186 El obligatorio liderazgo interno

Jon: ¿Tenemos la capacidad de abrir los espacios que hay cerrados en nosotros?

Joaquina: La primera cosa es que hay que elevarse por encima de nuestro primer principio. Hay que elevarse y decir: “voy a dejar todo lo que no me vale, lo voy a dejar fuera y voy a elevarme por encima de mis propios prejuicios” Y cuando me elevo por encima de mis propios prejuicios, la siguiente cosa que me tengo que plantear es que tengo una luz y una oscuridad. Estoy fuera y estoy dentro. Al de fuera no me voy por que me da miedo en esta contradicción entre luces y sombras. La única cosa que nos tenemos que plantear es que hay que abrir una puerta que mira dentro y una que mire hacia fuera. La que mira dentro es para ver que hay dentro, qué tenemos en nuestra consustancia, que mire en qué estamos y de qué estamos formados, y qué tenemos tan dentro tan dentro que nos permite ser lo que queremos ser o que nos permite mas de lo que queremos ser.

Jon: Sí, a veces pensamos que tenemos dentro no un contra líder si no un líder que piensa que es la pera limonera, y no es tan verdad.

Joaquina: Entonces vamos a buscar ese entramado interno que rompa la situación y nos descubra quienes somos, y luego vamos a hacer que ese entramado salga a la luz para poder proyectarlo hacia fuera. Ese será un liderazgo mirando nuestro inconsciente, mirando nuestro interior para poder proyectarlo al exterior, para poder descubrir realmente hasta dónde podemos llegar.

Jon: ¿Alguna premisa?

Joaquina: Parto de un hecho: no hay ninguna persona que no vaya a ejercer su liderazgo, ninguna. Haga lo que haga en su vida, aunque sea los últimos instantes antes de la muerte, la persona va a ejercer su liderazgo por las buenos o por las malas.

Jon: ¿Cómo estás tan segura de eso?

Joaquina: va ha ver un momento donde lo que le está pasando es tan fuerte, tan fuerte, que tiene que unir su fuerza, todo su ser para poder vencerlo. Esa es la cuestión importante, que en realidad nos hemos acostumbrado a arreglarnos nuestro liderazgo, a arreglar nuestra capacidad de dirigir nuestra vida, a costa de la muerte de un hijo, a costa de la enfermedad de un padre, a costa de nuestra propia enfermedad, a costa de una ruptura, de una pérdida de trabajo, o de una desgracia, y eso no nos lo podemos plantear ni un instante más. La forma de mirar nuestro liderazgo, la capacidad hacer lo que queremos tiene que partir de “yo”. Lo voy a hacer ahora mismo, no me vale de nada que después de que me hayan tirado 400 proyectos, de pronto diga: “hoy cambio” no vale.

Jon: Entonces la cuestión está en si somos tan absurdos que necesitamos que algo o alguien nos resuelva nuestra vida de liderazgo…

Joaquina: En realidad hemos venido a hacer nuestro proyecto, y lo tenemos muy claro… es vivir, es desarrollarnos, y evolucionarnos, no hay otro momento.

Jon: ¿Hacia donde?

Joaquina: No importa, ser buena gente, tener las ideas claras es lo mas importante y para ser buena gente y tener las ideas claras hay un único camino que hacer que es le autoconocimiento.

Jon: ¿Por qué lo has llamado antes liderazgo inconsciente?

Joaquina: Porque el entramado de tu liderazgo realmente no lo conoces, lo que conoces son las cosas que has hecho hasta ahora. Abrir la puerta esta mañana ha sido mi logro mas importante y, aunque parezca banal, si tomo conciencia de todo lo que he tenido que hacer para abrir la puerta esta mañana y acometer todo lo que voy a hacer el día de hoy, ese es mi logro más importante en el día de hoy. Entonces, los logros, lo bueno que tiene es que digas siempre como los conseguiste, porque en el momento que te empiezas a dar cuenta de por qué haces cosas, por qué eres, empieza a tener un entramado de líder inmediato.

Jon: ¿Que es un líder? 

Joaquina: Alguien que sabe algo y que consigue que los demás lo sigan. Si tú sabes algo de ti, consigues que tu interior te siga todo el día. Para ser líder hay que ser un conductor de un grupo. Liderar es una influencia sobre un grupo para conducirlo hacia unos fines. Como líder es conducir la primera cosa que te propongo es conducirte dentro de ti mismos. Un planteamiento importante es: Que el Líder manda, tácitamente o no tácitamente el líder manda y para mandar debe tener poder, para mandar sobre nosotros mismos debemos tener el poder de la voluntad. ¿Donde está la voluntad para ser líderes?, no hay ninguna otra posibilidad. Si tienes un fallo, la voluntad ahí está nuestro enemigo del liderazgo. Sea para la comida, para la pareja, sea para trabajar, sea para estar con la familia, sea lo que sea  el líder manda y el poder para poder mandar solo sale de la voluntad de ser líder.

Jon: La voluntad entendida como el poder, el que nos permite dirigir lo que nosotros hemos planteado antes como un reto. ¿No?

Joaquina: Voluntad es aquello que nos permite realizar lo que estamos buscando en nuestra vida o lo que estamos buscando en nuestras relaciones. Si nosotros tenemos una necesidad de conseguir una meta y un objetivo, la primera cosa que nos tenemos que plantear es: ¿Qué anula esa posibilidad de conseguirlo? y lo que nos anula es la falta de nuestro poder para realizar ese cambio.

185 Amor y creatividad

Joaquina: La sombra positiva se forma mediante la aceptación de la parte oscura, negativa, y el perdón al padre. La superación de esta sombra contiene todas las posibilidades de conseguir nuestras metas, y para superarla es necesario revisar las formas y esclarecer el contenido.

Jon: ¿Cómo funciona la sombra?

Joaquina: La sombra es la causa de la falta de creatividad y motivación del hombre. La creatividad y la motivación dan al hombre la posibilidad de acceder a su amor y a su felicidad, estando compuesto ese amor por el amor al padre y el perdón a la madre. Entendiendo en este contexto el padre como la esencia creadora y a la madre como la dadora de la vida física y de la muerte. La felicidad, por otro lado, está compuesta del amor a la madre y el perdón al padre. Entendiendo el amor a la madre como la aceptación de los esfuerzos y los retos vitales, y el perdón al padre por no habernos materializado con los mismos dones que otros y sentirnos carentes.

Jon: Entonces, el amor y la felicidad son dos elementos que surgen del reconocimiento y la aceptación de nuestros progenitores, así como de nuestros maestros.

Joaquina: Así es, siendo la creatividad y la motivación el resultado de ese reconocimiento y aceptación. Las cualidades que el hombre encuentra en sus aprendizajes son dos: Absorber conceptos nuevos, y concretar su utilización. Cuando el hombre ha entendido los conceptos nuevos como un beneficio y no un peligro, se motiva a experimentarlos en plenitud y decidir lo mejor en cada momento. El rencor al padre y a la madre impide esta comprobación.

Jon: Me dijiste en alguna ocasión que todo rencor guarda dos características: Saberse igual, y saberse totalmente diferente.

Joaquina: Saberse igual en lo negativo conlleva reconocerse capaz de hacerlo diferente sin juzgar al maestro y su proceso. Saberse totalmente diferente requiere de una doble decisión:

Aceptar el esfuerzo de aprender, y decidir que no interesa. Cualquiera de estas dos decisiones debe llevar implícito el bienestar y en ningún caso la crítica.

Jon: ¿Dónde nos podemos apoyar para decidir enfrentarnos a la sombra?

Joaquina: El camino del descubrimiento del lado oscuro se hace a través de la proyección del entorno. Por lo tanto, el lado de luz, cuando no se desea ver, se convierte en envidia. El trabajo consiste en clarificar los valores positivos, excelentes, y las capacidades de aprendizaje extraordinarias.

Jon: ¿Y si no quieres mirarte en el otro?

Joaquina: Aunque el hombre quisiera anularse, en ningún caso podrá evitar mirarse en el otro. Podemos decidir vivir en la envidia o en la superación, pero lo que no podemos proponer es una falacia. El hombre ha nacido para esforzarse, puede hacerlo hacia el bien, o hacia su destrucción. Pero nunca puede evitar el esfuerzo.

Jon: Al camino de la sombra positiva ¿le podemos llamar el camino del amor? ¿Cuál es el proceso?

Joaquina: Nacemos con unas cualidades que al combinarlas con el entorno propician construcciones novedosas y con un halo diferenciador. Cuando reconocemos nuestro verdadero poder y las ideas que tenemos, ponemos el primer peldaño. Al aceptar que la diversidad que nos rodea no siempre nos agrada, hemos puesto el segundo. Aprender de los que son como nosotros y de los diferentes sin olvidar nuestra identidad, es el tercer paso imprescindible. Experimentar de todo ello y sacar conclusiones para obedecernos en todo momento.

Jon: ¿Qué es lo que bloquea el proceso?

Joaquina: Que el primer paso no se ha ejecutado correctamente cuando no se ha reconocido la autoridad de los padres, y hay que decidir cuál de ellos. El segundo paso ha fallado cuando no hemos aceptado la forma de amarnos de uno de los padres, decidir cuál de ellos. Si en el primer paso se reconoció la autoridad del padre, se ha puesto el primer peldaño de la creatividad. Si no ha sido así, la creatividad está dormida. El segundo paso, si no hemos aceptado el amor de nuestra madre, la creatividad está descontrolada al alta o a la baja. Si hemos aceptado el amor de nuestra madre, la creatividad está armónica, y puede llegar a ser metódica.

Jon: Ya sabes que soy muy de esquemas. Ahí va lo que he entendido:

Joaquina: El proceso de la felicidad es el siguiente: Nacemos con una deficiencia que nos lleva a aprender reconociendo los maestros y aceptando nuestros límites: Cuando reconocemos nuestra cualidad superior a nuestro hermano. Cuando aceptamos que nuestro hermano tiene otra cualidad superior. Cuando aprendemos a respetar nuestra cualidad, aunque a nuestra madre no le guste. Y cuando experimentamos el aprendizaje a la cualidad de nuestro hermano.

184 Las tres cabezas

Joaquina: Las personas pueden funcionar en 3 niveles: En el corazón, donde nos rigen los sentimientos, todos nuestros razonamientos irán enfocados hacia lo que nosotros sentimos. En el cerebro, que significa que solamente las razones nos empujan. En los genitales, donde sólo la materia nos rige y nos dirige.

Jon: Y, como siempre, debemos conocer en cuál de estos tres niveles nos encontramos. Tenemos que saber en qué parte de estas 3 estamos.

