Acerca de Jon Elejabeitia

CEO & Founder NEXTYOU, Arquitecto

180 Cómo perdonar a los demás (II)

Joaquina: Una persona no es una materia de actuación. Llega a ello porque hay algún aprendizaje que no ha conseguido hacer. Hay algo que ha pasado en su persona, y esa experiencia es suya, no es tuya. Ese comportamiento es de él. No es tuyo. Tú has aprendido a un ritmo y la otra persona ha aprendido a otro ritmo. La descripción tiene que empezar por ti, no tiene que empezar por la otra persona. Mi descripción del amor es que me cojas la mano 10 veces al día. ¿Cuál es tu descripción del amor?

Jon: Pues… cogerte la mano 10 veces, no creo.

Joaquina: Exacto. Cuando se lo dices a la persona, cuando le preguntas cuál es su descripción del amor, no entras en el ruido, le dices la tuya y le dices que te gustaría conocer su descripción. Y cuando a la persona le dices cuál es tu descripción del amor ella te dirá tranquilamente la suya. El amor no se comparte, se vive. Si la otra persona no lo vive, no lo puede sentir.

Jon: Entonces, la otra persona no siente mi amor, siente el suyo, y si no tiene amor, no lo sentirá.

Joaquina: Exacto, y no te debes esforzar, el amor no se puede compartir, no se puede romper, no se puede hacer nada con él. Solo se puede experimentar. Cuando quieres agarrar el amor del otro, a través del personalismo del amor, lo que haces es la pérdida del amor.

Jon: Entonces pasa igual que con el tiempo. Es personal. Decimos que existen 24 horas, pero en realidad son tan diferentes dependiendo de cómo estés, lo cual quiere decir que la temporalidad es un estado emocional.

Joaquina: En el aprendizaje no hay tiempo. Es atemporal. En un instante puedes aprender lo que otra persona puede tardar una vida.

Jon: ¿Qué ejercicio necesitaría hacer?

Joaquina: Has visto que la parte del ser, que es la parte de tu aprendizaje, y la parte de la expresión es tuya y no la puedes compartir, por lo tanto, no hay nada que hacer ahí, porque no culpas a los demás. Lo que hacemos para culpar a los demás es estar diciendo permanentemente que hacen cosas, pero en lugar de decir que las hacen, decimos que ellos son las cosas que hacen.

Jon: Sí, cuando una persona emplea en una tarea un tiempo superior al mío, le llamo lento, en lugar de darme cuenta de que simplemente emplea otro tiempo.

Joaquina: Si una persona tiene una tendencia a hablar de si misma, no decimos que tiene una tendencia a hablar de sí misma, sino que directamente le llamamos egocéntrico. Si una persona no ha comprendido el comportamiento de la generosidad y el agradecimiento, la tachamos de poco agradecida, etc. Entonces el ejercicio que tienes que hacer es ver aquello que te crispa por encima de todas las cosas, y además de crisparte, utilizas el personalismo de una manera mucho más radical.

Jon: Es decir, ver las etiquetas que más pongo en la sociedad.

Joaquina: Sí, las cosas que más te molestan de los demás, donde pierdes el contacto con la persona para llamarla lo que estás diciendo. Lo que busco es darte una fórmula que deje la culpa fuera y, sobre todo, el daño que haces a los demás. Lo que más nos duele es lo que menos sabemos describir, casi siempre. Cuando tenemos una persona delante y la llamamos poco generosa, que es egoísta, a veces nos cuenta mucho trabajo describir porque ya hemos puesto la palabra egoísmo. No hemos dicho cuál es nuestra necesidad, que es lo que hace que se produzca el egoísmo. Al final, quien llama egoísta a otro es porque es egoísta él. El ejercicio es para ver qué parte de nosotros mismos es la que más proyectamos fuera.

Jon: Me acuerdo de que dijiste antes que la culpa es el ejercicio de mayor ligereza para poder eliminarlo.

Joaquina:  Imagínate que yo tengo el concepto de la intolerancia. Soy intolerante. Como no soporto la culpa de la intolerancia porque me hace mucho daño interior. Lo que hago es lanzarla inmediatamente fuera. Digo: “Esta persona no me acepta, es intolerante conmigo, es exigente, es rígido…” un montón de cosas en lugar de decir: “En mi intolerancia, o en mi deseo de algo, es lo que estoy proyectando sobre la otra persona que no me está dando lo que yo estoy pidiendo. Sea en tiempos o en forma, o en lo que sea.

Jon: Entonces el trabajo es ver de manera profunda qué etiqueta ponemos a las personas y con qué rapidez la ponemos

Joaquina: Sí, porque lo más importante, en el momento que ponemos la etiqueta y empezamos a personalizar sobre esa persona todos los errores, nuestra capacidad de aprender sobre ese error concretamente cada día es más limitado.

Jon: ¿Y qué hago?

Joaquina: En el momento que lo sientes, en el momento que te da dentro de ti, dices: “Yo estoy teniendo esta necesidad, que es de esta manera, y yo estoy pensando que no la estoy recibiendo” No es que el otro no te da, no es que el otro no ha hecho, etc. En el personalismo la descripción es imposible. Así que busca qué cosa te cuesta trabajo describir, y en qué cosa pones más hincapié en culpar a los demás de que te están haciendo algo.

Jon: ¿Y una vez localizado?

Joaquina: Empezando siempre por ti, tienes que ir a la descripción del hecho. Empiezas por describir la acción que tú en ese momento estás viviendo, imagínate, la intolerancia a que el otro esté haciendo algo que a ti no te gusta. En tu escala de valor está compartir las cosas que se tienen. En este momento estoy necesitando compartir esto, y en lugar de compartirlo estoy pidiendo que lo compartas tú. Si te gusta compartir, comparte. No pidas que el otro comparta. Por ejemplo: Yo quiero que me ames, y tiene que ser de esta manera. Cuando pones en el amor, o en cualquier otra cosa, cómo tiene que ser, lo que haces es: “Tú eres una bellaca que no me lo estás dando” Salir del personalismo exige que te mires a ti mismo para darte cuenta de que no estás haciendo lo que pides a la otra persona.

Jon: Al final, si estuviéramos describiendo nuestros hechos, no habría ninguna tensión.

Joaquina: La primera cosa para aprender a salir de la culpa es que la descripción tiene que ser en el momento en el que tienes el pensamiento. No puedes dejar que el pensamiento entre en el razonamiento. Si razonas ya estás perdido, porque el cerebro no acepta que tu razonamiento es ajeno a ti. Somos un montón de cosas porque en lugar de describir los hechos, los analizamos. En las peores cuestiones que haga un ser humano, nosotros no somos partícipes de analizarlas porque no somos esa persona.

179 Cómo perdonar a los demás

El gesto fue breve, pero llegó hondo. La cara de desprecio que fugazmente asomó en el rostro de la mujer no pasó desapercibida para el camarero que acababa de derramar cerveza sobre su precioso vestido rosa. Tampoco para nosotros.

Jon: Y… ¿Cómo perdonamos a los demás?

Joaquina: Independiente mente de que yo vea a todas las personas perfectas, tengo claro que el mundo entero rezuma mucha culpabilidad, dolor y malestar. Sitúate en el primer día de una persona a la que hayas amado profundamente. No importa que ha pasado luego con el amor, piensa en el primer día. Lo que viste ese primer día fue un maestro. Un maestro lleno de luz, lo cual no quiere decir que esa persona fuera perfecta. Quiere decir que lo que tú estés pidiendo de aprendizaje en ese momento, esa persona tiene las cualidades de ser tu maestro. No analices lo que la persona es, porque la persona no es, es lo que tú has puesto sobre ella.

Jon: Es cuando noté que la persona tenía unas características que yo necesitaba para crecer.

Joaquina: Sí, y ten en cuenta que cada uno crece como quiere. Unos crecen sufriendo mucho y otros divirtiéndose. Es tu decisión de crecimiento. Lo que es cierto es que esa persona, ante tus ojos, tenía unas características absolutamente maravillosas.

Jon: Así es.

Joaquina: Pero esa persona tiene su vida, que no es la tuya. Esa vida tiene comportamientos que están unidos a su vida personal. Unidos a su padre, a su madre, dónde pone y no las culpas… qué pasa en su vida. Cuando esa persona tiene comportamientos, tú te olvidas de la persona y le colocas el nombre de los comportamientos. Los personalizas. Es decir, te olvidas de diferenciar persona de comportamiento. La persona sigue siendo la misma, los comportamientos son los suyos. Cuando pasa un poco de tiempo, puede ser un mes, un día, o unas horas, empiezas a llamar a la persona por sus comportamientos: impaciente, egoísta, egocéntrico, no me quiere, no me hace caso, etc.

Jon: Efectivamente, no estamos hablando de la persona sino de sus comportamientos.

Joaquina:  Y, los comportamientos son universales, lo cual quiere decir que estás hablando de ti mismo.

Jon: Quieres decir que cada vez que personalizo en el otro, y digo que es impaciente, en realidad estoy hablando de que yo soy impaciente.

Joaquina: Y lo que estás haciendo con ello es echar fuera la culpa. Así que para liberar de la culpa a todas las personas que tienes cerca, solo lo puedes hacer aprendiendo la diferencia entre un pensamiento descriptivo, y un pensamiento personalista. Ahora tienes que descubrir cuál es el comportamiento que personalizas permanentemente. Cuál es el comportamiento que lanzas fuera continuamente, cuál es el comportamiento que aquella persona maravillosa, cuando lo tuvo, lo echaste fuera. Cuál es ese comportamiento con el que etiquetaste a la persona y en vez de respetarla, la llamaste con la etiqueta que tú llevas colgada en la espalda.

Jon: Me cuesta mucho aguantar el ritmo de los demás. O son demasiado lentos o alocados.

Joaquina: Te he visto conducir, y estás continuamente juzgando la pachorra de los que van delante. Pero ese es un comportamiento, la persona al volante es una persona. Los comportamientos son actitudes que tienen que ver con el devenir de nuestras propias actuaciones. Esa persona no es lenta, es lenta ¿comparada con quién? Haces todo el rato valoraciones personalistas de lo que deberías estar describiendo. Si a tu pareja le dijeses: “Yo hago las cosas en este ritmo, y cuando estoy contigo pienso que las hago más lentas, y a veces me enfado” no habría ninguna posibilidad de enfado.

Jon: Sin embargo, lo que hacemos es ir metiendo y metiendo, y un día saltamos: “Eres una lenta, una pachorra…”

Joaquina: Así acabas de convertir actuaciones en “ser”. Y el “ser” nunca actúa, el “ser” es. Esa es la diferencia. El amor no actúa, el amor es. Y cuando creemos que el amor tiene que hacer cosas concretas, estamos hablando de nuestras necesidades. El amor es amor y no está nunca fuera. La culpa es porque creemos que el amor está fuera. O lo tenemos nosotros o el que tienen los demás no lo podemos pulsar. No tiene materia, no tiene cuerpo, es absolutamente intangible, es espiritual, no se puede hacer cuerpo. Cada vez que queremos que nos amen de alguna manera estamos destruyendo el amor, porque estamos pidiendo algo que se llama comportamiento.

Jon: Sí, la persona se comporta a través de lo que siente, y no a través de lo que yo quiero que sea.

Joaquina: Estamos destruyendo el mundo porque no miramos ni por un instante lo que hay dentro de nosotros. Qué amor hay dentro de nosotros, y estamos todo el día que si nos quieren, que si no nos quieren, que si me hacen, que si no me hace… Haz tú lo que sientes. El amor no se puede compartir, solo se puede vivir. La experiencia de Dios no se puede compartir, solo se puede vivir. Puedes hablar de ella si quieres, pero el otro nunca la va a sentir como tú.

Jon: Pero es un poco frustrante no poder hablar de ello.

Joaquina: Puedes hablar de ello si quieres, pero el otro nunca la puede sentir como tú. Si buscas el amor dentro, y lo describes como tu lo entiendes está bien, pero no busques que el otro haga las cosas como tú estás esperando. Porque la forma de amarnos nuestro padre y nuestra madre, la forma de vivir nuestro entorno y nuestra vida no tiene nada que ver con la del otro. Te invito a que hagas una reflexión, con mucha humildad, para ver cómo quieres que el otro te quiera, cómo quieres que el otro se comporte contigo.

