165 El amor

Estamos sentados en el banco de un jardín, a los pies de una iglesia observando a los invitados de la boda a la que acabamos de asistir que bajan las escaleras de. Sonrisas cómplices, trajes elegantes, amigos emocionados y madres un poco llorosas conforman este irreal y a la vez familiar escenario. Una novia preciosa y un novio exultante bajan raudos los peldaños, con sus manos entrelazadas  y con la libre sobre la cabeza intentan entre risas protegerse de la lluvia de arroz. Van todos desapareciendo en sus coches y nosotros nos quedamos un rato más disfrutando del olor a flores de esta tarde de mayo.

Jugando un poco a ser fariseo, como en el evangelio de Mateo (19, 3-6), tanteo a Joaquina:

Jon: “¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer por cualquier motivo?”  ¿Dónde queda hoy la promesa de fidelidad en la prosperidad, la adversidad, la salud, la enfermedad, amándola y respetándola durante toda la vida?

Joaquina: Fíjate, si en vez de esas gastadas palabras hubieran dicho estas: Te amo para que tú seas libre de amarme o de no amarme, de darme o de no darme, de entregarte o no entregarte. Éste amor sólo nos vincula a tu absoluta libertad que es la misma que yo quiero tener en este amor.

Jon: Suena muy diferente

Joaquina: No es eso de “me amarás hasta el día en que te mueras, me amarás haga yo lo que haga, me amarás con el hambre, con todo lo que nos pase”… Ese no es el amor que estamos esperando, y eso no quiere decir que estemos planteándonos separarnos. Eso quiere decir, simplemente, que le das a la persona la libertad absoluta de que viva aquello que necesita mientras está contigo, en total libertad.

Cuando te encuentras con una persona, sea quien fuere, tu amor, que no está fuera, no es que ames a la persona, sino que es tu amor proyectado fuera, tenga la capacidad de permear al otro. La capacidad de que el otro haga lo que quiera en cada momento, sin que tenga que justificarse ante nosotros. Ése sería el amor infinito, porque tiene que estar libre de miedo, tiene que estar libre de no aceptación, tiene que estar libre de dogmatismo. Pero jugar al juego de pensar que el otro te hace lo que tu le estás haciendo a él. Jugar al hecho de que el otro decida que su vida es mucho mejor sin nosotros, o jugar al hecho de que el otro no trabaje y nos deje toda la carga de trabajo a nosotros, es insoportable. Que lo que es insoportable para nosotros es exactamente igual de insoportable para el otro.

Jon: No conozco a ninguna persona que amando entienda que el otro no le ame, no conozco a nadie. Es decir, en el momento en que estás diciéndole al otro  “te amo”, ya ha hipotecado al otro en que le tiene que amar.

Joaquina: Lo que realmente nos va a hacer grandiosos y únicos es entender la bidireccionalidad de los sentimientos. Que el sentimiento es tan libre para odiar como para amar. Que el amor que tú tienes no tiene que ser un amor condescendiente, ni tiene porqué ser un amor frío. Que si tú tienes la razón, al lado hay otra razón tan libre como la tuya. Que si tú tienes dolor, al lado hay otro dolor tan increíble como el tuyo. En la medida en la que pensamos que nuestro dolor es el máximo, que nuestra capacidad es la máxima y que lo que nosotros nos merecemos el otro no se lo merece, es imposible hacer una vida o tener una vida de iguales.  Y si no es una vida de iguales, es una vida que tiene demasiados errores y demasiadas vinculaciones no posibles.

¿Se ha puesto alguna vez alguien de rodillas ante ti y has pensado que esa persona no merecía tu amor? No hace falta que me contestes. ¿Te has puesto alguna vez de rodillas ante alguien, has permitido que piensen lo mismo?

Jon: mmmmm…

Joaquina: Pues yo me pongo de rodillas delante de todas las personas y les digo que les amo profundamente, pero eso no vincula en ningún momento, la posibilidad de que ellos me amen a mí. Solamente amo lo que yo siento. Y eso que yo siento, me vincula a mí con lo que yo siento, no les vincula a ellos o a ti con lo que yo siento. A ellos les tiene que dar total libertad lo que yo siento, y a mí me tiene que permitir que ellos sean totalmente libres con lo que sienten. Si no hay esa libertad alguien la hipoteca en este camino. Y esa hipoteca es la que, en realidad, está anulando toda nuestra existencia. Si no hay libertad para sentir, porque si siento y tú no sientes me odio, no hay libertad para amar. Mis sentimientos no hipotecan a nadie en mis sentimientos. Mi amor no hipoteca a nadie en mi amor. Mi camino no hipoteca a nadie en mi camino. Porque si yo hipoteco al otro en mi camino, lo que estoy diciendo es que existe un solo camino, el mío, y el del otro no existe. Y si el camino del otro no existe, es que he cortado el circuito del camino, convirtiéndome en un ser en solitario.

