Acerca de Jon Elejabeitia

CEO & Founder NEXTYOU, Arquitecto

128 Pensamiento y familia

Me gusta hablar con Joaquina de niños ya que siempre está una triple visión: El niño de afuera, el niño que fui, y el niño interior.

Jon: Joaquina, en alguna ocasión te he oído relacionar la inteligencia libre y la inteligencia cautiva con la familia. Si recuerdo bien, dijiste que la inteligencia cautiva está relacionada con la capacidad de supervivencia, de adaptación.

Joaquina: Así es, el niño debe adaptarse a su supervivencia, pero en primer lugar son los padres los que deben aprender a sobrevivir.

 Jon: Sí, siempre somos los padres los que tenemos que hacer el trabajo. También dijiste que la inteligencia libre está relacionada con la capacidad de innovación.

Joaquina: Cuando el niño tiene inteligencia libre, ya puede vivir procesos nuevos, experimentar cosas nuevas a través de la inteligencia, porque adquiere capacidad de adaptación. La Inteligencia cautiva está dañada cuando existen dificultades para sobrevivir, ya que una Inteligencia cautiva sana significa saber sobrevivir en cualquier medio. Todos estamos cautivos, puesto que todos los procesos de una persona le hacen cautivo de la necesidad de aprendizaje. Es importante saber qué es lo que nos cautiva, ver dónde existe el bloqueo. Para ello, debemos preguntarnos: “¿Somos libres? ¿Sabemos lo que necesitamos en cada momento?” La enfermedad de la inteligencia cautiva viene determinada por el tiempo de adaptación a una situación nueva. Cuanto mayor sea el tiempo de adaptación, más dañada estará la inteligencia cautiva. Cuando la inteligencia cautiva está dañada, proyectamos en los demás los bloqueos, impidiendo la fluidez, mientras que cuando la inteligencia cautiva está sana, la adaptación y rapidez nos llevan a la libertad. Por ello es fundamental preguntarse ¿Qué tengo que aceptar para liberarme del cautiverio?

Jon: Por ejemplo, ¿la acción de cocinar estaría conectada con la inteligencia cautiva, mientras que cocinar recetas originales, con la inteligencia libre? ¿Qué marca la capacidad de sobrevivir?

Joaquina: El país marca la capacidad de sobrevivir, es decir, en España, cualquiera que gane el sueldo base, tiene la capacidad de sobrevivir por sí mismo. Para la inteligencia cautiva es imprescindible medir límites, responsabilidades y riesgos: el ahorro de energía, de fuerza… Todos estamos cautivos, porque estar sanos en inteligencia cautiva supondría cumplir las rutinas: comida, sueño, higiene…y hoy en día eso es muy complicado.

Jon: ¿Y cómo ocurre en las etapas evolutivas?

Joaquina: De 0 a 4 años el niño está cautivo de los adultos, y a partir de los 12, el niño sobrevive. La inteligencia cautiva enferma supone no reconocerse o reconocerse demasiado con la capacidad de sobrevivir. La etapa de 0 a 1 año es muy importante, porque marca la etapa de 0 a 12 años. Es donde está todo el patrón de aprendizaje, ya que un niño cuando nace dice lo que tiene que aprender. Por ello hay que reconocerle al niño la capacidad de aprender, así como enseñarle rutinas. Lo que el niño no aprende de 0 a 1 año es lo que irá mostrando con bloqueos. El primer mes el niño no ve y no escucha, sólo oye. A los 15 días aparecen los cólicos, indicando que el niño no se siente aceptado, siente: “no he llegado al sitio adecuado…” Ese mismo sentimiento es el que tenemos cuando llegamos a un sitio nuevo, estamos cautivos de no haber llegado al sitio adecuado, necesitamos adaptarnos a un medio hostil. Por ello los primeros 15 días de vida marcan la capacidad comunicativa, reflejándose en los 15 primeros minutos de relación con los demás, marcando el éxito o el fracaso de la relación.

Jon: Entonces, siempre que empezamos algo nuevo, conectamos con esos 15 primeros días desde: “¿seré aceptado? ¿les gustará mi nuevo proyecto?”

Joaquina: La persona que busca reconocimiento quiere que se le vea porque no se ha sentido mirada los primeros 15 días, mientras que la persona que busca aceptación quiere gustar, porque no se ha sentido aceptada (querida).

Jon: Pues, para los profesores, sería interesante que dedicasen los 15 primeros minutos de la clase al posicionamiento de los alumnos, ya que es importante ver qué niño quiere ser reconocido y qué niño quiere ser aceptado para tratarlo sin hacerle daño. Tengo una amiga con un bebé que no para de llorar, ¿tiene que ver con algo de esto?

Joaquina: Un bebé que llora mucho no reclama atención, reclama que le dejemos aprender a él solo. A los niños hay que atenderlos, pero no resolverle sus problemas. El niño necesita un maestro al que mirar, debe ser él quien mire al maestro, y no al revés. Por eso no hay que acostumbrarle a ser el centro de atención, a que todos le miren, porque no aprenderá a estar solo y a mirar a su maestro. Cuando un bebé llora, muestra que no se reconoce como capaz. Los cólicos indican que le tensiona las nuevas situaciones. Hoy en día, los niños no reconocen la autoridad porque no se sienten reconocidos.

Jon: Entonces, todo ese barullo que se monta con los niños recién nacidos cuando llegan por primera vez a casa y se les dicen tonterías, y pasan de mano en mano…

Joaquina: El niño recién nacido necesita silencio y observación, ser escuchado. Lo más importante es mirarle con amor, porque el bebé siente ese amor. Cada vez que vamos a un sitio distinto, somos como un niño recién nacido, por eso es muy importante aprender a mirar al otro, para ver qué necesita. En los 15 primeros minutos de relación el otro está sumergido en su egocentrismo, por ello no debemos tenerlos en cuenta, sino considerarlos como observación.

Jon: Y volviendo a la inteligencia cautiva…

Joaquina: La inteligencia cautiva incluye los pensamientos predeterminados. Es importante analizar cuáles son nuestros pensamientos predeterminados, porque son los que les transmitiremos a los niños. El pensamiento predeterminado respecto al trabajo conecta con la relación con el padre, mientras que los afectos, la casa….dependen de la relación con la madre.

Jon: Te he oído decir muchas veces algo que te enseñó tu padre: “Todo el mundo te ve, no todos te aceptan, comunícate con todos”

Joaquina: Así es. Si nosotros nos vemos, los demás nos ven, pero el que nosotros nos aceptemos no implica que los demás nos acepten, sólo debemos conseguir que nos aprueben. A los niños hay que enseñarles primero a verse, a sentirse presentes y después a aceptarse.

Jon: ¿Y respecto al reconocimiento?

Joaquina: Si uno reconoce sus necesidades, reconoce sus límites, sus capacidades afectivas y económicas, sabrá quién es y lo que puede hacer o no. A los 3 años el niño busca reconocimiento, pero a medida que se acercan los 4 años, emergen los sentimientos que el niño no sabe manejar, por lo que a los 4 años lo que busca es aceptación. Me permito un consejo: no tratar al niño como un muñeco de feria, haciéndole carantoñas…Cuando un niño sonríe, no hay que tratar de poner la misma cara que él, sino recoger su sonrisa y devolverle la nuestra sin imitarle.

