Acerca de Jon Elejabeitia

CEO & Founder NEXTYOU, Arquitecto

235 Qué significa entrar en verano

Es julio, y con la mirada reposada en un cantábrico tranquilo buscamos el sentido del verano. Como cada verano, nos alejamos de Madrid en busca de tranquilidad para escribir, para preparar cursos y para revisar lo que hemos hecho.

Jon: ¿Cómo es la energía del verano?

Joaquina: La energía del verano es masculina, de luz, y por lo tanto de compromiso y trabajo.

Jon: Cualquiera lo diría, viendo las playas y siendo la palabra “desconectar” la más usada en estas fechas.

Joaquina: El clima nos enseña a trabajar con nosotros mismos, y lo que hacemos es lo contrario de lo que nos enseña.  El entorno es un aviso del trabajo que debemos de hacer,  y lo entendemos como una agresión. Por ejemplo el invierno nos dice que no tenemos, y lo que quiere decir es que debemos buscar dentro de nosotros  lo mejor que tenemos, nuestro valor, para utilizarlo y avanzar, y no sentirnos carentes. Y lo que hacen las personas en invierno es sentirse  carentes y esperar a que los demás les den. Estas son las contradicciones que vive el ser humano en cada estación.

Jon: El clima, entonces, nos enseña a trabajar con nosotros mismos.

Joaquina: Si llega el verano con su luz, es que tenemos la conciencia para ponerla en nuestra experiencia vital y que veamos lo que tenemos, lo que nos falta y todo lo que podemos alcanzar.

Jon: ¿Con qué nos conecta el verano?

Joaquina: En verano hemos entrado en el tiempo caliente, y éste exige quitar cosas, y no es ropa, es quitar las trabas que hemos puesto por el frío. La luz nos hace salir fuera, clarificarnos, y exponernos a lo que somos. El verano nos conecta con dejar cosas.

Jon: ¿Para qué se dejan las cosas?

Joaquina: Para aproximarnos profundamente al pensamiento, a la mirada y ver con qué nos tenemos que comprometer y qué nuevos campos tenemos que abrir. Sin embargo decidimos quitarnos la cabeza para no saber que es lo que vamos a hacer.

Jon: Entonces, ¿qué necesitamos para que el verano nos ayude en nuestro desarrollo?

Joaquina: Al entrar el verano lo que necesitamos primero es gestionar compromisos. Pensar cómo vamos a entrar en esos compromisos. Lo segundo es saber manejar los símbolos del verano.

Jon: ¿A qué te refieres con los símbolos del verano?

Joaquina: Por ejemplo, uno de los símbolos, cuando llega el verano, es que  lo que necesito es quitarme la ropa. Lo que en realidad nos esta queriendo decir el verano es que nos debemos quitar de todas las cosas superfluas que no necesitamos. La llegada del verano nos compromete principalmente con eliminar todos los trajes de falsedad que tenemos puestos. Para entrar en los compromisos debemos quitarnos todos los trajes que no nos han servido para nada.

Jon: El invierno, como no tenemos nada, es para mirarnos dentro. El verano, como lo tenemos todo, la mirada es para quitar lo que sobra.

Joaquina: El verano es el crisol de la conciencia. Cuando llega el 21 de junio nos dice: ha llegado la claridad, se han parado los vientos y, ahora, ¿qué quieres de tu vida?. Esta es la pregunta clave. En el momento que entras en la conciencia del verano tienes que tener claro qué es lo quieres, y por qué. El verano necesita una justificación clara, se pregunta por qué quieres lo que quieres, y por qué eres como eres. Si no encuentras las respuestas te sentirás perdido.

Jon: ¿Quién soy?, ¿por qué estoy aquí?… Buenas preguntas que suelen terminar sin una respuesta clara y encerrándome más en mi mismo.

Joaquina: Eso es por miedo a ser conocido, miedo a la claridad, miedo al compromiso. Para salir de ahí necesitas tener conversaciones positivas y constructivas. De lo contrario puedes entrar un poco en la obsesión. Al principio del verano has abierto tus puertas a investigar sobre tus oscuridades, y lo que quiere el verano es poner luz sobre tu oscuridad. El principio del verano lleva a la luz tu pensamiento más destructivo, para que lo cambies y lo resuelvas,  no para hacerte daño, ni para criticar y que te obsesiones en tu debilidad. Te dice  que el propósito de tu vida es tener una mente clara para que puedas comprometerte con los demás. ¿Cómo te vas a comprometer si estás perdido en tus propias debilidades?, es imposible. Comprométete conociéndote.

Jon: El cambio entonces es pasar de ser obsesivo, inconcreto y oscuro, a ser transparente, concreto y creativo.

Joaquina: La obsesión es el propósito no comprometido y no nos permite caminar. El verano conecta con nuestro cerebro, con nuestra conciencia, y todo aquello que convierte en una obsesión, o en algo descalificatorio, se convierte en una imposibilidad de avance. El verano dice: “Todo lo que no sabías, lo puedes saber ahora porque yo te doy luz sobre tu experiencia vital, quiero que veas lo que  tenías y lo que te falta y todo lo que puedes alcanzar.”

Jon: Quitando las obsesiones aparece la fortaleza, con la claridad aparecerá la fuerza y de ahí voy al compromiso.

Joaquina: El verano es lo previo a las decisiones, lo que quiere decir que aquí se empiezan a almacenar las grandes ideas, para después tomar las decisiones. ¿Qué nos impide tomar decisiones? La obsesión.

Jon: Me has dicho que esto ocurre al principio del verano. ¿Qué pasa después?

Joaquina: Cuando ya tenemos claridad, a partir del 21 de julio tenemos que tener una motivación para el cambio y el compromiso.

Jon: Motivación es algo que he buscado durante muchos años…

Joaquina: La mayoría de las personas desmotivadas, son personas que no han sido reconocidas en su inteligencia, en su capacidad de comprometerse y responsabilizarse de las cosas. Las híper motivadas, híper activas, con una capacidad de desarrollar proyectos y un compromiso tremendo,  son personas muy reconocidas por su padre, o ellas han reconocido mucho a su padre.

Jon: ¿Entonces a mediados del verano deberíamos buscarla?

Joaquina: Este período es el motor de la transformación del mundo, no nos vale tener ideas si no nos comprometemos con ellas. Cuando estás dispuesto a trabajar sobre una motivación construida, sana, transparente, te conviertes en el rey de la felicidad, del amor… Si antes no te has trabajado la claridad, se convertirá tu año en un devenir desmotivado, irresponsable, descomprometido, y te hará pasar el peor año de tu vida.

Jon: Resulta que el entorno más frívolo del año es definitivo para la felicidad y el amor

Joaquina: Nacemos en un medio, que lo que hace es permitirnos el avance o el desarrollo, sin embargo, fue muy hostil y frío al principio de la historia. El hombre puso toda su intención en defenderse de este entorno, ya que el invierno duró cientos de millones de años, y durante todo este tiempo el hombre se sintió carente, que le faltaban cosas y las buscaba fuera, hasta que aprendió a buscarlas dentro.

Cuando empezó a buscar las cosas dentro de si,  el entorno se hizo mucho más agradable, y empezó a mirar a las personas que tenia cerca, y empezó a relacionarse  y a darse  cuenta de que además de existir él, existían los otros, y se le movió el interior tan profundamente que sintió que los otros le quitaban la paz, y le agitaban demasiado, que se le motivaban los deseos, las expectativas, y aún así siguió avanzando y pensando que las relaciones humanas eran interesantes, y que debían consolidarse. Y desarrolló todo un proceso de estímulos para llegar a sentir el amor, y querer formar casas y hogares,  y  el hombre y la mujer se juntaron e hicieron  familias.

Cuando la agitación y los deseos de estar juntos se relajaron, se dieron cuenta de que podían aprender estando juntos y también estando solos, y apareció la necesidad de crear un mundo nuevo, donde la conciencia de lo que hay y de lo que sientes por los demás, te hace la vida mucho más fácil. Entonces el mundo se dulcificó y se expandió para que podamos conocer formas diferentes de vida. Y el amor se hizo algo irrompible y la felicidad se convirtió en una meta.

Cuando el hombre duda del amor de los demás o de lo que él es, vuelve al invierno y a la zozobra; y cuanto más conscientes seamos  de todo lo que somos, de todo lo que tenemos, de todo lo que sentimos, de todo lo que sabemos, más posibilidades hay de que el mundo sea de verdad y se convierta en un paraíso.

Solo el sentimiento de carencia y el sentimiento de exigencia que tenemos hacia los demás, destruye este ecosistema tan extraordinario que existe.

Estos dos meses pediría que te plantearas todo el tiempo lo hermoso que es cuando tienes el pensamiento de yo soy, yo tengo, yo puedo, yo comparto, y lo maravilloso que es cuando te levantas con una motivación y  un propósito de tu cambio y transformación personal. No dejar de mirar todos los días el faro del amor y la felicidad que es creer en ti mismo, en tu sociedad, creer sobre todo que el amor es un ejercicio de respeto a uno mismo, es crear tu personalidad y estar motivado para hacer la vida y poder perdonar y poder dejar atrás todo lo que no sea eso. Olvídate de todo aquello que no sea tu camino, tu creencia, o tus ideales, y de todo aquello que no sea  la motivación para hacer lo que amas.

Habla Joaquina y habla el cantábrico. Y después, ya solo queda silencio.

234 No hay nada que hacer

Joaquina: Hay algo que nunca has hecho: jamás te has olvidado completamente del cuerpo… No se te pide que eso ocurra por más de un instante, sin embargo, en ese instante es cuando se produce el milagro. Después verás el cuerpo de nuevo, pero nunca como lo veías antes… Si quieres avivar tu camino, sentir que todo el proceso de esta vida es sencillo y delicado, puedes recurrir a este escrito amoroso en el capítulo 18 de Un curso de milagros: El final del sueño.