Jon: Implícito en lo que dices está el paso previo del amor a uno mismo antes de buscarlo fuera. Como decía Pablo en la carta que nos han leído: “El que ama a su esposa se ama a sí mismo. Nadie menosprecia a su propio cuerpo, sino que lo alimenta y lo cuida”

Joaquina: Nosotros somos amor, indiscutiblemente, a nosotros mismos, indiscutiblemente. Luego podremos tener problemas de cómo nos tratamos, podemos tener complejos de inferioridad, etc., pero que el amor que nos tenemos a nosotros mismos está por encima del amor a cualquier persona, es una realidad incuestionable. Tienes muchos  problemas, no tienes ni idea, eres bastante erudito, te cuesta entender que 2 + 2 son 4, pero mirar lo que te amas y pasárselo al otro no tiene que costarte nada. No es ningún logaritmo, no tienes que ser ni socrático, ni presocrático, ni aristotélico, no tienes que hacer nada, simplemente ponerte en disposición de ver cómo te amas y pasárselo al otro.

Es decir, que si yo voy a cogerte el brazo, Jon, y te voy a trabajar tu muñeca y antes veo el movimiento que voy a hacer para saber lo que duele en la mía, casi seguro que cuando toco tu muñeca tengo claro hasta dónde puedo llegar sin que haya dolor y voy a ser muy cuidadosa. Pero si se me olvida mi muñeca, cogeré la tuya y seré más brusca. Con lo quejica que eres no tardaré en escuchar tu grito y tu reproche. ¿Qué pasó ahí? En el momento en que tú eres consciente todo el tiempo del amor que te tienes a ti mismo, eres incapaz de hacerle algo al otro que no sea con amor. Pero tienes que ser consciente del amor a ti mismo, no jugar al juego de que no te amas, que esa es la mayor barbarie de lo que hacemos.

Jon: De ahí: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”

Joaquina: Si, pero hay un grave problema que arrastramos desde el catolicismo: Lo que hemos perdido con la cruz es la conciencia del Amor. Porque quien nos dijo “ama al prójimo como a ti mismo” nos está queriendo en la cruz todo el tiempo, porque el se amó y se dio en la cruz. ¿Qué nos está pidiendo realmente? Ama a tu prójimo como a ti mismo, quiere decir que me inmole totalmente en la cruz. Si te amo a ti como a mí mismo, me voy a la cruz. Sin embargo se nos olvida que él también nos entregó la resurrección. ¿Con qué nos hemos querido quedar? Nos regaló la resurrección para que supiéramos, como concepto, que no teníamos que morir y que no teníamos que sufrir, sin embargo, nos quedamos con la cruz. Y ése es el planteamiento que nos tenemos que hacer y que nos tenemos que cuestionar.

Jon: ¿Por qué hemos decidido cuando estamos en pareja vivir en la cruz y no vivir el amor?

Joaquina: Te amo como a  mí misma, te doy la libertad para amarme y no amarme como me la doy a mí misma para amarte y no amarte. Ése sería el matrimonio. Y el primer matrimonio es el interior. Te tienes que amar a ti mismo, con la consecuencia de tener dos formas dentro de ti: una que te gusta más y otra que te gusta menos. La que te gusta, disfrútala y la que no te gusta, cámbiala. Si quieres vivir un amor eterno, y existe el amor eterno, la única posibilidad es que conviertas en amor total lo que tú eres. Porque cada vez que sales fuera buscando amor, vas buscando el amor que te faltó en tu infancia, esa parte de ti que no se completó. Y eso es lo que nos hace estar permanentemente en la cruz, permanentemente en la culpa, permanentemente en el desamor, permanentemente en la soledad. Tienes que conseguir el amor a las dos partes de tu conformación, es lo que te sacará de la culpa. Si no lo haces así será muy difícil, porque en el de al lado siempre verás el error de aquel padre al que no amas.

Jon: Vamos buscando la pareja compensatoria

Joaquina: Hay una creencia generalizada que el amor es una cualidad que emerge de pronto ante la imagen de una persona, y que es en ése momento donde se culmina el mayor nivel de éxtasis personal. Sin embargo, las cualidades no están sujetas a momentos, a necesidades o a expectativas concretas. Si tu valor primordial es el amor estará presente en ti en todo momento y no será alguien ajeno a ti quien te lo inspire.

Si tu sientes amor ahora mismo por la última persona que se ha acercado a ti, o por aquella persona que ha movilizado en tu interior sensaciones antes no descritas. No estás hablando de amor. Estas conectando con una pasión, con un deseo, con una alteración o simplemente con un capricho al que le exiges una respuesta idéntica.

La propuesta que te hago es que sólo se tiene poder cuando el amor está dentro y no está fuera; que sólo se tiene prestigio cuando el amor está dentro y no está fuera; que eres capaz de conocer solamente tu amor, el amor del otro nunca lo podrás conocer; que eres capaz de expresar tu amor, nunca podrás expresar tu amor en la palabra del otro y, lo que es mucho más importante, la libertad sólo la tendrás cuando ames libremente al que está enfrente.

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