119 Una historia sobre el silencio

El Premio Nobel y neurocientífico, Walter Hess, defendía el planteamiento general de la boca cerrada ante los grandes temas, igual que hizo el Maestro Rinzai mucho antes que él. Hacia el final de su carrera, Hess sugirió que sería conveniente mantener un silencio modesto, dado que éramos tan ignorantes todavía en lo que respecta al cerebro y al mundo en general. Deberíamos reconocer, decía, que “existen y evolucionan en este mundo muchas cosas que no son accesibles a nuestra comprensión, porque nuestra organización cerebral está primariamente diseñada para asegurar la supervivencia del individuo en su entorno natural. Por encima de esto, el silencio modesto es la actitud adecuada.”

 Jon: Estoy preparando algunos textos para los talleres de este verano en el Camino de Santiago, y he tropezado con eso. ¿Qué te parece?

Joaquina: Ya sabes que uno de mis referentes religiosos es Juan de la Cruz. Él distinguía dos dimensiones del silencio: una dimensión teologal, de cara a la relación de la persona, y otra dimensión que podríamos llamar ascética. Para Juan, Dios es un Dios silencioso que “habla siempre en eterno silencio” En el silencio se pronuncia y se expresa a sí mismo, y en el silencio se revela y comunica a las personas.

Jon: Sí, el silencio es una práctica ascética valorada en toda la tradición religiosa y espiritual. Por ejemplo, en la Orden de los Cartujos … no sé si has visto el documental “El gran silencio”

Joaquina: No.

Jon: Pues merece la pena. Decía que, para los Cartujos, el silencio se considera fundamental para lograr la contemplación. Por eso, la palabra se utiliza solamente en el canto o en lo estrictamente necesario para llevar a cabo las tareas cotidianas. Sin embargo, como compensación, los domingos hay un recreo que dura de una hora a hora y media, y los lunes un paseo de tres horas fuera del monasterio, durante el cual se puede hablar libremente. En los monasterios no hay periódicos, radio ni televisión. Sólo el prior puede leer noticias que, en caso de suma importancia, a su criterio, puede comunicar a los monjes.

Joaquina: ¿Y sabes por qué es tan importante el silencio? Porque simplemente no sabemos nada. Déjame que te cuente una leyenda noruega que creo que lo explica muy bien:

Cuenta la leyenda acerca de un hombre llamado Haakon, quien cuidaba una Ermita. A ella acudía la gente a orar con mucha devoción. En esta ermita había una cruz muy antigua. Muchos acudían ahí para pedirle a Cristo algún milagro.

Un día el ermitaño Haakon quiso pedirle un favor a Cristo crucificado, impulsado por un sentimiento generoso. Se arrodilló ante la cruz y dijo:

– Señor, quiero padecer por ti. Déjame ocupar tu puesto. Quiero reemplazarte en la cruz.

Y se quedó quieto, con la mirada puesta en la Efigie, como esperando la respuesta.

El Señor abrió sus labios y habló. Sus palabras cayeron de lo alto, susurrantes y amonestadoras:

– Siervo mío, accedo a tu deseo, pero ha de ser con una condición.

– ¿Cuál, Señor? – preguntó con acento suplicante Haakon – ¿Es una condición difícil? Estoy dispuesto a cumplirla con tu ayuda, ¡Señor!, – respondió el viejo ermitaño.

– Escucha, suceda lo que suceda y veas lo que veas, has de guardarte en silencio siempre.

Haakon contesto:

– ¡Os, lo prometo, Señor! – Y se efectuó el cambio.

Nadie advirtió el trueque. Nadie reconoció al ermitaño, colgado con los clavos en la cruz, y a su vez el Señor ocupaba el puesto de Haakon. Y éste por largo tiempo cumplió el compromiso al pie de la letra, a nadie dijo nada.

Pero un día, llegó un comerciante rico a la ermita. Después de haber orado, dejó allí olvidada su bolsa de dinero. Haakon lo vio y calló. Tampoco dijo nada cuando un campesino pobre, que vino dos horas después, encontró la bolsa de oro del comerciante y, al verla sin dueño, se apropió de ella. Ni tampoco dijo nada cuando un muchacho se postró ante él, poco después, para pedirle su gracia antes de emprender un largo viaje.

Pero en ese momento volvió a entrar el comerciante en busca de la bolsa. Al no hallarla, pensó que el muchacho se la había apropiado. El rico se volvió al joven y le dijo iracundo:

– ¡Dame la bolsa que me has robado!

El joven sorprendido, replicó:

– ¡No he robado ninguna bolsa!

– No mientas, ¡devuélvemela enseguida!

– ¡Le repito que no he cogido ninguna bolsa!

Fue la rotunda afirmación del muchacho. El rico arremetió, furioso contra él. Sonó entonces una voz fuerte:

– Detente!

El rico miró hacia arriba y vio que la imagen le hablaba. Haakon, que no pudo permanecer en silencio, y gritó, defendió al joven, e increpó al rico por la falsa acusación. Este quedó anonadado, y salió de la Ermita. El joven salió también porque tenía prisa para emprender su viaje. Cuando la Ermita quedo a solas, Cristo Se dirigió a su siervo y le dijo:

– Baja de la cruz. No sirves para ocupar mi puesto. No has sabido guardar silencio.

– Señor, – dijo Haakon – ¿Cómo iba a permitir esa injusticia?

Se cambiaron los oficios. Jesús ocupo la cruz de nuevo y el ermitaño se quedó ante la cruz. El Señor, siguió hablando:

– Tú no sabías que al comerciante le convenía perder la bolsa, pues llevaba en ella el precio de la virginidad de una joven mujer. El campesino, por el contrario, tenía necesidad de ese dinero e hizo bien en llevárselo; en cuanto al muchacho que iba a ser golpeado, sus heridas le hubiesen impedido realizar el viaje que para él resultaría fatal. Ahora, hace unos minutos acaba de zozobrar el barco y él ha perdido la vida. Tú no sabías nada. Yo sí. Por eso escucho las plegarias y callo.

