10. Enfermedades del alma: Los celos

Ojeo por encima el periódico de la mañana y en cada sección me surge la misma pregunta, que no tardo en plantear a Joaquina.

Jon: ¿Por qué piensas, Joaquina, que hay en el mundo esta paralización a vivir en comunión, en vivir en sociedad sintiéndonos uno? ¿Por qué somos incapaces de tener una dirección y que pudiéramos todos trabajar hacia ella? Erradicar el hambre, el dolor, o cualquiera de las lacras actuales del mundo.

Joaquina: Jesús murió hace 2.000 años porque consideraba que necesitábamos un cambio. Luther King dio su vida para que pudiéramos tener una comunión. Gandhi dio su vida porque no hubiera dominadores. Lincoln dio su vida por la igualdad.

Jon: Estás eligiendo, me imagino que con intención, persona que fueron asesinadas.

Joaquina: Efectivamente, cada una de estas personas dio su vida, y han sido reconocidas por ello. Sin embargo, cada día, en cientos de lugares hay alguien que muere por la igualdad, por no dejarse dominar, porque todos estemos juntos, porque todos nos podamos querer.

Jon: ¿Qué hay más allá de lo visible para que esto sea posible? ¿Qué está pasando para que haya, según el periódico, 22 países en guerra en este momento?

Joaquina: Todas estas guerras están siendo provocadas y producidas por nosotros mismos. No hay otra persona que lo esté provocando, somos nosotros.

Jon ¿Y el contexto económico, el contexto político…?

Joaquina: No hace falta salir del espacio en el que estás para darte cuenta de que hay alguien con el que te llevas mal. Busca en el reducto de tu vida más cercana. Busca alguien con el que tengas rencillas: compañeros de trabajo, alguno de tus hermanos, tu hija… Busca cualquier persona con la que tengas una discrepancia lo suficientemente fuerte como para generar una tensión que no te permita estar en felicidad.

Jon: La tengo

Joaquina: No hace falta que me digas quién es, solo quiero que reflexiones sobre lo que te voy a decir. Está relacionado con las enfermedades del alma. Los celos es la primera destrucción de la paz. Es con lo primero que te encuentras. Lo segundo es la envidia. Y lo tercero es la pereza. Estas tres cosas lo que anulan es la comunicación. Así que, en el momento que rompes la comunicación con alguien, alguna de estas tres cosas se ha producido.

Jon: Para mi es muy difícil darme cuenta de que me acabo de incomunicar con alguien porque tengo envidia, celos o pereza mental.

Joaquina: Lo que es importante es que sepas cómo funciona para que lo puedas resolver.

Jon: Soy todo oídos

Joaquina: ¿Qué es tener celos? Celos es que te sientes carente de algo. Puede que no sea verdad, pero te sientes carente de algo con respecto a una persona. Eso quiere decir que no puedes tener ese algo que la otra persona tiene. O bien no lo tienes ahora, o te va a resultar imposible conseguirlo. Esa imposibilidad es lo que lleva a los celos. La envidia es muy diferente. Parte igualmente de la carencia, pero esto sí que sabes que lo puedes conseguir, simplemente no quieres hacer el esfuerzo. Crees que a la otra persona le resulta muy fácil y entonces no estás dispuesto a trabajarlo.

Jon: Si, me pasaba con mi hermano mayor y el orden. Él era perfectamente ordenado, tenía todo en su sitio bien clasificado y pulcro. Yo era un desastre y tenía que hacer esfuerzos sobre humanos para mantener algo parecido al orden en mi habitación.

Joaquina: Efectivamente eso sería envidia. Celos hubiera sido querer que tu padre te amara a ti más que a él, si es que ese era el caso, ya que no está bajo tu control el amor de tu padre. Y en ese amor tan profundo, notas que estás eliminado de la ecuación. No te puedes escapar de los celos, primero los vives en familia y luego los proyectas en una persona del trabajo, un amigo… Los celos están irremisiblemente unidos al ataque. Si eres celoso necesitas destruir el objeto de los celos, destruir a la persona que te provoca los celos.

Jon: Bueno, casi aciertas, efectivamente tenía celos de mi hermano mayor porque era el favorito de mi madre, y si, le atacaba sibilinamente provocando situaciones en las que le acababa haciendo uso de su fuerza, convirtiéndome así en la pobre víctima cuyo verdugo necesitaba un castigo.

Joaquina: Bien, si ahora tienes a alguien cerca que quieres que desaparezca, con el que tienes problemas de piel, ahí están los celos. La atacarás consciente o inconscientemente y la querrás destruir.

Jon: Los casos de violencia de género siempre son los celos.

Joaquina: En ese caso es el hombre queriendo destruir a la mujer, por que siente que no llega a ella, siente que hay algo que él no tiene. La mujer que necesita destruir a la mujer de la que se ha enamorado su pareja, porque sabe que nunca se va a enamorar de ella de la misma manera. Ese deseo de destruir, de desaparecer, de romper la estructura molecular del ser del que tienes celos. En ambos casos el pensamiento es: si no es para mi, no es para nadie.

Jon: Parece algo insalvable

Joaquina: La única posibilidad de hacerle un vacío a los celos, es reconocer lo que tu tienes y respetar lo que no tienes. Pueden ser celos de amor, celos de inteligencia, celos de poder… Tienes que mirarlos, cogerlos entre tus manos y dejarlos en evidencia, porque si no, seguirás escuchando cómo alguien se ha muerto en algún sitio. La persona celosa está enferma, no existe nadie malo en el mundo. Nadie tiene maldad, sólo estamos enfermos. Enfermos de celos, enfermos de envidia, enfermos de pereza…

Jon: ¿Cómo se produce la incomunicación de una persona celosa?

