259 Víctima y victimizador

Joaquina: En la relación especial jugamos dos papeles imposibles de arreglar: el que victimiza y el victimizado. Siempre jugamos uno de estos dos papeles en todas las relaciones de nuestra vida, aunque nos comportemos de distintas formas dependiendo de las situaciones y personas. Entre dos roles iguales no hay interés, por eso la relación entre victimizadores o víctimas se rompe casi al comienzo.

Jon: Y eso también es válido para nuestro mundo interior.

Joaquina: Así es, si victimizamos fuera, nos victimizamos interiormente. Una víctima ataca precisamente buscando constantemente el ataque del otro. Una víctima para el ataque teniendo muy claro dónde quiere ir: “pase lo que pase yo hago lo que creo que debo hacer” Una víctima ha venido a enseñar, en lo que a trabajo personal se refiere, porque está siempre dispuesta a aprender.

Jon: ¿Y el opuesto?

Joaquina: Un victimizador puede pasar exteriormente por el ser más débil del mundo, con tal de atacar al otro. Puede pasar de tener forma de víctima a forma de victimizador dependiendo de la situación. El cambio exterior o superficial de víctima a victimizador es el juego del ego que nos confunde para que no sepamos nunca dónde estamos. El victimizador ataca donde él tiene que aprender. Sin embargo, la víctima vive en la comodidad de creer que los otros son los malos. Pero la víctima es un suicida. Que nos mate otro, si somos víctimas, significa que nos hemos suicidado nosotros mismos. Y no podemos presentarnos ante Dios habiéndonos suicidado.

Jon: Cuando nos damos cuenta de que funcionamos así ¿cambiamos el rol?

Joaquina: El trabajo personal es cambiar el “aquí” y el “ahora”. No hay que cambiar el rol que jugamos en la relación especial, simplemente tenemos que darnos cuenta de que es irreal. Si aclaramos cómo atacamos, seremos capaces de parar el ataque. Cuando vamos a atacar siempre nos sentimos separados del otro. Todo el trabajo personal se hace única y exclusivamente para parar el ataque.

Jon: ¿Y cuando somos los receptores del ataque?

Joaquina: El ataque que recibimos se para no atacando nosotros. Cuando paramos el ataque nos encontramos con nuestras emociones, con nuestros sentimientos. Propiciamos la parada del ataque del otro. Lo que nos hace perder la calma es nuestro ataque, no el ataque que recibimos.

Jon: En la relación especial entiendo que jugamos dos papeles imposibles de arreglar: el que victimiza y el victimizador. Sin embargo, creo que en el contexto individual de la persona siempre se vive un único rol: de víctima o victimizador. Siempre jugamos uno de estos dos papeles en todas las relaciones de nuestra vida, aunque nos comportemos de distintas formas dependiendo de las situaciones y personas a las que nos enfrentamos.

Joaquina: En ambos casos, los dos han sido víctima en un momento de la vida. El victimizador ha sido víctima de uno de sus padres. La víctima ha sido víctima de uno de sus padres o de ambos.

Cómo saber cuál de los dos roles ejercemos:

VICTIMIZADOR:

El victimizador es un ser que nace con la creencia de que ha sido un error el estar aquí. Los padres, liberándose de su culpa, atacan al hijo, hiriéndole profundamente. El hijo no está dispuesto a que nadie en el mundo le vuelva a hacer lo que acaba de vivir: no cree que él sea culpable, sino sus padres, y decide no volver a sufrir nunca más ese dolor. A partir de ahí se convierte en victimizador, y utiliza eso que tanto le ha hecho sufrir como instrumento de ataque. Un victimizador puede surgir por haber nacido un hermano, de un abuso sexual, etc.

Un victimizador es un ser que ha amado tantísimo a uno de sus padres que no ha podido soportar el ataque de ese padre. Ha vivido la identificación máxima. El victimizador nace así del gran amor y se sitúa en el gran odio. El único rencor real del victimizador procede de uno de sus padres. Ese rencor le lleva a una venganza proyectada en su primera relación. El victimizador no se atreve a mirar realmente a nadie, por el inmenso dolor que ha vivido. Es el Gran Amor que no se da porque se convirtió en odio.

La realidad del victimizador es su creencia en que nunca es culpable de nada. Para el victimizador el culpable y la culpa siempre están fuera. Nunca ve ningún problema en él, siempre en los otros. El victimizador cree que cualquier cosa que da ya es excesiva.

Un victimizador puede pasar exteriormente por el ser más débil del mundo, con tal de atacar al otro. Puede pasar de tener forma de víctima a forma de victimizador dependiendo de la situación. El cambio exterior o superficial de victimizador a víctima es el juego del ego que nos confunde para que no sepamos nunca dónde estamos.

La victimización se puede dar en los tres niveles: mental, emocional, físico.

Un victimizador mental es una persona para quien los errores de su pensamiento en el trabajo, en las relaciones, etc., son de los demás. Es dogmático, cree que siempre tiene la razón.  El victimizador emocional buscará el punto débil del otro y le atacará donde la emoción del otro sea débil. El victimizador físico es el que ataca en el dinero, en el sexo, en lo que se hace, etc. descalificará profesionalmente al otro, en su aspecto exterior, etc.

Hay victimizadores expresos y soterrados. Un victimizador soterrado no va a hacer manifiesto su pensamiento de que no se equivoca, de que no es culpable, etc. Su ataque será entonces no hacer lo que el otro espera; por ejemplo, un hijo victimizador con un padre victimizador será un victimizador soterrado que suspenderá, se drogará, etc.

El victimizador nunca se venga: está en su ley, lo que hace nunca está mal, hace justicia y justicia equilibrada. La víctima en cambio dará mil explicaciones de todo lo que hace, intentará justificarse.

El victimizador ataca donde él tiene que aprender.

Las claves para reconocer al victimizador

•   Cree que no se equivoca

•   Nunca se cree culpable

•   Los demás no cambian, ¿por qué va a cambiar él?

VÍCTIMA:

La víctima nace con la sensación de que trae una culpa enorme que tiene que limpiar. La víctima nace de haber sentido el gran rechazo a estar aquí. La víctima recibe también el ataque de sus padres. Inmediatamente piensa que la culpa es suya. La liberación de la culpa inicial (que existe antes de los padres pero que no se experimenta hasta los padres) es el juego eterno de la víctima.

La víctima nace del gran odio, y se lanza a la búsqueda de ser amado, busca el reconocimiento, busca la limpieza de su culpa. Y cuando recibe de los demás lo mismo que le hicieron sus padres siempre piensa que le castigan porque se lo merece. La víctima ve expiar su culpa cada vez que recibe un castigo, reconoce siempre un poso de culpa, un poso de dolor.

Una víctima ha venido a enseñar, en lo que a trabajo personal se refiere, porque está siempre dispuesta a aprender.

Una víctima ataca precisamente buscando constantemente el ataque del otro, y vive en la comodidad de creer que los otros son los malos. La víctima no se cree merecedora de recibir, por eso siempre pone enfrente a quien le va a decir “no”.

Las claves para reconocer a la víctima:

•   Cree que se equivoca siempre

•   Se cree culpable

•   Los demás cambian y él no

•   Cree que los errores propios no tienen disculpa

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