualidad que no pones en duda. Esa es la cualidad desde la que puedes aportar valor. Esa cualidad debe fluir, independientemente de quién está en frente. Lo que eres es lo que te convierte en todo lo que quieres. No hay que hacer nada más.

Jon: Entonces la diferencia entre tener y ser…

Joaquina: Tu eres alto. Tienes el concepto de altura dentro de tu mente y tienes la altura que quieres tener. Por ello te paseas con el concepto de “ser alto”, no de tener altura. ¿Ves la diferencia?. Si te comparas, tendrás altura. Si “eres”, serás alto. Esa es la diferencia. Para que seas y para que aportes valor, la única cosa que tienes que quitar es la comparación. Es el juicio de valor sobre lo que realmente eres. Si “eres”, no tienes que compararte con lo que tiene otro, ni tienes que medirte con lo que es otro. Lo que eres no exige ninguna medición.

Jon: En la medida que no tenemos el concepto de aportar valor y de que somos nosotros los únicos que aportamos el valor, ¿entramos en la carencia?

Joaquina: Claro, porque es imposible que tú puedas aportar todo lo que el mundo necesita. Estás en una cadena de la unidad. Dentro de la cascada de agua, eres una gota. Formas parte de la cascada, pero no eres la cascada. Eres la unidad del agua, pero tu gota no es la cascada completa. Eres, y cuando eres, se produce de una manera automática la autoaceptación.

Jon: ¿De una manera natural?

Joaquina: Si, porque no estás mirando lo que no eres. Si cuando saco a alguien como ejemplo en algún curso, y menciono el nombre, y la persona se revuelve mientras se pone de pie para subir al estrado conmigo, eso quiere decir que no está conectando con su “ser”. Está conectando con el juicio y la crítica del resto de los asistentes, o la autocrítica… Yo no saco a las personas para que sean diferentes a quienes son. Si la persona sale, subirá al estrado y dará lo que ella es, y no lo que nadie está esperando.

Jon: La persona, entonces, debería preguntarse: ¿qué aportación hago ahora mismo al grupo?, y olvidarse del resto.

Joaquina: Así es, y la persona que está sentada y juzga, se siente excluida de la unidad. En realidad no podemos estar excluidos de la unidad, pero sí lo podemos sentirlo. Lo que suele pasar es que las personas estamos fuera de nosotros mismos. Imagínate que el sol se levanta por la mañana y piense: “bueno, como hay tres personas que están enfadadas conmigo, hoy no voy a salir. Hay tres que si toman el sol se ponen muy rojas, y cuatro muy preocupadas por lo que va a pasar, así que mejor no salgo”. En vez de eso, ¿qué hace el sol?

Jon: Ser él, salir y aportar valor, independientemente de lo que pase fuera de él.

Joaquina: Su aportación de valor es la luz y el calor, y no se lo cuestiona. Ningún ser de la naturaleza se cuestiona quién es, solamente el hombre.

Jon: Y se supone que estamos arriba en la cadena de la creación

Joaquina: Mira dentro de ti y buscas tu aportación de valor, la cadena de valor dentro de la cascada. La gota que cae en el oeste no es lo mismo que la gota que cae en el este. Sigue siendo una gota, pero el sol y el aire le dan de otra manera y cuando cae al suelo se ha llenado de formas diferente, y de sustancias diferentes. Si cae en un trozo de barro es distinto a si cae en una roca, o en una planta… Pero sigue siendo la gota, y sigue volviendo a la cadena de transformación. ¿Cuál es tu aportación de valor?

Jon: La creatividad conceptual

Joaquina: La aportación de valor no es que midas tu creatividad conceptual contra nadie, sino que tu aportación de valor es la creatividad conceptual, y notarás como crece y se construye cada día mas, porque tu propio sistema va mirando la creatividad conceptual que tú aportas a la cadena de valor. Eres la gota que tiene la creatividad conceptual. No te compares con otra persona, pues entonces no estarás en la cadena de valor. ¿Aceptas plenamente tu creatividad conceptual y la disfrutas? ¿o te tiras todo el día pensando lo que te gustaría que los demás vieran de ti?

Jon: Si, la disfruto, pero también me gusta que los demás la vean.

Joaquina: Cuando piensas lo que te gustaría que los demás vieran de ti, ¿qué sucede con tu autoaceptación?

Jon: Que la estoy poniendo en manos de los demás

Joaquina: ¿Qué crees que puedes hacer para que te quedes en la aportación de valor y que penetres en la autoaceptación?

Jon: …..

Joaquina: La autoaceptación se mide por la autenticidad. Un Yo auténtico. Si estás en tu aportación de valor de verdad, rápidamente se produce un movimiento hacia ello. Primero hay que ver que te hace olvidarte de quién eres en aras de conseguir que los demás vean algo en ti, entrando en el deseo en vez de en la vivencia. Cuando deseas que los demás te acepten o te reconozcan, ya no estás en la autoaceptación, estás en la aceptación del otro. Para que seas tu “Yo” tienes que estar en la aportación de valor, sentir la autenticidad, y conocerte a través de la experiencia amorosa de quién eres.

Jon: ¿Experiencia amorosa?.

Joaquina: Si, esa experiencia amorosa de quién eres es la que te permite conocerte, experimentarte, disfrutarte y llegar hasta donde quieras. Pero debes mostrarte como eres.

Jon: ¿Y si hay algo de mi que no me gusta?.

Joaquina: ¿Y si tuvieras un Yo constituido, tan potente, con tanta aportación de valor, tan auténtico, y tan conociendo su propio amor, que lo que piensen los demás no tocara nada de ti, sino que sumara?. ¿Por qué no pensar quién eres tu, y lo que piensen los demás no importa?.

Jon: A veces, mi deseo de que la aceptación venga de fuera, me hace perder la identidad de dentro.

Joaquina: ¿Qué parte de ti está más indefensa ante la crítica de los demás?: tu cuerpo, tu emoción, tus conocimientos, tu toma de decisiones, tu espíritu… ¿Qué parte de ti, cuando los otros la miran y te dicen algo de ella, queda muchísimo más débil?

Jon: Las emociones.

Joaquina: Esa es la parte que no aceptas y es la parte que te quita de la aportación de valor, y que no te permite gestionar el conocimiento de ti mismo, para llegar a amarte plenamente. Jon, ¿para qué quieres tu creatividad conceptual si no es para entregársela a las personas?. Y ¿cómo lo vas a hacer si no las amas?. Y ¿cómo las vas a amar si no sacas a la luz tu mundo emocional?. Piensa en un niño que tengas cerca: sobrino, primo, hijo de algún amigo… Un niño entre 4 y 8 años. Piensa que la autenticidad de ese niño va a depender de que veas lo que es, y no lo que tu quieres que sea. Esa es la primera condición para saber que vas a cambiar el mundo. Que el niño, los niños, no sean cercenados por lo que los adultos buscamos que sean, y les permitamos ser lo que ellos son. Si pudieras ver la aportación de valor de cualquier niño que está cerca de ti, sería imposible que este mundo no fuera mejor. Lo que veo todos los días es madres, padres, profesores… que lo que buscan es que los niños sean lo que ellos quieren que sean.

Jon: Pero, todos hemos pasado por eso mismo.

Joaquina: Todos hemos sido manipulados por las intereses de nuestros padres, maestros… Todos aquellos que creían saber lo que necesitábamos, y nuestra autenticidad se ha perdido en algún lugar del mundo. ¿Dónde hemos dejado el mensaje de amor a nosotros mismos?. ¿Dónde hemos dejado la experiencia?. ¿Dónde hemos dejado el amor infinito a lo que somos?. Cada día en la consulta veo una 15 personas y todas huyen de saber qué les pasa. Si no quieres saber quién eres y lo que te pasa, ¿qué vas a poder cambiar?. ¿Qué vas a poder transformar de tu interior?. En vez de levantarte por la mañana pensando qué quiere el otro de ti, es mucho mejor pensar cómo es el otro e intentar darle aquello que puedas compartir, porque se va a producir una química maravillosa.

Jon: ¿Existen enemigos en este proceso?

Joaquina: El primer enemigo eres tu mismo. Y existe otro enemigo que está ahí, que quiere juzgarnos, que no quiere que seamos quienes somos. La diferencia está que el enemigo de fuera es una oportunidad de cambio. Es una persona a la que quieres incluir. Si alguien te critica, es el momento de darte cuenta de que en la diversidad, en los ojos, está una forma diferente de verlo. Entonces saldrás a la calle y dirás: “Yo soy creatividad conceptual, para mi”. A partir de ahí se convierte en algo tan sublime que la mirada de los otros solo te puede reforzar. No te puedes permitir creer que el enemigo es alguien que te quiere hacer daño. El enemigo es alguien que alimenta tu cambio. Que tiene una percepción de ti, que tú consideras enemistosa, pero no por ello lo es.

Jon: Y, ¿qué ocurre cuando una persona te dice: “¿Qué te pasa que no estás funcionando?”

