07 Dar y recibir

Vamos caminando por la calle Miguel Ángel en dirección al número 18 donde está la consulta. Es un camino familiar que hemos recorrido cientos de veces. La acera es amplia y dos portales antes de llegar al destino está sentada Ileana. Es una mujer rumana, joven. Se sienta ahí cada día con la mano extendida y mirada suplicante. Y cada día nos detenemos un rato y Joaquina habla con ella, le pregunta si es feliz, se interesa por su hijo pequeño e intenta dibujar un futuro en esa cabecita mas pendiente de las monedas que recibe.

Joaquina: Jon, ¿qué te resulta más sencillo, dar o recibir?

Sabiendo que Joaquina no da puntada sin hilo, me tomo mi tiempo para responder. Acudo al viejo recurso de responder con otra pregunta.

Jon: ¿Te refieres a cosas materiales, dinero, regalos…?

Joaquina: Joooonnn…

Jon: Vale, vale. Sí, dar unos euros o un regalo es muy fácil, y te deja con una sensación de que eres un ser grande y generoso muy agradable. En el contexto de las relaciones… estaba tentado a mentirte y decir que me encanta dar y que me entrego a ellas plenamente dándolo todo, pero como me pillarías en dos segundos, te diré que prefiero recibir, porque en el fondo creo que me lo merezco. Sé que suena pretencioso pero creo que es así.

Joaquina: También hay personas que a veces dan y otras reciben dependiendo de la situación.

Jon: Y tú, ¿cómo lo ves?

Joaquina: Creo que las personas, en general, consideran que dar y recibir son dos acciones que no se producen en el mismo tiempo y que hay tendencias muy desequilibradas. Algunos hasta aseguran que la mujer tiene una clara tendencia a dar y el hombre a recibir. La respuesta más generalizada cuando hago esta pregunta es que hay un desequilibrio y cierto egoísmo o victimismo.

Algunas personas me han explicado con cierta vehemencia que lo han dado todo en su última relación, y que sólo han recibido desaire y desamor. Lo han dicho muy convencidas y en pocas ocasiones he logrado que éste análisis se revertiera sin antes revisar con cierta dureza e intensidad la capacidad afectiva que habían expresado a lo largo de su vida.

Imagínate una caricia.

Jon: Suena bien, ¿la recibo yo o la doy?

Joaquina: Estás al lado de la persona más preciada por ti y extiendes tu mano cálida hacia su piel. Es un gesto reconocible por ti y habitual cuando sientes algo muy especial por el ser amado. Tu mano roza la piel tersa de su cara y se deleita recorriendo las facciones tan queridas. Pareciera que este momento es de absoluta donación. Sin embargo, ¿quién te ha pedido este gesto?. La persona amada estaba a tu lado viviendo sus propios sentimientos. No hizo amago de acariciarte. Fuiste tu correspondiendo a una llamada interior, a una fuerza interna quien alargaste tu mano y te deleitaste de la piel tan querida. Fueron tus manos las que recibieron la cálida fricción contra aquella piel tan deseada. Quizá no pusiste el empeño en sentir tú lo que querías que sintiera el otro. Quizá cuando acabaste tuviste un momento de mohín y enfado porque no hubo la respuesta que esperabas. Pero ¿es justo este sentimiento o exigencia?

Si tu cualidad fuera la ternura este acto sería uno más de los muchos que en tu cotidianidad confirmarían tu alma tierna y sensible. En ningún caso esperarías que los demás lo recibieran con vítores de entusiasmo. Sólo si tus movimientos están conectados a la espera vivirás sensaciones de frustración en el dar y recibir.

Jon: Entonces, ¿qué es dar y recibir?

Joaquina: Dar y recibir es un acto simultáneo, se inicia uno cuando empieza el otro. Es algo que es para ti y que tú mismo tienes la satisfacción de vivirlo.

Un día me contaron esta historia que está muy conectada al significado trascendente de dar y recibir, de esperar y exigir, de sentirse despreciados y amados con la misma intensidad y por la misma persona:

En una salita de un refugio había recalado una pareja que se había perdido en una montaña nevada del norte de España. Ambos se sentaron delante del hogar en el que había un leño encendido a punto de apagarse . Un poco antes de que esto sucediera, la mujer se levantó y puso otro leño que rápidamente prendió en llamas y acentuó el calor de la sala. Ambos estaban en silencio, quizá todavía impactados por los momentos de tensión que habían vivido entre la nieve.

 Pasaban las horas y el silencio, adornado de una suaves luces rojas que emanaban de la chimenea, hacía de aquel momento algo maravilloso y cálido. Ninguno parecía tener la intención de cambiarse. Ambos cuerpos estaban cerca y pequeños roces de sus movimientos permitían vivir una complicidad más allá de las palabras.

 En un momento la mujer se dejó caer sobre el hombro de su pareja y pareció dormitar, despertando sobresaltada al sentir que las llamas bajaban de intensidad.

Se levantó con cierta premura y, tomando otro tronco, lo puso en el hogar esperando un poco a que se encendiera con las llamas aún vivas del anterior. Cuando esto sucedió volvió sonriente hacía su sitio con el ánimo tranquilo y relajado.

Retomó su posición inicial y se quedó dormida. Cuando despertó el fuego se había apagado, y sintió cierto escalofrío que la conmovió negativamente.

