75 Veo, acepto, cambio, extiendo

Quedan diez días para un importante seminario y atisbo por encima del hombro de Joaquina una carta que está escribiendo a los asistentes para pedirles que, después del curso, nos quedemos todos juntos a cenar. Transcribo una parte que, pienso, refleja su sentir:

Queridos amigos:

 El ser humano en su profundo deseo de navegar por las ilusiones, a veces se olvida de las realidades más primarias, de esas pequeñas cosas cotidianas, que sin parecer importantes pueden hacer que algo que parecía un instante mágico se convierta en algo más real y, por lo tanto, lleno de cuerpo, que hace costoso el andar, y no deja jugar a la chispa fulgurante y mágica de la idea primaria…

 …Sé que el trabajo de estos últimos meses está resultando duro. Que mirarse dentro rasca el alma y nos pica un poco la piel, que desmontar nuestras farsas produce un estrés a veces insoportable. Hemos aprendido lo doloroso de conocernos, lo tedioso de aceptarlo y la cuesta empinada que representa el cambio. En el camino, algunos hemos decidido que no es interesante, que no nos gusta, qué sé yo. Pero esa noche me gustaría que juntos jugáramos a encontrarnos y a transcender de cualquier miedo…

 …No sé si os lo he dicho OS QUIERO, sois la familia más importante y maravillosa que tengo.

 Que Dios os acompañe.”

Jon: La carta está genial, como siempre. Escribes: “Hemos aprendido lo doloroso de conocernos, lo tedioso de aceptarlo, y la cuesta empinada que representa el cambio”. Veo un orden implícito, más allá de que me parece un pensamiento un poco negativo, sobre el cambio: conocerse, aceptarse y cambiar. ¿Es eso así?

Joaquina: Respecto a lo doloroso de mirarse dentro, así me lo hacéis ver las personas. A mí particularmente me encanta. En relación con el orden para el cambio, sería: veo, acepto, cambio y extiendo.

Jon: ¿Cómo es la visión?

Joaquina: La visión tiene varias secuencias. En un primer momento veo “todo”, para pasar más tarde a pormenorizar en los aspectos que me quitan la paz. Ten en cuenta que aquello a lo que más importancia le das no es donde está el problema. No es eso lo que te quita la paz. Recuerda que “donde está no está”, nos entretenemos en proyecciones para no llegar a profundizar en la realidad.

Jon: Si donde está no está, ¿dónde está, entonces? Esto parece un trabalenguas de los hermanos Marx.

Joaquina: La causa de la pérdida de paz está en algo que nosotros hacemos a los demás, no en lo que recibimos de otros. Ese algo se ha quedado escondido entre las capas de cebolla que nos hacen llorar y que se formaron por las culpas que hemos cargado sobre otros.

Jon: Sí, eso de cargar las culpas a los otros es el pan nuestro de cada día.

Joaquina: La dificultad no está en nuestros padres o hermanos, parejas y otros, está en darse cuenta de que lo que recriminas en otro, vive en ti de una forma intensa. Que lo que te “hicieron” y sentiste por ello un gran dolor, lo repites con bastante frecuencia, y esto sólo puede suceder porque llevas dentro la guía operativa. Eso, y no otro motivo, es lo que te quita la paz. Necesitas verte, y una forma fácil de conseguirlo es mirar lo que te altera de los otros, e ir identificándolo poco a poco en tus actitudes.

Jon: Conceptualmente es fácil pensar que somos artífices de lo que vemos. Pero en la práctica…

Joaquina: El requisito para ver es no juzgar lo que se ve, sino pasearte por ello dejándote ir, y entonces la verdadera visión surgirá. Será ese momento mágico donde los velos han quedado descorridos, y la esperanza hacia el cambio se abre limpia y serena ante tus ojos.

Jon: Una vez visto fuera… hay que digerirlo.

Joaquina: Se llama aceptación, no digestión. Me acepto porque he venido a este mundo a enseñar y aprender, y todo eso está dentro de mí. La aceptación es el rasgo más importante del trabajo personal. No tiene nada que ver con la autoestima, o cualquier otro rasgo de valoración. La aceptación es que uno se acepta en su totalidad, sin condiciones ni requisitos. No hay nada externo a esta condición. No depende de nada externo a uno mismo. No depende de nada que uno haya hecho, ni porqué lo ha hecho. Uno no se puede medir en relación con nada ni con nadie. Uno se sienta ante sí mismo y acepta lo que ha visto diciendo que en él está la capacidad de conseguir aquello que desee, que tiene todo lo que él mismo lleva intrínseco en relación con lo que vive.

Jon: Con ese tipo de aceptación se tendrán muy pocas dificultades en modificar aquello que se vio.

Joaquina: Sí, pero la base principal de esta aceptación es reconocer que el guion lo escribió uno. En la aceptación hay un compromiso de minimizar e ir reduciendo lo que se ha visto. Cuando se reconoce la autoría del guion, nace la seguridad de poder cambiarlo para lograr lo que se desea. La premisa para cualquier cambio es que la aceptación sea total, sin culpabilizar, y de una forma liberalizadora y optimista. Yo soy, y todo lo que soy está en mí. Soy todo y utilizo en cada momento lo que necesito. Lo que he venido a hacer está dentro de mí.

