24 El deseo de ser especial

Joaquina: Si miras a otro, encontrarás grandes diferencias físicas: más guapo o más feo, ojos grandes o pequeños… y todo tiene que ver con esa percepción de lo que tienes delante. Pero si quitas el cuerpo, desgraciadamente, somos todos idénticos.

Jon: Pero hay muchas cualidades, muchas formas de vivir…

Joaquina: Si, pero nosotros de eso recogemos lo que nos interesa para cumplir con esa situación que creemos que es diferente a la de los demás. El concepto de especial solo lo puedes reconocer porque estás mirando los cuerpos. Especial no quiere decir que te sientas mejor o peor que otro, aunque mirando los cuerpos suelen aparecer bastantes complejos de inferioridad, la verdad. Es el punto donde más se nota que uno es frágil.

Jon: Pero las emociones también nos hacen diferentes, ¿no?

Joaquina: Ese es el siguiente punto. Y también notamos diferencias en la razón, pero más por la forma de expresarnos que por lo que hay dentro. Caminando un poco más, la mente también parece especial. Cuando finalmente llegamos al espíritu es cuando se puede decir que somos todos iguales. Pero en realidad, todas las dificultades están en el cuerpo y en la emoción. Lo que ocurre es que vemos la forma y no nos quedamos en el mundo de la realidad. Si fueras a la esencia del cuerpo o fueras a lo que realmente eres, te darías cuenta que todo es lo mismo, que todo funciona de la misma manera. Lo único que tienes es la libertad de apropiarte de la diferencia, como una diferencia de participación. Es decir, la única diferencia es la capacidad de participar de ello a tu gusto. No hay diferencia entre un hígado y otro, pero sí existe la capacidad que tienes de tratar a ese hígado de una forma o de otra.

Jon: Los ojos son los ojos, pero nuestra visión la podemos emplear de distintas maneras. Entendido.

Joaquina: Cuando miras la forma, entras en el elemento más doloroso que hay: la comparación. Esa comparación es para sentirte especial, aunque sea en negativo. Es una necesidad constante de estar comparando algo con otro algo. Y si no lo puedo hacer en lo perfecto, lo comparo en lo imperfecto. La disolución de la especialidad consiste en detectar en qué parte te sientes especial. Tienes que analizar en cuál de las cinco partes te sientes especial: Cuerpo, emoción, razón, mente o espíritu.

Jon: Razón, ya te contesto antes de que me preguntes.

Joaquina: Estamos continuamente fuera de nosotros mismos para apreciarnos diferentes, para apreciarnos equivocados, para apreciarnos perdidos, para apreciarnos disconformes. Porque si estuvieras conforme, tendrías tal nivel de paz que pensarías que ya no tienes que vivir. En la pérdida de paz está la vida. Eso es lo más triste. En la pulsión con el amor está la vida, en la pulsión con la enfermedad… vivimos continuamente a través de sentirnos especiales. Cuando no te sientes especial, no tienes la necesidad de vivir, eres vida. Esa es la diferencia entre ser vida y estar viviendo.

Jon: Cuando estoy viviendo siento constantemente que tengo que estar haciendo algo para sentirme vivo. Cuando soy vida, no hago nada para sentirme vivo.

Joaquina: El sol, la luna, el mar… no hacen nada para ponerse ahí. Sin embargo, el ser humano cree que si está en paz, no está vivo. Si el amor está en un estado continuo, en un estado de tranquilidad, pensamos que eso no es amor, que es otra cosa.

Jon: Sí, ahí es cuando necesitamos pulsar para ver si nos quieren, si somos los mejores, los más guapos…

Joaquina: Todo el día con el debe y el haber: “no me hablaste hoy, no me tocaste hoy, ayer no me dijiste…” Tenemos constantemente y numéricamente todo el día una apreciación sobre lo que nos han dado y lo que no nos han dado, lo que tenemos y lo que no tenemos… Eso es lo que se necesita resolver.

Jon: Pero todo esto parece que en realidad está unido al pasado.

Joaquina: Es lo más espantoso de todo. En el pasado están las comparaciones, el dolor, el deseo de ser especial… En el pasado está la miseria del ser humano. Quien vive el presente auténtico, ni tiene comparación porque no hay otra cosa mas que la que hay ahora, ni padece enfermedad, porque está viviendo lo que tiene que vivir ahora mismo.

Jon: ¿Eso quiere decir que no tendría enfermedad, ni desamor, ni pérdida, si me planteo vivir el instante?

Joaquina: En el instante no hay recuerdos, en el instante no hay errores, en el instante no hay alguien que se equivocó y alguien que acertó, o alguien que me hizo y alguien que no me hizo. El deseo de ser especial te contamina de algo tan espantoso como es el miedo a no existir. Crees que si no eres especial, no existes. Si no eres especial, estás metido en la totalidad, y ya no eres Jon, eres el Uno. Somos todos lo mismo. La cascada no dice: “la gota uno”. La cascada es la totalidad de las gotas. Pero la humanidad no es la totalidad de las gotas, sino la diferenciación permanente de las gotas.

Jon: Si. Cuando miras una cascada, te das cuenta de que su belleza está en la suma de todas sus gotas, la luz de esa agua cayendo a la vez, su transparencia continua… Si fuéramos una humanidad en forma de cascada, estaríamos golpeándonos para que vieran las gotas separadas. No nos permitiríamos hacer una cascada de humanidad todos juntos. No hay más que leer el periódico, o ver cómo nos relacionamos con nuestros hermanos.

Joaquina: Sin embargo, estamos todos juntos. Somos una cascada de humanidad toda junta a pesar de estar reivindicando continuamente nuestro espacio. No nos planteamos que tú eres una manifestación de esa cascada que saltas de una manera diferente. Pero sigue siendo la cascada humana. Cuando te mueves en una dirección, la cascada sigue siendo la misma. De la misma manera que las gotas de la cascada no caen todas en el mismo sitio, en una roca, el la arena… pero no dejan de ser cascada. Son la experiencia de la cascada, sin dejar de ser cascada.

Jon: Si, odio que se me meta en la totalidad, que se me considere una parte de una tribu.

Joaquina: Y entonces hacemos tribus diferenciadas. Y lo hacemos por lo mismo: creemos que si formamos parte de la unidad, hemos dejado de existir. Y no hay nada más patético que todos nosotros diciendo que existimos como existimos, todo el día hechos una basura. Y esto se manifiesta con crudeza en la pareja. Recuerda la primera pareja que tuviste.

Jon: Yolanda

Joaquina: Seguro que el primer día caminabais y había 50 o 60 centímetros del suelo por donde no pisabais. Aleteabais y las miradas languidecían entre suspiros. El segundo día bajabais 5 centímetros. A los tres días, uno se da cuenta de que el suelo está demasiado cerca y empiezan los ratos y no ratos de tocar el suelo. Y de pronto viene la gran verdad: “Yo quiero estar contigo, pero que te enteres que no funciona”. “Eres lo más grande que conozco, pero duermes de una manera que no me convence”. “No te has dado cuenta de que no me gusta que me toques ese hombro, que el que me gusta es el otro”. “Ya no me acaricias la espalda como antes”…

Jon: Crónica de una muerte anunciada.

Joaquina: ¿Qué pasó desde el primer día que ibais a 50 centímetros del suelo, de la vida y de la experiencia?. Podíais pasar sin comer y casi sin respirar… ¿Qué ha pasado?. Simplemente que empezasteis a compararos. No ha pasado nada más. La relación sigue siendo extraordinaria, el momento sigue siendo increíble, la persona es la que quieres… Sin embargo, has empezado a darte cuenta de que igual es mejor que tú. Y casi seguro que empiezas a machacar: “Tu no haces lo que hacía mi pareja tal”. Y empiezas a comparar las parejas de atrás… El primer día eran todas horribles, luego empiezas a decir que no te hacen lo que hacía Pepita, o Juanita…

Jon: Nunca he salido con Pepitas ni Juanitas

Joaquina: Ya me entiendes, y tu tono de voz indica cierto grado de touché. Siempre que se rompe una relación es porque hemos empezado a comparar: Lo que teníamos solos, con lo que tenemos acompañado: “Es que me doy cuenta de que tengo una necesidad de espacio”. Esa no la tenías el primer día. Pasa con la pareja y también con el mejor amigo, o la mejor amiga, que tardas dos días en ver los errores que tienen y criticar lo que hacen.

Jon: ¿Y todo pasa por el miedo?

Joaquina: Por el miedo a no ser Dios. No ser Dios en un terreno de dioses, y eso es lo patético. Es patético que queremos ser Dios, y el otro el diablo, o como mucho uno de los ángeles. La primera semana un arcángel, la segunda un ángel, la tercera ya uno que está trabajando para ser ángel; y luego ya el demonio reencarnado. Y a demás piensas que Dios te lo ha puesto cerca para que tú te superes, y es el karma. “No te voy a dejar, porque eres mi karma y contigo voy a aprender”. Y las frases son: “Yo sé que es mío, pero ¿te has dado cuenta de lo que me has hecho?”

 

Jon: Antes has unido la especialidad a la enfermedad, ¿cómo va eso?

 

Joaquina: Las enfermedades son porque ponemos el foco en los distintos campos. Las físicas porque miramos lo físico; las emocionales porque comparamos nuestra capacidad de sentir o conectar; y las enfermedades cognitivas son porque nuestra inteligencia la ponemos constantemente en comparación con los demás. Esas son las tres enfermedades que se manifiestan, sin falta, a partir de los 36 años. Las anteriores enfermedades son de procesos de la vida, pero a partir de los 36 son las enfermedades de las que no vamos a poder eludirnos.

