174 Negociación y temperamentos

Estamos en un mercadillo de Tailandia. Observo unos cubiertos de madera y pregunto el precio. Inmediatamente Joaquina se adelanta, y sin perder un segundo su cálida sonrisa, empieza a negociar con la mujer que las vende. Cuando consigue el precio que quiere, me entrega los objetos, se vuelve y le da a la mujer 4 veces más de lo acordado. El placer de negociar se me escapa, yo habría pagado el dólar inicial y me habría ahorrado el tira y afloja.

Joaquina: Casi todas las personas pensamos que negociar tiene que ver con los negocios y no tiene que ver con vivir. Y la negociación es vida. Sólo aquella persona que sabe negociar llega a tener éxito en su vida personal. Porque negociar es estar permanentemente dispuesto a que la otra parte gane.

Jon: Siendo esto así, ¿qué implica negociar?

Joaquina: Negociar exige 4 cosas importantes: Tener claros los objetivos. Saber que los objetivos tuyos se encuentran con otros cientos de objetivos. Sólo aquel que conoce bien lo que quiere y lo que quiere el otro puede negociar. Por último, para negociar es necesario que movilices tu ser del espacio de confort al espacio de inseguridad.

Jon: A mí lo que me pasa es que negocio fatal pues me crea mucha inseguridad pensar que voy a perder y no conseguir lo que quiero.

Joaquina: Toda negociación va a generar un espacio de inseguridad. Ya sea una negociación fácil, una negociación difícil. Las negociaciones más duras que yo vivo, las que más trabajo me cuesta enseñar son las rupturas de pareja, sobre todo cuando hay hijos. Son en las que más sufro, en las que más daño colateral existe y por lo que me dedicaría a negociar todos los días de mi vida. Pero hay 4 imponderables, que se llaman ser colérico, sanguíneo, flemático o melancólico. Y estos imponderables están en una negociación nos guste o no.

Jon: Esos son los temperamentos.

Joaquina: Nosotros tenemos 5 competencias. La competencia práctica que nos permite hacer cosas. La competencia psíquica que nos permite relacionarnos con la persona que vamos a negociar. La competencia intelectual que nos permite hablar con el otro en un argot que podamos ser entendidos. La verbal que nos hace tener palabras de una elocuencia casi imparable. Por supuesto, la social que nos hace buscar colaboraciones.

Jon: ¿Qué pesa más en la negociación, la competencia o el temperamento?

Joaquina: Nuestro temperamento preferente va a marcar un antes y un después en la negociación. Y solamente conociendo nuestro temperamento vamos a poder tener éxito en una negociación. Porque un colérico no va a ceder sus intereses a nadie. Lo puede hacer mejor o peor, más amable o menos amable, pero no va a ceder sus intereses. Porque el colérico, por encima de todo está él, está la tarea y sus resultados. Un sanguíneo no va a ceder jamás la relación. Lo importante va a ser relacionarse con el otro, llevarse bien, hacer networking, colaborar, poder llegar a aproximaciones. Para un flemático la negociación es una muerte, “qué horror, y ahora tener que hablar otra vez, que fatal, no me ha dicho que si a la primera, esto no hay quien lo soporte” El flemático puede destruir la negociación porque no soporta el cansancio que le representa negociar. Pero, para un melancólico, la negociación es su vida, analiza, discute, se va, vuelve, ve lo malo, lo bueno, y puede estar negociando toda su vida.

Jon: Sí, todavía me acuerdo de aquel mercadillo de Tailandia ¿Quiénes son los que van a ir felices a negociar?

Joaquina: Los coléricos. Por lo tanto, son los que empiezan las negociaciones. El colérico está enfocado a la tarea, a presentar el objetivo. Al colérico le enseñamos que va a presentar el objetivo, no va a discutir, simplemente lo va a presentar. Son asépticos porque lo importante es la tarea, y estará pensando ya en el resultado que quieren. Por lo tanto, va a ir con foco. Y esto es lo que es vital, van a ir con foco.

Jon: Es decir, el primer paso de un equipo de alto rendimiento con la negociación es tener claro el objetivo y no perder el foco de lo que se quiere. ¿Cuál es el riesgo de un colérico?

Joaquina: Que se va a enfadar. Entonces le tenemos que decir rápidamente que llegue hasta un cierto punto. 

Jon: ¿Cuál es el segundo paso que hay que tener en cuenta en una negociación?

Joaquina: Las personas ¿Con quién voy a negociar? Lo primero es qué voy a negociar y después las personas. Aparecen las personas, que es con quien, dónde, cómo, los tiempos… Para mí, las negociaciones son una estrategia de tiempo. No te puedes imaginar el disfrute que yo puedo llegar a tener. La negociación requiere por encima de todo preparación.

Jon: ¿A quién vamos a mandar en el segundo término?

Joaquina: Al sanguíneo. Al sanguíneo nunca le vamos a hacer que presente el objetivo porque, si lo presenta, va a ser: “¿por qué no nos salimos a tomar unas copas que está muy rico?” y no se acuerda del objetivo. El sanguíneo lo que hace es empatizar.

Jon: Entonces yo, como flemático, mejor que no negocie…

Joaquina: El flemático tiene la paciencia de escuchar, de ver todo, de ver todas las partes, de ver lo que necesita cada uno, ver lo que pasó, quedarse quieto. Además, relacionarse muy bien con ello, es decir, relacionarse bien con la persona. El flemático no está ni a las tareas ni a las personas, va a estar a que pase todo. Entonces es el que se va a sentar un poco más lejos porque en realidad él va a hablar poco, pero va a dar mucha información a sus compañeros, de lo que ha pasado. Lo que debes hacer es no intervenir mucho, pero ocúpate de generar un clima maravilloso.

Jon: ¿Quién va a ser el que va a unir todas estas piezas?

Joaquina: El melancólico.

Jon: ¿Pero es el que la va a cerrar?

Joaquina: No. El que cierra es el colérico. Volvemos a la tarea, volvemos al ciclo. El ciclo es: el melancólico tiene todo, tiene las tareas, lo analiza todo, lo negocia por todos los sitios, ve lo positivo, lo negativo, etc. Pero cuando hay que cerrar el trato vamos a mandar al colérico. Se cierra el ciclo. Y si en el paso 1 se rompe la negociación, entonces cogemos al sanguíneo, para volver al flemático, luego al melancólico y volver al colérico. Si se vuelve a estropear este es el ciclo.

Jon: ¿Y si es una negociación donde estoy solo?

Joaquina: Pues deberías saber utilizar todos los temperamentos. Cuesta, porque lógicamente a un melancólico, sacar al sanguíneo le cuesta la vida. El melancólico está a la contra del sanguíneo y viceversa, y el colérico del flemático. Colérico y flemático no pueden estar juntos, no pueden ir nunca a la reunión juntos. Por ejemplo, yo como melancólica no tengo la capacidad de ser sanguínea. Irme ahora a tomar unas copas para convencerte no es mi historia, pero si tengo la capacidad de relacionarme con un colérico, estoy muy cómoda. En la mesa con el sanguíneo estoy muy incómoda. Colérico y sanguíneo están siempre muy felices, porque el colérico sabe que el sanguíneo le va a dar mercado, le va a llevar clientes, y como el colérico es tan interesado, esta relación le encanta, querría tener siempre un sanguíneo en la maleta. Un sanguíneo sano. El melancólico tiene como maravilla que integra, que recuerda el foco, y lo que es más importante, hace el diario de lo que ha pasado durante todo el camino, un diario que no cambia, fidedigno, claro, concreto. Y lo que hace después es decirte “aquí pasó esto y debería haber pasado esto otro”

Jon: Sintetizando:

  • Colérico: presenta el foco
  • Sanguíneo: confraterniza, hace mucho networking
  • Flemático: hace una especie de resumen, genera clima, trae para tomar algo, etc.
  • Melancólico: hace el registro de todo, pero con ese grado de hay que ponerse a la tarea, para que si entra el colérico después no haya problema.

Joaquina: El colérico habla solo el primer día. El segundo día el sanguíneo ya quedó con todos, llama y está pendiente, llega a acuerdos, les dejó la tarjeta, al salir ya les estaba contando algo. Lo que hace el sanguíneo es que no se rompa la negociación. El sanguíneo en una negociación de 15 millones de euros es mágico, porque este tipo de negociaciones se hacen normalmente por amistad. Y el colérico ve los 15 millones para él, y las operaciones que puede hacer con ellos. Y el que está en frente dice: “que señor más basto, qué burdo. Mientras que el sanguíneo dice: “Pudiéndonoslo pasar rico con 15 millones, hay que disfrutar, ya llegarán los 15 millones” En lugar de en euros está pensando en cómo se lo va a pasar. El flemático, lo que hace en la siguiente reunión no es analizar, sino resumir lo que ha pasado, cómo ha sido, sin analizar la situación. Y cuando llega el melancólico saca los puntos de conflicto y los puntos de aproximación para tener preparado cómo hacer toda la batería de trabajo. Y para cerrar el contrato es feliz el colérico firmando. Igual hay que enseñarle a que no son los 15 sino que son 12, pero que sigue siendo interesantísimo.

173 El criminal en serie que llevamos dentro (conclusión)

Joaquina: El ejercicio es el siguiente: Hay una línea divisoria. En la parte de arriba tenemos al policía, que nos va a meter en la trampa, te va a llevar a que te defiendas. También está ahí arriba el segundo policía, que no te mete en las trampas. Por debajo de la línea está el gran detractor y el segundo detractor.  El policía primero te va a meter en el gran detractor. Esto lo que te dice es que no hay que tocar ninguno de los dos detractores, solo los conocemos. Es decir, mi gran policía es aquello de lo que no me hace dudar nadie. En mi caso, nadie me va a hacer dudar de que tengo un intelecto que me permite analizar, primer policía. Y tampoco me van a hacer dudar de que yo quiero a las personas y que daría todo por ellas, mi segundo policía. Por otro lado, respecto a mis detractores, sé que tengo un problema con el poder, segundo detractor, y también que tengo un gran problema social, primer detractor. Los dos detractores se alimentan así mismos.

Jon: Entonces, el gran policía lo que va a querer es que vaya al gran detractor para que empiece a luchar… sabiéndolo, ¿no se puede evitar?

Joaquina: No, solamente que vas a ponerle al gran policía la luz máxima. Es decir, a este gran policía le vas a poner tu gran fortaleza. En mi caso, por ejemplo, es el entendimiento.

Jon: En el mío, la creatividad conceptual.

Joaquina: Y mi entendimiento lo aplico a las personas, por lo tanto, estoy fortaleciendo al policía uno con el policía dos. Lo que sucede es que cuando yo aplico el entendimiento, puedo construir yo el plan, y no dejo que me lo haga el ego.

Jon: Es decir, en vez de dejar que el policía nos lleve a las trampas, hacemos una estrategia para evitarlo.

Joaquina: Si, el policía en mi caso, conozco una persona, y me lleva a un grupo social o a una fiesta, sin yo saberlo, y me desmorono. El ego rápidamente me dice “esa persona que me llevó no es la ideal. Eso es l que va a hacer todo el tiempo contigo” y ya no quiero ver a esa persona nunca más. Y el policía sigue con las trampas. La siguiente persona es intelectual, pero me lleva a reuniones sociales intelectuales, y pasa lo mismo.

Jon: ¿Qué haces para salir del bucle?

Joaquina: Ponerle tú la trampa al policía. Voy a hablar con el policía y le voy a decir: “Yo sí quiero trabajar mi punto, pero lo voy a trabajar desde mi fortaleza. Voy a hacer una estrategia” “Voy a hacer una estrategia que para mi sea saludable” Sé donde tengo la dificultad y lo que voy a hacer es mi intelecto, en la vida social. La gran cualidad es lo que te va a dar el éxito en la vida. Mi gran cualidad, mi intelecto, solo va a tener éxito si lo saco más allá de mi.

Jon: Resumiendo el ejercicio. Primero busco mi gran cualidad y su ayudante. Siempre hay un ayudante. Luego hay un gran detractor que es tremendo, que te saca la timidez, la intolerancia, la desconfianza… saca lo peor de cada uno. Y luego hay otro pequeño detractor que no funciona, pero que, si le das un poco de caña, a lo mejor hasta funciona un rato. Importante: no se trabaja con ninguno de los dos detractores. Se trabaja solo con los policías, ya que el detractor dos está al servicio del detractor 1. El segundo es el que dice: “no puedes, no vales…” y engrandece al primero.

Joaquina: El plan debe tener siempre lo siguiente: Tu cualidad primera aplicada a la segunda cualidad. Es decir, mi entendimiento siempre aplicado a personas.

Jon: Mi creatividad conceptual aplicada a expandir tus conocimientos.

Joaquina: Si lo has hecho bien, uniendo el primer policía con el segundo, arregla al gran detractor, sin hacer nada. ¿cuál es mi gran detractor?: El mundo social. ¿Qué es el mundo social?: muchas personas juntas. ¿Cuál es mi cualidad mayor?: El entendimiento. ¿Aplicado a qué?: a las personas, a la parte afectiva. Lo cual quiere decir que si yo aplico mi entendimiento a personas, de forma ordenada, se estará arreglando mi mundo social, y por ende el segundo detractor, generando un “yo puedo, yo funciono, yo lo puedo hacer” En tu caso, ¿Qué cualidad tienes dentro de ti que funciona sí, o sí?

Jon: El intelectual

Joaquina: ¿Cuál es tu cualidad, que es un poquito menos, pero que también funciona?

Jon: Poder

Joaquina: ¿Cuál es el gran detractor que te machaca?

Jon: Afectivo

Joaquina: ¿Cuál es el pequeño detractor que lo hace a ratos y apoya al primero?

Jon: Social

Joaquina: Este es el mecanismo, ahí está el rencor. Tú tendrás el rencor en los afectos de la misma manera que yo lo tengo en lo social. Si destruyes el mecanismo y va creciendo el rencor, los cuatro se convertirán en detractores. Si llegas a un deterioro muy grande, todo el sistema está contra ti.

Jon: ¿Y el ego no muere nunca?