Y el Señor nuevamente guardó silencio.

Me quedo pensando en esta historia y en estos días que vivimos hoy. Joaquina, como siempre, no da puntada sin hilo.

118 Yo soy mi casa (IV)

Jon: Hestia (Vesta) era la diosa del hogar y nunca abandonaba el Olimpo. Hija de Cronos (Saturno) y Rea (Cibeles) era la mayor de seis hermanos. La Madre Tierra (GEA) había profetizado que uno de los hijos le destronaría, así que el viejo Saturno los fue devorando según fueron naciendo, siendo Hestia la última en ser engullida. Obligado después a vomitarlos por la pócima vomitiva que le administró Metis, Después de vomitar la piedra que se había tragado pensando que era Zeus, fue precisamente Hestia la primera en renacer. De esta manera fue la primera en nacer, pero a la vez la más joven. Nació literalmente dos veces, de la madre y del padre. Ella es la que se queda en casa, la protectora del hogar, diosa de la familia y de la paz. Su llama arde continuamente, representando la luz, el calor y la seguridad, siendo la diosa más venerada de las deidades. Aunque no tiene atributos propios, su emblema es la lámpara y su símbolo el círculo. Ella obtuvo el puesto central de la casa como su sitio sagrado, la hoguera, el fuego del hogar, que es lo que significa su nombre. Hestia ocupa su lugar en el centro del lugar de encuentro, de residencia. No había estatuas de ella en su templo, sólo estaba el fuego sagrado, su imagen y su lugar son idénticos. Como decidió no casarse, Zeus le otorgó el privilegio de recibir el primer y el último sacrificio en todas las ceremonias, como centro viviente de la familia o la ciudad.

Joaquina: Me encanta la mitología. El primer libro que me regaló mi padre fue un grueso tomo de mitologías griegas. Yo era apenas una niña, pero me lo leí entero. Gracias por el recuerdo.

Jon: Retomando lo de la casa y las leyendas antiguas, en todos los rincones de nuestro planeta existen leyendas basadas en la creencia de que el agua confiere la vida, la juventud, la sabiduría y la inmortalidad. Para los antiguos egipcios era la fuente que había dado origen a los dioses. Los hindúes creen que las aguas son el principio y el fin de todas las cosas que hay en la tierra. Para los mesopotámicos el agua representaba la fuente inagotable de la sabiduría humana. Muchas culturas rendían culto al agua porque pensaban que los sonidos y los movimientos de ésta representaban el alma de un espíritu vivo. Y en nuestra tradición cristina, el agua es el elemento central de la ceremonia del bautismo. Juan Bautista sumergió a Jesús en el agua con el fin de señalar el inicio de su trabajo espiritual como adulto.  Salió del agua “vuelto a nacer” y desde entonces los cristianos han conservado esta tradición como símbolo del comienzo de su camino espiritual.

Joaquina: El agua es una de las herramientas mas poderosas para purificar el espíritu de una casa, de una habitación o de cualquier espacio personal. El agua tiene propiedades purificadoras innatas, y sirve para limpiar y purificar la energía negativa y estancada de una casa, devolviendo a su espacio vital la sensación de claridad y paz que había perdido. El agua resulta excelente para eliminar las emociones negativas de una habitación, ya que este elemento se asocia con las emociones desde tiempos inmemoriales. Es excelente para la purificación, sobre todo para la purificación de emociones.

Jon: Vale, y si tenemos una habitación en la que nos encontramos mal o intuimos que hay una energía negativa, ¿por qué es buena el agua?

Joaquina: Estamos en interrelación constante con el espíritu del agua a través de las aguas de la vida que corren por nuestras venas. Cada latido de tu corazón te conecta con el espíritu universal del agua. El poder del espíritu del agua es la intuición, y la emoción y la espiritualidad. Es renovación y renacimiento. El espíritu del agua es infancia e inocencia. Cura las emociones y las heridas del pasado. Proporciona vida, sustento y curación.

Jon: ¿Cómo la tenemos que utilizar?

Joaquina: Pon un recipiente con agua al sol, para que se cargue de su energía. Por regla general, bastan tres horas para que el sol cargue el agua. El agua cargada por medio del sol posee una energía yang expansiva y exuberante, y es ideal para las habitaciones oscuras o en aquellas en las que parece haber una energía sombría u opresiva. También resulta recomendable para aquellas habitaciones en las que ha habido algún enfermo.

Jon: ¿Podría cargarse también con la luz de la luna?

Joaquina: El agua cargada de luna tiene propiedades curativas y femeninas, y ayuda a suavizar la energía una habitación. Resulta especialmente útil en las habitaciones en las que se han experimentado emociones intensas, tales como la ira y la tristeza. El agua cargada de luna resulta excelente para los dormitorios porque contribuye a crear una atmósfera saludable para dormir y es propicia para los sueños. La energía emocional tiende a quedarse estancada en el espacio durante un tiempo. Las emanaciones negativas generan una carga eléctrica que queda suspendida en el aire, una de las formas de eliminar esta carga negativa es humedecer la habitación. La humedad neutraliza la carga emocional del lugar y además genera un entorno rico en iones negativos, similar al que se produce en el mar, en una cascada o en un bosque rico de pinos, para ello vasta con pulverizar agua de manantial o “cargada” por la habitación a purificar.

Jon: También he leído por ahí que la sal es un gran purificador.

Joaquina: Sí, y se puede hacer una prueba muy sencilla para comprobar si la energía de un punto concreto de nuestra casa es la correcta o no. Para hacer la prueba, toma un recipiente con un litro de agua, al que añades sal común hasta su saturación; es decir, hasta que el agua no diluya más sal. Reparte esta agua saturada en varios recipientes cuidando de que contengan cantidades iguales de líquido. Lo ideal sería que los recipientes fueran de barro, madera o plástico, pues los de vidrio suelen contener plomo, que absorbe radiaciones. Posteriormente, distribúyelos sobre diferentes espacios, tantos recipientes como comprobaciones desees efectuar.

