105 Decir “no” diciendo “sí”

Estamos sentados en La taberna de Pedro, esperando que nos traigan un cogote de lubina con unas judías verdes. En el fondo de la sala hay una pareja que rondan los treinta y bastantes, que discuten acaloradamente, pero en un tono respetuoso. Parece que él quiere convencer a ella de algo concreto y, a pesar de estar consiguiéndolo, ella no parece feliz con la decisión.

Jon: A mí también me cuesta mucho decir que no a las personas, especialmente si las quiero.

Joaquina: Necesitamos aprender a decir un “no” a las personas que son importantes para nosotros, o a aquellas que lo son un poco menos, sin embargo, la condición para que este “no” sea verdadero y pueda mantenerse en el tiempo, es que aparejado al “no” esté un “sí” a nosotros mismos. Un “si” que surge de un respeto a nuestros valores e ideales más profundos. Debes aprender a decirte “sí” a ti mismo, a tus ideales, a tus aspiraciones, a tus grandes y pequeñas inquietudes. Es un “sí” a ti mismo, aunque pueda llevar implícito un “no” a los otros. El “no” es a lo que quieren otros que no está alineado con tus propios intereses.

Jon: Sí, la idea es buenísima, ahora, llevarla a la acción…

Joaquina: La forma de acometer esta negativa es desde la afirmación y la consideración a lo que quieres, a la vez que respetando lo que desea el otro. Necesitas entender que no estás negando a los otros cosa alguna. Ese no es el asunto. El tema que subyace en este planteamiento es que la tendencia natural es a decir “no” y confrontar al otro entre sus intereses y los tuyos, o decir “sí” a pesar de que no estés de acuerdo con el planteamiento con el fin de no vivir una confrontación.

Jon: Efectivamente, así ocurre, ¿entonces?

Joaquina: El proceso exige que digas “sí” pensando en tus deseos y que estos sean el eje central en tu comunicación. Sería algo así como: “entiendo lo que tú quieres, y me parece que puede ser muy válido, sin embargo en este momento quiero seguir en esta posición” Lo que has dicho es positivo para ambas partes, aunque te has posicionado en tu proyecto, en tus ideas, en las cuestiones que son importantes para ti. Esta forma de comunicarte te ayuda a posicionarte, a mantener el foco en tu visión de las cosas.

Jon: ¿Cómo lo puedo trabajar?

Joaquina: Para lograr trabajar el “no” es necesario desprenderse de gran cantidad de soberbia y de muchos apegos. Estás convencido de que el otro no va a aceptar un “no” y eso te lleva a someterte a expectativas ajenas, a una pérdida de control, y a desvirtuar la realidad de lo que quieres. En otros casos estás deseoso de confrontar tus ideas como si no hubiera otras más válidas. Surge el dogmatismo, la competitividad sobre quién es mejor que quién, y al final se pierden los verdaderos motivos de la discrepancia.  El “no” o el “sí” cuando no son reales sólo generan pérdida de influencia y de autenticidad.

Jon: Sí, muchas veces todo se resume en: “La gente se tiene que enterar de lo que quiero…” A través de estas palabras se vislumbra cierta amenaza y poca disponibilidad hacía el “sí” o a pensar que otro pueda tener motivaciones diferentes.

Joaquina: Un de las cosas de las que te tienes que desapegar es de tener la razón, porque no existe la razón en el “no”. Nuestro cerebro no entiende un “no”. Pide un papel al camarero y haz el siguiente ejercicio: Escribe cuál es el área de tu vida en la que eres incapaz de decir no, y a quién no le puedes decir no. Si realmente cuando estás en el mundo de la pareja no eres capaz de decir “no”, tampoco serás capaz de decir “no” a un jefe. ¿Con quién tienes la dificultad para decir no? ¿cuál es la persona que más te enfrenta o te confronta con el “no” y cuál es la que más te permite decir no? Necesitas encontrar los recursos que hay en tu mente, porque vas a romper unas estructuras y tienes que saber qué es lo que tienes escondido dentro de ti.

Jon: La verdad es que no sé que es lo que me hace llegar a una pareja y no ser capaz de decirle “no” y decírselo a mi padre o decírselo a mi hermano, o a mi jefe. No sé que hace que, de pronto, mi padre represente tal nivel de condena, tal nivel de tensión, que no le puedo decir “no” porque pienso que me va a suceder algo.

Joaquina: Dentro de nuestra cabeza lo más importante que tenemos que descubrir es cómo se ha ido conformando nuestra capacidad de acceder a las cosas, si no entiendes cómo has ido accediendo a las cosas nos vas a poder resolverlo.

Jon: ¿Cómo lo hago?

Joaquina: Lo primero que tienes que saber es que hemos surgido del mundo de la ignorancia, y de la ignorancia al conocimiento hay muchas cosas a las que hemos dicho no y muchas cosas a las que hemos dicho “sí”. Eso lo que hace es que tú, como ignorante, tengas un tipo de ignorancia y como deseo de salvar la ignorancia te llega el conocimiento y te haces una plantilla de lo que te interesa y de lo que no te interesa. Para pasar de la ignorancia al conocimiento, el primer pilar son los valores. Sales de la ignorancia porque le empiezas a dar al mundo una serie de valores, y al darle y plantearte que esos son tus valores, es cuando empiezas a definir, al menos internamente, lo que quieres.

Jon: Así que los valores son la primera cosa que empieza a definir nuestros “noes” y nuestros “síes”, al menos internamente

Joaquina: No hablo de cómo lo entendemos fuera, pero internamente son nuestros valores los que están propiciando que digamos un “no” o digamos un “sí”. Cuando tienes los valores, debes contrastarlos con otras personas y aparecen las creencias. Las creencias de algunos de nuestros valores son positivas y de algunos de nuestros valores son negativas y aquí empieza a aparecer el primer filtro entre estos dos elementos que empiezan a intentar debatirse. Es decir, el debate primero que se produce es el de valores y creencias. Los valores son tuyos y las creencias vienen de fuera y tu empiezas a estimular que es o que no es, y aquí surge un elemento que se llama autoconocimiento. El primer pilar en el que vas a construir tu capacidad de decir “no” o “sí”, el lugar de referencia al que vas a ir es tu conocimiento sobre lo que ha sucedido, lo que eres y los valores de los demás que te van generando unas creencias cercanas o lejanas.

Jon: ¿Cómo se contrasta el autoconocimiento?

Joaquina: Cuando tienes un conocimiento que has explicitado, lo que se produce es que lo tienes que sacar a las relaciones humanas, entonces el autoconocimiento se contrasta con las relaciones y nos encontramos con dos situaciones: Hay personas a las que aceptamos y personas a las que rechazamos.

Jon: ¿Y eso?

Joaquina: Porque las que aceptamos están vinculadas a nuestro autoconocimiento y las que rechazamos es que no están en nuestro conocimiento. Aquí se produce otro planteamiento que se llama autorregulación.

Jon: Me voy dando cuenta de que vamos armando un sistema híper complejo en el que todo el rato están dos valores contrapuestos: lo que nos gusta y lo que no nos gusta, lo que vale y lo que no vale, que esa es la composición de lo que está hecho el no y el sí, un no a estas cosas y un sí a estas cosas.

Joaquina: En este camino de la ignorancia al conocimiento, es imposible que no hayas estado manejando el “no” y el” sí”, Lo has hecho porque era lo que podías hacer. Sin embargo, cuando llegas al conocimiento, que el conocimiento surge del autoconocimiento y de tu relación con los demás, aparece un conocimiento superior, que es el que te conecta con tu esencia. A partir de aquí es cuando ya no puedes decir no, porque aquí se fueron estableciendo los “noes” y los “síes”, cuando a partir del conocimiento decimos no, es como si no hubiéramos sabido establecer el “no” y el” sí”.

Jon: ¿Cuándo empieza todo esto?