Joaquina: Si lo dice mal es su problema. Pero si lo que te está diciendo entra dentro de tus parámetros y te das cuenta de que es verdad, la cuestión es: ¿qué puedo aprovechar de lo que me están diciendo, que es de mi aportación de valor?. La siguiente pregunta es: ¿qué puedo hacer para mejorarlo?. Convierte así a los enemigos en oportunidades de cambio.

¿Qué te parecería abrirte un 1% al día al amor de conocerte?. Tu experiencia es aportar valor, ser auténtico, y por encime de todo amar tu conocimiento, quién eres. Todo ello para que se produzca la magia maravillosa de crecer mentalmente. La realidad es: todos los cerebros que no se permitan conocerse, son cerebros que están perdiendo potencial neuronal, potencial de neurotransmisores y potencial de crecimiento de vida y desarrollo intelectual. La reserva cognitiva de nuestro cerebro se produce porque somos capaces de conocernos e indagar. No existe ninguna ciencia que puedas aprender que aporte tanto valor a nuestro cerebro, como el conocimiento de nuestra propia identidad. Y esa identidad es la que tienes que buscar, esa identidad es por la que tienes que luchar. Esa identidad es la que tienes que amar, ninguna otra. Y te aseguro que tu cerebro se convertirá en algo útil, casi perfecto y totalmente conectado.

Esta conversación la tuve con Joaquina hace ya más de diez años. Desde entonces mi corazón está más abierto, soy más cercano, y mis emociones fluyen con más libertad. Aprovecho este momento para agradeceros el haber estado ahí, impactando a través de los años en mi ser y permitiéndome, con mano dulce, abrirme al sentir de la vida y de las personas. Sin vosotros no estaría aquí, escribiendo y recordando estas maravillosas lecciones de vida de aquella persona que abrió muchas de nuestros almas descorriendo los velos que nos separaban de la vida. Gracias.

19 Objetivos, valoración y amor

Joaquina: El mundo hasta ahora se ha construido por parcelas que nos han hecho estar totalmente separados. Parcelas donde hemos sentido la necesidad de tener. La necesidad de tener para nosotros. Momentos donde necesitábamos gustar, que el otro me encuentre atractivo. Y también momentos donde yo voy aprendiendo y lo que conozco me hace a mi diferente. Esta sería la configuración del mundo en el siglo XX, donde el hombre está separado del hombre, y donde siente que esa separación constituye una defensa que le permite estar en un lugar donde se siente seguro.

Jon: Entonces, ¿el hombre es el enemigo de su propia felicidad?

Joaquina: Cuando me lo planteé así, me propuse romper estas estructuras que ya no tienen ningún sentido. Si miras durante un instante cómo está configurada tu vida en este momento, te darás cuenta que del siglo pasado a este, ya no existe intimidad. Formas parte de una globalización, te relacionas con personas que ya no tocas, no necesitas luchar contra el entorno hostil, y ésta se produce contra las propias personas. Ya no tienes que pelear contra animales para sobrevivir. Ya no tienes que buscar gustar a los demás, porque los demás ya te conocen, y hay tanta oferta de relaciones que al final te acabas vinculando con personas que ni siquiera ves… Se han roto los niveles de separación en los que vivíamos y nos hemos convertido en personas del siglo XXI. Esta época ha convertido al cerebro en un elemento donde todo pasa a la vez como consecuencia de tus objetivos, de tu valoración y de tu amor… Y yo pienso que hemos venido a ser uno, donde el enemigo no está fuera sino que está dentro. Tiene sentido que trabajes tu “yo”, porque estando lleno y amándolo profundamente, lo que pasa fuera, solo suma.

Jon: Si te estoy siguiendo, mi felicidad tiene que ver con darme cuenta de que mi “qué”, está conviviendo de muchos “qués”, que en realidad es un solo “qué”. Que cada vez que tengo un objetivo, los objetivos de los demás participan y suman. Y que cuando me cuido a mi mismo, es el momento que puedo decir con total certeza que el mundo empieza a ser feliz y que mi crecimiento es real.

Joaquina: El tema es cómo conseguir que el amor a ti mismo sea un compromiso de estabilidad interior, de no competencia con el exterior, un compromiso de magnificar lo que eres, en aras de no atacar lo que crees que no eres. Porque mientras no veas cualidades importantes en ti, es imposible que veas cualidades importantes fuera. Mientras que los objetivos que tienes no sean para crecer, es imposible que veas crecimiento más allá de ti. Mientras que tus objetivos no te permitan desarrollarte, es inviable que puedas caminar en ninguna dirección. En la medida en la que estás a gusto con tus objetivos y cumples tus metas, lo que va sucediendo alrededor es que te sientes rico, poderoso, increíble.

Jon: ¿Sería autoaceptación?

Joaquina: Autoaceptación como un ejercicio de ver lo que tienes bueno, de amor personal, de cumplir tus expectativas, de enamorarte de ti mismo. No necesitas enamorarte fuera, lo de fuera es una consecuencia. El movimiento de tu amor ya provoca lo que sea que tiene que provocar fuera.

Jon: ¿Y cómo gestiono el conocimiento de mi mismo?

Joaquina: Solo desde el conocimiento de ti mismo puedes llegar al amor a ti mismo. Y ese conocimiento tiene que convertirte en un ser de Amor, con objetivos plurales, con autoaceptación desde el entendimiento de la diversidad, y con la capacidad de compartir el conocimiento de una forma abierta, donde todo lo que tienes es de todos. Y sin embargo el conocimiento de uno mismo es la mayor mediocridad que existe en nuestras cabezas. Hay que saber cómo gestionar el amor al conocimiento a uno mismo, ya que en el momento que alguien nos va a decir cómo somos, empieza a producirse una batalla interior enorme. “Por favor, que nadie sepa cómo soy yo”.

Jon: ¿Por qué las personas en tus cursos tienen miedo de que pongas la lámpara de la verdad en sus vidas y con tus ojos profundos investigues en lo que hay dentro?

Joaquina: Si las personas se sienten expuestas y vulnerables, es que creen que su conocimiento es particular, su persona es individual, y que están en un mundo donde su presencia tiene un sentido mucho más allá que el de los demás. Y cuando sienten eso, quiere decir que cuando bajen la escala hay algo que no aceptan de si mismos. Y si bajan mas aún la escala, es que su objetivo no está a la disposición de su proyecto personal, sino que está a la disposición del proyecto de otro. La pregunta es: ¿Te merece la pena seguir en compartimentos estanco donde la riqueza no llegue?, o te merece la pena romper ese miedo y abrirte a que la riqueza llegue totalmente hacia ti.

Lo que eres está compartido en un universo plural del que no te puedes extraer aunque quisieras. Sin embargo, mientras no lo hagas de una forma consciente y abierta y de una forma totalmente entregada a la causa, seguirás estando en un compartimento estanco que lo único que hace es debilitarte y hacerte sufrir. Pocas personas se dan cuenta que el objetivo del mundo es que sus objetivos aporten valor. Un valor primero a ti mismo y luego a la sociedad. Ése es el primer objetivo que deberías tener. Si tu aportación de valor está ahí, te convierte en una persona que forma parte de la unidad.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque lo que te hace ser persona son las intenciones, lo que está en tu pensamiento. Tus hechos confirman tus intenciones. ¿Podrías decir que es único tu objetivo?. Seguro que, como el de muchas personas, tu objetivo es o estar sano, o ser feliz, o que te quieran. Algunos tener seguridad económica. Pero eso no les hace diferentes, porque de una manera u otra, la persona que tiene el objetivo de ser feliz, está unida a todos los seres humanos, ya que todos tenemos en nuestro inconsciente que queremos ser felices. Todos necesitamos tener cubiertas las necesidades de este cuerpo, tan tremendamente hostil con nosotros, y casi todas las personas necesitan el amor de los demás.

En el momento que te planteas que tu aportación de valor te hace único, dejarás de estar en compartimentos estanco para sumar todos los valores que existen en el mundo. Todas las ideas y todos los objetivos que sumen.

Jon: ¿Dónde está la diferencia?

Joaquina: La diferencia está en que antes queríamos tener y ahora queremos ser. Quieres ser el objetivo, no quieres tener un objetivo. Quieres convertirte en tu objetivo. Quieres ser la luz, quieres ser persona, quieres ser felicidad… quieres serlo todo, no quieres tener nada. Quieres convertirte en todas las células que existen y engrandecerte con ellas. Tu objetivo es convertirte en la unidad con todo lo que te rodea.

Jon: ¿Cómo puedo hacerlo sin perder mi identidad?

Joaquina: Tu identidad es vivir tu valor en esa individuación que te provoca tu cuerpo, pero no es real. El cuerpo no es otra cosa que un medio para que puedas llegar a tu objetivo. Si no trabajas en tu aportación de valor, trabajarás en objetivos para tener. Y si esto ocurre, estarás la mayoría de tu tiempo sintiendo carencia. Estarás teniendo carencia de conciencia, carencia de humildad, carencia de sentido común… No hay posibilidad de que nada de lo que hagas en este mundo se pueda alejar del propio mundo. Nada, ni pensar, ni sentir, ni moverte…

Jon: Entonces, la globalización, Internet, las redes sociales, lo que hacen es ayudarnos a darnos cuenta de que ya no tenemos un espacio personal, ni un espacio individual, al formar parte de una unidad total.

