Acerca de Jon Elejabeitia

CEO & Founder NEXTYOU, Arquitecto

138 Recuperar los recursos personales

Jon: Todos tenemos una duda universal que nos induce a pensar que no somos únicos, que siempre habrá alguien mejor que nosotros, alguien que sepa hacer algo que nosotros no. Esta duda puede generar diversas actitudes como, por ejemplo, la desconfianza.

Joaquina: La causa más importante de dolor para alguien con este problema está en que esa persona sabe que hay alguien mejor, y seguramente sea así. Hay alguien mejor, pero ¿en qué? Podrías buscar dentro de ti y aprender de esa persona que te supera, pero en ese momento decides que tu patrón de comportamiento será la desconfianza, y eso hace muchísimo daño.

Jon: ¿Cuáles son los pasos?

Joaquina: El pensamiento te dice que hay alguien mejor. Este pensamiento genera una actitud, la desconfianza y esta, a su vez, induce a un comportamiento, en este caso, la huida. Este comportamiento tiene unos indicadores, unos movimientos. Por ejemplo, cuando te encuentras en una situación de huida, dejas de mirar, dejas de hablar, te alejas de las personas. De la misma forma, cuando desconfías elaboras un indicador para que el otro lleve a cabo y te permita liberarte de la culpa. Lo lanzas para que las personas hagan lo que tú crees y, entonces, puedas proyectar la culpa en ellos.

Jon: Te he oído decir que la culpa se genera porque nosotros estamos reflejando, creando espejos de nuestra propia debilidad.

Joaquina: Llega un momento en el que es tu deber darte cuenta de que toda tu vida, desde la desconfianza, has estado testando a personas para poder confiar en ellas o desecharlas. Y eso seguirá siendo así hasta el momento en el que recojas los indicadores, te atrevas a mirar, a hablar, a estar, aunque desconfíes, rompas esa debilidad y te sitúes, por fin, en la confianza. El error que cometen muchas personas es el de trabajar en ser buenos fuera de su cualidad, salirse del cuadro de trabajo y marcar otros hitos de desarrollo para justificar y disculpar el ser malos en esa cualidad. Mientras no entres en la caja del verdadero trabajo, todo lo demás serán pruebas de dolor.

Jon: Me estás diciendo que podemos haber hecho los méritos más impresionantes, pero si estamos fuera de la línea de trabajo, estas pruebas solo nos harán llenarnos de desconfianza, no habremos hecho nada en nuestra vida. Entonces, no importa que trabajemos, que estemos haciendo cosas permanentemente.

Joaquina: Así es. Si no trabajas la causa concreta de la duda, todos esos esfuerzos no valdrán de nada. Las pruebas seguirán siendo durísimas si no eres capaz de darte cuenta de que estás aquí únicamente para salir de la duda. Lo demás es accesorio.

Jon: Las pruebas de la vida me llevan a estar continuamente pensando que el sistema es injusto.

Joaquina: Pero nuestro sistema es justo, sencillo y razonable. En el camino para vencer la desconfianza existen muchos matices de trabajo: aceptación, conciencia, decisión, seguridad… Si, cada vez que siente esa desconfianza, la persona se da cuenta de que le ocurre porque no está trabajando en su línea de acción y decide actuar en consecuencia, tendrá una liberación absoluta del problema. Sin embargo, si lanza la culpa a la otra persona, si se estanca en el pensamiento de que la otra persona huyó de ella, no la quiere, estará proyectando sus propias inseguridades.

Jon: Necesita darse cuenta de lo que ha venido a aprender: la superación de su desconfianza.

Joaquina: Dios pone a nuestro servicio todas las herramientas de amor para vencer la duda, y todas las herramientas de desamor que encontramos son porque hemos salido del camino. No las pone Dios. Imagínate una mujer, que mira a la persona que tiene delante y le reprocha que no la ama porque está rehuyendo su mirada, porque no está hablando. Si le culpa por no amarla como se merece, estará cometiendo el mayor fraude. Estará diciendo al otro que no tiene derecho a hacer lo que ella hace. Cada vez que lanzamos un dardo contra otra persona debido a nuestra desconfianza, el mundo nos lanza las pruebas más duras para que podamos darnos cuenta de que nos hemos salido del espacio de trabajo y podamos volver de nuevo al redil.

Jon: ¿Qué quieres decir con que las pruebas serán terribles?

Joaquina: Todo lo que pasa a tu alrededor que no es aprovechable para el cambio, para la salud, para el camino, que no te da la riqueza, que no te aporta prosperidad y no te facilita la vida que persigues, todo eso se debe a que has lanzado la culpabilidad contra otras personas.

Jon: ¿Cuál es el método de trabajo?

Joaquina: Para vencer el miedo debes “matar” a tu persona. Convertirte en la profunda desconfianza para poder resurgir y llegar a la confianza absoluta. El gran asesino de esta línea de trabajo, el asesino de la culpa, se llama disculpa.

Jon: Vuelves a lo que has dicho antes: “muchos de nosotros trabajamos fuera de nuestra cualidad para poder justificarnos, disculparnos”

Joaquina: Para seguir este método debes, en primer lugar, encontrar tu cualidad, que marcará la línea de trabajo. Eres extremadamente “algo” y extremadamente “desalgo”. Esto quiere decir que algunas veces utilizas la cualidad muy bien y otras muy mal, dependiendo de con quién estés o la materia en la que estés ocupado en cada momento. Por ejemplo, una persona será muy confiada con algunos conocidos y muy desconfiada con otros. De la misma manera, alguien puede ser muy paciente con los asuntos que le interesan y muy impaciente con los que no.

Jon: El equilibrio está en el centro.

Joaquina: No debes, por tanto, estancarte en la certeza, en el pensamiento de que alguien es mejor que tú. El pensamiento real al que debes llegar, y que tu vida te va a pedir que elabores, es  que debes convertirte en alumno aventajado de la persona que tiene la cualidad que tú crees que no tienes. Si hay alguien mejor que tú en, por ejemplo, la constancia, todo tu trabajo deberá centrarse en conseguir aprender ese tesón. No trabajarás en la constancia, pues de entrada careces de ella, sino que la aprenderás para superar la desconfianza, tu verdadera cualidad, en la que puedes ser realmente brillante.

Jon: Me he dado cuenta de que, de la misma manera, esas personas de las que tengo que aprender tienen una cualidad negativa de lo que yo tengo en positivo. Así que tendrán algo que aprender de mi, igual que yo debo aprender de ellos.

Joaquina: El método de trabajo, es, aprender esa cualidad de la que careces con el objetivo de trabajar aquella que sí tienes. Debes penetrar en la culpa para que se disuelva, saber qué es lo que te falta y qué es lo que genera tus problemas. En este caso, la constancia es lo que da sentido a que trabajes tu desconfianza.

Jon: Me he fijado que las personas que encuentran cualidades que les faltan tienden a pensar que Dios les ha hecho incompletas, y eso es lo que genera desconfianza, el pensamiento de que hay alguien mejor.

Joaquina: Si nos damos cuenta de que no debemos tener envidia ni desconfiar, sino aprender, lograremos superar el verdadero problema. Esto se explica bien con un ejemplo: en una relación de pareja en la que él le da todo a ella menos una cosa, hay una conversación frecuente. “Pero te lo estoy dando todo”, dice él. Y ella contesta: “sí, menos esto”. No hay relación en el mundo que soporte esta afirmación, y es precisamente eso lo que llevamos dentro. Podemos darlo todo, hacer las cosas más impresionantes, pero nuestro ser nos dice, “sí, menos confianza”. Este es el camino. No podemos permitir que nada que nos aleje de lo que hemos venido a aprender. Siguiendo con el ejemplo, la plenitud en tu confianza no la vas a tener hasta que no seas constante. Verás la plenitud, pero si no está unida a eso que falta, hasta que no lo aprendas, no la conseguirás completamente.

Jon: Es grandioso, porque Dios nos permite que nos separemos de ahí, nos permite aprender lo que nos falta y alcanzar la plenitud en nuestra cualidad.

Joaquina: Lo que no nos permite es odiar a sus hijos, y el principal de ellos somos nosotros mismos. Cuando nos hace bajar hasta el fondo de nuestro problema, hasta nuestra mayor desconfianza, también envía un mensajero que nos indica el camino para volver. Si sabes que tienes algo y crees que hay algo que no tienes, apréndelo. Ponte en disposición de aprender. No tienes por qué no tenerlo. No puedes sentirte incompleto. Recuerda: toda palabra que implica que otros nos hacen algo está fuera de la línea de trabajo. Cuando crees que los demás hacen algo contra ti, les estás culpando. Tienes que hablar de ti mismo; si no, estarás lanzando la culpa fuera. Por ejemplo: “no soy emocional porque no me han tratado bien”, “no me puedo desapegar porque me abandonaron”. Esto son disculpas, discursos que no valen.