Jon: Romper nuestro sueño, vencer las pesadillas, parece un ejercicio doloroso…

Joaquina: Al final comprobarás que nada es real. Que todo lo que hemos construido como una realidad desaparece con una dulzura y delicadeza maravillosa. Una construcción que nació de nuestro recuerdo, al que tenemos que acudir para liberarnos de su pesado lastre y abrirnos a la luz del presente, del aquí y ahora. Evidentemente todo aquello que para nosotros ha sido de gran significado hasta el presente, forma parte de nuestros hábitos y nos parece difícil y hasta imposible poder reducirlo a la sencillez de no tengo que hacer nada.

Jon: Estas palabras en sí mismas encierran una agresión a nuestra creencia constante de lo mucho que hacemos, del gran esfuerzo realizado y que todos nos tienen que agradecer,

Joaquina: Sí, pero a partir de este momento van a tener un significado de liberación y aceptación que nos resultará tan grato como el sonido mágico del violín o los fragantes aromas de las flores en el jardín de nuestros sueños más dorados.

Jon: Has dicho alguna vez que venimos a este mundo a aprender, como que hemos repetido curso y nos dan otra oportunidad.

Joaquina: El Ser ha venido con una intención de aprendizaje que parece como una asignatura pendiente, sin aprobar en algún tiempo desconocido, en una etapa anterior, en la que en si misma no se define como propia, pero que la has hecho tuya. Su única intención es, efectivamente, aprender, y después de ese aprendizaje abrirse a la entrega. La condición de esa entrega está únicamente en la integridad, un elemento que nos parece terrible de conseguir y sin embargo sólo tiene la condición de pensar, sentir y hacer coherentemente lo que aprendemos. 

Jon: En sí mismos los principios de lo normal se nos hacen abigarrados e insufribles y por lo tanto sumamos a nuestros esfuerzos diarios lo que es asequible de forma natural en la propia existencia.

Joaquina: El hombre se siente culpable de su separación y va fabricando nuevos culpables para liberarse de la limitación que él se pone a sí mismo. En esa andadura, va fortaleciendo su misión en la tierra con el orgullo, los complejos y los miles de deseos que alimenta y le alimentan como limitaciones donde surge el apego al cuerpo, al tener que hacer y a la complejidad de una existencia que en si misma es fácil y fluida llena de elementos de felicidad, paz y serenidad.

Jon: ¿Cuál dirías que es la dificultad para trascender y abrirnos a aprender?

Joaquina: La primera dificultad es el orgullo. Se rompe el uno y aparece la separación. Pensamos que hemos venido con una limitación al observar que tenemos algo que aprender y que ese aprendizaje nos aporta una serie de dificultades que nacen más de nuestra negación al aprendizaje que de cualquier posible limitación.

Jon: Sí, y eso nos hace mirar a los demás sintiendo que ellos traen esa cualidad que nos falta y culpamos a Dios de ser un Padre Injusto y Castigador.

Joaquina: La segunda dificultad son los complejos. Al mirar a los demás hemos comparado las cualidades invadiéndonos de complejos y soberbia. Un sentimiento de inferioridad o superioridad ante los valores de los demás. Esto nos impide hacernos uno con el otro.

Jon: Entiendo que el complejo de superioridad es cuando sientes que es una cualidad que tienes por encima de los demás o al menos del otro más próximo y con el que atacas para sentirte seguro y alejado de la posibilidad de sucumbir a la igualdad o unidad. Y el complejo de inferioridad es cuando sientes que es una cualidad que no tienes y te hace vivirte por debajo de los demás, o al menos del otro más próximo al que permites que te ataque con el fin de señalar un culpable y diluir en él tu disculpa para acentuar la separación.

Joaquina: La tercera dificultad son los deseos. Ser uno separado de la Unidad, sentir que tienes valores por encima o debajo de los demás, te lleva a desear hacer, poseer, tener cosas o elementos que te refuercen en ese triste caminar hacia los apegos de los valores de la tierra.

Jon: El objetivo de esto es la aceptación de que todo lo que necesitamos para procesar nuestro aprendizaje en esta etapa está dentro de nosotros y convive de una forma armónica con nuestro vivir diario.

Joaquina: Imagínate un niño pequeño que llora desconsoladamente porque tiene que acudir al colegio. Su estado de ansiedad, su profunda alteración conmueve tanto a su mente no recta que acaba provocándole algún desajuste físico con el que justificar la ausencia.  La madre buscará la forma de aliviarle todo este proceso hasta conseguir que venza su rechazo a la responsabilidad. Posiblemente ambos creerán que han hecho algo. Simplemente ahora empieza un proceso que se alteró por la no aceptación de aprender.

Jon: Utilizando el símil del niño, nuestros espíritus que son como bebés que se niegan a obedecer van buscando disculpas para un proceso que tarde o temprano tendrán que acometer.

Joaquina: Buscamos soluciones a un descenso provocado libremente por nosotros, comprometiéndonos en el inicio de este proceso que nada de lo que vamos a hacer es real, que solo es nuestra mente “no Uno” provocando una separación que tiene que restaurarse en su única verdad y desde ahí caminar. El miedo a enfrentarse a nuestra pequeñez, a lo sencillo de la felicidad y el logro de la paz, hace que todos nosotros deambulemos por la vida alejados de nuestro Padre, que siendo amoroso lo miramos como un gran castigador, frío y desdeñoso que nos espera con un deseo de dañarnos y recriminarnos nuestra huida. Bendito sea el momento en que cerrando nuestros ojos dejemos fluir nuestro Ser hasta los brazos de nuestro amado Espíritu que reconvertirá esta situación en un Instante Santo donde cada uno de nosotros será un “Uno” grandioso y armónico.

Jon: ¿Cuál sería el trabajo?

Joaquina: Antes de plantearte hacer un trabajo innecesario, mira con suavidad a tu hermano, al que tienes en frente de ti e intenta librarte de tu orgullo, deja que todo tú vuele hasta la Unidad, un solo pensamiento, Dios, una sola imagen unirte a Él, un solo maestro el Espíritu Santo, déjate ir, nota como la fragilidad de tus ideas se hace cada vez más intensa, nota como el ser es leve, sutil, no está. Nota como no tienes que hacer nada. No obstante, si no lo consigues, si ves que el orgullo te atenaza, te disculpas detrás de los complejos, y los deseos de especialidad te inundan vamos a buscar una fórmula para salir de todo ello y elevarnos a Él desde pensar que tenemos algo que hacer, desde nuestra pequeña pataleta a la puerta de la casa de Dios sin querer entrar.

233 Recuperar los recursos personales

Joaquina: Todos tenemos una duda universal que nos induce a pensar que no somos únicos, que siempre habrá alguien mejor que nosotros, alguien que sepa hacer algo que nosotros no. Esta duda puede generar diversas actitudes como, por ejemplo, la desconfianza. La causa más importante de dolor para alguien con este problema está en que esa persona sabe que hay alguien mejor, y seguramente sea así. Hay alguien mejor, pero ¿en qué? Podrías buscar dentro de ti y aprender de esa persona que te supera, pero en ese momento decides que tu patrón de comportamiento será la desconfianza, y eso hace muchísimo daño.

Jon: ¿Cuáles son los pasos?

Joaquina: El pensamiento te dice que hay alguien mejor. Este pensamiento genera una actitud, la desconfianza y esta, a su vez, induce a un comportamiento, en este caso, la huida. Este comportamiento tiene unos indicadores, unos movimientos. Por ejemplo, cuando te encuentras en una situación de huida, dejas de mirar, dejas de hablar, te alejas de las personas.

Jon: ¿Y cuando desconfiamos?

Joaquina: Cuando desconfiamos elaboramos un indicador para que el otro lo lleve a cabo y nos permita liberarnos de la culpa, lo lanzamos para que las personas hagan lo que nosotros creemos y entonces podamos proyectar la culpa en ellos. La culpa se genera porque nosotros estamos reflejando, creando espejos de nuestra propia debilidad. Llega un momento en el que es tu deber darte cuenta de que toda tu vida, desde la desconfianza, has estado testando a personas para poder confiar en ellas o desecharlas. Y eso seguirá siendo así hasta el momento en el que recojas los indicadores, te atrevas a mirar, a hablar, a estar, aunque desconfíes, rompas esa debilidad y te sitúes, por fin, en la confianza.

Jon: ¿Cuál es el error?

Joaquina: El error que cometen muchas personas es el de trabajar en ser buenos fuera de su cualidad, salirse del cuadro de trabajo y marcar otros hitos de desarrollo para justificar y disculpar el ser malos en esa cualidad. Mientras no entremos en la caja del verdadero trabajo, todo lo demás serán pruebas de dolor; podemos haber hecho los méritos más impresionantes, pero si estamos fuera de la línea de trabajo, estas pruebas solo nos harán llenarnos de desconfianza, no habremos hecho nada en nuestra vida. No importa que trabajemos, que estemos haciendo cosas permanentemente. Si no trabajamos la causa concreta de la duda, todos esos esfuerzos no valdrán de nada. Las pruebas seguirán siendo durísimas si no somos capaces de darnos cuenta de que estamos aquí únicamente para salir de la duda. Lo demás es accesorio.

Jon: Pero eso puede llevarnos a pensar que la vida es un sistema injusto.

Joaquina: Sin embargo, nuestro sistema es justo, sencillo y razonable. En el camino para vencer la desconfianza existen muchos matices de trabajo: aceptación, conciencia, decisión, seguridad… Si, cada vez que sientes esa desconfianza, te dieras cuenta de que te ocurre porque no estás trabajando en tu línea de acción y decides actuar en consecuencia, tendrás una liberación absoluta del problema. Sin embargo, si lanzas la culpa a la otra persona, si te estancas en el pensamiento de que la otra persona huyó de ti, no te quiere, estarás proyectando tus propias inseguridades. Necesitas darte cuenta de lo que has venido a aprender: la superación de tu desconfianza.

Jon: ¿Cómo vencer la duda?

