13 Amor, odio y expectativas

Joaquina solía dedicar los domingos a recibir personas de fuera de Madrid ya que es el único día que pueden acercarse a verla. Estoy esperando en el portal a que baje, y me entretengo observando a los pocos viandantes que pasan por allí. Llega Joaquina dispuesta, como siempre, a reflexionar sobre algo que le acaba de ocurrir.

Joaquina: ¿Crees que hay mayor odio en el mundo que no dejar que el otro sea como quiere ser?

Jon: Buenos días Joaquina.

Joaquina: Acabo de estar con unos padres. Vienen desde el norte y me han traído a su hijo a su hijo.

Jon: Si, les he visto salir.

Joaquina: Estaban convencidos que iba a pasar primero con ellos a mi despacho, para poder despellejar a su hijo en toda la dimensión, y después, ya pasaba su hijo adolescente, al que le iba a romper la cabeza porque era un ser perverso. Entonces, como la perversa soy yo, coloqué a los dos padres en sillas rojas, y al niño en una silla blanca.

Jon: Muy simbólico

Joaquina: Entonces le pregunté al niño: “Cuéntame para qué estás aquí. Solo te voy a escuchar a ti. Ninguno de ellos te puede interrumpir”. El caso es que me dijo para qué estaba ahí. Su madre se mordía las manos, los pies y de todo, y cuando acabamos de escucharle a él, les dije: “Bueno, les voy a dejar solos, y vas a hablar con tu padre, solo con tu padre, y que te diga para qué te ha traído aquí”. El niño iba a replicar y le corté argumentando que sus padres le habían escuchado sin interrumpir ni un solo momento. Así que él no podía cortarles. Entonces le dije a la madre que qué quería de su hijo. Y me contesta con una cara de amor desbordado: “Lo que él quiera. Que se fragüe un futuro, que pueda vivir muy bien, y que tenga mucho éxito”. ¿Y si tu hijo lo que quiere es ser un camionero, tirado por el mundo, sin ganar dinero…

Jon: Estas preguntas… ¿Las tienes pensadas o se te van ocurriendo?

Joaquina: Entonces, la mirada de la madre es: “No he traído a mi hijo al sitio adecuado”. Le di cinco minutos para hablar y me dijo todo lo que no hacía su hijo. A esto le repliqué: “Quiero que me contestes con total sinceridad. Qué es mejor para ti: ¿qué tu hijo y tú tengáis una relación de desarrollo y crecimiento, o que tu hijo haga lo que tú esperas?”.

Y es una pregunta, que ahora te hago a ti. No ya en relación a tu hija, sino en relación a tus parejas, a tus amigos, en relación a todo el mundo: ¿Tienes el corazón tan amplio, tan grande, y tan extraordinariamente generoso como para permitir que tus amigos, parejas, se estén destrozando la vida, y no hagas una intervención, y así permitir que hagan lo que ellos creen y no lo que tú crees que es bueno para ellos?

Jon: Me temo que no.

Joaquina: Pues eso es el amor. El amor es permitir el destino de aquellos que amamos. Y no siempre coincide con nuestro destino. En la medida que somos capaces de darnos cuenta de cómo perturba la hostilidad que mostramos a los demás, es posible que podamos cambiarla. Y tenemos que darnos cuenta de cómo perturbamos la paz de los demás con nuestro ego, que cree ser especial, y cree que sabe mucho más lo que quiere el otro, que el otro mismo. Esa reflexión, es para mi el odio.

Jon: El odio empieza entonces cuando le cortamos a la persona la posibilidad de ser ella misma. Cuando queremos convertir a la persona en nuestra propia decisión.

Joaquina: Y somos el resultado de odiarnos profundamente por no haber escuchado lo que nosotros queríamos. Porque, no solamente está el odio ahí fuera, que es excesivamente notable y expresivo, sino que el odio está conviviendo dentro de nosotros, y cuando decimos que queremos algo, el propio detractor de nuestro éxito nos dice: “ni se te ocurra”. No puedes… no vales….

Jon: Conozco bastantes casos de personas con ideas de futuro maravillosas que cuando se la cuentan a alguien, especialmente familiares y amigos, que teóricamente les aman, se las tratan de tirar abajo en un segundo.

Joaquina: Muchas personas son un aborto de éxito, viendo éxito como una creación para las que han puesto mucha intención. Pero luego, que les quieran los demás, que les hagan caso, gustar a otros… está por encima del amor a su propio éxito.

Jon: ¿Entonces lo hacemos por miedo al ataque, al rechazo?

Joaquina: El mayor miedo no es al ataque, es al amor. Al amor incondicional. A tener un amor que no te permita expresar tu especialidad o no te permita salir de tus parámetros a decir que lo tuyo es lo correcto. Hay dos cosas importantes: el odio, y sentirte especial.

Jon: Y, ¿Cuál de las dos nos convierte en personas fuera de nuestro destino?

Joaquina: No lo sé. Tengo claro que la persona que más me ha odiado en el mundo, es la persona que más me ha amado. La que más me ha condicionado, la que más ha tenido una idea de cómo tendría que ser yo. Es una persona que me ha amado y odiado para forjar una persona diferente a la que soy. El odio que nos ha dicho “tú no vales para algo”, no es un odio intencionado, no es malévolo. Odio sencillamente es lo contrario del amor, pero no porque haya un deseo intencionado a destruirnos.

Jon: Pero en realidad no vamos a poder salir adelante si no hay una autodeterminación a nuestro propio futuro, lo que queremos hacer, a dónde queremos ir…

Joaquina: El odio es simplemente querer que el otro no siga adelante, o que siga adelante para no seguir tú. A veces te dan un testigo que te parece insoportable de fuerte y de grande.