Joaquina: El planteamiento de los valores se asienta hasta los 12 años, el planteamiento de las creencias hasta los 24. Es decir que el autoconocimiento no está realmente reflejado antes de los 24 años, lo que hacemos es jugar con elementos que nos parecen propiciatorios para ello, pero no lo conocemos totalmente. A los 12 años tenemos valores nuestros y a las 24 adquirimos valores de los demás, que es lo que nos hace tener creencias sobre lo que es positivo y lo que es negativo. Decirle a un niño que no diga la palabra “no” es volverle loco. El niño dice el “no” y dice el “sí” para que te enteres de lo que necesita. Desgraciadamente lo que se produce es que cuando un niño nos dice “no” nosotros discutimos, cuando en realidad lo deberíamos colocar en una palestra para saber lo que no quiere y lo que sí quiere, para no entrar en la discusión, porque cuando entras en la discusión él no asienta sus valores. Cada vez que nuestros padres han discutido con nuestro “no”, no se ha establecido una riqueza de nuestro conocimiento, porque ahí es donde han empezado los miedos con el “no” y el “sí”.

Jon: Miedos y creencias unidas a ellos.

Joaquina: Efectivamente, y hemos llegado a casa y hemos dicho, “papá me parece que los señores de este partido tienen ideas muy buenas” y de pronto tu padre ha dicho que, “tu qué dices” y te mira como un asesino. Entonces empiezas a tener creencias como que no eres capaz de discutir. Has perdido el autoconocimiento para quedarte difuminado dentro del tema.  Solamente puedes decir “no” y “sí” y puedes escuchar el “no” y el “sí” antes de los 24 años. Hasta esa edad el “no” y el “sí” es obligatorio, porque lo que vas haciendo es conformando tu espíritu. Todavía no tienes capacidades comunicativas. Pero ahora sí. Tienes capacidad para entender que tu conocimiento ya no lo tienes que defender, simplemente lo tiene que vivir. Y cuando dices “no” fuera es porque no está establecido el conocimiento. Ese es el rito al que tienes que ir. Esa es la parte que tienes que destruir, ya no puedes decir no, ni sí de la forma en la que lo dices. Ya tienes conocimiento, ya has pasado por todo este proceso y ya sabes cuál es tu conciencia. Conocimiento es igual a conciencia del saber.

Jon: Entonces, cuando le planteamos a una persona un “no” y queremos discutir el no, es porque en realidad estamos todavía en la etapa inmadura donde creemos que al otro le tenemos que convencer de algo.

Joaquina: No vas a convencer a nadie de nada, no lo intentes, es absurdo, es tu autoridad y es el haber pasado por ahí lo que lo permite.

Jon: ¿Entonces el niño hasta los 12 años sí puede utilizar el “no” y el “sí” perfectamente?

Joaquina: No podría hacer otra cosa, porque el niño no tiene instrumentos de comunicación, los instrumentos de comunicación surgen a partir de los 24 años donde conectamos con el cerebro neocortical y con las masas crípticas y complejas de nuestro cerebro. La etapa de 0 a 12 años es una etapa de lucha, el “no” y el “sí” son para luchar: “no quiero esto”, “sí quiero esto”, “no quiero al animal que me pega”, “sí quiero a la persona que me quiere”, pero lo que está haciendo esto al niño es mostrar cómo se van conformando sus valores. En la medida en la que un niño te dice no, tú no discutes con su no, si no que miras cómo se están conformando los valores internos y desde ahí vas viendo cómo manejar esas estructuras delicadas que todavía no tienen la capacidad de resolver las grandes incógnitas. Cuando es joven, que nos diga “no” todas las veces que quiera y que diga “sí” todas las veces que quiera, para saber qué tendencias está teniendo en su mundo de juventud, porque si no nos dice “no” a nosotros y no aprende a decir un “no” a nosotros, empezará a decir un “sí” donde no tiene que decir el “sí”. Es bueno que conozcas qué le está pasando a esa estructura tan joven, y cuando viene y te dice “no me gustas”, bendito sea, porque realmente te está diciendo que tiene una llamada de atención hacia lo que le gusta, descubre lo que le gusta.

Lo que te tienes que plantear es que ya no eres un niño, pero funcionas como el niño cuando nos dicen “no”. No eres un joven, pero que funcionas como el joven cuando nos dicen “no”. Mira qué otros recursos tienes. Ya has pasado por la etapa de la ignorancia para poder descubrir otras fórmulas. La mayoría de los equipos de trabajo se destruyen por los “noes” y los “síes” de los jefes, “noes” que no son consensuados y “síes” que no son auténticos.

La piña del postre siempre sabe mejor con un poco de autoconocimiento.

104 Revisión del año 2019

Quedan tres días para que comience el nuevo año y estamos, como en tantas otras ocasiones, en la tranquila Fuerteventura dejándonos acariciar por su agradable clima y preparando material para los cursos que vienen.

Jon: ¿Qué sentido tiene hacer una revisión de lo que ha pasado en el año?

Joaquina: Una revisión anual tiene como fin conocer qué ha sucedido en un espacio de tiempo, relacionando los resultados con las expectativas. En muchos casos las esperanzas no han sido marcadas con anterioridad y eso conduce a una sensación de frustración no identificada como tal, apareciendo un estado nostálgico, a veces un grado de depresión, falta de motivación y un amplio etcétera, afianzándose la idea de que la vida es injusta.

Jon: Yo veo que pocas veces somos capaces de verbalizar esta situación, y la falta de análisis con perspectiva nos sumerge en un camino sin final, con falta de límites y sin propósito consciente.

Joaquina: El ánimo inconsciente crea un resultado negativo del que te vas resintiendo, almacenando el déficit año tras año, dificultando así las posibilidades de superación. Lo que deberías hacer es optimizar esta visión hacía el año que está a punto de finalizar, comprobando la incidencia que han tenido todos estos aspectos. Alégrate muchísimo de lo que ha ido estupendamente y ponte a conocer las causas y posibles soluciones de lo que parece presentar un resultado peor. En cualquier caso, se trata de gozar de lo que has aprendido. Cada experiencia ha sido una gran maestra de la vida.

Jon: ¿Debería hacerlo separando la vida personal de la profesional?

Joaquina: Definitivamente sí.

Jon: Vale, empecemos por la vida profesional. ¿Cómo puedo conseguir un desarrollo gradual ascendente?

 Joaquina: Siempre y cuando se reúnan las siguientes condiciones: Que emplees los conocimientos como un bien personal y comunitario. Que tu empresa tenga un proyecto que esté dentro de tus ideales personales. Que no esperes resultados ni el reconocimiento de los demás. Y que exista un respeto a las ganancias o remuneración y en ningún caso se critique. La capacidad de vivir los ideales en los proyectos o entrega empresarial te dará como respuesta una economía saneada junto con una equilibrada autoestima. Ambos son pilares básicos para poder desarrollar investigaciones más satisfactorias en el futuro.

Jon: ¿Y qué hacemos con esa sensación, que a veces nos persigue, de no poder hacer lo que deseamos?

Joaquina: Los sentimientos de pobreza, imposibilidad económica, sensación de no poder hacer aquello que se desea… desembocan en un desequilibrado valor personal en el campo de los conocimientos o en el de la razón. Si te parece podemos ir analizando según el tipo de trabajador.

Jon: Genial. Empieza por los trabajadores por cuenta ajena. Por ejemplo, yo, que trabajo para ti.

Joaquina: Los trabajadores por cuenta ajena son personas que trabajan en la idea de otra persona, teniendo que entregarse y respetar las directrices que vienen incluidas en este proyecto no personal. El salario normalmente tiene un incremento anual marcado por convenios y es difícil valorar que cuantía de esta subida es por rendimientos propios o por la globalización salarial. En todo caso, lo que hay que tener en cuenta es la disponibilidad al proyecto, la satisfacción profesional y los logros personales que se estiman dentro de la competencia desarrollada.

Jon: Y entonces, cualquier merma en este análisis va a producir un deterioro de la autoestima, y eso nos crea una sensación de no ganar lo suficiente, o una falta de estímulos.

