161 Culpar II

Jon: es imposible soportar que tenemos la culpa, sin que nos demos cuenta de que hemos culpado, en dos segundos, al tiempo, al cielo, al infinito, a tu amiga, a tu madre, al teléfono, a la calle, al resbalón… Me caigo, y en vez de pensar que iba rápido digo que había algo en el suelo. La culpa es del Ayuntamiento.

Joaquina: La culpa no se puede soportar, por eso es tan importante que comprendas cómo se fabrica para que sepas cómo la vas echando fuera. Porque tenemos que cojer la patata caliente, quemarnos las manos y trabajar nuestra culpa honestamente, todos somos culpables en nuestro interior, porque nuestra esencia divina no está desde Dios en nuestro pensamiento, sino que la tenemos escondida y trabajamos con nuestro lado árido. Y pensamos que el mundo es así, pero la culpa la tenemos nosotros. No hay padres que tengan la culpa, no hay Dios, no hay nadie, no hay nisiquiera una estructura a la que podamos echarle la culpa positivamente.

Jon: ¿Sentirnos culpables no es una falta de amor a nosotros mismos, y si culpamos fuera una falta de amor al otro?

Joaquina: Para amar a los demás tienes que haber encontrado la esencia de tu amor personal, y la esencia de tu amor personal es lo mejor de tí mismo, nunca es lo peor. Sólo te puedes amar de verdad cuando te das cuenta de que el amor entra, de que el amor está llenándote, es una esencia que te inunda de tal manera que no puedes hacer otra cosa. Pero cuando no te amas a tí es imposible que lo enfoques hacia fuera, o cuando tu amor hacia tí es un amor pesimista, es un amor más ambicioso, es un amor que no se recrea en lo mejor de tí.

Jon: Pero a veces culparnos equivale a que hacemos algo mal, a que tenemos un defecto, o que somos malos…

Joaquina: ¿Qué beneficio encuentras en pensar que eres malo? Sin que sea comparativo, porque podríamos hacerlo, pero el ejercicio no es compararnos con otros. Pero ¿qué beneficio tiene? Mi amiga no me ama, no me quiere, ¿que beneficio tengo yo en pensar que es que yo tengo un defecto para que mi amiga no me ame? ¿qué beneficio hay en esto? Tengo una amiga a quien yo amo profundamente y siento que ella no me ama. No pienso: “ella no me ama, bueno, no pasa nada”, si no que pienso que yo tengo algo malo ¿Qué beneficio tenemos con esto?

Jon: Victimismo, no querer cambiar para ser amado, sentir que el mundo es malo conmigo… o simplemente no me ama por motivos ajemos a mi, o porque no lo merezco.

Joaquina: Si realmente tú piensas que no tienes algo que merece el amor, ¿qué estas buscando con esa creencia? ¿De qué te estás librando con esa creencia? Cuando piensas mal de tí, ¿de qué te estás librando? Puedes hacer culpable a ella o puedes culparte tú, pero el beneficio importante de ello ¿cuá es? Pues que no vas a trabajar hacia el amor porque has decidido que tu amiga ve algo malo en ti, que tú estás mal. Todos los movimientos de maldad interna son para evitar siempre hacer algo, pero con que te pusieras en disposición un minuto a pensar: “Dios no puede haber dejado mi reino de ninguna manera, donde algo maravilloso no puede morir”.

Jon: Entonces, para estar bien, debemos separar la expecttiva de ser perfectos para todo el mundo, ya que cada persona tiene una mirada y una forma de ser.

Joaquina: Entonces, llegamos otra vez a este lugar, donde vivimos en el reino de Dios, y dudamos de Dios, no importa si dudamos justa o injustamente, y salimos de ese terreno, nos sentimos separados, en realidad ¿qué hemos decidido? ¿hemos decidido encontrar nuestra luz o hemos decidido vivir nuestra sombra?

Jon: Vivir nuestra sombra.

Joaquina: ¿Y para qué queremos vivir nuestra sombra? ¿Para qué no queremos nuestra luz? ¿para qué realmente queremos vivir nuestra sombra? ¿qué beneficio tienes tú cuando tú estas culpando a todo el mundo?

Jon: Me eximo de la responsabilidad y el compromiso de mi salud.

