168 El criminal en serie que llevamos dentro

Acabamos de terminar de ver la película Seven, dirigida por David Fincher en 1995 y con las interpretaciones de Brad Pitt y Morgan Freeman. Antigua pero no ha perdido su potente mensaje. Me fascina saber por qué a Joaquina le gustan este tipo de películas.

Jon: Quizá es que te veo frágil y delicada, y muy espiritual como para que te gusten este tipo de películas. ¿Me estoy perdiendo algo?

Joaquina: Hace años que investigo las mentes criminales. Esas mentes cuya condición es hacer daño a los demás y a quitarles la vida. Me interesaban mucho sus comportamientos, porque me parece siempre muy difícil entender como una persona puede quitar una vida. Cuando tienes alguien a quien amas, y deja de respirar, se hace una laguna inmensa entre lo que había y lo que es, y quieres llorar sin darte todavía mucha cuenta de lo que has perdido. Desaparece en el tiempo la persona, dejando solo el recuerdo, y te das cuenta de que la persona no es un cuerpo, es algo mucho más que permanece y permanece… pero te gusta tener el cuerpo cerca.

Jon: Bueno, es un apego que tenemos a las personas que amamos, y a sus cuerpos.

Joaquina: Si, y eso me ha llevado a cómo puede quitar la vida una persona a otra. Esta sensación se agravó cuando empecé a analizar que las mentes criminales tenían varios focos: las personas mayores, los niños, y cierto tipo de personas…

Jon: ¿Hablas de criminales en serie?

Joaquina: Sí, esas personas que quitan la vida secuencialmente, con un comportamiento concreto.

Jon: ¿Y tus conclusiones?

Joaquina: Mi conclusión es que estos asesinos quieren liberar a las personas que matan de algo que han vivido ellos. Es decir, matan a los niños porque ellos de niños han sufrido y quieren que desaparezca ese dolor. O matan a personas que están significando violencia que ellos han vivido, y no pueden parar la secuencia, y necesitan matar y matar, y matarían a todas las personas en el mundo que les recuerdan eso. No matarían a quienes no se lo recuerdan. Únicamente a las personas que tienen esa clave de dolor interno.

Jon: Entonces me estás diciendo que estos asesinos lo hacen porque han sufrido un dolor interno que no han podido soportar.

Joaquina: Sí, y me planteo, ¿cuántas horas se pasa la humanidad analizando a personas que matan fuera y qué poco tiempo dedicamos a analizar cómo las personas nos matamos dentro. Debido a una circunstancia, que cada uno tenemos que analizar, hay una parte de la vida que se ha quedado bloqueada, y continuamente matamos esa parte de nuestra historia para no sufrir esa parte de la historia. Ese es el criminal en serie que llevamos dentro, el que no nos permite vivir la experiencia positiva de nuestro mayor valor.

Jon: Entonces es una parte de nosotros que intenta quitar un sufrimiento.

Joaquina: Imagínate… Hay un criminal en serie que tiene una persona que le cuida, un cuidador. Este cuidador no tiene en cuenta su sensibilidad y lo que hace es llegar a un punto de sometimiento que lo encierra en una habitación, y cuando la persona necesita hacer cualquier cosa, pues no le deja. De tal manera que deposita sus excrementos en una caja y los mete en un armario, porque no le permiten salir. Entonces hay un bloqueo de libertad y una… voy a llamarlo sodomización, la veja, no la deja ser ella misma. La persona encerrada va maquinando y construyendo una idea sobre sí mismo: “Si alguien me está haciendo esto, es que debo tener algo malo” Hasta el punto de que no puede soportar ese sentimiento de maldad. Aparece entonces un proceso de enajenación y la culpa que siente dentro la proyecta y culpabiliza, e inmediatamente quiere salvar a los niños de vivir esto. ¿A quién va a matar?

Jon: ¿A las niñeras?

Joaquina: Y las niñeras van a tener un niño al lado, lo cual quiere decir que se va a llevar a la niñera y al niño. Es decir, que necesita volver a vivir todo lo que vivió, pero al revés. Delante del niño necesita destruir a la niñera.

Jon: Es decir, siempre hay una vivencia donde hay un personaje que bloquea a la persona y la anula.