La impaciencia es falta de paz, y la paz en sí misma es una cualidad. La paz, la tolerancia, la conciencia… son cualidades originarias en sí mismas. Una de las cualidades del amor es la paz; esa paz que te permite respetar el tiempo y el ritmo de todos los demás.

137 Relaciones de familia

En un arrebato de insensatez nos acercamos un sábado por la mañana a una gran superficie para comprar unas herramientas. Hay muchos padres con sus hijos gritando como posesos por los pasillos con la vana intención de que su progenitor despegue los ojos de la pantalla del móvil y le presten atención. Cuanta menos atención, más gritos. Cuanto más grito, menos atención.

Jon: En las relaciones personales, el proceso que me parece más inquieto del mundo es la relación entre yo y el otro. En dos segundos he pasado de no soportar al niño, a odiar al padre.

Joaquina: Los problemas en las relaciones se producen por la falta de empatía. Tú no empatizas con el pare, el padre no empatiza ni con su hijo ni con el resto de nosotros que tenemos que soportar los gritos, el niño no empatiza con nadie…

Jon: Y la cara que pone la madre me hace pensar que las relaciones de familia son las más complicadas de todas.

Joaquina: Las relaciones de familia significan una sola cosa: la unión de dos materias diferentes en una sola cosa. El niño necesita tener 50% de  un padre y 50% del otro. Necesita tener y lo tiene. En el momento en que un niño siente que una parte de lo que él es se siente rechazada por la otra parte, esa parte la esconde. Y es aquí donde se genera la sombra de la familia. Lo que hacemos es formularnos dependiendo de lo que sentimos. Cuando un niño formula una receta que no es la adecuada, formula su enfermedad familiar: me siento rechazado. Entonces hay una parte de mí que anulo.

Jon: Que es lo que siente ese niño en este momento.

Joaquina: Una conformación familiar tiene 3 elementos: El conocimiento del padre y de la madre. La aceptación del padre y de la madre. La motivación del padre y de la madre.

Jon: Lo que te decía: una relación familiar es complicada.

Joaquina: El niño es el yo de su padre y el yo de su madre. Y luego vive la unión de los dos. Si el niño hiciese la abstracción y mirase a sus padres por separado no tendría problema. Lo que los niños ven son los conflictos de la combustión de estas dos cosas juntas. Lo importante es que el niño vea a sus padres como dos entes independientes. Cuando el niño mira a sus padres, ve a ella rechazándole a él y él rechazándole a ella, aunque se lleven estupendamente. El niño se da cuenta de que se produce un acoplamiento. De que papá cambia cosas. Y mamá cambia cosas. Cuando se provocan estas combustiones, el niño va perdiendo el contacto de “quién es” y empieza a plantearse “quién quiere ser”. El “quién quiere ser” viene determinado por las relaciones entre ambos.

Jon: Entonces, si yo soy como mi padre, y escucho a mi madre decir que eso no lo acepta, lo que hago es romper mi personalidad, convirtiéndome en alguien difuso que no muestra quién soy.

Joaquina: Sí, y esto se guarda en la sombra. No quiere decir que no lo tengas, sino que lo guardas dentro y muestras lo que el otro está esperando. El niño convierte en sombra parte del padre, parte de la madre y parte de la relación de ellos dos. El niño sale a la calle limitado por: “no me siento aceptado”.

Jon: ¿Cómo se resuelve una relación familiar?

Joaquina: Mirando la luz del padre y la luz de la madre. Un niño es feliz cuando el padre y la madre le miran desde la luz de ellos, no desde su sombra. Se trata de hacer un trabajo para identificar quién eres en positivo y mostrar esa referencia a tus hijos. Para asegurar al niño que si manifiesta A o B no le va a pasar nada.

Jon: Cuando me miro desde la luz no estoy escondiendo mi sombra. Estoy mirando mi luz, y la sombra no existe. Por el contrario, cuando tengo una sombra escondida no estoy mirando tu luz. Oculto lo que soy.

Joaquina: Si pones el foco en trabajarte todos los días tus fortalezas, el niño va a identificarse con ello. Si yo me fijo en mi fortaleza, mi debilidad se va superando. Se trata de ver lo que se tiene en positivo y aquello que se tiene que trabajar. Siempre que se conecta con lo positivo se sabe decir que sí y decir que no. Cuando yo quiero hacer un plan de familia, tengo que centrarme en aquello que da la paz a las dos personas.

Jon: ¿Qué pasa ahora, con estos padres tan diferentes a los que nos criaron a nosotros?

Joaquina: En la actualidad en la sociedad hemos pasado de una familia autocrática, de unos padres autoritarios y represivos, a unos padres totalmente laxos, en aras de superar lo anterior. No es bueno ser totalmente laxo ni totalmente autoritario. Cuando los padres eran autocráticos había una sobredimensión de la responsabilidad y de lo que había que hacer. Cuando los padres son flojos, hay una falta de dimensión sobre lo que hay que hacer.

Jon: Los padres que quieran hacer un trabajo de inteligencia emocional con sus hijos ¿cómo lo tienen que hacer?

Joaquina: Deben sentarse con el hijo y ver si se conoce, si se acepta y qué motivación tiene. Si tú le preguntas al niño “para que ha venido al mundo” y no sabe contestar, es porque tú no le has dado significados. Si no le has dado significados al niño es que tú escondes el significado de por qué estás aquí. Y uno no puede ser feliz si no sabe qué ha venido a algo concreto. Necesita la concreción de “para qué” ha venido aquí. Por ejemplo, si tú piensas que ser responsable es el sentido de tu vida y de repente te das cuenta de que eso no es así, si tú lo cambias, él lo va a cambiar automáticamente.

Jon: Entonces, la sombra es la oscuridad de mis defectos, no tiene nada que ver con que me equivoque.

Joaquina: La sombra es no querer ver lo que uno es en negativo. E incluso en positivo. Sombra es ver que tienes un defecto, y como no quieres sacarlo, entonces te lo guardas. Eso es sombra. Equivocarse es luz. Cuando a un niño no se le ha enseñado a sobrevivir, entra en la oscuridad de su vida. En el momento en que al niño se le da todo solucionado se ha destruido su primera parte: el autoconocimiento. Si no se le enseña a sobrevivir no estará sano. ¿Has puesto a un niño a dirigir la casa? ¿Has puesto a un empleado a dirigir tu empresa? Cualquier cosa de estas les hace pensar que tú piensas que ellos pueden. Si no se les enseña a los niños el “yo puedo”, no tendrán confianza en sí mismos.

Jon: Porque se crea una falsa confianza donde el niño, y el empleado, internamente saben que no están a la altura de lo que les pedimos.

Joaquina: Las familias se arruinan para generar otra vez espacios de crecimiento. Los fracasos profesionales se originan para crear otra vez espacios de conocimiento. Cuando más arriba está un padre, más fracasado es un hijo. En la medida que lo conviertes en todo lo contrario, lo conviertes en alguien que tiene que hacer tu mismo proceso, y aparecen dos ganadores.

Jon: Así es, los hijos no son meros espectadores de la vida. Tienen que aprender a vivir, sentir y pensar. Y esta es la mayor empatía posible. Empezar a que él viva por su cuenta. Los padres no empatizamos para ponernos en el lugar del hijo y ponernos a enseñarle los pasos.

Joaquina: Desde el momento que quieres ser como alguien, estás perdido. La empatía máxima es dejar que el niño tenga su propio proceso, recordando que tiene un 50% tuyo y un 50% de su madre. Y no olvidando que tu proceso no es el mismo que el de su madre. El proceso del niño es una mezcla de dos procesos totalmente diferentes. Permitirle su evolución y su tiempo. Y saber que no va a hacer jamás lo que tú haces.

136 Aceptación

Termino de reescribir un artículo de hace unos meses que tenía guardado en el ordenador. Le doy a cerrar y me sale una ventanita que dice: “Esta acción actualizará el formato de archivo. Puede que el diseño del documento cambie, y dos opciones: “Cancelar” y “Aceptar”. Aceptar… que maravillosa palabra. ¿Qué acepto de mi? ¿Qué es lo que pienso de mi y digo “soy el mejor”?

Jon: Me estoy dando cuenta de que tengo una parte de mi que no acepto. En la parte que acepto me siento muy bien. En la parte que no acepto me siento fatal ¿Qué acepto y como expreso eso que acepto? ¿Hay personas que aceptan de sí cosas, pero no las expresan?