Joaquina: Si, y eso, si lo trajeras a tu realidad, y lo convirtieras en una realidad consciente, te haría mucho más rico. Además no estarías globalizado desde la inconsciencia, sino desde la consciencia. ¿Qué piensas que ha hecho que alguien decidiera crear Internet?

Jon: ¿Un proyecto militar para crear una red de ordenadores descentralizados que uniera centros de investigación dedicados a la defensa para que siguieran funcionando en caso de que alguno de ellos se destruyera?

Joaquina: El miedo, el deseo de poder, y sin embargo se ha convertido en una de las herramientas más hermosas, y posiblemente contradictorias de las que existen, pero, nos permite conectarnos con cualquier persona en cualquier momento. Ya no se pueden defender territorios como se defendían antes, y seguramente se nos conoce demasiado. Pero antes teníamos carencia, y la carencia provoca el miedo: a no lograr, a no tener… Pero cuando eres, no tienes carencia, te sientes tremendamente rico, es todo tan tremendamente diferente… Por eso la propuesta que te hago es que seas. Ser es una esencia, en el momento que eres no puede haber odio, no tienes que hacer ningún ejercicio, ya eres amor.

Jon: Cambiar a esa mentalidad parece difícil

Joaquina: Es mucho más fácil de lo que parece. La primera pregunta que te tienes que hacer es: ¿Qué haces todos los días para aportarte valor a ti? Desde ahí, no puede entrar en tu canal ninguna cosa que te haga daño. Si te amas a ti mismo, y tu objetivo es aportarte valor, vas a hacerlo en la forma de caminar, en la forma de comer, en la forma de pensar… o al menos al menos te vas a dar cuenta de la poca bondad que estás teniendo en el pensamiento al haberle puesto esa identidad de dolor. En la unidad no existen recuerdos estancados, existen esencias aprovechables. El estancamiento era importante antes para luchar y para identificarnos, pero ya no tiene sentido en estos momentos.

Eres una célula de amor y lo que tienes que plantearte es compartirla y que se vaya extendiendo. De tal manera que cuando te acerques a alguien ya no es tu amor y su amor, es el Amor. De eso se trata. Tu conocimiento y el mío no importa, están juntos y cada cuál comparte el suyo. Pero cuando quieres apropiarte del conocimiento o de algo, vuelves de nuevo a la carencia. Si te apropias de algo, te quedas sin coger todo lo otro. El ser no se puede malgastar, es un usufructo de lo que nos ha dejado Dios en su amor infinito. De lo que se trata es: ¿cómo lo utilizas?

Imagínate que eres trabajo, que eres amor, que eres lo que quieres tener. Ya no lo buscas, simplemente está.

Y como los delfines después de un gran salto, Joaquina desaparece de nuevo en el océano dejándome reflexivo y anhelando su nueva aparición. Tengo un objetivo para conseguir algo. Estoy pensando que ese algo no lo tengo, lo que implica que hay una carencia. Sin embargo, desde el objetivo de ser, lo que quiero es aportar valor desde quién soy y qué puedo sumar en este momento a mi ser. Es decir, estoy dando y no pidiendo. Una gran diferencia. Si mi objetivo es estudiar, quiere decir que me falta algo que tengo que completar. Si mi objetivo es aportar valor a mi conocimiento para sumar, lo que sentiré es que soy muy rico y voy a seguir siéndolo. Es algo que me suma, no que me resta. Pienso en objetivos que salgan del “tener” y se convierte en “ser”.

18 La felicidad a través de la voluntad

En la mesa contigua las dos bolas de helado de chocolate miran desafiantes a una mujer de mediana edad. Pierde el más débil.

Joaquina: La felicidad está en la mente volutiva. Es la mente capaz de realizar el objetivo que se plantea: quiero ser feliz, y entonces doy los pasos para conseguirlo.

Jon: ¿Qué nos hace a las personas tener tantas dificultades en poner la voluntad a nuestro servicio? ¿Qué nos pasa para que en nuestro devenir, la voluntad sea nuestro caballo de carreras más difícil de domar?

Joaquina: La voluntad es vida. Así que, como estás aquí, ese primer paso ya lo tienes cubierto, estás vivo.

Jon: Por ahora está siendo muy fácil

Joaquina: El primer paso de la voluntad lo tienes. Tienes que reconocer y agradecer, ese primer paso a la vida. El segundo paso de la voluntad es el amor. Un amor hacia ti mismo. Eso quiere decir que la voluntad está al servicio de aquellas cosas que te dan a ti la visión de que te amas. Es la voluntad que te permite comer alimentos sanos; es la voluntad que te permite elegir la pareja adecuada para ti; recorrer el camino que es bueno para ti. Y está unido a ese momento de confianza. Ese amor lo notas porque genera confianza en ti. Es un amor indiscutible ya que deberías ser la persona más importante para ti mismo.

Jon: Eso quiere decir que todo aquello que no te genera un bienestar, o un estado de vida saludable, ¿es una falta de amor a ti mismo?

Joaquina: Si, si no te amas a ti mismo la vida no tiene sentido. El tercer paso es sentirte uno con el mundo. La unidad. Y así quedan recogidas las tres cosas: La vida, que es el cuerpo. El amor que es el alma. Y la unidad que es la divinidad.

Jon: ¿Con la voluntad conseguimos, entonces, los tres principios espirituales?

Joaquina: Así es, eres un cuerpo, eres un alma y eres un ser divino. Y ese ser divino tiene que sentir que no hay nadie separado de él. Que todo lo que él quiere, lo quieren los demás, y que todo lo que es forma parte de los demás. Plantéate ahora, dónde tienes la carencia para ser feliz. ¿Te sientes vivo? ¿Eres consciente de todos los significados de tu cuerpo? ¿Eres consciente de la maravilla de los latidos de tu corazón?… respirar… ¿Eres consciente de lo que significa estar vivo? Todos los días al despertar hay un ejercicio de conciencia de vida que seguramente no te das ni cuenta. Cuando te despiertas, ¿abres la ventana, respiras, miras la vida y tomas conciencia del despertar de tu cuerpo?

Jon: Tiendo un poco más a arrastrarme hacia la ducha…

Joaquina: Pues el despertar del cuerpo es lo que te permite tomar conciencia de la voluntad. Si no hay conciencia de cuerpo, no hay conciencia de voluntad. Mira los deportistas, tienen una gran voluntad porque tienen conciencia de que su cuerpo es lo que les permite el éxito. Es tu cuerpo el que te abre la puerta a poder amar, en el cuerpo está la vida. Cuando fallece un ser querido, estamos a su lado, le cogemos la mano, su cuerpo late, y, de pronto, ya no está. No importa que tengas el recuerdo más hermoso de su vida. Ya no puedes verle, ya no puedes hablar, ya no puedes conectar. Ya no tienes el elemento conector: el cuerpo. De ahí la importancia del mismo. Cuando respetas al cuerpo eres capaz de engendrar la voluntad y la felicidad. Cuando eres agradecido. Has salido de un vientre, y se ha formado de una familia, y esa familia te ha dado la expresión que tienes, ese “estar aquí”.

Jon: Pero por otro lado el cuerpo es también lo que nos separa de los demás, lo que nos hace más difícil comprender el concepto de unidad.

Joaquina: Si, el cuerpo es lo único que te permite pensar que estás separado de los demás, pero en realidad formamos todos parte de una sola cosa: una entidad divina que no se separa con el cuerpo. El cuerpo es quién nos dice que estamos aquí y que tenemos una función. Mira tu cuerpo, ¿cuánto cariño le das?

Jon: Más bien poco… Cero deporte, un poco de crema después de afeitarme, alimentación más o menos…

Joaquina: Pues es el primer paso con el que tienes que conectar: con la vida. La vida está en el cuerpo. Y ese cuerpo tiene que formar parte de tu identidad, de tu estructura. Y el cuerpo son dos cosas: el poder que tiene y el movimiento que tiene. Si no tienes en tu cuerpo el poder, no sentirás que es útil. Y si no tienes un movimiento que te haga sentirte bien, no sentirás que eres feliz. Así que la fuerza y la armonía de movimientos va a hacer que seas feliz. Con ello irás respetando lo más importante: el paso del tiempo en la vida. Seguirás viendo tu belleza, tus posibilidades, seguirás sintiéndote fuerte y potente.

Jon: ¿Y si eso no está tan así?

Joaquina: Tu cuerpo sufre, y tu alma también.

Jon: Pero el cuerpo en realidad es un medio, no un fin

Joaquina: La vida, en el cuerpo, es un medio, no es un fin. La vida es el lugar donde vamos a aportar valor. Más allá de tu cuerpo está lo que tú eres. La voluntad te exige que en la vida y en el cuerpo aportes valor: que eres capaz de vivir, de amarte y de sentirte una unidad.

