107 El inconsciente

Estoy leyendo unos libros muy interesantes que desmitifican bastante la visión freudiana del inconsciente. Carl Jung, Milton Erickson… No me resisto a preguntarle a Joaquina su visión.

Jon: ¿Cómo nace el inconsciente?

Joaquina: De 0 a 12 años es el tiempo de construcción del inconsciente. De 12-24 se crea el subconsciente, y de 24-36 se construye el consciente. Y cada fase se subdivide a su vez en inconsciencia, subconsciencia y consciencia. En el mundo inconsciente se forman los valores. El mundo subconsciente es el mundo perceptivo, y se conforman las relaciones. Luego llegamos al consciente.

Jon: Te he oído decir en alguna ocasión que es también en esta etapa cuando se conforma la sombra. ¿Hay alguna relación?

Joaquina: La etapa más inconsciente, de 0 a 12 años, es además cuando se construye la primera sombra. Aquello que el niño ha visto en su padre y madre y se ha jurado a si mismo que jamás será igual. La primera a los 2-3 años y la segunda de los 4 en adelante… Por lo tanto, la primera sombra es inconsciente y la segunda subconsciente. La parte subconsciente del niño sería de 4 a 8 y la consciente de 8 a 12. Esta forma de trabajar no es exactamente real, pero nos ayuda a entender cómo se abren las ventanas.

Jon: ¿A qué te refieres?

Joaquina: El mundo inconsciente es donde se marcan los aprendizajes, la visión y la misión, el propósito, las cosas en las que nosotros estamos programados para llegar a algún sitio y sobre todo, tiene que ver con nuestra aportación de valor, con nuestro valor más profundo y positivo, y también con el menos positivos. El niño ve a su padre o madre y aspiracionalmente quiere ser como uno de ellos y también, de la misma forma, no quiere ser igual.

Jon: También te he oído decir a algunos padres que los niños “leen sus cabezas” y no lo que les dicen.

Joaquina: En esta etapa, el niño recibe mensajes de aprendizaje y va viendo qué valoramos como positivo y qué valoramos como negativo.  Se introduce en la parte más oscura de sí mismo, lo que le limita el éxito… De 4 a 8 años está en el subconsciente y el niño se da algo más de cuenta, es más manipulador, y de 8 a 12 es más consciente, siendo todavía inconsciente.

Jon: Entonces, de 12 a 24 es el mundo más subconsciente. Y como has dicho antes que cada etapa contiene las tres, de 12 a 16 es el más inconsciente del subconsciente, de 16 a 20 el más subconsciente del subconsciente y de 20 a 24 el más consciente del subconsciente.

Joaquina: Así es, y ocurre lo mismo en la etapa consciente de 24 a 36 años. De 24 a 28 el mas inconsciente del consciente, de 28 a 32 el más subconsciente del consciente y de 28 a 32 el más consciente del consciente. Esta última fase es cuando la gente es consciente de quién es de qué hace en su trabajo, pareja, amigos y entra en crisis…

Jon: Quien soy, de 24-28. Como soy, de 28-32.  Qué hago aquí, de 32-36. ¿Qué pasa después?

Joaquina: De 36 en adelante sale la sombra y no se puede evitar. Se repite el acto que dijimos que no haríamos. En esa etapa te sale todo lo negativo del padre o de la madre. Sin embargo, la llamada de la sombra es la luz, ya que, trabajada, es el gran éxito de la persona.

Jon: ¿Cuál es el consciente de cada uno de nosotros?

Joaquina: Lo que manifiestas y eres consciente de que lo haces. El subconsciente son los movimientos que haces, de los que no eres consciente. El inconsciente es aquello que los demás ven y, en la sombra, aquello que ni tú ni los demás ven. Cuando estás en la sombra eres muy refractario a la relación. Es como si huyeras de la relación, de la situación.

Jon: ¿Has dicho que en la sombra está la gran luz de la persona?

Joaquina: La sombra está acompañada siempre de la gran Luz. Es donde está el verdadero diamante, la fuerza del mal y del bien. Aquí está toda su grandeza. Hay una aportación de valor extraordinaria, y al lado está su sombra. La sombra es inevitable. En la vida hay algo que has venido a superar: la sombra; y la aportación de valor es lo que tienes que entregar.  Jesús en su sombra estaba el poder. Tenía que demostrar que sabía más, que era el hijo de Dios. El mensaje de Jesús fue que él nos quitaba la sombra si hacíamos lo que él hacía. Cuanto más ves lo que eres, tu aportación de valor, tu creencia y tu motivación, será todo más fácil.

Jon: ¿Esto nos afecta también en lo físico?

Joaquina: En medicina psicosomática hemos encontrado muchas respuestas a enfermedades físicas, emocionales y mentales gracias a la sombra. Para trabajar el inconsciente se utilizan estas herramientas, la aportación de valor, las creencias y la motivación, en relación con el si mismo. Es la motivación que tienes, quién eres, tu objetivo vital.

Jon: ¿Qué hay en el subconsciente?

Joaquina: Están las creencias vitales. La primera sobre ti mismo cuando estás solo. Luego cuando te relacionas con los demás y, por último, la creencia que tienes sobre la sociedad. La primera se trabaja desde el inconsciente: Cuándo estás solo, ¿qué piensas de ti mismo? Antes de ver a nadie, ¿qué piensas sobre ti? La segunda ya está en el subconsciente: La creencia sobre el otro es cómo trabajas la empatía. La tercera es cómo trabajas la habilidad social. Cuando chocas con la segunda creencia, cuando no tienes empatía, no aceptar como es el otro, no te gusta la diversidad…  se produce la confrontación y mermas tus propias creencias sobre ti mismo. En la tercera, sin habilidad social, irás culpando a los demás, y realmente es porque no tienes esa habilidad. Las creencias son refractarias. Cuando no tienes empatía o no tienes habilidad social, es porque tú tienes un problema contigo mismo. Cuando trabajas la creencia, te estás ayudando a tener una mejor creencia sobre ti mismo, una mayor empatía y una mayor habilidad social.

Jon: Por deducción, me imagino que en este plano se encuentran también los tres subplanos: lo mas subconsciente es la empatía, lo mas consciente la habilidad social, lo mas inconsciente, la creencia personal.

Joaquina: Empatía es uno a uno, persona a persona y aceptar la diversidad. Habilidad social es la capacidad de conectar con el grupo. La empatía y la habilidad social pueden ser muy elitistas y selectivas.

Jon: Llegamos al consciente.

Joaquina: La motivación vital está aquí. La primera es la automotivación, luego la motivación profesional y luego la motivación social. Motivación con nosotros mismos, con la profesión y con la sociedad. Cada una está relacionada con los subplanos correlativos anteriores. Tener un crecimiento personal, es una motivación más inconsciente. Tener un desarrollo profesional, es una motivación más subconsciente. Estar al servicio es una motivación más consciente.

106 El aprendizaje paso a paso

Estamos cenando después de un Taller donde Joaquina, como es habitual, ha sacado a varias personas al escenario para profundizar sobre sus casos específicos. Me llamó mucho la atención el caso de Manuel, así que investigo…

Joaquina: Manuel es una persona cuyo mayor potencial es la felicidad, y puede ser un maestro de este ámbito en sus relaciones con las demás personas. Sin embargo, hay algo que le falta y le hace sentirse incompleto: la conciencia. Cuando se pone en disposición de maestro de felicidad, transmite una duda razonable provocada por su falta de conciencia. Sin embargo, cuando debe aprender conciencia, no se siente seguro, pues considera que esta le va a impedir llegar a la felicidad absoluta.

Jon: ¿Por qué le ocurre eso?

Joaquina: Porque considera la considera severa, restrictiva, porque su concepción de felicidad es ser totalmente libre para hacer lo que quiera, y considera que la conciencia es contraria a esto. No quiere aprender, pero hasta que no la acepte con la misma tranquilidad con la que acepta el ejercicio de ser feliz, Manuel no crecerá como persona. En cuanto una persona no sea consciente de que él existe, se encontrará mal. Exige a los demás conciencia suprema sobre él, es decir, les pide que hagan algo que él no está dispuesto a aprender.

Jon: Parecía que eso le hacía sentirse culpable.

Joaquina: La culpa solo se genera porque no eres tan abierto para realizar los dos aprendizajes que necesitas hacer, situados en la dimensión de dar (enseñar) y recibir (aprender). No los afrontas con la misma amplitud, con la misma holgura o con el mismo corazón; siempre crees que debes enseñar y te niegas a aprender aquello que te falta.

Jon: Entonces Manuel se posiciona en “no me dejáis ser feliz”

Joaquina: Así es, y estará lanzando su culpa contra las demás personas en lugar de colocarte en disposición de aprender. Es mucho más fácil mantenerte en posición de maestro que pasar a convertirte en alumno. Es más sencillo pensar que todos tienen que aprender tu gran potencial, que admitir que hay algo en este mundo de lo que careces y que debes adquirir. En lugar de culpar a los demás de tu falta de felicidad debería situarse en “si yo aprendiera lo que he venido a aprender, sería mil veces más feliz”. Solo así se convertirá en alumno y podrá liberarte de la culpa.

