229 Seducción y deseo

Jon: ¿Qué piensas que es seducir? Moverse desde la autenticidad, conquistar, atraer, gustar, persuadir, influir…

Joaquina: Seducir es embriagador, una sensación que va mucho más allá que el bienestar. El problema es que a veces para la seducción buscamos elementos muy ajenos a lo que es la seducción, buscamos elementos muy externos.

Jon: Me imagino que hay que diferenciar una actitud de seducción, de ser una persona que seduce, lo cual es más complicado.

Joaquina: Lo cierto es que la seducción es imprescindible en nuestras vidas. La primera seducción es a nosotros mismos, y después a los demás. Hay que limpiar el pensamiento de que la seducción es manipulación, es un engaño, es una perversión del poder y la fuerza. Hay dos conceptos que tenemos que eliminar: Que las buenas formas son manipulación, y que las malas formas son sinceridad.

Jon: ¿Y cómo quitamos la idea de que seducir es engañar?

Joaquina: Para eso debemos darnos cuenta de que casi todas las personas que son bruscas y poco delicadas han surgido de un engaño de seducción. Creen que alguien les sedujo y les engañó. Sin embargo, lo que sucedió es todo lo contrario. Esas personas tenían una expectativa que no se cumplió, un interés que no se cumplió, y no tiene nada que ver con el otro. Lo primero a quitar de la cabeza es que se puede seducir mintiendo. Se puede engañar, y puede durar un tiempo, pero no se puede seducir mintiendo.

Jon: ¿Cómo es eso de que no se cumplen expectativas?

Joaquina: Generamos un lenguaje de anti-seducción cuando hemos sido seducidos en el pasado por alguien que nos engañó. Nos engañaron otros o nos engañamos nosotros mismos, no importa, pero abrirnos a estar en disposición de ser seducidos o seducir supone un riesgo que no queremos acometer.

Jon: ¿Qué es lo que ha pasado dentro de nosotros que no sabemos manejar la lejanía y la distancia personal?

Joaquina: La seducción es una energía que nosotros lanzamos fuera. No es solamente una energía que el otro ve. La seducción auténtica tiene que ver con nuestras cualidades innatas. Aprendemos a seducir de dentro a fuera.

Jon: Entonces, deberíamos preguntarnos qué tipo de interés o motivación tenemos en nuestra vida.

Joaquina: Así es, y pueden ser de varios tipos: Intereses físicos, que son lo que está fuera, lo que es tangible, lo que plausible, lo que es medible, los valores, las cosas que se pueden ver, la belleza, el poder. Cosas inmanentes y tangibles. Luego estarían los Intereses emotivos. Cosas con glamur, interés color, prestigio, cosas atractivas, elegancia, formas, el movimiento. Están los intereses por el conocimiento, queremos saber y mover el conocimiento y nos resultan atractivas las personas que lo tienen. También están los intereses por movilizar a la acción y los intereses en el poder espiritual.

Jon: Imagino que cada uno de ellos va a generar una forma distinta de seducción.

Joaquina: La seducción es el arte de compartir, es con personas y es un bienestar, pero también es una tensión de qué va a pasar ahora. Esa tensión es importante que permanezca en el tiempo. Si no nos gusta compartir tenemos un problema con la seducción.

Jon: Si la clave de la seducción es el deseo, aquello que deseemos es lo que nos va a seducir.

Joaquina: Lo que tu deseas te seduce a ti. Lo que a ti te entusiasma (lo que vives, lo que está en ti de verdad) seduce al otro. El deseo te hace caer en la trampa del otro y el entusiasmo hace que los demás caigan en la tuya.

Jon: Me dices que el deseo es el que convierte la seducción en una falacia, pero en ningún momento la propia seducción es una falacia. La solución es vivir desde el entusiasmo y no desde el deseo.

Joaquina: Lo que necesitamos para vivir la seducción sanamente es amarnos a nosotros mismos. Entusiasmarnos con lo que somos y no pretender acercarnos al otro desde él y no desde nosotros. El poder de la seducción está en la autenticidad. El problema está en el movimiento expectante: me muevo para esperar algo que en realidad no voy a lograr nunca. La separación entre el seductor y el seducido es que nos entusiasmamos con lo que es el otro, no con lo que somos nosotros.

Jon: Eso explicaría por qué las relaciones no duran mucho cuando se trabajan desde el deseo y no desde el entusiasmo, de tal manera que la relación dura hasta que la otra persona se da cuenta de que ha sido engañada. Empiezan las pequeñas discusiones, las pequeñas evidencias y a partir de ahí el desencanto.

Joaquina: Debemos aprender a trabajar desde el entusiasmo, no desde el deseo. Entendiendo que el deseo lo mostramos y que la persona nos va a dar aquello que nosotros mostramos que deseamos. Con el deseo, al estar fuera de ti, destruyes el entusiasmo. Lo importante es que tanto el deseo como el entusiasmo estén dentro, y que tu ames tu seducción.

Jon: La situación sería que hay un deseo que nos debería llevar al entusiasmo y desde ahí deberíamos amarnos.

Joaquina: Sí, pero lo que hacemos normalmente es: El deseo lo ponemos fuera, lo cual quiere decir que yo no puedo; el entusiasmo es nuestro, por conseguir eso, o porque nos hagan caso. Conclusión, siempre estamos fuera de nosotros, buscando algo que nos tiene que dar alguien. Ese estado de ser seducido por lo que me tienen que dar es lo que me destruye.

Jon: Me imagino que al igual que hay cinco tipos de seducción hay también otros cinco de deseos.

Joaquina: 5 deseos: Deseo de poder. Deseos de una vida emocional muy completa. Deseos de saber y conocimiento. Deseo de liderar vuestra vida y la de otros. Deseo de vida trascendente. El deseo siempre está fuera “Yo deseo tener algo” lo que ya tienes no lo deseas. Si yo me sintiera completo no estaría buscando cosas fuera. Las relaciones fuera del entusiasmo están avocadas al fracaso. Si las dos personas están fuera de su entusiasmo, la relación va a estallar. Las relaciones por deseo duran dos meses, tres como mucho; el entusiasmo dura 10 meses, 12 como mucho. A partir de ahí aparece el apego, y el apego es la destrucción de la relación: Me apego a lo que yo soy. Quiero que tú cambies. Empiezan las discusiones. Vamos a estar aquí porque tenemos costumbre. El seductor está en el entusiasmo, el seducido en el deseo. Hay que ir hacia ser uno suavemente, para que no se rompa el encantamiento. Los deseos son efímeros, los entusiasmos duran más, y si se trabajan pueden ser eternos. El entusiasmo es contagioso, sin embargo, el deseo no lo podemos compartir ya que nos sentimos carentes y lo que queremos es tener, no compartir. El entusiasmo es dativo, lo puedes compartir, siempre estás hacia fuera, lo vives, eres feliz.

Jon: Lo ideal sería que las personas estemos seduciendo siempre, y para hacerlo debemos estar en el entusiasmo.

Joaquina: Pero el juego de la seducción es el deseo. De lo que se trata es de la autenticidad de la seducción. Que puedas hablar de lo que quieras, que el otro sea tan importante como para poder escucharle, y es tan importante lo tuyo como para poder hablarlo. Tiene que haber un juego permanente de escucha porque al final la seducción ¿qué es sino una escucha, un compartir, un estar? Y cuando nosotros estamos jugando al rol de hablar solo de lo que le interesa al otro, al final entra el aburrimiento, la ruptura de intereses, la desnaturalización. Mas allá de cualquier pretensión, vivir en el entusiasmo te hace permear la sociedad más allá de tus intereses y poder vivir los intereses del otro. En el mundo no hay solo un 5% de seductores, lo que hay es un 5% de defensores de su entusiasmo, y el resto no. El resto impone o declina su entusiasmo. Si hay una lucha de poder ya no puede haber seducción, de la misma manera que si hay dependencias. Son juegos de rol que al final acabarán haciendo daño a alguien. Todos nos dejamos seducir por aquello que creemos que nos va a dar el amor que nos falta. Cuando nos dejamos seducir, hay un recuerdo escondido dentro de una mirada, un momento o algo que nos ha seducido.

228 Las relaciones personales

Son las nueve de la noche de un invierno lluvioso cuando salimos de la consulta de Miguel Ángel y acompaño a Joaquina hasta el portal de su casa. Acaba de terminar de trabajar con una joven pareja en dificultades.

Joaquina: El proceso más inquieto del mundo es la relación entre yo y el otro.

Jon: ¿Te refieres a las relaciones de pareja, de familia o sociales?

Joaquina: En los tres casos los problemas se producen por falta de empatía. Las relaciones de familia son las más importantes y significan una sola cosa: la unión de dos materias diferentes en una sola cosa. El niño necesita tener 50% de  un padre y 50% del otro. Necesita tener y lo tiene. En el momento en que un niño siente que una parte de él es rechazada por la otra parte, lo que hace es esconderla. Y es aquí donde se genera la sombra de la familia. Lo que hacemos es formularnos dependiendo de lo que sentimos. Cuando un niño formula una receta que no es la adecuada, formula su enfermedad familiar: me siento rechazado. Entonces hay una parte de mi que anulo.

Jon: Me siento muy identificado con lo que dices. Siempre me decían, y me siguen diciendo en mi familia que era igual que mi padre, y luego le ponían verde.

Joaquina: Una conformación familiar tiene 3 elementos: El conocimiento del padre y de la madre. La aceptación del padre y de la madre. La motivación del padre y de la madre

Jon: Eso convierte al niño en el yo de su padre y el yo de su madre. Y luego vive la unión de los dos.

Joaquina: Si el niño hiciese la abstracción y mirase a sus padres por separado no tendría problema. Lo que los niños ven son los conflictos de la combustión de estas dos cosas juntas. Lo importante es que el niño vea a sus padres como dos entes independientes. Cuando el niño mira a sus padres, ve a ella rechazándole a él y él rechazándole a ella, aunque se lleven estupendamente. El niño se da cuenta de que se produce un acoplamiento. De que papá cambia cosas. Y mamá cambia cosas. Cuando se provocan estas combustiones, el niño va perdiendo el contacto de “quién es” y empieza a plantearse “quién quiere ser”

Jon: Entonces el “quién quiere ser” viene determinado por las relaciones entre ambos.