Joaquina: Sí. En los 3 casos van a tener primordial importancia aquellos aspectos como el cuerpo físico, el trabajo, el dinero, el sexo y la sociedad. Es decir, en los genitales va a prevalecer el sentido físico de la casa; en el corazón tendrá importancia la casa como lugar donde se estén intercambiando sentimientos; y en el cerebro la casa será el espacio donde se desarrolle el intelecto, cómo se vive la casa dentro de uno, no con los demás. Todos deberíamos funcionar desde el cerebro, o con el corazón y utilizar la materia solamente como elemento y no dejar que ésta domine todas las situaciones.

Jon: Es decir, todos tenemos que aprender a tener una razón que esté llena de sentimientos y a utilizar la materia para poder desarrollarla.

Joaquina: Ninguno de nosotros podría moverse sin una casa, sin un cuerpo físico, sin trabajo, sin dinero, sin sexo, ni sociedad. Si funcionamos desde los genitales el sexo lo desarrollaremos desde la posesión física. Si estamos en el corazón estaremos hablando de sentimientos en el encuentro sexual, intentando crecer en esa faceta emocional. Y si estamos hablando desde el cerebro, serán las razones las que nos llevarán a tener una relación física.

Jon: ¿Deberíamos tener uno de estos principios más sobresaliente que los demás?

Joaquina: Estos 3 principios deben estar funcionando en nosotros, pero no deben ser regentes ninguno de ellos. Estos 3 niveles se alteran en el cuerpo según donde esté nuestro regente. Cuando somos corazón el dinero no existe, todo lo rigen los sentimientos. La casa, el cuerpo físico, el trabajo, el dinero, el sexo, la sociedad, las utilizamos para manipular los sentimientos. O bien, utilizamos el dinero para poder conseguir el amor. Por ejemplo, una persona estará en corazón cuando tiene una relación tortuosa, le duele muchísimo, no le funciona y aún a pesar de eso es incapaz de verlo desde una perspectiva de fuera y tomar una decisión, le arrastra la situación.  Una persona que somatiza debe mirar la cabeza de genitales, una persona que enferma debe mirarse la cabeza de corazón. Una persona regida por el cerebro no enferma de esta manera. Por ejemplo, una persona regida por los genitales todo lo materializa, lo quiere todo y sólo tiene necesidades de poder. Normalmente va a tener problemas de garganta, de próstata.

Jon: Deduzco que en estos niveles es donde se producen las enfermedades importantes, las que miramos y tocamos.

Joaquina: Las enfermedades más soterradas están en cabeza de cerebro. Solamente los que tienen razones y sentimientos en equilibrio están sanos. Debemos aprender a que nada nos arrastre, a que todo funcione, que la casa no sea un elemento ornamental, que no necesitemos ser reconocidos en la sociedad por lo que poseemos, que no sea necesario para nosotros el dinero como un elemento para que los demás nos reconozcan, o que el cuerpo físico no sea el adorno con el que manipulamos a otras personas. Manejar esto en cada uno de los 3 niveles nos va a permitir ser felices o estar enfermos, dependiendo de la forma en la que lo tratemos.

Jon:  Y, entrando un poco más en detalle ¿Qué significa cada una de las cabezas?

Joaquina: Cuando tenemos como regente la cabeza en los genitales, significa que lo material es lo único que nos importan aún a pesar de revestirlo de mucha estructura externa. Aquí, las personas viven la materia pura, en sí misma, no necesitan relaciones, sólo el poder de la materia: querrán una casa, que se muestre su cuerpo físico, el mejor trabajo, se moverán socialmente de forma ostentosa… Lo que les importa realmente es el dinero, no quieren nada más, no les preocupa si los demás están bien o mal, sólo aspiran al poder puro de la materia.

Jon: Entonces, los dos regentes por excelencia en los genitales son el dinero y el sexo.

Joaquina: Además, en la cabeza en los genitales hay 2 hemisferios: ovarios y testículos; en la cabeza en el corazón hay 2 hemisferios: pecho derecho y pecho izquierdo; en la cabeza en el cerebro hay 2 hemisferios, derecho e izquierdo. En los tres casos hay una dualidad y solamente aquella persona que vive en equilibrio las tres cosas, forma una unidad, logra funcionar equilibradamente. En cualquiera momento, cuando decimos: “quiero esto y lo demás no me importa” el regente lo tenemos en los genitales. Si a una persona lo único que le importa es tener un cuerpo físico maravilloso, que todo el mundo lo vea, con el que pueda jugar a poseer y dominar a los demás, su cabeza está en los genitales, porque aunque por momentos tenga sentimientos o razones, lo pierde todo en el momento en que engorda 5 gramos, o se ve una arruga.

Jon: ¿Y algún detalle sobre la cabeza de corazón?

Joaquina: Aquí los sentimientos mandan. Por lo muchísimo que le gusta la comida, por lo muchísimo que le gusta pasarlo bien, dejará de controlar su comida, dejará de cuidar su cuerpo, sólo querrá disfrutarlo, vivirlo.

Jon: ¿Se puede estar en los tres: cabeza, corazón y genitales?

Joaquina: Se puede estar en los tres, pero tenemos que reconocer el regente, el que nos arrastra, mirándonos muy dentro, porque los otros los vamos a manejar muy bien. Por ejemplo, podemos tener la cabeza en los genitales: el trabajo y el sexo son muy importante, pero encontramos a una persona y nos enamoramos. En ese momento viviremos la relación desde el corazón. Pero, tenemos que saber que, cuando se vaya la emotividad del corazón, vamos a volver donde estábamos. Por eso es importante conocer cual es nuestra reacción. Se trata de llegar a un punto en el que esos aspectos no nos controlen. Cuando una persona va subiendo al corazón, los estímulos se mantienen mucho más tiempo, y en el cerebro los estímulos son todavía mayores. Una persona que se mueve desde el cerebro y maneja el sexo y el dinero desde el cerebro, muy difícilmente se va a cansar de sexo y dinero.

Jon: ¿Y la relación de pareja?

Joaquina: Una pareja en la que el hombre esté en genitales y la mujer en el corazón será una relación difícil. La mujer estará rota constantemente, pero no le dejará: es la relación más costosa a nivel afectivo, y sobre todo a nivel sexual.  El sexo y el dinero serán los aspectos más afectados, aunque también la casa, porque cuando un hombre es de genitales, muy pocas veces va a tener la delicadeza de ver el trabajo que se ha hecho en la casa y compartirlo. Es el peor caso en pareja, y también cuando la mujer está en genitales y el hombre en corazón, porque en este caso es desgarrador: ella querrá su dinero y él no se dará cuenta. Hablo de mujeres y hombres, pero debemos pensar en nuestro interior.

Jon: Llegamos a lo que tendríamos todos que tener funcionando.

Joaquina: Sí, pero también hay que reconocer que es la más déspota que existe. Es la persona que sólo tiene razones. En un segundo puede tirar abajo a los genitales y al corazón. En este estado existen razones para el cuerpo físico, para la casa, en el sexo, en la sociedad, en el trabajo y en el dinero. La persona sabe racionalizar cualquiera de estas situaciones, y tiene la capacidad de salir de ellas, ninguna le arrastra. Una persona en la que rige el cerebro no necesita una casa física, necesita el confort de su estado interior; aquí la persona se mira a sí misma y necesita que su estado mental no se desequilibre en ningún sitio, que cuando llegue a casa no haya nada que le aturda, ya que al llegar tiende a hacer una reflexión sobre sí mismo. Tiende a mirar lo que tiene que hacer, a trabajarse para el próximo día, y no soporta que la casa le desequilibre, no soporta a los niños gritando, porque sus sentimientos no existen.

Jon: Es obvio que las tenemos las tres, aunque haya una regente ¿no?

Joaquina: Todos tenemos la combinación de las tres cabezas, pero hay patologías de uso de una sola cosa:  de corazón y genitales mucho más que de cerebro, porque cuando una persona está en cerebro razona. No tendrá sentimientos muy fuertes, pero las cosas no le arrastrarán, sabe que en un momento dado el dinero puede estar llevándole hacia un sitio y puede cambiarlo.  De los tres centros, el cerebro es el que más se mezcla con todo; el corazón se mezcla muy poco con el cerebro y los genitales nada. Lo absoluto de todo esto está en que uno de estos aspectos no te permite vivir el otro. Si para ti es muy importante la sociedad, hasta el punto de que no te puedes permitir que la sociedad te juzgue, te enamorarás de una mujer, pero, si socialmente no es aceptada, no estarás con ella. Te puede gustar un trabajo, pero si socialmente, para ti, no está aceptado, no lo vivirás. Eso es tener la cabeza en los genitales. Es importante reconocer que perdemos el centro por una de estas cosas, porque de lo contrario no vamos a arreglarlo.

Jon: ¿Puede variar el regente dependiendo de nuestro día, estado emocional…?

Joaquina: El regente no varía en función de los días o las situaciones. El regente significa que si tú no tienes dinero amargas la vida a todo el mundo. Puedes tener dinero hoy, pero está clarísimo que el dinero es tu pensamiento. Puede ser que hoy no estés teniendo relaciones sexuales, pero lo más importante para ti, cuando estás con una persona, es tener relaciones sexuales y, si no las tienes, le amargas la vida a esa persona y a tí.  Eso es un regente, algo que no te deja vivir en paz. Si tú tienes como regente los genitales, no te enamorarás de una persona que no cumpla la parte de sentimientos que para ti es importante. Dinero y sexo son las principales causas de problema en las parejas; aunque nadie lo admite.

Jon: ¿Cómo se cuál es mi cabeza regente?

Joaquina: Para saberlo tienes que ver dónde te desajustas emocionalmente, dónde pierdes la paz, dónde no eres capaz de seguir la relación con una persona. Por ejemplo, te llevas muy bien con A, te comunicas muy bien, pero de pronto no tiene dinero y sabes que no lo va a tener nunca porque no tiene interés en ello.  Tú creerás que te están rigiendo los sentimientos, pero en un espacio cortísimo de tiempo, en cuanto quieras salir a un sitio y no lo pueda pagar, en cuanto quieras comprar algo y no lo puedas hacer, en cuanto quieras ir de vacaciones y esa persona no lo pueda vivir inmediatamente, la relación claudica. Por lo tanto, lo importante es que miremos dentro de nosotros con qué rompemos nuestras relaciones con los demás. El regente es el que te rompe totalmente la estabilidad, aquel por el que pasarías por encima de cualquiera, es el que no te permite fluir con los demás. Si una persona tiene como regente el corazón no va a poder razonar. Busca disculpas, se pierde, mezcla las informaciones.