Jon: He visto, he aceptado, y ahora debo tomar una decisión de cambio.

Joaquina: Esa decisión debe ser libre y te debe llevar al puerto que desees. Este deseo no debe estar impregnado de apasionamiento momentáneo, o puntos de vista solamente racionales. La decisión debe estar fundamentada desde un pensamiento que se puede decir y hacer. Nada es bueno ni nada es malo, lo que uno decide es si quiere la paz o desea permanecer en ese estado alterado.

Jon: Me parece que, en todo caso el cambio requiere un orden y una organización dividiéndolo en etapas.

Joaquina: Así es, empezando por acometer lo más fácil e ir aumentando suavemente el nivel de exigencia. No se debe avanzar hasta que no se haya logrado que el paso anterior se realice de una forma serena y sin extorsiones. Es decir, que la fluidez te indique la aceptación de un pequeño nuevo esfuerzo. Recuerda que todo cambio implica un estrés que debe ser reducido paulatinamente para no generar una reacción contraria. En el inicio, el estrés empezó en un 1%. Es probable que hoy esté por encima del 100%. Has adoptado comportamientos desestabilizadores pero que han hecho hábitos. La estabilización debe ser armónica y el hábito dejará de ser tan frecuente, y acabará desapareciendo. Vencer un hábito representa luchar contra el estrés que ello representa.

Jon: ¿Cómo?

Joaquina: Debes estructurar un trabajo del 5% diario que te ayude a felicitarte con los pequeños logros y a no derrotarte con los grandes fracasos, que te llevarán a dejar el proceso estancado en algún punto, al que tarde o temprano tendrás que volver. Sin lo previo, ver y aceptar, no se puede producir el cambio. Debemos ser gentiles con nosotros mismos, pero firmes.

Jon: Mi vida está inundada de inicios, de cambios no finalizados, que poco a poco me hacen vivir una sensación de fracaso, que no deja de ser una base de autodisculpa para no continuar.

Joaquina: Es importante tener una buena información de los pasos a realizar, pero igualmente es esencial la aceptación del orden desde tus posibilidades primarias, un poco mermadas por los hábitos tan arraigados, hasta subir los peldaños que te llevarán a la consecución de la meta, la felicidad, la paz con nuestro Ser Interior, y la armonía de la vida que tanto ayudará a todos.

Jon: Una vez conseguida la paz interior, ya está, objetivo logrado…

Joaquina: Queda el cuarto paso, la extensión. La extensión sólo se puede hacer desde la acción. Las palabras se quedan vacías de contenido cuando no están respaldadas por actos consecuentes y llenos de integridad. Seremos maestros cada día de ese 5% que hemos modificado. Y seremos alumnos atentos del 5% que necesitamos aprender para el nuevo día. La extensión ayuda a que cada uno crea más en si mismo, pero sobre todo, ayuda a conseguir la plenitud, y por encima de todo nos enseña a darles a los demás lo que nos gusta recibir.

Jon: Pensar, decir y hacer desde la integridad.

Joaquina: La extensión debe producirse desde la integridad personal. No desde donde suponemos que los demás esperan de nosotros. La integridad personal no está en relación con otros. Es solo en relación con uno mismo. Actuar fuera de tu criterio te llevará a sentirte desestabilizado e inseguro, logrando con ello una pérdida de confianza.

Jon: ¿Cómo lo consigo?

Joaquina: Busca tus ideales, tus puntos de referencia y actúa sobre ellos. De este modo podrás modificar aquello que no te produce armonía o paz. Cuando actúas fuera de estas bases, lo que surge es la disculpa, haciendo culpables de los resultados a los que preconizan esas actitudes.

Jon: Una especie de autogestión.

Joaquina: La autogestión impide este proceso y por lo tanto te ayudará a acometer las variables, a realizar por integración de tus conceptos o aprendizajes. Los ideales se amplían y el crecimiento y la extensión es más vivificante. Ser íntegro es vivir de acuerdo con unos principios sobre los que actúas. Antes de plantearte si eres íntegro o no, debes conocer cuales son los principios rectores de tu conducta, qué es para ti apropiado y que no. La culpa nace cuando actúas de forma contraria a los principios o criterios sobre los que te basas. Cuando una persona se siente mermada en su propia valoración debido a una falta de integridad, sólo volver a esa integridad le ayudará a crecer en su autoestima. La enfermedad de la mente, que acabará expresándose en todo nivel, nace cuando la persona está actuando fuera de su integridad (decir = hacer = pensar).

2 pensamientos en “75 Veo, acepto, cambio, extiendo

  1. Ayer hablé demasiado y juzgué a una persona con cosas que creo que pienso o que me llegaron así expontáneamente a mi mente. Hoy leo aquí “lo que recriminas del otro vive en tí de forma intensa” y veo dónde ponerme a trabajar. Que lujo leerte. Gracias Jon!!!! (Virginia)

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