Joaquina: Si, como has dicho, eres como tu padre y escuchas a tu madre que eso no lo acepta, lo que haces es romper tu personalidad, convirtiéndote en alguien difuso que no muestra quién eres. Esto se guarda en la sombra. No quiere decir que no lo tengas, sino que lo guardas dentro y muestras lo que el otro está esperando. El niño convierte en sombra parte del padre, parte de la madre y parte de la relación de ellos dos. El niño sale a la calle limitado por el “no me siento aceptado”.

Jon: ¿Cómo se resuelve una relación familiar con un hijo?

Joaquina: Mirando la luz del padre y la luz de la madre. Un niño es feliz cuando el padre y la madre le miran desde la luz de ellos, no desde su sombra. Se trata de hacer un trabajo para identificar quién eres en positivo y mostrar esa referencia a tus hijos. De esta manera aseguras al niño que si manifiesta A o B no le va a pasar nada.

Jon: Es decir, cuando te miras desde la luz no estás escondiendo tu sombra. Estás mirando tu luz, y la sombra no existe. Cuando tú tienes una sombra escondida no estas mirando tu luz. El niño oculta lo que es.

Joaquina: Si pones el foco en trabajarte todos los días tus fortalezas, el niño va a identificarse con ello. Si yo me fijo en mi fortaleza, mi debilidad se va superando. Se trata de ver lo que se tiene en positivo y aquello que se tiene que trabajar. Siempre que se conecta con lo positivo se sabe decir que si y que no.

Jon: Y con eso se puede hacer un plan de familia…

Joaquina: Cuando quiero hacer un plan de familia, tengo que centrarme en aquello que da la paz a las dos personas. En la sociedad actual hemos pasado de una familia autocrática, de unos padres autoritarios y represivos, a unos padres totalmente laxos, en aras de superar lo anterior. No es bueno ser totalmente laxo ni totalmente autoritario. Cuando los padres eran autocráticos había una sobredimensión de la responsabilidad y de lo que había que hacer. Cuando los padres son flojos, hay una falta de dimensión sobre lo que hay que hacer.

Jon: ¿Cómo trabajamos eso con un niño?

Joaquina: Para hacer el trabajo hemos de sentarnos con él y ver si se conoce, si se ha aceptado, y qué motivaciones tiene. Si le preguntas al niño para qué ha venido al mundo, y no sabe contestar, es porque tú no le has dado significados. Y si no se los has dado es que tú escondes el significado de por qué estás aquí. Y uno no puede ser feliz si no sabe que ha venido a algo concreto. Necesita la concreción de “para qué” ha venido aquí.

Jon: Ponme un ejemplo.

Joaquina: Si piensas que ser responsable es el sentido de tu vida y de repente te das cuenta de que eso no es así, si tú lo cambias, él lo va a cambiar automáticamente. La sombra es la oscuridad de tus defectos, no tiene nada que ver con que te equivoques. La sombra es no querer ver lo que uno es en negativo. E incluso en positivo. Sombra es ver que tienes un defecto, y como no quieres que se vea, lo guardas. Equivocarse es luz.

Jon: ¿Tiene esto alguna relación con que cada vez haya más familias rotas?

Joaquina: Las familias se arruinan para generar otra vez espacios de crecimiento. Los fracasos profesionales se originan para crear otra vez espacios de conocimiento. Cuanto más arriba está un padre, más fracasado es un hijo. En la medida que lo conviertes en todo lo contrario, lo conviertes en alguien que tiene que hacer tu mismo proceso y aparecen dos ganadores. Los hijos no son meros espectadores de la vida. Tienen que aprender a vivir, sentir y pensar. Y esta es la mayor empatía posible.

Jon: Muchas veces queremos que nuestros hijos sean como nosotros.

Joaquina: Desde el momento en el que quieres ser como alguien, estás perdido. La empatía máxima es dejar que el niño tenga su propio proceso, recordando que tiene un 50% tuyo y un 50% de tu pareja. Y no olvidando que tu proceso no es el mismo que el de tu pareja. El proceso del niño es una mezcla de dos procesos totalmente diferentes. Hay que permitirle su evolución y su tiempo y saber que no va a hacer jamás lo que tú haces.

Jon: ¿Cómo repercute esto en las relaciones de pareja o sociales?

Joaquina: La relación de pareja se da a diferentes niveles siempre que haya dos personas. La empatía es igual de obligada en todos los casos. Lo que cambia es la expectativa.

Jon: ¿Cómo podemos conseguir tener una empatía con el otro?

Joaquina: Es obligatorio que no salgas nunca de tus zapatos, de tu poder. Posicionarte en que el otro también existe. Y es importante no proyectar tus necesidades en el otro. Es imposible que nos relacionemos con el otro adecuadamente si no valoramos que tiene una individuación propia. Somos seres totalmente diferentes en cuestión de necesidades, de búsqueda…de todo. Hay que consensuar y llegar a acuerdos, si no la relación es imposible. La mayoría de los problemas de pareja surgen de no darnos cuenta de que el otro es un ser totalmente diferente. Y la empatía es consensuar. La empatía es entender al otro y entenderse a si mismo. Ponerse en los zapatos del otro sin perder los propios. Por eso es fundamental consensuar.

Jon: Y a ese consenso se llega hablando…

Joaquina: Es necesario llegar a un consenso comunicado. Es imprescindible la comunicación entre dos personas. Entre dos incomunicativos hay que buscar espacios para hablar. Si se está en una relación de introvertidos, uno de ellos se convierte en extravertido. Uno de los dos habla porque, si no, no habría relación. Lo que no se puede es obligar a la otra persona a que hable, porque acabará transformándose la relación en un coste excesivo.

Jon: ¿Cómo se cuida la comunicación?

Joaquina: Cuidar la comunicación es cuidar qué, cómo, por qué y para qué vas a decir lo que vas a decir. Que lo que vayáis a decir tenga un sentido. Comunicar de manera transparente lo que es válido para los dos. Comunicar es diferente a hablar. Comunicar es transmitir aquello que es válido para la relación, no los chismes. La comunicación es un ejercicio de salud mental, no surge de una solución problemática en la pareja.

Jon: ¿Y en el caso de que uno de los dos sea introvertido?

Joaquina: El introvertido no soporta que se cuenten sus cosas. Puede aprender a contarlas, pero no se te ocurra contarlas tú. El introvertido es una persona que cuida mucho su privacidad, lo que necesita de si mismo, porque mira permanentemente hacia él. El punto de fricción en la relación es romper el área de confort del otro y meterle en el área de disconfort. Romperle el área de confort es bueno, porque así trabaja. Pero meterle en el área de disconfort no, porque le violenta. Cada vez que haya problemas volverá el introvertido a meterse en si mismo. Y el extrovertido a sacarlo fuera. El ejercicio de estar juntos nos va a violentar, porque es normal. Pero es fundamental que esto no nos saque de nuestro eje y nos meta en nuestra área de disconfort, porque ahí la relación se rompe. Las relaciones de pareja son un acoplamiento de expectativas.

227 ¿Quién soy yo? II

Joaquina: Nuestro desarrollo es única y exclusivamente cerebral. Nos desarrollamos por por parcelas cerebrales.

Jon: Sí, ya lo hemos hablado en otras ocasiones. La primera parcela está la capacidad de sobrevivir, el cerebro reptil. Después aparece el tallo límbico y por último el cerebro neocortical. El cerebro reptil nos dice quién somos, el límbico nos dice cómo somos, y el neocortical por qué somos lo que somos.

Joaquina: La siguiente parte es lo que acepto de mí. Qué es lo que aceptamos, no lo que no aceptamos. ¿Qué acepto de mí? ¿Qué es en lo que pienso de mí y me pregunto: “¿Soy lo mejor?”

Jon: Pero siempre hay una parte de nosotros que no aceptamos.

Joaquina: En la parte que aceptamos nos sentimos muy bien. En la parte que no aceptamos nos sentimos muy mal. ¿Qué acepto y cómo expreso eso que acepto?

Jon: Sí, por ejemplo, a muchas personas les cuesta aceptar la tensión que provoca mirarnos. Cuando nos confrontamos con algo lo pasamos un poco mal, de momento… pero nos cambia la vida.

Joaquina: Aceptamos una confrontación cuando no nos toca. Y cuando nos toca queremos que el proceso se haga más delicadamente, mas largo. Este es el problema más grave de la Inteligencia Emocional: la falta de aceptación de nuestra realidad. Si alguien no acepta su realidad, la que es de verdad, tarde o temprano le va a pillar tan desprevenido que le va a destruir. Porque la realidad de la vida es que hay enfermedades, la realidad de la vida es que hay finales de relación, la realidad de la vida es que hay amor que no es eterno, la realidad de la vida es que hay riqueza, que hay pobreza…

Jon: Lo que vienes a decir es que si yo no tengo conciencia de lo que tengo fuerte para luchar contra lo que la realidad de la vida me va a deparar, me va a pillar desprevenido. Pero si yo me veo fuerte en algo, me va a pillar mucho menos desprevenido.

Joaquina: Exacto, por ello debemos buscar lo que tenemos muy bueno para hacer frente a la realidad. Lo que no tan bueno también lo podemos mirar, pero no es tan necesario que lo miremos todo el día. Porque si yo todo el día estoy mirando la luz, la luz apaga la sombra. Si miro la sombra, no voy a tener nunca luz. La luz no tiene sombra. La sombra jamás tiene luz.

Jon: ¿Eso significa expresar nuestras fortalezas continuamente?

Joaquina: Lo que tienes fuerte lo tienes que estar expresando porque ese es tu valor. Es en mí donde tengo que trabajar lo positivo, no en el otro. Aquí estamos hablando de mí conmigo mismo. Es eso que no cambio esté donde esté. Eso es lo que es importante: la autoaceptación que me permite vivir siempre en equilibrio conmigo mismo. Eso es lo que tenemos que agarrar continuamente. Si nosotros no tenemos la cualidad sobre la que nutrir nuestra Inteligencia Emocional individualmente, no seremos nada en la vida. Eso nos va a sacar de cualquier situación: de una enfermedad, de una pérdida…porque eso es lo que nos da la luz. Si la luz me la da otra cosa, sería otra cosa. Lo que más acepto de mí es aquello que me permite tener la luz de mi misma.

