48 El perdón. Volver al amor II

Paseo por un olivar cercan o al convento. Escucho el sonido del viento, el movimiento de las hojas… Observo los seres que hay y me dejo llevar por la simpatía y el rechazo. Fluyo y me dejo ser. Joaquina se ha acercado sin que me percate y su voz acompaña mi ensimismamiento.

Joaquina: Más allá de lo que oyes y de los que ves estás tú. Sólo, prendido de la nada y temeroso de vivir. Imagínate un mundo en el que todo suena a ti y que todo se mueve como tú. Imagínate un mundo que nada suena a ti y que todo se mueve de forma diferente a la tuya. Imagínate un mundo en el que suenas dentro de ti y disfrutas de todo lo que está fuera para luego volver a mirarte a ti y gozar de todo lo diferente. Tú eliges.

Jon: Creo que es obvio que todos querríamos el que suena dentro de nosotros, pero entonces ¿por qué está la realidad tan llena de sentimientos de carencia, negación a aprender y rencor? ¿De dónde viene el rencor y la falta de perdón?

Joaquina: En el proceso del perdón tradicional es fundamental un acercamiento al rencor y al odio como momentos previos de análisis para llegar a un perdón profundo y verdadero. En este modelo, del que quizá tengas que desprenderte, hay una tendencia a pensar que perdonar es disculpar al otro, o que existen grados de perdón.

Jon: Sí, ya hice los deberes, por lo menos teóricos. Hay varias lecturas sobre el rencor que en sí mismas esconden una negación a cierto aprendizaje.

  1. Rencor evolutivo. Es el rencor que surge con nuestra creencia de que venimos incompletos ya antes de nacer y que está directamente relacionado con la falta de amor del Creador. Si no somos divinos es que tenemos algo que aprender y estamos afectados por una imperfección que nos inunda de soberbia contra nosotros y contra el creador. Este rencor es totalmente inexorable y está alojado en lo profundo de nuestro inconsciente. Es el rechazo a tener un “defecto” y asumir que somos nosotros los hacedores del cambio.
  2. Odio. Nace en la relación con los demás y se centra en las personas que te recuerdan a los miembros de tu familia a las que tienes rencor. Podríamos decir que es la proyección del rencor contra los hermanos no sanguíneos. Se encuentra en el subconsciente y es totalmente perceptivo, decidido, particular y personal.
  3. Rencor / Disculpa. Este es el rencor consciente que va unido a la observación, la vivencia y la experiencia. Encubre el rencor evolutivo proyectando la carencia y falta de algún recurso o valor en nuestros padres.

Joaquina: Muy bien. Podemos deducir de esto que utilizamos ese rencor precisamente para que haga de tapón al conocimiento de lo que necesitamos aprender para favorecer nuestro desarrollo personal. El rencor puede surgir de una negación a aprender a pensar, sentir o a hacer, de tal modo que podemos sentirnos carentes en cualquiera de los tres planos: racional, emocional o físico. En el racional cuando creemos que hemos venido a cambiar el mundo o a hacer algo importante. Este pensamiento de haber venido a hacer algo extraordinario, y sin embargo no tener los materiales necesarios para ello, genera un estado de frustración irracional. En la carencia emocional, la persona siente que las emociones no las domina, le manejan. Esto hace que viva en una continua zozobra. Surge de un deseo de no sentir y sobre todo de no vivir el rechazo de los demás. Cuando existe esta carencia las ideas son sobresalientes, muy significativas pero el mundo no las comprende, o nadie las sigue. Por último, las personas con carencia física consideran que los demás logran hacer cosas que ellos no. Viven convencidos de que son carentes de voluntad y se dejan manipular o vencer por todo el entorno.  Esta carencia puede estar unida a no tener el género que se necesita para llevar a término el programa propuesto. También puede estar vinculada a falta de recursos. Haría algo, pero no tengo los medios.

Jon: Entonces cualquiera de estos tipos de carencia nos vincula a cierto deseo de venganza y a una inoperancia en la vida cotidiana.

Joaquina: Sí, desde la negación de objetivos hasta la baja motivación, cualquiera de estas posiciones domina a la persona y no la deja desarrollarse.

Jon: Lo cual quiere decir que existe una relación directa entre la carencia y la envidia y donde está esta última, se encuentra también la primera. Envidiamos aquello de lo que carecemos y a la vez lo queremos destruir. Es precisamente la carencia lo que nos impide desarrollarnos.

Joaquina: Exacto. ¿Qué pasaría en tu vida si tuvieras todos tus valores activos y, por lo tanto, no te sintieras carente?

Jon: Para ello lo primero es que habría tenido la valentía de mirar en mi interior sin miedo, y después mi confianza personal se dispararía. Desde ahí podría conectar con los demás desde otro punto de vista.

Joaquina: El rencor es vengativo hacia tus valores, que no son otros que los valores de tus padres. Hay un patrón de miedo e ira. El miedo son problemas con la autoridad y con la voluntad, que llevan a una tendencia a culpar y a disculparse. La ira son problemas con la firmeza y la flexibilidad, que te llevan a una tendencia a la rigidez y a la laxitud.

Jon: Ahí estoy yo, con rigidez mental y laxitud física.