Jon: ¿Podrías sintetizar en uno pasos cuál es el camino que recorrer para el aprendizaje?

Joaquina: El primer paso es identificar tu mayor potencial, tu área de mejora y tu maestro. Todas las personas tenemos algo maravilloso que podemos darle a los demás y algo que aprender que necesitamos incorporar. El proceso de enseñanza y aprendizaje se basan en este planteamiento: el potencial y el área de mejora te llevarán a ser maestro y a ser alumno, respectivamente. No hay ninguna otra posibilidad de liberar la culpa que no sea a través de reconocer tu potencial y comprometerte con él, además de aceptar que las demás personas son maravillosas en algo y que debes aprender de ellas.

Jon: El ejercicio para borrar la culpa consiste, entonces, en recordar tu luz y respetar la luz del otro.

Joaquina: Así es, en primer lugar, debes buscar el potencial del que nunca podrán hacerte dudar, independientemente de que esté o no activo. Este puede ser la felicidad, la pasión, la paciencia, la alegría, cualquier virtud que sepas que tienes en ti mismo, aunque en ocasiones se contamine por el área de mejora, esa otra cualidad que has venido a aprender a este mundo. Piensa también en esa área de mejora, eso que sabes que te falta y que has venido a aprender. Piensa también en una persona que puede enseñarte esa cualidad de la que careces, alguien de tu entorno más cercano.

Jon: En el taller pusiste el ejemplo de Pepe.

Joaquina: Sí, el mayor potencial de Pepe es su pasión, un espíritu que le hace infatigable. La pregunta que debería hacerse, una vez está clara su gran fortaleza, es: ¿qué tengo que hacer para que mi pasión sea un canal que me lleve siempre a la felicidad? Él ha llegado a la conclusión de que su área de mejora es la tolerancia, y considera que su maestro podría ser su hermana Almudena. Una vez que tiene claros estos tres aspectos: potencial, área de mejora y maestro, puede pasar al siguiente paso. Algo positivo en el primer paso es identificar tu potencial y tu área de mejora en tu padre y en tu madre. En el caso de Pepe, por ejemplo, considera que su madre es más apasionada y su padre, más tolerante. Esta situación puede conducir a que culpe a su padre de no haberle dado su tolerancia, y la única forma de borrar la culpa sería aprender esa tolerancia e implementarla en su propia vida.

Jon: Genial, ¿El segundo paso?

Joaquina: Lo siguiente que debes hacer es identificar tres indicadores de tu potencial: cuando opera en su máximo exponente, en un momento en el que te esté haciendo crecer, y cuando estés tocando lo divino. Especifica cómo son tus movimientos, tu mirada, tu voz, tus gestos. Ten en cuenta que deben ser indicadores físicos, comportamientos tuyos que los demás puedan disfrutar, que puedan ver.

Jon: Pepe llegó a la conclusión de que sus indicadores eran: Mirada tranquila. Escucha atenta y libre de juicios. Quietud consciente.

Joaquina: Así es. Una vez que quedan claros estos tres indicadores, tienes que exigirte a ti mismo, en todo momento, ser un ejemplo de estos tres indicadores. En el caso de Pepe, tendría que reflejar siempre la pasión activa a través de una mirada tranquila, una escucha atenta y libre de juicios y una quietud en su cuerpo que le permite tomar conciencia de esa utilidad de su pasión.

Jon: Qué bueno, ¿el tercer paso?

Joaquina: El tercero es mirar a tu maestro e identificar los indicadores de su gran fortaleza, que es a la vez tu área de mejora. Piensa en tu maestro cuando pone en marcha su potencial en estado divino, siempre separándolo de ti mismo, sin mezclar lo que ves en ti mismo de lo que ves en la otra persona.

Jon: Pepe llego a la conclusión de que los indicadores de tolerancia divina de su hermana Almudena son los siguientes: Mirada profunda y reflexiva. Movimiento flexible y armónico. Voz suave.

Joaquina: Una vez que conoces estos indicadores debes incorporarlos a tu día a día. ¿Qué pasaría si Pepe uniera su pasión con la tolerancia y mostrara una mirada tranquila y reflexiva, una escucha atenta desde la tranquilidad y la flexibilidad y una quietud consciente que provocara una voz suave, templada y dispuesta a consensuar? ¿Qué pasaría si tuviera a su padre y a su madre en lo mejor de si mismos? Estaría más cerca de la felicidad, más cerca de Dios. Jamás culparía a nadie de nada, pues la culpa desaparece cuando eres consciente de tu lado divino y del lado divino del otro sin mezclarlos, sin querer que el otro haga lo que haces tú.

El ejercicio consiste, entonces, en introducir en tu vida tus tres movimientos e ir aprendiendo los movimientos del otro hasta que notes que están incorporados. Entonces notarás algo irrepetible: sentirás cómo tu cuerpo reconoce una paz que se llama el instante santo, ese momento donde lo unes todo dentro de ti y no lo separas.

Jon: Al unir el gran potencial con el área de mejora e implementar ambos en mi vida, a veces me surge una duda razonable, una palabra que rompe estos dos mundos y que me lleva a negar el aprendizaje.  La duda razonable de Pepe era si ser una persona apasionada y tolerante le impedirá disfrutar en el mundo. Su creencia es que la pasión tolerante es aburrida.

Joaquina: Pues bien, una vez has identificado tu duda, tienes el compromiso de unir estas dos cosas y comprobar si es o no cierta. Antes he dicho que, para el aprendizaje, es imprescindible conocer tu propia luz y respetar la luz del otro. Ambas parecen distintas, pero son luz. Por tanto, no debes mirar el ejercicio desde ti mismo, pues no funcionaría. Tu gran potencial y el gran potencial de tu maestro son igualmente válidos, son distintos, pero son divinos de distintas formas. En el momento en el que empiezas a compararte con el otro y a despreciar su potencial, el proceso de aprendizaje se interrumpe, así como el de enseñanza.

Jon: Entiendo

Joaquina: En mi caso, una de mis grandes cualidades es la fuerza de voluntad. Imagínate que yo hiciera un pacto con una amiga de no comer algo durante un día. Gracias a mi voluntad, a mí no me costaría nada, pero para ella supondría un esfuerzo. Si yo empezara a compararme con ella y a despreciar su falta de voluntad, estaría destruyendo al maestro. El maestro se pierde cuando empieza a compararse con el alumno. Yo solo puedo ser maestra de voluntad. Si el gran potencial de ella fuera la delicadeza y yo aprendiera de ella, sumaríamos nuestros potenciales y ambas creceríamos. Si, en cambio, nos comparáramos y cada una echara en cara lo que le falta a la otra, no existiría aprendizaje en ninguna de las dos dimensiones.

Jon: Queda claro que es muy importante separar al maestro y al alumno.

Joaquina: Eres maestro de algo y alumno de algo, y si eres capaz de mantener ambos roles en tu potencial y en tu área de mejora, respectivamente, llegarás a la divinidad. Debes mirar a la otra persona constantemente y reconocer que no tiene error, no tiene mácula, al menos en el área que tienes que aprender de ella. Si reconoces al maestro y reconoces que su cualidad es lo que te está faltando a ti, no puedes permitir que tenga una sola mácula en tu mirada. Podrá tener defectos en otros aspectos, pero esos son suyos, no tuyos.

Jon: Cuando hablas de maestros, en realidad estás hablando de los padres ¿no?

Joaquina: ¿Qué mejores maestros hay? Necesitas ver la grandeza de los padres por separado. Mezclados es imposible, pero mirándolos individualmente, la grandeza que tienen es impresionante. La mayor cualidad de mi padre siempre fue la voluntad y la de mi madre fue la entrega. Yo aprendí la voluntad de mi padre y mi hermano, la entrega de mi madre. Si yo comparara a mi madre con la voluntad de mi padre, podría cometer el error de pensar que ella no tenía belleza propia, que no tenía vida propia. Sin embargo, el compromiso que han presentado los dos en relación con sus respectivos potenciales son los ejes de mi vida. El compromiso de su entrega y el compromiso de su voluntad me han convertido en la persona que soy hoy. Cada uno puso el foco sobre su potencial, y ambos eran divinos a su manera.

La base de poder estar feliz es liberarte de la carga de mezclar a dos personas y considerar a una buena y a otra mala. Este ejercicio debe ayudarte a liberar a tus padres de esa visión. Los dos son absolutamente divinos, independientemente de que tú seas más afín a uno o a otro. Algunos padres a veces lo ponen difícil para encontrarles lo divino, pero lo tienen, pues lo único que nunca ha hecho Dios es ser injusto.