Jon: Entonces, esas regencias ¿marcan una patología?

Joaquina: Yo no creo que sea patológico tener la cabeza en genitales, corazón o cerebro. Yo creo que hay que saber caminar, vencer las cosas y no sentirse mal en ninguna de ellas. Hablamos de reconocer nuestras regencias, porque ahí están las enfermedades. Por ejemplo, las patologías del corazón pueden ser neurosis emocionales, crisis existenciales. En las personas en cerebro se puede presentar un Alzheimer, situaciones de agotamiento tal que el cerebro se esté muriendo. En las personas en genitales puede presentarse anorexias, bulimia, por ejemplo.  Una persona con la cabeza en el cerebro se reconoce y cambia, la que la tiene en los genitales se mira, se odia y no se mira más, no quiere cambiarlo.

183 Álvaro y el compromiso

El compromiso se encuentra en el cuarto cerebro que se llama prefrontal y este cerebro es la innovación. Es el momento de desprenderte de todo lo que has aprendido y empezar a hacerlo todo diferente, todo nuevo. Debes ser un personaje renacido. Un personaje que tiene la capacidad de salir del hogar familiar e ir abandonado todo lo éste te daba y empezar un viaje que va desde lo conocido, ahí estás repitiendo los comportamientos de tus padres y ya lo tienes aprendido, a ver qué haces nuevo, qué sientes de forma diferente y qué piensas de manera distinta.

Joaquina: Álvaro es arquitecto, tiene 26 años y tiene una vida familiar muy enriquecida, le conozco desde que era niño, no sabía que venía y me ha hecho muy feliz. Álvaro vive en una familia maravillosa que se adoran con un respeto increíble, tiene dos hermanas y todo lo que ha vivido, yo lo conozco, ha sido bueno. Ha venido de una familia bien, con unos padres que están juntos, es muy parecido a lo que querríamos tener todos. Sin embargo, Álvaro tiene un riesgo, un riesgo que debe romper. Es creativo como su padre, y tiene lo maravilloso de su madre, la ternura, la empatía, la capacidad de cuidar, la capacidad de tener en cuenta a las demás personas.

Álvaro está viviendo una caterva de sensaciones y de emociones que tiene que saber controlar. Esta caterva de sensaciones es: puedo desprenderme del modelo de mi padre. Eso es lo que hay en su cabeza. Por un lado, sé que quiere desprenderse del modelo de su padre y por otro lado sé que para él eso significa no ser fiel a su padre. Puede desprenderse del modelo de mi madre, ese le resulta más fácil. Porque su madre es tan grande de corazón que jamás le recriminaría nada y él tiene un corazón igual de grande. Sin embargo, hay una dificultad. él tiene que saber si es su padre o es su madre.

Es decir, el valor que él tiene es el de su padre o el valor que él tiene genuino es el de su madre. Porque mientras él no sepa el valor genuino que tiene no va a poder dar el paso que le voy a pedir que de ya para que sea la persona más rica financieramente de todos los lugares y que se lo merece. Él ya ha trabajado los celos y la envidia.

Este es el valor genuino y este es el valor que aprender, lo primero que tiene que saber es dónde coloca lo que está dentro permanente y no tiene nada que hacer con ello, y dónde coloca lo que realmente tiene que aprender y tiene que incorporar.

Álvaro ha hecho algo extraordinario, ha cogido lo que no le gusta de su padre y lo ha sacado de su cabeza. No lo crítica pero no lo hace, y ha cogido lo negativo de su madre y tampoco lo hace. Mezcla lo positivo de los dos porque le espanta elegir a uno de ellos, y ése es el conflicto.

En un momento dado podías haber hecho un trabajo tan bueno… el trabajó conmigo desde hace mucho tiempo, y hace tiempo que no me necesita y que viene esporádicamente, pero de pequeño hemos trabajado juntos. Os quedarías alucinado de lo que puede decir un niño de trece años y como puede comprender, y te das cuenta de que son seres tocados para hacer un camino bonito.

Joaquina: Entonces, Álvaro ¿quién eres?

Álvaro: Una mezcla de los dos imagino.

Joaquina: Ya me imagino, yo también ¿y?

Álvaro: Mi padre.

Joaquina: ¿Y qué es lo que tienes de tu padre?

Álvaro: No que quiero aprender de mi padre.

Joaquina: ¿Eres tu madre? Tu padre es la creatividad. Y de tu madre pongo la empatía y la generosidad. Tu cualidad es la creatividad. Una creatividad en grado sumo, solamente que como compites con tu padre, te asusta. Te asusta ser mejor y que tu padre, en algún momento, no te deje crecer.  Yo creo que tu valor a aprender es una empatía que te permite pensar en tí mismo y no sólo en los demás. Es decir, creo que el aprendizaje es una empatía primero contigo mismo. Ya sabes que tienes que trabajar tu creatividad como la de tu padre.  Como lo tienes dentro va a ser un minuto, la traes dentro. El valor que tienes   que aprender es a pensar en ti no en tu padre, ¿Qué hace tu madre? Pensar en tu padre y no pensar en ella. Debes aprender a ser empático y generoso contigo. Vamos al compromiso. El compromiso es que tú tienes que ver cómo funciona tu padre y cómo funciona tu madre y hacer un quiebro innovador.

Álvaro: ¿Qué quiere decir que tengo que hacer un quiebro?

Joaquina: El compromiso es el “para qué” vas a hacer las cosas, y tú “para qué” es totalmente diferente al de tu padre. Si no te das cuenta de esto no harás este quiebro. Tienes que contestarte, Álvaro ¿para qué quieres la creatividad y esa generosidad tan grande que tienes?

Alvaro: para crecer, para sentirme cómodo.

Joaquina: ¿Tú crees que tu padre ha buscado esto?

Álvaro: No.

Joaquina: Tu padre se ha dedicado a la creatividad porque fue lo que le gustó. Tú estás haciendo una creatividad consciente. Mientras que creas que tu padre es perfecto y que lo hace todo perfecto es muy difícil que tú innoves. Pero lo que estás equivocando es el concepto, tu padre adquirió la creatividad para vivir económicamente mejor. Tú estás buscando otras cosas.

Tu madre es empática y generosa, probablemente para llevarse mejor con las personas, pero no para desarrollarse más. Tenéis que plantearte que tu “para qué” no es el “para qué” de ellos. Y siendo esto así, no puedes funcionar como ellos. El “para qué” es el que da sentido a tu vida. Si tú no comprendes “para qué” eres como eres, no vas a hacer la innovación. El compromiso es contigo no con ellos. Si comes, hablas o te relacionas como ellos, páralo rápidamente porque no estás en el compromiso. Cuando estés en el compromiso te darás cuenta de que dices las cosas de forma diferente. De 12 a 24 años queremos ser diferentes y ¿qué pasó después? Que repetimos el modelo.

Álvaro: ¿Por qué?

Joaquina: Porque entramos en la pereza. Te pido que cada vez que hagas algo, mires tu “para qué”. Eso no te va a llevar a separarte de tu padre ni de tu madre. Te va a llevar a hacer las cosas mucho mejor que ellos. Tu padre tiene 60 años y tú 26 si esta diferencia no te lleva hacer las cosas de forma diferente ¿Qué te va llevar a hacerlas? 34 años de diferencia han marcado un móvil, internet, redes, globalización, democracia… Todo esto te tiene que llevar algún sitio diferente. ¿De que nos vale que el hombre este en el mundo si el tiempo no nos vale para hacernos mejor? ¿A qué tienes miedo?

Álvaro: A defraudar.

Joaquina: Tienes miedo a hacerlo mejor que su padre. Todos los que no avanzamos es porque tenemos miedo a ser mejor que nuestros padres. Dios nos dice ya no es el tiempo de estar divirtiéndonos, es el tiempo de salvar al mundo, es el tiempo de que el mundo esté lleno de valores y de que tome consciencia. Entonces nos dice: “tú ya has aprendido de tu padre, de tu madre, el mundo que has recibido ya lo has aprendido, ahora tienes que hacer otra cosa, tienes que hacerlo mejor. Porque si no ¿qué sentido tiene tu vida?” En el mundo hay ahora mismo 85 países en guerra. Se trabaja por las armas y no por el amor, o cambiamos nuestro paradigma interno o el mundo no cambia.

Álvaro: ¿Es ese el compromiso?

Joaquina: El compromiso que tenemos que adquirir es respetar lo que hemos aprendido y darle la utilidad que tiene para nosotros. ¿Cuál es vuestro valor?

Álvaro: La creatividad.

Joaquina: ¿Cuál es tu aprendizaje?

Álvaro: La empatía.

Joaquina: Decide si te quieres comprometer hacer las cosas de forma diferente. Mira cuál es el defecto de los dos que estás repitiendo. Si no te desprendes del amor de tu madre o de tu padre no vas a avanzar. Ellos solo te van a querer si haces lo que ellos quieren.

¿Qué vas a hacer diferente de tus padres?

182 La pereza mental (II)

Jon: Me gustaría validar lo que entendí de la última conversación, respecto a como se aprende: Lo primero es que tengo un valor, y lo debo hacer operativo sin celos y sin envidia. Así voy corrigiendo la pereza. Puedo tener pereza, no pasa nada, pero el valor no puede tener celos ni envidia y decido qué tengo que aprender, y lo decido con toda la fuerza ¿Qué tengo que aprender de verdad?

Joaquina: Te propongo un ejercicio: lo primero, si tienes un modelo cercano, cierras tus ojos y vas viendo qué es lo que hace y cómo lo hace y qué propósito tiene cada vez que lo hace. Después buscas una película y empiezas a aprender a caminar como camina esa persona, a moverse como se mueve esa persona, a hablar como habla esa persona…

Jon: Es decir, modelar a la persona.

Joaquina: Modelar, no imitar. Aunque veas a una persona y veas que su fuerza está en las piernas y notas que su fuerza está en las piernas, tú lo que haces es llevar la gravedad a las piernas. Con eso trabajas la gravedad uno, la segunda y la tercera gravedad. La pereza mental se produce porque hay una pérdida de gravedad y una pérdida de equilibrio. Entonces, si yo estoy muy centrada en hacer voy a perder el sentimiento y la capacidad de pensar. Si yo estoy muy centrada en sentir voy a perder la capacidad de hacer y la capacidad de pensar. Si yo estoy centrada en pensar voy a perder la capacidad de hacer y la capacidad de sentir, tengo que tener un equilibrio.

Jon: Entonces, en el aprendizaje ¿qué pasa?

