16 Pensar las emociones / sentir los pensamientos

Es el inicio de la primavera. Los gorriones y las parejas juguetean en los parques. Paseamos por el jardín botánico, absortos en nuestra conversación y a la vez presentes en la vida exuberante que nos rodea.

Jon: ¿Qué sucedería si pudiésemos sentir al máximo y en ningún momento sufrir?

Joaquina: Hay un tiempo en el que somos tremendamente egoístas. Lo que necesitamos es aprender a crecer. Imagínate un niño de 2 años. Antes sus sentimientos no existen más allá de sus necesidades. Cuando el niño está intentando estar de pie, es inviable que tenga sentimientos. Lo que hace es utilizar sus sentidos para apalancarse, sujetarse, y desde ahí, poder movilizarse y relacionarse con los demás. Es decir, en estado de supervivencia no se puede sentir. Tiene sensaciones desde los sentidos, no desde los sentimientos.

Jon: ¿Cuándo y cómo, entonces nacen las emociones que no están vinculadas a nuestros sentidos?

Joaquina: El niño al sentir el movimiento, cree que se puede caer, y lo que hace es asentarse dentro. Esto le dura hasta los 10 años. Él va moviendo sentidos, que son espectacularmente sensibles, pero son egoístas. Son los sentidos que le permiten conectar con el entorno, conectar con las personas… Dice a la madre que la quiere, pero en realidad lo que necesita es que la madre le quiera a él. Necesita sentirse querido. El primer sentido que necesita descubrir es el sentido del miedo.

Jon: ¿Podemos pensar las emociones o sentirlas?

Joaquina: Todas las emociones que son de los sentidos no se pueden pensar, solo se pueden trabajar. Trabajar cómo has vivido tu egoísmo. Cómo has asentado los pilares de tu crecimiento sensible al entorno, a las reacciones sensibles a los sentidos. Es el autoconocimiento de tu desarrollo.

Jon: ¿Cómo se hace?

Joaquina: Teniendo en cuenta que el miedo se trabaja con la voluntad, la ira con aceptación, la alegría con la conciencia y ésta a través de la motivación. El asco y el desprecio se trabajan desde la obediencia y, por último, la tristeza se trabaja a través del desapego.

Jon: ¿Y las emociones?

Joaquina: Las emociones no existen como tal. Lo que existe es la elaboración de los sentidos llevados a las emociones. Lo que sucede es que el miedo se convierte en una elaboración que te lleva a la cobardía. El miedo es instintivo no puedes hacer nada con el. La cobardía es una elaboración del miedo: “Yo soy consciente de que tengo cobardía”. No ha sido instintivo. Puedes decir, y hacer un mapa, de tu cobardía. Empieza a los 12 años, cuando sales al mundo con el miedo de si te van a querer o no. Entonces el miedo pasa de ser instintivo a ser algo que te conmueve, te agita, no te permite estar en tu sitio. Ahí está la cobardía.

Jon: Entonces la cobardía, ¿es un miedo elaborado, al rechazo?

Joaquina: Un miedo al rechazo, a no ser válidos para alguien. Y se produce porque no tienes una aceptación de ti mismo. Entonces ya no se trabaja como con los sentidos instintivos. Aquí lo que necesitas es conocer tus cualidades que no has aceptado, pensar sobre ellas, y sentir el pensamiento que representa tu trabajo en tu aceptación. Vas a tomar pensamiento de tu rechazo, te vas a dar cuenta de dónde está, vas a elaborarlo. Te tienes que dar cuenta de que cuando te acercas a alguien y de repente le hablas, y has visto en sus ojos que primero ha mirado a otra persona, y tu no tienes los ojos claros, ni la estatura, y además eres un sesudo de narices, y a la otra lo que le gusta es ir a bailar… Entonces te cuestionas: “¿Será bueno ser sesudo? … igual lo que tengo que hacer es ir a bailar”. “Es que soy torpe, no sé si quiero aprender a bailar. No sé si quiero estar con ella…” Toda esa divagación, en realidad es un descontrol.

Jon: ¿De quién?

