123 El perdón a la pareja

Es fácil en un día cualquiera, a nada que salgas un poco a la calle, encontrarte alguna pareja discutiendo. Lo difícil es darse cuenta de que en realidad no discuten entre ellos. Cada uno discute con las parejas anteriores, con los padres, con las carencias, con el rencor acumulado. Estamos en un concurrido restaurante y en la mesa al lado de la ventana una pareja se esfuerza por controlar una discusión que se acalora a cada momento.

Jon: Ya sé que hablamos muchas veces del tema de la pareja, pero tu siempre has defendido que es en pareja como crecemos humanamente y nos desarrollamos en la vida, aprendiendo sobre nosotros mismos, Entonces, ¿por qué nos lo ponemos tan difícil, acumulando rencor a través de las distintas relaciones por las que pasamos?

Joaquina: El rencor, o la separación, nace en la relación especial. Iniciamos esta relación con alguien que creemos tiene algo que en nosotros no fluye de forma espontánea, o simplemente pensamos que nos falta. En un principio nos parece válido ir recibiendo de otro, lo que nos parece imprescindible para nuestra felicidad, pero cuando pasa el tiempo entramos en una situación dual: Sentimos rencor por la confirmación de nuestra carencia. Y nos hacemos dependientes de la persona a la que tenemos rencor porque tememos que nos dejen y no nos suministren lo que creemos que es la base de nuestra felicidad.

Jon: Pero a veces sí somos conscientes de esta doble situación.

Joaquina: Cuando esto ocurre, aparece la necesidad de atacar, para castigar al otro por tener o por poder dejar de suministrar lo que creemos que nos merecemos. A partir de ese momento iremos dejando en evidencia las faltas o fallos que encontremos en el otro con el fin de vencer nuestro miedo a la pérdida. El ego fomenta esta lucha sabiendo que el final es una ruptura, y el inicio de una nueva relación que empezará con la misma premisa: La búsqueda de lo que no se tiene.

Jon: ¿En qué se basa esto?

Joaquina: La base de este fundamento es la sensación de carencia en la que el ego nos envuelve con el fin de fomentar la separación y la visión irreal de que Dios da a sus hijos valores diferentes. Esa fabricación del ego es la que lleva al ataque y a la necesidad de castigar a los que se conciben como diferentes.

Jon: Entonces todo esto es parte de un proceso bien estructurado…

Joaquina: Así es. Nacemos con la desconfianza de nuestras capacidades para realizar nuestra misión. Vemos en los demás lo que en nosotros es una carencia. Ellos pueden realizarse.  Nosotros no. Crecemos intolerantes ante el esfuerzo a realizar porque pensamos que el camino es más arduo que nuestra preparación para el. Aceptamos que son los otros los que crecen y envidiamos su crecimiento, lo que en algunos casos nos lleva a querer pararlos. Nuestra juventud es inconsciente y alocada, bloqueando la comunicación, convencidos de que nuestro ser no está preparado para esta experiencia. Esperamos que los demás cambien lo que nos molesta y si no lo hacen les culpabilizamos de ello. Llegamos a adultos con muchas dudas, inseguridades y la profunda indecisión sobre lo que tenemos o no tenemos que hacer. Paralizamos nuestro camino. Dudamos del sentido de la vida. Queremos que los demás experimenten por nosotros para luego decir que esa experiencia les vale a ellos, pero a nosotros no. La madurez. Es costoso el tiempo vivido. Tenemos apego a todo lo nuestro, aunque no nos resulta válido y el rencor está preso en nosotros. Todos tienen lo que no tenemos y además están apegados a ello y no lo dan. Otros se extienden, nosotros guardamos lo que tenemos porque quizá nos lo quiten y nos quedemos sin nada.

Jon: Siempre te he oído decir que el perdón es el camino para la madurez.

Joaquina: El principio del perdón se basa en entender que nada ha sucedido. Ha sido nuestro mundo de proyección el que, desde estados subjetivos, nos ha llevado a vivir como una realidad lo que era una fabricación del ego. Pensamos debería haber sido de otra manera, y eso es lo que genera el rencor. En ese momento nos hemos convertido en directores, guionistas productores y primeros actores, y en este estado de egolatría, no permitimos que nada se mueva fuera de nuestra dirección. ¡Pobres de aquellos que hayan actuado, aunque sólo sea un instante, de forma diferente a la deseada por nosotros! En nuestra mediocridad no somos capaces de vivenciar que enfrente hay otro director que barre para sí mismo al igual que lo hacemos nosotros.

Jon: Entonces, cuando somos capaces de observar el escenario común, somos capaces así mismo de compartir y extender, con respeto, nuestro propio guión.

Joaquina: El perdón, nace cuando vemos y aceptamos que, en nuestro tramo de coexistencia con los demás, el alumno y el maestro son el mismo. Cuando entendemos que no han existido hechos, sino fabricaciones del ego. Perdonamos cuando nos abrimos a experimentar esta realidad para poder extender nuestro perdón.

Jon: Según esto, perdonar, es por encima de todo, hacer un reconocimiento de que nada existió ni en uno mismo ni en los demás.

Joaquina: Perdonar, nos lleva a la relación santa. Una relación donde nos sentimos plenos, abiertos al aprendizaje desde los recursos que tenemos, viendo a nuestro hermano como un maestro y un alumno libre. Nos damos sabiendo que es lo mismo que recibimos. Enseñamos sólo lo que queremos aprender.

Jon: ¿Cómo perdonamos?

Joaquina: Perdonar es un ejercicio de 5 pasos:

Primero: VER el hecho o suceso que necesita perdón. Para ello abstráete al máximo y minimiza la información del hecho.