Jon: Creo que el único ser que nos conoce somos nosotros. El que el otro nos diga que somos estupendos no va a provocar nada.

Joaquina: Si eres capaz de decir: “Esto es lo que yo soy y lo acepto” tendrá las emociones ordenadas.

Jon: ¿Qué es lo que nos hace vivir en las emociones desordenadas?

Joaquina: La falta de aceptación personal, que nos lleva a la falta de aceptación de lo que pasa en el mundo. Yo elijo ser algo porque ante cualquier situación me encuentro conmigo misma, me permite permanecer auténtica. Cualquiera puede ser algo, por ejemplo, directo, honesto… Si lo expreso empieza a hacerme individual. Y a mí en particular, porque lo elijo me conforma. Lo elijo porque soy yo en cualquier medio y en cualquier lugar. Me permite permanecer auténtica.

Jon: Ya tengo “qué soy”, que es el conocimiento, y tengo el “cómo soy”, que es la aceptación. ¿Y luego?

Joaquina: Luego viene la parte más importante del hombre: la motivación. ¿Qué sentido tiene mi existencia? El “por qué” de mis motivaciones. ¿Qué busco en la vida? ¿Cómo lo busco? ¿Por qué busco eso y no otra cosa? Esto se llama automotivación.

Jon: Estoy de acuerdo, creo que la mayor parte de los problemas, de pareja, de familia, de trabajo… surgen porque no sabemos qué buscamos, no sabemos cómo lograrlo y, lo que es peor, no sabemos por qué eso y no otra cosa.

Joaquina: La muerte de la motivación en el hombre es la palabra “no sé”. En los niños y en los jóvenes responden “no sé” continuamente. La desmotivación surge de no acudir a una respuesta cognitiva interna de que es lo que realmente necesitan, qué están buscando en su vida. ¿Qué sentido tiene mi vida aquí? ¿Por qué existo yo y no existe otra persona? Si uno no conoce su propósito vital está perdido. Si no encontramos el sentido de nuestra existencia no encontramos el sentido de nuestra convivencia, porque desde la motivación ya nos relacionamos con el otro. Si yo encuentro una motivación es cuando miro al otro. El sentido trascendente de la vida es: “yo he venido al mundo a hacer algo que nadie más puede hacer”. Mi sitio no puede ser ocupado por otra persona. El “qué busco” tiene que estar definido por un sentido trascendente de si mismo. Lo que busco no es solo para mí, porque si lo busco solo para mi entonces me pierdo. Lo que busco tiene que tener un sentido que me rebase a mí mismo. Aunque sea algo como ser feliz, ya me rebasa a mi mismo. La motivación es igual a necesidad ¿Qué necesitas tu?

Jon: Ahora mismo mi necesidad es comprender muy bien lo que me estás diciendo

Joaquina: De lo que se trata es de descubrir qué necesidad tenemos. Esa necesidad es lo que buscamos. Vamos a buscar la necesidad que tenemos cubierta, no la que tenemos que cubrir. Me tengo que centrar en lo que tengo. La diferencia entre necesidad cubierta y necesidad expectante es que la necesidad expectante te quita la necesidad y la cubierta te la da.

Jon: Si me pongo a mirar lo que tengo, estoy cubriendo el qué soy, cómo soy y por qué soy así.

Joaquina: Este es el sentido de la vida. El resultado es un incremento de la inteligencia transpersonal, es el conocimiento del yo. Tengo que saber: quién soy, cómo soy y qué quiero, qué necesidad tengo. Y con estas tres cosas: autoconocimiento, autoaceptación y automotivación personal, tengo mi yo personal cubierto. Una vez que mi yo personal está cubierto, lo que estoy buscando es mi yo social, que se llama yo interpersonal.

Jon: ¿Qué pasa si una persona no busca?

Joaquina: Cuando una persona no busca es que no existe ni para ella misma. Hay muchas personas que se quedan paralizadas en el “yo me conozco”, otras en el “yo me acepto”. Y muchísimas otras que no se plantean que tienen que vivir sus propias motivaciones. Si yo no vivo mis motivaciones entonces yo no existo. El sentido trascendente de esta vida es desarrollarme como persona individualmente, aunque se muriera el mundo que me rodea.

226 ¿Quién soy yo?

Jon: ¿Qué nos sucede para que perdamos el contacto con lo que somos y con lo que queremos ser cuando una emoción aparece? Puede ser una emoción de fracaso o de éxito.

Joaquina: En muchos casos, cuando tiene una emoción, todo lo que sabemos lo perdemos, y a partir de ahí se empieza uno a cuestionar el porque. Debemos identificar dónde estamos más fuertes dentro de estos 3 elementos: Las sensaciones, tienen que ver con la supervivencia, con la capacidad de manejar los sentidos. Como manejo lo que siento, lo que veo, lo que huelo, lo que toco… Las emociones, que tienen que ver con mis sensaciones de las cosas que pasan. Son elementos que no podemos decir que sean verdad o que sean mentira. Y los sentimientos, que tienen que ver con el conocimiento de lo que significa estar con los demás.

Jon: Mi pregunta va más dirigida a los sentimientos. Qué está pasando dentro de mi que me desajusta.

Joaquina: Tiene que ver con los sentidos, debemos cuidar mucho nuestros sentidos. Los cinco sentidos tienen que estar muy desarrollados y perfectos, porque si no es así no vamos a saber sobrevivir en nuestras emociones. Si nuestra mirada no está preparada para observar, para identificar, si nuestro tacto no está preparado para identificar…cualquiera de los cinco sentidos, nos vamos a encontrar con que nuestro mundo de supervivencia emocional está muy detenido. Hay muchísimas personas que ya no tocan, que no son capaces de mirar las texturas que tienen cerca, que no son capaces de deleitarse con las sensaciones que le provoca un tacto. Lo que hacemos es tocar a los animales en vez de a la persona. 

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque el perro no nos compromete. El tacto es el primer sentido que se desarrolla en relación con las personas. El tacto es lo primero que vincula a un niño con su madre. El olor, olfatea a su madre. Y cuando la olfatea descubre que ahí hay mucho amor, hay mucha seguridad…detecta el olor de la madre en contra del olor de los demás. Hemos perdido el olfato incluso para saber cuándo nuestra pareja nos está deseando. Un olor que los jóvenes lo notan rápido, pero que nosotros lo hemos ido perdiendo. El olor de la sensualidad.

Jon: Sí, la verdad es que hemos adormecidos casi todos. En mi caso, el más adormecido es el de la escucha. He perdido mucha capacidad de escuchar, de observar…

Joaquina: Este es uno de los elementos que más desbordan emocionalmente. Cuando no sabemos manejar nuestros sentidos aparecen muchos problemas. Para manejar sentimientos es importante escuchar. Quizá has puesto foco en desarrollar tu inteligencia matemática y no en desarrollar tus relaciones con el otro. Y a partir de ahí se producen los problemas. Y no te has dado cuenta de que es la relación humana la que nos hace perder o ganar en inteligencia. Primeramente las relaciones humanas con uno mismo, luego con los nuestros, después con los ajenos y después en nuestra vida profesional.

Jon: Encuentro que en las relaciones con los demás hay una especie de lucha de intereses…

Joaquina: Así es, y en esa lucha de intereses es cuando, de alguna manera, pierdes tu inteligencia. Cuando la Inteligencia Emocional se pierde es cuando tenemos expectativas que no cubrimos. Esas expectativas están posicionadas en 3 bandos: La expectativa que tengo sobre mí. La expectativa que tengo sobre ti. La expectativa que tengo sobre todo. Te deberías preguntar:

  • ¿Qué expectativa tengo yo con respecto a mi propia Inteligencia Emocional?
  • ¿Qué expectativa tengo yo con respecto a las personas más cercanas a mí (mi pareja, mi madre)? Las personas con las que tengo un vínculo con una expectativa direccional e inmediata.
  • Y que expectativa tengo yo con respecto a la sociedad, que es más lejana, pero con la que me tengo que enfrentar.

Jon: Quizá podría transformar un poco las preguntas de esta manera: ¿Qué estoy esperando yo de mi mismo en relación con mi vida? ¿Qué estoy esperando de mi mismo en relación con mi desarrollo físico, emocional e intelectual?

Joaquina: Lo primero que debes saber es si en el yo has puesto el ejercicio de conocerte, de aceptarte y de motivarte:

  • ¿Estoy viviendo conmigo perfectamente? ¿Hay cosas de mí que no conozco? Si no me conozco ¿Cómo me voy a poder relacionar bien con el otro?
  • ¿Me acepto o soy una persona que me critico? Y si me critico, ¿cómo me voy a poder relacionar bien con los demás?
  • ¿Tengo una motivación y la vivo? Si no tengo mi motivación, ¿cómo voy a intentar que los otros acepten mis motivaciones?

Jon Estas serían preguntas que, en su respuesta, estaría el autoconocimiento: donde estoy yo en relación con el mundo.

Joaquina: Así es, y la primera cosa que me tengo que preguntar como individuo es: ¿qué conozco de mi mismo para estar preparado para cualquier cosa que pueda suceder? Y estas preguntas me las tengo que hacer en 3 niveles: ¿Quién soy? ¿Cómo soy? ¿Por qué soy? Revisándolo puedes decidir si quieres cambiar algo o no. Pero si no te dices esas cosas claramente, es muy difícil que puedas tener una respuesta.

Jon: Sí, si no tenemos esa capacidad de decírnoslo, a pesar de que no nos guste lo que nos estamos diciendo, provocará que el “quien soy yo” enrarezca el “como soy yo”. Por ejemplo: soy alguien que no me acepto y, por lo tanto, no me encuentro bien conmigo mismo.

Joaquina: Si te das esa respuesta te vas a dar cuenta de que al lado tienes un niño, que eres tú, que necesita darse esa respuesta.  Quien soy yo, independientemente del hijo que soy. Si un niño no empieza a descubrir quien es en relación con él mismo, y empieza a ser en relación con su madre, en relación con su padre, en relación con el mundo entero…al final tendrá un problema de Inteligencia Emocional en un espacio de tiempo muy corto. Ha perdido su identidad.

Jon: Entonces ese conocimiento lo que nos da es identidad.