Joaquina: Un descontrol del pensamiento. El pensamiento ejerce un movimiento y una agitación en tu persona que no controlas. Pero, cuando te estás cuestionando si te gusta o no te gusta, no estás sintiendo, no estás moviéndote con la emoción. La emoción ha sido lo primero: “¿le gusto, o no le gusto?”. Pero cuando le empiezas a dar vueltas a qué estás sintiendo, lo estás pensando. Pero lo estás pensando sin sentido, fuera de ti, en un lugar donde no puedes trabajarlo. Ya está la obsesión, ya estás destrozado con la persona.

Jon: ¿Y qué tendría que hacer?

Joaquina: Pararte y decirle: “Tú no existes aquí. Lo que existe aquí es que yo me estoy cuestionando a Jon. Me estoy cuestionando qué siento yo”. Si te das cuenta de que no eres como la persona con la que te estás comparando, te das cuenta de que el problema es precisamente que te estás comparando con alguien. El problema es que estás diciéndote que tu belleza, tu forma de ser, tu decisión no es buena, y que igual la tienes que cambiar. Y en lugar de ponerte a trabajar sobre ti, te pones a vaciarte contra ella, generándote una cobardía que, cuando te acercas a otra persona, vas pensando lo que haría el otro. Y cambias de personalidad.

Jon: Y, ¿qué ha ocurrido en realidad?

Joaquina: Que has tenido un conocimiento de algo que hay en ti, que no funciona. En lugar de pensar y trabajar esa emoción para construir tu éxito interno, lo que haces es destruirte como persona.

Jon: ¿Por qué?

Joaquina: Porque te has dejado llevar por una emoción que es incontrolable, que es la cobardía. Y la cobardía te deja en un lugar absolutamente inútil para la relación con el otro. No encuentras mecanismos. Entonces, cuando te encuentras con la emoción elaborada, tienes que identificar qué te pasa, identificar las áreas de no aceptación y trabajar sobre ellas. Esa cobardía no está en la emoción más elaborada, está en que cuando eres cobarde rechazas tu cuerpo. Identifica que rechazas de él, y sobre eso empieza el trabajo de identificar la emoción. Porque la cobardía siempre está instaurada en “mi cuerpo no es válido. No acepto mi cuerpo”. No aceptas las cualidades: la altura, la forma de ser… La cobardía tiene que ver con cómo mi cuerpo se manifiesta a la hora de estar con otra persona. Es de 12 a 16 años cuando se sufre el mayor calvario del mundo, porque sentimos que nuestro cuerpo no está habilitado para estar con los demás y gustarles.

Jon: ¿Y hay otros sentimientos aquí?

Joaquina: Si: la angustia, la pesadumbre… la cobardía los recoge a todos. Pero es una emoción: algo se mueve dentro, vibra y lo notas. Y el movimiento está, y no hay posibilidad de sujetarlo. Como estado compensatorio, entras en una ira profunda contra los que te rechazan. Ira entendida como pérdida de paz interior, pérdida de tranquilidad, desasosiego… un estado que se llama cólera profunda. Cólera contra el mundo que viene contra ti. Es una emoción que necesita la aceptación, y solo se resuelve cuando piensas que eres tú realmente el que está rechazando quién eres. El otro no te rechaza. Cuando eres consciente de que el rechazo surge en ti es cuando puedes corregir esto. Y esto se llama autoaceptación.

Jon: Pero, ¿por qué?

Joaquina: Porque tú tienes una cólera que se arraiga en tu sistema. Tienes una cólera que te sujeta el espíritu. Tienes una cólera que te hace estar todo el tiempo pensando fuera de ti. Entonces está ese sentimiento de que crees que la gente se ríe de ti, sientes que te están dejando en evidencia, estás incómodo todo el tiempo, estás sensible a lo que está pasando a tu alrededor… Pierdes totalmente el sentido del pensamiento. Y entonces tienes el pensamiento en un estado de competitividad continuo. Compites permanentemente con el entorno, y tienes cólera cada vez que pierdes, cada vez que te das cuenta de que en ese estado de competitividad has perdido el terreno. Llega un momento en que la falta de aceptación, la falta de contacto con tus sentimientos más sensibles, hace que se te olvide que cuando te comparas no estás emocionado, estás pensando. Negativamente, pero estás pensando.