Joaquina: No importan los niveles, el ejemplo es un nivel fuerte, pero funciona exactamente igual dentro de nosotros. La única diferencia es que nosotros no matamos a alguien de fuera, sino a alguien de dentro. A nosotros mismos. El personaje de la historia va perdiendo la razón y pensando que es muy malo, muy malo, y en ese momento solo le quedan dos opciones: atacar o atacarse. Al ser un sentimiento tan malo, pierde la sensibilidad y empieza a destruir. Lo que destruye es a la persona que le hace daño, en el mismo escenario. Cambia la forma, pero el escenario tiene que ser el mismo: Debe haber una niñera y un niño. El se hace el salvador del niño, pero el niño tiene que ver lo mismo que vio él. Así funciona una mente criminal en serie.

Jon: Yo puedo comprender estados de enajenación inmediatos, donde no mides lo que puedes hacer, y se produce algo duro. Lo que a mi también me cuesta comprender es esa premeditación secuencial a las mismas personas y de la misma manera, perdiendo más y más la sensibilidad hacia el ser humano.

Joaquina: Lo que a mí me cuesta es entender a una persona que está todo el día contra sí misma. Eso me duele todavía mucho más. La diferencia es que no tenemos sangre para ver, vamos matando neuronas, vamos matando deducción, vamos matando expectativas… y vamos convirtiéndonos en seres anodinos y perdidos. Mira a un niño recién nacido, es la expresión de Dios hecha carne. Y nosotros somos morcillas caminado. ¿Dónde se quedó Dios? Es imposible que exista esta variable si no hay algo que lo provoca. Es imposible que un niño recién nacido exprese la mayor experiencia divina, y una persona mayor exprese la mayor experiencia de lo no divino.

Jon: Hablas casi constantemente de criminales y no de asesinos. ¿Cuál es la diferencia?

Joaquina: Son personas normales que un día detectan la llamada a superar las cosas que ellas vivieron. Son criminales y no asesinos porque no tienen conciencia de matar a una persona, quieren matar el mal, que para mí es muy diferente. El ejemplo que te he puesto es un caso real, que a mi me hace temblar por dos cosas: una, que las cuidadoras pasan a ser seres malévolos para esta persona, y dos, porque el niño vive el escenario de la mayor crueldad. Cuando una persona tiene un deterioro tal que no comprende lo que está haciendo, es parecido a lo que nos pasa a nosotros. Con estas explicaciones quiero que te des cuenta de cómo tú y todos configuramos nuestra mente cuando sobrepasamos los niveles de dolor en algo, y ahí empieza a construirse nuestro degradador, o nuestro anulador de la felicidad.

Jon: Entonces, hay una vivencia a la que nosotros damos un valor negativo. Y es una vivencia que se repite de continuo. Tiene dos características: Es una vivencia muy dolorosa para mi, y además no la comprendo. No comprendo como alguien que me tendría que estar queriendo me hace eso concreto que me está haciendo.

Joaquina: No hay ningún ánimo de disculpar al criminal en serie, sino de que comprendas lo inevitable que resulta para él. En este caso hay un cuidador, cuando revertamos el caso a nuestro interior habrá un papá y una mamá. Tenemos un bloqueo de libertad expresiva emocional, una situación donde no nos podemos expresar. Además de no poder expresarlo tenemos que pasar por una vejación. Por ejemplo, yo trabajo con niños que se han orinado o hecho caca en el colegio, o niños que les han dejado desnudos porque se han manchado, o sodomizaciones que han dejado a las personas colocadas en ese sitio. Esto el niño lo guarda dentro de su archivo porque no lo puede soportar. Y va teniendo comportamientos limitados hacia la sonrisa, hacia la alegría, o hacia otras cosas, y aparece un niño o una niña que tiene expresiones diferentes a otros niños. Se contiene más, habla menos, le provocan temor cosas, vive como un estado de excitación hacia el miedo o hacia el temor excesivo.

Jon: Sí, y lo que les solemos decir es que hablen, que sonrían, y conseguimos que se cierren todavía más, y que se queden todavía más bloqueados.

