103 Amor a uno mismo (III)

Joaquina:  Ayer estaba con un amigo que se ha comprado una casa fuera de Madrid. Íbamos en el coche pues la casa estaba a unos 25 kilómetros. Cuando no llevábamos ni dos kilómetros recorridos, empecé a pensar: “uy, qué lejos es esto”. La persona iba feliz, porque iba a mostrarme su casa, y para él, el lugar estaba cerquísima, estaba casi al lado. Para mí, a los dos kilómetros ya está en el fin del mundo.

Jon: Bueno, vives a 50 metros de tu trabajo y a veces piensas que tienes que esperar demasiado tiempo al ascensor

Joaquina: Para mí tiene que ser todo muy práctico, mi forma de ver la vida no es ver arboles por la mañana y que los pajaritos trinen, no es esa mi forma de ver la vida. No quiero estar tres cuartos de hora en la carretera, porque no quiero enfadarme con nadie, y tres cuartos de hora en la caravana igual me eleva un poco una situación que no estoy dispuesta a vivir bajo ningún concepto. Pero, a la otra persona le encanta los pajaritos, y si se altera no pasa nada. Yo iba con mi percepción de los cincuenta metros. Cuando llevábamos veinte, dice la persona con un amor infinito: “voy a poner el GPS para no dar muchas vueltas”, cuidando así mi sensación de la distancia. Finalmente llegamos y entro en su casa. Tiene una casa con un jardín precioso, y todo lo que hay ahí es hermoso, cuidado, amable… la ha comprado hace poco, y la está cuidando muchísimo. A mí me preocupaba saber qué cosas tenía que mirar primero, para que a él le pudieran gustar, para que yo no fuera en ningún momento improcedente. Porque sé ser improcedente a la mínima. Por ejemplo, decir: “¿pero realmente te merece la pena, venirte hasta aquí por tener cuatro o diez arboles, o quince arboles? Yo tengo delante de mi despacho diez arboles, y enfrente tengo El Retiro”. En el jardín tiene una escultura preciosa, esta es una persona exquisita y allí estaba esa preciosa escultura. Nada más llegar dije ¡qué maravilla! Porque me encantó. Entonces, se relajó. Y entonces pensé ¿qué tenemos nosotros que sea como una casa?: nuestro cuerpo. Cuando estamos con la persona que amamos y le vamos a descubrir nuestro cuerpo, ¿qué queremos que mire lo primero, nuestra basura o lo que tenemos estupendo?

Jon: Lo que tenemos estupendo.

Joaquina: Entonces hice una reflexión súper dolorosa contra mí, en la que me dije: “Joaquina, está descubriendo su cuerpo para ti, que tiene pájaros, que además tiene un verde maravilloso, que tiene una piscina, que tiene unos espacios diáfanos increíbles, que ha puesto todo el amor para que esta casa, cuando vienen sus amigos, esté totalmente preciosa. Y ahora imagínate que llegas aquí y empiezas a quitarte la ropa delante de tu ser amado, y empieza a decirte que ya no tienes un pecho de veinteañera, que las piernitas ya flaquean un poco, que eres blanca como un osito de nieve… o prefieres que sienta un éxtasis absoluto hacia esa conexión, de tal manera que desaparezca tu forma para encontrarte con la esencia de ese amor. Si entro en esa casa con los ojos de amor, es imposible que no haya algo que no sea maravilloso. Si entro con los ojos de dos kilómetros, lo que a mí me gusta, etc., va a ser imposible que encuentre algo que merezca la pena. Si entramos en nuestra casa, en nuestro interior, en nuestro ser y entramos creyendo que no puedo, creyendo que no valgo, y creyendo que no quiero mi propósito en esta vida, es imposible que la casa esté a nuestro favor. Y nos encontraremos gente que nos genera desconfianza, nos encontraremos gente que no podremos tolerar como son, y nos encontraremos gente que su propósito y el nuestro no tiene ninguna coincidencia, y esa es la diferencia que existe entre personas que estamos totalmente descreídas, que creemos perfectamente que lo nuestro es una creencia absoluta, perfecta y maravillosa. Y la propuesta que yo quiero hacer es cómo llegar a limpiar todo lo que desde aquí se quedó dañado, para que desde este territorio donde lo vemos, como esa persona que te ve, llena de amor, y que te ve perfecta y que te ve sublime, para que realmente podamos generar confianza, podamos generar tolerancia, y podamos generar conciencia de propósito, en frente de nosotros y podamos estar lo mejor posible. Cuanta menos autoestima tienes tú, más desconfianza generas alrededor, cuanta menos auto aceptación, menos tolerancia generas alrededor, y cuanta menos motivación menos conciencia y menos propósito, generas a tu alrededor.

Jon: ¿Cómo podemos conseguir que esto cambie?

