12 Las enfermedades del alma: La pereza

Joaquina: La pereza tiene que ver con la anulación de nuestro cerebro superior. Este cerebro se encarga de mandarnos los mensajes de lo que podemos hacer, de lo que podemos crecer, trabajar… Necesitas dos llaves para poder acceder a él. Plenamente: una, que confíes en la totalidad de tu ser. Dos, que seas capaz de comprender que no todos somos iguales; que la diversidad suma, y no resta. La envidia no te deja entrar en la lógica, y los celos no te dan acceso a tu mente global.

Tienes que entender que en este mundo participas de la globalidad y no de la exclusividad. La globalidad quiere decir que todos somos lo mismo, ¿qué lugar queda ahí para la envidia? Somos todos gotas de agua en una misma cascada. La dificultar empieza cuando piensas que la gota de al lado es diferente a ti. Tenemos la misma conformación humana todos, la misma que Jesús, que Buda, que cualquiera. Ellos simplemente entrenaron para hacer las cosas diferentes. Participan de una entidad global igual que tú, igual que todo el mundo. Cada vez que quieres ser especial rompes la integridad de tu cerebro más inteligente.

Jon: ¿Estás hablando del hemisferio derecho o el izquierdo?

Joaquina: Lo de los hemisferio es un intento vano de fragmentar para poder comprender, igual que el eneagrama, los mapas mentales en PNL… Tu eres la totalidad del cerebro, la totalidad de los 9 números del eneagrama, la totalidad de los mapas mentales. El cerebro no separa, el cerebro aprende de la totalidad.

Jon: Eso quiere decir que formo, formamos todos, parte de una unidad de la que no podemos salir.

Joaquina: Si. Tenemos esa visión global, pero también la capacidad de ir al detalle. Ese detalle es la forma en la que quieres vivir este mundo global. Es la forma en la que quieres participar de esta gran eclosión de vida. Pero eso no te hace diferente, no rompe el cerebro global. Simplemente te hace decidir coger un trozo, y decidir que ese trozo es el que quieres experimentar.

Jon: Y cuando en ese detalle se tienen celos, éste se corrompe.

Joaquina: Así es, porque decides que una parte del detalle que has elegido no funciona. Es decir, al cerebro global no entras por la envidia y al detalle no entras por los celos.

Jon: ¿Cuál es entonces nuestra pereza?

Joaquina: Aceptar que somos todos uno, aceptar que todos somos normales, aceptar que si pusiéramos la intención podríamos aprender cualquier cosa. Pero teniendo en cuenta que tendremos unas cosas más asequibles y otras que requerirán más esfuerzo.

Jon: Entonces, hemos decidido ser perezosos ¿para no ser totales?

Joaquina: Aunque te parezca extraño, así es, para no ser completos, para no ser felices. Ya sabes que me encanta preguntar a las personas si son felices, y las respuestas son: “a veces, cuando me aman, cuando tengo dinero… “. Sin embargo, la felicidad viene de la aceptación de la globalidad y de la compresión de que tu detalle, tu decisión, es completa para ti. Que lo que has decidido que es importante para ti, lo puedas manejar hasta donde tú quieras.

Jon: Sin embargo, al elegir el detalle, estoy excluyendo algo que está dentro de lo global.

Joaquina: Si, pero cuando decidiste hacer algo, no decidiste lo mismo que tu hermano. La globalidad estaba para ti, pero decidiste excluir una parte de tu vida. Tenías la globalidad de tu familia, la globalidad de tus conocimientos y la globalidad de tu ser, pero decidiste que una parte no la querías utilizar y la excluiste, y luego te arrepentiste… porque querías tener lo de los dos. Seguro que a tu hermano le pasa lo mismo.

Cuando un niño empieza a tener pereza con las matemáticas, o con la lengua, cuando empieza a tener pereza para estudiar, no es un problema curricular. Lo que quiere decir es que cree que en el detalle le faltan cosas, y en la globalidad cree que los demás deberían no estar. No hay ningún problema en que un niño pueda ser una eminencia, si eso es lo que quiere ser. Los padres tenéis que entender que el niño esta haciendo una exclusión y, por favor, no le compares con nadie. El niño está haciendo una elección de detalle, y tu trabajo es hacer que ese detalle lo tenga lleno para que vaya a la globalización, y sienta que puede formar parte de esa estructura tan compleja en la que vive, donde las personas nos comparamos continuamente.

Jon: Es todo una comparación constante sin darnos cuenta que la decisión ha sido nuestra.

Joaquina: Ha sido una decisión tuya, junto con una influencia genética de la que no te puedes escapar: tu temperamento, que está por encima de cualquier otra cosa. Tu hermano se ríe por todo, y tú no te ríes, es tu decisión. El caso es que cuando entras a tu cerebro con envidia y con celos, el cerebro deja de funcionar. Acto seguido empieza a enviarte mensajes de destrucción: empiezas a pensar mal, a generarte obsesiones, debilidades, y cuando te quieres dar cuenta, crees que eres el último de la fila, o en tu caso, crees que eres el primero.

