112 Transcendiendo el miedo a ser felices

Jon: A veces te he oído decir que tenemos miedo a ser felices. A casi todo el mundo le oigo decir que precisamente lo que busca en esta vida es la felicidad. Entendida, eso sí, cada uno a su manera.

Joaquina: Boicoteamos nuestra felicidad a través de querer ser especiales. Pregúntate cual es el foco de intención de especialidad que te hace separarte de los demás. Esa especialización es la que te hace hacerles daño.

Jon: Además de por ser de Bilbao, también por mi altura.

Joaquina: Lo de vasco vamos a dejarlo, pero el cuerpo físico es una gran arma de especialización. Ser hombre o mujer nos puede hacer sentir especiales. La fuerza y la debilidad también. Muy importante, la belleza y la fealdad. Nos sentimos guapos y feos y utilizamos al otro para sentirnos diferentes. Y, como dices, ser alto o bajo también nos hace sentirnos diferentes. Todos estos matices de la corporalidad hacen que la persona sea diferente y especial.

Jon: Los años también, por diferentes motivos, desde la prepotencia corporal de la juventud, hasta la intelectual de los mayores.

Joaquina: La edad. El hombre debería ver como un valor el paso del tiempo, es la experiencia, poder vivir desde un lugar de referencias profundas. Una gran especialidad la hemos convertido en algo refractario que nos hace mucho daño. No deberíamos pasar por el calvario de mirarnos y mirar las diferencias. La causa de mayor infelicidad en la mujer está en el cuerpo. ¿Qué ha hecho al ser humano tener un medio para ser único y convertirlo en una situación castrante? ¿Qué nos ha hecho ver el cuerpo como un fin y no como un medio? ¿Qué hace el hombre, que el medio que tiene para ser feliz, que es la expresión de su cuerpo, lo utilice para separarse de los demás y sufrir?

Jon: Efectivamente, no es lo único por lo que somos seres humanos. También está la condición de la palabra, la condición de la inteligencia, la condición de poner el cerebro a nuestro servicio

Joaquina: Así es, nunca el cuerpo tendría una dificultad si nuestro cerebro está de acuerdo con él

Jon: ¿Qué estímulo hay para que el cuerpo sea una comparación?

Joaquina: No miramos más allá de nuestro cuerpo para no mirar los otros atributos. El cuerpo en sí mismo es un medio, en ningún momento es un fin. Somos una consecuencia de la suma de seres de esta creación. Por ejemplo, todos somos la parte de un elefante, cualquier especialidad que sintamos para sentirnos mejor que alguien es un error. No puedo ser más allá de lo que somos todos, una suma de experiencias.  Ni el intelecto, ni la mente, ni la emoción están abstraídos de la unidad, que somos todos. Ahora deberíamos estar en estado colaborativo, y eso exige destruir la especialización. ¿Te separas por el cuerpo? ¿Te separas por el intelecto? ¿Te separas por qué compites con el otro?

Jon: Tiendo a separarme por el intelecto

Joaquina: La primera clave para no ser felices la hemos puesto en el cuerpo. Todos somos diferentes, ninguno es especial. Especial en el sentido especial de que eres diferente y que tienes un valor añadido que otro no tiene. Cuando competimos hacemos una abstracción de la diferencia de percepción. Cuando te consideras especial pones un atributo en lo físico, lo emocional, lo relacional, lo racional, lo mental o lo espiritual.

Jon: Sin embargo, se potencia la competitividad y la diferencia como algo no solo bueno, sino como objetivo. Especialmente en los jóvenes.

Joaquina: Mas de un 80% de los problemas de juventud son por el cuerpo. En cada sitio estamos poniendo el especialismo como separación de los demás. ¡Claro que somos diferentes! pero no especiales, el cuerpo es una manifestación, y la más poderosa de las diferencias. Si no detectamos dónde hemos puesto la fuerza, en la belleza, delgadez, gordura, ése es el primer elemento importante que debemos averiguar. Para eso se necesita flexibilidad. Cuando la flexibilidad no existe, lo que veo es el rechazo, si odio ser mujer u hombre mi vista empezará a sentir que rechazo a la gente.

Jon: También está la separación desde el mundo emocional ¿no?

Joaquina: Los sentidos son las primeras separaciones en nuestro mundo emocional y lo que nos impide expresar emociones, es otra de las partes que nos separa profundamente de los demás. El tacto es para respetar el ritmo de los otros, para respetar la inteligencia de los demás, la falta de tacto para comunicarnos marca una diferencia. Qué rápido decimos: no me gustas. Si realmente somos personas y seres humanos, ¿qué nos hace creer que tenemos que sentirnos diferentes a lo que sentimos dentro? ¿Qué pasaría si quitáramos el juicio de lo que piensan los demás de nosotros? ¿Hay alguien que cuando se levanta por la mañana piensa en lo que sienten los demás por él?

Jon: Sí, estoy seguro de que a ninguno se nos ocurre entrar en casa y ponernos la mejor ropa, porque estamos con nosotros.

Joaquina: Sería bueno que todos hiciéramos el siguiente ejercicio: Escribo mi nombre y mi género. Me pregunto: ¿Qué parte de mi cuerpo que encuentro especial me hace sentir separado de los demás? ¿Cuál de los sentidos me hace estar más sensible a las personas? ¿Qué elementos de la inteligencia provocan la separación? Analiza cómo te relaciones con los demás desde el cuerpo, emoción, intelectualidad. Piensa qué ocurre cuando una persona te habla de una manera que no entiendes ¿Cómo te sientes?

Jon: ¿El objetivo sería saber dónde está nuestro lugar de trabajo personal para sentirnos diferentes?

Joaquina: Para no hacer daño, es necesario saber que parte de nuestro ser nos hace entrar en conflicto. Si no puedo expresar mis emociones, ¿qué parte de mi ser entra en conflicto? Es nuestra percepción lo que nos hace sentirnos especiales, es porque creemos que nuestra especialidad es más que todos los demás. Qué nos hace vivir en un entorno en que la fluidez sería lo normal y, sin embargo, aparece la tensión.

Jon: ¿Nos querríamos a nosotros mismos no siendo especiales?

Joaquina: No soportamos no ser especiales, todo lo que haces para alguien, es porque lo necesita tú. Tú haces una percepción de lo que siente el otro, en relación con lo que sientes tú. Queremos ser especiales porque odiamos lo que somos. Ningún ser humano en su sano juicio haría algo que le quita la paz, lo único que podemos ser es lo que somos y de ahí abrirnos a lo que queremos ser cada día. Si te consideras una persona especial estarás trabajando para la sociedad. Si me siento uno, empiezo a construir la felicidad interior.

Jon: ¿Qué necesito para construir mi interior sin competir con nadie?