Jon: Entonces compararnos y vivir en el pasado son la causa de estas enfermedades.

Joaquina: No se pueden eludir: la enfermedad de la frustración, la de la decadencia, del envejecimiento… Cualquier tipo de enfermedad tiene que ver con un aprendizaje que no estás haciendo, y no tiene nada que ver con el karma ni con ninguno otra cosa extraña. La causa y el efecto ya se han separado hace muchísimo tiempo. No se trata de que yo he hecho algo y por eso me viene la enfermedad. Eso es causa y efecto, y no existe. Puedes romper rápidamente el efecto, si coges con la mano la causa. No existe el determinismo de la enfermedad, eso ya está roto. No hemos venido a sufrir. Nadie. Sin embargo la repetición continua de aquello que necesitas aprender te lleva, no a la causa y al efecto, sino a una llamada a aprender, que son cosas totalmente diferentes.

Jon: Entonces la enfermedad no es un castigo, sino un aviso de que vaya rápidamente a recomponer lo que no he sabido arreglar.

Joaquina: Como has hecho algo, y has tenido muchos avisos de cómo lo tendrías que resolver, y no lo has resuelto, aparecen esas pequeñas goteras, al principio poco significativas y después mucho. Esas goteras vienen con el dinero, con el sexo, con la casa, con el trabajo, con las relaciones sociales… vienen de 25.000 maneras. Y sólo se rompen cuando rompes el deseo de ser especial.

 

Yo y mi dolor de costilla nos quedamos pensando que estamos juntos para aprender algo.

23 Más allá de mi mismo

Joaquina: La faltad de amor a nosotros mismos es un ejercicio de sometimiento a otra persona, o de búsqueda de otra persona para no enfrentarnos a lo que nosotros podemos hacer en esta vida. El primer paso para el amor es darte cuenta de cuál es la formulación que estás haciendo para la vida. Es imposible que alguien que tiene vida gracias a una madre, que la ha tenido 9 meses en el vientre, que ha participado de su proyecto, que le ha dado una cultura, que ha cuidado su cuerpo… no esté agradecido. Sería interesante tomar una primera decisión: Voy a ir al único lugar del que puedo extraer la sabia de amor personal, y es a aquellos que me han enseñado lo mejor que yo tengo en mi vida: a vivir, a estar… Te han enseñado lo mejor y lo peor, todo.

Jon: ¿Eso quiere decir que los padres son maravillosos?.

Joaquina: No, no quiere decir eso. Quiere decir que dentro de la paternidad y de la maternidad hay una esencia positiva siempre, que nos permite caminar. Tienes que mirar a tu fuente de origen para que te des cuenta de que si la has maltratado, el resultado siempre será falta de amor a ti mismo.

Jon: Honrarás a tu padre y a tu madre.

Joaquina: Si, pero ese mandamiento no tiene nada que ver con tu padre y tu madre, sino contigo mismo: Qué honras de lo que tú te has llevado a tu maleta. Hay un mecanismo, algo que tienes que superar, que todos tenemos que superar, y no es otra cosa que los celos y la envidia. Cuando aparece el mecanismo de los celos en tu vida, empiezas a estropear todos los vínculos. Todos tenemos una ambición, un deseo de ser únicos… pero eso no te puede enturbiar el hecho de que la persona te ame, te quiera, te de todo lo que te da…

Jon: Y esto ¿cómo se une con la felicidad?.

Joaquina: Padre en positivo + Madre en positivo + Entorno Cercano en positivo + Entorno Lejano en positivo = Felicidad. Pero para poder simplemente llegar a vislumbrarla, hay que tener los dos primeros sumandos: Padre en positivo + Madre en positivo.

Jon: Entonces la felicidad depende del amor a mi mismo + el amor a otro + el amor incondicional.

Joaquina: Esa es la felicidad con mayúsculas, la que no se va. Qué es más fácil: ¿pensar bien o pensar mal?.

Jon: “Piensa mal y acertarás”, así que eso debe ser lo más fácil.

Joaquina: Eso significa que estás fuera de tu realidad espiritual. Como ser espiritual, lo único que tienes capacidad de pensar es bien. Todo lo demás es una patraña. Tu espíritu jamás piensa mal, no tiene la capacidad. Quien piensa mal no es tu espíritu, sino tu experiencia breve y obtusa del ego. Así que si piensas que no puedes amarte a ti mismo o a los demás, estás tremendamente equivocado. El espíritu está en estado perfecto. Todo lo demás, es mentira.

Jon: Entonces me ahorro la toma de decisión y esas cosas… ¿Cómo lo puedo llegar a disfrutar?

Joaquina: El ego te hace pensar que el otro es diferente, que nos hace pensar que no nos han querido… Tu conciencia práctica es la que enreda de esta manera.

Jon: Entonces se trata de hacer callar al ego.

Joaquina: No se trata de hacer callar al ego, sino de conectar con tu espíritu, con tu mente. Cada vez que pienses que tu hermano es más importante que tú, dile a tu ego: “qué buena esta fabricación para no hacer nada en la vida”.

Jon: Entonces, es todo una fabulación. Soy yo el que quiero pensar que mi madre no me amó, que los demás son malos, que estoy en un universo donde todo el mundo me puede castigar.

Joaquina: Solo tienes que entender que eso es puro, puro ego. Y es la diferencia entre ser personas consecuentes o inconsecuentes.

Jon: Como el ego no puede desaparecer, ¿cómo voy a ir trabajando a mi favor y no a favor del ego?

Joaquina: Mira a tu padre y a tu madre en lo que necesitas. Lo que no necesitas es suyo. Mira a las personas en lo que necesitas, lo demás es suyo, en lo que es bueno para los dos. El ejercicio que tienes que hacer es ver qué no quieres aprender de los demás. Lo que tienes es un bloqueo absoluto a aprender algo que te deja en evidencia. Eso se nota mucho si criticas. La crítica a los demás es no querer aprender algo que te deja en evidencia. Tienes que encontrar esa cosa, que si te abres a aprender de los demás, la sensación es que lo tuyo no funciona.

Jon: Creo que es la capacidad de relacionarme socialmente. Mi hermano la tiene y yo no. Es simpático, conecta con todo el mundo…

Joaquina: Me dijiste el otro día que lo que tienes de tu padre es la inteligencia. ¿Qué te está quitando esa inteligencia?: Encanto, alegría, empatía. Pusiste el foco en ser inteligente y has perdido la cualidad de la conexión y de la sociabilidad. Eso te ha llevado a pensar…

Jon: Que las personas que sociabilizan y son divertidas son banales y poco inteligentes.

Joaquina: Te has tirado toda tu infancia pensando que tu hermano era poco inteligente, y que la inteligencia estaba solo concebida para tu cerebro tan especial y tan único. ¿Cuál es a la gente que más criticas?.

Jon: A las personas que considero superficiales.

Joaquina: Lo que te pasa es que no quieres abrir el corazón a que no eres perfecto. Tu ego te dice que eres perfecto y los demás no. Es una forma que tienes de salir a la sociedad amándote a ti mismo pero no sabiendo integrarte con los demás. Tarde o temprano culparás a los demás de muchas cosas y perderás la cualidad de aprender lo que te falta. El ego te dice que no tienes nada que aprender de los demás. Eres una persona capaz de amarte a ti misma denostando lo que te rodea, porque has puesto como parámetro que la inteligencia y tu familia son los perfectos.

Jon: Entonces tengo totalmente dañada la parte psíquica de mi persona.

Joaquina: Cuando has ido creciendo en tu autoestima y has ido teniendo dificultades, no has flagelado tu autoestima, sino que has pensado que los demás son malos. En algún momento aprenderás que no puedes culpar a todo el mundo eximiéndote tú. Es el problema por tener únicamente a un padre como referencia y entonces el amor a ti mismo no está y lo buscas fuera. Tienes que aprender que necesitas ser más completo y crecer en tu inteligencia emocional.

Jon: Voy a hacer todos los días un 1% de aceptación a las personas que sonríen, que conectan y sociabilizan.

Joaquina: Genial, porque si no haces eso, tarde o temprano dejarás de ser feliz, y además harás muy desgraciadas a las personas que son muy superficiales para ti, ya que hay una exigencia de inteligencia que no es la que la persona tiene.

Jon: ¿Qué pasa en el caso de que una persona no se sienta reconocida ni aceptada por ninguno de los dos padres?

Joaquina: Serían personas que no tienen autoestima y además no aceptan a nadie. Pero en realidad no es posible que eso se produzca. No existe la posibilidad de que un padre no tenga un sentimiento hacia su hijo. Aunque sea un padre negado a la paternidad. Si tu miras a tu hija, en el momento que te ves a ti en ella, se produce esa sensación. Voy a suponer que la madre de esa hija es divertida, superficial y social.

Jon: Que lo es.