Jon: Es que soy vasco.

Joaquina: Pues cuando un vasco se compara y dice que es mejor, es porque tiene envidia. Y seguro que de los andaluces, porque ellos son sosos y los andaluces ríen. La comparación es una pérdida, siempre. El cerebro no ha venido a este mundo para comparar, ha venido para aprender. Si no entras en la confianza personal y en la empatía, no podrás conseguir que tu cerebro no sea perezoso. El riesgo de la pereza no es que no vas a tener dinero, o no puedas estudiar… El verdadero problema es que la pereza provoca la falta de felicidad. No hay ninguna persona que cuando no puede acceder a lo que desea, no sienta una infelicidad muy profunda dentro de si mismo.

Jon: ¿Cómo es? ¿De qué textura está hecha la pereza? ¿Cómo empieza a funcionar?

Joaquina: Lo primero que hace la pereza es introducir un concepto: “No puedes”. Cuando dices “no puedo” a algo, el cerebro hace lo siguiente: “Si dice que no puede, es que quiere no poder, así que voy a quitarle la información”. Cada vez que dices uno de estos tres “no”: No puedo, no valgo, o no sé, has impedido totalmente la capacidad de que el cerebro funcione. El cerebro no adquiere nunca compromisos con el “no”. Sabe que toda persona inteligente tiene una máquina que lo puede conseguir todo, que se la dio Dios. El cerebro es una creación para que recuerdes que eres divino. No es solo la materia gris, existen otras texturas que no puedes tocar y que están mucho más allá de ti. El quinto cerebro está fuera de ti y lo compartes con la humanidad.

Cada vez que dices no puedo, anulas los aprendizajes de la capacidad económica en esta vida. Y el cerebro dice: “¿Cómo tu, que estás utilizando una de las partes divinas que te ha dado Dios para que le recuerdes, puedes mandarme mensajes tan absurdos como que no puedes?. ¿Lo has intentado? ¿De qué has tirado para decir que no puedes?” De la rapidez, de no querer hacer el esfuerzo, de pensar que otra persona lo hace mejor, o de intentar que te lo haga otro. ¿Cuántos “no puedos” dices al cabo del día?

Jon: ¿Además de no puedo bailar?, algunos.

Joaquina: Pues cada “no puedo” tu cerebro te quita una cualidad, ya que no la quieres utilizar. Pues recuerda que tienes una hija, y cada vez que te dice que no puede, es que le estás destruyendo el cerebro. Cada vez que tu hija de pequeña te decía “házmelo tú, que no puedo” y tú se lo hacías, la convertías en un parásito cerebral. He nacido de un padre que nunca permitía que yo dijera que no podía hacer algo. Lo intentaba, y si no lo conseguía me daba pistas. Yo observaba y lo repetía. Y en aquellas cosas que no hacía, me despreciaba olímpicamente, porque supo perfectamente que era porque no las quería hacer.

Jon: El “no puedo” es la ley de la pereza

Joaquina: El “no puedo” rompe la lógica. Es la primera puerta. Toma conciencia de qué “no puedo” tienes en la cabeza. La segunda puerta es: “Yo no valgo”. Cada vez que te comparas con alguien le dices al cerebro “lo que tu tienes no vale” y él contesta: “espérate que te voy a quitar lo que te estoy dando para que valgas menos” . Y vas perdiendo la capacidad de conseguir aquello que envidias. Al principio porque no quieres hacer el esfuerzo y obtenerlo, ahora quieres hacer el esfuerzo y ya no llegas. Porque la envidia ha destruido el potencial que tenías para conseguirlo. La parte que se anula es la capacidad de tener la empatía en el aprendizaje. La pereza que tienes y que te está haciendo tantísimo daño es en el fondo para no ser completo y para no ser feliz.

Jon: Pero, ¿por qué?

Joaquina: Para no llegar al compromiso. La pereza es la puerta que no queremos abrir pues nos conduce al compromiso. La pereza está puesta para no llegar a comprometerte con tu totalidad.

A partir de los 36 años el cerebro te dice: “No es posible que después de lo que has vivido, no hayas aprendido a transformarlo en algo positivo. He comprendido que tenías celos de 0 a 12; he comprendido que tenías envidia de 12 a 24; he comprendido que de 24 a 36 has tenido que aprender muchas cosas. Pero ahora, que ya estás entrando en la etapa de la sensatez, ¿qué haces funcionando como cuando tenías 5 años, ó 12, ó 24?. ¿Cómo puedes tener los mismos celos o la misma envidia?. ¿Qué te está pasando?. Yo te estoy dando la capacidad de vivir en este mundo, no tienes nada que mirar en nadie. Estoy aquí para dártelo todo, a partir de ahora y cuando tú quieras, revisa qué hiciste, yo estoy aquí para dártelo todo.”