Segundo: ACEPTAR que hay una parte con la que te has sentido atacado y que aún no has perdonado. Que ha existido en el pasado una situación donde has actuado así con la misma u otra persona. Es importante para analizar este punto observar el contenido y no la forma. Es quizá en este aspecto donde más nos confunde el ego. Nos hace ver aspectos diferenciales en los modos y actitudes y nos hace obviar las características abstractas del hecho. Una vez localizadas las dos situaciones, debes anotar:

  • La justificación que te das para esa forma de actuar;
  • Qué elemento buscas dentro de tu análisis para paliar tu culpa.
  • Cogiendo estos datos aplícalos a la situación donde tú crees que recibes el ataque.
  • Dos actos con un mismo contenido sólo pueden ser realizados por dos mentes con un mismo tipo de pensamiento.

Tercero: CAMBIAR. Una vez comprobado que todo lo que vives y crees recibir de los demás no es mas que el resultado de la intolerancia que vives hacia ti mismo y hacia ellos, debes ver qué parte de ti mismo vas a cambiar para que los hechos no vuelvan a repetirse.

Cuarto: EXPERIMENTAR. Ahora date un tiempo para experimentar libre de los juicios anteriores. Ya conoces que la dificultad estaba en ti, y la reconstrucción también lo está. Desde ahora tu experiencia en la relación con situaciones de este contenido va a ser de crecimiento y liberación.

Quinto: EXTENDER. Una vez visto, aceptado, cambiado y experimentado, extrae la esencia del trabajo que has hecho. Olvídate totalmente de situaciones no existentes y haz la síntesis de este trabajo para cualquier experiencia de tu vida. Ahora, cada día debes ser maestro de esta esencia y hacerla extensiva a todos tus actos y momentos.

Voy a transcribir el ejercicio que hicimos en un Taller sobre este tema, que creo que puede ser útil.

  1. Busca dentro de ti una carencia que hayas buscado en la persona que hoy vas a elegir para experimentar el perdón.

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  1. Sitúate en un momento muy doloroso, con tu pareja. Algo que hoy piensas que no puedes perdonar. Dale un nombre abstracto a esa situación.

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  1. Mira hacia atrás en el tiempo y piensa en alguna persona, después de tus 12 años a la que tú le hayas hecho lo mismo. Escribe la diferencia que encuentras entre una situación y la otra.

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  1. Escribe la justificación que te das para el hecho.

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  1. Mira a ver si puedes justificar de igual forma la situación que tú has recibido. Es decir, disculpa de la misma forma a la persona del presente. Si no es así, escribe qué diferencias encuentras en la situación, si son de forma o de contenido.

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  1. Piensa qué le dirías a la persona del presente si se justificase con lo que tú lo estás haciendo y ponte en su lugar.

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  1. ¿Volverías a hacer lo mismo que hiciste en aquella época?

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Si la respuesta es NO:

  • Tendrás que aceptar que no fue real, sino un estado transitorio de tu aprendizaje.
  • Todas las personas actuamos igual.
  • No hay más maldad en nosotros que en ti y al revés.

Si la respuesta es SI:

  • Seguramente es que estás lleno de resentimiento hacia todos y hacia ti.
  • Ese resentimiento es el que te lleva a atacar.
  • No olvides que tu experiencia dolorosa también ha sido vivida por las personas que te rodean.
  • Si tu justificas tu ataque por lo vivido debes considerar igual de válida la justificación de los otros.
  • Las leyes de la vida son justas cuando puede compartirse la visión de los hechos.
  • Decide si quieres aceptar que todos actúen como tú o decides romper hoy la cadena del dolor.
  1. Intenta cerrar los ojos y ponte en la situación actual, sin ningún recuerdo. Si al mirar a la persona todavía se te mueve algún nivel de tensión es porque no quieres perdonarte a ti. Entonces tendrás que hacer el ejercicio desde el principio contigo mismo. Para ello no debes olvidar esta premisa: Tú y todos actuamos en el instante mismo del hecho únicamente como hemos podido, no con el nivel máximo de información que teníamos, pero si con el máximo de conciencia que en ese momento hemos podido. Un instante después, al comprobar, el ser se ha relajado y nos hizo creer que hubiéramos podido hacerlo mejor.

Esa es la trampa más vil del ego, que tiene una doble vertiente:

  • Por un lado, es el sentimiento de culpa que nace en ti.
  • El ego es verdaderamente consciente de que la culpabilidad se nos hace insoportable y necesitamos lanzarlo fuera, y la única forma de hacerlo es haciéndonos creer que los demás son culpables porque ellos sí podían haberlo hecho mejor.

 

4 pensamientos en “123 El perdón a la pareja

  1. El artículo me parece súper acertado y congruente con la realidad. Es cierto que según tengamos distintas relaciones, cada uno aporta lo aprendido de la anterior o busca la carencia de lo que dejó de recibir, y es humano intentar mejorar siempre por la experiencia vivida. Cuando somos jóvenes cometemos muchos errores por ignorancia y por pretender recibir demasiado del otro que a veces no puede o no está capacitado para dar, pero la madurez en el amor creo que efectivamente es dejar que cada uno sea libre de su propio estado y conducta pudiendo lograr solo así los cimientos de una aceptación plena de la relación, la que no solo nos completará sino que permitirá al otro desarrollarse tal cual es para que al final ambos partícipes de la relación sean capaces de convivir con sus diferencias, sus carencias y perdones. El rencor si es que existe se supera con el amor y solo el amor maduro nos dará la perspectiva para lograr una convivencia sana basada en el conocimiento y plena aceptación del otro una vez depurados y aceptados los errores del pasado que si bien, normalmente arrastran las dos partes.

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