47 El perdón. Volver al amor I

“Si, pues, al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo que reprocharte, deja tu ofrenda allí, delante del altar, y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas la ofrenda”. (Mateo 5:23-24)

 Jon: ¿Crees que perdonar producirá cambios en nuestras vidas? ¿y esas cosas que son imperdonables?

Joaquina: Contéstate tú a la pregunta. El perdón está ligado a reconocer tu esencia divina. Tu esencia previa a todo. Es identificar para siempre tu Yo, ajeno a tu alrededor, a lo que hacen los demás, a lo que has vivido, al dolor o la alegría. El rencor está conectado a nuestra identidad familiar.

Jon: Por ahora pienso que por lo menos ambas cosas están en mi.

Joaquina: Rencor y Perdón conviven en ti con la misma fuerza y con la misma intensidad. El primero está asociado a tu crecimiento y los obstáculos que tu has percibido, y el Perdón a tu origen vital y el aprovechamiento que le das día a día. Tienes todo el rencor que has podido acumular en tu negación a aprender. También tienes tanto amor personal como hayas activado tu potencial y lo hayas compartido con tu entorno, agradeciendo a la persona que te lo muestra para que recuerdes que es tuyo y viene de mucho más allá.

Jon: Como si caminara por el sendero de la vida pisando, de vez en cuando, unas piedras que yo mismo he puesto ahí.

Joaquina: Sí, y crees que las han puesto otros. Tú eres el que hace el camino fácil, o el que lo enreda. En realidad, solo existe tu potencial y un sólo aprendizaje que se hace continuo en la vida. Cuando hay una negación al aprendizaje el potencial va mermando y la mente se inunda de recuerdos. Todos ellos giran alrededor de un mismo tema y en realidad podríamos decir que tenemos un miedo o enfado que se muestra a través de diferentes imágenes o recuerdos.

Jon: Sí, y muchas de estas imágenes tienen tanta fuerza que marcan los hitos más importantes de nuestra vida, haciendo de la vida un martirio.

Joaquina: Hazte las siguientes preguntas: ¿Qué sería de tu vida si en vez de mirar el lado oscuro mirases el lado de luz? ¿Qué pasaría si en lugar de centrarte en lo que no tienes, agradecieras todo lo que tienes? ¿Qué sería de ti si en vez de juzgar al padre que no nos ha gustado, pensaras en el que te lo ha dado todo?

Jon: Tiendo a estar más centrado en todo lo que hago mal y no tanto en aquellos valores sobresalientes y que me darían la oportunidad de vencer miedos, frustraciones o cualquier dificultad personal, profesional o social. Más centrado en el recuerdo doloroso del pasado donde alguien o algo incidió en mi situación actual.

Joaquina: Perdonar es amar al otro como a uno mismo exentos de pasado y dispuestos a vivir juntos un gran futuro. He llegado a la conclusión de que perdonar es una puerta sin retorno a nuestra felicidad.

Jon: Citando UCDM: “El hijo de Dios no necesita ser perdonado sino despertado”

Joaquina: Perdonar es recordar a nuestros maestros y emularlos. Recuerdo a una persona maravillosa que no quiso comprender, ni perdonar, y marcó mi destino para siempre. Una dama alta rubia, elegante, de procedencia extranjera y con las rarezas y singularidades que esto comporta entró en mi despacho hace ahora algunos años.

Cuando la conocí me impresionó su deseo de marcar distancia y un cierto halo de superioridad que me mostró nada más verme. Lejos de caer en esa trampa la informé de mi trabajo y de lo que necesitábamos para que nuestra relación fuera fructífera: Era imprescindible reconciliarse con su pasado y perdonar lo que había larvado su salud y la había abocado a un cáncer de mama.

Se sorprendió y dijo que no había concebido que su enfermedad pudiera ser por un recuerdo negativo del pasado. No obstante, estaba en una situación que mi propuesta podía al menos analizarla y darle sentido.

Después de un tiempo de éxito en el proceso nos encontramos con lo “imperdonable”, lo incomprensible. Lo que había paralizado su vida de pareja, de familia. Lo que había impedido que su vida hubiera avanzado por los cauces lógicos y naturales dado que ella estaba enamorada y yo intuí que su pareja también. Sin embargo, aquella mujer no había aceptado una historia de posible falsedad, y durante los últimos 20 años había pedido y suplicado, un día y otro también, que su pareja reconociera que la había mentido.