Joaquina: Cualquier modelo que tienes cerca es un modelo para poder caminar. En lugar de compararte, piensa: aquí tengo que trabajar. Lo que nos separa de los demás nos hace perder la paz. Cuando comparamos con el cuerpo tenemos miedo a no ser personas con poder. Cuando no podemos sacar nuestras emociones que no son buenas, ira enfado… rechazamos y nos convertimos en personas duras o demasiado blandas. Cuando nuestro conflicto está con la inteligencia, perdemos la motivación al sentimos torpes. Cada vez que decimos a un hijo que no vale para una materia le quitamos la felicidad y la motivación. Si una persona es lenta para hablar, dale tiempo y fortalécela. Si tienes dificultades para tomar decisiones y liderar tu vida, entras en el pesimismo. Si te notas muy dependientes, tienes dificultades para conseguir la libertad.

Jon: Y el modelo puede ser la pareja…

Joaquina: Si estás con una pareja, aprender. Por ejemplo, si mi pareja se expresa, aprender yo a expresarme. Si es alegre, preguntarle de dónde nace esa alegría. ¿Cómo se aprende? Pues se aprende de aquello que no se critica. Si tu pareja tiene la capacidad de la expresión emocional en todo, palabra movimiento etc. de ahí extrae un comportamiento único, y cámbialo en cinco niveles: En el cuerpo. En el movimiento. En el concepto. En la expresión. En la emoción. Haz el aprendizaje de tu pareja, de lo que te hace falta, y así rompe la especialidad incorporándolo. Así verás la diferencia en la percepción y la igualdad en la realidad. Cuando eliges al otro es porque ese lugar lo quieres recoger, no eres carentes de nada, tu percepción es lo que lo hace. Cuando no podemos ir a un sitio, lo descartamos y atacamos. Mira a la otra persona rica, y mírate rico.

111 La pareja eterna

Dos días después de San Valentín tiro de archivo para rescatar este post por su pertinencia y especial cariño que le tengo.

Leo una cita de Sam Keen que comparto inmediatamente con Joaquina. “Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta”.

 Jon: Joaquina, sé que no eres de hablar mucho de tu vida, sin embargo, también se que mucha de tu sabiduría y de tus aprendizajes vienen de la observación de tus padres. ¿Eran una pareja perfecta? Al final todas las relaciones interpersonales están unidas a una misma necesidad: Que sean longevas y positivas para todas las partes. ¿Qué hace que no nos preparemos para una de las cuestiones más arriesgadas de nuestra vida, que no es otra que la elección de pareja?

 Joaquina: Nuestra vida amorosa y de pareja tiene un sentido específico cuando procede de un conocimiento y gestión emocional que reduzca el miedo a no ser queridos, o a ser demasiado buscados, o a cualquier otra cosa que nos repliegue y nos aleje de lo que más queremos, como es estar acompañados, seguir unos pasos acompasados, y sentir que la vida del otro y la nuestra tienen muchas cosas en común. La soledad es imposible. Puede ser muy anhelada a veces, odiada y repudiada otras, pero sea como fuere todos nosotros llevamos en nuestro ADN la necesidad de vivir al lado de otros.

Jon: Entonces, ¿por qué hay tantas dificultades para vivir juntos, permanecer fieles, sentir que somos parte de una gran estructura familiar…?

Joaquina: Te invito a que reflexiones sobre estas tres cuestiones: ¿Qué sería de tu vida si tuvieras una pareja para siempre? ¿Qué pasaría en tu vida si nunca encontraras pareja? ¿Qué diferente es tu vida cuando estás con o sin pareja?

Jon: Suenan a preguntas retóricas.

Joaquina: Llevo más de 25 años trabajando con personas. Pequeñas, adultas y ancianas. Inteligentes, torpes, alegres o tristes… Sea cual sea la condición de las personas con las que he trabajado, he observado que toda su vida gira alrededor del trabajo y las relaciones. Cuando somos pequeños la relación con nuestros padres o familia y cuando somos mayores la universidad, las relaciones de pareja, los amores y desamores. Nuestra mente es monotemática y con muchos deseos de cubrir las necesidades más básicas adornadas de bienestar y gozo. En este tiempo he visto romperse cientos de parejas a la vez que se han formado para volver a destruirse. Pocas se mantienen con ilusión y aquellas que lo hacen, siendo un ejemplo por el respeto, no lo son tanto por la ilusión y la pasión. De todas estas historias hay niños sufrientes y cierto desorden emocional en todo el sistema relacional. La mayoría de los fracasos han tenido que ver con repeticiones de comportamiento familiar. Actitudes que nos resultaron muy desagradables o poco constructivas las hemos repetido una y otra vez sin comprensión ni respeto.

Jon: ¿Por qué sucede esto?

Joaquina: Una de las bases por las que sucede todo esto es porque las personas comenzamos las relaciones antes de tiempo. Cuando conocemos por primera vez a una persona y nos enamoramos nos suele cegar la euforia del momento. Si imaginásemos que podemos situar la ilusión que sentimos por esa persona en una escalera del uno al diez, deberíamos situarla en el primer escalón ya que comenzamos con un profundo desconocimiento sobre el otro. En lugar de esto, solemos colocar la ilusión arriba del todo, en el escalón número diez. Empezamos muy alto y así es lógico que lo único que podamos hacer es bajar. El día en el que ese otro no te ha devuelto la llamada cuando tú esperabas, comienza una descalificación por tu parte a la relación. Y es que, en verdad, situaste la ilusión muy arriba cuando en realidad desconocías a esa persona en su mayoría. Si por el contrario nos encargamos de situar la ilusión y la euforia en el primer escalón, solo podrá subir y subir.

Jon: Volviendo a mi primera pregunta, ¿me puedes contar cómo lo hicieron tus padres? ¿Fueron felices? ¿Qué aprendiste de ellos?

Joaquina: Mi padre se enamoró de una mujer, vivió y murió totalmente enamorado de ella. Muchas veces me pregunté que le motivó este estado tan onírico. Aquella mujer me resultaba anodina y nada estimulante para un amor tan apasionado. Sin embargo, un día, caminando por la playa de Gijón me explicaba que él se enamoró de ella después de una ristra de mujeres que habían pasado por su vida. No sé si fue una exageración, pero creo recordar el número diecinueve. Todas esas mujeres no habían dejado huella en él. Sin embargo, cuando encontró aquella mujer flaca, de pelo negro y labios gordezuelos pintados de rojo, algo muy intenso inundó de calor todo su ser. Todavía recordaba aquella sensación atravesándole el alma.

Su última pareja, de la que comentó estuvo muy ilusionado, le estimulaba y acercaba a una pasión intensa que no había sentido por ninguna otra mujer antes. Era una mujer elegante, muy bien vestida, con aspecto inmaculado. Una imagen que a él se le hacía perfecta. Reconocía que algo de todo aquello provocaba en él ciertas dudas que quiso corroborar. Sentía una necesidad de comprometerse. Estaba próximo a los veinte años y parecía que aquella relación le abocaba a algo serio.

Un día fue a buscarla a su casa sin previo aviso. Le abrió la puerta una mujer en bata, con el pelo lleno de rulos y un aspecto bastante dejado. En un primer momento no la reconoció y sólo la cara de sorpresa le puso sobre aviso de que aquella mujer era la misma que le había estado provocando un cúmulo de sentimientos tan intensos. Se dio la vuelta. No quiso escuchar sus balbuceos explicando el por qué de aquella situación.

