121 La resurrección

Jon: Imagínate esta fiesta cristiana del dolor sin procesiones, sin Cristos crucificados y nazarenos siendo paseados por la calle para magnificar el dolor. ¿Dónde quedaron las enseñanzas de Jesús? Imagínate una prohibición total de salir a la calle es estos días de Semana Santa. ¡Qué buen momento de búsqueda interior!

Joaquina: Jesús enseñó todo lo que había antes de llegar él. Y lo que él dijo fue que hay otra forma diferente de hacerlo, que es esta: Toma como referencia la vida de tus padres, toma como referencia los errores que estás repitiendo y déjalos atrás, cámbialo. Conviértete en una cosa diferente. Y si no te das cuenta de que los estás repitiendo, plantéate preguntarle a la gente que los conoce, a quién te pareces de los dos, en los comportamientos.

Jon: ¿Qué es nuestra muerte?

Joaquina: Todo lo que estamos repitiendo hasta ahora, qué hemos visto y no nos ha gustado, pero que estamos replicando. A mí me viene muy bien pensar que es de ellos, porque así no lo tengo que cambiar. Te prometo que si durante 21 días consegues no hacer nada igual que tu padre o que tu madre que no quieras, con respecto a algo en concreto, sentirás que eres una persona totalmente diferente.

Jon: ¿Qué tengo que hacer para quitarme esa cruz de encima?

Joaquina: Esa cruz es quitarte aquello con lo que tú te castigas todos los días sin darte cuenta. Es repetir un aprendizaje que crees que no lo puedes cambiar. Ese aprendizaje: la intolerancia, el mal humor, la cobardía… ese aprendizaje que tienes todos los días sobre tu espalda y que te hace vivir totalmente acordonado, totalmente encerrado en ti. Ese aprendizaje lo tienes que conocer. ¿Qué es lo que me hace verdaderamente imposible mi existencia? ¿Qué es lo que todos los días me lleva a sentirme culpable, a ver que enfermo, a ver que no puedo cambiar mi paradigma? ¿Qué es lo que me hace no cambiar mi paradigma? La parte que tienes buena, ya no se expresa, porque al estar permanentemente en el lado malo, la parte buena ya no se expresa.

Jon: ¿Es esa mi cruz?

Joaquina: Los clavos de la cruz fueron recoger la culpa del mundo para limpiarla. La cruz que llevas es todo lo que culpas a tu familia: intolerancia, agresividad, muerte, odio, asesinato, violación… lo que quieras.

Jon: ¿Y si no siento que tengo rencor a mis padres? Simplemente pienso que sus errores eran parte de su personalidad. Que él era así.

Joaquina: Siempre que hay rencor a nuestros padres es porque pensamos que lo podría cambiar. Lo que un padre pensamos que no lo podría cambiar, no le guardamos rencor, porque nosotros le dimos la solución de cómo lo tenía que cambiar. Somos amor, y una parte de nuestro amor interior está contaminada por el odio a nuestros padres que, con el paso de la vida, cuando tenemos hijos, les disculpamos.

Jon: ¿Cómo encuentro el hecho específico para perdonarlo?

Joaquina: Piensa que es aquello que te quita la confianza en ti mismo, te quita el prestigio ante los demás, que tu conocimiento no genera conciencia cada vez que actúas con ese error, que expresas y no movilizas, que quita la libertad. Si se cumplen esas cinco cosas, ése es el hecho. Céntrate en él y olvídate todos los demás. Sólo existe este problema.

Jon: Vale, lo tengo.

Joaquina: Recuerda el día que le dijiste a tu padre cómo lo podía cambiar, sin decírselo con palabras, sino mentalmente. Si lo verbalizaste, no es ése el problema. Para identificar el error se tienen que dar dos circunstancias: que se cumplan los cinco puntos detallados anteriormente y que, además, sea algo que no has dicho en voz alta, sino que lo has pensado y no se lo has verbalizado a tu padre. Pero has esquematizado en tu cabeza cómo lo tendría que resolver.

Jon: Nunca se lo verbalicé.

Joaquina: Eso que le dijiste a tu padre/madre que tenía que hacer, ponte a hacerlo tú y desaparece el problema. Tienes que recordar lo que le dijiste en la cabeza y marcarte una pauta de trabajo exactamente como le dijiste a él/ella, sin cambiar ni una sola línea. Comprueba que eso que era de tu padre o de tu madre te anula los cinco pilares: poder, confianza, prestigio, conocimientos, expresión y libertad. Que se cumpla la anulación de los cinco puntos.

Jon: Era a mi padre.

