24 El deseo de ser especial

Joaquina: Si miras a otro, encontrarás grandes diferencias físicas: más guapo o más feo, ojos grandes o pequeños… y todo tiene que ver con esa percepción de lo que tienes delante. Pero si quitas el cuerpo, desgraciadamente, somos todos idénticos.

Jon: Pero hay muchas cualidades, muchas formas de vivir…

Joaquina: Si, pero nosotros de eso recogemos lo que nos interesa para cumplir con esa situación que creemos que es diferente a la de los demás. El concepto de especial solo lo puedes reconocer porque estás mirando los cuerpos. Especial no quiere decir que te sientas mejor o peor que otro, aunque mirando los cuerpos suelen aparecer bastantes complejos de inferioridad, la verdad. Es el punto donde más se nota que uno es frágil.

Jon: Pero las emociones también nos hacen diferentes, ¿no?

Joaquina: Ese es el siguiente punto. Y también notamos diferencias en la razón, pero más por la forma de expresarnos que por lo que hay dentro. Caminando un poco más, la mente también parece especial. Cuando finalmente llegamos al espíritu es cuando se puede decir que somos todos iguales. Pero en realidad, todas las dificultades están en el cuerpo y en la emoción. Lo que ocurre es que vemos la forma y no nos quedamos en el mundo de la realidad. Si fueras a la esencia del cuerpo o fueras a lo que realmente eres, te darías cuenta que todo es lo mismo, que todo funciona de la misma manera. Lo único que tienes es la libertad de apropiarte de la diferencia, como una diferencia de participación. Es decir, la única diferencia es la capacidad de participar de ello a tu gusto. No hay diferencia entre un hígado y otro, pero sí existe la capacidad que tienes de tratar a ese hígado de una forma o de otra.

Jon: Los ojos son los ojos, pero nuestra visión la podemos emplear de distintas maneras. Entendido.

Joaquina: Cuando miras la forma, entras en el elemento más doloroso que hay: la comparación. Esa comparación es para sentirte especial, aunque sea en negativo. Es una necesidad constante de estar comparando algo con otro algo. Y si no lo puedo hacer en lo perfecto, lo comparo en lo imperfecto. La disolución de la especialidad consiste en detectar en qué parte te sientes especial. Tienes que analizar en cuál de las cinco partes te sientes especial: Cuerpo, emoción, razón, mente o espíritu.

Jon: Razón, ya te contesto antes de que me preguntes.

Joaquina: Estamos continuamente fuera de nosotros mismos para apreciarnos diferentes, para apreciarnos equivocados, para apreciarnos perdidos, para apreciarnos disconformes. Porque si estuvieras conforme, tendrías tal nivel de paz que pensarías que ya no tienes que vivir. En la pérdida de paz está la vida. Eso es lo más triste. En la pulsión con el amor está la vida, en la pulsión con la enfermedad… vivimos continuamente a través de sentirnos especiales. Cuando no te sientes especial, no tienes la necesidad de vivir, eres vida. Esa es la diferencia entre ser vida y estar viviendo.

Jon: Cuando estoy viviendo siento constantemente que tengo que estar haciendo algo para sentirme vivo. Cuando soy vida, no hago nada para sentirme vivo.

Joaquina: El sol, la luna, el mar… no hacen nada para ponerse ahí. Sin embargo, el ser humano cree que si está en paz, no está vivo. Si el amor está en un estado continuo, en un estado de tranquilidad, pensamos que eso no es amor, que es otra cosa.

Jon: Sí, ahí es cuando necesitamos pulsar para ver si nos quieren, si somos los mejores, los más guapos…

Joaquina: Todo el día con el debe y el haber: “no me hablaste hoy, no me tocaste hoy, ayer no me dijiste…” Tenemos constantemente y numéricamente todo el día una apreciación sobre lo que nos han dado y lo que no nos han dado, lo que tenemos y lo que no tenemos… Eso es lo que se necesita resolver.

Jon: Pero todo esto parece que en realidad está unido al pasado.

Joaquina: Es lo más espantoso de todo. En el pasado están las comparaciones, el dolor, el deseo de ser especial… En el pasado está la miseria del ser humano. Quien vive el presente auténtico, ni tiene comparación porque no hay otra cosa mas que la que hay ahora, ni padece enfermedad, porque está viviendo lo que tiene que vivir ahora mismo.

Jon: ¿Eso quiere decir que no tendría enfermedad, ni desamor, ni pérdida, si me planteo vivir el instante?

Joaquina: En el instante no hay recuerdos, en el instante no hay errores, en el instante no hay alguien que se equivocó y alguien que acertó, o alguien que me hizo y alguien que no me hizo. El deseo de ser especial te contamina de algo tan espantoso como es el miedo a no existir. Crees que si no eres especial, no existes. Si no eres especial, estás metido en la totalidad, y ya no eres Jon, eres el Uno. Somos todos lo mismo. La cascada no dice: “la gota uno”. La cascada es la totalidad de las gotas. Pero la humanidad no es la totalidad de las gotas, sino la diferenciación permanente de las gotas.

Jon: Si. Cuando miras una cascada, te das cuenta de que su belleza está en la suma de todas sus gotas, la luz de esa agua cayendo a la vez, su transparencia continua… Si fuéramos una humanidad en forma de cascada, estaríamos golpeándonos para que vieran las gotas separadas. No nos permitiríamos hacer una cascada de humanidad todos juntos. No hay más que leer el periódico, o ver cómo nos relacionamos con nuestros hermanos.

