Acerca de Jon Elejabeitia

CEO & Founder NEXTYOU, Arquitecto

93 Los objetivos y su realización. Cómo, por qué y para qué (III)

Jon: Teniendo ya muy claro el “qué”, llegamos al como conseguir eso que quiero.

Joaquina: Todo objetivo tiene una información y también tiene un proceso, y el proceso tiene que estar en equilibrio con nuestro sistema de gozo, es decir, que el proceso tiene que ser para nosotros gozoso. Cada persona necesita identificar que es lo que le provoca gozo en la consecución del objetivo. Podremos ir identificando qué forma de pensar, qué forma de sentir vamos a tener en relación con ello, quiero estar sola en el proceso, quiero estar con personas, etc. No son los placeres sino los gozos lo que nos estabiliza.

Jon: Es decir, es necesario que seamos conscientes de cómo nos encontramos ante nuestro objetivo.

Joaquina: S. ¿Cómo te encuentras ante tu objetivo de ganar dinero, de tener un trabajo que te de una rentabilidad económica, que te permitas sentirte libre y que puedas mantener tu vida y tu estatus?

S.: ¡Hombre me siento esperanzada, sólida si lo consigo!

Joaquina: Bien, piensa ahora en el proceso. ¿Qué cosas tienen que ir pasando en el proceso para que tú sientas el gozo? Necesitamos verificar si estamos creyendo en el proceso. Antes, en el “qué” observábamos la fuerza y la firmeza. Ahora en el “cómo” observamos la calidez de la voz y la calidad del movimiento.

S.: Pues, tiene que ir pasando que no pierda el objetivo.

Joaquina: S. ha sentido que en el proceso hay algo que la puede molestar. Ha habido un cambio en su voz que se ha puesto árida, ha perdido el canto. Ahora piensa que en el objetivo tienes vas a ser una profesional sólida que va a ganar el dinero que necesita para mantener su equilibrio y además vivir tranquila. ¿Qué es lo que tiene que pasar en el proceso hacia tu objetivo?

S.: Primero, que yo aclare cuál va a ser mi futuro profesional, ese va a ser el primer paso y una vez que ya tenga claro lo que voy a hacer…

Joaquina: Cuando S. ha dicho que quiere aclarar su proceso profesional, su cuerpo y su voz se han enternecido, lo expresa de manera agradable. Lo que la enternece, lo que le provoca ilusión, lo que le hace sonreír, lo que le hace moverse gratamente, tiene que estar en su proceso, así como lo que la pone tensa no tiene que estar. En el proceso vemos qué cosas tienen que ir pasando. El objetivo de S es ganar el dinero, suponiendo que ganara 50,000 euros y quisiera ganar 200,000 euros, estarían dentro de su objetivo.  Y en el proceso estaría aclarar su futuro profesional. ¿Y que quieres que te pase además?

S.: Quiero estar tranquila.

Joaquina: ¿Cómo vas a conseguir estar tranquila?

S.: ¡Pues enfocándome!

Joaquina: Ha surgido en ella algo de tensión. Eso no le gusta tanto, por lo que hay que ir para atrás, regresando a donde estábamos.

Joaquina: Aclaramos nuestra vida profesional y ¿que otras cosas van a ir pasando?

S.: Que habrá tranquilidad, estabilidad…

Joaquina: Está cómoda. Es decir, tranquilidad, estabilidad…

S.: Contenta, muy contenta.

Joaquina: ¿Y, qué cosas no quieres que pasen en el proceso?

S.: No quiero perderme, No quiero dar bandazos, y no quiero estar triste.

Joaquina: Muy bien, perfecto. Estás hablando de que no quiere perder el tiempo, lo que ella habla es de que su gestión del tiempo es su mayor detractor. Entonces, en el proceso, S. va aclarando su vida profesional, va a buscar la tranquilidad, va a buscar la calma, estar bien y lo que va a tener como cuidado es su gestión del tiempo. Las personas físicas son prácticas y pueden con mayor facilidad plantearse el objetivo y moverse en él. A diferencia, las personas emocionales se conflictúan al establecer sus objetivos y perseguir sus logros, no quieren caminar hacia la practicidad y prefieren estar en el disfrute, no en el gozo, y esto es perder el tiempo. S. sabe, dentro de sí, que pierde el tiempo. Su objetivo no puede ser aprovechar el tiempo porque eso sería una obligación, una imposición y de esa manera no funcionaría. De lo contrario ya lo habría hecho. Hay algo en perder el tiempo que a ella la separa del éxito.

Joaquina: S. cuando pierdes el tiempo ¿para qué es?

S.: Para no hacer algo que sé que tengo que hacer.

Joaquina: Ponme un ejemplo.

S.: Pues, por ejemplo, ponerme a estudiar Diseño Web.

Joaquina: ¿Qué pasaría si estudiaras Diseño Web?”

S: Que aprendería.

Joaquina: Sí, pero ¿qué pasaría? Imagina que ya estás estudiando Diseño Web. Ya lo has aprendido, ¿qué pasaría en tu vida?

S.: Pues que tendría una mayor cualificación.

Joaquina: Cuando has tenido una cualificación muy alta y te has empleado al 100 % en tu trabajo, ¿qué ha pasado?

S.: Pues que he conseguido mucho éxito y mucho reconocimiento.

Joaquina: ¿Y qué has perdido?

S.: Bueno pues sí, a veces tiempo de estar con mi familia, por ejemplo.

Joaquina: Bien, dime si en estos momentos, para ti es prioritario estar con tu familia.

S.: No.

Joaquina: Acabas de mentir.

S.: ¡Hombre! vamos a ver, siempre es prioritario estar con mi familia.

Joaquina: No, no siempre es prioritario estar con tu familia. S. necesita analizar que estar con su familia, o con alguna persona que la está necesitando en este momento, es una imposición. Como sabes que si aprendieses diseño te dedicarías en cuerpo y alma a tu trabajo, como tienes esa imposición, ¿qué haces?

S.: No aprenderlo.

Joaquina: Una persona no puede conseguir que otra pierda su objetivo cuando está enfocada hacia el éxito y sabe que el éxito son horas de preparación. Entonces, S, si estás pensando en la tensión, “voy a tener que estar en mi casa mirando a mi madre y me apetece estar de copas con mis amigas”, no va a funcionar el objetivo. Acabarás diciéndole, aunque sea por dentro: “Ya está bien, cúrate esa hernia, tía”

Joaquina: Ya hemos identificado el detractor del éxito. Tanto en el caso de S. se encuentra en el manejo del tiempo. S, ¿por qué quieres hacer este objetivo?

S.: Bueno, pues porque eso es algo que a mí me produce mucha ansiedad.

Joaquina: Eso es lo que nunca puede pasar en el “por qué”. Nunca en el “por qué” aparecen sentimientos, justificaciones o problemas. No puede estar basado en cuentas de todo lo que no funcionó. El “por qué” puede partir únicamente de los conocimientos que tenemos para lograr nuestro objetivo. A partir del “porque yo conozco o sé esto”. Viene de todo lo que tenemos para llegar a lograr nuestro objetivo, todo el potencial y la fuerza intelectual. “Porque soy una persona profesional”, “Porque he estado 20 años trabajando”, “Porque además tengo la capacidad de adaptarme”. etc. Todo lo que conozcas, físico, emocional, intelectual, racional y espiritual está incluido, todos los conocimientos, y nunca nada negativo. S, ¿qué te va a llevar a encontrar el trabajo que te permita realmente llegar a tener esa tranquilidad? No son tus errores, son tus grandes conocimientos.”

S: Porque quiero esto, porque me lo merezco y porque yo lo puedo conseguir, porque yo tengo todas las capacidades para conseguir lograrlo.

