15 Romper la infelicidad (II)

Son las nueve de la noche. Las personas se acercan a abrazar a Joaquina, y mientras recojo los equipos de audio y video. Ya en el coche, todavía impactado, saco a Joaquina de su ensimismamiento.

Jon: ¿De dónde viene la información que impartes en los cursos?.

Joaquina: Estábamos en el tercer paso.

Jon: Vale, vale. Primero voluntad, segundo aceptación…

Joaquina: El tercer paso, en el plano grande, se llama conciencia. En el plano pequeñito se llama claridad. Creo que ésta es una de las cualidades más difíciles de aprender y, sin las dos previas, no se consigue jamás. Claridad para saber cuál es mi propósito, para qué hago las cosas. Claridad para saber quién soy yo en esta película. Quién soy yo en este proceso vital. Claridad para saber qué tengo que decir, qué tengo en mi cabeza, qué hay que me lleva a un lugar. Y aquí es la claridad de lo que sé y de lo que no sé. Muchísimas de las relaciones se rompen porque vivimos opinando, y no sabiendo. Es imposible tener claridad sobre lo que el otro sabe o lo que el otro siente.

Jon: Si, lo que hacemos permanentemente es poner un foco sobre el otro, y no sobre nosotros.

Joaquina: Se trata de tener claridad para saber dónde está tu bondad, tu maldad. Claridad para conocer tu conciencia, y no oscurecerla. Claridad para no echarle la culpa a ninguna persona. Claridad para saber cuál es tu horizonte, qué es lo que haces y no haces. Claridad para ser, verdaderamente, honesto, íntegro. Claridad para no retorcer las cosas que dices, ni las intenciones que hay. En suma, claridad de propósitos: qué es lo que quiero y qué hago para conseguirlo. ¿Estoy poniendo mi propósito en manos de otro?. Aquí está cómo defiendo yo mi compromiso. Cómo defiendo mi responsabilidad, lo que realmente estoy buscando. Detrás de esto está hacer que nuestra vida sea la que queremos tener.

Jon: ¿Qué necesito para tener claridad?

Joaquina: Lo primero de todo debes tener silencio. Lo segundo, palabras apropiadas. Pero lo primero, silencio, no voy a decir nada que venga contra mi. Y sobre todo, no voy a decir nada que vaya contra ti. Esa oscuridad que a veces tienen las personas: esto no te lo voy a contar, pero vengo por aquí y luego por allí, lo único que hace es destrozar nuestra vida y la de los demás

Jon: Entonces necesito conciencia

Joaquina: No. Necesitas estar claro para poner conciencia sobre las cosas. Si no estás claro, la conciencia no la vas a poner nunca al servicio de nadie.

Jon: Si no tengo voluntad, no gano en confianza ; si no gano en aceptación, no seré tolerante; si no pongo claridad sobre quién soy, qué quiero y qué hago, no encontraré mi propósito aquí, ni mi compromiso, ni mi responsabilidad sobre lo que me está sucediendo.

Joaquina: Ése es el punto, claridad para convertirte en lo que quieres ser, no en lo que dices que eres. Si hay algo que te va a dar felicidad, es la claridad. Cuando eres claro, honesto… Cuando dices las cosas con sinceridad, sin querer hacer daño a los demás… Cuando el otro se da cuenta que no tienes dobleces, que lo que estás diciendo es lo que piensas.

Jon: Por eso las personas te adoran.

Joaquina: Bueno, a veces puede que sea demasiado clara, pero, efectivamente, en mi no hay dobleces. Las personas saben que lo que digo es exactamente lo que pienso. ¿Qué pasaría si todos fuéramos claros?: Nos amaríamos. Sólo puedes amar la luz. Es inviable que te ames cuando no hay claridad en la que quieres. Si llego a casa un poco tarde, y esperando que me hayas cocinado, que esté la mesa puesta y los manjares esperándome… y cuando llego, estás viendo la televisión. Entonces, empiezo a hacerme la no ofendida, pero en el fondo te querría matar. Pasa media hora y te dejo caer: “Pues, podrías haber echo la cena, ¿no?”. Todo esto podría ser tan sencillo si te llamo desde el trabajo y te pido que tengas la cena preparada. Si me dices que no, fantástico: aceptación. Sigo en la felicidad. Y también te podría decir, “oye, pues voy a ir a cenar con unas amigas porque no me apetece hacer la cena”: voluntad.