Me reuní con los dos, le pedí a él que lo reconociera, que le diera la satisfacción de la verdad o al menos de la verdad que ella creía. No fue posible. Aquellas dos almas me recordaron a la Guerra de los Rose y se despidieron de mi fuertes y pertrechados ambos en sus verdades a medias.

Hasta ese momento mi actitud con las personas que me rodeaban era de querer entender y profundizar en lo que era verdad, lo que yo entendía por real y lo que no lo era. Mis luchas con este tema habían sido duras, retorcidas, llevadas a los extremos de una mente compleja como la mía unida a una percepción personal y por ello imposible de compartir.

Desde aquel momento la verdad o la mentira, lo visto y no visto, lo que era susceptible de discusión pasó a un segundo plano y no recuerdo que haya mantenido mi obstinación anterior, desde luego no en forma y modo.

Hay un antes y un después en mi modo de argumentar y en mi modo de vivir. Largas noches de dolor y cruentas palabras desaparecieron de mi vida y apareció la luz más hermosa de un primer contacto con el entendimiento.

Jon: Y fue cuando empezaste a hacer cursos de El Perdón.

Joaquina: El primer curso de El Perdón lo hice después de este momento crucial de dos personas luchando por mantener una verdad, aunque eso costara la vida de cualquiera de los dos.

Jon: Se dice mucho en pareja cosas como: “Esto es así”, “dime la verdad” …

Joaquina:  Perdonar es ante todo saber que se trabaja con la Luz, no con el rencor. No se trata de aclarar posiciones, ni de volcar sobre el otro un montón de ideas peregrinas que te parecen la mayor realidad del mundo.

Jon: Podíamos considerar el perdón como una liberación de las limitaciones autoimpuestas y de los patrones de conducta autodestructivos que nos atan al pasado de manera insana.

Joaquina: Además libera la ira, el miedo, el dolor, el resentimiento, y el resto de los sentimientos negativos, abriendo tu corazón a la alegría, la paz y el amor.

Jon: Retomar el amor personal.

Joaquina: Así es, y compartirlo con el mundo. Pero sobre todo entender que perdonar en ningún caso es disculpar, justificar o cualquier otra cosa fuera de ti.

Jon: Me decías que todo está en la familia.

Joaquina: Al nacer traemos con nosotros un valor incalculable. Este valor permanece en nuestra conciencia los dos primeros años de nuestra vida. Es un tiempo en el que disfrutamos de cierta pureza que nos permite mantener el equilibrio entre el mundo del que procedemos y el mundo en el que nos estamos fundiendo. Vivimos influenciados por las emociones primarias que nos dan capacidad adaptativa y nos alejan de reacciones o situaciones dolorosas. Nuestra percepción aún no se ha desarrollado y eso nos impide sentirnos atacados.

Este valor, o diamante interior, lo compartimos en estado puro con uno de nuestros padres. Si bien por momentos lo detectamos y nos enamora, en otros lo negamos y lo contaminamos de nuestras percepciones. Reencontrarnos con esta pureza en su valor es el primer paso para el trabajo de perdonar.

Jon: Entonces, lo que tengo que hacer es pensar sobre quién es el progenitor al que me parezco en lo mejor de mi.

Joaquina: Exacto, y observa qué sentimientos tienes ante estas dos premisas: Que tienes un progenitor al que te pareces. Que tienes un valor compartido con él y que es el motor de tu amor personal.

Jon: ¿Qué sucede con el otro progenitor?

Joaquina: Es quizá el más importante de tu vida. El que trae una cualidad que, al no tenerla explícita en ti, te hace sentirte carente. Generas entonces un espacio de negación, rechazo, y malestar del que muchos de nosotros no salimos. Es tu decisión la que tienes que medir. Un progenitor te muestra un gran valor, otro es un acicate para un gran aprendizaje

Jon: Mi decisión me lleva a sentirme capaz de cambiar el mundo, o a la escoria que nunca será nada.

Joaquina: Solo tienes que amar lo que eres y estar dispuesto a aprender de los otros.

Paseamos por el claustro de un monasterio. Es verano y me impresiona la cantidad y profundidad del discurso de Joaquina ante una cita bíblica. Vamos a pasar aquí varios días y espero con ansiedad nuestro próximo paseo.

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