Joaquina: Hasta que no muramos, el ego seguirá trabajando. En los 25 años que llevo trabajando he encontrado personas maravillosas. Maravillosas socialmente, intelectualmente, incluso maravillosas afectivamente, y luego en el poder se sometían.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque el detractor es muy grande. Por ejemplo, el gran detractor de Mandela era el afectivo. Tuvo cuatro matrimonios, sufrió como un caballo, le dejaron colgado… El gran detractor de Gandhi era su soberbia. Si estás muy bien, el policía1 y el policía 2 se detectan muy bien. Si estás regular, cuesta más detectarlos. Mi experiencia me ha llevado a constatar que nos quedamos muy tranquilos y cuando queremos darnos cuenta, el detractor nos ha hecho una jugada brutal. El ego, cuanto más poderoso eres, más necesidad tiene de destruirte. Si tienes una estrategia no te hace daño, pero si no es así, el ego funciona a través de impulsos. ¿Cuántas personas no se han enamorado para darse cuenta de que han cometido el gran error de su vida? Y ¿Cuántas personas han sido un fiasco para alguien en sus vidas? Hay tres cosas para tener en cuenta: El dinero. Es uno de los puntos donde el ego nos la juega de una manera brutal. Los afectos y el prestigio social. Son las tres cosas donde más daño sufre la persona. Si hemos venido a hacer algo, y lo notamos porque nuestro sistema nos lo pide, y no lo hacemos, llegará un momento en el que perderemos el mapa. Y cuando lo perdamos, va a ser difícil que lo encontremos. Siempre hay un apoyo y una ayuda, pero a veces, a pesar de eso, seguimos obstinados. ¿Cuántas veces le hemos dicho a alguien que si sigue haciendo lo que hace va a perder su pareja, y a pesar de eso lo hace? Luego pierde la pareja y se quiere morir. En el enemigo y en el detractor no hay visión, no hay razonamiento. Te pediría que hoy, con la mano en el corazón te propusieses no intentar convencer a nadie sobre su detractor. No trabajes nunca sobre el detractor de una persona, porque se enrocará y será mucho peor. Trabaja siempre sobre su luz y sobre lo que puede conseguir. Desde ahí podrá caminar.

172 Resurrección

Es domingo. Domingo de Resurrección. Aprovechando que el sol no calienta en exceso, nos sentamos en el coche contemplando tras las dunas un mar calmo. No hay muchas personas y las gaviotas flotan en un numeroso grupo cerca de la orilla. Pongo una pausa en nuestra conversación del criminal en serie para hablar de la resurrección.

Joaquina: Independientemente de si creemos o no en el misterio del pecado, independientemente de si crees o no en la Resurrección, podemos utilizarlo como un mito, el mito de que hay un camino. Hemos llegado a un punto, aquí sucedió algo, hacemos un camino, vivimos unas circunstancias y a partir de allí estamos libres de esa situación. Para mí esto es aprendizaje, y el aprendizaje puede ser más o menos doloroso, lo que sí es cierto es que todos cometemos errores. El error lo cometemos y vivimos en el error, vamos caminando desde el error. Llega un punto donde el error es tan grave para nosotros, es tan fuerte que, tomamos conciencia, que se llama aprendizaje, y a partir de ahí, tenemos una actitud diferente.

Jon: ¿Qué nos hace a los seres humanos estar permanentemente pensando que necesitamos una cruz y que, además, después de haber vivido esa cruz necesitamos todavía sentirnos culpables o castigar a alguien?

Joaquina: Es imposible para mí que, después de 2.000 años, sigamos hablando todavía de crucifixión. Es para mí totalmente incomprensible. No puedo comprender cómo una civilización tan progresista, un mundo tan diferenciador, en estos momentos está llenándose de fiestas y de dolor para celebrar la liberación de la culpa. Tiene que haber algo detrás de todo esto. Yo creo que, en esa macro fiesta de la cruz, tiene que haber una inmolación permanente de algo que nosotros consideramos que es castigable o de algo que consideramos que se merece todo ese dolor.

Jon: La teoría cristiana es que la resurrección fue para salvar al pueblo de Dios, que queda liberado así de las consecuencias de los pecados que lo alejan del Creador.

Joaquina: Si nosotros tenemos aquí el nacimiento de una persona, de Jesús, y lo celebramos, celebramos un discurso humano, porque es un discurso humano, y llega un punto donde ese discurso humano tiene un impacto y aquí decide, independientemente de que creas o no, decide que su vida tiene sentido porque va a salvar al hombre y propicia la muerte en la cruz. Muere en la cruz porque va a resucitar y además a los tres días todo el mundo está convencido de que resucitó, porque, además, planteó su presencia. Vamos a ver a Jesús como el mito de esta civilización. Si tenemos el mito de la muerte, tenemos el mito, también, de la resurrección. ¿Qué nos hace a los seres humanos estar durante miles de años estar hablando de la muerte de Jesús, cuando dice que resucitó?

Jon: ¿Que lo matamos nosotros?

Joaquina: No sé, pero lo que sí es cierto es que yo quiero hablar de dos cosas. Hablar de la cruz, porque me viene muy bien hablar en Semana Santa de este mito y plantearme que ésta es la vivencia cotidiana que tenemos nosotros. Es decir, que yo he hecho algo hoy y vivo en una cruz de la culpa permanentemente. Es imposible que, si me siento culpable, no piense que me van a castigar. Lo que estoy buscando es mi cruz personal, y no tengo tan claro que vaya a resucitar. Quiero que te des cuenta de que mentimos, nos acostamos, a pesar de que lo prohíbe el catolicismo y fantástico, pero, sin embargo, la cruz no sale de nuestra vida.

Jon: Quizá es por el instinto de supervivencia. Para poder sobrevivir tenemos que estar atentos al peligro, y la culpa nos ayuda a prestar atención.

Joaquina: Bien, lo cual quiere decir que ya le hemos encontrado un sentido, la culpa tiene el sentido de estar precavidos de nuestros errores. Acuérdate de que estamos hablando de una cruz, de que la culpa es una cruz, no estamos hablando de algo ligero. Estamos hablando de yo he hecho algo y me merezco el castigo y la no resurrección.

Jon: ¿Para qué está siendo útil en nuestra vida el mito de la cruz, el “yo tengo que ser castigado con la muerte cada vez que hago algo mal”? y otra cuestión ¿para qué necesito crucificar a todos aquellos que me han hecho daño y, además, no los resucito?

Joaquina: Eso es lo fuerte, no hay ninguna persona que se precie como persona, que realmente haya conseguido olvidar de una forma absolutamente intencionada y liberadora el daño que otro le ha hecho. De una forma liberadora, de una forma absolutamente entregada. ¿Cuántas personas aceptan la envidia, la agresión, el abandono, la ruina, sintiendo que son pruebas de la vida y no más? No tiene sentido que en el principio y en el final de las circunstancias, lo que nos encontremos es que el hombre está paralizado, que no sabe perdonar, y el perdón es la resurrección. La resurrección absoluta a cualquier situación.

Jon: Entonces, ¿Qué nos hace a las personas vivir permanentemente en el rencor, en el resentimiento, en la paralización, en el no crecimiento?

Joaquina: Que nos creemos dioses. Me gustaría que destruyéramos que somos los elegidos. Pero necesitamos sentirnos los elegidos, fuera de la religión, sino como personas, postulamos ser los elegidos. Nosotros somos hijos de Dios y los demás son hijos de no sabemos quién. Soy una persona espiritual y creo en la trascendencia, porque, en realidad, lo único que al hombre le cercena es no poder perdonar. Lo único que al hombre le domina y le sitúa en una actitud de carencia es pensar que se merece las cosas y su compañero de filas no. Lo que nos va a hacer grandiosos y únicos es entender la bidireccionalidad de los sentimientos. Que el sentimiento es tan libre para odiar como para amar. Que el amor que tú tienes no tiene que ser un amor condescendiente, ni tiene porqué ser un amor frío. Que si tú tienes la razón, al lado hay otra razón tan libre como la tuya. Que si tú tienes dolor, al lado hay otro dolor tan increíble o máximo como el tuyo. En la medida en la que pensamos que nuestro dolor es el máximo, que nuestra capacidad es la máxima y que lo que nosotros nos merecemos el otro no se lo merece, es imposible hacer una vida o tener una vida de iguales.  Y si no es una vida de iguales, es una vida que tiene demasiados errores y demasiadas vinculaciones no posibles.

Jon: En realidad creemos que somos únicos para nosotros. Si somos únicos, estamos solos, porque el otro es único, también. Es complicado para mí entender que nosotros somos únicos y que el otro existe. Si tú eres único en poder, luego tienes vasallos.

Joaquina: Se supone que, si somos únicos y somos dioses, seríamos la encarnación del amor, no estaríamos esperando amor, porque somos amor. Vamos a seguir planteándonos esta divinidad que tenemos tan extraña. Si somos dioses, como el concepto de amor es Dios, el amor supremo, si somos dioses, ¿por qué no tenemos el amor supremo, sino que esperamos que nos amen supremamente? En ningún momento yo estoy hablando en contra de Jesús, sino que yo lo que quiero es que nos vayamos dando cuenta del fraude en que hemos entrado en relación: la culpa, la no culpa, la pérdida de amor y todas esas cosas.  Lo que para mí es importante es: si somos dioses, somos amor, entonces, ¿por qué queremos que alguien nos ame?

Jon: Estás hablando del mensajero, un Jesús previo a la religión…

Joaquina: Estamos hablando de qué nos hace a nosotros concebir un camino en el que estamos agarrados a la culpa y a la necesidad de castigo. O rompemos la culpa y la necesidad de castigo, o será imposible que hablemos con el que tenemos cerca, de iguales. Porque si el otro es culpable y nosotros no, siempre vamos a necesitar castigar, porque en el fondo nosotros no nos sentimos culpables de nada, el culpable está fuera, o mi padre, o mi madre, o la religión, o el vecino, o la policía, o quien quieras. Yo me exculpo a pesar de que hablo de que me siento culpable, en realidad, permanezco culpabilizando a los demás.

Jon: Nos tenemos que plantear qué tipo de entramado hemos decidido hacer con nuestras creencias para llegar a un punto donde estamos prisioneros, totalmente, del castigo. Tenemos que romper ese entramado entendiendo de dónde viene. ¿Por qué hemos decidido la divinidad por encima de la sabiduría? ¿Por qué no hemos decidido que nuestro maestro era sabio, simplemente? ¿Qué beneficio tenía el decir que era Dios? Creo que nos hace sentir únicos, somos indiscutibles, somos la panacea del bien y el mal, los únicos que existen.

Joaquina: Imagínate que el legado es de sabiduría, que el legado es “ama al prójimo como a ti mismo”, y no hay nada más. El concepto cambia totalmente. Si yo voy a este concepto, el ti mismo eres amor y el otro es amor. Es imposible que una persona no se ame a sí misma. Quien piense que no se ama más a sí mismo que a los demás, está en el primer sacrilegio del entendimiento humano. Lo fácil que es cortarle la pierna al amigo cuando está mal, pero lo difícil que es cortarte la tuya. Nosotros somos amor, indiscutiblemente, a nosotros mismos, indiscutiblemente. Luego podremos tener problemas de cómo nos tratamos, de que podemos tener complejos de inferioridad, etc. Pero que el amor que nos tenemos a nosotros mismos está por encima del amor a cualquier persona, es una realidad incuestionable. Lo que hemos perdido con la cruz es la conciencia del Amor. Porque quien nos dijo “ama al prójimo como a ti mismo” nos está queriendo en la cruz todo el tiempo, porque el se amó y se dio en la cruz. ¿Qué nos está pidiendo realmente? Ama a tu prójimo como a ti mismo, me pide que me inmole totalmente en la cruz.

Jon: Pero él también dijo la resurrección.

Joaquina: Nos regaló la resurrección para que supiéramos, como concepto, que no teníamos que morir y que no teníamos que sufrir, pero, sin embargo, nos quedamos con la cruz. Cuando te encuentras con una persona, sea quien fuere, tu amor, que no está fuera, no es que ames a la persona, sino que es tu amor proyectado fuera, tenga una capacidad de permear al otro. La propuesta que te hago es que sólo se tiene poder cuando el amor está dentro y no está fuera, que sólo se tiene prestigio cuando el amor está dentro y no está fuera, que somos capaces de conocer solamente nuestro amor, el amor del otro nunca lo podremos conocer, que somos capaces de expresar nuestro amor, nunca podremos expresar nuestro amor en la palabra del otro y, lo que es mucho más importante, la libertad sólo la tenemos cuando amamos libremente al que está enfrente, hacia él y hacia nosotros.

Jon: Entonces la causa de la culpa está en la falta de amor. Siempre pensamos que el otro nos está dañando, que el otro no se comporta como nosotros queremos, que el otro no está haciendo lo que nosotros buscamos o como nosotros lo buscamos. Y, a partir de ahí, el otro es reo absoluto de la culpa y necesitamos matarle, inmolarle, asesinarle, destruirle, condenarle, llamarlo como queráis.

Joaquina: En nuestra existencia, lo que realmente prevalece siempre es nuestra maldad y la maldad del otro, o sea, nuestros actos que no han sido hechos correctamente y los actos del otro, que no han sido correctamente, son los que prevalecen constantemente, por eso vivimos en la culpa. Aunque no nos demos cuenta, decimos lo que hemos hecho mal para decir que la culpa fue del otro, pero lo decimos. No funciona el amor permanente y no funciona la relación entre dos amores, debido a quién. ¿De quién hemos nacido? Aquí está el error de nuestra existencia. Hemos nacido de padre y madre y a uno le consideramos Dios y al otro le consideramos no dios, el padre Dios y el padre no dios, ahí empieza nuestra perdición. De forma instintiva, elegimos nuestro padre Dios y, según avanzamos en la vida, vamos teniendo problemas con nuestro padre no dios, lo cual quiere decir que vamos perdiendo nuestra divinidad. No sabemos compartir a Dios, llegan la envidia, los celos, el malestar con nuestros hermanos. Ahí empieza a confirmarse que no somos Dios.  Cuando nuestros hermanos nos dicen “eres como papá/mamá”, como el padre no dios, empezamos a tomar conciencia de que no somos divinos. Esta distancia de la divinidad que vamos teniendo, en el fondo es la que permanece dentro y la que nos hace vivir permanentemente culpables. Porque a la única persona que no perdonamos es al padre que no ha sido Dios.