Joaquina: La autoestima tiene que ver muy profundamente con haberse sentido aceptado y reconocido en la infancia, aceptado y reconocido de manera absoluta y sin ningún tipo de conflicto hasta los 4 años. Por ejemplo, que estás delgaducho, que no estás delgaducho, no eres alto, que no creces, que no vas, etc. Todas las calificaciones o descalificaciones sobre el cuerpo destruyen totalmente la autoestima, dejándole una sensación de “yo no puedo”. Y todo el proceso de auto aceptación tiene que ver muchísimo con las primeras expresiones emocionales del niño, y las expresiones de independencia en la juventud. Aquí tenemos dos pasos, cómo hemos sido aceptados en la primera expresión infantil entre los 4 y los 8 años, y cómo hemos sido aceptados en la etapa juvenil, cuando hemos hecho nuestra propia independencia, nos hemos ido en una dirección o en otra, carreras, formas de estudio, etc. Y la auto motivación tiene que ver con que nuestra familia nos haya generado un sentimiento de que hemos venido para algo al mundo. Cuando a un niño se le da una consistencia y se le muestra que él, independientemente de lo que haga, ha venido al mundo y ese algo él lo puede ir viendo, el niño está motivado. Si piensa que ha venido para estudiar, no va a estar motivado. Porque el niño no viene para estudiar, viene para aprender. Y eso es algo completamente diferente. Tú le preguntas a un niño que aprendió, de los amigos, de estar, de comer, y el niño se motiva. Si le preguntas que estudió, se acabó la motivación. El niño no acepta que él tiene un valor curricular, no lo acepta porque esta motivación no es curricular, es una motivación que tiene que ver con su vida, con su sentido vital. Cuando al niño le enseñas que su sentido vital es trascendente, que ha venido para algo que él necesita en la vida, él y nadie más, en ese momento esta persona crece. Y tiene motivación, si la motivación es la de la madre, o la del padre, tienes que jugar al futbol, te tiene que gustar el futbol, te tienen que gustar los deportes, cosa que hace el padre a lo bestia. O la madre, pues tienes que ser no sé que, te tienes que poner vestidito no sé cuánto, tienes que ser súper tierna, tienes que ser súper mona, tienes que ir no sé qué, no te tienes que manchar, y a ti te apetece el barro, la nieve, la suciedad, ponerte hasta arriba, no importa. Pero en el momento en que no lo puede hacer, en el momento que están condicionándote toda tu expresión, aquí se mata la motivación.

Jon: De alguna manera, el trabajo que hay que hacer es la recuperación profunda de nuestro yo interno.

Joaquina: Yo no puedo dejar de ser una mujer del tipo que sea, pero, si me pongo delante de un espejo y me refuerzo en esa imagen, y esa imagen refuerza lo que yo soy, este cuerpo empezara a sentir una vitalidad y una energía que de otra forma no sentiría. Yo no puedo dejar de ser una persona que durante el día he tenido experiencias positivas y experiencias igual no tan negativas, pero si recojo todas las noches mis experiencias positivas y me cargo de ellas, muy difícilmente cuando me levante por la mañana, mi espíritu va a estar sobrecogido de dolor. La herramienta más poderosa para el amor personal es dejar que los demás sean quienes son y trabajar sobre nosotros mismos, mirando nuestras necesidades, mirando nuestro camino y entendiendo que el mensaje de Jesús no se puede quedar en el olvido. Jesús dijo a sus hijos: ama a tu prójimo coma a ti mismo. Y puso como ejemplo el amor a uno mismo con el amor a la humanidad.  Y si el amor a nosotros mismos no lo estamos trabajando, el amor a la humanidad no llegará jamás, y jamás es jamás. El ser más cristiano, el ser más budista, el ser más grande de la naturaleza, siempre se ha amado a él antes que a los demás, porque si su terreno no está bien, el terreno de los demás no lo puede llenar, y es imposible de todo punto que, si no cargamos nuestra autoestima, si no cargamos nuestra auto aceptación, si no cargamos nuestra auto motivación, podamos cambiar este mundo. Si me levanto por las mañanas creyendo que el otro me tiene que generar confianza, que el otro me tiene que generar tolerancia, y que el otro debe tener la misma consciencia de vida que yo, lo que hago es destrozar la vida del otro, pero lo peor, la mía. Porque mi mente no está fabricando mi destino, está fabricando el destino de otros. Nuestra mente no ha nacido para pensar en otro, ha nacido para pensar en nosotros, ha nacido para ver nuestra riqueza, y solo desde nuestra riqueza podemos crecer.

Jon: Crecer y fluir en lo que somos.

Joaquina: Cuando a una persona no la dejas fluir, no la dejas conectar con la mente, no la dejas conectar con las palabras, no la dejas conectar con el conocimiento universal. Si por un instante te plantearas que llevas un montón de años de vida recibiendo información todo el tiempo: en libros, en personas, en mensajes, en periódicos, y que tu mente los ha recogido todos, absolutamente todos, solo tienes que dejarnos fluir, para que esos mensajes se ordenen y te conviertan en un ser totalmente inteligente. Y eso tiene que ver con fluir y comunicar. Dejar que entre la información y saber sacarla para los demás y para ti mismo. Eso es lo que hará que tengas autoestima, que te des cuenta de que todo lo que ves es para ti. No es para nadie. Auto aceptación que todo lo que hay es como tú, en proceso de cambio, y que todas las motivaciones van al mismo sitio, a cumplir un propósito, el que sea, que es llegar a ser feliz, espero.

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