Joaquina: Pues si la hija ha salido como tú, la adorarás, y si ha salido como ella, la adorará ella. No existe la posibilidad de que no salga como alguno de los dos. Dios ha creado un mundo perfecto y hacemos las relaciones por complemento. Hemos elegido un mundo perfecto, la dificultad está en que no lo vemos. Todo lo que hay enfrente es una manifestación de nuestra realidad, de nuestra personalidad. Y esa realidad está ahí. Tu percepción es tu exigencia para tu desarrollo personal. Tu desarrollo es entender que la felicidad está en saber reír, no en saber matemáticas. Las matemáticas te pueden dar un punto de fuerza, pero la capacidad de disfrutar de la vida no está en saber grandes cosas de matemáticas, es poder mirar tiernamente los ojos de una persona y encontrarte reflejado en ella. Es ver a alguien y sentir que todo tu ser se manifiesta en ese ser. Esa es la felicidad, lo otro es simplemente una patraña. Te puedes sentir muy feliz con matemáticas, literatura y mecánica cuántica… seguro. Pero al final, más allá del cuerpo físico, está un cuerpo emotivo que es químico y que hay una necesidad de cubrir. Está todo tan complejamente realizado que no hay ninguna posibilidad de que ningún ser se abstraiga de los cinco cuerpos. La química de nuestro cuerpo nos hace movernos por dentro. Puedes pararlo un tiempo. Pero tarde o temprano te acercarás a alguien con la necesidad de que esa química, que esa dopamina juegue un baile. Y ese baile te va a llevar a algún sitio que se llama más allá de ti mismo. Y eso no son matemáticas, eso es amor. Eso es vida. Tienes un cuerpo espiritual que necesita trascender la materia, un cuerpo mental que necesita expresarse en libertad y tomar decisiones, un cuerpo racional que te permite diferenciar un pensamiento de otro, un cuerpo emocional que necesita amor. Eres, somos, una esencia completa, y lo inteligente, lo sabio es reconocer que Dios ha hecho un mundo perfecto. Eres una manifestación de esa perfección y quedarte con un trozo y abstraerte del resto, es inútil. Tarde o temprano todos llegaremos al mismo sitio, a darnos cuenta de que el ego es una falacia.

Jon: Mi decisión hoy es trabajar la autodeterminación, la autoestima, mi concepto de mi mismo para amarme, y abrir mi corazón para aceptar la diversidad. No hay ninguna posibilidad de que nuestros padres no nos hayan amado con toda la fuerza de sus corazones. Mi percepción lo contamina. Es mi ego el que juega con la percepción maquiavélica que tengo de mis padres.

22 Autoestima y aceptación

Jon: ¿Cómo puedo aceptar mi personalidad tal como es?.

Joaquina: Cuando tienes un padre y una madre delante y no sientes que son tus padres, si no que sientes que son un padre y una madre que tienen un hijo cerca, tardarás pocos minutos en darte cuenta de que la madre o el padre acepta a aquél que se parece a él, y al otro pude tenerle una pequeña inquina.

Jon: Esto nos muestra la dificultad para aceptar la diversidad.

Joaquina: Nos hemos casado con una persona, que la queríamos, y de ahí sale un ser: un hijo. Y ese hijo manifiesta la mayor diversidad. Ya antes de crecer ha adquirido particularidades en su forma de expresarse, el sueño, la vida, la comida… Entonces escuchas a un padre o a una madre decir: “Es que eres igual que el otro”. Y sobre todo cuando hace algo mal: “Tu hijo ha suspendido”. Ahí te das cuenta de la falta de aceptación de la diversidad.

Jon: Claro, y cuando se tienen varios hermanos, alguno ha tenido la suerte de sentirse aceptado, por al menos uno de los padres.

Joaquina: Pero somos muy egoístas. Yo tengo clarísimo que mi padre me ha aceptado, pero quiero que me acepten los dos igual. De 12 a 24 años, todos los mecanismos de defensa emocional tienen como resorte el no haberse sentido aceptados.

Jon: ¿Es en esa edad cuando nos sentimos rechazados?

Joaquina: Puedes haberte sentido rechazado mucho antes, sobre todo de 4 a 8 años. Pero de 12 a 24 años, nuestra juventud puede haber sido muy dolorosa en relación con nuestros padres. Todo el poso de palabras en las que nos han dicho que no éramos adecuados para uno, es lo que ha hecho que en este tiempo salgamos al mundo y a las relaciones muy mermados en nuestro potencial.

Jon: Me decías el otro día que para llegar al amor a uno mismo era fundamental tener integrados al padre y a la madre. ¿Lo que estás haciendo ahora es ver dónde rompo el camino para llegar a la integración?.

Joaquina: Si no tienes autoestima y no tienes autoaceptación, el problema está en papá y mamá. Y las dos cosas vienen en la maleta, es decir, la autoestima y la autoaceptación son los dos primeros pasos para poder llegar a ser felices, y ya los traes de serie porque tienes un padre y una madre. La autoestima es la conexión con tu mundo interior, y la aceptación es tu conexión con tu mundo más cercano. Para trabajarlo: ¿Cuál sería tu propósito?.

Jon: Para trabajarlo… Amarme a mi mismo.

Joaquina: Te has dado cuenta de que tienes una debilidad en el amor a ti mismo. El reino que está dañado en la falta de amor a ti mismo es el familiar. El de origen. Ahí tienes que encontrar dos cosas importantes: por un lado tu grado de autoestima y por otro la aceptación que tenías de ti mismo para salir fuera. Lo primero es aceptarte para el reto de salir fuera. ¿Tuviste o tienes dificultades para salir de tu entorno más cercano?.

Jon: Si.

Joaquina: Eso habla de que, de alguna manera, la autoestima está fragilizada. Hay algo que tienes que resolver en ese momento familiar. Qué pasó ahí que no has sido capaz de adquirir el valor más grande. Es inviable que una persona sea tan poco práctica como para tener en su casa resortes y no utilizarlos. Es decir, te dan una familia para que puedas avanzar, para que puedas estar seguro, para que hagas el camino. Si dentro de tu familia, dentro de tu entorno, no estás encontrando la parte de poder caminar, quiere decir que no tienes la parte práctica. Porque esos resortes no los vas a encontrar en la familia del vecino. Seguro que es una familia maravillosa pero sus formas de concebir las cosas no son las tuyas, y no te aportará valor desde tu autoestima. Estar carente de autoestima es estar carente de realidad.

Jon: Si, la sensación es de que a la maleta con la que he venido le faltan cosas. Quiero otra.

Joaquina: Eso es una brutalidad. Tienes una hija, ¿piensas que no eres válido para ella?.

Jon: Creo que si lo soy. Aunque si le preguntaras a ella, no se lo que respondería.

Joaquina: Si como padre piensas que eres perfecto, y lo has hecho perfecto, tienes que tener en cuenta que tus padres han pensado lo mismo, y tus abuelos han pensado lo mismo y así sucesivamente. Todos pensamos que somos los mejores padres y que los equivocados son los hijos. Los patrones de autoestima de un niño se fijan de 0 a 12 meses: cómo crees en ellos para dormir, cómo crees en ellos para comer, para crecer… Esos son los primeros patrones, después se extienden de 0 a 12 años, y normalmente a esa edad no hay padre ni madre que piense que se está equivocando. ¿Qué parte positiva tienes de tu padre integrada en ti?

Jon: La inteligencia

Joaquina: ¿La inteligencia de tu padre te hace que te ames a ti mismo?

Jon: Si

Joaquina: ¿Qué parte positiva de tu madre tienes integrada en ti?

Jon: La creatividad

Joaquina: ¿La creatividad te hace amarte a ti mismo? Si no es así, busca otra cosa

Jon: Si, la creatividad vale.

Joaquina: Esos valores no los pierdes, los tienes siempre dentro. Entonces, si lo que quieres es amarte a ti mismo y tienes esos dos valores, y ahora no te amas, eso quiere decir que esos valores no están siendo operativos. Esta es la pregunta clave: ¿Cuál de los dos valores te ha favorecido tu autoestima?

Jon: La inteligencia

Joaquina: Acuérdate de tu infancia: ¿Cuál de los dos padres te provocaba autoestima?

Jon: Mi padre

Joaquina: ¿Cuál de los dos te aceptaba incondicionalmente?

Jon: Creo que ninguno

Joaquina: ¿Hay algún hermano que haya tenido la autoestima y la aceptación de alguno de tus padres?

Jon: Si, mi hermano mayor

Joaquina: Es inviable que, si has tenido únicamente la autoestima de tu padre y no has sentido la aceptación de ninguno de los dos, no estés necesitando la aceptación del otro lado. Cuando te encuentras de esta manera, eres una persona que buscará el amor siempre fuera. Es decir, vas a buscar que te quieran desde fuera, y desde ahí entrará el amor a ti mismo.

Jon: Si te he entendido bien, como he sentido la autoestima de uno de mis padres, pero la aceptación he visto que no me la han dado a mi sino a uno de mis hermanos, estaré buscando siempre el amor fuera.

Joaquina: Si, y te pasaría lo mismo si fuera uno solo de los padres el que te ha dado la autoestima y la aceptación, pero no lo has sentido del otro. Mientras no te des cuenta de este juego, es inviable que encuentres el amor a ti mismo. Lo que te tienes que dar cuenta es de que has puesto a tu hermano entre tu madre y tú. Si no estuviera tu hermano habrías encontrado aceptación y autoestima en tu madre. Desde que naces, como tienes un hermano mayor, este te impide ser el favorito de los dos, que es lo que en realidad te habría gustado. Si no eres capaz de entender que en una familia tú tienes todo lo que necesitas de tu padre, tu hermano pueda tener lo mismo de tu madre. El problema es que no sabes compartir.

Jon: Entonces, ¿Va a depender mi autoestima de que aprenda a compartir?