Jon: La voluntad exige entonces, tener claro quiénes somos

Joaquina: Si, y lo primero eres un cuerpo, eres emoción, eres conocimiento, eres decisiones y eres un espíritu. Espíritu es ser social, sentirte uno. Cada una de estas partes te pide voluntad. Si, quien eres, te exige voluntad para identificarte: quién eres, cómo eres, cómo te comportas… ¿Cuánto valor tiene el poder lograr tener voluntad?. La voluntad no se puede convertir nunca en algo operativo si no sabes quién eres. El primer ejercicio de identidad lo hacemos con nuestro cuerpo: nos da una identidad de género, de nombre, de país… éstas son cosas visibles, tangibles. Pero, ¿quién eres más allá de eso? ¿qué puedes decir de ti mismo?. Solo cuando eres capaz de saber qué quieres y quién eres, puedes ejercer tu voluntad.

Jon: ¿Te refieres a la voluntad de controlar la comida o hacer deporte…?

Joaquina: Eso no es voluntad, es solo un ejercicio muy aproximado. La voluntad exige quién eres y qué quieres. La voluntad es un ejercicio supremo de reconocimiento de nuestro yo. Para ello hay que liberar tres cosas: El sexo, el dinero y la liberación de la culpa. Si no liberas estas tres cosas, no habrá voluntad. Es decir, si sientes que tu cuerpo es sucio cuando tienes un deseo, cuando necesitas compartirlo, cuando te quieres acercar a alguien, y lo ves sucio, y te das cuenta de que eso nace en ti de manera natural, que no es que lo estés buscando. Si te das cuenta de que tienes un televisor donde te ponen todo tipo de oportunidades y ofertas, pero te das cuenta de que no son para ti… Y te planteas… ¿Encima tengo que asumir culpas?. No quiero vivir. Pues todo eso es un fabricación de la “no voluntad”. Cuando uno realmente respira vida, ese tipo de cosas las descalifica, no las escucha.

Jon: Y, ¿Qué hacer?

Joaquina: La voluntad exige una depuración del sexo, de lo que pensamos del dinero, y una depuración profunda de la liberación de la culpa. De la tuya y de las personas que están cerca de ti. Estos tres elementos son imprescindibles para la voluntad. Si tienes culpa no vas a tener voluntad porque si estás queriendo hacer algo, lo vas a tapar. La voluntad no se consigue, porque la fabricación sobre nosotros mismos es falaz. La voluntad no está al servicio de las personas porque lo que podrían lograr les asusta.

Hacer, se podría hacer un ejercicio que consiste en escribir lo que quieres, lo que sea que deseas que crees te va a dar la felicidad. Al lado escribe una lista de las acciones que estás haciendo en este momento para conseguir eso que tanto quieres. Te darás cuenta en seguida de que es contrario. Por ejemplo, “yo lo que quiero es estar sano”, y hago todo lo contrario a cosas saludables. Hay una contradicción de base, una contradicción que anula la totalidad del sistema.

La voluntad está conectada a la respiración, a la fuerza de tu cuerpo, a tu capacidad de decir lo que quieres. Sencillez, “qué quieres”, sin darle vueltas: “Esto es lo que quiero” y entonces la voluntad se pone a tu servicio. Si hay algo que te quita la voluntad, es muy difícil que llegues a ser feliz. La voluntad es personal, nunca puede ser compartida, no es transferible. Es quién tú eres. Y desde ahí construirás el resto del mundo.

Jon: Entonces, ¿tenemos que pasar la voluntad por el filtro de si lo que queremos es verdad?.

Joaquina: La voluntad es un acto de hacer, no es un acto de sentir. Y tienes que ver qué es lo que estás haciendo. Ya que si no lo estás haciendo nunca lo vas a conseguir. Si conectas lo que quieres con lo que estás haciendo para conseguirlo de manera coherente conseguirás lo que te propongas, hasta las cosas más pueriles: la forma de comer de dormir… las cosas que sustentan el cuerpo, que suele ser donde más flagelación imprimimos. “No puedo dejar de fumar aunque se que me está matando”; “no puedo dejar de comer esto aunque sé que es perjudicial para mi”. Todos los elementos que tienen que ver con los tangibles son trampas para no llega a conseguir nuestra voluntad real, lo que queremos de verdad en nuestra vida. No te centres en los tangibles, en comer bien o mal. Céntrate en qué quieres en la vida y que cosa estás haciendo que te aleja de ello. Eso es lo realmente interesante. La mente volutiva consigue todo lo que quiere.

Jon: Y, así, unos puntitos para trabajar la voluntad…

Joaquina: Trabajar la voluntad: Primer instante, despertar: conectar con la vida. Nada más abrir los ojos tomar conciencia de la respiración y conectar con la vida. Si puedes hacer ejercicios de respiración con la ventana abierta, genial.

Segundo: conecta con la mejor cualidad de ti mismo. Con lo que eres, y no con lo que no eres. De esa forma generas amor hacia tu persona. Después de respirar tienes que conectar con lo mejor de tu persona, lo mejor de quién eres.

Tercero: Pensar en la unidad. Para esto tengo un truco: pensar en mi unidad personal. Siente que eres un todo. Conecta con un cuerpo completo, con una unidad completa. Siente que tu mano está al servicio de tu piel, que tus pensamientos están al servicio de tu respiración. Nota que eres un tinglado tan profundo y tan unitario, que si tocáramos un dedo de un pie, conectaríamos con la totalidad del sistema. Entonces siente que formas parte de una unidad. Y cuando salgas a la calle, al coche o a la moto, ya no te molestará el mundo, porque notarás que el que va al lado es como tu corazón, como una parte de ti. Y notarás que somos todos tan “uno” que cualquier cosa que le hagas a alguien, se lo estás haciendo a la humanidad.

Creo en el sentimiento de que nuestra voluntad hace crecer a la humanidad entera, es el sentimiento más hermoso. Si eres capaz de pensar en la unidad de tu cuerpo, luego en la unidad familiar, para luego conectar con el otro. A partir de ahí eres imparable.

16 El ego

A veces los diálogos son monólogos. La belleza de la forma y la profundidad del contenido no invitan a interrumpir con preguntas que solo desviarían el hilo conductor en una dirección que quizá no es la natural.

Jon: ¿De qué vas a dar el siguiente curso?

Joaquina: Del ego.

Jon: ¡Ah!, de ese traidor.

Joaquina: Es importante reconocer el ego como nuestro amigo, nuestro compañero de vida, como quien nos permite avanzar cada día. Voy a trabajar el ego dividiéndolo en tres partes, y plantearnos qué hace el ego dependiendo de dónde hayamos puesto el foco en estas tres partes. Ego es la sustancia que nos permite reconocernos como personas , como una entidad corporal, como seres que nos podemos comunicar con los demás, porque independientemente de lo que podamos pensar, necesitamos ser una sustancia independiente, una persona necesita independizarse de los demás para reconocerse, desde ahí gestionarse, y a partir de ahí comunicarse y compartirse con los demás.

De lo que voy a hablar es de la separación de la persona desde su lado más maravilloso, más divino teniendo en cuenta espacios de separación. Siendo la parte divina de la persona la parte más alejada de ego; la parte donde menos sustancia corporal podemos tener, y la voy a llamar la parte del espíritu, esa parte que cuando estamos totalmente desconectados de nosotros mismos estamos conectados a otro lugar donde nada nos preocupa.

En la medida que rompemos este velo con la duda de nuestras capacidades, de lo que somos, de a donde podemos llegar, vamos materializando el ego, y esa materialización va desde una sustancia muy suave y muy leve, que sería la primera sustancia del ego que es la mente, a la sustancia más fuerte del ego que es el físico. Y vamos bajando desde ese momento que sentimos que somos todo. Nos materializamos y, en el primer momento materializamos ideas, y las ideas son comunitarias, son globales, nos queremos apropiar de ellas pero en realidad lo que estamos pensando aquí, otro lo está pensando en otro sitio, otro en otro lugar..las ideas son universales, esta es la parte más universal del hombre, cuando es capaz de concebir y crear elementos que están en un constructo intangible, pero el hombre siente que esa idea es suya, se apropia de ella, y se percibe así mismo como propietario de cosas, y esto es la parte emocional del hombre.

Cuando el hombre se percibe, necesita materializarlo, convertirlo en algo suyo, y entonces lo hace físico convertido en material corporal, nuestro cuerpo o en materia económica nuestro dinero.

Desde este punto donde el ego casi es inexistente hasta este otro punto donde es tremendamente sustancial, van pasando cosas que nos van alejando de las personas que amamos. Propongo dos cualidades al ego que son las que nos hacen que el ego nos domine y no podamos caminar:

  1. La avaricia de tener, que nos hace separarnos totalmente entre lo que tenemos y lo que no tenemos.
  2. La pereza para no implicarnos, no comprometernos, para no ir cambiando, no ir creciendo, no ir siendo cada día mejores, sobre todo mentalmente. ¿Donde tenemos puesta la pereza? Porque el ego lo que quiere es ir creciendo, conseguir que nuestro cerebro y nuestras ideas pesen mucho más que nuestra presencia.

Jon: ¿Qué es lo que más le cuesta a las personas?