Joaquina: La forma de poder definir estos desequilibrios es más emocional que económica y se inicia en una bajada en el rendimiento, disculpas explicitadas o no, falta de creatividad, etc.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Las causas pueden ser una desobediencia innata que se va desarrollando a más cada año, o a la falta de criterio y proyecto personal. Los efectos más notables son la desmotivación creciente y la falta de creatividad con una constante exigencia de reconocimiento de los mandos superiores, sentimiento de infravaloración y dificultades para salir de su propio descrédito. Todo lo que sucede en su puesto de trabajo depende de la creatividad, motivación, seguridad y, en suma, del ideario de otro. Los rendimientos de la empresa, así como los criterios aplicados, necesitan de la confianza de cada participante del proyecto. La primera y origen de las demás, es la confianza en sí mismos, así como en la elección del lugar donde quieren aplicar sus conocimientos. Ser capaces de cosas que nunca experimentan es quizá la tendencia más frecuente de las personas que viven esta experiencia profesional. Por lo tanto, muchos de los individuos en esta situación creen que ellos harían mejor, podrían desarrollar, mandar, dirigir, organizar…y en su irrealidad, factible, pero no comprobable, van aumentando su salario y su insatisfacción día a día.

Jon: ¿En qué deberíamos centrar la revisión?

Joaquina: La revisión tiene que centrarse en la motivación, estímulo hacia el proyecto, capacidad de aplicar la creatividad a lo realizable, etc. En ningún caso debe centrarse en la subida salarial. Esta podrá ser considerada en las conclusiones y las decisiones posteriores. Hay que tener en cuenta si la sensación de riqueza o pobreza guarda relación de un año a otro dentro de los movimientos salariales. Si yo ganaba 12.000€ anuales en 2003 y me sentía bien, cuando me han subido el IPC aplicado a toda la empresa en el 2004, ¿qué he sentido? ¿Qué actitud he tenido después por ello? ¿Siento que he perdido valor y he bajado mi rendimiento y ánimo de permanencia en la empresa? ¿Qué tengo en cuenta al realizar este estudio, lo que rindo o lo que quiero que me paguen? ¿He estado ejerciendo todas mis capacidades, o estimo que la empresa tiene que pagarme haga lo que haga? Cuando la mente no participa en toda su capacidad en un proyecto sea del tipo que sea, empieza a debilitar su aptitud y en contra empieza a exigir mucho más.  El resultado es un sentimiento de pobreza y decadencia.

Jon: ¿Y en el caso de ser un profesional por cuenta propia?

Joaquina: Es una visión mucho más sencilla. La persona trabaja en su proyecto. El estudio de este profesional va a determinar si es capaz de trabajar por su idea o por el beneficio económico. La estabilidad de los rendimientos, la proyección en el tiempo y la capacidad de mantenerse en una idea ampliándola, pero en ningún caso desviándose de ella, son el principio de la investigación que hay que realizar. Lo que es importante dirimir es la rentabilidad. Para ello debe analizar los resultados económicos desde varios puntos de vista:

  • Los ingresos comparando los últimos cinco años. En este resultado se encuentra la credibilidad que tiene su proyecto y si es íntegro en él.
  • Los gastos en relación con el año anterior. En muchos casos cuando hay una reducción de valoración y autoestima se aumentan el consumo en proporción directa con la bajada de los ingresos con el ánimo de satisfacer la pérdida de valor. Hay un deseo superficial de disimular ante los otros esta falta de rendimiento.
  • La cuenta de resultados (ingresos menos gastos) del último año en relación con el anterior. El equilibrio en este dato es la base de todo el análisis. La avaricia o acumulación de bienes o el despilfarro, facilitan mucha información de los cambios que hay que realizar.

Jon: ¿Qué debería saber la persona?

Joaquina: La persona tiene que saber ganar el dinero que necesita para su proyecto vital sin esfuerzos, respetando la energía de este y el movimiento de crecimiento social, aportando puestos de trabajo, más fluidez y venciendo el egocentrismo. Solidaridad con los menos capacitados, favorecer la educación, cuidar el crecimiento espiritual, son labores que devuelven los bienes empleados.

Jon: ¿Podemos mirar ahora la vida personal? 

Joaquina: Esta mirada requiere de una sensibilización en las relaciones interpersonales y habilidad para hacer introspección sin culparse, pero desde luego, sin evadir responsabilidades. Está conectada a la vida afectiva, desarrollo físico emocional y tiene mucho que ver con la salud en las relaciones sexuales o expresivas, con el entorno y con parejas de amor más concretamente.

Jon: ¿Parejas en el sentido amplio de la palabra?

Joaquina: Cada persona que ha estado en nuestra vida, aunque sea un solo instante, ha sido un maestro para nosotros de alguna manera. Tenemos que revisar y profundizar tanto en el amor que hemos sentido como en el resentimiento que nos ha quedado con cualquier relación, hasta la más insignificante, en tiempo o en profundidad. La relación de pareja es una de las más estimadas para las personas. Muchas veces creemos que son aquellas personas con las que sentimos la pasión desbordante y por ello efímera. Dos personas en cualquier situación forman una pareja, encontrados en un punto para compartir, comunicar, reír, gozar o de alguna manera sufrir. Para lo bueno y lo menos bueno dos que se encuentran en un punto deben poder resolver sus diferencias sin que medie la ruptura.

Jon: El debe y el haber de las relaciones existe y el capital de amor o resentimiento hay que analizarlo en toda su dimensión. ¿No?

Joaquina: Los apegos a una relación concreta, la sensación de fracaso, el abandono a uno o al otro… Cualquiera de esas experiencias tiene que ser observada con minuciosidad y en un detalle hasta quisquilloso. Todo lo que se resiente en esta investigación habla de dos partes de nuestra personalidad. Primero, la necesidad de ser aceptados donde hay una mirada más a las propias expectativas que lo que quiere el otro. Y segundo, la necesidad de aislamiento o soledad, interviniendo en este caso un miedo a las expectativas del otro y a la dificultad para marcar el territorio personal.

Jon: En ambos casos se presenta la falta de responsabilidad y obediencia a uno mismo. ¿Tú crees que el Ser en su más pequeña derivada, sabe lo que le hace feliz, qué quiere, en qué quiere participar y qué personas son válidas o no para crecer y aportar su experiencia?

Joaquina: Sin duda. Realiza un estudio de qué personas han entrado en tu vida y si han sido por tu búsqueda de aceptación, o por tu búsqueda de aislamiento. Y el mismo análisis sobre qué personas han desaparecido y cuál de los dos motivos lo ha provocado.

Jon: Al fin y al cabo, somos seres seres sociales y en la medida que buscamos aprender buscamos las personas que lo propicien.

Joaquina: Si pretendemos ser aceptados, escondemos nuestra negación a valorar a los demás hasta que no somos estimados por ellos. Las parejas que encontremos tenderán a medir nuestra capacidad de valorar antes de serlo nosotros. Hay una sincronía extraña, tanto el que busca aceptación como el que busca rechazo, en realidad buscan lo mismo, sólo que uno de ellos lo esconde hasta que ha cautivado al contrario. Dos fuerzas contrapuestas se aniquilan, a veces con mucho dolor, otras con mucha frialdad. En el caso segundo, aislamiento y rechazo, las parejas tenderán a buscarles, acompañarles, demostrarles amor y, escondido detrás, estará una necesidad de reconocimiento hasta compulsa por parte del que llega y una infravaloración y falta de creencia en sí mismo por parte del que desea ser rechazado.

Se acerca un camarero y nos pregunta, extrañado de que llevemos toda la mañana en la terraza del hotel rodeados de cuadernos y libros, si vamos a ir a la playa. Nuestra mirada y sonrisa le contestan.

103 Amor a uno mismo (III)

Joaquina:  Ayer estaba con un amigo que se ha comprado una casa fuera de Madrid. Íbamos en el coche pues la casa estaba a unos 25 kilómetros. Cuando no llevábamos ni dos kilómetros recorridos, empecé a pensar: “uy, qué lejos es esto”. La persona iba feliz, porque iba a mostrarme su casa, y para él, el lugar estaba cerquísima, estaba casi al lado. Para mí, a los dos kilómetros ya está en el fin del mundo.