Jon: ¿El primer momento de falta de amor se empieza a materializar en la familia?

Joaquina: Sí. Ahí es donde realmente confirmamos que no existe el amor. Entonces, aunque cada uno de los hermanos piensen que, hacia fuera, cada uno es perfecto, se aman a sí mismos más que a los demás, pero eso no quiere decir que piensen que son perfectos, sólo quiere decir que se aman más a sí mismos. Ese es el primer conflicto que debes tener en cuenta. Mientras que no perdonemos a nuestros padres no saldremos nunca de la cruz. La cruz no está en lo que siento por el otro, sino en el sentimiento que tenemos de falta de plenitud en la relación que hemos tenido con el nacimiento de nuestros padres. Lo que no le perdonamos a nuestros padres, no le perdonamos jamás al mundo.

Jon: En realidad, al de al lado, no le considero Dios porque yo también, en el fondo de mi mismo, tampoco me considero Dios. Me puedo considerar único, que son cosas diferentes.

Joaquina: No existen más rencores en el mundo que los que tenemos a nuestros padres, que multiplicamos con nuestros hijos, con nuestros amigos, y que multiplicamos con el mundo entero. Pero el error, el dolor y el daño está ahí metido, y es ahí donde tenemos que trabajar el perdón. Ahí es donde necesitamos la crucifixión, que se provoca en el mismo momento en que queremos castigar a nuestros padres. En el momento en que queremos castigar a nuestros padres por lo que nos han hecho, que nosotros hacemos exactamente igual con nuestros hijos o con nuestros amigos, hemos sentenciado así la falta de paz eterna. Porque en el fondo estamos consumando permanentemente el error de la familia. Desde el primer día que nacen nuestros hijos, nos convertimos en nuestros padres. Vamos buscando la pareja compensatoria, sin embargo, no estamos en esta situación de amor. Te tienes que amar a ti mismo, con la consecuencia de tener dos formas dentro de ti que no te gustan: una que te gusta más y otra que te gusta menos, la que te gusta, disfrútala y la que no te gusta, cámbiala. Si quieres vivir un amor eterno, y existe el amor eterno, la única posibilidad es que conviertas en amor total lo que tú eres. Porque cada vez que sales buscando amor, vas buscando el amor que te faltó en tu infancia, esa parte de ti que no se completó. Y eso es lo que nos hace estar permanentemente en la cruz, permanentemente en la culpa, permanentemente en el desamor, permanentemente en la soledad. Debes conseguir que el AMOR a las dos partes de tu conformación, es lo que te hace salir de la culpa, entre tanto no serás capaz porque, en el de al lado siempre ves el error de aquel padre al que no amas.

Jon: ¿Qué hago para liberarme de la cruz?

Joaquina: La primera cosa que debes hacer es darte cuenta de que tienes los maestros que, si le cambias lo que hicieron mal, son los perfectos. Porque ellos son los que te enseñaron lo que necesitas aprender, que eso es lo que significa el estado de perfección. Tus padres tienen la muestra de lo que tú necesitas aprender, nadie más la tiene. La forma en la que tú haces las cosas está tu maestría, y eso es lo que vino a enseñar Jesús, nada más. Lo que vino a enseñar Jesús es que los maestros que tenemos son los maestros perfectos para nuestra fórmula de aprendizaje. Jesús nos enseñó la muerte que ya teníamos y nos animó a la resurrección. Esa es la diferencia. La resurrección es dejar la muerte que tenemos dentro, que son los errores de nuestra familia. ¿Qué es nuestra muerte? Todo lo que estamos repitiendo hasta ahora, qué hemos visto y no nos ha gustado, pero que estamos replicando. A mí me viene muy bien pensar que es de ellos, porque así no lo tengo que cambiar. Hay cosas tan maravillosas que se pueden conseguir simplemente diciendo “mi patrón de comportamiento hasta ahora es un comportamiento que me lleva a la muerte, porque lleva una cruz encima de mí que me somete al dolor, a la angustia, al sometimiento, voy a ver cómo me puedo quitar esa cruz.

Jon: ¿Qué tengo que hacer para quitarme esa cruz de encima?

Joaquina: Esa cruz es quitarte aquello con lo que tú te castigas todos los días sin darte cuenta. Es repetir un aprendizaje que crees que no lo puedes cambiar. Ese aprendizaje: la intolerancia, el mal humor, la cobardía, ese aprendizaje que tienes todos los días sobre tu espalda y que te hace vivir totalmente acordonado, totalmente encerrado en ti. Ese aprendizaje lo tienes que conocer. ¿Qué es lo que me hace verdaderamente imposible mi existencia? ¿Qué es lo que todos los días me lleva a sentirme culpable, a ver que enfermo, a ver que no puedo cambiar mi paradigma?¿Qué es lo que me hace no cambiar mi paradigma? Los clavos de la cruz fueron recoger la culpa del mundo para limpiarla. La cruz que llevas es todo lo que culpas a tu familia.

EJERCICIO SEMANA SANTA

Lo primero es reconocer que uno de nuestros padres tiene un defecto que a nosotros nos ha crucificado, y que nos culpamos o culpamos a los demás cada vez que lo repetimos. Es el mismo defecto que si le preguntáis a la persona que más os ama os dice que ve en vosotros.

“¿Cuál crees que es mi defecto que está crucificando nuestra relación?”  Hay una sola cosa que rompe la capacidad de entendimiento, sólo una cosa, la que hace que perdamos la confianza y el poder en nosotros mismos, que no seamos personas de prestigio para los demás, que nos impide compartir el conocimiento con los otros, que hace que no nos expresemos y, lo que es peor, que nos hace perder la libertad.

Además, la solución a este defecto, la pensamos, pero nunca se lo dijimos a nuestros padres. No lo verbalizamos. Es algo que supimos resolver mentalmente, que encontramos las claves para que ese padre o madre lo pudiera cambiar.

Ese error tiene que cumplir las dos características:

  • Nos quita la confianza, el prestigio, no genera conciencia, no moviliza y, sobre todo, nos anula la libertad.
  • Es algo que no hemos dicho en voz alta, sino que hemos esquematizado la solución en nuestra cabeza.

Si se cumplen esos dos puntos, ése es el hecho. Céntrate en él y olvídate todos los demás. Sólo existe este problema.

Eso que le dijiste a tu padre/madre que tenía que hacer, ponte a hacerlo tú y desaparece el problema. Tienes que recordar lo que pensaste como solución y marcarte una pauta de trabajo exactamente como ideaste, sin cambiar ni una sola línea.

Ese es el error para crucificar el viernes, haciendo un plan de acción que tiene que estar operativo el domingo.

En este proceso, lo que tiene que haber es infinito amor. No puede existir crítica ni desprecio a los padres.

Si resucitamos a nuestro padre y a nuestra madre dentro de nosotros, habremos resucitado, que es lo que estamos buscando.

171 El criminal en serie que llevamos dentro (IV)

Joaquina: Necesitamos descubrir en que parte de nuestra historia se está convirtiendo el criminal en vencedor.

Jon: Mencionaste en algún momento que también tenemos un policía interno…

Joaquina: Normalmente el policía suele ser el más fuerte. Mi policía es el intelectual, pero también es el que me pone las trampas. De los cuatro campos (poder, afectivo, intelectual y social) tienes que reconocer dónde está el policía fuerte, el que no te engaña nunca, y tu policía que a veces te la juega. El que no me engaña nunca a mi es el afecto, y el que me la juega de vez en cuando es el intelecto. El más fuerte lo que quiere es coger a la presa. Cuando el intelecto me ofrece algo yo voy, por la cuenta que me tiene. Porque este policía te va diciendo cosas que debes hacer, y si empiezas a decir “esto no lo hago, y esto tampoco” te dice: “muérete” “Yo quería salvarte, pero si no te quieres salvar, es tu historia”

Jon: ¿Entonces son recursos de supervivencia?

Joaquina: No, los recursos de supervivencia son los que utiliza el ego para ir matándonos y nos agota. Esto es mucho más retorcido. Los recursos de supervivencia son para el ego inferior. Yo te estoy hablando del ego superior, para el propósito de vida, no para el estado de vida normal.

Jon: Como dirían mis amigos argentinos: “Ahí me mataste”

Joaquina: Tenemos dos espacios de vida: el que es vital, es para vivir, y a nivel orgánico son el riñón, el corazón y el pulmón. Y luego lo que no es vital, que son el hígado y el bazo-páncreas. Yo hablo para estos dos últimos, que no son vitales opero te permiten que tengas una vida diferente. Lo que te estoy contando es lo que está matando tu propósito, lo que te permite sentirte un ser diferente. Al final hay cuatro personas que sobresalen en el mundo, cuando podemos sobresalir todos. Nuestras capacidades de desarrollo son iguales para todos, unas personas las podrán utilizar de una manera y otras de otra… En el contexto, nuestro potencial es máximo. Nuestra vida, nuestra capacidad de tener poder, nuestra capacidad de tener afecto, nuestra capacidad de tener inteligencia, y nuestra capacidad de liberarnos más allá de nuestra comunidad está ahí.

Jon: Entonces, cuando me doy cuenta de que estoy cometiendo el mismo error siempre, estoy alimentando a mi sombra, y no a mi luz.

Joaquina: ¿Cuánto tiempo vas a aguantar en la sombra, en la cárcel? Tienes el caso de Mandela, él estuvo en la cárcel, y cuando salió lo que hizo fue poner su potencial para salvar al mundo. La fórmula la tenemos para salir de la cárcel y cambiar al mundo, a través de disfrutar, no a través de sufrir. Nos lo enseño Mandela: el mundo se cambia desde el gozo, y el Mandela que llevamos dentro tiene que trabajar para nosotros.

Jon: ¿Y si por ejemplo una persona es muy tímida y no puede sacar eso que lleva dentro para mostrarlo al mundo?

Joaquina: La timidez no existe si no hay un problema previo. La timidez es un efecto de la inseguridad personal. La inseguridad es social, lo cual quiere decir que una persona que es tímida tiene un problema en lo social. O le ha pasado algo en el colegio, o le ha pasado algo en el entorno familiar fuera de su familia. Es decir, en el colegio le ha sucedido algo que ella misma se ha quedado en evidencia, o le ha sucedido algo en un entorno familiar no directo, donde la han dejado en evidencia. La timidez es el resultado de un proceso de expresión limitada, porque al ver algo, te has comparado y has pensado que no formas parte de ese núcleo.

Jon: ¿Y eso de la predisposición genética?

Joaquina: La predisposición genética hace que veas el mundo que te rodea en esa predisposición. Si yo tengo una tendencia a ser sensible a lo que pasa socialmente, es decir que, si una persona me dice que soy mala, o fea o lo que sea, no me reocupa, pero si me lo dicen 20 o si me lo dicen delante de 20, entonces sí.

Jon: De lo que me vas contando deduzco que no hay ninguna persona en el mundo que no tenga el criminal en serie dentro.

Joaquina: Puede ser suavecito, o más fuerte, pero así es. Jesús nación con la muerte y murió. Como somos cristianos lo vemos correcto, pero para un budista, que un maestro tenga que morir en la cruz para que se complazcan sus seguidores, es una aberración. Jesús nace y mueren un montón de niños en aras de matarle a él. Porque lo que él viene a superar es el deseo de morir. Y nos viene a enseñar la resurrección, que la muerte solo puede ser corporal. Ese era su mensaje, de tal manera que todos los criminales internos que él lleva son muertes. Cógete la vida de Jesús y hay mucha muerte. Porque él va a morir, y va dejando las señales de cómo va a ser su final.

Jon: ¿Y qué te enseña eso a ti?

Joaquina: Que soy algo más que un cuerpo. Como estudiosa del budismo que soy, me parece tremendo tener un Buda al que puedo contemplar en su esencia mental y en su conciencia, y un Jesús al que tengo que ver sufrir y morir en la cruz cada año porque yo no era buena. Dos formas de matar. Yo vivo en la culpa, los budistas viven en el karma.

Jon: Casi todas las ciencias del conocimiento humano nos enseñan la dualidad entre el bien y el mal. Y nos dicen que los que salvan sus vidas son aquellos que son capaces de superar su dragón interno para convertirlo en luz.

Joaquina:  Yo te estoy planteando un esquema de cómo funciona el ser humano hacia afuera, para comprender cómo funciona hacia dentro. ¿Cómo un ser puede hacerse tímido si no es que alguien le ha dejado en evidencia? Si timidez es que tú eres más importante que el otro. Timidez es que consideras que el otro te puede hacer algo. ¿Conoces alguna persona que sea tímida cuando está tranquila y no tiene miedo? ¿Conoces algún ser tímido que piense bien de los demás? Siempre el otro le va a hacer algo. Y eso viene porque vivió algo, si no ¿por qué va a ser tímido? El temperamento no está enfermo. La personalidad es la que lo está. El temperamento, que sería el melancólico, que es el más tímido de los temperamentos, tiene una timidez para analizar, pero tiene una timidez hacia afuera, no una timidez de mirarse dentro, encontrar respuestas y luego relacionarse fuera. Pero cuando está sano no es tímido.

Jon: El contrato de la vida nos la juega

Joaquina: En ese escrito tú decides. Puedes leer las letras grandes o las letras pequeñas. Las letras pequeñas, igual que en los contratos con los bancos, son las que nos matan. Las letras grandes no hace falta que las leamos, debemos leer los pequeños inputs que nos han diezmado para poder ser felices.  

Jon: ¿Eso es lo que hace que vivamos en la enajenación que nos quita la razón de la que hablabas al principio? ¿Cómo se trabaja eso?