Joaquina: Esa sería la clave de tu autoestima. Necesitas, y necesitamos todos, sentir la aceptación y la autoestima en los dos padres. Si el problema esta en la autoestima no nos amaremos a nosotros mismos; si el problema está en la aceptación, no aceptaremos la diversidad. Si no hay ese sentimiento de los dos padres, cuando sales al mundo no te amas a ti mismo.

Jon: No deja de ser mi mirada y mi percepción del pasado. ¿Cómo lo puedo arreglar?

Joaquina: Has utilizado la palabra perfecta: percepción. Todo esto es irreal, es tu fabricación y depende de tu ambición. Si por el motivo que sea tú rechazabas a tu madre, la capacidad de percibir su aceptación era muy difícil. No tenías la capacidad de quererles a los dos, elegiste a uno y perdiste la capacidad de mirar al otro. Todos los problemas que tenemos de amor a nosotros mismos es una mirada sesgada a nuestro pasado. Pero el primer camino para llegar a ser felices es el autoamor, el segundo la autoaceptación y el tercero el amor infinito. ¿Tienes preferencias sobre tus padres, sobre tus hermanos?

Jon: Si, claro.

Joaquina: Si no les das a tus padres la grandeza de ser personas y poder ver las cosas desde sus ojos, de tal manera que amen a todos sus hijos aunque, igual que tu, tengan preferencia por alguno. Si no le das la grandeza de ser humano a tus padres, no se la darás a nadie. No hay ninguna posibilidad de avanzar en tu vida si tu conciencia práctica no está incorporada a tu sistema. Y esa conciencia práctica te dice que el amor a ti mismo es el primer peldaño para caminar a cualquier sitio. Si crees que puedes amar a alguien más que a ti, estás cometiendo un error. Puedes creerlo, pero ni a los hijos se les ama más que a uno mismo. Hay una entrega superior, hay un darse, pero el amor solo puede nacer de lo que más conoces, y lo que más conoces en la vida es a ti mismo.

Jon: ¿Qué tengo que hacer?

Joaquina: Lo primero es darte cuenta de que has colocado un virus y debes centrarte en ver la autoestima y la aceptación del padre del que no lo viste. En tu caso, de tu madre. Verlo en elementos totalmente tangibles, en actuaciones reales. Porque si vas hacia atrás verás actuaciones de amor infinito de tu madre hacia ti. Has puesto tus ojos en el no, no, no, en vez de ponerlos en el si. Haz una reflexión sobre todo lo que te ha dado tu madre y todo lo que ha visto en ti.

Jon: Muchas cosas si, me llevaba al colegio, se preocupaba por mi delgadez haciéndome comidas ricas, dándome vitaminas, cuidándome las heridas del fútbol… Muchas cosas, si.

Joaquina: Y ¿Qué te hace mejor, tus percepciones o quedarte con lo que has vivido y aprovecharlo?

Jon: Gracias

21 La felicidad a través de la toma de decisiones

Jon: ¿Cómo puedo llegar a una toma de decisión que esté respetando el amor a uno mismo?.

Joaquina: Tú y todos hemos nacido de hombre y mujer, así que somos la suma de algo hermoso que propició nuestra realidad corporal. Y eso hermoso está ahí, e iremos absorbiendo de las dos partes, de tal manera que hemos cargado las pilas y la vida en la intersección de esos dos seres. Solo podemos llegar a tener sentido cuando realmente salimos de ahí con un profundo amor a nosotros mismos, y desde ahí hacemos la experiencia personal. Para ello tienes que tener un objetivo personal. Es imposible que hagas este ejercicio de salir, de ir a otro lugar si no tienes esa experiencia que se llama propósito. Ese propósito va a marcar el camino.

Jon: ¿Ese propósito está antes de la materialización de nuestra personalidad?

Joaquina: Así es, cuando estás mirando a tu padre y a tu madre ya tienes un propósito, que es precisamente lo que te hace mirarlos a ellos de una manera diferente. La visión personal de tus padres es lo que marca hacia dónde vas o no. Y es una visión personal. Tus hermanos, estoy segura de que tienen una visión muy distinta de vuestros padres.

Jon: Si, muy distinta. Cuando tenemos alguna cena y hablamos de nuestros padres, y sobre todo de nuestro padre, las visiones son radicalmente opuestas.

Joaquina: Tu visión y tu percepción está totalmente ligada a tu propósito vital, y no hay posibilidad de que no sea así. Sin embargo, como te cuesta, darte cuenta de que esa percepción de los padres es tuya , y no de nadie más, lo que empiezas es a no tener visión y empezar a pensar que esas dos personas tienen la culpa de algo. De tal manera que no estás entonces en el espacio de intersección de los dos. Te sitúas entonces en su vida, no en la tuya. Así que la primera decisión es reconocer que tienes un propósito, y una visión sesgada o no de la realidad, y a partir de ahí sales para hacer tu experiencia personal. Si no estás conectado con tu propósito, lo que debes tener claro es que hay algo en relación con tus padres que todavía no está resuelto. Y no se resuelve, por una falta de amor a ti mismo.

Jon: Joaquina, a veces haces unas conexiones que me parecen doble salto mortal con tirabuzón, pero tienen su lógica.

Joaquina: No es que no se resuelva por una falta de amor a tus padres, ni de lejos, es una falta de amor total a ti mismo. Porque cuando te amas eres incapaz de ver el mal, incapaz de ver la falta de bondad, la crisis como un problema… Lo ves todo como una posible solución. El amor a ti mismo te hace poner los ojos en un lugar diferente.

Jon: Si, pero la situación está ahí.

Joaquina: Claro que está, pero la puedes mirar desde el derrotismo, o mirarla desde: yo tengo la capacidad de encontrar la solución a mi vida, desde mis valores, desde mis posibilidades, y desde donde yo puedo llegar.

Jon: Y, ¿respecto a la toma de decisiones?

Joaquina: La primera toma de decisión que tienes que hacer hoy es obedecer a tu “Yo”. El hombre y la mujer de los que has nacido, marcan la primera etapa de tu camino y de tu propósito.

Jon: ¿Cómo notas que los padres están vinculados a tu propósito?

Joaquina: Todos tenemos un camino, y el primer camino es con nuestra familia. Hasta que el camino de la familia no está plenamente limpio y positivo, no pasamos al segundo camino. Este segundo camino es el entorno cercano, que también tiene que ser positivo, porque tu entorno más cercano está contaminado en tu mirada por la familia. Cuando sales de tu familia y te vas un poco más allá, lo que vas buscando es que, o no se parezca en nada a mi familia, o que se parezca mucho. En el primer paso, tu padre y tu madre tienen que llenar tu maleta de amor. El entorno cercano lo que te hace es amar la diversidad. El entorno lejano, en positivo, es el que te hace realmente amar de forma incondicional, porque has conseguido introducir todos los elementos.

Jon: Pero este es un camino, ¿y el propósito?

Joaquina: El propósito es que todo lo que está pasando en el entorno, sea aprovechable por ti. La mayoría de nosotros condicionamos nuestras relaciones debido a esa no limpieza de la familia. Y la familia solo estará “limpia” cuando encuentres eso positivo de tu padre y eso positivo de tu madre y formes con ambas cosas una partícula con la que te amarás a ti mismo. Una vez encontrada, sales al entorno próximo pensando que esa es la forma de ver el mundo, a través de lo que eres. Y a lo mejor, eso te lleva a pensar que lo que no sea así no es válido. Si has sumado la inteligencia de tu padre con la creatividad de tu madre puedes entrar en la tentación de descalificar todo aquello que no sea inteligente o creativo. Y lo que suele ocurrir es que tus parejas serán todo lo contrario a lo que tu eres, tendrán otros valores y otras cosas, pero no las tuyas. De tal manera que al final lo que consigues es afianzarte mucho más en que lo tuyo es perfecto. Solo puedes crecer al salir fuera y tomar la decisión de que tu mundo ya lo has explorado, y ya lo has arreglado, y entonces te abres a la diversidad.

Jon: El amor a nosotros mismos desde este lugar de conocer lo nuestro y no conocer nada más, me ayuda mucho a sentirme satisfecho y a tener autoestima. Es decir, a saber quién soy.

Joaquina: Así es, pero si crees que tu autoestima está por encima de la autoestima de los demás, empezarás a perder la aceptación. Con el amor a ti mismo aportas valor a la sociedad, pero con la aceptación aportas a la sociedad lo más hermoso que existe: la empatía. Y sobre todo el concepto de que dos son más que uno.

Jon: La realidad suele ser que no acabamos de ver a uno de los padres, no nos amamos a nosotros mismos, y cuando salimos, atacamos a unos porque no son como nosotros.

Joaquina: Puedes encontrarte con personas que no se aceptan a sí mismas porque han vinculado bien las relaciones familiares. Pero hay personas que han hecho un gran trabajo con sus padres, y lo han hecho tan lindo y tan bien, que cuando salen al mundo creen que esa es la realidad única. No todas las personas que salen al mundo, con cierto estado de exigencia, son personas que ellas, en si mismas, están mal. Lo que si sucede es que cuando empiezan a tener ese nivel de exigencia es cuando empiezan a tener dificultades.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque empiezan a culpabilizar a sus parejas, y al hacerlo hay un retorno hacia atrás, hacia sus padres, hacia ver lo negativo de sus padres. Ese es el juego en el que no tendrías que entrar.