Jon: Has hablado poco de la inteligencia libre…

Joaquina: El pensamiento predeterminado es el pensamiento práctico, que permite hacer, mientras que el pensamiento creativo es el que nos permite ser felices. Para conseguir que un niño aprenda a construir un pensamiento novedoso, cuando trate de contar la misma historia dos veces seguidas, dile que ya contó y pregúntale “¿querías añadir algo más?”, De esta manera va a ir construyendo la historia y no se produce la cadena de limitación creativa: los padres limitan al niño y el niño limita a los demás. La comunicación creativa es vida. ¿Papá y mamá te permitían repetir lo mismo o te ayudaban a construir la historia?

Algunas preguntas y una aseveración: ¿Necesito reconocimiento o aceptación? ¿Cuál es mi pensamiento predeterminado? ¿Quién me lo ha enseñado: mi padre o mi madre? ¿Me siento incompleto para vivir? La respuesta a esta última pregunta para todos es sí, y es porque nuestros padres no nos han visto capaces.

127 Farsa de comportamiento

Estamos en una gran superficie comprando algunas herramientas que necesito para hacer una chapucilla en casa. Mientras esperamos en la fila de la caja, con nuestros productos en la cesta, un padre con dos hijos se coloca justo detrás. Son dos niños de unos 7 y 9 años y lo de siempre, personalidades distintas, actitudes distintas y modos de llamar la atención diferentes. Les observamos un rato, yo con impaciencia y mirada recriminatoria al padre, Joaquina con la mirada del que comprende qué está pasando en realidad. Ya en el coche, la luz va entrando en mi cabeza.

Joaquina: Vivimos en un mundo donde cada uno de nosotros compite en el interior entre su lado intimista, que se oculta a los demás, y el otro que sale a la luz y se extiende mas o menos libremente. Esa misma separación y ese mismo ocultarse y fluir es nuestro espejo ante cada uno de los seres más próximos o lejanos que nos rodean.

Jon: Sí, a veces siento que en mi Yo existe una usurpación energética entre cada uno de mis lados haciendo, en muchos casos, inoperante mis decisiones y viviéndolas en una contradicción entre lo que pienso, digo y hago. ¿qué puedo hacer?

Joaquina: Ante todo esto nace un sistema de control que hemos aprendido en nuestra infancia para buscar en los otros aquello que nos negamos a nosotros. Esto nos hace vivir en un estado de incompleción que nos angustia y, decidimos resolverlo usurpando en los otros lo que creemos que nosotros no tenemos. Esta actitud la programamos repitiéndola una y otra vez, dándole el nombre de farsa. Le doy ese nombre porque es una representación de un guion que hemos desarrollado repitiendo la escena en nuestra vida cotidiana sin percatarnos de ello, y haciéndolo un hábito limitativo y cuantitativo que nos impide desarrollar otras escenas.

Jon: ¿Dices que nace en la infancia?

Joaquina: La farsa nacen en la infancia, en el seno de la familia, es algo que has decidido aprender para sobrevivir en ese núcleo familiar. De adulto es la muerte, pues nos escondemos y proyectamos de una forma patológica para que nos dejen en paz.

Jon: ¿Cómo ocurre?

Joaquina: Primero ves a tu madre, y para funcionar adoptas la farsa que necesites. Esta farsa se programará dentro de ti y no te das cuenta de cómo o cuándo empezaste. Eso te coloca en contradominancia, pues paras lo que eres. La realidad es que eres como ella, pero no lo puedes ser con ella delante. Luego ves a tu padre y sucede lo mismo. Mas adelante te encuentras con tus hermanos con los que harás lo contrario de lo que hacías con tus padres.

Jon: ¿Lo contrario?

Joaquina: Por ejemplo, si tu padre era intimidador contigo y tú ejercías de pobre de tí, harás de intimidador con tu hermano. Guardarás el rencor cuando no has podido sacar otra parte de tu ser ante tus hermanos. Esta farsa, en el fondo, es una paralización de tu ser que, en lugar de mirar dentro de si y obtener todo lo que desea para después extenderlo a los demás, se paraliza maniobrando por y para conseguir la atención y la energía de los demás.

Jon: Es decir, nos hacemos parásitos energéticos los unos de los otros.

Joaquina: Así es. Otro ejemplo, pienso en alguien de carácter reservado. Su manera de controlar personas y situaciones es crear en su mente esta farsa durante la cual él se aparta y parece misterioso y lleno de secretos. Se dice así mismo que obra de este modo por cautela, pero lo que realmente hace es confiar en que alguien será atraído por esa farsa e intentará deducir qué le ocurre. Cuando alguien lo intenta él sigue siendo impreciso, indefinido, forzando a la otra persona a insistir, a indagar, a escudriñar para distinguir cuales son sus verdaderos sentimientos.

Jon: Entonces, ¿hay infinitas farsas, una para cada uno de nosotros?

Joaquina: No. Hay 5 farsas de comportamiento en la interacción, y 4 farsas más determinantes en el mundo de la comunicación tácita y expresa. Las farsas de interacción son: Intolerancia que produce inseguridad. Inseguridad que motiva la desconfianza. Desconfianza que produce apatía e infelicidad. Apatía que produce paralización. Y paralización que lleva a la intolerancia. Cuando están en interdominancia funcionan de la siguiente manera: La intolerancia genera inseguridad, que genera desconfianza, la cual producirá apatía que generará paralización.

Jon: Y, en relación con la comunicación las farsas son…

Joaquina: El intimidador que origina el pobre de mí, u otro intimidador. El interrogador lleva al reservado. El reservado propicia el interrogador. Y el pobre de mí crea al intimidador. Cada una de estas farsas puede estar de una forma determinada dentro de nosotros pudiendo decir que nuestro comportamiento es siempre el mismo, o variar según las circunstancias que nos rodeen. Si estamos ante una persona intolerante podemos convertirnos en seres inseguros, o permanecer en nuestro estado de intolerancia y querer conseguir la inseguridad del otro, lo cual propiciará una tensión hasta que se adecuen ambas farsas. Lo importante en estos momentos es la necesidad de corregir nuestras farsas de comportamiento para poder participar de un mundo en extensión, liberado y en crecimiento, y alejarnos de estos estados de separación donde todos estamos perdiendo.

Jon: ¿Qué podemos hacer para no manipular con nuestras farsas?

Joaquina: El primer paso para resolver la situación es trasladar nuestra particular farsa a la plena conciencia. Nada adelantamos hasta que no nos miremos realmente a nosotros mismos y descubramos qué hemos estado haciendo para maniobrar en busca de atención. Debemos retroceder a nuestra vida familiar y poder determinar cómo y porqué se formó este hábito. Desde ahí nos será mucho más fácil ser conscientes de cambiar el deseo de controlar a los otros. El desarrollo de nuestras farsas particulares guarda siempre relación con nuestra familia. Sin embargo, una vez hayamos identificado la dinámica de la energía en la familia, podremos rebasar aquellas estrategias de control y ver lo que realmente pasaba. Toda persona debe interpretar su experiencia familiar desde un punto evolutivo, un punto de vista espiritual y descubrir quién es realmente. Una vez hecho esto, nuestra farsa de control desaparece y nuestra vida cambia de rumbo.