Joaquina: Difícilmente aceptamos la tensión que provoca mirarnos. Cuando nos confrontamos con algo lo pasamos un poco mal, de momento… pero nos cambia la vida. El hombre suele decir: “Mejor que no nos la cambie. Estoy tan bien mal… Aceptamos una confrontación cuando no nos toca. Y cuando nos toca queremos que el proceso se haga más delicadamente, mas largo. Este es el problema más grave de la Inteligencia Emocional: la falta de aceptación de nuestra realidad. Si alguien no acepta su realidad, la que es de verdad, tarde o temprano le va a pillar tan desprevenido que le va a destruir. Porque la realidad de la vida es que hay enfermedades, la realidad de la vida es que hay finales de relación, la realidad de la vida es que hay amor que no es eterno, la realidad de la vida es que hay riqueza, hay pobreza…

Jon: Hablas de tomar conciencia de la realidad de nuestra vida.

Joaquina: Si yo no tengo conciencia de lo que tengo fuerte para luchar contra lo que la realidad de la vida me va a deparar, me va a pillar desprevenido. Pero si yo me veo fuerte en algo, me va a pillar mucho menos desprevenido. Busca lo que tienes muy bueno para hacer frente a la realidad. Lo que no tan bueno también lo puedes mirar, pero no es tan necesario que lo mires todo el día. Porque si yo todo el día estoy mirando la luz, la luz apaga la sombra. Si miro la sombra, no voy a tener nunca luz. La luz no tiene sombra. La sombra jamás tiene luz.

Jon: Al estar en lo que la inteligencia emocional llama autoaceptación, si que me acepto con mis asuntos. ¿Por qué?

Joaquina: Porque los resuelvo en el momento. Si no, se me hace la vida muy costosa. Debes ver qué aceptas y si lo expresas. Si no lo aceptas, tienes que activarlo muy fuerte para que se exprese. Y así verás lo que te aporta. Lo que tienes fuerte lo tienes que estar expresando porque ese es tu valor. Es en mí donde tengo que trabajar lo positivo, no en el otro. Es eso que no cambio esté donde esté. Eso es lo que es importante: la autoaceptación que me permite vivir siempre en equilibrio conmigo mismo. Eso es lo que debes que agarrar continuamente. Si no tienes la cualidad sobre la que nutrir tu Inteligencia Emocional individualmente, no serás nada en la vida. Eso te va a sacar de cualquier situación: de una enfermedad, de una pérdida…porque eso es lo que te da la luz. Lo que más aceptas de tí es aquello que te permite tener la luz de ti mismo. Yo he pensado muchísimas veces como se sentían las personas cuando alguien se levantaba y decía: “Yo soy el hijo de Dios”. Como sentir cuando la eminencia te dice que no eres nada. Solamente la eminencia me puede decir que no soy nada para llevarme a ser una eminencia.

Jon: ¿Quién es la mayor eminencia que tenemos de nosotros?

Joaquina: El único ser que nos conoce somos nosotros. El que el otro nos diga que somos estupendos no va  a provocar nada. Pero si tú eres capaz de decir: “Esto es lo que yo soy y lo acepto” tendrás las emociones ordenadas.

Jon: ¿Qué es lo que nos hace vivir en las emociones desbordadas?

Joaquina: La falta de aceptación personal, que nos lleva a la falta de aceptación de lo que pasa en el mundo. Yo elijo ser algo porque ante cualquier situación me encuentro conmigo mismo, me permite permanecer auténtico. Cualquiera puede ser algo, por ejemplo, directo, honesto… Si lo expreso empieza a hacerme individual. Y a mi en particular porque lo elijo me conforma. Lo elijo porque soy yo en cualquier medio y cualquier lugar. Me permite permanecer autentico.

Jon: Estás utilizando la mente, en vez de la emoción.

Joaquina: Ya tienes “qué eres”, que es el conocimiento, y tienes el “cómo eres”, que es la aceptación. Ahora viene la parte más importante del hombre: la motivación. ¿Qué sentido tiene mi existencia? El “porque” de mis motivaciones. ¿Qué busco en la vida? ¿Cómo lo busco? ¿Por qué busco eso y no otra cosa? Esto se llama automotivación. La mayor parte de los problemas de pareja, de familia, de trabajo… surgen porque el hombre no sabe qué busca. No sabe cómo lograrlo y, lo que es peor: no sabe por qué eso y no otra cosa.

Jon: Lo que convierte la palabra no sé a la muerte de la motivación… y los niños y los jóvenes responden “no se” continuamente.

Joaquina: La desmotivación surge de no acudir a una respuesta cognitiva interna de qué es lo que realmente necesitan, qué están buscando en su vida. ¿Qué sentido tiene mi vida aquí? ¿Por qué existo yo y no existe otra persona? Si uno no conoce su propósito vital está perdido. Si no encuentras el sentido de tu existencia no encontrarás el sentido de tu convivencia porque, desde la motivación ya nos relacionamos con el otro. Si yo encuentro una motivación es cuando miro al otro.

Jon: El sentido trascendente de la vida es: “yo he venido al mundo a hacer algo que nadie más puede hacer”. Mi sitio no puede ser ocupado por otra persona.

Joaquina: El “qué busco” tiene que estar definido por un sentido trascendente de si mismo. Lo que busco no es solo para mí, porque si lo busco solo para mi entonces me pierdo. Lo que busco tiene que tener un sentido que me rebase a mí mismo. Aunque sea algo como ser feliz, ya me rebasa a mí mismo. ¿Cómo lo logro? Y justificación de porque eso y no otra cosa. La motivación es igual a necesidad ¿Qué necesitas tú? Descubre que necesidad tienes. Esa necesidad es lo que buscas. Vas a buscar la necesidad que tienes cubierta, no la que tienes que cubrir. Te debes centrar en lo que tienes.

Jon: ¿Qué diferencia hay entre necesidad cubierta y necesidad expectante?

Joaquina: La diferencia entre necesidad cubierta y necesidad expectante es que la necesidad expectante te quita la necesidad y la cubierta te la da. Si yo me pongo a mirar lo que tengo, estoy cubriendo algo maravilloso que es: Qué soy, cómo soy, qué quiero, qué necesidad tengo. Este es el sentido de la vida. El resultado es un incremento de la inteligencia transpersonal, es el conocimiento del yo.

Jon: Estas tres cosas las define la inteligencia emocional como autoconocimiento, autoaceptación y automotivación personal. ¿Tengo con ellas cubierto mi yo personal?

Joaquina: Sí, y una vez que está cubierto, lo que has de buscar es tu yo social, que se llama yo interpersonal. Cuando una persona no busca es que no existe ni para ella misma. Hay muchas personas que se quedan paralizadas en el “yo me conozco”, otras en el “yo me acepto”. Y muchísimas otras que no se plantean que tienen que vivir sus propias motivaciones. Si yo no vivo mis motivaciones entonces yo no existo. El sentido trascendente de esta vida es desarrollarme como persona individualmente, aunque se muriera el mundo que me rodea.

135 No hay nada que hacer

Hay veces que más que conversar Joaquina susurra, y es cuando sale a la luz su lado más espiritual. Este es uno de esos momentos. Estamos disfrutando del frescor del atardecer en la galería porticada del mejor claustro gótico renacentista de Europa, en el Monasterio de San Zoilo.

Jon: Si nosotros queremos avivar nuestro camino, sentir que todo el proceso de esta vida es sencillo y delicado, ¿Qué tenemos que hacer?

Joaquina: Romper nuestro sueño, y vencer las pesadillas, parece un ejercicio doloroso para, al final, comprobar que nada es real. Que todo lo que hemos construido como una realidad desaparece con una dulzura y delicadeza maravillosa. Una construcción que nació de nuestro recuerdo, al que tenemos que acudir para liberarnos de su pesado lastre y abrirnos a la luz del presente, del aquí y ahora.

Jon: Sin embargo, todo aquello que para nosotros ha sido de gran significado hasta el presente, forma parte de nuestros hábitos y nos parece difícil y hasta imposible poder reducirlo a la sencillez de “no tengo que hacer nada”

Joaquina: Estas palabras, que en si mismas encierran una agresión a nuestra creencia constante de lo mucho que hacemos, del gran esfuerzo realizado, y que todos nos tienen que agradecer, a partir de este momento van a tener un significado de liberación y aceptación que nos resultará tan grato como el sonido mágico del violín, o los fragantes aromas de las flores en el jardín de nuestros sueños más dorados.

El Ser ha venido con una intención de aprendizaje que parece como una asignatura pendiente, sin aprobar, en algún tiempo desconocido, en una etapa anterior en la que en sí misma no se define como propia, pero que la has hecho tuya. Su única intención es aprender, y después de ese aprendizaje abrirse a la entrega. La condición de esa entrega está únicamente en la integridad, un elemento que nos parece terrible de conseguir y sin embargo sólo tiene la condición de pensar, sentir y hacer coherentemente lo que aprendemos. En sí mismos, los principios de lo normal se nos hacen abigarrados e insufribles y por lo tanto sumamos a nuestros esfuerzos diarios lo que es asequible de forma natural en la propia existencia.