Jon: Bueno, vives a 50 metros de tu trabajo y a veces piensas que tienes que esperar demasiado tiempo al ascensor

Joaquina: Para mí tiene que ser todo muy práctico, mi forma de ver la vida no es ver arboles por la mañana y que los pajaritos trinen, no es esa mi forma de ver la vida. No quiero estar tres cuartos de hora en la carretera, porque no quiero enfadarme con nadie, y tres cuartos de hora en la caravana igual me eleva un poco una situación que no estoy dispuesta a vivir bajo ningún concepto. Pero, a la otra persona le encanta los pajaritos, y si se altera no pasa nada. Yo iba con mi percepción de los cincuenta metros. Cuando llevábamos veinte, dice la persona con un amor infinito: “voy a poner el GPS para no dar muchas vueltas”, cuidando así mi sensación de la distancia. Finalmente llegamos y entro en su casa. Tiene una casa con un jardín precioso, y todo lo que hay ahí es hermoso, cuidado, amable… la ha comprado hace poco, y la está cuidando muchísimo. A mí me preocupaba saber qué cosas tenía que mirar primero, para que a él le pudieran gustar, para que yo no fuera en ningún momento improcedente. Porque sé ser improcedente a la mínima. Por ejemplo, decir: “¿pero realmente te merece la pena, venirte hasta aquí por tener cuatro o diez arboles, o quince arboles? Yo tengo delante de mi despacho diez arboles, y enfrente tengo El Retiro”. En el jardín tiene una escultura preciosa, esta es una persona exquisita y allí estaba esa preciosa escultura. Nada más llegar dije ¡qué maravilla! Porque me encantó. Entonces, se relajó. Y entonces pensé ¿qué tenemos nosotros que sea como una casa?: nuestro cuerpo. Cuando estamos con la persona que amamos y le vamos a descubrir nuestro cuerpo, ¿qué queremos que mire lo primero, nuestra basura o lo que tenemos estupendo?

Jon: Lo que tenemos estupendo.

Joaquina: Entonces hice una reflexión súper dolorosa contra mí, en la que me dije: “Joaquina, está descubriendo su cuerpo para ti, que tiene pájaros, que además tiene un verde maravilloso, que tiene una piscina, que tiene unos espacios diáfanos increíbles, que ha puesto todo el amor para que esta casa, cuando vienen sus amigos, esté totalmente preciosa. Y ahora imagínate que llegas aquí y empiezas a quitarte la ropa delante de tu ser amado, y empieza a decirte que ya no tienes un pecho de veinteañera, que las piernitas ya flaquean un poco, que eres blanca como un osito de nieve… o prefieres que sienta un éxtasis absoluto hacia esa conexión, de tal manera que desaparezca tu forma para encontrarte con la esencia de ese amor. Si entro en esa casa con los ojos de amor, es imposible que no haya algo que no sea maravilloso. Si entro con los ojos de dos kilómetros, lo que a mí me gusta, etc., va a ser imposible que encuentre algo que merezca la pena. Si entramos en nuestra casa, en nuestro interior, en nuestro ser y entramos creyendo que no puedo, creyendo que no valgo, y creyendo que no quiero mi propósito en esta vida, es imposible que la casa esté a nuestro favor. Y nos encontraremos gente que nos genera desconfianza, nos encontraremos gente que no podremos tolerar como son, y nos encontraremos gente que su propósito y el nuestro no tiene ninguna coincidencia, y esa es la diferencia que existe entre personas que estamos totalmente descreídas, que creemos perfectamente que lo nuestro es una creencia absoluta, perfecta y maravillosa. Y la propuesta que yo quiero hacer es cómo llegar a limpiar todo lo que desde aquí se quedó dañado, para que desde este territorio donde lo vemos, como esa persona que te ve, llena de amor, y que te ve perfecta y que te ve sublime, para que realmente podamos generar confianza, podamos generar tolerancia, y podamos generar conciencia de propósito, en frente de nosotros y podamos estar lo mejor posible. Cuanta menos autoestima tienes tú, más desconfianza generas alrededor, cuanta menos auto aceptación, menos tolerancia generas alrededor, y cuanta menos motivación menos conciencia y menos propósito, generas a tu alrededor.

Jon: ¿Cómo podemos conseguir que esto cambie?

Joaquina: La autoestima tiene que ver muy profundamente con haberse sentido aceptado y reconocido en la infancia, aceptado y reconocido de manera absoluta y sin ningún tipo de conflicto hasta los 4 años. Por ejemplo, que estás delgaducho, que no estás delgaducho, no eres alto, que no creces, que no vas, etc. Todas las calificaciones o descalificaciones sobre el cuerpo destruyen totalmente la autoestima, dejándole una sensación de “yo no puedo”. Y todo el proceso de auto aceptación tiene que ver muchísimo con las primeras expresiones emocionales del niño, y las expresiones de independencia en la juventud. Aquí tenemos dos pasos, cómo hemos sido aceptados en la primera expresión infantil entre los 4 y los 8 años, y cómo hemos sido aceptados en la etapa juvenil, cuando hemos hecho nuestra propia independencia, nos hemos ido en una dirección o en otra, carreras, formas de estudio, etc. Y la auto motivación tiene que ver con que nuestra familia nos haya generado un sentimiento de que hemos venido para algo al mundo. Cuando a un niño se le da una consistencia y se le muestra que él, independientemente de lo que haga, ha venido al mundo y ese algo él lo puede ir viendo, el niño está motivado. Si piensa que ha venido para estudiar, no va a estar motivado. Porque el niño no viene para estudiar, viene para aprender. Y eso es algo completamente diferente. Tú le preguntas a un niño que aprendió, de los amigos, de estar, de comer, y el niño se motiva. Si le preguntas que estudió, se acabó la motivación. El niño no acepta que él tiene un valor curricular, no lo acepta porque esta motivación no es curricular, es una motivación que tiene que ver con su vida, con su sentido vital. Cuando al niño le enseñas que su sentido vital es trascendente, que ha venido para algo que él necesita en la vida, él y nadie más, en ese momento esta persona crece. Y tiene motivación, si la motivación es la de la madre, o la del padre, tienes que jugar al futbol, te tiene que gustar el futbol, te tienen que gustar los deportes, cosa que hace el padre a lo bestia. O la madre, pues tienes que ser no sé que, te tienes que poner vestidito no sé cuánto, tienes que ser súper tierna, tienes que ser súper mona, tienes que ir no sé qué, no te tienes que manchar, y a ti te apetece el barro, la nieve, la suciedad, ponerte hasta arriba, no importa. Pero en el momento en que no lo puede hacer, en el momento que están condicionándote toda tu expresión, aquí se mata la motivación.

Jon: De alguna manera, el trabajo que hay que hacer es la recuperación profunda de nuestro yo interno.

Joaquina: Yo no puedo dejar de ser una mujer del tipo que sea, pero, si me pongo delante de un espejo y me refuerzo en esa imagen, y esa imagen refuerza lo que yo soy, este cuerpo empezara a sentir una vitalidad y una energía que de otra forma no sentiría. Yo no puedo dejar de ser una persona que durante el día he tenido experiencias positivas y experiencias igual no tan negativas, pero si recojo todas las noches mis experiencias positivas y me cargo de ellas, muy difícilmente cuando me levante por la mañana, mi espíritu va a estar sobrecogido de dolor. La herramienta más poderosa para el amor personal es dejar que los demás sean quienes son y trabajar sobre nosotros mismos, mirando nuestras necesidades, mirando nuestro camino y entendiendo que el mensaje de Jesús no se puede quedar en el olvido. Jesús dijo a sus hijos: ama a tu prójimo coma a ti mismo. Y puso como ejemplo el amor a uno mismo con el amor a la humanidad.  Y si el amor a nosotros mismos no lo estamos trabajando, el amor a la humanidad no llegará jamás, y jamás es jamás. El ser más cristiano, el ser más budista, el ser más grande de la naturaleza, siempre se ha amado a él antes que a los demás, porque si su terreno no está bien, el terreno de los demás no lo puede llenar, y es imposible de todo punto que, si no cargamos nuestra autoestima, si no cargamos nuestra auto aceptación, si no cargamos nuestra auto motivación, podamos cambiar este mundo. Si me levanto por las mañanas creyendo que el otro me tiene que generar confianza, que el otro me tiene que generar tolerancia, y que el otro debe tener la misma consciencia de vida que yo, lo que hago es destrozar la vida del otro, pero lo peor, la mía. Porque mi mente no está fabricando mi destino, está fabricando el destino de otros. Nuestra mente no ha nacido para pensar en otro, ha nacido para pensar en nosotros, ha nacido para ver nuestra riqueza, y solo desde nuestra riqueza podemos crecer.