Joaquina: Que la mente disfruta porque cuando mueves tus piernas y te mueves como se mueve la persona y de pronto empiezas a moverte como se mueve la persona y además empiezas a darte cuenta cómo estructura… por ejemplo ves cómo se calla, ves cuando empieza hablar, ves cómo escucha… porque el propósito es entregarse a la comunicación en ese momento, en ese momento te estás dando cuenta de lo bueno que es.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque tú tienes que decidir lo que vas a aprender, para qué lo quieres aprender. Yo quiero aprender la entrega para estar con personas y participar del conocimiento humano. Eso es para lo que quiero la entrega. Así que buscas momentos donde puedas hacer aquello que hacían ellos, de la manera que lo hacían, para que empieces a darte cuenta de cómo se incorpora el aprendizaje a tu vida. Porque la mala noticia es que hemos nacido para hacer las cosas diferentes a nuestros maestros. Hemos venido para innovar a nuestro padre y a nuestra madre. Si una sola partícula nuestra se repite como ellos está vida no ha tenido sentido. De tal manera que si no les hemos aprendido no les podemos superar. Hemos venido a este mundo, y no estamos vivos hasta que no hemos superado el patrón de los maestros.

Jon: ¿Es ese nuestro compromiso?

Joaquina: Así es. La innovación, hemos venido a limpiar el mundo. Así qué quitando la pereza mental, que es haber conseguido aprender totalmente de los dos o de quién quieras, el compromiso es romper todo este aprendizaje y hacerlo todavía muchísimo mejor. Prestas atención a la mirada de tu padre, y te das cuenta de que su forma de mirar la tienes. Debes ir dándote cuenta, y te tienes que garbar, y tienes que disfrutar de cómo lo vas aprendiendo.

Jon: Eso es teatro puro.

Joaquina: Sí, en casita todos los días 10-15 minutos hasta que el cuerpo y la mente hayan hecho “ya soy la totalidad de los dos” Si tenéis que aprender delicadeza, pues delicadeza. Si tenéis que aprender entrega, lo que sea. Lo que para ti sea entrega.

Jon: Recuerdo, hace tiempo, hiciste unos talleres sobre cuentos infantiles que estaban relacionados con esto.

Joaquina: Así es. De los tres cerditos, de cenicienta, de caperucita, es que el cuento también te da la posibilidad de ver qué tienes que cambiar: si eres una persona despistada, caperucita es tu cuento, para que sepas que no vas a llegar a nada y que te va comer el lobo. Si eres una persona sacrificada, que te sacrificas igual viene la cenicienta, el hada madrina, la carroza y de pronto el príncipe que está ahí genial pero que ya sabes que no te puedes poner los zapatos de tus hermanos porque se rompen, tienes que tener tu número de zapato, no poder ponerte el de al lado. Si eres de los tres cerditos ya sabes que, si haces casitas de paja, pues el lobo te va a comer; si haces casitas de barro, el lobo te va a comer; si las haces de ladrillo, empleas el tiempo, trabajas sobre ello, el lobo no te podrá hacer nada. Con los cuentos trabajas los celos, la envidia y la pereza. Siempre hay algo que superar. Siempre hay la victima cenicienta, tiene que hacerse grande salir y convertirse en la princesa. Caperucita tiene que acabar poniendo foco y saber que cuando va a llevar la cestita, tiene que llevar la cestita. La bella y la bestia… cualquiera de estos cuentos.

Jon: A mí me gustan más las películas, porque no me contaban cuentos, pero los cuentos ayudan muchísimo.

Joaquina: Hay libros maravillosos sobre cómo trabajar los cuentos, pero lo más maravilloso es trabajar el cine. Como visión de poder trabajar personajes es único. Ves la película y eliges una escena, no hace falta ver la película 500 veces, elige una escena.

Jon: ¿Puedes poner un ejemplo?

Joaquina: Hace tiempo que sé que no voy a encontrar la tierra prometida. Tengo claro que la tierra prometida no es para mí, y veo la película “Los 10 mandamientos”. La escena que veo continuamente es en la que Moisés está separándose de todos ya y él se queda, y no puede entrar en la tierra prometida, porque no hizo lo que tenía que hacer.

Jon: ¿Para qué ves esa escena?

Joaquina: Para darme cuenta de que, si no hago lo que tengo que hacer, nunca llegaré dónde quiero llegar. Esa escena la veo repetidamente. Entonces me quedo ahí, me pongo a mirar lo que tengo que mirar en la distancia, veo que la gente entra en la tierra prometida maravillosamente y que yo estoy ahí, y que me tengo que despedir de los seres queridos y te: “vete y no te preocupes. Guíales a todos que yo me quedo aquí que lo hecho fatal y no puedo entrar” y de pronto me digo: “qué feo, mi gente ahí y yo aquí, ¿qué tengo que cambiar?” y eso me anima.

Jon: Entonces cada película nos va a dar pistas. Hace unas semanas vi “El último Samurái” y lo relacioné con los valores. ¿Es importante la vida? No. ¿Es importante morir? No. Lo importante es que sean tus valores los que te rijan, son los que te guían, los que te llevan algún lugar.

Joaquina: Cada película tiene momentos maravillosos para que puedas ver y aprender.

Jon: Así que la pereza mental se arregla con teatro. 

Joaquina: No se arregla sin aprender el modelo que tienes que aprender. Porque la pereza mental es un tapón mental que hemos puesto. por ejemplo, si yo ahora camino y camino sintiendo que soy una persona importante voy a caminar de una manera concreta… no he caminado en mi vida así. Si quiero superar un complejo, voy a ver cómo caminar. Pero de pronto me doy cuenta de que hay gente que camina una manera y eso no es lo que yo quiero aprender. Pues vuelvo otra vez, me grabo, y sigo y veo que mi cuerpo o cualquier movimiento está mostrando algo que no es lo que busco. Pues lo vuelvo a corregir, porque yo camino con la cabeza, voy a arreglarlo, voy a coger la cabeza, voy a caminar; y al rato ¿qué hace la cabeza? te manda el mensaje y cuando te quieres agachar ya no te deja. Todo lo que hagas con el cuerpo lo recuerda la cabeza, porque si no se cambian los comportamientos no se consigue el cambio; así que vas a tener que cambiar los comportamientos para conseguir el cambio.

Jon: Primer paso se superan los celos. Segundo paso se supera la envidia. Tercer paso se supera la pereza.

Joaquina: Pues la conciencia es la suma de todos los aprendizajes. Hay un libro muy interesante que te regalé al poco tiempo de conocerte: “Autobiografía de un Yogui” de Paramahansa Yogananda.

Jon: Sí, fue uno de esos libros que cambiaron mi vida.

Joaquina: Yogananda hace una suma de Jesús y Buda. Él se da cuenta de que los budistas no aman. Tienen consciencia, pero no tienen amor. Y se da cuenta de que él tiene la conciencia y necesita aprender el amor y entonces incorpora la vida de Jesús como su aprendizaje, y suma al gran Buda con el gran Jesús, como dos maestros de aprendizaje. Y se da cuenta de que Oriente tiene que aprender de Jesús. Se da cuenta de que él tiene muy bien a Buda, pero necesita aprender de Jesús. En el libro se ve como incorpora a Jesús a su vida, y desde ahí consigue hacer la suma de una persona llena de amor que es Jesús, y de una persona llena de consciencia que es Buda. En el budismo no hay envidia, no hay celos, hay solo pereza mental y necesidad de tomar consciencia.

181 La pereza mental

Acaba de terminar un Curso y, mientras recojo el material audiovisual escucho los comentarios de algunas personas. Una en particular va comentando lo difícil que le resulta conocerse a sí misma e intenta por todos los medios justificarse. No pierdo la ocasión y abordo a Joaquina de vuelta a casa.

Jon: Cuando una persona dice es muy duro conocerse a uno mismo. ¿De qué está hablando?

Joaquina: Esta hablando de querer avanzar, de querer crecer. Está hablando de pereza, de desidia, de todo muchísimo menos que de estar en un camino espiritual. El camino espiritual empieza por saber quién es uno, y saber que es uno me emociona muchísimo porque lo que saben las personas casi siempre es lo que no funciona de ellas. Yo nunca pienso, cuando les miro, que son algo que no funciona, siempre miro lo que son desde lo que funciona. Cuando te miro a ti veo tus valores, y no tus no valores. Éstos últimos los trabajo cuando vienes a verme a consulta. Y me voy a centrar en que todo lo tienes bien menos lo que te estoy trabajando. Ahí, en ese despacho, miro lo que no funciona para que cambies y vayas a donde funciona. Tienes un valor y no lo tienes operativo, hay que trabajar sobre él.

Jon: No sólo espiritualmente, también trabajas el cuerpo.

Joaquina. Claro, porque tienes un hígado que no está funcionando hay que trabajar sobre él. Pero cuando salimos por la puerta, ni se me ocurre ver un defecto, ni en ti ni en nadie. Siempre pienso que tienen algo extraordinario que no tocan, algo extraordinario que no ven, algo extraordinario con lo que no trabajan.

Jon: Y ese algo extraordinario que no tocamos, ¿lo hacemos por miedo al compromiso?

Joaquina: Todos tenéis miedo al compromiso, es la piedra angular para hacer, o no, el propósito de vida. Todos los ángeles del cielo que existen, todos los arcángeles del cielo que también existen, nos están diciendo continuamente: “te estamos dando algo ¿porque no lo utilizas?, te estamos dando algo maravilloso ¿porque no lo utilizas? ¿Porque no eres capaz de utilizar la grandiosidad que tú tienes dentro si te estamos mandando cada día chispitas divinas de mil maneras para que tú puedas ver quién eres en forma de amigos, en forma de compañeros?” Te están mandando chispitas para que veas que eres lo mejor que hay en este mundo ¿Qué haces que no lo cambias?

Jon: En mi caso por pereza mental.

Joaquina: La pereza mental solo tiene un sistema de arreglo. Un sistema que debes tener muy claro para poder cambiar tu paradigma. La pereza mental solo se cambia por el aprendizaje.

La primera cosa importante no se puede aprender si hay celos. Para aprender necesitas tu valor, así que, si hay celos no aprendes, y si hay envidia ni te quiero contar.

Jon: Llevó su tiempo, pero esa parte está superada. Mi lucha ahora es con la pereza, con no querer pensar.

Joaquina: La pereza es la enfermedad más grave ahora mismo en el mundo, en España la envidia. Las personas no quieren pensar, quieren que les des las cosas hechas, masticadas, que todo sea fácil para ellos. Pereza mental es no querer aprender algo. Tienes y conoces tu valor, y para tu felicidad no hay que aprenderlo, lo traes totalmente aprendido. No hay nada de tu valor que tengas que aprender. Esta es una de las mayores alegrías que puedes tener. Has bebido de la fuente de tu valor toda la cantidad de líquido que necesitas para esta experiencia.  Para esta no para la experiencia de ahí.