Mi padre buscaba autenticidad. Alguien en quien confiar. Que estuviera donde estuviera, pasara lo que pasara siempre la encontrara en las mejores condiciones físicas, emocionales o mentales. Alguien que su aportación de valor fuera en crecimiento y no importara el tiempo.

Así me enseñó la receta para amar y seguir amando.

Retornó a su pareja actual. Aquella mujer morena, flaca y honesta había crecido y con ello algunas desavenencias y tensiones. Mi padre debió comprender que mi gesto no auguraba nada bueno y que mis creencias sobre la perfección con su pareja no eran tan positivas como su verbo presagiaba.

Rompiendo mis pensamientos me dijo que ella era igual de maravillosa que cuando la había conocido, pero que él no había realizado los cambios que eran necesarios para que aquella relación fuera mucho más exitosa. Su amor por ella era idéntico, quizá su cambio era lo que había fallado y sus exigencias surgían de buscar fuera de si lo que sólo él podía darse.

Siguió hablando mientras mis pensamientos iban buscando momentos que pudieran ratificar aquello que me decía. Ciertamente ella se entregaba plenamente, su dedicación a él seguía siendo de una calidad indiscutible. Era auténtica. Lo que para él era importante, y seguía llenando la casa. Sólo existía él para ella. Sus cuidados, su entrega, su calidad humana estaban allí día tras día.

Él era el rey y nadie le quitaba el sitio. Habían pasado algunos años desde que se habían conocido. Habían tenido muchos problemas y mucho dolor, sin embargo, ella seguía mirándole con admiración y respeto, mientras que para él sólo existía ella, y su amor lo demostraba de aquella manera egoísta que muchas personas tienen.

Cada instante que estuve con él me iba explicando como era el amor. Me decía que una de las cosas más maravillosas que nos daba la vida es que nunca te podías cansar de una persona. Me explicaba: Con tu vivir de cada día vas aprendiendo algo, eso hace que cada día tú seas diferente y las personas que tienes alrededor también lo sean. Y si la persona con la que compartes tu vida también es diferente en todo momento estás estimulado a quererla y a estar con ella siempre.

Me explicó bajando su voz que el secreto es poner las expectativas en tu cambio y en tu progreso, no en que el otro cambie algo que ni siquiera piensa que tiene que cambiar.

Si eres honesto en la elección, y la respetas, sólo puedes ganar cada día.

110 Los deseos y las expectativas

Joaquina: El deseo es la causa que nos separa a los unos de los otros. Los deseos de ser los mejores, los más aceptados, como las comparaciones nos separan de los demás. Si considero el deseo como lo más importante, los demás pasan a segundo plano.

Jon: Sí, las expectativas de ser aceptados por los demás.

Joaquina: Lo primero que siente el otro por nosotros va a depender de la capacidad de aceptación de nosotros mismos. Queremos que nos acepten por encima de lo que hacemos.

Jon: Me dijiste que la expectativa de las emociones se produce por un deseo especial de ser únicos.

Joaquina: Expectativa es que buscamos que el otro me vea perfecta a mi y, sin embargo, yo veo imperfecto al otro. No podemos ser uno ni vivir en la unidad porque los deseos y expectativas nos separan de los demás. Dios creó la diversidad, pero hay un deseo de ser únicos. La aceptación se rompe en el momento en el que tenemos a alguien cerca que no piensa como nosotros.

Jon: Pero, al haber tenido todos caminos diferentes, debería ser normal que pensáramos de forma diferente.

Joaquina: Sí, pero hasta en las familias, cuando la tuya no coincide con la del otro, pero tus hijos llevan las dos esencias. Lo que suele pasar en que todos buscamos la aceptación, pero no aceptamos. Nuestros deseos y expectativas hacen que veamos en el otro errores que son nuestros. Imagínate una pareja. Van a caminar juntos, sin darse cuenta de que ella hizo un camino que es suyo y él hizo un camino que es suyo. Plantéatelo para un amigo, pareja, trabajo… Cuando le das la mano, el riesgo que tienes es que piensas que tiene que ver con los caminos separados, ella tiene recuerdos de otras parejas y él también. Cuando se dan la mano para caminar tienen que plantearse los caminos juntos, no que él quiera cambiar la experiencia pasada. Estamos con las personas para ser alumnos y maestros. El deseo que tiene ella o él de que el otro sea como ella o él, es para no cambiar.

Jon: ¿Cómo lo tendrían que hacer?

Joaquina: Tienen que cambiar desde lo que vieron el primer día: que ella tiene una luz y una sonrisa y él es acogedor y apapachador. En las relaciones humanas tenemos un recorrido hecho, todo lo negativo es nuestro y lo positivo es lo que vimos el primer día, y cuando las personas se encuentran deben respetar las experiencias y crecer desde lo que vieron, rompiendo las expectativas de que el otro sea como queremos.

Jon: Y lo que nos separa, entonces, es nuestro mundo emocional.

Joaquina: Primero nos separa el cuerpo. Con el cuerpo tenemos deseos de poder, tener, pero antes pasamos por un cuerpo emocional, nuestro padre y madre nos han dado algo positivo, pero tenemos algo negativo para superar. Hemos decidido que el uno es bueno y el otro es malo, somos incapaces de ver lo positivo de los dos padres. Nuestro padre tiene algo positivo en lo que es nuestro y algo negativo en lo que es suyo. Es el ejercicio que debes hacer con tu familia. Tus padres se encontraron y vieron algo maravilloso el uno en el otro, aunque luego se haya roto, piensa que tu concepción ha sido partícipe de algo bonito.

Jon: Preguntaré a mi madre que vio en mi padre.

Joaquina: Si cogiéramos lo positivo de nuestros padres, y dejáramos que lo demás fuera de ellos no tendríamos ningún problema. Si cogiéramos las dos personas y cogiéramos lo positivo, diríamos como Jesús: “yo soy el Hijo de Dios”…

Jon: ¿Qué nos hace elegir una de las dos partes y excluir al otro?

Joaquina: Coger lo positivo de nuestros padres y ver que pensamos que nos traemos lo malo. Darnos cuenta de que a un padre le perdonamos todo. El problema es que no vamos a tener una pareja consolidada mientras que no estemos unidos por dentro. Tenemos parejas que son como lo que no queremos tener, para decir después que el otro no es perfecto.

Jon: Los hermanos, que son nuestras primeras parejas, tendrán algo que ver en esto ¿no?

Joaquina: Los hermanos, uno ha cogido lo del uno y otro lo del otro y ahí empieza la ruptura. También empieza la ruptura interior cuando nace un hermano o hacemos disociaciones, porque ser como él te exige un esfuerzo. Si empezáramos a recordar qué vida tuvieron nuestros padres, nos daríamos cuenta de que es suyo. Si cogiéramos la grandiosidad de los dos seríamos exitosos, si tuviéramos la motivación y las cualidades, nuestra pareja también las tendría. Con nuestro hermano, él tiene lo de mi padre, yo lo de mi madre. Nuestra vida sería mucho más sencilla si nos pusiéramos en modo aprender, pero si no lo trabajamos dentro, seremos incapaces.

Jon: ¿Y si no tienes hermanos?