Jon: Me doy cuenta de que estoy poniendo tanta intención en que la pareja no sea ella, que es imposible que la pueda amar. Ha dejado de ser ella en aras de dar algo que no es suyo, que no es su estilo, ni su forma…

Joaquina: El caso es que vamos dando consejos a los demás, que además no nos aplicamos nosotros, de cómo vivir, comer, respirar… Y si no nos hace caso volvemos otra vez a personalizar: “Ésta es un poco torpe, no se entera de lo que tiene que hacer” Consejos que aplicamos siempre al otro y nunca a nosotros.

Jon: Entonces…

Joaquina: Entonces debemos hacer dos miradas profundas: Una para comprobar cuál es el comportamiento que nos pone de los pelos y, viendo que es nuestro, trabajar en cómo podemos hablar con las personas desde la descripción y no desde el personalismo. Así comprobarás que la culpa se va en horas. Luego ver a la persona, no familiar, a la que más culpas, para que te des cuenta de que estás lanzando un concepto personalista cuando debería ser descriptivo. Por ejemplo, la persona que te dejó, el jefe que no te atendió, el cliente que te robó… lo que sea. Si describes nada mas vivirlo nunca habrá culpa, si lo describes 5 minutos después ya habrá culpa.

Jon: Entonces en el momento que la cabeza empiece a pensar algo de alguien debo describirlo.

Joaquina: Sí, porque cuando piensas algo de alguien estás pensando algo de ti. Cuando lo sacas y lo describes, tu cabeza queda limpia. Busca cuál es la cualidad de la que más trabajo te cuesta describir.

Jon: Por ejemplo, mi impaciencia. Me cuesta mucho aceptar el ritmo de los demás. Pienso en la persona más lenta y soy incapaz de sacar la descripción de su persona.

Joaquina: Comprueba que si dices en el momento las cosas y las describes, no habrá posibilidad de rencor. Si la guardas, no hay posibilidad de perdón. Lo que hay en la cabeza, el cerebro piensa que es para ti, y cuanto más daño te haces a ti más crees que te lo ha hecho el otro. Es tan bonito, cuando describes, la cantidad de belleza que hay a tu alrededor, y sin embargo cuando personalizas la cantidad de miseria que ves es enorme. Es tan diferente la situación. Los estados descriptivos aíslan a la persona de hacer algo bueno o malo.

Jon: ¿Y en algo tan duro como una violación? ¿Cómo lo describes?

Joaquina: Puedes decir que esta persona ha hecho un acto de violación de la fuerza de otra persona. Le llamas violador, y tu cerebro adquiere la forma de un violador a los dos segundos. El cerebro no entiende que hables de algo que no eres. Cuando personalizas, el cerebro te llevará a que reconozcas que has violentado a alguien, de una manera diferente. Porque tampoco entiende de cuerpo, de emoción… Solo entiende de razón, es decir, de aprendizaje, y de expresión. Lo que dices cree que lo has aprendido. La dificultad es que creemos que somos cuerpo y emoción, pero no lo somos. El cuerpo es la vasija y la emoción es el movimiento de nuestra presencia divina. Ni el cuerpo ni el movimiento son divinos, son lo que yo utilizo para estar aquí. La voz, el movimiento y el cuerpo forman parte de la experiencia para estar con personas, mientras que la “mirada” forma parte de la experiencia para estar con Dios. Esa es la gran diferencia. A partir de ahí te das cuenta de la diferencia que existe entre estar mirando y aprendiendo, a estar mirando y personalizando. Has decidido que el comportamiento de una persona, que es algo físico, que es algo actitudinal, se convierta en el espíritu de la persona. Eso es inviable.

178 Liberarse de la culpa (II)

Joaquina: No hay ninguna persona en este mundo que, decidiendo algo físicamente, cuando lo rompe no se sienta culpable. “Debería no haber comido esto” lo como y en el interior hay culpabilidad. No hay nadie que no se sienta culpable cuando está criticando a una persona, criticándola a la espalda, cebándose en ella. También se siente culpable aquella persona que ha perdido su vida, no ha querido estudiar, y cuando ve a otras personas que lo han hecho y están en el éxito. Independientemente de que la culpa hay que trabajarla, debemos ver antes dónde hemos puesto la mediocridad de nuestro pensamiento. Dónde hemos dicho: “Dios no nos tocó” Dónde nos hemos recreado diciendo que nos falta algo. No es verdad, pero lo hemos pensado. De eso que nos falta, culpamos al mundo entero.

Jon: Así es, no de lo que tenemos, sino de lo que nos falta.

Joaquina: Tienes que ver de qué culpas al mundo entero, que crees que el mundo tiene y tu no estás lleno de ello, para que te des cuenta de que previamente tienes que ir a mirar dentro de ti qué ha pasado con esa cuestión. Y debes darte cuenta de que esa cuestión es tuya y no es de nadie.

Jon: Si entiendo bien, el proceso es primero descubrir dónde estoy, luego a ver cómo lo trabajo y después cómo se quita la culpa de los demás.

Joaquina: Si solo fuera… pero la culpa nos impide el crecimiento, nos impide el desarrollo, porque estamos culpando a alguien, y al estar culpando a alguien no estamos tomando medidas sobre nuestra vida. Eso es lo que nos aleja de Dios, cuando estamos todo el día comparándonos y preguntándonos por qué este gana lo que gano y yo no.

Jon: ¿Dónde nace la culpa?

Joaquina: En estar mirando fuera de nosotros. En valorarnos sobre cosas que no nos interesan. No me interesa la vida de mi hermano. Yo no quiero ser mi hermano. Me he dado cuenta tarde, pero me he dado cuenta. También me he dado cuenta de que no quiero ser ni mi madre ni mi padre, que quiero ser lo mejor de los dos, y me he estado fijando siempre en lo peor de los dos. A uno le culpaba de una cosa y al otro de otra.

Jon: Lo que estás diciendo es que la primera cosa para dejar la culpa es salir de la vida de los demás y empezar a mirar nuestra propia vida.

Joaquina: Sí, y eso se lo deberíamos transmitir a nuestros hijos, viéndolos como individuos separados, sin compararles con nadie, ni con vosotros no con nadie. Mira cuál es tu mayor fortaleza, hazla crecer y comunícasela a tu hija. Mira a ver cuál es la mayor fortaleza de su madre, estés con ella o no, y que se desarrolle en ella. Y si tiene hermanos, haga las cosas mejor o peor, nunca lo compares con él porque le destrozas la vida. Mira cómo lo haces tú, mira como eres tú, piensa como lo haces tú. Piensa cómo eres tú, cómo de grande eres tú. Cómo de grandioso eres. Porque, en realidad, el ejercicio es que te des cuenta de que si tienes una cosa, si eres listo es porque quieres llegar a ser inteligente. Es un camino. Si eres inteligente es porque quieres llegar a ser sabio.

Jon: ¿Me lo puedes explicar con el ejemplo de la inteligencia y la listeza?

Joaquina: Si eres inteligente, ya has pasado de lo de listo. El concepto de listo es un concepto de viveza. El concepto de inteligencia es la aplicación de la viveza. Un gitano es más listo que yo, para algunas cosas, para otras igual no. Pero él necesita una serie de cosas para vivir y yo necesito otras. Yo no necesito la listeza de un gitano para vivir, porque no he nacido gitana. Necesito la listeza de un ser humano que tiene la inteligencia aplicada a un concepto de vida. Y cuando he superado la listeza empiezo a entender lo que es la inteligencia. La aplicación de la inteligencia te hace sabio. Si tienes un 6 de inteligencia y la aplicas, tienes un 6 en sabiduría. No tienes que tener la sabiduría de Einstein ni de nadie, tienes que tener la tuya propia. Y eso configura tu nivel racional. Pero cuando tienes soberbia, cuando quieres saberlo todo, cuando el concepto de aprender está por debajo del concepto del saber, no puedes salir de la culpa.

Jon: Entonces para salir de mi culpa racional, el concepto que debo tener en la cabeza es el de aprendizaje continuo.

Joaquina: Sí, y no importa el parámetro del que partas. 0,1 te vale para empezar a salir de la culpa. Cuando el cerebro está utilizado hacia el aprendizaje, no te permite sentirte culpable. La culpa anula la serotonina, que es lo que te permite aprender, disfrutar haciéndolo… Con que pongas un 1% de aprendizaje sobre algo que te interese, y no importa qué, únicamente no te tienes que comparar con lo que le interesa al otro. Cuando el aprendizaje sea personal y no transferible, cuando aceptes que hay maestros que saben más y que hay personas que saben menos que tú, la culpa racional desaparecerá.

Jon: Y esta dijiste que era la culpa que más nos separaba de Dios.

Joaquina: Sí, porque en vez de utilizar nuestro cerebro para el bien, lo utilizamos para el mal, para destruir el bien que tienen los demás. La envidia está en el mundo racional. Esta es la mayor envidia, la inteligencia, la capacidad, la estrategia que tienen otros… Luego, en el campo Expresivo es aplicar lo que hemos aprendido en acciones. Lo que vamos aprendiendo nos permita tomar decisiones, y que lo vayamos comunicando.

Jon: Quiere esto decir que si lo que aprendemos no lo ponemos en acciones ¿no saldremos de la culpa?

Joaquina: Si cuando tenemos acciones no las analizamos para llegar a decisiones, no vamos a salir de la culpa, porque hemos tenido experiencias equivocadas y seguimos cometiendo los mismos errores. Cuando tenemos muchos conocimientos, o muchas experiencias, o mucho de algo, y no lo compartimos, no lo comunicamos, nos vamos a sentir culpables. Porque hay una llamada interior a compartir y colaborar con los demás. El ejercicio de salir de la culpa del campo racional y expresivo es muy fácil, ya que por naturaleza somos seres racionales y expresivos. Eso sería llegar a nuestra plenitud personal, y esto solo se puede liberar con una decisión clara de hacer un plan de aprendizaje: Qué grado de listeza tengo hoy, qué grado de inteligencia quiero tener mañana, y qué grado de sabiduría.

Jon: ¿Y es algo que hay que hacer a diario?

Joaquina: ¿Qué te cuesta preguntarte cada día en qué eres listo, en qué inteligente y en qué sabio? Eso es estar conectando continuamente con la experiencia de lo que tenemos y de lo que somos, no de lo que queremos tener o de lo que pueda tener otra persona.

Jon: Entonces la culpa en el plano expresivo ya está fuera, ya la hemos lanzado a los demás. Y la culpa en el plano racional que está dentro y no se la podemos lanzar a nadie. Es decir, aunque estoy mirando a otra persona porque la veo más inteligente, no puedo salir de mi.

Joaquina: La inteligencia es común al ser humano, cuando estoy hablando de otro, estoy hablando de mi. Yo ya se perfectamente que si no soy inteligente es porque no estoy aprendiendo, porque yo no quiero aprender. La conciencia del aprendizaje está en mi. Lo mismo que si no estoy cambiando es porque no quiero. Lo racional y lo expresivo es nuestro, no es de nadie, y no lo podemos transmitir a otros. No podemos pasar la culpa de no estar aprendiendo a otra persona. Podemos sentarnos y decir: “Yo no soy tan inteligente como mi padre, así es mi hermano. Yo soy como mi madre” Pero antes de acabar de decirlo, ya tengo la respuesta: “Mi hermano empleó el tiempo en aprender de los conceptos de mi padre. Yo no” Lo cual quiere decir que no es que no tenga la inteligencia de mi padre, es que yo no he querido aprender de la inteligencia de mi padre, porque requería un esfuerzo que no me interesaba.

Jon: Entonces cada vez que hablamos de la inteligencia o de cualquiera de los valores, comparándonos con un padre o el otro, debo comprender que, si hubiese querido aplicar lo que hacía uno, hoy estaría en otro lugar.

Joaquina: Eres totalmente responsable de hasta donde has llegado. El aprendizaje no exige inteligencia, exige observación, solo observación. Dios nos ha dado la capacidad de observar y si no la hemos empleado es porque no hemos querido. La inteligencia no tiene nada que ver con Coeficiente Intelectual, el cerebro de todos los seres humanos es igual. Tienen estímulos diferentes, pero no son diferentes. Si pones el foco en aprender algo te quedarás maravillado de lo rápido que lo haces simplemente con que observes. Por pura observación. Eso es lo importante, que observáramos nuestras cualidades, que observáramos lo grandes que somos, la capacidad que tenemos de conectar las cosas, la capacidad de hacerlas, que no estuviéramos todo el tiempo pensando lo que no somos.