Imagínate un cuerpo sano, vivo, que sale de tu alma. Y sale a compartir fuera. Y que sale sano, queriendo estar con los demás. Independientemente de que seas una persona muy proactiva hacia el negocio, hacia el dinero, hacia las relaciones, hacia el aprender… la vida es una suma de todas esas cosas. El concepto de trascendencia es trascender aquello que no te permite hacer todo lo que tu necesitas hacer para tener todo el éxito que te mereces. Es la parte espiritual de tu ser la que te permite trascender: ir más allá de donde estás.

Jon: ¿Ir más allá para encontrar el sentido transcendente y el propósito de nuestra vida?

Joaquina: Si, y el propósito de tu vida se centra en un amor infinito a ti mismo, y el amor infinito a los demás. No hay otro propósito. Si eres capaz de amarte a ti mismo y amar a los demás, serás capaz de hacer un gran trabajo en esta tierra.

Es el cuerpo físico el que necesita cosas tangibles, y lo tangible en La Tierra siempre es ambición: quiero tener y quiero poseer. Pero la posesión, en si misma, no tiene mucha satisfacción si no la sentimos, si no la pensamos, si no la expresamos mas allá de nuestras fronteras. Hay que trabajar los cinco cuerpos: físico, emocional, racional, mental y espiritual, para realmente retomar el contacto sobre lo que queremos hacer en esta vida.

Jon: ¿Cómo puedo empezar a trabajarlos?

Joaquina: El primer paso es detectar en qué cuerpo estás parado. Como pista te diré que casi siempre el freno está en dos: el cuerpo físico y el cuerpo emocional. El cuerpo físico es donde fijas los valores, y en el cuerpo emocional las creencias. El cuerpo físico está con nosotros durante todos los años de nuestra vida hasta los 12 años. Los niños, hasta esta edad no son capaces de desprenderse de su cuerpo físico, entendiéndolo como la realidad, y lo demás no existe. De 12 a 24 años, el cuerpo emocional. En esta edad tenemos una explosión emocional y ahí te posicionas. De 0 a 12 años eres muy sensible al padre que crees te ha quitado la autoestima. Y de 12 a 24 somos muy sensibles al padre que crees que no te ha aceptado como eres. Piensa cuál de tus dos padres te ha confrontado con la autoestima. Cuál de tus dos padres te ha hecho tomar conciencia de tu fragilidad en la autoestima. Por ejemplo, un padre que no acepta que seas mujer u hombre, que no acepta que seas débil, o poco inteligente, o simplemente que no tienes el intelecto a su nivel… Y haya pensado: “tu no puedes, tu no has venido con toda la maleta preparada para este viaje”. Y te lo hayas creído. No importa cómo estés ahora, vete a ese momento donde te has dado cuenta de que tu autoestima ha estado flagelada por una comparación que has perdido con esa persona que te ha puesto en situación: “Tu no vales para este mundo, no tienes poder, no has traído un cuerpo preparado para ello.” Este daño te lo ha hecho alguien que te ha protegido demasiado o que te ha exigido demasiado. Eso ha hecho que no tengas la autoestima donde la podrías tener.

Jon: Entonces esta percepción permanece, nos afecta a la toma de decisión y sigue dañando nuestro sistema de felicidad, mermando la felicidad.

Joaquina: Todos los procesos de autoestima nos quitan tres cosas importantes: El dinero, la autoridad y la libertad sexual. Tres elementos híper importantes para ser felices. Tu cuerpo es un cuerpo físico, humano, que está hecho para expandir totalmente tus sentidos, y vivirlos con total libertad. Sexualidad no me refiero a acostarte con nadie, sino libertad sexual, que tu cuerpo se mueva libremente, que no esté parado, que cuando te miran no sientas que te hacen daño… un cuerpo ajeno a la crítica. Si ahora te desnudas y piensas que algo de tu cuerpo no está bien y eso te merma tu libertad física, tu capacidad de expresarte, estás perdiendo poder económico. Estás perdiendo poder personal. Estás perdiendo autoridad. Estás perdiendo éxito. Estás perdiendo de aportar valor.

Todo lo que te he dicho hasta ahora está en tu maleta, y por ello lo puedes cambiar, y me gustaría que lo quisieras cambiar. Pero antes hay que verlo, sin juzgar y sin atacar. Simplemente mira cómo está tu mochila de amor personal. Cómo está tu mochila de quién eres en este mundo. ¿Qué está pasando en esta esfera tan importante de tu vida?

20 La aportación de valor como “Ser”

Joaquina: Tienes que encontrar esa cualidad que no cambia ante ningún ejercicio de tu vida, una cualidad que no cambia estés con quien estés. Eso es ser. Esa es la cualidad que no pones en duda. Esa es la cualidad desde la que puedes aportar valor. Esa cualidad debe fluir, independientemente de quién está en frente. Lo que eres es lo que te convierte en todo lo que quieres. No hay que hacer nada más.

Jon: Entonces la diferencia entre tener y ser…

Joaquina: Tu eres alto. Tienes el concepto de altura dentro de tu mente y tienes la altura que quieres tener. Por ello te paseas con el concepto de “ser alto”, no de tener altura. ¿Ves la diferencia?. Si te comparas, tendrás altura. Si “eres”, serás alto. Esa es la diferencia. Para que seas y para que aportes valor, la única cosa que tienes que quitar es la comparación. Es el juicio de valor sobre lo que realmente eres. Si “eres”, no tienes que compararte con lo que tiene otro, ni tienes que medirte con lo que es otro. Lo que eres no exige ninguna medición.

Jon: En la medida que no tenemos el concepto de aportar valor y de que somos nosotros los únicos que aportamos el valor, ¿entramos en la carencia?

Joaquina: Claro, porque es imposible que tú puedas aportar todo lo que el mundo necesita. Estás en una cadena de la unidad. Dentro de la cascada de agua, eres una gota. Formas parte de la cascada, pero no eres la cascada. Eres la unidad del agua, pero tu gota no es la cascada completa. Eres, y cuando eres, se produce de una manera automática la autoaceptación.

Jon: ¿De una manera natural?

Joaquina: Si, porque no estás mirando lo que no eres. Si cuando saco a alguien como ejemplo en algún curso, y menciono el nombre, y la persona se revuelve mientras se pone de pie para subir al estrado conmigo, eso quiere decir que no está conectando con su “ser”. Está conectando con el juicio y la crítica del resto de los asistentes, o la autocrítica… Yo no saco a las personas para que sean diferentes a quienes son. Si la persona sale, subirá al estrado y dará lo que ella es, y no lo que nadie está esperando.

Jon: La persona, entonces, debería preguntarse: ¿qué aportación hago ahora mismo al grupo?, y olvidarse del resto.

Joaquina: Así es, y la persona que está sentada y juzga, se siente excluida de la unidad. En realidad no podemos estar excluidos de la unidad, pero sí lo podemos sentirlo. Lo que suele pasar es que las personas estamos fuera de nosotros mismos. Imagínate que el sol se levanta por la mañana y piense: “bueno, como hay tres personas que están enfadadas conmigo, hoy no voy a salir. Hay tres que si toman el sol se ponen muy rojas, y cuatro muy preocupadas por lo que va a pasar, así que mejor no salgo”. En vez de eso, ¿qué hace el sol?

Jon: Ser él, salir y aportar valor, independientemente de lo que pase fuera de él.

Joaquina: Su aportación de valor es la luz y el calor, y no se lo cuestiona. Ningún ser de la naturaleza se cuestiona quién es, solamente el hombre.

Jon: Y se supone que estamos arriba en la cadena de la creación

Joaquina: Mira dentro de ti y buscas tu aportación de valor, la cadena de valor dentro de la cascada. La gota que cae en el oeste no es lo mismo que la gota que cae en el este. Sigue siendo una gota, pero el sol y el aire le dan de otra manera y cuando cae al suelo se ha llenado de formas diferente, y de sustancias diferentes. Si cae en un trozo de barro es distinto a si cae en una roca, o en una planta… Pero sigue siendo la gota, y sigue volviendo a la cadena de transformación. ¿Cuál es tu aportación de valor?

Jon: La creatividad conceptual

Joaquina: La aportación de valor no es que midas tu creatividad conceptual contra nadie, sino que tu aportación de valor es la creatividad conceptual, y notarás como crece y se construye cada día mas, porque tu propio sistema va mirando la creatividad conceptual que tú aportas a la cadena de valor. Eres la gota que tiene la creatividad conceptual. No te compares con otra persona, pues entonces no estarás en la cadena de valor. ¿Aceptas plenamente tu creatividad conceptual y la disfrutas? ¿o te tiras todo el día pensando lo que te gustaría que los demás vieran de ti?

Jon: Si, la disfruto, pero también me gusta que los demás la vean.

Joaquina: Cuando piensas lo que te gustaría que los demás vieran de ti, ¿qué sucede con tu autoaceptación?

Jon: Que la estoy poniendo en manos de los demás

Joaquina: ¿Qué crees que puedes hacer para que te quedes en la aportación de valor y que penetres en la autoaceptación?

Jon: …..

Joaquina: La autoaceptación se mide por la autenticidad. Un Yo auténtico. Si estás en tu aportación de valor de verdad, rápidamente se produce un movimiento hacia ello. Primero hay que ver que te hace olvidarte de quién eres en aras de conseguir que los demás vean algo en ti, entrando en el deseo en vez de en la vivencia. Cuando deseas que los demás te acepten o te reconozcan, ya no estás en la autoaceptación, estás en la aceptación del otro. Para que seas tu “Yo” tienes que estar en la aportación de valor, sentir la autenticidad, y conocerte a través de la experiencia amorosa de quién eres.