Joaquina: Dios pone a nuestro servicio todas las herramientas de amor para vencer la duda, y todas las herramientas de desamor que encontramos son porque hemos salido del camino; no las pone Dios, nos las ponemos nosotros. Cuando una mujer mira a la persona que tiene delante y le reprocha que no la ama porque está rehuyendo su mirada, porque no está hablando, si la culpa por no amarla como se merece estará cometiendo el mayor fraude. Estará diciendo al otro que no tiene derecho a hacer lo que ella hace. Cada vez que lanzamos un dardo contra otra persona debido a nuestra desconfianza, el mundo nos lanza las pruebas más duras para que podamos darnos cuenta de que nos hemos salido del espacio de trabajo y volvamos otra vez al redil. Si echas la culpa a alguien de lo que tú haces, las pruebas serán terribles. Todo lo que pasa a tu alrededor que no es aprovechable para el cambio, para la salud, para el camino, todo lo que no te da la riqueza, que no te aporta prosperidad y no te facilita la vida que persigues, todo eso se debe a que has lanzado la culpabilidad contra otras personas.

Jon: ¿Cuál es el método de trabajo?

Joaquina: Para vencer el miedo debes “matar” a tu persona, convertirte en la profunda desconfianza para poder resurgir y llegar a la confianza absoluta. El gran asesino de esta línea de trabajo, el asesino de la culpa, se llama disculpa.

Jon: Volvemos a lo que has dicho antes: muchos de nosotros trabajamos fuera de nuestra cualidad para poder justificarnos, disculparnos.

Joaquina: Son cosas extraordinarias que creemos que deben ser valoradas por los demás y que continuamente estamos llevando a cabo. Para seguir este método debemos, en primer lugar, encontrar nuestra cualidad, que marcará la línea de trabajo. Somos extremadamente algo y extremadamente “desalgo. Esto quiere decir que algunas veces utilizamos la cualidad muy bien y otras muy mal, dependiendo de con quién estemos o la materia en la que estemos ocupados en cada momento.

Jon: Pon un ejemplo.

Joaquina: Una persona será muy confiada con algunos conocidos y muy desconfiada con otros. De la misma manera, alguien puede ser muy paciente con los asuntos que le interesan y muy impaciente con los que no.

Jon: El equilibrio está en el centro.

Joaquina: No debemos, por tanto, estancarnos en la certeza, en el pensamiento de que alguien es mejor que nosotros. El pensamiento real al que debes llegar y que tu vida te va a pedir que elabores, que debes convertirte en alumno aventajado de la persona que tiene la cualidad que tú crees que no tienes. Si hay alguien mejor que tú en, por ejemplo, la constancia, todo tu trabajo deberá centrarse en conseguir aprender ese tesón. No trabajarás en la constancia, pues de entrada careces de ella, sino que la aprenderás para superar la desconfianza, tu verdadera cualidad, en la que puedes ser realmente brillante. De la misma manera, esas personas de las que tenemos que aprender tienen una cualidad negativa de lo que nosotros tenemos en positivo. Tendrán algo que aprender de nosotros, igual que nosotros debemos aprender de ellos.

Jon: El método de trabajo es, por tanto, aprender esa cualidad de la que carecemos con el objetivo de trabajar aquella que sí tenemos. Debemos penetrar en la culpa para que se disuelva, saber qué es lo que nos falta y qué es lo que genera nuestros problemas.

Joaquina: En este caso, la constancia es lo que da sentido a que trabajes tu desconfianza. Las personas que encuentran cualidades que les faltan tienden a pensar que Dios les ha hecho incompletas, y eso es lo que genera desconfianza, el pensamiento de que hay alguien mejor.

Jon: Cuando nos demos cuenta de que no debemos tener envidia ni desconfiar, sino aprender, lograremos superar el verdadero problema.

Joaquina: Esto se explica bien con un ejemplo: en una relación de pareja en la que él le da todo a ella menos una cosa, hay una conversación frecuente. “Pero te lo estoy dando todo”, dice él. Y ella contesta: “sí, menos esto”. No hay relación en el mundo que soporte esta afirmación, y es precisamente eso lo que llevamos dentro. Podemos darlo todo, hacer las cosas más impresionantes, pero nuestro ser nos dice, “sí, menos confianza”. Este es el camino. No podemos permitir que nada que se aleje de lo que hemos venido a aprender.

Jon: Entonces, la plenitud en tu confianza no la vamos a tener hasta que no seamos constantes. Veremos la plenitud, pero si no está unida a eso que nos falta, hasta que no lo aprendamos, no la conseguiremos completamente. Es grandioso, porque Dios nos permite que nos separemos de ahí, nos permite aprender lo que nos falta y alcanzar la plenitud en nuestra cualidad.

Joaquina: Lo que no nos permite es odiar a sus hijos, y el principal de ellos somos nosotros mismos. Cuando nos hace bajar hasta el fondo de nuestro problema, hasta nuestra mayor desconfianza, también envía un mensajero que nos indica el camino para volver. Si sabes que tienes algo y crees que hay algo que no tienes, apréndelo. Ponte en disposición de aprender. No tienes por qué no tenerlo. No puedes sentirte incompleto. Recuerda: toda palabra que implica que otros nos hacen algo está fuera de la línea de trabajo. Cuando crees que los demás hacen algo contra ti, les estás culpando. Debes hablar de ti mismo; si no, estarás lanzando la culpa fuera. Por ejemplo: “no soy emocional porque no me han tratado bien”, “no me puedo desapegar porque me abandonaron”. Esto son disculpas, discursos que no valen. La impaciencia es falta de paz, y la paz en sí misma es una cualidad. La paz, la tolerancia, la conciencia… son cualidades originarias en sí mismas. Una de las cualidades del amor es la paz; esa paz que te permite respetar el tiempo y el ritmo de todos los demás.

232 Talento femenino

Talento Femenino fue un programa que impulsó Joaquina Fernández para acompañar a las mujeres en búsqueda de empleo en la crisis de 2008. Esta entrevista la realizó Mariló Jiménez en ese momento y me parece tan apropiada entonces como ahora.

Mariló: En la actual coyuntura social y laboral la mujer ha sido la más perjudicada en el mercado de trabajo. ¿Qué ha pasado para que esto ocurra?

Joaquina: La mujer tiene un concepto general de sacrificio que lo lleva profundamente en su ser. Cuando las sociedades empiezan a tener problemas en el campo laboral parece normal que la mujer vuelva al hogar y el hombre permanezca en el puesto de trabajo. Esto va en contra del principio de libertad humana que las mujeres llevamos tantísimo tiempo desarrollando: hemos salido al mercado laboral con fuerza y también a las universidades, donde los primeros puestos los ocupan muchas veces las mujeres. Desde un posicionamiento profesional, nuestra forma de enfrentarnos al puesto de trabajo a veces hace que seamos menos luchadoras por ese puesto que los hombres. Cuando una mujer se encuentra en una situación donde el compromiso personal y el profesional entran en litigio y no hace la conciliación dentro de ella, todo se complica mucho.

Mariló: ¿Cómo une la mujer la humanidad con los negocios?

Joaquina: Creo que la persona que más difícil lleva a término el concepto de humanidades y negocios es la mujer, entendiendo negocio en cuanto a la eficiencia en los resultados económicos. Los hombres, y sobre todo en España, tienen una tendencia a tener largas reuniones y a no tener tanto en cuenta el tiempo de reincorporación al hogar. En esto la mujer, en vez de aprender a consensuarlo y llevarlo a lugares más afines, marca diferencias y deja en evidencia al hombre, lo que hace que no exista una buena comunión en ciertos conceptos entre el hombre y la mujer en el terreno profesional a la hora de ascender en los puestos de poder. Y ahí sí debemos saber hacer un trabajo, debemos tener unas cualidades muy importantes en comunicación, donde la concreción y la asertividad sean un referente, ayudados de la persuasión para que las cosas vayan por lugares más afines. El “yo soy de una manera y tú eres de otra” no es la mejor combinación en momentos de crisis. En situaciones de crisis el hombre se convierte en un ser de lucha, donde lo importante es llevar comida a casa y lucha por conseguir lo que quiere, mientras que la mujer tiende a defender lo suyo y a pensar que sus cosas no pueden estar en riesgo. Eso, desde mi punto de vista, hace que las crisis saquen fuera a la mujer.

Mariló: ¿Esto que sucede en España es extrapolable a otros países?

Joaquina: No donde la forma de trabajar es más afín entre géneros, como en el norte de Europa donde la mujer funciona muy parecido al hombre: por resultados económicos y proyectos. En España estamos en una sociedad muy paternalista, pensamos que son los demás los que nos tienen que solucionar los problemas y además somos muy compasivos con la pobreza y protegemos al débil en vez de buscar la forma para que se haga fuerte. Tenemos 3 millones de empresas en España y de ellas, entre el 85 y el 90% son pequeñas empresas con menos de 10 empleados, lo que habla de un tejido empresarial muy protector, poco competitivo y con una debilidad de crecimiento grande. Aquí ante un problema la empresa piensa en resolverlo reduciendo plantilla, y no creando proyectos ni generando formas diferentes. A los españoles nos cuesta mucho trabajo desarrollar ideas nuevas, hacer sinergias vitales y reinventarnos. Somos muy agoreros y eso hace que tengamos 6 millones de parados.

Mariló: ¿Qué necesitan integrar las mujeres, tanto las directivas y cuadros como las que ocupan puestos de menor responsabilidad, para volver al mercado laboral? ¿Unas y otras necesitan lo mismo?

Joaquina: Sí, la mujer necesita integrar la innovación, necesita tener ideas rápidas, muy diferentes y que movilicen. No pensar en que los demás deben dárnoslo todo hecho. Tenemos una imaginación muy grande, pero nos cuesta mucho innovar. Y el emprendimiento que normalmente decidimos está muy orientado a cosas familiares, como zapaterías para niños, ropa para niños… Somos otra cosa. Tenemos una cabeza prodigiosa y hay que ir a otras cosas.