Joaquina: Vive entonces la culpa de “¿Qué tengo yo malo para que me hagan esto a mi?” “¿Qué ve esta persona en mi que no me ama?” A partir de ahí, como la culpa dentro no se puede soportar, escupe la culpa hacia el exterior. El criminal en serie busca la misma escena, pero cambiada. Al que le hacía daño es al que él le hace daño, y el que sufría el daño es el observador: “Vas a observar esto para que te des cuenta de que te estoy salvando” “Estoy matando a tu cuidadora, que no te quiere por mucho que te diga, que te maltrata, y tienes que verlo para que sepas que soy tu salvador”

Jon: El daño para el niño es tremendo.

Joaquina: Esta persona no matará al niño. Matará a la cuidadora, pero el niño vivirá el tiempo que considere esta situación de dolor.

Jon: ¿Qué busca esta persona?

Joaquina: Salvar al mundo de esta situación, y cree que solo se puede salvar desde un lugar de dolor. Volviendo al interior, hay un sedimento interno que nos lleva a polarizarnos. Hay una parte de nosotros que se convierte en destructivo y una parte de nosotros que es lo contrario, que es lo constructivo. Lo que sucede es que el constructivo acaba muerto, cansado por tanta destrucción.

Jon: En el mundo pasa lo mismo. Existen 4 o 5 estrellas que están dando luz y millones de seres que quieren que esa luz se apague. De esas luces permanecerán una o dos, pero las otras se habrán agotado.

Joaquina: Creo firmemente que todos somos la luz, y tenemos ese punto que debemos superar, que se llama el ego destructivo. En mayor o menor medida, el ego siempre es destructivo. Este ego destructivo es al que escuchamos cuando no queremos hacer nuestro propósito de vida. Cuando queda descubierto el criminal interno, nos damos cuenta de que está impidiendo que tengas lo mejor de ti mismo. En el ejemplo que te estoy contando, esa persona, si no fuera un criminal, tiene una sensibilidad hacia los niños que tienen pocas personas. Y esa sensibilidad la podría haber utilizado en ser un gran constructor de nuevos métodos de trabajo con los niños… pero cuando se encontró con ese compromiso, optó por la destrucción porque el compromiso le parecía demasiado fuerte para él.

Jon: Entonces, el trabajo que me propones tiene dos pasos: Darme cuenta de cómo funciona mi destructor y encontrar cómo se ha convertido en un criminal en serie.

Joaquina: Sí, pero no el destructor generalista, sino aquel que funciona de una manera concreta, en un tiempo concreto y con asuntos concretos. Está el destructor de nuestra felicidad afectiva, está el destructor de nuestra felicidad profesional, social…Tienes que detectar cómo funciona el destructor en un campo concreto. El objetivo es desnudar al asesino para poder decidir si quieres seguir matando una parte de ti, o quieres ser feliz. Esa es la disyuntiva. Una parte de ti es oscuridad y otra parte de ti es una claridad enorme. No puede estar mezclada tu oscuridad con tu luz porque se irá destruyendo. Si al finalizar el día me doy cuenta de que soy feliz cuando imparto algún curso, pero en otros momentos no, podré decir que soy feliz a ratos. Yo creo que la felicidad es permanente, y sin embargo cuando hago mi recurrente pregunta de “¿Eres feliz?”  la respuesta es: “a ratos, que no puede ser, que en momentos concretos…” Eso me generaba mucha tensión porque si les preguntaba qué querían en la vida, todos contestaban: “Ser felices” ¿Cómo puede ser que todos quieran algo que dicen que no pueden conseguir de manera continua? ¿Para qué estamos vivos? Si esta es la vida, no la quiero, pensaba yo de pequeña ante este conflicto. Y le decía a mi madre que no quería ser como los demás, que quería ser feliz y conseguirlo. El mecanismo de querer cosas y no poder, hace que muchos de nuestros niños vivan en un estado de no entender. Porque les decimos que le amamos, pero les quitamos a su padre o a su madre. Les decimos que le amamos, pero estamos continuamente hablando mal de la vida. Les decimos que le amamos, pero les dibujamos un panorama totalmente patético. Algo nos pasa. Esas contradicciones no pueden ser desde la luz. Tiene que haber algo dentro que nos lleva a algún sitio que tenemos que analizar. Estoy segura de que no hay ningún criminal en serie que hubiera querido empezar a matar. Y estoy segura de que nosotros no hemos decidido de forma consciente empezar a matarnos. Pero no hemos encontrado ningún otro recurso mas que anular la parte de nosotros que creemos que no se puede respetar.

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