Joaquina: El “¿quién soy yo?” debe tener una respuesta que se amplíe en nuestra resonancia y hacernos felices. El “¿quién soy yo?”, “¿cómo soy yo?” y “¿por qué soy así?” es una unidad. El “¿quién soy yo?” puede ser infinito. Además, el conocimiento del yo te dice para que estas aquí. Cuando tú vas haciendo tu estructura, lo que vas rellenando te va dando una identidad que te hace ser, para ti, único. Para los demás puede ser, o no.

Jon: ¿Puedes poner un ejemplo?

Joaquina: El hecho de ser hijo de Claudio Elejabeitia decide como te quieres mirar. Esta sería tu primera mirada de foco. ¿Dónde te quieres mirar? Elijes de toda tu mirada lo que me quieres decir a mi. ¿Cómo eres como hijo de Claudio Elejabeitia? Y de pronto te fijas en una de sus cualidades. Y luego te dices el por qué has elegido esa cualidad. Eso es lo que te hace ser único. Esa mirada solo la puedes tener tú. Eres único en el mismo momento en que sabes quién eres, cómo eres y por qué eres. El por qué siempre es lo que sabes, es lo que te justifica como conocimiento. Lo físico sería quién eres. Lo emocional sería cómo eres y el pensamiento sería por qué eres lo que eres.

Jon: ¿Y si no te gusta lo que ves?

Joaquina: En el momento que sientes que lo que eres es bueno, que te gusta lo que eres, lo que va sucediendo es bonito. En el momento en que te das cuenta de que el “qué soy” no te gusta, ya todo lo demás te empieza a dar problemas. El conocimiento del yo es conocer todas las facetas donde puedes llenarte de tu yo. Sería como tu diario de conocimiento. El “¿quién soy yo?”, “¿cómo soy yo?” y “¿por qué soy así?” sería: La sensación que tengo sobre mí. La emoción que tengo sobre mí. El sentimiento que tengo sobre mí. El “¿quién soy yo?”, “¿cómo soy yo?” y “¿por qué soy así?” sería: Cómo me toco. Cómo me emociono. Cómo me pienso. El conocimiento es el descubrir todas las facetas que tú tienes y que son aprovechables por ti. No importa que los demás lo vean como aprovechable o no.

225 Domingo de Resurrección

Joaquina: Independientemente de si creemos o no en el misterio del pecado, independientemente de si crees o no en la Resurrección, podemos utilizarlo como un mito, el mito de que hay un camino. Hemos llegado a un punto, aquí sucedió algo, hacemos un camino, vivimos unas circunstancias y a partir de allí estamos libres de esa situación. Para mí esto es aprendizaje, y el aprendizaje puede ser más o menos doloroso, lo que sí es cierto es que todos cometemos errores. El error lo cometemos y vivimos en el error, vamos caminando desde el error. Llega un punto donde el error es tan grave para nosotros, es tan fuerte que, tomamos conciencia, que se llama aprendizaje, y a partir de ahí, tenemos una actitud diferente.

Jon: ¿Qué nos hace a los seres humanos estar permanentemente pensando que necesitamos una cruz y que, además, después de haber vivido esa cruz necesitamos todavía sentirnos culpables o castigar a alguien?

Joaquina: Es imposible para mí que, después de 2.000 años, sigamos hablando todavía de crucifixión. Es para mí totalmente incomprensible. No puedo comprender cómo una civilización tan progresista, un mundo tan diferenciador, en estos momentos está llenándose de fiestas y de dolor para celebrar la liberación de la culpa. Tiene que haber algo detrás de todo esto. Yo creo que, en esa macro fiesta de la cruz, tiene que haber una inmolación permanente de algo que nosotros consideramos que es castigable o de algo que consideramos que se merece todo ese dolor.

Jon: La teoría cristiana es que la resurrección fue para salvar al pueblo de Dios, que queda liberado así de las consecuencias de los pecados que lo alejan del Creador.

Joaquina: Si nosotros tenemos aquí el nacimiento de una persona, de Jesús, y lo celebramos, celebramos un discurso humano, porque es un discurso humano, y llega un punto donde ese discurso humano tiene un impacto y aquí decide, independientemente de que creas o no, decide que su vida tiene sentido porque va a salvar al hombre y propicia la muerte en la cruz. Muere en la cruz porque va a resucitar y además a los tres días todo el mundo está convencido de que resucitó, porque, además, planteó su presencia. Vamos a ver a Jesús como el mito de esta civilización. Si tenemos el mito de la muerte, tenemos el mito, también, de la resurrección. ¿Qué nos hace a los seres humanos estar durante miles de años estar hablando de la muerte de Jesús, cuando dice que resucitó?

Jon: ¿Que lo matamos nosotros?

Joaquina: No sé, pero lo que sí es cierto es que yo quiero hablar de dos cosas. Hablar de la cruz, porque me viene muy bien hablar en Semana Santa de este mito y plantearme que ésta es la vivencia cotidiana que tenemos nosotros. Es decir, que yo he hecho algo hoy y vivo en una cruz de la culpa permanentemente. Es imposible que, si me siento culpable, no piense que me van a castigar. Lo que estoy buscando es mi cruz personal, y no tengo tan claro que vaya a resucitar. Quiero que te des cuenta de que mentimos, nos acostamos, a pesar de que lo prohíbe el catolicismo y fantástico, pero, sin embargo, la cruz no sale de nuestra vida.

Jon: Quizá es por el instinto de supervivencia. Para poder sobrevivir tenemos que estar atentos al peligro, y la culpa nos ayuda a prestar atención.

Joaquina: Bien, lo cual quiere decir que ya le hemos encontrado un sentido, la culpa tiene el sentido de estar precavidos de nuestros errores. Acuérdate de que estamos hablando de una cruz, de que la culpa es una cruz, no estamos hablando de algo ligero. Estamos hablando de yo he hecho algo y me merezco el castigo y la no resurrección.

Jon: ¿Para qué está siendo útil en nuestra vida el mito de la cruz, el “yo tengo que ser castigado con la muerte cada vez que hago algo mal”? y otra cuestión ¿para qué necesito crucificar a todos aquellos que me han hecho daño y, además, no los resucito?

Joaquina: Eso es lo fuerte, no hay ninguna persona que se precie como persona, que realmente haya conseguido olvidar de una forma absolutamente intencionada y liberadora el daño que otro le ha hecho. De una forma liberadora, de una forma absolutamente entregada. ¿Cuántas personas aceptan la envidia, la agresión, el abandono, la ruina, sintiendo que son pruebas de la vida y no más? No tiene sentido que en el principio y en el final de las circunstancias, lo que nos encontremos es que el hombre está paralizado, que no sabe perdonar, y el perdón es la resurrección. La resurrección absoluta a cualquier situación.

Jon: Entonces, ¿Qué nos hace a las personas vivir permanentemente en el rencor, en el resentimiento, en la paralización, en el no crecimiento?

Joaquina: Que nos creemos dioses. Me gustaría que destruyéramos que somos los elegidos. Pero necesitamos sentirnos los elegidos, fuera de la religión, sino como personas, postulamos ser los elegidos. Nosotros somos hijos de Dios y los demás son hijos de no sabemos quién. Soy una persona espiritual y creo en la trascendencia, porque, en realidad, lo único que al hombre le cercena es no poder perdonar. Lo único que al hombre le domina y le sitúa en una actitud de carencia es pensar que se merece las cosas y su compañero de filas no. Lo que nos va a hacer grandiosos y únicos es entender la bidireccionalidad de los sentimientos. Que el sentimiento es tan libre para odiar como para amar. Que el amor que tú tienes no tiene que ser un amor condescendiente, ni tiene porqué ser un amor frío. Que si tú tienes la razón, al lado hay otra razón tan libre como la tuya. Que si tú tienes dolor, al lado hay otro dolor tan increíble o máximo como el tuyo. En la medida en la que pensamos que nuestro dolor es el máximo, que nuestra capacidad es la máxima y que lo que nosotros nos merecemos el otro no se lo merece, es imposible hacer una vida o tener una vida de iguales.  Y si no es una vida de iguales, es una vida que tiene demasiados errores y demasiadas vinculaciones no posibles.

Jon: En realidad creemos que somos únicos para nosotros. Si somos únicos, estamos solos, porque el otro es único, también. Es complicado para mí entender que nosotros somos únicos y que el otro existe. Si tú eres único en poder, luego tienes vasallos.

Joaquina: Se supone que, si somos únicos y somos dioses, seríamos la encarnación del amor, no estaríamos esperando amor, porque somos amor. Vamos a seguir planteándonos esta divinidad que tenemos tan extraña. Si somos dioses, como el concepto de amor es Dios, el amor supremo, si somos dioses, ¿por qué no tenemos el amor supremo, sino que esperamos que nos amen supremamente? En ningún momento yo estoy hablando en contra de Jesús, sino que yo lo que quiero es que nos vayamos dando cuenta del fraude en que hemos entrado en relación: la culpa, la no culpa, la pérdida de amor y todas esas cosas.  Lo que para mí es importante es: si somos dioses, somos amor, entonces, ¿por qué queremos que alguien nos ame?

Jon: Estás hablando del mensajero, un Jesús previo a la religión…

Joaquina: Estamos hablando de qué nos hace a nosotros concebir un camino en el que estamos agarrados a la culpa y a la necesidad de castigo. O rompemos la culpa y la necesidad de castigo, o será imposible que hablemos con el que tenemos cerca, de iguales. Porque si el otro es culpable y nosotros no, siempre vamos a necesitar castigar, porque en el fondo nosotros no nos sentimos culpables de nada, el culpable está fuera, o mi padre, o mi madre, o la religión, o el vecino, o la policía, o quien quieras. Yo me exculpo a pesar de que hablo de que me siento culpable, en realidad, permanezco culpabilizando a los demás.

Jon: Nos tenemos que plantear qué tipo de entramado hemos decidido hacer con nuestras creencias para llegar a un punto donde estamos prisioneros, totalmente, del castigo. Tenemos que romper ese entramado entendiendo de dónde viene. ¿Por qué hemos decidido la divinidad por encima de la sabiduría? ¿Por qué no hemos decidido que nuestro maestro era sabio, simplemente? ¿Qué beneficio tenía el decir que era Dios? Creo que nos hace sentir únicos, somos indiscutibles, somos la panacea del bien y el mal, los únicos que existen.