Jon: Para salir de la culpa, tengo que valorar mi nivel de listeza hoy, y ponerme un nivel de aprendizaje para llenar de inteligencia. Y te aseguro que en muy poco tiempo habrás aprendido cosas que parecen increíbles.

Joaquina: Sí, pero no se aprende de los libros, se aprende de la vida y se confirma en los libros. El libro lo escribió alguien que lo vivió. Si vamos mirando la experiencia, luego la podemos escribir. Si estamos aprendiendo de la experiencia, la podemos escribir. El mayor aprendizaje es sobre nuestra propia existencia, sobre nuestra propia capacidad. Cuando abrimos nuestros ojos a la capacidad, los abrimos a llegar más allá. La primera comparación cerró el cerebro. Una persona triste no puede aprender. Estas dos condiciones exigen alegría. Una alegría interior profunda: la alegría de creer en nosotros mismos. La alegría de conectar con nuestra alma limpia con nuestra alma pura. No es la alegría de reírnos, de tomarnos unas copas o hacer unos chistes. Es la alegría de dentro, cuando tienes la sensación de haber cumplido lo que debes cumplir.

Jon: Entonces, abro la espita del aprendizaje, surge la alegría, y el aprendizaje se hace de inmediato, fluyo, me siento bien, noto que cambio, que aprendo…

Joaquina: Sí, eso es lo que es grandioso.

177 Liberarse de la culpa

Joaquina: El sueño de las personas que queremos avanzar es no estar todos los días dándole vueltas a cosas que no tienen solución. La culpa es una de esas cosas que miramos sin darle una solución.

Jon: Recuerdo del taller de Las Culpas que el primer problema con la culpa es con Dios, es decir nosotros mismos, el segundo con los padres, es decir, con nosotros mismos, y el tercero con los hermanos, es decir, también con nosotros mismos.

(Ver posts de 160, 161, 163 y 164 “Culpar”)

Joaquina: Imagínate un cuadro donde, en la parte superior está el Amor. Justo debajo está la gran duda sobre el amor de Dios.

Jon: ¿Dudamos de si Dios nos ama o de si nosotros amamos a Dios?

Joaquina: Ambas cosas. De lo que culpamos a Dios es de la experiencia corporal. Ahí está la culpa que compartimos con Dios y con nosotros. Por un lado, le echamos la culpa a Él, pero nos damos cuenta de que los que hemos dudado hemos sido nosotros. Como la culpa es insoportable, siempre necesitamos sacarla fuera, necesitamos buscar una justificación.

Jon: Una dis-culpa.

Joaquina: Entonces llegamos a la conclusión de que hemos sido encarnados porque nuestros padres nos han hecho. La culpa es de nuestros padres, y solemos balancear la culpa más a uno que a otro. Generalmente a uno le disculpamos, que es lo mismo que culparle, pero no lo parece, y al otro le culpamos directamente. A uno le tenemos inquina y a otro un poco menos.

Jon: Claro, pero a nada que miremos nos damos cuenta de que el follón lo estamos organizando nosotros…

Joaquina: Por eso, abrimos otra vez la puerta y decimos: “la culpa, en realidad, es de todos los demás” y lo centramos en los hermanos. Pero es muy paradójico, porque como crees que un padre es más culpable que el otro, al hermano que se parece a ese padre le tenemos crucificado ya totalmente.

Jon: Y los hermanos son como las parejas ¿no? Vale, y para librarnos de todo este batiburrillo ¿qué tenemos que hacer?

Joaquina: Lo primero es ir a la parte superior del cuadro, al Amor, y ver en qué fallamos en el Amor. Ver cuál es la partícula de nuestro amor que falla. Pero no hacia los demás, sino hacia nosotros mismos. Imagínate que donde fallas al Amor es “X”. Luego, con mucha tranquilidad dices que lo has aprendido de tus padres. Y les echas la culpa. Pero, en realidad, la culpa de todo esto la tiene este hermano, o esta pareja, o este amigo, o el gobierno… Trabaja en el Amor, ahí es donde está la solución. Me separo del Amor porque sentía que no era querido, no era completo, que alguien no te dio la sonrisa, no te dio la delgadez, la inteligencia, la dulzura… cualquier cosa por la que le reclamas a Dios no haberte hecho perfecto.

Jon: Así es ¿Por qué no puso la dosis de perfección en todos? ¿Por qué puso un trocito a cada uno?

Joaquina: Todo eso es lo que va construyendo la culpa y tenemos que quitarla de los tres planos, para lo cual simplemente nos tenemos que quedar en el Amor. El ejercicio es darnos cuenta de que toda la historia que tenemos con la culpa, en realidad es por no sentirnos plenos.

Jon: Por no serlo y por no ver a los demás que lo sean ¿no?

Joaquina: Piensa en los cuatro planos: El físico, el emotivo, el racional y el experiencial. La primera revisión es preguntarte en qué no te sientes pleno con tu cuerpo físico. Una palabra. Luego en qué no te sientes pleno en tu cuerpo emotivo. En qué no te sientes pleno en tu cuerpo racional, y en qué no te sientes pleno cuando te experimentas o te expresas. La primera parte tiene que ver con el “hacer” Te empiezas a dar cuenta de que hay personas que tienen una capacidad para hacer cosas, que les resulta fácil, y a otras personas les resulta más difícil.

Jon: Esta parte del hacer deberíamos considerarla en el plano del cuerpo.

Joaquina: También nos damos cuenta de que hay personas que tienen una capacidad innata de tener una economía rica. También en ese plano está todo lo que tiene que ver con la economía. Por último, vemos la complexión corporal: si somos altos, bajos, rubios o morenos.

Jon: Esta sería la primera parte de la culpa. Culpamos a personas que tiene facilidad para hacer cosas. No es mi caso, yo tengo una habilidad manual bastante desarrollada.

Joaquina: Sí, he visto tus maquetas. Luego está la fuerza, cuando somos pequeños, que de mayores es el dinero. Y esto empieza cuando somos pequeños y nos comparan con otros hermanos: eres más o menos fuerte, hábil, guapo… En ese momento miras a tus padres, ves el que es como tu hermano que hace bien las cosas, y le señalas culpándole de haber pasado algo a tu hermano y a ti no. Por último, en el plano físico, está la configuración corporal. Cuando tu cuerpo físico no funciona en una de estas tres cosas, mira a ver a quién culpas.

Jon: Pes seguro que si lo que no te gusta de tu cuerpo lo tiene uno de tus padres. A ése es al que culpamos de haberlo transmitido genéticamente.

Joaquina: Cuando hablamos de emociones, está la capacidad de mantener los sentidos despiertos. Tenemos que darnos cuenta de que, a veces, venimos con lesiones o dificultades, necesidad de gafas, sentido del oído mal… En segundo lugar, en este plano está la aceptación de las emociones, si las nuestras son o no más entendidas o reconocidas que las de otros. Por último, cómo se reparte el afecto en la familia: cómo tratas a uno o al otro.

Jon: ¿Podemos decir que en el plano físico es cómo hemos sido reconocidos y en el plano emotivo se refleja cómo hemos sido aceptados?

Joaquina: Así es. En el primero están los comportamientos, y en el segundo la marca personal. Muchísimos de nosotros no perdonamos que no tenemos el carisma de uno de nuestros padres. La realidad es que muchos de nosotros hemos perdido el carisma por compararnos con algo que nunca podríamos llegar a ser. Como adultos que somos debemos analizar si culpamos a los demás de comportamientos que hemos aprendido, o nos sentimos bajos de carisma y vemos que alguien de la familia lo tienen y nosotros no.

Jon: Me imagino que cuando hablas de carisma te refieres a la cualidad de conectar con la gente, de hacer rápidamente un montón de amigos, de relacionarse muy bien… Yo con mi timidez me costaba la vida hacer amigos y mi hermano tenía a patadas.

Joaquina: Pues el sentimiento de culpa con el carisma anula nuestro prestigio personal, con los celos, la comparación, ese estado continuo de estar mirándonos en las caras de los demás. Entrando ya en el plano racional el dilema está en el concepto de inteligencia que tenemos unos y otros. Si tenemos problemas de aprendizaje vamos a pensar que le han dado la inteligencia a uno y a otro no. Y hay tres niveles: listo, inteligente y sabio. Hay una gran diferencia entre ser listillo y ser inteligente. El concepto de sabio es interesante. Normalmente los chicos no se suelen liar con las tonterías con las que se lían las niñas. Las mujeres, en general, tenemos cosas muy buenas que nos cuesta mucho aplicarlas, que es aplicar lo que somos, y no estar todo el día revolviendo con lo que es otro. Los hombres suelen ser más prácticos y aplicar más lo que son. El hombre tiene más capacidad de ser más ligero en su razonamiento y no estar enredando en cosas como nosotras. Nuestra sabiduría se queda bastante limitada por esa necesidad de retorcer lo que no es posible retorcer más.

Jon: Ahí es donde echamos la culpa al padre más inteligente, y creemos que no nos ha pasado el virus de la inteligencia.

Joaquina: El último plano es el expresivo. Este campo tiene que ver con tres niveles de expresión: La expresión de acciones, la expresión de decisiones, y la expresión comunicativa.

Jon: ¿Es lo mismo hacer que actuar?

Joaquina: No, esto no es hacer, es tener un proyecto y actuar sobre él, tomar decisiones de gran contenido y la capacidad de comunicar lo que se piensa, de decirlo sin problemas. En el plano racional está la capacidad de aprendizaje y en este la capacidad de cambio.

Jon: ¿Para qué hacemos todo esto?

Joaquina: Para ser muy conscientes de que la culpa está soterrada en estas variables a las que hemos dado cuatrocientas vueltas para enredar y pensar que el Padre no nos ha dado las cosas que nos merecemos. Y tenemos que descubrir en qué lado de todos estos enredamos. De verdad, de verdad, enredamos en una sola cosa, las demás son aleatorias. La mayoría de la gente que yo trato enreda en la soberbia de querer ser inteligente pero no querer hacer el esfuerzo de la inteligencia. La inteligencia es la reflexión, es el estudio, es el análisis, es ir más allá de lo obvio, son muchísimas cosas. Pero la persona prefiere estar en las emociones que meterse en el mundo del análisis, y cuando ven a una persona que aplica, que tiene resultados más rápidos, aparece el desprecio personal. Estos dos campos son los más duros con los que me encuentro y en los que más e culpa a los padres por no haber hecho una transmisión de inteligencia, y de no haber dado el concepto de la seguridad personal, del poder expresarse, etc. ¿Cuál de los cuatro campos está destrozando tu vida?

176 Los luminares

Un luminar es alguien que sirve de ejemplo, encarnando lo mejor que se puede lograr. Nuestra madre nos da el primer modelo concreto del instructivo cuidado de uno mismo que significa la Luna, nuestro primer ejemplo de lo que es posible lograr. Pero la Luna, el luminar que nos enseña a cuidar de nosotros mismos de acuerdo con nuestras propias y peculiares necesidades, está en última instancia dentro de nosotros, y puede enseñarnos –si nuestra experiencia inicial no fue “suficientemente buena”- a sanar nuestras heridas, de modo que finalmente podamos confiar en la vida.

Hay algo dentro de nosotros que lucha contra la total dependencia y la fusión de la infancia, y que nos va guiando por el camino largo y espinoso que nos lleva a convertirnos en seres independientes con poder sobre nuestra vida. Pero la autonomía y la autenticidad son solitarias.

El Sol y la Luna simbolizan dos procesos psicológicos básicos, pero muy diferentes, que actúan dentro de todos nosotros. La luz lunar que nos seduce para hacernos volver a una fusión regresiva con la madre es también la luz que nos enseña a relacionarnos, a cuidar de nosotros mismos y de los demás, a pertenecer, a sentir compasión. La luz solar que nos conduce a la ansiedad, el peligro y la soledad es también la luz que nos instruye sobre nuestra divinidad oculta y sobre nuestro derecho a ser orgullosos cocreadores del universo de Dios. Encontrar el equilibrio viable entre estas dos luces, una conjunción alquímica que rinda honor a ambas, es el trabajo de toda una vida. La diferenciación del yo a partir de la fusión con el mundo de la madre, de la naturaleza y de lo colectivo nos permite alcanzar la razón, la voluntad, el poder y la capacidad de elegir.