Joaquina: Cuando tú pones la solución, y el peso del pago para la solución, tu ego te dice: “es mejor que no aceptes eso porque no lo vas a poder soportar” porque te pone en caliente que vas a vivir la misma situación que viviste de pequeño. De pequeño lo que tienes es una herida incuestionable porque tú no la puedes valorar. Por eso no se puede trabajar el criminal en serie desde el razonamiento. Lo importante es trabajar al policía y al ayudante del policía. En mi caso, no quiero trabajar con mi problema social, porque sé que voy a perder. Porque sé que no estoy dispuesta a vivir ni un solo momento de mi vida lo que yo viví de pequeña. Lo puedo justificar, puedo darle 5.000 vueltas en mi cabeza razonando y sentada, pero si me acerco y se aproxima la sensación, voy a echar a correr. Porque está por encima de mi. Porque tiene una sustancia química que es como si fuera directamente cianuro. Aunque te parezca mentira, es mucho más fácil tomar cianuro que sentir en la cabeza el cianuro.

Jon: Pero das muchos cursos de manera brillante, y no se te nota ninguna pelea interna

Joaquina: Cuando doy un curso y voy caminando entre las personas, si noto la energía que noté en aquel momento en mi colegio, inmediatamente me pliego y me voy. Y la noto siempre que estoy con gente. SI me acerco a alguien, y hace el mínimo gesto que me recuerde a alguien, mi cabeza se toma el cianuro. Entonces, prefiero la muerte. Porque el ego me dice que no me voy a morir, que voy a liberarme. Lo diabólico del ego es que no te dice la verdad, te dice que al marcharte te vas a liberar del problema y a sentirte tranquilo. Lo que has hecho es perder un montón de posibilidades de ser tu mismo. Y te vuelves a ir una y otra vez. Y llega un momento en el que te das cuenta de que, si te vas otra vez, la lucha entre estoy aquello es tan fuerte que ya no tienes territorio.

Jon: ¿Es entonces cuando enfermamos?

Joaquina: Aquí aparece un dolor de cabeza, un estado de nervios, y sí, una enfermedad. Pero nos damos cuenta, nos acercamos a la situación y sabemos que es nuestra salvación, pero el sistema te dice: “vale más que te mueras porque vivir esta salvación es imposible” El criminal interior es mucho más inteligente que nosotros. Por eso no podemos trabajar con él.  Conoce todos los recursos, tiene todos nuestros años de experiencia y un enorme grado de sensibilidad hacia dónde meter el dedo. Si nos metemos en las fauces del enemigo, él nos conoce y nos va a machacar.

Jon: Entonces el primer ejercicio sería encontrar al criminal, pero no tocarlo, y luego encontrar la fortaleza en todo lo demás. ¿Cómo?

Joaquina: Al lado nuestro, y de una manera muy sutil, tenemos a la persona que nos lleva a ser todavía más insociable o a llegar a un punto de sociabilidad donde tienes que elegir entre la persona o no. Imagínate que me enamoro de una persona súper sociable. Imagínate cómo va a ser mi vida. Para que no me desprecie empezaré a salir con ella, y cuando empiece a sentir los mareos, sacaré a mi pareja de la fiesta. Acabaré rompiendo la capacidad de sociabilizar de la persona, rompiendo el amor, destrozando su vida o ella la mía. O yo yendo a la fiesta y machacando la fiesta como sea. Eso es lo que acabamos haciendo: buscando a la persona que nos mete en el tinglado. O bien, te encuentras a la persona que te dice: “Joaquina, cómo te entiendo, estamos tan bien nosotros solos…” y lo que consigues es salir totalmente del tema. ¿Dónde está el tuyo? En el poder, en lo afectivo, en lo intelectual, en lo social…

170 El criminal en serie que llevamos dentro (III)

Joaquina: Vamos a mirar dentro suavemente. Vamos a mirar cómo nos va la vida afectiva. Si tenemos pareja, si somos capaces de mantenerla, si podemos amar a una persona, aunque no nos quiera…

Jon: ¿Aunque no nos quiera?

Joaquina: Cuando yo era pequeña escuché una conversación de mi madre con una vecina. La vecina sostenía que uno se acaba cansando de la pareja. Que al principio había muchas sirenas y muchos pájaros, pero cuando pasaba un tiempo los pájaros dejaban de existir. Mi vecina y mi madre eran los detractores de mi felicidad. Yo no entendía que dos personas que estaban juntas podrían tener la cualidad de cansarse, y de que el tiempo diezmara su interés. Me parecía como de locos. La primera pregunta que hice fue: “Mamá, ¿tú estás cansada de papá?” Se hizo el silencio “Hija, no es como al principio” conclusión que saqué: sí. Luego seguí con la vecina: “Marga, ¿usted está cansada de Segundo?” Más silencio. “Joaquinita cómo eres…” Mis ojos, que siguen siendo igual, esperando respuesta. “Hija, comprende, la vida pasa, no puede ser siempre igual” Y yo contesto: “Claro que no es igual, porque usted ve a Segundo por la noche, y cuando es por la mañana, es un día nuevo, y usted cuando le ve tiene que darse cuenta de que ya no es igual” No dijo nada, claro. Mi padre me parecía diferente las 24 horas del día. Y te hago la pregunta. Es imposible que me veas hoy igual que me veías hace 21 días. Tengo 21 días para aprender, tengo 21 días para disfrutar, tengo 21 día para sentarme contigo y que veas que algo ha cambiado en mi. Porque sino sería horrible. Imagínate que en 21 días te cuento lo mismo, y no te agito el espíritu, y no te hago pensar qué haces en el mundo.

Jon: No solo sería horrible, sino que, conociéndote, sería imposible.

Joaquina: Con los años que tengo no me he aburrido ni un solo día. Otra cosa que nos tenemos que plantear. El ego nos dice que el amor existe, pero que es aburrido. El ego nos dice que tenemos la felicidad… y si tenemos la felicidad y tenemos el amor, ¿qué nos hace estar aburridos? Hay algo en el medio, y ese algo es el criminal en serie que llevamos dentro. Nos dice todos los días las cualidades que tenemos, para dos pasos después decirnos lo que no.

Jon: ¿Puedes poner un ejemplo?

Joaquina: Hoy he tenido un momento con una compañera de trabajo. Le he dicho una serie de cosas que pensaba, y cuando se ha ido la persona, de pronto viene el ego: “Joaquina, se lo podrías haber dicho de otra manera. Lo que le has dicho era totalmente correcto, pero igual se lo tendrías que haber dicho de otra forma” Al rato no sabía si la culpa era de la persona o era mía. El follón estaba dentro de mí. ¿No te pasa?

Jon: Sí, claro que si. Algo que hago y parece bueno, dos pasos después me paro a pensar si no me he equivocado. Hago algo con buena intención y el resultado es nefasto.

Joaquina: Ese es el criminal en serie que llevas dentro. Hay dos campos importantes donde se produce el criminal interno: el sexo, o lo que son los afectos, y el poder. Son las dos cosas más tremendas. También me he encontrado con personas que la dificultad la tuvieron en lo intelectual, y en lo social. Cuando la dificultad ha sido en lo intelectual o en lo social, la dificultad ha sido en el colegio y no en la familia. Cuando la dificultad está en lo afectivo o en el poder, ha sido en casa.

Jon: Los asesinos en serie reales, con muertes, suelen estar en los afectos o en el poder. Sin embargo, por ejemplo, en Seven, o El silencio de los corderos, son películas donde el protagonista tiene el problema en lo intelectual o en lo social.

Joaquina: Cuando la persona tiene la debilidad o se muestra en la parte social, es algo que vivió en el colegio, y si es en los afectos o el dinero, normalmente la dificultad está en casa con la madre o el padre. Normalmente.

Jon: Hay una maravillosa película con Bárbara Streisand y Nick Nolte, El príncipe de las mareas, donde creo que se ve claramente el problema con la madre.  

Joaquina: Sí, ahí se ve la destrucción de la persona a través del criminal en serie que lleva dentro. Y en El silencio de los corderos, el criminal externo. Cuando hay una estrategia, cuando la cosa no es impulsiva, suele ser con lo intelectual o social. Cuando el tema es más afectivo tiene que ver con la familia. Lo importante es que tenemos dos detractores reales, pero uno es el que domina realmente. El detractor que yo veo permanentemente y que el ego me la juega siempre, te puedo decir que es en lo social.

Jon: ¿Y has entendido por qué?

Joaquina: Creo que si. Si yo tengo un desarrollo intelectual como el que tengo, investigo, me tiro horas… pues debería estar en la calle, que me escuchasen, con un representante, por el mundo… un esfuerzo que no me apetece. Todos somos seres de luz, cuando ponemos una parada, es la oscuridad. Cuando estamos sintiendo la llamada a la pareja, estamos sintiendo la llamada a la entrega, a que ya es el momento, y lo paramos, nos llega la enfermedad, o se va anulando todo. Vas anulando tu éxito profesional, vas anulando tu éxito social… vas anulando para que tengas que tomar medidas. El ego es muy astuto, mi intelecto tiene millones de ideas, te prepara y luego te boicotea. Mira a tus amigos, a tus colegas, a tu hija… mira la maravilla que hay detrás de todos ellos y cómo se va destruyendo. Sin darse cuenta, la agresividad, la ira… Un director que podría tener un éxito total de pronto destruye a todo su equipo. Piensa más allá de tu comodidad, piensa en otra persona para que te des cuenta de que lo que te estoy compartiendo es una realidad tan absoluta, y tan dolorosa que, o metemos mano en el tema o el mundo se nos va de las manos.

Jon: Veo que el cambio tiene que ser por cada persona. Eso hará el cambio grupal, pero primero siento que tengo que hacerlo yo.

Joaquina: Efectivamente, no vale decir que cambie el de al lado. O el mundo empezamos a moverlo nosotros o no hay nada que hacer. Claro que existe el criminal de grupo que es la amputación absoluta de la sensibilidad hacia el pobre, hacia la honestidad, hacia la integridad. El mundo tiene únicamente dos dolores: sexo y dinero. Esas son las amputaciones del mundo, su criminal interno. Luego eso repercute en la sociedad, en el intelecto y en todos los sitios.

Jon: ¿Cuál es el juego diabólico en ti?

Joaquina: El ego me dice: “Joaquina, ¿qué hay para ti más importante que las personas?” Nada. Lo único que les puedo dar a las personas es lo que tengo: ideas, compartir mis desarrollos y mi investigación. Ahí está el follón. Puedo coger una persona, puedo cogerte a ti y compartir. Eso es lo que hice durante muchísimos años. Yo compartía persona a persona. Ese compartir era exquisito para mi. Y entonces llegaste tú y otras personas y me dijeron: “Pero Joaquina, ¿por qué no compartes tus conocimientos? “Estupendo” dije yo. “Somos un grupito de 16 o 17”. Genial venir aquí, esto es manejable. El primer día vinieron 75 personas. Eso empezaba a no ser manejable. Lo que hice fue sentar a los 75 en unas sillas, sacar un mamotreto de papeles enorme, ponerme delante de ellos durante 2 horas y decirles todo lo que había investigado sobre un montón de cosas. Salí de la sala y me dije: “Yo ya he cumplido”

Jon: Me acuerdo perfectamente y entonces te dijimos que ahora sabíamos todo lo que tú sabías, pero no sabíamos cómo lo sabes.

Joaquina: llega un momento en el que el propio intelecto llega a decir: Quizá deberías hacer… y desarrolla más ideas que te ponen en riesgo. Esa es la cuestión. No es que el intelecto esté antes o después, sino que hay una tensión entre lo que te da felicidad y las implicaciones que conlleva seguir el camino.

Jon: Recuerdo hace unas semanas estabas dando un curso, y en primera fila había una mujer que obviamente no quería estar allí, y lo mostraba en su cuerpo, en su expresión… Me encantó tu reacción para con ella.

Joaquina: Sí, ahí estaba la lucha. Por un lado, mi intelecto me dijo: “qué bien, ahora la puedo preguntar, dándole la oportunidad de despreciarme” Entonces aparece la parte social que me dice: “No la toques, no la molestes” etc. Entonces, el intelecto que quiere ayudarla, y la parte social que dice: “No intervengas, sé políticamente correcta” Y ahí estaba la pelea.

Jon: Y ¿por qué en vez de fijarte en ella te fijaste en cualquier otra persona de las que estaban encantadas contigo?

Joaquina: La persona me dice: “Es que he venido obligada” El intelecto te la juega para que, en un momento dado, hagas la gran luz o hagas la gran estupidez. Siempre tenemos la oportunidad de la gran luz o de la gran estupidez. Piensa en alguien que se haya ido de tu vida, y que no esté vivo. Y te darás cuenta de que en ese momento estaba tomando decisiones. Mi padre, 59 años. Mi padre sentía la mar como su vida, y como asturianos que somos, la tenemos cerca. El cogía su coche, y antes de llegar a casa después del trabajo, siempre iba a ver la mar. Se ponía en el malecón, miraba la mar y sus ojos proyectaban la vida. En aquel lugar, en aquel sitio, él querría estar. Siempre su cabeza estaba en algún sitio donde él podría estar. Uno de estos días, tuvo un accidente de coche y desapareció de mi vida. No se puede vivir con una mente privilegiada como él la tenía, encerrado en un lugar donde no la puedes practicar. Su intelecto, absolutamente sobresaliente, y su necesidad de estar cerca de su familia, eran su gran lucha. Estaba casado con la mujer que más amaba en su viuda, que jamás se hubiera movido de donde estaban. Él se movía yendo a la mar, y desde ahí miraba. Hasta que su propio sistema no lo pudo soportar más. Era mucho más fácil el calvario de vivir todos los días mirando a la mar, que encontrarse todos los días con el dilema: o la mar, o ella. Y lo que encontró fue la muerte. Ese es el punto. Hay un momento donde decides que ya no más. Eso no quiere decir que tu cuerpo desaparezca. Quiere decir simplemente, que algo que podría ser deja de existir. El trabajo que podrías tener, el éxito que podrías cosechar. El día que se va la ilusión, y a mi padre se le fue la ilusión, es el día donde te das cuenta de lo que tu eres ya no lo puedes poner en práctica donde trabajas, porque ya no le interesa a tu compañía. Ya tienes 59 años y no te dejan explorar más allá. Y ahí es donde tú saciabas tus necesidades. Él llegaba a la empresa y ahí saciaba todo su intelecto y todas sus capacidades. Pero llegó un momento donde la empresa tampoco le necesitaba, y donde no iba a marchar porque esa mujer era más grande que su marcha. En ese espacio donde existen esas dos luchas, hay un momento donde dices “ya no, ya no más” Y cuando recuerdo personas que se han ido, en todos los casos me encuentro con la misma situación: “Ya no más” y a veces llega un cáncer que te da la opción de “todavía sí”, pero tienes que hacer el cambio.