Joaquina: La persona celosa se incomunica con su valor. Por eso los celos están en el primer lugar. Tú, como todos los seres humanos, en realidad solo tienes un valor. Luego hay muchos que le acompañan, pero hay uno con el que sientes que eres el mejor del mundo. La creatividad, la fuerza, la entrega, la delicadeza… Es un valor que te hace sentirte rico. Pero también hay un valor que te hace sentir pobre, porque la vida es: tengo y necesito aprender. Entonces, puedes mirara a otra persona y admirar su valor, pero no puedes ser como ella.

Jon: Entonces yo tengo unas características que me permiten caminar y la otra persona tiene otras que le permiten caminar a ella. Luego en realidad los celos son un problema de avaricia. No me conformo con lo que tengo y quiero además lo del otro. Véase, mi hermano.

Joaquina: Así es, somos tan faltos de generosidad que en el marco de los valores los queremos tener todos. Tu siempre te quejas de ser el segundo.

Jon: Bueno, no es que me queje, es que lo soy: el hermano segundo, el segundo en la empresa…

Joaquina: Pues te sentirás siempre segundo mientras mires lo que tiene otro. Si miraras lo que tienes tú, siempre serías el primero. No hay nadie que tenga la cualidad como tú, no hay nadie que mire el mundo como tú lo miras. Tu forma de ser creativo es distinta de la de cualquier otro creativo, y eso es lo importante. Pero tienes que aceptar que en el mundo hay otro montón de personas que tienen cosas que no son las que tienes tu.

Jon: Y como siempre, me imagino que todo empieza en la familia. Yo he cogido unas cosas y mi hermano otras. En teoría debería ser muy bueno ya que eso hace que la familia sea muy fuerte al compartir esas cualidades, sin embargo no ocurre así.

Joaquina: Si tu padre tiene una cualidad, y se ha enamorado de tu madre, que tiene otra, tú como hijo eliges una, y tu hermano otra, y la suma de todas os hace imbatibles.

Jon: Mi padre era una persona muy inteligente y muy intelectual. Mi madre es una persona muy social y muy divertida. Así somos mi hermano y yo, cada uno hemos elegido uno.

Joaquina: El problema es que tu piensas: “Tengo la cualidad de mi padre, pero me encanta la de mi madre y también la quiero tener.” Lo que tienes que comprender es que tienes algo que no tienen los demás y el otro tiene algo que tu no tienes. Y si no lo comprendes, no sufres tu, sufre la humanidad. Estás destruyendo la humanidad. Eso es lo que tienes que arreglar.

Cuando no eres capaz de sumar lo que tiene la sociedad, lo que tiene un amigo, lo que tiene cualquiera, lo que haces es destruir. Tienes que mirar tus celos, y arreglarlos, porque los llevarás hasta la tumba: La sociabilidad de tu hermano, su fuerza, su capacidad práctica…

Jon: No se si hice bien presentándote a mi hermano.

Joaquina: Lo importante no es tu hermano, sino que todos los celos a tu hermano lo vas a repetir en todas tus parejas.

Jon: ¿En qué punto está, entonces, mi realidad y en qué punto están mis celos?

Joaquina: En un curso del mes pasado, salió una mujer y nos dijo a todos que su madre quería muchísimo a su hermana. Eso es un juicio de valor. Está diciendo que su madre tiene actitudes que muestran que ama más a su hermana que a ella, y esta mujer necesitaba ese amor.

Jon: Si, me acuerdo, dijo literalmente: “Yo necesito el amor de mi madre”

Joaquina: Lo que le sucede es que se siente carente del amor de su madre. Igual no le interesa el amor de nadie más, pero cada vez que le interese el amor de alguien sentirá que esa persona no le da todo el amor que ella necesita. Igual acaba teniendo una relación donde no sea tan importante el amor, y sean importantes otras cosas, porque no pueda soportar enamorarse de alguien que sienta que no la ama como ella necesita. Igual es una mujer apasionada y mata su pasión. Y dirá: “prefiero estar sin pasión a sentir esa punzada de la falta de amor, porque si siento esa falta de amor, voy a volver a mis orígenes, a sentir que no valgo para nada.”

Muchas personas destruyen parte de su vida amorosa, parte de su vida intelectual, parte de su vida de desarrollo del tipo que sea, por no vivir ese dolor. Estarán con un hombre bueno pero no les provoca eso, o con una mujer buena pero que no les provoca eso, o en una situación o un trabajo concreto, para no sentir la dentellada de los celos.

La destrucción del ser, la destrucción de tu valor, la destrucción de lo más grande que tienes, lo hacen los celos. Destruyes tu cuerpo, tu emoción, tu pensamiento y tu mente.

Jon: ¿Y se solucionaría mirando el valor en cada uno de esos planos?

Joaquina: Así es. Y con un poco de empatía, dándote cuenta de que a tu hermano le falta lo tuyo. Pero tú no se lo quieres dar, y como no das ni recibes, acabas convirtiéndote en una persona parasitaria. De tal manera que estás todo el rato moviéndote en la cualidad de los otros y no trabajas la tuya. Ya no estás dentro de ti, no estás dando gracias a Dios por lo extraordinario que tu tienes, y te pasas el día gruñendo por no tener lo que tienen otros.

Mira hacia atrás y analiza todas las cosas que has perdido por eso.

«Esposa mía, quise besarte antes de matarte. Ahora te beso, y muero al besarte»

W. Shakespeare (Otelo)

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