Joaquina: Imagínate que el legado es de sabiduría, que el legado es “ama al prójimo como a ti mismo”, y no hay nada más. El concepto cambia totalmente. Si yo voy a este concepto, el ti mismo eres amor y el otro es amor. Es imposible que una persona no se ame a sí misma. Quien piense que no se ama más a sí mismo que a los demás, está en el primer sacrilegio del entendimiento humano. Lo fácil que es cortarle la pierna al amigo cuando está mal, pero lo difícil que es cortarte la tuya. Nosotros somos amor, indiscutiblemente, a nosotros mismos, indiscutiblemente. Luego podremos tener problemas de cómo nos tratamos, de que podemos tener complejos de inferioridad, etc. Pero que el amor que nos tenemos a nosotros mismos está por encima del amor a cualquier persona, es una realidad incuestionable. Lo que hemos perdido con la cruz es la conciencia del Amor. Porque quien nos dijo “ama al prójimo como a ti mismo” nos está queriendo en la cruz todo el tiempo, porque el se amó y se dio en la cruz. ¿Qué nos está pidiendo realmente? Ama a tu prójimo como a ti mismo, me pide que me inmole totalmente en la cruz.

Jon: Pero él también dijo la resurrección.

Joaquina: Nos regaló la resurrección para que supiéramos, como concepto, que no teníamos que morir y que no teníamos que sufrir, pero, sin embargo, nos quedamos con la cruz. Cuando te encuentras con una persona, sea quien fuere, tu amor, que no está fuera, no es que ames a la persona, sino que es tu amor proyectado fuera, tenga una capacidad de permear al otro. La propuesta que te hago es que sólo se tiene poder cuando el amor está dentro y no está fuera, que sólo se tiene prestigio cuando el amor está dentro y no está fuera, que somos capaces de conocer solamente nuestro amor, el amor del otro nunca lo podremos conocer, que somos capaces de expresar nuestro amor, nunca podremos expresar nuestro amor en la palabra del otro y, lo que es mucho más importante, la libertad sólo la tenemos cuando amamos libremente al que está enfrente, hacia él y hacia nosotros.

Jon: Entonces la causa de la culpa está en la falta de amor. Siempre pensamos que el otro nos está dañando, que el otro no se comporta como nosotros queremos, que el otro no está haciendo lo que nosotros buscamos o como nosotros lo buscamos. Y, a partir de ahí, el otro es reo absoluto de la culpa y necesitamos matarle, inmolarle, asesinarle, destruirle, condenarle, llamarlo como queráis.

Joaquina: En nuestra existencia, lo que realmente prevalece siempre es nuestra maldad y la maldad del otro, o sea, nuestros actos que no han sido hechos correctamente y los actos del otro, que no han sido correctamente, son los que prevalecen constantemente, por eso vivimos en la culpa. Aunque no nos demos cuenta, decimos lo que hemos hecho mal para decir que la culpa fue del otro, pero lo decimos. No funciona el amor permanente y no funciona la relación entre dos amores, debido a quién. ¿De quién hemos nacido? Aquí está el error de nuestra existencia. Hemos nacido de padre y madre y a uno le consideramos Dios y al otro le consideramos no dios, el padre Dios y el padre no dios, ahí empieza nuestra perdición. De forma instintiva, elegimos nuestro padre Dios y, según avanzamos en la vida, vamos teniendo problemas con nuestro padre no dios, lo cual quiere decir que vamos perdiendo nuestra divinidad. No sabemos compartir a Dios, llegan la envidia, los celos, el malestar con nuestros hermanos. Ahí empieza a confirmarse que no somos Dios.  Cuando nuestros hermanos nos dicen “eres como papá/mamá”, como el padre no dios, empezamos a tomar conciencia de que no somos divinos. Esta distancia de la divinidad que vamos teniendo, en el fondo es la que permanece dentro y la que nos hace vivir permanentemente culpables. Porque a la única persona que no perdonamos es al padre que no ha sido Dios.

Jon: ¿El primer momento de falta de amor se empieza a materializar en la familia?

Joaquina: Sí. Ahí es donde realmente confirmamos que no existe el amor. Entonces, aunque cada uno de los hermanos piensen que, hacia fuera, cada uno es perfecto, se aman a sí mismos más que a los demás, pero eso no quiere decir que piensen que son perfectos, sólo quiere decir que se aman más a sí mismos. Ese es el primer conflicto que debes tener en cuenta. Mientras que no perdonemos a nuestros padres no saldremos nunca de la cruz. La cruz no está en lo que siento por el otro, sino en el sentimiento que tenemos de falta de plenitud en la relación que hemos tenido con el nacimiento de nuestros padres. Lo que no le perdonamos a nuestros padres, no le perdonamos jamás al mundo.

Jon: En realidad, al de al lado, no le considero Dios porque yo también, en el fondo de mi mismo, tampoco me considero Dios. Me puedo considerar único, que son cosas diferentes.

Joaquina: No existen más rencores en el mundo que los que tenemos a nuestros padres, que multiplicamos con nuestros hijos, con nuestros amigos, y que multiplicamos con el mundo entero. Pero el error, el dolor y el daño está ahí metido, y es ahí donde tenemos que trabajar el perdón. Ahí es donde necesitamos la crucifixión, que se provoca en el mismo momento en que queremos castigar a nuestros padres. En el momento en que queremos castigar a nuestros padres por lo que nos han hecho, que nosotros hacemos exactamente igual con nuestros hijos o con nuestros amigos, hemos sentenciado así la falta de paz eterna. Porque en el fondo estamos consumando permanentemente el error de la familia. Desde el primer día que nacen nuestros hijos, nos convertimos en nuestros padres. Vamos buscando la pareja compensatoria, sin embargo, no estamos en esta situación de amor. Te tienes que amar a ti mismo, con la consecuencia de tener dos formas dentro de ti que no te gustan: una que te gusta más y otra que te gusta menos, la que te gusta, disfrútala y la que no te gusta, cámbiala. Si quieres vivir un amor eterno, y existe el amor eterno, la única posibilidad es que conviertas en amor total lo que tú eres. Porque cada vez que sales buscando amor, vas buscando el amor que te faltó en tu infancia, esa parte de ti que no se completó. Y eso es lo que nos hace estar permanentemente en la cruz, permanentemente en la culpa, permanentemente en el desamor, permanentemente en la soledad. Debes conseguir que el AMOR a las dos partes de tu conformación, es lo que te hace salir de la culpa, entre tanto no serás capaz porque, en el de al lado siempre ves el error de aquel padre al que no amas.

Jon: ¿Qué hago para liberarme de la cruz?

Joaquina: La primera cosa que debes hacer es darte cuenta de que tienes los maestros que, si le cambias lo que hicieron mal, son los perfectos. Porque ellos son los que te enseñaron lo que necesitas aprender, que eso es lo que significa el estado de perfección. Tus padres tienen la muestra de lo que tú necesitas aprender, nadie más la tiene. La forma en la que tú haces las cosas está tu maestría, y eso es lo que vino a enseñar Jesús, nada más. Lo que vino a enseñar Jesús es que los maestros que tenemos son los maestros perfectos para nuestra fórmula de aprendizaje. Jesús nos enseñó la muerte que ya teníamos y nos animó a la resurrección. Esa es la diferencia. La resurrección es dejar la muerte que tenemos dentro, que son los errores de nuestra familia. ¿Qué es nuestra muerte? Todo lo que estamos repitiendo hasta ahora, qué hemos visto y no nos ha gustado, pero que estamos replicando. A mí me viene muy bien pensar que es de ellos, porque así no lo tengo que cambiar. Hay cosas tan maravillosas que se pueden conseguir simplemente diciendo “mi patrón de comportamiento hasta ahora es un comportamiento que me lleva a la muerte, porque lleva una cruz encima de mí que me somete al dolor, a la angustia, al sometimiento, voy a ver cómo me puedo quitar esa cruz.

Jon: ¿Qué tengo que hacer para quitarme esa cruz de encima?

Joaquina: Esa cruz es quitarte aquello con lo que tú te castigas todos los días sin darte cuenta. Es repetir un aprendizaje que crees que no lo puedes cambiar. Ese aprendizaje: la intolerancia, el mal humor, la cobardía, ese aprendizaje que tienes todos los días sobre tu espalda y que te hace vivir totalmente acordonado, totalmente encerrado en ti. Ese aprendizaje lo tienes que conocer. ¿Qué es lo que me hace verdaderamente imposible mi existencia? ¿Qué es lo que todos los días me lleva a sentirme culpable, a ver que enfermo, a ver que no puedo cambiar mi paradigma?¿Qué es lo que me hace no cambiar mi paradigma? Los clavos de la cruz fueron recoger la culpa del mundo para limpiarla. La cruz que llevas es todo lo que culpas a tu familia.

EJERCICIO SEMANA SANTA

Lo primero es reconocer que uno de nuestros padres tiene un defecto que a nosotros nos ha crucificado, y que nos culpamos o culpamos a los demás cada vez que lo repetimos. Es el mismo defecto que si le preguntáis a la persona que más os ama os dice que ve en vosotros.

“¿Cuál crees que es mi defecto que está crucificando nuestra relación?”  Hay una sola cosa que rompe la capacidad de entendimiento, sólo una cosa, la que hace que perdamos la confianza y el poder en nosotros mismos, que no seamos personas de prestigio para los demás, que nos impide compartir el conocimiento con los otros, que hace que no nos expresemos y, lo que es peor, que nos hace perder la libertad.

Además, la solución a este defecto, la pensamos, pero nunca se lo dijimos a nuestros padres. No lo verbalizamos. Es algo que supimos resolver mentalmente, que encontramos las claves para que ese padre o madre lo pudiera cambiar.

Ese error tiene que cumplir las dos características:

  • Nos quita la confianza, el prestigio, no genera conciencia, no moviliza y, sobre todo, nos anula la libertad.
  • Es algo que no hemos dicho en voz alta, sino que hemos esquematizado la solución en nuestra cabeza.

Si se cumplen esos dos puntos, ése es el hecho. Céntrate en él y olvídate todos los demás. Sólo existe este problema.

Eso que le dijiste a tu padre/madre que tenía que hacer, ponte a hacerlo tú y desaparece el problema. Tienes que recordar lo que pensaste como solución y marcarte una pauta de trabajo exactamente como ideaste, sin cambiar ni una sola línea.