Joaquina: El hijo único hace pareja normalmente con el que le falta lo que necesita. El hijo único tiene las cualidades superiores de uno.

Jon: ¿Para qué no hemos incorporado lo bueno del otro?

Joaquina: Pues, por ejemplo, si no has incorporado la inteligencia de tu padre, ha sido para no aprender. No coges la inteligencia para no acceder a su poder, porque crees que te rechazarían. Lo haces entonces para no ejercer el poder. Todo lo bueno que tiene tu madre, aprendiendo lo positivo de tu padre, hace que seas el más excelso. Te conviertes en lo positivo de los dos en el momento que aprendes lo que no eres. Lo que te hace ser crítico, te hace estar roto por dentro. Tienes la expectativa de que el otro no te vea lo malo que tienes dentro, y te haces una persona crítica. La falta de ver la totalidad es lo que te da el problema. Todo lo que tiene malo una persona no tiene que ver contigo, abstráete y mira lo positivo. ¿Cómo es posible que todos seamos perfectos excepto el otro? Imagínate que tienes un hijo y quieres que tenga la totalidad, ¿qué podrías aprender de tu pareja? Por ejemplo, la paciencia. ¿Qué cualidad tiene ella extraordinaria? Imagínate que es la voluntad. ¿Qué hace cuando expresa la voluntad?: que tiene que ser ya, en el momento y su hijo ve más la paciencia de su padre, y que la voluntad es mala. Si expresa la voluntad con la paciencia, unirá las dos.

Jon: Entonces, cualquier cosa de un padre unida a algo negativo, lo excluimos.

Joaquina: Así es, porque tenemos deseos y expectativas que no cubrimos, ¿qué pasaría si empezáramos a ver lo positivo de todas las cosas y dejáramos lo negativo? Imagínate una madre fuerte, y un padre bueno. La hija piensa que, si no es fuerte, la van a dominar, no quiere ser buena, fuerte y brava, no quiere coger a su padre. La bondad la tiene, pero la excluye porque cree que la van a someter. En el momento que tenemos que jugar con la fuerza de los dos no queremos ni pensarlo, ¿qué hace que cuando lo pensamos se desmorone la unión? esa es la construcción para no vivir en armonía con los demás. Pensamos que hay buenos y malos, pero en el mundo de nuestros padres lo escondemos. Realmente empezamos a vivir en el momento que los superamos.

Jon: ¿Cómo es posible que algo que tenemos dentro de nosotros lo consideremos malo?

Joaquina: Un niño pequeño tiene la esencia de los dos. Cuando no saca lo de los dos acabará siendo una persona que va a la destrucción. Si quieres haz una prueba. Durante una semana saca lo bueno de los dos y verás como no tienes nada malo. De los grandes de la historia solo vemos lo positivo en nuestra mirada. Cuando estamos entusiasmados, enamorados, no vemos lo malo. No podemos meternos todo el rato en el berenjenal de que el otro es malo. En la juventud negamos que somos hijos de los dos. De 12 a 24 años formamos un follón interno, y a los 24 nos disculpamos porque nos damos cuenta de que tenemos lo negativo. Tenemos cero capacidad de soportar las diferencias en estos momentos. No es lo mismo pensar que puedo trabajarme la paciencia o sentir que no puedo tener la paciencia.

Jon: ¿Hay algún momento en el que lo tenemos claro?

Joaquina: Solo hay una mente preclara de 0 a 12 años, y el aprendizaje está dentro, trabajar lo inconsciente y lo subconsciente. Si piensas que lo tendrían que haber hecho tus padres, aplícate a ti la receta de lo que dices que tendrían que haber hecho ellos. Las recetas están en la familia. Cuando vamos a dejar nuestra vida nos encantaría que recuperaran lo bueno de nosotros. Si a nuestros padres los cogiéramos en un momento de nuestra vida, veríamos que tienen algo maravilloso. Recoge lo maravilloso de los dos.

109 El especialismo II

Jon: ¿Cómo se genera el especialismo y cómo nos sentimos especiales?

Joaquina: La única forma de no sentirnos especiales es tener doble amor, a nosotros y a los demás. Nada más nacer somos perfectos hasta que no tenemos la consciencia de la separación de 18 a 24 meses, cuando empezamos a ponernos de pie, cuando tenemos sensibilidad humana. Queremos ser el agua, la hierba, todo lo que los demás miran. Cuando se empiezan a hacer las unidades familiares parten de dos personajes. Miras a uno de los padres, ves que sonríe, tu no, en lugar de ver las cualidades te comparas, porque compararse en tener las dudas de si uno tiene las cualidades bien.

Jon: Interesante conexión entre amor y especialismo…

Joaquina: El amor nos permite ver que hay algo que tenemos perfecto y algo que tenemos que aprender. El especialismo empieza cuando quiero ser algo que no quiero ser. Entonces aparecen la envidia y los celos.

Jon: Entonces lo primero es la necesidad de recuperar el amor a nosotros mismos.

Joaquina: Somos una idea de nosotros mismos que está contaminada de oscuridad porque no nos amamos. Nuestros comportamientos surgen de las percepciones, y nos muestran que no somos perfectos, que no somos lo que queremos ser. O encontramos la respuesta a nuestro amor, o las parejas están condenadas a la pérdida. La mayoría de nuestros padres han sido felices hasta que hemos nacido, porque cuando nacen los niños empiezan las comparaciones. Inconscientemente tenemos un arraigo a lo nuestro muy grande, estamos en un mundo de malos y tu peor. Si no quitamos esto, e incorporamos el amor, estaremos en el “y tu peor”.

Jon: Pero, en general, ¿no nos consideramos buenos?

Joaquina: Si nos considerásemos buenos veríamos lo bueno nuestro y lo del otro, sin embargo, vemos el grano en el otro. Si no rompemos el especialismo en la mirada a nuestros padres tendremos relaciones especiales. Tu madre es callada, tu padre charlatán, conclusión: tu callado y tu pareja charlatana. Con el compañero de trabajo pasará lo mismo si no rompes el especialismo, o lo saltas.

Jon: Y en la pareja, ¿los dos deben ser completos?

Joaquina: Las dos personas tienen que ser completas, las dos tienen que comunicarse, las dos tienen que ser plenas. Si estás en la pareja desde el alcohol y las drogas, la pareja te conmina a destruirte. Si tomas pareja desde la depresión, un sentirte muy mal, plantéate hacer una depuración, porque has decidido no aprender.

Jon: ¿Aplica esto a nuestra pareja interior? ¿A lo que hemos venido a aprender?

Joaquina. Antes te hablaba de la envidia. Lo que envidias es lo que has venido a aprender. En la medida que reconoces qué eres, debes reconocer la perfección de eso. El especialismo se marca porque defiendes que lo que eres es lo que hay. Por ejemplo, a lo mejor piensas que es mejor la inteligencia que la fuerza. Si has venido a aprender fuerza, te pondrán pruebas para aprender la fuerza, las dos cosas son importantes. Si tu eres fuerza y tu hermano es inteligencia, has venido a poner la fuerza al servicio de la inteligencia. Debes aprender lo que has venido a aprender apoyándote en tu cualidad.

