191 La pareja a pesar de ti

En “El banquete”, de Platón, Aristófanes apuntaba que los hombres no valoramos adecuadamente el «poder» del amor. Este filósofo pensaba que, si fuéramos conscientes de ello, lo reconoceríamos y le daríamos el boato y festejo que se merece. Aristófanes cuenta que al principio había tres géneros: el masculino, el femenino y el andrógino que participaba de los dos sexos. «La forma de cada individuo era en su totalidad redonda, su espalda y sus costados formaban un círculo; tenía cuatro brazos, piernas en número igual al de los brazos, dos rostros sobre un cuello circular, semejantes en todo, y sobre estos dos rostros, que estaban colocados en sentidos opuestos, una sola cabeza; además cuatro orejas, dos órganos sexuales y todo el resto era tal como se puede uno figurar por esta descripción.»

Según dice este filósofo, lo masculino procedía del sol, lo femenino de la tierra, y lo andrógino de la luna, porque este astro contiene a los otros dos. Era tal la fuerza y prepotencia que tenía el hombre en este tiempo, que atentó contra el Olimpo. Cuando Zeus, junto con los otros dioses, analizó la cuestión, decidió que el mayor castigo que podía conferir a este hombre circular y poderoso era cortarle en dos. Una vez sesgados, Apolo fue el encargado de darles la vuelta para que vieran su sección, formando el ombligo como recuerdo de este suceso. Este hecho generó la añoranza de un sexo por el otro, y a partir de ese instante trataron de ser uno solo. Para Aristófanes, el llamado amor es el anhelo de fundirse nuevamente una parte en la otra.

Joaquina: En 25 años que llevo trabajando lo más triste es ver qué hace la mujer cuando se enamora. Cómo se desmaterializa, cómo pierde una parte profunda de su ser para luego no conseguir nada. Ahora esto le ocurre también al hombre, pero le sigue pasando más a la mujer. Y ella cree cosas que no son ciertas, como que tirándose a los pies de alguien puede conseguir que ese alguien pueda durar más tiempo. Ni conseguimos mayores relaciones por la falta de autenticidad, ni por perder nuestra autoridad, ni por perder nuestra motivación en aras del otro. Sólo se ama profundamente a aquel que se ama profundamente a sí mismo. Y esa es la raíz del éxito. Que consigamos amarnos a nosotros mismos.

Jon: ¿Dónde se pierde y cómo se recupera de una forma natural?

Joaquina: No hay posibilidad de tener una relación de igual a igual, con ilusión, si una de estas cosas falla: valores (confianza, autoridad), creencias (empatía, autenticidad), motivación propositiva (conciencia, compartir) y compromiso (seguridad y liderazgo). Los valores se afianzaron en una etapa de nuestra vida y también la autoridad sobre las cosas. Desde entonces la forma de funcionar se ha ido estableciendo de una manera y se ha ido estimulando de esa manera. Lo que hayas hecho mal en relación con tu yo es lo que no te hace darte cuenta de quién tienes cerca. Porque haces un mito de la persona que tienes cerca. Tanto para lo malo como para lo bueno. Tanto como para pensar que es la persona adecuada o como para pensar que no lo es.

Jon: Te he escuchado decir que los valores están unidos a los estímulos familiares, lo que hemos visto en la familia. ¿Qué ocurre cuando vemos un valor familiar pero no lo trabajamos?

Joaquina: Pues que perdemos la confianza. Cuando no somos apóstoles del valor más importante de nuestra familia perdemos la confianza. Tenemos que ir al valor más importante de nuestra familia y medir su operatividad en nosotros. Si no está operativo jamás tendremos confianza en nosotros mismos. Es la piedra angular de nuestro edificio.

Jon: ¿Y si nuestra familia no era precisamente la mejor del mundo?

Joaquina: No importa si nuestra familia era buena o mala, si nuestros padres nos han tratado bien o mal. Lo importante es que esta familia tenía un valor o valores tan sólidos que han formado las primeras piedras que se ponen en la base de nuestra familia. Cuando el pilar de nuestro edificio no está, sentimos que se puede caer. No quiere decir que se vaya a caer, quiere decir que no tenemos autoridad sobre ello.

Jon: Y ¿entonces?

Joaquina: Vamos a proyectar una necesidad fuera de nosotros que esté fuera de nuestro edificio. Como mi valor no está operativo, por reacción ante él, porque no me gusta, porque me siento incómodo con él, porque creo que no es útil, etc… lo que voy a hacer es darle la autoridad a una piedra que está fuera para que mantenga mi edificio. Pero no lo va a mantener nunca en pie. Y cuando me dé cuenta de que no lo va a mantener nunca, a pesar de que me he proyectado, empieza la falta de confianza, la sumisión y pierdo el interés para el otro. El otro empieza a dejar de tener la relación conmigo. Aunque esté conmigo, ha dejado de sentirme de igual a igual porque ya no hay una relación: hay una dependencia.