Mariló: Según datos facilitados por Hune sólo el 23% de los puestos intermedios o de gestión de las grandes empresas están ocupados por mujeres; sus salarios son hasta un 30% menores en puestos directivos y la cuota de mujeres en los consejos de administración está por debajo del 12%. ¿La paridad en el tejido empresarial es una utopía?

Joaquina: No hay que olvidar que una cualidad que tiene el hombre es que es muy amigo de sus amigos, son una piña, lo que admiro mucho, y si está en los consejos de administración y en puestos de toma de decisiones va a ser más proclive a que los que estén con él sean hombres. Nosotras somos más equilibradas en ese sentido. Cuando una mujer hace un proceso de selección va a primar la cualidad de la persona por encima del género, mientras que el hombre primará que sea amigo a si reúne todas las cualidades.

Mariló: Según eso la situación se va a perpetuar…

Joaquina: Eso sólo lo podemos cambiar nosotras. Cuando vamos a una entrevista de trabajo vamos condicionadas, asustadas, no vamos con concepto de lucha y pensando que voy a lograr ese puesto y si no lo consigo ya conseguiré otro. Si nos dicen que no, el sentimiento nos deja partidas. Al luchador no se le puede vencer si lucha con las armas correctas.

Mariló: ¿En qué tiempo crees que puede ocurrir eso?

Joaquina: Yo voy a intentar en la medida de mis posibilidades que sea lo más rápido posible. Si conseguimos que la sociedad sienta ese pálpito, en muy poco tiempo la mujer va a estar donde le corresponde.

Mariló: ¿Qué tiene la mujer diferente al hombre en la empresa?

Joaquina: Honestidad, entrega ilimitada, fidelidad y mayor eficiencia. También creo que su debilidad más importante es una baja autoestima y que le cuesta trabajar en equipos donde no se sienta aceptada y le generen tensiones, porque maneja peor que el hombre sus emociones.

Mariló: ¿Qué tendría que darse en la empresa española, o en el directivo español, para que una mujer pueda conciliar vida personal y profesional sin detrimento de categoría, éxitos, ascensos o sueldo?

Joaquina: No creo en esa conciliación. Creo que la conciliación no tiene que ser de la mujer, sino que tiene que ser de la familia, del hombre y de la mujer. Cuando la mujer lucha por su conciliación está luchando por permanecer en las épocas del siglo XVI. No es la mujer la que tiene que volver a casa. Los niños no necesitan a la madre; necesitan a la madre y al padre por igual. Cuando la mujer lucha por su conciliación lucha por seguir siendo la que tiene las tareas domésticas, la que lleva su casa, la regente de su familia y, además, la trabajadora. Cuando una mujer llega al trabajo pensando en su familia, en que deja a sus hijos y están poco atendidos, la mente no puede estar bien, está condicionada, no es libre. Si seguimos defendiendo la conciliación de la mujer seguimos perdiendo las posibilidades de verdaderas profesionales.

Mariló: En conferencias, cursos y talleres siempre hablas de tu fe inmensa en las capacidades femeninas. ¿Cuándo se forja en ti esa apuesta por la Mujer?

Joaquina: Cuando en mi familia la persona machista no es el padre sino la madre, surge una guerra interior dentro de mí contra eso. Decidí que la mujer y el hombre están concebidos por Dios de la misma manera y que sólo los intereses de épocas marcan la necesidad de que la mujer ocupe su lugar dentro de la casa. No he podido encontrar ninguna diferencia a nivel de desarrollo intelectual, emocional y físico. Si pienso que somos seres con parte espiritual y parte práctica, para asumir que la mujer ha nacido para cuidar hijos y estar dentro de su casa tendría que pensar que Dios es injusto, o que la Creación es absurda, pues si fuera así sólo habríamos desarrollado la parte que nos lleva al cuidado de nuestros polluelos y no tendríamos un cerebro completo. Mi padre me dijo: “Todo lo que quieras hacer vas a poder hacerlo como cualquier persona. Lo importante es que sepas lo que quieres hacer”. Y esto ha sido lo que ha regido toda mi vida. En estos momentos no creo que exista la mujer y el hombre, existen las ideas, personas, capacidades y competencias. Amo a la mujer, creo que da un toque de belleza, y a mí la estética me encanta.

Mariló: Tu pasión por los jóvenes es otra de tus marcas de identidad y desde 2003 trabajas en entornos universitarios para conseguir que se comuniquen. ¿Los jóvenes no tienen otros intereses e inquietudes más cercanos al “tener para demostrar”?

Joaquina: Todo depende de lo que uno piense y haga. La universidad es una maravilla y no me planteo que tengan ideas diferentes a las que deben tener, son personas y como tales tienen que estar desarrolladas y, además, tienen que saber dónde quieren poner toda su sabiduría.

Mariló: ¿Qué características relevantes encuentras en las mujeres jóvenes y universitarias, el germen de las futuras directivas?

Joaquina: Son muy parecidas a las mujeres mayores. Siguen pensando que son menos, tienen que defender que consiguen las cosas, están muy pendientes de si gustan, muy atentas a lo que piense el que está al lado… La condición en la que tendríamos que trabajar las mujeres de manera profunda y sin dilación sería en sentirnos amadas por nosotras mismas: el autoamor y la autoaceptación serían el plan de desarrollo de la mujer. Y hablo de mujeres de 18 años.

Mariló: ¿Qué nos ‘pierde’ a hombres y mujeres, y qué perdemos ambos en la búsqueda del éxito?

Joaquina: En la búsqueda del éxito hombres y mujeres perdemos lo mismo, los ideales. El éxito es una consecuencia, no hay que ir a buscarlo, pues si sabemos lo que queremos lograr el éxito viene solo. Lo peor es cuando queremos el éxito y pasamos por encima de los intereses de los demás y de los nuestros propios.

Mariló: ¿Algún consejo para la mujer de hoy?

Joaquina: ¡Sí! Que trabaje la gestión de sus emociones y la autoaceptación. Ella se lo merece todo igual que el hombre. Me gustaría, además, que el concepto de mujer no fuera una marca, sino que la marca fuera el concepto de persona, que consiguiéramos salir de la diferenciación de ‘hombre’ y ‘mujer’ en un pensamiento más aristotélico.

231 Construir el puente

No hace mucho tiempo, dos hermanos que vivían en granjas adyacentes cayeron en un conflicto. Este fue el primer conflicto serio que tenían en 40 años de cultivar juntos hombro a hombro, compartiendo maquinaria e intercambiando cosechas y bienes en forma continua.

Esta larga y beneficiosa colaboración terminó repentinamente.

Comenzó con un pequeño malentendido y fue creciendo hasta llegar a ser una diferencia mayor entre ellos, hasta que explotó en un intercambio de palabras amargas seguido de semanas de silencio.

Una mañana alguien llamó a la puerta de Luis. Al abrir la puerta, encontró a un hombre con herramientas de carpintero. «Estoy buscando trabajo por unos días», dijo el extraño, «quizás usted requiera algunas pequeñas reparaciones aquí en su granja y yo pueda ser de ayuda en eso».

«Sí», dijo el mayor de los hermanos, «tengo un trabajo para usted.

Mire al otro lado del arroyo aquella granja, ahí vive mi vecino, bueno, de hecho, es mi hermano menor».

«La semana pasada había una hermosa pradera entre nosotros y él tomó su bulldozer y desvió el cauce del arroyo para que quedara entre nosotros».

«Bueno, él pudo haber hecho esto para enfurecerme, pero le voy a hacer una mejor. ¿Ve usted aquella pila de desechos de madera junto al granero?»

«Quiero que construya una cerca, una cerca de dos metros de alto, no quiero verlo nunca más.»

El carpintero le dijo: «Creo que comprendo la situación.

Muéstreme donde están los clavos y la pala para hacer los hoyos de los postes y le entregaré un trabajo que lo dejará satisfecho.»

El hermano mayor le ayudó al carpintero a reunir todos los materiales y dejó la granja por el resto del día para ir por provisiones al pueblo.

El carpintero trabajó duro todo el día midiendo, cortando, clavando.

Cerca del ocaso, cuando el granjero regresó, el carpintero justo había terminado su trabajo.

El granjero quedó con los ojos completamente abiertos, su quijada cayó. ¡¡¡No había ninguna cerca de dos metros!!! En su lugar había un puente. ¡¡Un puente que unía las dos granjas a través del arroyo!!- Era una fina pieza de arte, con todo y pasamanos.

En ese momento, su vecino, su hermano menor, vino desde su granja y abrazando a su hermano le dijo: «Eres un gran tipo, ¡¡mira que construir este hermoso puente después de lo que he hecho y dicho!!».

Estaban en su reconciliación los dos hermanos, cuando vieron que el carpintero tomaba sus herramientas. «No, ¡espera!», le dijo el hermano mayor. «Quédate unos cuantos días. Tengo muchos proyectos para ti», le dijo el hermano mayor al carpintero.

«Me gustaría quedarme», dijo el carpintero, «pero tengo muchos puentes por construir».

230 Seducción y deseo II

Jon: En nuestra última conversación me quedé con estas píldoras: El seductor está seducido por el objeto al que seduce. Seducir exige un esfuerzo de observación y empatía muy elevado. Los participantes de la seducción se movilizan por el deseo. La dificultad está en hacer coincidir las expectativas de los coautores de la seducción. El seductor requiere de un estimulante permanente que le conmueva como si estuviera enamorado. El enemigo de la seducción es el apego que casi siempre se produce de parte del seducido que abomina de hacer el esfuerzo y lo que quiere son los resultados. El seductor ama profundamente lo que le seduce.

Joaquina: Toda persona que tiene el halo de seducido, cae en la trampa de seductores no positivos. Hay que determinar si estamos en el entusiasmo o en el deseo. ¿Qué hacemos en esta vida si estamos avocados a lo que quiere el otro? Seducir exige un esfuerzo de observación y de empatía muy elevado. El que es seducido no observa, solo quiere recibir. El seductor mira, observa, ve lo que quiere el otro, y se lo da.