Jon: Y entonces yo me tendría que trabajar la aceptación.

Joaquina: Es como un juego pero, en realidad, es la vida misma. Llévalo a donde yo quiero: Si tienes claro lo que quieres, es imposible que no seas divino. Todo esto es lo que te tienes que plantear para llegar a ser la mejor persona de este mundo. En este mundo de hoy las personas confunden claridad con decir las cosas que piensa sin ningún filtro. La claridad, desde lo divino, es un profundo amor a los demás. No vas a decir nada que a la otra persona le pueda llegar a ofender.

Jon: Entiendo que la claridad empieza por uno mismo

Joaquina: Sí, tenemos una gran capacidad de arrojar claridad sobre el mundo del otro. Tenemos nuestro problema que no resolvemos, pero el del amigo o el de la amiga lo resolvemos siempre. La falta de claridad es la consecuencia más importante de la infelicidad. Porque es la consecuencia del no amor. Si no eres claro, no serás amado. Te querrá un grupo de personas, pero el amor no existe. Si eres claro provocas una luz especial, un halo especial, y las personas te aman. Pero sobre todo te amarás a ti mismo. ¿Te ha parecido bien el tercero?

Jon: Impresionado. Estoy deseando llegar al cuarto.

Joaquina: La decisión es el cuarto paso para la felicidad. Para la felicidad hay que estar tomando decisiones permanentemente.

Jon: Hay que decidir sobre la voluntad, sobre si nos tenemos que poner a aceptar, sobre cómo gestionar lo claro y lo oscuro, lo que quiero, lo que quiere el otro… Un proceso continuo de tomas de decisión.

Joaquina: Sin embargo, la decisión surge del optimismo. Optimismo para creer que tu voluntad la puedes ejercer. Para creer que aceptando la situación se va a resolver. Optimismo para pensar que desde la claridad puedes llegar a conciliarte con los demás.

Jon: El optimismo es, entonces, para mirar lo anterior.

Joaquina: Pero una persona que no es optimista no puede tomar decisiones. Si en tu cabeza está el pesimismo errarás en tu decisión. Y si te das cuenta, el pesimismo anida en casi todos los cerebros 24 horas al día: “No voy a hacer esto, porque ¿para qué?”.

Jon: Pero, a veces, el pesimismo nos libra de errores.

Joaquina: El pesimismo te lleva a quejarte. Y la queja es la anulación de la felicidad, tuya y de los demás. La falta de optimismo te lleva a entrar en un mal humor permanente. Pero lo que es más importante: el pesimismo no te permite actuar.

Jon: Entonces, las decisiones que tomo desde el pesimismo, ¿son para no actuar?.

Joaquina: La respuesta a la decisión siempre es la utilidad: ¿Para qué hago esto?. Si estás tomando una decisión y estás larvando que no va a funcionar, la decisión estará condenada, o bien porque no estás aceptando las derrotas, o bien porque no estás aceptando otra voluntad, o porque no tienes claro cuál es el proceso y a dónde te lleva. Las decisiones nunca pueden estar alejadas del optimismo.

Jon: ¿Y si en la decisión hay alguna duda?.

Joaquina: Pues no se puede tomar la decisión. Te equivocarás.

Jon, yo creo en la felicidad total, y creo que la persona es feliz, pero no lo sabe. El sol no depende de las nubes, ni de dónde estés mirando. El sol siempre está, igual que la felicidad siempre está. Lo único que está interrumpiendo que la veas es la comodidad. Vienes de unos parámetros y de una realidad familiar, y seguramente has visto cómo un hombre y una mujer, después de un tiempo, Han hecho caducar el amor. Hay exigencias que antes no existían, miedo al trabajo, miedo a que las cosas pasen diferente de cómo esperan. Entonces, hay un pesimismo subyacente: “Si de las personas de las que vengo no he podido ver la felicidad, yo no la puedo conseguir”. Y has dejado el testigo de la consecución de la felicidad en dos personas que nunca las has visto felices. Pero no las has visto felices porque han pensado lo mismo que tú: “Si a ellos no les he visto felices, no puedo serlo”.