Jon: ¿Podrías darme algún ejemplo más de las farsas de comunicación?

Joaquina: Las personas reservadas motivan la interrogación, siendo los interrogadores los que consiguen que los otros sean reservados. Un pobre de mi necesita a su lado un intimidador, y un intimidador disfrutará de ese pobre de mi entregado a esa farsa. El interrogador, por ejemplo, es una persona que construye esta farsa en la que hace preguntas y sondea el mundo de otra persona con la intención específica de encontrar algo censurable. Cuando lo ha encontrado, critica este aspecto de la vida del otro. Si la estrategia funciona, la persona criticada es incorporada a la farsa. Luego, de súbito, dicha persona se siente cohibida, tímida; se mueve en torno al interrogador y presta atención a cuanto este hace y piensa, con objeto de no hacer algo malo que el interrogador pueda notar.

Jon: Y si, por ejemplo, alguien nos cuenta las cosas horribles que le ocurren dando a entender, quizá, que nosotros somos los responsables, y que si nos negamos a ayudarle continuarán ocurriéndole esas cosas horribles.

Joaquina: Entonces esa persona pretende controlarnos al nivel más pasivo, con lo que se califica de farsa del pobre de mí. Todo lo que esa persona dice o hace nos coloca en una posición en la que tenemos que defendernos contra la idea de que no estamos haciendo lo suficiente por dicha persona. El resultado es que nos sentimos culpables por el mero hecho de tenerla cerca.

Jon: Estos ejemplos nos hablan de la dependencia de atención, un tanto patógena, que en tenemos en nuestra infancia.

Joaquina: Somos seres que nos sentimos separados y con derecho a una totalidad que no tenemos y que deseamos obtener, no por la grandeza y generosidad del compartir, sino a través de la incomprensión de que los demás tengan derecho a lo mismo que nosotros. Por lo tanto, la revisión de estas farsas debe ser realizada principalmente en el seno familiar, con nuestros padres y hermanos. Actuaremos ante papá para conseguir acercarnos o distanciarnos buscando la atención de mamá, y que nos sienta únicos e irrepetibles. Una vez conocida nuestra farsa podremos ver qué yace detrás de estos trasiegos emocionales. Descubrir esa verdad puede dar renovado vigor a nuestra vida, porque nos dice quiénes somos, qué camino seguimos, y qué estamos haciendo en nuestra vida. Las farsas de comportamiento son siempre un deseo de obtención por lo que detrás de ellas subyace una aceptación de no ser completos. Cuando las vencemos caminamos a una unidad y a una plenitud. Que no paremos cada día en vencer nuestra inclinación a repetir nuestras farsas.

126 Asertividad

Estamos sentados en un cómodo sofá en el salón de la casa de Joaquina. Me invitó a cenar y después a ver en la televisión un debate de los que se han puesto de moda. Políticos, periodistas, intelectuales… ¿comunicando? Eso es debatible.

Joaquina: La importancia de la comunicación radica en la capacidad de escuchar y hablar lo que cada uno piensa con el fin de conseguir intercambiar ideas que aporten sabia nueva a la relación interpersonal, profesional o cotidiana de los participantes. La habilidad que poseemos para expresar lo que realmente queremos en el tiempo y medio adecuado es importante para desarrollar una mejor relación con el entorno.

Jon: Ya sé que no te gusta cuando soy irónico, pero lo que estamos viendo aquí…

Joaquina: Una falta de fluidez para pedir algo, acaba generando malestar y a veces una baja autoestima de difícil resolución. Y esta situación se agrava cada vez que se repite la dificultad. Si te fijas, todos buscan obtener resultados.

Jon: Yo lo que veo es una falta total de asertividad. Defino esta como la capacidad de autoafirmar nuestra idea, sentimiento o nuestra ética frente a los demás sin agredir ni ser agredidos, aumentando nuestra capacidad de transmitir opiniones desde la claridad, concreción, con fuerza y flexibilidad llegando al fin que queremos sin pasar por encima de los demás. Es decir, nada de lo que estamos viendo en la televisión.

 Joaquina: El principio de la asertividad está en conseguir lo que se desea sin dañar el interés de los otros. La asertividad que construye, donde los datos quedan al aire y hay transparencia, es un medio de persuasión; la que destruye es manipulación y no queda nada claro.

Jon: Sí, como en la película de Wall Street. Michael Douglas es como estos, descalificador, destructor, nada asertivo. Tira abajo lo que no le gusta para conseguir lo que quiere

Joaquina: Para ser asertivo hay que ser consciente de tu individualidad y de los derechos de los demás. La asertividad es, por encima de todo, un medio de ser eficiente, resolviendo cualquier conflicto ante los demás, y consiguiendo resultados altamente positivos para todos. Es ser claro, concreto Y preciso, con amabilidad y fuerza para llegar al fin que se quiere. Con ello lo que se obtiene es más seguridad en uno mismo, resultados positivos y respeto a los derechos de los otros.

Jon: Vaya, es la que te hace encontrar un punto de luz para caminar sobre la comunicación.

Joaquina: Se puede ser íntegro siendo asertivo, pero no se tiene por qué ser asertivo siendo íntegro. Asertividad es la capacidad de transmitir lo que se es y lo que se piensa. Ser íntegro y aprender asertividad es todo un éxito. Ser no íntegro y querer ser asertivo es imposible. Un asertivo nunca compite y jamás dice lo obvio, nunca plantea un estado de discusión, sino de clarificación. En la asertividad es muy importante la autoafirmación, ya que está en uno mismo, y si eres asertivo nadie podrá quitarle tu idea.

Jon: Aquí si que me viene a la cabeza la escena de la película “Adivina quién viene esta noche” donde Sidney Poitier es totalmente asertivo en la conversación que mantiene con los padres de su prometida. Expone claramente lo que piensa y se posiciona con fuerza y seguridad con sus argumentos. Brillante diálogo.

Joaquina: Así es, Sidney Poitier tiene todas las cualidades de una persona asertiva: Activa, directa, clara y oportuna. Se comunica en el nivel verbal, emocional y simbólico. Acepta a las personas. Tiene autoridad, pero no abusa de ella. Defiende lo que desea respetando a los demás. Es responsable de si mismo, no de los otros. Y por último, sabe que se merece el respeto, no el afecto.

Jon: ¿Y ese último punto?

Joaquina: Una persona asertiva no puede buscar ser amada pues cambiará para ganarse el amor de los demás. A los asertivos solo los quieren una pequeña minoría, tienen ganado el respeto de los demás, pero no el cariño.

Jon: Entiendo como te sientes a veces. Yo quiero ser asertivo, ¿qué tengo que hacer?

Joaquina: Lo primero, escuchar al otro. Escuchar lo que dice, pero son que medie tu intención. Para eso debes aislarte de tus puntos de vista o tus circunstancias hasta que la persona termine con lo que va a decir.

Jon: Bien, ¿ahora ya puedo hablar yo?

Joaquina: Sí, pero debes decir exactamente lo que piensas. Expresar tus pensamientos sin pedir disculpas. Sobre todo, evita gritar lo que deseas ya que indicaría inseguridad. Cuando hables, define la acción a realizar. Indica clara y directamente qué acción deseas. Así no habrá problemas con la interpretación de los resultados. Y, como te conozco, no bromees ni insistas sobre ello.