Joaquina: El “para qué” siempre nos trasciende, siempre va más allá. Nos va a beneficiar a nosotros, a nuestro entorno más cercano, a nuestro siguiente entorno y desde ahí se hace un objetivo realizable. Si un objetivo solamente sirve para nosotros, no será realizable, lo dejaremos a la mitad del camino, porque sentiremos que no hemos hecho nada. ¿Para qué lo quieres, S?

S.: Para vivir tranquila.

Joaquina: Si tú realmente vas a conseguir ser una profesional, que tiene la capacidad de tener calma, tener tranquilidad, estar estable y además tienes la capacidad de estar alegre y que el único detractor que tienes es el tiempo, y que tienes todos los conocimientos y que además todo esto te va a llevar a un sitio. El “para qué”, es que va a cambiar, no sólo a ti, sino a tu sociedad. Te trasciende a ti, y si no es así, no vale el “para qué”. Entonces nuevamente te pregunto: ¿para qué lo quieres?”

S: Para darme una estabilidad.

Joaquina: Para darme una estabilidad a mi, para dar una estabilidad a mi familia, para que realmente las personas que estén cerca de mi vean cómo se puede llegar a ser, para ser un maestro de que las cosas se logran, para tener una identidad y una expresión que va más allá de mis condicionantes, para realmente ser una manifestación de lo que se puede llegar a hacer y para ser líder de mi destino. Esa es la realidad, y esa es tu realidad, lo que pasa que no lo ves así. ¿te das cuenta?

S: ¡Sí, sí!

Joaquina: ¿Alguien mas quiere testar su objetivo?

L: Mi objetivo es ver lo positivo de las personas.

Joaquina: ¿Es vital para ti? Si es así, entonces, ¿qué te ha llevado a no hacerlo ya?, ¿qué dificultad tienes para no ver lo positivo de las personas? ¿Cómo vas a medir el esfuerzo? ¿cómo vas a medir el cambio? Ahora pienso mal de una persona cinco minutos y mal de esta otra otros cinco minutos… Pensar mal o bien de las personas es un ejercicio que no se puede medir, porque el pensamiento no se puede medir. Si hablas de lo que les haces a las personas cuando piensas mal de ellas es posible que puedas medirlo. Es necesario plantearnos objetivos que estemos dispuestos a realizar, y no engañarnos a nosotros mismos con objetivos que nos decimos a nosotros mismos desde hace años y no los cumplimos, porque no tiene sentido.

Lo importante es que no luchemos contra algo que no conseguimos. Si piensas mal de la gente es porque miras sus errores. Entonces: “quiero dejar de ver los errores de la gente”. Si miras qué te lleva a pensar mal de la gente y te marcas como objetivo eso, será más posible que lo hagas. Sentirnos culpables porque no lo hicimos, no funciona. No hay nadie que tenga voluntad fuera del gozo, fuera del aprendizaje y fuera de la utilidad. Si entendemos la utilidad de quitarnos un trozo de pan, lo vamos a hacer sin acordarnos del pan. Si tú notas la utilidad de mirar a una persona con amor, lo harás sin necesidad de quitarte nada que te guste.

92 Rejuvenecer en tu cumpleaños

Jon: Felicidades Joaquina, hoy 2 de octubre es tu cumpleaños.

Joaquina: Cumplir años es fácil, únicamente hay que esperar pase el tiempo, y ocurre de manera natural. Lo importante es plantearse lo que ha ocurrido en ese año que ha pasado: Los cambios que se han hecho, las transformaciones personales, las personas a las que se ha acompañado en su desarrollo personal… si uno está más o menos cerca de Dios…

Jon: Así lo creo yo también, sin embargo, también hay un gesto de amor en el recuerdo de esa persona y utilizamos esta fecha para reconocerla, agradecerla y devolver de manera simbólica todo lo que se ha recibido de ella en el año. Así lo reconozco y así lo reconocen todas estas personas que te han enviado flores blancas con tarjetas llenas de cariño.

Joaquina: Si, me emociona mucho, algo deberé estar haciendo bien.

Jon: Qué grande eres Joaquina, estás haciendo muchas cosas muy bien… incluso en estos dos años en los que no vemos tu presencia, ni notamos tus manos dándonos calor, seguimos sintiendo tu aliento, tu apoyo, tu infinito amor, ahí donde te necesitamos. Ocurre cada vez que cerramos los ojos y pedimos en secreto tu consejo. Cada vez que se rompe algo dentro, en ese lugar inaccesible para todos excepto para ti. Cada vez que simplemente te añoramos.

Y nos dejamos ir por los recuerdos, y te sentimos cerca cada vez que replicamos tus enseñanzas, y el sentido trascendente de la vida se hace fuerte en nosotros sabiendo que tú lo has logrado, y nosotros también podemos hacerlo.

Dos años son dos segundos, y notamos como algunas de las enseñanzas se han desprendido un poco, y nos reconforta la fortaleza de otras que permanecen intactas, firmes y, siendo fieles a su maestra, son ahora fieles a nosotros. Y siendo fieles a nosotros constatamos que hemos integrado muchas más cosas de las que creíamos y de las que tú no dudabas. Hábitos, acciones y formas de entender la vida ya son nuestras. Existían ciertas dudas de si lo hacíamos contigo o por ti. Ahora sabemos que, gracias a ti, están en nosotros. Son nuestras. Eso es lo que nos muestra que hemos aprendido, y eso es lo que muestra lo gran maestra que eres, pues solo lo que permanece en el tiempo, realmente es.

Ayer empezamos un nuevo Curso de Coaching. Nuevas personas se acercan a aprender, a transformarse, a encontrar sentido a las cosas y a la vida. Me veo en clase, dividido, sentado en una silla escuchando y a la vez de pie hablando. Me sorprendo diciendo cosas que tú me decías y ahora son mías, y otras que han salido así, sin más, sin saber realmente de dónde vinieron. Y hago lo que te he visto hacer cientos de veces, estar presente, entregada con amor y firmeza, mezclando experiencias y conocimientos… Y me encuentro viajando en un espacio que jamás había soñado fuera tan hermoso. En el espacio que conforman las personas cuando se abren a aprender, cuando beben de una fuente antigua y el agua sigue siendo fresca. Y doy gracias a Dios por permitir que esto ocurra y por poder ser el mensajero de un mensaje que me trasciende. Y poder transmitir tu pensamiento. Sé que no es lo mismo, pero también sé que debo hacerlo, que a pesar de que la fórmula está diluida, su fuerza sigue presente. Me sorprendo muchas veces al encontrar cosas que no sabía que sabía. Frases que te habré oído en algún momento, razonamientos que no están en ningún libro, sentimientos que me asombro al sentir.

Dos años también son dos siglos y, a veces, me encuentro con personas que se han perdido, que sienten que tu abrazo les dejó demasiado pronto y, tantean en tinieblas el camino incierto que quedó ante ellos. Sé que esto no es así, que los maestros desaparecen cuando estamos preparados para ello, que ya nos han conducido al manantial y ahora es nuestra responsabilidad beber el agua cristalina que nos pusieron delante. Así ha sido y así será siempre. Solo hay que volver la vista atrás en puro agradecimiento y tornarla hacia adelante y pronto veremos al maestro que necesitamos para el siguiente tramo de vida. Agradecer hacia atrás sin el egoísmo de querer que todo sea como antes. Mirar adelante con anhelo del nuevo camino, orgullosos de lo aprendido y prestos a entregarlo a los demás. ¿No es eso la vida? Un recibir y un dar constantes, un aprender y enseñar, un estar dentro para salir fuera permanente. Así nos lo enseñaste tú, y así lo aprendimos nosotros.