El cerebro te lo da todo, solo tienes que acudir a él diciendo: “yo puedo aprender esto”. Esa es la clave para matar los celos. Ya no necesitas ser como nadie. Tú puedes aprender esto, lo que sea que quieres. No necesitas comunicarte como nadie, necesitas saber que te puedes comunicar. No necesitas ser una eminencia como nadie, necesitas pensar que puedes estar en el mundo como los demás. Si quieres que tu cerebro empiece a funcionar de una manera lógica, cambia los “no puedo” por “yo puedo aprender”

Jon: ¿Y cómo se arregla la envidia?

Joaquina: La envidia son las comparaciones. Acota en qué te estás comparando y acotarás la esencia de la envidia. Y lo más gordo es que sólo puedes aprender de las personas que envidias.

Jon: Pero eso es muy duro.

Joaquina: Lo puedes aprender de otro, pero hasta que no seas capaz de tener un respeto y una admiración absoluta hacia el ser envidiado, el cerebro no te deja tranquilo. Olvídate de las envidias que tienes ahora, tienes que ir a la envidia matriz. Busca en tu juventud al amigo, al profesor, a la persona que envidiabas, y la traes todas las noches a tu cabeza. Y empieza a ver cómo se movía, cómo hablaba, qué hacía. Y ahí encontrarás exactamente lo que envidias. No es la inteligencia, no es la comunicación, es una forma especial de decirlo, una forma especial de moverse, una forma especial de conectar. Te darás cuenta que la envidia no la tienes a todas las personas que se comunican, sino a unas personas concretas que se comunicaban de alguna manera especial. Cuando encuentres a ese personaje, podrás poner en hilera a todos los que son iguales. Tienes que encontrar el patrón, si no, la envidia no se corrige. El patrón especial en la forma en lo que lo hace la persona.

Jon: En definitiva, la envidia es una negación a aprender de alguien que hace algo mejor que nosotros , y a nosotros nos llama la atención. Y poniéndonos en disposición, podríamos aprender de él o de ella.

Joaquina: Pero el ejercicio tiene que estar inundado del aprendizaje, de la liberación y de que realmente crees en ti. Si no es así, el ejercicio no vale. Tu cerebro sabe cuál es el prototipo, y tu envidia sólo se quita con el modelado. En la medida que no quieres resolver los celos y la envidia, la pereza va creciendo implacablemente, arrasando a su paso con la motivación y la felicidad. Y la pereza se va haciendo más endémica y más irresoluble según nos vamos haciendo mayores.

La pereza es el mundo de la obsesión, es el mundo de la destrucción del pensamiento creativo y constructivo. Sobre todo, la pereza es la destrucción completa de la motivación. No hay posibilidad de tener motivación si hay pereza, y a casi todos nos falta motivación en algo: motivación para cuidar, para crecer, para dar… Ese grado de pereza está destruyendo nuestro cerebro. La pereza siempre acompaña a la obsesión. Y esa pereza es para no poner el valor al servicio del entendimiento universal.

 

La puerta del despacho se cierra tras ella, y me quedo pensando que puedo conseguir cualquier talento de este mundo, y eso me abrirá las puertas del compromiso. El compromiso conmigo mismo. Pienso que tengo un cerebro que solo entiende el sí, que solo entiende que quiero aprender y que sabe que soy hijo de Dios, que lo tengo todo, y que únicamente tengo que amarme profundamente para poder llegar.

6 pensamientos en “12 Las enfermedades del alma: La pereza

  1. Jon, que buenísimo post. Cuando empieza la Semana Santa nos das “gasolina” para revisar nuestros síes y nuestros noes y tomar una decisión de cambio. Gracias por recordarnos que nuestro cerebro, como herramienta divina, solo entiende el sí.! Si¡

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  2. que maravilla. Gracias por compartir esto. Sin duda, la pereza es mi sombra mas potente. Tim Ferriss en un video decia que aun peor que ser perezoso era hacer mucho (no prioritario) y luego creerse que eso fuese avanzar. Es cierto que no es imposible actuar como si trabajaramos 8 o 10 horas, pero al final, cuanto has hecho de verdad?
    Quizas te lleva solo media hora hacer esa tarea clave que vas postergando meses.
    Comparto un video de un bloguero muy muy famoso en EEUU, sobre esto

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  3. Gracias por este artículo que como siempre va a la raíz, va a lo real…..Detrás de la falta de motivación está la pereza y la raíz de la pereza tiene que ver con lo intrínseco y humano del individuo, nuestra envidia y celos. Mil gracias Jon por recordarme donde encontrar el origen.

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