Joaquina: Es pensar en tono de comunidad. Por ejemplo: dos personas hablando de sus ideas, son incapaces de escuchar, de ver de dónde ha surgido ese planteamiento, toda la experiencia que está arropando el planteamiento de una persona para escuchar el planteamiento de la otra. Rápidamente nos convertimos en perceptores de nuestras ideas, las nuestras son las que valen y el sentimiento nos hace que no podamos ni escuchar al otro, para al final pensar está idea es mía, la he hecho yo y por ella soy capaz de matarte. Mientras que era idea, fuimos ligeros, libres, caminábamos, la contábamos en cualquier sitio, nos lo pasábamos genial contándola, pero cuando nos dimos cuenta que la idea podía convertirse en un éxito empezamos a matar a todos los que teníamos cerca, y la película del próximo cineforum es por excelencia la película que lo refleja : La Red Social – ego de ideas. Cómo el ego destruye las relaciones humanas.

El muchacho está conectado con Dios, todo fluye en su mente, y tiene la idea de ampliar ese marco con los demás, y cuando lo hace aparece el ego de los demás. Facebook, es la separación, la percepción de esto que estoy haciendo lo quiero yo, la envidia, la pereza, lo físico,

2ª película de ego: Lo que el viento se llevó – ego de personalidad. Ego físico. En el cuerpo, en el dinero, parte física, que os impide relacionaros más allá. Nos lleva a la comida, a tener un horario. Personas que quieren poseer. ¿Cuánta masa tenemos para hacer, que no nos permite movernos con libertad?.

En un ego relacionado con las emociones- Nos obliga a pensar que el gustar es lo más importante. Personas que quieren sentir. ¿Cuánta masa tenemos para sentir?

En un ego en el que pensamos que nuestra ideas son únicas. Que cuando vamos a decir nuestras ideas nos destruimos. Personas que quieren saber. ¿Cuánta masa tenemos para hacer?

Ego es egocentrismo, egoísmo, egolatría cuando está enfermo.

Cuando una persona tiene muy trabajado el ego, tiene la capacidad de bajar la idea, y la convierte, y la materializa.

16 Pensar las emociones / sentir los pensamientos

Es el inicio de la primavera. Los gorriones y las parejas juguetean en los parques. Paseamos por el jardín botánico, absortos en nuestra conversación y a la vez presentes en la vida exuberante que nos rodea.

Jon: ¿Qué sucedería si pudiésemos sentir al máximo y en ningún momento sufrir?

Joaquina: Hay un tiempo en el que somos tremendamente egoístas. Lo que necesitamos es aprender a crecer. Imagínate un niño de 2 años. Antes sus sentimientos no existen más allá de sus necesidades. Cuando el niño está intentando estar de pie, es inviable que tenga sentimientos. Lo que hace es utilizar sus sentidos para apalancarse, sujetarse, y desde ahí, poder movilizarse y relacionarse con los demás. Es decir, en estado de supervivencia no se puede sentir. Tiene sensaciones desde los sentidos, no desde los sentimientos.

Jon: ¿Cuándo y cómo, entonces nacen las emociones que no están vinculadas a nuestros sentidos?

Joaquina: El niño al sentir el movimiento, cree que se puede caer, y lo que hace es asentarse dentro. Esto le dura hasta los 10 años. Él va moviendo sentidos, que son espectacularmente sensibles, pero son egoístas. Son los sentidos que le permiten conectar con el entorno, conectar con las personas… Dice a la madre que la quiere, pero en realidad lo que necesita es que la madre le quiera a él. Necesita sentirse querido. El primer sentido que necesita descubrir es el sentido del miedo.

Jon: ¿Podemos pensar las emociones o sentirlas?

Joaquina: Todas las emociones que son de los sentidos no se pueden pensar, solo se pueden trabajar. Trabajar cómo has vivido tu egoísmo. Cómo has asentado los pilares de tu crecimiento sensible al entorno, a las reacciones sensibles a los sentidos. Es el autoconocimiento de tu desarrollo.

Jon: ¿Cómo se hace?

Joaquina: Teniendo en cuenta que el miedo se trabaja con la voluntad, la ira con aceptación, la alegría con la conciencia y ésta a través de la motivación. El asco y el desprecio se trabajan desde la obediencia y, por último, la tristeza se trabaja a través del desapego.

Jon: ¿Y las emociones?

Joaquina: Las emociones no existen como tal. Lo que existe es la elaboración de los sentidos llevados a las emociones. Lo que sucede es que el miedo se convierte en una elaboración que te lleva a la cobardía. El miedo es instintivo no puedes hacer nada con el. La cobardía es una elaboración del miedo: “Yo soy consciente de que tengo cobardía”. No ha sido instintivo. Puedes decir, y hacer un mapa, de tu cobardía. Empieza a los 12 años, cuando sales al mundo con el miedo de si te van a querer o no. Entonces el miedo pasa de ser instintivo a ser algo que te conmueve, te agita, no te permite estar en tu sitio. Ahí está la cobardía.

Jon: Entonces la cobardía, ¿es un miedo elaborado, al rechazo?

Joaquina: Un miedo al rechazo, a no ser válidos para alguien. Y se produce porque no tienes una aceptación de ti mismo. Entonces ya no se trabaja como con los sentidos instintivos. Aquí lo que necesitas es conocer tus cualidades que no has aceptado, pensar sobre ellas, y sentir el pensamiento que representa tu trabajo en tu aceptación. Vas a tomar pensamiento de tu rechazo, te vas a dar cuenta de dónde está, vas a elaborarlo. Te tienes que dar cuenta de que cuando te acercas a alguien y de repente le hablas, y has visto en sus ojos que primero ha mirado a otra persona, y tu no tienes los ojos claros, ni la estatura, y además eres un sesudo de narices, y a la otra lo que le gusta es ir a bailar… Entonces te cuestionas: “¿Será bueno ser sesudo? … igual lo que tengo que hacer es ir a bailar”. “Es que soy torpe, no sé si quiero aprender a bailar. No sé si quiero estar con ella…” Toda esa divagación, en realidad es un descontrol.

Jon: ¿De quién?

Joaquina: Un descontrol del pensamiento. El pensamiento ejerce un movimiento y una agitación en tu persona que no controlas. Pero, cuando te estás cuestionando si te gusta o no te gusta, no estás sintiendo, no estás moviéndote con la emoción. La emoción ha sido lo primero: “¿le gusto, o no le gusto?”. Pero cuando le empiezas a dar vueltas a qué estás sintiendo, lo estás pensando. Pero lo estás pensando sin sentido, fuera de ti, en un lugar donde no puedes trabajarlo. Ya está la obsesión, ya estás destrozado con la persona.

Jon: ¿Y qué tendría que hacer?

Joaquina: Pararte y decirle: “Tú no existes aquí. Lo que existe aquí es que yo me estoy cuestionando a Jon. Me estoy cuestionando qué siento yo”. Si te das cuenta de que no eres como la persona con la que te estás comparando, te das cuenta de que el problema es precisamente que te estás comparando con alguien. El problema es que estás diciéndote que tu belleza, tu forma de ser, tu decisión no es buena, y que igual la tienes que cambiar. Y en lugar de ponerte a trabajar sobre ti, te pones a vaciarte contra ella, generándote una cobardía que, cuando te acercas a otra persona, vas pensando lo que haría el otro. Y cambias de personalidad.

Jon: Y, ¿qué ha ocurrido en realidad?

Joaquina: Que has tenido un conocimiento de algo que hay en ti, que no funciona. En lugar de pensar y trabajar esa emoción para construir tu éxito interno, lo que haces es destruirte como persona.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque te has dejado llevar por una emoción que es incontrolable, que es la cobardía. Y la cobardía te deja en un lugar absolutamente inútil para la relación con el otro. No encuentras mecanismos. Entonces, cuando te encuentras con la emoción elaborada, tienes que identificar qué te pasa, identificar las áreas de no aceptación y trabajar sobre ellas. Esa cobardía no está en la emoción más elaborada, está en que cuando eres cobarde rechazas tu cuerpo. Identifica que rechazas de él, y sobre eso empieza el trabajo de identificar la emoción. Porque la cobardía siempre está instaurada en “mi cuerpo no es válido. No acepto mi cuerpo”. No aceptas las cualidades: la altura, la forma de ser… La cobardía tiene que ver con cómo mi cuerpo se manifiesta a la hora de estar con otra persona. Es de 12 a 16 años cuando se sufre el mayor calvario del mundo, porque sentimos que nuestro cuerpo no está habilitado para estar con los demás y gustarles.

Jon: ¿Y hay otros sentimientos aquí?

Joaquina: Si: la angustia, la pesadumbre… la cobardía los recoge a todos. Pero es una emoción: algo se mueve dentro, vibra y lo notas. Y el movimiento está, y no hay posibilidad de sujetarlo. Como estado compensatorio, entras en una ira profunda contra los que te rechazan. Ira entendida como pérdida de paz interior, pérdida de tranquilidad, desasosiego… un estado que se llama cólera profunda. Cólera contra el mundo que viene contra ti. Es una emoción que necesita la aceptación, y solo se resuelve cuando piensas que eres tú realmente el que está rechazando quién eres. El otro no te rechaza. Cuando eres consciente de que el rechazo surge en ti es cuando puedes corregir esto. Y esto se llama autoaceptación.