Jon: Y si esto no es así, ¿generamos el sentimiento de culpabilidad?

Joaquina: El hombre se siente culpable de su separación y va fabricando nuevos culpables para liberarse de la limitación que él se pone a sí mismo. En esa andadura, va fortaleciendo su misión en la tierra con el orgullo, los complejos y los miles de deseos que alimenta y le alimentan como limitaciones donde surge el apego al cuerpo, al tener que hacer y a la complejidad de una existencia que en si misma es fácil y fluida, llena de elementos de felicidad, paz y serenidad.

Jon: ¿Cuál es, entonces, la dificultad?

Joaquina: Las dificultades para trascender y abrirnos a aprender son solo tres: La primera, el orgullo. Se rompe el Uno y aparece la separación. Pensamos que hemos venido con una limitación al observar que tenemos algo que aprender y que ese aprendizaje nos aporta una serie de dificultades que nacen mas de nuestra negación al aprendizaje que de cualquier posible limitación. Miramos a los demás sintiendo que ellos traen esa cualidad que nos falta y culpamos a Dios de ser un Padre Injusto y Castigador.

La segunda dificultad son los complejos. Al mirar a los demás hemos comparado las cualidades invadiéndonos de complejos y soberbia, con un sentimiento de inferioridad o superioridad ante los valores de los demás. Esto nos impide hacernos uno con el otro.

Jon: Cuando mencionas los complejos, ¿te refieres tanto al de superioridad como al de inferioridad?

Joaquina: Con el complejo de superioridad sientes que tienes una cualidad por encima de los demás, o al menos del otro más próximo, y con la que atacas para sentirte seguro y alejado de la posibilidad de sucumbir a la igualdad o unidad. Con el complejo de inferioridad, sientes que hay una cualidad que no tienes y te hace vivirte por debajo de los demás, o al menos del otro más próximo al que permites que te ataque con el fin de poder señalar un culpable y diluir en él tu disculpa, y así acentuar la separación.

Jon: Mencionaste una tercera dificultad.

Joaquina: Sí, los deseos. Ser uno separado de la Unidad, sentir que tienes valores por encima o debajo de los demás, te lleva a desear hacer, poseer, tener cosas o elementos que te refuercen en ese triste caminar hacia los apegos de los valores de la tierra.

Jon: Entonces, trabajar esto significa la aceptación de que todo lo que necesito para procesar mi aprendizaje en esta etapa está dentro de mí y convive de una forma armónica con mi vivir diario.

Joaquina: Imagínate un niño pequeño que llora desconsoladamente porque tiene que acudir al colegio. Su estado de ansiedad, su profunda alteración conmueve tanto a su mente no recta que acaba provocándole algún desajuste físico con el que justificar la ausencia.  La madre buscará la forma de aliviarle todo este proceso hasta conseguir que venza su rechazo a la responsabilidad. Posiblemente ambos creerán que han hecho algo. Simplemente ahora empieza un proceso que se alteró por la no aceptación de aprender.

Jon: Es decir, que mi espíritu, que es como un bebé que se niega a obedecer, va buscando disculpas para un proceso que, tarde o temprano tendrán que acometer.

Joaquina: Buscamos soluciones a un descenso provocado libremente por nosotros, comprometiéndonos en el inicio de este proceso a que nada de lo que vamos a hacer es real, que solo nuestra mente “no Uno” provocando una separación, tiene que restaurarse en su única verdad y desde ahí caminar. El miedo a enfrentarse a nuestra pequeñez, a lo sencillo de la felicidad y el logro de la paz, hace que todos nosotros deambulemos por la vida alejados de nuestro Padre que, siendo amoroso, lo miramos como un gran castigador, frío y desdeñoso que nos espera con un deseo de dañarnos y recriminarnos nuestra huida. Bendito sea el momento en que cerrando nuestros ojos dejemos fluir nuestro Ser hasta los brazos de nuestro amado Espíritu que reconvertirá esta situación en un Instante Santo donde cada uno de nosotros será un Uno grandioso y armónico.

Jon: ¿Qué solución hay?

Joaquina: Antes de plantearte hacer un trabajo innecesario, mira con suavidad a tu hermano, al que tienes en frente de ti, e intenta librarte de tu orgullo. Deja que todo tú vuele hasta la unidad. Un solo pensamiento, Dios. Una sola imagen: unirte a Él. Un solo maestro: El Espíritu Santo. Déjate ir. Nota cómo la fragilidad de tus ideas se hace cada vez más intensa. Nota como el ser es leve, sutil… no está. Nota como no tienes que hacer nada. No obstante, si no lo consigues, si ves que el orgullo te atenaza, quiere decir que te disculpas detrás de los complejos, y los deseos de especialidad te inundan. Vamos a buscar una formula para salir de todo ello y elevarnos a Él desde pensar que tenemos algo que hacer, desde nuestra pequeña pataleta a la puerta de la casa de Dios, sin querer entrar.

Empieza por los deseos. Lugar en que todos caemos en esa necesidad de rivalizar con nuestros cuerpos, con nuestra presencia por encima de los demás y de nosotros mismos.

Las ménsulas, columnas, capiteles, arcos, medallones, bustos, escudos, jarrones, florones… desaparecen de mi vista, y solo escucho…

134 Tres ejercicios que cambiarán tu vida

No hay diálogo, únicamente haz los ejercicios. En profundidad.

EJERCICIO 1

Imagínate que vas a realizar un viaje. Es el viaje soñado por ti. Toda tu vida haciendo volar tu imaginación por esos parajes, y es tu única oportunidad de vivirlo. Llénate de luz e inunda tu espíritu de gozo.

Debido a lo extraño de esta experiencia tú no decides la compañía, ni el medio, todo es tan sorpresivo, tan inaudito… Tu alma viajera, aventurera y sedienta, se abre como nunca a todo…

Llegas al punto de encuentro, en el reparto de compañeros para el viaje, que durará muchas horas, y te adjudican a una persona que te resulta profundamente antipática, desagradable. Esa persona que nunca querrías tener cerca de ti, por su físico, su sentido del humor, su forma de hablar… en fin, por lo que sea para ti incómodo.

Pierdes la paz. Ahora tienes que decidir si continúas en el viaje o rompes tu sueño.

Antes, mira que es lo que te molesta, déjate llevar por la sensación de desagrado y anota qué es.

Descansa, relájate y busca dentro de ti eso mismo. No dudes que está.

Tu vida puede pararse o continuar en el disfrute de tu mundo dorado y lleno de alegría. Sólo tienes que acometer este momento, manejar esta situación y volar.

Si decides cambiarla, enfrentarte a ella, recréate en cómo hacerlo. No te asustes. Sólo tienes que darle lo que quieres recibir.

Sé valiente. Eres lo mejor y más fantástico que yo he encontrado en mi vida. Vívelo y disfruta de ti y todos.

 

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EJERCICIO 2

Estás en la cama. Estás agonizando. No tienes ningún dolor, nada físico te sucede, pero sabes que tu vida ha concluido.

Notas la paz de este momento.

Tu madre está a los pies de tu cama. Hay tanto por decir… Date cuenta de todo lo que te has callado, de todo lo que jamás la has dicho, de todos los pensamientos y sentimientos que nunca habéis compartido.

Esta es la mejor ocasión de tu vida para comprender a tu madre, y para que ella te escuche todo lo que tengas que decirla.

¡Háblala!  ¡Díselo!

 

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EJERCICIO 3

Estás en tu habitación. Delante todo un equipaje por hacer. Las cosas se amontonan, los libros, los trajes, las maletas…

En el dintel de la puerta está tu padre. Su mirada oscura, lejana… no parece estar, pero sabes que está ahí. No dice nada, pero sabes qué decir. ¡Habla! Dentro de ti se forma un nudo que sube a la garganta.

Cierra los ojos, es un instante, decide y abre tus labios.

¡Háblale! ¡Dile todo! Tus miedos, tus sensaciones, tus momentos de soledad… todo lo que hasta ahora has vivido y no has podido contarle.

Dentro de poco pasarás por esa puerta y ya no la volverás a cruzar igual. El está ahí. Está abierto. ¡Háblale! No dejes nada por decir. La vida, el movimiento de tu futuro está ahí ante los dos. Pasado y futuro mirándose. Habla. No calles.

¡Vacíate de todo el contenido!

133 En busca del niño interior

Vamos caminando por Martínez Campos y nos detenemos a observar a los niños saliendo en tropel del colegio. Los más pequeños son rápidamente retirados de la circulación por padres y personas de servicio. Remoloneando por irse a casa queda un grupito de niños de unos 12 años, con esa desproporción que tiene el crecimiento en estas edades y felices de estar juntos.