Jon: Así que los participantes de la seducción se movilizan por el entusiasmo o por el deseo.

Joaquina: Sí, la dificultad estiba en hacer coincidir las expectativas de los coautores de la seducción. El seductor requiere de un permanente y estimulante movimiento que le conmueva como si estuviera enamorado permanentemente. El enemigo de la seducción es el apego, que siempre se produce por la parte seducida. No ser seductores es la muerte de la motivación.

Jon: ¿Y eso?

Joaquina: El ser que vive en la contra-seducción vive desmotivado, vive apático y dañado por la situación. El seductor está seducido por el objeto que seduce, y cuando se da cuenta de que pierde el entusiasmo, siempre quiere cambiar al otro.

Jon: Por ejemplo, Casanova, él era y las mujeres caían en lo que él era.

Joaquina: Un seductor odia a las personas que buscan el amor, ya que sabe que el amor no está dentro. Las palabras en la seducción no tienen relevancia, lo que sí la tiene son los movimientos.

Jon: ¿Te refieres a movimientos internos o externos?

Joaquina: Cuando un ser no es seductor, los dos órganos que se resienten son el hígado y el bazo-páncreas. Cuando una persona no es seductora se pasa todo el día comiendo dulces y grasa. Cuando una persona mata a su seductor dentro, porque le han hecho daño y porque cree que le han engañado, no se ha dado cuenta de que ella estaba seducida y por lo tanto el seductor se agotó, de su negatividad o de su estar quieta. Lo que la persona hace entonces es paralizar totalmente los movimientos del corazón, que son los movimientos del entusiasmo. Entonces, cuando nota que se entusiasma, cree que no lo va a conseguir, cree que va a sufrir, cree que no va a poder, y entonces lo vuelve a aplacar otra vez. Aplaca el entusiasmo, la aceptación, situándose contra el mundo del seductor. Creerá que la manipulan, que hay algo por en medio que no es real. En su cabeza está siempre el asesino del seductor. Lo que realmente sucede es que al único seductor que está matando es a su seductor interno, al que le acaricia el alma todos los días para que salga, al que le permite compartir, pero ella le mata por miedo al daño. “No puedes salir porque te van a cortar quién eres” Lo que va haciendo es matar una y otra vez a su seductor y vive seducida.

Jon: Entonces, ¿esa falta de entusiasmo la expresa nuestro lenguaje no verbal?

Joaquina: El lenguaje no verbal del entusiasmo está en el lado izquierdo. Si miras con el ojo derecho, no estás seduciendo. Si hablas con la mano derecha, cuando estás hablando de personas, no estás seduciendo. Si cuando te pones al lado de alguien y confrontas, no estás seduciendo… La seducción se produce en el hemisferio derecho. Aparece el amor, el deseo por compartir, el entusiasmo por las cosas, y todo el lado izquierdo quiere hablar de ello.

Jon: Si mira con el ojo derecho no estoy seduciendo, sino que soy seducido ya que el seductor siempre mira con el ojo izquierdo y mira el lado izquierdo de la cara de la persona que le tiene seducido.

Joaquina: La seducción no es algo explícito. La persona seductora tiene un encanto, algo que esconde, algo que tienes que descubrir. Todas las personas que son de poder van a hablar mucho más desde el lado derecho, ya que la seducción es por el poder, y no porque estén seduciendo al otro a través del encantamiento. Las personas intelectuales van a hablar más desde el lado derecho, pero cuando hablan con personas que les gustan lo hacen desde el lado izquierdo.

Jon: Me llama la atención lo de mirar a un lado de la cara de la otra persona. No había pensado antes que eso se hacía.

Joaquina: Es importante analizar qué parte de la cara le miramos al otro, dónde estamos enfocando: Siempre que se mire el lado derecho quiere decir que no estamos seducidos. Si se mira el lado izquierdo es que estamos entusiasmados. Otra forma de verlo es a través del tamaño del ojo. El ojo derecho más grande es de personas racionales. El ojo izquierdo más grande es de personas emocionales, que tienen más capacidad de seducir. Si el ojo que es más grande no es con el que se mira, está mal, hay desbordamiento. Lo correcto es mirar con el ojo que tenemos más grande.

Jon: Has pasado de puntillas sobre “las personas de poder”

Joaquina: Son personas cuyo lenguaje dice: mi cuerpo está aquí. La persona que quiere el poder muestra con su cuerpo autoridad. Por ejemplo: Botín, Florentino Pérez, Aznar, Soraya Sainz de Santamaría… En los seductores del segundo nivel, el cuerpo no está, está la imagen. Por ejemplo: Felipe González, Ana Belén… Luego está el seductor intelectual: Fernando Fernán Gómez, Iñaqui Gabilondo, Serrat… Ponen la base en lo que están diciendo. Te va a cautivar su gestual de la cara.

Jon: ¿Además de en la cara, se puede ver en alguna otra parte del cuerpo?

Joaquina: Sí, en la coherencia de sus movimientos con las manos: si está hablando de conocimientos, con la mano derecha; si está hablando de personas, con la mano izquierda. Cuando las utiliza las dos y hay como una magia con sus movimientos de las dos, es cuando realmente es perfecto. La mano izquierda es la seductora, la derecha es la impositora.

Jon: La cara parece más interesante.

Joaquina: La cara es la expresión de lo que crees de ti. De 12 a 24 años, nuestra cara transporta lo que creemos de nosotros mismos. Nuestros ojos, nuestra cara, nuestra forma de mirar el mundo es el foco de nuestra seducción. Cuando alguien se daña la cara es porque tiene miedo de que su belleza no sea bien empleada.

Jon: Dame más pistas que pueda utilizar de comunicación no verbal, por favor.

Joaquina: Cada vez que estés con alguien tu cuerpo se ladee y nunca te confrontes

Siempre que quieras estar al lado de alguien, ladea tu cabeza, ya que la cabeza recta denota rigidez. Ladéala hacia la izquierda. Si estás en una conversación, sigue la conversación, y ladea la cabeza donde lo haga el otro. Cuando hablas con la mano izquierda y estás explicando cosas intelectuales, muy probablemente estás enrollando a alguien. Si hablas de cosas intelectuales con la mano derecha y te apoyas con la izquierda, quiere decir que sabes.

Síntesis: entender claramente que el deseo nos hace ser seducidos y el entusiasmo nos hace ser seductores, y que el mundo debería ser compartir, lo que significa estar los dos en el mismo lugar. Esto es, las dos personas están en el mismo lugar para que los deseos los puedan compartir y sobre todo para que las motivaciones las puedan desarrollar. Eso es seducción, un camino de desarrollo muy profundo.

229 Seducción y deseo

Jon: ¿Qué piensas que es seducir? Moverse desde la autenticidad, conquistar, atraer, gustar, persuadir, influir…

Joaquina: Seducir es embriagador, una sensación que va mucho más allá que el bienestar. El problema es que a veces para la seducción buscamos elementos muy ajenos a lo que es la seducción, buscamos elementos muy externos.

Jon: Me imagino que hay que diferenciar una actitud de seducción, de ser una persona que seduce, lo cual es más complicado.

Joaquina: Lo cierto es que la seducción es imprescindible en nuestras vidas. La primera seducción es a nosotros mismos, y después a los demás. Hay que limpiar el pensamiento de que la seducción es manipulación, es un engaño, es una perversión del poder y la fuerza. Hay dos conceptos que tenemos que eliminar: Que las buenas formas son manipulación, y que las malas formas son sinceridad.

Jon: ¿Y cómo quitamos la idea de que seducir es engañar?

Joaquina: Para eso debemos darnos cuenta de que casi todas las personas que son bruscas y poco delicadas han surgido de un engaño de seducción. Creen que alguien les sedujo y les engañó. Sin embargo, lo que sucedió es todo lo contrario. Esas personas tenían una expectativa que no se cumplió, un interés que no se cumplió, y no tiene nada que ver con el otro. Lo primero a quitar de la cabeza es que se puede seducir mintiendo. Se puede engañar, y puede durar un tiempo, pero no se puede seducir mintiendo.

Jon: ¿Cómo es eso de que no se cumplen expectativas?

Joaquina: Generamos un lenguaje de anti-seducción cuando hemos sido seducidos en el pasado por alguien que nos engañó. Nos engañaron otros o nos engañamos nosotros mismos, no importa, pero abrirnos a estar en disposición de ser seducidos o seducir supone un riesgo que no queremos acometer.

Jon: ¿Qué es lo que ha pasado dentro de nosotros que no sabemos manejar la lejanía y la distancia personal?

Joaquina: La seducción es una energía que nosotros lanzamos fuera. No es solamente una energía que el otro ve. La seducción auténtica tiene que ver con nuestras cualidades innatas. Aprendemos a seducir de dentro a fuera.

Jon: Entonces, deberíamos preguntarnos qué tipo de interés o motivación tenemos en nuestra vida.

Joaquina: Así es, y pueden ser de varios tipos: Intereses físicos, que son lo que está fuera, lo que es tangible, lo que plausible, lo que es medible, los valores, las cosas que se pueden ver, la belleza, el poder. Cosas inmanentes y tangibles. Luego estarían los Intereses emotivos. Cosas con glamur, interés color, prestigio, cosas atractivas, elegancia, formas, el movimiento. Están los intereses por el conocimiento, queremos saber y mover el conocimiento y nos resultan atractivas las personas que lo tienen. También están los intereses por movilizar a la acción y los intereses en el poder espiritual.

Jon: Imagino que cada uno de ellos va a generar una forma distinta de seducción.

Joaquina: La seducción es el arte de compartir, es con personas y es un bienestar, pero también es una tensión de qué va a pasar ahora. Esa tensión es importante que permanezca en el tiempo. Si no nos gusta compartir tenemos un problema con la seducción.