Jon: ¿Cuándo sabré si es el momento adecuado para ser asertivo?

 Joaquina: No puedes saber si estás en el momento adecuado, con el oyente apropiado, o de la forma apropiada, si realmente no miras a quien te rodea. La asertividad es el segundo elemento para conseguir tener una conversación lucrativa y llena de éxitos. El primero es escuchar, el segundo es ser asertivo, decir lo que quieres en el tiempo y la forma adecuada. Eso es lo que hace crecer las relaciones interpersonales. No vale de nada generar un malestar en el otro o crear un estado de fricción. De lo que se trata es de que ambos estéis en el mismo bando y los dos os tenéis que lucrar. Así, en la asertividad se trata de que las dos partes ganéis y ninguna pierda. Un ser asertivo consigue crear en el otro una conciencia de progreso y éxito que le llevará a valorar la asertividad, la capacidad de trabajo y su función en esta vida.

Jon: Me imagino que todo esto está tiene una técnica y está regido por unas reglas.

Joaquina: Comprendida la idea, las técnicas son muy sencillas:

Persistencia: Repetir lo que se desea una y otra vez sin levantar la voz ni enfadarse. Obviar los intentos de derivar la cuestión.

Transparencia de datos: Comunicar los datos relativos a la cuestión abiertamente. Clarificar aspectos que no nos parezcan relevantes.

Automostrarse: Comentar datos que nos hayan ocurrido a nosotros mismos. Mostrar sentimientos cuando la situación lo requiera.

 Indefensión / Aceptar errores propios: No adoptar posturas defensivas ante la llamada de atención del interlocutor. El planteamiento no es de defensa sino de aportar datos. No se puede hablar asertivamente de aquello que se tiene que superar, pues todos tenemos un talón de Aquiles donde nos sentimos vulnerables y atacados. El sentirse atacado es darle la razón al interlocutor, y eso significa que hay algo que aprender. Lo que se aprende se integra y no hay que hablar de ello.

 Despersonalización: No poner resistencia ante las críticas de los otros comunicando con la verdad o con la posibilidad. Si no se aceptan las críticas no se puede volver a criticar a nadie. Ofrecer resistencia a las críticas es dar la razón. No responder en los términos poco respetuosos si existieran. No considerar que la molestia del interlocutor tenga que ver contigo.

Compromisos / Metas nobles: La meta noble es asumir la responsabilidad de viabilidad de lo que se desea como resultado. Si lo que se plantea no tiene esa viabilidad, no es asertivo. Es importante ponerse un 1% de metas.

Jon: También hay reglas…

Joaquina: Tener algo que decir. Capacidad de síntesis. Generosidad. No – competitividad. Valoración de ambas partes. Las dos deben beneficiarse del resultado. Diálogo constructivo y dinámico. Nunca tenso ni crispado. Respeto y escucha. Por último, desapego a los resultados.

 Jon: Tener algo que decir es tener algo dentro.

Joaquina: Aprende de lo que hablas y habla de lo que vives. La asertividad no mueve sentimientos, mueve realidades.

Los afortunados que hemos asistido a una clase o una conferencia de Joaquina, tenemos un magnífico ejemplo de alguien asertivo. Para los que no, os invito a ver el alegato final de Gary Cooper en la película “El Manantial” de King Vidor.

125 Juventud y adolescencia

Es un atardecer de viernes tranquilo. Pasamos por una plaza donde un nutrido grupo de adolescentes preparan lo que en un rato será un botellón. Alegres y ruidosos, discuten sobre quién ha pagado qué, sobre si van a tener suficiente de todo, o si vendrá tal o cuál amigo.

Jon: No me gustaría volver a esa edad… ¿Por qué te has convertido en una especialista en juventud, adolescencia e infancia? Más allá de que es en la infancia y juventud donde mejor se pueden atajar casi todos los problemas para que sus repercusiones no sean acarreadas a lo largo de la vida afectando no solo a la persona sino también a su entorno. ¿Por qué tomaste esta decisión?

Joaquina: Lo que es cierto es que la flexibilidad y ductilidad de los niños y jóvenes para corregir ciertas problemáticas es mucho mayor que en los adultos. Por otro lado, hay una importante labor de prevención que nos permite con ciertas técnicas propiciar que el joven resuelva en la raíz las desagradables consecuencias que originan la falta de confianza, seguridad o motivación tan presentes en la actualidad en el mundo de los jóvenes.

Jon: ¿Cómo empezó todo?

Joaquina: Mi trabajo como terapeuta empezó hace 17 años y fue precisamente el caso de un niño lo que me hizo dejar el trabajo que desarrollaba en una gran empresa, y que compaginaba con mis estudios y práctica terapéutica, para dedicarme en cuerpo y alma a esto último. A lo largo de los años me he ido encontrando con multitud de pacientes, pero han sido los niños y especialmente los adolescentes los que han movido dentro de mí el ánimo investigador. Poco a poco fui pasando del trabajo personal y específico en la consulta, a desarrollar programas aplicables a grupos de estudiantes en sus propios colegios, intentando transformar las actividades extraescolares tradicionales, judo, gimnasia, inglés, etc. en una serie de clases prácticas, participativas y muy divertidas donde el alumno se va encontrando poco a poco con quien es. Son los propios jóvenes quienes requieren habilidades para vencer sus miedos e inseguridades.

Jon: Y ahí empezó tu interés por la inteligencia emocional…

Joaquina: Llevo tiempo intentando que la inteligencia emocional se pueda ofrecer en los colegios como algo optativo a lo que puedan tener acceso los jóvenes y docentes. La inteligencia emocional abre un abanico de posibilidades para romper la injusta hegemonía de la inteligencia lógico-matemática que impera en nuestras instituciones. Los jóvenes deben saber que existen otras inteligencias en las que apoyarse para desarrollar su liderazgo personal. Gardner en su libro de Inteligencias Múltiples desarrolla ocho inteligencias como la Cinética, musical, espacial, intrapersonal e interpersonal…considerando igual de válidas cada una de ellas. Sería estupendo experimentar que, además de los valores tradicionales que todo padre y educador espera infundir a sus hijos, se estimularan una serie de competencias que harán de ese hijo o alumno una mejor persona y un individuo más preparado para afrontar lo que se espera de él cuando termine sus estudios. Competencias que van a determinar el modo de relacionarse con ellos mismos, como la motivación y la autorregulación; o el modo de relacionarse con los demás, como la empatía o la comunicación

Jon: Y estos chicos y chicas de la plaza, ¿qué problemas tienen hoy día?

Joaquina: Las dificultades que a mi me interesan y las que trato mayoritariamente, afectan a un gran número de jóvenes. Seguramente no son tan espectaculares como la drogadicción o el abuso del alcohol o del sexo, pero sí creo que pueden ser la causa que lleva a los jóvenes a estos últimos. Las dificultades que tiene la persona en su totalidad y el joven más concretamente en la etapa de 16 a 20 años, es la manifestación de su mundo emocional y sensitivo. El miedo a la debilidad, al rechazo de los otros o una necesidad de reconocimiento excesiva, acaban desarrollando bloqueos comunicativos y crisis de ansiedad graves. La gran campaña de exigencia escolar, los estándares físicos y una inadecuada educación para lograr las metas fijadas, desembocan en baja autoestima, poca seguridad en ellos mismos, combinado todo ello con una deficiente relación con la autoridad de los docentes o grupos de poder. Seguramente todo esto afecta menos a la sociedad como conjunto, pero son devastadores para una mente sensible como la de los jóvenes. Creo que el botellón se ataja desde la alternativa y no desde la represión.