El ciclo lunar, perpetuamente cambiante y sin embargo constante, ha servido para cristalizar a su alrededor un conjunto de mitos muy característico. Es muy frecuente que las deidades lunares, que son habitualmente femeninas, aparezcan formando tríadas, o con tres aspectos que reflejan las tres fases diferentes de la Luna: la nueva, la llena y la creciente.  Si jugamos con las imágenes que evocan estas tres fases, podremos ver cómo la Luna nueva, la traicionera Luna negra, estaba asociada con la muerte, la gestación, la hechicería, y con la diosa griega Hécate, que presidía los nacimientos y la magia negra.

Después de su oscurecimiento, aparece la Luna creciente, delicada, virginal y prometedora, con su apariencia de estar preparada para dejarse fecundar por algo. Tiene la forma de un tazón, abierto a aquello que pueda penetrarlo desde fuera. La Luna creciente se vinculaba con la diosa virgen Perséfone, que fue secuestrada por Hades. La Luna llena, en contraste, tiene cierto aire de embarazada; es redonda y jugosa, lozana y madura, y podría dar a luz en cualquier momento. Es la Luna en su máximo poder, la cúspide del ciclo lunar, y estaba asociada con Deméter, la diosa de la fertilidad, la madre de todas las cosas vivientes.

Después la Luna comienza a menguar, adelgazando y oscureciéndose, hasta que de pronto deja de estar ahí. Hécate, la vieja bruja, recupera una vez más el poder; oculta en el mundo subterráneo, urde hechizos y va devanando el futuro desde la oscuridad.

Las deidades lunares presidían el ciclo anual de la vegetación, y también el ciclo humano de nacimiento y muerte. Así, en el mito, la Lunas rige el ámbito orgánico del cuerpo y los instintos, y por eso estas deidades son generalmente femeninas: porque del cuerpo femenino nacemos todos, de él recibimos nuestro primer alimento. Vista a través de la Luna, la vida no es constante ni eterna. Todo está en un estado de fluencia, atado a la rueda de la Fortuna y del Tiempo.

Las personas con la visión a través de la lente lunar ven la seguridad, la firmeza y el calor del contacto humano mucho más relevante que cualquier búsqueda abstracta de significado, porque la vida está tan llena de fluencia que es preciso hacerle frente día a día. Estas personas están especialmente dotadas para mantener los pies en la tierra y tratar con sus circunstancias y con los demás de una manera sensata, tranquilizadora y compasiva. El problema estaría en quedarse atascado ahí y no poder mirar sus circunstancias personales inmediatas.

GEA y DEMÉTER son antiquísimas diosas de la tierra, pero Gea es la mayor. Deméter es una versión más tardía y humanizada de la misma figura. La diosa de la tierra, o la tierra madre, es en realidad una imagen del principio de animación de la naturaleza, de la fuerza vital inteligente y determinada que late en el seno del universo material, y se la ha asociado desde tiempos remotísimos con la Luna. La madre tierra es, pues, un retrato mítico de nuestra experiencia de la vida corporal, que está más allá de nuestro control.

Como el cuerpo se autogobierna –no tenemos que preocuparnos por respirar, ni cuidarnos de si nos lata el corazón, ni pensar en digerir la comida -, a la mentalidad primitiva le parecía que era algo mágico. Y lo sigue siendo, porque, aunque ahora tengamos considerables conocimientos sobre cómo funcionan los diversos órganos, no estamos en modo alguno más cerca que hace seis mil años de comprender realmente la naturaleza del principio vital que nos anima. Eso sigue siendo un gran misterio. La complejidad y la inteligencia del cuerpo son extraordinarias.

A Gea y Deméter se las pinta en el mito como creadoras de los recipientes (cuerpos) necesarios para la continuidad física del mundo y les infunden vida. En el Antiguo Testamento es Eva, la primera mujer, cuyo nombre en hebreo significa “vida”. 

Deméter se representaba como una bella mujer de cabello dorado y vestida con una túnica azul, o como una matrona sentada. Se la veneraba como a una diosa madre, concretamente como madre de las cosechas y de la doncella Perséfone. La historia de Deméter y de Perséfone se centra en la respuesta de Deméter al rapto de Perséfone por el hermano de aquélla, Hades, dios del mundo subterráneo.

Como arquetipo es de la madre. Representa el instinto maternal, realizado a través del embarazo o mediante el suministro de alimente físico, psicológico o espiritual a los demás. Este poderoso arquetipo puede dictar el curso que tome la vida de una mujer, tener un impacto significativo sobre las demás personas de su vida o predisponerla hacia la depresión si lo rechaza o se frustra su necesidad de nutrir.

Ser madre es el rol más importante de su vida. Este arquetipo motiva a las mujeres a nutrir a los demás, a ser generosa y a dar, y a encontrar, satisfacción como cuidadoras y proveedoras. Abrazan profesiones de entrega y ayuda a los demás. Algunas proporcionan de manera natural alimentos tangibles y cuidados físicos, otras ofrecen apoyo emocional y psicológico, mientras que otras dan alimento espiritual. Alimentar a los demás constituye otra satisfacción. Le agrada preparar grandes comidas para la familia e invitados.

La persistencia maternal es otro de los atributos de Deméter. Tales madres se niegan a ceder cuando está en juego el bienestar de sus hijos. La obstinación, paciencia y perseverancia son cualidades de Deméter. Cuando el arquetipo de Deméter constituye una fuerza poderosa, y una mujer no puede realizarlo, más que encolerizarse o dirigirse de manera activa contra las personas a las que considera responsables, ella tiende a hundirse en la depresión. Se aflige y siente su vida carente de sentido y vacía.

El aspecto destructivo de Deméter se expresa reteniendo lo que otros necesitan. Con el recién nacido retiene el contacto físico y emocional, así como el alimento que necesita. Están gravemente deprimidas y presentan síntomas de hostilidad. Retener la aprobación, tan necesaria para la autoestima de un niño, también está conectado con la depresión. Ella vive la autonomía de un hijo como una pérdida emocional propia. Se siente menos necesitada y rechazada, y como resultado puede estar deprimida y enfadada.

En sus relaciones es nutridora y protectora, útil y generosa. Proporciona todo lo que se necesita. Los demás la describen como alguien que tiene los pies en la tierra, puesto que va haciendo lo que debe hacerse con una mezcla de calidez y de sentido práctico. Suele ser generosa, directa, altruista y leal a personas y principios, hasta el punto de que algunos pueden considerarla obstinada. Posee fuertes convicciones y es difícil hacerle cambiar de opinión.

De los hombres lo más común es que piensen que son como niños y posiblemente serán inmaduros e irresponsables, egoístas y desconsiderados. Su falta de consideración suele herirla y enfadarla, pero si en esas ocasiones él le dice que ella es la única persona de su vida que realmente se preocupa de él, todo es olvidado de nuevo.

Son capaces de ser unas madres estupendas o terribles, pero en cualquier caso absorbentes. Cuando sus hijos adultos le manifiestan resentimiento, se siente profundamente herida y confusa. Sólo es consciente de sus intenciones positivas, no de los elementos negativos que envenenaron su relación con ellos.

Sus años de la mitad de la vida son absolutamente cruciales, aunque ella puede no ser consciente de la importancia de organizar su propia vida para los años venideros. Sus hijos están creciendo, y a cada paso que dan para su independencia se pone a prueba su capacidad para renunciar a la dependencia que tienen de ella.

Durante los últimos años de su vida suelen entrar en una de estas dos categorías: Las que encuentran esta etapa muy gratificante. Son mujeres activas, ocupadas, que han aprendido de la vida y que son apreciadas por los demás por su sabiduría práctica y por su generosidad. Habrán aprendido a actuar de modo que las personas no se aten a ellas o se aprovechen. Tales mujeres han fortalecido su independencia y el respeto mutuo. Los hijos, nietos, clientes, estudiantes o pacientes, que abarcan varias generaciones, pueden quererlas y respetarlas.

El destino opuesto le sobreviene a la mujer Deméter que se considera a sí misma como una víctima. En estos últimos años se identificará con la Deméter atormentada, traicionada y colérica que se sentó en su templo sin permitir que creciera nada. Se dedicará a envejecer y amargarse cada vez más.

A lo largo de su vida debe aprender a expresar su cólera y salir de la depresión. Debe aprender a decir no cuando alguien requiere su atención o su ayuda y no dejar de reservarse un tiempo para ella misma. Al final el instinto de nutrir puede agotar a una mujer que se encuentra en una profesión asistencial y puede llegar a “quemarse” y a que se manifiesten síntomas de fatiga y apatía.

El cansancio, los dolores de cabeza y menstruales, los síntomas de úlcera, la subida de presión sanguínea y los dolores de espalda son corrientes en estas mujeres que no saben decir no, o expresar su enfado por excesivo trabajo. También constituyen expresiones de una pequeña depresión crónica, ella no puede protestar eficazmente, reprime su enfado y está resentida contra la situación producida por el proceder de Deméter.

Sanación de Démeter:

  • Preocuparse de su pareja como tal, no actuar como mujer protectora o madre.
  • Esforzarse por salir con su marido sin hijos.
  • Ser más femenina y sexy. Vivir sus encantos y un mundo intimista.
  • Respetar los ritmos de los demás y no organizarles su tiempo.
  • Dejar de controlarlo todo y estar convencida de que ella sabe más y mejor que nadie.
  • Aprender a expresar sus estados emocionales más primarios y no reprimirlos lo que la lleva a la depresión.
  • Reconocer sus estados defensivos e irritables contra las personas que ama.
  • Interiorizar en si desde si misma y no desde los otros.
  • Aprender a decir no para no sentirse martirizada.
  • Aprender a cuidarse a si misma, comer y vivir lo mejor sabiendo que se lo merece y participar de todo junto a su familia. Alejarse de los comportamientos de “criada”.
  • Buscar tiempo para actividades en solitario.
  • No hablar de sus hijos con otras personas. Ni los aspectos positivos o menos favorables.
  • Debe retornar al arquetipo que tenía en la juventud y transcender también desde él.
  • Dejar vivir y permitir la autoafirmación de los que la rodean.

Deméter puede emerger de un período de sufrimiento con una mayor sabiduría y comprensión espiritual. Una mujer así aprende que le es posible vivir superando cualquier hecho que le suceda.

¡FELIZ DÍA A TODAS LAS MADRES!

(Rompiendo el modelo diálogo en un especial reconocimiento a todas las madres, este texto proviene de dos fuentes: “Los luminares” seminarios de astrología psicológica de Liz Green y Howard Sasportas; y de “Las diosas de cada mujer” de Jean Shinoda Bolen)

175 Negociación y temperamentos (II)

Joaquina: sería muy interesante que te dieras cuenta de cómo es la voz del colérico. Su voz es metálica. La del sanguíneo es más suave. El colérico genera tensión y el sanguíneo la suaviza. En la negociación, los de enfrente piensan que al sanguíneo le van a ganar, porque él no tiene el poder. El poder está en el colérico y en el melancólico. Al sanguíneo y al flemático, como no tienen el poder no les pueden ganar. Lo que no puede saber tu contrario es que el sanguíneo y el flemático están anulados para tomar decisiones.

Jon: Entonces, cuando vas a una negociación ¿tienes que tener destruida totalmente la capacidad de decidir en el sanguíneo y en el flemático?

Joaquina: Sí. El flemático va a decidir demasiado rápido para quitarse de en medio el problema. Y al sanguíneo lo que menos le interesa es si gana o no gana, lo que le interesa es pasárselo bien. Y entonces va a ceder los millones que sean si el otro le cae bien. Sin embargo, para el colérico el colega está después del resultado.

Jon: ¿Y el melancólico?

Joaquina: El melancólico jamás va a hipotecar una negociación ni por relaciones ni por nada, porque él lo que quiere es la realidad, la va a defender, va a defender lo que es. Lo que es bueno es que ellos cuatro hagan una estrategia. No es que decidan por si mismos, sino que acaban y se reúnen. Él sanguíneo dice quién es el más agradable, el flemático hace el resumen, el melancólico dice lo mejor y lo peor, y el colérico dice: “nos estamos yendo, tenemos que cortarles la cabeza ya, esta negociación hay que acabarla…”

Jon: ¿Y cuando estás solo ante el peligro?

