55 La pareja y sus mochilas

Cuando empezaron a sonar las campanas de mediodía en todas las iglesias de Siena, entrábamos en el laberinto de calles que bordean la Piazza del Campo, eligiendo en este caso la Via di Città, que accede a la Piazza a través de una escalera por detrás de la Fonte Gala.

 Entramos en Il piano. Buscamos un lugar resguardado, donde unas mesitas redondas, revestidas con un mantel sencillo, fueron nuestras compañeras, junto con dos minestrones en cazuelas muy pequeñas. Era un lugar estratégico por lo cercano a las cristaleras, desde donde podíamos observar toda la zona y sus gentes. En frente de nosotros estaba un joven. Entre sus manos un periódico de la ciudad con el que se parapetaba para escudriñar el entorno. Giraba su mirada ante cada personaje que pasaba más o menos cerca. Si coincidía su mirada con alguno de los observados, rápidamente bajaba sus ojos y los centraba en el diario.

 A la izquierda, en una mesa muy cercana, se encontraban dos jóvenes que parecían extraídos de una revista de moda. Ella, rubia, con gafas de diseño, labios carnosos pintados de escarlata, y unas formas exuberantes escondidas tras su ropaje negro. Él era de complexión suave, y lucía una melena castaña oscura que le llegaba hasta el final del cuello. Vestía unos pantalones de franela, y su gabardina gris de tres cuartos pendía de la silla. De pronto, ella tomó entre sus manos la cara del joven, e inclinándose le dio un beso en la boca con fruición y ansiedad, llena de una pasión que el joven correspondió acariciando con sus dedos largos y finos el hombro de la muchacha, atrayéndola un poco más hacia su pecho. Una vez separados los labios iniciaron un juego de miradas y caricias delicadas y profundas.

 Sentado dos mesas más allá, estaba un hombre de mirada penetrante y ceño fruncido. Enfrente una mujer muy delgada, de ojos grandes melados y una nariz recta, con aletas bien dibujadas. El hombre gritaba. Me parecía estar oyendo con la mayor claridad cada una de las palabras pronunciadas. En un momento él acercó su cara a la mujer y agarró su brazo con manos que semejaron garfios. La mujer echó su cuerpo hacía atrás y se soltó violentamente de su opresor. Gritó. Un gesto desagradable inundó su bello rostro, y con determinación se alejó, corriendo.

 Joaquina: Fíjate, Jon, unos pocos metros separan a una pareja de la otra, y sin embargo, toda una vida de ilusión y reproches conforman ambas actitudes. Hay millones de líneas escritas sobre el amor y el desamor. En ningún texto encontramos resuelta la causa. Me inquieta esta incógnita amorosa. Cada uno soñamos con una relación que mantenga la quimera de eternamente juntos. Pero las horas de amor imperecedero son cada día menores. Muchos se quedan solos, como el joven que se esconde detrás de un diario. Otros cambian de pareja de continuo. Muchos conviven juntos como grandes amigos, no como enamorados. ¿Qué agotó el amor? Quizá nos falla la confianza, y perdemos nuestra autoridad ante el otro, y eso nos desdibuja y nos anula. O rechazamos los retos de la diversidad y nos confabulamos contra la diferencia que presenta la relación día a día. También puede ser que la comunicación se torne tediosa. Tal vez no estamos seguros de ser amados, y el miedo a la ruptura y a la incertidumbre nos lleva a hipotecar nuestro yo.

Jon: Sin embargo, cuando he observado el amor de los amigos verdaderos, he podido detectar una aceptación incondicional. Exenta de críticas y plena de colaboración desinteresada. En el amor entre dos deberíamos aprender a replicar la amistad y afianzar el gozo sexual con total respeto, abriendo nuevas vías de deleite que conviertan cada encuentro en único. ¿Qué pasa en las relaciones?