Jon: ¿Cuáles son esas alternativas?

Joaquina: Las vías de resolución pasan por educar a los adultos en el sentido de reducir las expectativas puestas en los resultados escolares, aunque sean de gran importancia, y poner la intención en que el joven se reencuentre con la autoridad como un bien, una autoridad que estimula las realidades de cada joven, potenciando la confianza a través del fortalecimiento de sus habilidades, de sus deseos y de sus necesidades. Informando y documentando a los padres sobre el proceso evolutivo y cognitivo del joven y creo que ante todo dando a todas las partes el significado que en esta relación tienen.

Jon: Me encanta, te pido soluciones para los jóvenes y los que lo tenemos que trabajar somos los padres

Joaquina: Los padres sois medios para que el joven se realice, no inductores de logros para resolver fracasos personales o metas que no habéis podido alcanzar. Cada joven es el resultado de lo que ha aprendido y las conclusiones personales que para él tienen esos aprendizajes. Las circunstancias de hoy no son las pasadas y por lo tanto no pueden coincidir las miradas, los intereses de unos y otros. Satisfacer todo lo que el joven pide, creyendo que así se entregarán a lo que los padres deseáis, es sólo un error más. Los jóvenes necesitan estímulos personales, lograr sus deseos por ellos mismos y sobre todo que los objetivos sean propios. Quizá no sea estudiar una carrera, ser presidente de una compañía. Posiblemente pueda ser escribir una música, desarrollar un proceso creativo. Por qué no, vivir con menos medios y con más tranquilidad. En cualquier caso, enseñarles a ejercitar honestamente su libertad les hará elegir correctamente.

Jon: Entonces, ¿qué deberíamos hacer para ayudar a nuestros hijos?

Joaquina: Con frecuencia llegan a mí educadores, profesores y personal docente en contacto con niños y jóvenes, quejándose de una carencia en la educación de sus alumnos. El tipo de educación que creen debe dárseles en el ambiente familiar. Lo padres de alguna manera pretendéis que sea el sistema escolar el que tome las riendas de la educación que estos jóvenes necesitan. Así, los maestros se encuentran con la dificultad de la no aceptación de la autoridad, falta de escucha, indolencia, etc. Que dificultan considerablemente su labor docente. Para ayudar a hijos y alumnos, pienso que el primer paso es sin duda una toma de conciencia por parte de padres de vuestro papel educador. El niño evoluciona dentro de un seno familiar que son sus primeras referencias. Las actitudes y aptitudes de sus padres son su base de conocimiento personal sobre las que va a mirar el resto del mundo circundante, incluidos sus primeros maestros. Son el reconocimiento y aceptación de sus padres el soporte en el que el niño basará la confianza en si mismo y afianzará su mundo emocional. Toda expectativa que recae en el educador y sus posibilidades de modificar este primer sentimiento infantil, son de muy difícil realización.

Jon: Me acuerdo del Taller de Padres que hicimos hace unas cuantas primaveras en el Colegio de Médicos de Madrid, una amiga argentina nos comentaba al terminar la luz que la había aportado conocer el desarrollo cognitivo de 0 a 24 años que habías desarrollado, y su significado sobre su infancia. Recuerdo que insistía en la necesidad de instruir a los futuros padres en esta labor educadora tan compleja y en la que, a pesar de no desearlo, cometemos errores viejos y muy dolorosos.

Joaquina: Sí, el programa tuvo dos aspectos muy delimitados y entrelazados entre sí. Desarrollamos el ciclo evolutivo que va de 0 a 12 años en el que el niño vive como única referencia su entorno familiar y en un segundo tiempo la etapa de 12 a 24 años donde el significado está en el exterior y el joven inicia el desapego de su mundo conocido, para sumergirse en los grandes retos de la elección profesional.

Jon: Me gustaría que recordaras la experiencia piloto que realizamos en el IES María Zambrano de Leganés, a principios de año.

Joaquina: Me contactó la Jefa de Estudios del Centro por distintos problemas que tenían de violencia en las aulas. Organizamos una serie de tres conferencias dirigidas a los padres que fueron convocados por la APA y a las que asistieron unos 65 padres. La serie se titulaba “Padres e hijos, problemas cotidianos” y en ellas manejamos conceptos como el paso de la dependencia a la rebeldía, el miedo a ser rechazado por la pandilla, o el liderazgo y su coste. En el estudio de campo realizado al final de las tres sesiones, había una solicitud mayoritaria para que estos talleres se extendieran a los hijos y los docentes. Esto provocó que los propios hijos de estos padres quisieran asistir voluntariamente a tres talleres con nosotros, en horario extraescolar. Bajo el lema “confianza y seguridad”, los jóvenes de entre 14 y 17 años recibieron un poco de teoría acompañada de una serie de ejercicios que les llevaron a un grado de desbloqueo emocional, al conocimiento de la sensación de ridículo, a compartir, crear, desarrollarse. Recitaron poesía, cantaron, hicieron expresión corporal, pintaron con las manos y finalmente crearon, escenificaron e interpretaron una obra teatral.

Jon: Recuerdo a uno de los participantes, notorio por su gran éxito escolar, te comentó su timidez y su dificultad para expresarse en público.

Joaquina: Sí, le propuse participar en una sesión práctica del Master de Comunicación. Tendría que preparar una poesía, un baile y una canción que compartiría con los alumnos. El regalo de tenerle con nosotros se colmó cuando nos ofreció una poesía creada por él que hablaba de amor y de sueños de juventud. Todos nosotros evocamos aquellas largas noches de ensueño en las que el papel blanco recogía deseos y frustraciones. Al igual que él, nuestros pies y nuestras voces se habían quedado detenidos en el miedo al ridículo, a la crítica y todo ello estaba repercutiendo en una pobre presentación de nuestros retos profesionales.

124 El perdón a la pareja II

Hoy he decidido cambiar una conversación por un esquema muy sintético y creo que claro, de los cinco pasos que hay que dar. En este caso están aplicados a perdonar a la pareja, sin embargo, se pueden utilizar, matizándolos, en todos los procesos donde quieras hacer un cambio personal.

 Al final, un par de preguntas para cerrar el tema. Gracias por los comentarios.

 

  1. – Confianza
  • Nacer a la visión de tu capacidad de perdonar.
  • Sólo podemos nacer libres cuando confiamos que nada del pasado nos retiene.
  • Tenemos todo lo que necesitamos para cumplir nuestra misión.

 

  1. – Tolerancia y Paciencia.
  • Crecer a la aceptación de los procesos de adecuación en saber aprender y enseñar.
  • Reconocer nuestro espejo y no quedarnos prendados en los errores.
  • Dar el tiempo a las cosas y a las personas.
  • El camino es ligero y nuestra preparación la adecuada.

 

  1. – Conciencia
  • Cambiar todo aquello que vamos comprobando que nos hace perder nuestra paz, nos resta felicidad y nos detiene en el proceso de ir hacia Dios.
  • Ser conscientes de la felicidad que propicia el cambio, y de nuestra correcta preparación para él.