Jon: Crecer y fluir en lo que somos.

Joaquina: Cuando a una persona no la dejas fluir, no la dejas conectar con la mente, no la dejas conectar con las palabras, no la dejas conectar con el conocimiento universal. Si por un instante te plantearas que llevas un montón de años de vida recibiendo información todo el tiempo: en libros, en personas, en mensajes, en periódicos, y que tu mente los ha recogido todos, absolutamente todos, solo tienes que dejarnos fluir, para que esos mensajes se ordenen y te conviertan en un ser totalmente inteligente. Y eso tiene que ver con fluir y comunicar. Dejar que entre la información y saber sacarla para los demás y para ti mismo. Eso es lo que hará que tengas autoestima, que te des cuenta de que todo lo que ves es para ti. No es para nadie. Auto aceptación que todo lo que hay es como tú, en proceso de cambio, y que todas las motivaciones van al mismo sitio, a cumplir un propósito, el que sea, que es llegar a ser feliz, espero.

102 Amor a uno mismo (II)

Joaquina: Cuando no tenemos amor, es porque no hay tolerancia. La tolerancia para que realmente crezca, funcione, y sea interesante, es imprescindible que esté llena de aceptación al otro y de aceptación a nosotros mismos.

Jon: Cuando, en tus Talleres, sacas a personas al escenario para hacer ejercicios, algunos ya suben mal. ¿Es debido a la falta de tolerancia hacia el resto de las personas porque que no soportamos que nos analicen en público?

Joaquina:  Si todas las personas fueran buena gente y amasen incondicionalmente, ¿saldrían mal? Si tu sintieras que tus defectos que no quieres que nadie vea, pero que te parecen muy interesantes para seguir teniéndolos, no te importaran, ¿saldrías mal? ¿Qué nos pasa en el mundo para que cualquiera de nosotros, si dicen nuestro nombre, empecemos a sentirnos como que nos falta la autoestima, nos falta la auto aceptación… Lo que tendríamos que decir en ese momento es que no amamos a los otros, pero nos amamos demasiado a nosotros mismos.

Jon: ¿Cuál crees que es el problema?

Joaquina: Lo único que tiene el ser humano es la vida. Como seres humanos solo tenemos la vida. Si amas a toda a la gente más a que ti mismo, ¿hay juicio? Si hay juicio no amas a los demás. No amas a los demás porque no son perfectos. Si, por el contrario, piensas que las personas te aman, el amor te lleva a… no pasa nada. Por ejemplo, yo todos los lunes doy un Curso, llego y veo las caras conocidas de todos los lunes y digo “¡uy! Ya están preparados para lo que viene”. Pero cuando veo tres caras nuevas digo: “¡uy y ahora que hago con ellos!” Ese segundito es porque yo a esas personas no les doy la cualidad de entender o de aceptar lo que yo voy a hacer, es porque no me amo a mí, o porque creo que su amor no es incondicional.

Jon: ¿Es eso un problema?

Joaquina: Claro que tengo un problema. Si yo tuviera un amor incondicional a mí misma, totalmente, entraría y que les den churros a los demás. Pero eso no quiere decir que yo tenga amor a mí misma, quiere decir que al otro le amo menos de lo que me amo a mí.

Jon: Entonces lo primero es entender realmente dónde está el problema.

Joaquina: El problema está en que, en la medida que amas menos a los demás que a ti mismo, y a los demás les pones la cualidad de destrozarte, lo que va decreciendo es el amor a ti mismo. Lo que vamos haciendo es perder el amor cada día más a nosotros mismos y perdiendo cada día más la posibilidad de conectar con los demás. Pero no porque a los demás no les demos un valor. Claro que les damos un valor. Pero siempre por debajo del nuestro. Y aquí empieza el problema. No os amamos totalmente a nosotros mismos en este momento.

Jon: ¿Por qué no nos amamos? o ¿por qué estamos constantemente pensando mal de los otros?

Joaquina: Nuestra capacidad de pensar mal de todo el mundo, va haciéndonos perder el poder de contactar con la semilla del amor, que no tiene malos pensamientos. Jon, yo te amo incondicionalmente, por lo tanto no veo nada imperfecto en ti. Y veo pantallazos que te pones delante. La crisis profunda del ser humano es que no ahonda en su realidad. Entonces, te pido que, penetrando en ti reconozcas que te amas a ti mismo mucho más que a los demás. Ese sería el primer trabajo que te pediría, que estas por encima de los demás. Si no estás por encima de los demás, me vas a decir claramente que jamás críticas a ningún ser humano.

Jon: Critico bastante, si.

Joaquina: Bien, mi opinión no es que tú dejes de amarte, sino que al estar pensando todo el rato mal del otro, empieza a existir un desequilibrio hormonal, de neurotransmisores que te hacen empezar a encontrarte contigo mismo. Y eso empieza hacerte pensar que no tienes autoestima, que no tienes auto aceptación, que te falta no sé qué, que te falta no sé cuánto. ¿Qué piensas que podríamos hacer para que realmente, tu no pensaras mal nunca, dado que es a ti a la que te hace bajar la autoestima, te hace bajar la auto motivación , te hace bajar la auto aceptación?

Jon: ¿Es una pregunta retórica?

Joaquina: Imagínate un niño, un niño sonriente que es feliz. La madre le da la primera reprimenda, y el niño se da cuenta, de que su madre ve mejor a su hermano que a él. Y es que él se parece a su papá y el hermano es igual que ella. ¿Qué empieza hacer el niño? Empieza a bajar su autoestima ¿Estás de acuerdo?

Jon: Sí.

Joaquina: Baja, baja, muchísimo. Lo cual quiere decir que los problemas que has tenido, en relación con esto, desde tu infancia, cuando los ves reflejado en otra persona, consideras que son tus problemas y que la otra persona es más importante que tú. Pero en realidad, lo único que sucede es que tienes un alma semi destruida, que se ama más a si mismo que a nadie, pero que en realidad no es capaz de conectar ni con su verdadero amor, ni con el amor del otro.

Jon: Como siempre, empezamos a vivir un problema de autoestima, de auto aceptación, y de auto valoración.

Joaquina: En la medida que aquí hay una baja auto aceptación, serás más intolerable con el otro, y que en la medida que haya una baja auto motivación, tendrás una menos consciencia del propósito del otro. Y que si sigues pensando así, el amor a ti mismo no va a llegar nunca. No es que ames más al otro, si no que no trabajas tu autoestima respetando al otro. Para que realmente se produzca tu amor, debes trabajar el amor a ti mismo y plantearte el respeto al otro.

Jon: Recuerdo que una vez pusiste un ejercicio de estar 21 días sin criticar a nadie.

Joaquina: ¿Qué te parecería hacerlo?

Jon: Me costaría la vida.

Joaquina: Eso quiere decir que te has dado cuenta de que te amas más a ti mismo que a los demás, ni a la madre, ni al padre, ni a nadie, ni a la pareja, ni al vecino, ni a la guardia civil… Ten en cuenta que siempre hay cuatro ojos para ver el mundo. Los tuyos y los del otro, y luego los de cuarenta millones de españoles, o seis mil cuatrocientos millones de seres que somos. Y esos ojos tienen una cultura, una forma, un momento de ver las cosas, tan tremenda y diferente que no podemos llegar a coincidir casi nunca. De hecho, la pareja es el lugar de menos coincidencia que existe.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque nos olemos.

Jon: Jajaja

Joaquina: No te rías, si no estuviéramos en el mismo espacio, habría más coincidencias, el olfato es un sentido que genera discrepancias. El olfato es la primera cosa que nos discrepa y el tacto la segunda. Entendido el olfato como: “me huele mal lo que estás haciendo, no solo me huele mal tu  persona, si no que me atufa; has venido tarde, me atufa” Esto de, “me empieza a oler mal, parece que no se qué”. Ese olor del que estamos hablando permanentemente es la primera cosa que luego hace que cuando nos acercamos a la persona, sintamos como una especie de no quiero estar aquí, ya no puedo más, me tengo que ir.

Jon: ¿Y el tacto?