Joaquina: ¿Para qué? Ya te lo digo yo: para poder vivir un placer que te conmueve por encima del gozo divino. Todos tenemos que encontrar en nuestro pensamiento cuál es el placer al que acudimos que rompe la estructura de amor personal y que nos impide encontrar la luz interior, porque esta es la causa de que todo lo demás se produzca: el placer de la culpa. Marca esto en tu mente: lo que te quita de hacer es la culpa, lo que te quita de trabajar en tu favor, lo que te hace permitirte estar enredando y enredando para caer y caer y caer cada vez más en tu propio placer.

Jon: Entonces lo primero es encontrar nuestra culpa, aquella parte de nosotros que nunca decimos a nadie que somos culpables de eso.

Joaquina: Así es. Con que encuentres una cosa basta, no es necesario encontrar cinco culpas con que encuentres una en la que no le puedes echar la culpa a nadie es suficiente. Ahora piensa, vamos a jugar con eso que tienes en tu inconsciente, bueno, con eso que tienes en el consciente pero que tú crees que es muy privado, y yo no lo voy a sacar a la luz. Reconoce ahora el placer que te provoca vivir en ello.

Jon: Vale, lo tengo.

Joaquina: Voy a hacerte una pregunta: cuando caes en esa culpa pura que tienes, ¿cuánto tardas en buscar a alguien para poder culparle de todo lo que ha pasado ahí?

Jon: Yo diría que segundos.

Joaquina: El placer supremo es pensar que los demás son tan malos como nosotros, es poder ver la maldad a tu alrededor. Si quitamos esa maldad, si consiguíeramos, por un instante, ver la bondad infinita que hay a nuestro alrededor… si te pusieras como yo estoy ahora mismo y te dieras cuenta de que todas las personas solo són luz pura y que yo soy la única que en este momento no soy luz, inmediatamente lo cambiarías. Pero lo que yo tardo en ver la impureza en otros para poder salir de mi interior y mi impureza, es un instante. Debes ir a esa cosa en la que no puedes echarle la culpa a nadie, que en realidad sabes que es tu esencia más primitiva, y te darás cuenta de que cuando te mueves en ello, instantáneamente buscas o hacer o provocar algo donde el culpable está fuera. El mayor placer del ser humano es convertir al otro en malo o en peor que uno mismo.

Jon: Esto está simbolizado en Adán y Eva.

Joaquina: Efectivamente. Hay algo por lo que él duda y no lo hace él solo, no coges la manza y te vas, sino que necesitas que el otro esté contigo, que el otro haga como tú, que el otro funcione como tú. Porque realmente, cuando estás exento totalmente de echar la culpa a alguien, solo te queda mirate a tí y cambiar tú, y darte cuenta de todo lo que pasa a tu alrededor en realidad sale de ti, que nadie te miró mal, que nadie te atacó. Es tu deseo de ver la maldad más allá de ti lo que te hace ver el mundo como no es, porque en los estados peores, si te paras un minuto y observas cómo era esta persona hace un instante, antes de que pensaras así, encontrarás a la persona impresionante que está al otro lado.

Jon: La conclusión sería que tenemos que permitirnos encontrar el gozo divino independientemente de que no seamos perfectos, independientemente de que sepamos que tenemos una sombra, independientemente de que sepamos que estamos en un mundo donde la separación es un estado cualquiera.

Joaquina: El primer paso es reconocer que queremos vivir en el placer. Lo que es muy bonito es que te des cuenta de que es independiente una cosa de la otra, ¿de acuerdo? El primer ejercicio es que queremos vivir en el placer, para no vivir en el gozo de lo divino, porque el placer es poder cubrir unos deseos… hay cientos de miles, unos son el deseo de la pasión de lo sexual, otros son el dinero, otros son de la perfección… no importa. El placer de lo oscuro contra el placer del gozo de lo divino.

3 pensamientos en “161 Culpar II

  1. Culpa, amor, placer, gozo, en una primera lectura parece fácil, amo a los demás y a mi misma, busco la culpa más instrínseca, la que no puedo sacar fuera y decido cambiar el placer por el gozo divino. Aunque me siento en el camino cada paso cuesta pero me siento bien ya que voy a conseguirlo. Gracias Jon por compartir

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  2. Pingback: 177 Liberarse de la culpa | Conversaciones con Joaquina

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