Jon: Si la clave de la seducción es el deseo, aquello que deseemos es lo que nos va a seducir.

Joaquina: Lo que tu deseas te seduce a ti. Lo que a ti te entusiasma (lo que vives, lo que está en ti de verdad) seduce al otro. El deseo te hace caer en la trampa del otro y el entusiasmo hace que los demás caigan en la tuya.

Jon: Me dices que el deseo es el que convierte la seducción en una falacia, pero en ningún momento la propia seducción es una falacia. La solución es vivir desde el entusiasmo y no desde el deseo.

Joaquina: Lo que necesitamos para vivir la seducción sanamente es amarnos a nosotros mismos. Entusiasmarnos con lo que somos y no pretender acercarnos al otro desde él y no desde nosotros. El poder de la seducción está en la autenticidad. El problema está en el movimiento expectante: me muevo para esperar algo que en realidad no voy a lograr nunca. La separación entre el seductor y el seducido es que nos entusiasmamos con lo que es el otro, no con lo que somos nosotros.

Jon: Eso explicaría por qué las relaciones no duran mucho cuando se trabajan desde el deseo y no desde el entusiasmo, de tal manera que la relación dura hasta que la otra persona se da cuenta de que ha sido engañada. Empiezan las pequeñas discusiones, las pequeñas evidencias y a partir de ahí el desencanto.

Joaquina: Debemos aprender a trabajar desde el entusiasmo, no desde el deseo. Entendiendo que el deseo lo mostramos y que la persona nos va a dar aquello que nosotros mostramos que deseamos. Con el deseo, al estar fuera de ti, destruyes el entusiasmo. Lo importante es que tanto el deseo como el entusiasmo estén dentro, y que tu ames tu seducción.

Jon: La situación sería que hay un deseo que nos debería llevar al entusiasmo y desde ahí deberíamos amarnos.

Joaquina: Sí, pero lo que hacemos normalmente es: El deseo lo ponemos fuera, lo cual quiere decir que yo no puedo; el entusiasmo es nuestro, por conseguir eso, o porque nos hagan caso. Conclusión, siempre estamos fuera de nosotros, buscando algo que nos tiene que dar alguien. Ese estado de ser seducido por lo que me tienen que dar es lo que me destruye.

Jon: Me imagino que al igual que hay cinco tipos de seducción hay también otros cinco de deseos.

Joaquina: 5 deseos: Deseo de poder. Deseos de una vida emocional muy completa. Deseos de saber y conocimiento. Deseo de liderar vuestra vida y la de otros. Deseo de vida trascendente. El deseo siempre está fuera “Yo deseo tener algo” lo que ya tienes no lo deseas. Si yo me sintiera completo no estaría buscando cosas fuera. Las relaciones fuera del entusiasmo están avocadas al fracaso. Si las dos personas están fuera de su entusiasmo, la relación va a estallar. Las relaciones por deseo duran dos meses, tres como mucho; el entusiasmo dura 10 meses, 12 como mucho. A partir de ahí aparece el apego, y el apego es la destrucción de la relación: Me apego a lo que yo soy. Quiero que tú cambies. Empiezan las discusiones. Vamos a estar aquí porque tenemos costumbre. El seductor está en el entusiasmo, el seducido en el deseo. Hay que ir hacia ser uno suavemente, para que no se rompa el encantamiento. Los deseos son efímeros, los entusiasmos duran más, y si se trabajan pueden ser eternos. El entusiasmo es contagioso, sin embargo, el deseo no lo podemos compartir ya que nos sentimos carentes y lo que queremos es tener, no compartir. El entusiasmo es dativo, lo puedes compartir, siempre estás hacia fuera, lo vives, eres feliz.

Jon: Lo ideal sería que las personas estemos seduciendo siempre, y para hacerlo debemos estar en el entusiasmo.

Joaquina: Pero el juego de la seducción es el deseo. De lo que se trata es de la autenticidad de la seducción. Que puedas hablar de lo que quieras, que el otro sea tan importante como para poder escucharle, y es tan importante lo tuyo como para poder hablarlo. Tiene que haber un juego permanente de escucha porque al final la seducción ¿qué es sino una escucha, un compartir, un estar? Y cuando nosotros estamos jugando al rol de hablar solo de lo que le interesa al otro, al final entra el aburrimiento, la ruptura de intereses, la desnaturalización. Mas allá de cualquier pretensión, vivir en el entusiasmo te hace permear la sociedad más allá de tus intereses y poder vivir los intereses del otro. En el mundo no hay solo un 5% de seductores, lo que hay es un 5% de defensores de su entusiasmo, y el resto no. El resto impone o declina su entusiasmo. Si hay una lucha de poder ya no puede haber seducción, de la misma manera que si hay dependencias. Son juegos de rol que al final acabarán haciendo daño a alguien. Todos nos dejamos seducir por aquello que creemos que nos va a dar el amor que nos falta. Cuando nos dejamos seducir, hay un recuerdo escondido dentro de una mirada, un momento o algo que nos ha seducido.

228 Las relaciones personales

Son las nueve de la noche de un invierno lluvioso cuando salimos de la consulta de Miguel Ángel y acompaño a Joaquina hasta el portal de su casa. Acaba de terminar de trabajar con una joven pareja en dificultades.

Joaquina: El proceso más inquieto del mundo es la relación entre yo y el otro.

Jon: ¿Te refieres a las relaciones de pareja, de familia o sociales?

Joaquina: En los tres casos los problemas se producen por falta de empatía. Las relaciones de familia son las más importantes y significan una sola cosa: la unión de dos materias diferentes en una sola cosa. El niño necesita tener 50% de  un padre y 50% del otro. Necesita tener y lo tiene. En el momento en que un niño siente que una parte de él es rechazada por la otra parte, lo que hace es esconderla. Y es aquí donde se genera la sombra de la familia. Lo que hacemos es formularnos dependiendo de lo que sentimos. Cuando un niño formula una receta que no es la adecuada, formula su enfermedad familiar: me siento rechazado. Entonces hay una parte de mi que anulo.

Jon: Me siento muy identificado con lo que dices. Siempre me decían, y me siguen diciendo en mi familia que era igual que mi padre, y luego le ponían verde.

Joaquina: Una conformación familiar tiene 3 elementos: El conocimiento del padre y de la madre. La aceptación del padre y de la madre. La motivación del padre y de la madre

Jon: Eso convierte al niño en el yo de su padre y el yo de su madre. Y luego vive la unión de los dos.

Joaquina: Si el niño hiciese la abstracción y mirase a sus padres por separado no tendría problema. Lo que los niños ven son los conflictos de la combustión de estas dos cosas juntas. Lo importante es que el niño vea a sus padres como dos entes independientes. Cuando el niño mira a sus padres, ve a ella rechazándole a él y él rechazándole a ella, aunque se lleven estupendamente. El niño se da cuenta de que se produce un acoplamiento. De que papá cambia cosas. Y mamá cambia cosas. Cuando se provocan estas combustiones, el niño va perdiendo el contacto de “quién es” y empieza a plantearse “quién quiere ser”

Jon: Entonces el “quién quiere ser” viene determinado por las relaciones entre ambos.

Joaquina: Si, como has dicho, eres como tu padre y escuchas a tu madre que eso no lo acepta, lo que haces es romper tu personalidad, convirtiéndote en alguien difuso que no muestra quién eres. Esto se guarda en la sombra. No quiere decir que no lo tengas, sino que lo guardas dentro y muestras lo que el otro está esperando. El niño convierte en sombra parte del padre, parte de la madre y parte de la relación de ellos dos. El niño sale a la calle limitado por el “no me siento aceptado”.

Jon: ¿Cómo se resuelve una relación familiar con un hijo?

Joaquina: Mirando la luz del padre y la luz de la madre. Un niño es feliz cuando el padre y la madre le miran desde la luz de ellos, no desde su sombra. Se trata de hacer un trabajo para identificar quién eres en positivo y mostrar esa referencia a tus hijos. De esta manera aseguras al niño que si manifiesta A o B no le va a pasar nada.

Jon: Es decir, cuando te miras desde la luz no estás escondiendo tu sombra. Estás mirando tu luz, y la sombra no existe. Cuando tú tienes una sombra escondida no estas mirando tu luz. El niño oculta lo que es.

Joaquina: Si pones el foco en trabajarte todos los días tus fortalezas, el niño va a identificarse con ello. Si yo me fijo en mi fortaleza, mi debilidad se va superando. Se trata de ver lo que se tiene en positivo y aquello que se tiene que trabajar. Siempre que se conecta con lo positivo se sabe decir que si y que no.

Jon: Y con eso se puede hacer un plan de familia…

Joaquina: Cuando quiero hacer un plan de familia, tengo que centrarme en aquello que da la paz a las dos personas. En la sociedad actual hemos pasado de una familia autocrática, de unos padres autoritarios y represivos, a unos padres totalmente laxos, en aras de superar lo anterior. No es bueno ser totalmente laxo ni totalmente autoritario. Cuando los padres eran autocráticos había una sobredimensión de la responsabilidad y de lo que había que hacer. Cuando los padres son flojos, hay una falta de dimensión sobre lo que hay que hacer.

Jon: ¿Cómo trabajamos eso con un niño?

Joaquina: Para hacer el trabajo hemos de sentarnos con él y ver si se conoce, si se ha aceptado, y qué motivaciones tiene. Si le preguntas al niño para qué ha venido al mundo, y no sabe contestar, es porque tú no le has dado significados. Y si no se los has dado es que tú escondes el significado de por qué estás aquí. Y uno no puede ser feliz si no sabe que ha venido a algo concreto. Necesita la concreción de “para qué” ha venido aquí.

Jon: Ponme un ejemplo.

Joaquina: Si piensas que ser responsable es el sentido de tu vida y de repente te das cuenta de que eso no es así, si tú lo cambias, él lo va a cambiar automáticamente. La sombra es la oscuridad de tus defectos, no tiene nada que ver con que te equivoques. La sombra es no querer ver lo que uno es en negativo. E incluso en positivo. Sombra es ver que tienes un defecto, y como no quieres que se vea, lo guardas. Equivocarse es luz.