Joaquina: Piensa que eres los cuatro. Ten claro que en una negociación el foco está en la tarea, comunicación concreta, qué quiero decir, ni una palabra más. La negociación es para personas, ¿quien tiene que conciliar? Tu parte amable. La que sabe que la relación no es para ahora, porque debes hacer relaciones de largo recorrido. No intentes ganar pronto, gana relaciones. Las relaciones son lo importante. Y el sanguíneo lo sabe. Y le dice a tu colérico “es muy bueno que ganemos 15 millones, pero si eso nos va a llevar a no tener relaciones humanas ¿nos merece la pena?” El colérico dice que si, pero el sanguíneo dice que no.  Es muy difícil que en una negociación un sanguíneo sano se enfade con la gente. Su voz va a ser deliciosa, va a ser muy crítico, pero va a llegar a casa y va a varear a la mujer, la va a gritar, etc. pero en la negociación no. El sanguíneo se va a relajar tomando cuatro copas después o gritando a la parienta, porque los sanguíneos en casa son tela, pero fuera no. Fuera tu sanguíneo siempre va a conciliar.

Jon: Vamos a negociar con la pareja, con los amigos, con todo, teniendo todo esto dentro. Y me planteo: ¿Cómo lo tengo distribuido para la negociación? ¿Cuán lejos tengo al colérico? ¿Cuán lejos tengo al melancólico? ¿cuán lejos tengo al flemático? Así sabré cómo los tengo que sacar.

Joaquina: El melancólico y el colérico igual hacen una negociación solos. Y no ha salido el sanguíneo, porque no has pensado que se necesitas. Melancólico y colérico haciendo una negociación se rompe la relación, no es para largo recorrido. Sanguíneo y flemático no llegan nunca a hacer la negociación, o la negociación no sabemos para quien vale. Sería muy bueno que vieses que estas cuatro partes son un equipo de alto rendimiento, que es cómo acudir con la competencia práctica, la competencia psíquica, la competencia intelectual y la competencia verbal. Y luego juntas haces la integración que es la competencia social, que es lo mejor para nuestra sociedad y para nuestro equipo.

Jon: Mi amigo Pablo es de libro: Empieza con el sanguíneo, y coloca inmediatamente al melancólico que es el que sabe lo que vale y lo que no vale. Tiene una capacidad de meter al melancólico con el sanguíneo que yo he visto en muy poca gente. Del melancólico saca el analítico, el que le hace ver lo positivo y lo negativo a la vez, ahí puesto. Y luego el flemático, que tiene una paciencia ilimitada. Nunca le vi sacar el colérico, y que estoy seguro de que lo saca. Pero empieza con el sanguíneo, empieza cuidando la relación profundamente. No pierde el foco de lo que quiere, pero cuida la relación.

Joaquina: Ahora te pido que hagas una reflexión de cómo piensas que tienes tu sistema para negociar cualquier cosa. Esto es lo que te permite tener pareja, tener negocios de éxito… Ser capaces de tener buenas relaciones, mantener criterios de largo recorrido. Esto está dentro de nosotros siempre. Debes conocer estas cuatro posiciones para poder manejarlas en la negociación. Ver cuál es tu preferente y ver qué tienes que hacer con él para mantener la negociación.

El cuadro del equipo de alto rendimiento en la negociación es el siguiente:

174 Negociación y temperamentos

Estamos en un mercadillo de Tailandia. Observo unos cubiertos de madera y pregunto el precio. Inmediatamente Joaquina se adelanta, y sin perder un segundo su cálida sonrisa, empieza a negociar con la mujer que las vende. Cuando consigue el precio que quiere, me entrega los objetos, se vuelve y le da a la mujer 4 veces más de lo acordado. El placer de negociar se me escapa, yo habría pagado el dólar inicial y me habría ahorrado el tira y afloja.

Joaquina: Casi todas las personas pensamos que negociar tiene que ver con los negocios y no tiene que ver con vivir. Y la negociación es vida. Sólo aquella persona que sabe negociar llega a tener éxito en su vida personal. Porque negociar es estar permanentemente dispuesto a que la otra parte gane.

Jon: Siendo esto así, ¿qué implica negociar?

Joaquina: Negociar exige 4 cosas importantes: Tener claros los objetivos. Saber que los objetivos tuyos se encuentran con otros cientos de objetivos. Sólo aquel que conoce bien lo que quiere y lo que quiere el otro puede negociar. Por último, para negociar es necesario que movilices tu ser del espacio de confort al espacio de inseguridad.

Jon: A mí lo que me pasa es que negocio fatal pues me crea mucha inseguridad pensar que voy a perder y no conseguir lo que quiero.

Joaquina: Toda negociación va a generar un espacio de inseguridad. Ya sea una negociación fácil, una negociación difícil. Las negociaciones más duras que yo vivo, las que más trabajo me cuesta enseñar son las rupturas de pareja, sobre todo cuando hay hijos. Son en las que más sufro, en las que más daño colateral existe y por lo que me dedicaría a negociar todos los días de mi vida. Pero hay 4 imponderables, que se llaman ser colérico, sanguíneo, flemático o melancólico. Y estos imponderables están en una negociación nos guste o no.

Jon: Esos son los temperamentos.

Joaquina: Nosotros tenemos 5 competencias. La competencia práctica que nos permite hacer cosas. La competencia psíquica que nos permite relacionarnos con la persona que vamos a negociar. La competencia intelectual que nos permite hablar con el otro en un argot que podamos ser entendidos. La verbal que nos hace tener palabras de una elocuencia casi imparable. Por supuesto, la social que nos hace buscar colaboraciones.

Jon: ¿Qué pesa más en la negociación, la competencia o el temperamento?

Joaquina: Nuestro temperamento preferente va a marcar un antes y un después en la negociación. Y solamente conociendo nuestro temperamento vamos a poder tener éxito en una negociación. Porque un colérico no va a ceder sus intereses a nadie. Lo puede hacer mejor o peor, más amable o menos amable, pero no va a ceder sus intereses. Porque el colérico, por encima de todo está él, está la tarea y sus resultados. Un sanguíneo no va a ceder jamás la relación. Lo importante va a ser relacionarse con el otro, llevarse bien, hacer networking, colaborar, poder llegar a aproximaciones. Para un flemático la negociación es una muerte, “qué horror, y ahora tener que hablar otra vez, que fatal, no me ha dicho que si a la primera, esto no hay quien lo soporte” El flemático puede destruir la negociación porque no soporta el cansancio que le representa negociar. Pero, para un melancólico, la negociación es su vida, analiza, discute, se va, vuelve, ve lo malo, lo bueno, y puede estar negociando toda su vida.

Jon: Sí, todavía me acuerdo de aquel mercadillo de Tailandia ¿Quiénes son los que van a ir felices a negociar?

Joaquina: Los coléricos. Por lo tanto, son los que empiezan las negociaciones. El colérico está enfocado a la tarea, a presentar el objetivo. Al colérico le enseñamos que va a presentar el objetivo, no va a discutir, simplemente lo va a presentar. Son asépticos porque lo importante es la tarea, y estará pensando ya en el resultado que quieren. Por lo tanto, va a ir con foco. Y esto es lo que es vital, van a ir con foco.

Jon: Es decir, el primer paso de un equipo de alto rendimiento con la negociación es tener claro el objetivo y no perder el foco de lo que se quiere. ¿Cuál es el riesgo de un colérico?

Joaquina: Que se va a enfadar. Entonces le tenemos que decir rápidamente que llegue hasta un cierto punto. 

Jon: ¿Cuál es el segundo paso que hay que tener en cuenta en una negociación?

Joaquina: Las personas ¿Con quién voy a negociar? Lo primero es qué voy a negociar y después las personas. Aparecen las personas, que es con quien, dónde, cómo, los tiempos… Para mí, las negociaciones son una estrategia de tiempo. No te puedes imaginar el disfrute que yo puedo llegar a tener. La negociación requiere por encima de todo preparación.

Jon: ¿A quién vamos a mandar en el segundo término?

Joaquina: Al sanguíneo. Al sanguíneo nunca le vamos a hacer que presente el objetivo porque, si lo presenta, va a ser: “¿por qué no nos salimos a tomar unas copas que está muy rico?” y no se acuerda del objetivo. El sanguíneo lo que hace es empatizar.

Jon: Entonces yo, como flemático, mejor que no negocie…

Joaquina: El flemático tiene la paciencia de escuchar, de ver todo, de ver todas las partes, de ver lo que necesita cada uno, ver lo que pasó, quedarse quieto. Además, relacionarse muy bien con ello, es decir, relacionarse bien con la persona. El flemático no está ni a las tareas ni a las personas, va a estar a que pase todo. Entonces es el que se va a sentar un poco más lejos porque en realidad él va a hablar poco, pero va a dar mucha información a sus compañeros, de lo que ha pasado. Lo que debes hacer es no intervenir mucho, pero ocúpate de generar un clima maravilloso.

Jon: ¿Quién va a ser el que va a unir todas estas piezas?

Joaquina: El melancólico.

Jon: ¿Pero es el que la va a cerrar?

Joaquina: No. El que cierra es el colérico. Volvemos a la tarea, volvemos al ciclo. El ciclo es: el melancólico tiene todo, tiene las tareas, lo analiza todo, lo negocia por todos los sitios, ve lo positivo, lo negativo, etc. Pero cuando hay que cerrar el trato vamos a mandar al colérico. Se cierra el ciclo. Y si en el paso 1 se rompe la negociación, entonces cogemos al sanguíneo, para volver al flemático, luego al melancólico y volver al colérico. Si se vuelve a estropear este es el ciclo.

Jon: ¿Y si es una negociación donde estoy solo?

Joaquina: Pues deberías saber utilizar todos los temperamentos. Cuesta, porque lógicamente a un melancólico, sacar al sanguíneo le cuesta la vida. El melancólico está a la contra del sanguíneo y viceversa, y el colérico del flemático. Colérico y flemático no pueden estar juntos, no pueden ir nunca a la reunión juntos. Por ejemplo, yo como melancólica no tengo la capacidad de ser sanguínea. Irme ahora a tomar unas copas para convencerte no es mi historia, pero si tengo la capacidad de relacionarme con un colérico, estoy muy cómoda. En la mesa con el sanguíneo estoy muy incómoda. Colérico y sanguíneo están siempre muy felices, porque el colérico sabe que el sanguíneo le va a dar mercado, le va a llevar clientes, y como el colérico es tan interesado, esta relación le encanta, querría tener siempre un sanguíneo en la maleta. Un sanguíneo sano. El melancólico tiene como maravilla que integra, que recuerda el foco, y lo que es más importante, hace el diario de lo que ha pasado durante todo el camino, un diario que no cambia, fidedigno, claro, concreto. Y lo que hace después es decirte “aquí pasó esto y debería haber pasado esto otro”

Jon: Sintetizando:

  • Colérico: presenta el foco
  • Sanguíneo: confraterniza, hace mucho networking
  • Flemático: hace una especie de resumen, genera clima, trae para tomar algo, etc.
  • Melancólico: hace el registro de todo, pero con ese grado de hay que ponerse a la tarea, para que si entra el colérico después no haya problema.

Joaquina: El colérico habla solo el primer día. El segundo día el sanguíneo ya quedó con todos, llama y está pendiente, llega a acuerdos, les dejó la tarjeta, al salir ya les estaba contando algo. Lo que hace el sanguíneo es que no se rompa la negociación. El sanguíneo en una negociación de 15 millones de euros es mágico, porque este tipo de negociaciones se hacen normalmente por amistad. Y el colérico ve los 15 millones para él, y las operaciones que puede hacer con ellos. Y el que está en frente dice: “que señor más basto, qué burdo. Mientras que el sanguíneo dice: “Pudiéndonoslo pasar rico con 15 millones, hay que disfrutar, ya llegarán los 15 millones” En lugar de en euros está pensando en cómo se lo va a pasar. El flemático, lo que hace en la siguiente reunión no es analizar, sino resumir lo que ha pasado, cómo ha sido, sin analizar la situación. Y cuando llega el melancólico saca los puntos de conflicto y los puntos de aproximación para tener preparado cómo hacer toda la batería de trabajo. Y para cerrar el contrato es feliz el colérico firmando. Igual hay que enseñarle a que no son los 15 sino que son 12, pero que sigue siendo interesantísimo.