Jon: ¿Y si dudo de mi cualidad?

Joaquina: Si dudas de lo que tienes es que no lo quieres dar. ¿Qué pesa más la cualidad positiva o la negativa? Si estás en lo negativo no estás aprendiendo. Imagínate una pareja en la que él tiene curiosidad y ella equilibrio. “Qué rollo, qué negativo”, ¿cuánto tiempo va a tardar en verla aburrida?

Jon: ¿Cómo lo tendrían que trabajar?

Joaquina: Empezando a trabajar la cualidad positiva, “la curiosidad”, una curiosidad que aporta valor, si no es una impertinencia. Si trabaja su cualidad positiva aportando valor se arregla lo otro, si la pone en estado de equilibrio, cuando no quiere chulearlo, se equilibra, en la medida que la curiosidad la tiene en equilibrio, y que la curiosidad la pone al servicio de ella. Lo positivo no podemos sentir que es especial, lo traemos en serie. Su pareja es como su madre y él como su padre. Cuando estamos en positivo no ejercemos nada, en negativo nos sentimos prepotentes. Esta persona no puede pensar que la curiosidad es más importante que el equilibrio de pareja. No podemos pensar que lo nuestro es lo mejor y lo del otro lo peor, todos somos maestros y alumnos, todos tenemos una partícula de aprender y otra de enseñar.

Jon: Entonces, si tu pareja es activa y tu pasiva, me debo sentar con ella y decirle, necesito que me enseñes esta actividad.

Joaquina: Una de las cosas más importantes en el especialismo es cuidar las formas, lo hemos vivido en la familia, pero la otra pareja lo hace de otra manera. Algunas personas dicen que sus padres no tienen nada bueno, y yo les digo: o encontrais las cosas buenas de ellos o la vida os va a llevar por senderos angustiosos. Si alguna persona no encuentra las cualidades positivas de sus padres, que se siente con alguien que los conociera antes de haberse casado.

Jon: Y en el caso contrario, ¿cuándo una persona encuentra unas cualidades exageradamente grandes?

Joaquina: Cuando queremos ser mucho, no somos nada. Nuestros padres nos trajeron con una partícula divina, tu puedes tener la de tu madre y otro la de tu padre. Cuando éramos jóvenes no encontrábamos tantas bondades. Tenemos que romper la duda, esta es la fórmula de lo que somos: Cuando somos maestros mostramos la fortaleza. Cuando somos alumnos estamos viendo algo que necesita mejora continua. Cuando salimos tenemos que romper el especialismo igualando ser Maestro y Alumno, y es el estímulo al aprendizaje lo que nos hace estar vivos.

Al padre que te ha dado las partículas del aprendizaje, dale las gracias. Y dale las gracias a los Maestros positivos de lo que necesitas aprender. Aprende todos los días y serás ilusionante para el otro, estás en modo de aprendizaje, ya que es importante que seas el alumno de una persona.

108 El especialismo

Vamos paseando en una tarde tranquila de invierno y, a pesar del frío, nos quedamos mirando un grupito de jóvenes haciéndose autorretratos con el móvil, riendo y pensando que son diferentes.

Jon: ¿Por qué esa lucha por pertenecer a una tribu y a la vez querer ser especial? ¿Es una búsqueda de sentirnos, reconocidos, aceptados, amados? O todo lo contrario…

Joaquina: Para no sentirnos amados tenemos que sentir que el otro y nosotros somos una cosa diferente. Cuando empezamos a sentirnos especiales es cuando empezamos a medir, o todo es para nosotros o todo está mal. Pensamos que somos Dios y que nos tendrían que mirar todos. ¿Por qué no entendemos que una persona no nos puede dejar y nosotros sí lo podemos hacer? ¿Podrías amar a todos por igual y no sentirte fragilizado? Nos valoramos y al valorarnos competimos, y con ella aparecen dos complejos: De superioridad, y de inferioridad. Todos tenemos los dos, salimos al mundo de forma diferente. El concepto de complejo surge de valorarse, tiene que ver con cosas mías, quiere decir que compito, tiene varios elementos.

Jon: Sí, lo típico, queremos ser hombres, somos mujeres, queremos ser altos, somos bajos, queremos ser delgados somos gordos, queremos tener el pelo liso, lo tenemos rizado.

Joaquina: Los complejos son la elegancia suprema para no ser felices. Los físicos, nuestra tortura personal, cómo nos tratan, nuestra creencia… Los emocionales, hay personas que creen que expresar las emociones en estados alterados es emocional. Hay personas que no son capaces de expresar lo que sienten. Quien siente que tiene complejo emocional va a machacar, el que no, se va a sentir machacado. Y también está el complejo intelectual. En realidad, nuestra capacidad es racional, no intelectual, racional va más allá. Hay personas que tienen complejo de personas intelectuales y no son racionales. Los complejos intelectuales, muchas veces se convierten en querer tener la razón.

Jon: Los Intelectuales, como personas que acudimos a los libros para tener la razón.

Joaquina: Quedan las personas mentales, que tienen la capacidad de decidir y llevar las cosas a la acción, y por último los espirituales, que se las dan de espirituales.

Jon: ¿Todos tenemos alguno?

Joaquina: Todos están en nosotros

Jon: ¿Qué hace que algo que hemos decidido nosotros, lo convirtamos en una herramienta contra los demás? Porque te he oído mencionar en alguna ocasión que elegimos los complejos.

Joaquina: Si te sientes intelectualmente inferior, vas a ser víctima de todos los que se consideran superiores, eso es una decisión. Son decisiones que tomas, cuando los padres no te han dejado ser algo. Ser intelectual es abrirse a los conocimientos. El especialismo nos hace creer que los puntos que hemos abierto son nuestros y los puntos ya están abiertos. Las ideas están en el mundo, tu decides como mirarlas.

Jon: ¿Qué es el especialismo?

Joaquina: El especialismo es que creemos que nuestra decisión es mejor que la de los demás. Sin embargo, hay partes en las que nos sentimos superiores y partes en las que nos sentimos inferiores.

Jon: ¿Dónde tenemos el de superioridad y donde el de inferioridad?

Joaquina: Donde está el conflicto está la visión. Nos amargamos la vida, con lo físico, con la emoción o con la razón. Todos necesitamos saber dónde está nuestro complejo, con el de inferioridad nos estamos destruyendo y con el de superioridad destruimos a los demás. O salimos de los complejos, o nos vamos a cercenar, o vamos a cercenar. El complejo de inferioridad te hace sentirte como si estuvieras jugando con el mejor jugador. El de superioridad como si tu fueras el mejor jugador.

Jon: Y ahí es donde nacen las víctimas y los victimizadores.

Joaquina: En efecto, todos somos víctimas y victimizadores. No todos salimos de la misma manera, hay personas que salen como víctimas, aunque después ataquen, o como victimizadores aunque se sientan atacados. Los que se sienten víctimas creen que les faltan cualidades. Las personas que van de víctimas hacen más daño a la sociedad que las que van de victimizadores porque somos carne de cañón para que nos ataquen. Lo más alejado de Dios es sentirnos carentes.