Jon: Debajo de la cama parece un buen lugar para colocar uno, ya que se pasan muchas horas seguidas ahí. ¿Qué pasará luego?

Joaquina: Conforme pasen los días y se vaya evaporando el agua, verás que en el fondo del recipiente la sal se va depositando, formando cristales. Si la zona es neutra favorable, la cristalización se hará formando pequeños cristalinos uniformemente repartidos en el fondo, e incluso tras la total evaporación del agua quedará una estructura cristalina armónica. Por el contrario, si el lugar está expuesto a fuertes radiaciones o energías desfavorables, las consecuencias serán unos gruesos cristales de sal y unas estructuras disformes, carentes de armonía, hasta el punto de que, en ciertas zonas, se empezarán a formar gruesos cristales en los bordes del recipiente, llegando a desbordarlo en ocasiones.

Jon: ¿Y el aire que respiramos en la casa? ¿Se puede purificar también?

Joaquina: Lo más típico es la técnica del ahumado. Es un ritual heredado de los indígenas americanos que consiste en hacer arder unas hierbas para transformar la energía de uno mismo, de otro, o purificar las energías de un espacio. Las hierbas más utilizadas son:

Salvia              Propiedades purificadoras

Vainilla            Ahuyenta pensamientos negativos

Cedro              Dispersa la energía negativa

La técnica consiste en encender las hierbas y cuando empiecen arder, apagar el fuego y dejar que salga el humo hasta que se extinga por completo. Puedes ahumarte a ti mismo: Una vez encendidas las hierbas hay que ofrecer el humo a los cuatro puntos cardinales, a la Tierra, al Cielo y al Gran Espíritu. A continuación, ahuecar las manos y dirigir el humo a cada parte del cuerpo y pensando en aquello que deseamos. Con ello estamos canalizando la energía. También puedes ahumar a los otros: El procedimiento es el mismo que el anterior, en este caso la persona que va a ahumar al otro dirige el humo con una pluma a cada una de las partes del cuerpo de la otra persona. Para ahumar una habitación:  La persona que va a realizar el ritual y las que le acompañen deben ahumarse primero. Después deben ofrecer el humo a los cuatro puntos cardinales, a la Tierra, al Cielo y al Gran Espíritu y después dirigir el humo con una pluma en el sentido de las agujas del reloj por toda la habitación, empezando por la esquina este.

Jon: Pensaba que con unas barritas de incienso valía.

Joaquina: Quemar incienso permite purificar las habitaciones y cada fragancia servirá en cada momento para generar una energía distinta. Cuando se enciende el incienso se suelen decir oraciones de consagración.

“No podrás por menos que buscar, ya que en este mundo no te sientes a gusto. Y buscarás tu hogar tanto si sabes donde se encuentra como si no. Si crees que lo estás buscando fuera de ti, la búsqueda será en vano, pues lo estarás buscando donde no está”

ACIM T12, IV, 5, 1:3

117 Yo soy mi casa (III)

Jon: ¿Qué te parece si hacemos un recorrido por la casa diagnosticando los espacios vitales? Podemos empezar por la entrada. ¿Qué representa realmente?

Joaquina: La entrada es la cara de la casa, con lo que recibimos a los demás, lo que mostramos hacia fuera y el umbral de paso del mundo exterior con el interior. En ella se viven los primeros impactos donde las personas se encuentran a la vez con un espacio nuevo, con una persona nueva…

Jon: Sí, todos somos “nuevos” cuando llevamos un tiempo sin vernos.

Joaquina: Y se encuentran con unas palabras que pueden llegar a ser avasalladoras. Hay que cuidar especialmente este espacio para suavizar lo máximo posible las situaciones.

Jon: La entrada es a la vez la salida, lugar de despedidas y la última impresión que se lleva la persona al abandonar la casa. ¿Seguimos por la cocina?

 Joaquina: La cocina es el alma de la casa, es el lugar donde debe coincidir la unicidad de criterios dentro del cerebro reptil. Muy pocos son los que tienen una vida dentro de la cocina al lado de quien prepara los alimentos, pero si ha habido una cocina práctica, sensible e inteligente, el resultado es un ser sano, equilibrado e inteligente. Es el centro de la practicidad de la conjunción del aprendizaje a aceptar el premio de la vida.

Jon: Y también es el lugar más desconocido para todos nosotros en la primera etapa de la vida. Recuerdo que a mi madre le encantaba cocinar, aunque se quejaba de tener que hacerlo todos los días.

Joaquina: La queja por la elaboración de los alimentos va a llevar a considerar que vivir o sobrevivir es un esfuerzo excesivo y nos llevará a buscar elementos fáciles, pero no correctos ni edificantes para nosotros. Un exceso de diversificación entre los diferentes moradores de la casa llevará a creerse especial y a tener dificultades para vivir en grupo. Cuando uno se ha sentido obligado a comer alimentos de baja preparación, pensaremos que vivir no está lleno de deleites y elementos gratos. Una cocina limpia donde se elaboran platos con amor y muy diversificados producirá mentes alegres, capaces y nada aburridas.

Jon: Ya hemos cocinada así que… ¡al comedor!

 Joaquina: Por condiciones socio económicas, muchas personas han sido educadas comiendo en la cocina o en el propio salón de estar. Los espacios se diversifican en la misma proporción en la que se respeta su uso, es decir, si un espacio se utiliza siempre para una aplicación y se respeta esa aplicación, la energía que se mueva ahí va a construir la situación. En el caso del comedor, será el lugar de la casa donde ingerimos los alimentos, pensando en ello, armonizando la energía de todos los presentes y evitando cualquier discusión o tensión en ese momento. Mantenerse en silencio sería lo más adecuado o aprovechar ese tiempo para aprender a comunicarse de una forma asertiva, delicada y amorosa exenta de crítica y noticias no gratas.