173 El criminal en serie que llevamos dentro (conclusión)

Joaquina: El ejercicio es el siguiente: Hay una línea divisoria. En la parte de arriba tenemos al policía, que nos va a meter en la trampa, te va a llevar a que te defiendas. También está ahí arriba el segundo policía, que no te mete en las trampas. Por debajo de la línea está el gran detractor y el segundo detractor.  El policía primero te va a meter en el gran detractor. Esto lo que te dice es que no hay que tocar ninguno de los dos detractores, solo los conocemos. Es decir, mi gran policía es aquello de lo que no me hace dudar nadie. En mi caso, nadie me va a hacer dudar de que tengo un intelecto que me permite analizar, primer policía. Y tampoco me van a hacer dudar de que yo quiero a las personas y que daría todo por ellas, mi segundo policía. Por otro lado, respecto a mis detractores, sé que tengo un problema con el poder, segundo detractor, y también que tengo un gran problema social, primer detractor. Los dos detractores se alimentan así mismos.

Jon: Entonces, el gran policía lo que va a querer es que vaya al gran detractor para que empiece a luchar… sabiéndolo, ¿no se puede evitar?

Joaquina: No, solamente que vas a ponerle al gran policía la luz máxima. Es decir, a este gran policía le vas a poner tu gran fortaleza. En mi caso, por ejemplo, es el entendimiento.

Jon: En el mío, la creatividad conceptual.

Joaquina: Y mi entendimiento lo aplico a las personas, por lo tanto, estoy fortaleciendo al policía uno con el policía dos. Lo que sucede es que cuando yo aplico el entendimiento, puedo construir yo el plan, y no dejo que me lo haga el ego.

Jon: Es decir, en vez de dejar que el policía nos lleve a las trampas, hacemos una estrategia para evitarlo.

Joaquina: Si, el policía en mi caso, conozco una persona, y me lleva a un grupo social o a una fiesta, sin yo saberlo, y me desmorono. El ego rápidamente me dice “esa persona que me llevó no es la ideal. Eso es l que va a hacer todo el tiempo contigo” y ya no quiero ver a esa persona nunca más. Y el policía sigue con las trampas. La siguiente persona es intelectual, pero me lleva a reuniones sociales intelectuales, y pasa lo mismo.

Jon: ¿Qué haces para salir del bucle?

Joaquina: Ponerle tú la trampa al policía. Voy a hablar con el policía y le voy a decir: “Yo sí quiero trabajar mi punto, pero lo voy a trabajar desde mi fortaleza. Voy a hacer una estrategia” “Voy a hacer una estrategia que para mi sea saludable” Sé donde tengo la dificultad y lo que voy a hacer es mi intelecto, en la vida social. La gran cualidad es lo que te va a dar el éxito en la vida. Mi gran cualidad, mi intelecto, solo va a tener éxito si lo saco más allá de mi.

Jon: Resumiendo el ejercicio. Primero busco mi gran cualidad y su ayudante. Siempre hay un ayudante. Luego hay un gran detractor que es tremendo, que te saca la timidez, la intolerancia, la desconfianza… saca lo peor de cada uno. Y luego hay otro pequeño detractor que no funciona, pero que, si le das un poco de caña, a lo mejor hasta funciona un rato. Importante: no se trabaja con ninguno de los dos detractores. Se trabaja solo con los policías, ya que el detractor dos está al servicio del detractor 1. El segundo es el que dice: “no puedes, no vales…” y engrandece al primero.

Joaquina: El plan debe tener siempre lo siguiente: Tu cualidad primera aplicada a la segunda cualidad. Es decir, mi entendimiento siempre aplicado a personas.

Jon: Mi creatividad conceptual aplicada a expandir tus conocimientos.

Joaquina: Si lo has hecho bien, uniendo el primer policía con el segundo, arregla al gran detractor, sin hacer nada. ¿cuál es mi gran detractor?: El mundo social. ¿Qué es el mundo social?: muchas personas juntas. ¿Cuál es mi cualidad mayor?: El entendimiento. ¿Aplicado a qué?: a las personas, a la parte afectiva. Lo cual quiere decir que si yo aplico mi entendimiento a personas, de forma ordenada, se estará arreglando mi mundo social, y por ende el segundo detractor, generando un “yo puedo, yo funciono, yo lo puedo hacer” En tu caso, ¿Qué cualidad tienes dentro de ti que funciona sí, o sí?

Jon: El intelectual

Joaquina: ¿Cuál es tu cualidad, que es un poquito menos, pero que también funciona?

Jon: Poder

Joaquina: ¿Cuál es el gran detractor que te machaca?

Jon: Afectivo

Joaquina: ¿Cuál es el pequeño detractor que lo hace a ratos y apoya al primero?

Jon: Social

Joaquina: Este es el mecanismo, ahí está el rencor. Tú tendrás el rencor en los afectos de la misma manera que yo lo tengo en lo social. Si destruyes el mecanismo y va creciendo el rencor, los cuatro se convertirán en detractores. Si llegas a un deterioro muy grande, todo el sistema está contra ti.

Jon: ¿Y el ego no muere nunca?

Joaquina: Hasta que no muramos, el ego seguirá trabajando. En los 25 años que llevo trabajando he encontrado personas maravillosas. Maravillosas socialmente, intelectualmente, incluso maravillosas afectivamente, y luego en el poder se sometían.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque el detractor es muy grande. Por ejemplo, el gran detractor de Mandela era el afectivo. Tuvo cuatro matrimonios, sufrió como un caballo, le dejaron colgado… El gran detractor de Gandhi era su soberbia. Si estás muy bien, el policía1 y el policía 2 se detectan muy bien. Si estás regular, cuesta más detectarlos. Mi experiencia me ha llevado a constatar que nos quedamos muy tranquilos y cuando queremos darnos cuenta, el detractor nos ha hecho una jugada brutal. El ego, cuanto más poderoso eres, más necesidad tiene de destruirte. Si tienes una estrategia no te hace daño, pero si no es así, el ego funciona a través de impulsos. ¿Cuántas personas no se han enamorado para darse cuenta de que han cometido el gran error de su vida? Y ¿Cuántas personas han sido un fiasco para alguien en sus vidas? Hay tres cosas para tener en cuenta: El dinero. Es uno de los puntos donde el ego nos la juega de una manera brutal. Los afectos y el prestigio social. Son las tres cosas donde más daño sufre la persona. Si hemos venido a hacer algo, y lo notamos porque nuestro sistema nos lo pide, y no lo hacemos, llegará un momento en el que perderemos el mapa. Y cuando lo perdamos, va a ser difícil que lo encontremos. Siempre hay un apoyo y una ayuda, pero a veces, a pesar de eso, seguimos obstinados. ¿Cuántas veces le hemos dicho a alguien que si sigue haciendo lo que hace va a perder su pareja, y a pesar de eso lo hace? Luego pierde la pareja y se quiere morir. En el enemigo y en el detractor no hay visión, no hay razonamiento. Te pediría que hoy, con la mano en el corazón te propusieses no intentar convencer a nadie sobre su detractor. No trabajes nunca sobre el detractor de una persona, porque se enrocará y será mucho peor. Trabaja siempre sobre su luz y sobre lo que puede conseguir. Desde ahí podrá caminar.

172 Resurrección

Es domingo. Domingo de Resurrección. Aprovechando que el sol no calienta en exceso, nos sentamos en el coche contemplando tras las dunas un mar calmo. No hay muchas personas y las gaviotas flotan en un numeroso grupo cerca de la orilla. Pongo una pausa en nuestra conversación del criminal en serie para hablar de la resurrección.

Joaquina: Independientemente de si creemos o no en el misterio del pecado, independientemente de si crees o no en la Resurrección, podemos utilizarlo como un mito, el mito de que hay un camino. Hemos llegado a un punto, aquí sucedió algo, hacemos un camino, vivimos unas circunstancias y a partir de allí estamos libres de esa situación. Para mí esto es aprendizaje, y el aprendizaje puede ser más o menos doloroso, lo que sí es cierto es que todos cometemos errores. El error lo cometemos y vivimos en el error, vamos caminando desde el error. Llega un punto donde el error es tan grave para nosotros, es tan fuerte que, tomamos conciencia, que se llama aprendizaje, y a partir de ahí, tenemos una actitud diferente.

Jon: ¿Qué nos hace a los seres humanos estar permanentemente pensando que necesitamos una cruz y que, además, después de haber vivido esa cruz necesitamos todavía sentirnos culpables o castigar a alguien?

Joaquina: Es imposible para mí que, después de 2.000 años, sigamos hablando todavía de crucifixión. Es para mí totalmente incomprensible. No puedo comprender cómo una civilización tan progresista, un mundo tan diferenciador, en estos momentos está llenándose de fiestas y de dolor para celebrar la liberación de la culpa. Tiene que haber algo detrás de todo esto. Yo creo que, en esa macro fiesta de la cruz, tiene que haber una inmolación permanente de algo que nosotros consideramos que es castigable o de algo que consideramos que se merece todo ese dolor.

Jon: La teoría cristiana es que la resurrección fue para salvar al pueblo de Dios, que queda liberado así de las consecuencias de los pecados que lo alejan del Creador.

Joaquina: Si nosotros tenemos aquí el nacimiento de una persona, de Jesús, y lo celebramos, celebramos un discurso humano, porque es un discurso humano, y llega un punto donde ese discurso humano tiene un impacto y aquí decide, independientemente de que creas o no, decide que su vida tiene sentido porque va a salvar al hombre y propicia la muerte en la cruz. Muere en la cruz porque va a resucitar y además a los tres días todo el mundo está convencido de que resucitó, porque, además, planteó su presencia. Vamos a ver a Jesús como el mito de esta civilización. Si tenemos el mito de la muerte, tenemos el mito, también, de la resurrección. ¿Qué nos hace a los seres humanos estar durante miles de años estar hablando de la muerte de Jesús, cuando dice que resucitó?

Jon: ¿Que lo matamos nosotros?

Joaquina: No sé, pero lo que sí es cierto es que yo quiero hablar de dos cosas. Hablar de la cruz, porque me viene muy bien hablar en Semana Santa de este mito y plantearme que ésta es la vivencia cotidiana que tenemos nosotros. Es decir, que yo he hecho algo hoy y vivo en una cruz de la culpa permanentemente. Es imposible que, si me siento culpable, no piense que me van a castigar. Lo que estoy buscando es mi cruz personal, y no tengo tan claro que vaya a resucitar. Quiero que te des cuenta de que mentimos, nos acostamos, a pesar de que lo prohíbe el catolicismo y fantástico, pero, sin embargo, la cruz no sale de nuestra vida.

Jon: Quizá es por el instinto de supervivencia. Para poder sobrevivir tenemos que estar atentos al peligro, y la culpa nos ayuda a prestar atención.

Joaquina: Bien, lo cual quiere decir que ya le hemos encontrado un sentido, la culpa tiene el sentido de estar precavidos de nuestros errores. Acuérdate de que estamos hablando de una cruz, de que la culpa es una cruz, no estamos hablando de algo ligero. Estamos hablando de yo he hecho algo y me merezco el castigo y la no resurrección.

Jon: ¿Para qué está siendo útil en nuestra vida el mito de la cruz, el “yo tengo que ser castigado con la muerte cada vez que hago algo mal”? y otra cuestión ¿para qué necesito crucificar a todos aquellos que me han hecho daño y, además, no los resucito?

Joaquina: Eso es lo fuerte, no hay ninguna persona que se precie como persona, que realmente haya conseguido olvidar de una forma absolutamente intencionada y liberadora el daño que otro le ha hecho. De una forma liberadora, de una forma absolutamente entregada. ¿Cuántas personas aceptan la envidia, la agresión, el abandono, la ruina, sintiendo que son pruebas de la vida y no más? No tiene sentido que en el principio y en el final de las circunstancias, lo que nos encontremos es que el hombre está paralizado, que no sabe perdonar, y el perdón es la resurrección. La resurrección absoluta a cualquier situación.

Jon: Entonces, ¿Qué nos hace a las personas vivir permanentemente en el rencor, en el resentimiento, en la paralización, en el no crecimiento?