Jon: ¿Cómo se trabaja el especialismo?

Joaquina: Sentirse víctima es el especialismo mas dañino, dejar de tenerlo dentro, pero sobre todo dejar de ejercerlo fuera, no puede haber nada más lejano que no puedo “no ser”. Cuando destrozamos a la víctima, nuestra parte maravillosa crece. Cuando nuestra víctima desaparece y al victimizador le damos sentido común nuestra vida crece. Si te sientes víctima de una parte de ti, no te mueves.

Jon: Entonces, ¿cómo trabajamos el ser víctimas?

Joaquina: La persona que es víctima pone todo su interés en el complejo de inferioridad. Detrás de ello hay una negación absoluta a darle eso al mundo, hay algo que no da nunca, son personas que han decidido no darse plenamente al mundo, hay una cosa que han decidido no darla, se sienten sucias, malas, inapropiadas. Es una forma de protegerse. Lo que hacen para poder mantenerse es estar permanentemente en estado de debilidad, a partir de ahí los que exhiben fuerza son malos. Hay un daño infantil que esa persona ha hecho suyo y no creen ser merecedoras de una parte divina de la naturaleza, hay un sentimiento de ser inapropiados, de ser sucios, “prefiero no dar nada a que se me vuelva a hacer daño en ese punto”.

Jon: Sí, pero ¿por dónde se empieza?

Joaquina: Lo primero es dejar de ser víctima, darse cuenta de que la debilidad es suya, no criticar y no atacar que hay buenos y malos. Al llegar a casa, a cuántos he visto malos y a cuántos has criticado. El destrozo del mundo está en las víctimas. Los que son víctimas es porque están retorcidos, quieren culpar todo el día, ver lo malo. Como odia a los que atacan, no atacar. Los que salen de victimizadores, se sienten superiores y con eso atacan, pero tienen una parte de víctima. Lo único que nos hace cambiar es la toma de conciencia de las cosas “yo soy víctima porque me siento así”, ya no tiene sentido echar la culpa. Si tu susceptibilidad es “pienso que molesto”, ya sabes que es tu problema, deja de atacar y criticar.

Jon ¿Y los victimizadores, como yo?

Joaquina: Victimizadores son los que atacan. El concepto de atacar es “yo tengo algo más, soy superior”. Ataca para esconder en lo que se siente inferior, y cuanto más ataca, más ve la inferioridad. Cuando deja de atacar verdaderamente es superior, su debilidad se va. En la medida que siente que el complejo de inferioridad no va a quedar a la luz desaparece, “no voy a atacar”. Deja de atacar, y te verás fuerte y sentirás a los demás fuertes. El victimizador sale aprobado, no deja en evidencia que algo pasó mal. Si dice “yo tengo sobresaliente y los demás no tienen ni idea …” Si te dicen que eres torpe y te afecta, revísalo, si algo te afecta es que eres víctima. Para estar juntos, algo tenemos que cambiar y el especialismo no nos lo permite. Hay algo que podemos hacer para ser mejores juntos, porque en cada esquina hay alguien sufriendo, padeciendo y no somos felices, si en un rincón alguien está mal, el mundo está mal. No hay nada mas triste que no ser creíbles, ni la víctima, ni el victimizador son creíbles. El especialismo nos va convirtiendo en pequeñas migajas, el amigo que tienes cerca es el que te victimiza o el que victimizas tu.

Lo importante es agradecer a las personas que se sientan maravillosas y dejar de atacar. Los que se sienten víctimas no quieren perdonar. Si anulamos las víctimas no habrá dictadores.

107 El inconsciente

Estoy leyendo unos libros muy interesantes que desmitifican bastante la visión freudiana del inconsciente. Carl Jung, Milton Erickson… No me resisto a preguntarle a Joaquina su visión.

Jon: ¿Cómo nace el inconsciente?

Joaquina: De 0 a 12 años es el tiempo de construcción del inconsciente. De 12-24 se crea el subconsciente, y de 24-36 se construye el consciente. Y cada fase se subdivide a su vez en inconsciencia, subconsciencia y consciencia. En el mundo inconsciente se forman los valores. El mundo subconsciente es el mundo perceptivo, y se conforman las relaciones. Luego llegamos al consciente.

Jon: Te he oído decir en alguna ocasión que es también en esta etapa cuando se conforma la sombra. ¿Hay alguna relación?

Joaquina: La etapa más inconsciente, de 0 a 12 años, es además cuando se construye la primera sombra. Aquello que el niño ha visto en su padre y madre y se ha jurado a si mismo que jamás será igual. La primera a los 2-3 años y la segunda de los 4 en adelante… Por lo tanto, la primera sombra es inconsciente y la segunda subconsciente. La parte subconsciente del niño sería de 4 a 8 y la consciente de 8 a 12. Esta forma de trabajar no es exactamente real, pero nos ayuda a entender cómo se abren las ventanas.

Jon: ¿A qué te refieres?

Joaquina: El mundo inconsciente es donde se marcan los aprendizajes, la visión y la misión, el propósito, las cosas en las que nosotros estamos programados para llegar a algún sitio y sobre todo, tiene que ver con nuestra aportación de valor, con nuestro valor más profundo y positivo, y también con el menos positivos. El niño ve a su padre o madre y aspiracionalmente quiere ser como uno de ellos y también, de la misma forma, no quiere ser igual.

Jon: También te he oído decir a algunos padres que los niños “leen sus cabezas” y no lo que les dicen.

Joaquina: En esta etapa, el niño recibe mensajes de aprendizaje y va viendo qué valoramos como positivo y qué valoramos como negativo.  Se introduce en la parte más oscura de sí mismo, lo que le limita el éxito… De 4 a 8 años está en el subconsciente y el niño se da algo más de cuenta, es más manipulador, y de 8 a 12 es más consciente, siendo todavía inconsciente.

Jon: Entonces, de 12 a 24 es el mundo más subconsciente. Y como has dicho antes que cada etapa contiene las tres, de 12 a 16 es el más inconsciente del subconsciente, de 16 a 20 el más subconsciente del subconsciente y de 20 a 24 el más consciente del subconsciente.

Joaquina: Así es, y ocurre lo mismo en la etapa consciente de 24 a 36 años. De 24 a 28 el mas inconsciente del consciente, de 28 a 32 el más subconsciente del consciente y de 28 a 32 el más consciente del consciente. Esta última fase es cuando la gente es consciente de quién es de qué hace en su trabajo, pareja, amigos y entra en crisis…

Jon: Quien soy, de 24-28. Como soy, de 28-32.  Qué hago aquí, de 32-36. ¿Qué pasa después?

Joaquina: De 36 en adelante sale la sombra y no se puede evitar. Se repite el acto que dijimos que no haríamos. En esa etapa te sale todo lo negativo del padre o de la madre. Sin embargo, la llamada de la sombra es la luz, ya que, trabajada, es el gran éxito de la persona.

Jon: ¿Cuál es el consciente de cada uno de nosotros?