Joaquina: En la etapa de 12 a 18 años, la sombra empieza a salir al mundo exterior sin sentirse arropada por la familia. Es la etapa del “yo soy” donde, en el intento de ser igual o totalmente diferente a los valores familiares, el niño deambula grotescamente y a la deriva en un mundo desconocido.

Jon: ¿Por qué dices que deambula?

Joaquina: Deambula y va a la deriva porque es una época donde los adultos, tanto los padres como los maestros o personas cercanas, se sienten incapacitadas para dirigir al pequeño potrillo desbocado que tienen delante. La causa más importante de esta situación es la dificultad que presentan los adultos para reconocer esta etapa en ellos y enfrentarse a elaborarla sin tapujos y sin miedos. La primera pregunta y la más dolorosa de las respuestas nace en el primer instante de encuentro con la vida en el exterior ¿soy bueno o soy malo? Esa respuesta no viene dada por una realidad, ni tan siquiera por el interés del niño, sino únicamente por lo que le resulta más cómodo ante lo que tiene enfrente.

Jon: Explícate, por favor.

Joaquina: Si es un niño decidido hacia la acción, hacia ser operativo, mirará a los niños que van en esa misma dirección, sintiéndose cómodo con ellos hasta el momento en que entra en estado de competencia. Esto se produce cuando busca ser el mejor y el primero. Si no lo consigue, se buscará otros niños de peor nivel, se repetirá curso para no quedar en evidencia y ser el mejor de los nuevos. En fin, se maquinará con las posibilidades cayendo en algunos casos en situaciones no manejables, donde las drogas, el alcohol, el tabaco, etc., son estímulos que les hará perder el inicio de la situación, querrán ser aceptados en este grupo y el resultado es una pérdida de control y un olvido de la causa del cambio. Ya no recordarán su deseo de operatividad…, ni quienes eran, ni el por qué de todo. En este grupo hay dos tipos de sombra, el del que se situó en “bueno” y caminó por el pasillo del aula de la vida sin ahondar en otras facetas de su vida, y el que creyéndose el mejor ha ido cayendo en un pozo que no es el suyo y se olvidó de un segundo o tercer puesto que era válido para el.

Jon: ¿Qué ocurre cuando la decisión es ser malo, indolente, perezoso, y no ser operativo?

Joaquina: El niño va a buscar los personajes que le ayuden en esta situación presentándose dos posibilidades. Primera: que a él mismo le resulta insoportable el nivel de dejadez e indolencia que encuentra, porque en realidad el no es “tan malo como suponía”, lo que le llevará a buscar al grupo de los levemente operativos, no encontrándose con su verdadera sombra o dificultad hasta más tarde.  Segunda: que se deje arrastrar por su maldad y la maldad colectiva a través de comportamientos o estímulos que le ayuden a ello, con el fin de evitar posicionamientos de esfuerzo en un plano operativo y dejando en esta situación su alma sensible escondida en algún rincón donde nadie pueda encontrarla.

Jon: Se me ocurre un tercer caso: que el niño no tenga decisión sobre el bien o el mal.

Joaquina: Según su deseo de huida de una u otra responsabilidad irá mimetizando a los diferentes grupos. Este caso donde la ayuda a encontrarse es difícil y el ocultamiento del propio yo es sofisticado y complicado, aparece en los niños débiles, manipuladores y de fácil manipulación. Siempre en este proceso las situaciones perversas ganan y los atractivos sexuales, drogas, estímulos externos, acaban arrastrando al personaje sin que pueda mediar en su voluntad.

Jon: Y, ¿de dónde parten estas decisiones?

Joaquina: Siempre parten de una premisa: el niño ha aceptado sus raíces o no. Es decir, quiere seguir los dictados de su condición primaria (información familiar) o necesita demostrarse que es autónomo. En todo caso, de lo que huye es de la falta de integridad de sus padres, olvidando la relación edad – tiempo. Los padres hablan, pero no hacen lo que dicen, escondiéndose en la diferencia de edad. El niño de 12 a 18 años necesita pensar que ya es mayor, por lo tanto, basará su relación con el mundo más en lo que vio que en lo que oyó y, en muchos casos, alejándose de ambas cosas y no sabiendo poner límites porque cree que él lo maneja todo.

Jon: En esa época surgen un montón de preguntas: ¿Era bueno lo que me explicaron o hacían mis padres? ¿Es malo lo que me explicaron o hacían? ¿Qué es bueno? ¿Qué es malo?

Joaquina: Efectivamente, nota dentro de sí que vive los mismos conflictos que sus padres. Le apetece hacer algo, pero su interior le dice que no es bueno, y cuando lo hace se da la misma disculpa que los adultos. La sombra en este tiempo vive del deseo de la imagen y de la admiración de los terrenos decididos o elegidos. Realmente la cuestión es: ¿Soy mujer o soy hombre? ¿Soy valiente o soy débil? ¿Soy honesto o deshonesto? ¿Soy estudiante o maleante perezoso? ¿Amo la pureza o me atrae la perversión?

Jon: ¿Y no pasa que a veces elegimos una cosa y somos lo contrario de l elegido?

Joaquina: Detrás de lo que elegimos hay una cuestión a priori insalvable que se llama rencor a, léase entre líneas papá o mamá, y en el más doloroso de los casos, los dos. El niño llama la atención de sus progenitores para que le salven pero pareciendo que desea que le dejen en paz, o que es insalvable ya. La sociedad y los propios padres temen a estas pequeñas criaturas y por primera vez, y de forma insalvable, muestran su sombra. Y muestran su gran luz provocándoles un profundo miedo las dos y esperando que alguien les salve y les dirija.

Jon: La primera borrachera, el primer suspenso, la primera falta grave, los cambios de ropa, peso, formas de comer. ¡Cuánto diálogo soterrado hay detrás de todo ello!

Joaquina: Lo único que el niño busca, como siempre es conseguir llamar la atención, ser aceptado por alguien desconocido, y sabe que, si no lleva atributos de identificación, nunca va a ser aceptado en la tribu. Hay dos tribus, la del bien y la del mal. Son enemigos irreconciliables con normas y códigos de una fuerza tremenda, y los que peor viven en ella son los que son del terreno de nadie.

Jon: ¿Qué hace el niño para poder vivir en cualquiera de las tribus?

Joaquina: Divide su ser en dos partes: la mala y la buena. Si ha decidido ser malo, la buena quedará escondida para siempre, y lo contrario si ha decidido ser bueno. Imagínate un niño que ha decidido escoger lo malo porque es muy perezoso, y se encuentra con que es muy cobarde, y en el mundo de los malos hay mucha violencia. Buscará aspectos de su oscuridad con los que pueda ser aceptado, y con los que él se encontrará cómodo, aunque desgraciadamente nunca será su realidad. Intentará ser el que más bebe, el que más se droga, el que más perversiones sexuales hace, etc. Cuando pasa un tiempo el niño no se acordará que su problema era la pereza y creerá que todo lo que ha hecho es su realidad. Cuando se haga adulto, esta parte la llevará a la sombra y vivirá ocultándose. Creo que sería eterno desarrollar el mundo funcional de esta etapa, pero lo que es cierto es que es la etapa más maravillosa y conflictiva del ser humano. Me entristece comprobar que los padres han olvidado esta etapa de su propia experiencia y no quieren ver en sus hijos lo que no se han permitido a sí mismos.

¿Y tú? ¿Dónde estabas a los 12 años? Te invito a que descorras los velos de tu propio niño interior, para que puedas entender a todos los niños de 12 a 18 años, estén o no en tu tiempo.

132 Inteligencia emocional aplicada III

Jon: Me he equivocado muchas veces.

Joaquina: La sombra es la oscuridad de tus defectos, no tiene nada que ver con que te equivoques. La sombra es no querer ver lo que uno es en negativo. E incluso en positivo. Sombra es ver que tienes un defecto, y como no quieres que yo lo saque entonces te lo guardas. Eso es sombra. Equivocarse es luz. Cuando a un niño no se le ha enseñado a sobrevivir, él entra en la oscuridad de su vida. En el momento en que al niño se le da todo solucionado se ha destruido su primera parte: el autoconocimiento. ¿Dónde se construyó el mundo de las sensaciones? En el cerebro reptil. Si no se le enseña a sobrevivir no estará sano. ¿Has puesto a un niño a dirigir la casa? ¿Has puesto a un empleado a dirigir la empresa? Cualquier cosa de estas les hace pensar que tú piensas que ellos pueden. Si no se les enseña a los niños el “yo puedo”, no tendrán confianza en sí mismos.

Jon: Me gusta la relación que haces entre niños y empleados.

Joaquina: Las familias se arruinan para generar otra vez espacios de crecimiento. Los fracasos profesionales se originan para crear otra vez espacios de conocimiento. Cuando más arriba está un padre, más fracasado es un hijo. En la medida que lo conviertes en todo lo contrario, lo conviertes en alguien que tiene que hacer tu mismo proceso, aparecen dos ganadores.