Jon: Quizá el salón sea el lugar por excelencia para aprender a escuchar y a meditar con la mente en algo concreto y sin dispersión. Me parece a mi que los malos oyentes, invasores en la comunicación, y poco reflexivos, suelen ser seres que se han sentido o muy atendidos o muy poco atendidos en este espacio de producir y vivir el máximo cuidado para el cuerpo.

 Joaquina: El salón es el lugar menos utilizado en casi todos los hogares. Centro de decoración e imagen para los de fuera, sin mácula, donde todos intentamos que los demás puedan ver lo que somos a través de lo externo. Es la actitud más patógena dentro de la casa y la que va a llevar a vivir como seres de adorno sin profundidad y sin permitirnos ser auténticos y profundos.

Jon: Además. las casas que tienen el salón nada mas entrar, sin distribuidor, van a dar personas que muestran lo que son nada más verlas, por lo tanto, hay una exigencia de integridad que en algunos casos puede ser patógena. No saben ser delicados.

Joaquina: La persona que primero tienen el distribuidor, pero que luego tienen que pasar por el comedor para ir al resto de la casa, son personas que se taparán pero que rápidamente mostraran lo que son. Las personas que tienen el salón totalmente independiente y se utiliza solamente para visitas, serán personas que darán una imagen y procurarán ser descubiertas pase lo que pase.

Jon: En mi casa de la infancia, a los niños no nos dejaban entrar en el salón. Le llamábamos “El pequeño museo” porque a mi padre le encantaban las antigüedades.

Joaquina: El salón es el lugar de extensión y las mayores dificultades en este aspecto las van a tener las personas que, habiendo sido obligadas a ser íntegras, sin embargo, no les dejaron utilizarlo. Es decir, el primer caso: salón nada más entrar, pero no vivido. Diríamos que es el lema de ser íntegro, pero los demás no tienen por qué enterarse si no van a ti. En relación con este aspecto, el segundo cado, si no se deja utilizar el salón, la persona pensará que puede ser menos íntegra pero que quizá los demás no se den cuenta. En el tercer caso no habrá búsqueda de integridad y además no serán buscados ni buscarán.

 Jon: Una de las piezas de la casa más usadas y difíciles de compartir es el baño. ¿Qué es el baño?

Joaquina: El baño, como centro de higiene en muchas familias, se ha vivido en una continua restricción, marcando períodos o frecuencias semanales, lo que le va a hacer a la persona tener dificultades para limpiar las cosas que hace incorrectamente. En otros casos no hay una definición de cuándo es el tiempo para hacerlo por propia iniciativa, sino que son los progenitores los que indican si uno está sucio o limpio, provocando en el individuo una sensación de ser atacado por los demás, y difícilmente comprenderán que esa suciedad se originó en ellos.

Jon: ¿Y el baño como “centro de eliminación de residuos”?

Joaquina: En casi todas las familias la evacuación es grosera y se ridiculiza hasta en el vocabulario, perdiendo la naturalidad del hecho y dramatizando en muchos casos la situación debido al olor, etc. Esto lleva a la persona a una situación de que tiene que mantener dentro de sí y ocultar lo que no le vale, como comportamientos, largos períodos en el baño, ausencia de acudir a él cuando se está en casas extrañas por vergüenza, sensación de inferioridad por tener necesidades corporales, hacen que el baño sea uno de los lugares menos cuidados y donde la energía se retiene de forma patógena.

 Jon: Pasamos al segundo cuarto intimista, donde en muchas ocasiones se nos olvida la cualidad para lo que existe este lugar y pasa a ser cualquier cosa menos un lugar de descanso.

Joaquina: En el dormitorio no se pueden tener conversaciones que puedan agitar el equilibrio y la paz a la que se debe ir antes de conciliar el sueño. Se deben evitar las lecturas en la propia cama y las relaciones sexuales que no vayan a acabar armonizadas y con un alto nivel de comunicación positiva. Tu compañía no puede pasar a ser tu enemigo en ese tiempo.

Jon: Yo aconsejo que en el dormitorio que no debe haber utensilios, imágenes o elementos que puedan generar dispersión o tensión a cualquiera de los que duermen en ella, y por supuesto no televisión. Antes de dormir debe uno relajarse y desconectar las impresiones físicas, emocionales y mentales. ¿Pasamos a la zona de estudio?

Joaquina: Por las mismas razones que el salón, suele estar mezclado el espacio: dormitorio, salón, o hasta la misma cocina. Según la ubicación nos estará hablando de una diferente actitud para el estudio. Lo importante sería conseguir que la zona estuviese compartimentada o dividida, aunque fuese de forma simbólica. Cuando un niño se ve obligado a estudiar en su dormitorio, será el lugar donde ataque a los propios estudios, bien no descansando por la tensión originada en el lugar o haciendo en la habitación lo que más le puede molestar a su madre. En muchos casos los estados de impureza o perversión de actitudes se fomentan por este hecho. Fumar, beber, leer y ver cosas prohibidas, etc.

Jon: En muchos casos no hay zona de estudio, y lo hemos hecho en el salón, e incluso en la cocina.

Joaquina: Si la persona estudia en el salón, tener que llegar a comunicarse puede llegar a ser un verdadero drama para él en caso de que los estudios no le resulten gratos. Cuando se estudia en la cocina se tiende a sentir que el estudio es algo que hay que comer y masticar uno mismo si a la vez se come en la cocina, por lo que se puede provocar una indigestión de términos o la no asimilación de lo que se estudia.

Jon: Podríamos pensar que es absurdo creer que un lugar condiciona una actitud, pero me gustaría que nos detuviésemos a comprobar estos datos y a ubicarnos en cada uno de ellos haciendo una reflexión sobre el resultado en nosotros, y si hacemos recaer sobre los demás esta experiencia.