Hay un libro, El poder está dentro de ti, con el caso de una mujer que sufrió una historia de sodomización sexual brutal, y cuando entró el cáncer dijo: “esto no va a poder conmigo” y superó su situación. Su criminal asesino le había llevado hasta ese punto y lo superó.  

169 El criminal en serie que llevamos dentro (II)

Jon: ¿Cómo funciona ese criminal en serie que llevamos dentro?

Joaquina: Lo primero que tienes que saber es que no hay ánimo de matar, hay ánimo de no sufrir, solamente que no lo sabemos hacer. Nadie nos queremos matar, solo que no encontramos recursos para llegar a esa parte. Nuestro asesino en serie se llama ego. El ego solo queda destruido si nuestro cuerpo muere. De tal manera que el ego nos hace ver dos cosas: Que nos quiere, y que nos quiere ver muertos. Nos dice que nos quiere para engatusarnos y luego nos pone alrededor vivencias donde continuamente nos dice lo contrario.

Jon: Es decir, por un lado, nos dice que el mundo entero nos quiere, que somos estupendos, geniales…, y por otro lado nos dice que el de al lado está mal, que no funciona, etc.

Joaquina: Cada vez que señalamos que alguien tiene un defecto, el ego acaba convirtiéndote en el hacedor de ese defecto. Señalas a la persona el defecto y te vas dando cuenta de que tú tienes defectos, y poco a poco pasas de ser perfecto a ser el ser más imperfecto de la naturaleza.

Jon: Es lo mismo que hacen nuestros padres. Nuestros padres dicen que somos los más bonitos hasta que nace alguien que es más bonito, o hasta que nos comparan con el que es más inteligente, con el que come mejor o con el que hace las cosas mejor. ¿Lo hacen con intención?

Joaquina: No. Nos dicen que somos los mejores, pero en el fondo siempre hay alguien que es un poco mejor. Y nosotros vamos pensando que hay un sistema de perfección y de imperfección que está continuamente latente en nuestro sistema. El ego juega a que te veas perfecto, y que alguien funciona peor que tú. M funciona peor que yo, y al rato piensas… sí, funciona peor que yo pero mide 1,70 y yo solo 1,60… y además M es mucho más ágil, y los chicos la miran más… y cuando te quieres dar cuenta has cogido el panel de tus errores y de tus defectos. ¿Qué crees que pesa más al final del día?

Jon: El defecto.

Joaquina: Sí, y el ego ha conseguido meternos en la mayor de las basuras. El ego construye la mayor metáfora del dolor que existe: el cuerpo. Especialmente el de la mujer. Hemos venido para sentirnos deleznables. Tienes 15 años, vas por la calle… teta de novicia. No hay señor que no te mire, y al mirarte no demuestre que tu cuerpo es manjar de dioses. Tienes 20 y empiezan un poco a no mirarte, y cuando tienes la plenitud de tu inteligencia te cambian por una 15 o 20 años más joven. Esa es na experiencia dolorosa.

Jon: Sí, y también las niñas de 15 miran a otras mujeres como si fueran una basura, no dándose cuenta de que en unos años ellas mismas van a pasar por la experiencia.

Joaquina: Esto es un ejemplo corporal, pero puedo darte el mismo ejemplo con la inteligencia. Uno de los casos más dolorosos son los niños superdotados. Casi todos los niños superdotados lo son en una franja de edad y luego se convierten simplemente en niños inteligentes. A los 7, 8 años hace cosas alucinantes, y cuando cumple 13, 14 años se convierte en un niño de inteligencia normal. Esos niños pasan por auténticos calvarios, porque siempre hay un niño superdotado que le supera. Ha sido la estrella de su colegio y, de pronto, pasa a un segundo plano.

Jon: Eso quiere decir que permanentemente estamos en estado de competitividad.

Joaquina: Esa es la baza del ego, la competitividad, lo bueno contra lo malo, lo mejor contra lo peor.

Jon: Esa es la forma que tiene el ego de funcionar. ¿Cómo lo convertimos nosotros en nuestro criminal en serie?

Joaquina: Cometemos un error para alguien. Es decir, hay una persona que nos ve un error. Pero lo ve con crueldad. Nos deja en evidencia ese error, de tal forma que nosotros más que ver nuestro error lo que vemos es la crueldad. Esta crueldad la convertimos en: “Yo no quiero vivir esto” Ese error y esa crueldad está en una parcela de nuestra vida, no está en todas. Puede ser en una parcela afectiva, en una parcela económica, en una parcela intelectual, o en una parcela social. Imagínate que has tocado sexualmente a tu hermano o a tu hermana, y llega tu padre o tu madre, y de un a forma brutal te dejan en evidencia ese acto. O hay un acto brutal de una persona hacia ti, y tú te sientes vejado. Es decir, lo que has visto, tu cerebro no lo puede soportar, de tal forma que lo esconde en una parcela y dice: “Antes muerto que vivir esto”

Jon: ¿Puedes detallar un poco más en qué consisten cada una de las parcelas?

Joaquina: En los afectos está el sexo, está el querer y no querer, las caricias, todo lo que significan los afectos, las relaciones entre un hombre y una mujer, las relaciones homosexuales. La parcela económica tiene que ver con el poder, la ruina, la malversación, el robo, cualquier cosa que tenga que ver con la parte económica. La parcela intelectual que incluye el desprecio a tu inteligencia, la torpeza, o cualquier cosa donde te están mostrando que no vales. La parcela social, cuando te acercas a un grupo social y cometes un gran error y a partir de ahí te dejan en evidencia.

Jon: Entonces lo que sucede no es tan importante como la dimensión que le damos.

Joaquina: Lo que tienes que ver es en qué parte de tu parcela de vida siempre tienes el error. ¿Qué parte de tu vida claudica en una de estas parcelas? Por ejemplo: no tengo la capacidad de tener pareja, continuamente se rompe, no me comprometo, acabo teniendo problemas… No tengo la capacidad de tener dinero, de mantenerlo, lo pierdo… Pierdo mi poder, me someto, no soy capaz de tener mi propia autoridad… No tengo la capacidad de desarrollar todo mi intelecto, siempre pienso que tengo algo que no funciona, he anulado y destruido mi desarrollo y capacidad intelectual… Soy incapaz de relacionarme socialmente, no puedo entrar en un sitio donde pueda tener una relación porque inmediatamente la destruyo. Necesitas encontrarlo para que te des cuenta de que en la línea de la vida has ido cayendo en ello una y otra vez, haciendo te un daño, primero normal, luego un daño un poquito mayor, y otro poquito mayor, hasta llegar al punto de la destrucción y darte cuenta quede ahí no puedes salir. Porque tu padre perdió el trabajo y te hundió, haciéndote dudar de tu valía, dejándote en evidencia que por tu culpa no podía vivir… El hecho, como decías, es lo menos importante. Lo importante es que sepas en qué parte de tu parcela personal estás fracasando una y otra vez de forma irracional. Has dado demasiada fuerza al ego para destruir tu vida totalmente. Tu vida no es el cuerpo, tu vida es la felicidad.

Jon: Entonces donde no podemos ser felices está apalancado el criminal en serie.

Joaquina: Sí, donde fallas una y otra vez, donde notas que por mucho que quieras no eres capaz de brillar como brillarías si miras tu lado del potencial. Me gustaría que fueras tan cretino como para darte cuenta de que tenemos algo maravilloso que, si quitaras este criminal en serie, te convertirías en la experiencia más grande de ti mismo. Me gustaría que fueras tan poderoso como para darte cuenta de eso. Mira Jon, yo destruyo siempre mi vida en la parte social. Gracias a Dios tengo muchas personas que me aman profundamente y a las que yo amo. Tengo unos resultados económicos que se mantienen, y si no lo hacen se perfectamente por qué. Tengo una vida intelectual en la que puedo ser mejor o peor. Pero tengo una vida social en un estado de querer escapar permanentemente. Cuando doy una conferencia o un curso, al rato, lo único que quiero es irme. Lo supero, desde hace un tiempo, pero ha sido mi mayor lastre durante mi vida.

Jon: ¿Y qué ha hecho que venzas a tu asesino en serie?

Joaquina: Pues el que creo que los conocimientos tienen que ser compartidos, la felicidad tiene que ser compartida, Dios tiene que ser compartido, entonces, la parte divina que tengo, como la que tienes tú, como. La que tenemos todos, es la que dice: “vas a ir y lo vas a compartir” y tres pasos después me dice:” Te vas a aguantar” Pero lo mismo que el resto de las cosas las vivo en una felicidad inmensa, ese estado de relación social es muy costoso. Y en los cursos y talleres estoy en el cielo, pero si ahora nos fuéramos a una fiesta, directamente desaparezco. Ni existo en una fiesta. No sé compartir ninguna cosa social, es como un estado de alerta, un estado de destrucción total, y mi ego me avisa inmediatamente: “Este no es tu sitio, qué haces aquí, de qué vas a hablar, escóndete, eres la mayor piltrafa…” Me lo trabaja de tal manera que es inviable que yo siga. He tenido la maravillosa oportunidad que las personas en los cursos les gusta escucharme y el intelecto. Porque el criminal tiene al policía, que es la mayor cualidad, que viene a impedir que siga matando.

Jon: Me gusta el concepto del policía.

Joaquina: Yo tengo claro cuál es el policía que me salva desde algo. Pero no me salva todo el tiempo.  Me salva a ratos.

Jon: Entonces tenemos que descubrir dos cosas: En qué campo tenemos a ese ego que nos destruye y que nos ha hecho sentir que la felicidad no existe, y a esa otra parte de nosotros que dice permanentemente que la felicidad si existe.

Joaquina: Y te digo algo. Por mucho que tú quieras, va a vencer el ego nocivo si no pones cartas en el asunto. Y lo hace de tres maneras: Quitándote las relaciones, quitándote la salud, quitándote la energía. Si te fijas son las tres cosas que nos llevan a Dios. La energía, la salud, y las relaciones. Las relaciones porque aprendes sobre ellas, la energía porque es la que te permite mantener un cuerpo en equilibrio, y la salud porque es la que te permite pensar más allá del cuerpo.

Jon: Ciertamente cuando el cuerpo está enfermo no pensamos más allá de él. En mi caso es definitivamente la energía la que me falla continuamente.

Joaquina: La energía es la que te da poder, la que te hace sentir poderoso. Es esa energía que llega e inundas todo el espacio con ella, que eres capaz de movilizar al mundo. No hay nadie en este mundo que no sea capaz. No hay nadie que se aleje del criminal que lleva dentro. Lo tuvo hasta Jesús. Y no hay nadie que se pueda evadir de ese ser maravilloso que tenemos para salvarnos del asesino. El policía que nos cuida, que nos atiende, ese ángel que te va dando luz para que vayas de un sitio hacia el otro. Pero lo que he comprobado es que si no te haces consciente de cómo funciona el artilugio, la batalla está casi perdida. Mira a tus padres, a tus mayores, mira las guerras del mundo, mira que cada cosa que pasa encontramos la oscuridad permanentemente. Plantéate en que cuadro de estas cuatro cosas tienes al policía, el maravilloso vigía que te dice: “vente, eres estupendo, vente para acá” Y dónde tienes ese detractor, ese criminal en serie que te dice: “Sal de aquí, ese no es tu sitio”

Jon: Y además nos pone trampas. A veces pensamos: “bueno, me he ido de esto y estoy feliz, me lo estoy pasando genial”

Joaquina: Es durante un tiempo. Es decir, yo me alejo de la sociedad y me voy a un retiro, y me separo del mundo público 2 o 3 años, y ni te cuento cómo va a ser mi vida de maravilloso. Sin embargo, durante ese tiempo, el intelecto estará diciendo: “Qué has hecho, tenías cosas que compartir, tu forma de ver las cosas es diferente, podrías estar participando…” Entonces no voy a ser feliz en ningún sitio.

Jon: Tu guardián es el intelecto, el convencimiento de que las ideas que no se comparten no son ideas, y que las ideas de todos suman.

Joaquina: Mi segundo guardián es que yo amo hasta reventar a las personas. En ese amor es imposible que me pueda extraer de estar dando lo mejor. Mi gran detractor es lo social y el poder.

168 El criminal en serie que llevamos dentro

Acabamos de terminar de ver la película Seven, dirigida por David Fincher en 1995 y con las interpretaciones de Brad Pitt y Morgan Freeman. Antigua pero no ha perdido su potente mensaje. Me fascina saber por qué a Joaquina le gustan este tipo de películas.

Jon: Quizá es que te veo frágil y delicada, y muy espiritual como para que te gusten este tipo de películas. ¿Me estoy perdiendo algo?

Joaquina: Hace años que investigo las mentes criminales. Esas mentes cuya condición es hacer daño a los demás y a quitarles la vida. Me interesaban mucho sus comportamientos, porque me parece siempre muy difícil entender como una persona puede quitar una vida. Cuando tienes alguien a quien amas, y deja de respirar, se hace una laguna inmensa entre lo que había y lo que es, y quieres llorar sin darte todavía mucha cuenta de lo que has perdido. Desaparece en el tiempo la persona, dejando solo el recuerdo, y te das cuenta de que la persona no es un cuerpo, es algo mucho más que permanece y permanece… pero te gusta tener el cuerpo cerca.

Jon: Bueno, es un apego que tenemos a las personas que amamos, y a sus cuerpos.

Joaquina: Si, y eso me ha llevado a cómo puede quitar la vida una persona a otra. Esta sensación se agravó cuando empecé a analizar que las mentes criminales tenían varios focos: las personas mayores, los niños, y cierto tipo de personas…

Jon: ¿Hablas de criminales en serie?

Joaquina: Sí, esas personas que quitan la vida secuencialmente, con un comportamiento concreto.

Jon: ¿Y tus conclusiones?