Jon: ¿Tiene esto alguna relación con que cada vez haya más familias rotas?

Joaquina: Las familias se arruinan para generar otra vez espacios de crecimiento. Los fracasos profesionales se originan para crear otra vez espacios de conocimiento. Cuanto más arriba está un padre, más fracasado es un hijo. En la medida que lo conviertes en todo lo contrario, lo conviertes en alguien que tiene que hacer tu mismo proceso y aparecen dos ganadores. Los hijos no son meros espectadores de la vida. Tienen que aprender a vivir, sentir y pensar. Y esta es la mayor empatía posible.

Jon: Muchas veces queremos que nuestros hijos sean como nosotros.

Joaquina: Desde el momento en el que quieres ser como alguien, estás perdido. La empatía máxima es dejar que el niño tenga su propio proceso, recordando que tiene un 50% tuyo y un 50% de tu pareja. Y no olvidando que tu proceso no es el mismo que el de tu pareja. El proceso del niño es una mezcla de dos procesos totalmente diferentes. Hay que permitirle su evolución y su tiempo y saber que no va a hacer jamás lo que tú haces.

Jon: ¿Cómo repercute esto en las relaciones de pareja o sociales?

Joaquina: La relación de pareja se da a diferentes niveles siempre que haya dos personas. La empatía es igual de obligada en todos los casos. Lo que cambia es la expectativa.

Jon: ¿Cómo podemos conseguir tener una empatía con el otro?

Joaquina: Es obligatorio que no salgas nunca de tus zapatos, de tu poder. Posicionarte en que el otro también existe. Y es importante no proyectar tus necesidades en el otro. Es imposible que nos relacionemos con el otro adecuadamente si no valoramos que tiene una individuación propia. Somos seres totalmente diferentes en cuestión de necesidades, de búsqueda…de todo. Hay que consensuar y llegar a acuerdos, si no la relación es imposible. La mayoría de los problemas de pareja surgen de no darnos cuenta de que el otro es un ser totalmente diferente. Y la empatía es consensuar. La empatía es entender al otro y entenderse a si mismo. Ponerse en los zapatos del otro sin perder los propios. Por eso es fundamental consensuar.

Jon: Y a ese consenso se llega hablando…

Joaquina: Es necesario llegar a un consenso comunicado. Es imprescindible la comunicación entre dos personas. Entre dos incomunicativos hay que buscar espacios para hablar. Si se está en una relación de introvertidos, uno de ellos se convierte en extravertido. Uno de los dos habla porque, si no, no habría relación. Lo que no se puede es obligar a la otra persona a que hable, porque acabará transformándose la relación en un coste excesivo.

Jon: ¿Cómo se cuida la comunicación?

Joaquina: Cuidar la comunicación es cuidar qué, cómo, por qué y para qué vas a decir lo que vas a decir. Que lo que vayáis a decir tenga un sentido. Comunicar de manera transparente lo que es válido para los dos. Comunicar es diferente a hablar. Comunicar es transmitir aquello que es válido para la relación, no los chismes. La comunicación es un ejercicio de salud mental, no surge de una solución problemática en la pareja.

Jon: ¿Y en el caso de que uno de los dos sea introvertido?

Joaquina: El introvertido no soporta que se cuenten sus cosas. Puede aprender a contarlas, pero no se te ocurra contarlas tú. El introvertido es una persona que cuida mucho su privacidad, lo que necesita de si mismo, porque mira permanentemente hacia él. El punto de fricción en la relación es romper el área de confort del otro y meterle en el área de disconfort. Romperle el área de confort es bueno, porque así trabaja. Pero meterle en el área de disconfort no, porque le violenta. Cada vez que haya problemas volverá el introvertido a meterse en si mismo. Y el extrovertido a sacarlo fuera. El ejercicio de estar juntos nos va a violentar, porque es normal. Pero es fundamental que esto no nos saque de nuestro eje y nos meta en nuestra área de disconfort, porque ahí la relación se rompe. Las relaciones de pareja son un acoplamiento de expectativas.

227 ¿Quién soy yo? II

Joaquina: Nuestro desarrollo es única y exclusivamente cerebral. Nos desarrollamos por por parcelas cerebrales.

Jon: Sí, ya lo hemos hablado en otras ocasiones. La primera parcela está la capacidad de sobrevivir, el cerebro reptil. Después aparece el tallo límbico y por último el cerebro neocortical. El cerebro reptil nos dice quién somos, el límbico nos dice cómo somos, y el neocortical por qué somos lo que somos.

Joaquina: La siguiente parte es lo que acepto de mí. Qué es lo que aceptamos, no lo que no aceptamos. ¿Qué acepto de mí? ¿Qué es en lo que pienso de mí y me pregunto: “¿Soy lo mejor?”

Jon: Pero siempre hay una parte de nosotros que no aceptamos.

Joaquina: En la parte que aceptamos nos sentimos muy bien. En la parte que no aceptamos nos sentimos muy mal. ¿Qué acepto y cómo expreso eso que acepto?

Jon: Sí, por ejemplo, a muchas personas les cuesta aceptar la tensión que provoca mirarnos. Cuando nos confrontamos con algo lo pasamos un poco mal, de momento… pero nos cambia la vida.

Joaquina: Aceptamos una confrontación cuando no nos toca. Y cuando nos toca queremos que el proceso se haga más delicadamente, mas largo. Este es el problema más grave de la Inteligencia Emocional: la falta de aceptación de nuestra realidad. Si alguien no acepta su realidad, la que es de verdad, tarde o temprano le va a pillar tan desprevenido que le va a destruir. Porque la realidad de la vida es que hay enfermedades, la realidad de la vida es que hay finales de relación, la realidad de la vida es que hay amor que no es eterno, la realidad de la vida es que hay riqueza, que hay pobreza…

Jon: Lo que vienes a decir es que si yo no tengo conciencia de lo que tengo fuerte para luchar contra lo que la realidad de la vida me va a deparar, me va a pillar desprevenido. Pero si yo me veo fuerte en algo, me va a pillar mucho menos desprevenido.

Joaquina: Exacto, por ello debemos buscar lo que tenemos muy bueno para hacer frente a la realidad. Lo que no tan bueno también lo podemos mirar, pero no es tan necesario que lo miremos todo el día. Porque si yo todo el día estoy mirando la luz, la luz apaga la sombra. Si miro la sombra, no voy a tener nunca luz. La luz no tiene sombra. La sombra jamás tiene luz.

Jon: ¿Eso significa expresar nuestras fortalezas continuamente?

Joaquina: Lo que tienes fuerte lo tienes que estar expresando porque ese es tu valor. Es en mí donde tengo que trabajar lo positivo, no en el otro. Aquí estamos hablando de mí conmigo mismo. Es eso que no cambio esté donde esté. Eso es lo que es importante: la autoaceptación que me permite vivir siempre en equilibrio conmigo mismo. Eso es lo que tenemos que agarrar continuamente. Si nosotros no tenemos la cualidad sobre la que nutrir nuestra Inteligencia Emocional individualmente, no seremos nada en la vida. Eso nos va a sacar de cualquier situación: de una enfermedad, de una pérdida…porque eso es lo que nos da la luz. Si la luz me la da otra cosa, sería otra cosa. Lo que más acepto de mí es aquello que me permite tener la luz de mi misma.

Jon: Creo que el único ser que nos conoce somos nosotros. El que el otro nos diga que somos estupendos no va a provocar nada.

Joaquina: Si eres capaz de decir: “Esto es lo que yo soy y lo acepto” tendrá las emociones ordenadas.

Jon: ¿Qué es lo que nos hace vivir en las emociones desordenadas?

Joaquina: La falta de aceptación personal, que nos lleva a la falta de aceptación de lo que pasa en el mundo. Yo elijo ser algo porque ante cualquier situación me encuentro conmigo misma, me permite permanecer auténtica. Cualquiera puede ser algo, por ejemplo, directo, honesto… Si lo expreso empieza a hacerme individual. Y a mí en particular, porque lo elijo me conforma. Lo elijo porque soy yo en cualquier medio y en cualquier lugar. Me permite permanecer auténtica.

Jon: Ya tengo “qué soy”, que es el conocimiento, y tengo el “cómo soy”, que es la aceptación. ¿Y luego?

Joaquina: Luego viene la parte más importante del hombre: la motivación. ¿Qué sentido tiene mi existencia? El “por qué” de mis motivaciones. ¿Qué busco en la vida? ¿Cómo lo busco? ¿Por qué busco eso y no otra cosa? Esto se llama automotivación.

Jon: Estoy de acuerdo, creo que la mayor parte de los problemas, de pareja, de familia, de trabajo… surgen porque no sabemos qué buscamos, no sabemos cómo lograrlo y, lo que es peor, no sabemos por qué eso y no otra cosa.

Joaquina: La muerte de la motivación en el hombre es la palabra “no sé”. En los niños y en los jóvenes responden “no sé” continuamente. La desmotivación surge de no acudir a una respuesta cognitiva interna de que es lo que realmente necesitan, qué están buscando en su vida. ¿Qué sentido tiene mi vida aquí? ¿Por qué existo yo y no existe otra persona? Si uno no conoce su propósito vital está perdido. Si no encontramos el sentido de nuestra existencia no encontramos el sentido de nuestra convivencia, porque desde la motivación ya nos relacionamos con el otro. Si yo encuentro una motivación es cuando miro al otro. El sentido trascendente de la vida es: “yo he venido al mundo a hacer algo que nadie más puede hacer”. Mi sitio no puede ser ocupado por otra persona. El “qué busco” tiene que estar definido por un sentido trascendente de si mismo. Lo que busco no es solo para mí, porque si lo busco solo para mi entonces me pierdo. Lo que busco tiene que tener un sentido que me rebase a mí mismo. Aunque sea algo como ser feliz, ya me rebasa a mi mismo. La motivación es igual a necesidad ¿Qué necesitas tu?