Sigues cumpliendo años, ahora ya sin envejecer. Rejuveneciendo cada año en todos los que te conocimos, en todos en los que has dejado una huella indeleble de tu sabiduría y de tu amor. En todos nosotros que, durante 20 años o 20 segundos estuvimos a tu lado y no nos dejaste indiferente. Ese es el secreto de rejuvenecer cada cumpleaños. Gracias.

91 Los objetivos y su realización: El tiempo (II)

J.C.: Mi objetivo es objetivo escribir un libro.

Joaquina: El tono de su firmeza muestra que no lo vertebra. Quiere convencer. ¿Esto es vital para ti?

J.C.: Sí porque me organiza la vida.

Joaquina: No harás el libro, lo que te va a organizar la vida te la desorganiza, acabarás encontrando miles de disculpas, si encuentras tu objetivo vertebral acabarás escribiendo el libro. Los objetivos no vienen a solucionar problemas, si no que resuelve en si mismo los problemas. Si nos imponemos algo y queremos hacer algo, el objetivo ya viene como algo que no es nuestra quimera, no es nuestra expectativa, es una imposición y si bien podemos obedecerlas temporalmente, las odiamos de una manera o de otra y terminaremos abandonando el objetivo. J.C tiene la capacidad de escribir un libro sobre el tema que desea, pero este objetivo no puede ser algo que le permita contactar con la voluntad y la emoción a través de la organización del tiempo y de otras cosas. ¿Qué otra cosa en esta vida te ha organizado que no sea escribir?

J.C.: Trabajar. Para mí la carpintería es vertebral, eso lo disfruto, me puedo pasar horas.

Joaquina: La carpintería te desorganiza, cuando te das cuenta no has escrito nada, estás perdido. Utilizas la carpintería para dejar de escribir, o dejar de hacer otra cosa. Bien, intenta posicionarte rectamente, y ahora intenta pensar que un objetivo es algo que te hace persona física, persona emocional, persona racional y persona mental, que un objetivo es para que tú disfrutes de tus cuatro experiencias y que el resultado sea un avance en tu vida espiritual. Cuando JC acaba de estar en la carpintería se siente culpable porque sabe que ha empleado mucho tiempo, se lo ha pasado muy bien, pero ha dejado de hacer otras cosas. Cuando escribes el libro, como te gustaría estar haciendo otras cosas, empiezas a sentir. Hay dentro de ti una dualidad entre los disfrutes y las obligaciones, olvídate de los grandes disfrutes y olvídate de las grandes obligaciones.  Céntrate y busca un objetivo que te haga sentir pleno como persona y que cuando lo estés haciendo no tengas dudas sobre si estás haciendo bien o estás haciendo mal, si empleas el tiempo o no empleas el tiempo.

J.C.: A mí realmente, lo que me hace feliz es escribir, escribir cuentos, escribir cualquier cosa, yo me relajo, me siento genial cuando estoy escribiendo. Me cuesta mucho ponerme a escribir, pero me realiza.

Joaquina: Señor, ¿por qué nos haces tan contradictorios, lo que me hace feliz es escribir, pero me cuesta ponerme a escribir. Eso quiere decir que no te gusta la felicidad.

J.C.: No, es que se mezcla con la emoción.

Joaquina: ¿Pero, te gusta escribir o no te gusta escribir?

J.C.: Me gusta escribir, lo que pasa es que soy disléxico.

Joaquina: Lo que te pasa es que eres disléxico, pero ¿te gusta escribir o no?

J.C.: Me gusta escribir.

Joaquina: Pero no escribes. Busca algo que realmente te guste.

J.C.: Pero no sé, eso es lo que me gusta, escribir.

Joaquina: Volvamos a la pregunta inicial: ¿cual es tu objetivo para este año?

J.C.: Ah, mi objetivo para este año es escribir un libro, pero igual tengo que cambiarlo.

Joaquina: No, igual consigues escribir un libro, pero tu objetivo no va a ser escribir un libro. No lo vas a hacer porque te dan mucho trabajo de carpintería.

J.C.: Pero eso lo hago por hobby.

Joaquina: Al final lo haces por hobby, pero es trabajo. No quiere decir que lo cobres, pero es trabajo. Lo mismo que escribir un libro es trabajo, pero parece ser que a ti te gusta mucho disfrutar y pasártelo bien, y no escribes. ¿Qué otras cosas te llevan a pasarlo bien que no sea ni escribir ni hacer carpintería?

J.C.: Compartir con la gente, tener un diálogo filosófico, teológico… Comer me encanta. Comer una buena comida, tomar un buen vino, eso fundamentalmente… Conocer personas, me encanta, hablar con alguien…

Joaquina: ¿Prefieres escribir o conocer personas?

J.C.: Bueno, en realidad preferiría conocer personas.

Joaquina: Expresa lo que le gusta pero que no lo hace. Lo que le molesta de sí mismo es su empleo del tiempo y que hay muchas cosas que no hace. Los objetivos necesitan ser definidos desde el cerebro Reptil, que es el que da claridad para saber lo que se quiere obtener y nos contacta con la voluntad para lograrlo. El proceso requiere del paso por todas las funciones de nuestros cuatro cerebros, pero si la definición de nuestro objetivo la realizamos desde el cerebro Límbico, solo se decidirán fracasos ya que es el cerebro de las emociones, y éstas tienen creencias que impiden la claridad necesaria.  Tal es el caso de J.C. y de cualquiera de nosotros cuando tratamos de definir un objetivo desde el cerebro Límbico, porque si no es algo que nos gusta, la voluntad va a claudicar. J.C., Sigue trabajando en ello, pero tu objetivo tiene que vertebrarte, y no darte placer. El placer viene de cumplir el objetivo, de ir hacia él a través de la voluntad. Tu objetivo no sería escribir, sería otro que engloba escribir y otras cosas.

Jon: Una vez definido ese “qué” vertebrador, ¿cómo seguimos?

Joaquina: El “qué” al ser físico, es tangible y nos permite medir el resultado y evaluar si aquello que queríamos conseguir es lo que hemos conseguido. Una vez encontrado el objetivo vital que nos vertebra, es necesario medirlo en el tiempo presente y futuro.

Jon: ¿Sería una medición cuantitativa o cualitativa, basada en actitudes, eligiendo el cambio a corto, mediano y a largo plazo?

Joaquina: Si es cuantitativa, requiere ver dónde estamos, qué tengo hoy, y dónde queremos llegar: qué quiero llegar a tener dentro de 12 meses. Si es cualitativa, ver cuál es el punto actitudinal traducido en actitudes y comportamientos que tenemos en el presente, y ver qué tendríamos que lograr y con qué resultados. Si es escribir un libro, qué páginas tienes hoy. Si es hacer un estudio, dónde estás hoy con el estudio y dónde vas a llegar.

Jon: ¿Puedes poner un ejemplo?

Joaquina: Si yo decido que quiero tener más paciencia este año y mi meta es lograr un alto coeficiente de paciencia. Para ello, necesito medir mi paciencia con determinadas actitudes a lo largo del tiempo, y definir qué cantidad de paciencia tengo hoy, qué cantidad de paciencia voy a tener a final de año y cuánta paciencia voy a ir consiguiendo en los distintos plazos. La medición permite que podamos comprobar que realmente estamos logrando las cosas, ya sea paciencia, sea felicidad, o un estado económico. Si no lo podemos medir nuestro cerebro no lo va a realizar, porque va a encontrar una escapatoria inmediata: “en realidad puede ser o no ser y, ¿cómo sé yo que soy más paciente?

Jon: ¿Y respecto al tema del corto, medio y largo plazo?

Joaquina: La percepción del tiempo se da en esas tres dimensiones dependiendo de la visión del objetivo, y nos conecta con la vida del día, de la semana, del mes, del año. Una forma eficiente de hacer objetivos es crear un plan a largo plazo haciendo emplazamientos con objetivos a mediano y corto plazo. Estos emplazamientos necesitan tener objetivos propios que colaboren a lograr nuestro objetivo a largo plazo. Si elegimos un largo plazo de un año para realizar lo que quiero obtener, el largo plazo sería los tres últimos meses, el mediano plazo sería los seis meses intermedios y el corto plazo corresponde a los tres primeros meses.