Joaquina: Ése es el problema de tu crucifixión del viernes. En ese momento, recordar algo que le has dicho a esa persona mentalmente, que jamás se lo has explicitado como lo debería de arreglar. Y te haces un plan de acción que tiene que estar operativo el domingo. Ahí, lo que tiene que haber es infinito amor. No puede existir crítica ni desprecio a la persona.

Jon: Dámelo paso a paso. Me gusta este trabajo de Semana Santa.

Joaquina: Lo primero es reconocer que uno de nuestros padres tiene un defecto que, a nosotros, dentro de nosotros, nos ha crucificado. Es el mismo defecto que si le preguntáis a la persona que más os ama os dice que ve en vosotros. ¿Cuál crees que es mi defecto que está crucificando nuestra relación? Hay una sola cosa que rompe la capacidad de entendimiento, sólo una cosa. Y esa cosa es la que hace que perdamos la confianza y el poder en nosotros mismos, que no seamos personas de prestigio para los demás, que nos impide compartir el conocimiento con los otros, que hace que no nos expresemos y, lo que es peor, que nos hace perder la libertad. Si resucitas a tu padre y a tu madre dentro de ti, habrás resucitado, que es lo que estamos buscando.

Jon: ¿Qué tiene que ver con el prestigio?

Joaquina: No hay ningún ser humano que, si no siente que tiene algún prestigio en algún medio, pueda soportar el amor a sí mismo. No hay ningún ser humano que lo que dice alguien no lo escuche, o no lo entienda, o no lo vea como posible como conocimiento, que pueda soportar vivirlo. No hay ningún ser humano que, si lo que tiene dentro lo expresa, lo pueda soportar.  Y no hay ningún ser humano que pueda soportar la libertad, la libertad de ser.

Jon: ¿Qué propones como EJERCICIO SEMANA SANTA?

Joaquina: Lo primero es reconocer que uno de nuestros padres tiene un defecto que a nosotros nos ha crucificado, y que nos culpamos o culpamos a los demás cada vez que lo repetimos. Es el mismo defecto que si le preguntas a la persona que más te ama te dice que ve en ti.

“¿Cuál crees que es mi defecto que está crucificando nuestra relación?”  Hay una sola cosa que rompe la capacidad de entendimiento, sólo una cosa, la que hace que perdamos la confianza y el poder en nosotros mismos, que no seamos personas de prestigio para los demás, que nos impide compartir el conocimiento con los otros, que hace que no nos expresemos y, lo que es peor, que nos hace perder la libertad.

Además, la solución a este defecto, la pensamos, pero nunca se lo dijimos a nuestros padres. No lo verbalizamos. Es algo que supimos resolver mentalmente, que encontramos las claves para que ese padre o madre lo pudiera cambiar.

Ese error tiene que cumplir las dos características:

  • Nos quita la confianza, el prestigio, no genera conciencia, no moviliza y, sobre todo, nos anula la libertad.
  • Es algo que no hemos dicho en voz alta, sino que hemos esquematizado la solución en nuestra cabeza.

Si se cumplen esos dos puntos, ése es el hecho. Céntrate en él y olvídate todos los demás. Sólo existe este problema.

Eso que le dijiste a tu padre/madre que tenía que hacer, ponte a hacerlo tú y desaparece el problema. Tienes que recordar lo que pensaste como solución y marcarte una pauta de trabajo exactamente como ideaste, sin cambiar ni una sola línea.

Ese es el error para crucificar el viernes, haciendo un plan de acción que tiene que estar operativo el domingo.

En este proceso, lo que tiene que haber es infinito amor. No puede existir crítica ni desprecio a los padres.

Si resucitamos a nuestro padre y a nuestra madre dentro de nosotros, habremos resucitado, que es lo que estamos buscando en este domingo de resurrección.

3 pensamientos en “121 La resurrección

  1. Yo también viví un gran defecto, el de los celos patológicos de mi padre, era una cruz que nunca quise llevar, aunque muchas veces nos encontrábamos mis hermanos y yo con la cruz a cuestas, ahora me gustaría resucitarle sin ese defecto. De poder hacerlo nuestra vida pasada hubiera sido muy diferente. Yo solté la cruz cuando él falleció, y nunca más cargue con ella. A pesar de ello le quise y le quiero eternamente, puesto que supe perdonarle.

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  2. Cada día que me acuerdo ó sueño con ella como hoy es por algo qué tengo que aprender y éso a sido hoy ,nos sigue enseñando des del otro lado ,para que luego estemos con todos eyos qué vinieron a enseñar como ser más FELIZ hasta la eternidad ,gracias Juaquina te quiero mucho

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