 

  1. Seguridad y decisión.
  • Experimentar todo lo que vimos, aceptamos y cambiamos.
  • Observar los resultados evitando la duda que podríamos experimentar.
  • Decisión para vivir la acción.

 

  1. Liberación.
  • Desposesión de todo lo negativo que hemos vivido hasta llegar aquí.
  • Quedarnos tan solo con la esencia positiva de cada situación.
  • Extensión y enseñanza desde la unión.

 

EJERCICIO:

Encuentra los tres aspectos negativos más relevantes para ti de:

  1. Tu hermano/a

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

 

Busca la similitud con tu pareja actual, o la persona a la que quieras perdonar, con los aspectos que has indicado en tu hermano/a.

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

 

123 El perdón a la pareja

Es fácil en un día cualquiera, a nada que salgas un poco a la calle, encontrarte alguna pareja discutiendo. Lo difícil es darse cuenta de que en realidad no discuten entre ellos. Cada uno discute con las parejas anteriores, con los padres, con las carencias, con el rencor acumulado. Estamos en un concurrido restaurante y en la mesa al lado de la ventana una pareja se esfuerza por controlar una discusión que se acalora a cada momento.

Jon: Ya sé que hablamos muchas veces del tema de la pareja, pero tu siempre has defendido que es en pareja como crecemos humanamente y nos desarrollamos en la vida, aprendiendo sobre nosotros mismos, Entonces, ¿por qué nos lo ponemos tan difícil, acumulando rencor a través de las distintas relaciones por las que pasamos?

Joaquina: El rencor, o la separación, nace en la relación especial. Iniciamos esta relación con alguien que creemos tiene algo que en nosotros no fluye de forma espontánea, o simplemente pensamos que nos falta. En un principio nos parece válido ir recibiendo de otro, lo que nos parece imprescindible para nuestra felicidad, pero cuando pasa el tiempo entramos en una situación dual: Sentimos rencor por la confirmación de nuestra carencia. Y nos hacemos dependientes de la persona a la que tenemos rencor porque tememos que nos dejen y no nos suministren lo que creemos que es la base de nuestra felicidad.

Jon: Pero a veces sí somos conscientes de esta doble situación.

Joaquina: Cuando esto ocurre, aparece la necesidad de atacar, para castigar al otro por tener o por poder dejar de suministrar lo que creemos que nos merecemos. A partir de ese momento iremos dejando en evidencia las faltas o fallos que encontremos en el otro con el fin de vencer nuestro miedo a la pérdida. El ego fomenta esta lucha sabiendo que el final es una ruptura, y el inicio de una nueva relación que empezará con la misma premisa: La búsqueda de lo que no se tiene.

Jon: ¿En qué se basa esto?

Joaquina: La base de este fundamento es la sensación de carencia en la que el ego nos envuelve con el fin de fomentar la separación y la visión irreal de que Dios da a sus hijos valores diferentes. Esa fabricación del ego es la que lleva al ataque y a la necesidad de castigar a los que se conciben como diferentes.

Jon: Entonces todo esto es parte de un proceso bien estructurado…

Joaquina: Así es. Nacemos con la desconfianza de nuestras capacidades para realizar nuestra misión. Vemos en los demás lo que en nosotros es una carencia. Ellos pueden realizarse.  Nosotros no. Crecemos intolerantes ante el esfuerzo a realizar porque pensamos que el camino es más arduo que nuestra preparación para el. Aceptamos que son los otros los que crecen y envidiamos su crecimiento, lo que en algunos casos nos lleva a querer pararlos. Nuestra juventud es inconsciente y alocada, bloqueando la comunicación, convencidos de que nuestro ser no está preparado para esta experiencia. Esperamos que los demás cambien lo que nos molesta y si no lo hacen les culpabilizamos de ello. Llegamos a adultos con muchas dudas, inseguridades y la profunda indecisión sobre lo que tenemos o no tenemos que hacer. Paralizamos nuestro camino. Dudamos del sentido de la vida. Queremos que los demás experimenten por nosotros para luego decir que esa experiencia les vale a ellos, pero a nosotros no. La madurez. Es costoso el tiempo vivido. Tenemos apego a todo lo nuestro, aunque no nos resulta válido y el rencor está preso en nosotros. Todos tienen lo que no tenemos y además están apegados a ello y no lo dan. Otros se extienden, nosotros guardamos lo que tenemos porque quizá nos lo quiten y nos quedemos sin nada.

Jon: Siempre te he oído decir que el perdón es el camino para la madurez.

Joaquina: El principio del perdón se basa en entender que nada ha sucedido. Ha sido nuestro mundo de proyección el que, desde estados subjetivos, nos ha llevado a vivir como una realidad lo que era una fabricación del ego. Pensamos debería haber sido de otra manera, y eso es lo que genera el rencor. En ese momento nos hemos convertido en directores, guionistas productores y primeros actores, y en este estado de egolatría, no permitimos que nada se mueva fuera de nuestra dirección. ¡Pobres de aquellos que hayan actuado, aunque sólo sea un instante, de forma diferente a la deseada por nosotros! En nuestra mediocridad no somos capaces de vivenciar que enfrente hay otro director que barre para sí mismo al igual que lo hacemos nosotros.

Jon: Entonces, cuando somos capaces de observar el escenario común, somos capaces así mismo de compartir y extender, con respeto, nuestro propio guión.

Joaquina: El perdón, nace cuando vemos y aceptamos que, en nuestro tramo de coexistencia con los demás, el alumno y el maestro son el mismo. Cuando entendemos que no han existido hechos, sino fabricaciones del ego. Perdonamos cuando nos abrimos a experimentar esta realidad para poder extender nuestro perdón.

Jon: Según esto, perdonar, es por encima de todo, hacer un reconocimiento de que nada existió ni en uno mismo ni en los demás.

Joaquina: Perdonar, nos lleva a la relación santa. Una relación donde nos sentimos plenos, abiertos al aprendizaje desde los recursos que tenemos, viendo a nuestro hermano como un maestro y un alumno libre. Nos damos sabiendo que es lo mismo que recibimos. Enseñamos sólo lo que queremos aprender.

Jon: ¿Cómo perdonamos?

Joaquina: Perdonar es un ejercicio de 5 pasos:

Primero: VER el hecho o suceso que necesita perdón. Para ello abstráete al máximo y minimiza la información del hecho.

Segundo: ACEPTAR que hay una parte con la que te has sentido atacado y que aún no has perdonado. Que ha existido en el pasado una situación donde has actuado así con la misma u otra persona. Es importante para analizar este punto observar el contenido y no la forma. Es quizá en este aspecto donde más nos confunde el ego. Nos hace ver aspectos diferenciales en los modos y actitudes y nos hace obviar las características abstractas del hecho. Una vez localizadas las dos situaciones, debes anotar:

  • La justificación que te das para esa forma de actuar;
  • Qué elemento buscas dentro de tu análisis para paliar tu culpa.
  • Cogiendo estos datos aplícalos a la situación donde tú crees que recibes el ataque.
  • Dos actos con un mismo contenido sólo pueden ser realizados por dos mentes con un mismo tipo de pensamiento.