M: ¿Y si es algo muy general?

Joaquina: ¿Es un objetivo para los demás, o para ti?

M: Para mí. Quiero ampliar relaciones. Me acabo de separar y tengo un mundo diferente ahora que tengo que encontrar.

Joaquina: Entonces lo que quieres es ¿encontrar relaciones o superar tu ruptura?

M: Pues… las dos cosas.

Joaquina: No, las dos cosas no. A buscar las relaciones vas porque te sientes en una condición, eso no funciona y acabarás teniendo relaciones que te hacen daño y con las que no estás bien. Pero si te planteas cómo estás hoy con la ruptura y cómo quieres estar dentro de un año con la ruptura, ahí aparecerán todas las cosas que te dan placer. Una de las cosas importantes del objetivo, es que el camino del objetivo se hace, vamos marcamos el objetivo desde un lugar frío, y el calor se va produciendo en el camino. Si defines el objetivo con una intención que es absolutamente emocional, las emociones te ponen a la deriva. Dentro de un tiempo conocerás gente y habrás perdido un poco tu cabeza. Los objetivos tienen que ser a partir de lo que da vida: “y ahora necesito reconstruirme, volver a este lugar que quiero, a ser libre, a ser fuerte, a ser lo que quieras” Encontrar relaciones porque te han dejado o porque tú has dejado una relación, pasártelo bien un rato… pues no funciona si antes no tienes claro que objetivo tienes. Si nosotros en este momento dijéramos, mi objetivo es tener pareja, estaríamos perdiendo el tiempo, mientras que si nuestro objetivo es ser una persona que tiene la capacidad de entregarse plenamente y mis problemas de pareja fueron porque yo no me entregaba, tendré la pareja. No la tengo que plantear, aparecerá. Esos son los objetivos, lo que nos transforma, no lo que simplemente nos obnubila.

Jon: Cuando Steve Jobs llevaba 10 años con Apple, la persona que había elegido para llevarle la dirección convenció al Comité para que le expulsaran. Sus primeros seis meses fuera de Apple fueron un absoluto despropósito de todo tipo. Volvió a ser la persona que había sido en tiempos anteriores con una vida nada positiva. Cuando se dio cuenta que había perdido todo se quedó quieto y se hizo esta pregunta: ¿Si yo cuando tenía 20 años, tenía estas cualidades y conseguí crear Apple, con 10 años más de experiencia, ¿qué es lo que podría llegar a hacer? Nació Next, nació Pixar… Había pasado seis meses destruyéndose, creyendo que lo que tenía que hacer era perdonar o salir de la crisis que le había provocado la otra persona.

Joaquina: Esa es la cuestión. El planteamiento de los objetivos no puede ser a partir de descubrir los errores y tratar de cambiarlos, ya que todo lo que son necesidades por compromiso o por dolor no funcionan, se pierden en el camino. Tenemos que buscar algo que queramos ser como persona en este momento.

90 Los objetivos y su realización. Qué (I)

Estoy, como un alumno más, en la anodina sala de un hotel donde se imparte una clase del Curso de Coaching: Cómo fijar objetivos. El ambiente, como siempre, es intenso y las personas siguen con mirada casi hipnótica la evolución y palabras de Joaquina. Vestida de manera exquisita, se mueve con soltura y enfatiza cada palabra.

Joaquina: Muchos empezamos el año sin objetivos porque pensamos que fijar metas nos resta libertad. Creemos que el objetivo nos condiciona y nos hace vivir sujetos a un marcador que nos controla cada vez que nos salimos de la zona prefijada de actuación. También algunos de nosotros nos pasamos el tiempo marcándonos metas que nos vienen impuestas por las expectativas de otros, y a la mitad del camino cejamos en el empeño y claudicamos.

Alumno: ¿Cómo nos podemos fijar objetivos de manera que éstos sean duraderos y lleguemos a conseguirlos?

Joaquina: En mi experiencia, he encontrado una forma de fijarme objetivos que me ha permitido mantenerme en el propósito llena de voluntad y gozando de la perspectiva del logro. Esta vivencia personal me ha permitido desmitificar el proceso como una carga, una limitación o cualquiera de las cosas que he pensado anteriormente. Vivir implica reconocer nuestras necesidades e involucrarnos de manera proactiva en lograr aquello que necesito hacer realidad. Plantearnos un objetivo nos da la posibilidad de contactar con la vida, con lo que necesito y que actualmente carezco pero que estoy dispuesto a trabajar para lograrlo.

Un objetivo es una quimera que quiero hacer realidad. No puede plantearse conceptualmente. Es necesario plantearlo físicamente, y conseguirlo a través de la emoción, de la razón y de la mente. El trabajo con un objetivo exige un movimiento interior que involucra y moviliza todo el sistema cerebral que comprende el cerebro Reptil, el cerebro Límbico, el cerebro Neocortical y el cerebro Frontal, facilitando o bien, impidiendo cumplir el objetivo (movimiento exterior).

Jon: Entonces, el objetivo al surgir del interior es algo vital para nosotros para poder conectar con la voluntad, ya que ésta es una fuerza interna. El contacto con la voluntad nos permite avanzar y ver qué se requiere para cumplirse sin que exista la posibilidad de que el objetivo se pierda en el tiempo.

Joaquina: El objetivo necesita ser consustancial a nuestro cuerpo, que nos vertebre. En la firmeza o la falta de firmeza del cuerpo, así como en la comunicación verbal y no verbal de la persona puede observarse el planteamiento de un objetivo que es real y el grado de compromiso con la meta. El plano físico implica llevarlo al cuerpo, esto es, el objetivo podrá conseguirse porque somos capaces de sentirlo, vivirlo, respirarlo.Lejos de ser un objetivo conceptual, necesita ser informativo y comprender datos exactos y nítidos de lo que queremos lograr.

Jon: ¿Podríamos verlo con un ejemplo?

Joaquina: Se trata de que la persona encuentre su objetivo vital sobre el que va a poner la voluntad, “el qué”, llevándolo a 12 meses, detectando si es consustancial al cuerpo. “S” va a plantear un objetivo, y la firmeza de su cuerpo va a reflejar el ejercicio de la voluntad, por lo que la intensidad de su firmeza indicará la fidelidad del objetivo y el grado de compromiso con la meta. Cuando diga su objetivo, tenéis que mirar su cuerpo, si el cuerpo se pone firme es que el objetivo es de verdad, si el cuerpo se pone poco firme es que el objetivo lo va a dejar a los dos meses, si se pone más lo va a dejar en 15 días, y si ya se pone más, en una semana. ¿Qué quieres de objetivo?

S: Me encantaría irme de vacaciones.

Joaquina: Pues no lo va a hacer, para mí es: “me quiero ir de vacaciones” (tono de voz firme) y entonces notas que hay algo consustancial a la necesidad. Su planteamiento verbal señala que no hay firmeza y que claudicará en una semana.

S: Bueno, lo cambio, mi objetivo es aprender a gestionar el dinero.

Joaquina: Es importante el tema, ¿os habéis dado cuenta?, ella ha dicho con la cabeza “quiero gestionar el dinero” (haciendo movimientos de negación) ¿Cuánto le va a durar? Un mes, no más. Al mes claudica comprándose algo que no necesitaba.

S: (Modificando su gestual): Mi objetivo es aprender a gestionar el dinero.