105 Decir “no” diciendo “sí”

Estamos sentados en La taberna de Pedro, esperando que nos traigan un cogote de lubina con unas judías verdes. En el fondo de la sala hay una pareja que rondan los treinta y bastantes, que discuten acaloradamente, pero en un tono respetuoso. Parece que él quiere convencer a ella de algo concreto y, a pesar de estar consiguiéndolo, ella no parece feliz con la decisión.

Jon: A mí también me cuesta mucho decir que no a las personas, especialmente si las quiero.

Joaquina: Necesitamos aprender a decir un “no” a las personas que son importantes para nosotros, o a aquellas que lo son un poco menos, sin embargo, la condición para que este “no” sea verdadero y pueda mantenerse en el tiempo, es que aparejado al “no” esté un “sí” a nosotros mismos. Un “si” que surge de un respeto a nuestros valores e ideales más profundos. Debes aprender a decirte “sí” a ti mismo, a tus ideales, a tus aspiraciones, a tus grandes y pequeñas inquietudes. Es un “sí” a ti mismo, aunque pueda llevar implícito un “no” a los otros. El “no” es a lo que quieren otros que no está alineado con tus propios intereses.

Jon: Sí, la idea es buenísima, ahora, llevarla a la acción…

Joaquina: La forma de acometer esta negativa es desde la afirmación y la consideración a lo que quieres, a la vez que respetando lo que desea el otro. Necesitas entender que no estás negando a los otros cosa alguna. Ese no es el asunto. El tema que subyace en este planteamiento es que la tendencia natural es a decir “no” y confrontar al otro entre sus intereses y los tuyos, o decir “sí” a pesar de que no estés de acuerdo con el planteamiento con el fin de no vivir una confrontación.

Jon: Efectivamente, así ocurre, ¿entonces?

Joaquina: El proceso exige que digas “sí” pensando en tus deseos y que estos sean el eje central en tu comunicación. Sería algo así como: “entiendo lo que tú quieres, y me parece que puede ser muy válido, sin embargo en este momento quiero seguir en esta posición” Lo que has dicho es positivo para ambas partes, aunque te has posicionado en tu proyecto, en tus ideas, en las cuestiones que son importantes para ti. Esta forma de comunicarte te ayuda a posicionarte, a mantener el foco en tu visión de las cosas.

Jon: ¿Cómo lo puedo trabajar?

Joaquina: Para lograr trabajar el “no” es necesario desprenderse de gran cantidad de soberbia y de muchos apegos. Estás convencido de que el otro no va a aceptar un “no” y eso te lleva a someterte a expectativas ajenas, a una pérdida de control, y a desvirtuar la realidad de lo que quieres. En otros casos estás deseoso de confrontar tus ideas como si no hubiera otras más válidas. Surge el dogmatismo, la competitividad sobre quién es mejor que quién, y al final se pierden los verdaderos motivos de la discrepancia.  El “no” o el “sí” cuando no son reales sólo generan pérdida de influencia y de autenticidad.

Jon: Sí, muchas veces todo se resume en: “La gente se tiene que enterar de lo que quiero…” A través de estas palabras se vislumbra cierta amenaza y poca disponibilidad hacía el “sí” o a pensar que otro pueda tener motivaciones diferentes.

Joaquina: Un de las cosas de las que te tienes que desapegar es de tener la razón, porque no existe la razón en el “no”. Nuestro cerebro no entiende un “no”. Pide un papel al camarero y haz el siguiente ejercicio: Escribe cuál es el área de tu vida en la que eres incapaz de decir no, y a quién no le puedes decir no. Si realmente cuando estás en el mundo de la pareja no eres capaz de decir “no”, tampoco serás capaz de decir “no” a un jefe. ¿Con quién tienes la dificultad para decir no? ¿cuál es la persona que más te enfrenta o te confronta con el “no” y cuál es la que más te permite decir no? Necesitas encontrar los recursos que hay en tu mente, porque vas a romper unas estructuras y tienes que saber qué es lo que tienes escondido dentro de ti.

Jon: La verdad es que no sé que es lo que me hace llegar a una pareja y no ser capaz de decirle “no” y decírselo a mi padre o decírselo a mi hermano, o a mi jefe. No sé que hace que, de pronto, mi padre represente tal nivel de condena, tal nivel de tensión, que no le puedo decir “no” porque pienso que me va a suceder algo.

Joaquina: Dentro de nuestra cabeza lo más importante que tenemos que descubrir es cómo se ha ido conformando nuestra capacidad de acceder a las cosas, si no entiendes cómo has ido accediendo a las cosas nos vas a poder resolverlo.

Jon: ¿Cómo lo hago?

Joaquina: Lo primero que tienes que saber es que hemos surgido del mundo de la ignorancia, y de la ignorancia al conocimiento hay muchas cosas a las que hemos dicho no y muchas cosas a las que hemos dicho “sí”. Eso lo que hace es que tú, como ignorante, tengas un tipo de ignorancia y como deseo de salvar la ignorancia te llega el conocimiento y te haces una plantilla de lo que te interesa y de lo que no te interesa. Para pasar de la ignorancia al conocimiento, el primer pilar son los valores. Sales de la ignorancia porque le empiezas a dar al mundo una serie de valores, y al darle y plantearte que esos son tus valores, es cuando empiezas a definir, al menos internamente, lo que quieres.

Jon: Así que los valores son la primera cosa que empieza a definir nuestros “noes” y nuestros “síes”, al menos internamente

Joaquina: No hablo de cómo lo entendemos fuera, pero internamente son nuestros valores los que están propiciando que digamos un “no” o digamos un “sí”. Cuando tienes los valores, debes contrastarlos con otras personas y aparecen las creencias. Las creencias de algunos de nuestros valores son positivas y de algunos de nuestros valores son negativas y aquí empieza a aparecer el primer filtro entre estos dos elementos que empiezan a intentar debatirse. Es decir, el debate primero que se produce es el de valores y creencias. Los valores son tuyos y las creencias vienen de fuera y tu empiezas a estimular que es o que no es, y aquí surge un elemento que se llama autoconocimiento. El primer pilar en el que vas a construir tu capacidad de decir “no” o “sí”, el lugar de referencia al que vas a ir es tu conocimiento sobre lo que ha sucedido, lo que eres y los valores de los demás que te van generando unas creencias cercanas o lejanas.

Jon: ¿Cómo se contrasta el autoconocimiento?

Joaquina: Cuando tienes un conocimiento que has explicitado, lo que se produce es que lo tienes que sacar a las relaciones humanas, entonces el autoconocimiento se contrasta con las relaciones y nos encontramos con dos situaciones: Hay personas a las que aceptamos y personas a las que rechazamos.

Jon: ¿Y eso?

Joaquina: Porque las que aceptamos están vinculadas a nuestro autoconocimiento y las que rechazamos es que no están en nuestro conocimiento. Aquí se produce otro planteamiento que se llama autorregulación.

Jon: Me voy dando cuenta de que vamos armando un sistema híper complejo en el que todo el rato están dos valores contrapuestos: lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo que vale y lo que no vale, que esa es la composición de lo que está hecho el no y el sí, un no a estas cosas y un sí a estas cosas.

Joaquina: En este camino de la ignorancia al conocimiento, es imposible que no hayas estado manejando el “no” y el” sí”, Lo has hecho porque era lo que podías hacer. Sin embargo, cuando llegas al conocimiento, que el conocimiento surge del autoconocimiento y de tu relación con los demás, aparece un conocimiento superior, que es el que te conecta con tu esencia. A partir de aquí es cuando ya no puedes decir no, porque aquí se fueron estableciendo los “noes” y los “síes”, cuando a partir del conocimiento decimos no, es como si no hubiéramos sabido establecer el “no” y el” sí”.

Jon: ¿Cuándo empieza todo esto?

Joaquina: El planteamiento de los valores se asienta hasta los 12 años, el planteamiento de las creencias hasta los 24. Es decir que el autoconocimiento no está realmente reflejado antes de los 24 años, lo que hacemos es jugar con elementos que nos parecen propiciatorios para ello, pero no lo conocemos totalmente. A los 12 años tenemos valores nuestros y a las 24 adquirimos valores de los demás, que es lo que nos hace tener creencias sobre lo que es positivo y lo que es negativo. Decirle a un niño que no diga la palabra “no” es volverle loco. El niño dice el “no” y dice el “sí” para que te enteres de lo que necesita. Desgraciadamente lo que se produce es que cuando un niño nos dice “no” nosotros discutimos, cuando en realidad lo deberíamos colocar en una palestra para saber lo que no quiere y lo que sí quiere, para no entrar en la discusión, porque cuando entras en la discusión él no asienta sus valores. Cada vez que nuestros padres han discutido con nuestro “no”, no se ha establecido una riqueza de nuestro conocimiento, porque ahí es donde han empezado los miedos con el “no” y el “sí”.