Jon: Es decir que, si mi valor fuera la creatividad, mi creatividad es la mía y tengo todas las cualidades para mi creatividad.

Joaquina: Tu valor es incomparable, tiene todas las partículas, todo el segmento, todas las estructuras, tiene todo lo que necesitas para hacer algo extraordinario. Está completo, y lo más importante, cuando quitas los celos, quitas la envidia y quitas la pereza, todo el dinero del mundo que necesitas para hacer tu valor y para hacer tu aprendizaje el Señor te lo da. Todo el dinero del mundo, todo lo que necesites para tu experiencia te llega absolutamente y lo pierdes cuando bajas a los celos, o cuando bajas a la envidia o cuando no quieres hacer algo.

Jon: ¿Lo has vivido?

Joaquina: He empezado a ruinarme económicamente, lo que significa arruinarse económicamente en relación con mucho un poco menos en el mismo momento que entré en la pereza mental, y le dije al Señor: “esto no lo quiero hacer” y estamos en litigio. Anoche fue una noche con Él dura, dura. La conversación fue en este tono:

  • Me he encontrado mejor en el curso.
  • No me importa.
  • Creo que voy a hacer estás cosas.
  • No importa ¿Has hecho esto?
  • No.
  • Eso es lo único importante.

Entonces la noche fue un poco árida porque, en realidad solo vale lo que has venido hacer. Y lo que has venido hacer está en consonancia con la suma de tu valor y tu aprendizaje en estado totalmente activo y yo estoy un poco en pereza mental, pidiendo perdón todas las noches y volviendo a cometer el mismo error por las mañanas. Cuando acabe hoy a las 14, ya habré tomado medidas para cambiarlo.

Jon: Entonces el trabajo es mirar cuál es mi valor y mirar que tengo que aprender. Luego, entrar al compromiso de crecer como persona.

Joaquina: En realidad es tan sencillo como esto. Tienes un padre que has nacido como él y una madre que tienes que aprender de ella. Como en realidad no somos capaces de aceptar que hemos traído el aprendizaje metido en vena y nos cuesta mucho reconocer que esos dos sabios tienen verdaderas cualidades. Mi padre es el observador y mi madre es la entrega, entonces mi aprendizaje es la entrega y mi valor es el conocimiento del ser humano, la observación. Esas dos cosas son con las que yo me he comprometido.

Jon: En mi caso, mi padre tiene la creatividad conceptual y mi madre la entrega.

Joaquina: No pienses que esto es tan fácil, porque hay un truco: yo me entrego desde que soy pequeña, pero no a conocer al ser humano, eso ha sido por obligación y sigue siendo así. Es decir, de forma natural yo no hubiera hecho esto aplicado a mi vida.  El valor tiene que estar aplicado a tu trabajo siempre. Si no está siendo aplicado a tu trabajo ese valor no está siendo operativo.

Jon: Es decir que mi creatividad conceptual tiene que estar aplicada a mi trabajo

Joaquina: Lo importante es que esa cualidad aplicada a tus conocimientos son los que te dan el éxito. Mira a cualquier sabio y mira cuál es su valor. Miras a Mandela y su consenso es lo que le llevó al éxito, miras a Gandhi y su no violencia es lo que le llevó al éxito. Cualquiera de las personas importantes del mundo su cualidad es lo que los llevo a conseguir lo que querían. La alegría ha llevado a cambiar el mundo a mucha gente. Julie Andrews, por ejemplo, su alegría y su voz dieron vida a las películas más extraordinarias de esperanza, de amor y de vida. Sonrisas y lágrimas es una película para ver sobre la capacidad de tener disciplina, de tener empatía. Esa conjunción de un maestro que tiene la capacidad de enseñarte con disciplina y con amor. Es una de las películas más extraordinaria para un maestro. Ella expresa en estado puro, su voz, su alegría, toda esa capacidad que ella tiene. Eso es lo que tenemos que darnos cuenta: cualquier valor es válido.

Jon: ¿En qué momento de la vida llega el aprendizaje?

Joaquina: Tú ya tienes la partícula del aprendizaje desde la infancia, por eso, si lo vemos desde nuestros padres es mucho más fácil. Extraes lo mejor de tu padre y de tu madre, sin contaminarlo, y a partir de ahí ya tienes donde empieza el aprendizaje. Para ello tienes que modelar al maestro, y hacerte estas tres preguntas: ¿Qué hacía? ¿Cómo lo hacía? ¿Para qué lo hacía? Haz un video mental de la persona de la que vas a aprender. Y luego buscar una película y una escena de una película donde eso esté totalmente representado.

Jon: Para la entrega se me ocurre la película de 12 hombres sin piedad, donde Henry Fonda, desde que empieza hasta que acaba no le importa lo que está pasando fuera, no importa lo que le digan, lo que le ataquen, no importa lo que pase, él va a estar haciendo lo tiene que hacer. 

Joaquina: Esa película la he visto muchas veces, porque esa es mi madre, es mi padre comunicándose y es mi madre totalmente en el escenario. La película recoge la capacidad de conocer a un ser humano y la capacidad de entregarse sin ningún tipo de rencor, es la suma de los dos. Entonces, ese estar ahí, cuando miro a mi padre, que era ese hombre que enseñaba y no se cansaba de enseñar bajo ningún concepto, siempre recuerdo Mr. Higgins en My Fair Lady.

Jon: ¿Cómo puede ir uno viendo si va creciendo en los aprendizajes?

Joaquina: Las películas también sirven para eso. Sirve para ir viendo lo bueno que es lo que eres y lo que tienes que aprender, dónde tienes que llegar y cómo debes llegar. Porque para aprender necesitas que tu cuerpo muestre el aprendizaje. Si el aprendizaje no se muestra en el cuerpo no hay aprendizaje. Es decir, que tu valor se vea, se ve por cómo miras, por cómo estás. Por ejemplo, sé que cualquiera persona diría que con mi mirada penetro en un lugar diferente a otras personas cuando miran. Así que mi valor personal lo demuestra mi mirada, que es el conocimiento.

Jon: Sí, y las personas que te conocemos vemos que tu forma de estar, tu forma de plantearte el reto, el no cansancio el estar ahí para lo que te pidamos lo muestras también en tu forma de moverte.

Joaquina: Si consigues que tu valor y tu aprendizaje no pase por el cuerpo, tienes que ir a los celos o a la envidia, porque quiere decir que tu imagen está contaminada de los otros, está contaminada de tu padre, de tu madre, está contaminada de quien sea. Debes entonces liberarte del, porque la pereza mental siempre lleva a que el cuerpo muestre la situación.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque la pereza es no pensar y en quién no piensas, en ti. Sino piensas en ti tu cuerpo no se customiza contigo, no estás tú, esta otra persona. No sabemos quién, pero hay otra persona en tu cuerpo. Los valores que son de hacer tienen que ver con las piernas. Los valores que son de sentir tienen que ver con el tronco. Y los valores que tienen que ser de pensar tienen que ver con el rostro. Debes saber incorporar el valor que estés diciendo.

180 Cómo perdonar a los demás (II)

Joaquina: Una persona no es una materia de actuación. Llega a ello porque hay algún aprendizaje que no ha conseguido hacer. Hay algo que ha pasado en su persona, y esa experiencia es suya, no es tuya. Ese comportamiento es de él. No es tuyo. Tú has aprendido a un ritmo y la otra persona ha aprendido a otro ritmo. La descripción tiene que empezar por ti, no tiene que empezar por la otra persona. Mi descripción del amor es que me cojas la mano 10 veces al día. ¿Cuál es tu descripción del amor?

Jon: Pues… cogerte la mano 10 veces, no creo.

Joaquina: Exacto. Cuando se lo dices a la persona, cuando le preguntas cuál es su descripción del amor, no entras en el ruido, le dices la tuya y le dices que te gustaría conocer su descripción. Y cuando a la persona le dices cuál es tu descripción del amor ella te dirá tranquilamente la suya. El amor no se comparte, se vive. Si la otra persona no lo vive, no lo puede sentir.

Jon: Entonces, la otra persona no siente mi amor, siente el suyo, y si no tiene amor, no lo sentirá.

Joaquina: Exacto, y no te debes esforzar, el amor no se puede compartir, no se puede romper, no se puede hacer nada con él. Solo se puede experimentar. Cuando quieres agarrar el amor del otro, a través del personalismo del amor, lo que haces es la pérdida del amor.

Jon: Entonces pasa igual que con el tiempo. Es personal. Decimos que existen 24 horas, pero en realidad son tan diferentes dependiendo de cómo estés, lo cual quiere decir que la temporalidad es un estado emocional.

Joaquina: En el aprendizaje no hay tiempo. Es atemporal. En un instante puedes aprender lo que otra persona puede tardar una vida.

Jon: ¿Qué ejercicio necesitaría hacer?

Joaquina: Has visto que la parte del ser, que es la parte de tu aprendizaje, y la parte de la expresión es tuya y no la puedes compartir, por lo tanto, no hay nada que hacer ahí, porque no culpas a los demás. Lo que hacemos para culpar a los demás es estar diciendo permanentemente que hacen cosas, pero en lugar de decir que las hacen, decimos que ellos son las cosas que hacen.

Jon: Sí, cuando una persona emplea en una tarea un tiempo superior al mío, le llamo lento, en lugar de darme cuenta de que simplemente emplea otro tiempo.

Joaquina: Si una persona tiene una tendencia a hablar de si misma, no decimos que tiene una tendencia a hablar de sí misma, sino que directamente le llamamos egocéntrico. Si una persona no ha comprendido el comportamiento de la generosidad y el agradecimiento, la tachamos de poco agradecida, etc. Entonces el ejercicio que tienes que hacer es ver aquello que te crispa por encima de todas las cosas, y además de crisparte, utilizas el personalismo de una manera mucho más radical.

Jon: Es decir, ver las etiquetas que más pongo en la sociedad.

Joaquina: Sí, las cosas que más te molestan de los demás, donde pierdes el contacto con la persona para llamarla lo que estás diciendo. Lo que busco es darte una fórmula que deje la culpa fuera y, sobre todo, el daño que haces a los demás. Lo que más nos duele es lo que menos sabemos describir, casi siempre. Cuando tenemos una persona delante y la llamamos poco generosa, que es egoísta, a veces nos cuenta mucho trabajo describir porque ya hemos puesto la palabra egoísmo. No hemos dicho cuál es nuestra necesidad, que es lo que hace que se produzca el egoísmo. Al final, quien llama egoísta a otro es porque es egoísta él. El ejercicio es para ver qué parte de nosotros mismos es la que más proyectamos fuera.

