101 Amor a uno mismo

Jon: ¿Hay que arreglar el amor a uno mismo, o hay que arreglar el amor a todo el mundo?

Joaquina: A uno mismo. ¿Crees que no te quieres? Lo que pasa es que te quieres demasiado. Hay tres cosas que hacen que la persona ame, y ya luego hablaremos del amor a uno mismo. El primer paso para amar de verdad es la confianza. El segundo paso es la tolerancia. Y el tercer paso es la conciencia. ¡Para amar! Simple y llanamente para amar. Es decir, no hay ninguna posibilidad, de que puedas amar, a alguien o a ti mismo, si no hay una confianza en el otro o en ti mismo. No hay ninguna posibilidad de amarte o amar al otro si no hay una tolerancia, que es la aceptación incondicional de cómo es el otro.

Jon: Entonces hay como dos caminos, el camino a los demás, el amor a los demás, y el amor a uno mismo.

Joaquina: Sí, porque independientemente de que bucólicamente digamos que para amar a los demás necesitamos amarnos a nosotros mismos, en realidad debemos conocer dónde se produce esa ruptura, en la que pensamos que amamos a los demás, pero no nosotros. O al revés, que pensamos que nos amamos a nosotros y no al otro.

Jon: Hemos conseguido considerar el amor como algo ajeno, extraño, que viene y que va. Y no nos damos cuenta de que el amor es algo concreto a lo que tenemos que acceder.

Joaquina: Sin embargo, mientras seamos personas que creemos que el amor puede ser a otro, y no a nosotros y que además digamos: yo me amo a mí mismo, pero a ti no. O que te amo a ti más a que mi. Este es el amor que a mí me mueve, no creo en el amor a alguien, o en amor a no alguien. Creo en el amor y punto.

Jon: Pero lo que se suelo ver todos los días es un amor divergente, es el amor a los otros, y el amor a mí. Cuando pienso en el amor a los otros, pienso que yo los amo y que no hay nada más.

Joaquina: Pero si fuera eso cierto no dejarías de amarlos, porque el amor no es algo que tenga caducidad. El amor en sí mismo, es una sustancia que no se va nunca, que permanece continuamente. Si sientes que se va es que era otra cosa. Imagínate el amor humano, el amor a otra persona, no el amor al universo, el amor a la naturaleza, me refiero a algo tan cotidiano como: te amo a ti, a ti que estás cerca.

Jon: Entonces estamos hablando de división, por un lado, lo que pasa para amar a otro y lo que pasa para amarnos a nosotros mismos.

Joaquina: Como te he dicho antes, el amor a los otros necesita confianza, y el amor a nosotros mismos necesita autoestima. El amor al otro necesita tolerancia, pero el amor a nosotros necesita auto aceptación. Y aquí viene lo más complicado: para amar al otro tienes que tomar conciencia de su propósito. Eso es importante, la conciencia del propósito del otro. Pero para amarnos a nosotros debemos tener conciencia de nuestra auto motivación.

Jon: ¿Podrías empezar centrándote en el amor al otro?

Joaquina: Piensa en la persona primera que has amado, no en la de ahora. Ya sé que la de ahora es la de verdad, y la antigua no. Pero por si acaso me equivoco yo, piensa en la primera. ¿Te acuerdas? Claro que ahora crees que el de ahora, es el amor de verdad y el de antes no era de verdad. El de ahora tiene otros colores y otros sabores, y otros sentidos. Pues no es verdad. Solo ha existido un amor: el primero. Lo demás es rencor acumulado.

Jon: Alucino.

Joaquina: Piensa en la primera persona que has amado. Y no es ningún hombre ni ninguna mujer. Está en casa. El amor, ese amor genuino, ese amor de verdad, ese amor que se produjo cuando miramos por primera vez a nuestra madre. Y fue verdad.  Nos enamoramos. El primer amor se produce a la mamá. Los dos primeros años no necesitamos a nadie más, solo existe ella. Y ahora yo te pregunto, si realmente, esa mamá sintió ese amor del que estamos hablando.  ¿La mamá sintió ese amor por ti? Del que estamos hablando, nada más nacer. Lo primero que reclamaron es nuestra apariencia física, si no cubrías sus expectativas ya no nos querían.

Jon: Sí, lo primero que siempre se oye cuando vas a ver un recién nacido es, a quién se parece.

Joaquina: Nacemos de una persona y dos personas que ya en sí mismas tienen una divergencia cuando nos miran a nosotros y son nuestros padres, y así aprendemos a comportarnos cada vez que estamos con una persona: a compararla con nuestras expectativas y las expectativas más importantes ¿cuales son?: Las nuestras. Por lo tanto, te digo que solo nos amamos a nosotros mismos y que todo lo demás pasa por nuestro filtro: nuestra crítica, nuestro desprecio y nuestra capacidad de destruir nuestro mundo.

Jon: Desde ahí es imposible que amemos a alguien por encima de nosotros mismos.