Jon: Pero, ¿por qué?

Joaquina: Porque tú tienes una cólera que se arraiga en tu sistema. Tienes una cólera que te sujeta el espíritu. Tienes una cólera que te hace estar todo el tiempo pensando fuera de ti. Entonces está ese sentimiento de que crees que la gente se ríe de ti, sientes que te están dejando en evidencia, estás incómodo todo el tiempo, estás sensible a lo que está pasando a tu alrededor… Pierdes totalmente el sentido del pensamiento. Y entonces tienes el pensamiento en un estado de competitividad continuo. Compites permanentemente con el entorno, y tienes cólera cada vez que pierdes, cada vez que te das cuenta de que en ese estado de competitividad has perdido el terreno. Llega un momento en que la falta de aceptación, la falta de contacto con tus sentimientos más sensibles, hace que se te olvide que cuando te comparas no estás emocionado, estás pensando. Negativamente, pero estás pensando.

Jon: Entonces las emociones, cuando permanecen en el tiempo son pensamientos nocivos y obsesivos que te llevan fuera de tu carril emocional positivo. Dado que se va a producir esa segunda emoción después de haber sentido el rechazo en mi infancia, no puedo evitar pensar en destructivo. ¿Cómo puedo descubrirla, pensarla y romperla para convertirla en autoaceptación?

Joaquina: Hay una emoción secundaria que te pilla, te da, te agita, y luego se convierte en un pensamiento reiterado obsesivo, que te habla de que en realidad piensas los sentimientos, pero los piensas fuera del lugar de la solución. Es imprescindible que construyas el pensamiento. Para ello necesitas conocer la emoción, reconocer la cobardía, trabajar de manera muy profunda todo lo que no aceptas de ti, y encontrar una motivación transcendente para tu vida.

Jon: ¿Qué pasa si me doy cuenta de que mis pensamientos no tienen emoción, que están ausentes de conexión con lo profundo?

Joaquina: Eso se produce a partir de los 24 años. Aparece el trabajo, la pareja, el compromiso. Cuando entras en el compromiso y no lo has sabido trabajar antes, tu pensamiento estará ausente de emoción. De emoción positiva: ese pensamiento que es valiente, que tiene paz, que es alegre, que es optimista con ganas de hacer cosas, y además está dispuesto a ser libre y a llegar a cualquier sitio. Y si no se carga de emoción positiva acabarás pensando que esta vida es una basura. Es decir: te enamoras de quien no se enamora de ti; si te enamoramos de quien si se enamora, se acaba rápidamente; no quieres tener hijos pero los tienes, quieres tenerlos y no llegan; quieres que te suban el salario y te lo bajan, quieres que te despidan y te dicen que somos estupendos… Empieza a suceder todo lo contrario. Ese pensamiento es: “Esto tan bueno, no sé cuánto va a durar”

Lo que pasa en el mundo es que el pensamiento está carente de emociones. Cuando el pensamiento tiene emociones y el sentimiento tiene pensamiento, las relaciones duran eternamente. Porque cada minuto tocas la piel desconocida. No hay nadie que, teniendo claras sus emociones y trabajando para ellas, no se de cuenta de que cada día, cada instante, las personas son diferentes. Es igual que la conozcas desde hace mucho tiempo. Si la miras con los ojos de la novedad, si la miras con los ojos del tiempo nuevo, si la miras con el pensamiento lleno de emociones, no hay nadie que no sea diferente cada instante.

Jon: Antes pensaba que la emoción era algo transitorio, y que para sentirla en plenitud era necesario cambiar de personas.

Joaquina: Eso es porque creías que la novedad estaba en los sentidos. Pero la novedad está en el pensamiento, no en los sentidos. Si el pensamiento es novedoso, los sentidos son novedosos. Pero, si el pensamiento es repetitivo, obsesivo y aburrido, los sentidos serán repetidos, aburridos, y no caminan. Si ahora te dieran un beso, y sintieras que ese beso es de hoy, y no de ayer, te temblarían todos los enanos dentro. Si te dieras cuenta de que es el pensamiento el que se emociona, ¿qué pasaría al sentir la mano nueva, la voz diferente, las palabras…? ¿Es acaso posible vivir lo mismo un día que otro?

Jon: No

Joaquina: Entonces tus movimientos provocarán pensamientos diferentes que te emocionarán cuando seas capaz de entender la novedad de ese pensamiento, la novedad de esa emoción.

Jon: ¿Crees, entonces, en el amor eterno?

Joaquina: Plenamente. Creo que se puede estar con una persona y no aburrirla jamás, porque tú no estás aburrido jamás. Creo que se puede vibrar en una onda casi irrepetible, pero para eso es imprescindible que la sociedad piense sintiendo y sienta pensando. Vinculamos el amor a la felicidad, y solo las emociones nos la quitan. No hay ninguna posibilidad de ser felices si no somos capaces de pensar nuestras emociones. Eso es así porque la felicidad es un estado de equilibrio entre la expectativa que tienes y los logros que consigues. Podemos ponerle muchos nombres mágicos, pero el hombre es feliz equilibrando esas dos cosas.

Salimos del jardín por la puerta de Murillo. Un nuevo paso, un nuevo aliento.

15 Romper la infelicidad (II)

Son las nueve de la noche. Las personas se acercan a abrazar a Joaquina, y mientras recojo los equipos de audio y video. Ya en el coche, todavía impactado, saco a Joaquina de su ensimismamiento.

Jon: ¿De dónde viene la información que impartes en los cursos?.

Joaquina: Estábamos en el tercer paso.

Jon: Vale, vale. Primero voluntad, segundo aceptación…

Joaquina: El tercer paso, en el plano grande, se llama conciencia. En el plano pequeñito se llama claridad. Creo que ésta es una de las cualidades más difíciles de aprender y, sin las dos previas, no se consigue jamás. Claridad para saber cuál es mi propósito, para qué hago las cosas. Claridad para saber quién soy yo en esta película. Quién soy yo en este proceso vital. Claridad para saber qué tengo que decir, qué tengo en mi cabeza, qué hay que me lleva a un lugar. Y aquí es la claridad de lo que sé y de lo que no sé. Muchísimas de las relaciones se rompen porque vivimos opinando, y no sabiendo. Es imposible tener claridad sobre lo que el otro sabe o lo que el otro siente.

Jon: Si, lo que hacemos permanentemente es poner un foco sobre el otro, y no sobre nosotros.

Joaquina: Se trata de tener claridad para saber dónde está tu bondad, tu maldad. Claridad para conocer tu conciencia, y no oscurecerla. Claridad para no echarle la culpa a ninguna persona. Claridad para saber cuál es tu horizonte, qué es lo que haces y no haces. Claridad para ser, verdaderamente, honesto, íntegro. Claridad para no retorcer las cosas que dices, ni las intenciones que hay. En suma, claridad de propósitos: qué es lo que quiero y qué hago para conseguirlo. ¿Estoy poniendo mi propósito en manos de otro?. Aquí está cómo defiendo yo mi compromiso. Cómo defiendo mi responsabilidad, lo que realmente estoy buscando. Detrás de esto está hacer que nuestra vida sea la que queremos tener.

Jon: ¿Qué necesito para tener claridad?

Joaquina: Lo primero de todo debes tener silencio. Lo segundo, palabras apropiadas. Pero lo primero, silencio, no voy a decir nada que venga contra mi. Y sobre todo, no voy a decir nada que vaya contra ti. Esa oscuridad que a veces tienen las personas: esto no te lo voy a contar, pero vengo por aquí y luego por allí, lo único que hace es destrozar nuestra vida y la de los demás

Jon: Entonces necesito conciencia

Joaquina: No. Necesitas estar claro para poner conciencia sobre las cosas. Si no estás claro, la conciencia no la vas a poner nunca al servicio de nadie.

Jon: Si no tengo voluntad, no gano en confianza ; si no gano en aceptación, no seré tolerante; si no pongo claridad sobre quién soy, qué quiero y qué hago, no encontraré mi propósito aquí, ni mi compromiso, ni mi responsabilidad sobre lo que me está sucediendo.

Joaquina: Ése es el punto, claridad para convertirte en lo que quieres ser, no en lo que dices que eres. Si hay algo que te va a dar felicidad, es la claridad. Cuando eres claro, honesto… Cuando dices las cosas con sinceridad, sin querer hacer daño a los demás… Cuando el otro se da cuenta que no tienes dobleces, que lo que estás diciendo es lo que piensas.

Jon: Por eso las personas te adoran.

Joaquina: Bueno, a veces puede que sea demasiado clara, pero, efectivamente, en mi no hay dobleces. Las personas saben que lo que digo es exactamente lo que pienso. ¿Qué pasaría si todos fuéramos claros?: Nos amaríamos. Sólo puedes amar la luz. Es inviable que te ames cuando no hay claridad en la que quieres. Si llego a casa un poco tarde, y esperando que me hayas cocinado, que esté la mesa puesta y los manjares esperándome… y cuando llego, estás viendo la televisión. Entonces, empiezo a hacerme la no ofendida, pero en el fondo te querría matar. Pasa media hora y te dejo caer: “Pues, podrías haber echo la cena, ¿no?”. Todo esto podría ser tan sencillo si te llamo desde el trabajo y te pido que tengas la cena preparada. Si me dices que no, fantástico: aceptación. Sigo en la felicidad. Y también te podría decir, “oye, pues voy a ir a cenar con unas amigas porque no me apetece hacer la cena”: voluntad.