Jon: Me acuerdo de que dijiste antes que la culpa es el ejercicio de mayor ligereza para poder eliminarlo.

Joaquina:  Imagínate que yo tengo el concepto de la intolerancia. Soy intolerante. Como no soporto la culpa de la intolerancia porque me hace mucho daño interior. Lo que hago es lanzarla inmediatamente fuera. Digo: “Esta persona no me acepta, es intolerante conmigo, es exigente, es rígido…” un montón de cosas en lugar de decir: “En mi intolerancia, o en mi deseo de algo, es lo que estoy proyectando sobre la otra persona que no me está dando lo que yo estoy pidiendo. Sea en tiempos o en forma, o en lo que sea.

Jon: Entonces el trabajo es ver de manera profunda qué etiqueta ponemos a las personas y con qué rapidez la ponemos

Joaquina: Sí, porque lo más importante, en el momento que ponemos la etiqueta y empezamos a personalizar sobre esa persona todos los errores, nuestra capacidad de aprender sobre ese error concretamente cada día es más limitado.

Jon: ¿Y qué hago?

Joaquina: En el momento que lo sientes, en el momento que te da dentro de ti, dices: “Yo estoy teniendo esta necesidad, que es de esta manera, y yo estoy pensando que no la estoy recibiendo” No es que el otro no te da, no es que el otro no ha hecho, etc. En el personalismo la descripción es imposible. Así que busca qué cosa te cuesta trabajo describir, y en qué cosa pones más hincapié en culpar a los demás de que te están haciendo algo.

Jon: ¿Y una vez localizado?

Joaquina: Empezando siempre por ti, tienes que ir a la descripción del hecho. Empiezas por describir la acción que tú en ese momento estás viviendo, imagínate, la intolerancia a que el otro esté haciendo algo que a ti no te gusta. En tu escala de valor está compartir las cosas que se tienen. En este momento estoy necesitando compartir esto, y en lugar de compartirlo estoy pidiendo que lo compartas tú. Si te gusta compartir, comparte. No pidas que el otro comparta. Por ejemplo: Yo quiero que me ames, y tiene que ser de esta manera. Cuando pones en el amor, o en cualquier otra cosa, cómo tiene que ser, lo que haces es: “Tú eres una bellaca que no me lo estás dando” Salir del personalismo exige que te mires a ti mismo para darte cuenta de que no estás haciendo lo que pides a la otra persona.

Jon: Al final, si estuviéramos describiendo nuestros hechos, no habría ninguna tensión.

Joaquina: La primera cosa para aprender a salir de la culpa es que la descripción tiene que ser en el momento en el que tienes el pensamiento. No puedes dejar que el pensamiento entre en el razonamiento. Si razonas ya estás perdido, porque el cerebro no acepta que tu razonamiento es ajeno a ti. Somos un montón de cosas porque en lugar de describir los hechos, los analizamos. En las peores cuestiones que haga un ser humano, nosotros no somos partícipes de analizarlas porque no somos esa persona.

179 Cómo perdonar a los demás

El gesto fue breve, pero llegó hondo. La cara de desprecio que fugazmente asomó en el rostro de la mujer no pasó desapercibida para el camarero que acababa de derramar cerveza sobre su precioso vestido rosa. Tampoco para nosotros.

Jon: Y… ¿Cómo perdonamos a los demás?

Joaquina: Independiente mente de que yo vea a todas las personas perfectas, tengo claro que el mundo entero rezuma mucha culpabilidad, dolor y malestar. Sitúate en el primer día de una persona a la que hayas amado profundamente. No importa que ha pasado luego con el amor, piensa en el primer día. Lo que viste ese primer día fue un maestro. Un maestro lleno de luz, lo cual no quiere decir que esa persona fuera perfecta. Quiere decir que lo que tú estés pidiendo de aprendizaje en ese momento, esa persona tiene las cualidades de ser tu maestro. No analices lo que la persona es, porque la persona no es, es lo que tú has puesto sobre ella.

Jon: Es cuando noté que la persona tenía unas características que yo necesitaba para crecer.

Joaquina: Sí, y ten en cuenta que cada uno crece como quiere. Unos crecen sufriendo mucho y otros divirtiéndose. Es tu decisión de crecimiento. Lo que es cierto es que esa persona, ante tus ojos, tenía unas características absolutamente maravillosas.

Jon: Así es.

Joaquina: Pero esa persona tiene su vida, que no es la tuya. Esa vida tiene comportamientos que están unidos a su vida personal. Unidos a su padre, a su madre, dónde pone y no las culpas… qué pasa en su vida. Cuando esa persona tiene comportamientos, tú te olvidas de la persona y le colocas el nombre de los comportamientos. Los personalizas. Es decir, te olvidas de diferenciar persona de comportamiento. La persona sigue siendo la misma, los comportamientos son los suyos. Cuando pasa un poco de tiempo, puede ser un mes, un día, o unas horas, empiezas a llamar a la persona por sus comportamientos: impaciente, egoísta, egocéntrico, no me quiere, no me hace caso, etc.

Jon: Efectivamente, no estamos hablando de la persona sino de sus comportamientos.

Joaquina:  Y, los comportamientos son universales, lo cual quiere decir que estás hablando de ti mismo.

Jon: Quieres decir que cada vez que personalizo en el otro, y digo que es impaciente, en realidad estoy hablando de que yo soy impaciente.

Joaquina: Y lo que estás haciendo con ello es echar fuera la culpa. Así que para liberar de la culpa a todas las personas que tienes cerca, solo lo puedes hacer aprendiendo la diferencia entre un pensamiento descriptivo, y un pensamiento personalista. Ahora tienes que descubrir cuál es el comportamiento que personalizas permanentemente. Cuál es el comportamiento que lanzas fuera continuamente, cuál es el comportamiento que aquella persona maravillosa, cuando lo tuvo, lo echaste fuera. Cuál es ese comportamiento con el que etiquetaste a la persona y en vez de respetarla, la llamaste con la etiqueta que tú llevas colgada en la espalda.

Jon: Me cuesta mucho aguantar el ritmo de los demás. O son demasiado lentos o alocados.

Joaquina: Te he visto conducir, y estás continuamente juzgando la pachorra de los que van delante. Pero ese es un comportamiento, la persona al volante es una persona. Los comportamientos son actitudes que tienen que ver con el devenir de nuestras propias actuaciones. Esa persona no es lenta, es lenta ¿comparada con quién? Haces todo el rato valoraciones personalistas de lo que deberías estar describiendo. Si a tu pareja le dijeses: “Yo hago las cosas en este ritmo, y cuando estoy contigo pienso que las hago más lentas, y a veces me enfado” no habría ninguna posibilidad de enfado.

Jon: Sin embargo, lo que hacemos es ir metiendo y metiendo, y un día saltamos: “Eres una lenta, una pachorra…”

Joaquina: Así acabas de convertir actuaciones en “ser”. Y el “ser” nunca actúa, el “ser” es. Esa es la diferencia. El amor no actúa, el amor es. Y cuando creemos que el amor tiene que hacer cosas concretas, estamos hablando de nuestras necesidades. El amor es amor y no está nunca fuera. La culpa es porque creemos que el amor está fuera. O lo tenemos nosotros o el que tienen los demás no lo podemos pulsar. No tiene materia, no tiene cuerpo, es absolutamente intangible, es espiritual, no se puede hacer cuerpo. Cada vez que queremos que nos amen de alguna manera estamos destruyendo el amor, porque estamos pidiendo algo que se llama comportamiento.

Jon: Sí, la persona se comporta a través de lo que siente, y no a través de lo que yo quiero que sea.

Joaquina: Estamos destruyendo el mundo porque no miramos ni por un instante lo que hay dentro de nosotros. Qué amor hay dentro de nosotros, y estamos todo el día que si nos quieren, que si no nos quieren, que si me hacen, que si no me hace… Haz tú lo que sientes. El amor no se puede compartir, solo se puede vivir. La experiencia de Dios no se puede compartir, solo se puede vivir. Puedes hablar de ella si quieres, pero el otro nunca la va a sentir como tú.

Jon: Pero es un poco frustrante no poder hablar de ello.

Joaquina: Puedes hablar de ello si quieres, pero el otro nunca la puede sentir como tú. Si buscas el amor dentro, y lo describes como tu lo entiendes está bien, pero no busques que el otro haga las cosas como tú estás esperando. Porque la forma de amarnos nuestro padre y nuestra madre, la forma de vivir nuestro entorno y nuestra vida no tiene nada que ver con la del otro. Te invito a que hagas una reflexión, con mucha humildad, para ver cómo quieres que el otro te quiera, cómo quieres que el otro se comporte contigo.

Jon: Me doy cuenta de que estoy poniendo tanta intención en que la pareja no sea ella, que es imposible que la pueda amar. Ha dejado de ser ella en aras de dar algo que no es suyo, que no es su estilo, ni su forma…

Joaquina: El caso es que vamos dando consejos a los demás, que además no nos aplicamos nosotros, de cómo vivir, comer, respirar… Y si no nos hace caso volvemos otra vez a personalizar: “Ésta es un poco torpe, no se entera de lo que tiene que hacer” Consejos que aplicamos siempre al otro y nunca a nosotros.

Jon: Entonces…

Joaquina: Entonces debemos hacer dos miradas profundas: Una para comprobar cuál es el comportamiento que nos pone de los pelos y, viendo que es nuestro, trabajar en cómo podemos hablar con las personas desde la descripción y no desde el personalismo. Así comprobarás que la culpa se va en horas. Luego ver a la persona, no familiar, a la que más culpas, para que te des cuenta de que estás lanzando un concepto personalista cuando debería ser descriptivo. Por ejemplo, la persona que te dejó, el jefe que no te atendió, el cliente que te robó… lo que sea. Si describes nada mas vivirlo nunca habrá culpa, si lo describes 5 minutos después ya habrá culpa.

Jon: Entonces en el momento que la cabeza empiece a pensar algo de alguien debo describirlo.

Joaquina: Sí, porque cuando piensas algo de alguien estás pensando algo de ti. Cuando lo sacas y lo describes, tu cabeza queda limpia. Busca cuál es la cualidad de la que más trabajo te cuesta describir.

Jon: Por ejemplo, mi impaciencia. Me cuesta mucho aceptar el ritmo de los demás. Pienso en la persona más lenta y soy incapaz de sacar la descripción de su persona.