Joaquina: El tacto es la capacidad de cuidar al otro, de atender al otro, de cómo le miro, de cómo le trabajo, de cómo tengo en cuenta su espacio, además para tocarle. Llega un momento en el que no he tenido tacto ni para el espacio, ni para estar, y entonces ya no puedo ni tocarle, no sé qué me pasa. Le quiero mucho, pero ya no te puedo ni tocar. Se ha roto el contacto. Entonces, si yo estoy con esta persona en este momento, independientemente de que quiera reconocerlo, sé un poco más de mí, que de ella. Entonces tomo conciencia de que el propósito del otro no tiene por qué coincidir con el mío. Y auto motivación es que yo tenga mi propósito activado todo el tiempo, para que pueda llegar a donde yo quiero. Una de las pérdidas más grandes que estamos teniendo la sociedad en este momento es de motivación, sobre todo en los jóvenes. Nosotros ya en muchos momentos podemos decir qué es la edad, o que la culpa la tiene las experiencias no conseguidas.

Jon: Sí, jóvenes de 4 años ya no quieren ir al colegio, jóvenes de 13 años ya no quieren comunicarse, jóvenes de 16 años no quieren salir de detrás de un ordenador…

Joaquina: La auto motivación es la activación de la visión. Las personas traemos interiormente una llamada, que, si la escuchamos y nos motivamos hacia ella, nos va llevando a un lugar. Casi siempre el problema de “no sé a donde ir” es un problema de auto aceptación. Es decir, el primer paso sería: creo en mi poder de llegar a cumplir mis objetivos. El segundo paso sería: me acepto tal como soy, para poner los límites y para poner todos los progresos. Y el tercero sería la auto motivación: ¿qué hago realmente para tener activado mi yo, y que esté siempre en activo?

101 Amor a uno mismo

Jon: ¿Hay que arreglar el amor a uno mismo, o hay que arreglar el amor a todo el mundo?

Joaquina: A uno mismo. ¿Crees que no te quieres? Lo que pasa es que te quieres demasiado. Hay tres cosas que hacen que la persona ame, y ya luego hablaremos del amor a uno mismo. El primer paso para amar de verdad es la confianza. El segundo paso es la tolerancia. Y el tercer paso es la conciencia. ¡Para amar! Simple y llanamente para amar. Es decir, no hay ninguna posibilidad, de que puedas amar, a alguien o a ti mismo, si no hay una confianza en el otro o en ti mismo. No hay ninguna posibilidad de amarte o amar al otro si no hay una tolerancia, que es la aceptación incondicional de cómo es el otro.

Jon: Entonces hay como dos caminos, el camino a los demás, el amor a los demás, y el amor a uno mismo.

Joaquina: Sí, porque independientemente de que bucólicamente digamos que para amar a los demás necesitamos amarnos a nosotros mismos, en realidad debemos conocer dónde se produce esa ruptura, en la que pensamos que amamos a los demás, pero no nosotros. O al revés, que pensamos que nos amamos a nosotros y no al otro.

Jon: Hemos conseguido considerar el amor como algo ajeno, extraño, que viene y que va. Y no nos damos cuenta de que el amor es algo concreto a lo que tenemos que acceder.

Joaquina: Sin embargo, mientras seamos personas que creemos que el amor puede ser a otro, y no a nosotros y que además digamos: yo me amo a mí mismo, pero a ti no. O que te amo a ti más a que mi. Este es el amor que a mí me mueve, no creo en el amor a alguien, o en amor a no alguien. Creo en el amor y punto.

Jon: Pero lo que se suelo ver todos los días es un amor divergente, es el amor a los otros, y el amor a mí. Cuando pienso en el amor a los otros, pienso que yo los amo y que no hay nada más.

Joaquina: Pero si fuera eso cierto no dejarías de amarlos, porque el amor no es algo que tenga caducidad. El amor en sí mismo, es una sustancia que no se va nunca, que permanece continuamente. Si sientes que se va es que era otra cosa. Imagínate el amor humano, el amor a otra persona, no el amor al universo, el amor a la naturaleza, me refiero a algo tan cotidiano como: te amo a ti, a ti que estás cerca.

Jon: Entonces estamos hablando de división, por un lado, lo que pasa para amar a otro y lo que pasa para amarnos a nosotros mismos.

Joaquina: Como te he dicho antes, el amor a los otros necesita confianza, y el amor a nosotros mismos necesita autoestima. El amor al otro necesita tolerancia, pero el amor a nosotros necesita auto aceptación. Y aquí viene lo más complicado: para amar al otro tienes que tomar conciencia de su propósito. Eso es importante, la conciencia del propósito del otro. Pero para amarnos a nosotros debemos tener conciencia de nuestra auto motivación.

Jon: ¿Podrías empezar centrándote en el amor al otro?

Joaquina: Piensa en la persona primera que has amado, no en la de ahora. Ya sé que la de ahora es la de verdad, y la antigua no. Pero por si acaso me equivoco yo, piensa en la primera. ¿Te acuerdas? Claro que ahora crees que el de ahora, es el amor de verdad y el de antes no era de verdad. El de ahora tiene otros colores y otros sabores, y otros sentidos. Pues no es verdad. Solo ha existido un amor: el primero. Lo demás es rencor acumulado.

Jon: Alucino.

Joaquina: Piensa en la primera persona que has amado. Y no es ningún hombre ni ninguna mujer. Está en casa. El amor, ese amor genuino, ese amor de verdad, ese amor que se produjo cuando miramos por primera vez a nuestra madre. Y fue verdad.  Nos enamoramos. El primer amor se produce a la mamá. Los dos primeros años no necesitamos a nadie más, solo existe ella. Y ahora yo te pregunto, si realmente, esa mamá sintió ese amor del que estamos hablando.  ¿La mamá sintió ese amor por ti? Del que estamos hablando, nada más nacer. Lo primero que reclamaron es nuestra apariencia física, si no cubrías sus expectativas ya no nos querían.

Jon: Sí, lo primero que siempre se oye cuando vas a ver un recién nacido es, a quién se parece.

Joaquina: Nacemos de una persona y dos personas que ya en sí mismas tienen una divergencia cuando nos miran a nosotros y son nuestros padres, y así aprendemos a comportarnos cada vez que estamos con una persona: a compararla con nuestras expectativas y las expectativas más importantes ¿cuales son?: Las nuestras. Por lo tanto, te digo que solo nos amamos a nosotros mismos y que todo lo demás pasa por nuestro filtro: nuestra crítica, nuestro desprecio y nuestra capacidad de destruir nuestro mundo.

Jon: Desde ahí es imposible que amemos a alguien por encima de nosotros mismos.

Joaquina: Si piensas que hay un amor más grande que a ti mismo en algún lugar, estás equivocado. Lo que sí hay es una sumisión a la necesidad que tenemos del otro, que hace parecer que es amor, y eso si es verdad. Y no es lo mismo amor que sumisión. Los hijos cuando no cumplen nuestras expectativas son los seres más maltratados de este mundo. Cuando cumplen 7 años dejan de ser personas para exigirles curricularmente. Entran por la puerta y, si no hacen lo que nosotros queremos, les tenemos mártires todo el día. Ni a los hijos, ni a las madres, ni a los padres, ni a los vecinos, queremos más a que nosotros mismos, pero nos adornamos de tal palabrería, que mientras que no profundices en este sentido, no entrarás verdaderamente en el hecho de por qué tu sentido interior no es capaz de amar totalmente y de forma incondicional.

Jon: Así es, soy hijo de mi padre y de mi madre y no me quieren incondicionalmente. Me quieren si cubro sus expectativas, si no mato, es posible que me quieran.

Joaquina: Cuántas veces te enfadas con tu hija, cuando no hace lo que tú quieres. Eso no es amor entonces. No hay amor y enfado. El amor es un sentimiento incondicional, donde el otro es como es, y para ti es válido. Eso es amor. El otro es como es en toda su dimensión. Muestra lo de su padre y de su amor. Porque claro, amar al que se aparece a ti es fácil, amar al que se parece al otro cuesta casi la vida. O al revés amar al que se aparece al otro te es más fácil. Y amar al que se aparece a ti no es tan fácil.

Jon: Jesús nos enseñó que el principio no era amarnos a nosotros sino amar al otro como a ti mismo.