Jon: Y entonces yo me tendría que trabajar la aceptación.

Joaquina: Es como un juego pero, en realidad, es la vida misma. Llévalo a donde yo quiero: Si tienes claro lo que quieres, es imposible que no seas divino. Todo esto es lo que te tienes que plantear para llegar a ser la mejor persona de este mundo. En este mundo de hoy las personas confunden claridad con decir las cosas que piensa sin ningún filtro. La claridad, desde lo divino, es un profundo amor a los demás. No vas a decir nada que a la otra persona le pueda llegar a ofender.

Jon: Entiendo que la claridad empieza por uno mismo

Joaquina: Sí, tenemos una gran capacidad de arrojar claridad sobre el mundo del otro. Tenemos nuestro problema que no resolvemos, pero el del amigo o el de la amiga lo resolvemos siempre. La falta de claridad es la consecuencia más importante de la infelicidad. Porque es la consecuencia del no amor. Si no eres claro, no serás amado. Te querrá un grupo de personas, pero el amor no existe. Si eres claro provocas una luz especial, un halo especial, y las personas te aman. Pero sobre todo te amarás a ti mismo. ¿Te ha parecido bien el tercero?

Jon: Impresionado. Estoy deseando llegar al cuarto.

Joaquina: La decisión es el cuarto paso para la felicidad. Para la felicidad hay que estar tomando decisiones permanentemente.

Jon: Hay que decidir sobre la voluntad, sobre si nos tenemos que poner a aceptar, sobre cómo gestionar lo claro y lo oscuro, lo que quiero, lo que quiere el otro… Un proceso continuo de tomas de decisión.

Joaquina: Sin embargo, la decisión surge del optimismo. Optimismo para creer que tu voluntad la puedes ejercer. Para creer que aceptando la situación se va a resolver. Optimismo para pensar que desde la claridad puedes llegar a conciliarte con los demás.

Jon: El optimismo es, entonces, para mirar lo anterior.

Joaquina: Pero una persona que no es optimista no puede tomar decisiones. Si en tu cabeza está el pesimismo errarás en tu decisión. Y si te das cuenta, el pesimismo anida en casi todos los cerebros 24 horas al día: “No voy a hacer esto, porque ¿para qué?”.

Jon: Pero, a veces, el pesimismo nos libra de errores.

Joaquina: El pesimismo te lleva a quejarte. Y la queja es la anulación de la felicidad, tuya y de los demás. La falta de optimismo te lleva a entrar en un mal humor permanente. Pero lo que es más importante: el pesimismo no te permite actuar.

Jon: Entonces, las decisiones que tomo desde el pesimismo, ¿son para no actuar?.

Joaquina: La respuesta a la decisión siempre es la utilidad: ¿Para qué hago esto?. Si estás tomando una decisión y estás larvando que no va a funcionar, la decisión estará condenada, o bien porque no estás aceptando las derrotas, o bien porque no estás aceptando otra voluntad, o porque no tienes claro cuál es el proceso y a dónde te lleva. Las decisiones nunca pueden estar alejadas del optimismo.

Jon: ¿Y si en la decisión hay alguna duda?.

Joaquina: Pues no se puede tomar la decisión. Te equivocarás.

Jon, yo creo en la felicidad total, y creo que la persona es feliz, pero no lo sabe. El sol no depende de las nubes, ni de dónde estés mirando. El sol siempre está, igual que la felicidad siempre está. Lo único que está interrumpiendo que la veas es la comodidad. Vienes de unos parámetros y de una realidad familiar, y seguramente has visto cómo un hombre y una mujer, después de un tiempo, Han hecho caducar el amor. Hay exigencias que antes no existían, miedo al trabajo, miedo a que las cosas pasen diferente de cómo esperan. Entonces, hay un pesimismo subyacente: “Si de las personas de las que vengo no he podido ver la felicidad, yo no la puedo conseguir”. Y has dejado el testigo de la consecución de la felicidad en dos personas que nunca las has visto felices. Pero no las has visto felices porque han pensado lo mismo que tú: “Si a ellos no les he visto felices, no puedo serlo”.

Imagínate que estás en una isla. En el lado derecho hay algo maravilloso, en el izquierdo también, y en el centro no hay nada. Tú estás en el centro. Pero, ¡qué horror!, tienes que caminar hasta allí para conseguir aquello, o tienes que caminar hasta el lado opuesto para conseguir aquello otro… Casi mejor estar aquí. Todos los días estás pensando: “En el lado izquierdo hay algo maravilloso y en el lado derecho también… si los juntara tendría todo lo maravilloso que hay en la isla”. A veces vas un poco hacia el lado izquierdo, pero entonces el derecho te queda tan lejos… y luego tienes que volver al centro, así que te quedas nada más que con ese trozo.

La mayoría de personas hacen lo siguiente: En sus islas personales, no han ido ni a la izquierda ni a la derecha. No han buscado ni a padre ni a madre. Los que han ido en una dirección les ha parecido demasiado lejana la otra… Así que todos vivimos carentes de la unidad. Carentes de la conjunción de esa maravilla. Si hoy recorrieras la búsqueda de tu isla personal, y fueras a buscar lo mejor de tu padre, y lo mejor de tu madre, y lo juntaras, serías imbatible. Pero eso requiere mucho perdón, mucha intención, y un poquito de esfuerzo.

Jon: ¿Entonces el pesimismo está inundado de esos dos polos tan tremendos?

Joaquina: Piensas que si eres como uno, no puedes ser como el otro porque no se llevaban bien. Al final toda tu vida se queda reducida a un desamor profundo a tus padres, por el esfuerzo que representa superar a uno de ellos, sobre todo. Ver lo maravilloso de los dos es un esfuerzo, pero ver lo maravilloso de uno de ellos, es mucho más. Ver a los dos y juntar esa maravilla dentro de ti es costosísimo.

Jon: Y el quinto paso…

Joaquina: El quinto es la entrega. Sólo eres feliz cuando eres libre para entregarte. La entrega se produce por tu libertad. Si tú estás condicionado a entregarte, o lo estás haciendo porque crees que lo tienes que hacer, o porque te ves obligado a hacerlo, la entrega es un auténtico suplicio. Aunque te estés inmolando. Nadie se entrega si no siente la libertad dentro. Y nadie se siente feliz si no es libre para esa entrega.

Jon: ¿Y el: “me entrego porque me necesitas”?

Joaquina: Eso es inmolación. No hay entrega. Podría entregarme o no, pero estoy haciendo lo que yo quiero. Y estoy al servicio porque yo quiero. La entrega desde la libertad, es incondicional. No esperas ningún resultado. Este es el punto más hermoso de los cinco.

Jon: Normalmente pensamos que hipotecamos nuestra libertad para entregarnos.

Joaquina: Lo importante es que la libertad la tienes que notar en tu espíritu. Te sientes libre para darte. Te sientes libre para esa donación, nadie te la impone, nadie te la exige… La entrega es lo que nos da la plenitud y nos hace sentir la felicidad, pero si no hay libertad, no la notas. Notas como unas cadenas que te oprimen y que no funciona.

Jon: ¿Me tendría que plantear cuál de estos cinco pasos soy incapaz de hacer?

Joaquina: Ahí está la semilla de tu felicidad. ¿En cuál de las cinco tarde o temprano caes en la trampa?..

Las cinco ayudas que puedo darte son:

Para la voluntad: Tener objetivos

Para la aceptación: Fluir con la vida. No criticar.

Para la claridad: Saber el propósito de las cosas.

Para el optimismo: Encontrar una utilidad en ti. Para qué estás en este mundo.

Para la libertad: Superar los celos. Superar la posesividad.

 

Y esta pequeña figura se adentra en el portal de su casa, dejándome una larga noche de reflexión por delante.

14 Romper la infelicidad (I)

Nos encontremos donde nos encontremos, o con quien sea que nos encontremos, la sempiterna pregunta de Joaquina aflora en sus labios con la naturalidad de la respiración: ¿Eres feliz?

Joaquina: No hay posibilidad de que seas infeliz… puede haber una ausencia de felicidad, pero no es lo mismo. Así que hagas lo que hagas, no puedes llegar a ser infeliz.

Jon: Pues a veces lo intento duramente.

Joaquina: Puedes estar infeliz, pero no ser infeliz. Tu percepción de la felicidad será más o menos amplia, pero no tendrás comportamientos felices, no estarás feliz, pero eres feliz sin darte cuenta.