Joaquina: La vivienda es un lugar de encuentro y compartida es un baile entre el dar y el recibir en el que podemos agrupar las distintas estancias en relación con ello. Estancias de dar: Salón (enseñar), estudio (trabajo), cocina (dinero). Estancias de recibir: Comedor (aprender), dormitorio (casa), baño (sexo)

Jon: Entonces, la casa mínima ideal debe constar de los siguientes cinco elementos:

  1. Habitación de dormir (casa)
  2. Habitación para estudiar (trabajo)
  3. Cuarto de baño (sexo)
  4. Cocina (dinero)
  5. Salón (sociedad)

Joaquina: De esta manera se logra la unidad del cuerpo físico.

116 Yo soy mi casa (II)

Jon: El otro día hiciste una equivalencia entre lo que te iba contando de la casa y los tres cerebros. ¿puedes abundar un poco?

Joaquina: En la casa debemos tener en cuenta tres aspectos importantes a la hora de analizarla: Primero buscaremos los elementos que definen los tres cerebros, reptil, límbico y neocortex de una forma estructural y no personalista. La importancia que nosotros le damos a cada uno de estos conceptos nos va a permitir conocer cuál de los tres cerebros es el que rige nuestra conciencia de la casa. En segundo lugar, desarrollar la funcionalidad tanto física, emocional y de conciencia de cada uno de los aspectos de la casa. Por último, la casa es el primer lugar donde empezamos a desarrollar los principios de nuestra vida. Es el centro de aprendizaje y donde vemos por primera vez la función maestro/alumno, por lo tanto, conocer en profundidad nuestra actitud desde la forma y aceptar el contenido nos ayudará al desarrollo del estudio.

Jon: Perfecto, empezamos entonces por el cerebro reptil. El cerebro de la supervivencia.

Joaquina: El desarrollo del cerebro reptil dentro del hogar se produce cuando somos capaces de desarrollar los principios de supervivencia más básicos, donde no intervienen ni sentimientos ni conciencia. Es decir, hablaremos de nuestra capacidad de comer, dormir y desarrollar una higiene en busca de la mejor forma de mantener nuestra salud. Todas las piezas de la casa forman parte del cerebro reptil, pero los regentes son los cuartos de baño y la cocina. La base de la vida física está fundamentada en los principios catabólicos, desecho, y los anabólicos, nutrición. En un tercer lugar estaría el dormitorio, al que no le damos importancia porque el cerebro reptil duerme en cualquier sitio.

Jon: Luego viene el desarrollo emocional en el cerebro límbico.

Joaquina: En la casa es donde por primera vez se desarrollan nuestros sentimientos. Una vez cumplidos los cuatro años nuestra vista se centra en nuestra madre, y desde ahí vamos pasando a nuestro padre y al resto de la familia. La casa y la madre son los dos símbolos junto con el agua, representativos por excelencia de las emociones. En la casa se desarrollan los sentimientos más afectivos, bucólicos y aquellos sentimientos más prácticos y de desarrollo. El cerebro límbico tiene de representantes de espacio: el dormitorio, que es donde aprendemos a recibir las ternuras de nuestra madre, y la zona de estudio donde vamos llenando de conocimientos y de reflexión, preparándonos para nuestros estudios y posterior trabajo.

Jon: Y nos queda en neocortex.

Joaquina: Hacemos una elección de lo que ha sido válido para nosotros en el comedor, y nuestros pensamientos y formación experimental la entregamos en el salón.

Jon: Deduzco por lo que dices que hay en la casa tres aspectos intimistas: los baños, los dormitorios y el comedor; y tres aspectos a compartir: la cocina, el estudio y el salón.

Joaquina: La casa tiene como principio fundamental nuestra capacidad de convivir, primero con nosotros mismos y luego con los demás. Según cuál haya sido el desarrollo de nuestra vida en el hogar en la primera etapa, vamos a ser capaces de ir viviendo etapas posteriores. Si la vida familiar nos ha llevado a compartimentarnos, aislarnos o sentir que los demás son una hostilidad, habrá elementos de la casa que nos resulten incómodos y en algunos casos hasta enfermizos. Los tres cerebros están expresados externamente en nuestro cuerpo: El cerebro reptil lo representan nuestras piernas, el cerebro límbico nuestro tronco y el neocortex nuestra cabeza.

Jon: En plan cuadro, quedaría así:

  Mundo íntimo Mundo externo
MENTAL. Cabeza. Neocortex COMEDOR: solo o acompañado SALÓN: compartido
EMOCIONAL. Tronco. Límbico DORMITORIO: solo o compartido ESTUDIO: compartido si se vive con alguien
FÍSICO. Piernas. Reptil BAÑO: sexo solo COCINA: dinero acompañado si se vive con alguien

Todo esto me llama a retomar el concepto de la casa griega: oikos. El término tenía un sentido amplio y un tanto ambiguo en el mundo griego. Podía ser utilizado para referirse a la comunidad humana básica, la familia, en su conjunto, pero también separadamente dependiendo del contexto. También puede designar solo el aspecto físico de la casa, o las propiedades que hay en ella. Así casa, propiedades y familia son los componentes del oikos. Aquí empieza la primera transformación de la casa. El hogar establece una identificación con sus ocupantes. Un hogar es así una casa, mas la gente que la habita, mas los objetos que guarda.

Joaquina: El hogar nos dan un reflejo de la condición de nuestra alma. Los hogares que creamos y donde habitamos interior y exteriormente, manifiestan un aspecto de nuestra alma. Necesitamos ver la casa como algo más que un objeto en el que habitamos. Lo que transforma la casa en hogar es la conciencia de aprender. Es la conciencia del mundo emocional y la relación con nuestra madre.

Jon: Me imagino que, en este contexto, “madre” como la parte femenina de nuestro padre y de nuestra madre.

Joaquina: Así es, en el hogar tienen que convivir estas dos energías, la del padre y la de la madre, y ambas deben mostrar sus lados femeninos en el hogar, dejando los lados masculinos para el trabajo. Esa mente femenina de ambos sale a la luz en las distintas funciones domésticas y lo que cada una de ellas significa.