Jon: Miedos y creencias unidas a ellos.

Joaquina: Efectivamente, y hemos llegado a casa y hemos dicho, “papá me parece que los señores de este partido tienen ideas muy buenas” y de pronto tu padre ha dicho que, “tu qué dices” y te mira como un asesino. Entonces empiezas a tener creencias como que no eres capaz de discutir. Has perdido el autoconocimiento para quedarte difuminado dentro del tema.  Solamente puedes decir “no” y “sí” y puedes escuchar el “no” y el “sí” antes de los 24 años. Hasta esa edad el “no” y el “sí” es obligatorio, porque lo que vas haciendo es conformando tu espíritu. Todavía no tienes capacidades comunicativas. Pero ahora sí. Tienes capacidad para entender que tu conocimiento ya no lo tienes que defender, simplemente lo tiene que vivir. Y cuando dices “no” fuera es porque no está establecido el conocimiento. Ese es el rito al que tienes que ir. Esa es la parte que tienes que destruir, ya no puedes decir no, ni sí de la forma en la que lo dices. Ya tienes conocimiento, ya has pasado por todo este proceso y ya sabes cuál es tu conciencia. Conocimiento es igual a conciencia del saber.

Jon: Entonces, cuando le planteamos a una persona un “no” y queremos discutir el no, es porque en realidad estamos todavía en la etapa inmadura donde creemos que al otro le tenemos que convencer de algo.

Joaquina: No vas a convencer a nadie de nada, no lo intentes, es absurdo, es tu autoridad y es el haber pasado por ahí lo que lo permite.

Jon: ¿Entonces el niño hasta los 12 años sí puede utilizar el “no” y el “sí” perfectamente?

Joaquina: No podría hacer otra cosa, porque el niño no tiene instrumentos de comunicación, los instrumentos de comunicación surgen a partir de los 24 años donde conectamos con el cerebro neocortical y con las masas crípticas y complejas de nuestro cerebro. La etapa de 0 a 12 años es una etapa de lucha, el “no” y el “sí” son para luchar: “no quiero esto”, “sí quiero esto”, “no quiero al animal que me pega”, “sí quiero a la persona que me quiere”, pero lo que está haciendo esto al niño es mostrar cómo se van conformando sus valores. En la medida en la que un niño te dice no, tú no discutes con su no, si no que miras cómo se están conformando los valores internos y desde ahí vas viendo cómo manejar esas estructuras delicadas que todavía no tienen la capacidad de resolver las grandes incógnitas. Cuando es joven, que nos diga “no” todas las veces que quiera y que diga “sí” todas las veces que quiera, para saber qué tendencias está teniendo en su mundo de juventud, porque si no nos dice “no” a nosotros y no aprende a decir un “no” a nosotros, empezará a decir un “sí” donde no tiene que decir el “sí”. Es bueno que conozcas qué le está pasando a esa estructura tan joven, y cuando viene y te dice “no me gustas”, bendito sea, porque realmente te está diciendo que tiene una llamada de atención hacia lo que le gusta, descubre lo que le gusta.

Lo que te tienes que plantear es que ya no eres un niño, pero funcionas como el niño cuando nos dicen “no”. No eres un joven, pero que funcionas como el joven cuando nos dicen “no”. Mira qué otros recursos tienes. Ya has pasado por la etapa de la ignorancia para poder descubrir otras fórmulas. La mayoría de los equipos de trabajo se destruyen por los “noes” y los “síes” de los jefes, “noes” que no son consensuados y “síes” que no son auténticos.

La piña del postre siempre sabe mejor con un poco de autoconocimiento.

104 Revisión del año 2019

Quedan tres días para que comience el nuevo año y estamos, como en tantas otras ocasiones, en la tranquila Fuerteventura dejándonos acariciar por su agradable clima y preparando material para los cursos que vienen.

Jon: ¿Qué sentido tiene hacer una revisión de lo que ha pasado en el año?

Joaquina: Una revisión anual tiene como fin conocer qué ha sucedido en un espacio de tiempo, relacionando los resultados con las expectativas. En muchos casos las esperanzas no han sido marcadas con anterioridad y eso conduce a una sensación de frustración no identificada como tal, apareciendo un estado nostálgico, a veces un grado de depresión, falta de motivación y un amplio etcétera, afianzándose la idea de que la vida es injusta.

Jon: Yo veo que pocas veces somos capaces de verbalizar esta situación, y la falta de análisis con perspectiva nos sumerge en un camino sin final, con falta de límites y sin propósito consciente.

Joaquina: El ánimo inconsciente crea un resultado negativo del que te vas resintiendo, almacenando el déficit año tras año, dificultando así las posibilidades de superación. Lo que deberías hacer es optimizar esta visión hacía el año que está a punto de finalizar, comprobando la incidencia que han tenido todos estos aspectos. Alégrate muchísimo de lo que ha ido estupendamente y ponte a conocer las causas y posibles soluciones de lo que parece presentar un resultado peor. En cualquier caso, se trata de gozar de lo que has aprendido. Cada experiencia ha sido una gran maestra de la vida.

Jon: ¿Debería hacerlo separando la vida personal de la profesional?

Joaquina: Definitivamente sí.

Jon: Vale, empecemos por la vida profesional. ¿Cómo puedo conseguir un desarrollo gradual ascendente?

 Joaquina: Siempre y cuando se reúnan las siguientes condiciones: Que emplees los conocimientos como un bien personal y comunitario. Que tu empresa tenga un proyecto que esté dentro de tus ideales personales. Que no esperes resultados ni el reconocimiento de los demás. Y que exista un respeto a las ganancias o remuneración y en ningún caso se critique. La capacidad de vivir los ideales en los proyectos o entrega empresarial te dará como respuesta una economía saneada junto con una equilibrada autoestima. Ambos son pilares básicos para poder desarrollar investigaciones más satisfactorias en el futuro.

Jon: ¿Y qué hacemos con esa sensación, que a veces nos persigue, de no poder hacer lo que deseamos?

Joaquina: Los sentimientos de pobreza, imposibilidad económica, sensación de no poder hacer aquello que se desea… desembocan en un desequilibrado valor personal en el campo de los conocimientos o en el de la razón. Si te parece podemos ir analizando según el tipo de trabajador.

Jon: Genial. Empieza por los trabajadores por cuenta ajena. Por ejemplo, yo, que trabajo para ti.

Joaquina: Los trabajadores por cuenta ajena son personas que trabajan en la idea de otra persona, teniendo que entregarse y respetar las directrices que vienen incluidas en este proyecto no personal. El salario normalmente tiene un incremento anual marcado por convenios y es difícil valorar que cuantía de esta subida es por rendimientos propios o por la globalización salarial. En todo caso, lo que hay que tener en cuenta es la disponibilidad al proyecto, la satisfacción profesional y los logros personales que se estiman dentro de la competencia desarrollada.

Jon: Y entonces, cualquier merma en este análisis va a producir un deterioro de la autoestima, y eso nos crea una sensación de no ganar lo suficiente, o una falta de estímulos.

Joaquina: La forma de poder definir estos desequilibrios es más emocional que económica y se inicia en una bajada en el rendimiento, disculpas explicitadas o no, falta de creatividad, etc.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Las causas pueden ser una desobediencia innata que se va desarrollando a más cada año, o a la falta de criterio y proyecto personal. Los efectos más notables son la desmotivación creciente y la falta de creatividad con una constante exigencia de reconocimiento de los mandos superiores, sentimiento de infravaloración y dificultades para salir de su propio descrédito. Todo lo que sucede en su puesto de trabajo depende de la creatividad, motivación, seguridad y, en suma, del ideario de otro. Los rendimientos de la empresa, así como los criterios aplicados, necesitan de la confianza de cada participante del proyecto. La primera y origen de las demás, es la confianza en sí mismos, así como en la elección del lugar donde quieren aplicar sus conocimientos. Ser capaces de cosas que nunca experimentan es quizá la tendencia más frecuente de las personas que viven esta experiencia profesional. Por lo tanto, muchos de los individuos en esta situación creen que ellos harían mejor, podrían desarrollar, mandar, dirigir, organizar…y en su irrealidad, factible, pero no comprobable, van aumentando su salario y su insatisfacción día a día.

Jon: ¿En qué deberíamos centrar la revisión?