Joaquina: S quiere creerlo, sin estar convencida de hacerlo. Mas bien desea gastarse el dinero en lo que le gusta, por lo que su objetivo no es vital y tardaría muy poco en claudicar. Si nuestro objetivo es vital se convierte en voluntad, de lo contrario se convierte en un paso del tiempo, en un sufrimiento. Es como si ella va ahora y dice: “mi objetivo es dejar de comer trigo”. Dilo.

S: Mi objetivo es dejar de comer trigo.

Joaquina: Al decirlo hace movimientos negativos que expresan “No voy a dejar de comer trigo”. Su objetivo es algo que realmente ella no vive dentro, lo considera una necesidad que surge del exterior, no de su interior. Te pido un objetivo que sea tuyo de verdad, que no sea de la familia, del bienestar común, de que alguien te lo pide etc. algo que para ti sea importante, no para los demás. Que si tú lo consigues te sentirás fuerte, con autoestima, sentirás que eres la mejor de la pandilla.

S: Aprender a organizarme.

Joaquina: Esto no es suyo (observando su firmeza). Es un poco más suyo que el anterior, pero necesita creérselo un poco más. La mayoría de los objetivos que no cumplimos es porque vienen impuestos por situaciones no resueltas, que lejos de convertirse en objetivos, se convierten en obligaciones. Los objetivos pueden ser imposiciones nuestras o de otros, no son obligaciones ni algo que nos hace daño. Por el contrario, son quimeras, son ilusiones, son expectativas, son algo que nos ilusiona y que repercute en nuestro bienestar.

Jon: Si S piensa que no va a poder gastar en lo que quiere, que no podrá salir a las tiendas, ni salir con las amigas, acciones que se traduce en un horror de vida, no hay posibilidad de que pueda cumplir con los objetivos.

Joaquina: Si ella lo comprende, entonces entenderá dos cosas: voy a ganar el dinero que necesito para vivir como yo quiero, y además lo voy a respetar. Y eso es diferente, porque ganará el dinero que ella necesita para disfrutar y respetarse a si misma y eso no quiere decir: voy a quitarme cosas que me gustan.

Jon: Entonces, ¿la posibilidad de que los objetivos sean cumplidos o reales, es si dentro hay una demostración de nuestras grandes ilusiones?

Joaquina: En la medida que nuestros objetivos no están alineados con la totalidad de nuestro sistema, lo que vamos consiguiendo es vivir fuera de nuestro éxito y con amargura, pero si entendemos la realidad de nuestro propósito vital, de lo que queremos conseguir, y trabajamos a su favor podremos lograr nuestro objetivo de una manera fácil y sin dolor.

Jon: En el caso de su gestión de tiempo, quieres decir que si ella lo que quiere es ser una gran profesional y sabe que cuando ha tenido dificultades ha sido por cómo ha empleado el tiempo, no querrá alinearse en la gestión del tiempo, querrá vivir tan motivada que el tiempo y ella estén afincados. En resumen, no necesitamos golpearnos, necesitamos entender que un objetivo es algo que nos da vida, que nos da gozo, que además nos da más conocimientos y nos hace útiles.

Joaquina: Si nuestros objetivos van contra nosotros y parten de responsabilidades, compromisos alineados, dolor, de algo que nos mandan, se convierten en claudicaciones de éxito y en un proceso doloroso y no podemos soñar en que funcionen. Podemos transformar el mundo a través de objetivos que son nuestra quimera, no nuestra obligación, no nuestro dolor, o no nuestra amargura, si no que al encontrar ese objetivo lo notamos dentro, se pulsa nuestro sistema y decimos: “esto es lo que yo quiero”. Desde ahí todo nuestro sistema va a funcionar, nos dará tanta fuerza y energía, tanto posicionamiento que va a ser imparable. Es importante creer que nuestros objetivos, además de disfrutarlos siempre nos llevarán a un lugar maravilloso.

Jon: ¿Y en el caso de S?

Joaquina: Si S consigue encontrar un objetivo que está alineado a ella misma, que la mueve por dentro, va a gestionar el dinero, va a gestionar el tiempo y va a gestionar todo, ya que todo lo demás que no funciona se  curará. A ella le gusta gastar y estar con la gente, pero su cuerpo cerebral sabe que lo que dice que necesita es algo que va contra sus intenciones. Si ella encuentra un sentido vital, estas dos cosas sabrá canalizarlas para su objetivo, de lo contrario se perderá, perderá el dinero, perderá el tiempo, perderá el trabajo y perderá la felicidad.

Jon: Eso significa que es necesario hacer un ejercicio profundo de meditar cuál sería nuestro objetivo que realmente esté alineado con nuestro deseo de vivir, con nuestro deseo de sentir, con nuestro deseo de saber y con nuestro deseo de realizar experiencias únicas, eso nos llevará a un lugar maravilloso.

Joaquina: S, te pido que pienses en un objetivo que para ti, independientemente de tu hija, independientemente de tu pareja, del trabajo, de la sociedad… a ti te hace sentir viva, te hace sentir auténtica, te hace sentir conocedora y además te hace sentirte útil comprometiéndote con tu felicidad.

S: Pues, mi objetivo es seguir manteniendo mi nivel de vida sin tener la sensación todo el rato de tener un problema detrás. O sea, un problema que tengo que ir corriendo para que no me alcance.

Joaquina: S se ha puesto recta. El objetivo vital es nos permite sentir una fuerza que recorre toda la columna vertebral y nos poneros rectos, nos vertebra, nos dice: “esto es mío”. Ese sí es su objetivo, es un objetivo vital como lo ha formulado. Está emocionada. Lo que S quiere es mantener su economía sintiéndose bien, manteniendo su estatus, manteniendo su nivel de vida. Necesita reformular el objetivo, pero conseguir ganar el dinero que necesita sintiéndose libre, ese si es su objetivo, y eso la va a llevar a respetar el tiempo y a respetar el dinero.

La clase, y la magia continúan…

89 ¿Qué es un valor?

Quitando los grandes gurús espirituales, hay un pequeño puñado de personas a las que admira Joaquina: Michael Schumacher, Michael Jackson, Steve Jobs, Adele, Usain Bolt… En todos hay algo que trasciende su destreza profesional y su talento innato. Hay un valor llevado a su máximo exponente… su valor diferencial.

Jon: ¿Qué es un valor?

Joaquina: Un valor es la herramienta de crecimiento personal más impresionante que existe en el mundo. El ser humano tiene una tendencia a pensar que tiene muchas cosas pequeñas, ninguna cosa grande, y muchas cosas grandes que no valen para nada.

Jon: ¿Y eso?

Joaquina: Si te tomas a ti mismo y todas tus cualidades, puedes ver que eres una persona con valores… pero no es eso lo que te hace grande. Todos tenemos valores. Todos. Lo que necesitamos es tomar una decisión, y esta es una decisión muy fuerte. Hay una diferencia muy grande entre ser un número entre millones de números, o ser un número único entre millones de números.

Jon: Pero habrá muchas personas que tengan ese mismo valor.

Joaquina: No importa si hay muchas personas que tengan ese mismo valor, lo importante es que cuando sientas dentro tu valor se multiplique por mil y te hace sentir fuerte, sólido, único. Notas que tu cuerpo es capaz de soportar la presión de la gravedad. Nosotros hemos nacido en este mundo con una presión importante que es la presión de la gravedad que es la que hace que estemos sujetos al suelo. Sin embargo, no estamos tan anclados como parece. Cuando tu creencia hacia ti es dispersa, se disgrega en muchas cualidades, pero no se hace sólida, tu cuerpo lo traslada con poca firmeza y dudosa estructura. Es una gravedad que, en realidad no está controlada. Pero cuando sientes el estímulo de tu gran valor la energía de la gravedad entra abiertamente por tu sistema y, aunque te quieran tirar, no pueden.

Jon: Si no me equivoco, no estás hablando metafóricamente, sino de la fuerza de gravedad literal, la de Newton y la manzana.