 Miró a su compañero y con voz suave pero firme le increpó por haber dejado que el fuego del hogar se apagara. El la miró con cierto gesto de desaprobación, y suavemente le contestó. He soportado el primer leño considerando la cercanía que habíamos vivido con el frío y la nieve, y por ello me senté a tu lado frente al fuego a pesar de que yo no necesitaba esta proximidad. Entendí que eligieras poner otro leño porque consideré que el fuego te conectaba con una estado saludable y familiar. El tercero no lo comprendí, y me extrañó que en ningún caso me preguntaras si yo necesitaba mantener esas llamas vivas tanto tiempo.

 Tu presencia, y este lugar, me arropa lo suficiente como para no necesitar unas llamas extras. Cuando te quedaste dormida te arropé contra mi cuerpo y puse sobre ti una cálida manta que encontré en el refugio. De este modo tu mantenías tu bienestar y yo el mío.

Supongo que te ha pasado alguna vez algo parecido: le has reclamado el agradecimiento de tus actos a otra persona sin darte cuenta de que el beneficio era biunívoco. En ese instante dabas los que recibías, sólo que creías que estabas dando al otro y te excluías del disfrute de la experiencia. La mujer se daba calor y recibía calor. Necesitaba el fuego, y en su creencia de que le daba al otro, se olvidó que eran sus carencias las que le estaban moviendo a colocar los leños. En su deseo de calor no tuvo en cuenta, ni empatizó con las necesidades reales del otro.

Jon: ¿Quieres decir que en situaciones de dar y recibir, me tengo que cuestionar si lo que veo delante es una realidad, o simplemente una proyección de las perspectivas originadas por mi sentimiento de carencia?.

Joaquina: Eres lo que recibes, y recibes lo que eres. De tal manera que tienes que aprender a dar tal como recibes. Desde una mirada más profunda, diría que si piensas que has nacido para algo que te trasciende, es incuestionable que estarás en continuo movimiento, y ese movimiento tiene un principio sencillo: vas a dar y vas a recibir. Si quieres ser libre hoy para recibir, es necesario que hoy seas libre para dar y sólo desde esta libertad puedes generar un plano de justicia hacía ti mismo y hacía los demás.

Llegamos finalmente su despacho y, al abrir la puerta, Joaquina ve un paquete envuelto en papel dorado encima de la mesa.

Jon: Es un regalo que compré para ti

Joaquina lo agradece, se sienta, revisa unos papeles que tiene sobre la mesa y a continuación abre su ordenador y empieza a revisar su correo.

Jon: ¿Te traigo un regalo y no le haces caso?

La voz surgió con una clara mezcla de tristeza y reproche.

Joaquina: ¿Lo has traído para mi?

Jon: ¡Claro!

Joaquina: Entonces espero que me permitas hacer lo que quiera con él, incluso abrirlo cuando lo considere oportuno. Si me dices lo que tengo que hacer o estás apegado a la experiencia de comprarlo o prepararlo para mí, supongo que el regalo es todavía tuyo, o lo compraste para tu satisfacción.

Su voz era cálida y amable. Una vez más las teorías intelectuales se plasmaban ante mi para comprobar si realmente había comprendido lo que habíamos estado hablando.

Jon: Tienes razón. Yo ya he disfrutado el tiempo que he invertido en comprarlo, a la vez que te imaginaba abriéndole y compartiendo conmigo tu impresión. Ciertamente esto no es lo que había proyectado para este instante, sin embargo he comprendido tu mensaje. Quizá ahora no estés en ese momento en el que podrías corresponder como piensas que yo necesito. O simplemente para ti abrir un regalo delante de otra persona representa una invasión de tu intimidad. Sé que si los has recogido es que aprecias el presente. Eso para mi ya es suficiente. Todo lo demás no me corresponde. Mis expectativas están proyectándose hacía ti y sólo he generado una tensión innecesaria.

Joaquina: Si damos, ya estamos recibiendo. No podemos estar prendidos de los resultados. Si estamos esperando recibir se rompe el concepto de dar. Es imposible estar en movimiento y en quietud a la vez. Si damos estamos en la acción de dar lo que cual no nos permite estar paralizados en el acto de recibir. Cuando separamos las acciones de dar y recibir en realidad estamos poseídos de deseos y expectativas cuyo resultado sólo puede ser el fracaso o la restitución de favores.

Adoro su sonrisa cómplice cuando constata que la información ha calado en las tres dimensiones.

8 pensamientos en “07 Dar y recibir

  1. Gracias Jon por esta conversación con Joaquina
    Me transporta a tantos momentos en los que se encargó que sus palabras se hicieran experiencia en mi
    Cuánto que agradecerle !!
    Cuánto la quiero!!!!

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  2. Ningún acto es altruista, damos y esperamos que nos devuelvan, al menos, un gracias. Y , aunque no nos las dieran, nuestro ego recibiría su dosis de vanidad, que generosa soy!!!, como pienso en los demás!!!!…es humano, hasta que tomemos conciencia de nuestro modo de actuar. Dar- recibir, todo uno. Excelente lección. Gracias.
    .

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  3. Enriquece tanto leer este escrito y me cuestiona a reflexionar sobre mi forma de dar y recibir … suena duro las palabras “Eres lo que recibes y recibes lo que eres” y es de lo más certero. Gracias m gracias 🙏🏻

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  4. Enhorabuna Jon. Joaquina vive en tus palabras. Gracias a ti puedo seguir aprendiendo de ella. Me han gustado mucho estas conversaciones. Son muy divertidas y didácticas.

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