Jon: Afortunadamente conozco mi valor familiar, pero ¿y si no lo conociera?

Joaquina: El valor familiar debemos tenerlo al 100% operativo. Porque nos lo ha dado la familia y lo conocemos perfectamente. Todas las parejas que has destruido han sido porque le has dado a esa persona la posibilidad de ser responsable y cuando se ha dado cuenta de que tú no lo eres y que estás apoyándote en ellos, que eres dependiente y que le necesitas, la persona se va.

Jon: Las familias también tienen un montón de valores negativos ¿Qué hacemos con ellos?

Joaquina: Nuestra familia tiene un valor positivo igual que cualquier familia en este mundo. Otra cosa es que tengan tantos valores negativos para nosotros que no queramos ver el valor positivo. Y si ya lo tenemos aplicado, no lo buscaré jamás en nadie, porque nadie busca un tesoro que tiene. Pero si no lo tenemos operativo quizás busquemos a personas que no lo tengan en funcionamiento. Si nosotros no somos responsables igual buscamos a todos los irresponsables para no quedar en evidencia. Si el valor es el amor y no lo hacemos operativo igual vamos en pos del desamor para confirmar que no hay que buscar amor. Es muy importante que sepamos que no hay ninguna posibilidad de que una persona que no trabaja sobre su valor familiar pueda tener una pareja que funcione y que perdure por largo tiempo. Porque tener el valor familiar operativo es lo que va a permitir tener autoridad. Una de las mayores dificultades en la relación es el autoritarismo y la sumisión: una persona pierde su identidad en aras de que el otro le ame.

Jon: Como segundo pilar has mencionado las creencias.

Joaquina: La creencia surge de la activación de nuestro valor. Así tenemos la piedra sólida del edificio y ya podemos poner los cristales en las paredes. Las creencias se tienen que nutrir siempre de la fortaleza. La creencia nos permite respetar la diversidad, y con ella nos damos cuenta de que los edificios que hay alrededor son todos maravillosos, aunque sean diferentes, y en todos se puede habitar. Cuando estamos en una creencia que es fortalecedora, lo que tenemos es empatía con los demás. Y para notar que tenemos empatía, hay que notar que somos auténticos.

Jon: Sí, cuando no somos empáticos intentamos ganarnos al otro, le manipulamos y hacemos un montón de cosas porque no creemos que el otro acepte nuestra diversidad.

Joaquina: Así es. Si somos empáticos, entendemos la diversidad y vivimos con ella. Pero si no lo somos, creemos que nuestra diversidad no va a ser aceptada y entonces camuflamos nuestra situación a través de la manipulación, de hacer cosas para que la otra persona nos quiera, para que la otra persona funcione con nosotros. Si no hay creencia fortalecedora, va a haber manipulación y no habrá empatía. Lo contrario de empatía es la crítica. Acaba de empezar la relación y empezamos a criticar porque no tenemos una creencia fortalecedora sobre nosotros mismos. Cuando criticamos comprobamos que nuestra fortaleza no era la adecuada. Para darnos cuenta de si estamos en la fortaleza o no, sólo tenemos que ver cómo analizamos las circunstancias. En el momento en que analizo las circunstancias y digo “es que ella o él hace no sé qué” eso quiere decir que estoy fuera de mi fortaleza. Pero cuando trabajemos la relación dentro de nosotros, cuando cuidemos de los cuatro pilares, caminaremos por la calle, nos mirarán y verán a otra persona. Una persona con todo lo bueno que somos. La fortaleza es aquello que vamos a conseguir poniendo operativo el valor, cuando, por ejemplo, me digo: “yo soy una persona honesta y creo que con la honestidad puedo llegar a lo que me proponga”

Jon: ¿Qué diferencia hay entre valor y fortaleza?

Joaquina: El valor es el motor que aplicándole una emoción te va a llevar a algún sitio. El valor es algo que está fuerte, que está sólido. Y la fortaleza es algo que se mueve, que compartes, que llevas hacia fuera. La fortaleza tiene una emoción, el valor no. Cuando sientes que una persona te manipula es porque tú no sientes que estás seguro de ti mismo. Porque hay algún pilar que tú no estás manejando. Porque si no, que la persona te quiera manipular no te afecta. Si tú no te sientes manipulable ni siquiera ves la manipulación. Que la persona haga lo que quiera, qué más da. Lo que tú tienes que chequear con relación a la manipulación del otro es si tú eres auténtico o no. Si tú estás bien, la otra persona construye. Si tú estás mal, destruye. Tú tienes que ser el motor de tu vida. Y cuando lo juzgas, solo ves en el otro lo que tú no quieres cambiar.

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