Joaquina: Que nos creemos dioses. Me gustaría que destruyéramos que somos los elegidos. Pero necesitamos sentirnos los elegidos, fuera de la religión, sino como personas, postulamos ser los elegidos. Nosotros somos hijos de Dios y los demás son hijos de no sabemos quién. Soy una persona espiritual y creo en la trascendencia, porque, en realidad, lo único que al hombre le cercena es no poder perdonar. Lo único que al hombre le domina y le sitúa en una actitud de carencia es pensar que se merece las cosas y su compañero de filas no. Lo que nos va a hacer grandiosos y únicos es entender la bidireccionalidad de los sentimientos. Que el sentimiento es tan libre para odiar como para amar. Que el amor que tú tienes no tiene que ser un amor condescendiente, ni tiene porqué ser un amor frío. Que si tú tienes la razón, al lado hay otra razón tan libre como la tuya. Que si tú tienes dolor, al lado hay otro dolor tan increíble o máximo como el tuyo. En la medida en la que pensamos que nuestro dolor es el máximo, que nuestra capacidad es la máxima y que lo que nosotros nos merecemos el otro no se lo merece, es imposible hacer una vida o tener una vida de iguales.  Y si no es una vida de iguales, es una vida que tiene demasiados errores y demasiadas vinculaciones no posibles.

Jon: En realidad creemos que somos únicos para nosotros. Si somos únicos, estamos solos, porque el otro es único, también. Es complicado para mí entender que nosotros somos únicos y que el otro existe. Si tú eres único en poder, luego tienes vasallos.

Joaquina: Se supone que, si somos únicos y somos dioses, seríamos la encarnación del amor, no estaríamos esperando amor, porque somos amor. Vamos a seguir planteándonos esta divinidad que tenemos tan extraña. Si somos dioses, como el concepto de amor es Dios, el amor supremo, si somos dioses, ¿por qué no tenemos el amor supremo, sino que esperamos que nos amen supremamente? En ningún momento yo estoy hablando en contra de Jesús, sino que yo lo que quiero es que nos vayamos dando cuenta del fraude en que hemos entrado en relación: la culpa, la no culpa, la pérdida de amor y todas esas cosas.  Lo que para mí es importante es: si somos dioses, somos amor, entonces, ¿por qué queremos que alguien nos ame?

Jon: Estás hablando del mensajero, un Jesús previo a la religión…

Joaquina: Estamos hablando de qué nos hace a nosotros concebir un camino en el que estamos agarrados a la culpa y a la necesidad de castigo. O rompemos la culpa y la necesidad de castigo, o será imposible que hablemos con el que tenemos cerca, de iguales. Porque si el otro es culpable y nosotros no, siempre vamos a necesitar castigar, porque en el fondo nosotros no nos sentimos culpables de nada, el culpable está fuera, o mi padre, o mi madre, o la religión, o el vecino, o la policía, o quien quieras. Yo me exculpo a pesar de que hablo de que me siento culpable, en realidad, permanezco culpabilizando a los demás.

Jon: Nos tenemos que plantear qué tipo de entramado hemos decidido hacer con nuestras creencias para llegar a un punto donde estamos prisioneros, totalmente, del castigo. Tenemos que romper ese entramado entendiendo de dónde viene. ¿Por qué hemos decidido la divinidad por encima de la sabiduría? ¿Por qué no hemos decidido que nuestro maestro era sabio, simplemente? ¿Qué beneficio tenía el decir que era Dios? Creo que nos hace sentir únicos, somos indiscutibles, somos la panacea del bien y el mal, los únicos que existen.

Joaquina: Imagínate que el legado es de sabiduría, que el legado es “ama al prójimo como a ti mismo”, y no hay nada más. El concepto cambia totalmente. Si yo voy a este concepto, el ti mismo eres amor y el otro es amor. Es imposible que una persona no se ame a sí misma. Quien piense que no se ama más a sí mismo que a los demás, está en el primer sacrilegio del entendimiento humano. Lo fácil que es cortarle la pierna al amigo cuando está mal, pero lo difícil que es cortarte la tuya. Nosotros somos amor, indiscutiblemente, a nosotros mismos, indiscutiblemente. Luego podremos tener problemas de cómo nos tratamos, de que podemos tener complejos de inferioridad, etc. Pero que el amor que nos tenemos a nosotros mismos está por encima del amor a cualquier persona, es una realidad incuestionable. Lo que hemos perdido con la cruz es la conciencia del Amor. Porque quien nos dijo “ama al prójimo como a ti mismo” nos está queriendo en la cruz todo el tiempo, porque el se amó y se dio en la cruz. ¿Qué nos está pidiendo realmente? Ama a tu prójimo como a ti mismo, me pide que me inmole totalmente en la cruz.

Jon: Pero él también dijo la resurrección.

Joaquina: Nos regaló la resurrección para que supiéramos, como concepto, que no teníamos que morir y que no teníamos que sufrir, pero, sin embargo, nos quedamos con la cruz. Cuando te encuentras con una persona, sea quien fuere, tu amor, que no está fuera, no es que ames a la persona, sino que es tu amor proyectado fuera, tenga una capacidad de permear al otro. La propuesta que te hago es que sólo se tiene poder cuando el amor está dentro y no está fuera, que sólo se tiene prestigio cuando el amor está dentro y no está fuera, que somos capaces de conocer solamente nuestro amor, el amor del otro nunca lo podremos conocer, que somos capaces de expresar nuestro amor, nunca podremos expresar nuestro amor en la palabra del otro y, lo que es mucho más importante, la libertad sólo la tenemos cuando amamos libremente al que está enfrente, hacia él y hacia nosotros.

Jon: Entonces la causa de la culpa está en la falta de amor. Siempre pensamos que el otro nos está dañando, que el otro no se comporta como nosotros queremos, que el otro no está haciendo lo que nosotros buscamos o como nosotros lo buscamos. Y, a partir de ahí, el otro es reo absoluto de la culpa y necesitamos matarle, inmolarle, asesinarle, destruirle, condenarle, llamarlo como queráis.

Joaquina: En nuestra existencia, lo que realmente prevalece siempre es nuestra maldad y la maldad del otro, o sea, nuestros actos que no han sido hechos correctamente y los actos del otro, que no han sido correctamente, son los que prevalecen constantemente, por eso vivimos en la culpa. Aunque no nos demos cuenta, decimos lo que hemos hecho mal para decir que la culpa fue del otro, pero lo decimos. No funciona el amor permanente y no funciona la relación entre dos amores, debido a quién. ¿De quién hemos nacido? Aquí está el error de nuestra existencia. Hemos nacido de padre y madre y a uno le consideramos Dios y al otro le consideramos no dios, el padre Dios y el padre no dios, ahí empieza nuestra perdición. De forma instintiva, elegimos nuestro padre Dios y, según avanzamos en la vida, vamos teniendo problemas con nuestro padre no dios, lo cual quiere decir que vamos perdiendo nuestra divinidad. No sabemos compartir a Dios, llegan la envidia, los celos, el malestar con nuestros hermanos. Ahí empieza a confirmarse que no somos Dios.  Cuando nuestros hermanos nos dicen “eres como papá/mamá”, como el padre no dios, empezamos a tomar conciencia de que no somos divinos. Esta distancia de la divinidad que vamos teniendo, en el fondo es la que permanece dentro y la que nos hace vivir permanentemente culpables. Porque a la única persona que no perdonamos es al padre que no ha sido Dios.

Jon: ¿El primer momento de falta de amor se empieza a materializar en la familia?

Joaquina: Sí. Ahí es donde realmente confirmamos que no existe el amor. Entonces, aunque cada uno de los hermanos piensen que, hacia fuera, cada uno es perfecto, se aman a sí mismos más que a los demás, pero eso no quiere decir que piensen que son perfectos, sólo quiere decir que se aman más a sí mismos. Ese es el primer conflicto que debes tener en cuenta. Mientras que no perdonemos a nuestros padres no saldremos nunca de la cruz. La cruz no está en lo que siento por el otro, sino en el sentimiento que tenemos de falta de plenitud en la relación que hemos tenido con el nacimiento de nuestros padres. Lo que no le perdonamos a nuestros padres, no le perdonamos jamás al mundo.

Jon: En realidad, al de al lado, no le considero Dios porque yo también, en el fondo de mi mismo, tampoco me considero Dios. Me puedo considerar único, que son cosas diferentes.

Joaquina: No existen más rencores en el mundo que los que tenemos a nuestros padres, que multiplicamos con nuestros hijos, con nuestros amigos, y que multiplicamos con el mundo entero. Pero el error, el dolor y el daño está ahí metido, y es ahí donde tenemos que trabajar el perdón. Ahí es donde necesitamos la crucifixión, que se provoca en el mismo momento en que queremos castigar a nuestros padres. En el momento en que queremos castigar a nuestros padres por lo que nos han hecho, que nosotros hacemos exactamente igual con nuestros hijos o con nuestros amigos, hemos sentenciado así la falta de paz eterna. Porque en el fondo estamos consumando permanentemente el error de la familia. Desde el primer día que nacen nuestros hijos, nos convertimos en nuestros padres. Vamos buscando la pareja compensatoria, sin embargo, no estamos en esta situación de amor. Te tienes que amar a ti mismo, con la consecuencia de tener dos formas dentro de ti que no te gustan: una que te gusta más y otra que te gusta menos, la que te gusta, disfrútala y la que no te gusta, cámbiala. Si quieres vivir un amor eterno, y existe el amor eterno, la única posibilidad es que conviertas en amor total lo que tú eres. Porque cada vez que sales buscando amor, vas buscando el amor que te faltó en tu infancia, esa parte de ti que no se completó. Y eso es lo que nos hace estar permanentemente en la cruz, permanentemente en la culpa, permanentemente en el desamor, permanentemente en la soledad. Debes conseguir que el AMOR a las dos partes de tu conformación, es lo que te hace salir de la culpa, entre tanto no serás capaz porque, en el de al lado siempre ves el error de aquel padre al que no amas.

Jon: ¿Qué hago para liberarme de la cruz?

Joaquina: La primera cosa que debes hacer es darte cuenta de que tienes los maestros que, si le cambias lo que hicieron mal, son los perfectos. Porque ellos son los que te enseñaron lo que necesitas aprender, que eso es lo que significa el estado de perfección. Tus padres tienen la muestra de lo que tú necesitas aprender, nadie más la tiene. La forma en la que tú haces las cosas está tu maestría, y eso es lo que vino a enseñar Jesús, nada más. Lo que vino a enseñar Jesús es que los maestros que tenemos son los maestros perfectos para nuestra fórmula de aprendizaje. Jesús nos enseñó la muerte que ya teníamos y nos animó a la resurrección. Esa es la diferencia. La resurrección es dejar la muerte que tenemos dentro, que son los errores de nuestra familia. ¿Qué es nuestra muerte? Todo lo que estamos repitiendo hasta ahora, qué hemos visto y no nos ha gustado, pero que estamos replicando. A mí me viene muy bien pensar que es de ellos, porque así no lo tengo que cambiar. Hay cosas tan maravillosas que se pueden conseguir simplemente diciendo “mi patrón de comportamiento hasta ahora es un comportamiento que me lleva a la muerte, porque lleva una cruz encima de mí que me somete al dolor, a la angustia, al sometimiento, voy a ver cómo me puedo quitar esa cruz.

Jon: ¿Qué tengo que hacer para quitarme esa cruz de encima?

Joaquina: Esa cruz es quitarte aquello con lo que tú te castigas todos los días sin darte cuenta. Es repetir un aprendizaje que crees que no lo puedes cambiar. Ese aprendizaje: la intolerancia, el mal humor, la cobardía, ese aprendizaje que tienes todos los días sobre tu espalda y que te hace vivir totalmente acordonado, totalmente encerrado en ti. Ese aprendizaje lo tienes que conocer. ¿Qué es lo que me hace verdaderamente imposible mi existencia? ¿Qué es lo que todos los días me lleva a sentirme culpable, a ver que enfermo, a ver que no puedo cambiar mi paradigma?¿Qué es lo que me hace no cambiar mi paradigma? Los clavos de la cruz fueron recoger la culpa del mundo para limpiarla. La cruz que llevas es todo lo que culpas a tu familia.