  • Limpiar el polvo: es la capacidad de limpiar la basura interior.
  • Limpiar los cristales y ventanas: es permitirse ser transparente.
  • Ordenar armarios: Es permitirse que el “ser” esté ubicado donde quiere estar
  • Hacer la cama: Es la capacidad de limpiar el sexo.
  • Cocinar: es la entrega, el recuerdo de la madre nutridora.
  • Fregar: El agua está en relación con la pureza.
  • Planchar: es quitar dobleces, buscar la simplicidad de las cosas, pero profundizando en ellas.

Jon: Y, por lógica, la limpieza de la casa habría que empezarla por lo mas íntimo: los cuartos de baño.

Joaquina: En realidad, siguiendo las leyes de los 5 elementos, las dos secuencias óptimas serían:

EN GENERACIÓN:

  1. Baño
  2. Dormitorio
  3. Salón
  4. Estudio
  5. Cocina

EN INTERDOMINANCIA:

  1. Baño
  2. Salón
  3. Cocina
  4. Dormitorio
  5. Estudio

Jon: ¿Por qué es esto tan importante?

Joaquina: En nuestra infancia vivimos los procesos de crecimiento en el hogar y todo lo que se haya quedado atascado en esta época, lo repetiremos de adultos. Por ejemplo, la pereza para obedecer en el crecimiento lleva a tener dificultades manteniendo el trabajo en la edad adulta.  El hogar es la paz, la tranquilidad, donde se van alternando los períodos de calma propiciados por la madre, con los períodos de flujo traídos por el padre. Este hogar está antes que el trabajo, y si no se consigue hacer hogar nunca viviremos una situación óptima en el trabajo.

Jon: Y ahora que ya somos adultos…

Joaquina: Para conseguir este hogar en edad adulta, el principio más importante es la integridad. Esta integridad consiste en la relación existente entre el daño recibido y el daño causado.  Casi todos tenemos situaciones vividas en el hogar natal que nos hicieron un daño que provocó un sufrimiento, con mayores o menores consecuencias. La integridad en nuestro hogar adulto la conseguiremos no haciendo a otro lo que nosotros sufrimos. Parando cualquier situación por acción u omisión que sea similar a alguna vivida, evitando así que la persona con la que estamos quede dañada de la misma manera que quedamos nosotros. La integridad en el hogar es dar lo que nos ha proporcionado felicidad y no dar aquello que no ha hecho daño.

115 Yo soy mi casa (I)

Es Semana Santa, pero esta vez en vez de salir de viaje me atrinchero en casa de Joaquina ya que no se encuentra bien y vamos a pasar toda la semana recluidos. Esto nos invita a una mirada holística sobre el hogar. La casa, igual que nuestro cuerpo, funciona en todos los planos que interactúan entre si y con nosotros.

Joaquina: Jon, hoy me apetece un poco menos hablar.  ¿Por qué no me cuentas, desde tu arquitectura, qué es habitar?

Jon: Vale, sacaré mi lado más erudito y si me paso, me avisas.

Joaquina: Vale.

Jon: Primero voy a definir tres términos que usamos a veces indistintamente, pero que son muy diferentes: Vivir, habitar y morar. Vivir: Podemos definir el primero, vivir, como ocupar lo construido. Viene de la inteligencia cautiva y de la cultura nómada cuando el hombre vivía en cuevas y refugios temporales en los que permanecía por un corto espacio de tiempo en su constante devenir, siguiendo a los animales de los que se alimentaba. De esta manera nos referimos al vivir sin una conciencia de permanencia o de pertenencia a un enclave determinado.

Joaquina: Esto me vale para los cursos, cuando hablo del cerebro reptil, cuando la única prioridad del hombre era sobrevivir en el mundo hostil que le rodea.

Jon: Efectivamente. El segundo término es habitar. Cuando tomamos conciencia de la importancia de lo que hemos ocupado. En su carrera evolutiva, hace 15.000 años el hombre pasa de una vida nómada y dependiente de la caza, a una vida sedentaria. Primero aprende a domesticar a los animales, más tarde “domestica” la tierra a través de la agricultura, para finalmente domesticar el territorio construyendo el hábitat adecuado para su supervivencia. El hombre habita en un lugar determinado y fijo, haciendo que la naturaleza trabaje para él y construye las primeras viviendas con un carácter permanente.

Joaquina: ¡Cerebro límbico! ¡Cerebro límbico!

Jon: Jajaja, sí. El tercer término es morar, habitar en el tiempo, con conciencia de hogar. No será hasta mucho más adelante cuando las preocupaciones del hombre pasen del sobrevivir al disfrutar viviendo, a encontrar un sentido mas amplio y profundo a la existencia y en su reflexión se introduce en el mundo de lo habitado para finalmente crear la idea de morada. Para que la vivienda llegue a ser morada ha de usarse como tal de una forma continuada en el tiempo. Esa temporalidad es la que hace que sean posibles los hábitos, el imponerle a la arquitectura unas determinadas formas de vivir que tienen que ver con lo cotidiano. Así, morada ha sido la palabra por excelencia elegida para denominar todo aquello que se considera eterno y ubicuo, los aposentos de los dioses.

Joaquina: La búsqueda interior de esa morada parte del deseo de la propia casa. La habitamos revistiéndola de significantes y de ese modo la hacemos reconocible, familiar.

Jon: Morar significa poder “usar” la casa, poder estar en ella, esto implica tomar una posición subjetiva para que dicho lugar viva en nuestra intimidad. Un famoso arquitecto, Sir John Soane, hablaba a finales del siglo XVII de tres clases de arquitectura, estableciendo una relación entre el tipo de alojamiento y la actividad económica principal de las sociedades primitivas: Las cavernas de los cazadores que desemboca en una arquitectura demasiado pesada e indiferenciada como la egipcia. Las tiendas de los pastores adoptada por chinos y escitas, que desemboca en una arquitectura demasiado ligera y limitada. Y los agricultores, en cabañas propiamente dichas, con un armazón de madera que fue adoptado por los griegos, “que es el único digno de imitación” Oikos es la casa, lugar donde se mora, espacio habitable y habitado.