Joaquina: Lo que manifiestas y eres consciente de que lo haces. El subconsciente son los movimientos que haces, de los que no eres consciente. El inconsciente es aquello que los demás ven y, en la sombra, aquello que ni tú ni los demás ven. Cuando estás en la sombra eres muy refractario a la relación. Es como si huyeras de la relación, de la situación.

Jon: ¿Has dicho que en la sombra está la gran luz de la persona?

Joaquina: La sombra está acompañada siempre de la gran Luz. Es donde está el verdadero diamante, la fuerza del mal y del bien. Aquí está toda su grandeza. Hay una aportación de valor extraordinaria, y al lado está su sombra. La sombra es inevitable. En la vida hay algo que has venido a superar: la sombra; y la aportación de valor es lo que tienes que entregar.  Jesús en su sombra estaba el poder. Tenía que demostrar que sabía más, que era el hijo de Dios. El mensaje de Jesús fue que él nos quitaba la sombra si hacíamos lo que él hacía. Cuanto más ves lo que eres, tu aportación de valor, tu creencia y tu motivación, será todo más fácil.

Jon: ¿Esto nos afecta también en lo físico?

Joaquina: En medicina psicosomática hemos encontrado muchas respuestas a enfermedades físicas, emocionales y mentales gracias a la sombra. Para trabajar el inconsciente se utilizan estas herramientas, la aportación de valor, las creencias y la motivación, en relación con el si mismo. Es la motivación que tienes, quién eres, tu objetivo vital.

Jon: ¿Qué hay en el subconsciente?

Joaquina: Están las creencias vitales. La primera sobre ti mismo cuando estás solo. Luego cuando te relacionas con los demás y, por último, la creencia que tienes sobre la sociedad. La primera se trabaja desde el inconsciente: Cuándo estás solo, ¿qué piensas de ti mismo? Antes de ver a nadie, ¿qué piensas sobre ti? La segunda ya está en el subconsciente: La creencia sobre el otro es cómo trabajas la empatía. La tercera es cómo trabajas la habilidad social. Cuando chocas con la segunda creencia, cuando no tienes empatía, no aceptar como es el otro, no te gusta la diversidad…  se produce la confrontación y mermas tus propias creencias sobre ti mismo. En la tercera, sin habilidad social, irás culpando a los demás, y realmente es porque no tienes esa habilidad. Las creencias son refractarias. Cuando no tienes empatía o no tienes habilidad social, es porque tú tienes un problema contigo mismo. Cuando trabajas la creencia, te estás ayudando a tener una mejor creencia sobre ti mismo, una mayor empatía y una mayor habilidad social.

Jon: Por deducción, me imagino que en este plano se encuentran también los tres subplanos: lo mas subconsciente es la empatía, lo mas consciente la habilidad social, lo mas inconsciente, la creencia personal.

Joaquina: Empatía es uno a uno, persona a persona y aceptar la diversidad. Habilidad social es la capacidad de conectar con el grupo. La empatía y la habilidad social pueden ser muy elitistas y selectivas.

Jon: Llegamos al consciente.

Joaquina: La motivación vital está aquí. La primera es la automotivación, luego la motivación profesional y luego la motivación social. Motivación con nosotros mismos, con la profesión y con la sociedad. Cada una está relacionada con los subplanos correlativos anteriores. Tener un crecimiento personal, es una motivación más inconsciente. Tener un desarrollo profesional, es una motivación más subconsciente. Estar al servicio es una motivación más consciente.

106 El aprendizaje paso a paso

Estamos cenando después de un Taller donde Joaquina, como es habitual, ha sacado a varias personas al escenario para profundizar sobre sus casos específicos. Me llamó mucho la atención el caso de Manuel, así que investigo…

Joaquina: Manuel es una persona cuyo mayor potencial es la felicidad, y puede ser un maestro de este ámbito en sus relaciones con las demás personas. Sin embargo, hay algo que le falta y le hace sentirse incompleto: la conciencia. Cuando se pone en disposición de maestro de felicidad, transmite una duda razonable provocada por su falta de conciencia. Sin embargo, cuando debe aprender conciencia, no se siente seguro, pues considera que esta le va a impedir llegar a la felicidad absoluta.

Jon: ¿Por qué le ocurre eso?

Joaquina: Porque considera la considera severa, restrictiva, porque su concepción de felicidad es ser totalmente libre para hacer lo que quiera, y considera que la conciencia es contraria a esto. No quiere aprender, pero hasta que no la acepte con la misma tranquilidad con la que acepta el ejercicio de ser feliz, Manuel no crecerá como persona. En cuanto una persona no sea consciente de que él existe, se encontrará mal. Exige a los demás conciencia suprema sobre él, es decir, les pide que hagan algo que él no está dispuesto a aprender.

Jon: Parecía que eso le hacía sentirse culpable.

Joaquina: La culpa solo se genera porque no eres tan abierto para realizar los dos aprendizajes que necesitas hacer, situados en la dimensión de dar (enseñar) y recibir (aprender). No los afrontas con la misma amplitud, con la misma holgura o con el mismo corazón; siempre crees que debes enseñar y te niegas a aprender aquello que te falta.

Jon: Entonces Manuel se posiciona en “no me dejáis ser feliz”

Joaquina: Así es, y estará lanzando su culpa contra las demás personas en lugar de colocarte en disposición de aprender. Es mucho más fácil mantenerte en posición de maestro que pasar a convertirte en alumno. Es más sencillo pensar que todos tienen que aprender tu gran potencial, que admitir que hay algo en este mundo de lo que careces y que debes adquirir. En lugar de culpar a los demás de tu falta de felicidad debería situarse en “si yo aprendiera lo que he venido a aprender, sería mil veces más feliz”. Solo así se convertirá en alumno y podrá liberarte de la culpa.

Jon: ¿Podrías sintetizar en uno pasos cuál es el camino que recorrer para el aprendizaje?

Joaquina: El primer paso es identificar tu mayor potencial, tu área de mejora y tu maestro. Todas las personas tenemos algo maravilloso que podemos darle a los demás y algo que aprender que necesitamos incorporar. El proceso de enseñanza y aprendizaje se basan en este planteamiento: el potencial y el área de mejora te llevarán a ser maestro y a ser alumno, respectivamente. No hay ninguna otra posibilidad de liberar la culpa que no sea a través de reconocer tu potencial y comprometerte con él, además de aceptar que las demás personas son maravillosas en algo y que debes aprender de ellas.

Jon: El ejercicio para borrar la culpa consiste, entonces, en recordar tu luz y respetar la luz del otro.

Joaquina: Así es, en primer lugar, debes buscar el potencial del que nunca podrán hacerte dudar, independientemente de que esté o no activo. Este puede ser la felicidad, la pasión, la paciencia, la alegría, cualquier virtud que sepas que tienes en ti mismo, aunque en ocasiones se contamine por el área de mejora, esa otra cualidad que has venido a aprender a este mundo. Piensa también en esa área de mejora, eso que sabes que te falta y que has venido a aprender. Piensa también en una persona que puede enseñarte esa cualidad de la que careces, alguien de tu entorno más cercano.

Jon: En el taller pusiste el ejemplo de Pepe.