Joaquina: La revisión tiene que centrarse en la motivación, estímulo hacia el proyecto, capacidad de aplicar la creatividad a lo realizable, etc. En ningún caso debe centrarse en la subida salarial. Esta podrá ser considerada en las conclusiones y las decisiones posteriores. Hay que tener en cuenta si la sensación de riqueza o pobreza guarda relación de un año a otro dentro de los movimientos salariales. Si yo ganaba 12.000€ anuales en 2003 y me sentía bien, cuando me han subido el IPC aplicado a toda la empresa en el 2004, ¿qué he sentido? ¿Qué actitud he tenido después por ello? ¿Siento que he perdido valor y he bajado mi rendimiento y ánimo de permanencia en la empresa? ¿Qué tengo en cuenta al realizar este estudio, lo que rindo o lo que quiero que me paguen? ¿He estado ejerciendo todas mis capacidades, o estimo que la empresa tiene que pagarme haga lo que haga? Cuando la mente no participa en toda su capacidad en un proyecto sea del tipo que sea, empieza a debilitar su aptitud y en contra empieza a exigir mucho más.  El resultado es un sentimiento de pobreza y decadencia.

Jon: ¿Y en el caso de ser un profesional por cuenta propia?

Joaquina: Es una visión mucho más sencilla. La persona trabaja en su proyecto. El estudio de este profesional va a determinar si es capaz de trabajar por su idea o por el beneficio económico. La estabilidad de los rendimientos, la proyección en el tiempo y la capacidad de mantenerse en una idea ampliándola, pero en ningún caso desviándose de ella, son el principio de la investigación que hay que realizar. Lo que es importante dirimir es la rentabilidad. Para ello debe analizar los resultados económicos desde varios puntos de vista:

  • Los ingresos comparando los últimos cinco años. En este resultado se encuentra la credibilidad que tiene su proyecto y si es íntegro en él.
  • Los gastos en relación con el año anterior. En muchos casos cuando hay una reducción de valoración y autoestima se aumentan el consumo en proporción directa con la bajada de los ingresos con el ánimo de satisfacer la pérdida de valor. Hay un deseo superficial de disimular ante los otros esta falta de rendimiento.
  • La cuenta de resultados (ingresos menos gastos) del último año en relación con el anterior. El equilibrio en este dato es la base de todo el análisis. La avaricia o acumulación de bienes o el despilfarro, facilitan mucha información de los cambios que hay que realizar.

Jon: ¿Qué debería saber la persona?

Joaquina: La persona tiene que saber ganar el dinero que necesita para su proyecto vital sin esfuerzos, respetando la energía de este y el movimiento de crecimiento social, aportando puestos de trabajo, más fluidez y venciendo el egocentrismo. Solidaridad con los menos capacitados, favorecer la educación, cuidar el crecimiento espiritual, son labores que devuelven los bienes empleados.

Jon: ¿Podemos mirar ahora la vida personal? 

Joaquina: Esta mirada requiere de una sensibilización en las relaciones interpersonales y habilidad para hacer introspección sin culparse, pero desde luego, sin evadir responsabilidades. Está conectada a la vida afectiva, desarrollo físico emocional y tiene mucho que ver con la salud en las relaciones sexuales o expresivas, con el entorno y con parejas de amor más concretamente.

Jon: ¿Parejas en el sentido amplio de la palabra?

Joaquina: Cada persona que ha estado en nuestra vida, aunque sea un solo instante, ha sido un maestro para nosotros de alguna manera. Tenemos que revisar y profundizar tanto en el amor que hemos sentido como en el resentimiento que nos ha quedado con cualquier relación, hasta la más insignificante, en tiempo o en profundidad. La relación de pareja es una de las más estimadas para las personas. Muchas veces creemos que son aquellas personas con las que sentimos la pasión desbordante y por ello efímera. Dos personas en cualquier situación forman una pareja, encontrados en un punto para compartir, comunicar, reír, gozar o de alguna manera sufrir. Para lo bueno y lo menos bueno dos que se encuentran en un punto deben poder resolver sus diferencias sin que medie la ruptura.

Jon: El debe y el haber de las relaciones existe y el capital de amor o resentimiento hay que analizarlo en toda su dimensión. ¿No?

Joaquina: Los apegos a una relación concreta, la sensación de fracaso, el abandono a uno o al otro… Cualquiera de esas experiencias tiene que ser observada con minuciosidad y en un detalle hasta quisquilloso. Todo lo que se resiente en esta investigación habla de dos partes de nuestra personalidad. Primero, la necesidad de ser aceptados donde hay una mirada más a las propias expectativas que lo que quiere el otro. Y segundo, la necesidad de aislamiento o soledad, interviniendo en este caso un miedo a las expectativas del otro y a la dificultad para marcar el territorio personal.

Jon: En ambos casos se presenta la falta de responsabilidad y obediencia a uno mismo. ¿Tú crees que el Ser en su más pequeña derivada, sabe lo que le hace feliz, qué quiere, en qué quiere participar y qué personas son válidas o no para crecer y aportar su experiencia?

Joaquina: Sin duda. Realiza un estudio de qué personas han entrado en tu vida y si han sido por tu búsqueda de aceptación, o por tu búsqueda de aislamiento. Y el mismo análisis sobre qué personas han desaparecido y cuál de los dos motivos lo ha provocado.

Jon: Al fin y al cabo, somos seres seres sociales y en la medida que buscamos aprender buscamos las personas que lo propicien.

Joaquina: Si pretendemos ser aceptados, escondemos nuestra negación a valorar a los demás hasta que no somos estimados por ellos. Las parejas que encontremos tenderán a medir nuestra capacidad de valorar antes de serlo nosotros. Hay una sincronía extraña, tanto el que busca aceptación como el que busca rechazo, en realidad buscan lo mismo, sólo que uno de ellos lo esconde hasta que ha cautivado al contrario. Dos fuerzas contrapuestas se aniquilan, a veces con mucho dolor, otras con mucha frialdad. En el caso segundo, aislamiento y rechazo, las parejas tenderán a buscarles, acompañarles, demostrarles amor y, escondido detrás, estará una necesidad de reconocimiento hasta compulsa por parte del que llega y una infravaloración y falta de creencia en sí mismo por parte del que desea ser rechazado.

Se acerca un camarero y nos pregunta, extrañado de que llevemos toda la mañana en la terraza del hotel rodeados de cuadernos y libros, si vamos a ir a la playa. Nuestra mirada y sonrisa le contestan.

103 Amor a uno mismo (III)

Joaquina:  Ayer estaba con un amigo que se ha comprado una casa fuera de Madrid. Íbamos en el coche pues la casa estaba a unos 25 kilómetros. Cuando no llevábamos ni dos kilómetros recorridos, empecé a pensar: “uy, qué lejos es esto”. La persona iba feliz, porque iba a mostrarme su casa, y para él, el lugar estaba cerquísima, estaba casi al lado. Para mí, a los dos kilómetros ya está en el fin del mundo.

Jon: Bueno, vives a 50 metros de tu trabajo y a veces piensas que tienes que esperar demasiado tiempo al ascensor

Joaquina: Para mí tiene que ser todo muy práctico, mi forma de ver la vida no es ver arboles por la mañana y que los pajaritos trinen, no es esa mi forma de ver la vida. No quiero estar tres cuartos de hora en la carretera, porque no quiero enfadarme con nadie, y tres cuartos de hora en la caravana igual me eleva un poco una situación que no estoy dispuesta a vivir bajo ningún concepto. Pero, a la otra persona le encanta los pajaritos, y si se altera no pasa nada. Yo iba con mi percepción de los cincuenta metros. Cuando llevábamos veinte, dice la persona con un amor infinito: “voy a poner el GPS para no dar muchas vueltas”, cuidando así mi sensación de la distancia. Finalmente llegamos y entro en su casa. Tiene una casa con un jardín precioso, y todo lo que hay ahí es hermoso, cuidado, amable… la ha comprado hace poco, y la está cuidando muchísimo. A mí me preocupaba saber qué cosas tenía que mirar primero, para que a él le pudieran gustar, para que yo no fuera en ningún momento improcedente. Porque sé ser improcedente a la mínima. Por ejemplo, decir: “¿pero realmente te merece la pena, venirte hasta aquí por tener cuatro o diez arboles, o quince arboles? Yo tengo delante de mi despacho diez arboles, y enfrente tengo El Retiro”. En el jardín tiene una escultura preciosa, esta es una persona exquisita y allí estaba esa preciosa escultura. Nada más llegar dije ¡qué maravilla! Porque me encantó. Entonces, se relajó. Y entonces pensé ¿qué tenemos nosotros que sea como una casa?: nuestro cuerpo. Cuando estamos con la persona que amamos y le vamos a descubrir nuestro cuerpo, ¿qué queremos que mire lo primero, nuestra basura o lo que tenemos estupendo?

Jon: Lo que tenemos estupendo.