Joaquina: Comprueba que si dices en el momento las cosas y las describes, no habrá posibilidad de rencor. Si la guardas, no hay posibilidad de perdón. Lo que hay en la cabeza, el cerebro piensa que es para ti, y cuanto más daño te haces a ti más crees que te lo ha hecho el otro. Es tan bonito, cuando describes, la cantidad de belleza que hay a tu alrededor, y sin embargo cuando personalizas la cantidad de miseria que ves es enorme. Es tan diferente la situación. Los estados descriptivos aíslan a la persona de hacer algo bueno o malo.

Jon: ¿Y en algo tan duro como una violación? ¿Cómo lo describes?

Joaquina: Puedes decir que esta persona ha hecho un acto de violación de la fuerza de otra persona. Le llamas violador, y tu cerebro adquiere la forma de un violador a los dos segundos. El cerebro no entiende que hables de algo que no eres. Cuando personalizas, el cerebro te llevará a que reconozcas que has violentado a alguien, de una manera diferente. Porque tampoco entiende de cuerpo, de emoción… Solo entiende de razón, es decir, de aprendizaje, y de expresión. Lo que dices cree que lo has aprendido. La dificultad es que creemos que somos cuerpo y emoción, pero no lo somos. El cuerpo es la vasija y la emoción es el movimiento de nuestra presencia divina. Ni el cuerpo ni el movimiento son divinos, son lo que yo utilizo para estar aquí. La voz, el movimiento y el cuerpo forman parte de la experiencia para estar con personas, mientras que la “mirada” forma parte de la experiencia para estar con Dios. Esa es la gran diferencia. A partir de ahí te das cuenta de la diferencia que existe entre estar mirando y aprendiendo, a estar mirando y personalizando. Has decidido que el comportamiento de una persona, que es algo físico, que es algo actitudinal, se convierta en el espíritu de la persona. Eso es inviable.

178 Liberarse de la culpa (II)

Joaquina: No hay ninguna persona en este mundo que, decidiendo algo físicamente, cuando lo rompe no se sienta culpable. “Debería no haber comido esto” lo como y en el interior hay culpabilidad. No hay nadie que no se sienta culpable cuando está criticando a una persona, criticándola a la espalda, cebándose en ella. También se siente culpable aquella persona que ha perdido su vida, no ha querido estudiar, y cuando ve a otras personas que lo han hecho y están en el éxito. Independientemente de que la culpa hay que trabajarla, debemos ver antes dónde hemos puesto la mediocridad de nuestro pensamiento. Dónde hemos dicho: “Dios no nos tocó” Dónde nos hemos recreado diciendo que nos falta algo. No es verdad, pero lo hemos pensado. De eso que nos falta, culpamos al mundo entero.

Jon: Así es, no de lo que tenemos, sino de lo que nos falta.

Joaquina: Tienes que ver de qué culpas al mundo entero, que crees que el mundo tiene y tu no estás lleno de ello, para que te des cuenta de que previamente tienes que ir a mirar dentro de ti qué ha pasado con esa cuestión. Y debes darte cuenta de que esa cuestión es tuya y no es de nadie.

Jon: Si entiendo bien, el proceso es primero descubrir dónde estoy, luego a ver cómo lo trabajo y después cómo se quita la culpa de los demás.

Joaquina: Si solo fuera… pero la culpa nos impide el crecimiento, nos impide el desarrollo, porque estamos culpando a alguien, y al estar culpando a alguien no estamos tomando medidas sobre nuestra vida. Eso es lo que nos aleja de Dios, cuando estamos todo el día comparándonos y preguntándonos por qué este gana lo que gano y yo no.

Jon: ¿Dónde nace la culpa?

Joaquina: En estar mirando fuera de nosotros. En valorarnos sobre cosas que no nos interesan. No me interesa la vida de mi hermano. Yo no quiero ser mi hermano. Me he dado cuenta tarde, pero me he dado cuenta. También me he dado cuenta de que no quiero ser ni mi madre ni mi padre, que quiero ser lo mejor de los dos, y me he estado fijando siempre en lo peor de los dos. A uno le culpaba de una cosa y al otro de otra.

Jon: Lo que estás diciendo es que la primera cosa para dejar la culpa es salir de la vida de los demás y empezar a mirar nuestra propia vida.

Joaquina: Sí, y eso se lo deberíamos transmitir a nuestros hijos, viéndolos como individuos separados, sin compararles con nadie, ni con vosotros no con nadie. Mira cuál es tu mayor fortaleza, hazla crecer y comunícasela a tu hija. Mira a ver cuál es la mayor fortaleza de su madre, estés con ella o no, y que se desarrolle en ella. Y si tiene hermanos, haga las cosas mejor o peor, nunca lo compares con él porque le destrozas la vida. Mira cómo lo haces tú, mira como eres tú, piensa como lo haces tú. Piensa cómo eres tú, cómo de grande eres tú. Cómo de grandioso eres. Porque, en realidad, el ejercicio es que te des cuenta de que si tienes una cosa, si eres listo es porque quieres llegar a ser inteligente. Es un camino. Si eres inteligente es porque quieres llegar a ser sabio.

Jon: ¿Me lo puedes explicar con el ejemplo de la inteligencia y la listeza?

Joaquina: Si eres inteligente, ya has pasado de lo de listo. El concepto de listo es un concepto de viveza. El concepto de inteligencia es la aplicación de la viveza. Un gitano es más listo que yo, para algunas cosas, para otras igual no. Pero él necesita una serie de cosas para vivir y yo necesito otras. Yo no necesito la listeza de un gitano para vivir, porque no he nacido gitana. Necesito la listeza de un ser humano que tiene la inteligencia aplicada a un concepto de vida. Y cuando he superado la listeza empiezo a entender lo que es la inteligencia. La aplicación de la inteligencia te hace sabio. Si tienes un 6 de inteligencia y la aplicas, tienes un 6 en sabiduría. No tienes que tener la sabiduría de Einstein ni de nadie, tienes que tener la tuya propia. Y eso configura tu nivel racional. Pero cuando tienes soberbia, cuando quieres saberlo todo, cuando el concepto de aprender está por debajo del concepto del saber, no puedes salir de la culpa.

Jon: Entonces para salir de mi culpa racional, el concepto que debo tener en la cabeza es el de aprendizaje continuo.

Joaquina: Sí, y no importa el parámetro del que partas. 0,1 te vale para empezar a salir de la culpa. Cuando el cerebro está utilizado hacia el aprendizaje, no te permite sentirte culpable. La culpa anula la serotonina, que es lo que te permite aprender, disfrutar haciéndolo… Con que pongas un 1% de aprendizaje sobre algo que te interese, y no importa qué, únicamente no te tienes que comparar con lo que le interesa al otro. Cuando el aprendizaje sea personal y no transferible, cuando aceptes que hay maestros que saben más y que hay personas que saben menos que tú, la culpa racional desaparecerá.

Jon: Y esta dijiste que era la culpa que más nos separaba de Dios.

Joaquina: Sí, porque en vez de utilizar nuestro cerebro para el bien, lo utilizamos para el mal, para destruir el bien que tienen los demás. La envidia está en el mundo racional. Esta es la mayor envidia, la inteligencia, la capacidad, la estrategia que tienen otros… Luego, en el campo Expresivo es aplicar lo que hemos aprendido en acciones. Lo que vamos aprendiendo nos permita tomar decisiones, y que lo vayamos comunicando.

Jon: Quiere esto decir que si lo que aprendemos no lo ponemos en acciones ¿no saldremos de la culpa?

Joaquina: Si cuando tenemos acciones no las analizamos para llegar a decisiones, no vamos a salir de la culpa, porque hemos tenido experiencias equivocadas y seguimos cometiendo los mismos errores. Cuando tenemos muchos conocimientos, o muchas experiencias, o mucho de algo, y no lo compartimos, no lo comunicamos, nos vamos a sentir culpables. Porque hay una llamada interior a compartir y colaborar con los demás. El ejercicio de salir de la culpa del campo racional y expresivo es muy fácil, ya que por naturaleza somos seres racionales y expresivos. Eso sería llegar a nuestra plenitud personal, y esto solo se puede liberar con una decisión clara de hacer un plan de aprendizaje: Qué grado de listeza tengo hoy, qué grado de inteligencia quiero tener mañana, y qué grado de sabiduría.

Jon: ¿Y es algo que hay que hacer a diario?

Joaquina: ¿Qué te cuesta preguntarte cada día en qué eres listo, en qué inteligente y en qué sabio? Eso es estar conectando continuamente con la experiencia de lo que tenemos y de lo que somos, no de lo que queremos tener o de lo que pueda tener otra persona.

Jon: Entonces la culpa en el plano expresivo ya está fuera, ya la hemos lanzado a los demás. Y la culpa en el plano racional que está dentro y no se la podemos lanzar a nadie. Es decir, aunque estoy mirando a otra persona porque la veo más inteligente, no puedo salir de mi.

Joaquina: La inteligencia es común al ser humano, cuando estoy hablando de otro, estoy hablando de mi. Yo ya se perfectamente que si no soy inteligente es porque no estoy aprendiendo, porque yo no quiero aprender. La conciencia del aprendizaje está en mi. Lo mismo que si no estoy cambiando es porque no quiero. Lo racional y lo expresivo es nuestro, no es de nadie, y no lo podemos transmitir a otros. No podemos pasar la culpa de no estar aprendiendo a otra persona. Podemos sentarnos y decir: “Yo no soy tan inteligente como mi padre, así es mi hermano. Yo soy como mi madre” Pero antes de acabar de decirlo, ya tengo la respuesta: “Mi hermano empleó el tiempo en aprender de los conceptos de mi padre. Yo no” Lo cual quiere decir que no es que no tenga la inteligencia de mi padre, es que yo no he querido aprender de la inteligencia de mi padre, porque requería un esfuerzo que no me interesaba.

Jon: Entonces cada vez que hablamos de la inteligencia o de cualquiera de los valores, comparándonos con un padre o el otro, debo comprender que, si hubiese querido aplicar lo que hacía uno, hoy estaría en otro lugar.

Joaquina: Eres totalmente responsable de hasta donde has llegado. El aprendizaje no exige inteligencia, exige observación, solo observación. Dios nos ha dado la capacidad de observar y si no la hemos empleado es porque no hemos querido. La inteligencia no tiene nada que ver con Coeficiente Intelectual, el cerebro de todos los seres humanos es igual. Tienen estímulos diferentes, pero no son diferentes. Si pones el foco en aprender algo te quedarás maravillado de lo rápido que lo haces simplemente con que observes. Por pura observación. Eso es lo importante, que observáramos nuestras cualidades, que observáramos lo grandes que somos, la capacidad que tenemos de conectar las cosas, la capacidad de hacerlas, que no estuviéramos todo el tiempo pensando lo que no somos.