Jon: Entonces las emociones, cuando permanecen en el tiempo son pensamientos nocivos y obsesivos que te llevan fuera de tu carril emocional positivo. Dado que se va a producir esa segunda emoción después de haber sentido el rechazo en mi infancia, no puedo evitar pensar en destructivo. ¿Cómo puedo descubrirla, pensarla y romperla para convertirla en autoaceptación?

Joaquina: Hay una emoción secundaria que te pilla, te da, te agita, y luego se convierte en un pensamiento reiterado obsesivo, que te habla de que en realidad piensas los sentimientos, pero los piensas fuera del lugar de la solución. Es imprescindible que construyas el pensamiento. Para ello necesitas conocer la emoción, reconocer la cobardía, trabajar de manera muy profunda todo lo que no aceptas de ti, y encontrar una motivación transcendente para tu vida.

Jon: ¿Qué pasa si me doy cuenta de que mis pensamientos no tienen emoción, que están ausentes de conexión con lo profundo?

Joaquina: Eso se produce a partir de los 24 años. Aparece el trabajo, la pareja, el compromiso. Cuando entras en el compromiso y no lo has sabido trabajar antes, tu pensamiento estará ausente de emoción. De emoción positiva: ese pensamiento que es valiente, que tiene paz, que es alegre, que es optimista con ganas de hacer cosas, y además está dispuesto a ser libre y a llegar a cualquier sitio. Y si no se carga de emoción positiva acabarás pensando que esta vida es una basura. Es decir: te enamoras de quien no se enamora de ti; si te enamoramos de quien si se enamora, se acaba rápidamente; no quieres tener hijos pero los tienes, quieres tenerlos y no llegan; quieres que te suban el salario y te lo bajan, quieres que te despidan y te dicen que somos estupendos… Empieza a suceder todo lo contrario. Ese pensamiento es: “Esto tan bueno, no sé cuánto va a durar”

Lo que pasa en el mundo es que el pensamiento está carente de emociones. Cuando el pensamiento tiene emociones y el sentimiento tiene pensamiento, las relaciones duran eternamente. Porque cada minuto tocas la piel desconocida. No hay nadie que, teniendo claras sus emociones y trabajando para ellas, no se de cuenta de que cada día, cada instante, las personas son diferentes. Es igual que la conozcas desde hace mucho tiempo. Si la miras con los ojos de la novedad, si la miras con los ojos del tiempo nuevo, si la miras con el pensamiento lleno de emociones, no hay nadie que no sea diferente cada instante.

Jon: Antes pensaba que la emoción era algo transitorio, y que para sentirla en plenitud era necesario cambiar de personas.

Joaquina: Eso es porque creías que la novedad estaba en los sentidos. Pero la novedad está en el pensamiento, no en los sentidos. Si el pensamiento es novedoso, los sentidos son novedosos. Pero, si el pensamiento es repetitivo, obsesivo y aburrido, los sentidos serán repetidos, aburridos, y no caminan. Si ahora te dieran un beso, y sintieras que ese beso es de hoy, y no de ayer, te temblarían todos los enanos dentro. Si te dieras cuenta de que es el pensamiento el que se emociona, ¿qué pasaría al sentir la mano nueva, la voz diferente, las palabras…? ¿Es acaso posible vivir lo mismo un día que otro?

Jon: No

Joaquina: Entonces tus movimientos provocarán pensamientos diferentes que te emocionarán cuando seas capaz de entender la novedad de ese pensamiento, la novedad de esa emoción.

Jon: ¿Crees, entonces, en el amor eterno?

Joaquina: Plenamente. Creo que se puede estar con una persona y no aburrirla jamás, porque tú no estás aburrido jamás. Creo que se puede vibrar en una onda casi irrepetible, pero para eso es imprescindible que la sociedad piense sintiendo y sienta pensando. Vinculamos el amor a la felicidad, y solo las emociones nos la quitan. No hay ninguna posibilidad de ser felices si no somos capaces de pensar nuestras emociones. Eso es así porque la felicidad es un estado de equilibrio entre la expectativa que tienes y los logros que consigues. Podemos ponerle muchos nombres mágicos, pero el hombre es feliz equilibrando esas dos cosas.

Salimos del jardín por la puerta de Murillo. Un nuevo paso, un nuevo aliento.

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