Joaquina: Jesús no hubiera dejado un mensaje tan tremendamente fuerte, si no supiera dónde está el origen del amor. No vino a decirnos ámate a ti mismo como a los otros, vino a enseñarnos el amor, y llegó a enseñar que ames al otro como a ti mismo. Lo dijo claro, lo dijo rotundo, ¿cómo podemos dudar de palabras tan sublimes, dichas tantas veces y repetidas de maneras tan hermosas? Quiero encontrar el sentido de por qué no somos capaces de amar a los demás como a nosotros mismos y el principio del error es que no entendemos lo que es realmente amor. Y no entendemos realmente que dentro de nosotros hemos aprendido, y digo aprendido porque no creo que haya maldad en las personas, a ver el mundo desde nuestros ojos, y lo que no está en nuestros ojos no es válido. Y mucho más allá de eso, pienso que realmente nuestra exigencia  de que el mundo sea como nuestro particular modo de ver las cosas hace que la vida sea casi imposible de vivir. El señor que coloca la puerta de una manera, que si no la pones de esa manera lo estás haciendo mal, el señor que espera que tú te coloques de una manera, que huelas de una manera, que comas a un ritmo. Todo lo que estamos esperando todos los días, si hace ruido con la comida, si vas de prisa, si vas despacio, si limpias, si no limpias, si estás gordo, si estás delgado… Tenemos un filtro en nuestros ojos, un filtro de tal tamaño de crueldad que, o lo atajamos o el mundo no solamente será imposible vivir en él, si no que será imposible vivir en nuestra piel.

Jon: Sí, nos engañamos permanentemente con palabras híper vacías.

Joaquina: Cuando un niño viene a verme a mí con nueve años, y me dice: “mi madre no me quiere porque no apruebo”, ¿de que me está hablando? ¿De qué me habla un niño cuando me hace recordar lo que he vivido yo y lo que hemos vivido todos? ¿Qué pasa cuando no cubro las expectativas? ¿Qué pasa cuando me siento delante de una mujer que está gravemente enferma y su pareja la maltrata porque tiene un sobrepeso? ¿Qué pasa cuando una persona está en un hospital y su pareja le está engañando en otro sitio porque está cansado de estar cuidándola? ¿Quiere decir que unos son malos y otros son buenos? O encontramos dónde hemos perdido la partícula del amor y la instalamos otra vez en nuestro sistema, o seguiremos siendo un fraude de humanidad.  Y somos un fraude cada vez que decimos a alguien que la amamos, somos un absoluto fraude. Porque ni siquiera nos planteamos qué necesita la persona a la que la estamos diciendo que la amamos. ¿Qué necesitas de mí? ¿Qué quieres de mí? Si no necesitas nada de mí ¿qué necesitas que yo te pueda dar que sea realmente útil para ti? No damos el tiempo que se necesita realmente, ni la calidad de las palabras, ni la calidad del mensaje, ni la calidad de la presencia, nada, nada damos a los demás, que hable de que respetamos al otro, y por ende a nosotros mismos. Entonces, yo no estoy diciendo que el amor a nosotros mismos no sea bueno, porque igual ya esta tan contaminado que ni siquiera es bueno.

Jon: Entonces, ¿dónde está la confianza al otro?, ¿dónde esta nuestra autoestima?, ¿dónde está la tolerancia a cómo es el otro?, y ¿dónde está nuestra auto aceptación plena?, ¿dónde está la consciencia del propósito del otro?, porque muchas veces pensamos que el otro debe tener nuestro propósito. Porque pensamos que el otro cuando hace cosas las hace contra nosotros. Porque no nos planteamos durante un minuto que lo que está sucediendo es bueno para mí.

Joaquina: El otro estaba con una persona que tiene en este momento una enfermedad, no muy buena, no muy positiva y había vivido una crisis familiar muy grande. Y me dice bendita enfermedad, porque lo colocó todo. ¿Dónde estamos para necesitar una enfermedad grave de alguien para que nos demos cuenta lo que amamos y nos de miedo perderle? ¿Dónde estamos?

¿Dónde estás?

100 Inteligencia creativa

Paseamos delante de la puerta del Jardín Botánico de Madrid y nos detenemos para admirar el impresionante olmo que, desde la entrada, da la bienvenida a los visitantes.

Jon: El otro día hiciste un ejercicio muy potente en un curso: “Contar con vuestras palabras quienes sois, lo que soñabais cuando erais pequeños y jóvenes, un sueño que permanece en vuestra cabeza y que de vez en cuando se viene y se va, y lo que le vais a pedir a vuestra hada madrina para que vuestro sueño se haga realidad”

Joaquina: Sí, el ejercicio de contar un cuento sobre quienes somos es muy interesante, y buscaba lo simbólico que aparece cuando lo hacemos. Los cuentos son símbolos. Por ejemplo: Caperucita, está en el mundo emocional, sin razonar a dónde se dirige, divaga por el bosque de flor en flor, sin razonamiento alguno. El mensaje de Cenicienta es: si trabajas tienes logros. Los tres cerditos simbolizan la independencia, el fabricarte tu propia vida.

Jon: Entonces son metáforas que nos hablan de cómo conectar con nuestros sueños.

Joaquina: Así es, con la condición de que en el ejercicio nos vayamos a la juventud, donde está el origen de nuestros sueños. Si no es así,  todo es una falacia intelectual. Hay que conectar con los sentimientos juveniles, sin contaminarlos con la parte intelectual. De 12 a 24 años no hay nada intelectual. Si uno realmente se va a este sitio, le queda la limpieza de las ilusiones que no se han realizado, y donde está el diamante para realizar todos nuestros sueños, que es la libertad para elegir.

Jon: Eso es un poco la inteligencia creativa, ¿no? la libertad absoluta para acceder a nuestros sueños.

 Joaquina: La necesidad de reconocimientos, la necesidad de aceptación, el miedo a que nos dejen, el miedo a la pérdida…hace que nuestra creatividad esté muerta. Entonces es cuando hay que ir a buscar la Inteligencia Creativa. El joven ha sido destruido en su capacidad creativa, en todas las cosas que decía: “yo quiero dedicarme a tener un equipo de música, yo quiero ser rockero” … No es que esta sea su dedicación. Este es el “para que” que le diferencia. Los grandes idealistas estaban a los 18 años.

 Jon: Sí, yo también quería cambiar el mundo a los 18 años.

 Joaquina: En ese yo revolucionario está la construcción de nuestra inteligencia creativa, abortada porque no nos sentimos entendidos por el entorno. La ilusión de cambiar el mundo está ahí, la ilusión de ser diferentes… de 16 a 20 años hemos soñado con transformarlo todo, con hacer cosas diferentes a las que hacían nuestros padres…

Jon: De alguna manera seguimos viviendo en un mundo de ilusión, aunque nos confirman que no es posible.

 Joaquina: Esa es la gran contradicción: la gran capacidad que tenemos para soñar y la gran capacidad que tiene la gente para matar nuestras ilusiones. Entiende que la inteligencia creativa es una suma de expectativas. Y siempre hay un sentido transcendente. ¿Para qué lo pienso? Para que el mundo sea mejor, para que la sociedad sea mejor. De 12 a 24 años están todas las ilusiones de cambio del mundo.

Jon: Cuando entramos en los trabajos nos tangibilizan con resultados económicos y se tapa todo. Nos llegan a decir que si no ganas no es posible, entonces aparece el código de rentabilidad.

 Joaquina: Cuando empezamos a pensar que no podemos hacer rentables nuestros sueños, los abandonamos. Lo malo es que en esos sueños está escondido el diamante de nuestros éxitos. Lo que somos encierra millones de partículas de quimeras, algunas realizables y otras no. Las que son realizables son las que permanecen como una llamada permanente en nuestro interior. ¿Cuál de estas 5 cosas eres dentro de tu paradigma?: Realizador: una persona que quiere hacer cosas cuantificables. Creador: creaciones de imágenes con colores. Conceptual: palabras que penetran directamente en vosotros y en los demás. Luchador: para hacer cosas, para soñar…crees que la vida es una lucha. ¿O eres un mago?

Jon: Creo que soy creativo de conceptos… ¿Cómo puedo convertir en realidad mis sueños?

