70 El trabajo con los temperamentos

Es difícil después de estudiar los temperamentos no ir por la calle observando a todo el mundo, tratando de averiguar que temperamento tienen. Es mediodía y estoy sentado delante de un cogote de lubina acompañado de judías verdes. Joaquina empieza a degustar su más delicado lenguado y se nos acerca el cocinero y, junto a su hermano, dueño del restaurante. No escucho la conversación, solo observo a un gran sanguíneo, orondo, sonriente, mirando nuestros pescados y esperando una aprobación que ya da por hecha.

Jon: Lo de que el temperamento esté regido por el cuerpo ya lo decían Jung, Eysenck, etc. Tú además hablas de un componente evolutivo. ¿Cómo es eso?

Joaquina: Así es, durante etapas de nuestra vida tenemos un temperamento, y ese temperamento va evolucionando hacia otro, y luego otro… y en un momento nos quedamos establecidos en un tipo de temperamento.

Jon: Me imagino que no es un salto arbitrario de un temperamento a otro, sino que habré un orden. ¿Cuál es el primero

Joaquina: El temperamento con el que nacemos y que nos rige de 0 a 12 años es el flemático.

Jon: ¡Me quedé ahí! ¿Cómo llegas a esa conclusión?

Joaquina: Porque las enfermedades más graves en un niño son siempre linfáticas: leucemia, problemas de circulación…todo lo que son las flemas. Cuando un niño empieza a ir al colegia, empiezan a la vez sus enfermedades flemáticas que vienen de no querer hacer.

Jon: ¿Qué hacemos con ellos?

Joaquina: En el momento que tú no les entiendas que van a su aire, son muy tranquilos, que no quieren correr…se desmotivan y, en ese mismo momento, ya has conseguido lo más grave de todo: se pegan a la tv y ya no se mueven. Cerebro fuera. Otra situación que llevan muy mal son las tensiones dentro de la casa. Cuando los padres empiezan a discutir, los niños quieren desaparecer, no soportan los conflictos. Ya de adultos, cuando un flemático se encuentra con una tensión empresarial muy grande, se colapsa. No puede razonar. Este es el temperamento que tendríamos que tener en un estado muy equilibrado porque, si no, son personas muy poco responsables frente al compromiso.

Jon: A partir de los 12 años, saltamos en bloques de 12, ¿no?

Joaquina: De 12 a 24 años se produce una guerra contra lo que hay establecido y aparece el temperamento colérico. Necesidad de romper las normas, de romper todos los canales que hay de naturalidad. Se dispara la rebeldía y se hace un proceso de alteración muy importante en la bilis amarilla, que es el proceso hepático. Muchos jóvenes aparecen con enfermedades de Hepatitis A, generalmente por la bebida, o por sustancias que ingieren. A partir de ahí aparecen los problemas hepáticos. La enfermedad de la juventud es la rebeldía.

Jon: Llega el final de nuestra época universitaria y…

Joaquina: De 24 a 36 años, las personas se ponen a trabajar, tienen que hacerse responsable, y surgen demasiadas necesidades de liberación. Aparece entonces el temperamento sanguíneo. La persona tiene una necesidad de pasárselo bien, ser irresponsable, estar siempre de juerga…Necesidad de liberarse de las grandes cargas. En estas etapas es cuando el temperamento se polariza a lo negativo. El órgano del sanguíneo, que es el corazón, en ese tiempo se debilita y por eso aparecen muchísimos infartos.

Jon: Nos queda el melancólico.

Joaquina: La suma de estos 3 temperamentos es el melancólico. La melancolía surge porque no tenemos ningún deseo de enfrentarnos a las deficiencias en los resultados o en la lógica. Todas las personas tenemos los 4 temperamentos, y los tenemos repartidos en un %. Si tenemos una patología de temperamento aparecerá uno mucho más predominante, y los demás mucho más estables. Pero cuando las personas están muy equilibradas, los 4 temperamentos también están equilibrados.

Jon: Parece evidente que enfermamos por radicalizar nuestro temperamento. ¿Podemos sanar también a través de ellos?

Joaquina: La idea es equilibrar. Si tienes un preferente muy marcado y otro muy bajo, es que le estás dando todo a uno y nada al otro. Eso acaba generando un estado de gran conflicto. Orgánicamente también estás descompensado. Al estar polarizado empiezas a buscar fuera lo que te falta, y eso genera unas guerras interesantes. Por ejemplo, un jefe colérico, con un temperamento flemático o melancólico, se acaban destruyendo si no se respetan la vida privada. El flemático es introvertido y no soporta que se indague en su vida privada. El colérico es extrovertido y no soporta que se le nieguen las preguntas.