Jon: Para salir de la culpa, tengo que valorar mi nivel de listeza hoy, y ponerme un nivel de aprendizaje para llenar de inteligencia. Y te aseguro que en muy poco tiempo habrás aprendido cosas que parecen increíbles.

Joaquina: Sí, pero no se aprende de los libros, se aprende de la vida y se confirma en los libros. El libro lo escribió alguien que lo vivió. Si vamos mirando la experiencia, luego la podemos escribir. Si estamos aprendiendo de la experiencia, la podemos escribir. El mayor aprendizaje es sobre nuestra propia existencia, sobre nuestra propia capacidad. Cuando abrimos nuestros ojos a la capacidad, los abrimos a llegar más allá. La primera comparación cerró el cerebro. Una persona triste no puede aprender. Estas dos condiciones exigen alegría. Una alegría interior profunda: la alegría de creer en nosotros mismos. La alegría de conectar con nuestra alma limpia con nuestra alma pura. No es la alegría de reírnos, de tomarnos unas copas o hacer unos chistes. Es la alegría de dentro, cuando tienes la sensación de haber cumplido lo que debes cumplir.

Jon: Entonces, abro la espita del aprendizaje, surge la alegría, y el aprendizaje se hace de inmediato, fluyo, me siento bien, noto que cambio, que aprendo…

Joaquina: Sí, eso es lo que es grandioso.

177 Liberarse de la culpa

Joaquina: El sueño de las personas que queremos avanzar es no estar todos los días dándole vueltas a cosas que no tienen solución. La culpa es una de esas cosas que miramos sin darle una solución.

Jon: Recuerdo del taller de Las Culpas que el primer problema con la culpa es con Dios, es decir nosotros mismos, el segundo con los padres, es decir, con nosotros mismos, y el tercero con los hermanos, es decir, también con nosotros mismos.

(Ver posts de 160, 161, 163 y 164 “Culpar”)

Joaquina: Imagínate un cuadro donde, en la parte superior está el Amor. Justo debajo está la gran duda sobre el amor de Dios.

Jon: ¿Dudamos de si Dios nos ama o de si nosotros amamos a Dios?

Joaquina: Ambas cosas. De lo que culpamos a Dios es de la experiencia corporal. Ahí está la culpa que compartimos con Dios y con nosotros. Por un lado, le echamos la culpa a Él, pero nos damos cuenta de que los que hemos dudado hemos sido nosotros. Como la culpa es insoportable, siempre necesitamos sacarla fuera, necesitamos buscar una justificación.

Jon: Una dis-culpa.

Joaquina: Entonces llegamos a la conclusión de que hemos sido encarnados porque nuestros padres nos han hecho. La culpa es de nuestros padres, y solemos balancear la culpa más a uno que a otro. Generalmente a uno le disculpamos, que es lo mismo que culparle, pero no lo parece, y al otro le culpamos directamente. A uno le tenemos inquina y a otro un poco menos.

Jon: Claro, pero a nada que miremos nos damos cuenta de que el follón lo estamos organizando nosotros…

Joaquina: Por eso, abrimos otra vez la puerta y decimos: “la culpa, en realidad, es de todos los demás” y lo centramos en los hermanos. Pero es muy paradójico, porque como crees que un padre es más culpable que el otro, al hermano que se parece a ese padre le tenemos crucificado ya totalmente.

Jon: Y los hermanos son como las parejas ¿no? Vale, y para librarnos de todo este batiburrillo ¿qué tenemos que hacer?

Joaquina: Lo primero es ir a la parte superior del cuadro, al Amor, y ver en qué fallamos en el Amor. Ver cuál es la partícula de nuestro amor que falla. Pero no hacia los demás, sino hacia nosotros mismos. Imagínate que donde fallas al Amor es “X”. Luego, con mucha tranquilidad dices que lo has aprendido de tus padres. Y les echas la culpa. Pero, en realidad, la culpa de todo esto la tiene este hermano, o esta pareja, o este amigo, o el gobierno… Trabaja en el Amor, ahí es donde está la solución. Me separo del Amor porque sentía que no era querido, no era completo, que alguien no te dio la sonrisa, no te dio la delgadez, la inteligencia, la dulzura… cualquier cosa por la que le reclamas a Dios no haberte hecho perfecto.

Jon: Así es ¿Por qué no puso la dosis de perfección en todos? ¿Por qué puso un trocito a cada uno?

Joaquina: Todo eso es lo que va construyendo la culpa y tenemos que quitarla de los tres planos, para lo cual simplemente nos tenemos que quedar en el Amor. El ejercicio es darnos cuenta de que toda la historia que tenemos con la culpa, en realidad es por no sentirnos plenos.

Jon: Por no serlo y por no ver a los demás que lo sean ¿no?

Joaquina: Piensa en los cuatro planos: El físico, el emotivo, el racional y el experiencial. La primera revisión es preguntarte en qué no te sientes pleno con tu cuerpo físico. Una palabra. Luego en qué no te sientes pleno en tu cuerpo emotivo. En qué no te sientes pleno en tu cuerpo racional, y en qué no te sientes pleno cuando te experimentas o te expresas. La primera parte tiene que ver con el “hacer” Te empiezas a dar cuenta de que hay personas que tienen una capacidad para hacer cosas, que les resulta fácil, y a otras personas les resulta más difícil.

Jon: Esta parte del hacer deberíamos considerarla en el plano del cuerpo.

Joaquina: También nos damos cuenta de que hay personas que tienen una capacidad innata de tener una economía rica. También en ese plano está todo lo que tiene que ver con la economía. Por último, vemos la complexión corporal: si somos altos, bajos, rubios o morenos.

Jon: Esta sería la primera parte de la culpa. Culpamos a personas que tiene facilidad para hacer cosas. No es mi caso, yo tengo una habilidad manual bastante desarrollada.

Joaquina: Sí, he visto tus maquetas. Luego está la fuerza, cuando somos pequeños, que de mayores es el dinero. Y esto empieza cuando somos pequeños y nos comparan con otros hermanos: eres más o menos fuerte, hábil, guapo… En ese momento miras a tus padres, ves el que es como tu hermano que hace bien las cosas, y le señalas culpándole de haber pasado algo a tu hermano y a ti no. Por último, en el plano físico, está la configuración corporal. Cuando tu cuerpo físico no funciona en una de estas tres cosas, mira a ver a quién culpas.

Jon: Pes seguro que si lo que no te gusta de tu cuerpo lo tiene uno de tus padres. A ése es al que culpamos de haberlo transmitido genéticamente.

Joaquina: Cuando hablamos de emociones, está la capacidad de mantener los sentidos despiertos. Tenemos que darnos cuenta de que, a veces, venimos con lesiones o dificultades, necesidad de gafas, sentido del oído mal… En segundo lugar, en este plano está la aceptación de las emociones, si las nuestras son o no más entendidas o reconocidas que las de otros. Por último, cómo se reparte el afecto en la familia: cómo tratas a uno o al otro.

Jon: ¿Podemos decir que en el plano físico es cómo hemos sido reconocidos y en el plano emotivo se refleja cómo hemos sido aceptados?

Joaquina: Así es. En el primero están los comportamientos, y en el segundo la marca personal. Muchísimos de nosotros no perdonamos que no tenemos el carisma de uno de nuestros padres. La realidad es que muchos de nosotros hemos perdido el carisma por compararnos con algo que nunca podríamos llegar a ser. Como adultos que somos debemos analizar si culpamos a los demás de comportamientos que hemos aprendido, o nos sentimos bajos de carisma y vemos que alguien de la familia lo tienen y nosotros no.

Jon: Me imagino que cuando hablas de carisma te refieres a la cualidad de conectar con la gente, de hacer rápidamente un montón de amigos, de relacionarse muy bien… Yo con mi timidez me costaba la vida hacer amigos y mi hermano tenía a patadas.

Joaquina: Pues el sentimiento de culpa con el carisma anula nuestro prestigio personal, con los celos, la comparación, ese estado continuo de estar mirándonos en las caras de los demás. Entrando ya en el plano racional el dilema está en el concepto de inteligencia que tenemos unos y otros. Si tenemos problemas de aprendizaje vamos a pensar que le han dado la inteligencia a uno y a otro no. Y hay tres niveles: listo, inteligente y sabio. Hay una gran diferencia entre ser listillo y ser inteligente. El concepto de sabio es interesante. Normalmente los chicos no se suelen liar con las tonterías con las que se lían las niñas. Las mujeres, en general, tenemos cosas muy buenas que nos cuesta mucho aplicarlas, que es aplicar lo que somos, y no estar todo el día revolviendo con lo que es otro. Los hombres suelen ser más prácticos y aplicar más lo que son. El hombre tiene más capacidad de ser más ligero en su razonamiento y no estar enredando en cosas como nosotras. Nuestra sabiduría se queda bastante limitada por esa necesidad de retorcer lo que no es posible retorcer más.

Jon: Ahí es donde echamos la culpa al padre más inteligente, y creemos que no nos ha pasado el virus de la inteligencia.

Joaquina: El último plano es el expresivo. Este campo tiene que ver con tres niveles de expresión: La expresión de acciones, la expresión de decisiones, y la expresión comunicativa.

Jon: ¿Es lo mismo hacer que actuar?

Joaquina: No, esto no es hacer, es tener un proyecto y actuar sobre él, tomar decisiones de gran contenido y la capacidad de comunicar lo que se piensa, de decirlo sin problemas. En el plano racional está la capacidad de aprendizaje y en este la capacidad de cambio.

Jon: ¿Para qué hacemos todo esto?

Joaquina: Para ser muy conscientes de que la culpa está soterrada en estas variables a las que hemos dado cuatrocientas vueltas para enredar y pensar que el Padre no nos ha dado las cosas que nos merecemos. Y tenemos que descubrir en qué lado de todos estos enredamos. De verdad, de verdad, enredamos en una sola cosa, las demás son aleatorias. La mayoría de la gente que yo trato enreda en la soberbia de querer ser inteligente pero no querer hacer el esfuerzo de la inteligencia. La inteligencia es la reflexión, es el estudio, es el análisis, es ir más allá de lo obvio, son muchísimas cosas. Pero la persona prefiere estar en las emociones que meterse en el mundo del análisis, y cuando ven a una persona que aplica, que tiene resultados más rápidos, aparece el desprecio personal. Estos dos campos son los más duros con los que me encuentro y en los que más e culpa a los padres por no haber hecho una transmisión de inteligencia, y de no haber dado el concepto de la seguridad personal, del poder expresarse, etc. ¿Cuál de los cuatro campos está destrozando tu vida?