Joaquina: Pues hay que combinar las 4 cosas: Buscar lo que es realizable, buscar la ilusión que hay detrás de eso, buscar el concepto que hay detrás de ello, y hacer un esfuerzo para conseguirlo. Tienes que ponerte en tus sueños. Que la realización es aprender técnicas. Que la ilusión tiene que ser compartida porque si no es una ilusión vacía. Que las palabras tienen un significado plural y conocido para todos. Y que llegar a un sitio requiere una lucha que es saber para qué sirve.

Jon: De alguna manera es querer ser visionario.

Joaquina: Para ser visionario hay que ser realizador, hay que tener ilusiones, hay que ser palabras con significado y, por encima de todo, hay que saber qué hay que luchar. Y te tienes que cuestionar permanentemente que es lo que quieres hacer. Tienes que pasar al mundo de la realidad las cosas que son irreales. Eso es ser creativo: saber que hay cosas que aprender. Poner a tu disposición los medios que hay para llegar a tu ilusión.

Jon: Es un trayecto de evolución, un camino hasta poder crear realidades.

Joaquina: Cada persona es singular, cada mundo interior es diferente. Hay algunas personas que se expresan a través de su mundo práctico, hay otras personas que se expresan a través de su mundo emocional y otras a través de su mundo intelectual. Cualquiera de estas 3 expresiones es perfecta, solo que tienen que estar en estado de equilibrio. Lo que nos desborda es donde tenemos que trabajar.

Vuelvo la cabeza hacia el olmo, con sus raíces bien arraigadas en el suelo, de las que depende su supervivencia. También tiene un tronco, donde algún enamorado ha grabado un corazón, como queriendo simbolizar la parte emocional del árbol. Por encima de todo está la copa, donde están las hojas, la que conecta, la que da fruto.

99 ¿Quién soy yo?

Mientras Joaquina rebusca en su amplio bolso las llaves del portal, me fijo en una persona sentada en un banco, a unos 10 metros. Recogida sobre si misma, con el móvil pegado a una cara por la que resbalan dos gruesas lágrimas. No habla, ni tiembla, solo solloza en el silencio de la noche.

Jon: ¿Quién soy yo como ente emocional?

Joaquina: Tenemos dos partes en nuestra vida: luz y oscuridad, fortalezas y debilidades. Las fortalezas son intrínsecas. Las oportunidades son externas. Todo lo que es oscuro tiene que ver con las debilidades nuestras y con las amenazas que existen fuera. Tu eres un todo, y en ese todo muestras las dos partes. Aquello que se muestra como luz esconde sus limitaciones internas. Si tu eres consciente de que el mundo son luces y sombras, tanto para aprender como para enseñar, te va a ser más fácil acceder a ello permanentemente.

Jon: Tengo entonces algo que funciona muy bien y algo que no va a funcionar.

Joaquina: El mundo de posibilidades y oportunidades siempre surge desde la parte luminosa. Los miedos siempre surgen de la oscuridad.

Jon: ¿Y si no soy consciente de esas limitaciones?

Joaquina: Los únicos que no tienen la capacidad de darse cuenta de estas limitaciones son los niños. Cuando realmente eres consciente de que puedes desarrollarte es de 24 a 36 años. De 0 a 12 años no eres consciente de tener oportunidades y fortalezas, sino que están fuera de ti, son familiares. Y de 12 a 24 son de los amigos. Cuando realmente te das cuenta de que tienes todo un mundo por recorrer es de 24 a 36 años. Anteriormente la culpa siempre está fuera.

Jon: Como coach, cuando quiero que la persona se desarrolle tendré que plantearme entonces que el cliente ya es capaz de determinar que sus fortalezas son suyas y las debilidades son suyas. ¿Y si trabajara con un niño?

Joaquina: Para hacer un trabajo con niños le preguntarías: ¿Que debilidades ves en tus padres? ¿Qué fortalezas ves en tus padres? Si trabajase con jóvenes les preguntaría: ¿Qué fortalezas ves en tu sociedad? ¿Qué debilidades ves en esta sociedad? ¿Qué oportunidades ves en esa sociedad? ¿Qué amenaza en esa sociedad?

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque él todavía no las ha identificado, están fuera. Aunque creemos que estamos identificados interiormente, no es cierto. A partir de los 24 años es urgente que las identifique. En un proceso de desarrollo es importante que se sepa que hay algo que desarrollar. Si no la persona va a ir a un punto y no va a avanzar.

Jon: Creo que Hoy se de donde parto y puedo ver hacia dónde quiero ir.

Joaquina: De 36 a 48 años el hombre tiene su paradigma completo: cómo era su familia, cómo eran sus relaciones de joven…y ahí puede tomar unas medidas muy claras de transformación. El ser humano, cuando realmente hace una intervención profunda de cambio, es de 36 a 48 años. Las personas somos evolutivas filogenéticamente. En el momento que nuestros estratos filogenéticos y fisiológicos se maduran, se van produciendo aprendizajes. Y hay una maduración que es imprescindible: la de las relaciones humanas. La exigencia del hombre, donde más dificultades tiene es en su inmadurez, en la parte emocional, en la relación con los demás, en las expectativas de relación.

Jon: ¿Eso es por lo que sentimos cuando nos relacionamos con otros?

Joaquina: Las personas vivimos de hacer, sentir y pensar. En el sentir hay 3 partes: Primero las sensaciones: cuando necesitamos tocar, oler…cuando los sentidos son los que nos manejan. En segundo lugar, están las emociones: cuando nos manejan las percepciones. Por último, los sentimientos: cuando pensamos los sentimientos. Buda es un mensajero de pensar, Jesús es un mensajero de sentir, Mahoma es un mensajero de hacer. No quiere decir que sean buenos o malos, esta es la forma que han tenido de llegar al mundo.

Jon: Es entonces obligatorio, para evolucionar, saber donde estamos.

Joaquina: Sí. Sentir desbordados es sentir percepciones que tú no manejas. Sentir atrapados es que estás encerrado en los deseos. Las emociones son los placeres, y los sentimientos son los gozos.

Jon: Si te he entendido bien: El deseo es que quiero tener algo. El placer es que quiero disfrutar de algo. El gozo es que quiero eternamente sentir algo.

Joaquina: Las sensaciones: conectado a los sentidos, las emociones están sujetas a percepciones, a cosa que no son reales, y los sentimientos puedes razonar el sentimiento, lo puedes justificar. Cuando una persona dice que te ama, y te justifica por qué te ama, está en el sentimiento. La diferencia importante es que los sentidos te atrapan, las emociones te desbordan, y los sentimientos te construyen. En general, los hombres son más de sensaciones, las mujeres más de emociones y los dos pueden ser de sentimientos.

Jon: ¿Y los niños?

Joaquina: Ningún niño siente, no tienen sentimientos. Los niños tienen sensaciones. Estamos dándoles a los niños un valor emocional que no tienen. Quien tiene emociones es la madre, no el niño. El joven es el que siente. ¿Entienden los padres a un joven que siente? En muchos casos no, porque aquello que siente no es racional.

Jon: ¿Cómo lo que sea que le pasa a la chica que llora en el banco?

Joaquina: No debes enjuiciar a la persona y asumir que está llorando por A o por B. Debes desmaterializarla y pensar en su cerebro: un cerebro límbico desbordado. Quiere decir que está pendiente de ella. Al estar desbordado, no pasa la información al cerebro Neocortical, que es el que le ayudaría con un pensamiento racional a salir de ese mundo tan emocional que le puede.

Jon: No es que me vaya a inmiscuir en su vida, pero si la quisiera ayudar, ¿cómo podría hacerlo?

Joaquina: Si te acercaras a ella no deberías preguntarle “¿Qué te pasa?”, que es lo que preguntamos siempre, sino “¿Para que necesitas lo que te pasa?” eso la llevaría inmediatamente al cerebro Neocortical a buscar soluciones y aprendizajes, entendiendo, con una sola pregunta que hay una causa detrás del efecto en el que está atascada. Y esa causa es para hacerla crecer.

Parece que la chica, sin oírnos, ha conectado con las palabras de Joaquina y , serena, contempla el cielo estrellado de otra manera.