Ese es el error para crucificar el viernes, haciendo un plan de acción que tiene que estar operativo el domingo.

En este proceso, lo que tiene que haber es infinito amor. No puede existir crítica ni desprecio a los padres.

Si resucitamos a nuestro padre y a nuestra madre dentro de nosotros, habremos resucitado, que es lo que estamos buscando.

224 El perdón de las ilusiones

El Curso habla de la necesidad de hacerte uno en tu relación con el otro. El perdón de las ilusiones sólo se puede producir cuando somos conscientes de por qué y cómo se formaron estas ilusiones. La ilusión más importante, y más equivocada, es creer que alguien nos puede completar y vamos caminando en busca de esta compleción de una relación a otra, empatizando desde el dolor y no desde la luz.

Jon: “Sentir empatía no significa que debas unirte al sufrimiento, pues el sufrimiento es precisamente lo que debes negarte a comprender…”

Joaquina: Cuando en nosotros permanece el recuerdo y el rencor a las vivencias pasadas, nuestro encuentro con los otros se realizará de dos maneras: Primero por una sensación de incompleción no satisfecha, y ansiedad por recibir creyendo que nadie nos puede dar lo que necesitamos. Y segundo por una compasión ante la incompleción del otro y la necesidad de seguir pensando que se da pero nunca se recibe.

En ambos casos el sufrimiento es la separación y la conclusión ante las experiencias vividas es que no se pueden resolver estas diferencias. Hemos creado dos ilusiones desde el dolor.

La negación que permanece en la relación especial, mientras dura, es que dar y recibir no es lo mismo y que el desequilibrio permanece eternamente.

Jon: Entonces, la primera ilusión a resolver es que existe diferencia entre dar y recibir.

Joaquina: Si analizas los dos puntos anteriores en las que te explicaba como se inicia una relación, verás que la sensación de que nadie nos da lo que necesitamos es porque no damos a nadie lo que necesita, y nosotros no sabemos qué es lo que buscamos.

Jon: ¿Por qué es la sensación de que se da todo y nunca se recibe?

Joaquina: Si damos lo que el otro no nos pide, porque nuestra exigencia es tan alta que ni nosotros mismos la podemos cubrir. Para disolver el fracaso que representan estas situaciones deberemos empezar por revisar si buscamos compleción o damos compleción. Después, reconocer que no podemos buscar lo que no tenemos porque no seremos capaces de percibirlo.

Jon: ¿Cómo empezamos?

Joaquina: Debemos empezar a dar un 1% de lo que queremos recibir, y para ello debemos aclarar qué es lo que realmente queremos recibir. Una vez analizado todo esto habremos llegado a la conclusión de que no sabemos donde estamos y sin embargo exigimos a otros que nos clarifiquen nuestra realidad.

Esta sería la primera parte de romper las ilusiones y poder perdonar la irrealidad en la que hemos vivido hasta hoy.

  “No estoy solo, y no quiero imponer el pasado a mi Invitado.

Lo invité y Él está aquí.

No tengo que hacer nada, excepto no interferir.”

223 El sustituto del amor

Retomo aquí el profundo análisis que Joaquina hace de distintos fragmentos de “Un curso de milagros” relacionados con el deseo que tenemos de creernos especiales. Mis textos son fragmentos del libro, seguidos de los comentarios de Joaquina. “No olvides que la motivación de este curso es alcanzar y conservar el estado de paz. En ese estado la mente se acalla y se alcanza la condición en la que se recuerda a Dios”

Jon: “Aprender el Curso requiere que estés dispuesto a cuestionar cada uno de los valores que abrigas. Ni uno solo debe quedar oculto y encubierto, pues ello pondría en peligro tu aprendizaje. Ninguna creencia es neutra. Cada una de ellas tiene el poder de dictar cada decisión que tomas.  Pues una decisión es una conclusión basada en todo lo que crees. Es el resultado de lo que se cree y emana de ello tal como el sufrimiento es la consecuencia inevitable de la culpabilidad, y la libertad, de la falta de pecado. La paz no tiene sustitutos”

Joaquina: El Curso busca que se alcance la paz, porque es la única forma de recordar a Dios, de romper la creencia en la separación por un tiempo, porque es esta creencia y no otra la que nos hace perder la paz. Ese recuerdo el Padre quien parece habernos dejado y abandonado, recorriendo nosotros un desierto interminable creyendo que así podremos volver a El. Recordar al Padre es encontrar la Paz y para ello tenemos que disolver cualquier sombra que nos separe, cualquier idea que nos someta a esa distancia insondable de la que parece que no podemos salir. El Curso nos ofrece un camino, que no el único, para recordar al Padre, porque esa es la Voluntad Divina y sólo esa se cumplirá.  Para encontrar ese camino antes, debemos estar dispuestos a cuestionar cada uno de los valores que se abrigan, porque sólo así se podrá decidir. Tomar decisiones sin conocer todos los valores referenciales es estar abonados al error, siendo ésta una de las causas que nos impiden vivir en la Paz. Todas y cada una de nuestras decisiones y acciones se derivan de nuestras creencias. Quizá sea este un apartado difícil de aceptar. Parece que cada decisión está influenciada por algo ajeno o externo a nosotros. Si vemos con detenimiento el párrafo anterior nos daremos cuenta de que es la creencia en la influencia del exterior quien le da el poder de interferir.

Jon: “El amor es extensión. Negarte a dar un regalo –por insignificante que sea – es no conocer el propósito del amor. El amor lo da todo eternamente. Si retienes una sola creencia, una sola ofrenda, el amor desaparece, pues has pedido que un substituto ocupe su lugar”

Joaquina: Reflexionemos, dejemos nuestra mente vacía y lleguemos al reconocimiento de que parte de nosotros no estamos dispuestos a dar. Ese valor y no otro es el que consideramos especial. Aligeremos nuestra carga y empecemos a trabajar con humildad la aceptación de nuestra necesidad de especialismo para poder decidir si nos da o nos quita paz y más tarde saber si queremos o no continuar así. Demos gracias a Dios porque nos facilita esta visión renovadora.

Jon: “Mas una creencia que no se haya reconocido es una decisión de batallar en secreto, en la que los resultados del conflicto se mantienen ocultos y nunca se llevan ante la razón para ver si son sensatos o no”

Joaquina: El ego impone la ley del silencio. Su poder radica en la oscuridad, en que no te enfrentes a lo que tanto daño te hace. Reflexionemos sobre la creencia que no queremos revisar y aceptemos el beneficio que pensamos nos aporta la falta de entrega de esa parte nuestra que consideramos o deseamos mantener como especial. Seamos abiertos a mirar de frente el miedo que nos da quedarnos sin esta defensa ante los demás. Nada puede ser peor que la oscuridad. Abrirnos al reconocimiento es abrirnos a decidir sin que la batalla, que de todas formas tienes que lidiar, pueda ser o tener enemigos ocultos. La transparencia será el final de cualquier situación. Pregunta: ¿por qué deseas que sea con dolor?

Jon: “Solo los que se creen especiales pueden tener enemigos, pues creen ser diferentes y no iguales. Y cualquier clase de diferencia impone diferentes órdenes de realidad y una ineludible necesidad de juzgar”

Joaquina:La constante comparación con el otro, el juicio que nos invade ante la presencia de cualquiera, toda esa visión de lo que puede ser válido, de cómo habría que hacer las cosas, nace realmente de sentirnos especiales. Mejores o peores, no importa, diferentes. Ante cada particularidad podemos decir que cada uno de nosotros vive en la enemistad con los otros, siendo irrefutable que esas marcadas diferencias provocan siempre el ataque. El juicio, la comparación y el anuncio de ser diferentes, que no siempre mejores es el pan nuestro de cada día. Si queremos cambiarlo por encima de todo debemos romper nuestra especialidad.

Jon: “¿Podrías odiar a tu hermano si fueses igual que él? ¿Podrías atacarlo si te dieses cuenta de que caminas con él hacia una misma meta? ¿Non harías todo lo posible por ayudarlo a alcanzarla si percibieses que su triunfo es el tuyo propio? Tu deseo de ser especial te convierte en su enemigo; pero en un propósito compartido eres su amigo. Ser especial jamás se puede compartir, pues depende de metas que sólo tú puedes alcanzar. Y él jamás debe alcanzarlas, pues de otro modo tu meta se vería en peligro”

Joaquina: Qué absoluta soledad se siente cuando comprendes que el deseo de ser especial hace que todo lo que te rodea sea oscuro y feo. Qué absoluta pobreza y miseria se presiente en el alma cuando notas que eres incapaz de ver la bondad, cuando comprendes que tu competencia te hace relacionarte con los demás asegurándote tu victoria. Y qué mediocre puede ser todo cuando a demás detrás de palabras dulces no aceptas que eso es así. Reflexionemos sobre la relación que hemos mantenido con nuestros hermanos; ese deseo de ser únicos para nuestros padres. Los mejores o en su defecto los peores, el caso es ser diferentes. Reflexionemos sobre la imposibilidad de vivir estas competencias en el marco de la paz, la angustia nos invade y la necesidad de sobrevivir aparece como única forma de relación. Competir ha sido el primer punto de fracaso de nuestra vida en familia. Competir ha sido la forma engañosa que ha fomentado nuestra relación, simbolizando la lucha por ser únicos Hijos de Dios, que es la única batalla que realmente llevamos dentro.

Jon: “Tu hermano es tu amigo porque su Padre lo creó semejante a ti. No hay diferencia alguna entre vosotros. Se te ha dado tu hermano para que el amor se pueda extender, no para que se lo niegues. Lo que no das, lo pierdes. Dios se dio a Sí Mismo a vosotros dos, y recordar esto es el único propósito que compartís ahora. Por lo tanto es el único propósito que tenéis”

Joaquina: Dios creó a Su Hijo y el Hijo se extendió, y la extensión dudó de ser tan Divino como el Hijo. Esta es la base de todo principio de la creencia en la separación. El Padre creó a sus hijos semejantes a Él. Reflexionemos sobre si Dios  es limitador o su Amor se extiende en la plenitud de todo lo que El es. Reconocer esto, y aceptar la semejanza con tu hermano te liberará de la necesidad de atacar. Que así sea.