Jon: Ahora mismo mi necesidad es comprender muy bien lo que me estás diciendo

Joaquina: De lo que se trata es de descubrir qué necesidad tenemos. Esa necesidad es lo que buscamos. Vamos a buscar la necesidad que tenemos cubierta, no la que tenemos que cubrir. Me tengo que centrar en lo que tengo. La diferencia entre necesidad cubierta y necesidad expectante es que la necesidad expectante te quita la necesidad y la cubierta te la da.

Jon: Si me pongo a mirar lo que tengo, estoy cubriendo el qué soy, cómo soy y por qué soy así.

Joaquina: Este es el sentido de la vida. El resultado es un incremento de la inteligencia transpersonal, es el conocimiento del yo. Tengo que saber: quién soy, cómo soy y qué quiero, qué necesidad tengo. Y con estas tres cosas: autoconocimiento, autoaceptación y automotivación personal, tengo mi yo personal cubierto. Una vez que mi yo personal está cubierto, lo que estoy buscando es mi yo social, que se llama yo interpersonal.

Jon: ¿Qué pasa si una persona no busca?

Joaquina: Cuando una persona no busca es que no existe ni para ella misma. Hay muchas personas que se quedan paralizadas en el “yo me conozco”, otras en el “yo me acepto”. Y muchísimas otras que no se plantean que tienen que vivir sus propias motivaciones. Si yo no vivo mis motivaciones entonces yo no existo. El sentido trascendente de esta vida es desarrollarme como persona individualmente, aunque se muriera el mundo que me rodea.

226 ¿Quién soy yo?

Jon: ¿Qué nos sucede para que perdamos el contacto con lo que somos y con lo que queremos ser cuando una emoción aparece? Puede ser una emoción de fracaso o de éxito.

Joaquina: En muchos casos, cuando tiene una emoción, todo lo que sabemos lo perdemos, y a partir de ahí se empieza uno a cuestionar el porque. Debemos identificar dónde estamos más fuertes dentro de estos 3 elementos: Las sensaciones, tienen que ver con la supervivencia, con la capacidad de manejar los sentidos. Como manejo lo que siento, lo que veo, lo que huelo, lo que toco… Las emociones, que tienen que ver con mis sensaciones de las cosas que pasan. Son elementos que no podemos decir que sean verdad o que sean mentira. Y los sentimientos, que tienen que ver con el conocimiento de lo que significa estar con los demás.

Jon: Mi pregunta va más dirigida a los sentimientos. Qué está pasando dentro de mi que me desajusta.

Joaquina: Tiene que ver con los sentidos, debemos cuidar mucho nuestros sentidos. Los cinco sentidos tienen que estar muy desarrollados y perfectos, porque si no es así no vamos a saber sobrevivir en nuestras emociones. Si nuestra mirada no está preparada para observar, para identificar, si nuestro tacto no está preparado para identificar…cualquiera de los cinco sentidos, nos vamos a encontrar con que nuestro mundo de supervivencia emocional está muy detenido. Hay muchísimas personas que ya no tocan, que no son capaces de mirar las texturas que tienen cerca, que no son capaces de deleitarse con las sensaciones que le provoca un tacto. Lo que hacemos es tocar a los animales en vez de a la persona. 

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque el perro no nos compromete. El tacto es el primer sentido que se desarrolla en relación con las personas. El tacto es lo primero que vincula a un niño con su madre. El olor, olfatea a su madre. Y cuando la olfatea descubre que ahí hay mucho amor, hay mucha seguridad…detecta el olor de la madre en contra del olor de los demás. Hemos perdido el olfato incluso para saber cuándo nuestra pareja nos está deseando. Un olor que los jóvenes lo notan rápido, pero que nosotros lo hemos ido perdiendo. El olor de la sensualidad.

Jon: Sí, la verdad es que hemos adormecidos casi todos. En mi caso, el más adormecido es el de la escucha. He perdido mucha capacidad de escuchar, de observar…

Joaquina: Este es uno de los elementos que más desbordan emocionalmente. Cuando no sabemos manejar nuestros sentidos aparecen muchos problemas. Para manejar sentimientos es importante escuchar. Quizá has puesto foco en desarrollar tu inteligencia matemática y no en desarrollar tus relaciones con el otro. Y a partir de ahí se producen los problemas. Y no te has dado cuenta de que es la relación humana la que nos hace perder o ganar en inteligencia. Primeramente las relaciones humanas con uno mismo, luego con los nuestros, después con los ajenos y después en nuestra vida profesional.

Jon: Encuentro que en las relaciones con los demás hay una especie de lucha de intereses…

Joaquina: Así es, y en esa lucha de intereses es cuando, de alguna manera, pierdes tu inteligencia. Cuando la Inteligencia Emocional se pierde es cuando tenemos expectativas que no cubrimos. Esas expectativas están posicionadas en 3 bandos: La expectativa que tengo sobre mí. La expectativa que tengo sobre ti. La expectativa que tengo sobre todo. Te deberías preguntar:

  • ¿Qué expectativa tengo yo con respecto a mi propia Inteligencia Emocional?
  • ¿Qué expectativa tengo yo con respecto a las personas más cercanas a mí (mi pareja, mi madre)? Las personas con las que tengo un vínculo con una expectativa direccional e inmediata.
  • Y que expectativa tengo yo con respecto a la sociedad, que es más lejana, pero con la que me tengo que enfrentar.

Jon: Quizá podría transformar un poco las preguntas de esta manera: ¿Qué estoy esperando yo de mi mismo en relación con mi vida? ¿Qué estoy esperando de mi mismo en relación con mi desarrollo físico, emocional e intelectual?

Joaquina: Lo primero que debes saber es si en el yo has puesto el ejercicio de conocerte, de aceptarte y de motivarte:

  • ¿Estoy viviendo conmigo perfectamente? ¿Hay cosas de mí que no conozco? Si no me conozco ¿Cómo me voy a poder relacionar bien con el otro?
  • ¿Me acepto o soy una persona que me critico? Y si me critico, ¿cómo me voy a poder relacionar bien con los demás?
  • ¿Tengo una motivación y la vivo? Si no tengo mi motivación, ¿cómo voy a intentar que los otros acepten mis motivaciones?

Jon Estas serían preguntas que, en su respuesta, estaría el autoconocimiento: donde estoy yo en relación con el mundo.

Joaquina: Así es, y la primera cosa que me tengo que preguntar como individuo es: ¿qué conozco de mi mismo para estar preparado para cualquier cosa que pueda suceder? Y estas preguntas me las tengo que hacer en 3 niveles: ¿Quién soy? ¿Cómo soy? ¿Por qué soy? Revisándolo puedes decidir si quieres cambiar algo o no. Pero si no te dices esas cosas claramente, es muy difícil que puedas tener una respuesta.

Jon: Sí, si no tenemos esa capacidad de decírnoslo, a pesar de que no nos guste lo que nos estamos diciendo, provocará que el “quien soy yo” enrarezca el “como soy yo”. Por ejemplo: soy alguien que no me acepto y, por lo tanto, no me encuentro bien conmigo mismo.

Joaquina: Si te das esa respuesta te vas a dar cuenta de que al lado tienes un niño, que eres tú, que necesita darse esa respuesta.  Quien soy yo, independientemente del hijo que soy. Si un niño no empieza a descubrir quien es en relación con él mismo, y empieza a ser en relación con su madre, en relación con su padre, en relación con el mundo entero…al final tendrá un problema de Inteligencia Emocional en un espacio de tiempo muy corto. Ha perdido su identidad.

Jon: Entonces ese conocimiento lo que nos da es identidad.

Joaquina: El “¿quién soy yo?” debe tener una respuesta que se amplíe en nuestra resonancia y hacernos felices. El “¿quién soy yo?”, “¿cómo soy yo?” y “¿por qué soy así?” es una unidad. El “¿quién soy yo?” puede ser infinito. Además, el conocimiento del yo te dice para que estas aquí. Cuando tú vas haciendo tu estructura, lo que vas rellenando te va dando una identidad que te hace ser, para ti, único. Para los demás puede ser, o no.

Jon: ¿Puedes poner un ejemplo?

Joaquina: El hecho de ser hijo de Claudio Elejabeitia decide como te quieres mirar. Esta sería tu primera mirada de foco. ¿Dónde te quieres mirar? Elijes de toda tu mirada lo que me quieres decir a mi. ¿Cómo eres como hijo de Claudio Elejabeitia? Y de pronto te fijas en una de sus cualidades. Y luego te dices el por qué has elegido esa cualidad. Eso es lo que te hace ser único. Esa mirada solo la puedes tener tú. Eres único en el mismo momento en que sabes quién eres, cómo eres y por qué eres. El por qué siempre es lo que sabes, es lo que te justifica como conocimiento. Lo físico sería quién eres. Lo emocional sería cómo eres y el pensamiento sería por qué eres lo que eres.

Jon: ¿Y si no te gusta lo que ves?

Joaquina: En el momento que sientes que lo que eres es bueno, que te gusta lo que eres, lo que va sucediendo es bonito. En el momento en que te das cuenta de que el “qué soy” no te gusta, ya todo lo demás te empieza a dar problemas. El conocimiento del yo es conocer todas las facetas donde puedes llenarte de tu yo. Sería como tu diario de conocimiento. El “¿quién soy yo?”, “¿cómo soy yo?” y “¿por qué soy así?” sería: La sensación que tengo sobre mí. La emoción que tengo sobre mí. El sentimiento que tengo sobre mí. El “¿quién soy yo?”, “¿cómo soy yo?” y “¿por qué soy así?” sería: Cómo me toco. Cómo me emociono. Cómo me pienso. El conocimiento es el descubrir todas las facetas que tú tienes y que son aprovechables por ti. No importa que los demás lo vean como aprovechable o no.