Joaquina: A mi me gusta ver la casa desde otro prisma. La casa como espejo del yo.

Jon: Ya sabía yo que esto iba por caminos demasiado arquitectónicos.

Joaquina: Mira, podemos decir que nuestra vida empieza bien, arropados, bajo un techo, protegidos por los múltiples caparazones de la casa. Estos caparazones los vamos rompiendo y hallando la seguridad en otros mas amplios que nos permiten crecer, evolucionar, y que marcarán las vivencias fundamentales en nuestra vida de 0 a 12 años. La cuna, el dormitorio, el salón, el jardín, el edificio… son espacios por conquistar donde se enmarcarán nuestros recuerdos y a los que asociaremos hechos muy significativos de nuestra infancia que nos marcarán para siempre: el compartir o no habitación con un hermano, la intimidad sexual del cuarto de baño, el espiar a las visitas que están en el salón. Nuestro crecimiento siempre arropado por el escenario de la casa familiar. La función primordial que podemos asociar a la casa es la de protección. Es otra más de las pieles donde se protege un espíritu que con el tiempo se irá endureciendo lo suficiente como para poder prescindir de ella.

Jon: Gaston Bachelard describe la casa natal como aquella primera morada que determinará luego el modo de habitar las moradas sucesivas de nuestra vida.

Joaquina: Según vamos cambiando y creciendo en la vida, nuestro desarrollo psicológico se va marcando no solo por emociones relacionadas con las personas, también está marcada por relaciones y apegos a lugares concretos, empezando por la casa de la infancia. Son evidentes las diferencias de haber crecido en el campo o en la ciudad, en un apartamento, un piso o una vivienda unifamiliar. El entorno, tamaño, número de hermanos, y muy sensiblemente los cambios que han tenido lugar en los primeros 12 años de vida conforman en gran medida nuestra personalidad.

Jon: Una profesora de arquitectura de la universidad de Berkley, Clare Cooper, llevó a cabo un experimento muy interesante. ¿Te apetece hacerlo?

Joaquina: Bueno.

Jon: Se trata de hacer el dibujo de la casa de la infancia. Primero, cierra los ojos y recuerda emocional y físicamente el hogar familiar: su forma, su color, su luz, su olor. Cuenta hacia atrás hasta los 12 años. Abre los ojos y dibuja esa casa donde creciste.

Joaquina: Dame un segundo.

Jon: Coge el dibujo y colócalo en una silla y tu te sientas enfrente. Tienes que empezar a hablar con el dibujo como si fuera la propia casa, empezando: “casa, mis sentimientos hacia ti son…. Cuando te vacíes de contenido, cambia de posición con el dibujo, ocupando su sitio y viceversa. Ahora tienes que hablarte a ti misma como si fueras tu casa. De esta manera se facilita el diálogo entre tú y la casa.  Es posible que el ejercicio se tenga que hacer varias veces y situándote en distintas edades de la infancia. Casi siempre algo revelador ocurre y una parte del inconsciente aflora liberándose para siempre.

Joaquina: Me ha encantado.

Jon: A la profesora Cooper le llevó a comprobar que cuantas mas historias oía, se daba cuenta de que las personas, consciente o inconscientemente utiliza su entorno para expresar algo sobre sí mismas. El inconsciente desde cómo lo veía Jung: ese libro que nos va enseñando a conocernos y ser más felices.

Joaquina: Además, a diferencia del inconsciente de Freud, tiene un componente colectivo y uno personal.

Jon: Sí, por ejemplo, la idea de construir una casa está inculcada en el inconsciente colectivo de tal manera que es muy difícil no haber construido alguna de niños: una cabaña, un escondite remoto en las ramas de algún árbol, o una simple alfombra sujeta entre dos sillas han servido de refugio, guarida y casa dentro de la casa.

Joaquina: Estamos haciendo algo mucho más importante que manipular una alfombra o juntar un montón de ramas, estamos iniciando un proceso creativo que nos va a revelar algo de nuestra persona. Estamos aprendiendo de nosotros mismos a través de la manipulación física de nuestro entorno. Dándole una vuelta mas de tuerca, esas primeras construcciones representan el descubrimiento de nuestro propio ego, separado del de nuestros padres, hermanos y familia. Son nuestras primeras tentativas en nuestra experiencia de habitar, apropiarnos de un sitio especial para ser nosotros mismos y reflejarlo en él.

Jon: Es bastante obvio pensar que las personas pasan por nuestra vida. Prestamos mucha atención a algunas, nos involucramos emocional o profesionalmente con otras y selectivamente prestamos muy poca o ninguna atención a otras muchas. Con los objetos y con las casas pasa lo mismo, algunas nos marcan hasta los tuétanos y otras pasan sin pena ni gloria dejando apenas un vago recuerdo en nuestra mente.

Joaquina: A menudo las decisiones que tomamos para elegir una determinada vivienda parecen tomadas por decisiones económicas, o por la cercanía al trabajo. Pienso que la cosa no es tan sencilla, que se mueven en nosotros planos más sutiles que nos hacen buscar un apartamento en un barrio marginal cuando tenemos suficiente dinero para elegir un sitio más adecuado. O nos hace buscar una casa para “enseñar” a los demás y no para vivir nosotros. Lo queramos o no, las casas que habitamos hablan elocuentemente de quienes somos, son un símbolo de nuestro lugar en la sociedad, de nuestros logros económicos y sociales, de nuestra forma de enfocar la manera de estar en el mundo y compartirlo.

Jon: Esa “piel amplia” en la que nos protegemos, no deja de ser una extensión nuestra, nosotros mismos. Expresamos nuestros valores individuales en la forma que tenemos de habitar, y esto nos proporciona una valiosísima información sobre quienes somos, qué pensamos de la vida y cómo nos enfrentamos a nosotros mismos en la intimidad de lo secreto.