Jon: Ciertamente, los hijos no son meros espectadores de la vida. Tienen que aprender a vivir, sentir y pensar. Y esta es la mayor empatía posible. Empezar a que él viva por su cuenta. Los padres no empatizan para ponernos en el lugar del hijo y dedicarnos a enseñarle los pasos.

Joaquina: Desde el momento que quieres ser como alguien estás perdido. La empatía máxima es dejar que el niño tenga su propio proceso, recordando que tiene un 50% tuyo y un 50% de tu pareja. Y no olvidando que tu proceso no es el mismo que el de tu pareja. El proceso del niño es una mezcla de dos procesos totalmente diferentes. Permítele su evolución y su tiempo.

Jon: Además de los niños, y en este tema de inteligencia emocional, me parece muy importante que me cuentes sobre la pareja.

Joaquina: La relación de pareja se da a diferentes niveles. La empatía es igual de obligada en todos los casos. Lo que cambia es la expectativa.

Jon: ¿Cómo podemos conseguir tener una empatía con el otro?

Joaquina: Es obligatorio que no salgas nunca de tus zapatos, de tu poder. Posicionarte en que el otro también existe. Y es importante no proyectar tus necesidades en el otro. Es imposible que te relaciones con el otro adecuadamente si no valoras que tiene una individuación propia. Somos seres totalmente diferentes en cuestión de necesidades, de búsqueda…de todo. Hay que consensuar, que llegar a acuerdos, si no la relación es imposible. La mayoría de los problemas de pareja surgen de no darnos cuenta de que el otro es un ser totalmente diferente. Y la empatía es consensuar. La empatía es entender al otro y entenderse a si mismo. Ponerse en los zapatos del otro sin perder los propios. Por eso es fundamental consensuar.

Jon: Una vez propusiste el ejercicio de elaborar una lista con las 10 cosas más importantes para nosotros y las 10 cosas que hay que consensuar.

Joaquina: Es necesario llegar a un consenso comunicado. Es imprescindible la comunicación entre dos personas. Entre dos incomunicativos hay que buscar espacios para hablar. Si se está en una relación de introvertidos, uno de ellos se convierte en extravertido. Uno de los dos habla porque, si no, no habría relación. Lo que no se puede es obligar a la otra persona a que hable, porque acabará transformándose la relación en un coste excesivo.

Jon: ¿A qué te refieres con cuidar la comunicación?

Joaquina: Cuidar la comunicación es cuidar qué, cómo, por qué y para qué vas a decir lo que vas a decir. Que lo que vayáis a decir tenga un sentido. Comunicar de manera transparente lo que es válido para los dos. Comunicar es diferente a hablar. Comunicar es transmitir aquello que es válido para la relación, no los chismes. La comunicación es un ejercicio de salud mental, no surge de una solución problemática en la pareja.

Jon: ¿Y cuándo uno de los dos es introvertido?

Joaquina: El introvertido no soporta que se cuenten sus cosas. El puede aprender a contarlas, pero no se te ocurra contarlas tú. El introvertido es una persona que cuida mucho su privacidad, lo que necesita de sí mismo, porque mira permanentemente hacia él. Lo que tienes que ver en Inteligencia Emocional es que: el punto de fricción en la relación es romper el área de confort del otro y meterle en el área de disconfort. Romperle el área de confort es bueno, porque así trabaja. Pero meterle en el área de disconfort no, porque le violenta. Cada vez que haya problemas volverá el introvertido a meterse en sí mismo. Y el extrovertido a sacarlo fuera.

Jon: Entonces, el ejercicio de estar juntos nos va a violentar.

Joaquina: Es normal. Pero es fundamental que esto no nos saque de nuestro eje y nos meta en nuestra área de disconfort, porque ahí la relación se rompe. Las relaciones de pareja son un acoplamiento de expectativas. La relación ha de ser algo que se convierta en posible.

Jon: También están las relaciones sociales

Joaquina: Son aquellas relaciones donde no pierdes nunca tu ética ni tu responsabilidad. Cuando te hacen perder tu ética o tu responsabilidad esto se convierte en libertinaje, no en relaciones sociales. Y esto hay que transmitírselo a los niños. Cuando estos están siempre queriendo jugar con sus amigos, están entrando en una relación de libertinaje. La responsabilidad y la ética son previas a la relación y se han de mantener cuando entramos en contacto con el otro.

131 Inteligencia emocional aplicada II

Joaquina: Ya tenemos “que somos”, que es el conocimiento, y tenemos el “como somos”, que es la aceptación. Ahora viene la parte más importante del hombre: la motivación. ¿Qué sentido tiene mi existencia? El “porque” de mis motivaciones. ¿Qué busco en la vida? ¿Cómo lo busco? ¿Por qué busco eso y no otra cosa? Esto se llama automotivación.

Jon: Pienso que la mayor parte de los problemas de pareja, de familia, de trabajo… surgen precisamente porque no sabemos lo que buscamos, no sabemos como lograrlo y, lo que es peor: no sabemos por qué eso y no otra cosa.

Joaquina: La desmotivación surge de no acudir a una respuesta cognitiva interna de que es lo que realmente se necesita. ¿Qué sentido tiene mi vida aquí? ¿Por qué existo yo y no existe otra persona? Si uno no conoce su propósito vital está perdido. Si no encontramos el sentido de nuestra existencia no encontramos el sentido de nuestra convivencia, porque desde la motivación ya nos relacionamos con el otro. Si yo encuentro una motivación es cuando miro al otro.

Jon: Ese sería el sentido trascendente de la vida es: “yo he venido al mundo a hacer algo que nadie más puede hacer”. Mi sitio no puede ser ocupado por otra persona.

Joaquina: Así es. El “que busco” tiene que estar definido por un sentido trascendente de si mismo. Lo que busco no es solo para mí, porque si lo busco solo para mi entonces me pierdo. Lo que busco debe tener un sentido que me rebase a mí mismo. Aunque sea algo como ser feliz, ya me rebasa a mí mismo. ¿Cómo lo logro? Y justificación de porque eso y no otra cosa. La motivación es igual a necesidad ¿Qué necesitas tú? Se trata de descubrir qué necesidad tenemos. Esa necesidad es lo que buscamos. Vamos a buscar la necesidad que tenemos cubierta, no la que tenemos que cubrir. Me tengo que centrar en lo que tengo.

Jon: ¿Cuál es la diferencia?

Joaquina: La diferencia entre necesidad cubierta y necesidad expectante es que la necesidad expectante te quita la necesidad y la cubierta te la da. Si yo me pongo a mirar lo que tengo, estoy cubriendo algo maravilloso que es: Que soy, cómo soy y por qué soy así. Este es el sentido de la vida. El resultado es un incremento de la inteligencia transpersonal, es el conocimiento del yo. Tengo que saber: Quién soy, cómo soy y qué quiero, qué necesidad tengo. Y con estas tres cosas: autoconocimiento, autoaceptación y automotivación personal, tengo mi yo personal cubierto. Una vez que mi yo personal está cubierto, lo que estoy buscando es mi yo social, que se llama yo interpersonal.

Jon: ¿Y si eres una persona que simplemente vives la vida sin buscar nada de esto?

Joaquina: Cuando una persona no busca es que no existe ni para ella misma. Hay muchas personas que se quedan paralizadas en el “yo me conozco”, otras en el “yo me acepto”. Y muchísimas otras que no se plantean que tienen que vivir sus propias motivaciones. Si yo no vivo mis motivaciones entonces yo no existo. El sentido trascendente de esta vida es desarrollarme como persona individualmente, aunque se muriera el mundo que me rodea.

Jon: Suponiendo entonces que mi yo personal está cubierto, llega el interpersonal.

Joaquina: El proceso más inquieto del mundo es la relación entre yo y el otro. Hay tres relaciones interpersonales: Relaciones de familia. Relaciones de pareja. Y relaciones sociales

Jon: Conociéndote, las más importantes serán las relaciones de familia, tanto los padres con los hijos como los hijos con los padres.

Joaquina: Las relaciones de familia significan una sola cosa: la unión de dos materias diferentes en una sola cosa. El niño necesita tener 50% de  un padre y 50% del otro. Necesita tener y lo tiene. En el momento en que un niño siente que una parte de lo que él es se siente rechazada por la otra parte, esa parte la esconde. Y es aquí donde se genera la sombra de la familia. Lo que hacemos es formularnos dependiendo de lo que sentimos. Cuando un niño formula una receta que no es la adecuada, formula su enfermedad familiar: me siento rechazado. Entonces hay una parte de mi que anulo.

Jon: Según lo que has dicho antes, deduzco que una conformación familiar tiene 3 elementos: El conocimiento del padre y de la madre. La aceptación del padre y de la madre. Y la motivación del padre y de la madre.