Joaquina: Leonardo Da Vinci nos explicó la perfección del ser humano afirmando que el hombre perfecto está cortado en todas sus formas por la gravedad manteniéndole en un equilibrio que le permite estar en su eje. Nos tenemos que plantear que cuando estamos trabajando para múltiples valores, que es verdad que los tenemos, en realidad la gravedad no se hace fuerte dentro de nosotros y no nos permite un equilibrio profundo del interior. Pero cuando encontramos nuestro valor, ese valor que realmente nadie nos puede hacer dudar de él, aunque lo tengamos débil en este momento, el sistema empieza a hacer que todo nuestro cuerpo se reconozca en sí mismo: las células trabajan para ese valor, el sistema trabaja para ese valor y, a partir de ahí, empezamos a entrenar el valor permanentemente.

Jon: Y de ahí que haya una gran diferencia entre entrenar quince valores, que es inviable, a cuando entrenas uno.

Joaquina: Cuando entrenas uno los que están en segunda línea se fortalecen, los que están en tercera, se fortalecen… y acabamos consiguiendo que todos los valores se fortalezcan porque el sistema está trabajando para ti. Hay un 5% de seres humanos en el mundo que creen en lo que estoy diciendo, y un 95% que creen que es mejor tener mucho de pocas cosas que tener mucho de una sola cosa.

Jon: Parece lógico pensar que cuando una persona es especialista en algo, tiene mucho más éxito que cuando es especialista en mucho.

Joaquina: Porque la persona está fortaleciendo esa cualidad todo el tiempo: deportistas, economistas… tienen una cualidad que es la que potencian y es la que ponen al servicio. Ahora debes hacer el ejercicio de encontrar todas las pequeñas cosas que están ahí y te hacen, entre todas, sentirte que eres valioso, para elegir una cosa de esas ideas y sentir que nadie te lo puede quitar de tu mente.

Jon: Lo que yo veo en muchos cursos es que las personas tienen ya una edad. ¿Cómo es posible que no tengan identificado su valor?

Joaquina: Pues no tenemos identificado el valor, porque el valor es el que nos hace “tomar la pastilla roja”. El valor es el que nos hace hacer una transformación. Cuando lo detectamos, ya no nos podemos escapar. Te propongo el siguiente ejercicio: Escribe 5 o 6 valores que sepas que tienes. Son una palabra, no una frase. Son cosas que compruebas todos los días. Para hacerlo bien, elimina la crítica de la cabeza. Cuando lo tengas, tacha el valor que no está continuamente. Cuando estás bien, los valores se van centrando y ya no son tantos. Son uno o dos. Si estás normal, tendrás 4, 5 ó 6. Pero cuando estás bien, afloran 1 o 2. Los genios tienen muchas cualidades, pero cuando están actuando en su máximo esplendor se quedan 1 o 2. Los que son menos genios tienen 3 ó 4. Y los que no son nada, tienen 16, porque no tienen la capacidad de estar bien. Cuando estás bien, tienes 1, tienes 2…. Y te das cuenta de que 1 es la que hace que estés brillando y los otros bailen a tu alrededor. Estás centrado en lo que es realmente importante.

Jon: Es decir, cuando estás totalmente en tu poder y en tu cualidad más importante, las demás no se ven. ¿Hay alguna otra forma de ser consciente de ese valor si todavía no lo vemos claramente?

Joaquina. Hay un ejercicio con fotografías. Ejercicio fotografías: busca la fotografía en la que mejor te ves. Verás como aparecen cosas que no aparecen en las otras. ¿Qué tiene esta foto? ¿Qué hay en ella que te atrae?

Jon. Lo haré cuando llegue a casa. ¿Se pueden ver entonces en nuestra comunicación no verbal?

Joaquina: La Comunicación No Verbal es la que nos hace ver el valor de las personas. No las palabras, y ni siquiera los gestos. Piensa en la persona que más quieres en este mundo. Vete a un momento en el que el amor se está desbordando hacia esa persona y verás como percibes esa cualidad en la persona. Pues hacia nosotros pasa lo mismo: al detectar lo que te hace desbordar de amor hacia ti, distingues claramente el valor.

Jon: Me he quedado dando vueltas a eso de la gravedad que has mencionado antes. ¿De dónde viene esa aceptación de la gravedad?

Joaquina: Un niño pequeñito, cuando nace, lo primero que tiene que aprender es a reptar porque su cuerpo no podría soportar la gravedad. Como no la puede soportar, la presión está sobre todo su cuerpo. Cuando empieza a gatear, tampoco la soporta, entonces lo que hace es que gatea y descansa. Ya empieza a notar la gravedad más porque se está separando del suelo.  Pero cuando el niño se pone de pie, si al incorporarse le ayudamos o se agarra a una silla, como no ha medido la gravedad, su cabezota le lleva. Debemos ponerle en un sitio en el que no tenga nada, únicamente el suelo y la pared para que, cuando llegue a la pared se suba a ella y, al comprobar que su cabeza pesa, rápidamente se tire al suelo. Porque se da cuenta de que no soporta la gravedad que está llegando precisamente porque no tiene poder, no tiene confianza, porque sabe que no es. Pero cuando el niño llega a la pared, se suelta y nota que está recto, inmediatamente vemos su cara de felicidad y comienza a caminar firme. Ese es el momento en el que él ha sentido que tiene poder, que tiene confianza en sí mismo.

Jon: Sin embargo, muchos padres ponen a sus hijos de pie y les ayudan a caminar…

Joaquina: Cuando cogemos al niño, y le llevamos, y le subimos, y le ponemos de pie, pero le sujetamos, no estamos dejando que la gravedad entre con su capacidad. Entra con la tuya, pero no con la de él. Entonces el niño, siente continuamente fragilidad y tarda mucho en andar de una manera absolutamente firme. Sin embargo, cuando le llega la gravedad y muestra en sus comportamientos el “yo puedo” gana una fuerza que puedes ver claramente en todo su cuerpo.

Vamos a hacer el camino de la vida, y necesitamos una herramienta que sea perfecta para ese camino. Ese camino lo vamos a hacer y lo haremos comprobando que nuestro valor es de verdad.

 

88 La pareja eterna

Leo una cita de Sam Keen que comparto inmediatamente con Joaquina. “Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta, sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta”.

 Jon: Joaquina, sé que no eres de hablar mucho de tu vida, sin embargo, también sé que mucha de tu sabiduría y de tus aprendizajes vienen de la observación de tus padres. ¿Eran una pareja perfecta? Al final todas las relaciones interpersonales están unidas a una misma necesidad: Que sean longevas y positivas para todas las partes. ¿Qué hace que no nos preparemos para una de las cuestiones más arriesgadas de nuestra vida, que no es otra que la elección de pareja?

 Joaquina: Nuestra vida amorosa y de pareja tiene un sentido específico cuando procede de un conocimiento y gestión emocional que reduzca el miedo a no ser queridos, o a ser demasiado buscados, o a cualquier otra cosa que nos repliegue y nos aleje de lo que más queremos, como es estar acompañados, seguir unos pasos acompasados, y sentir que la vida del otro y la nuestra tienen muchas cosas en común. La soledad es imposible. Puede ser muy anhelada a veces, odiada y repudiada otras, pero sea como fuere todos nosotros llevamos en nuestro ADN la necesidad de vivir al lado de otros.

Jon: Entonces por que hay tantas dificultades para vivir juntos, permanecer fieles, sentir que somos parte de una gran estructura familiar…

Joaquina: Te invito a que reflexiones sobre estas tres cuestiones: ¿Qué sería de tu vida si tuvieras una pareja para siempre? ¿Qué pasaría en tu vida si nunca encontraras pareja? ¿Qué diferente es tu vida cuando estás con o sin pareja?