Jon: ¿Experiencia amorosa?.

Joaquina: Si, esa experiencia amorosa de quién eres es la que te permite conocerte, experimentarte, disfrutarte y llegar hasta donde quieras. Pero debes mostrarte como eres.

Jon: ¿Y si hay algo de mi que no me gusta?.

Joaquina: ¿Y si tuvieras un Yo constituido, tan potente, con tanta aportación de valor, tan auténtico, y tan conociendo su propio amor, que lo que piensen los demás no tocara nada de ti, sino que sumara?. ¿Por qué no pensar quién eres tu, y lo que piensen los demás no importa?.

Jon: A veces, mi deseo de que la aceptación venga de fuera, me hace perder la identidad de dentro.

Joaquina: ¿Qué parte de ti está más indefensa ante la crítica de los demás?: tu cuerpo, tu emoción, tus conocimientos, tu toma de decisiones, tu espíritu… ¿Qué parte de ti, cuando los otros la miran y te dicen algo de ella, queda muchísimo más débil?

Jon: Las emociones.

Joaquina: Esa es la parte que no aceptas y es la parte que te quita de la aportación de valor, y que no te permite gestionar el conocimiento de ti mismo, para llegar a amarte plenamente. Jon, ¿para qué quieres tu creatividad conceptual si no es para entregársela a las personas?. Y ¿cómo lo vas a hacer si no las amas?. Y ¿cómo las vas a amar si no sacas a la luz tu mundo emocional?. Piensa en un niño que tengas cerca: sobrino, primo, hijo de algún amigo… Un niño entre 4 y 8 años. Piensa que la autenticidad de ese niño va a depender de que veas lo que es, y no lo que tu quieres que sea. Esa es la primera condición para saber que vas a cambiar el mundo. Que el niño, los niños, no sean cercenados por lo que los adultos buscamos que sean, y les permitamos ser lo que ellos son. Si pudieras ver la aportación de valor de cualquier niño que está cerca de ti, sería imposible que este mundo no fuera mejor. Lo que veo todos los días es madres, padres, profesores… que lo que buscan es que los niños sean lo que ellos quieren que sean.

Jon: Pero, todos hemos pasado por eso mismo.

Joaquina: Todos hemos sido manipulados por las intereses de nuestros padres, maestros… Todos aquellos que creían saber lo que necesitábamos, y nuestra autenticidad se ha perdido en algún lugar del mundo. ¿Dónde hemos dejado el mensaje de amor a nosotros mismos?. ¿Dónde hemos dejado la experiencia?. ¿Dónde hemos dejado el amor infinito a lo que somos?. Cada día en la consulta veo una 15 personas y todas huyen de saber qué les pasa. Si no quieres saber quién eres y lo que te pasa, ¿qué vas a poder cambiar?. ¿Qué vas a poder transformar de tu interior?. En vez de levantarte por la mañana pensando qué quiere el otro de ti, es mucho mejor pensar cómo es el otro e intentar darle aquello que puedas compartir, porque se va a producir una química maravillosa.

Jon: ¿Existen enemigos en este proceso?

Joaquina: El primer enemigo eres tu mismo. Y existe otro enemigo que está ahí, que quiere juzgarnos, que no quiere que seamos quienes somos. La diferencia está que el enemigo de fuera es una oportunidad de cambio. Es una persona a la que quieres incluir. Si alguien te critica, es el momento de darte cuenta de que en la diversidad, en los ojos, está una forma diferente de verlo. Entonces saldrás a la calle y dirás: “Yo soy creatividad conceptual, para mi”. A partir de ahí se convierte en algo tan sublime que la mirada de los otros solo te puede reforzar. No te puedes permitir creer que el enemigo es alguien que te quiere hacer daño. El enemigo es alguien que alimenta tu cambio. Que tiene una percepción de ti, que tú consideras enemistosa, pero no por ello lo es.

Jon: Y, ¿qué ocurre cuando una persona te dice: “¿Qué te pasa que no estás funcionando?”

Joaquina: Si lo dice mal es su problema. Pero si lo que te está diciendo entra dentro de tus parámetros y te das cuenta de que es verdad, la cuestión es: ¿qué puedo aprovechar de lo que me están diciendo, que es de mi aportación de valor?. La siguiente pregunta es: ¿qué puedo hacer para mejorarlo?. Convierte así a los enemigos en oportunidades de cambio.

¿Qué te parecería abrirte un 1% al día al amor de conocerte?. Tu experiencia es aportar valor, ser auténtico, y por encime de todo amar tu conocimiento, quién eres. Todo ello para que se produzca la magia maravillosa de crecer mentalmente. La realidad es: todos los cerebros que no se permitan conocerse, son cerebros que están perdiendo potencial neuronal, potencial de neurotransmisores y potencial de crecimiento de vida y desarrollo intelectual. La reserva cognitiva de nuestro cerebro se produce porque somos capaces de conocernos e indagar. No existe ninguna ciencia que puedas aprender que aporte tanto valor a nuestro cerebro, como el conocimiento de nuestra propia identidad. Y esa identidad es la que tienes que buscar, esa identidad es por la que tienes que luchar. Esa identidad es la que tienes que amar, ninguna otra. Y te aseguro que tu cerebro se convertirá en algo útil, casi perfecto y totalmente conectado.

Esta conversación la tuve con Joaquina hace ya más de diez años. Desde entonces mi corazón está más abierto, soy más cercano, y mis emociones fluyen con más libertad. Aprovecho este momento para agradeceros el haber estado ahí, impactando a través de los años en mi ser y permitiéndome, con mano dulce, abrirme al sentir de la vida y de las personas. Sin vosotros no estaría aquí, escribiendo y recordando estas maravillosas lecciones de vida de aquella persona que abrió muchas de nuestros almas descorriendo los velos que nos separaban de la vida. Gracias.

19 Objetivos, valoración y amor

Joaquina: El mundo hasta ahora se ha construido por parcelas que nos han hecho estar totalmente separados. Parcelas donde hemos sentido la necesidad de tener. La necesidad de tener para nosotros. Momentos donde necesitábamos gustar, que el otro me encuentre atractivo. Y también momentos donde yo voy aprendiendo y lo que conozco me hace a mi diferente. Esta sería la configuración del mundo en el siglo XX, donde el hombre está separado del hombre, y donde siente que esa separación constituye una defensa que le permite estar en un lugar donde se siente seguro.

Jon: Entonces, ¿el hombre es el enemigo de su propia felicidad?

Joaquina: Cuando me lo planteé así, me propuse romper estas estructuras que ya no tienen ningún sentido. Si miras durante un instante cómo está configurada tu vida en este momento, te darás cuenta que del siglo pasado a este, ya no existe intimidad. Formas parte de una globalización, te relacionas con personas que ya no tocas, no necesitas luchar contra el entorno hostil, y ésta se produce contra las propias personas. Ya no tienes que pelear contra animales para sobrevivir. Ya no tienes que buscar gustar a los demás, porque los demás ya te conocen, y hay tanta oferta de relaciones que al final te acabas vinculando con personas que ni siquiera ves… Se han roto los niveles de separación en los que vivíamos y nos hemos convertido en personas del siglo XXI. Esta época ha convertido al cerebro en un elemento donde todo pasa a la vez como consecuencia de tus objetivos, de tu valoración y de tu amor… Y yo pienso que hemos venido a ser uno, donde el enemigo no está fuera sino que está dentro. Tiene sentido que trabajes tu “yo”, porque estando lleno y amándolo profundamente, lo que pasa fuera, solo suma.

Jon: Si te estoy siguiendo, mi felicidad tiene que ver con darme cuenta de que mi “qué”, está conviviendo de muchos “qués”, que en realidad es un solo “qué”. Que cada vez que tengo un objetivo, los objetivos de los demás participan y suman. Y que cuando me cuido a mi mismo, es el momento que puedo decir con total certeza que el mundo empieza a ser feliz y que mi crecimiento es real.

Joaquina: El tema es cómo conseguir que el amor a ti mismo sea un compromiso de estabilidad interior, de no competencia con el exterior, un compromiso de magnificar lo que eres, en aras de no atacar lo que crees que no eres. Porque mientras no veas cualidades importantes en ti, es imposible que veas cualidades importantes fuera. Mientras que los objetivos que tienes no sean para crecer, es imposible que veas crecimiento más allá de ti. Mientras que tus objetivos no te permitan desarrollarte, es inviable que puedas caminar en ninguna dirección. En la medida en la que estás a gusto con tus objetivos y cumples tus metas, lo que va sucediendo alrededor es que te sientes rico, poderoso, increíble.

Jon: ¿Sería autoaceptación?

Joaquina: Autoaceptación como un ejercicio de ver lo que tienes bueno, de amor personal, de cumplir tus expectativas, de enamorarte de ti mismo. No necesitas enamorarte fuera, lo de fuera es una consecuencia. El movimiento de tu amor ya provoca lo que sea que tiene que provocar fuera.

Jon: ¿Y cómo gestiono el conocimiento de mi mismo?