Joaquina: Si piensas que hay un amor más grande que a ti mismo en algún lugar, estás equivocado. Lo que sí hay es una sumisión a la necesidad que tenemos del otro, que hace parecer que es amor, y eso si es verdad. Y no es lo mismo amor que sumisión. Los hijos cuando no cumplen nuestras expectativas son los seres más maltratados de este mundo. Cuando cumplen 7 años dejan de ser personas para exigirles curricularmente. Entran por la puerta y, si no hacen lo que nosotros queremos, les tenemos mártires todo el día. Ni a los hijos, ni a las madres, ni a los padres, ni a los vecinos, queremos más a que nosotros mismos, pero nos adornamos de tal palabrería, que mientras que no profundices en este sentido, no entrarás verdaderamente en el hecho de por qué tu sentido interior no es capaz de amar totalmente y de forma incondicional.

Jon: Así es, soy hijo de mi padre y de mi madre y no me quieren incondicionalmente. Me quieren si cubro sus expectativas, si no mato, es posible que me quieran.

Joaquina: Cuántas veces te enfadas con tu hija, cuando no hace lo que tú quieres. Eso no es amor entonces. No hay amor y enfado. El amor es un sentimiento incondicional, donde el otro es como es, y para ti es válido. Eso es amor. El otro es como es en toda su dimensión. Muestra lo de su padre y de su amor. Porque claro, amar al que se aparece a ti es fácil, amar al que se parece al otro cuesta casi la vida. O al revés amar al que se aparece al otro te es más fácil. Y amar al que se aparece a ti no es tan fácil.

Jon: Jesús nos enseñó que el principio no era amarnos a nosotros sino amar al otro como a ti mismo.

Joaquina: Jesús no hubiera dejado un mensaje tan tremendamente fuerte, si no supiera dónde está el origen del amor. No vino a decirnos ámate a ti mismo como a los otros, vino a enseñarnos el amor, y llegó a enseñar que ames al otro como a ti mismo. Lo dijo claro, lo dijo rotundo, ¿cómo podemos dudar de palabras tan sublimes, dichas tantas veces y repetidas de maneras tan hermosas? Quiero encontrar el sentido de por qué no somos capaces de amar a los demás como a nosotros mismos y el principio del error es que no entendemos lo que es realmente amor. Y no entendemos realmente que dentro de nosotros hemos aprendido, y digo aprendido porque no creo que haya maldad en las personas, a ver el mundo desde nuestros ojos, y lo que no está en nuestros ojos no es válido. Y mucho más allá de eso, pienso que realmente nuestra exigencia  de que el mundo sea como nuestro particular modo de ver las cosas hace que la vida sea casi imposible de vivir. El señor que coloca la puerta de una manera, que si no la pones de esa manera lo estás haciendo mal, el señor que espera que tú te coloques de una manera, que huelas de una manera, que comas a un ritmo. Todo lo que estamos esperando todos los días, si hace ruido con la comida, si vas de prisa, si vas despacio, si limpias, si no limpias, si estás gordo, si estás delgado… Tenemos un filtro en nuestros ojos, un filtro de tal tamaño de crueldad que, o lo atajamos o el mundo no solamente será imposible vivir en él, si no que será imposible vivir en nuestra piel.

Jon: Sí, nos engañamos permanentemente con palabras híper vacías.

Joaquina: Cuando un niño viene a verme a mí con nueve años, y me dice: “mi madre no me quiere porque no apruebo”, ¿de que me está hablando? ¿De qué me habla un niño cuando me hace recordar lo que he vivido yo y lo que hemos vivido todos? ¿Qué pasa cuando no cubro las expectativas? ¿Qué pasa cuando me siento delante de una mujer que está gravemente enferma y su pareja la maltrata porque tiene un sobrepeso? ¿Qué pasa cuando una persona está en un hospital y su pareja le está engañando en otro sitio porque está cansado de estar cuidándola? ¿Quiere decir que unos son malos y otros son buenos? O encontramos dónde hemos perdido la partícula del amor y la instalamos otra vez en nuestro sistema, o seguiremos siendo un fraude de humanidad.  Y somos un fraude cada vez que decimos a alguien que la amamos, somos un absoluto fraude. Porque ni siquiera nos planteamos qué necesita la persona a la que la estamos diciendo que la amamos. ¿Qué necesitas de mí? ¿Qué quieres de mí? Si no necesitas nada de mí ¿qué necesitas que yo te pueda dar que sea realmente útil para ti? No damos el tiempo que se necesita realmente, ni la calidad de las palabras, ni la calidad del mensaje, ni la calidad de la presencia, nada, nada damos a los demás, que hable de que respetamos al otro, y por ende a nosotros mismos. Entonces, yo no estoy diciendo que el amor a nosotros mismos no sea bueno, porque igual ya esta tan contaminado que ni siquiera es bueno.

Jon: Entonces, ¿dónde está la confianza al otro?, ¿dónde esta nuestra autoestima?, ¿dónde está la tolerancia a cómo es el otro?, y ¿dónde está nuestra auto aceptación plena?, ¿dónde está la consciencia del propósito del otro?, porque muchas veces pensamos que el otro debe tener nuestro propósito. Porque pensamos que el otro cuando hace cosas las hace contra nosotros. Porque no nos planteamos durante un minuto que lo que está sucediendo es bueno para mí.

Joaquina: El otro estaba con una persona que tiene en este momento una enfermedad, no muy buena, no muy positiva y había vivido una crisis familiar muy grande. Y me dice bendita enfermedad, porque lo colocó todo. ¿Dónde estamos para necesitar una enfermedad grave de alguien para que nos demos cuenta lo que amamos y nos de miedo perderle? ¿Dónde estamos?

¿Dónde estás?

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