Jon: ¿Cómo cambio el odio por el amor?

Joaquina: No puedes estar en el amor, si no has excluido el odio. Si excluyes una parte de ti, no puedes tener la otra: “Estoy discutiendo contigo pero te amo”. Eso no existe. Si me planteara cambiar el odio del mundo, la primera cosa que diría: “Ama de verdad y en profundidad aquello que no te genera ninguna tensión”. Pleno quiere decir que ahí te sientes lleno, funcional… Por ejemplo, el trabajo, o las relaciones… Lo primero que tienes que saber es qué campo has venido a explorar. El ego te dice que tú aquí lo tienes que saber todo, que eres un ser especial, y que si no lo sabes todo es porque algo no has hecho bien. Cuando el ego te manda ese mensaje, te hace ver las carencias en un lugar, y tu excelencia en otro. Entonces, cuando te sientes positivo en un lugar, atacas a los demás en ese lugar. Entras en el trabajo, “yo gano mucho, yo funciono, yo soy estupendo… Y cuando llegas a la vida afectiva, te golpean, te sientes carente, no te entienden. Y al revés.

Al final, lo que estás consiguiendo es un mundo tan dual y tan tremendamente separado que acabas creyendo que solo tienes acceso a una parte de tu éxito.

Jon: Pero, yo puedo decir que soy muy feliz en el trabajo, y me va muy bien, y no necesito relaciones afectivas.

Joaquina: Sabemos los dos que no es así. Sabemos que si mañana te enamoras de una persona, y ese amor no cumple las expectativas de sentirte en paz, igual que en tu trabajo, empezarás a decir: “Yo he nacido para el trabajo, no he nacido para las relaciones personales”. Pero eso no es real. La realidad es que has venido completo en algo y aprendiz en otro algo. Has venido maestro de una parte y aprendiz de otra. Y mientras no te des cuenta de en qué eres aprendiz y te entregues totalmente a ello, es imposible que puedas avanzar. Te pido, con mucho cariño, que te plantees qué ha pasado en tu familia, que tú sientes que hay algo que no quieres vivir en tu vida propia. Ahí está almacenado el odio.

Tu siempre dices que eres muy inteligente. ¿Qué parte de tu torpeza no estás queriendo aceptar? La reivindicación de tu especialidad no es más que una negación al aprendizaje. No es otra cosa. En un mundo donde todos nos pusiéramos a aprender, en lugar de criticar a los demás, estaríamos todos en un estado tan puro y tan hermoso, que no habría quien nos pudiera parar. No se trata de que tu hija sea la artífice del éxito. Se trata de que le enseñes a encontrar lo que a ella le hace sentirse completa. Sin buscarlo fuera, y disfrutándolo fuera.

Tienes que ser capaz de sentirte completo, para, encontrando otra persona completa, podáis desarrollar un proyecto en común. Y no “como yo estoy incompleto te busco a ti para desarrollar mi “incompletud”, porque eso, al final, hace mucho daño. Si no repasas el odio, viendo en qué campo te haces más sensible, más quisquilloso… Por ejemplo: como no me sé comunicar, no quiero aprenderlo, me dejan en evidencia… y de pronto me niego a comunicarme.

Jon: Si, la verdad es que tengo bastantes problemas para comunicar mis sentimientos.

Joaquina: No es tu caso, pero imagínate una persona que tiene dificultades expresando sus ideas. Que no puede comunicar sus ideas tal como las tiene en la cabeza y poder defenderlas ante cualquiera. Que cuando alguien defiende sus ideas, las de ésta persona se queden aniquiladas dentro de su cabeza, maravillosas, estupendas, y encerradas a cal y canto. Van notando que le llevan por un camino que no es el que quiere. Pero no es capaz de defenderse porque no es capaz de decirlo. ¿Cómo crees que se siente por dentro?

Jon: Resentido

Joaquina: Eso es odio. Pero el camino no está en decir: “no puedo hacerlo”. El camino está en reconocer qué te da odio, para ponerte en disposición de aprender esa partícula, que es la que has venido a aprender. El ego te dice: “si tu hermano lo sabe, tú lo tienes que saber. Si tu hermano sabe comunicar es que ha venido tocado por la mano de Dios y tú no. Él es como tu padre o como tu madre, genial, pero tú eres lo que no vale. Hagas lo que hagas y estudies lo que estudies, no vas a conseguir ser como él”.

Jon: El ego ha conseguido, con la comparación, generar el odio del que sabe y el que no sabe.

Joaquina: Si miras más allá, y ves realmente cuál es la conspiración que tienes dentro, ya sabes el camino del desarrollo. Y no es otro que: Aquello que quieres hacer, ponte a estudiarlo. Pon toda tu intención y tu foco en desarrollarlo. Y si no, déjalo ir, y ponte en estado de admiración. Qué bueno que esta persona tiene esto, y ya está. Aquello que admiras con cierto grado de tensión, es tu aprendizaje. Esa admiración puede estar en el cuerpo físico, belleza, elegancia…; puede estar en las emociones, sensibilidad, ternura…; en la inteligencia…; en la capacidad de tomar decisiones sin dudar…; o en trascender. Todo ese es el almacén de odio.

Jon: Muy grande el almacén.

Joaquina: Sí, pero en realidad solo hay una cosa que lo resuelve. Solo una. Por ejemplo, a mi lo que me ha amargado la vida es el miedo. Mi hermano no sabe no de qué color es eso, pero a mi me ha perseguido toda mi vida. Él no tenía miedo a nada, y yo tenía miedo a todo. Y me di cuenta que he venido a vencer el miedo. En mi, el miedo es el detractor de mi crecimiento. Mi gran odio hacia mi misma, es el miedo.

¿Cuál es el tuyo?

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