Joaquina: Mi conclusión es que estos asesinos quieren liberar a las personas que matan de algo que han vivido ellos. Es decir, matan a los niños porque ellos de niños han sufrido y quieren que desaparezca ese dolor. O matan a personas que están significando violencia que ellos han vivido, y no pueden parar la secuencia, y necesitan matar y matar, y matarían a todas las personas en el mundo que les recuerdan eso. No matarían a quienes no se lo recuerdan. Únicamente a las personas que tienen esa clave de dolor interno.

Jon: Entonces me estás diciendo que estos asesinos lo hacen porque han sufrido un dolor interno que no han podido soportar.

Joaquina: Sí, y me planteo, ¿cuántas horas se pasa la humanidad analizando a personas que matan fuera y qué poco tiempo dedicamos a analizar cómo las personas nos matamos dentro. Debido a una circunstancia, que cada uno tenemos que analizar, hay una parte de la vida que se ha quedado bloqueada, y continuamente matamos esa parte de nuestra historia para no sufrir esa parte de la historia. Ese es el criminal en serie que llevamos dentro, el que no nos permite vivir la experiencia positiva de nuestro mayor valor.

Jon: Entonces es una parte de nosotros que intenta quitar un sufrimiento.

Joaquina: Imagínate… Hay un criminal en serie que tiene una persona que le cuida, un cuidador. Este cuidador no tiene en cuenta su sensibilidad y lo que hace es llegar a un punto de sometimiento que lo encierra en una habitación, y cuando la persona necesita hacer cualquier cosa, pues no le deja. De tal manera que deposita sus excrementos en una caja y los mete en un armario, porque no le permiten salir. Entonces hay un bloqueo de libertad y una… voy a llamarlo sodomización, la veja, no la deja ser ella misma. La persona encerrada va maquinando y construyendo una idea sobre sí mismo: “Si alguien me está haciendo esto, es que debo tener algo malo” Hasta el punto de que no puede soportar ese sentimiento de maldad. Aparece entonces un proceso de enajenación y la culpa que siente dentro la proyecta y culpabiliza, e inmediatamente quiere salvar a los niños de vivir esto. ¿A quién va a matar?

Jon: ¿A las niñeras?

Joaquina: Y las niñeras van a tener un niño al lado, lo cual quiere decir que se va a llevar a la niñera y al niño. Es decir, que necesita volver a vivir todo lo que vivió, pero al revés. Delante del niño necesita destruir a la niñera.

Jon: Es decir, siempre hay una vivencia donde hay un personaje que bloquea a la persona y la anula.

Joaquina: No importan los niveles, el ejemplo es un nivel fuerte, pero funciona exactamente igual dentro de nosotros. La única diferencia es que nosotros no matamos a alguien de fuera, sino a alguien de dentro. A nosotros mismos. El personaje de la historia va perdiendo la razón y pensando que es muy malo, muy malo, y en ese momento solo le quedan dos opciones: atacar o atacarse. Al ser un sentimiento tan malo, pierde la sensibilidad y empieza a destruir. Lo que destruye es a la persona que le hace daño, en el mismo escenario. Cambia la forma, pero el escenario tiene que ser el mismo: Debe haber una niñera y un niño. El se hace el salvador del niño, pero el niño tiene que ver lo mismo que vio él. Así funciona una mente criminal en serie.

Jon: Yo puedo comprender estados de enajenación inmediatos, donde no mides lo que puedes hacer, y se produce algo duro. Lo que a mi también me cuesta comprender es esa premeditación secuencial a las mismas personas y de la misma manera, perdiendo más y más la sensibilidad hacia el ser humano.

Joaquina: Lo que a mí me cuesta es entender a una persona que está todo el día contra sí misma. Eso me duele todavía mucho más. La diferencia es que no tenemos sangre para ver, vamos matando neuronas, vamos matando deducción, vamos matando expectativas… y vamos convirtiéndonos en seres anodinos y perdidos. Mira a un niño recién nacido, es la expresión de Dios hecha carne. Y nosotros somos morcillas caminado. ¿Dónde se quedó Dios? Es imposible que exista esta variable si no hay algo que lo provoca. Es imposible que un niño recién nacido exprese la mayor experiencia divina, y una persona mayor exprese la mayor experiencia de lo no divino.

Jon: Hablas casi constantemente de criminales y no de asesinos. ¿Cuál es la diferencia?

Joaquina: Son personas normales que un día detectan la llamada a superar las cosas que ellas vivieron. Son criminales y no asesinos porque no tienen conciencia de matar a una persona, quieren matar el mal, que para mí es muy diferente. El ejemplo que te he puesto es un caso real, que a mi me hace temblar por dos cosas: una, que las cuidadoras pasan a ser seres malévolos para esta persona, y dos, porque el niño vive el escenario de la mayor crueldad. Cuando una persona tiene un deterioro tal que no comprende lo que está haciendo, es parecido a lo que nos pasa a nosotros. Con estas explicaciones quiero que te des cuenta de cómo tú y todos configuramos nuestra mente cuando sobrepasamos los niveles de dolor en algo, y ahí empieza a construirse nuestro degradador, o nuestro anulador de la felicidad.

Jon: Entonces, hay una vivencia a la que nosotros damos un valor negativo. Y es una vivencia que se repite de continuo. Tiene dos características: Es una vivencia muy dolorosa para mi, y además no la comprendo. No comprendo como alguien que me tendría que estar queriendo me hace eso concreto que me está haciendo.

Joaquina: No hay ningún ánimo de disculpar al criminal en serie, sino de que comprendas lo inevitable que resulta para él. En este caso hay un cuidador, cuando revertamos el caso a nuestro interior habrá un papá y una mamá. Tenemos un bloqueo de libertad expresiva emocional, una situación donde no nos podemos expresar. Además de no poder expresarlo tenemos que pasar por una vejación. Por ejemplo, yo trabajo con niños que se han orinado o hecho caca en el colegio, o niños que les han dejado desnudos porque se han manchado, o sodomizaciones que han dejado a las personas colocadas en ese sitio. Esto el niño lo guarda dentro de su archivo porque no lo puede soportar. Y va teniendo comportamientos limitados hacia la sonrisa, hacia la alegría, o hacia otras cosas, y aparece un niño o una niña que tiene expresiones diferentes a otros niños. Se contiene más, habla menos, le provocan temor cosas, vive como un estado de excitación hacia el miedo o hacia el temor excesivo.

Jon: Sí, y lo que les solemos decir es que hablen, que sonrían, y conseguimos que se cierren todavía más, y que se queden todavía más bloqueados.

Joaquina: Vive entonces la culpa de “¿Qué tengo yo malo para que me hagan esto a mi?” “¿Qué ve esta persona en mi que no me ama?” A partir de ahí, como la culpa dentro no se puede soportar, escupe la culpa hacia el exterior. El criminal en serie busca la misma escena, pero cambiada. Al que le hacía daño es al que él le hace daño, y el que sufría el daño es el observador: “Vas a observar esto para que te des cuenta de que te estoy salvando” “Estoy matando a tu cuidadora, que no te quiere por mucho que te diga, que te maltrata, y tienes que verlo para que sepas que soy tu salvador”

Jon: El daño para el niño es tremendo.

Joaquina: Esta persona no matará al niño. Matará a la cuidadora, pero el niño vivirá el tiempo que considere esta situación de dolor.

Jon: ¿Qué busca esta persona?

Joaquina: Salvar al mundo de esta situación, y cree que solo se puede salvar desde un lugar de dolor. Volviendo al interior, hay un sedimento interno que nos lleva a polarizarnos. Hay una parte de nosotros que se convierte en destructivo y una parte de nosotros que es lo contrario, que es lo constructivo. Lo que sucede es que el constructivo acaba muerto, cansado por tanta destrucción.

Jon: En el mundo pasa lo mismo. Existen 4 o 5 estrellas que están dando luz y millones de seres que quieren que esa luz se apague. De esas luces permanecerán una o dos, pero las otras se habrán agotado.

Joaquina: Creo firmemente que todos somos la luz, y tenemos ese punto que debemos superar, que se llama el ego destructivo. En mayor o menor medida, el ego siempre es destructivo. Este ego destructivo es al que escuchamos cuando no queremos hacer nuestro propósito de vida. Cuando queda descubierto el criminal interno, nos damos cuenta de que está impidiendo que tengas lo mejor de ti mismo. En el ejemplo que te estoy contando, esa persona, si no fuera un criminal, tiene una sensibilidad hacia los niños que tienen pocas personas. Y esa sensibilidad la podría haber utilizado en ser un gran constructor de nuevos métodos de trabajo con los niños… pero cuando se encontró con ese compromiso, optó por la destrucción porque el compromiso le parecía demasiado fuerte para él.

Jon: Entonces, el trabajo que me propones tiene dos pasos: Darme cuenta de cómo funciona mi destructor y encontrar cómo se ha convertido en un criminal en serie.

Joaquina: Sí, pero no el destructor generalista, sino aquel que funciona de una manera concreta, en un tiempo concreto y con asuntos concretos. Está el destructor de nuestra felicidad afectiva, está el destructor de nuestra felicidad profesional, social…Tienes que detectar cómo funciona el destructor en un campo concreto. El objetivo es desnudar al asesino para poder decidir si quieres seguir matando una parte de ti, o quieres ser feliz. Esa es la disyuntiva. Una parte de ti es oscuridad y otra parte de ti es una claridad enorme. No puede estar mezclada tu oscuridad con tu luz porque se irá destruyendo. Si al finalizar el día me doy cuenta de que soy feliz cuando imparto algún curso, pero en otros momentos no, podré decir que soy feliz a ratos. Yo creo que la felicidad es permanente, y sin embargo cuando hago mi recurrente pregunta de “¿Eres feliz?”  la respuesta es: “a ratos, que no puede ser, que en momentos concretos…” Eso me generaba mucha tensión porque si les preguntaba qué querían en la vida, todos contestaban: “Ser felices” ¿Cómo puede ser que todos quieran algo que dicen que no pueden conseguir de manera continua? ¿Para qué estamos vivos? Si esta es la vida, no la quiero, pensaba yo de pequeña ante este conflicto. Y le decía a mi madre que no quería ser como los demás, que quería ser feliz y conseguirlo. El mecanismo de querer cosas y no poder, hace que muchos de nuestros niños vivan en un estado de no entender. Porque les decimos que le amamos, pero les quitamos a su padre o a su madre. Les decimos que le amamos, pero estamos continuamente hablando mal de la vida. Les decimos que le amamos, pero les dibujamos un panorama totalmente patético. Algo nos pasa. Esas contradicciones no pueden ser desde la luz. Tiene que haber algo dentro que nos lleva a algún sitio que tenemos que analizar. Estoy segura de que no hay ningún criminal en serie que hubiera querido empezar a matar. Y estoy segura de que nosotros no hemos decidido de forma consciente empezar a matarnos. Pero no hemos encontrado ningún otro recurso mas que anular la parte de nosotros que creemos que no se puede respetar.

167 Hiperactivo e hipoactivo

Estamos cocinando una ensalada. Es la comida habitual de muchos de nuestros. Pero esta ensalada es diferente, y la verdad, me gustan más otras. Pero todo tiene su sentido.

Joaquina: Hay una realidad que es nuestra única y exclusivamente, que es de la que tenemos que tomar conciencia. Hay un mundo con los demás donde compartimos las culpas, y hay un mundo dónde realmente actuamos, que es donde nos vengamos de los demás: el mundo de la toma de conciencia. Esto vale para los tres niveles, el del yo, el de los sentimientos y el de la materia. En cualquiera de los niveles hay una toma de conciencia que es solamente nuestra. Hay un compartir con la otra persona en el cual vemos en los otros lo que nosotros tenemos, y hay una venganza donde actuamos porque realmente no queremos tomar conciencia de que el problema es nuestro. En el nivel de la venganza se enferma. Debemos conjugar todos los conocimientos que tenemos para romper la tendencia que tenemos a hacernos daño, sea física, emocional o personal. Si tenemos una enfermedad física la desarrollamos somáticamente en el cuerpo; si es psíquica en la relación tenemos una enfermedad de comportamiento psicológico; si tenemos un conflicto en el tí mismo enfermamos en el nivel de conciencia, epilepsia, Parkinson…

Jon: Entonces, así es como se originan las enfermedades: desde no querer mirarme donde yo tengo la dificultad, miro en la otra persona con la que me relaciono, veo que esa persona tiene la culpa de lo que me está sucediendo y entonces inmediatamente me vengo. ¿No?

Joaquina: Te pongo un ejemplo. Una persona que tiene un comportamiento autoritario en la materia y no quiere darse cuenta de que ese es su conflicto, piensa que los demás no quieren compartir con él las cosas y a partir de ahí les castiga con pereza. El problema de esa persona es el autoritarismo, las cosas tienen que estar como dice, cuando dice, y en el momento que dice, pero no quiere darse cuenta de que ése es su problema. Entonces, lo que hace es lanzarlo contra los demás. Las personas con las que está, por ejemplo, la pareja, es una persona que no le deja las cosas, que se las quita, no comparten. Pero hay que fijarse en qué es lo que no comparten. Si por ejemplo fuese autoritario en la casa y no quiere compartir el dinero y el sexo, inmediatamente se va a vengar no trabajando. Aquí enfermará, y como es la pereza, enfermará del hígado y del estómago que son los órganos de la actuación.

Jon: Cada acción tiene su consecuencia. ¿Cómo se puede manejar para que el resultado no sea la enfermedad?

Joaquina: Lo primero es parar la acción, en el ejemplo anterior la persona tendría que dejar la pereza, e inmediatamente mirar qué es lo que ha dicho que esa persona no comparte y ver porqué no lo comparte.

Jon: Con eso ya se estaría mirando a sí misma.

Joaquina: Y entonces verá que no lo está compartiendo, porque las cosas tienen que ser como yo digo y cuando yo lo digo. Si no rompe el autoritarismo sigue enfermando, pero no será con enfermedades fuertes ni con dolores intensos. Por ejemplo, una mujer que tuviera este componente, si es una mujer tendría miomas y si es un hombre próstata. Esto significa que el mioma lo va a reflejar en la venganza. Si es una persona que tiene miomas será perezosa sexualmente, si es un hombre y tiene próstata, tendrá problemas de que no actúa sexualmente con libertad, o engaña, o es indolente en la sexualidad y a partir de ahí se le producirá la enfermedad.