Jon: “Los que se creen especiales se ven obligados a defender las ilusiones contra la verdad, pues ¿qué otra cosa es el deseo de ser especial sino un ataque contra la Voluntad de Dios? No amas a tu hermano mientras sea eso lo que defiendes en contra suya. Esto es lo que él ataca y lo que tú proteges. He aquí el motivo de la batalla que libras contra él. Aquí él no puede sino ser tu enemigo, no tu amigo. Jamás podrá haber paz entre los que son diferentes. Mas él es tu amigo precisamente porque sois lo mismo”

Joaquina: La sensación de ser especial nos lleva a una lucha interminable donde nunca se puede producir una victoria. Los dos bandos de la contienda salen a morir o a matar, acabando muertos los dos en el campo de batalla, porque jamás podrá haber paz entre los que se consideran diferentes. Esa creencia en las diferencias hace que cada bando se disculpe en su lucha, creyéndose el único que posee la razón. Sea atacando, o aceptando que somos iguales, la realidad es que las diferencias las percibimos nosotros. Mirando la situación desde fuera, cada uno es igual al otro, aunque les duela o les pase por el deseo de ser especiales o les agrade porque se viven en el Padre. No obstante, todos somos y vivimos la misma realidad seamos capaces o no de percibirla. Nadie esta separado del Padre. La especialidad es un estado perceptivo.   Somos Uno, aceptemos esta realidad y llenemos nuestra vida de PAZ.

222 La correcta primavera

Las religiones antiguas entendieron que la primavera era la estación del renacimiento, y a partir de ahí levantaron muchos mitos. La primavera es vista como lo muerto que renace, el milagro vuelve a ocurrir: de los árboles deshojados renacen nuevos brotes y crecen las cosechas: hay vida. Mahoma decía: «No hay gota en los mares, ni fruto en los árboles, ni planta en la tierra que no tenga en cada semilla un ángel que cuide de ella». La naturaleza está entonces ligada a lo sagrado y protegida por los guardianes de dios para que al hombre no le falte el sustento.

Jon: ¿De qué depende la correcta primavera?

Joaquina: Primero del autoconocimiento: La primavera nace del autoconocimiento, del conocimiento de las capacidades, de la competencia práctica.

Jon: Quieres decir, que el desarrollo de la primavera dependerá del autoconocimiento obtenido en el invierno.

Joaquina: Efectivamente. En segundo lugar, de la autorregulación. El viento la mueve para aprender a regular sus valores relacionándose con los otros. Es decir, regula el “yo valgo” y permite, así, la relación sin competir y sin entrar en los complejos. Es por esto por lo que las personas nacidas en primaveras tienen que aprender a no competir.

Jon: La mejor pregunta que nos podemos hacer en esta época sería: ¿qué complejo tengo que trabajar hoy: el de superioridad o el de inferioridad?

Joaquina: En tercer lugar, viene el amor de la madre. La necesidad más grande que tiene la primavera es el amor de su madre, para sentirse aceptada. Debemos revisar el sentimiento de aceptación, reflexionando: ¿qué ha sentido mi madre por mi? ¿me siento aceptado por mi madre? El primer sentimiento que buscamos es el que sintió nuestra madre por nosotros. Una primavera sana dirá “me da igual lo que sienta mi madre, yo me siento aceptada” La primavera tiene que aceptar la diversidad, que es la madre. Lo que no le perdonamos a nuestra madre es que nos haya colocado al lado de nuestros hermanos, con los que nos comparaba, y con quienes competimos. No vamos a tener una buena primavera si no nos sentimos aceptados por la madre, que es lo que nos permite relacionarnos sin complejos.

Jon: Un buen ejercicio sería recordar los momentos en los que nos hemos sentido aceptados por nuestra madre.

Joaquina: El cuarto lugar lo ocupa el amor del padre. También es importante para la primavera la aceptación de su padre, para vivir su espacio emocional y trascenderlo. Del mismo modo que la madre es la que nos da aceptación, el padre es el que nos da el espacio emocional. La madre nos enseña a sentir y el padre a medir el espacio. Si alguien no mide los espacios, invade o se siente invadido, es porque tiene problemas con su padre, porque se ha sentido excesivamente aceptado o rechazado.

Jon: Entiendo por lo que dices que el padre y la madre son la base de la primavera, ya que esta estación mueve el recuerdo familiar, y nos saca sentimientos escondidos.

Joaquina: Correcto. En quinto lugar, está la casa. La correcta primavera depende también de la casa, para recibir a sus amigos y sentirse en calma. La casa es muy importante para las personas nacidas en esta estación.

Jon: ¿Y después?

Joaquina: Después, en sexto lugar están los gozos y placeres. Otro punto para tener en cuenta es el de los gozos, para sentir que la vida tiene un sentido. Si la primavera no tiene gozos se dedica a los placeres, lo que le llevan a la obsesión.

Jon: ¿Cuál es la diferencia?

Joaquina: La diferencia entre gozos y placeres es que los primeros son permanentes, tienen trascendencia, mientras que los segundos son instantáneos, perecederos. Por ejemplo, no es lo mismo el sexo gozoso que el sexo placentero. Así, en primavera es importante relativizar el trabajo, las dificultades. Con los niños, es bueno darles gozos, comidas gozosas, para evitar la obsesión por el chocolate, así como películas o actividades gozosas, para evitar la obsesión por la “Play Station”. Del mismo modo, es muy bueno poner música por las mañanas y hacer de todo un gozo.

Jon: ¿Y con los no tan niños?

Joaquina: En los jóvenes, a los 16 años tiene lugar el primer impulso sexual. La comida gozosa evita la masturbación obsesiva, ya que la comida compensa el sexo.

Jon: ¿Y la imagen personal en esta época?

Joaquina: Es importante en este tiempo dar una retroalimentación positiva a los demás, fortalecer a las personas y si han nacido en primavera, mucho más. Las personas nacidas en Aries tenderán al descuido de imagen porque el sexo desbordado les hace sentir sucios, desarreglados. Conecta con la etapa de 16 a 18 años, por eso los jóvenes a esta edad están sucios. La primavera nos conecta con ese primer recuerdo sexual. Tauro, en cambio, cuida mucho la imagen, quiere estar guapo.

Jon: Dices que el sexo está unido a la comida ¿Convendría entonces hacer ayunos en esta estación?

Joaquina: No, porque al acabar el ayuno llega la compulsión de comer. En cambio, hay que darse un caprichito para que no ponernos malhumorados.

Jon: Creo que nos falta la relación con el dinero.

Joaquina: La primavera se siente pobre y no soporta los límites económicos, por ello depende de la economía para organizar sus gastos. La primavera tiene en la cabeza comprar regalos, ir de cena, darse gustitos económicos. Y es importante que sienta que ese gusto se lo puede dar. Necesita gastar más dinero que el invierno. Hay un buen ejercicio que sería puntuar de 0 a 10 los 7 apartados anteriores. ¿Cuál es la persona que más me devalúa: ¿la pareja, mis padres…? ¿Qué es lo que más necesito y no tengo: dinero, trabajo, pareja, casa, sexo, alimentación? Eso que necesitamos y no tenemos es lo que nos baja el autoconocimiento y nos hace polvo.

Jon: Sería como revisar las dependencias…

Joaquina: Debemos averiguar de qué dependemos, porque la primavera recrudece ese sentimiento de necesidad:

  • La necesidad de trabajo y dinero indican falta de espacio emocional y conectan con la relación con el padre.
  • La necesidad de pareja, casa, sexo, alimentación, indican falta de regulación, necesidad de aceptación de los demás y conectan con la relación con la madre.
  • La necesidad de amor indica que no hemos sabido protegernos del invierno, ya que el autoconocimiento nos llena de amor. La primavera necesita regulación, es decir, amarnos a nosotros mismos, ya que el amor siempre viene de dentro. La primavera mide, pues, cuánto nos hemos amado a nosotros mismos.

La primavera es el mes de la siembra tanto física como trascendental. Marca lo que tendremos a lo largo de todo el año.

Jon: ¿Me recomiendas algún ejercicio?

Joaquina: Todas las noches, escribe un diario de primavera y haz una revisión de lo que tienes que fortalecer al día siguiente. Si registras todo lo que te pasa en primavera, te darás cuenta de por qué no te funciona el trabajo, de por qué no tienes pareja, dinero, etc. Debes entender a los demás, ten en cuenta que la primavera es espontánea, inoportuna, puede llegar a hacer daño, porque te agita. El 90% de las discusiones del año se concentran en la primavera, sobre todo en marzo.  La primavera o concentra o dispersa. Por este motivo, los niños que tienen crisis de estudios en primavera no aprobarán, porque entran en dispersión. La dispersión también es la causa de que muchos nacidos en primavera sean exitosos en la segunda etapa de la vida, cuando se calman.

221 Causas psicosomáticas de una enfermedad

Rebuscando entre apuntes y notas para encontrar un tema para la conversación he tropezado con esta breve guía de medicina psicosomática. Joaquina era una gran experta en este tema y aquí solo esbozo la relación entre los órganos y vísceras enfermos y las posibles causas. O, mejor dicho, en qué dirección mirar cuando uno de estos elementos está tocado.

HÍGADO

El hígado enferma por desmedida. Demasiada comida, bebida, sexo, expansiones excesivas. Origina problemas de valoración y aprovechamiento.

VESÍCULA BILIAR

El hígado produce en 24 horas un litro de bilis que se acumula en la vesícula biliar en las perturbaciones causadas por enfado, agresividad, y pensamientos de desgana, estar enojados continuamente pero no permitir una expresión de enojo. Los cálculos biliares son agresiones concentradas. Amargura. Pensamientos rígidos. Juicios condenatorios. Orgullo.

RIÑONES

Conflicto sentimental o con los ideales. Se deben limpiar formas impuras de pensamiento, terminar con actitudes equivocadas, deshacerse de miedos y aceptar hechos. Crítica, decepción, fracaso. Vergüenza. Reacciones de niño pequeño. Dificultades en la convivencia. Los cálculos renales indican enfados en la convivencia no resueltos.

VEJIGA

Dificultades para vivir nuevas ideas. No relajación y estancamiento en el pasado. Angustia. Miedo al presente por desconfianza.

