182 La pereza mental (II)

Jon: Me gustaría validar lo que entendí de la última conversación, respecto a como se aprende: Lo primero es que tengo un valor, y lo debo hacer operativo sin celos y sin envidia. Así voy corrigiendo la pereza. Puedo tener pereza, no pasa nada, pero el valor no puede tener celos ni envidia y decido qué tengo que aprender, y lo decido con toda la fuerza ¿Qué tengo que aprender de verdad?

Joaquina: Te propongo un ejercicio: lo primero, si tienes un modelo cercano, cierras tus ojos y vas viendo qué es lo que hace y cómo lo hace y qué propósito tiene cada vez que lo hace. Después buscas una película y empiezas a aprender a caminar como camina esa persona, a moverse como se mueve esa persona, a hablar como habla esa persona…

Jon: Es decir, modelar a la persona.

Joaquina: Modelar, no imitar. Aunque veas a una persona y veas que su fuerza está en las piernas y notas que su fuerza está en las piernas, tú lo que haces es llevar la gravedad a las piernas. Con eso trabajas la gravedad uno, la segunda y la tercera gravedad. La pereza mental se produce porque hay una pérdida de gravedad y una pérdida de equilibrio. Entonces, si yo estoy muy centrada en hacer voy a perder el sentimiento y la capacidad de pensar. Si yo estoy muy centrada en sentir voy a perder la capacidad de hacer y la capacidad de pensar. Si yo estoy centrada en pensar voy a perder la capacidad de hacer y la capacidad de sentir, tengo que tener un equilibrio.

Jon: Entonces, en el aprendizaje ¿qué pasa?

Joaquina: Que la mente disfruta porque cuando mueves tus piernas y te mueves como se mueve la persona y de pronto empiezas a moverte como se mueve la persona y además empiezas a darte cuenta cómo estructura… por ejemplo ves cómo se calla, ves cuando empieza hablar, ves cómo escucha… porque el propósito es entregarse a la comunicación en ese momento, en ese momento te estás dando cuenta de lo bueno que es.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque tú tienes que decidir lo que vas a aprender, para qué lo quieres aprender. Yo quiero aprender la entrega para estar con personas y participar del conocimiento humano. Eso es para lo que quiero la entrega. Así que buscas momentos donde puedas hacer aquello que hacían ellos, de la manera que lo hacían, para que empieces a darte cuenta de cómo se incorpora el aprendizaje a tu vida. Porque la mala noticia es que hemos nacido para hacer las cosas diferentes a nuestros maestros. Hemos venido para innovar a nuestro padre y a nuestra madre. Si una sola partícula nuestra se repite como ellos está vida no ha tenido sentido. De tal manera que si no les hemos aprendido no les podemos superar. Hemos venido a este mundo, y no estamos vivos hasta que no hemos superado el patrón de los maestros.

Jon: ¿Es ese nuestro compromiso?

Joaquina: Así es. La innovación, hemos venido a limpiar el mundo. Así qué quitando la pereza mental, que es haber conseguido aprender totalmente de los dos o de quién quieras, el compromiso es romper todo este aprendizaje y hacerlo todavía muchísimo mejor. Prestas atención a la mirada de tu padre, y te das cuenta de que su forma de mirar la tienes. Debes ir dándote cuenta, y te tienes que garbar, y tienes que disfrutar de cómo lo vas aprendiendo.

Jon: Eso es teatro puro.

Joaquina: Sí, en casita todos los días 10-15 minutos hasta que el cuerpo y la mente hayan hecho “ya soy la totalidad de los dos” Si tenéis que aprender delicadeza, pues delicadeza. Si tenéis que aprender entrega, lo que sea. Lo que para ti sea entrega.

Jon: Recuerdo, hace tiempo, hiciste unos talleres sobre cuentos infantiles que estaban relacionados con esto.

Joaquina: Así es. De los tres cerditos, de cenicienta, de caperucita, es que el cuento también te da la posibilidad de ver qué tienes que cambiar: si eres una persona despistada, caperucita es tu cuento, para que sepas que no vas a llegar a nada y que te va comer el lobo. Si eres una persona sacrificada, que te sacrificas igual viene la cenicienta, el hada madrina, la carroza y de pronto el príncipe que está ahí genial pero que ya sabes que no te puedes poner los zapatos de tus hermanos porque se rompen, tienes que tener tu número de zapato, no poder ponerte el de al lado. Si eres de los tres cerditos ya sabes que, si haces casitas de paja, pues el lobo te va a comer; si haces casitas de barro, el lobo te va a comer; si las haces de ladrillo, empleas el tiempo, trabajas sobre ello, el lobo no te podrá hacer nada. Con los cuentos trabajas los celos, la envidia y la pereza. Siempre hay algo que superar. Siempre hay la victima cenicienta, tiene que hacerse grande salir y convertirse en la princesa. Caperucita tiene que acabar poniendo foco y saber que cuando va a llevar la cestita, tiene que llevar la cestita. La bella y la bestia… cualquiera de estos cuentos.