Jon: Suenan a preguntas retóricas.

Joaquina: Llevo más de 25 años trabajando con personas. Pequeñas, adultas y ancianas. Inteligentes, torpes, alegres o tristes… Sea cual sea la condición de las personas con las que he trabajado he observado que toda su vida gira alrededor del trabajo y las relaciones. Cuando somos pequeños la relación con nuestros padres o familia y cuando somos mayores la universidad, las relaciones de pareja, los amores y desamores. Nuestra mente es monotemática y con muchos deseos de cubrir las necesidades más básicas adornadas de bienestar y gozo. En este tiempo he visto romperse cientos de parejas a la vez que se han formado para volver a destruirse. Pocas se mantienen con ilusión y aquellas que lo hacen, siendo un ejemplo por el respeto, no lo son tanto por la ilusión y la pasión. De todas estas historias hay niños sufrientes y cierto desorden emocional en todo el sistema relacional. La mayoría de los fracasos han tenido que ver con repeticiones de comportamiento familiar. Actitudes que nos resultaron muy desagradables o poco constructivas las hemos repetido una y otra vez sin comprensión ni respeto.

Jon: ¿Por qué sucede esto?

Joaquina: Una de las bases por las que sucede todo esto es porque las personas comenzamos las relaciones antes de tiempo. Cuando conocemos por primera vez a una persona y nos enamoramos nos suele cegar la euforia del momento. Si imaginásemos que podemos situar la ilusión que sentimos por esa persona en una escalera del uno al diez, deberíamos situarla en el primer escalón ya que comenzamos con un profundo desconocimiento sobre el otro. En lugar de esto, solemos colocar la ilusión arriba del todo, en el escalón número diez. Empezamos muy alto y así es lógico que lo único que podamos hacer es bajar. El día en el que ese otro no te ha devuelto la llamada cuando tú esperabas, comienza una descalificación por tu parte a la relación. Y es que, en verdad, situaste la ilusión muy arriba cuando en realidad desconocías a esa persona en su mayoría. Si por el contrario nos encargamos de situar la ilusión y la euforia en el primer escalón, solo podrá subir y subir.

Jon: Volviendo a mi primera pregunta, ¿me puedes contar cómo lo hicieron tus padres? ¿Fueron felices? ¿Qué aprendiste de ellos?

Joaquina: Mi padre se enamoró de una mujer, vivió y murió totalmente enamorado de ella. Muchas veces me pregunté que le motivó este estado tan onírico. Aquella mujer me resultaba anodina y nada estimulante para un amor tan apasionado. Sin embargo, un día, caminando por la playa de Gijón me explicaba que él se enamoró de ella después de una ristra de mujeres que habían pasado por su vida. No sé si fue una exageración, pero creo recordar el número diecinueve. Todas esas mujeres no habían dejado huella en él. Sin embargo, cuando encontró aquella mujer flaca, de pelo negro y labios gordezuelos pintados de rojo, algo muy intenso inundó de calor todo su ser. Todavía recordaba aquella sensación atravesándole el alma.

Su última pareja, de la que comentó estuvo muy ilusionado, le estimulaba y acercaba a una pasión intensa que no había sentido por ninguna otra mujer antes. Era una mujer elegante, muy bien vestida, con aspecto inmaculado. Una imagen que a él se le hacía perfecta. Reconocía que algo de todo aquello provocaba en él ciertas dudas que quiso corroborar. Sentía una necesidad de comprometerse. Estaba próximo a los veinte años y parecía que aquella relación le abocaba a algo serio.

Un día fue a buscarla a su casa sin previo aviso. Le abrió la puerta una mujer en bata, con el pelo lleno de rulos y un aspecto bastante dejado. En un primer momento no la reconoció y sólo la cara de sorpresa le puso sobre aviso de que aquella mujer era la misma que le había estado provocando un cúmulo de sentimientos tan intensos. Se dio la vuelta. No quiso escuchar sus balbuceos explicando el por qué de aquella situación.

Mi padre buscaba autenticidad. Alguien en quien confiar. Que estuviera donde estuviera, pasara lo que pasara siempre la encontrara en las mejores condiciones físicas, emocionales o mentales. Alguien que su aportación de valor fuera en crecimiento y no importara el tiempo.

Así me enseñó la receta para amar y seguir amando.

Retornó a su pareja actual. Aquella mujer morena, flaca y honesta había crecido y con ello algunas desavenencias y tensiones. Mi padre debió comprender que mi gesto no auguraba nada bueno y que mis creencias sobre la perfección con su pareja no eran tan positivas como su verbo presagiaba.

Rompiendo mis pensamientos me dijo que ella era igual de maravillosa que cuando la había conocido, pero que él no había realizado los cambios que eran necesarios para que aquella relación fuera mucho más exitosa. Su amor por ella era idéntico, quizá su cambio era lo que había fallado y sus exigencias surgían de buscar fuera de si lo que sólo él podía darse.

Siguió hablando mientras mis pensamientos iban buscando momentos que pudieran ratificar aquello que me decía. Ciertamente ella se entregaba plenamente, su dedicación a él seguía siendo de una calidad indiscutible. Era auténtica. Lo que para él era importante, y seguía llenando la casa. Sólo existía él para ella. Sus cuidados, su entrega, su calidad humana estaban allí día tras día.

Él era el rey y nadie le quitaba el sitio. Habían pasado algunos años desde que se habían conocido. Habían tenido muchos problemas y mucho dolor, sin embargo, ella seguía mirándole con admiración y respeto, mientras que para él sólo existía ella, y su amor lo demostraba de aquella manera egoísta que muchas personas tienen.

Cada instante que estuve con él me iba explicando como era el amor. Me decía que una de las cosas más maravillosas que nos daba la vida es que nunca te podías cansar de una persona. Me explicaba: Con tu vivir de cada día vas aprendiendo algo, eso hace que cada día tú seas diferente y las personas que tienes alrededor también lo sean. Y si la persona con la que compartes tu vida también es diferente en todo momento estás estimulado a quererla y a estar con ella siempre.

Me explicó bajando su voz que el secreto es poner las expectativas en tu cambio y en tu progreso, no en que el otro cambie algo que ni siquiera piensa que tiene que cambiar.

Si eres honesto en la elección, y la respetas, sólo puedes ganar cada día.

87 Concreción y persuasión

Acabo de terminar de ver uno de esos videos de Youtube donde una persona habla con pasión y desparpajo de algún viaje que ha realizado. Me maravilla la forma de comunicar desenfadada y carismática. Son cerca de las nueve y media de la noche y recojo a Joaquina para irnos a cenar (su deporte favorito).

Jon: He visto un video de un joven mexicano hablando apasionadamente de Cozumel. Me pareció, además de carismático y apasionado muy inteligente en sus observaciones y en la forma en la que se expresaba.

Joaquina: Para decir lo que queremos decir no hay que ser inteligentes, lo que hay que tener es decisión y la capacidad de ir a la tarea. Toda persona que sabe ir a la tarea es una persona concreta.  Esta persona puede ser nada inteligente, puede ser alguien que no ha leído ni escrito en su vida, y sin embargo tiene una capacidad intelectual innata y no desarrollada, y si tiene la capacidad de decir qué quiere, a quién se lo quiere decir, qué es lo que le ha hecho elegir eso que está diciendo en un instante. Por otro lado, hay personas muy instruidas que tienen una gran dificultad para ser concretos, porque divagan en un mundo de expectativas miles.

Jon: Vale, estás hablando de ser concreto, y no tanto de ser buen comunicador. Sí, a mí a veces me cuesta ser concreto porque quiero hilar toda la información que tengo y acaba siendo todo un poco denso.