Joaquina: En general, todas las personas empiezan las relaciones desde un lugar equivocado. Viven de la ilusión sin conocer a la persona. Con esa ilusión viven unos días, semanas o meses. Están colocadas en una escalera que en lugar de poder subirla, sólo la pueden bajar. No se ponen en el lugar de la ignorancia. La ignorancia completa sobre la otra persona nunca te hace ilusionarte.

Jon: Hablas como si fuera malo ilusionarse

Joaquina: Con la ilusión, al principio de la relación llamamos 100 veces a la persona, la besamos 400 veces, etc. Ya al día siguiente, la factura del teléfono es tan cara que hay que bajar el número de llamadas, luego hasta nos pueden echar del trabajo porque lo hemos desatendido y ya no podemos estar tan pendientes de la persona que tenemos al lado. Así, la persona piensa que hemos dejado de quererla… Para tener una relación eterna, lo primero de lo que tenemos que damos cuenta, es de que empezamos con un profundo desconocimiento de quién es la otra persona. El error de la relación siempre es vivir la ilusión antes de poder vivirla.

Jon: Ponme un ejemplo.

Joaquina: Mi padre se enamoró de una mujer, vivió enamorado de esa mujer y se murió totalmente enamorado de ella. Y me enseñó la receta para amarla y seguir amándola. Y cada instante que él tenía me iba explicando como era el amor. Mi padre me decía que una de las cosas más maravillosas que nos daba la vida es que nunca te podías cansar de una persona. Y yo le preguntaba que cómo era posible que no te pudieras cansar de alguien. Y me decía: cuando tú vives cada día aprendiendo algo, cada día tú eres diferente y las personas que tienes alrededor también lo son. Y si la persona con la que compartes tu vida es diferente en todo momento estás estimulado a quererla y a estar con ella siempre.

Jon: Eso es muy bonito cuando, como tu padre, conocemos a una mujer a temprana edad y, con ese pensamiento en mente, caminamos juntos la vida. La dificultad la veo cuando ya han pasado los años e iniciamos una relación con una mochila llena de piedras.

Joaquina: Pienso que la edad deja en el tintero muchas notas escritas de desamor y de desencuentro. No se suele llegar a una edad madura sin haber vivido previamente experiencias que nutren el desamor. Pienso que, en realidad, no vemos nada tal como es. Todo está contaminado por nuestro pasado personal o colectivo: las miles de versiones escritas sobre el amor y el desamor, la familia y sus incomprensiones, las esperanzas perdidas, las rupturas anteriores. Nada está escrito con la tinta de la novedad o lo inédito. Es obvio que nuestro deseo de convertir lo presente en único, nos aleja de entenderlo y vivirlo tal como es. En el presente sólo puede haber pureza y lucidez. Nada puede empañar lo que es original y virginal.

Jon: Pero en la realidad sí se empaña, y las nubes del pasado planean con excesiva frecuencia en los planes del presente.

Joaquina: Te propongo que observes, en un próximo conflicto, todo lo que vives con el pensamiento de que nada es tal como lo ves. Busca, para reforzar esta idea, las conexiones previas. Una tras otra. Quizá así puedas comprender que es inagotable la fuente de la que se nutren las vivencias, e imposible que las experiencias tengan relación con este instante únicamente.

Jon: Vistos así nuestros conflictos, podríamos relativizar la importancia que les damos y encontrar soluciones en lugar de interminables discusiones o enfados.

Joaquina: Seguro que aprendemos que todo lo que vivimos está soportado por un pasado que no podemos modificar, mientras que sí podemos optimizar la vida en el presente aprendiendo a darle realidad a lo que la tiene, que en suma es lo único que podemos variar, no lo que ha sucedido, y mucho menos lo que sucederá. Una vida en presente continuo. Aquí y ahora.

Siena y la Piazza del Campo van tiñéndose de los rayos tardíos, y regresamos hacia Roma. En el coche apenas hablamos. El cielo muestra nubes de un gris platino, como si prometieran nieve.

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