Joaquina: La casa es el primer lugar donde empezamos a desarrollar los principios de nuestra vida. Es el centro de aprendizaje y donde vemos por primera vez la función maestro/alumno, por lo tanto, conocer en profundidad nuestra actitud desde la forma y aceptar el contenido es muy importante.

Vamos a estar varios días aquí encerrados así que pienso que es un tiempo magnífico para profundizar, desde el interior del hogar, en nuestro interior.

114 El helicóptero

Es una perezosa mañana de domingo y, sentados, estamos pensando en qué vamos a emplear el día. Cuando esperamos con fuerza la primavera parece que hace más frio del que en realidad hace. Además, unos coletazos de viento agitan con fuerza las hojas de los árboles que veo por la ventana.

Jon: Hoy hace un día de quedarse en casa. ¿Qué tal un ejercicio para entrenar el autoconocimiento?

Joaquina: El helicóptero.

Jon: Te escucho.

Joaquina: Ya sabes que no soy mucho de contar chistes, sin embargo, ¿Te acuerdas de la conferencia de Javier Fernández Aguado a la que asistimos la semana pasada?

Jon: Sí, claro.

Joaquina: ¿Y recuerdas el chiste del señor de Bilbao?

Jon: Sí, me encantan los chistes de Bilbao. Creo que era así. Me saltaré  los tacos, que sé que no son de tu agrado. Se encuentran dos amigos de Bilbao y se saludan con la efusión del norte:

-¡Hombre Patxi! ¡Cuánto tiempo sin verte, me cag………! ¿Qué es de tu vida?

-Pues muy bien, ya me ves.

– Y ¿qué haces últimamente?

– Pues mira, ayer alquilé un helicóptero y estuve dando unas vueltas sobrevolando Bilbao.

-Me cag……… ¿Y eso?

-Pues nada, quería ver cómo era Bilbao sin mí.

Jajajajajajajaja. Me encantan los chistes de Bilbao.

Joaquina: Sí, ya lo veo. Bueno ya sabes que yo no suelo dar puntada sin hilo, así que de ese chiste se me ocurrió un ejercicio que he llamado, el ejercicio del helicóptero.

Jon: Cuéntame.

Joaquina:  Imagínate sobrevolando tu ciudad en un helicóptero y comprueba qué sucede cuando tú no estás. A lo mejor estás solucionando una situación de alguien, que ya es un problema en sí mismo, o por otro motivo, no estás en la ciudad. Igual resulta que cuando te vas, está todo mucho mejor. En cualquier caso, esa situación es la que tienes que aprender: ¿Qué sucede cuando no estás?

Jon: Puedo aplicarlo, por ejemplo, a la pareja…

Joaquina: Sí, o al trabajo, o a algún amigo. Para que seas lo suficientemente agradecido de la experiencia. ¿Qué me está aportando esta persona? Y tienes que ser capaz de decirle: si tú no estuvieras aquí, no podríamos ser conscientes de todo lo que sabemos y todo lo que nos queda por aprender.

Jon: Entonces, hay una doble lectura del ejercicio, qué sucede cuando yo no estoy y qué sucede cuando es la otra persona la que no está.

Joaquina: Ese punto de relación es el que debes tener en cuenta. Eso te permite, cuando eres tú el que no estás, saber trabajar mejor. Y cuando no está la persona, saber qué no haces tú correctamente, si la echamos de menos, o qué maravillosa entrega que tú, a lo mejor, no estás valorando. Permite que las personas se vayan de casa, del trabajo, que el espacio cambie, para ver qué pasa en tu vida. Esto te va a ayudar a conocer cuál es tu nivel práctico y tu nivel relacional.

Jon: Básicamente es pensar en los distintos escenarios de nuestra vida y pensar cómo serían, o qué ocurriría si nosotros no estuviéramos, y también si es la otra persona la que no está.

Joaquina: Así es, ¿qué pasa cuando no está la persona que tú quieres? Por ejemplo, yo me di cuenta de mi competencia práctica cuando mi madre desaparecía: ese era el día de ayuno. ¿Cuántos de nosotros estamos en esta disposición de, si tu no estás no siento, si tu no estás no amo, si tú no estás te echo de menos…? Esto denota una falta de competencia relacional.

Y el domingo va languideciendo en ese teatro imaginario de mi vida donde, por un momento, el director de escena me ha bajado del escenario. Y en algunos casos me doy cuenta de que la obra mejora, en otros me echan de menos, y en los más tristes, no ocurre nada.

113 Conversaciones II

Queridos amigos y lectores,

Interrumpo el flujo de las conversaciones para anunciaros la presentación de “Conversaciones II” La segunda entrega en papel de todos los post del año 2019. Además se ha revisado “Conversaciones” y corregido sus muchos errores, dotándole también de una nueva portada más coherente con la que empieza a ser saga “Conversaciones”

Estoy muy agradecido a Mª Jesús Gordo por las muchas horas que ha pasado revisando los dos libros y el mucho amor que ha puesto en ello.

Este libro está dedicado a María Iglesias y Daniel Freire. Durante dos años no han faltado ningún domingo a la cita con cada Post leyéndolos y dejando un comentario, a veces un saludo, o simplemente un gracias. Sus palabras han sido en muchas ocasiones el aliento que me ha inspirado para el siguiente post.

Para los que vivís en Madrid, o cerca, haremos una presentación del libro en Nextyou el jueves 19 de marzo a las 19:30. Hablaremos un poco del contenido, nos conoceremos un poco y tomaremos algo juntos. Vale, al que le interese también le dedicaré el libro.

Para los que vivís fuera, o no queráis esperar al día 19, podéis adquirir el libro en Amazon:

España: Conversaciones II

México y resto del mundo: Conversaciones II

Estoy eternamente agradecido a todos por hacer posible el desarrollo de mi propósito de vida.

Conversaciones_Jon_Elejabeitia

Presentación del libro:

Jueves 19 de marzo a las 19:30 en NEXTYOU, Rosario Romero 25, Madrid, metro Ventilla