Jon: A mí me gustan más las películas, porque no me contaban cuentos, pero los cuentos ayudan muchísimo.

Joaquina: Hay libros maravillosos sobre cómo trabajar los cuentos, pero lo más maravilloso es trabajar el cine. Como visión de poder trabajar personajes es único. Ves la película y eliges una escena, no hace falta ver la película 500 veces, elige una escena.

Jon: ¿Puedes poner un ejemplo?

Joaquina: Hace tiempo que sé que no voy a encontrar la tierra prometida. Tengo claro que la tierra prometida no es para mí, y veo la película “Los 10 mandamientos”. La escena que veo continuamente es en la que Moisés está separándose de todos ya y él se queda, y no puede entrar en la tierra prometida, porque no hizo lo que tenía que hacer.

Jon: ¿Para qué ves esa escena?

Joaquina: Para darme cuenta de que, si no hago lo que tengo que hacer, nunca llegaré dónde quiero llegar. Esa escena la veo repetidamente. Entonces me quedo ahí, me pongo a mirar lo que tengo que mirar en la distancia, veo que la gente entra en la tierra prometida maravillosamente y que yo estoy ahí, y que me tengo que despedir de los seres queridos y te: “vete y no te preocupes. Guíales a todos que yo me quedo aquí que lo hecho fatal y no puedo entrar” y de pronto me digo: “qué feo, mi gente ahí y yo aquí, ¿qué tengo que cambiar?” y eso me anima.

Jon: Entonces cada película nos va a dar pistas. Hace unas semanas vi “El último Samurái” y lo relacioné con los valores. ¿Es importante la vida? No. ¿Es importante morir? No. Lo importante es que sean tus valores los que te rijan, son los que te guían, los que te llevan algún lugar.

Joaquina: Cada película tiene momentos maravillosos para que puedas ver y aprender.

Jon: Así que la pereza mental se arregla con teatro. 

Joaquina: No se arregla sin aprender el modelo que tienes que aprender. Porque la pereza mental es un tapón mental que hemos puesto. por ejemplo, si yo ahora camino y camino sintiendo que soy una persona importante voy a caminar de una manera concreta… no he caminado en mi vida así. Si quiero superar un complejo, voy a ver cómo caminar. Pero de pronto me doy cuenta de que hay gente que camina una manera y eso no es lo que yo quiero aprender. Pues vuelvo otra vez, me grabo, y sigo y veo que mi cuerpo o cualquier movimiento está mostrando algo que no es lo que busco. Pues lo vuelvo a corregir, porque yo camino con la cabeza, voy a arreglarlo, voy a coger la cabeza, voy a caminar; y al rato ¿qué hace la cabeza? te manda el mensaje y cuando te quieres agachar ya no te deja. Todo lo que hagas con el cuerpo lo recuerda la cabeza, porque si no se cambian los comportamientos no se consigue el cambio; así que vas a tener que cambiar los comportamientos para conseguir el cambio.

Jon: Primer paso se superan los celos. Segundo paso se supera la envidia. Tercer paso se supera la pereza.

Joaquina: Pues la conciencia es la suma de todos los aprendizajes. Hay un libro muy interesante que te regalé al poco tiempo de conocerte: “Autobiografía de un Yogui” de Paramahansa Yogananda.

Jon: Sí, fue uno de esos libros que cambiaron mi vida.

Joaquina: Yogananda hace una suma de Jesús y Buda. Él se da cuenta de que los budistas no aman. Tienen consciencia, pero no tienen amor. Y se da cuenta de que él tiene la conciencia y necesita aprender el amor y entonces incorpora la vida de Jesús como su aprendizaje, y suma al gran Buda con el gran Jesús, como dos maestros de aprendizaje. Y se da cuenta de que Oriente tiene que aprender de Jesús. Se da cuenta de que él tiene muy bien a Buda, pero necesita aprender de Jesús. En el libro se ve como incorpora a Jesús a su vida, y desde ahí consigue hacer la suma de una persona llena de amor que es Jesús, y de una persona llena de consciencia que es Buda. En el budismo no hay envidia, no hay celos, hay solo pereza mental y necesidad de tomar consciencia.

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