Joaquina: Sin embargo, estamos todos juntos. Somos una cascada de humanidad toda junta a pesar de estar reivindicando continuamente nuestro espacio. No nos planteamos que tú eres una manifestación de esa cascada que saltas de una manera diferente. Pero sigue siendo la cascada humana. Cuando te mueves en una dirección, la cascada sigue siendo la misma. De la misma manera que las gotas de la cascada no caen todas en el mismo sitio, en una roca, el la arena… pero no dejan de ser cascada. Son la experiencia de la cascada, sin dejar de ser cascada.

Jon: Si, odio que se me meta en la totalidad, que se me considere una parte de una tribu.

Joaquina: Y entonces hacemos tribus diferenciadas. Y lo hacemos por lo mismo: creemos que si formamos parte de la unidad, hemos dejado de existir. Y no hay nada más patético que todos nosotros diciendo que existimos como existimos, todo el día hechos una basura. Y esto se manifiesta con crudeza en la pareja. Recuerda la primera pareja que tuviste.

Jon: Yolanda

Joaquina: Seguro que el primer día caminabais y había 50 o 60 centímetros del suelo por donde no pisabais. Aleteabais y las miradas languidecían entre suspiros. El segundo día bajabais 5 centímetros. A los tres días, uno se da cuenta de que el suelo está demasiado cerca y empiezan los ratos y no ratos de tocar el suelo. Y de pronto viene la gran verdad: “Yo quiero estar contigo, pero que te enteres que no funciona”. “Eres lo más grande que conozco, pero duermes de una manera que no me convence”. “No te has dado cuenta de que no me gusta que me toques ese hombro, que el que me gusta es el otro”. “Ya no me acaricias la espalda como antes”…

Jon: Crónica de una muerte anunciada.

Joaquina: ¿Qué pasó desde el primer día que ibais a 50 centímetros del suelo, de la vida y de la experiencia?. Podíais pasar sin comer y casi sin respirar… ¿Qué ha pasado?. Simplemente que empezasteis a compararos. No ha pasado nada más. La relación sigue siendo extraordinaria, el momento sigue siendo increíble, la persona es la que quieres… Sin embargo, has empezado a darte cuenta de que igual es mejor que tú. Y casi seguro que empiezas a machacar: “Tu no haces lo que hacía mi pareja tal”. Y empiezas a comparar las parejas de atrás… El primer día eran todas horribles, luego empiezas a decir que no te hacen lo que hacía Pepita, o Juanita…

Jon: Nunca he salido con Pepitas ni Juanitas

Joaquina: Ya me entiendes, y tu tono de voz indica cierto grado de touché. Siempre que se rompe una relación es porque hemos empezado a comparar: Lo que teníamos solos, con lo que tenemos acompañado: “Es que me doy cuenta de que tengo una necesidad de espacio”. Esa no la tenías el primer día. Pasa con la pareja y también con el mejor amigo, o la mejor amiga, que tardas dos días en ver los errores que tienen y criticar lo que hacen.

Jon: ¿Y todo pasa por el miedo?

Joaquina: Por el miedo a no ser Dios. No ser Dios en un terreno de dioses, y eso es lo patético. Es patético que queremos ser Dios, y el otro el diablo, o como mucho uno de los ángeles. La primera semana un arcángel, la segunda un ángel, la tercera ya uno que está trabajando para ser ángel; y luego ya el demonio reencarnado. Y a demás piensas que Dios te lo ha puesto cerca para que tú te superes, y es el karma. “No te voy a dejar, porque eres mi karma y contigo voy a aprender”. Y las frases son: “Yo sé que es mío, pero ¿te has dado cuenta de lo que me has hecho?”

 

Jon: Antes has unido la especialidad a la enfermedad, ¿cómo va eso?

 

Joaquina: Las enfermedades son porque ponemos el foco en los distintos campos. Las físicas porque miramos lo físico; las emocionales porque comparamos nuestra capacidad de sentir o conectar; y las enfermedades cognitivas son porque nuestra inteligencia la ponemos constantemente en comparación con los demás. Esas son las tres enfermedades que se manifiestan, sin falta, a partir de los 36 años. Las anteriores enfermedades son de procesos de la vida, pero a partir de los 36 son las enfermedades de las que no vamos a poder eludirnos.

Jon: Entonces compararnos y vivir en el pasado son la causa de estas enfermedades.

Joaquina: No se pueden eludir: la enfermedad de la frustración, la de la decadencia, del envejecimiento… Cualquier tipo de enfermedad tiene que ver con un aprendizaje que no estás haciendo, y no tiene nada que ver con el karma ni con ninguno otra cosa extraña. La causa y el efecto ya se han separado hace muchísimo tiempo. No se trata de que yo he hecho algo y por eso me viene la enfermedad. Eso es causa y efecto, y no existe. Puedes romper rápidamente el efecto, si coges con la mano la causa. No existe el determinismo de la enfermedad, eso ya está roto. No hemos venido a sufrir. Nadie. Sin embargo la repetición continua de aquello que necesitas aprender te lleva, no a la causa y al efecto, sino a una llamada a aprender, que son cosas totalmente diferentes.

Jon: Entonces la enfermedad no es un castigo, sino un aviso de que vaya rápidamente a recomponer lo que no he sabido arreglar.

Joaquina: Como has hecho algo, y has tenido muchos avisos de cómo lo tendrías que resolver, y no lo has resuelto, aparecen esas pequeñas goteras, al principio poco significativas y después mucho. Esas goteras vienen con el dinero, con el sexo, con la casa, con el trabajo, con las relaciones sociales… vienen de 25.000 maneras. Y sólo se rompen cuando rompes el deseo de ser especial.

 

Yo y mi dolor de costilla nos quedamos pensando que estamos juntos para aprender algo.

2 pensamientos en “24 El deseo de ser especial

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s