Tercero: CAMBIAR. Una vez comprobado que todo lo que vives y crees recibir de los demás no es mas que el resultado de la intolerancia que vives hacia ti mismo y hacia ellos, debes ver qué parte de ti mismo vas a cambiar para que los hechos no vuelvan a repetirse.

Cuarto: EXPERIMENTAR. Ahora date un tiempo para experimentar libre de los juicios anteriores. Ya conoces que la dificultad estaba en ti, y la reconstrucción también lo está. Desde ahora tu experiencia en la relación con situaciones de este contenido va a ser de crecimiento y liberación.

Quinto: EXTENDER. Una vez visto, aceptado, cambiado y experimentado, extrae la esencia del trabajo que has hecho. Olvídate totalmente de situaciones no existentes y haz la síntesis de este trabajo para cualquier experiencia de tu vida. Ahora, cada día debes ser maestro de esta esencia y hacerla extensiva a todos tus actos y momentos.

Voy a transcribir el ejercicio que hicimos en un Taller sobre este tema, que creo que puede ser útil.

  1. Busca dentro de ti una carencia que hayas buscado en la persona que hoy vas a elegir para experimentar el perdón.

…………………………………………………………………………………………….

  1. Sitúate en un momento muy doloroso, con tu pareja. Algo que hoy piensas que no puedes perdonar. Dale un nombre abstracto a esa situación.

…………………………………………………………………………………………….

  1. Mira hacia atrás en el tiempo y piensa en alguna persona, después de tus 12 años a la que tú le hayas hecho lo mismo. Escribe la diferencia que encuentras entre una situación y la otra.

…………………………………………………………………………………………….

  1. Escribe la justificación que te das para el hecho.

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

  1. Mira a ver si puedes justificar de igual forma la situación que tú has recibido. Es decir, disculpa de la misma forma a la persona del presente. Si no es así, escribe qué diferencias encuentras en la situación, si son de forma o de contenido.

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

…………………………………………………………………………………………….

  1. Piensa qué le dirías a la persona del presente si se justificase con lo que tú lo estás haciendo y ponte en su lugar.

…………………………………………………………………………………………………………………………………

…………………………………………………………………………………………………………………………………

  1. ¿Volverías a hacer lo mismo que hiciste en aquella época?

…………………………………………………………………………………………….

Si la respuesta es NO:

  • Tendrás que aceptar que no fue real, sino un estado transitorio de tu aprendizaje.
  • Todas las personas actuamos igual.
  • No hay más maldad en nosotros que en ti y al revés.

Si la respuesta es SI:

  • Seguramente es que estás lleno de resentimiento hacia todos y hacia ti.
  • Ese resentimiento es el que te lleva a atacar.
  • No olvides que tu experiencia dolorosa también ha sido vivida por las personas que te rodean.
  • Si tu justificas tu ataque por lo vivido debes considerar igual de válida la justificación de los otros.
  • Las leyes de la vida son justas cuando puede compartirse la visión de los hechos.
  • Decide si quieres aceptar que todos actúen como tú o decides romper hoy la cadena del dolor.
  1. Intenta cerrar los ojos y ponte en la situación actual, sin ningún recuerdo. Si al mirar a la persona todavía se te mueve algún nivel de tensión es porque no quieres perdonarte a ti. Entonces tendrás que hacer el ejercicio desde el principio contigo mismo. Para ello no debes olvidar esta premisa: Tú y todos actuamos en el instante mismo del hecho únicamente como hemos podido, no con el nivel máximo de información que teníamos, pero si con el máximo de conciencia que en ese momento hemos podido. Un instante después, al comprobar, el ser se ha relajado y nos hizo creer que hubiéramos podido hacerlo mejor.

Esa es la trampa más vil del ego, que tiene una doble vertiente:

  • Por un lado, es el sentimiento de culpa que nace en ti.
  • El ego es verdaderamente consciente de que la culpabilidad se nos hace insoportable y necesitamos lanzarlo fuera, y la única forma de hacerlo es haciéndonos creer que los demás son culpables porque ellos sí podían haberlo hecho mejor.

 

122 El mensajero divino

Estamos en la azotea de una terraza de un gran hotel de Monterrey. Hay una luna grande, blanca y redonda, y estrellas. Muchas estrellas. Es fácil ver la mano Divina en todo esto.

Joaquina: No sé si existe Dios, porque en los peores momentos de mi vida, cuando busco más allá de mí, siempre hay algo que me hace buscar más, por lo tanto, a ese más, lo llamo Búsqueda. Es el mito que se puede permitir de ser único, ese Dios del que se habla, o esa Búsqueda de la que se habla, o ese punto inexplorado al que se quiere llegar. Los demás, somos iguales y estamos aquí. Como yo todavía no me he enamorado de ningún Dios, ni he querido a ningún Dios que esté en mi misma corporalidad, el planteamiento es que, en la medida en que nos sentimos dioses para dar, y al otro le convertimos en vasallo para dar, es decir, “yo doy lo que yo quiero y tú das lo que yo te pido”, hay algo que no está correcto, hay algo que tenemos que analizar si queremos romper los lazos del rencor, del dolor, de la miseria, del abandono, de sentirnos todo el rato marginados por un concepto que es “lo que yo hago y lo que yo digo es perfecto, y lo que tú dices y tú haces está hipotecado por mi perfección”. Si yo lo veo perfecto, es perfecto y si lo veo imperfecto, es imperfecto. Independientemente de lo que nos haya enseñado la religión católica, independientemente de quién nos lo haya enseñado, la única verdad que existe es que todos somos iguales, con la misma capacidad de dar y de recibir y con la misma capacidad de ser culpables o no ser culpables.

Jon: Creemos que somos únicos para nosotros.

Joaquina: Si somos únicos, estamos solos, porque el otro es único también. Es complicado para mí entender que nosotros somos únicos y que el otro existe. Si tú eres único en poder, luego tienes vasallos, pero los vasallos son de otra civilización. O sea, tú eres Dios y luego están los que caminan por debajo. Nos sentimos dioses que tienen gente que les sigue, porque si fuésemos únicos, no habría nadie, no nos podrían amar. Estamos buscando la adoración.

Jon: ¿Por qué se produce esta búsqueda de adoración? ¿Por qué necesitamos que nuestro mensajero sea Dios y no sea un ser sabio?

Joaquina: Esto es importante. No tenemos un mensajero sabio, como lo tiene el budismo, como lo tienen otras civilizaciones, nosotros tenemos un mensajero divino, que es Dios. Si el mensajero es Dios, y somos nosotros como él, ya estamos perdidos totalmente.

Jon: ¿Para qué queremos esta fabricación?

Joaquina: Se supone que, si somos únicos y somos dioses, seríamos la encarnación del amor, no estaríamos esperando amor, porque somos amor. Vamos a seguir planteándonos esta divinidad que tenemos tan extraña. Si somos dioses, como el concepto de amor es Dios, el amor supremo, si somos dioses, ¿por qué no tenemos el amor supremo, sino que esperamos que nos amen supremamente?

Jon: Entonces, ése es el fraude de las relaciones. La culpa, la no culpa, la pérdida de amor… y todas esas cosas. La paradoja que planteas es: si somos dioses, somos amor, entonces, ¿para qué queremos que alguien nos ame?