PULMÓN

El pulmón aprovecha el aire inspirado (impresiones anímicas). Si no se ventila (respira adecuadamente) se produce una falta de vitalidad, depresión y autocompasión. La no asimilación de los impulsos afectivos de los otros lleva a producir una paralización y exceso de obsesión por tener su afecto. Comprensión de la vida.

INTESTINO GRUESO

Extracción del agua de los alimentos ya digeridos. Subconsciente: miedo a permitir que acontecimientos inconscientes salgan a la luz. No saber dar, regalar. Incapacidad para olvidar, para dejar las cosas atrás. Temor a abandonar viejas ideas. Estancamiento en el pasado. Tacañería. Mal manejo de la economía.

CORAZÓN

Es el centro vital del sentimiento. El compás armónico del corazón se rompe siempre con una emoción (late hasta la garganta de una alegría y se para de un susto). Los enfermos del corazón son personas que no escuchan a sus sentimientos, sino a su entendimiento (su cerebro) por ello aparentan “no tener corazón”. Sobrevaloración del ego.

INTESTINO DELGADO

Análisis: crítica, detalle. El enfermo del Intestino Delgado analiza demasiado. Busca tres pies al gato y hace de un mosquito un elefante. Aquí se muestran miedos a la existencia. Dificultad para asimilar los cambios. Convicción de no valer suficiente. Se reflejará sintomáticamente dolor en las cervicales 2C – 3C

BAZO

Desconfianza ante el proceso de la vida. Obsesiones que producen inseguridad y falta de acción.

PÁNCREAS

No se acepta la dulzura de la vida y se llena uno de resentimiento interno. Dificultades para aceptar el amor por inseguridad consigo mismo

ESTÓMAGO

Acoge las impresiones materiales del mundo. Tiene que “digerir” la primera impresión. El enfermo de estómago quiere evitar conflictos por lo que elige “tragar rápido”, por ello tiene la sensación de “estar lleno” y tiene que ventilarse (eructar) para que la presión interior se alivie. El enfermo de estómago debe aprender a reconocer sus problemas y solucionar sus conflictos a través de acciones conscientes, además de corregir su incapacidad o desinterés para aceptar críticas, analizarlas y digerirlas. Temor a lo nuevo. Inseguridad ante la expresión de los otros.

Un libro de cabecera y clásico de este tema: La enfermedad como camino.

220 La perfidia de creerse especial

Hoy vamos con un diálogo que toca especialmente el lado espiritual de Joaquina. En esta serie de diálogos, voy haciendo lecturas de partes del libro: “Un curso de milagros” y a continuación escribo los comentarios de Joaquina sobre los mismos

Jon: “Hacer comparaciones es necesariamente un mecanismo del ego, pues el amor nunca las hace. Creerse especial siempre conlleva hacer comparaciones. pues se establece al ver una falta en otro, y se perpetúa al buscar y mantener claramente a la vista cuanta falta se puede encontrar. Esto es lo que persigue el especialismo y esto es lo que contempla. Y aquel a quien tu deseo de ser especial así rebaja, habría sido tu salvador si tú no hubieses elegido usarlo como un triste ejemplo de cuán especial eres tú. Frente a la pequeñez que ves en él, tú te yergues alto y sereno, irreprochable y honesto, puro e inmaculado. No entiendes que al hacer eso es a ti mismo a quien rebajas”

Joaquina: En este punto el curso habla de la necesidad de ser especial sintiendo que tú vales más que el otro. Este es el punto donde lo que deseas reflejar es tus capacidades por encima de tus debilidades. Al atacar al otro lo que intentas es que se olviden de tus errores y puedas pasar por encima de tu hermano. También el curso deja claro el punto de maestría que significa el aceptar que el otro está en una situación de aprendizaje. Si en lugar de dejarlo en evidencia simplemente te abres a mostrar desde la serenidad y la calma todo lo que has conseguido aprender, compartiendo tu proceso con él, habrás aceptado de una sola vez ser aprendiz de aquellos que han aprendido mas rápido algo que tú necesitas superar. Lo más importante de este punto es reconocer que cada vez que descalificas a otro te descalificas a ti mismo.

Jon: “Ser especial es la idea del pecado hecha realidad. Sin esa base no es posible ni siquiera imaginarse el pecado pues el pecado surgió de ella, de lo que no es nada, y no es más que una flor maléfica desprovista de raíces. Ellos eligieron el especialismo en lugar del Cielo y de la paz, y lo envolvieron cuidadosamente en el pecado para mantenerlo “a salvo” de la verdad”

Joaquina: La confirmación de que el pecado existió lo confirma la idea de especialismo. Sólo si el Hijo de Dios se separó realmente del Padre puede existir un Hijo diferente a otro. Cuando el Hijo de Dios se extiende, su extensión se considera diferente y necesita experimentar si el Aliento Divino permanece en él al igual que en su Hermano. Esa necesidad de experimentar es lo que te hace permanecer en la experiencia humana, en el cuerpo o la carne. Cuando el hijo de Dios confirma que él es más o menos que otro hijo lo que desea y busca es la confirmación de esa realidad en la que él cree. El curso dice claramente que estar en el especialismo te hace perder la paz y la idea del Cielo. El ser especial lo que provoca es una ocultación de la divinidad y te sumerge en la idea de pecado, propio o extraño. Es decir, que cuando acusas a tu hermano de pecar lo que haces es confirmar tu propio pecado y el alejamiento de Dios. Ser especial es perder la Unidad con el Todo existente y único.

Jon: “Tú no eres especial. Si crees que lo eres y quieres defender tu especialismo en contra de la verdad de lo que realmente eres, ¿cómo vas a poder conocer la verdad? ¿Qué respuesta del Espíritu Santo podría llegar hasta ti, cuando a lo que escuchas es a tu deseo de ser especial, que es lo que pregunta y lo que responde?”

Joaquina: El curso asevera que no eres especial. Que si permaneces en esa idea será imposible que puedas escuchar las directrices del Espíritu Santo enseñándote a vivir tu unión con el Padre de la que te has olvidado. Nada que esté alejado de la Filiación puede ayudarte a superar este deseo de especialidad que tanto daño te hace.

Jon: “Puedes defender tu especialismo, pero nunca oirás la Voz que te habla a favor de Dios a su lado, pues hablan diferentes idiomas y llegan a sitios diferentes. Para todo aquel que se cree especial la verdad tiene un mensaje diferente y un significado distinto”

Joaquina:Defender el especialismo claramente nos dice que no podremos volver al Padre. A Él sólo se puede volver con el reconocimiento de ser un solo Hijo de Dios que se experimenta separado. Y no solo le separa a él en su creencia de especialidad, si no que separa a toda la Hermandad, que desea volver al Padre dolidos de todo este tiempo. Ser especial tiene el significado de la separación, del rechazo del Padre a sus hijos.   Por un momento parece que has conseguido algo importante, pero un minuto más tarde alguien a tu lado que se considera especial y superior a ti te atacará y volverás a sentir la separación como un dardo lacerante que te consume en un deseo inalcanzable.

Jon: “Has llegado muy lejos por el camino de la verdad, demasiado lejos para titubear ahora. Un paso más y todo vestigio del temor a Dios quedará disuelto en el amor. El deseo de ser especial de tu hermano y el tuyo son enemigos, y en su mutuo odio están comprometidos a matarse el uno al otro y a negar que son lo mismo”

Joaquina: Estás a la puerta de entender todo el proceso. La luz de la igualdad está llamando a tu corazón y vas entendiendo que temer ahora ya no tiene sentido. Muchos momentos han sido para ti clarificadores de la Luz y del Amor del Padre. Hoy ya puedes decir que tu especialismo y el de tu hermano han sido igual de dañinos y provocadores para estar en una batalla cruenta que parecía no tener final. Hoy la verdad se alza para recibirte a ti y a tu hermano dañados los dos al mismo modo y de la misma forma desde una irrealidad que hoy habéis conseguido disolver.

Jon: “He aquí el que te puede salvar de tu deseo de ser especial. Él tiene tanta necesidad de que lo aceptes como parte de ti, como tú de que él te acepte a ti. Eres tan semejante a Dios como Dios lo es a Sí Mismo. Dios nos es especial, pues Él no se quedaría con ninguna parte de lo que es sólo para Sí, negándosela a su Hijo y reservándola solo para Sí Mismo”

Joaquina: Sólo sentirte uno con tu hermano te puede salvar del especialismo. Él es tu salvador y tú el suyo. La salvación está en el no – juicio, en la no – negación de tu igualdad. Dos que se miran en un mismo plano son dos que se reconocen con una capacidad de aprender y dar ilimitada. El curso dice que Dios no se guarda nada para Sí Mismo. Dios no guardó nada diferente entre tu hermano y tú y sólo si consigues encontrar esas referencias podrás vencer esta separación que tanto daño te ha hecho. Dios dispuso que el amor jamás pudiese ser dividido y tú eres el amor junto con tu hermano.

Jon: La esperanza de ser especial hace que parezca posible que Dios hizo el cuerpo para que fuese la prisión que mantiene a Su Hijo separado de El. 2Pues el especialismo requiere un lugar especial donde Dios no pueda entrar y un escondite donde a lo único que se le da la bienvenida es a tu insignificante yo.

Joaquina: El cuerpo es el lugar donde te sientes seguro. Los placeres y las limitaciones que vives en tu cuerpo son las que te hacen diferente a tu hermano, lo que te permite pensar que tienes un reino intocable ante los demás y Dios mismo. Ese reino es el que te sitúa dentro de una separación que te hace perder todos los Dones que Dios tiene esperando para ti. Sólo cuando sientas que el cuerpo es el medio y no el fin podrás volver al Padre, porque en ese instante glorioso habrás podido entender que hay una mente Uno y un Espíritu único que es el Hijo de Dios.

Jon: “La muerte de tu especialismo no es tu muerte sino tu despertar a la vida eterna. No haces sino emerger de una ilusión de lo que eres a la aceptación de ti mismo tal como Dios te creó”

Joaquina: Romper tu especialismo es dejar el cuerpo, dejar el juicio, dejar la separación. Es convencerte de que todo fluye en ti por encima de las limitaciones que tú mismo te has puesto. Romper la necesidad de ser especial es por encima de todo volar sin limites por encima de los deseos que jamás se podrán cumplir.