150 La relación especial

“El ego te pide imperiosamente que no mires dentro de ti, pues si lo haces tus ojos se posarán sobre el pecado y Dios te cegará. Esto es lo que crees, y, por lo tanto, no miras.”

                                                                                                          T.21.IV.2.3-4

Jon: ¿Qué te parece esta cita?

Joaquina: La mente separada se produce y es mantenida por el juicio. Al juzgar, vemos las diferencias y nos damos cuenta de que somos “menos”. Ahí vemos nuestra carencia. Así, entablamos unarelación especial” que es la trampa que pone el ego para que busquemos alguien fuera de nosotros que nos dé lo que creemos no tener. La relación especial está constantemente en nuestras vidas, desde nuestra carencia iremos buscando durante todo el día aquel que nos complemente, llene de lo que no tenemos, etc. Cuando miramos a alguien solo miramos la proyección pues no tenemos conocimiento, únicamente percepción. El otro proyecta lo que percibe en ti. Hay intercambio de necesidades, pues proyectamos hacia el otro lo que ese otro necesita y quiere.

Jon: Entonces, él se enamora de lo que ella proyecta, dentro de lo que él no tiene; y ella se enamora de lo que él proyecta de lo que ella no tiene. Eso quiere decir que la relación especial siempre funciona con la errónea proyección, pues enseñamos al mundo lo que no somos. ¿Cómo lo arreglamos?

Joaquina: Se arreglaría reconociendo que tenemos algo que aprender del otro. Lo primero es aceptar que tenemos una carencia, y recuerda que solo existe una carencia expresada en múltiples formas. Después hay que definir lo que necesitamos para nuestro proyecto de vida, ya que miramos en el otro lo que no necesitamos dentro de la “categoría” de nuestra carencia.

La mente Uno se rompe por competitividad. Debemos aceptar que traemos con nosotros absolutamente todo lo que necesitamos para realizar el trabajo que hemos venido a hacer, teniendo en cuenta estas dos consideraciones: De lo que sentimos carencia es lo que hemos venido a aprender. Y de lo que sentimos excedencia, hemos venido a dar.

Jon: Dicho de otra forma, la carencia es el aprendizaje y el exceso la dádiva a los demás.

Joaquina: Siempre es un problema de humildad para darnos cuenta dónde estamos y hacia dónde tenemos que ir. Siempre tenemos que hacer lo que hemos venido a aprender. Nuestro trabajo personal en esta vida es romper nuestra carencia, a nivel de crecimiento personal y espiritual. Al romperla nos damos cuenta de que no tenemos nada que hacer.

Jon: ¿Para qué queremos una carencia que no nos deja vivir? ¿Qué es lo que no quiero dar a los demás que me disculpo diciendo que no soy capaz?

Joaquina: El concepto de carencia nace en el hogar, al creer que alguien tiene “algo” de nuestro padre o madre que nosotros no tenemos, o que no vemos. Debemos aceptarla carencia y darnos cuenta de que lo del otro lo hemos venido a aprender y una vez aprendido lo damos. En el ego jamás se puede producir una relación que no sea especial, pues en el momento de elaborarse partimos de algo que queremos dar o recibir. La relación especial nace de una carencia que nace desde el deseo. La primera relación especial es la de madre/hijo: “creo que mi hijo me necesita y sin mi no puede salir adelante.” En el mundo REAL existe el amor. En el mundo de la percepción nunca amamos, en este mundo IRREAL sólo existe el perdón como la forma más cercana al amor. Lo que hacemos es elaborar una limpieza de donde está el conflicto.

Jon: Si lo que nos acerca o aleja del mundo Real son los deseos, te he oído decir muchas veces que en el deseo nace inmediatamente el rencor.

Joaquina: Así es. Hay que tener en cuenta varios puntos.

  1. El ego primero quiere elaborar el deseo para no trascenderlo nunca. Toda persona que quiere trascender la relación especial tiene que depurar el deseo, es decir, trabajar los apegos. La persona con deseos se queja, Sin queja los deseos se han ido. El deseo es falta de voluntad que hay que trabajar desde lo más pequeño hacia arriba.
  2. La siguiente trampa son las emociones: me contengo, no te deseo, pero me emociono. No estamos hablando de sentimientos sino de emocionalidad. El ego monta una historia lúdica que te aleja de la responsabilidad de la pareja. La temporalidad de las emociones las transforma en odio. Es mejor no dar nada emocional y que vaya surgiendo, y experimentar en la pareja lo que vivimos cotidianamente, no cosas “especiales”.
  3. El riesgo más grande de la relación es la razón (mente carente). El “saber” que tenemos que estar juntos. La trampa es la individualidad de la mente, pero es lo más fácil de arreglar. Reconocemos y nos movemos para aprender o enseñar. Nunca me planteo que mi carencia me la da el de enfrente. Si noto mi carencia jamás me acercaré a una persona que me la de si no es para aprender. “O aprendemos de la manada de al lado, o estamos en nuestra manada”

Jon: Lo cual quiere decir que dos seres que se encuentran en la razón tendrán una relación perfecta si saben que son maestro y alumno al 100% los dos. Es decir, aceptar que somos alumno/maestro y el otro es alumno/maestro. La trampa que nos ponemos es que no queremos aprender/obedecer sin lo cual no podemos llegar a ser uno. “Yo aprendo todo lo que tu llevas, tu aprendes todo lo que yo llevo”.

