02 Alimentación y pensamiento

Estamos en la terraza del restaurante de un conocido hotel de Madrid. Joaquina pide que nos cambien de mesa hacia un lugar con algo más de intimidad y se sienta con la espalda hacia la pared y con una amplia visión de la terraza. Cuando se acerca el metre pide que su comida no lleve sal, que retiren el pan, que no va a tomar agua, que su lubina vaya acompañada de verduras y no de patatas y que no aliñen su ensalada, que ella luego le pondrá únicamente aceite. Es una de las primeras veces que como con ella y sonrío entre divertido y un poco tenso por el nivel de exigencia. Con el paso de los años comprobaré una y otra vez que el servicio de los restaurantes la adora. A pesar de sus demandas, la reciben siempre con alegría, y a partir de la segunda repetición, ya tiene todo preparado a su gusto sin que tenga que pedirlo. Consigue que estén felices con ella, no por la propina, sino por el increíble amor con el que les mira unido a la autoridad indiscutible con la que brotan sus palabras. La mezcla es imparable.

Joaquina: Amo a los camareros. Son las personas que nos nutren, nos cuidan, y su entrega significa mucho para mi.

Jon: Me impresiona que te miren con tanto cariño a pesar de lo pesada que eres con tu sitio, la comida, el ruido, la luz…

Joaquina: ¡No me critiques!

Jon: Ja, ja, ja, no era una crítica, me sorprende y me admira.

En el fondo comprendo a la perfección que cautive a todos la profundidad de esa mirada llena de amor, su eterna sonrisa y la alegría desbordada que le provoca todo.

Jon: ¿Siempre has comido así?

Joaquina: Nací en una familia asturiana y me desarrollé en ese maravilloso, aunque un poco lluvioso entorno. Nacer en Asturias te conmueve tanto que piensas que lo que sucede allí es lo normal, lo que vive todo el mundo, y lo que debemos hacer para ser felices, estar sanos y todo aquello que las personas necesitamos para el bienestar.

Así que cuando llegué a Madrid estaba convencida que el mejor queso del mundo era el Cabrales, la mejor sidra la de mi tierra, y la fabada era un plato delicado y fácil de digerir.

La vida es tan hermosa como cruel cuando uno necesita aprender algo, y desde que llegué a Madrid aprendí que las costumbres, a veces, son las armas con las que nos matamos. Pensamientos radicales, conocimientos muy personales y estructuras muy rígidas hacia lo que no era afín convivieron conmigo los primeros años de mi vida.

Jon: ¿Qué te hizo cambiar?

Joaquina: Un día, por motivos de salud, tuve que decidir entre la comida y mis pensamientos. Tenía que acometer un cambio. Opté por lo primero y tardé mucho en acometer lo segundo. Los desajustes de salud, unidos a los casos que voy tratando a diario, me han traído hasta esta maravillosa lubina que miras con ojos críticos.

Jon: Parece más fácil contarlo que hacerlo

Joaquina: Bueno, ha sido abrir una puerta con la mente muy dispuesta, en un proceso para indagar en una vida más saludable y más consecuente. Son muchos años de experiencia en el campo de la salud y el bienestar. Muchos años de hacer ayunos radicales creyendo que la alimentación era la causa primera y última. Otro tiempo de querer cambiar mis pensamientos con algunos logros importantes, pero no suficientes. Muchos años de trabajar actitudes y comportamientos algo somáticos.

Jon: Pero, ¿Qué fue lo que disparó todo?

Joaquina: Tener la certeza de que mientras no ame mi “ser” de una forma integral, lo mire con ojos de amor profundo en sus luces y en sus sombras, y no extienda ese amor a mi alrededor, nada de lo que haga por mi salud será suficiente.

Jon: ¿Sugieres que las personas no nos amamos de manera natural?

Joaquina: En mis cursos y en la consulta, digo cosas de sentido común, y las personas tiráis por la borda una parte para seguir haciéndoos un poco de daño escondido en un poco de placer. He comprendido que la atracción hacia la enfermedad es mucho mayor que la cercanía a la salud. No obstante, también he comprendido que un poco de información bien dosificada y compartida con mucho amor puede hacer grandes milagros a corto, medio y largo plazo.

P. vino a verme con sus 29 años y un cáncer linfático. Le dije que podíamos hacer algunas cosas, pero que todo iba a depender de importantes cambios en su forma de vivir. Eso es lo que nos llevaría al éxito. Durante unos meses trabajamos muy duro. Hizo cambios importantes en su alimentación y eliminó algunos de sus hábitos de ocio. En tres meses los niveles desaparecieron y los médicos le dijeron que era asintomático.

Te cuento esto para que veas que si abres una vía al pensamiento y a la posibilidad de restablecer el bienestar en tu vida a través del compromiso con la salud, todo es posible. En poco tiempo, sin grandes sacrificios, combinando la ilusión con un poco de voluntad y alguna disciplina, puedes recuperar parte del bienestar perdido y verás la vida desde un prisma más positivo y más estable. Solo hay que abrir una vía al pensamiento y a la posibilidad de restablecer el bienestar a través de un fuerte compromiso.

Jon: Parece fácil y rápido, ¿cómo es que no lo hacemos todos ya?

Joaquina: Después de todos estos años, he aprendido lo cortoplacista y exigente que es la forma de enfrentarnos a la salud. La persona comete errores que ella misma reconoce. Sin embargo no los detiene pensando que las cosas les pasan a otros y a ellos no. No importa que los hospitales estén llenos de referencias, que los familiares muestren que algunas acciones son peligrosas cuando se hacen tanto con la comida como en la forma de vivir las relaciones, o cualquier otra experiencia nada positiva. Una y otra vez, la persona cae en la trampa de “a mi no”, hasta que la evidencia de “a ti también” ya tiene peor arreglo.

¿Cuántos riesgos estás dispuesto a vivir porque en el fondo piensas que el colesterol no te hará daño hasta tener un infarto, o la nicotina no será tan agresiva en vuestros pulmones, o el derroche de agua no secará el planeta, o una discusión no llevará tu relación a la ruptura, o una infidelidad, en realidad no tiene mucha repercusión?.

Jon: Lo has dicho antes perfectamente: Nos hacemos un poco de daño escondido en un poco de placer.

Llega el postre y mi Tatín de Manzana se ve un poco ridículo. Lo dejo a un lado y compartimos la piña.

8 pensamientos en “02 Alimentación y pensamiento

  1. Preciosa conversación, gracias por compartir con todos nosotros aquellos encuentros de charla con Joaquina. Me llenan el Alma y además hacen reflexionar bastante.
    Qué carácter y qué cautivadora con todas las personas. Joaquina, donde quiera que estés sigues en nuestros corazones.

    Saludos Jonh..nos vemos pronto!

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  2. Muchas gracias, Jon, esto que estás haciendo es impagable. Estuve los dos últimos años cambiando mi alimentación y estilo de vida con Joaquina y entiendo muy bien lo que expresas….

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  3. Muchísimas gracias Jon por compartir. Por un momento, leyendo el texto pensé que tenía a Joaquina frente a mi con su sonrisa cálida y amorosa. Apenas toqué en las últimas sesiones con Joaquina el tema de alimentación y me ha dejado un gran sprendizaje. Impagable tu generosidad.

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