Jon: Y el arreglo de la enfermedad es…

Joaquina: paro la pereza, miro qué es lo que yo no quiero darle a la persona e inmediatamente tomo conciencia de mí mismo. Para hacer un trabajo personal mucho mas rápido he dividido el cuerpo en tres partes. La cabeza sería la toma de conciencia, el tronco el mundo de las relaciones, y las piernas de la pelvis hasta abajo el mundo de la materia. La venganza siempre está abajo, en la materia.

Jon: Pero al contemplar el cuerpo como un sistema afectaría al resto de las partes ¿no?

Joaquina: Evidentemente, cuando nos estamos vengando se refleja en todo el cuerpo porque estaría en los tres planos: el cuerpo sería el plano de la materia, los sentimientos en el plano de los sentimientos, y la razón en el plano de toma de conciencia. A pesar de tener implicadas las tres partes del cuerpo, la toma de conciencia es la que está menos armónica respecto de las otras dos. La enfermedad física se va a reflejar en todo nuestro cuerpo, pero donde más acusada tengamos la enfermedad es donde más vamos a tener que mirarnos. Una persona que cambie constantemente la cara, que de pronto la veas bien, y luego mal, es una persona que tiene que hacer una toma de conciencia del ti mismo. Una persona que se le hincha mucho el abdomen, que de pronto siente que no puede respirar, tiene que tomar la conciencia con sus padres, con la relación de los sentimientos, con la vida familiar. Y una persona que tiene que tomar conciencia de la pareja, del mecanismo que tiene en la vida tiene que mirarse sus piernas principalmente.

Jon: Dame más ejemplos concretos, por favor.

Joaquina: Por ejemplo, todo lo que esté reflejado en las piernas es un no asumir el mundo de la materia, la pareja, lo cual no quiere decir que tengas un problema con la pareja, significa que no asumes el tener una pareja. Hay personas que deciden no tener una pareja e inmediatamente bloquean su parte de abajo. El cuello es no querer implicarte en el ti mismo, es decir, no quieres vencer la situación. El coxis es el punto donde vas a mirar a tus padres, pero reviertes en la pareja. Todas las personas que no quieren llegar a mirarse generarán la tensión importante abajo. Tendrán problemas de dinero, de sexo, todo lo que sea abajo, porque sino miraría a mis padres. Sin embargo, ahí no quiero estar al darme cuenta de que mis padres y yo tenemos mucho que ver, y ahí si que hay un gran problema.

Jon: El conflicto creo yo que está cuando pasamos al punto de crecer, el mundo de la materia, el mundo adulto, de padres, pareja… y por último nosotros. Casi todo el tiempo estamos con problemas con los padres y la pareja. Y no caminamos.

Joaquina: Así es, y en todo este proceso empleamos toda la vida. Vamos creciendo y el problema empieza en el colegio, sigue con los padres y nos lanzamos a la pareja a matar, culpándola de todo. Todo esto es el 90% de la vida de las personas. En este proceso lo único que queremos es recoger.

Para disolver, adelantando tu siguiente pregunta, esta situación podemos usar la ley de los 5 elementos, para así destruir la enfermedad. Ahí vas a ver que la tolerancia y la paciencia se nutren de la grasa, la conciencia y la creatividad de las vitaminas, la acción de los hidratos, el desapego y la liberación se nutren de las proteínas y la confianza de las sales.

Jon: Lo cual quiere decir que para que podamos corregir cualquier patología o comportamiento, tenemos que recurrir a la forma de alimentar la situación y que se pueda resolver.

Joaquina: Con el ejemplo de la pereza, esta persona estaría en la acción que significa que actúa mucho o actúa muy poco. Una acción equilibrada es aquella que le permite a la persona nutrirse del movimiento y del descanso. Cuando no hay un movimiento del nutriente y del descanso es cuando surge la patología en la acción, y cuando hay una patología en la acción, hay una patología en el estómago y en el bazo-páncreas. Es decir, que las personas que están hiperactivas y lo hacen para algo estarán enfermando. Un exceso o defecto de acción las va a llevar a desconfiar de lo que hacen. Desde no tener confianza en sí mismas van a perder su creatividad y desde ahí se van a apegar a las cosas donde pasarán a expresar la intolerancia y la impaciencia.

Jon: Es decir, la hipoacción y la hiperacción son lo mismo: pereza, problemas en la acción. El hipoactivo contiene y su pereza la mostrará con intolerancia lo que le hará apegarse a las cosas y ser rencoroso. Desde ahí no tendrá creatividad y pasará a la desconfianza expresada con autoritarismo. Como no hace nada necesita estar intolerante, impaciente, para que no se note que no está haciendo nada.

Joaquina: Necesita grasa mientras que el hiperactivo la grasa llega al final del todo y no la necesita. Para la acción se necesita grasa (aceite de oliva y aceitunas). Tendrá problemas de próstata, de vejiga, de riñón. La persona hiperactiva necesita mucha sal y agua, tendría que nutrirse con cosas que llevaran sal, verdura, etc. Lo que necesita para que se mueva el hidrato es que estén lubricados todos los órganos. Aunque coma hidratos y tengan grasa no hay problema porque los está consumiendo constantemente. Para solucionarlo hay que darle agua fuera de las comidas, tomar muchas vitaminas en forma de frutas, verduras y hortalizas. Tiene que conseguir desapegarse a costa de comer proteínas muy ligeras como pescados, y eliminar las carnes. Para solucionarlo, el hipoactivo debe empezar a mover un poco su tolerancia, un poco liberarse de cosas, un poco la creatividad (creatividad conceptual), hacer ejercicios de paciencia y desapego y liberando rencores llega a la desconfianza casi sin existir. La trampa es el hidrato, comer hidratos le paralizará siempre.

Jon: Es un trabajo personal duro.

Joaquina: Un trabajo personal lo que hace es buscar la solución donde no nos sentimos agredidos. Lo que notes como el punto mas fuerte de tu situación nunca intentes cambiarlo a la fuerza, porque eso es lo que buscas para detener todo un proceso. Debes darte cuenta de que el esfuerzo del trabajo personal es que es un trabajo de encuentro contigo mismo, un trabajo de mirarte a ti mismo donde tienes un punto de fricción constante, dándote cuenta de que no se equivocan los demás, te equivocas tu. Los hemisferios son una parte importante en la curación. La persona que hipoactúa tiene que estar todo el tiempo hablando en detalle, viendo el detalle y haciendo figuras geométricas para potenciar el hemisferio izquierdo. Y una persona que hiperactúa tiene que estar continuamente viendo lo analógico, lo holístico, lo inconcreto para potenciar el hemisferio derecho.

En ambos casos, deberían seguir este orden:

  1. Alimentación
  2. Manejar los hemisferios
  3. Posturas corporales. Para corregir los meridianos
  4. Tomar conciencia del movimiento
  5. No imponer algo que quieran hacer. No manipulación
  6. No aceptar nada que los demás les quieran obligar a hacer si va a través de la manipulación
  7. Comer alimentos amargos para aumentar la consciencia: apio, pomelo, endivia.
  8. Tener cerca personas creativas (conceptual uno y artísticas la otra)
  9. Cantar
  10. Andar descalzos todos los días, sobre madera o piedra, y masajearlos con aceite de oliva

Como plus, una receta de ensalada amarga para elevar la conciencia y potencia el Yang

(Cambiando el pomelo por queso de Burgos se convierte en cena)

RECETA para ensalada con el máximo nivel de hierro:

  • Granada
  • Pomelo
  • Cogollos
  • Apio
  • Berro
  • Perejil

Salsa:

Aceite de oliva con granada, pomelo y apio.

No es recomendable para personas con la conciencia muy excitada, o personas que hablan, pero no viven lo que dicen. Siempre tenemos que ver dónde estamos situados, y dependiendo de ello tendremos una respuesta de lo que deberemos comer. Por ejemplo, una persona que esté en exceso de tolerancia no puede tocar las grasas, ni el aceite. Debemos hacer una digestión donde por el estómago pasen los alimentos muy rápido. La digestión de las proteínas es en el estómago, la de los hidratos en el duodeno y la digestión hepática está en el duodeno junto con el hígado y el páncreas. Luego está la digestión intestinal que es la más importante.

Lo que hemos hecho con estas dos personas (hiperactivo e hipoactivo) Lo que conseguimos es una depuración para anular la venganza y no enfermar. Trabajar la venganza: la tensión uno y la pereza el otro.

166 ¿Deseas vivir?

Me encuentro en mi despacho pensativo y cabizbajo cuando a mis espaldas oigo la siguiente pregunta…

Joaquina: ¿Deseas vivir?

Jon: ¿Y esa pregunta?

Joaquina: La sexualidad está relacionada con la vida en la Tierra, que se desarrolla plenamente por la interacción de dos energías básicas: la energía telúrica y la energía cósmica. La energía telúrica (de la Tierra) tiene la capacidad de matar, pues en ella, cuando no está bien canalizada, se origina la enfermedad. El hombre ha de aprender a manejarla utilizando los centros de transmutación del cuerpo. Vivir es la capacidad de instrumentar tu vida. La energía telúrica solo se activa si deseamos vivir. En caso contrario, la energía no solo no se activa, sino que se bloquea, provocando que vivamos por inercia y no por energía.

Jon: Pero yo sí quiero vivir, solo estoy un poco cansado.

Joaquina: Querer vivir es querer pensar, querer sentir y querer hacer. La negación a cualquiera de ellas significa que no queremos vivir. Por el contrario, cuando permitimos que fluya, la energía tiene una enorme fuerza que nos estimula a pensar, sentir y hacer plenamente.

Jon: ¿Cómo la activo?

Joaquina: La energía entra en el hacer. En este contexto, ‘hacer’ significa ejecutar algo que nosotros sentimos que hemos construido. Pensar es llevar el razonamiento de la mente a un clímax desde el cual poder llegar a unas conclusiones. Si éste no está estimulado por el pensamiento, la energía se bloquea y vuelve de nuevo a la tierra. Es decir, unos hechos que no surgen de un pensamiento provocan la pérdida de la energía. De modo similar, cuando entra la energía en nuestro cuerpo y no queremos pensar nos convertimos en animales sexuales: comedores compulsivos, bebedores, anoréxicos, bulímicos, nuestra sexualidad se limita a la genitalidad.

Jon: Ahora no estoy ni para eso. Creo que solo debería identificar qué no quiero hacer en la vida, a qué me estoy negando, y la energía volvería a fluir.

Joaquina: La Tierra tiene una energía que nos llena siempre de una fuerza negativa. Entra con una fuerza brutal en el punto entre las dos piernas, y de ahí sube al resto del cuerpo. Una persona sana moverá la energía por todo el cuerpo, atravesando los siete centros energéticos (pelvis, ombligo, espacio baja las costillas, punto medio del pecho, garganta, ‘tercer ojo’, sobre la cabeza) y completando un recorrido formado por energías que se enlazan formando una trayectoria ascendente y descendente. Estos centros, centros de transformación de la energía, están maduros a los 10 años. Un niño recoge tan solo el 0.01% de energía telúrica en la primera etapa de su vida, que es cuando su función es incorporar su ser al cuerpo de la Tierra. De ahí la importancia de que el niño, durante su primer año de vida, gatee y no se ponga jamás de pié, pues no está preparado para el impacto directo de la energía en su pelvis.

Jon: Estás hablando de una especie de ciclo…

Joaquina: Así es. Transcurren 12 años hasta que la energía de la Tierra queda totalmente incorporada en nosotros. El ciclo se completa a los 24 años. El siguiente ciclo, el ciclo del dinero, tiene por objeto la incorporación de la energía cósmica. Es necesario haber completado correctamente el ciclo del sexo para que la energía cósmica fluya en nosotros. De ahí la importancia de deshacer los bloqueos que se hayan producido en este primer ciclo. A los 0 años se establece el inicio de la recogida de energía, que culmina a los 12 años. A partir de los 12 años la energía recogida baja en forma de fantasías hasta completar el ciclo a los 24 años. Las fantasías que se viven en esta segunda parte del ciclo están conectadas a las etapas de la primera parte, evidenciando los bloqueos que se han producido de 0 a 12 años.

Jon: Según Jung, Erickson… las fantasías están en nuestro inconsciente

Joaquina: Existen 3 niveles de conciencia: Consciente, en el que vivimos lo tangible. Subconsciente, en el que vivimos la imaginación. Inconsciente, en el que se sitúa lo intangible. En el nivel del inconsciente está la capacidad de aprender. Un inconsciente enfermo repite errores, no nos permite cambiar, nos mantiene bloqueados. El nivel del subconsciente, cuando enferma, nos mantiene atrapados en las fantasías. El nivel consciente bloqueado se manifiesta en bloqueos en el sexo, en el dinero, en el éxito, en el poder.

Jon: Entonces, si voy entendiendo, el consciente sexual se alimenta de los sentidos, de lo que tocamos, olemos y sentimos. El subconsciente sexual contiene las fantasías sexuales que, si no se verbalizan, nos lleva a ocultarlas, por ejemplo, a la pareja, y a entrar en la culpa. ¿Y el inconsciente sexual?

Joaquina: El inconsciente sexual es la relación sexual con nuestra personalidad. Es la capacidad de relacionarnos con nuestro padre, con la madre, con el hermano. La envidia al hermano impide una relación sexual generosa, como en el caso de la eyaculación precoz. Los celos del hermano nos llevarán a vivir la relación sexual con la idea de que nuestra pareja tiene a otra persona en su mente. En la relación de pareja, un bloqueo en el inconsciente sexual nos lleva a la necesidad de cambiar tarde o temprano. A los tres años de relación (hoy día el inconsciente colectivo demanda cambios mucho mas frecuentes que hace 50 años, cambios incluso a los 3 meses) se agota el atractivo sexual que sentimos hacia el otro y aparece la búsqueda de una relación sustitutoria.