Joaquina: Imagínate lo complicada que es una relación familiar. El niño es el yo de su padre y el yo de su madre. Y luego vive la unión de los dos. Si el niño hiciese la abstracción y mirase a sus padres por separado no tendría problema. Lo que los niños ven son los conflictos de la combustión de estas dos cosas juntas. Lo importante es que el niño vea a sus padres como dos entes independientes. Cuando el niño mira a sus padres, ve a ella rechazándole a él y él rechazándole a ella, aunque se lleven estupendamente. El niño se da cuenta de que se produce un acoplamiento. De que papa cambia cosas. Y mama cambia cosas. Cuando se provocan estas combustiones, el niño va perdiendo el contacto de “quién es” y empieza a plantearse “quién quiere ser”. El “quién quiere ser” viene determinado por las relaciones entre ambos.

Jon: ¿Cómo ocurre exactamente?

Joaquina: Si yo soy como él y escucho a mama decir que eso no lo acepta, lo que hago es romper mi personalidad, convirtiéndome en alguien difuso que no muestra quien soy. Esto se guarda en la sombra. No quiere decir que no lo tenga, sino que lo guarda dentro y muestra lo que el otro está esperando. El niño convierte en sombra parte del padre, parte de la madre y parte de la relación de ellos dos. Sale a la calle limitado por el “no me siento aceptado”.

Jon: ¿Cómo se resuelve una relación familiar con un hijo?

Joaquina: Mirando la luz del padre y la luz de la madre. Un niño es feliz cuando el padre y la madre le miran desde la luz de ellos, no desde su sombra. Se trata de hacer un trabajo para identificar quién eres en positivo y mostrar esa referencia a tus hijos.

Jon: De esta manera, aseguro al niño que si manifiesta A o B no le va a pasar nada.

Joaquina: Cuando tú te miras desde la luz no estás escondiendo tu sombra. Estás mirando tu luz, la sombra no existe. Cuando tú tienes una sombra escondida no estás mirando tu luz. El niño oculta lo que es. Si tú pones el foco en trabajarte todos los días tus fortalezas, el niño va a identificarse con ello. Si yo me fijo en mi fortaleza, mi debilidad se va superando. Se trata de ver lo que se tiene en positivo y aquello que se tiene que trabajar. Siempre que se conecta con lo positivo se sabe decir que si y que no. Cuando yo quiero hacer un plan de familia, tengo que centrarme en aquello que da la paz a las dos personas.

Jon: Me doy cuenta de que, en la actualidad, en la general, hemos pasado de una familia autocrática, de unos padres autoritarios y represivos, a unos padres totalmente laxos, en aras de superar lo anterior. No es bueno ser totalmente laxo ni totalmente autoritario. Cuando los padres eran autocráticos había una sobredimensión de la responsabilidad y de lo que había que hacer. Cuando los padres son flojos, hay una falta de dimensión sobre lo que hay que hacer.

Joaquina: Para hacer un trabajo de inteligencia emocional con tu hijo debes sentarte con él o ella y ver si se conoce, si se ha aceptado, y qué motivaciones tiene. Si tú le preguntas al niño “¿para qué ha venido al mundo?” y no sabe contestar, es porque tú no le has dado significados. Si tú no le has dado significados al niño es que escondes el significado de por qué estás aquí. Y uno no puede ser feliz si no sabe que ha venido a algo concreto. Necesita la concreción de “para qué” ha venido aquí.

130 Inteligencia emocional aplicada

Hay mucha crispación en la prensa, en las redes sociales, en la calle… Como dice mi amiga Carolina: “estamos con la piel muy fina” En mi paseo con Joaquina quiero indagar en ese mundo emocional tan complejo y abrupto.

Jon: ¿Qué es lo que sucede para que el hombre pierda el contacto con lo que es y con lo que quiere ser cuando una emoción aparece? Y da igual si es una emoción de éxito o una emoción de fracaso. Tenemos los mismos problemas de desbordamiento con el fracaso que con el éxito. Quizá lo que te quiero preguntar es ¿por qué las personas tenemos problemas con las emociones? Y ¿qué podemos hacer para descubrir la diferencia entre una persona ordenada emocionalmente y una persona desordenada emocionalmente?

Joaquina: Cuando eres niño, tienes el cuerpo lleno de sensaciones. Tus sentidos están totalmente disparados. Y permanece así casi toda la vida, sobre todo los varones. Las emociones se empiezan a desarrollar en la época juvenil. Los jóvenes tienen las emociones desbordadas, creen que las cosas son de una manera y las defienden a muerte. A tu edad deberías ya manejar sentimientos. Lo que sucede es que está pasando algo dentro de ti que en este momento te está desajustando. Sería ponerle pensamiento a las emociones. Eso es Inteligencia Emocional.

Jon: Entonces puedo decir que la Inteligencia Emocional siempre es un buen manejo de las relaciones humanas, ya que es la relación humana la que nos hace perder o ganar en inteligencia.

Joaquina: El primer elemento por el que la Inteligencia Emocional es imprescindible es porque cuando una persona se relaciona con otra persona se encuentra con la lucha de intereses, y ahí es cuando, de alguna manera, pierde su inteligencia. Cuando la Inteligencia Emocional se pierde es cuando tenemos expectativas que no cubrimos. Esas expectativas están posicionadas en 3 bandos: La expectativa que tengo sobre mí; La expectativa que tengo sobre ti; Y la expectativa que tengo, sobre todo. Las tres preguntas que te tienes que hace r son:

  • ¿Qué expectativa tengo yo con respecto a mi propia Inteligencia Emocional?
  • ¿Qué expectativa tengo yo con respecto a las personas más cercanas a mí (mi pareja, mi madre)? Las personas con las que tengo un vínculo con una expectativa direccional e inmediata.
  • Y ¿qué expectativa tengo yo con respecto a la sociedad? que es más lejana, pero con la que me tengo que enfrentar.

Jon: Las expectativas, entonces, son las que nos dicen si tenemos problemas con la Inteligencia Emocional. La primera pregunta se podría formular como: ¿Qué estoy esperando yo de mi mismo en relación con mi vida? ¿Qué estoy esperando de mi mismo en relación con mi desarrollo físico, emocional e intelectual?

Joaquina: Lo primero que tienes que saber es si en el yo has puesto ese ejercicio de conocerte, de aceptarte y de motivarte: ¿Estoy viviendo conmigo perfectamente? ¿Hay cosas de mí que no conozco? Si no me conozco ¿Cómo me voy a poder relacionar bien con el otro? ¿Me acepto o soy una persona que me critico? Y si me critico, ¿cómo me voy a poder relacionar bien con los demás? ¿Tengo una motivación y la vivo? Si no tengo mi motivación, ¿cómo voy a intentar que los otros acepten mis motivaciones? Estas son las preguntas tienes que hacerte para descubrir tu inteligencia intrapersonal, es decir, donde estás en relación con el mundo.

Jon: En el conocimiento del yo. La primera cosa que me pregunto es: ¿qué conozco de mi mismo para estar preparado para cualquier cosa que pueda suceder? Para analizar lo que está fundamentando mi yo, tengo que preguntar en 3 niveles: ¿Quién soy? ¿Cómo soy? ¿Por qué soy?

Joaquina: Así es. Te pongo un ejemplo conmigo misma: ¿Quién soy yo? En relación conmigo, no en relación con nadie. ¿Quién soy yo aquí y en el ahora?: Una experta en Inteligencia Emocional. ¿Cómo soy como experta en Inteligencia Emocional?: Una experta que busca el cambio de cualquier persona que le esté escuchando. ¿Por qué?: Porque pienso que, si no hay un cambio permanente en la persona, la persona no es feliz. Si no tienes la capacidad de hacerte y contestarte estas preguntas, te provocará que el “quién soy yo” enrarezca el “cómo soy yo”. Soy alguien que no me acepto y, por lo tanto, no me encuentro bien conmigo mismo.

Jon: Tengo la sensación de que el “¿quién soy yo?”, “¿cómo soy yo?” y “¿por qué soy así?” es una unidad.

Joaquina: Además, el conocimiento del yo te dice para que estas aquí. Cuando vas haciendo tu estructura, lo que vas rellenando te va dando una identidad que te hace ser único. En el momento en el que sientes que lo que eres es bueno, que te gusta lo que eres, lo que va sucediendo es bonito. En el momento en que te das cuenta de que el “qué soy” no te gusta, ya todo lo demás te empieza a dar problemas. El conocimiento del yo es conocer todas las facetas donde puedes llenarte de tu yo.

Jon: Se podría hacer un diario de conocimiento, descubriendo todas las facetas que tengo y puedo aprovechar. ¿Y ahora?

Joaquina: Ahora viene la aceptación. ¿Qué aceptas de ti? ¿Qué es en lo que piensas de ti y dices “Soy lo mejor”?