Joaquina: Entonces hice una reflexión súper dolorosa contra mí, en la que me dije: “Joaquina, está descubriendo su cuerpo para ti, que tiene pájaros, que además tiene un verde maravilloso, que tiene una piscina, que tiene unos espacios diáfanos increíbles, que ha puesto todo el amor para que esta casa, cuando vienen sus amigos, esté totalmente preciosa. Y ahora imagínate que llegas aquí y empiezas a quitarte la ropa delante de tu ser amado, y empieza a decirte que ya no tienes un pecho de veinteañera, que las piernitas ya flaquean un poco, que eres blanca como un osito de nieve… o prefieres que sienta un éxtasis absoluto hacia esa conexión, de tal manera que desaparezca tu forma para encontrarte con la esencia de ese amor. Si entro en esa casa con los ojos de amor, es imposible que no haya algo que no sea maravilloso. Si entro con los ojos de dos kilómetros, lo que a mí me gusta, etc., va a ser imposible que encuentre algo que merezca la pena. Si entramos en nuestra casa, en nuestro interior, en nuestro ser y entramos creyendo que no puedo, creyendo que no valgo, y creyendo que no quiero mi propósito en esta vida, es imposible que la casa esté a nuestro favor. Y nos encontraremos gente que nos genera desconfianza, nos encontraremos gente que no podremos tolerar como son, y nos encontraremos gente que su propósito y el nuestro no tiene ninguna coincidencia, y esa es la diferencia que existe entre personas que estamos totalmente descreídas, que creemos perfectamente que lo nuestro es una creencia absoluta, perfecta y maravillosa. Y la propuesta que yo quiero hacer es cómo llegar a limpiar todo lo que desde aquí se quedó dañado, para que desde este territorio donde lo vemos, como esa persona que te ve, llena de amor, y que te ve perfecta y que te ve sublime, para que realmente podamos generar confianza, podamos generar tolerancia, y podamos generar conciencia de propósito, en frente de nosotros y podamos estar lo mejor posible. Cuanta menos autoestima tienes tú, más desconfianza generas alrededor, cuanta menos auto aceptación, menos tolerancia generas alrededor, y cuanta menos motivación menos conciencia y menos propósito, generas a tu alrededor.

Jon: ¿Cómo podemos conseguir que esto cambie?

Joaquina: La autoestima tiene que ver muy profundamente con haberse sentido aceptado y reconocido en la infancia, aceptado y reconocido de manera absoluta y sin ningún tipo de conflicto hasta los 4 años. Por ejemplo, que estás delgaducho, que no estás delgaducho, no eres alto, que no creces, que no vas, etc. Todas las calificaciones o descalificaciones sobre el cuerpo destruyen totalmente la autoestima, dejándole una sensación de “yo no puedo”. Y todo el proceso de auto aceptación tiene que ver muchísimo con las primeras expresiones emocionales del niño, y las expresiones de independencia en la juventud. Aquí tenemos dos pasos, cómo hemos sido aceptados en la primera expresión infantil entre los 4 y los 8 años, y cómo hemos sido aceptados en la etapa juvenil, cuando hemos hecho nuestra propia independencia, nos hemos ido en una dirección o en otra, carreras, formas de estudio, etc. Y la auto motivación tiene que ver con que nuestra familia nos haya generado un sentimiento de que hemos venido para algo al mundo. Cuando a un niño se le da una consistencia y se le muestra que él, independientemente de lo que haga, ha venido al mundo y ese algo él lo puede ir viendo, el niño está motivado. Si piensa que ha venido para estudiar, no va a estar motivado. Porque el niño no viene para estudiar, viene para aprender. Y eso es algo completamente diferente. Tú le preguntas a un niño que aprendió, de los amigos, de estar, de comer, y el niño se motiva. Si le preguntas que estudió, se acabó la motivación. El niño no acepta que él tiene un valor curricular, no lo acepta porque esta motivación no es curricular, es una motivación que tiene que ver con su vida, con su sentido vital. Cuando al niño le enseñas que su sentido vital es trascendente, que ha venido para algo que él necesita en la vida, él y nadie más, en ese momento esta persona crece. Y tiene motivación, si la motivación es la de la madre, o la del padre, tienes que jugar al futbol, te tiene que gustar el futbol, te tienen que gustar los deportes, cosa que hace el padre a lo bestia. O la madre, pues tienes que ser no sé que, te tienes que poner vestidito no sé cuánto, tienes que ser súper tierna, tienes que ser súper mona, tienes que ir no sé qué, no te tienes que manchar, y a ti te apetece el barro, la nieve, la suciedad, ponerte hasta arriba, no importa. Pero en el momento en que no lo puede hacer, en el momento que están condicionándote toda tu expresión, aquí se mata la motivación.

Jon: De alguna manera, el trabajo que hay que hacer es la recuperación profunda de nuestro yo interno.

Joaquina: Yo no puedo dejar de ser una mujer del tipo que sea, pero, si me pongo delante de un espejo y me refuerzo en esa imagen, y esa imagen refuerza lo que yo soy, este cuerpo empezara a sentir una vitalidad y una energía que de otra forma no sentiría. Yo no puedo dejar de ser una persona que durante el día he tenido experiencias positivas y experiencias igual no tan negativas, pero si recojo todas las noches mis experiencias positivas y me cargo de ellas, muy difícilmente cuando me levante por la mañana, mi espíritu va a estar sobrecogido de dolor. La herramienta más poderosa para el amor personal es dejar que los demás sean quienes son y trabajar sobre nosotros mismos, mirando nuestras necesidades, mirando nuestro camino y entendiendo que el mensaje de Jesús no se puede quedar en el olvido. Jesús dijo a sus hijos: ama a tu prójimo coma a ti mismo. Y puso como ejemplo el amor a uno mismo con el amor a la humanidad.  Y si el amor a nosotros mismos no lo estamos trabajando, el amor a la humanidad no llegará jamás, y jamás es jamás. El ser más cristiano, el ser más budista, el ser más grande de la naturaleza, siempre se ha amado a él antes que a los demás, porque si su terreno no está bien, el terreno de los demás no lo puede llenar, y es imposible de todo punto que, si no cargamos nuestra autoestima, si no cargamos nuestra auto aceptación, si no cargamos nuestra auto motivación, podamos cambiar este mundo. Si me levanto por las mañanas creyendo que el otro me tiene que generar confianza, que el otro me tiene que generar tolerancia, y que el otro debe tener la misma consciencia de vida que yo, lo que hago es destrozar la vida del otro, pero lo peor, la mía. Porque mi mente no está fabricando mi destino, está fabricando el destino de otros. Nuestra mente no ha nacido para pensar en otro, ha nacido para pensar en nosotros, ha nacido para ver nuestra riqueza, y solo desde nuestra riqueza podemos crecer.

Jon: Crecer y fluir en lo que somos.

Joaquina: Cuando a una persona no la dejas fluir, no la dejas conectar con la mente, no la dejas conectar con las palabras, no la dejas conectar con el conocimiento universal. Si por un instante te plantearas que llevas un montón de años de vida recibiendo información todo el tiempo: en libros, en personas, en mensajes, en periódicos, y que tu mente los ha recogido todos, absolutamente todos, solo tienes que dejarnos fluir, para que esos mensajes se ordenen y te conviertan en un ser totalmente inteligente. Y eso tiene que ver con fluir y comunicar. Dejar que entre la información y saber sacarla para los demás y para ti mismo. Eso es lo que hará que tengas autoestima, que te des cuenta de que todo lo que ves es para ti. No es para nadie. Auto aceptación que todo lo que hay es como tú, en proceso de cambio, y que todas las motivaciones van al mismo sitio, a cumplir un propósito, el que sea, que es llegar a ser feliz, espero.

102 Amor a uno mismo (II)

Joaquina: Cuando no tenemos amor, es porque no hay tolerancia. La tolerancia para que realmente crezca, funcione, y sea interesante, es imprescindible que esté llena de aceptación al otro y de aceptación a nosotros mismos.

Jon: Cuando, en tus Talleres, sacas a personas al escenario para hacer ejercicios, algunos ya suben mal. ¿Es debido a la falta de tolerancia hacia el resto de las personas porque que no soportamos que nos analicen en público?

Joaquina:  Si todas las personas fueran buena gente y amasen incondicionalmente, ¿saldrían mal? Si tu sintieras que tus defectos que no quieres que nadie vea, pero que te parecen muy interesantes para seguir teniéndolos, no te importaran, ¿saldrías mal? ¿Qué nos pasa en el mundo para que cualquiera de nosotros, si dicen nuestro nombre, empecemos a sentirnos como que nos falta la autoestima, nos falta la auto aceptación… Lo que tendríamos que decir en ese momento es que no amamos a los otros, pero nos amamos demasiado a nosotros mismos.

Jon: ¿Cuál crees que es el problema?

Joaquina: Lo único que tiene el ser humano es la vida. Como seres humanos solo tenemos la vida. Si amas a toda a la gente más a que ti mismo, ¿hay juicio? Si hay juicio no amas a los demás. No amas a los demás porque no son perfectos. Si, por el contrario, piensas que las personas te aman, el amor te lleva a… no pasa nada. Por ejemplo, yo todos los lunes doy un Curso, llego y veo las caras conocidas de todos los lunes y digo “¡uy! Ya están preparados para lo que viene”. Pero cuando veo tres caras nuevas digo: “¡uy y ahora que hago con ellos!” Ese segundito es porque yo a esas personas no les doy la cualidad de entender o de aceptar lo que yo voy a hacer, es porque no me amo a mí, o porque creo que su amor no es incondicional.