Joaquina: Solo desde el conocimiento de ti mismo puedes llegar al amor a ti mismo. Y ese conocimiento tiene que convertirte en un ser de Amor, con objetivos plurales, con autoaceptación desde el entendimiento de la diversidad, y con la capacidad de compartir el conocimiento de una forma abierta, donde todo lo que tienes es de todos. Y sin embargo el conocimiento de uno mismo es la mayor mediocridad que existe en nuestras cabezas. Hay que saber cómo gestionar el amor al conocimiento a uno mismo, ya que en el momento que alguien nos va a decir cómo somos, empieza a producirse una batalla interior enorme. “Por favor, que nadie sepa cómo soy yo”.

Jon: ¿Por qué las personas en tus cursos tienen miedo de que pongas la lámpara de la verdad en sus vidas y con tus ojos profundos investigues en lo que hay dentro?

Joaquina: Si las personas se sienten expuestas y vulnerables, es que creen que su conocimiento es particular, su persona es individual, y que están en un mundo donde su presencia tiene un sentido mucho más allá que el de los demás. Y cuando sienten eso, quiere decir que cuando bajen la escala hay algo que no aceptan de si mismos. Y si bajan mas aún la escala, es que su objetivo no está a la disposición de su proyecto personal, sino que está a la disposición del proyecto de otro. La pregunta es: ¿Te merece la pena seguir en compartimentos estanco donde la riqueza no llegue?, o te merece la pena romper ese miedo y abrirte a que la riqueza llegue totalmente hacia ti.

Lo que eres está compartido en un universo plural del que no te puedes extraer aunque quisieras. Sin embargo, mientras no lo hagas de una forma consciente y abierta y de una forma totalmente entregada a la causa, seguirás estando en un compartimento estanco que lo único que hace es debilitarte y hacerte sufrir. Pocas personas se dan cuenta que el objetivo del mundo es que sus objetivos aporten valor. Un valor primero a ti mismo y luego a la sociedad. Ése es el primer objetivo que deberías tener. Si tu aportación de valor está ahí, te convierte en una persona que forma parte de la unidad.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque lo que te hace ser persona son las intenciones, lo que está en tu pensamiento. Tus hechos confirman tus intenciones. ¿Podrías decir que es único tu objetivo?. Seguro que, como el de muchas personas, tu objetivo es o estar sano, o ser feliz, o que te quieran. Algunos tener seguridad económica. Pero eso no les hace diferentes, porque de una manera u otra, la persona que tiene el objetivo de ser feliz, está unida a todos los seres humanos, ya que todos tenemos en nuestro inconsciente que queremos ser felices. Todos necesitamos tener cubiertas las necesidades de este cuerpo, tan tremendamente hostil con nosotros, y casi todas las personas necesitan el amor de los demás.

En el momento que te planteas que tu aportación de valor te hace único, dejarás de estar en compartimentos estanco para sumar todos los valores que existen en el mundo. Todas las ideas y todos los objetivos que sumen.

Jon: ¿Dónde está la diferencia?

Joaquina: La diferencia está en que antes queríamos tener y ahora queremos ser. Quieres ser el objetivo, no quieres tener un objetivo. Quieres convertirte en tu objetivo. Quieres ser la luz, quieres ser persona, quieres ser felicidad… quieres serlo todo, no quieres tener nada. Quieres convertirte en todas las células que existen y engrandecerte con ellas. Tu objetivo es convertirte en la unidad con todo lo que te rodea.

Jon: ¿Cómo puedo hacerlo sin perder mi identidad?

Joaquina: Tu identidad es vivir tu valor en esa individuación que te provoca tu cuerpo, pero no es real. El cuerpo no es otra cosa que un medio para que puedas llegar a tu objetivo. Si no trabajas en tu aportación de valor, trabajarás en objetivos para tener. Y si esto ocurre, estarás la mayoría de tu tiempo sintiendo carencia. Estarás teniendo carencia de conciencia, carencia de humildad, carencia de sentido común… No hay posibilidad de que nada de lo que hagas en este mundo se pueda alejar del propio mundo. Nada, ni pensar, ni sentir, ni moverte…

Jon: Entonces, la globalización, Internet, las redes sociales, lo que hacen es ayudarnos a darnos cuenta de que ya no tenemos un espacio personal, ni un espacio individual, al formar parte de una unidad total.

Joaquina: Si, y eso, si lo trajeras a tu realidad, y lo convirtieras en una realidad consciente, te haría mucho más rico. Además no estarías globalizado desde la inconsciencia, sino desde la consciencia. ¿Qué piensas que ha hecho que alguien decidiera crear Internet?

Jon: ¿Un proyecto militar para crear una red de ordenadores descentralizados que uniera centros de investigación dedicados a la defensa para que siguieran funcionando en caso de que alguno de ellos se destruyera?

Joaquina: El miedo, el deseo de poder, y sin embargo se ha convertido en una de las herramientas más hermosas, y posiblemente contradictorias de las que existen, pero, nos permite conectarnos con cualquier persona en cualquier momento. Ya no se pueden defender territorios como se defendían antes, y seguramente se nos conoce demasiado. Pero antes teníamos carencia, y la carencia provoca el miedo: a no lograr, a no tener… Pero cuando eres, no tienes carencia, te sientes tremendamente rico, es todo tan tremendamente diferente… Por eso la propuesta que te hago es que seas. Ser es una esencia, en el momento que eres no puede haber odio, no tienes que hacer ningún ejercicio, ya eres amor.

Jon: Cambiar a esa mentalidad parece difícil

Joaquina: Es mucho más fácil de lo que parece. La primera pregunta que te tienes que hacer es: ¿Qué haces todos los días para aportarte valor a ti? Desde ahí, no puede entrar en tu canal ninguna cosa que te haga daño. Si te amas a ti mismo, y tu objetivo es aportarte valor, vas a hacerlo en la forma de caminar, en la forma de comer, en la forma de pensar… o al menos al menos te vas a dar cuenta de la poca bondad que estás teniendo en el pensamiento al haberle puesto esa identidad de dolor. En la unidad no existen recuerdos estancados, existen esencias aprovechables. El estancamiento era importante antes para luchar y para identificarnos, pero ya no tiene sentido en estos momentos.

Eres una célula de amor y lo que tienes que plantearte es compartirla y que se vaya extendiendo. De tal manera que cuando te acerques a alguien ya no es tu amor y su amor, es el Amor. De eso se trata. Tu conocimiento y el mío no importa, están juntos y cada cuál comparte el suyo. Pero cuando quieres apropiarte del conocimiento o de algo, vuelves de nuevo a la carencia. Si te apropias de algo, te quedas sin coger todo lo otro. El ser no se puede malgastar, es un usufructo de lo que nos ha dejado Dios en su amor infinito. De lo que se trata es: ¿cómo lo utilizas?

Imagínate que eres trabajo, que eres amor, que eres lo que quieres tener. Ya no lo buscas, simplemente está.

Y como los delfines después de un gran salto, Joaquina desaparece de nuevo en el océano dejándome reflexivo y anhelando su nueva aparición. Tengo un objetivo para conseguir algo. Estoy pensando que ese algo no lo tengo, lo que implica que hay una carencia. Sin embargo, desde el objetivo de ser, lo que quiero es aportar valor desde quién soy y qué puedo sumar en este momento a mi ser. Es decir, estoy dando y no pidiendo. Una gran diferencia. Si mi objetivo es estudiar, quiere decir que me falta algo que tengo que completar. Si mi objetivo es aportar valor a mi conocimiento para sumar, lo que sentiré es que soy muy rico y voy a seguir siéndolo. Es algo que me suma, no que me resta. Pienso en objetivos que salgan del “tener” y se convierte en “ser”.

18 La felicidad a través de la voluntad

En la mesa contigua las dos bolas de helado de chocolate miran desafiantes a una mujer de mediana edad. Pierde el más débil.

Joaquina: La felicidad está en la mente volutiva. Es la mente capaz de realizar el objetivo que se plantea: quiero ser feliz, y entonces doy los pasos para conseguirlo.

Jon: ¿Qué nos hace a las personas tener tantas dificultades en poner la voluntad a nuestro servicio? ¿Qué nos pasa para que en nuestro devenir, la voluntad sea nuestro caballo de carreras más difícil de domar?

Joaquina: La voluntad es vida. Así que, como estás aquí, ese primer paso ya lo tienes cubierto, estás vivo.

Jon: Por ahora está siendo muy fácil

Joaquina: El primer paso de la voluntad lo tienes. Tienes que reconocer y agradecer, ese primer paso a la vida. El segundo paso de la voluntad es el amor. Un amor hacia ti mismo. Eso quiere decir que la voluntad está al servicio de aquellas cosas que te dan a ti la visión de que te amas. Es la voluntad que te permite comer alimentos sanos; es la voluntad que te permite elegir la pareja adecuada para ti; recorrer el camino que es bueno para ti. Y está unido a ese momento de confianza. Ese amor lo notas porque genera confianza en ti. Es un amor indiscutible ya que deberías ser la persona más importante para ti mismo.

Jon: Eso quiere decir que todo aquello que no te genera un bienestar, o un estado de vida saludable, ¿es una falta de amor a ti mismo?

Joaquina: Si, si no te amas a ti mismo la vida no tiene sentido. El tercer paso es sentirte uno con el mundo. La unidad. Y así quedan recogidas las tres cosas: La vida, que es el cuerpo. El amor que es el alma. Y la unidad que es la divinidad.

Jon: ¿Con la voluntad conseguimos, entonces, los tres principios espirituales?