Joaquina: No estoy hablando de la religión, estoy hablando del mensajero. Estoy planteándome a Jesús previo a la religión. Te planteo en voz alta ¿qué nos hace a nosotros concebir un camino en el que estamos agarrados a la culpa y a la necesidad de castigo? O rompemos la culpa y la necesidad de castigo, o será imposible que hablemos con el que tenemos cerca, de iguales. Porque si el otro es culpable y nosotros no, siempre vamos a necesitar castigar, ya que, en el fondo, nosotros no nos sentimos culpables de nada. El culpable está fuera, o mi padre, o mi madre, o la religión, o el vecino, o la policía, o quien quieras. Yo me exculpo a pesar de que hablo de que me siento culpable, en realidad, permanezco culpabilizando a los demás.

Jon: Como en tantas ocasiones, el meollo de la cuestión está en nuestros padres.

Joaquina: De forma instintiva, elegimos nuestro padre Dios y, según avanzamos en la vida, vamos teniendo problemas con nuestro padre no dios, lo cual quiere decir que vamos perdiendo nuestra divinidad. No sabemos compartir a dios, llegan la envidia, los celos, el malestar con nuestros hermanos. Ahí empieza a confirmarse que no somos Dios.  Cuando nuestros hermanos nos dicen “eres como papá/mamá”, como el padre no dios, empezamos a tomar conciencia de que no somos divinos. Esta distancia de la divinidad que vamos teniendo, en el fondo es la que permanece dentro y la que nos hace vivir permanentemente culpables. Porque a la única persona que no perdonamos es al padre que no ha sido dios. Mientras que no perdonemos a nuestros padres no saldremos nunca de la cruz. La cruz no está en lo que siento por el otro, sino en el sentimiento que tenemos de falta de plenitud en la relación que hemos tenido con nuestros padres.

Jon: Estás diciendo que lo que no le perdonamos a nuestros padres, no le perdonamos jamás al mundo.

Joaquina: No existen más rencores en el mundo que los que tenemos a nuestros padres, que multiplicamos con nuestros hijos, con nuestros amigos, y que multiplicamos con el mundo entero. Pero el error, el dolor y el daño está ahí metido, y es ahí donde tenemos que trabajar el perdón. Ahí es donde necesitamos la crucifixión, que se provoca en el mismo momento en que queremos castigar a nuestros padres por lo que nos han hecho. Y lo más duro es que nosotros hacemos exactamente igual con nuestros hijos o con nuestros amigos. Así hemos sentenciado la falta de paz eterna.

Jon: Porque en el fondo estamos consumando permanentemente el error de la familia. Desde el primer día que nacen nuestros hijos, nos convertimos en nuestros padres.

Joaquina: Tienes que conseguir que el amor a las dos partes de tu conformación es lo que te hace salir de la culpa, entre tanto no eres capaz, porque en el de al lado siempre ves el error de aquel padre al que no amas. Cuando tienes pareja estás buscando la compensación del amor que te faltaba, pero cuando tienes hijos te conviertes directamente en la persona que odiaste, inmediatamente, para justificarlos.

Jon: ¿Y los que no tienen hijos?

Joaquina: Se lo hacen a los amigos. El tema está que cuando tú no le perdonas a un padre y lo repites, te conviertes en persona a la que hay que castigar, a partir da ahí empiezas a llevar tu propia cruz, la cruz de tu culpa, culpa que más adelante proyectarás en otro.

Jon: ¿Qué puedo hacer?

Joaquina: Lo primero, darte cuenta de que tienes los maestros que, si les cambias lo que hicieron mal, son los perfectos. Porque ellos son los que te enseñaron lo que necesitaste aprender, que eso es lo que significa el estado de perfección. Tus padres tienen la muestra de lo que tú necesitas aprender, nadie más la tiene. En la forma en la que tú haces las cosas está tu maestría, y eso es lo que vino a enseñar Jesús, nada más. Lo que vino a enseñar Jesús es que los maestros que tenemos son los maestros perfectos para nuestra fórmula de aprendizaje, nuestra religión católica, la forma de entender el mundo, nuestras cosas. Jesús nos enseñó la muerte que ya teníamos y nos abrió a la resurrección. Esa es la diferencia. Si quieres seguir en la muerte, que es lo que has aprendido hasta ahora, no llegarás a la resurrección. La resurrección que yo te propongo no es una resurrección hipotética, es dejar la muerte que tenemos dentro, que son los errores de nuestra familia, hacer un plan de acción para resucitar de esos errores. Este es el plan que te propongo:

Jon: Esto hace que me plantee qué tipo de entramado he decidido hacer con mis creencias para llegar a un punto donde estoy prisionero del castigo. Para romper ese entramado necesito entender de donde viene. ¿Por qué hemos decidido la divinidad por encima de la sabiduría? ¿Por qué no hemos decidido que nuestro maestro era sabio, simplemente? ¿Qué beneficio tenía el decir que era Dios?

Joaquina: Que nosotros somos únicos, somos indiscutibles, somos la panacea del bien y el mal, los únicos que existen. En el momento en que tú eres consciente todo el tiempo del amor que te tienes a ti mismo, eres incapaz de hacerle algo al otro que no sea con amor. Pero tienes que ser consciente del amor a ti mismo, no jugar al juego de que no te amas, que esa es la mayor barbarie de lo que hacemos.

Jon: ¿Y la aplicación en el día a día?

Joaquina: Cuando te encuentras con una persona, sea quien fuere, tu amor, que no está fuera, no es que ames a la persona, sino que es tu amor proyectado fuera, tenga una capacidad de permear al otro. La capacidad de que el otro haga lo que quiera en cada momento, sin que tenga que justificarse ante nosotros, ése sería el amor infinito, porque tiene que estar libre de miedo, tiene que estar libre de no aceptación, tiene que estar libre de dogmatismo. Pero jugar al juego de pensar que el otro te hace lo que tu le estás haciendo a él. Jugar al hecho de que el otro decida que su vida es mucho mejor sin ti, o jugar al hecho de que el otro no trabaje y te deje toda la carga de trabajo a ti, jugar a lo que estás haciendo y te darás cuenta de que es insoportable y ése es el punto que tienes que ver. Que lo que es insoportable para ti es exactamente igual de insoportable para el otro. Solamente con esta necesidad de ser únicos, nos encontramos aislados de ese amor.

Jon: ¿Cuál es tu propuesta?

Joaquina: La propuesta es que sólo se tiene poder cuando el amor está dentro y no está fuera, que sólo se tiene prestigio cuando el amor está dentro y no está fuera. Que somos capaces de conocer solamente nuestro amor, el amor del otro nunca lo podremos conocer. Que somos capaces de expresar nuestro amor, nunca podremos expresar nuestro amor en la palabra del otro y, lo que es mucho más importante, la libertad sólo la tenemos cuando amamos libremente al que está enfrente, hacia él y hacia nosotros. La causa de la culpa está en la falta de amor. Siempre pensamos que el otro nos está dañando, que el otro no se comporta como nosotros queremos, que el otro no está haciendo lo que nosotros buscamos o como nosotros lo buscamos. Y, a partir de ahí, el otro es reo absoluto de la culpa y necesitamos matarle, inmolarle, asesinarle, destruirle, condenarle, llámalo como quieras.