Jon: ¿Es eso un problema?

Joaquina: Claro que tengo un problema. Si yo tuviera un amor incondicional a mí misma, totalmente, entraría y que les den churros a los demás. Pero eso no quiere decir que yo tenga amor a mí misma, quiere decir que al otro le amo menos de lo que me amo a mí.

Jon: Entonces lo primero es entender realmente dónde está el problema.

Joaquina: El problema está en que, en la medida que amas menos a los demás que a ti mismo, y a los demás les pones la cualidad de destrozarte, lo que va decreciendo es el amor a ti mismo. Lo que vamos haciendo es perder el amor cada día más a nosotros mismos y perdiendo cada día más la posibilidad de conectar con los demás. Pero no porque a los demás no les demos un valor. Claro que les damos un valor. Pero siempre por debajo del nuestro. Y aquí empieza el problema. No os amamos totalmente a nosotros mismos en este momento.

Jon: ¿Por qué no nos amamos? o ¿por qué estamos constantemente pensando mal de los otros?

Joaquina: Nuestra capacidad de pensar mal de todo el mundo, va haciéndonos perder el poder de contactar con la semilla del amor, que no tiene malos pensamientos. Jon, yo te amo incondicionalmente, por lo tanto no veo nada imperfecto en ti. Y veo pantallazos que te pones delante. La crisis profunda del ser humano es que no ahonda en su realidad. Entonces, te pido que, penetrando en ti reconozcas que te amas a ti mismo mucho más que a los demás. Ese sería el primer trabajo que te pediría, que estas por encima de los demás. Si no estás por encima de los demás, me vas a decir claramente que jamás críticas a ningún ser humano.

Jon: Critico bastante, si.

Joaquina: Bien, mi opinión no es que tú dejes de amarte, sino que al estar pensando todo el rato mal del otro, empieza a existir un desequilibrio hormonal, de neurotransmisores que te hacen empezar a encontrarte contigo mismo. Y eso empieza hacerte pensar que no tienes autoestima, que no tienes auto aceptación, que te falta no sé qué, que te falta no sé cuánto. ¿Qué piensas que podríamos hacer para que realmente, tu no pensaras mal nunca, dado que es a ti a la que te hace bajar la autoestima, te hace bajar la auto motivación , te hace bajar la auto aceptación?

Jon: ¿Es una pregunta retórica?

Joaquina: Imagínate un niño, un niño sonriente que es feliz. La madre le da la primera reprimenda, y el niño se da cuenta, de que su madre ve mejor a su hermano que a él. Y es que él se parece a su papá y el hermano es igual que ella. ¿Qué empieza hacer el niño? Empieza a bajar su autoestima ¿Estás de acuerdo?

Jon: Sí.

Joaquina: Baja, baja, muchísimo. Lo cual quiere decir que los problemas que has tenido, en relación con esto, desde tu infancia, cuando los ves reflejado en otra persona, consideras que son tus problemas y que la otra persona es más importante que tú. Pero en realidad, lo único que sucede es que tienes un alma semi destruida, que se ama más a si mismo que a nadie, pero que en realidad no es capaz de conectar ni con su verdadero amor, ni con el amor del otro.

Jon: Como siempre, empezamos a vivir un problema de autoestima, de auto aceptación, y de auto valoración.

Joaquina: En la medida que aquí hay una baja auto aceptación, serás más intolerable con el otro, y que en la medida que haya una baja auto motivación, tendrás una menos consciencia del propósito del otro. Y que si sigues pensando así, el amor a ti mismo no va a llegar nunca. No es que ames más al otro, si no que no trabajas tu autoestima respetando al otro. Para que realmente se produzca tu amor, debes trabajar el amor a ti mismo y plantearte el respeto al otro.

Jon: Recuerdo que una vez pusiste un ejercicio de estar 21 días sin criticar a nadie.

Joaquina: ¿Qué te parecería hacerlo?

Jon: Me costaría la vida.

Joaquina: Eso quiere decir que te has dado cuenta de que te amas más a ti mismo que a los demás, ni a la madre, ni al padre, ni a nadie, ni a la pareja, ni al vecino, ni a la guardia civil… Ten en cuenta que siempre hay cuatro ojos para ver el mundo. Los tuyos y los del otro, y luego los de cuarenta millones de españoles, o seis mil cuatrocientos millones de seres que somos. Y esos ojos tienen una cultura, una forma, un momento de ver las cosas, tan tremenda y diferente que no podemos llegar a coincidir casi nunca. De hecho, la pareja es el lugar de menos coincidencia que existe.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque nos olemos.

Jon: Jajaja

Joaquina: No te rías, si no estuviéramos en el mismo espacio, habría más coincidencias, el olfato es un sentido que genera discrepancias. El olfato es la primera cosa que nos discrepa y el tacto la segunda. Entendido el olfato como: “me huele mal lo que estás haciendo, no solo me huele mal tu  persona, si no que me atufa; has venido tarde, me atufa” Esto de, “me empieza a oler mal, parece que no se qué”. Ese olor del que estamos hablando permanentemente es la primera cosa que luego hace que cuando nos acercamos a la persona, sintamos como una especie de no quiero estar aquí, ya no puedo más, me tengo que ir.

Jon: ¿Y el tacto?

Joaquina: El tacto es la capacidad de cuidar al otro, de atender al otro, de cómo le miro, de cómo le trabajo, de cómo tengo en cuenta su espacio, además para tocarle. Llega un momento en el que no he tenido tacto ni para el espacio, ni para estar, y entonces ya no puedo ni tocarle, no sé qué me pasa. Le quiero mucho, pero ya no te puedo ni tocar. Se ha roto el contacto. Entonces, si yo estoy con esta persona en este momento, independientemente de que quiera reconocerlo, sé un poco más de mí, que de ella. Entonces tomo conciencia de que el propósito del otro no tiene por qué coincidir con el mío. Y auto motivación es que yo tenga mi propósito activado todo el tiempo, para que pueda llegar a donde yo quiero. Una de las pérdidas más grandes que estamos teniendo la sociedad en este momento es de motivación, sobre todo en los jóvenes. Nosotros ya en muchos momentos podemos decir qué es la edad, o que la culpa la tiene las experiencias no conseguidas.

Jon: Sí, jóvenes de 4 años ya no quieren ir al colegio, jóvenes de 13 años ya no quieren comunicarse, jóvenes de 16 años no quieren salir de detrás de un ordenador…

Joaquina: La auto motivación es la activación de la visión. Las personas traemos interiormente una llamada, que, si la escuchamos y nos motivamos hacia ella, nos va llevando a un lugar. Casi siempre el problema de “no sé a donde ir” es un problema de auto aceptación. Es decir, el primer paso sería: creo en mi poder de llegar a cumplir mis objetivos. El segundo paso sería: me acepto tal como soy, para poner los límites y para poner todos los progresos. Y el tercero sería la auto motivación: ¿qué hago realmente para tener activado mi yo, y que esté siempre en activo?

101 Amor a uno mismo

Jon: ¿Hay que arreglar el amor a uno mismo, o hay que arreglar el amor a todo el mundo?

Joaquina: A uno mismo. ¿Crees que no te quieres? Lo que pasa es que te quieres demasiado. Hay tres cosas que hacen que la persona ame, y ya luego hablaremos del amor a uno mismo. El primer paso para amar de verdad es la confianza. El segundo paso es la tolerancia. Y el tercer paso es la conciencia. ¡Para amar! Simple y llanamente para amar. Es decir, no hay ninguna posibilidad, de que puedas amar, a alguien o a ti mismo, si no hay una confianza en el otro o en ti mismo. No hay ninguna posibilidad de amarte o amar al otro si no hay una tolerancia, que es la aceptación incondicional de cómo es el otro.

Jon: Entonces hay como dos caminos, el camino a los demás, el amor a los demás, y el amor a uno mismo.

Joaquina: Sí, porque independientemente de que bucólicamente digamos que para amar a los demás necesitamos amarnos a nosotros mismos, en realidad debemos conocer dónde se produce esa ruptura, en la que pensamos que amamos a los demás, pero no nosotros. O al revés, que pensamos que nos amamos a nosotros y no al otro.

Jon: Hemos conseguido considerar el amor como algo ajeno, extraño, que viene y que va. Y no nos damos cuenta de que el amor es algo concreto a lo que tenemos que acceder.

Joaquina: Sin embargo, mientras seamos personas que creemos que el amor puede ser a otro, y no a nosotros y que además digamos: yo me amo a mí mismo, pero a ti no. O que te amo a ti más a que mi. Este es el amor que a mí me mueve, no creo en el amor a alguien, o en amor a no alguien. Creo en el amor y punto.