Joaquina: La decisión exige decidir algo contra algo, pues en la concreción quién no sabe decir rápido tiene un problema. La concreción lo que hace es que has empezado un camino en el que no puedes ir hacia atrás.

Jon: Parece curioso que la concreción vaya un poco en contra de la profundidad del contenido o de cuán interesante es.

Joaquina: La concreción nace en el cerebro reptil porque es la defensa. El cerebro reptil que está enfocado a la tarea sabe que un minuto es su muerte, así que el tiempo lo emplea desde la eficacia. Hay que hacer de forma inmediata la adaptación en el tiempo.

Jon: ¿Por qué es importante? Tampoco hay tanta prisa en decir las cosas ¿no?

Joaquina: Lo importante es que a veces hay necesidad de ser personas enfocadas a la tarea a la hora de comunicarnos, hay personas que nunca van a ser totalmente concretas.

Jon: ¿Qué diferencia hay entre persuasión y comunicación?

 Joaquina: Debes saber lo que quieres conseguir con la comunicación. Si lo que quieres es ganar confianza, lo primero que tienes que tener es la concreción. Si lo que quieres ganar es al otro, que te quiera y te acepte, la concreción es menos importante y más importante es la persuasión. Debes darte cuenta del poder de la persuasión, y de la importancia de la concreción.

Jon: Es como si la persuasión me llevara a algún sitio, y la concreción me pone en el camino.

Joaquina: Esta es la diferencia, si nosotros queremos ir a un sitio, decimos a la persona a dónde vamos a ir y luego ya en el camino la entretenemos, pero si no ha habido concreción puede ser manipulación.

Jon: Salió la palabra que siempre aparece cuando se habla de comunicación.

Joaquina: Esta es la gran diferencia entre persuasión y manipulación. Si ha habido una concreción previa, la persona nunca sentirá que es manipulada. Si no ha habido concreción, la persona va a pensar que ha sido manipulada.

Jon: Es decir, que cuando quiera hablar y llevar a una persona a un término y quiera hacer realmente un trabajo de comunicación excelente, lo que va a ser importantísimo es que me de cuenta de que esa concreción, en mayor o menor medida, va a hacer que camine directamente. Por ejemplo, si nada más levantarme a hablar digo “yo voy a hablar “, ya me estoy dando tiempo para ver qué voy a decir. La persona ya sabe qué voy a hablar. Lo bueno sería levantarme y empezar a hablar directamente, y no decir: “voy a hablar”

Joaquina: La parte más importante de la concreción es que el otro es un mero receptor de tu información, no es participativo de la información, no estás diciéndole de qué vas a hablar para que participe en un estado de opinión, si no que le vas a decir yo voy a hablar de esto y esto es lo que voy a decir. Cuando convocas una reunión vas a hablar de lo que tú quieres, si no lo tienes claro, acabarás hablando de lo que quiere cualquiera.

Jon: Veo que mi concreción está reñida con la impaciencia.

Joaquina: Una persona concreta lo que puede tener es miedo al compromiso de lo que va a decir, pero nunca es impaciente sobre lo que va a decir.

Jon: ¿Miedo?

Joaquina: El miedo tiene que ver con una paralización o cambio de decisión para no comprometerte con algo. Una persona concreta es alguien totalmente comprometido, porque cuando ya ha dicho algo, ya no puede retractarse. Un concreto jamás haría un juicio de valor, ya que tiende a la información y no al análisis. En la concreción lo que haces es posicionarte en lo que quieres decir.

Jon: Y habrá pistas de comunicación no verbal para ver a las personas concretas, mas allá de las palabras.

Joaquina: Si una persona antes de empezar a hablar carraspea sabemos que se compromete mucho con lo que dice, y que casi seguro es una persona muy apasionada. Cuando una persona antes de hablar necesita habilitar su garganta, quiere decir que su garganta, por la pasión que pone en lo que dice, la tiene debilitada. Es importante cuando te comuniques, fijarte en cuanto de firme es tu esqueleto. Primero los pies. Si están bien colocados, firmes y mirando hacia delante, es que tienes muy buena posición del esqueleto básico. Luego hay que posicionar las rodillas y por último las caderas deben estar firmes. Nosotros no hablamos con la palabra, es el sistema de nuestro cuerpo el que nos permite hablar. Es el que hace todo el ejercicio de que la voz se proyecte, de que sea divertido, de que la mente esté abierta… todas las limitaciones las tenemos en nuestra estructura primeramente física.

Jon: La persuasión, sería el siguiente paso, cuando sí vemos a la persona que tenemos delante.

Joaquina: La persuasión quiere un cambio de actitud. Lo que quieras generar va a estar vinculado a tu prestigio como comunicador, y ahí está la imagen corporal, voz, movimiento, cadencia… todas las cosas emocionales se van a tener en cuenta. Persuasión es lograr un cambio de actitud en el oyente, y el cambio de actitud tiene que ser de máxima escucha, porque el persuasivo busca convencer.

Jon: Entonces, la diferencia entre concreción y persuasión es que la persuasión tiene una argumentación mucho más dilatada, porque lo que vas buscando es atraer la atención, y en esta argumentación más dilatada tienen que aparecer o las fuentes, o ser tú una fuente muy creíble.

Joaquina: A diferencia de la concreción, en la persuasión tienes que ver a quién se lo dices, no qué dices. Es importante el contexto, y también muy importante como empleo mis recursos sensitivos, cómo los tengo en cuenta para hablar con las personas.

Jon: ¿Te refieres a los cinco sentidos?

Joaquina: Sí, todos intervienen: Dónde nos tocamos está provocando en el otro una sensación, el tacto habla de qué quieres que el otro sienta por ti. Por ejemplo, si al empezar a hablar empiezas a acariciarte, es que te estas reconfortando porque lo estás pasando regular. A dónde miras, cómo miro, a quién miras, como me miran. Si te tapas los ojos, habla de no quieres ver. Evadir los ojos, es para recordar, dejas de mirar porque no te acuerdas y vas hacia ti. La boca: empiezas a salivar porque tu conversación te da un sabor grato o ingrato, según lo que estés diciendo. El exceso de saliva habla de inquietud.  ¿Cómo saben tus palabras?

Jon: Lo preguntaré. ¿Alguna cosa más de comunicación no verbal?

Joaquina: En persuasión es vital el movimiento de las manos, y el movimiento del cuerpo. En ningún caso hay que echarse hacía atrás, porque se borra el espacio comunicativo. Al contrario, cuando te encuentras mal adelanta un paso: “aquí estoy yo” para posicionarte y poder aguantar. El movimiento de persuasión es circular, es suave, nunca es rígido. Si te pones rígido la persona pasa a la concreción. La persuasión es el tempo suave, la voz delicada, todo fluye, porque vas a pasar al punto de que quieres que la persona haga algo. Hay tres movimientos en el mundo de la persuasión. Primero: Soy persuasivo porque soy simpático y empleo elementos de mi simpatía. Segundo: Soy persuasivo porque soy empática, y sé lo que necesita, y se lo doy. Tercero: Soy empático. La empatía que debe ser utilizada por las personas que no son capaces de ser emotivos. Quiere decir que se utilizan argumentos del propio pensamiento para ponerse en el otro sin desbordarse. Entiendo lo que le pasa ahora mismo a la otra persona, pero como no soy capaz de ponerme en sus zapatos, busco en mis recursos, en mi cerebro, y desde ahí estoy empático. Es la solución para las personas que se desbordan o que no son capaces de sentir. Al utilizar la empatía para ponerse en el lugar del otro la persona se relaja y no está a la tarea todo el rato.

Ya en el restaurante, detenemos la conversación para mirar la carta con curiosidad. Espero que venga el metre a hablar con nosotros para saber si he aprendido a distinguir una persona concreta de una persuasiva. Camarero concreto, metre persuasivo, como no podía ser de otra forma.