Joaquina: Sí, el mayor potencial de Pepe es su pasión, un espíritu que le hace infatigable. La pregunta que debería hacerse, una vez está clara su gran fortaleza, es: ¿qué tengo que hacer para que mi pasión sea un canal que me lleve siempre a la felicidad? Él ha llegado a la conclusión de que su área de mejora es la tolerancia, y considera que su maestro podría ser su hermana Almudena. Una vez que tiene claros estos tres aspectos: potencial, área de mejora y maestro, puede pasar al siguiente paso. Algo positivo en el primer paso es identificar tu potencial y tu área de mejora en tu padre y en tu madre. En el caso de Pepe, por ejemplo, considera que su madre es más apasionada y su padre, más tolerante. Esta situación puede conducir a que culpe a su padre de no haberle dado su tolerancia, y la única forma de borrar la culpa sería aprender esa tolerancia e implementarla en su propia vida.

Jon: Genial, ¿El segundo paso?

Joaquina: Lo siguiente que debes hacer es identificar tres indicadores de tu potencial: cuando opera en su máximo exponente, en un momento en el que te esté haciendo crecer, y cuando estés tocando lo divino. Especifica cómo son tus movimientos, tu mirada, tu voz, tus gestos. Ten en cuenta que deben ser indicadores físicos, comportamientos tuyos que los demás puedan disfrutar, que puedan ver.

Jon: Pepe llegó a la conclusión de que sus indicadores eran: Mirada tranquila. Escucha atenta y libre de juicios. Quietud consciente.

Joaquina: Así es. Una vez que quedan claros estos tres indicadores, tienes que exigirte a ti mismo, en todo momento, ser un ejemplo de estos tres indicadores. En el caso de Pepe, tendría que reflejar siempre la pasión activa a través de una mirada tranquila, una escucha atenta y libre de juicios y una quietud en su cuerpo que le permite tomar conciencia de esa utilidad de su pasión.

Jon: Qué bueno, ¿el tercer paso?

Joaquina: El tercero es mirar a tu maestro e identificar los indicadores de su gran fortaleza, que es a la vez tu área de mejora. Piensa en tu maestro cuando pone en marcha su potencial en estado divino, siempre separándolo de ti mismo, sin mezclar lo que ves en ti mismo de lo que ves en la otra persona.

Jon: Pepe llego a la conclusión de que los indicadores de tolerancia divina de su hermana Almudena son los siguientes: Mirada profunda y reflexiva. Movimiento flexible y armónico. Voz suave.

Joaquina: Una vez que conoces estos indicadores debes incorporarlos a tu día a día. ¿Qué pasaría si Pepe uniera su pasión con la tolerancia y mostrara una mirada tranquila y reflexiva, una escucha atenta desde la tranquilidad y la flexibilidad y una quietud consciente que provocara una voz suave, templada y dispuesta a consensuar? ¿Qué pasaría si tuviera a su padre y a su madre en lo mejor de si mismos? Estaría más cerca de la felicidad, más cerca de Dios. Jamás culparía a nadie de nada, pues la culpa desaparece cuando eres consciente de tu lado divino y del lado divino del otro sin mezclarlos, sin querer que el otro haga lo que haces tú.

El ejercicio consiste, entonces, en introducir en tu vida tus tres movimientos e ir aprendiendo los movimientos del otro hasta que notes que están incorporados. Entonces notarás algo irrepetible: sentirás cómo tu cuerpo reconoce una paz que se llama el instante santo, ese momento donde lo unes todo dentro de ti y no lo separas.

Jon: Al unir el gran potencial con el área de mejora e implementar ambos en mi vida, a veces me surge una duda razonable, una palabra que rompe estos dos mundos y que me lleva a negar el aprendizaje.  La duda razonable de Pepe era si ser una persona apasionada y tolerante le impedirá disfrutar en el mundo. Su creencia es que la pasión tolerante es aburrida.

Joaquina: Pues bien, una vez has identificado tu duda, tienes el compromiso de unir estas dos cosas y comprobar si es o no cierta. Antes he dicho que, para el aprendizaje, es imprescindible conocer tu propia luz y respetar la luz del otro. Ambas parecen distintas, pero son luz. Por tanto, no debes mirar el ejercicio desde ti mismo, pues no funcionaría. Tu gran potencial y el gran potencial de tu maestro son igualmente válidos, son distintos, pero son divinos de distintas formas. En el momento en el que empiezas a compararte con el otro y a despreciar su potencial, el proceso de aprendizaje se interrumpe, así como el de enseñanza.

Jon: Entiendo

Joaquina: En mi caso, una de mis grandes cualidades es la fuerza de voluntad. Imagínate que yo hiciera un pacto con una amiga de no comer algo durante un día. Gracias a mi voluntad, a mí no me costaría nada, pero para ella supondría un esfuerzo. Si yo empezara a compararme con ella y a despreciar su falta de voluntad, estaría destruyendo al maestro. El maestro se pierde cuando empieza a compararse con el alumno. Yo solo puedo ser maestra de voluntad. Si el gran potencial de ella fuera la delicadeza y yo aprendiera de ella, sumaríamos nuestros potenciales y ambas creceríamos. Si, en cambio, nos comparáramos y cada una echara en cara lo que le falta a la otra, no existiría aprendizaje en ninguna de las dos dimensiones.

Jon: Queda claro que es muy importante separar al maestro y al alumno.

Joaquina: Eres maestro de algo y alumno de algo, y si eres capaz de mantener ambos roles en tu potencial y en tu área de mejora, respectivamente, llegarás a la divinidad. Debes mirar a la otra persona constantemente y reconocer que no tiene error, no tiene mácula, al menos en el área que tienes que aprender de ella. Si reconoces al maestro y reconoces que su cualidad es lo que te está faltando a ti, no puedes permitir que tenga una sola mácula en tu mirada. Podrá tener defectos en otros aspectos, pero esos son suyos, no tuyos.

Jon: Cuando hablas de maestros, en realidad estás hablando de los padres ¿no?

Joaquina: ¿Qué mejores maestros hay? Necesitas ver la grandeza de los padres por separado. Mezclados es imposible, pero mirándolos individualmente, la grandeza que tienen es impresionante. La mayor cualidad de mi padre siempre fue la voluntad y la de mi madre fue la entrega. Yo aprendí la voluntad de mi padre y mi hermano, la entrega de mi madre. Si yo comparara a mi madre con la voluntad de mi padre, podría cometer el error de pensar que ella no tenía belleza propia, que no tenía vida propia. Sin embargo, el compromiso que han presentado los dos en relación con sus respectivos potenciales son los ejes de mi vida. El compromiso de su entrega y el compromiso de su voluntad me han convertido en la persona que soy hoy. Cada uno puso el foco sobre su potencial, y ambos eran divinos a su manera.

La base de poder estar feliz es liberarte de la carga de mezclar a dos personas y considerar a una buena y a otra mala. Este ejercicio debe ayudarte a liberar a tus padres de esa visión. Los dos son absolutamente divinos, independientemente de que tú seas más afín a uno o a otro. Algunos padres a veces lo ponen difícil para encontrarles lo divino, pero lo tienen, pues lo único que nunca ha hecho Dios es ser injusto.