Jon: Pero mi tendencia es a tener un grado de infelicidad

Joaquina: Ese es el punto donde no quieres hacer el esfuerzo para lo que has venido a hacer a esta vida. Y creo que ni tu ni nadie hemos venido a hacer grandes esfuerzos, solo un pequeño empuje. Es como cuando una mujer va a dar a luz. Le dicen “empuja, empuja, ya verás qué bueno lo que va a salir”, pero en el empujar está pensando “que dolor, no voy a empujar”, hasta que la realidad exige que se empuje. Nacer a la felicidad es como cuando el niño o cualquier cosa que vas a crear, ya está saliendo. Ya no puedes ir hacia atrás. Ya no hay posibilidad de no llegar a ser feliz.

Jon: Aunque sea 0.1, porque efectivamente, en algún instante todos hemos sentido felicidad.

Joaquina: Si, la felicidad como una transformación de un lugar a otro que te hace sentir pajaritos y mariposas que se mueven en tu interior ante un reconocimiento, un beso, una nueva pareja, un nuevo proyecto… Si en algún momento la has sentido quiere decir que la conoces. Si es así, sabes lo que te la provocó y por lo tanto la podrías repetir, si fuera tu intención. Por ejemplo, si la felicidad es que alguien te quiera, te olvidas de que alguien te quiera, y colocas a la felicidad la palabra del amor. El amor te da felicidad. El pequeño detalle es que pretendes que el amor venga de fuera y que te inunde, pero realmente, para que sientas la felicidad, es que el amor estaba dentro. Si no, es imposible sentir felicidad.

Jon: Entonces, no ser feliz es un problema de comodidad, indolencia, pereza… Eso que no me hace ir hacia el lugar donde quiero estar.

Joaquina: Es una elección. Alguna cosa que no quieres llegar a hacer. Algún miedo que no quieres acometer. La felicidad es un estado donde no cuestionas a nadie, simplemente fluyes, eres, estás en sintonía con quien eres. No hay dudas, la voluntad está a tu servicio, tienes conciencia de quién eres… Imagínate que entras a un trabajo por primera vez. Todo te resulta novedoso. El salario que te ofrecen te parece interesante, los jefes, como no los conoces todavía, son muy buenos… En cuanto pasan dos días, ya tienes asegurado el sueldo, y empiezas a sentir que igual no es la empresa, que igual no te está dando lo que te tiene que dar… El ser humano pierde la felicidad por no querer ejercer un estado de donación o entrega continua. Por no ser él el que está en continua acción hacia lo que quiere, sino que espera a que la acción venga de fuera. La comodidad solo surge porque te pones en espera, en lugar de en acción. Si estás en acción, sin cuestionarla y en tu luz más intensa, es inviable que no estés en estado de felicidad permanente.

Jon: ¿Y por qué las personas, en lugar de estar pulsando nuestros deseos, expectativas, proyectos, los estamos poniendo continuamente en el lugar del frío que representa: qué sienten los otros por mi, qué esperan los otros de mi?. ¿Qué nos hace estar en una expectativa permanente para intentar que los demás nos den aquello que es imposible que nos den?.

Joaquina: Nadie te puede dar amor si no lo sientes dentro, nadie te puede dar inteligencia si no estás dispuesto a ser inteligente, nadie te puede dar escucha si no estás dispuesto a escuchar, nadie te puede tocar con amor si tu piel no siente el amor. Nadie puede ser un hacedor de tu felicidad, solo tu mismo. La gran cuestión para la felicidad es trabajar lo que tú quieres para ser feliz, trabajar lo que tú buscas para ser feliz. Si quieres un mundo mejor, un mundo sin corrupción, si quieres personas sensibles, trascendentes… No puedes estar mirando a que alguien de fuera lo haga. Se trata de que hagas un plan personal y te digas: ¿cómo hoy puedo ser la persona que quiero ser?. No importa como sean los demás. En la corruptela, somos todos corruptos. En el desamor somos todos insensibles. Pero en la medida en la que cada uno nos responsabilizamos de lo nuestro, es imposible que seamos infelices.

Jon: Es muy difícil que se siente alguien frente a ti y te diga: “Joaquina, hoy me encuentro muy mal porque teniendo mucho amor, no lo he dado”. “Hoy estoy fatal porque no me he entregado y dado todo lo que yo puedo en mi trabajo ya que no me pagan lo que merezco”.

Joaquina: Todavía no me he encontrado con nadie que se plantee el reto: “Hoy yo tengo esto, y no lo estoy haciendo operativo”. Tú eres el que tiene el plan de acción para la felicidad. “Yo soy feliz si gano 5.000 euros al mes”, “Yo soy feliz si mi pareja me dice 10 veces al día que me quiere”… Cuando pones la felicidad en algo que tiene que suceder fuera de ti, no llegará porque nunca nada externo es exactamente como tu lo querías. Siempre que haya una expectativa hacia fuera, hay un grado de insatisfacción dentro.

Jon: ¿Es esa la comodidad?

Joaquina: La comodidad no es que tú no quieres hacer cosas; comodidad es que pones fuera de ti la expectativa del logro, la expectativa de la solución, la expectativa de lo que tiene que venir. De tal manera que no es tu responsabilidad, no puedes hacer nada… Pero mientras la expectativa esté fuera, la felicidad no llega. Mientras no te plantees cuál es tu verdadero potencial y lo pongas al servicio de tu intención, la felicidad no llega.

Te voy a plantear cinco retos de felicidad. En tus momentos sublimes de felicidad siempre han estado cinco piezas que engranan a la vez: La primera es la confianza. Si confías en ti o en otros, tienes la primera parte de la felicidad cubierta. Y dentro de la palabra grande “confianza”, la que te da la felicidad es la voluntad, que es la que te permite confiar.

Jon: ¿Me estás diciendo que sin voluntad nunca confiaré en mi mismo?

Joaquina: En el momento que la voluntad no está a tu servicio, que dices que vas a hacer algo y no lo haces, inmediatamente aparece la desconfianza en ti mismo.

Jon: Eso quiere decir que la confianza es un resultado de la voluntad, no al revés

Joaquina: Tu autoestima está cuando te haces un plan y lo cumples. Entonces es cuando confías en ti. Nos pasa con los demás: cuando la voluntad del otro no está en lo que te dice, desconfías. La voluntad afianza en un terreno, casi sin darse cuenta, quién eres tú. Así que, el primer paso para la felicidad, es la voluntad.

El segundo paso es la tolerancia. Pero como pasaba con la confianza, lo que en realidad nos da la felicidad es lo que está escondido detrás de la tolerancia: la aceptación. La aceptación del otro y de ti mismo. Es decir, pongo mi voluntad al servicio de mi felicidad, pero acepto que no siempre mi voluntad es perfecta. Acepto que en un momento dado las cosas no sean como yo quiero. Acepto que en un momento dado haya claudicado. Acepto mi humanidad. Y acepto que los demás me digan algo y de pronto no lo puedan cumplir. La aceptación exige tener claro cuál es tu voluntad. No se trata de que cambies la voluntad, sino que aceptes sus procesos vitales.

Jon: ¿Y esas teorías donde eso parece que es debilidad y que la voluntad tiene que ser de hierro y la exigencia sobre ella extrema, para no hacerme débil o laxo?

Joaquina: Todo lo contrario, cuando no eres crítico contigo, cuando eres respetuoso con tus fracasos, cuando eres capaz de entender que tu voluntad está dentro de ti y por lo tanto puede no ser tan fiable en un momento dado. Pero estás en disposición, estás caminando hacia tu felicidad. No hay duda de que esa aceptación te hace fuerte, te hace único, te da una gran paz interior que es lo más próximo a la felicidad. Desde la autocrítica es inviable construir la felicidad.

Jon: Primer paso: Tengo la voluntad, marco objetivos. Segundo paso: Tolero mi camino por estos objetivos. Me estoy conformando como una persona feliz.

Joaquina: Pero no es autocomplacencia. Es saber quién eres, no dejarte llevar por la frustración, ser resiliente a tu propia naturaleza. Es la aceptación la que te permite ser tolerante. Acepto el camino hacia la felicidad. Imagínate si cada día que nos levantásemos, pusiéramos todos nuestra voluntad en cambiar nuestra naturaleza: nuestra naturaleza cobarde, indolente, sometedora de los débiles… Porque en realidad esos no somos nosotros. Esa es la parte menos nuestra, la parte menos bella de nosotros mismos. Y yo sé que cuando tenemos la voluntad a nuestro servicio, nuestra capacidad para ser buenos con los demás es infinita. Es difícil que alguien maltrate a otra persona cuando la voluntad está a su servicio, cuando es capaz de mirar al otro y decir: “Si yo respeto mi voluntad, voy a respetar la tuya. Si yo respeto mi autoridad, voy a respetar la tuya. Si yo respeto mi vida voy a respetar tu vida”. Ese respeto de voluntades es lo más importante para mi. El hacer felices a los demás solo se produce porque tú eres feliz. Nunca me he creído que se pueda ayudar a nadie. Solo te puedes ayudar a ti mismo y compartir esa ayuda que te das a ti mismo, con los demás.

Jon: ¿El tercer paso?

Joaquina: El tercer paso otro día, Jon, tenemos que empezar el curso.

Entramos en la abarrotada sala y el amor de las personas nos inunda. Joaquina se escala hasta alcanzar un tamaño extraordinario, y desde el escenario, nos mira y sonríe: ¿Sois felices?