Imagínate que estás en una isla. En el lado derecho hay algo maravilloso, en el izquierdo también, y en el centro no hay nada. Tú estás en el centro. Pero, ¡qué horror!, tienes que caminar hasta allí para conseguir aquello, o tienes que caminar hasta el lado opuesto para conseguir aquello otro… Casi mejor estar aquí. Todos los días estás pensando: “En el lado izquierdo hay algo maravilloso y en el lado derecho también… si los juntara tendría todo lo maravilloso que hay en la isla”. A veces vas un poco hacia el lado izquierdo, pero entonces el derecho te queda tan lejos… y luego tienes que volver al centro, así que te quedas nada más que con ese trozo.

La mayoría de personas hacen lo siguiente: En sus islas personales, no han ido ni a la izquierda ni a la derecha. No han buscado ni a padre ni a madre. Los que han ido en una dirección les ha parecido demasiado lejana la otra… Así que todos vivimos carentes de la unidad. Carentes de la conjunción de esa maravilla. Si hoy recorrieras la búsqueda de tu isla personal, y fueras a buscar lo mejor de tu padre, y lo mejor de tu madre, y lo juntaras, serías imbatible. Pero eso requiere mucho perdón, mucha intención, y un poquito de esfuerzo.

Jon: ¿Entonces el pesimismo está inundado de esos dos polos tan tremendos?

Joaquina: Piensas que si eres como uno, no puedes ser como el otro porque no se llevaban bien. Al final toda tu vida se queda reducida a un desamor profundo a tus padres, por el esfuerzo que representa superar a uno de ellos, sobre todo. Ver lo maravilloso de los dos es un esfuerzo, pero ver lo maravilloso de uno de ellos, es mucho más. Ver a los dos y juntar esa maravilla dentro de ti es costosísimo.

Jon: Y el quinto paso…

Joaquina: El quinto es la entrega. Sólo eres feliz cuando eres libre para entregarte. La entrega se produce por tu libertad. Si tú estás condicionado a entregarte, o lo estás haciendo porque crees que lo tienes que hacer, o porque te ves obligado a hacerlo, la entrega es un auténtico suplicio. Aunque te estés inmolando. Nadie se entrega si no siente la libertad dentro. Y nadie se siente feliz si no es libre para esa entrega.

Jon: ¿Y el: “me entrego porque me necesitas”?

Joaquina: Eso es inmolación. No hay entrega. Podría entregarme o no, pero estoy haciendo lo que yo quiero. Y estoy al servicio porque yo quiero. La entrega desde la libertad, es incondicional. No esperas ningún resultado. Este es el punto más hermoso de los cinco.

Jon: Normalmente pensamos que hipotecamos nuestra libertad para entregarnos.

Joaquina: Lo importante es que la libertad la tienes que notar en tu espíritu. Te sientes libre para darte. Te sientes libre para esa donación, nadie te la impone, nadie te la exige… La entrega es lo que nos da la plenitud y nos hace sentir la felicidad, pero si no hay libertad, no la notas. Notas como unas cadenas que te oprimen y que no funciona.

Jon: ¿Me tendría que plantear cuál de estos cinco pasos soy incapaz de hacer?

Joaquina: Ahí está la semilla de tu felicidad. ¿En cuál de las cinco tarde o temprano caes en la trampa?..

Las cinco ayudas que puedo darte son:

Para la voluntad: Tener objetivos

Para la aceptación: Fluir con la vida. No criticar.

Para la claridad: Saber el propósito de las cosas.

Para el optimismo: Encontrar una utilidad en ti. Para qué estás en este mundo.

Para la libertad: Superar los celos. Superar la posesividad.

 

Y esta pequeña figura se adentra en el portal de su casa, dejándome una larga noche de reflexión por delante.

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