Jon: Pero lo que se suelo ver todos los días es un amor divergente, es el amor a los otros, y el amor a mí. Cuando pienso en el amor a los otros, pienso que yo los amo y que no hay nada más.

Joaquina: Pero si fuera eso cierto no dejarías de amarlos, porque el amor no es algo que tenga caducidad. El amor en sí mismo, es una sustancia que no se va nunca, que permanece continuamente. Si sientes que se va es que era otra cosa. Imagínate el amor humano, el amor a otra persona, no el amor al universo, el amor a la naturaleza, me refiero a algo tan cotidiano como: te amo a ti, a ti que estás cerca.

Jon: Entonces estamos hablando de división, por un lado, lo que pasa para amar a otro y lo que pasa para amarnos a nosotros mismos.

Joaquina: Como te he dicho antes, el amor a los otros necesita confianza, y el amor a nosotros mismos necesita autoestima. El amor al otro necesita tolerancia, pero el amor a nosotros necesita auto aceptación. Y aquí viene lo más complicado: para amar al otro tienes que tomar conciencia de su propósito. Eso es importante, la conciencia del propósito del otro. Pero para amarnos a nosotros debemos tener conciencia de nuestra auto motivación.

Jon: ¿Podrías empezar centrándote en el amor al otro?

Joaquina: Piensa en la persona primera que has amado, no en la de ahora. Ya sé que la de ahora es la de verdad, y la antigua no. Pero por si acaso me equivoco yo, piensa en la primera. ¿Te acuerdas? Claro que ahora crees que el de ahora, es el amor de verdad y el de antes no era de verdad. El de ahora tiene otros colores y otros sabores, y otros sentidos. Pues no es verdad. Solo ha existido un amor: el primero. Lo demás es rencor acumulado.

Jon: Alucino.

Joaquina: Piensa en la primera persona que has amado. Y no es ningún hombre ni ninguna mujer. Está en casa. El amor, ese amor genuino, ese amor de verdad, ese amor que se produjo cuando miramos por primera vez a nuestra madre. Y fue verdad.  Nos enamoramos. El primer amor se produce a la mamá. Los dos primeros años no necesitamos a nadie más, solo existe ella. Y ahora yo te pregunto, si realmente, esa mamá sintió ese amor del que estamos hablando.  ¿La mamá sintió ese amor por ti? Del que estamos hablando, nada más nacer. Lo primero que reclamaron es nuestra apariencia física, si no cubrías sus expectativas ya no nos querían.

Jon: Sí, lo primero que siempre se oye cuando vas a ver un recién nacido es, a quién se parece.

Joaquina: Nacemos de una persona y dos personas que ya en sí mismas tienen una divergencia cuando nos miran a nosotros y son nuestros padres, y así aprendemos a comportarnos cada vez que estamos con una persona: a compararla con nuestras expectativas y las expectativas más importantes ¿cuales son?: Las nuestras. Por lo tanto, te digo que solo nos amamos a nosotros mismos y que todo lo demás pasa por nuestro filtro: nuestra crítica, nuestro desprecio y nuestra capacidad de destruir nuestro mundo.

Jon: Desde ahí es imposible que amemos a alguien por encima de nosotros mismos.

Joaquina: Si piensas que hay un amor más grande que a ti mismo en algún lugar, estás equivocado. Lo que sí hay es una sumisión a la necesidad que tenemos del otro, que hace parecer que es amor, y eso si es verdad. Y no es lo mismo amor que sumisión. Los hijos cuando no cumplen nuestras expectativas son los seres más maltratados de este mundo. Cuando cumplen 7 años dejan de ser personas para exigirles curricularmente. Entran por la puerta y, si no hacen lo que nosotros queremos, les tenemos mártires todo el día. Ni a los hijos, ni a las madres, ni a los padres, ni a los vecinos, queremos más a que nosotros mismos, pero nos adornamos de tal palabrería, que mientras que no profundices en este sentido, no entrarás verdaderamente en el hecho de por qué tu sentido interior no es capaz de amar totalmente y de forma incondicional.

Jon: Así es, soy hijo de mi padre y de mi madre y no me quieren incondicionalmente. Me quieren si cubro sus expectativas, si no mato, es posible que me quieran.

Joaquina: Cuántas veces te enfadas con tu hija, cuando no hace lo que tú quieres. Eso no es amor entonces. No hay amor y enfado. El amor es un sentimiento incondicional, donde el otro es como es, y para ti es válido. Eso es amor. El otro es como es en toda su dimensión. Muestra lo de su padre y de su amor. Porque claro, amar al que se aparece a ti es fácil, amar al que se parece al otro cuesta casi la vida. O al revés amar al que se aparece al otro te es más fácil. Y amar al que se aparece a ti no es tan fácil.

Jon: Jesús nos enseñó que el principio no era amarnos a nosotros sino amar al otro como a ti mismo.

Joaquina: Jesús no hubiera dejado un mensaje tan tremendamente fuerte, si no supiera dónde está el origen del amor. No vino a decirnos ámate a ti mismo como a los otros, vino a enseñarnos el amor, y llegó a enseñar que ames al otro como a ti mismo. Lo dijo claro, lo dijo rotundo, ¿cómo podemos dudar de palabras tan sublimes, dichas tantas veces y repetidas de maneras tan hermosas? Quiero encontrar el sentido de por qué no somos capaces de amar a los demás como a nosotros mismos y el principio del error es que no entendemos lo que es realmente amor. Y no entendemos realmente que dentro de nosotros hemos aprendido, y digo aprendido porque no creo que haya maldad en las personas, a ver el mundo desde nuestros ojos, y lo que no está en nuestros ojos no es válido. Y mucho más allá de eso, pienso que realmente nuestra exigencia  de que el mundo sea como nuestro particular modo de ver las cosas hace que la vida sea casi imposible de vivir. El señor que coloca la puerta de una manera, que si no la pones de esa manera lo estás haciendo mal, el señor que espera que tú te coloques de una manera, que huelas de una manera, que comas a un ritmo. Todo lo que estamos esperando todos los días, si hace ruido con la comida, si vas de prisa, si vas despacio, si limpias, si no limpias, si estás gordo, si estás delgado… Tenemos un filtro en nuestros ojos, un filtro de tal tamaño de crueldad que, o lo atajamos o el mundo no solamente será imposible vivir en él, si no que será imposible vivir en nuestra piel.

Jon: Sí, nos engañamos permanentemente con palabras híper vacías.

Joaquina: Cuando un niño viene a verme a mí con nueve años, y me dice: “mi madre no me quiere porque no apruebo”, ¿de que me está hablando? ¿De qué me habla un niño cuando me hace recordar lo que he vivido yo y lo que hemos vivido todos? ¿Qué pasa cuando no cubro las expectativas? ¿Qué pasa cuando me siento delante de una mujer que está gravemente enferma y su pareja la maltrata porque tiene un sobrepeso? ¿Qué pasa cuando una persona está en un hospital y su pareja le está engañando en otro sitio porque está cansado de estar cuidándola? ¿Quiere decir que unos son malos y otros son buenos? O encontramos dónde hemos perdido la partícula del amor y la instalamos otra vez en nuestro sistema, o seguiremos siendo un fraude de humanidad.  Y somos un fraude cada vez que decimos a alguien que la amamos, somos un absoluto fraude. Porque ni siquiera nos planteamos qué necesita la persona a la que la estamos diciendo que la amamos. ¿Qué necesitas de mí? ¿Qué quieres de mí? Si no necesitas nada de mí ¿qué necesitas que yo te pueda dar que sea realmente útil para ti? No damos el tiempo que se necesita realmente, ni la calidad de las palabras, ni la calidad del mensaje, ni la calidad de la presencia, nada, nada damos a los demás, que hable de que respetamos al otro, y por ende a nosotros mismos. Entonces, yo no estoy diciendo que el amor a nosotros mismos no sea bueno, porque igual ya esta tan contaminado que ni siquiera es bueno.

Jon: Entonces, ¿dónde está la confianza al otro?, ¿dónde esta nuestra autoestima?, ¿dónde está la tolerancia a cómo es el otro?, y ¿dónde está nuestra auto aceptación plena?, ¿dónde está la consciencia del propósito del otro?, porque muchas veces pensamos que el otro debe tener nuestro propósito. Porque pensamos que el otro cuando hace cosas las hace contra nosotros. Porque no nos planteamos durante un minuto que lo que está sucediendo es bueno para mí.

Joaquina: El otro estaba con una persona que tiene en este momento una enfermedad, no muy buena, no muy positiva y había vivido una crisis familiar muy grande. Y me dice bendita enfermedad, porque lo colocó todo. ¿Dónde estamos para necesitar una enfermedad grave de alguien para que nos demos cuenta lo que amamos y nos de miedo perderle? ¿Dónde estamos?

¿Dónde estás?