Joaquina: El instante en el que dos mentes son una completamente, se rompe el velo que nos separa de Dios. El Espíritu Santo sólo habla desde la mente, nunca desde el deseo ni desde las emociones. El Espíritu Santo es la parte divina en nuestro interior, y cuando aprendemos a verla en el otro los seres se unen. Lo que nos hace elegir a una persona es la irrealidad. Solo hay dos tipos de relaciones. La relación de amor que nace de la necesidad: Te reconozco más en algo que no puedo tener. Permito que me dé. No hay competición sino admiración. Acepto que me enseñen porque no está en mi. Y, por otro lado, la relación de odio, que nace siempre de la envidia: Envidio lo que tienes pues sé que si hubiera hecho el esfuerzo sería como tú, pero no lo he querido hacer. Existe la competición y la persona queda en evidencia. No quiero aprender porque está en mí.

Jon: ¿Las relaciones de amor pueden convertirse en relaciones de odio?

Joaquina: Toda relación de amor acaba siendo una relación de odio cuando empieza la competición en algo que no es lo admirado en un principio. La relación de odio no tiene por qué transformarse en amor. En el momento en el que una relación de amor empieza a convertirse en relación de odio hay que separarse, no romper la relación pero sí separar las mentes, y trabajar y aceptar las carencias de cada uno desde una existencia de la relación, no de la persona. No hay que romper la pareja sino el conflicto de la pareja. Solo se arreglará cuando los dos se dan cuenta que tienen el 100% de su propia vida.

Jon: Será genial que hubiera unos pasos para solucionar esto

Joaquina: Son estos:

  1. Hay que poner una distancia, ya que no se puede arreglar en la propia relación, para buscar con individualidad lo que queremos de la vida e ir a por ello.
  2. Hacer un trato de no ataque a la “debilidad” del otro. Romper puntos de fricción.
  3. Buscar en qué son completos cada uno de los dos.
  4. Caminar en el crecimiento sin mirar ni comparar el crecimiento propio con el del otro.

Jon: ¿Y ya está?

Joaquina: Estos son los pasos previos. Una vez dados, la pareja se puede arreglar de la siguiente manera:

  1. Quitar los deseos. Hacer separación de bienes para no utilizarlos como medio agresor más tarde. Esto debe producirse cuando se nota que se va acercando el odio. Nadie perdona una agresión al poder.
  2. No buscar la relación sexual. Evitar deseos de posesión y utilización. Hay que separar los cuerpos para desvincular todas las cosas que sirven de ataque.
  3. Reconocer y asumir nuestros sentimientos. Al quitar el conflicto de las partes físicas (sexo y dinero) aparece la emoción.Nos encantamos con ella y aparece la madre o el padre de ellos. Aparece la misma relación que con nuestro padre o madre. Así quedan al descubierto nuestros sentimientos y pasamos a la mente.
  4. En la mente analizamos. Nada mas subir a la mente encontramos la carencia, que fue el motivo por el que nos acercamos a la persona. Al reconocer la carencia podemos empezar a arreglar la comunicación. Nos damos cuenta de lo que llevamos dentro y de lo que queremos. Al ver la carencia no atacamos al otro e inmediatamente el otro deja de atacar. El objetivo es que desaparezca el odio y el rencor, perdure la unidad de la pareja o no.
  5. Trabajar la carencia

Jon: ¿Qué consejo me puedes dar si iniciara hoy una relación?

Joaquina: Lo ideal sería que no hubiera sexo ni mezclas de dinero hasta entrar en el conocimiento de la carencia. Pues todo lo que el otro te da deja en evidencia lo que no tienes. Nada mas vernos nos reconocemos en el deseo, aunque nos hayamos visto en la mente. Una vez superado el deseo aparecen mamá y papá pues todo deseo pasado es un encuentro con la familia (emoción). El primer deseo nace con los hermanos, el cual nace de la relación emocional con los padres. Analizando nos damos cuenta de que somos carentes de algo. Lo único que tenemos que hacer es parar los deseos, aparecerá el llanto de la emoción y nos permitirá subir a la conciencia. Solamente mediante el desapego de los deseos podemos encontrar la realidad.

Jon: Jesús hizo el ayuno de 40 días

Joaquina: La carencia tiene que estar desnuda. Solo hemos venido a trabajar el desapego que es lo único que nos permite atacar o no al otro. Parar de hacer, no hay que hacer nada, solo parar de hacer. Parar lo que hacemos para generar deseos en contra o a favor. Cualquier cosa que te haga pensar que tú no tienes algo hay que pararlo. Hay que diferenciar entre desear y querer conseguir algo que podemos resolver. Todo lo que trabajamos por nosotros mismos es superación. Si necesitamos del otro es deseo. Enseñar con las obras, no con las palabras.

Jon: Gracias, has estado brillantemente didáctica.

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