Joaquina: Pues el miedo repercute en la vida profesional y la ira en la personal.

Jon: ¿Qué tengo que hacer para perdonar?

Joaquina: Para perdonar es imprescindible que haya una revisión de la mente. En ella está la necesidad de sentir rencor para poder así justificar el ataque. Este ataque impide aprender no conectándote con la fortaleza y sí haciéndolo con la debilidad. El ataque y el rencor van juntos ya que hay un rechazo a recibir la fortaleza del otro. Eliminar el rencor es un ejercicio de entregar y recibir. El origen del rencor es la no aceptación de no saber. Los padres empezaron la relación con nosotros desde su fortaleza, y fuimos nosotros los que no la aceptamos. El conflicto empieza porque el hijo discute el poder, discute a Dios. Perdonar no es otra cosa que no repetir aquello que nos ha hecho daño.

Jon: Entonces el perdón máximo sería el perdón a Dios.

Joaquina: Para poder llegar a conocer el perdón máximo que, efectivamente, es a Dios, pero que es el menos reconocido y por lo tanto el que menos forma tiene, debes antes ir desde el presente al pasado poniendo los peldaños de una escalera que habías bajado, y has visto con el rencor, y que ahora tienes que volver a subir peldaño a peldaño.

Jon: Suena a esfuerzo. ¿Cuáles son los peldaños?

Joaquina: Primero, perdón a la pareja que tengas actualmente y en la que seguro has buscado completarte. Segundo, perdón a la primera pareja fuera de tu núcleo familiar. Puede ser un amigo, una novia, un maestro… Tercer peldaño, perdón a tus hermanos. El que es menos carente y el que es más carente. Cuarto peldaño, perdón a uno de tus padres. Elige el que menos se parezca a ti, que será el menos carente. Quinto peldaño, perdón al otro padre. Éste será el que se parece más a ti, que es el que te ha transmitido tu carencia. Sexto, perdón a nosotros mismos. Perdonar el error de la carencia y decidir no proyectarla al exterior. Séptimo y último peldaño, perdón a Dios. Debes perdonar a Dios porque crees que te ha creado carente e incompleto en relación con Su Hijo, al que creemos que ama y le da todo.

Jon: Impresionante recorrido, gracias.

Joaquina: Una vez entendido el perdón a Dios comprenderás que no has sido creado carente sino, muy por el contrario, no quieres experimentar el aprendizaje desde tu compleción para ver la posibilidad de subir un peldaño más como disfrute de la experiencia del Divino dentro de ti. Es como si hubieras tenido una visión del 100% de lo que has decidido experimentar y que te abres lleno de alegría a aprender un poco más, ayudado por este hermoso potencial. La paz y la tremenda confianza en esta apertura te hará darte cuenta de que puedes ver todo lo que deseas sin esfuerzo, y lleno de gozo.

Me retiro apresurado a mi habitación en la hospedería pues recuerdo haber traído unos apuntes del curso del perdón que impartió Joaquina el año anterior, donde explicaba los medios a emplear en el proceso de perdonar:

 CONFIANZA en nuestra compleción

  • Nacer a la visión de tu compleción.
  • Tenemos todo lo que necesitamos para cumplir nuestra misión.
  • Iremos viendo lo que vamos necesitando según nuestra confianza.
  • Ver a través de nuestra proyección, nuestro espejo.

 TOLERANCIA Y PACIENCIA para aprender y obedecer al maestro interior

  • Crecer a la aceptación de los procesos de adecuación.
  • Dar el tiempo a las cosas y a las personas.
  • Estar sereno hacia el cambio.
  • Aceptar que lo que proyectamos fuera está dentro.

 CONCIENCIA e interiorización del aprendizaje

  • Cambiar todo aquello que hemos ido comprobando que nos hace perder nuestra paz, nos resta felicidad y nos detiene en el proceso de ir hacia Dios.
  • Hacernos conscientes de la felicidad que propicia el cambio, y de nuestra correcta preparación para él.
  • Hacernos conscientes de nuestra necesidad de ataque y pararlo antes de que se produzca.
  • Cambiar hacia una comunicación abierta y veraz.
  • Parar el ataque a nuestro espejo y proyección.

 SEGURIDAD Y DECISIÓN para actuar sobre lo aprendido

  • Experimentar todo lo que vivimos, aceptamos y cambiamos.
  • Observar los resultados evitando la duda que podríamos experimentar.
  • Decisión para vivir la acción.
  • Decidir aprender del espejo negativo y de nuestro contra-espejo, aquella persona que experimenta nuestra carencia como su riqueza.
  • Aceptación de nuestro maestro interior.
  • Decidir perdonar plenamente para abrirnos a nuestro maestro interior: el Espíritu Santo.

 LIBERACIÓN del pasado y extensión de nuestra integridad presente

  • Desposesión de todo lo negativo que hemos vivido hasta llegar aquí.
  • Quedarnos tan solo con la esencia positiva de cada situación.
  • Desapego a todo y entrega al Espíritu Santo.
  • Empieza un nuevo ciclo donde seremos maestros de integridad de esta superación para abrirnos a ser alumnos de la siguiente.
  • Extensión y enseñanza desde la integridad.

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