Jon: ¿Y si acepto todo?

Joaquina: Por muy de Bilbao que seas Vamos a ver esto para darnos cuenta de que tenemos, tienes una parte que no aceptas. En la parte que aceptas te sientes muy bien. En la parte que no aceptas te sientes muy mal. ¿Qué aceptas y como expresas eso que aceptas? Porque hay personas que aceptan de sí cosas, pero no las expresan. Difícilmente aceptamos la tensión que provoca mirarnos. Cuando nos confrontamos con algo lo pasamos un poco mal, de momento… pero nos cambia la vida.

Jon: Bueno, aceptamos una confrontación cuando no nos toca. Y cuando nos toca queremos que el proceso se haga más delicadamente, mas largo.

Joaquina: Este es el problema más grave de la Inteligencia Emocional: la falta de aceptación de nuestra realidad. Si no aceptas tu realidad, la que es de verdad, tarde o temprano te va a pillar tan desprevenido que te va a destruir. Porque la realidad de la vida es que hay enfermedades, la realidad de la vida es que hay finales de relación, la realidad de la vida es que hay amor que no es eterno, la realidad de la vida es que hay riqueza, hay pobreza… Si no tienes conciencia de lo que tienes fuerte para luchar contra lo que la realidad de la vida te va a deparar, te va a pillar desprevenido. Pero si te ves fuerte en algo, te va a pillar mucho menos desprevenido. Busca lo que tienes muy bueno para hacer frente a la realidad. Lo que no tan bueno también lo puedes mirar, pero no es tan necesario que lo mires todo el día. Porque si todo el día estás mirando la luz, la luz apaga la sombra. Si miras la sombra, no voy a tener nunca luz. La luz no tiene sombra. La sombra jamás tiene luz.

Jon: Efectivamente, lo que tengo fuerte es lo que debo expresar, porque es mi valor, y es en mi donde tengo que trabajar lo positivo. Viene a ser la autoaceptación que me va a permitir vivir en equilibrio conmigo mismo

Joaquina: Si no tienes la cualidad sobre la que nutrir tu Inteligencia Emocional individualmente, no serás nada en la vida. Eso te va a sacar de cualquier situación: de una enfermedad, de una pérdida…porque eso es lo que te da la luz. Lo que más acepto de mí es aquello que me permite tener la luz de mi misma. El único ser que te conoce eres tú mismo. El que el otro te diga que eres estupendo no va a provocar nada. Pero si tú eres capaz de decir: “Esto es lo que yo soy y lo acepto” tendrás las emociones ordenadas.

Jon: ¿Qué es lo que nos hace vivir en las emociones desbordadas?

Joaquina: La falta de aceptación personal, que nos lleva a la falta de aceptación de lo que pasa en el mundo. Yo elijo ser algo porque ante cualquier situación me encuentro conmigo misma, me permite permanecer autentica. Cualquiera puede ser algo, por ejemplo, directo, honesto… Si lo expreso empieza a hacerme individual. Y a mi en particular, porque lo elijo, me conforma. Lo elijo porque soy yo en cualquier medio y cualquier lugar. Me permite permanecer autentica. ¿Notas la diferencia de utilizar la mente a utilizar la emoción?

129 Enfermedad y conciencia

El hombre en su huida del Sí Mismo y con el deseo de sentirse separado de todos los demás, da prioridad a su cuerpo constituyéndole como la base de su existencia. El cuerpo es el campo de operaciones donde el ego se fortalece y produce mayor dificultad de encuentro, no ya sólo con los otros egos, sino también con su propio ser.

Jon: Esto lo tenía escrito en el cuaderno de apuntes de uno de tus cursos. Recuerdo que cuando te conocí me curaste un esguince bastante serio en mi tobillo izquierdo

Joaquina: La somatización es una huida a través de la enfermedad, del enfrentamiento a los conflictos. El enfermo no tiene fuera de él a ningún agresor o enemigo, de haberlo éste está dentro de él mismo. Las manifestaciones físicas son un mensaje del ego para localizar a través de los síntomas la clave del problema.

Jon: Entonces los síntomas son un mensaje…

Joaquina: La sintomatología puedes verla de forma localizada o tipificada en relación con una enfermedad ya conocida, o designada por medios tradicionales, o referirnos a un aparato u órgano en general que nos acercará más al concepto holístico de la persona. Por ejemplo, la alergia y su advertencia de nuestra tendencia a la intolerancia, o de la alergia alimentaria, a pólenes, polvo, etc., donde la intolerancia se particulariza, lo que conlleva ver una parte del problema y no su totalidad.

Jon: Eso puede ser porque en las múltiples divisiones físicas que realizamos cada día al hablar de nuestro cuerpo nos olvidamos del ser humano y su entidad mental.

Joaquina: Eso es lo que es lo que pretende el ego, porque desde ahí, desde la gran separación de nuestro propio ser, consigue que permanezcamos separados unos de otros. Salud y enfermedad son conceptos que hablan del mal estado del ser humano, no de sus órganos o aparatos. Síntomas puede haber muchos, pero todos ellos hablan de una sola cosa: enfermedad. Últimamente la medicina tradicional acepta que algunos de los problemas son psíquicos. Yo creo que todos los problemas nacen en la mente y se expresan en el cuerpo. Por tanto, hay que estar atento y observar cómo habla el cuerpo, su física, la química y aquellas conexiones con las emociones para trabajar profundamente lo mecánico, fortaleciendo nuestra voluntad. Debes recordar el mundo manifestado y el no manifestado. Si estás manifestando enfermedad, en lo no manifestado estará esperándote la salud.

Jon: ¿Cómo puedo hacer para poder manejar las leyes del cuerpo?

Joaquina: Las leyes del cuerpo no son otras que las de tu mente, debes pasar por el conocimiento de la función de cada hemisferio, de la carga y descarga, el concepto dador y receptor, activo y pasivo, y desde ahí perder este punto de referencia para que todo se convierta en una sola cosa un “yo” dentro de un “todo” único y perfecto.

Jon: ¿Por qué son tan complicados los mensajes que nos da el cuerpo?

Joaquina: Podría decirte que la falta de sinceridad del hombre le lleva a abrirse ante los demás a través de los síntomas, eligiendo este sistema como la forma de expresar a la Unidad su ruptura con ella. Por ello hay que mirar siempre las causas (intolerancia) aunque para entenderlas miremos los efectos, que serían los síntomas (alergia).

Jon: Según estos puntos de vista, ¿cómo na ce la enfermedad?

Joaquina: La enfermedad nace como consecuencia de un hecho del que te culpabilizas y necesitas sentirte inocente. Alguien, en este caso el cuerpo es el culpable y tu serás absuelto, una inocencia que no es gratuita, y te cuesta dolor y sufrimiento.

Jon: Es decir, un pasado (hecho) se lleva al presente (culpabilidad) para prolongarlo al futuro (miedo). De tal manera que todo acto tiene consecuencias obligadas que pueden ser activas o pasivas. La auto observación y el respeto a esta ley impedirían muchas enfermedades.

Joaquina: De lo que se trata es de vivir el presente después de haber extraído lo válido de un pasado, para acercarse al futuro lleno de paz y felicidad. Para eso, hay que analizar las bases mentales, emocionales y físicas con las que te ayudas para reconocerlas.

Jon: Y por otro lado tenemos el ego…

Joaquina: Efectivamente… vive un pasado tormentoso, lleno de dolor en el presente que se expande hasta el futuro. Si observas muy detenidamente la expresión física, química, emocional y mental, y las trabajas una a una, evitarás que algo pueda vencer tu camino hacia la Mente Recta.

Jon: La gravedad o intensidad de la enfermedad ¿tiene que ver con algo de esto?

Joaquina: Según las características del componente mental (cualidades inhibidoras) los órganos presentarán mas acusadas deficiencias cuando son la base de la expresión de estas. Sin embargo, no siempre van a estar en relación directa de importancia, porque habiendo golpeado la cadena en un punto, en la actualidad se estará expresando en otro muy diferente, que será lo que nos empeñaremos en trabajar para no acometer en profundidad la verdadera dificultad. Es importante que sepas que estamos trabajando dentro de los artilugios del ego, y dentro de nuestra conciencia separada. La realidad es que la superación de algo ha solucionado el resto.

Jon: ¿cómo?

Joaquina: Debes caminar muy lentamente hasta manejar todos los movimientos y las secuencias que el ego hace a través de la ilusión de su existencia, e ir desmitificando la fuerza que le has dado. Tus conflictos crónicos consumen la energía constantemente, provocando desmotivación, abulia, resignación, tristeza… Toda decisión libera este cuadro y saldrás fortalecido al haberte sabido enfrentar a un problema, y haber aprendido algo en él y por él mismo. Es decir, habiendo ganado conciencia.