Joaquina: Así es, eres un cuerpo, eres un alma y eres un ser divino. Y ese ser divino tiene que sentir que no hay nadie separado de él. Que todo lo que él quiere, lo quieren los demás, y que todo lo que es forma parte de los demás. Plantéate ahora, dónde tienes la carencia para ser feliz. ¿Te sientes vivo? ¿Eres consciente de todos los significados de tu cuerpo? ¿Eres consciente de la maravilla de los latidos de tu corazón?… respirar… ¿Eres consciente de lo que significa estar vivo? Todos los días al despertar hay un ejercicio de conciencia de vida que seguramente no te das ni cuenta. Cuando te despiertas, ¿abres la ventana, respiras, miras la vida y tomas conciencia del despertar de tu cuerpo?

Jon: Tiendo un poco más a arrastrarme hacia la ducha…

Joaquina: Pues el despertar del cuerpo es lo que te permite tomar conciencia de la voluntad. Si no hay conciencia de cuerpo, no hay conciencia de voluntad. Mira los deportistas, tienen una gran voluntad porque tienen conciencia de que su cuerpo es lo que les permite el éxito. Es tu cuerpo el que te abre la puerta a poder amar, en el cuerpo está la vida. Cuando fallece un ser querido, estamos a su lado, le cogemos la mano, su cuerpo late, y, de pronto, ya no está. No importa que tengas el recuerdo más hermoso de su vida. Ya no puedes verle, ya no puedes hablar, ya no puedes conectar. Ya no tienes el elemento conector: el cuerpo. De ahí la importancia del mismo. Cuando respetas al cuerpo eres capaz de engendrar la voluntad y la felicidad. Cuando eres agradecido. Has salido de un vientre, y se ha formado de una familia, y esa familia te ha dado la expresión que tienes, ese “estar aquí”.

Jon: Pero por otro lado el cuerpo es también lo que nos separa de los demás, lo que nos hace más difícil comprender el concepto de unidad.

Joaquina: Si, el cuerpo es lo único que te permite pensar que estás separado de los demás, pero en realidad formamos todos parte de una sola cosa: una entidad divina que no se separa con el cuerpo. El cuerpo es quién nos dice que estamos aquí y que tenemos una función. Mira tu cuerpo, ¿cuánto cariño le das?

Jon: Más bien poco… Cero deporte, un poco de crema después de afeitarme, alimentación más o menos…

Joaquina: Pues es el primer paso con el que tienes que conectar: con la vida. La vida está en el cuerpo. Y ese cuerpo tiene que formar parte de tu identidad, de tu estructura. Y el cuerpo son dos cosas: el poder que tiene y el movimiento que tiene. Si no tienes en tu cuerpo el poder, no sentirás que es útil. Y si no tienes un movimiento que te haga sentirte bien, no sentirás que eres feliz. Así que la fuerza y la armonía de movimientos va a hacer que seas feliz. Con ello irás respetando lo más importante: el paso del tiempo en la vida. Seguirás viendo tu belleza, tus posibilidades, seguirás sintiéndote fuerte y potente.

Jon: ¿Y si eso no está tan así?

Joaquina: Tu cuerpo sufre, y tu alma también.

Jon: Pero el cuerpo en realidad es un medio, no un fin

Joaquina: La vida, en el cuerpo, es un medio, no es un fin. La vida es el lugar donde vamos a aportar valor. Más allá de tu cuerpo está lo que tú eres. La voluntad te exige que en la vida y en el cuerpo aportes valor: que eres capaz de vivir, de amarte y de sentirte una unidad.

Jon: La voluntad exige entonces, tener claro quiénes somos

Joaquina: Si, y lo primero eres un cuerpo, eres emoción, eres conocimiento, eres decisiones y eres un espíritu. Espíritu es ser social, sentirte uno. Cada una de estas partes te pide voluntad. Si, quien eres, te exige voluntad para identificarte: quién eres, cómo eres, cómo te comportas… ¿Cuánto valor tiene el poder lograr tener voluntad?. La voluntad no se puede convertir nunca en algo operativo si no sabes quién eres. El primer ejercicio de identidad lo hacemos con nuestro cuerpo: nos da una identidad de género, de nombre, de país… éstas son cosas visibles, tangibles. Pero, ¿quién eres más allá de eso? ¿qué puedes decir de ti mismo?. Solo cuando eres capaz de saber qué quieres y quién eres, puedes ejercer tu voluntad.

Jon: ¿Te refieres a la voluntad de controlar la comida o hacer deporte…?

Joaquina: Eso no es voluntad, es solo un ejercicio muy aproximado. La voluntad exige quién eres y qué quieres. La voluntad es un ejercicio supremo de reconocimiento de nuestro yo. Para ello hay que liberar tres cosas: El sexo, el dinero y la liberación de la culpa. Si no liberas estas tres cosas, no habrá voluntad. Es decir, si sientes que tu cuerpo es sucio cuando tienes un deseo, cuando necesitas compartirlo, cuando te quieres acercar a alguien, y lo ves sucio, y te das cuenta de que eso nace en ti de manera natural, que no es que lo estés buscando. Si te das cuenta de que tienes un televisor donde te ponen todo tipo de oportunidades y ofertas, pero te das cuenta de que no son para ti… Y te planteas… ¿Encima tengo que asumir culpas?. No quiero vivir. Pues todo eso es un fabricación de la “no voluntad”. Cuando uno realmente respira vida, ese tipo de cosas las descalifica, no las escucha.

Jon: Y, ¿Qué hacer?

Joaquina: La voluntad exige una depuración del sexo, de lo que pensamos del dinero, y una depuración profunda de la liberación de la culpa. De la tuya y de las personas que están cerca de ti. Estos tres elementos son imprescindibles para la voluntad. Si tienes culpa no vas a tener voluntad porque si estás queriendo hacer algo, lo vas a tapar. La voluntad no se consigue, porque la fabricación sobre nosotros mismos es falaz. La voluntad no está al servicio de las personas porque lo que podrían lograr les asusta.

Hacer, se podría hacer un ejercicio que consiste en escribir lo que quieres, lo que sea que deseas que crees te va a dar la felicidad. Al lado escribe una lista de las acciones que estás haciendo en este momento para conseguir eso que tanto quieres. Te darás cuenta en seguida de que es contrario. Por ejemplo, “yo lo que quiero es estar sano”, y hago todo lo contrario a cosas saludables. Hay una contradicción de base, una contradicción que anula la totalidad del sistema.

La voluntad está conectada a la respiración, a la fuerza de tu cuerpo, a tu capacidad de decir lo que quieres. Sencillez, “qué quieres”, sin darle vueltas: “Esto es lo que quiero” y entonces la voluntad se pone a tu servicio. Si hay algo que te quita la voluntad, es muy difícil que llegues a ser feliz. La voluntad es personal, nunca puede ser compartida, no es transferible. Es quién tú eres. Y desde ahí construirás el resto del mundo.

Jon: Entonces, ¿tenemos que pasar la voluntad por el filtro de si lo que queremos es verdad?.

Joaquina: La voluntad es un acto de hacer, no es un acto de sentir. Y tienes que ver qué es lo que estás haciendo. Ya que si no lo estás haciendo nunca lo vas a conseguir. Si conectas lo que quieres con lo que estás haciendo para conseguirlo de manera coherente conseguirás lo que te propongas, hasta las cosas más pueriles: la forma de comer de dormir… las cosas que sustentan el cuerpo, que suele ser donde más flagelación imprimimos. “No puedo dejar de fumar aunque se que me está matando”; “no puedo dejar de comer esto aunque sé que es perjudicial para mi”. Todos los elementos que tienen que ver con los tangibles son trampas para no llega a conseguir nuestra voluntad real, lo que queremos de verdad en nuestra vida. No te centres en los tangibles, en comer bien o mal. Céntrate en qué quieres en la vida y que cosa estás haciendo que te aleja de ello. Eso es lo realmente interesante. La mente volutiva consigue todo lo que quiere.

Jon: Y, así, unos puntitos para trabajar la voluntad…

Joaquina: Trabajar la voluntad: Primer instante, despertar: conectar con la vida. Nada más abrir los ojos tomar conciencia de la respiración y conectar con la vida. Si puedes hacer ejercicios de respiración con la ventana abierta, genial.

Segundo: conecta con la mejor cualidad de ti mismo. Con lo que eres, y no con lo que no eres. De esa forma generas amor hacia tu persona. Después de respirar tienes que conectar con lo mejor de tu persona, lo mejor de quién eres.

Tercero: Pensar en la unidad. Para esto tengo un truco: pensar en mi unidad personal. Siente que eres un todo. Conecta con un cuerpo completo, con una unidad completa. Siente que tu mano está al servicio de tu piel, que tus pensamientos están al servicio de tu respiración. Nota que eres un tinglado tan profundo y tan unitario, que si tocáramos un dedo de un pie, conectaríamos con la totalidad del sistema. Entonces siente que formas parte de una unidad. Y cuando salgas a la calle, al coche o a la moto, ya no te molestará el mundo, porque notarás que el que va al lado es como tu corazón, como una parte de ti. Y notarás que somos todos tan “uno” que cualquier cosa que le hagas a alguien, se lo estás haciendo a la humanidad.

Creo en el sentimiento de que nuestra voluntad hace crecer a la humanidad entera, es el sentimiento más hermoso. Si eres capaz de pensar en la unidad de tu cuerpo, luego en la unidad familiar, para luego conectar con el otro. A partir de ahí eres imparable.