EJERCICIO SEMANA SANTA

Lo primero es reconocer que uno de nuestros padres tiene un defecto que a nosotros nos ha crucificado, y que nos culpamos o culpamos a los demás cada vez que lo repetimos. Es el mismo defecto que si le preguntáis a la persona que más os ama os dice que ve en vosotros.

“¿Cuál crees que es mi defecto que está crucificando nuestra relación?”  Hay una sola cosa que rompe la capacidad de entendimiento, sólo una cosa, la que hace que perdamos la confianza y el poder en nosotros mismos, que no seamos personas de prestigio para los demás, que nos impide compartir el conocimiento con los otros, que hace que no nos expresemos y, lo que es peor, que nos hace perder la libertad.

Además, la solución a este defecto, la pensamos, pero nunca se lo dijimos a nuestros padres. No lo verbalizamos. Es algo que supimos resolver mentalmente, que encontramos las claves para que ese padre o madre lo pudiera cambiar.

Ese error tiene que cumplir las dos características:

  • Nos quita la confianza, el prestigio, no genera conciencia, no moviliza y, sobre todo, nos anula la libertad.
  • Es algo que no hemos dicho en voz alta, sino que hemos esquematizado la solución en nuestra cabeza.

Si se cumplen esos dos puntos, ése es el hecho. Céntrate en él y olvídate todos los demás. Sólo existe este problema.

Eso que le dijiste a tu padre/madre que tenía que hacer, ponte a hacerlo tú y desaparece el problema. Tienes que recordar lo que pensaste como solución y marcarte una pauta de trabajo exactamente como ideaste, sin cambiar ni una sola línea.

Ese es el error para crucificar el viernes, haciendo un plan de acción que tiene que estar operativo el domingo.

En este proceso, lo que tiene que haber es infinito amor. No puede existir crítica ni desprecio a los padres.

Si resucitamos a nuestro padre y a nuestra madre dentro de nosotros, habremos resucitado, que es lo que estamos buscando.

171 El criminal en serie que llevamos dentro (IV)

Joaquina: Necesitamos descubrir en que parte de nuestra historia se está convirtiendo el criminal en vencedor.

Jon: Mencionaste en algún momento que también tenemos un policía interno…

Joaquina: Normalmente el policía suele ser el más fuerte. Mi policía es el intelectual, pero también es el que me pone las trampas. De los cuatro campos (poder, afectivo, intelectual y social) tienes que reconocer dónde está el policía fuerte, el que no te engaña nunca, y tu policía que a veces te la juega. El que no me engaña nunca a mi es el afecto, y el que me la juega de vez en cuando es el intelecto. El más fuerte lo que quiere es coger a la presa. Cuando el intelecto me ofrece algo yo voy, por la cuenta que me tiene. Porque este policía te va diciendo cosas que debes hacer, y si empiezas a decir “esto no lo hago, y esto tampoco” te dice: “muérete” “Yo quería salvarte, pero si no te quieres salvar, es tu historia”

Jon: ¿Entonces son recursos de supervivencia?

Joaquina: No, los recursos de supervivencia son los que utiliza el ego para ir matándonos y nos agota. Esto es mucho más retorcido. Los recursos de supervivencia son para el ego inferior. Yo te estoy hablando del ego superior, para el propósito de vida, no para el estado de vida normal.

Jon: Como dirían mis amigos argentinos: “Ahí me mataste”

Joaquina: Tenemos dos espacios de vida: el que es vital, es para vivir, y a nivel orgánico son el riñón, el corazón y el pulmón. Y luego lo que no es vital, que son el hígado y el bazo-páncreas. Yo hablo para estos dos últimos, que no son vitales opero te permiten que tengas una vida diferente. Lo que te estoy contando es lo que está matando tu propósito, lo que te permite sentirte un ser diferente. Al final hay cuatro personas que sobresalen en el mundo, cuando podemos sobresalir todos. Nuestras capacidades de desarrollo son iguales para todos, unas personas las podrán utilizar de una manera y otras de otra… En el contexto, nuestro potencial es máximo. Nuestra vida, nuestra capacidad de tener poder, nuestra capacidad de tener afecto, nuestra capacidad de tener inteligencia, y nuestra capacidad de liberarnos más allá de nuestra comunidad está ahí.

Jon: Entonces, cuando me doy cuenta de que estoy cometiendo el mismo error siempre, estoy alimentando a mi sombra, y no a mi luz.

Joaquina: ¿Cuánto tiempo vas a aguantar en la sombra, en la cárcel? Tienes el caso de Mandela, él estuvo en la cárcel, y cuando salió lo que hizo fue poner su potencial para salvar al mundo. La fórmula la tenemos para salir de la cárcel y cambiar al mundo, a través de disfrutar, no a través de sufrir. Nos lo enseño Mandela: el mundo se cambia desde el gozo, y el Mandela que llevamos dentro tiene que trabajar para nosotros.

Jon: ¿Y si por ejemplo una persona es muy tímida y no puede sacar eso que lleva dentro para mostrarlo al mundo?

Joaquina: La timidez no existe si no hay un problema previo. La timidez es un efecto de la inseguridad personal. La inseguridad es social, lo cual quiere decir que una persona que es tímida tiene un problema en lo social. O le ha pasado algo en el colegio, o le ha pasado algo en el entorno familiar fuera de su familia. Es decir, en el colegio le ha sucedido algo que ella misma se ha quedado en evidencia, o le ha sucedido algo en un entorno familiar no directo, donde la han dejado en evidencia. La timidez es el resultado de un proceso de expresión limitada, porque al ver algo, te has comparado y has pensado que no formas parte de ese núcleo.

Jon: ¿Y eso de la predisposición genética?

Joaquina: La predisposición genética hace que veas el mundo que te rodea en esa predisposición. Si yo tengo una tendencia a ser sensible a lo que pasa socialmente, es decir que, si una persona me dice que soy mala, o fea o lo que sea, no me reocupa, pero si me lo dicen 20 o si me lo dicen delante de 20, entonces sí.

Jon: De lo que me vas contando deduzco que no hay ninguna persona en el mundo que no tenga el criminal en serie dentro.

Joaquina: Puede ser suavecito, o más fuerte, pero así es. Jesús nación con la muerte y murió. Como somos cristianos lo vemos correcto, pero para un budista, que un maestro tenga que morir en la cruz para que se complazcan sus seguidores, es una aberración. Jesús nace y mueren un montón de niños en aras de matarle a él. Porque lo que él viene a superar es el deseo de morir. Y nos viene a enseñar la resurrección, que la muerte solo puede ser corporal. Ese era su mensaje, de tal manera que todos los criminales internos que él lleva son muertes. Cógete la vida de Jesús y hay mucha muerte. Porque él va a morir, y va dejando las señales de cómo va a ser su final.

Jon: ¿Y qué te enseña eso a ti?

Joaquina: Que soy algo más que un cuerpo. Como estudiosa del budismo que soy, me parece tremendo tener un Buda al que puedo contemplar en su esencia mental y en su conciencia, y un Jesús al que tengo que ver sufrir y morir en la cruz cada año porque yo no era buena. Dos formas de matar. Yo vivo en la culpa, los budistas viven en el karma.

Jon: Casi todas las ciencias del conocimiento humano nos enseñan la dualidad entre el bien y el mal. Y nos dicen que los que salvan sus vidas son aquellos que son capaces de superar su dragón interno para convertirlo en luz.

Joaquina:  Yo te estoy planteando un esquema de cómo funciona el ser humano hacia afuera, para comprender cómo funciona hacia dentro. ¿Cómo un ser puede hacerse tímido si no es que alguien le ha dejado en evidencia? Si timidez es que tú eres más importante que el otro. Timidez es que consideras que el otro te puede hacer algo. ¿Conoces alguna persona que sea tímida cuando está tranquila y no tiene miedo? ¿Conoces algún ser tímido que piense bien de los demás? Siempre el otro le va a hacer algo. Y eso viene porque vivió algo, si no ¿por qué va a ser tímido? El temperamento no está enfermo. La personalidad es la que lo está. El temperamento, que sería el melancólico, que es el más tímido de los temperamentos, tiene una timidez para analizar, pero tiene una timidez hacia afuera, no una timidez de mirarse dentro, encontrar respuestas y luego relacionarse fuera. Pero cuando está sano no es tímido.

Jon: El contrato de la vida nos la juega

Joaquina: En ese escrito tú decides. Puedes leer las letras grandes o las letras pequeñas. Las letras pequeñas, igual que en los contratos con los bancos, son las que nos matan. Las letras grandes no hace falta que las leamos, debemos leer los pequeños inputs que nos han diezmado para poder ser felices.  

Jon: ¿Eso es lo que hace que vivamos en la enajenación que nos quita la razón de la que hablabas al principio? ¿Cómo se trabaja eso?

Joaquina: Cuando tú pones la solución, y el peso del pago para la solución, tu ego te dice: “es mejor que no aceptes eso porque no lo vas a poder soportar” porque te pone en caliente que vas a vivir la misma situación que viviste de pequeño. De pequeño lo que tienes es una herida incuestionable porque tú no la puedes valorar. Por eso no se puede trabajar el criminal en serie desde el razonamiento. Lo importante es trabajar al policía y al ayudante del policía. En mi caso, no quiero trabajar con mi problema social, porque sé que voy a perder. Porque sé que no estoy dispuesta a vivir ni un solo momento de mi vida lo que yo viví de pequeña. Lo puedo justificar, puedo darle 5.000 vueltas en mi cabeza razonando y sentada, pero si me acerco y se aproxima la sensación, voy a echar a correr. Porque está por encima de mi. Porque tiene una sustancia química que es como si fuera directamente cianuro. Aunque te parezca mentira, es mucho más fácil tomar cianuro que sentir en la cabeza el cianuro.

Jon: Pero das muchos cursos de manera brillante, y no se te nota ninguna pelea interna

Joaquina: Cuando doy un curso y voy caminando entre las personas, si noto la energía que noté en aquel momento en mi colegio, inmediatamente me pliego y me voy. Y la noto siempre que estoy con gente. SI me acerco a alguien, y hace el mínimo gesto que me recuerde a alguien, mi cabeza se toma el cianuro. Entonces, prefiero la muerte. Porque el ego me dice que no me voy a morir, que voy a liberarme. Lo diabólico del ego es que no te dice la verdad, te dice que al marcharte te vas a liberar del problema y a sentirte tranquilo. Lo que has hecho es perder un montón de posibilidades de ser tu mismo. Y te vuelves a ir una y otra vez. Y llega un momento en el que te das cuenta de que, si te vas otra vez, la lucha entre estoy aquello es tan fuerte que ya no tienes territorio.

Jon: ¿Es entonces cuando enfermamos?

Joaquina: Aquí aparece un dolor de cabeza, un estado de nervios, y sí, una enfermedad. Pero nos damos cuenta, nos acercamos a la situación y sabemos que es nuestra salvación, pero el sistema te dice: “vale más que te mueras porque vivir esta salvación es imposible” El criminal interior es mucho más inteligente que nosotros. Por eso no podemos trabajar con él.  Conoce todos los recursos, tiene todos nuestros años de experiencia y un enorme grado de sensibilidad hacia dónde meter el dedo. Si nos metemos en las fauces del enemigo, él nos conoce y nos va a machacar.

Jon: Entonces el primer ejercicio sería encontrar al criminal, pero no tocarlo, y luego encontrar la fortaleza en todo lo demás. ¿Cómo?

Joaquina: Al lado nuestro, y de una manera muy sutil, tenemos a la persona que nos lleva a ser todavía más insociable o a llegar a un punto de sociabilidad donde tienes que elegir entre la persona o no. Imagínate que me enamoro de una persona súper sociable. Imagínate cómo va a ser mi vida. Para que no me desprecie empezaré a salir con ella, y cuando empiece a sentir los mareos, sacaré a mi pareja de la fiesta. Acabaré rompiendo la capacidad de sociabilizar de la persona, rompiendo el amor, destrozando su vida o ella la mía. O yo yendo a la fiesta y machacando la fiesta como sea. Eso es lo que acabamos haciendo: buscando a la persona que nos mete en el tinglado. O bien, te encuentras a la persona que te dice: “Joaquina, cómo te entiendo, estamos tan bien nosotros solos…” y lo que consigues es salir totalmente del tema. ¿Dónde está el tuyo? En el poder, en lo afectivo, en lo intelectual, en lo social…