Jon: La combinación es explosiva. ¿Qué tienen que hacer?

Joaquina: El extravertido es el que tiene que cambiar, no el introvertido. El introvertido no puede contar cosas. El extravertido si puede dejar de preguntar. Si estamos polarizados, lo que pedimos, lo que buscamos es lo que nos falta. Es ahí donde reside nuestro atractivo.

Jon: ¿Me puedes poner un ejemplo de pareja?

Joaquina: Vamos a suponer que un sanguíneo se hace de pareja con un flemático.  Si hay algo maravilloso para un flemático es un sanguíneo… al inicio. El flemático es muy similar al sanguíneo al principio de la relación: le gusta la gente, no genera follones, es amable, cariñoso… El hecho de que le resuelvan las risas, el divertimento y las salidas es genial. Hasta el momento en que eso se convierta en estar saliendo todo el tiempo y no entrar. Entonces el flemático se mete dentro de si, y solo permite que la socialización sea a ratos. Una de las causas más importantes de infidelidad es que la persona flemática está muy bien en su casa y el sanguíneo no entra en casa. Hay que tener en cuenta esta descompensación, también en nuestra personalidad.

Jon: ¿Por qué se unen?

Joaquina: Porque ninguno de los dos es rencoroso, a los dos le gustan las personas…pero la tendencia del sanguíneo es estar fuera. A ambos les gusta la alegría. Al colérico, por ejemplo, no. Esta es la pareja que más existe: una persona metida en la casa y otra yéndose de fiesta. Tienen un componente muy fuerte, ya que el sanguíneo sí podría curar la flema.

Jon: También está el tema de las creencias de cada temperamento, que si recuerdo bien son:

  1. Sanguíneo: “La vida es diversión”
  2. Colérico: “La vida es acción”
  3. Flemático: “La vida no tiene que tener compromisos”
  4. Melancólico: “La vida es estar al servicio de los otros”

Joaquina: Buen punto. En ningún momento puedes tocar la creencia del otro temperamento, ya que es la que le da nutriente.

Jon: La pregunta del millón: ¿cómo se soluciona cada temperamento?

Joaquina:

Sanguíneo: No tomar alcohol.

Colérico:

  • Alimentación:

Un colérico no puede tomar nada de alcohol y nada de grasa. Solo aceite de oliva. El guacamole es una bomba.

  • Carácter:

Para un colérico es vital exigirse la comprobación de lo que hace. Cuando el colérico se exige el repaso, y lo hace, le sale muy bien. Tiene que buscar fórmulas de comprobación.

El colérico no tiene que discutir el planteamiento del otro. Se tiene que poner en disposición de que el planteamiento del otro puede ser válido.

Flemático:

  • Alimentación:

En la comida nada de quesos. Y ninguna bebida que no sea agua. Porque el lácteo genera flema, y hace que la persona pierda pelo y esté de mal humor. El flemático con mal humor es lo peor. Si alguien que es colérico tiene una alimentación con grasa, entra en el flemático y se destruye. Se convierte en un ser paralizado.

  • Carácter:

Aceptar compromisos en los que esté sereno, aquellos que pueda aceptar. Compromisos que le tensionen un poco, pero que pueda soportarlo.

Y sobre todo, hacer todo aquello que dice que va a hacer.

Melancólico:

  • Alimentación:

No puede tomar dulce, harina de trigo o alcohol. Un melancólico toma alcohol y entra en la depresión casi de inmediato, de la que no sabe salir. Tiene una marcada tendencia al alcoholismo.

  • Carácter:

Observar sin crítica. El melancólico es muy puntilloso, ve todo lo negativo. Tiene una marcada capacidad de evaluar desde lo negativo muy fuerte, y debe de centrarse, en cambio, en los aspectos de superación.  Ver los logros y no las dificultades.

Traen la cuenta y no sé si pagarle al camarero o darle el dinero directamente a Joaquina.

2 pensamientos en “70 El trabajo con los temperamentos

  1. Gracias Jon, como siempre un placer poder disfrutar de vuestra sabiduría. Se os echa de menos. ¿Para cuando un curso sobre temperamentos? Yo lo hice con Josquina en el año 2010 y desde entonces para mi es la base de autoconocimiento.

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