Jon: Eso no suena a una buena solución…

Joaquina: Efectivamente, la solución no proviene de la sustitución de la otra persona, sino de la superación de los bloqueos del inconsciente. La mujer sufre especialmente el desencanto que sobreviene a esta crisis de la decadencia sexual. En los tres primeros años de relación, una pareja atraviesa etapas sucesivas en las que se reviven los problemas en la relación con la madre (1er. año), con el padre (2º año) y con el hermano (3er. año); y puesto que la relación con el hermano siempre ha sido problemática, este tercer año de la relación suele ser muy conflictivo.

Jon: Lo cual quiere decir que casi todos tenemos relaciones sexuales un poco desastrosas.

Joaquina: Lo que sucede habitualmente es que tras la relación sexual reconocemos en el otro al padre, la madre o el hermano. Si la relación con ellos ha sido buena, la relación sexual nos habrá parecido maravillosa; si la relación ha sido mala, nos habrá parecido desastrosa. El problema aparece cuando cada uno la vive de modo diferente: uno querrá escapar de la relación, mientras el otro quedará enganchando. No se debe por tanto llegar a la relación sexual con el otro sin haber dejado transcurrir tres meses. Más aún, se debería esperar a tener desbloqueadas la relación con madre, padre y hermano.

Jon: Pero hoy la vida pasa más rápido, eso suena a relaciones de cuando yo tenía 20 años. Dudo que los chavales de 20 años de hoy en día esperen tanto tiempo, estén o nmo preparados. Quizá por eso duran tan poco las relaciones.

Joaquina: La relación sexual plena solo tiene lugar cuando los tres cerebros (reptil, límbico y neocórtex) están funcionado integrados. El cerebro Reptil, que se forma de los 0 a los 4 años, es el responsable de la superviviencia en la Tierra, es el que utilizamos para vivir. El cerebro Límbico se forma de 4 a 6 años, y es el responsable de las emociones, de la imaginación, de la sensibilidad. En esta etapa se gestan los manipuladores. Un niño que percibe un pensamiento manipulador en el padre o la madre que le lleva a actuar o expresar de manera contraria a como piensan, es un niño que aprende a manipular sus sentimientos. Cuanto mayor sea la distancia entre el contenido del pensamiento de los padres y la expresión de ese pensamiento, mayor será la manipulación que incorporará el hijo. El cerebro Neocórtex se activa a los 6 años y es el responsable de la intelectualidad, la creatividad y la lógica. Solo cuando estos tres cerebros están operativos, la relación sexual está consolidada sobre unas bases que la hacen eterna. Eso no sucede si llegamos a ella en las fases iniciales de la relación, cuando ésta atraviesa la etapa primera, de pura atracción sexual, o la siguiente de enorme apasionamiento sentimental.

Es a través del conocimiento profundo de la persona como llegamos a incorporar el cerebro neocórtex. Solo en este momento la relación sexual se construye sobre pilares duraderos. Necesitamos entonces un fundamento para la relación, una coincidencia en la idea, una unión para compartir la vida del otro.

Jon: Entonces podríamos identificar en qué estado está nuestra relación de la siguiente manera: Si está en el estado reptil, deseamos tocar, deseamos dinero, poder. En el estado límbico, deseamos sentir, deseamos emocionarnos. Y en el neocortex, la relación está en la mente y el otro está siempre presente en nosotros, le veamos o no.

Joaquina: El síntoma inequívoco de una relación que se rompe es la aparición de los disgustos. Los disgustos aparecen siempre que se ha llegado a la relación sexual cuando el nivel de intercambio entre las personas aun se mantenía en el estadio del cerebro reptil. La relación ha de construirse en los tres niveles antes de llegar a la relación sexual plena; si no se llega a completar el proceso la relación queda detenida en el nivel reptil o en el nivel límbico y es imposible evitar la ruptura; se ha destruido la posibilidad de elevar la relación al neocórtex. Los códigos de conducta están incorporados en los cerebros de las dos personas y por ello el cambio de esta situación se realiza siempre desde la persona y nunca desde la relación. En la etapa infantil, nos hacemos personas de 8 a 12 años. El objetivo de esta etapa es la unión de los tres cerebros. La meta es pensar, sentir y hacer con lógica, algo que requiere la obediencia a uno mismo. Es a los 10 años cuando el niño es capaz de incorporar la cualidad de la obediencia. Si en este proceso algo falla nos encontraremos, tiempo después, con que nos acercamos a las relaciones en estado de supervivencia, lo que nos llevará a la relación sexual por miedo a perder el amor del otro. Si no hemos sabido decir “no” a la madre, no sabremos decir “no” a una relación sexual. Si hemos sido obligados por el padre a obedecer, iremos obligados a la relación sexual.

165 El amor

Estamos sentados en el banco de un jardín, a los pies de una iglesia observando a los invitados de la boda a la que acabamos de asistir que bajan las escaleras de. Sonrisas cómplices, trajes elegantes, amigos emocionados y madres un poco llorosas conforman este irreal y a la vez familiar escenario. Una novia preciosa y un novio exultante bajan raudos los peldaños, con sus manos entrelazadas  y con la libre sobre la cabeza intentan entre risas protegerse de la lluvia de arroz. Van todos desapareciendo en sus coches y nosotros nos quedamos un rato más disfrutando del olor a flores de esta tarde de mayo.

Jugando un poco a ser fariseo, como en el evangelio de Mateo (19, 3-6), tanteo a Joaquina:

Jon: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”  ¿Dónde queda hoy la promesa de fidelidad en la prosperidad, la adversidad, la salud, la enfermedad, amándola y respetándola durante toda la vida?

Joaquina: Fíjate, si en vez de esas gastadas palabras hubieran dicho estas: Te amo para que tú seas libre de amarme o de no amarme, de darme o de no darme, de entregarte o no entregarte. Éste amor sólo nos vincula a tu absoluta libertad que es la misma que yo quiero tener en este amor.

Jon: Suena muy diferente

Joaquina: No es eso de “me amarás hasta el día en que te mueras, me amarás haga yo lo que haga, me amarás con el hambre, con todo lo que nos pase”… Ese no es el amor que estamos esperando, y eso no quiere decir que estemos planteándonos separarnos. Eso quiere decir, simplemente, que le das a la persona la libertad absoluta de que viva aquello que necesita mientras está contigo, en total libertad.

Cuando te encuentras con una persona, sea quien fuere, tu amor, que no está fuera, no es que ames a la persona, sino que es tu amor proyectado fuera, tenga la capacidad de permear al otro. La capacidad de que el otro haga lo que quiera en cada momento, sin que tenga que justificarse ante nosotros. Ése sería el amor infinito, porque tiene que estar libre de miedo, tiene que estar libre de no aceptación, tiene que estar libre de dogmatismo. Pero jugar al juego de pensar que el otro te hace lo que tu le estás haciendo a él. Jugar al hecho de que el otro decida que su vida es mucho mejor sin nosotros, o jugar al hecho de que el otro no trabaje y nos deje toda la carga de trabajo a nosotros, es insoportable. Que lo que es insoportable para nosotros es exactamente igual de insoportable para el otro.

Jon: No conozco a ninguna persona que amando entienda que el otro no le ame, no conozco a nadie. Es decir, en el momento en que estás diciéndole al otro  “te amo”, ya ha hipotecado al otro en que le tiene que amar.

Joaquina: Lo que realmente nos va a hacer grandiosos y únicos es entender la bidireccionalidad de los sentimientos. Que el sentimiento es tan libre para odiar como para amar. Que el amor que tú tienes no tiene que ser un amor condescendiente, ni tiene porqué ser un amor frío. Que si tú tienes la razón, al lado hay otra razón tan libre como la tuya. Que si tú tienes dolor, al lado hay otro dolor tan increíble como el tuyo. En la medida en la que pensamos que nuestro dolor es el máximo, que nuestra capacidad es la máxima y que lo que nosotros nos merecemos el otro no se lo merece, es imposible hacer una vida o tener una vida de iguales.  Y si no es una vida de iguales, es una vida que tiene demasiados errores y demasiadas vinculaciones no posibles.

¿Se ha puesto alguna vez alguien de rodillas ante ti y has pensado que esa persona no merecía tu amor? No hace falta que me contestes. ¿Te has puesto alguna vez de rodillas ante alguien, has permitido que piensen lo mismo?

Jon: mmmmm…

Joaquina: Pues yo me pongo de rodillas delante de todas las personas y les digo que les amo profundamente, pero eso no vincula en ningún momento, la posibilidad de que ellos me amen a mí. Solamente amo lo que yo siento. Y eso que yo siento, me vincula a mí con lo que yo siento, no les vincula a ellos o a ti con lo que yo siento. A ellos les tiene que dar total libertad lo que yo siento, y a mí me tiene que permitir que ellos sean totalmente libres con lo que sienten. Si no hay esa libertad alguien la hipoteca en este camino. Y esa hipoteca es la que, en realidad, está anulando toda nuestra existencia. Si no hay libertad para sentir, porque si siento y tú no sientes me odio, no hay libertad para amar. Mis sentimientos no hipotecan a nadie en mis sentimientos. Mi amor no hipoteca a nadie en mi amor. Mi camino no hipoteca a nadie en mi camino. Porque si yo hipoteco al otro en mi camino, lo que estoy diciendo es que existe un solo camino, el mío, y el del otro no existe. Y si el camino del otro no existe, es que he cortado el circuito del camino, convirtiéndome en un ser en solitario.

Jon: Implícito en lo que dices está el paso previo del amor a uno mismo antes de buscarlo fuera. Como decía Pablo en la carta que nos han leído: “El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida”

Joaquina: Nosotros somos amor, indiscutiblemente, a nosotros mismos, indiscutiblemente. Luego podremos tener problemas de cómo nos tratamos, podemos tener complejos de inferioridad, etc., pero que el amor que nos tenemos a nosotros mismos está por encima del amor a cualquier persona, es una realidad incuestionable. Tienes muchos  problemas, no tienes ni idea, eres bastante erudito, te cuesta entender que 2 + 2 son 4, pero mirar lo que te amas y pasárselo al otro no tiene que costarte nada. No es ningún logaritmo, no tienes que ser ni socrático, ni presocrático, ni aristotélico, no tienes que hacer nada, simplemente ponerte en disposición de ver cómo te amas y pasárselo al otro.

Es decir, que si yo voy a cogerte el brazo, Jon, y te voy a trabajar tu muñeca y antes veo el movimiento que voy a hacer para saber lo que duele en la mía, casi seguro que cuando toco tu muñeca tengo claro hasta dónde puedo llegar sin que haya dolor y voy a ser muy cuidadosa. Pero si se me olvida mi muñeca, cogeré la tuya y seré más brusca. Con lo quejica que eres no tardaré en escuchar tu grito y tu reproche. ¿Qué pasó ahí? En el momento en que tú eres consciente todo el tiempo del amor que te tienes a ti mismo, eres incapaz de hacerle algo al otro que no sea con amor. Pero tienes que ser consciente del amor a ti mismo, no jugar al juego de que no te amas, que esa es la mayor barbarie de lo que hacemos.

Jon: De ahí: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”

Joaquina: Si, pero hay un grave problema que arrastramos desde el catolicismo: Lo que hemos perdido con la cruz es la conciencia del Amor. Porque quien nos dijo “ama al prójimo como a ti mismo” nos está queriendo en la cruz todo el tiempo, porque el se amó y se dio en la cruz. ¿Qué nos está pidiendo realmente? Ama a tu prójimo como a ti mismo, quiere decir que me inmole totalmente en la cruz. Si te amo a ti como a mí mismo, me voy a la cruz. Sin embargo se nos olvida que él también nos entregó la resurrección. ¿Con qué nos hemos querido quedar? Nos regaló la resurrección para que supiéramos, como concepto, que no teníamos que morir y que no teníamos que sufrir, sin embargo, nos quedamos con la cruz. Y ése es el planteamiento que nos tenemos que hacer y que nos tenemos que cuestionar.

Jon: ¿Por qué hemos decidido cuando estamos en pareja vivir en la cruz y no vivir el amor?

Joaquina: Te amo como a  mí misma, te doy la libertad para amarme y no amarme como me la doy a mí misma para amarte y no amarte. Ése sería el matrimonio. Y el primer matrimonio es el interior. Te tienes que amar a ti mismo, con la consecuencia de tener dos formas dentro de ti: una que te gusta más y otra que te gusta menos. La que te gusta, disfrútala y la que no te gusta, cámbiala. Si quieres vivir un amor eterno, y existe el amor eterno, la única posibilidad es que conviertas en amor total lo que tú eres. Porque cada vez que sales fuera buscando amor, vas buscando el amor que te faltó en tu infancia, esa parte de ti que no se completó. Y eso es lo que nos hace estar permanentemente en la cruz, permanentemente en la culpa, permanentemente en el desamor, permanentemente en la soledad. Tienes que conseguir el amor a las dos partes de tu conformación, es lo que te sacará de la culpa. Si no lo haces así será muy difícil, porque en el de al lado siempre verás el error de aquel padre al que no amas.

Jon: Vamos buscando la pareja compensatoria

Joaquina: Hay una creencia generalizada que el amor es una cualidad que emerge de pronto ante la imagen de una persona, y que es en ése momento donde se culmina el mayor nivel de éxtasis personal. Sin embargo, las cualidades no están sujetas a momentos, a necesidades o a expectativas concretas. Si tu valor primordial es el amor estará presente en ti en todo momento y no será alguien ajeno a ti quien te lo inspire.

Si tu sientes amor ahora mismo por la última persona que se ha acercado a ti, o por aquella persona que ha movilizado en tu interior sensaciones antes no descritas. No estás hablando de amor. Estas conectando con una pasión, con un deseo, con una alteración o simplemente con un capricho al que le exiges una respuesta idéntica.

La propuesta que te hago es que sólo se tiene poder cuando el amor está dentro y no está fuera; que sólo se tiene prestigio cuando el amor está dentro y no está fuera; que eres capaz de conocer solamente tu amor, el amor del otro nunca lo podrás conocer; que eres capaz de expresar tu amor, nunca podrás expresar tu amor en la palabra del otro y, lo que es mucho más importante, la libertad sólo la tendrás cuando ames libremente al que está enfrente.